Tratando La Distimia Con Atención Plena
Tratando La Distimia Con Atención Plena
Abstract 2
Introducción 4
Capítulo 2- Mindfulness 14
2.1 Orígenes 14
2.2 Conceptualización 15
2.3 Reducción del estrés basado en Mindfulness 15
2.4 Elementos análogos y antagónicos 16
2.5 Técnicas y actitud ante la práctica 17
2.6 Evaluación de resultados 18
2.7 Mindfulness y estudios neurobiológicos 19
2.7.1 Procesos top-down y bottom-up 20
2.7.2 Síntesis 20
Reflexiones finales 32
Bibliografía: 34
1
Resumen
Abstract
Depression is a problem that has increased in recent years and, according to WHO,
more than 300 million people in the world suffer this disorder. Persistent depressive disorder
(PDD) is the chronic category of unipolar depression characterized by low self-esteem,
hopelessness, fatigue, etc. Consider a large percentage of the burden associated with
unipolar depression in relation to the disability-adjusted life year (DALYs) are linked to the
PDD.
In the treatment of PDD or recurrent depression, effective psychotherapeutic models
in episodic depression such as Cognitive-Behavioral Therapy (CBT) do not respond with the
same efficiency. Mindfulness-based cognitive therapy (MBCT) is an alternative and
2
integrative model of psychotherapy that focuses on recurrent and/or chronic depression,
based on the practice of Mindfulness and the application of techniques derived from CBT.
It can be delivered in group or individually. Mindfulness can be understood as "paying
attention in a particular way, with an end in the present moment and without judging."
There is empirical evidence that supports the MBCT program in the following
dimensions: relapse prevention, symptom reduction, psychopharmaceutical-resistant
depression and its application can be performed both in depressed patients and in
remission. The main limitation is that few studies have focused specifically on the treatment
of PDD. For this reason it is important to have more MBCT studies focused on PDD, where
you can investigate the complexities of this disorder.
3
Introducción
4
Capítulo 1- Trastorno depresivo persistente (distimia)
1.1 Orígenes
El término distimia surgió en el año 1980, proviene del griego y significa estado
anímico defectuoso o enfermo (Zúñiga et al., 2005). Se empezó a utilizar como sustituto en
el DSM-lll de lo que se conocía como “depresión neurótica”, el trastorno depresivo más
diagnosticado en el DSM-ll. Esta sustitución surgió de considerar la tendencia de este
trastorno hacia un curso crónico de disforia. Además de sustituir a la depresión neurótica,
fue utilizado para clasificar a la categoría de depresión crónica con menor gravedad que la
depresión mayor (Ocio León & Fernández García, 1994, p.259).
En la 5ta edición del DSM la distimia pasó a denominarse trastorno depresivo
persistente (PDD), donde se incluyó al trastorno depresivo mayor crónico (MDD crónico) y al
trastorno distímico del DSM-4. En esta monografía se considera al concepto distimia desde
lo descrito en el DSM-5, por lo que al hablar de distimia, PDD o depresión crónica se hará
referencia a lo mismo.1 Esta conjunción que dio como resultado la clasificación de PDD le
dió mayor peso a la duración que a la gravedad de los síntomas. La distimia, a pesar de
poseer una clasificación diferencial, es un trastorno que presenta muchas similitudes con el
trastorno depresivo mayor (MDD): surgen en el mismo tipo de familias, presentan respuesta
favorable a los mismos tratamientos y en seguimientos de largos períodos, la mayor parte
de los pacientes con distimia desarrollaron episodios depresivos mayores (Uher, 2014).
1.2 Sintomatología
1
Cabe resaltar este punto para evitar confusiones. Al hablar de distimia se hace referencia a lo
conceptualizado en el DSM-5, donde se agrupa al trastorno depresivo mayor crónico y al trastorno
distímico del DSM-4.
5
infantil, el estado de ánimo puede ser irritable y la duración de los síntomas es de mínimo
un año (Asociación Estadounidense de Psiquiatría, 2014, p.168).
El trastorno puede presentarse con características diferenciales a especificar que
serán relevantes en el diagnóstico. Entre ellas se encuentra el nivel de gravedad, la edad de
inicio, si existe remisión total o parcial y si existe comorbilidad con ansiedad, melancolía u
otros trastornos. El diagnóstico también puede variar si en los dos últimos años existieron
intermitencias con la depresión mayor. En el caso de que no las hubiera estaríamos
hablando de un síndrome distímico puro (Asociación Estadounidense de Psiquiatría, 2014).
La aparición de la distimia se clasifica en dos etapas. Si es antes de los 21 años se
considera de inicio temprano. Si es posterior, se habla de un inicio tardío. Cuando es de
inicio temprano, la manifestación de los síntomas suele ser gradual. Mientras que en el
inicio tardío, aparecen con mayor espontaneidad y como respuesta a un suceso estresante.
La distimia de inicio temprano es la de mayor prevalencia. Los pacientes que la padecen
suelen usar al estrés como impulso para el crecimiento y se adaptan a situaciones
complejas centrándose en las emociones antes que en la resolución de problemas (Geisa et
al., 2013).
Las enfermedades crónicas, como es el caso de la distimia, representan para el
paciente un gran conjunto de problemáticas: imagen corporal alterada, deterioro del
funcionamiento físico, cambios en la perspectiva temporal, dependencia, estigmas sociales,
baja autoestima, entre otras. En los casos donde la patología crónica no es depresiva, la
depresión surge como respuesta a los estresores anteriormente nombrados,
desencadenando una comorbilidad que empeora el pronóstico de recuperación (Almada
et al., 2014, p.118). La baja respuesta a los tratamientos habituales por un gran número de
pacientes pone en boga la necesidad de tratamientos novedosos para atender a esta
población gravemente afectada (Cuijpers, Huibers, & Furukawa, 2017). Judd (1997), en una
revisión sobre historia natural de la depresión, argumenta que es una enfermedad crónica.
El riesgo de recurrencia supera el 80% y los pacientes experimentan en promedio cuatro
episodios depresivos mayores de 20 semanas de duración a lo largo de la vida. Barnhofer
(2019) argumenta que en base a la información obtenida de estudios con un historial de al
menos tres episodios previos de depresión, son cursos de por vida, con síntomas
fluctuantes y recurrentes. Desde esta óptica se vuelve necesario optar por tratamientos
enfocados en la depresión crónica o donde, por su recurrencia, se sigue un curso crónico.
