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Teach Me

El documento presenta el inicio de una historia romántica donde el protagonista debe escribir un libro erótico para su editor, pero no tiene experiencia en el tema. Un vecino del editor podría ayudarlo pero tiene una condición.
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El documento presenta el inicio de una historia romántica donde el protagonista debe escribir un libro erótico para su editor, pero no tiene experiencia en el tema. Un vecino del editor podría ayudarlo pero tiene una condición.
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SINOPSIS

Contar historias y expresar sentimientos a través de la pluma es su pasión, pero cuando


la casa editorial para la cual trabaja le exige escribir el próximo Best Seller erótico, la
vida de Kim Taehyung da un giro de ciento ochenta grados.

No le basta con tener que cuidar a un problemático hermano que apenas conoce, ahora
tiene que escribir sobre lujuria, un sentimiento que nunca antes ha experimentado
porque, a sus veinticinco años, su experiencia sexual es mínima y prefiere mantenerse
alejado del género masculino.

Jeon Jungkook tiene todo lo necesario para ser un protagonista de libros: es un


profesional reconocido, guapo, elegante, arrogante como ninguno y.… experto en SEXO.

Kim Taehyung necesita ayuda para escribir su libro. Jeon Jungkook puede dársela, pero,
tiene una condición...

¿Kim Taehyung podrá, a cambio del conocimiento, entregarse a sus deseos, aun sabiendo
que para Jeon Jungkook en cuestión de sexo, nada se explica y todo se practica?
CAPÍTULO 1

Decir que mi día había comenzado mal era de mal gusto, porque, en realidad, había
empezado siendo un verdadero desastre. Me quedé dormido, y como el último fin de
semana había tenido una fuerte discusión con Yeonjun por negarse a explicar
coherentemente la razón de la citación del director, se me olvidó comprar champú y mi
leche del desayuno. Nunca imaginé que tener que cuidar a un adolescente en plena etapa
hormonal era tan complicado, eso sin contar que nos conocemos hace menos de dos
meses.

Tomé algo de zumo de naranja de caja (lo único que había en mi refrigerador) y salí
apresurado a la reunión con mi editor, sabía de antemano que no eran buenas noticias.
Que Jung Hoseok te llamara a las 06:30 de la mañana para una reunión extraordinaria,
sólo podía ser sinónimo de que algo realmente malo estaba por suceder, sobre todo
porque nadie era capaz de levantar la humanidad de Hoseok de su cama antes de las
8:30 a.m. y menos para una reunión en su casa.

Afortunadamente, las calles no estaban tan congestionadas, así que llegué a tiempo.
Aparqué en el estacionamiento de visita, saludé al conserje con una seña de manos y me
fui a la zona de los elevadores. Apoyé mi espalda en la pared y suspiré, mi cabeza era
una maraña de pensamientos, todos enfocados en una sola persona: Yeonjun... y su afán
por sacarme de mis casillas, Yeonjun y su habilidad para meterse en problemas. En
menos de dos meses había ido más de cinco veces a la escuela. Si mi abuelo estuviese
vivo seguramente esto no sucedería.

El ascensor llegó sacándome de mis pensamientos, dos horas despierto y ya deseaba que
acabara el día, entré al cubículo y seguí desenmarañando mi cabeza. Era hora de hablar
seriamente con ese chico. Habían transcurrido dos meses desde la muerte de Hwasa,
aunque para mí era como si fuesen años y si no arreglaba esta relación, terminaríamos
muy mal. No nos comunicamos, no nos entendíamos, no nada…. solo nos teníamos a
nosotros y aunque no era algo que buscáramos, era hora de empezar a comportarnos
como lo que éramos: Hermanos.

Justo cuando las puertas se estaban cerrando un zapato deportivo las bloqueó haciendo
que nuevamente se abrieran. Contuve todas mis ganas de resoplar cuando vi que entraba
un hombre alto, atlético, de cabello negro, que aparentemente estaba haciendo ejercicio
debido a la ropa que llevaba, tenía la frente perlada en sudor y un par de audífonos en
sus oídos.

Solo tardé dos segundos en reconocer quien era, mientras intentaba disimuladamente
controlar el estremecimiento en mi cuerpo. Ese hombre era Jeon Jungkook, uno de los
amigos y vecinos de Hoseok. El tipo era un creído, el Dios de la virilidad, guapo, exitoso y
seguro de sí mismo, ¿dije algo de su infinita prepotencia? Famoso por tener a una
persona distinta colgada del brazo cada fin de semana. El representante absoluto de lo
que yo podría definir como un maldito y perfecto Adonis.... Pero yo paso ¡No me
interesan en absoluto los hombres Apolíneos!

Buenos días – dije suavemente – Soobin me había enseñado a ser educado.

El tipo se giró observándome de una manera que no supe descifrar, me dio una sonrisa
torcida digna del comercial de un ortodoncista: dientes blancos, brillantes, parejos, de
esos que se lavan solo con las más exclusivas marcas de crema dental…Por dos segundos,
me atonte, lo reconozco ¡él estaba muy bueno a la vista! Se río más ampliamente y luego
giró nuevamente dándome la espalda.

Sera cabrón -murmure entre dientes- saliendo de mi estúpido momento de joven


hormonal. Esa era la razón por la cual intentaba ignorarlo las pocas veces que me lo
topaba.

Bobalicón mononeuronal, es una lástima que lo que tiene de hermoso lo dobla en


arrogancia.

Tenía que reconocer que su sonrisa era tremendamente excitante, pero él no tenía por
qué saber lo que yo pensaba, afortunadamente la gente no anda leyendo la mente de
otras personas.

Acomode mis gafas y me quite los audífonos, mire mi reflejo en el muro espejo del
elevador y me di cuenta de lo sucia que estaba mi gorra blanca -era de mi equipo
favorito de la NBA y ocultaba perfectamente mi cabello sucio- y de lo gastadas que
estaban mis zapatillas. Mordí mi labio inferior fuertemente, parecía un adolescente y no
un hombre hecho y derecho, escritor de profesión y con un hermano de 15 años a cargo;
volví a suspirar mirando fijamente la espalda y el bien formado trasero del vecino de
Hoseok. Era imposible no darle una mirada cuando me lo topaba cada vez que visitaba a
mi editor y amigo.

Si, ya lo sé los Adonis no me gustan, pero mirar no es pecado y reconozco noblemente


que su presencia en este espacio tan reducido, me estaba dando nervios. Lo había visto
varias veces cuando venía al departamento de Hoseok, pero nunca había estado solo con
él.

¡Tae es un elevador no el armario de su cuarto!, negué con la cabeza intentando no


parecerme a mi mejor amigo Jimin y fijé mi vista en la pantalla que marcaba los pisos del
elevador como táctica de distracción hasta llegar al piso de Hoseok. Esta vez no fui
educado y pasé por un lado empujando al maleducado gigolo. Guarde los audífonos
escuchando una risilla de parte de mi ex acompañante, tuve que luchar contra las ganas
de girarme y mandarlo al infierno -inhala oscuro y exhala rosa, Kim Taehyung- en lugar
de eso, camine hasta el departamento de mi amigo, toque el timbre y limpie mis manos
en mis jeans. Tenía las manos empapadas en sudor, era una situación que ocurría cuando
estaba nerviosa y la reunión sorpresiva con Hoseok era para estarlo.

Había conocido a Jung Hoseok cuando salí de la Universidad hace algunos años, era un
chico lleno de sueños, con metas por alcanzar y un manuscrito hermoso que nadie quería
leer. Estaba a punto de bajar los brazos, de darme por vencido – y regresar a mi antigua
casa para decirle al espectro de mi abuelo que había tenido razón y qué estudiar
literatura había sido un error- cuando él se sentó a mi lado, tomó el manuscrito y me
tendió la mano que necesitaba: edito mi novela y la publicó en la Editorial donde trabaja.
Después de eso, se había convertido en el mejor amigo bisexual que un hombre pudiese
conseguir.

La puerta se abrió mostrándome la sonrisa tranquilizadora de Jisoo, ella había sido la


nana y ama de llaves de Hoseok desde que él tenía uso de razón -o al menos eso me había
dicho- era una señora dulce que siempre tenía una amable sonrisa para mí, le di un gran
abrazo antes de que me apremiara a entrar al departamento.

¿Hoseok? -mi voz salió ahogada a causa de los nervios- Está probándose a sí mismo
cuánto puede correr en la cinta elástica, ayer tuvo un día de trabajo normal hasta que
recibió una llamada; al parecer está estresado. Se pone como perro rabioso y se mata
con esas máquinas cuando lo ataca el estrés.

Le di un beso a Jisoo y camine a ver que tenía tan inquieto a mi querido editor, no toque
la puerta de su gimnasio personal, entre sin anunciarme, ya que era normal que hiciera
esto, Estaba de espaldas, solo con los pantalones de sudadera azul y una toalla al cuello,
miraba por el ventanal hacia el Central Park así que pude mirar tranquilamente su
atlética complexión y perderme en el recorrido que pequeñas gotitas de sudor hacían
por su ancha espalda ¡Maravilloso!

¡Cómo está tu pulsión sexual hoy! ¿eh?!

Negué otra vez con mi cabeza; para muchas mujeres y hombres Hoseok era el prototipo
de hombre que merecía estar en la portada de algún a revista masculina, él era la
fantasía sexual de cualquier persona, cabello rubio, ojos verdes, un cuerpo musculoso y
espalda ancha, pero tenía un gran defecto y yo lo conocía; era incapaz de
comprometerse.

¡Ahí estás! -dijo sacándome de mis pensamientos-

¡Si! -exprese tontamente meneando mi cabeza de un lado a otro-

-No digas nada por su “Ahí estás” mira que tu “Si” fue deplorable- Mis neuronas
necesitaban una sacudida urgente, no podía haber dicho algo que me colocara más en
evidencia. Tomó su camiseta negra de una silla y se la colocó rápidamente, trate de que
en mi cara no se notara la decepción - ¿ya había dicho que mirar no era pecado?,
¿verdad? - además si de espaldas era hermoso, de frente era un Dios bajado del Olimpo.

Me dio una de sus miradas pícaras como siempre cuando me descubría observándolo.

Vamos al despacho -camino hacia mí y dejó un beso en mi frente-

A pesar de su diversión por mí no muy educado gesto, podía ver que estaba preocupado,
muy preocupado, parecía que lo que me iba a decir era la peor de las catástrofes. Mi
mente maquinaba una y otra cosa ¿Que podía ser? A mi segundo libro le estaba yendo
bien en las librerías y próximamente sería traducido al portugués; en cuanto al primero,
la Editorial estaba pensando imprimir la tercera impresión de bolsillo; técnicamente las
cosas funcionaban como debían funcionar, así que no entendía que podía preocuparle a
Hoseok.

CAPÍTULO 2

Tan pronto llegamos al estudio, se colocó detrás de su escritorio y rebusco entre los
cajones del mueble.

Siéntate - dijo con voz calmada pero tensa-

¡Hoseok, estás haciendo que me dé un colapso nervioso, habla de una buena vez! -exigí-
Mientras me sentaba, saco unos libros de una gaveta y los colocó frente a mí.

Leí el título de la famosa trilogía erótica, había escuchado acerca de la novela gracias a
Jimin. Era la típica historia del chico tímido que se enamora del dominante guapo, rico y
exitoso, que lo trata como un cualquiera…. No gracias no iba conmigo y mucho menos con
mi forma de escribir. Yo amaba las historias de romances dulces y con trasfondo, como
“Orgullo y Prejuicio”, y las historias de romances tormentosos como “Cumbres
Borrascosas”, las nuevas propuestas literarias no eran mi estilo de lectura favorito.

¿Qué significa esto? -pregunte, tomando el libro como si fueses a morderme la mano-

Tu nuevo desafío -Hoseok se recostó en su silla- es lo que el señor Lee quiere de ti.

Una risa histérica se sofocó en mi garganta

¡Que! ¿No estarás hablando en serio? -bromee- Muy buena broma Hoseok, pero no es el
día de los inocentes, -a pesar de mi risa, el gesto serio en el rostro de mi editor era la
confirmación que necesitaba para saber que hablaba en serio-

No, no estoy bromeando, es lo que Lee Min-ho quiere.

¡Oh mi Dios! -llevé mis manos a mi cabeza- mi carrera estaba acabada.

No dramatices solo tienes que escribir un libro erótico.

¡Santo Joder del Olimpo! ¡Tengo que morirme ya!

Podía sentir su penetrante mirada taladrarme a pesar de tener mi cabeza enterrada


entre mis manos. ¡Si cómo no! como si escribir una escena de sexo fuera como soplar y
hacer botellas. Tenía que ser broma, esas cosas las dicen los representantes, no los
editores, por muy amigo que sea.

—¿Por qué me lo dices tú y no Jimin?

—Jimin, él era mi representante ¡Él muy cobarde!

—No lo sabe. Estuvieron intentando comunicarse con él anoche, pero no fue posible.
—Entonces... ¿me avisas tú? — levanté mi ceja izquierda. Era mi pobre intento de
parecer amenazante.

En qué cabeza cabe que ¿Yo?... ¡Yo!... ¿Escribiendo sobre relaciones sexuales? ¡Jimin, tú
debiste evitarme este bochorno!

—Hubo una reunión de directivos, al parecer, enfrentamos una situación complicada. La


auto publicación y los libros electrónicos son competencia y necesitamos un golazo
literario para seguir siendo líderes en el mercado.

—Pero, ¿por qué yo?

—Porque, detrás de tus bellas novelas románticas se adivina a un escritor apasionado,


con una sexualidad desbordante, a quien le falta un pequeño empujoncito para que
explote toda su sensualidad en las letras.

—¡Te estás burlando de mí! —me levanté de la silla caminando de un lado para otro, me
sentía como pillado en falta— ¡Yo jamás seré un escritor erótico!

—Todos confiamos en ti... —Hoseok intentó tranquilizarme.

¿Cómo carajos iban a escribir un libro de ese calibre con mi nula experiencia?

Levanté la vista y pude ver a mi amigo, socio y hermano levantando una ceja.

—No me digas —dije sarcástico—, se puede saber ¿cómo diablos piensas que voy a
escribir un libro así? ¡Nunca me he leído un jodido libro de esos! — bufé frustrado.

—Nunca... ¿nunca?

—Nunca—se suponía que no era nada malo, pero me sonrojé igual.

—¿Ni siquiera por curiosidad?

—¡No! Tengo veinticinco años y soy más virgen que la propia Virgen María y su séquito de
virginales amigas— bromeé.

Hoseok sonrió por mi comparación con las vírgenes, pero luego se puso muy serio, exhaló
pesadamente y llevó su mano a su rostro apretando levemente el puente de su nariz.

—Pues, así te toque ver porno, hentai, contratar amos y sumisos, tomar clases de
Tantra, leerte el Kamasutra o lo que sea, ¡deberás escribir ese maldito libro erótico que
quiere Lee Min-ho

—¡Me niego!

¡Genial! Este sí que será un grandísimo y muy jodido día.

