¿POR QUÉ NOS GUSTAN LAS PELÍCULAS DE
TERROR?
INTRODUCCIÓN
Las películas de terror han formado parte de nuestra cultura desde hace varios
años, y con su evolución dentro del mundo cinematográfico han dejado su huella
con icónicas escenas que, a la mayoría, nos han provocado emociones intensas,
principalmente el miedo, lo que nos lleva a que difícilmente las podamos olvidar.
El miedo es un sentimiento natural que todos llevamos desde que nacemos, y
que nos hace actuar ante diferentes situaciones de la vida, sean malas o buenas.
Sin embargo, hay quienes no disfrutan de este sentimiento, dado que es
considerado muy negativo. Entonces, ¿por qué nos encantan las películas de
terror?
¿QUÉ ES EL TERROR?
El terror es un miedo muy intenso, y el miedo es la sensación que se encarga de
hacernos conscientes de los peligros externos que nos pueden amenazar. Este es
interpretado por el cerebro y se propaga a través del cuerpo para hacer ajustes y
crear la mejor defensa o reacción de huida.
La respuesta de miedo comienza en la amígdala, un conjunto de núcleos en
forma de almendra localizados en el lóbulo temporal del cerebro, que se dedican a
detectar la prominencia emocional de los estímulos, y por ello, provocar las
siguientes reacciones:
● Aumento de la presión arterial
● Aumento de la velocidad en el metabolismo
● Aumento de la glucosa en sangre
● Detención de las funciones no esenciales
● Aumento de adrenalina
● Aumento de la tensión muscular
● Apertura de ojos y dilatación de pupilas
No obstante, al pensar en los circuitos del cerebro y la psicología humana,
algunas de las principales sustancias químicas que contribuyen a la respuesta de
"lucha o huida" también están involucradas en otros estados emocionales positivos,
como la felicidad y la emoción. Por lo tanto, tiene sentido que el alto estado de
excitación que experimentamos durante un susto también se pueda experimentar de
manera más positiva.
Los estudios e interacciones clínicas sugieren que un factor importante en cómo
experimentamos el miedo tiene que ver con el contexto. Cuando nuestro cerebro
“pensante” da retroalimentación a nuestro cerebro “emocional” y nos percibimos a
nosotros mismos como si estuviéramos en un espacio seguro, podemos cambiar
rápidamente la forma en que experimentamos ese alto estado de excitación,
pasando de uno de miedo a uno de placer o emoción.
Sabiendo esto, el terror nos excede. Juega con nuestra razón y nuestras
emociones. Invade cada poro de nuestro cuerpo y nuestra psique, nos paraliza. Es
“una sensación que aparece de manera esporádica e impredecible en la
consciencia”.
¿EN QUÉ CONSISTE EL GÉNERO DE TERROR EN EL CINE?
Aquí es donde entramos al famoso género de terror en el cine. Este no se define por
sus arquetipos y puesta en escena, sino por las emociones que genera en la
audiencia. Su propósito final es generar esa parálisis de manera controlada, tal
como señala Altman:
“Resulta aleccionador que los dos géneros más célebres por su lógica ascendente –el
cine de terror y el thriller- se designen con términos que describen la reacción del
espectador y no el contenido fílmico, porque el género se basa, precisamente, en ese
incremento de las sensaciones del espectador”.
Con el objetivo de causar repugnancia, inquietud o pavor, las películas de terror
se enfocan en narrar lo que ocurre cuando lo “normal” es amenazado por lo
“anormal”, pudiendo incorporar episodios de violencia física y terror psicológico. En
ellas encontramos personajes deformados, perturbados, psicóticos o malvados;
historias de monstruos aterradores o animales malévolos; o thrillers de misterio que
utilizan la atmósfera para generar suspenso. El género de terror con frecuencia se
superpone a las películas de ciencia ficción y al cine negro.
BREVE HISTORIA
Se dice que este género fue inaugurado por el expresionismo alemán, donde El
estudiante de Praga (1913), una de las primeras películas alemanas que trata sobre
una doble personalidad, y El golem (1920), basada en la leyenda judía medieval de
una figura de arcilla que cobra vida, fueron las primeras películas de terror
influyentes.