6
1.3 Datos Epidemiológicos
Según un estudio del Hospital de Clínicas realizado por Almada et al. (2014) los
trastornos depresivos son las patologías mentales tratadas con mayor frecuencia. Además,
se consideran importantes causas de mortalidad y morbilidad que tienen costos millonarios
en todo el planeta. La Organización Mundial de la Salud (OMS), por su parte, postula que
más de 300 millones de personas padecen depresión, por lo que se ha generado un
incremento de más del 18% entre 2005 y 2015. En los casos más severos, la depresión
puede llevar al suicidio, siendo la causa de muerte de alrededor de 800 mil personas al año.
Aunque existen tratamientos eficaces en depresión, más de la mitad de las personas que la
padecen no los reciben. En consideración al aumento en la carga mundial de la depresión y
otros trastornos mentales, la Asamblea Mundial de la Salud de 2013 abogó a favor de una
respuesta integral y coordinada por parte de los países en relación a los trastornos mentales
(Organización Mundial de la Salud, 2018). En el estudio del Global Burden of Disease 2017
(Institute for Health Metrics and Evaluation, 2017) se especifica que la depresión es el
trastorno mental que conlleva más años de vida ajustados por enfermedad2 (DALYs) y
vividos con enfermedad (YLDs). Según la OMS los trastornos depresivos persistentes
podrían ser de gran contribución a la carga asociada a las depresiones unipolares en
relación a los DALYs (Liebherz et al., 2017).
En el caso específico del trastorno distímico, su prevalencia es de un 3%
aproximadamente y es el doble de prevalente en mujeres (4,6% para mujeres y 2,6% en
hombres) (de Francisco & Blasco, 2015). La prevalencia del MDD y la distimia a lo largo de
todo el ciclo vital varía entre el 4,2 y el 17%. En otros estudios se considera que esta varía
realmente entre el 10-25% en mujeres y 5-12% en hombres (Geisa et al., 2013, p.217). La
distimia es más prevalente en países de mayores ingresos (Gureje, 2011) como también en
poblaciones de menor nivel educativo (Markkula, 2016). En la población infantil, la distimia
prevalece entre un 0,6% y 4,6%, con una tasa por género similar (Nobile, Cataldo, Marino, &
Molteni, 2003). Aproximadamente el 11% de la población adolescente padece un MDD o
distimia, siendo el 3,3% casos altamente incapacitantes (Merikangas et al., 2010).
2
“Disability adjusted life years”: años de vida perdidos debido a una muerte prematura, más los años
vividos con el trastorno, pesados por la severidad de la enfermedad.
7
1.4 Comorbilidad
8
1.5 Etiopatogenia
3
Según la Real Academia Española (2006) se define como el “carácter, manera de ser o de
reaccionar de las personas”.
9
interpretaciones sean negativas. La depresión persistente estaría ligada a las
probabilidades de establecer e intensificar un círculo vicioso mediante la rumiación cognitiva
(Teasdale, 1988).
De la Villa Merchan (2000) postula tres mecanismos psicológicos en las bases
etiológicas de la distimia: la culpa, el resentimiento y la lástima. Estos tres elementos
podrían provocar un trastorno distímico; aunque si se presentan de forma aislada no
suponen condiciones suficientes para su establecimiento. El paciente, al encontrarse ante
estas condiciones, vive anclado al pasado y sin interés por el futuro, con sentimientos de
desesperanza. Si la culpabilidad, el resentimiento o la lástima logran disminuir,
consecuentemente lo haría la depresión.
b) Factores ambientales: ser hijo intermedio, pertenecer a una familia disfuncional4,
estar casado y tener un nivel de estudio medio-bajo son algunos de los factores ambientales
que aumentan las probabilidades de padecer un trastorno depresivo (Hernández-Benítez,
García-Rodríguez, Leal-Ugarte, Peralta-Leal, & Durán-González, 2014). Otro de los factores
ambientales de mayor influencia en la persistencia de la depresión es el estrés social
(Barnhofer, 2019). Por su parte, Seligman describe lo que llama “teoría de la
desesperanza”, donde el sujeto se desenvuelve en un ambiente de una forma que no le da
resultados. Esto conlleva que las situaciones dejen de poder ser controladas por el mismo,
generando como consecuencia a la depresión (Sampaio et al., 2014; Abramson, Seligman,
& Teasdale, 1989).
c) Factores biológicos: múltiples son las hipótesis sobre estos factores en las bases
etiológicas de la depresión. Una de ellas es la hipótesis aminérgica, la cual entiende que la
deficiencia de serotonina, noradrenalina y dopamina en el sistema nervioso central o en su
neurotransmisión podrían ser causas de depresión (Jiménez-Maldonado et al., 2013, p.218).
Estudios han demostrado que los pacientes depresivos presentan anormalidades
volumétricas en zonas como el hipocampo, la amígdala y el estriado ventral, etc. La anormal
interconectividad entre dichas zonas podría ser un aspecto de vulnerabilidad para el
padecimiento del trastorno (Jiménez-Maldonado et al., 2013, p.220).
Las investigaciones realizadas en los últimos años han conllevado un aumento en el
conocimiento que aclara sobre los procesos psicobiológicos implicados en la progresión y
mantenimiento de los trastornos depresivos persistentes. Se destaca que las adversidades
tempranas y los estresores podrían tender a modificar los sistemas neurobiológicos de
regulación emocional, estableciendo vulnerabilidades duraderas para la depresión y los
4
La familia disfuncional es aquella que no promueve el desarrollo favorable de sus miembros. Entre
sus características puede observarse: incapacidad para adaptarse al cambio, comunicación
deficiente, roles, jerarquías y límites mal definidos (Herrera Santí, 1997).
10
trastornos comórbidos (Barnhofer, 2019). Como ejemplo, en referencia a la plasticidad
neuronal podemos encontrar un factor causal, provocado por la deficiencia de la proteína
CREB en la corteza cerebral de pacientes con depresión. Dicha proteína tiene la función de
integrar estímulos extracelulares tanto para permitir la plasticidad como la supervivencia
neuronal, además de producir efectos antidepresivos. Los inhibidores selectivos de la
recaptación de serotonina (ISRS), entre otros psicofármacos, son reguladores de esta
proteína (Duman, 2002).