—¡Oh, vamos! no es el fin del mundo —gimió Hoseok, levantándose para venir hacia mí—,
yo sé que tú puedes— enarcó una de sus cejas.

—Me estás pidiendo un imposible Hoseok... yo, yo ni siquiera sé cómo abordar ese tema—
estaba asombrado, casi molesto por la petición. No... perfectamente, ¡encabronado!
—Melodramático—sonrió—. Te nominaré como él próximo “Drama Queen” del mes.

—Ese puesto es de Baekhyun—acote, haciendo alusión a un compañero de la Editorial


experto en ese género.

—Ok, retiro mi nominación —río, divertido.

—No te hagas el gracioso. Sabes que eso no es mi tipo —quité la gorra de mi cabeza y
me revolví el cabello en un gesto de completa desesperación—¿Por eso estás tan
nervioso? Jisoo me contó que te la has pasado en el gimnasio.

—Temía tu reacción—suspiró teatralmente antes de pasar la mano por sus rubios


cabellos— y, por lo que veo, no me he equivocado.

—Tú, como mi editor, debiste defenderme—me miró culpable— por lo que veo, ni
siquiera lo intentaste.

—Tae—se acercó a mí colocando sus manos en mis hombros—, confío en ti, en tu talento,
sé que puedes hacerlo.

—Sí, como no—chasqueé mi lengua—, mi experiencia sexual es nula y lo sabes ¡por un


demonio! —golpeé su fuerte pecho, apartándome.

—Esa ha sido tu decisión, yo estoy más que dispuesto a terminar con tu castidad
autoimpuesto, conmigo obtendrás experiencia y diversión. Soy tan bueno que ofrezco
dos opciones por el precio de uno—murmuró moviendo sus cejas sugerentemente.

—¿Y mandar al tacho de la basura nuestra amistad? No, gracias. Tengo una relación
laboral que cuidar y no tengo vocación de trofeo.

Hoseok tenía una foto con cada persona que salía y follaba. Él los llamaba “el álbum de
sus conquistas”

—Podría enseñarte lo básico—insistió—, tú sabes...

—No, no sé. Su rostro se iluminó con una sonrisa pícara y desafiante.

—Posiciones sexuales—se acercó hacia mí como si fuese un depredador acorralando su


presa—, cómo hacer una felación casi perfecta, los ruiditos que nos ponen cachondos.

Sonreí sarcástico intentando por todos los medios sofocar los nervios por tener a
Hoseok tan cerca en su pose de “Soy muy bueno en el sexo”

—Dile al señor Lee que yo no puedo hacerlo—lo empujé con la punta de mis dedos.

—¡Oh, vamos!

—No, no soy el único escritor de “Editoriales Lee” que puede hacer ese trabajo, están
Lisa, y esta chica nueva que le gusta escribir cosas paranormales.

—Suran...

—Ella.
Entiende, esto es algo superior a mí y no lo haré —fui tajante.

—No es algo que puedes decidir, ya lo hizo la junta y si no lo haces, pueden

rescindir tu contrato —sentenció.

—No pueden —respondí categóricamente— por catorce meses más, soy propiedad de
Editoriales Lee.

—Y, te recuerdo que las letras pequeñas dicen que estas a completa merced de la
Editorial, o sea, tú y yo somos un par de títeres y hacemos todo lo que el todopoderoso
Lee Min-ho quiera —terminó caminando hacia mí—, en mi lenguaje, estamos cogidos por
los huevos y querer revocar o finalizar el contrato nos va salir un ojo de tu cara y uno de
la mía y yo no me vería sexy con un solo ojo —me dio uno de sus guiños coquetos.

—No entiendo como aún tienes ganas de bromear —suspiré, derrotado.

—Vamos, sólo... inténtalo —con un gesto de cariño trataba de convencerme

—. No es el fin del mundo, bonito.

—Hoseok...

—Yo sé que puedes —tomó mis manos, pero las solté enseguida. Siempre que miraba a
Hoseok podía ver lo fuerte y hermoso que era, no era ciego, quizás un poco cegatón, él
tenía todo lo necesario para atraer a cualquier persona, aunque era mi mejor amigo, su
cercanía, con sus caricias suaves y su toque íntimo y sensual me hacían sentir incómodo.

Negué con la cabeza antes de levantarme de la silla como si fuese impulsado por un
resorte.

—Trataré...

—Eso no me sirve —cruzó los brazos sobre su pecho.

— ¡Está bien! haré mi mejor esfuerzo —lo miré fijamente.

—Eso está mejor—sus fuertes brazos me arroparon con alegría. Era un abrazo sincero
de amistad o al menos eso quería creer y por eso no lo rechazaba

—. Por eso te quiero.

—No responderé si es un desastre — era completamente pesimista, el panorama que se


dibujaba frente a mí era del color de una siniestra y muy oscura tormenta invernal. Me
removí entre la prisión de músculos logrando que me soltase.

—No lo será —uno de sus dedos subió mi mentón hasta quedar a la altura de su rostro.
Mi mirada, en ese preciso instante se detuvo en el pacífico mar verdoso que eran sus
ojos— insisto, solo necesitas a alguien que te enseñe.
La forma en cómo susurró lo último hizo que mi cuerpo se estremeciera. Por un segundo
la mirada de Hoseok se posó en mis labios y justo cuando su rostro empezó a descender,
negué con la cabeza y sonreí sarcástico, alejándome de él.

—¡Cómo si fuera tan fácil! —resoplé, separándome lo más que pude de mi amigo, cuando
él estaba tan cerca no podía pensar con claridad.

—Algo se te ocurrirá...

—Seguro —ironicé—. Tan pronto salga de tu departamento, iré a un local de letreros


luminosos y encargaré uno que diga: “¡Soy virgen! ¿Me enseñas a ser puto?”

La carcajada de Hoseok fue tan fuerte que podría jurar que los cristales de su ventana
temblaron.

—Ok, ok no un letrero, pero podemos buscar a alguien que nos ayude, al menos, con lo
técnico —mi amigo se quedó callado y luego sonrió, una sonrisa tan amplia como la del
gato Rison ustedes saben, a lo muy arrogante—. ¡Tengo el candidato perfecto! Ya
verás...ya verás —puso una cara de estar tramando algo.

Honestamente, me estaba preocupando.

—¡No! —gemí asustado—lo que sea que estés pensando, ¡no!

—Es mi amigo desde niño, tiene prestigio profesional —alzó sus cejas repetidas veces—,
te puede acercar teóricamente, y de manera científica, a lo que tanto temes —caminó
nuevamente hacia mí tomándome las manos—. Mira,

Choi es sexólogo, estoy seguro que podrá ayudarte con todas las dudas que tengas.

No, ya tenía suficiente con tener que escribir ese tipo de historias como también para
pasar por la vergüenza de contar mis cosas a un extraño. Sentí mi celular vibrar así que
fue una buena excusa para zafar mis manos de las de mi amigo, busqué el teléfono en el
bolsillo trasero de mis jeans y lo desactivé, era el recordatorio de mi reunión con el
director de la escuela de Yeonjun.

—Debo irme, te llamaré mañana.

—¿Problemas en el paraíso?

—Tengo reunión con el director del colegio de Yeonjun —suspiré, resignado.

—¿De nuevo? ¡Mierda, tu hermanito sí que es un dolor en el trasero! — resopló—¿ahora,


qué hizo?

—Dice que es inocente. --¡Hasta que se demuestre lo contrario! —se burló.

—Oye no es gracioso—fingí enojo—. Lo descubrieron fumando en uno de los pasillos del


colegio.

—¿Todo ese alboroto por un cigarro?


—Era un porro de marihuana. —¡Cristo! —David apretó mi mano—, si no fuera porque eso
nos daría muy mala publicidad, te diría que lo enviaras a un orfanato —dijo con una
mueca burlona, arqueé una ceja en su dirección — o, a un convento... o, un internado
militarizado... en su defecto, a un manicomio.

—Hoseok, esto no es una broma, no puedo simplemente deshacerme de él.

Yeonjun no es un objeto.

—Yo solo te doy ideas, ese enano es un demonio

—Pues, tus ideas son muy malas —murmuré molesto.

—Está bien bonito, solo era una broma...

—Amaneciste muy gracioso esta mañana —me levanté de la silla—. Dile al señor Lee que
intentaré hacer su jodido libro, pero necesito tiempo. Hoseok volvió a acercarse, tomó
un mechón de mi cabello y lo colocó detrás de mí oreja.

—Sé que puedes —repitió observándome con ojos de borreguito—¿Sabes que te amo? —
dijo con su mirada manipuladora, sentí todo mi cuerpo tensarse. No estaba interesado
en volver a experimentar el amor, ese sentimiento había sido bastante cruel conmigo. Si
algo tenía claro en esta vida es que los caminos que se llaman amor terminan en un
callejón oscuro de sufrimiento y lágrimas. Yo no quería eso para mí, ya había sufrido
suficiente en manos de personas que decían amarme.

—Debes amarme y mucho, salvaré tu atlético trasero de pasar a las listas de


desempleados. Pero, ya lo sabes, si yo me hundo ¡tú te hundes conmigo! —piqué su
pecho— este es nuestro Titanic, amigo.

Salí del departamento de Hoseok con más dudas de las que tenía cuando llegué, ahora no
solo tenía que pensar que iba hacer con Yeonjun, sino que también cómo iba a salir de la
fabulosa idea de Lee. Busqué mis auriculares dispuestos a relajarme con música, cuando
escuché la campanilla del elevador y sentí las puertas abrirse, levanté la mirada
encontrándome con la pesadilla.

Dios, definitivamente, me odia... ¿Por qué no podía ser otra persona?

El asombro debió notarse en mi rostro ya que pude ver como el engreído con aires de
rey del mundo que David tenía como vecino, traía una sonrisita estúpida en la cara.

—¿Piensas abordar o vas a quedarte mirándome todo el día? No es que me disguste,


pero, voy retrasado.

Alcé una ceja en su dirección y pude ver nuevamente esa sonrisita baja bragas.... Di un
paso dentro de la cabina y acomodé mis auriculares, mirando hacia el espejo del
ascensor mientras lo veía sonreír.

¡Idiota! ¿Acaso tiene tatuada esa estúpida sonrisita? ya no vestía deportivo, ahora lucía
un traje negro, muy elegante —podría apostar mi auto que era de diseñador— y unos
brillantes zapatos negros, su cabello aún se veía húmedo, pero no podía ver sus ojos ya
que iban cubiertos por unas estilosas gafas Ray Ban.

Intenté concentrarme en la canción que se reproducía en el IPod, pero el embriagante


olor de su colonia no me estaba haciendo la tarea fácil, siete pisos de tortura hasta que
el elevador se abrió dejándome libre. No me giré ni me despedí y me sentí como todo un
chico malo.

Mickey, era mini Cooper rojo con negro, mi bebé, uno de los pocos caprichos que me
había dado cuando mi primer libro tuvo su segunda edición, en menos de veinte minutos
recorrió la gran distancia y me dejó afuera de la escuela en la que Jimin había
matriculado a Yeonjun.

*Yo estaba en una firma de autógrafos fuera de Nueva York junto con Hoseok cuando
me había llegado la notificación de la muerte de Hwasa y su esposo Jackson; él no tenía
familia y como mis abuelos ya habían fallecido, yo era el único familiar vivo, así que mi
madre — si es que podíamos llamarla así— me dejó con la responsabilidad de criar a su
otro hijo, un hijo con él que nunca había cruzado palabra ¿Qué más podía esperar de
ella? No era conocida por ser la mejor madre del mundo, me dejó con mi abuelo cuando
conoció a Jackson, un niño pequeño no era lo ideal si de andar con el baterista de una
banda de rock se trataba. Que un hombre mayor cuidara a un niño de cuatro años
tampoco. Pero, no puedo quejarme del que había sido mi padre; Soobin había estado para
mí siempre, aunque fuera con su rigurosa disciplina y sus excesivos castigos. Mark,
padrino de Yeonjun y mejor amigo de Jackson, había intentado quitarme la custodia,
pero el Juez había fallado a mi favor por los lazos de consanguinidad y estaba tratando
de cumplir con mi deber. Aunque eso significaba amargarme la vida hasta que él
cumpliera veintiún años.

Me quité la gorra de la cabeza y peiné mis cabellos con los dedos, limpiándome luego la
mano en mi jean—necesitaba ir al supermercado— respire un par de veces y salí
dispuesto a enfrentar lo que fuese que sucediese en la oficina del Director. Al principio,
la escuela no me había gustado, pero Jimin insistió en que sería un buen entorno ya que
era exclusivo para jovencitos —a mí parecía elitista — y cuando llegué a la sala de
padres, una vez más lo comprobé: las miradas de las empaquetadas damas se enfocaron
en mí ¡genial! ¿Qué me hace falta? Oh sí, que me orine un perro... ¿es que en este colegio
nunca habían visto un chico en Converse y jeans?, negué con la cabeza y acomode mis
lentes sentándome al lado de Yeonjun; quien, para variar, bufó y me dio una de sus
miradas de odio.

—Bueno —el Rector del colegio nos miró a todos, en el salón— buenos días —todos
respondimos— creo que saben porque estamos aquí. En mis años como Rector de esta
prestigiosa Institución, nunca me había topado con un caso tan desagradable como este
—sí, cómo no, solo era marihuana— así que están aquí para ser informados de lo que se
acordó, según reglamento.

—Director Chanyeol, me parece bien lo que dice, es más, es lo que tiene que hacer. Lo
que no me parece es que me cite a mí y a los otros padres cuando sabe que él único
culpable de este lamentable suceso es la joven Yeonjun. — Estaba a punto de intervenir,
pero el director Chanyeol fue mucho más rápido que yo. —Pues, la investigación
realizada arrojó que las jóvenes aquí presentes se reunieron explícitamente a fumar en
el baño del personal del tercer piso. El Comité decidió aplicar el reglamento y determinó
las sanciones. Ninguno de ellos podrá salir por tres fines de semana seguidos, se
quedarán en el internado haciendo trabajo voluntario y si vuelven a realizar un acto
como el ocurrido, nos veremos en la penosa tarea de cancelar la colegiatura, ahora
necesito que ustedes como padres de familia o tutores— me observó no tan
disimuladamente— firmen un acta de compromiso, un episodio tan lamentable no puede
volver a ocurrir en nuestra Institución. Las mujeres empezaron a discutir, todas tenían
eventos a los cuales sus niños debían asistir, pero yo opté por acatar la sanción. No
había terminado de firmar cuando Yeonjun salió del salón, me excusé con el Rector y salí
tras él.

—¡Yeonjun! —lo llamé— ¡Yeonjun, detente! —él siguió caminando rápido— ¡¡¡Yeonjun!!Se
detuvo bruscamente, volteando a verme

—¡¿Qué quieres?!

—Hablar contigo.

—Y desde cuando es una prioridad para mí lo que tú quieras —siguió su andar. Me tocó
correr hasta alcanzarlo.