Ya en la década de 1920, destacan películas alemanas como Nosferatu (1922),
la primera filmación de la historia de Drácula. Mientras que en Estados Unidos se
produjeron varias películas de terror sobresalientes, como Dr. Jekyll y Mr. Hyde,
convirtiéndose en un clásico del cine mudo. Finalmente, el gran éxito popular de
Drácula (1931), Frankenstein (1931) y La momia (1932) en los años 30 dio lugar a
una larga serie de películas de terror de éxito, consolidando el género.
La influencia de la ciencia ficción sobre las películas de terror comenzó a ser
claro en la década de 1950, con temáticas sobre monstruos de otros planetas y
mutaciones de animales, como Godzilla (1954). Más tarde se siguieron rodando
películas sofisticadas de tipo thriller de misterio, como Psycho (1960) y Repulsión
(1965).
Con el tiempo, el género cinematográfico de terror llegó a estar representado por
varios subgéneros, entre ellos películas de lo sobrenatural, como El exorcista (1973)
y El resplandor (1980); las películas de psicópatas, como Halloween de John
Carpenter (1978); y thrillers de ciencia ficción, como Alien (1979) de Ridley Scott. La
popularidad de las películas de terror de bajo presupuesto y de serie B creció con la
introducción en la década de 1970 del vídeo y la televisión por cable.
Hoy en día, el cine de terror está muy diversificado e infinidad de películas de
miedo han proliferado, algunas de ellas muy destacables son Poltergeist (1982,
1986, 1988), El sexto sentido (1999) y Los otros (2001).
SUBGÉNEROS
Slasher:
Sin duda, este es el subgénero más trabajado y consumido de todos. Las películas
de asesinos en serie, cuya identidad no se conoce hasta el final, nos ponen los
pelos de punta, y más cuando lo vemos desde el punto de vista de sus víctimas, y
potenciales víctimas. Aunque los asesinos en serie son un tema muy recurrente
para los thrillers policiales, se suele considerar el slasher prototípico de las películas
al grupo de amigos que está siendo acechado por un asesino truculento, y el cual se
va echando a uno a uno.
En los 70 y los 80 el género tuvo su apogeo con La Matanza de Texas, las sagas
de Halloween, Viernes 13 y ya entrando en los 90, Scream, quizás la más
representativa, y más recientemente X (Ti West, 2022). Y otras sagas como la de
Freddy Krueguer (Pesadilla en Elm Street) y I Know What You Did Last Summer.
Thriller:
Cuando una película provoca emociones fuertes, suspenso e impactos visuales,
estamos ante un thriller. Este término se deriva de la palabra en inglés thrill que
significa asustar, estremecer, emocionar.
Alfred Hitchcock, considerado como el maestro del suspenso, fue quien sentó las
bases y reglas de este género. Entre su filmografía podemos destacar Pacto
siniestro (Strangers on a Train, 1951), La ventana indiscreta (Rear window, 1954),
Vértigo (1958), Intriga internacional (North by Northwest, 1959) y Psicosis (1960).
Dentro del thriller tenemos varias subdivisiones. Así, podemos hablar del thriller
policiaco que narra historias protagonizadas por policías, investigadores o detectives
como en El halcón maltés de John Huston (1941), Los infiltrados de Martin Scorsese
(2006), El secreto de sus ojos de Juan José Campanella (2009). El thriller político en
el que se aplican las convenciones del género a una forma de testimoniar una
situación política concreta y relevante: Z de Costa-Gavras (1969), JFK de Oliver
Stone (1999). También podemos hablar aquí de thrillers de espionaje como las
películas de James Bond o de thrillers de aventura como las de Indiana Jones.
Monstruos:
Los monstruos han fascinado a los espectadores del cine desde sus inicios. La
productora Universal fue conocida por sus películas de "monstruos clásicos" en los
años 20 y 30, muchas veces tirando de la literatura: Frankenstein, Drácula, La
momia, El Fantasma de la ópera, o Creature from the Black Lagoon.
También King Kong (1933) y Godzilla (1954) se consideran películas de terror,
particularmente la primera película del kaiju japonés, en un blanco y negro y una
música que pone los pelos de punta.
Aunque los monstruos vuelven a estar de moda, pocas películas son de terror
puro. Las obras maestras de Steven Spielberg y Ridley Scott de los 70, Tiburón y
Alien, renovaron el interés del público por humanos acechados por criaturas.