Tres mecanismos relacionados con el sesgo cognitivo y el proceso de desregulación
emocional están involucrados en la depresión: a) inhibiciones y déficits en la memoria de
trabajo, b) respuestas rumiativas al estado de ánimo negativo y c) una capacidad
disfuncional para regular dichos estados de ánimo con estímulos positivos (Gotlib &
Joormann, 2010). Estas disfuncionalidades están asociadas a una alteración del circuito de
recompensa, lo que se observó en un experimento donde los pacientes con MDD mostraron
menores niveles de actividad en el estriado ventral, estructura cerebral asociada a la
recompensa social (Hsu et al., 2015). En un estudio de recompensa probabilística se
encontró que los sujetos con MDD tuvieron una respuesta de recompensa más reducida
que el grupo control (Pizzagalli, Iosifescu, Hallett, Ratner, & Fava, 2008). Los pacientes
deprimidos podrían estar percibiendo menos satisfacción al recibir recompensas, lo que
tendría como consecuencia una pérdida de interés generalizada. Esto afectaría aspectos
vitales como la socialización, la alimentación y las relaciones sexuales (Sharp, Monterosso,
& Montague, 2012).
d) Multifactorialidad causal: debido a la variedad de mecanismos involucrados la
etiología del trastorno es compleja y multifactorial (Jiménez-Maldonado et al., 2013). Dichos
mecanismos no se aíslan entre sí, sino que se encuentran en relación holística. Uno de los
ejemplos es el vínculo entre gen-ambiente, la exposición a un factor ambiental como el
maltrato infantil tendría efectos para reproducir variantes cortas en la longitud del gen
transportador de serotonina (factor genético), lo que facilita la generación de enfermedades
crónicas o persistentes como es el caso de la distimia (Uher, 2014).
Estudios recientes evidencian que diferentes variantes de genes serotoninérgicos y
dopaminérgicos pueden moderar la influencia del medio ambiente. Estas condiciones se
generaron en investigaciones psicológicas donde se puso foco en el estudio del
temperamento, la depresión y la hostilidad. Es verosímil suponer que los efectos de los
genes se hacen evidentes sólo cuando se estudian en el contexto de factores ambientales.
Desde este punto, la genética del comportamiento sugiere un enfoque sobre el efecto
11
conjunto de genes y medio ambiente, poniendo énfasis en la interacción del desarrollo entre
naturaleza y crianza en el curso vital (Keltikangas-Järvinen & Jokela, 2010, pg.180).
La idea de "Medio ambiente” puede referir a factores parentales que al menos en
parte indican un fondo genético compartido. Ignorar la variabilidad ambiental puede llevar a
inconsistencias al replicar hallazgos, como a menudo se observa ante los casos donde se
presentan rasgos multifactoriales (Keltikangas-Järvinen & Jokela, 2010, pg.185).
12
gravedad del trastorno distímico, los efectos de la psicoterapia se volvieron equivalentes.
13
Capítulo 2- Mindfulness
2.1 Orígenes
14
cómo afecta la práctica a los diferentes planos del sujeto, tanto psicológico, social, entre
otros.
2.2 Conceptualización
Definir al Mindfulness, según Acosta (2014), puede resultar simple, pero no así su
entendimiento. La atención plena no es expresable con palabras, sino que debe
experimentarse a través de la práctica. Pero en necesidad de una definición, podemos citar
a su mayor precursor, Kabat-Zinn, quien entiende al Mindfulness como el hecho de “prestar
atención de un modo particular, con un fin en el momento presente y sin juzgar” (p.20).
Thich Nhat Hanh, maestro zen, activista por la paz y ganador del premio nobel, es otra de
las grandes personalidades que llevó esta práctica a occidente, fomentando el arte del
Mindfulness en una comunidad budista llamada Plum Village (Crear Salud, 2018). Nhat
Hanh comprende al Mindfulness como atención, “lo que está pasando a cada momento:
abres el grifo y el agua fluye para ti”, entiende que cuando no disponemos de agua nos
sentimos privados y tenerla es felicidad, pero solo reconocemos la felicidad en momentos
de sufrimiento (Thich Nhat Hanh, 2012, p.14). Pulido (2015), fundador de un centro de
Mindfulness, lo define como “la plena consciencia que presta atención a todo lo que surge
en el momento presente, tanto del cuerpo/mente como del entorno” (p.6).
Una confusión que suele generarse, con los conceptos de apertura y aceptación, es
pensar que las experiencias se reciben pasivamente. Lo que se quiere transmitir es que las
experiencias escogidas deben contemplarse con plenitud y sin ser juzgadas, manteniendo
una actitud activa y de aceptación consciente ante lo acontecido en el momento presente
(Alberto Barceló, 2013). Como veremos a continuación, el Mindfulness en occidente se
estructuró mediante el programa Mindfulness- Based Stress Reduction (MBSR).
El modelo de MBSR fue creado por Jon Kabat-Zinn en el año 1982 y fue el primero
en integrar las técnicas meditativas en la psicología y medicina occidental. La duración del
programa es de 8 semanas, donde los participantes realizan autorregistros y complementan
lo trabajado en el curso con prácticas domiciliarias (Vásquez-Dextre, 2016). Pueden existir
algunas diferencias entre la estructuración del programa dependiendo la institución que la
organice, pero la base es siempre la misma.
15
La MBSR fue originalmente diseñada como complemento a los tratamientos
médicos, donde la ineficacia y el descontento hacia los modelos tradicionales en la atención
de algunas problemáticas dio lugar a que esta práctica emergiera. Se planteó inicialmente
en forma de desafío, en el cual los pacientes debían entrenarse en prácticas de meditación
que tenían potencial de transformación (Kabat-Zinn, 2003). Los beneficios derivados del
programa se centran en tres aspectos fundamentales: resiliencia y bienestar
físico-psicológico, reforzamiento de competencias, cultivo de actitudes, mayor presencia y
mejor conexión con el entorno (Instituto esMindfulness, s/f).
Coffey y Hartman (2008) describen tres elementos que están ligados en la práctica
del Mindfulness al bienestar psicológico: la autorregulación de las emociones, el desapego y
la disminución en la rumia cognitiva.
Autorregulación emocional: es necesaria en la práctica Mindfulness, ya que genera
un relacionamiento de apertura y conciencia emocional. El objetivo es observar la
experiencia que nos brinda la emoción, de modo que aquellas de índole negativo (como la
ira) no limiten la conciencia plena de lo que esté aconteciendo.