—Yeonjun—dije tomándole del brazo. Mi medio hermano se parecía mucho a su padre, lo


único que tenía de Hwasa era el color de sus ojos, el mismo que compartía conmigo—,
necesitamos hablar.

—¿Para qué? Tú no me crees, firmaste ese papel sin siquiera cuestionártelo—tiró de su


brazo zafándose de mi agarre y caminando delante de mí—. No te entiendo, no sé por
qué demonios te hiciste cargo de mí, aún no logro comprenderlo.

—¿Y qué tengo que creer, si tú nunca me hablas? Desde que llegaste no acabas de salir
de un problema para meterte en otro... y, sí sabes por qué me hice cargo de ti.

—¡Mi madre te obligó! —gritó. En ese momento me di cuenta en donde nos


encontrábamos; estábamos fuera de los muros de concreto y frente a nosotros se
extendía un amplio jardín— no sé en qué demonios estaba pensando —ironizó— ¡No sé
quién eres!

—Yo tampoco, niño, sin embargo, no estoy lamentándome y lloriqueando por los rincones,
o tomando actitudes de chico rebelde para llamar la atención — peiné mis cabellos hacia
atrás, completamente frustrado como cada vez que Yeonjun me hacía perder la
paciencia—, tenemos que hacer el intento.

Conocernos...

—¿Conocernos? ¡Ahora que estaré en esta maldita prisión por todo un maldito mes! ¡Qué
fabulosa idea, hermano mayor!
—Cuida tu vocabulario, jovencito y aquí, el sarcasmo está demás.

—Me sacaste de una prisión para meterme en otra y ¿así quieres conocerme? ¡Já! Pues
no te creo— también se peinó su cabellera con las manos—. Quizás, esto es lo mejor que
pudo habernos pasado, así no tenemos que fingir que nos soportamos.

—Yeonjun...

—¡Odio que me digan Yeonjun!, ¿es tan difícil para ti decirme Yeon? —atacó.

—¡No soy perfecta, Yeon! —grité enfadado— Para mí no fue fácil enterarme que la
mujer que me abandonó cuando tenía cuatro años y de la que solo recibía una postal cada
año junto con dos obsequios, tenía un hijo y, mucho menos enterarme que debía hacerme
cargo de su hijo, ¡un hijo que no sabía que existía! —tomé aire intentando calmarme, se
suponía que yo era el adulto aquí—, sin embargo, aquí estoy y tú te metes en mil y un
problemas, puedo soportar tus actitudes de niño rebelde, pero ¿Drogas? ¡Qué diablos
tienes en la cabeza!

—¡¿Crees que lo hice?!—caminó enojado hacia uno de los árboles y

desde allá, me enfrentó—¿Crees en el cliché del rock y la droga, verdad? Pues, déjame
decirte que mi padre era un salvaje baterista, pero nunca se metió nada, ni siquiera
marihuana.

—Mira, Yeon—apreté el puente de mi nariz porque esta ridícula discusión no nos llevaba
a ningún lado—, sé que esto no es fácil para ti, pero, tampoco lo es para mí, no sé si lo
hiciste o si solo es una confusión, solo tú sabes que sucedió, pero, voy venir a verte en
los días de visita y trataremos de conocernos.

—No me interesa conocerte —murmuró entre dientes.

—No hagas las cosas más difíciles— me tenía fastidiado la situación—, por lo menos, aún
conservas el celular, así que llámame si necesitas alguna cosa, así te la traigo cuando
venga de visita.

Yo no era de abrazos ni besos, la verdad es que mi abuelo era bastante

seco, por esa razón yo no era muy cerrado a expresar mis sentimientos. Sin embargo,
jale a mi hermano y le di un abrazo que pretendía dure muy poco tiempo. Cuando intenté
apartarme, él se deshizo en llanto haciendo que me viese torpe e incómodo. No supe
cuánto tiempo estuve ahí, junto con Yeon, dejándolo llorar. Solo puedo decir que me fui
cuando él estuvo calmado.

Llegué a casa agotado, no podía creer que había pasado casi todo el día de un lado para
otro. Después de dejar a Yeon, había ido con mi odontólogo y luego a la Editorial,
afortunadamente no me topé con el señor Lee. Tan pronto llegué a mi habitación me
saqué toda la ropa y me di una larga ducha. Ordené una pizza para la cena, puse música y
me tomé una copa de vino mientras esperaba.

Mi celular sonó desde algún lugar de la sala y corrí a buscarlo.


—¡Hola demonio! —dije, riéndome de Jimin.

—¿No quieres matarme?

—A menos que le hayas dado la idea del libro a Lee.. ¿no fuiste tú, verdad? —entré
cerré mis ojos para concentrarme en el tono y la emoción de cada una de las palabras de
su respuesta.

—¡Por supuesto que no! ¡Te conozco! Pensé que Hoseok bromeaba cuando me

lo dijo, pero cuando me llamó Lee para informarme sobre la entrevista de mañana...

—¡Espera, espera, espera! ¿De qué entrevista estamos hablando? La línea parecía
muerta pero aún podía escuchar los chillidos de Susy al chapotear el agua.

—¡Jimin!

—¡Ups!

—¿Ups? ¡Nada de ups, Park Jimin!

—¡No me culpes a mí! Lee me llamó y me dijo que había concretado con Jeon Mina una
entrevista

¡¿Yoongi puedes venir a ayudarme?! —gritó. Escuché a Yoongi decirle algo y luego como
una puerta se cerraba—. ¡Listo! su padre se encargará de terminar de darle el baño a la
princesita. Volviendo a lo nuestro, Lee me pidió que te acompañara a esa entrevista;
también me dijo que te quiere para un almuerzo en su oficina: Hoseok, tú y yo.

—Está bien—escuché nuevamente a Yoongi pedir ayuda. Miré la hora en mi reloj de


pulsera y sí, era la hora del baño de Susy.

—Me voy a ver la emergencia al baño. Pero, antes ¡acuérdate que tenemos una cita en el
salón de belleza!

—Jimin, yo...—quise decir, pero él ya había colgado.

Al día siguiente, todo fue un perfecto caos, en mi otra vida tuve que haber sido una
persona muy perra para que el karma estuviera jodiéndome de esta manera, no solo Yeon
que no me contestaba el celular si no que Lee había sido un verdadero dolor en el
trasero. La reunión fue agotadora —se dio por sentado que escribiría el libro en un
ridículo plazo de cinco meses—, la salida con Jimin fue una tortura: fuimos a un centro
llamado “Beauty & Style” y después, a comprarme ropa que no necesitaba—digo, era

una entrevista radial nadie iba a verme—, llegamos a mi departamento apenas con el
tiempo para comer algo y cambiarme. Como una pequeña venganza, ignoré la ropa recién
comprada y me puse un suéter azul eléctrico de cuello alto, unos pantalones ajustados a
la cadera y anchos de pierna, de color negro, zapatos planos y una gabardina porque
habían anunciado vientos fríos. Jimin me esperaba en la sala.

—Insisto, te verías mejor con la camisa negra transparente y el pantalón de cuero que
hace resaltar tus piernas y realza tu trasero.
—Es una entrevista radial y el público no me verá —tomé mis lentes y salimos.

La cita era en las dependencias de Lee Producciones, una extensión más del grupo de
Min-ho, mi gran jefe; ahí se emitía el programa radial “Hablemos de Sexo” —alrededor
de la medianoche— que era conducido por Jeon Mina, la gurú del sexo placentero, y el
misterioso Doctor Sex “el hombre con la voz más caliente del planeta”. Palabras de
Jimin, no mías.

Había escuchado un par de veces el programa, el misterioso Doctor Sex era poseedor
de un tono de voz suave, grave y muy sexy, pero al mismo tiempo era arrogante y daba la
impresión de que el tipo se creía el Dios personificado del sexo.

Subimos al ascensor y llegamos hasta donde estaba el estudio radial, en el piso


veinticuatro; un hombre de pelo rubio y sonrisa de niño travieso —Wonho — nos hizo
pasar a un cubículo en donde nos prepararían para el programa; bueno, me prepararían,
ya que Jimin había decidido quedarse en la cabina de estéreo. Un chico se acercó a
darme algunas indicaciones, tragué grueso, miré mi reloj, faltaba poco para media noche
y en unos minutos más, estaría en el aire.

—Mina...—La voz clara, aterciopelada y sexy de un hombre me sacó de mis ejercicios


mentales de relajación. Conversaba con una chica en una sala contigua.

—No puedes seguir así—se escuchó una voz femenina— ¿Viste a papá?

—Sí...—contestó desganado, el hombre.

—¿Y? No te hagas el tonto conmigo ¿qué te ha dicho? —demandó.

—No es nada, nena. Es solo cansancio, el programa, el consultorio, las prácticas de


esgrima con Eunwoo...

—No estás incluyendo las fiestas y a todas las zorras que te tiras.

—No vamos a hablar mis historias de cama, cariño—ahora se escuchaba mucho más
agotado.

—¿Te sientes muy mal? No quería ser cotilla, pero la voz de la chica salía realmente
preocupada y me causaba curiosidad saber quién era el chico con quien hablaba, así que
me comporté peor que la señora chismosa del edificio y me quedé a escuchar como
concluía la conversación. Estaba muy nervioso por el programa de radio y enterarme de
los problemas de otros estaba siendo relajante sin contar que me moría por escuchar
como concluía todo.

—Estoy bien, solo me duele un poco la cabeza —sentí el chirriar de una silla antes que el
hombre murmurara que estaba bien con voz agotada.

—Descansa un poco, Félix está terminando de organizar todo con Wonho le diré a Hyuna
que te traiga unos analgésicos.

—¿Sabes si ya está en cabina el intento de escritor erótico?


¡Oh! ¿Estaba hablado de mí? toda la compasión que sentí por el maldito que estaba en el
otro cubículo se evaporó.

—Sí, está en cabina, en veinte minutos empezamos el programa ¿Crees que tu dolor de
cabeza mejore antes de salir al aire?

—No entiendo por qué Min-ho nos pidió esto... Sabe que no me gusta perder el tiempo...
menos, con ese tipo de gente —sonaba hastiado.

—No todos se han dedicado en cuerpo y alma a investigar sobre los placeres del sexo.
Tú sabes, algunos solo los disfrutamos—sentí una leve risa por lo que supuse que Mina
sonreía—. Además, hay que apoyar a ese chico y darle confianza, es su primer libro
erótico.

—Esos libros son una pérdida de tiempo —estuve completamente de acuerdo con él,
aunque en el fondo deseaba patearle su engreído trasero— hombres dominantes que
cambian de un día a otro, mujeres que hacen cualquier cosa por tenerlos.

—¡Oye! Estoy leyendo una buena trilogía, Wonho y yo vamos a practicar algunas de esas
posturas —picó la chica.

—La, la, la, la, saca eso de mi cabeza ¡Eres mi hermana!

—Iré por los analgésicos—la puerta se cerró luego de unos minutos. Respire hondo
mientras lo escuchaba murmurar.

—¡Escritores!... Creen que, porque plasman todas sus frustraciones eróticas en un papel,
tienen un gran libro.

Tomé una respiración fuerte para no decirle a ese bocón lo que pensaba y salí del
cubículo, aún no tenía ni idea cómo carajos iba a hacer ese libro, pero no sería como los
que están por ahí. Con esa determinación caminé hasta la cabina. Jimin estaba hablando
con los productores, uno me indicó donde tenía que sentarme y otro conectó los cables a
un aparato de sonido. Una pelinegra bastante esbelta y encaramada en unos tacones de
muerte llegó a la sala de consolas y le dio un beso —que no debería estar catalogado
como apto a todo público—al chico que se había presentado como Wonho y luego abrió la
puerta que dividía la sala de mandos de la cabina.

—Debes ser Kim Taehyung.

—Tae.

—Soy Jeon Mina—así que ella era Mina—, Doctor Sex estará aquí en unos minutos, obvio
no se llama así, pero ser el enigmático Doctor Sex, le da un toque de misterio al
programa y él mantiene su identidad privada—asentí—. Esta noche hablaremos de los
libros eróticos; tú deberás opinar y responder las preguntas que te hagamos. No
hablamos de vida personal, solo de lo que preguntan los oyentes, así que no te preocupes
—la chica me daba confianza y eso me tranquilizaba.

Estaba acomodándome en lo que sería mi lugar, dispuesto a tener una muy instructiva
jornada, cuando una fragancia demasiado conocida para mí inundó el lugar, me giré
completamente para ver—cerrando la puerta que dividía el estudio con la cabina de
control— al mayor idiota del planeta.

CAPÍTULO 3

En un intento patético por ocultarme, giré mi silla para que no me viera, pero era obvio
que él me había visto.

¡Maldita sea mi mala suerte! ¿Qué hacía el vecino de Hoseok aquí? ¡No!, ¡no!, ¡no! ¿Por qué
no caía un puto rayo y me mataba? O, mejor aún ¿por qué no me daban una cuchara de
postres para cavar mi propia tumba? Jimin me miró sin entender mi reacción.

—Taehyung, quiero presentarte a Doctor Sex —respiré profundo y volví mi silla para
enfrentarlo con mi mejor cara de póker—Doctor Sex, él es Kim Taehyung, el escritor
enviado por Min-ho para acompañarnos en el programa de hoy.

Él me dio una de sus tradicionales sonrisas torcidas, mostrándome una vez más, sus
blancos y relucientes dientes. Asintió con su cabeza sin gesticular palabra y se sentó en
la silla frente a mí.

¡¿Qué se creía el maldito?!

—¿Mina, ¿cuál es el tema de hoy? —preguntó alzando unos documentos de la mesa y no


me saludó.

En un concurso de tipos arrogantes él se llevaría la corona.

—“Sexo en papel ¿Porno para mamás o erotismo literario?” —Mina tomó una botella de
agua para ella y me ofreció una, me sentía demasiado perturbado así que negué
amablemente, tampoco es que la actitud del idiota ayudara con mis nervios.

—¡Chicos, entramos en cinco minutos! —nos anunció Wonho desde la cabina de audio.
Mina se sentó a mi lado mientras Taemin les daba la última revisión a los micrófonos. Mis
ojos aún no se despegaban del hombre frente a mí, era un gilipollas ¡Ni un puto hola!, un
gracias por venir ¡Nada! ¿Qué le pasaba a este hombre? ¿Había sido educado en alguna
escuela para imbéciles?

Me sentía enojado y.… atraído. No pude evitar que mi mirada captara cada uno de sus
movimientos, desde la forma en cómo los lentes que tenía puestos delineaban sus ojos,
hasta la sensual forma en cómo sus labios se adherían a la botella con agua que
degustaba. Lo vi suspirar fuertemente y apretarse el puente de la nariz. Mina se acercó
a él rápidamente.

—¿Sigues con dolor de cabeza? —preguntó en tono bajo, tenía el ceño fruncido y su
expresión preocupada.
—Estoy bien ¿podemos simplemente ignorar al maldito dolor y terminar este programa?
Quiero irme a casa. Hyuna ya me dio un par de analgésicos, deja de preguntar cada cinco
minutos, me siento bien—sí que estaba fastidiado.