Otros buenos ejemplos, aunque tanteen con el cine de aventuras, son Temblores
(1988), Parque Jurásico (1933), The Host (2006) La Niebla (2007), Monstruoso
(2008) o Un Lugar Tranquilo (2018).
Zombies:
Aunque la primera película de zombies se considera que es White Zombie (1932) y
sale de la época de los monstruos de la Universal, con Bela Lugosi, fue George A.
Romero en La Noche de los Muertos Vivientes (1968) cuando se instauró la imagen
que hoy tenemos de los zombies, y que sigue fascinando hoy día.
Reinterpretaciones modernas como The Walking Dead siguen demostrando que
los zombies pueden dar miedo, pocas son las películas o series que tratan a los
zombies sin darle un giro hacia la comedia (Zombieland) o a la acción (El Ejército de
los Muertos). La saga Rec, creada por Jaume Balagueró y Paco Plaza, que usando
la técnica de found footage (un subgénero en sí mismo) sorprendieron al público
español y de todo el mundo con una película de zombies memorable y
verdaderamente terrorífica.
Horror:
Este es el subgénero más común. Si bien al género de terror también se lo suele
llamar horror, la diferencia es que este se trata de cuestiones paranormales, ya sean
presencias, fantasmas, posesiones o todo lo que sea justamente paranormal. Hay
grandes exponentes en series y televisión como The Exorcist (1973), The Conjuring
(2013) y The Haunting of Hill House (2018).
Gore o splatter:
El objetivo de estas películas, más que producir terror o tensión en el espectador, es
sorprenderlo, incomodarlo y, en cierta forma, alimentar su morbo con las
representaciones de violencia, dolor y tortura más gráficas y grotescas posibles. Se
caracteriza por tener muchísima violencia al punto que para muchos se vuelve
intolerable. En escena tenemos todo tipo de mutilaciones, tortura,
desmembramientos, cortadas y mucha sangre.
El término splatter fue creado por el mencionado George A. Romero en sus
películas de zombies, monstruos muy dados al gore al devorar a sus presas. Desde
los años 60, con películas como Blood Feast, se ha ido cultivando este género,
muchas veces en circuitos "underground" por su polémica naturaleza.
Algunas de las películas más reconocidas son Holocausto Caníbal (1980) o la
saga Saw, el Ciempiés Humano o la saga Hostel de Eli Roth, denominada por
algunos críticos como "porno de tortura". Otros directores, sin embargo, se lo han
querido llevar al terreno de la comedia, con películas más "ligeras" que a su vez
permiten aumentar la exageración del gore. Buenos ejemplos son las creativas
películas de Peter Jackson (Braindead) y Sam Raimi (Evil Dead).
Terror psicológico:
Generalmente, entendemos como terror psicológico películas que no dependen de
un monstruo, zombie, asesino o entidad paranormal, sino que desarrolla emociones
y reacciones psicológicas como la angustia, la paranoia, obsesiones, enfermedades
mentales, alucinaciones, fobias...
Está considerado como el subgénero más complejo dentro del cine de terror. ¿El
motivo? Pone el foco en los propios temores de los personajes, lo que exige un
notable trabajo por parte de los actores, directores y guionistas. Al fin y al cabo,
explorar culpas, traumas y creencias para crear una atmósfera de sugestión que
mantenga al espectador con el corazón en un puño no es fácil.
Psicosis de Hitchcock como uno de los ejemplos más claros, junto a La Semilla
del Diablo de Roman Polanski (1968), El Resplandor de Stanley Kubrick (1980),
The Ring de Hideo Nakata (1998) o incluso El Silencio de los Corderos (Jonathan
Demme, 1991), Mother! (Darren Aronofsky, 2017) o Funny Games (Michael Haneke,
1997).
Folk horror (terror rural):
Las historias que abarca tienen lugar siempre en entornos naturales en los que
ocurren sucesos extraños. De forma habitual, estos se asocian a antiguas historias y
tradiciones. Este tipo de terror profundiza en lo antiguo e inexplicable; muchas
transcurren en un terror diurno; además, se meten de lleno en rituales paganos.
Ejemplos de esto son The Wicker Man (1973), Midsommar (Ari Aster, (2019), El
Bosque (M. Night Shyamalan, 2004), La Bruja (Robert Eggers, 2015), o la serie The
Third Day (2020).