Desapego: esta práctica se basa en el desprendimiento, no aferrarse, dejar ir. Tiene
lugar en una mentalidad ecuánime, donde no exista división, sino que se genere respeto y
amor hacia todos los seres, evitando entrar en polaridades como la de apego-aversión. La
actitud de ecuanimidad es necesaria para que la práctica Mindfulness pueda regular
emociones y sucesos en una relación de aceptación hacia los devenires (Simón, 2007).
Rumiación cognitiva: hacemos referencia a un aspecto base a tratar en los
trastornos depresivos. Puede entenderse como una manera de relacionarse con los
contenidos mentales en forma de afrontamientos pasivos y repetitivos mediante emociones
negativas. Es un elemento que predomina no solo en la depresión sino también en la
ansiedad o el trastorno obsesivo-compulsivo (entre otros). Existe evidencia de que la
práctica de la atención plena disminuye la rumiación en los pacientes, lo que conlleva una
mejora significativa y facilita la recuperación (Deyo, Wilson, Ong, & Koopman, 2009).
Intencionalidad: aunque poner atención en el presente es una facultad natural del
ser humano, es necesario que exista intencionalidad para que la práctica pueda
desarrollarse. Aun estando siempre disponible, solo con intencionalidad y entrenamiento
continuado puede desarrollarse y potenciarse esta habilidad tan accesible que es el
Mindfulness (Santachita & Vargas, 2015). Además de haber componentes ligados
16
positivamente con el entrenamiento en Mindfulness, existen dos elementos (junto a la
rumiación cognitiva) antagónicos y que refieren a estados de baja o nula atención: la
inconsciencia y el piloto automático.
Inconsciencia: cuando nos encontramos en total ausencia de Mindfulness entramos
en lo que se denomina como inconsciencia. Esta puede verse reforzada por mecanismos de
defensa del propio sujeto, como cuando nos negamos a atender una emoción o
pensamiento que nos resulta perturbadores, dejando rienda suelta a la rumiación de
pensamientos y al desenfreno de emociones como la ira (Brown & Ryan, 2003).
Piloto automático: refiere a los momentos de la vida donde no somos conscientes de
lo que está sucediendo a cada instante, aunque el cuerpo está físicamente en el momento
presente, la mente divaga en los pensamientos sobre el pasado o el futuro. Desde la
conciencia plena se hará foco en lo importante que resulta dejar el piloto automático, para
que podamos controlar nuestra vida desde el presente, atentos a lo que ocurre a cada
instante (Acosta, 2014). El piloto automático es parte de un condicionamiento mental
generado por la alta frecuencia con la que recurrimos a él. Si miramos un paisaje,
preferimos verbalizar y fotografiarlo en lugar de apreciar la belleza que nos brinda el
momento. Es ahí cuando actúa este condicionamiento, llenándonos de interpretaciones y
negando la posibilidad de vivir una experiencia más directa con el aquí y ahora (Pulido,
2015).
Para poder abrirnos a las experiencias que surgen es necesario que cultivemos una
“mente de principiante”, manteniendo una actitud de apertura ante las posibilidades
emergentes (Enríquez-Anchondo, 2011). Bishop et al. (2004) propone lo que define como
actitud apropiada para meditar: “una orientación particular hacia la propia experiencia en el
momento presente que se caracteriza por curiosidad, apertura y aceptación”. Amaro y Chah
(2002) refieren a la actitud apropiada mediante la aceptación en el siguiente enunciado:
“medita con suavidad y gradualmente, paso a paso. Si te tranquilizas, acéptalo; si no te
tranquilizas, también lo aceptas”. Esa es la naturaleza de la mente. Debemos encontrar
nuestra propia forma de practicar y mantenernos en ella con persistencia.
Existen cuatro ejercicios en la práctica del Mindfulness: el escaneo corporal, la
meditación de atención abierta o formal, la meditación informal o dinámica y los
estiramientos o Hatha Yoga. En el caso de las prácticas formales hacemos referencia a
sesiones de meditación en las que hay modalidades específicas de entrenar la atención
17
plena (Oberts et al., 2006). La más común es sentarse en un lugar tranquilo mientras
mantenemos un objeto base en el cual centrarnos, que suele ser la respiración (Pulido,
2015, p.25). Esta práctica se enseña de forma gradual a partir de la segunda semana de
entrenamiento. Se articula con orientaciones sobre cómo trabajar con la mente pensante y
se invita al cultivo de las cualidades actitudinales de la atención plena. Mientras nos
centramos en la respiración al mismo tiempo somos conscientes de los devenires
experienciales (Crane, 2017).
La prácticas informales se realizan llevando dicha atención a labores cotidianos
como: caminar comer, vestirse, etc. (Oberts et al., 2006). Estas se sostienen mediante la
práctica habitual de la meditación formal (Pulido, 2015, p.28). Se empiezan a entrenar a
partir de la tercera semana de los programas en Mindfulness y se enseña a estar consciente
de las dinámicas de cada experiencia, del “momento a momento sensorial” (Crane, 2017).
El escaneo corporal se entiende como el enfoque de la atención plena en cada parte
del cuerpo, siendo conscientes de las sensaciones que surgen. Generalmente se suele
iniciar tomando conciencia de las partes inferiores del cuerpo (dedos de los pies, etc.) y
avanzando hacia las superiores (pecho, cabeza). Durante este entrenamiento los sujetos
aprenden a conectarse con la experiencia directa de las sensaciones corporales, focalizar
los puntos de atención, relacionarse positivamente con la mente pensante, aceptar la
realidad tal cual es (Crane, 2017).
Por último, en el Hatha Yoga se practican estiramientos donde se enfoca la atención
de forma plena en los sutiles movimientos corporales (Jain et al., 2007), mejorando la
flexibilidad y sincronizando la respiración con las diversas posturas (Orgiles & Gascó, 2014).
Autores como Rebecca Crane clasifican al Hatha Yoga dentro de los denominados
movimientos conscientes o prácticas informales, pero otros lo clasifican a parte.
18
citados en Enríquez-Anchondo, 2011) y ante depresión resistente al tratamiento
(Eisendrath, Chartier, & McLane, 2011), son algunos estudios relevantes para esta
monografía donde se ha denotado eficacia empírica en base al Mindfulness.