—Cuando quieres, eres un perfecto gilipollas.

—Pero así me amas, hermanita—le hizo un guiño y le regaló su sonrisa deslumbrante. Ella
reaccionó a la provocación mostrándole el dedo del medio.

—Estaremos al aire en tres... dos...uno —vi como el letrero de “Al Aire”, se encendía
antes de que él se acercara suavemente al micrófono para hablar.

—Buenas noches queridos oyentes, esta noche traemos para ustedes un programa que a
muchos les resultará interesante —su voz era suave y muy pausada—, “Sexo en papel
¿Porno para mamás o erotismo literario?”—por un momento me quedé anonadado
observando el sutil movimiento de sus labios, como si estuviese adorando el micrófono.
Jungkook río por algo que Mina había dicho haciéndome salir de mi ensoñación. Tragué
grueso por la manera en cómo su voz hacía que mi piel se erizase y miré a Jimin que
yacía del otro lado de la ventana observando al idiota como un fan adolescente viendo a
su jodido ídolo.

—Como expresó Doctor Sex, esta noche tenemos muchas sorpresas para nuestros
oyentes. Al finalizar el programa diremos el nombre del ganador de la trilogía erótica
del momento. Les recuerdo que el último libro aún no está a la venta, solo nuestro gurú
del sexo pudo conseguir un par ejemplares y uno de ellos será suyo esta noche.

—Exactamente, cariño. ¿Qué dices tú sobre este nuevo tipo de lectura?— preguntó en
dirección a Mina— Sexo rudo en libros: la nueva ola del entretenimiento.

—Yo los llamo libros educativos —Mina alzó sus cejas en dirección a Wonho—, aunque
muchos lo llaman pornografía en libros o como dice nuestro título “Porno para mamás”.

Una risa canalla broto del pecho de Doctor Sex.

—Las personas tienden a ser un poco moralistas, Mina. La nueva literatura erótica es un
género que se relaciona, directa o indirectamente, con el erotismo y el sexo, y que ahora
es catalogada pornográfica por su forma explícita de detallar las cosas.

—Eso sin contar que el 80% de las mujeres que leen este tipo de literatura son madres
de familia—completó Mina.

—La pornografía es la descripción pura y simple de los placeres carnales.

El erotismo es la misma descripción revalorizada, solo que este último va en función de


una idea menos pletórica. El erotismo se construye en gran parte de la literatura clásica
y siempre va de la mano con lo sugerente y lo que se quiere expresar. Quizás funcione
más con la idea del amor y la vida social, pero lo cierto es que ambas, pornografía y
erotismo, pueden ir de la mano sin ningún problema. Todo aquello que es erótico puede
ser pornográfico por añadidura.
—¿Entonces, tú si piensas que son libros pornográficos? —Mina arqueó una de sus
perfectas cejas.

—Creo que no me he hecho entender querida, tienes que aprender a diferenciar entre
erótico, pornográfico y lo obsceno. En el caso de los libros como las trilogías o sagas
eróticas del momento, se considera que erotismo es todo aquello que vuelve la carne
deseable, la muestra en su esplendor o florecimiento, inspira una impresión de salud, de
belleza, de juego placentero; mientras que la obscenidad devalúa la carne, que así se
asocia con la suciedad, las imperfecciones, los chistes escatológicos, las palabras sucias.

—Te he entendido perfectamente, igual pueden llamarlos como quieran, pero yo estoy
completamente enamorada del señor Black y su precioso látigo de siete puntas. Pero
para explicar más sobre este tipo de literatura desde el punto de vista del escritor,
esta noche nos acompaña el autor de “Tentación” y “Prohibido”: Kim Taehyung,

¿Cómo estás Taehyung? —me preguntó Mina, tragué fuertemente dándole a Jimin una
mirada de soslayo, ¡Él sabía lo nervioso me ponían este tipo de situaciones! —¿Taehyung?
—insistió provocando que hablara.

—Solo Tae —dije pausadamente.

—Ok, Tae, ¿Quieres hablarnos de tu libro? —Su sonrisa era sincera y muy tranquila.

Respire llenando mis pulmones de aire antes de hablar

— Pues “Tentación” es mi más reciente libro y es mí… —

“Tentación” es la historia de un sacerdote y una mujer casada—Doctor Sex habló


interrumpiéndome—¿Cómo hiciste para escribir una escena sexual entre esos dos? —
Mina lo miró como si le hubiese salido una segunda cabeza.

—La verdad fue algo difícil ya que Hyun Bin, el protagonista de la historia, no sabía nada
acerca de sexo, él era un sacerdote consagrado con una misión que...

—Tu otro libro “Prohibido” habla de la historia de dos hermanos, ¿cómo llevándote por la
línea de amores imposibles piensas dar un salto a la rama erótica? ¿Crees que estás
calificado para hacerlo? —me cortó nuevamente ¿El maldito estaba desafiándome?

—Lo que Doctor Sex quiere decir...— Mina trató de hablar, pero le interrumpí, viendo la
sonrisa canalla en el muy hijo de puta conductor radial.

—Sé lo que quiere decir—zanjé de forma tajante—. Yo escribo literatura, no folletines


que informen sobre cómo se debe practicar el sexo. Para eso existen profesionales.

—Entonces, ¿por qué ahora escribirás algo sexual? —él seguía divirtiéndose a mi costa y
su diversión estaba siendo la causante de mi enojo.
—Retos, Doctor Sex, la vida se basa en eso, sin contar que un escritor puede variar sus
tópicos siempre y cuando tenga la manera de buscar la información e investigar
correctamente

—si ese bobalicón pensaba hacerme quedar mal no solo con Lee sino con medio Corea
estaba perdiendo el tiempo—, sin contar que la creatividad juega parte fundamental al
momento de escribir.

El imbécil me dio una sonrisita burlona antes de hablar

—Sus anteriores escenas sexuales son insípidas, tienden a caer en la mojigatería


estúpida de una persona a la que el sexo le parece algo impúdico ¿Por qué tengo la
impresión que lo suyo no es escribir escenas de sexo duro y erótico? Y si es así ¿cómo
piensa escribir un libro donde el personaje principal es el sexo? —Su postura era
relajada y la sonrisa en sus labios... me hacían tener sentimientos encontrados ¡Maldito!
No iba a ponerme nervioso. Cuadré mis hombros sentándome mejor y mirándolo
retadoramente—Usted me habla de creatividad ¿Dónde estaba su creatividad en las
antiguas escenas de cama, joven Kim?

—Preguntas sobre preguntas, vamos a ver si logro ordenarlas y mato su ansiedad,


Doctor Sex —sonreí, nadie se burlaba de mí, ese tiempo ya había pasado— primero, mis
anteriores libros no requerían de una explicación profunda en el ámbito sexual, es por
eso que no explote esa parte específica en la historia y dos, como le dije anteriormente
la escritura radica en ser hábil y creativo con las palabras. Eso es literatura, pero
entiendo que no lo comprenda, usted es un... ¿cómo podría decirlo?... ¿pregonero?, sí,
difunde información, es de las personas que aprenden y repiten —arqueé una ceja,
desafiante— y no está mal, si hasta el nombre que usa en su programa es fácil y directo:
Doctor Sexo. Un hombre estudioso, que tiene un programa de divulgación sobre la
sexualidad, me parece muy bien que se llame así, no tiene por qué ser ingenioso ni
creativo.

La sonrisa estúpida desapareció de su rostro y me pareció bien, estaba tan enojado que
podía sentir como la sangre corría más aprisa sobre mis venas. Si sigues por ese camino,
cabrón, arruino tu bonito programa de radio.

Mina enfocó su vista hacia la cabina en donde Wonho y Jimin se encontraban. Doctor
Sexo y yo nos acribillábamos con la mirada.

—Vamos a una pausa musical y de regreso abriremos nuestras líneas para que
conversemos con nuestro acompañante del día de hoy.

Habló rápidamente Mina quitándose los audífonos y mirando a Doctor Sex fijamente
antes que la puerta se abriese y Jimin entrara hecho una furia colocando sus manos en
la mesa.
—¡¿Qué demonios te está pasando?! —dijo, furioso, mientras se podía escuchar la letra
de Closer de Nine Inch Nails. Amaba esta faceta de Jimin, antes que fan, era mi
representante —¿Así tratas a todos tus invitados? —

Doctor Sex se apretó el puente de la nariz nuevamente antes de suspirar fuertemente.

—¡¿Y quién demonios eres tú?!—dijo mirando a mi amigo—yo lo estoy entrevistando.

—¡Lo estas atacando, “Señor Sé Todo Sobre El Sexo”! —habló fuertemente—.

Soy el representante de Taehyung — por eso mismo lo había contratado, nadie podía
escapar de la furia de mi amigo.

Entre la mirada incrédula de Mina y la furia de Jimin, el hombre se dirigió a mí.

—¿Siente usted que la estoy atacando, joven Kim? —expresó sarcásticamente. Sus ojos
reflejaban burla y la sonrisa en su rostro me hacía querer levantarme y borrársela de un
certero puñetazo.

Este hombre no podía ser más arrogante y presuntuoso.

—En efecto, Doctor Sex—recalqué su ridículo apodo.

—Jeon Jungkook—me tendió su mano—, no fue mi intención hacerlo.

Mi amigo hizo señas para irnos, pero me negué, tomé la mano que el idiota me ofrecía y
la apreté suave.

Irme como Jimin lo sugería, le daría la razón al hijo de puta ¿Qué estábamos
discutiendo? No importa, no me voy a ir. A lo lejos podía escuchar Playing Dangerous de
Lana del Rey.

—¿Te sientes bien? Estas de mal color —Mina se acercó al ya no tan misterioso Doctor
Sex—Estás sudando

—tocó su frente en un gesto muy tierno. Él sonrió antes de tomar su mano y plantar un
beso en ella.

—Estoy bien, Mina—murmuró.

Wonho, al otro lado del vidrio, vocalizaba algo que no pude entender y

Jungkook salió de la cabina.

—Estamos en una pausa comercial al regreso se abrirán las líneas para que los oyentes
nos hagan preguntas— Mina me habló—, si te sientes incómodo nosotros responderemos
por ti

—asentí, sonrió y salió hacia la otra cabina en donde Wonho la esperaba.

Jimin volvió a bufar y se sentó a mi lado con los ojos abiertos. Doctor Sex, su querido
hombre con voz moja bragas, lo había ignorado completamente. Toqué su mano
diciéndole con el gesto que estaba bien, él me pasó una botella con agua sin gas y sonreí
tratando de calmarlo.

—Lo que tiene de sexy, lo duplica en arrogancia—murmuró entre dientes—, deberíamos


irnos—negué— ¡¿Cómo se atreve a atacarte?! Tú escribirás el mejor libro erótico que
sus malditos ojos hayan visto.

—Cálmate Jimin, no voy a dejar que me haga quedar mal. Conmigo encontró la horma de
su zapato —volví a sonreír, pero Jimin estaba demasiado molesto como para hacerlo—
¿Susy se quedó con tu suegra? —pregunté tratando de distraerla.

—Sí, Yoongi quiere que nos quedemos solos el fin de semana. Insiste en tener otro hijo.

—¿No quieres otro hijo?... pues, es tu cuerpo, él debería entender.

—Lo hemos hablado, pero dice que no quiere que Susy y su futuro hermano se lleven por
muchos años, tú sabes cómo es su relación con quien ya sabes

—asentí— quiere que sus hijos tengan mejor relación que la que tiene él con su

hermano y piensa que es mejor si son seguidos.

—Tener un bebé es una decisión de dos, Jimin. Decidas lo que decidas, siempre contarás
conmigo.

—Y tú conmigo ¿verdad? —asentí. Conocí a Jimin en la secundaria, él no era el típico niño


popular, era un friki con sus gafas de pasta gruesa y sus botas ortopédicas; según él,
uno de sus pies miraba a Alaska y el otro, a la Patagonia. Nunca agradeceré lo suficiente
al Profesor Bae Yong-joon por habernos puesto a trabajar juntos. Sonó la señal que
indicaba que el tiempo de la pausa terminaba, Jungkook y Mina volvían, Jimin apretó mis
manos antes de levantarse.

—Si vuelve atacarte, te juro que nos vamos y Min-ho sabrá de esto—dijo molesto, con un
gesto que me hizo recordar a Draco Malfoy de Harry Potter. Al salir, tropezó con
Jungkook quien le brindó una brillante sonrisa torcida haciendo que Jimin le enseñara su
dedo medio. Al parecer, el amor de mi amigo por el apuesto—y antipático— Doctor Sex
había caducado; sin importarle nada, se sentó junto a Wonho y de ahí me hizo gesto
gracioso. El Doctor Sex se sentó a mi lado dándome una sonrisa cálida. Antes de
colocarse los audífonos, se recostó en la silla, cerró los ojos y masajeó su sien, al
parecer su dolor de cabeza continuaba ya que su piel se veía más traslucida que cuando
empezamos el programa.

—Volvemos a “Hablemos de Sexo”, nuestro tema de hoy es: “Sexo en papel

¿Porno para mamás o erotismo literario?” Nuestras líneas están abiertas

para nuestros oyentes —dijo Mina con voz pausada.


Jungkook, abrió los ojos, y colocó sus manos en los apoya brazos de la silla.

—Cuéntanos tus dudas, si tienes una pregunta, esta es tu oportunidad. Doctor Sex está
aquí, para responder hasta tu más oscura fantasía.

Su voz, al final fue un susurro ardiente; pude sentir, a pesar de que lo detestaba en
este momento, como mi bóxer temblaban bajo el sonido ronco y sexy de su voz, Jimin
tenía razón en algo: el tipo podía recitar el directorio telefónico, y eso sería sexy.
Wonho, hizo gestos extraños antes de que una voz bastante chillona se escuchara en
cabina.

—¿Doctor Sex...?—la chica se escuchaba nerviosa. Jungkook se meció en la silla


mientras hacía círculos en su sien.

—Te escucho...

—Irene —Mina le moduló el nombre, sin emitir sonido.

—Irene, escucho tu pregunta.

—No es una pregunta en sí, más bien una opinión. Sabes, en este tipo de libros los
autores son felices haciendo que el tipo sea todo un semental. ¿Por qué no lo hacen más
real?

Jungkook dio una pequeña sonrisa.

—¿Más real?

—Sí, claro. Mira te daré un ejemplo, los protagonistas son artistas del sexo oral aunque
nunca lo hayan hecho. La primera vez que hice una felación casi vomito en los zapatos del
pobre chico, eso sin contar que el semen es asqueroso... Es como si estuvieras tragando
un moquillo con sabor a lejía.

Wonho colocó un sonido predeterminado de tos o una risa sofocada mientras Mina y
Jungkook se reían. Me hubiese reído también de no haber sido por la siniestra mirada
de Doctor Sex.

—¿Qué opina usted, joven Kim?