¿POR QUÉ NOS GUSTA EL CINE DE TERROR?
Por lo tanto, si las historias que nos muestran estas películas son tan oscuras,
terribles, y frecuentemente retorcidas a tal punto de provocarnos la necesidad de
taparnos los ojos con una manta, ¿por qué las vemos?
Existen muchas razones por las que podemos decidir ver cine de terror. La
psicología afirma que las vemos porque queremos entender nuestros temores y los
miedos de la población en su conjunto. “El género de terror se dirige a nuestros
miedos arquetípicos. Se puede ver en toda la historia cómo cada generación ha
definido el ' terror' a su manera y se convierte en gran medida en la idea de que es
algo fuera de nuestro entendimiento que nos amenaza”, explica Paul J. Patterson de
la Universidad Estatal de San José ([Link].).
Sin embargo, la pasión por ver cine de terror puede ir más allá del conocimiento
de nuestros miedos y buscar algo más parecido a un estímulo y una respuesta
segura.
“En el mundo real, las personas pueden experimentar, al mismo tiempo, tanto
felicidad y tristeza como euforia y ansiedad. Las personas disfrutan de las
emociones aunque provengan de una fuente negativa; de lo contrario, las cosas
podrían ser bastante aburridas”, comenta Joel Cohen de la Universidad de Florida.
Aunque el objetivo último de la sensación de pánico es el desasosiego, muchas
personas son capaces de deleitarse con el miedo si lo experimentan en una
situación controlada.
El investigador Jeffrey Goldstein, profesor de Psicología Social de la Universidad
de Utrecht, en Holanda, sostiene que el género de terror proporciona un
entretenimiento violento aceptado socialmente. Se trata, en definitiva, de activar las
hormonas extremas –testosterona, adrenalina, cortisol…–, y una forma de
conseguirlo es sentir escalofríos y angustia en una situación controlada.
Marvin Zuckerman, psicólogo de la Universidad de Delaware, en EE. UU., definió
como abiertos a la experiencia a quienes sienten una tremenda curiosidad por los
límites de la psique y las experiencias desconocidas e inquietantes.
Aparte de la estimulación física y mental, otra de las razones que ponen sobre la
mesa ciertos investigadores para explicar la llamada del horror es su atractivo
sensual. Helen Fisher, bióloga de la Universidad Rutgers, en EE. UU., recuerda que
nuestro organismo está preparado para activarse ante lo diferente, ante aquello que
no podemos etiquetar con facilidad. Dopamina, serotonina, testosterona,
estrógenos… Todo el circuito hormonal se pone en marcha ante la incertidumbre. La
fuerza de este fenómeno se explica por nuestra propia curiosidad: el otro es un
desconocido a cada instante. Cuando escuchamos un relato fantástico, hay zonas
oscuras de los protagonistas que nos atraen sin saber lo que contienen. Sus
perversos protagonistas despiertan a la vez repulsión y pasión.
Michael David Rudd, profesor de la Universidad de Utah, defiende que cuando
vemos una película de terror somos plenamente conscientes de que el riesgo real
es nulo. Rudd también intenta explicar la razón de que haya individuos incapaces de
disfrutar con este género. Según su hipótesis, estos no pueden permitirse pasar por
el trance porque sienten que sí existe un peligro: pesadillas, un estado de ánimo
depresivo, problemas psicológicos.
Para hablar sobre estas cuestiones, me he puesto en contacto con Giuseppe
Iandolo, director del Máster en Psicología del Desarrollo Infantojuvenil de la
Universidad Europea de Madrid (UEM). El miedo, me recuerda, es una emoción
primaria, cuya función es protegernos de una situación considerada potencialmente
dañina y que genera una respuesta orientada a escapar o a luchar. Estas películas
producen placer a las personas a las que nos gusta sentir cómo respondemos al
estrés, siempre que lo hagamos de un modo que sea controlable y que se
enmarque en una experiencia limitada en el tiempo. Hay otras experiencias, como
los deportes de riesgo, que generan una sensación similar. Pero esas sí son para
verdaderos valientes.
En opinión de Beatriz Gandarillas, profesora de Psicología de la Universidad
Francisco de Vitoria, la sensación se genera al segregar hormonas como la
dopamina o la serotonina, algo que ocurre cuando entendemos que estamos
viviendo una experiencia estresante, sí, pero en un contexto de entretenimiento.