Existe una amplia variedad de estudios empíricos que evidencian sobre cambios a
nivel neurobiológico provocados por la práctica del Mindfulness. Sarmiento-Bolaños y
Gómez-Acosta (2013) aportan algunos de ellos. A partir de la práctica de la atención plena
se observan cambios en la estructura cerebral debido a una alta concentración de sustancia
gris en zonas como el hipocampo y la corteza orbito-frontal5. Tang, Hölzel y Posner (2015)
encontraron mediante un metaanálisis que ocho regiones del cerebro se alteran
estructuralmente de forma constante en los meditadores. Entre ellas están la corteza
frontopolar, las cortezas sensoriales y la ínsula, asociadas a la conciencia corporal y la
regulación emocional (p.3).
Davidson et al. (citado por Simón, 2007) en un estudio de MBSR encontraron que
los meditadores, en comparación a quienes no meditaban, tuvieron un mayor incremento de
la activación en la zona prefrontal izquierda. Esto se asocia a la alta disposición hacia
afectos positivos y a la supresión de afectos negativos. Creswell, Way, Eisenberger y
Lieberman (2007) encontraron que se generan cambios funcionales en algunas zonas
cerebrales cuando existe una alta disposición al Mindfulness. Entre estas zonas está la
corteza prefrontal (PFC) y la amígdala, asociadas a la regulación emocional y a la atención.
Leung et al. (2018) en una investigación con participantes capacitados en un programa de
meditación encontraron que dicha capacitación se asocia a una reducción de la reactividad
y la angustia, a partir de una menor actividad de la amígdala. Estos cambios podrían
transferirse a estados no meditativos, donde se obtendría un mayor manejo del estrés.
Estas evidencias se sumaron a los estudios dirigidos a probar su efectividad en el
tratamiento de problemáticas cognitivas, emocionales, etc., lo que favoreció la inclusión del
Mindfulness al terreno de las terapias psicológicas. A partir de estos datos se desarrollaron
diversas aplicaciones y estudios en los que se probó su eficacia para el tratamiento de
diferentes afecciones psicológicas como el estrés crónico, ansiedad y depresión (entre
otras).
5
La sustancia gris tiene la función de procesar y manejar la información que llega al cerebro y viaja
por las redes neurales (Robertson, 2018)
19
2.7.1 Procesos top-down y bottom-up
2.7.2 Síntesis
20
Capítulo 3- Terapia cognitiva
La terapia cognitiva de Beck es uno de los modelos terapéuticos con mayor cantidad
de estudios con evidencia empírica, principalmente en base a ensayos clínicos controlados.
Este modelo terapéutico fue inicialmente desarrollado para el tratamiento de pacientes con
depresión. Posteriormente se extendió su aplicación a pacientes con trastornos fóbicos y de
ansiedad, hasta llegar hoy día a aplicarse en el terreno de los trastornos de la personalidad.
En la actualidad los tratamientos de terapia cognitiva no solo emplean los desarrollos de
Beck, sino también los de aquellos autores que tomaron su teoría como base (Gabalda,
2007, p.137).
Podemos considerar como terapia cognitiva según Beck et al. (1983) a cualquier
conjunto de técnicas que busquen modificar patrones de pensamiento disfuncionales. Por
otro lado, se considera que la terapia cognitiva no es solo una suma de técnicas, ya que se
diferencia notoriamente de otros modelos al poseer su propio enfoque centrado en la
consideración de los trastornos psicológicos como consecuencia de fallas en el
pensamiento (Beck, 1997; Young y Beck, 1982). Más específicamente, Beck (1970) define a
las terapias cognitivas como el “tipo de terapia que trabaja con el grupo de operaciones
centradas en las cogniciones verbales o imágenes de un paciente y en las premisas,
supuestos y actitudes que subyacen a estas cogniciones”. Freeman (1983) por su parte es
más esclarecedor y las define como un modelo de tratamiento a corto plazo que se
desarrolla de forma activa y directa tanto desde el rol del paciente como del terapeuta
(Gabalda, 2007 p.138).
Desde la perspectiva de un terapeuta cognitivo, el individuo se caracteriza
principalmente por ser un agente activo en su relación con el mundo, la relación se
desarrolla desde interpretaciones, inferencias y evaluaciones sobre el ambiente. La
información desarrollada como resultado es accesible a la conciencia desde pensamientos
e imágenes y el sujeto puede modificar esta información (Moorey, 1996).
Según Judith Beck (2008) las distorsiones cognitivas están sujetas a una red de
pensamientos y creencias clasificados como: creencias centrales, creencias intermedias y
pensamientos automáticos. No son los acontecimientos los que objetivamente determinan lo
que siente un sujeto, sino que los sentimientos se asocian a una forma de interpretar los
acontecimientos. Los pensamientos y creencias generan aquello que interpretamos.
a) Creencias: desde la infancia los individuos desarrollan determinadas creencias
sobre sí mismos, las personas y el mundo. Las creencias centrales son aquellas ideas
21
profundamente arraigadas que no son siquiera expresables para uno mismo. Estas son
consideradas como verdades objetivas para el individuo y constituyen el nivel más
sustancial de creencia, caracterizándose por ser rígidas y generalizables. Por su parte, las
creencias intermedias se componen de reglas, actitudes y presunciones. Son menos
rígidas que las creencias centrales pero menos dúctiles que los pensamientos automáticos
(Beck, 2008).
b) Pensamientos automáticos: suelen manifestarse de forma espontánea, siendo
breves, precipitados y sin dejar lugar a un razonamiento a-priori. Los sujetos no suelen ser
conscientes de ellos cuando se manifiestan, pero sí de las emociones que por tales
emergen. El pensamiento automático por estas condiciones se tiende a manifestar como
algo cierto y no se lo juzga. A través de observar los cambios emocionales es que se puede
aprender a identificarlos y modificarlos, ya que son menos rígidos que las creencias
intermedias y centrales que los subyacen. A partir del trabajo en la modificación de los
pensamientos automáticos es que se lograrán cambios en las creencias intermedias y
subsiguientemente en las creencias centrales, interviniendo en los aspectos más maleables
del sujeto (Beck, 2008, p.33).
Según Bedrosian y Beck (1980) las distorsiones derivadas de los pensamientos y
creencias pueden ser clasificadas principalmente desde los siguientes puntos:
1. Inferencia arbitraria: la cual hace referencia a las conclusiones realizadas sin evidencia
previa que las justifiquen.
2. Abstracción selectiva: lo que se considera como abstraer un determinado aspecto de un
contexto ignorando otros elementos que lo componen.