—Jungkook, me miró con sus penetrantes ojos negros— ¿Tiene alguna queja contra el
semen?

¡Mierda! Ahora ¿qué le respondía?

Habla como un profesional. ¡Finge demencia, Tae!

—Taehyung...—una de sus cejas se alzó y él adoptó una posición de jaque mate.

—No está entre mi postre favorito, Doctor Sex, pero el sexo se basa en entregar y
conseguir placer. No lo hacemos por nosotros chico, lo hacemos por ellos—dije lo más
tranquilamente posible, no podía mostrarle que, en referencia al sexo era un novato.
—¿Aún estás con el chico?—miró a Mina, que otra vez le moduló el nombre— Irene.

—Por supuesto que no… Terminamos después que me negué a volver a mamar su polla,
pero ahora estoy con Sehun que es muy lindo. Pero solo pensar en meterme su... a la boca
me da asco... ¿Todo el semen sabe así de mal?

—Nunca he probado mi semen... A no ser que primero haya estado en la boca de una
persona —río Jungkook—, qué dices tú Mina, ¿cómo sabe el semen de tu novio?

—Como un manjar de los dioses— guiñó un ojo en dirección a Wonho

—Ohh chica, no te creo...—refutó la oyente—. Joven Kim, ¿el semen de su novio también
le sabe a chocolate con fresas? —la chica era sarcástica.

¡Y ahora que mierdas iba a decir!

—Bueno. No, exactamente.

—Irene, el semen nunca va a saber a fresas y chocolate linda, pero existen alimentos
que ayudan a mejorar el sabor y la calidad del mismo—Jungkook me dio una sonrisa
traviesa—. La hidratación es esencial en hombres y mujeres, chicas… además el fluido
seminal se forma por medio de los azúcares, proteínas, vitaminas, sales y minerales que
hay en el cuerpo y que provienen de los alimentos que ingerimos. No coman mucha sal y
eviten los espárragos, el brócoli y la col si piensan tener sexo oral.

—Y, si quieren semen dulce, denle a sus chicos mucho arándano, piña, papaya y mucha
canela —agregó Mina.

—Tendré que probar una dieta estricta en frutas y especias con Sehun—la chica era
graciosa—¡Les juro por Dios que si vuelvo a tragar semen asqueroso, me voy directo a un
jodido convento!

—Pruébalo y luego nos cuentas... Ok, eso se escuchó terriblemente mal —

bromeo Doctor Sex—. Las líneas estarán siempre abiertas para ti, Irene. Ahora,
tenemos una nueva llamada.

—“Hablemos de Sexo”. Nuestra tema de hoy “Sexo en papel ¿Porno para mamás o
literatura erótica?”.

—¡Definitivamente es porno para mamás! —gritó una mujer con voz alicorada—¡Dios! si
mi marido me escucha ¡me mata! —se río—.

Chicos, amo este programa, y me encantan los libros eróticos tengo una colección
bastante grande, si el tuyo va ser de la talla del señor Black va tener un rinconcito en mi
biblioteca. Pero tenemos que ser realistas... Ningún hombre puede echarte cinco polvos
en una noche, mi marido apenas y puede con uno y a los tres minutos está roncando como
si fuese un jodido tractor, aunque no me quejo del polvo, es maravilloso. Mi esposo es
muy bueno en la cama.
—¿Entonces cuál es la queja?

—No me estoy quejando, pero a ver chico, ¿Cuantos polvoretes te echa tu

novio en una noche?

¡Qué cotilla resultó la auditora! ¿no que no se hacían preguntas personales”?

—Pienso que va de acuerdo—Jungkook me observaba con una sonrisita lobuna, como si mi


nerviosismo le divirtiera.

Era como si supiera que en cuanto a sexo yo era un neófito—de acuerdo… al día que haya
tenido—Jungkook negó con la cabeza, sin embargo yo seguí hablando como si nada—. Si
ha tenido un día muy estresante en el trabajo a duras penas llegamos a primera base —
intenté bromear, pero mi risa fue exacerbada; afortunadamente, la oyente también rió.

—Creo que todos los días de mi marido son estresantes... por eso yo me distraigo con mi
amiguito de hule que por un dólar me da todos los orgasmos que necesito. Pero tengo una
duda ¿cuántos polvos das tú mi querido Doctor del Sexo? O ¿a ti también te cae eso del
día?

—El día—Jungkook se burló—. Eso no me afecta para nada, querida, pero creo que los
hombres de Corea, quedarían muy mal parados si revelo cuantas veces puedo llevar a una
persona al Nirvana.

Presumido.

—Toda está en la respiración, en la técnica y por supuesto, en la actividad física. En


nuestra página web podrás encontrar algunos trucos. Esperamos que puedan ayudarte.

—Bueno, Doctor Sex, hemos tenido un programa bastante interesante—agregó

Mina con picardía—pero nadie nos ha dicho porque cree que son “Porno para mamás”

—Que el invitado hable, ¿por qué decidió explorar este género literario, joven Kim ?

—El sexo, en la vida de cualquier persona, suele estar supeditado a los deseos del
hombre y, la literatura, como reflejo de la sociedad, así lo trata. Tengo una curiosidad
intelectual, así como el deseo demostrar una relación de amor basada en la
horizontalidad.

—¡Uf! No sé cómo llegará a ser eso joven Kim... para ninguna de nuestras radioescuchas
es nuevo saber que vertical es mucho más divertido.

—¡Uf! —recalqué el uf con sorna— ¡Qué obviedad! Supongo que hablar tantos de estos
temas le han banalizado su sentido del humor, pero yo no me refería al coito. Yo voy a
escribir sobre el sexo que sobrepasa la genitalidad.

—Sexo con amor ¿es que las personas que no aman no tienen derecho a disfrutar de su
sexualidad?
—Usted sigue subestimándome, Doctor Sex. El “sexo con amor” que usted dice, no es
cuestión de género, es cuestión de sentimientos. Y no veo por qué hay que negarse al
sexo bien hecho, sea uno hombre o mujer.

—¿Será que tenemos a toda una experto? Veamos qué dicen nuestras amigas: “Hablemos
de Sexo”, te habla el Doctor Sex.

—Soy Sana, veras me gustan mucho este tipo de libros, soy joven y me gusta el sexo,
pero a veces estos libros tienden hacer muy fantasiosos.

—En efecto Sana, son fantasías de una persona para otra persona, digamos que es un
regalo—dijo Mina.

—Sí, pero veras, me choca que mi novio crea que meter su pene en mi culo sea algo por lo
que me muero, es tentador, pero, vamos, para mi es doloroso en ocasiones.

—Porque no sabe hacerlo bien, el sexo anal es algo de paciencia y de entrega. Si no te


gusta, no lo hagas— indicó Jungkook

—Además, recuerda que solo tú tienes el poder de tu cuerpo, nadie puede obligarte a
hacer algo que no deseas—expresó Mina.

—Es que no es el hecho de que no quiera, me gusta... pero no siempre, es incómodo y


además me da miedo que suceda algo espantoso.

—¿Espantoso?—inquirió Jungkook levantando una ceja.

—Seamos sinceros Doctor Sex ¿qué tal que se me escape un pedo? —ninguno de los tres
pudo aguantar las carcajadas que se escaparon de nuestras bocas—¡puede suceder! de
hecho una vez me pasó— dijo con un susurro que denotaba vergüenza.

—Bueno, la verdad no pensé que me dirías algo así—dijo Jungkook volviendo a la


compostura—, pero estás en lo correcto, puede suceder. ¿Tienes algo más que agregar a
nuestro tema, Sana?

—Bueno, he leído libros donde la chica gime como diva de ópera ¡Canta todo el puto
abecedario!

—A los hombres nos gusta que griten —por nuestros audífonos escuchamos el sonido de
un perro jadear, me giré observando a Wonho—, nos excita, nos da a entender que
estamos haciendo las cosas bien, que a nuestra pareja le está gustando.

—Sí, pero no veo el porqué de la sinfonía en Do Mayor —se escuchó una sonrisita— yo
apenas gimo y mis orgasmos son maravillosos.

—Eso es bueno, no hay nada mejor que un buen orgasmo... Pero, para colores, pinturas;
hay quienes gritan y quienes no lo hacen. La chica colgó y una nueva canción se escuchó
por los auriculares, no pasó mucho tiempo cuando nuevamente volvimos al aire y una
nueva llamada entró.
—¡Hola guapo!—musitó risueña—. Yo me llamo Dahyun ¿tú crees que existan hombres
así? hombres como el señor Black y el señor Wolf. Es que mira, a mí me encantó el libro
'Cadenas en la cama' pero ninguno de los chicos con que estuve pudo hacerme lo que le
hacía Willy a Rita: azotarme, amarrarme y que a mi gustará. Ahora tengo un nuevo novio,
Shiro, pero hablar con él estos temas es tan difícil y yo no quiero darme por vencida,
quiero intentarlo una vez más.

Jungkook sonrió, era una sonrisa fresca por la espontaneidad de la chica

—¿Se lo has propuesto?

—¡Por supuesto que no!, los papás de Shiro son muy creyentes y él cree que eso es
pecado —murmuró hastiada—. Quiero sexo salvaje y crudo

—tragué saliva fuertemente.

—Bueno, mi consejo para que haya una buena relación en la cama entre una pareja es la
comunicación. No puedes pedir un lobo feroz cuando tú no estás dispuesta a ser
Caperucita —la voz del imbécil era realmente sexy, pero, no tanto. Mmm. Sí, era sexy,
muy sexy pero el ser tan arrogante le quitaba mil puntos así que su voz la dejo en
“locutor de comercial de perfumes”.

—¿Entonces tú me recomiendas que le explique cómo quiero las cosas...?

—se escuchó la voz de la chica.

—¿Quieres sexo crudo y sin censura? —la chica dio un sí eufórico—Te daré dos
consejos: el primero, no creas todo lo que sale en los libros eso también va para Irene si
me está escuchando—más risas— y el segundo, en cuestiones de sexo nunca se explica —
me dio una mirada pícara, sensual y malditamente provocadora—. El sexo se practica y
ya.

—¡Eres el mejor!

—Por supuesto—murmuró Jungkook, cínicamente.

Presumido e idiota.

—Doctor Sex, ha sido un verdadero placer, antes de irme quiero decirte algo...—la chica
tomo aire—¡Si follas como hablas, eres un puto Dios del Sexo! —y con eso, colgó.

Una risa fresca se escuchó en la cabina, mientras yo miraba sorprendido... Claro, por eso
el hijo de puta es como es, noche tras noche le inflan más el ego

—¿Tú qué opinas, Mina? — preguntó Jungkook, divertido.

—Nunca he tenido sexo contigo, Doctor Sex—negó con la cabeza—, volvemos luego de un
bloque musical. Jungkook estaba atacado de la risa mientras la cabina se llenaba de
música, esta vez no reconocí quien cantaba, pero me había dado cuenta que la música en
este programa tenía que ver con el acto sexual en sí.
—¿Entonces, harás un libro erótico?

—Jungkook me miró fijamente, me di cuenta que estábamos solos.

Me acerqué a la mesa un poco más.

—Creo que es por eso que estoy aquí.

—Mmm, me gustaría leer ese libro. Actúas como virgen, es evidente que tienes poca
experiencia. En fin, me gustaría saber si tu gran capacidad intelectual y creatividad
bastan para escribirlo—el jodido cabrón, definitivamente, no me tomaba en serio.

—¿Ha escrito usted algún libro, Doctor Sex?—negó con la cabeza.

—No, pero sé leer a las personas, tú tienes una personalidad extraña para las personas
de hoy en día, eres… conservador —lo escupió como si dijera que tenía algún tipo de
enfermedad de trasmisión sexual.

—Las apariencias pueden engañar, Doctor Sex, el hecho que no me haya acostado con
media Corea, no quiere decir que soy inexperto.

—¿Cuándo fue la última vez que disfrutó de una buena follada, joven Kim?

—¿Follar?...

—Sí, follar, sexo rudo, joven Kim, el tipo de sexo del que tratan estos libros.

—¡Vaya! ¿Supongo que su conocimiento en el tema no se lo debe a ese tipo tan poco
científico de literatura? — el muy jodido, no me contestó, solo me dio una sonrisa
torcida y se dedicó a responder una llamada, sus comentarios fueron jocosos y, a veces,
muy salidos de tino, como cuando le dijo a una chica que “la virginidad era un dinosaurio
en la mente de los ingenuos”.

En la pausa comercial, la chica se quedó conmigo en el locutorio y me llenó de preguntas


sobre cómo elegimos a los personajes cuando escribimos. Yo solo deseaba que la
entrevista se acabará pronto. Jungkook siguió con sus indirectas hacia mí y varias
mujeres me hicieron preguntas cuando volvimos al aire. Afortunadamente soy escritor,
imaginación era lo que sobraba en mi cabecita así que pude sortear bien el acoso verbal
al que el sexólogo idiota me sometía. No me cortaba, incluso, tuve la última palabra
cuando lanzaba esos comentarios con doble sentido que me hacían sonrojar.

Joder, yo nunca me había sonrojado.

El programa terminó pasada la media noche y la sensación de que estaba metido en un


gran problema se acrecentó. Era evidente que con imaginación y creatividad no me iba a
bastar para escribir el libro erótico que Lee Editores esperaba.

Estábamos a punto de salir con Jimin cuando Félix, el asistente de Wonho, llegó
jadeando hasta nosotras.
—Joven Kim, ¡qué bueno que no se ha ido! —el chico hacía esfuerzo por controlar su
agitada respiración—, Jungkook me envió a decirle que, si bien él nunca ha escrito un
libro, ha leído muchos—lo miré sin entender—. Dice que, por su profesión, le regalan
muchos textos y que a usted puede que le sirva más que a él—me entregó un paquete.

Tan pronto habían acabado el programa, Jungkook se había ido de la cabina sin decir
adiós ni agradecer mi presencia en el programa ¿ahora pretendía cubrir su falta de
educación regalándome libros? Lo dicho: era un grandísimo hijo de...

Tomé el paquete y lo guardé en la parte trasera de Mickey. Me despedí de Jimin y le


hice una seña de despedida a Yoongi, su marido, que había llegado a buscarlo. Me subí a
mi coche y dejé que mi cabeza se recostara en el respaldo mientras daba gracias a Dios
porque todo había salido... ¿bien?

—¿Estás seguro que no hay nadie?

—escuché la voz de una chica.

—Mina y Wonho tardarán en bajar, dime ¿te pusiste esa falda para mí? —Esa era la voz
del cabronazo de Jeon, ¿por qué tenía que tener ese tono sexy?

“La curiosidad mató al gato” ¡Ja! No soy gato y mirar un poquito no me va a matar, así
que me incliné y, atónito, pude identificar la espalda de Jungkook quien, se apoyaba en la
parte delantera de un automóvil, entre las piernas de una chica.

¡No iban a hacerlo ahí! ¿O sí?

—¿Para quién más podría ser? —contestó la chica.

¡Oh mierda!