Por otra parte, desde un punto de vista puramente cinematográfico, existen
algunos mecanismos que conectan a las audiencias con el relato de una historia.
Rodrigo Mesonero, profesor de guion de cine de la UEM, concreta algunas fórmulas
que enganchan al espectador de una película de terror. "La primera es que los
personajes deben sufrir y, cuanto más lo hagan, mayor será nuestra identificación",
explica.
Es cierto que siempre tendemos a identificarnos con la parte más débil, con
David frente a Goliat, con esos niños inocentes que hacen frente a un misterioso
payaso asesino. Estas películas suelen explotarlo e "incluyen caracterizaciones que
nos hacen bajar las barreras y que nos acercan a las víctimas. Cuanto más en
riesgo se pone el personaje, más interés nos despierta su historia", dice Mesonero.
El profesor también destaca que, en ocasiones, el espectador se pone en la piel
del monstruo. En esos casos, "el consumo de cintas de terror puede ser una manera
de dar salida a sus fantasías más sádicas".
Coincide con esta idea el crítico de cine Jordi Costa, para quien estas películas
tienen un efecto catártico: satisfacemos deseos violentos, pero lo hacemos a través
de una pantalla. Y no sólo eso. Costa también señala que el cine de terror hace
referencia a adversidades colectivas y, en ocasiones, se convierte en metáfora de
un contexto social. Así, por ejemplo, en 1932 se estrenó la primera película de
zombies, La legión de los hombres sin alma (en inglés, White zombie), con
imágenes que semejaban las colas de racionamiento de la época de la depresión y
que era un recordatorio de que el sueño americano se había roto. También el cine
expresionista alemán reflejó el caldo de cultivo del nazismo, las películas de
extraterrestres durante la Guerra Fría, como La invasión de los ladrones de cuerpos
(1956) mostraron la paranoia anticomunista en Estados Unidos y las cintas de
vampiros durante los años ochenta surgieron en un escenario donde se temía el
contagio por el virus del sida.
ENCUESTA Y RESPUESTAS
FUENTES DE CONSULTA
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una-pelicula/
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terror
Dentro de este género o subgénero podemos mencionar películas como Nosferatu
de F.W. Murnau (Alemania, 1922), Frankenstein de J. Whale (Estados Unidos,
1931), La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead) de George A.
Romero (Estados Unidos, 1968) y Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola
(Estados Unidos, 1992).
El género de terror está caracterizado por especificidades visuales y convenciones
normativas genéricas, las cuales incluyen escenarios, personajes, temas y
conflictos narrativos particulares. Los escenarios típicos son páramos sombríos,
localidades aisladas y cementerios; los personajes característicos incluyen a
científicos locos, asesinos desquiciados o monstruos sobrenaturales; el miedo a la
muerte es el tema dominante; y el bien versus el mal es el conflicto narrativo
clásico.
Wood define al terror como aquel lugar donde “la normalidad es amenazada por el
monstruo”, definiendo a la normalidad cómo “la conformidad con las normas
sociales dominantes” (1985: 204) mientras que el monstruo puede ser un vampiro,
un zombie, un invasor extraterrestre, un asesino serial o un demonio. Esta fórmula
tan corta como sencilla prevé tres variables: la normalidad, el monstruo y la
relación entre las dos. En este último factor reside la clave del terror, que se va
modificando en cada contexto histórico.
Para Wood el terror se basa en los pilares de una sociedad capitalista construida
sobre la monogamia y el núcleo familiar, la cual demanda la represión de impulsos
básicos como los sexuales. El género de terror representa “la lucha de todo
aquello que nuestra civilización reprime u oprime” y su “reaparición suele
dramatizarse, como en nuestras pesadillas, en forma de objeto, de conflicto
terrorífico, significando el “”final feliz””, en caso de existir, el restablecimiento de la
represión” (1985: 201). Por esa razón, muchas de las películas y series televisivas
de terror pueden permitirse un “asalto sin precedentes de lo que la cultura
burguesa más aprecia –como los aparatos ideológicos de la familia y la escuela”
(Modleski, 1986: 767). Reflejado mundialmente en la oscuridad de una sala o los
atónitos rostros de los televidentes, el género de terror se ha desarrollado de
manera particular en Argentina. A continuación desplegaremos brevemente su
historia televisiva.