3. Sobregeneralización: refiere a crear reglas generales en base a acontecimientos
aislados y aplicarlas en un amplio rango de situaciones.
4. Magnificación y minimización: considerados como errores para significar la magnitud de
determinados acontecimientos.
5. Personalización: los cuales se generan cuando un sujeto se atribuye sucesos externos
sin determinada evidencia que lo relacione a los mismos.
6. Pensamiento absolutista dicotómico: es la tendencia a clasificar las experiencias en
polaridades estilo “todo o nada”.
7. Evaluaciones incorrectas: como anticiparse erróneamente a que nos van a abandonar.
8. Actitudes disfuncionales sobre el placer y el dolor: creencias erróneas de algunos
sujetos sobre lo necesario, entre otras cosas, para ser feliz o exitoso.
22
Capítulo 4- Terapia cognitiva basada en Mindfulness (MBCT)
23
encontramos a los que tienen base en Mindfulness. Poder extraer puntos en común entre
los enfoques de segunda y tercera generación permitiría desarrollar estrategias integrativas
con principios derivados de ambos enfoques (Fernández-Álvarez & Fernández-Álvarez,
2017).
Bernardi et al. (2004) argumenta que es tangible una aproximación en la
investigación de diferentes campos psicoterapéuticos, donde se tiende al acercamiento y la
confrontación de conceptos de tradiciones diferentes. La investigación en psicoterapia
apunta a que es difícil que cada enfoque psicoterapéutico no haga uso de elementos de
otros campos. Es posible que la distancia entre diferentes concepciones disminuya cuando
un terapéuta con flexibilidad en su accionar apunta a tratar las necesidades del paciente.
“Tanto la diferenciación y especialización creciente de las psicoterapias, como la búsqueda
de sus ingredientes comunes y la fertilización mutua parecen ser tendencias del momento
presente que tienen un efecto positivo”.
La psicoterapia integrativa busca sustentarse con investigaciones y experiencias
clínicas que deriven en una teoría más completa, donde el accionar clínico sea más eficaz.
Actualmente los enfoques integrativos cuentan con evidencias que los respaldan, grandes
expectativas de futuro y muchas incertidumbres. La orientación es a configurar enfoques
con profundidad teórica, apertura de saberes, rigurosidad epistemológica, autocrítica y
eficacia en su accionar. Esta meta involucra la capacidad de aprender de la historia de la
psicoterapia y de adaptarse a las exigencias de los tiempos actuales (Opazo, 2006).
24
programa, los pacientes no solo aprenden sobre la práctica y habitual entrenamiento del
Mindfulness, sino también sobre los pensamientos automáticos, su funcionamiento,
detección, registro, su relación con las emociones, que es el pensamiento rumiante, entre
otros aspectos de la psicoeducación (Segal, Teasdale, Williams, & Gemar, 2002).
La MBCT tiene como una de sus bases al modelo de subsistemas cognitivos de
Barnard y Teasdale (1991) donde la cognición humana se divide en dos subcategorías que
se retroalimentan mutuamente: la proposicional (verbal) y la implicacional (no verbal y
corporal). Este modelo asume que la vulnerabilidad cognitiva del PDD y las recaídas están
relacionadas a la facilidad con la que pueda establecerse el mecanismo depresivo ante la
exposición a estados del humor disfóricos.
La terapia cognitiva centrada en Mindfulness es de aplicación interdisciplinar y ha
ganado un alto nivel de aceptación en campos como la psicología, la medicina y la
psiconeuroinmunología. La práctica de tomar conciencia del distrés emocional bajo
problemáticas como el estrés crónico, simplifica el tratamiento terapéutico, posibilitando que
se den los cambios necesarios para transformar el estilo de vida (Moscoso, 2010).
La TCC realizó importantes contribuciones en la integración de la MBCT. Le ofreció
un marco cognitivo de soporte y entendimiento basado en la terapia cognitiva de la
depresión y se integraron elementos curriculares que fueron tomados de la terapia cognitiva
y adaptados a la MBCT (Crane, 2017, p.7).
Más allá de las antedichas contribuciones, a diferencia del proceso realizado por las
terapias cognitivas clásicas, en la MBCT no se busca cambiar el contenido de los
pensamientos. Por lo contrario, se hace foco en el rol trascendental que tiene el vínculo
sujeto-pensamiento, donde se busca aceptar a los pensamientos emergentes. Desde este
posicionamiento se deja de considerarlos como verdaderos y se busca adoptar una actitud
de “descentramiento” (Oberts et al., 2006). El objetivo es que los participantes puedan
observar estos pensamientos y sentimientos como eventos en la conciencia y mantener
distancia de ellos, evitando la reacción derivada del funcionamiento mental automático. Se
busca que las personas vulnerables a los síntomas depresivos sean conscientes de sus
aconteceres y reaccionen de forma distinta ante los pensamientos y emociones (Garay
et al., 2015).
Como argumenta Crane (2017) tanto la atención plena como los componentes de la
terapia cognitiva en el programa MBCT tienen fundamentalmente cuatro objetivos
interventivos para el tratamiento de los procesos depresivos recurrentes:
1. Abandonar los patrones de pensamiento rumiativo
25
2. Ser más consciente de las posibles recaídas relacionadas al proceso
mente-cuerpo
3. Aprender nuevas formas de vincularse tanto con el trastorno como con otros
aspectos experienciales.
4. Aceptar y aliarse a las dificultades y a otros aspectos de la experiencia
(p.16).
Moscoso (2019) argumenta que los modelos de MBCT y MBSR fueron desarrollados
para promover la autorregulación de las emociones, reducir los niveles de estrés y aumentar
el bienestar psicofisiológico de los individuos. Existen más de 3500 estudios donde se
verifica la eficacia de estas intervenciones en la reducción del estrés, dolor, ansiedad y
prevención de recaídas en depresión (p.106). Goldberg et al. (2019) constataron que en los
últimos años ha habido un sustancial aumento de estudios publicados en base a la
exploración de eficacia de MBCT en personas actualmente deprimidas o con síntomas
severos de depresión. Será de gran importancia que en un futuro se focalice en la
exploración de los cambios en los síntomas depresivos a nivel de bases neuronales durante
los cursos de MBCT (Davidson, 2016). La evidencia permitirá determinar si los sujetos con
estilos cognitivos específicos se benefician más de MBCT en comparación a otros modelos
interventivos, dando paso a la posibilidad de asignaciones prescriptivas (Goldberg et al.,
2019).