Lo siguiente que escuché fue toda una fiesta de gemidos, jadeos y maldiciones, no podía
ver muy bien, pero había que ser muy incrédulo como para no saber que le estaba
haciendo sexo oral a esa chica y, al parecer por las frases que ella soltaba, no lo hacía
nada mal.

Gemidos, jadeos y unas cuantas frases discordantes, se escuchaban por todo el


estacionamiento de Lee Producciones. Mi respiración se volvió errática y me quedé como
un idiota viendo cómo se meneaban, igual que los perros en época de apareo. Un dolor
extraño se situó en mi vientre bajo, nunca en mis veinticinco años de vida había visto una
película porno, pero estaba segura que no era muy diferente a lo que pasaba a unos
cuantos autos del mío. Junté mis piernas creando una inquietante fricción, mientras lo
escuchaba maldecir y dar un grito salvaje. Los ruidos dejaron de escucharse luego de
unos minutos, sentí como las puertas de un auto eran abiertas y luego cerradas. Me
agache aún más en el coche, lo último que quería era que él supiera que había actuado
como un voyerista. El Aston Martin pasó frente a mi auto deteniéndose y mirando con
disimulo; a pesar de la poca luz pude ver como su sonrisa torcida y reluciente se formó
en su rostro y luego arrancó.
Mi corazón latía como mil caballos a galope, sentía mis pezones duros y una incomodidad
extraña en mi vientre bajo. Jimin me había comentado que, después que uno probaba el
sexo, el cuerpo te lo pedía, ¿a esto era lo que Jimin se refería? Negué con la cabeza y
encendí el auto, necesitaba llegar a casa. Lo primero que hice, apenas puse un pie en mi
departamento, fue ver lo que el idiota de Jeon me había enviado.

Obvio que era un libro, pero moría saber cuál era. El Kama Sutra, el imbécil me había
dado el Kama Sutra.

Tenía un mensaje pegado con cinta adhesiva que decía:

Querido Tae:

La Biblia te dice que ames a tu

prójimo, el Kama Sutra te dice cómo.

Con amor...

Jungkook

CAPÍTULO 4

¿Con Amor? ¡Con Amor! Cínico arrogante hijo de su... Ok. Inhala, exhala. ¡Mierda!
¡Mierda! ¡Mierda!

Estaba enojado conmigo, por idiota y con el imbécil, por retarme. Si tenía dudas sobre
escribir ese libro ya no las tenía, nunca nadie se había metido con mi carrera y Jeon
Jungkook no sería el primero. Había luchado mucho para llegar al lugar en donde estaba
e iba a demostrarle a ese hijo de puta de qué madera estaba hecho Kim Taehyung.

Busqué mi laptop y compulsivamente, googleé las letras mágicas: BDSM.

Entré a un par de blogs que hablan del tema ¿qué pueden encontrarle de placentero a
que un hombre te golpeé?

De donde yo vengo, eso se llama violencia doméstica. Suspiré fuertemente, abrí una hoja
de Word.

Era el momento de comenzar...

Puedes hacerlo Tae...

Cuatro horas después, mi cabeza seguía siendo una hoja en blanco...

Golpeé mi frente con el borde de la mesa y suspiré fuertemente. ¿A quién engaño? El


maldito tiene razón, este libro me va a quedar muy grande. Tomé el celular y marqué a la
única persona que sabía me ayudaría
—¡Hoseok! —prácticamente le grité, por el ruido que escuchaba podía deducir que mi
amigo estaba en una de sus acostumbradas fiestas.

—¡Tae de mi vida! —odiaba que Hoseok me llamase así, por lo general lo hacía cuando
tenía varios tragos encima por lo que no le presté atención.

—Esta mañana cuando nos vimos en la oficina de Lee, volviste a decirme que hablarías
con tu amigo y te dije que no.

—¿Cambiaste de opinión? —me preguntó rápidamente.

Exhale fuertemente.

—Sí—revolví mis cabellos—, acepto la ayuda teórica de tu amigo. Pregúntale si puede


atenderme mañana—escuché la voz de una mujer en la línea y a Hoseok reírse—y
necesito que estés presente en esa reunión.

Escuché un par de sonrisas chillonas.

—Vale, precioso, le diré—colgó.

Resoplé frustrado y apagué la laptop caminando hacia mi habitación. Necesitaba dormir


y olvidarme del imbécil de Jeon ‘soy el mejor follando’ Jungkook.

Desperté de mejor humor, me hice unos huevos revueltos con tostadas y desayuné
lentamente mientras miraba los correos que me habían llegado. Tomé mi celular y le
envié un mensaje a Yeon.

“Buenos días,

Espero que hayas podido dormir bien.

Tae.”

No hubo respuesta de su parte, iba a darme una ducha y a seguir investigando sobre
todo lo referente a literatura erótica, cuando un mensaje de Hoseok entró en mi celular.

“Bonito

Tenemos cita con Choi, mañana, en el restaurante “Corner Bistro”, Tú fijas la hora. Sí, lo
sé, soy el mejor y me amas.

H”

.
Tomé la guía telefónica e hice una rápida llamada al restaurante, había ido allí una vez
junto con Jimin y Yoongi. Con la reservación lista me fui, tomé el celular y tecleé:

“Lo tengo “Corner Bistro”, mesa para tres, 08:00 p.m.

Puntualidad, vamos a hablar de trabajo,

Besos y espero que hayas usado un condón.

T.”

Llegué con diez minutos de anticipación al restaurante, me sentía muy nervioso y casi
desnudo; sin duda, haberme asesorado con Jimin para vestirme para la cena no fue
buena idea. Después de convencerme de ponerme esta camisa transparente que no
dejaba nada a la imaginación, unos pantalones que se amoldaban a mis piernas largas y
resaltaba mi trasero juntos con estos zapatos que brillan más que mi futuro —de los
cuales estaba seguro que me arrepentiría mañana—me sacó del departamento y
prácticamente me escoltó hasta la entrada del restaurante.

—Reservación a nombre de Editorial Lee—dije a la señorita del mostrador.

Mi celular vibró y lo saqué de mi bolsillo rápidamente.

“Hablé con Jimin. Sé que tuviste un día de mierda y confío en no molestarte, pero surgió
un imprevisto y no puedo acompañarte.

Hablé con Choi y le expliqué de lo que se trata. Será cabrón, puede ser algo petulante,
pero el hombre sabe lo que hace y habla...

Te quiero, hablamos mañana.

H.”

Suspiré frustrado tratando de no enojarme con Hoseok. Era viernes, obvio que estaría
ocupado con algún par de piernas. Mis manos empezaron a sudar, como siempre, cuando
los nervios me ganaban. Saqué un pañuelo de mi bolsillo trasero y lo apreté entre mis
manos justo antes de escuchar aquella jodida y aterciopelada voz que llevaba
taladrándome el cerebro desde el día anterior.

—Joven Kim—Jeon Jungkook me observaba con una sonrisa torcida.

Bufé, él no tenía que saber que su sonrisa derretía mis bóxer.

—Espero a alguien, Doctor Jeon— lo corté.

—¿Tiene una cita? —su voz fue burlona. ¡Maldito hijo de puta!
—Es una cita de trabajo—¿por qué demonios le estaba dando explicaciones?

—¿Vestido así? —me miró detenidamente, de pie a cabeza... ¡Santo Joder!, me sentía
desnudo ante su mirada — veo que conoce la magia de la ropa transparente y ceñida
joven Kim.

Un consejo, los pantalones anchos no le hacen justicia ¿Quién podría imaginarse que
bajo la tela se ocultan esas piernas y ese culo? —una sonrisa bailó en la comisura de sus
labios.

—Señor Jeon, mis ojos están acá arriba—no iba a permitir que me tasara como carne
para restorán.

Su rostro adoptó una mueca jovial.

—Creo que debí haber hecho la entrevista de anoche en este restaurant— sonrió
socarronamente—¿le gustó mi regalo?

Respiré cerrando los ojos y contando hasta diez, cuando los abrí la burla bailaba en los
ojos del grandísimo idiota. Iba a mandarlo al infierno con un mapa incluido para que no se
perdiera, cuando lo vi sentarse en la silla frente a mí

—¿Qué hace? ¿No ve que espero a alguien? —dije exaltado.

—Lo sé—pasó las manos por su cabello, desordenándolo un poco—

Jeon Choi Jungkook , amigo de Hoseok, extendió su mano hacia mí con sorna mientras
sentía como mi boca se abría lentamente.

No podía ser posible... ¿Qué más tenía que sucederme?

Por un momento el silencio reinó en el lugar, estábamos en un apartado, bastante alejado


de las demás mesas

—Esto es un error—murmuré ¿Cómo no pude sumar dos más dos?

Era obvio que Hoseok conocía a este hijo de puta.

—No es un error pedir ayuda, joven Kim—su voz era tan suave y tan caliente cuando
quería.

—No necesito de su ayuda, señor Jeon—traté de pasar frío y autosuficiente.

—Taehyung, Taehyung—chasqueó su lengua en desaprobación y luego hizo una seña


llamando al mesero—ya que estamos aquí...—alzó una de sus cejas y su brillante sonrisa
volvió al ataque mientras el mesero nos daba la carta, él le dio un pequeño asentimiento
y el joven se retiró, imagino que dándonos tiempo para ordenar.

—No voy a quedarme—me levanté, No me iba a quedar a escuchar a Wiki sexo ¡Ja!
Wikipedia del sexo y con patas, eso eres, Jungkook.

—Entonces, ¿para qué me ha citado? —se acomodó en la silla con una mueca sardónica en
su rostro—Porque, fue usted quien me citó ¿no?
—Yo no lo he citado, yo...

—Hoseok dijo que necesitaba ayuda.

—Necesitaba hablar con un profesional que me enseñara.

—Yo soy un profesional, además de mi hobby por la radiodifusión, soy sexólogo. Uno muy
bueno. El mejor, según mis pacientes—sonrió, mostrándome su perfecta dentadura.

—Es usted el hombre más egocéntrico que he conocido.

—Gracias.

—No era un cumplido—resoplé—y no necesito de su ayuda—. Iba a levantarme

cuando el mesero llego a nuestra mesa nuevamente.

—Tú te lo pierdes, Dulzura, no soy yo el que necesita ayuda—me guiñó un ojo.

Iba a matar a Hoseok—. Por el momento, tráiganos un Merlot—el mesero asintió antes
de alejarse. Su rostro tenía ahora esa mueca burlona que estaba empezando a odiar—.
El sexo forma parte de la naturaleza y yo, me llevo de maravilla con la naturaleza, creo
que podría ser muy útil para tu libro, Hoseok me dio a entender que eras algo así como
una doncel casto.

Una patada en mi estómago me habría afectado menos...

Ya se lo dije, soy escritor, señor Jeon, tengo la capacidad de crear.

—El sexo no es una historia para contarla, Es una experiencia para vivirla. Mire, estoy
dispuesto a tomar parte de mi tiempo para ayudarlo con su libro, Hoseok es un gran
amigo y me comprometí a ayudarlo. Ya que estamos aquí, cenemos y veamos cómo
podemos hacer para que salga elegido el editor del año.

—Será difícil, porque yo necesito contarla, de eso se trata la literatura— dije


sentándome— y como usted dice que el sexo se practica y no se explica— el mesero
llegó descorchando la botella de vino, por lo que preferí callar. Sirvió una copa a
Jungkook antes de retirarse dándonos espacio para ordenar. Mi acompañante tomo su
copa catándola mientras gemía y alababa el vino—y si se le agregamos que no tiene
tiempo— tomé mi copa llevándola a la boca y sintiendo el sabor del vino bajar por mi
garganta—, no veo cómo puede ayudarme. Pero, me quedaré para cumplirle a David.

—¿Tiene novio, joven Kim?— preguntó más preocupado por la carta que por mi
respuesta.

—¿Y a usted, que le importa?


—Eso es un no—no me miraba, pero yo sí lo miraba a él. Jungkook tenía un traje de
diseñador de color azul eléctrico, no tenía corbata y su camisa blanca tenía los primeros
botones desbrochados mostrando la piel de su pecho—¿Le gusta lo que ve?—su ceja se
arqueó mirándome por sobre el menú del restaurante.

¡Mierda!... debía dejar de mirarlo como si fuese un adolescente hormonal

—Eso es un “no hablo de mi vida con...

—¿Algún amigo con beneficios?—su mirada volvió a enfocarse en el menú frente a él.

—¡Señor Jeon, yo...!

—Antes de seguir con esto, debemos aclarar algo—volvió a interrumpirme, como ya se le


estaba haciendo costumbre—; Yo, gentilmente, como el humano caritativo que soy,
acepto ayudarle con su libro, solo si usted cumple con una condición.

—¿Condición?—pregunté confundido

—. Si quiere parte de las regalías del libro, tendrá que negociarlo con los

abogados de Lee Editores, yo simplemente...

—No necesito dinero—¿es que nunca me dejará terminar una frase? El muy maldito, me
miraba con ojos maliciosos

— ¿Usted no sabe quién soy yo, verdad?

Un cabrón egocéntrico mononeuronal; cínico, arrogante, gilipollas, capullo, individualista.


¡Dios! Podría seguir enlistando sus “Cualidades”

—¿El vecino de Hoseok que habla en la radio?—me hice ingenuo

—Soy el socio mayoritario de una fundación que hace miles de inseminaciones anuales—
el aire me salió de los pulmones—, soy psicólogo graduado de la Universidad de

Cambridge con un Máster en Sexología, fui Maestro en la Universidad de New York,


tengo mi propia consulta ya que soy terapista de pareja y un programa radial en la noche
que mantiene altos niveles de sintonía ¿Cree usted que yo necesito dinero?—alzó una de
sus cejas socarronamente.

—¡Qué sé yo! los millonarios nunca están conformes—argumenté tontamente.

—Usted me parece un hombre… ¡Delirante!—¿Qué mierda quería decir?

—Y muy inteligente—su mirada se oscureció, parecía peligroso y oscuro—. No es dinero


lo que quiero de usted.

—¿Entonces?

—No ha contestado mi pregunta, joven Kim ¿Tiene usted algún

amigo con beneficios?

Estaba confundido, casi mareado.


—¿Qué tiene que ver el hecho que tenga algún tipo de relación con que usted me quiera
ayudar con mi libro?

Jungkook se acercó peligrosamente colocando sus manos en la mesa e impulsándose más


cerca de mí. Su fragancia fresca se coló por mi nariz.

¡Santo Joder, si sudado olía jodidamente bien, fresco como una lechuga olía mil veces
mejor!

—Tiene y yo, se lo aclararé—su rostro quedó a centímetros del mío.

—Lo escucho.

—Quiero arrastrarlo hasta mi cama, sentir su cuerpo temblar bajo el mío mientras lo
incendio hasta que el clímax arrase con su voluntad—su voz bajó de tono
drásticamente—. Quiero follarlo hasta quedar agotados, hacer que su pulso se acelere
mientras siente que el aire le falta, quiero que sienta que su cuerpo va explotar en miles
de partículas y va a quedar tan jodidamente saciado que suplicara por más... Te quiero a
mi disposición, Kim Taehyung, cuando quiera, donde quiera y a la hora que quiera. A
cambio, te daré el mejor libro erótico que algún puto autor haya publicado en su jodida
vida.