26
Capítulo 5- MBCT en el tratamiento del PDD
Como argumenta Barnhofer (2019), existe una notoria necesidad de mejorar los
tratamientos enfocados en depresión, especialmente en los casos de depresión persistente.
No solo es necesario ayudar al paciente a que responda de forma más eficaz ante el
trastorno, sino también a que pueda afrontar aquellos factores que impulsan trayectorias
recurrentes, los cuales promueven la cronicidad de la depresión. En los pacientes que
desarrollan un curso crónico los mecanismos que influyen en el estado de ánimo se hacen
más complejos, generando importantes cambios a nivel psicobiológico. El entrenamiento en
base al Mindfulness puede promover procesos de cambio sostenibles, ayudando al paciente
a responder eficientemente ante el estado de ánimo y los pensamientos negativos
característicos de los PDD.
Una de las dificultades en el curso crónico de depresión es la resistencia a los
tratamientos antidepresivos, reflejada en un alto porcentaje de pacientes que no responden
a los psicofármacos. La depresión resistente al tratamiento (TRD) está fuertemente
vinculada con el PDD, ya que vuelve vulnerables a los pacientes a una posible cronicidad
del trastorno. La TRD es definida como una falta de remisión completa de la sintomatología
depresiva después de 2 o más ensayos con antidepresivos (Khan et al.,1991; Trivedi et al.,
2004). Una de las problemáticas subyacentes a la depresión recurrente es la ideación
suicida, ya que al ocurrir en un episodio suele repetirse en los posteriores (Williams, Crane,
Barnhofer, Van der Does, & Segal, 2006). En estos casos, la posibilidad de aplicar el
método más eficaz en pacientes con depresión recurrente y persistente se vuelve tema
urgente.
En aquellas situaciones donde se han padecido tres o más episodios depresivos, el
riesgo de recurrencia es mayor al 90%. En estas ocasiones, los pacientes tratados con
enfoques tradicionales como la TCC o la terapia interpersonal son más propensos a las
recaídas. De aquí surgió la necesidad de una terapia donde pueda tratarse la recurrencia y
consecuente cronicidad del trastorno. El modelo de MBCT surgió para tratar pacientes con
episodios recurrentes en remisión y posteriormente se extrapoló, debido a un estilo
rumiativo similar, a los casos de curso crónico (Korman & Garay, 2012). Sumado a esto,
mediante diversos estudios se podría considerar eficaz en pacientes actualmente
ingston, Dooley, Bates, Lawlor, & Malone, 2007).
deprimidos (Finucane & Mercer, 2006; K
Puede considerarse que la depresión se ha cronificado cuando existen más de tres
episodios recurrentes, ya que desde este punto, las recaídas se vuelven impredecibles
27
(Silvia, Vicente, & José Ángel, 2016). Por lo tanto, la MBCT estaría especialmente
desarrollada para prevenir recaídas recurrentes en el PDD (Segal, Williams, & Teasdale,
2002), ya sea en pacientes con remisión o actualmente deprimidos.
La MBCT cuenta con beneficios a la hora de tratar el PDD, uno de ellos es la
posibilidad de aplicarlo grupalmente y de forma práctica. Hervás et al. (2016) llegan a la
conclusión de que estas intervenciones son técnicas de aplicación práctica, logrando sus
niveles más altos de eficacia a la hora de tratar pacientes con sintomatología depresiva, de
estrés o ansiedad. Una problemática de la MBCT de modelo grupal con pacientes distímicos
deviene en el rechazo a dicha modalidad. Hablamos de pacientes mayormente
acostumbrados a largos tratamientos individuales, donde un modelo grupal podría ser
dificultoso para sujetos que tienden a evitar vínculos sociales (Otero Rodríguez, Alés
Portillo, & Vucinovich, 2015). Cebolla i Martí y Miró Barrachina (2008) encontraron que la
MBCT tiene un alto grado de aceptación, llevando a que los participantes pidan una
continuación debido al soporte y el bienestar que les aportó el tratamiento (p.266). Esto
puede darnos una perspectiva más positiva en relación a la modalidad de aplicación grupal
en pacientes con depresión.
6
“TAU” hace referencia a tratamientos individuales realizados por un psicoterapeuta o psiquiatra que
no integra el equipo de estudio.
28
En un ensayo clínico aleatorizado realizado por Segal, Williams y Teasdale (2006) se
aplicó el programa MBCT y se evidenciaron resultados significativos. Se redujo
notoriamente la posibilidad de padecer recaídas y los más favorecidos fueron los
participantes con cursos más cronificados. Korman y Garay (2012) realizaron una revisión
exhaustiva donde se describe que en un seguimiento de 60 semanas el 100% de los
pacientes con cuatro episodios o más recayeron mientras recibían evaluación de recaídas y
recurrencias. De los pacientes tratados con MBCT solo el 38% recayó. En un estudio
controlado y aleatorizado de individuos con historial de depresión suicida con al menos 3
episodios previos, los sujetos fueron asignados al azar a un grupo de MBCT o de
psicoeducación cognitiva sin meditación. Se mostraron resultados significativamente
favorables para el grupo de MBCT en relación a disociar la sintomatología depresiva con los
pensamientos suicidas, lo que reduciría las recaídas en depresión suicida y recurrente
(Barnhofer et al., 2015).
En un estudio de 424 pacientes con alto riesgo de recaídas en depresión recurrente
se comparó la eficacia de los psicofármacos antidepresivos de mantenimiento con el
programa MBCT discontinuando la medicación. No se encontraron diferencias entre los dos
tratamientos en un seguimiento de 24 meses, por lo que la MBCT parece ser una opción
eficaz como alternativa para discontinuar la medicación antidepresiva (Shapero,
Mischoulon, & Cusin, 2019). El estudio realizado por Kuyken et al. (2015) llegó a resultados
donde los efectos del programa MBCT son comparables a los de m-ADM (medicación
antidepresiva) en pacientes con depresión recurrente.
Hamidian et al. (2013) en un estudio donde integran MBCT a los psicofármacos para
tratar pacientes distímicos llegan a la conclusión de que esta combinación podría mejorar
los síntomas de depresión y la atención plena. Michalak et al. (2016) realizaron un estudio
aleatorizado y controlado donde se compara al sistema de psicoterapia de análisis
cognitivo-conductual (CBASP) y al MBCT con TAU, con una significativa eficacia tanto de
CBASP como de MBCT para tratar pacientes con PDD. McCarney et al. (2012) aplicando el
inventario de depresión de Beck (BDI) encontraron una significativa reducción de los
síntomas depresivos usando terapias basadas en Mindfulness. Barnhofer et al. (2009)
aplicó la MBCT a pacientes con PDD, quienes previamente tuvieron más de tres episodios
depresivos e ideaciones suicidas, constatando una reducción significativa de la
sintomatología.
29
Madahi et al. (2013) evaluaron la aplicación de la MBCT en 110 pacientes distímicos
escogidos en base a cuestionarios de depresión, rumiación obsesiva, etc. Los resultados
revelaron una significativa capacidad de reducir la depresión, la rumiación obsesiva y la ira
en esta población. Garay, Fabrissin, Korman y Etchevers (2010) reclutaron 28 pacientes con
síntomas residuales y depresión activa de 2 años o más. Evaluando la combinación de
antidepresivos con MBCT se observó una respuesta del 37%, en comparación con el 6% en
tratamiento con fármacos solamente. Kenny y Williams (2007) reclutaron pacientes con
depresión recurrente y les aplicaron MBCT. Se observó una reducción significativa de los
síntomas depresivos, principalmente en pacientes con alto puntaje en el BDI.
30
5.3 Limitaciones del modelo en relación al trastorno depresivo persistente
31
Reflexiones finales
Los datos que nos brinda el GBD sobre las DALYs, los YLDs y estudios como el del
Hospital de Clínicas nos alertan sobre el nivel de afección de la depresión a escala global y
la importancia de poner foco en esta problemática. Que sea el trastorno mental de más
años de vida ajustados por enfermedad y vividos con enfermedad nos habla de un enorme
deterioro en la calidad de vida de las personas que la padecen, lo cual tiene consecuencias
también en el círculo social que rodea al individuo. Considerando que más de 300 millones
de personas en el mundo padecen depresión y que ha incrementado a lo largo de los años,
se vuelve necesaria una mayor conciencia social sobre lo significativo de esta problemática.
A los trastornos mentales se les ha dado históricamente una importancia menor que a
aquellas enfermedades que se han considerado de índole orgánico. Las consecuencias de
la depresión crónica, que en la mayoría de los casos llevan a una pobre calidad de vida y en
los peores al suicidio, nos alertan de que restarle importancia es como mínimo erróneo.
A la hora de tratar el PDD, nos encontramos con bajos niveles de respuestas tanto a
tratamientos farmaco como psicoterapéuticos. En este sentido, diversos estudios apoyan un
modelo integral, donde se combine a la medicación psicofarmacológica con el tratamiento
psicoterapéutico. Esto tiene mayor trascendencia teniendo en cuenta que hablamos de un
trastorno con etiología multifactorial, de factores de riesgo psicobioambientales. En relación
al tratamiento psicoterapéutico, la psicoeducación es importante para reducir la culpa
inherente a los síntomas persistentes de la depresión. Pero las bajas tasas de respuesta del
PDD ante tratamientos como el TCC, modelo con una importante cantidad de estudios en
depresión episódica, puso en boga la necesidad de enfoques alternativos e integrales. Entre
ellos es que surgió la Terapia cognitiva basada en Mindfulness (MBCT). Este programa se
centra en aquellos casos más cronificados y en base a los estudios que lo avalan parece
ser un enfoque viable.
Desde la atención plena se busca el descentramiento y la aceptación de los
pensamientos, en lugar de su modificación. Como ejemplifica Pulido (2015):
“probablemente, tendrás pensamientos entrando en tu mente y dispersando tu atención. Si
eso sucede, lo aceptas, lo observas un instante y luego vuelves a la respiración” (p.42). En
este proceso se busca dejar de lado el ciclo de rumiación cognitiva y la reactividad
emocional, los cuales parecen ser causales en las recaídas y mantenimiento de la
depresión.
Los estudios enfocados en MBCT parecen distinguir en sus criterios de inclusión
dos categorías, donde se clasifica a los casos más cronificados y a aquellos episódicos. Los
más cronificados serían aquellos donde encontramos tanto a la depresión mayor recurrente
32
y al PDD (en sus diferentes variantes), población en la que se enfoca la MBCT. Sin
embargo, el síndrome distímico puro es considerado en los criterios de inclusión de algunos
estudios y no en otros, al no cumplir con la categoría de 3 o más episodios de depresión
mayor previos. Considerando el criterio de Barnhofer de que la MBCT se centra en los
casos donde el patrón rumiativo está fortalecido en base a la exposición prolongada ante
síntomas depresivos, el síndrome distímico puro podría estar adecuadamente incluido en
los programas de MBCT.
Aunque la MBCT haya sido inicialmente desarrollada para la depresión recurrente en
remisión, existen estudios en la actualidad que avalan su eficacia en: depresión crónica,
TRD, depresión suicida, como alternativa a la medicación y en pacientes actualmente
deprimidos, etc. En diferentes estudios de la monografía se han incluido participantes con
PDD, pero al ser el criterio de inclusión la depresión recurrente de 3 episodios o más,
encontramos en mayoría a casos de MDD con esta característica. A pesar de que en los
últimos años se han empezado a realizar investigaciones específicamente en los casos de
depresión crónica o PDD, es necesario que se sigan generando más estudios en esta
población. Esto permitiría explorar, entre otras cosas, las variables que pueden presentarse
ante los casos de depresión recurrente con duración mayor a 2 años.
Resulta positivo que exista esta apertura de la investigación científica hacia modelos
tradicionales que en otros tiempos se ignoraban. El Mindfulness, debido a sus raíces
ancestrales como tradición oriental es un ejemplo de ello, lo que nos alerta del amplio rango
de posibilidades que existen si tomamos en cuenta a los distintos conocimientos desde un
enfoque holístico.
Poder contar con estudios sobre Mindfulness y depresión crónica realizados en
Uruguay nos permitirían profundizar y planificar intervenciones centradas en atender esta
problemática en nuestra población, ya sea desde políticas públicas o iniciativas privadas.
Esto no solo ayudaría a combatir la depresión, sino todas aquellas problemáticas asociadas
a ella que son tan frecuentes: trastornos de ansiedad, consumo abusivo de sustancias,
trastornos de la personalidad, etc.
33
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