CAPÍTULO 5

Petrificado. Esa era la palabra que mejor me definía en este momento, sentía mi corazón
palpitar en cualquier lugar de mi cuerpo menos en mi pecho, los latidos obstaculizaban mi
garganta impidiéndome respirar, latía desesperadamente en mis oídos y mi pecho estaba
paralizado... ¿mi bóxer? ¿cuál bóxer? estaba seguro que se habían desintegrado. Las
palabras de Jeon Choi—o, como fuese que se llamase— estallaba en mi cabeza, sus
palabras resonaban sin poder entenderlas ¿el fabuloso—nótese el sarcasmo—Doctor
Sex quería tenerme a su disposición, cuando, ¿dónde y a la hora que quiera? ¿Qué
demonios estaba pensando de mí? Él no me conocía, pero yo ya lo estaba conociendo.
Jeon Choi Jungkook no era más que un desvergonzado. Quería que me sometiera a él,
como si yo fuese un prostituto y de solo pensarlo, me daba repulsión. La situación me
superó. Mi mente ya no procesaba bien, vi todo rojo, no sé, el tiempo trascurrió en
cámara lenta, ¿o rápida? ¿A quién diablos le interesaba? Me puse de pie, completamente
indignado por su arrogancia y prepotencia y arrojé el contenido de mi copa sobre su fino
traje.

—¡No soy un cualquiera! —grité un poco más alto de lo normal, atrayendo varias miradas
curiosas, me acerqué a un estupefacto Jeon Jungkook observándolo con furia— puede
meterse sus putos conocimientos donde mejor le quepan —coloqué la copa vacía en la
mesa y salí del restaurante enojado.
¡Ese hombre no podía estar hablando en serio! Yo era un escritor reconocido, no un
vulgar prostituto y menos un niñito tonto como con los que seguramente estaba
acostumbrado a tratar.

Encendí las luces de mi departamento, ahora que Yeonjun no estaba, me pareció gigante.
¿Qué voy a hacer con mi hermano? quería a Yeon a pesar de que era el hijo que mi madre
decidió criar, ser consciente de ello era doloroso para mí, pero no podía odiarlo.

¡Yo no era Hwasa! y él era mi hermano, me haría cargo de él aunque el Director me


llamara todos los días. En fin, mi cabeza iba a estallar, no solo estaba la ausencia de
Yeon sino el ofrecimiento del imbécil de Jungkook. Era bastante optimista si pretendía
llevarme a su cama con su estúpida propuesta. Como si no supiera lo que yo valgo, como si
fuera un hombre vulgar.

¡Maldito libro! ¡Maldita Editorial!

Pero, no iba a seguir pensando en ello, si algo me molestaba, lo borraba de mi memoria,


así solucionaba yo los problemas. Ese era el infalible método Soobin.

Suspiré largamente y volví a pensar en mi hermano ¿estaría dormido ya? Busqué mi


celular en mi buró y le envié cinco mensajes de texto, esperé unos minutos para ver si él
respondía alguna de mis preguntas banales, pero no, como lo intuía, él no lo hizo.

No te desanimes, Tae. El ya contestará.

Me quité los zapatos, los odiaba, odiaba vestir con zapatos de vestir y usar ropa que
para nada era cómoda. Pero, sobre todo, odiaba haber perdido mi tiempo con ese bruto.
Conté hasta diez, inhalando fuerte y exhalando de manera pausada, invoqué a mi abuelo
y me fui hacia la cocina, no había comido nada antes de ir a la dichosa cita y en la misma,
no había pasado bocado, así que estaba a punto de morir de inanición. Sentí el celular
sonar, pero no estaba de humor para hablar con nadie, ni con Jimin—que muy
seguramente quería hasta los más mínimos detalles, como el chismoso que era—ni con
Hoseok, a él, más bien quería matarlo por dejarme solo con semejante imbécil. En un
último momento pensé que quizás podría ser Yeon por lo que corrí a alcanzar mi celular,
aunque no tuve éxito, la llamada se había ido a buzón, respiré tranquilo cuando vi que la
llamada perdida no era de Yeonjun.

No tardó mucho para que el teléfono de mi departamento empezara a sonar, sabía quién
era y la verdad no tenía ganas de hablarle, así que dejé que el buzón de voz hiciera su
trabajo.

—Taehyung sé que estás ahí, ¡contesta el jodido teléfono!

—Hoseok estaba enojado, ¡únete al club, amigo! —. Acabo de encontrarme con Choi,
¡Cristo, Choi! él era una de las pocas personas que conozco que podía ayudarnos y tú le
vaciaste una copa de vino en su traje. ¡Madura por favor! —bufó—¡Jesucristo!, tengo mis
esperanzas y parte de mi trasero puestos en ese proyecto es mi futuro, mi jodido retiro
y tú...
Sentí la ira recorrer cada una de mis terminaciones nerviosas ¿Me quiere prostituir
para salvar su trasero?, caminé a paso veloz hasta llegar al aparato y me dispuse a
contestar.

—¡Eres un gran pedazo de mierda! — grité, explotando, a él se le había ocurrido que ese
imbécil me ayudara

—. ¡Dices que me acompañarás a una cita y me cancelas con apenas unos segundos de
anticipación y aun así tienes el cinismo de venir a regañarme como si fueras mi maldito
padre! Si temes por tu trasero entonces, es tu problema ¡te dije que no podía hacerlo! Y,
por si no lo sabías ¡Mi trasero también está en juego! —colgué, respirando agitadamente,
quería matar a alguien y ese alguien tenía nombre y apellido: Jeon Choi Jungkook.

El teléfono sonó un par de veces más, pero lo ignoré, lo mejor era comer, tomar un baño
e irme a dormir. Sí, ese mismo sería el orden. Solo de recordar mis últimas tres horas
hacía que mi estómago se revolviera así que terminé desechando el emparedado a los dos
mordiscos y abandonándolo en el refrigerador y me quedé con la gaseosa, caminé hacia
la habitación, lanzando la camisa y los pantalones a cualquier lugar y, en ropa interior, me
introduje en el cuarto de baño y me miré en el espejo. ¡Estaba furioso! Mis pupilas
contraídas, mis aletillas nasales estaban dilatadas, me latía la vena de sien y un tono
rabioso cubría mi piel. Respiraba, respiraba y respiraba, cada vez más profundo, pero no
lograba calmarme ¿Cuántas veces tendría que respirar para intentar disipar el enojo? Si
bien me había sentido mucho mejor al gritarle a Hoseok, lo que quería era estrangular al
causante principal de mi furia, respiré nuevamente observando, en el espejo, mi mirada.
Eso es Tae: Inhala oscuro... exhala rosa, que el nudo rabioso se vaya y toma un baño de
espuma.

—Jungkook, cabrón de cuarta, hijo de Rasputín, imbécil, arrogante, patán, exterminador


de castidad, psicópata de las bragas y los bóxer ¡No existe! ¡No existes! ¡Tú no existes!

No hay nada como mi zumba mental para relajarme y dejarme agotado, podía apreciar el
inicio de un pequeño dolor de cabeza, sin embargo, cuando el agua caliente de la tina hizo
contacto con mi piel, me olvide de todo: de Hoseok y su maldito reclamo, de Lee y su
grandiosa idea Yo, “Kim puritano Taehyung”, escribiendo porno y, por supuesto, de Jeon
Jungkook y su indecente propuesta para ayudarme.

Salí del baño cuando la piel de mis dedos parecía de mil años y busqué mi camisa de
Tata, podía hacerme ver como niño, pero era súper cómoda— fue un regalo de Soobin,
uno de los pocos regalos que me hizo— necesitaba invocar su paciencia para olvidarme de
este apestoso día. Me fui a la cocina, mi estómago decidió que debía terminar de
comerme el emparedado, la pequeña luz de las alertas de mi celular, que se había dejado
en la mesada, parpadeaba. Descubrí que tenía dos mensajes. Uno era de mi medio
hermano que me avisaba el horario de visita “por si aún insistes en venir” y el otro, de
Hoseok.

“Ok, acepto que me he exaltado, pero Choi está furioso. Él no va a ayudarnos ¡No
conozco otra persona con la disposición y conocimiento de Choi! ¿Qué demonios vamos a
hacer?, Confío en ti. Lo hago. Pero, me asusta, está en juego nuestras carreras.
No puedes culparme. Te llamaré, contesta el teléfono.

H”

El celular sonó en mis manos, pero lo ignoré nuevamente.

“No quiero hablar contigo, No hoy.

Buenas noches

T”

Respondí tajante cuando el teléfono dejó de repicar, esperaba que mis “buenas noches”
le hicieran entender que no quería ni textos ni llamadas de su parte, en cambio decidí
repetirle mis mensajes a Yeon, sí él se había tomado la molestia de decirme el horario
de visita era porque quería que lo fuera a visitar.

“Estaré ahí, Yeon.

¿Necesitas que te llevé algo?

Tae”

Yeon no contestó. Miré mi reloj apenas eran las diez de la noche. Tomé mi laptop
encendiéndola mientras pensaba seriamente en ir a la oficina de Lee el lunes a primera
hora y explicarle mis razones para no escribir sobre este tema, “Tentación” tenía poco
tiempo en venta y yo debía tomarme un respiro antes de empezar con mi nuevo escrito,
“Atada a ti”. Aún no tenía bien descrita la trama, pero sabía que ella llegaría a mí como
habían llegado las demás.

Comí lentamente el último bocado de mi emparedado y cerré los ojos dejándome llevar.
¿Qué me diría Soobin en este momento...? “Creo que crie un luchador, no un chico que se
esconde detrás del no puedo.”

Sí, exactamente eso diría mi abuelo, lo podía ver sentado en su sofá con su bigote
fruncido y su ceja alzada. Lo intentaría, lo intentaría durante el fin de semana y de no
lograrlo entonces hablaría con Lee para que me buscase ayuda ¡Kim Taehyung no se
rendiría!

Instalado en mi computador decidí abrir historial, no había leído o visto mucho ayer y la
cantidad de resultados de la búsqueda eran impactantes, habían testimonios y sitios en
los cuales podía encontrar lugares donde se practicaba la sumisión, di un respiro
desganado al no saber cómo comenzar, al final decidí partir por lo más elemental:
"Definición de BDSM" Devoré cada coma, punto, cada blog, Tumblr y cada página de

internet que al tema se refería. Suspiré resignado antes de caminar a la cocina, en


busca de la cubitera de hielo; esta mala manía mía de escribir mientras el hielo se
derretía en mi boca me causaba múltiples disgustos con Bogum, mi dentista;
normalmente, evitaba morder el hielo, pero, estaba demasiado alterado como para
dedicarme a esperar que el cubo de agua congelado se derritiera en

mi boca, así que mientras googleaba libros eróticos, me puse a masticar duramente hielo.
Con asombro pude ver que no solo era la historia del señor Black, había muchos y todos,
con una misma característica: hombres torturados, jodidos hasta el extremo que se
creen los amos del puto universo y tratan a sus sumisos como putos, aunque el término
real sería: personas tontas que dejan someter sus voluntades. Resoplé peinando mi
cabello con las manos antes de entrar a un blog y leer las reseñas de otros libros. Todo
este tema me tenía realmente aturdido ¿Por qué las personas de hoy en día no pensaban
en el amor bonito? ¿En ese amor tranquilo, de palabras suaves y momentos de simpleza e
intimidad?

Suspiré apesadumbrado mientras maldecía a Jungkook, iba a volverme loco gracias a su


maravillosa idea. Me había quedado sin hielo, estaba en un punto de tanta presión que
por poco bajo al auto mercado de enfrente a comprar una bolsa nueva, me sentía tan
frustrado con todo este tema que estaba dispuesto a congelarme la mandíbula, pero no,
me concentré en hacer anotaciones para el libro y olvidé mi gélida manía. Del análisis de
ese tipo de literatura, concluí que:

1. El hombre en cuestión debe haber sido violado o abusado de niño (como mínimo).

2. Debe ser rico (para que pueda ser el Amo del Universo, comprar coches caros, libros
y apartamentos).

3. La chica debe ser pura e inocente, que se muerda el labio, se sonroje y esté
locamente enamorada de él (otro caso de estupidez mortal)

4. Debe ser dominante y de aura oscura o enigmática.

5. Al final, el amor debe brotar… por cualquier parte.

6. Debe darle una palabra de seguridad para los castigos, que son dolorosos y terminan
con folladas espectaculares...

¿Podría con esto...? como que me llamo Kim Taehyung ¡Claro que sí! Mi carrera era mi
todo, mi vida y mi única ilusión y, si para mantenerla a flote debía escribir sobre este
tema, lo haría.

Dejé mi espalda chocar contra el mullido sofá, tenía que haber alguna solución para que
saliera vivo cuando acabase el plazo que Julius Lee Minho me había dado, las escenas de
cama no eran mi fuerte así que seguramente tardaría mucho más escribiendo esas
partes del libro. Abrí una ventana más iniciando una nueva búsqueda: "Videos Porno"
Cerca de 4.350.000 resultados en 0,17 segundos. Quedé asombrada con esas cifras,
pero casi me muero por la cantidad de videos que me ofrecían al darle clic a una página.

Estaba tan inmerso en lo que se reproducía en mi portátil que no presté atención a la


puerta, si Hoseok quería hablar conmigo tendría que esperar a que estuviera de ánimo
así que dejé que golpeara, pero no hubo caso, el toque se hizo cada vez más intenso.
Decidí abrir, si mi amigo editor quería probar una ración de mi furia, la tendría. Quité
mis lentes, coloqué pausa al video y antes de gritar un ¡ya voy! me puse mis pantuflas
peludas, abrí la puerta, esperando ver a cualquier persona, incluso, un jodido marciano,
pero nunca al cabrón más grande del planeta.

CAPÍTULO 6

—Me ridiculizó, joven Kim—se acercó a mí, amenazadoramente—y, cuando le estaba


haciendo una inmejorable propuesta—ahora, con voz suave, ronca, sexy me intimidaba.
Antes que pudiese reaccionar, él me agarró por los hombros pegando su cuerpo al mío y
me empujó dentro del departamento, atacando mis labios con los suyos, golpeando mí
espalda contra una superficie dura. ¿Cuántas veces había besado en esta vida? ¿Seis?
¿Siete? ¡No importa! Jamás en toda mi existencia había sido besado de esta manera.
Cuando me sobrepuse a la sorpresa, intenté golpearlo y separarme de él, pero mis
precarios movimientos eran inútiles ante su furia ¿Cómo detienes a un hombre que pesa
el doble y mide mucho más que tú? y, que además ¿te tiene aprisionado con su férreo
torso y te inmoviliza manteniendo las piernas separadas por una de sus rodillas? Aun así,
no dejé de defenderme.

—Tienes el pulso acelerado y tu piel encendida.

Después de semejante beso, ¿qué pretendía el muy estúpido?

—¿Qué haces en mi casa? —¡Ay, Tae! ¿De verdad le preguntaste eso?

Me miró y sonrió socarronamente.

—Eso que sientes—su voz era ronca, sus labios descendieron por mi cuello —, es una ola
de placer incontrolable producto de un pequeño beso muy bien dado.

Okay, pero ¿quién le dio derecho a este idiota para que me lo demuestre? Pegó su
cadera a la mía dejándome sentir que no le era indiferente y siguió besándome. No sabía
que estaba sucediendo conmigo, Jeon Jungkook estaba enloqueciéndome, mi cuerpo
respondía a su brusco y pasional ataque, mis labios moviéndose en sincronía o más bien
dejándose llevar por los suyos. Sentía el cuerpo adormecido, un cosquilleo
recorriéndome desde la cabeza a los pies, una emoción desconocida pero anhelante de
igual manera.

¡Mierda, mierda, mierda!, esto no está bien.

—¡Basta ya! —me aparte de él sin saber cómo sentirme con lo que estaba sucediendo
¿furia o deseo?

Definitivamente, ¡furia!

—¿Por qué? es evidente que te gusta.

—¿Qué pretendes? ¿Forzarme porque dije no a tu propuesta? ¿Qué? irrumpes en mi


casa y me besas por la fuerza ¿Acaso pretendes forzarme hasta que ceda? —dije,
rotundo.

—¿Te refieres a violarte? —me dio una sonrisa petulante—. No tienes ni idea.

—Claro que no la tengo, estoy en mi casa y llegas tú, sin invitación, y me sometes a tus
deseos. Si eso no es una violación, se parece mucho.

—No, fue una terapia de choque, quise demostrarte con hechos lo que puedes descubrir
y disfrutar... ya sabes, para tu libro.

Eliminó la distancia que nos separaba y tocó mi hombro con sus dedos.

—No estoy enfermo—retiré sus dedos de mis hombros— no necesito tu terapia.

—Lo que quiero es instruirte... —su mano volvió a mí, esta vez recorrió el

borde de mi camiseta— no sobre- reacciones, ya aprenderás que el idioma del cuerpo, no


debes asustarte.

—No te tengo miedo.

Tomó mi mentón levantándolo suavemente.

—Entonces no seas cobarde, siente y deja que fluya, nene —murmuró.

¿Me dijo gallina? ¿Qué fluya?

—¡Idiota!

Mis dedos buscaron su cabello, lo agarré firme y le planté un beso en su boca, dientes y
lenguas pelearon por el control por varios segundos; él resbaló sus labios por mi cuello,
mi espalda se arqueó cuando su boca aprisionó uno de mis pezones por encima de la tela

¡Dulce Joder!

—¿Lo sientes?... Es excitación — mordió mi pezón.

—¡Eso ya lo sé! —jadeé como pez fuera del agua.

Necesitaba aire, podía sentirlo, mis pulmones colapsarían si me seguía dejando llevar,
pero estaba tan entregado a sus caricias, embotado en las sensaciones que, en ese
momento recorrían mi cuerpo, el aire en mis pulmones era lo que menos importaba y le
respondí entre jadeos.

—Comienzas a sentir como tu entrada se retrae—su rodilla acarició mi centro

—, tu pene palpita, tu corazón se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan

—en medio de su plática pude sentir como su erección se clavaba en mi muslo— ¿De
verdad quieres que me detenga?

—Sigue, puto cabrón, sig.… sigue.

—Sentimos lo mismo, bonito. Kim. Yo lo deseo, como un maldito maniático. Su erótica


intelectualidad me tiene loco y estoy seguro, como de que arderé en el maldito infierno,
que antes que cuente diez te tendré debajo de mí, en tu cama. Fue como si me
despertaran de un trance, eso era justo lo que él deseaba: llevarme a la cama,
convertirme en uno más de su harén, rebajarme al estatus de un prostituto. Lo separé
de mi cuerpo reuniendo toda la fuerza que me quedaba e impacté su rostro con mi mano
derecha. Jungkook sonrió descaradamente mientras acariciaba su mejilla y aproveché la
ira que me recorría en el momento para alejarme de su presencia y aclarar mi mente
enfebrecida.

—¡Ya, basta! —me sentí ridículamente expuesto, pero igual le grité indignado. Antes que
pudiera decir algo más Jungkook me tenía nuevamente entre sus brazos, me resistí, lo
intenté mucho más que la primera vez, pero igual que en esa ocasión fue en vano, solo le
costó unos segundos tener el control nuevamente.

—Tú comenzaste el beso, Kim.

—No fue un beso, fue la demostración de que no te tengo miedo.

Río en forma cantarina.

—Eres todo un desafío y yo amo los retos. Usted, joven escritor, es el siguiente en mi
lista—evidentemente, disfrutaba hacerme pasar por una más.

—Si pretende que eso me llené de orgullo, se equivoca, Doctor Sexo, no es mi aspiración
ser otro más de sus conquistas—logré decirle de corrido, a pesar de mi respiración
agitada.

—Chsss ¿Puedes olfatear eso, Dulzura?... es tu sexo, ¡Ambrosia! — jadeó entrecortado,


mientras refregaba su ingle caliente contra mi muslo. Y que el infierno me lleve si sus
palabras no eran lo más excitante que alguna vez me habían dicho. Su cuerpo entero era
una invitación al pecado. Alejó sus caderas sin soltarme, acariciando mis pezones con su
mano libre. Estaba haciendo el ridículo, mi cuerpo y mi mente no se ponían de acuerdo,
sabía que debía detenerlo, pero todo era tan satisfactoriamente placentero que estaba
dejándome llevar por el vertiginoso frenesí desconocido. Me estaba comportando como
un cualquiera. Estaba accediendo a los deseos de Jeon Jungkook y no me importaba, solo
anhelaba seguir con esta sensación de asfixia que me pedía desahogo. Sus dedos se
colaron por mi bóxer acariciando mi glande que dolía espantosamente, mientras sus
labios continuaban devorándome, dos de sus dedos jugaban en mi entrada sin
introducirlos solo tanteaba y volvía a mi glande, ya no tenía dignidad y de una manera
infantil, cerré mis ojos con fuerza para ocultar mi vergüenza.

—Abre los ojos, ¡ábrelos! quiero ver como tus ojos se encienden cuando te dé tu primer
orgasmo —introdujo uno de sus dedos suavemente en mi interior, sentía mi cuerpo
tensionarse mientras Jungkook mordía mi barbilla— ¡Grita, nene! —lo introdujo un poco
más y se detuvo, abrí mis ojos instintivamente sin entender por qué se detenía, quedé
prendada de sus iris— Nunca has estado con un hombre—no era una pregunta.

—¿Cómo...? —Mi voz era pastosa, jadeante y... ¿patética?

—Soy hombre —curvó su sonrisa, abandonó mi interior— estás muy estrecho. Si antes
eras un reto para mí, ahora has duplicado el valor del trofeo.

—Tantos estudios y sigues pensando como un cavernícola —trataba de defenderme, en


modo patético.

—Eres un espécimen raro: inteligente, talentoso, muy hermoso y casto, nadie debería
resistirse contigo —cada palabra la reforzaba con pequeños mordisquitos—.Puedo
quitarte tu castidad ahora mismo. Su mano se deslizó hasta abarcar mi entrepierna
nuevamente y sentía como clavaba sus caderas contra las mías. No había duda que
estaba más que dispuesto a que lo hiciera, estaba completamente acalorado. No es que
él estuviera diferente, a no ser que el bulto en sus pantalones fuera relleno. Un gemido
completamente embarazoso escapo de mis labios.

—Ummmm

—¿O, puedo deshacerme de ello mañana, cuando vayas a mi departamento y empecemos


con tus clases? —su voz seguía siendo baja y estimulante.

—Sueña.

—¡Piénsalo, nene! el mejor jodido libro de la historia a cambio de tu cuerpo desnudo en


mi departamento, cuando yo te lo pida —iba a separarme de él, pero negó con su cabeza
antes de que sus manos se aferraran a mis caderas y sus labios se acercaran a mi oído—.
Disfruta de tu primer orgasmo, lindo.

Nuevamente no reaccioné, sus labios atacaron mi piel con agilidad sorprendente,


trazaron un camino tortuoso hasta apoderarse de mis labios. Sentí como me volvía una
jodida marioneta en sus manos, como el corazón se me iba a salir por la boca y cuando
sus dedos pellizcaron mi pezón derecho tan fuerte, el tsunami de placer se derramó en
mi interior haciéndome gemir fuertemente para evitar ahogarme con las sensaciones que
recorrían mi cuerpo dejándome débil entre sus brazos.

¡Dios mío!... Así que esto es un orgasmo...Jungkook volvió a besarme esta vez más
suavemente, estaba demasiado debilitado como para oponer resistencia a alguno de sus
actos, mi cuerpo se sentía relajado mientras él me sostenía con las palmas abiertas en
mi trasero. - Kim Taehyung, será mejor que te quedes callado y disfrutes.
—El placer físico tiene como resultado la secreción de endorfina, esa es la sustancia que
aporta una sensación de relax y bienestar, es por eso que sientes que tu cuerpo está un
poco más pesado de lo normal—dijo mientras me posaba en el sofá—. Tengo que irme,
aún debo grabar el programa más exitoso de Corea, así que vengo por ti mañana a las
cuatro —se giró para irse, respiré profundamente intentando contener el martilleo de
mi corazón.

—No te he dicho que acepto —dije intentando controlar mi respiración. Jungkook se


giró mirándome, su sonrisa ladeada se asomó en su rostro mientras me mostraba sus
dientes, se acercó a mi computador y... ¡No!... ¡No!... ¡No! ¡Aléjate de ahí! ¡Joder!

—Aceptarás—dijo, pagado de sí mismo—. Un consejo, no deberías seguir viendo este


tipo de porquerías, el porno no es malo, pero no te guíes por esto, es demasiado
fantasioso. Conmigo tendrás realidad. El sexo es una emoción en movimiento.

—No quiero, el sexo sin amor no tiene sentido para mí —ahora que la emoción del
momento se había disipado, empezaba a sentirme molesto conmigo mismo y con el cabrón
que estaba frente a mí—. La respuesta sigue siendo, no.

—Además, ¡conservador y obstinado! ¿Ves que tengo razón al tratarte como un tesoro?
—levanto sus cejas reiteradamente— El sexo puro es bueno para la salud, libera
tensiones, en cambio, el amor, solo da problemas.

—¿Siempre piensas en sexo? —lo miré arqueando una ceja y con cara de desprecio.

—En la vida hay dos cosas importantes: una es el sexo y la otra, la sexualidad—respondió
mientras se acomodaba la ropa—. Te acabo de dar un pequeño adelanto, mañana
seguimos, vendré por ti a las cuatro—guiñó su ojo coquetamente.

¡Hasta mañana!, ¡ah! muy lindo tu pijamas y hermosas tus pantuflas. —sonrió de medio
lado antes de salir del departamento.

¿Qué pasaba con ese hombre? ¡¿Qué sucedía conmigo?! Apenas hacía unos días que nos
habíamos encontrado en el elevador y ni me había prestado atención. Me dejé caer
nuevamente en el sofá completamente consternado; no era muy experto en esto de
orgasmos y temas eróticos pero ese hombre me había hecho ir al mismísimo cielo. Mi
celular sonó y lo tomé automáticamente, pensando que sería Yeon...

“Mañana, a las cuatro, tú y yo tenemos una cita...

Jungkook”

¿Cómo diablos tenía mi teléfono?...

Hoseok.

No matarás a Hoseok... No matarás a Hoseok


Si Jeon creía que por darme un orgasmo—un maravilloso orgasmo, debo añadir—íbamos a
tener sexo como locos, estaba muy equivocado, así que hice lo que mejor se hace en
estos momentos: Hui.

Fui con Yeon, digamos que nuestra relación no avanzó mucho, pero le llevé cosas
suficientes como para sobrevivir esa semana. Cuando salí del colegio conduje a Mickey
hasta el aeropuerto y tomé un vuelo a Florida, necesitaba unos días de paz y
tranquilidad, llamé a Lee y a Hoseok para explicarles donde estaría, necesitaba
inspiración y nada mejor que ir a la playa, a ver hombres semi desnudos.

Ocho días en South Beach y tenía el tema perfecto para empezar a escribir; relajado y
ligeramente bronceado, regresé a Corea con energías renovadas y ganas de comerme al
mundo, pero no a Jeon Jungkook.

Temprano y de buen humor iba, con Mickey, al apartamento de Hoseok, me había


llamado, tenía urgencia por saber lo que había adelantado. Tenía el título y la idea de lo
que iba a tratar: el típico niño rico que queda huérfano de pequeño y pasa por muchos
traumas en su infancia, por azares del destino, conoce a la chica inocente y se obsesiona
con ella; y ella, de idiota, se enamora de él. ¿Ocho días de playa, para eso? Te felicito,
Tae. Sí, más de lo mismo, pero no había nada que pudiera hacer, es lo que le gustaba leer
a las personas de hoy en día, pero me diferenciaré por mis originales puntos de quiebre.

Bajé del coche colocándome los audífonos y mi gorra tejida, short, camisa abierta, para
lucir mi bronceado. Acomodé mis gafas para el sol y entré al edificio saludando con una
seña al conserje, el ascensor llegó rápidamente y me adentré esperando a que cerrara,
cuando el aire salió de mis pulmones, me di cuenta que lo retuve hasta que nadie
interrumpió el movimiento de las puertas, pero bufé cuando me llevó al sótano ¡Odiaba
eso! Me concentré en mi IPod, no terminaba de dar con la canción que me encantaba,
cuando el ascensor se detuvo, la puerta se abrió y Jeon Jungkook entró con todo su
esplendor. Estaba perfectamente vestido en un traje gris humo de tres piezas, se
encontraba hablando distraídamente por el celular, pero su mirada se tranco en la mía
dejando sin respuesta a su interlocutor, pude ver como su rostro pasaba del asombro a
la irritación y antes que yo pudiera hacer algo, ya me tenía aprisionado entre su cuerpo y
la pared del elevador. No le importó la persona del otro lado de la línea, incluso no
alcancé a ver qué sucedió con dicho aparato, de lo que si tuve plena certeza fue la
agilidad con que tomó posesión de mis labios y me arrimó.

Dios mío ¿por qué este hombre tenía el poder de someterme a su voluntad?

—¡Eres un cobarde! —exclamó con voz gruesa y atronadora, soltándome como si tuviese
peste ¿Ahora era bipolar también? —¿Dónde demonios te

habías metido? —murmuró entre dientes, deteniendo el elevador.

— ¡Qué diablos crees que ha...!

—No juegues conmigo, Taehyung— masculló interrumpiéndome, las aletas de su nariz se


contraían rápidamente— tengo el poder para hacer que tu libro sea una jodida obra de
arte o destruirlo completamente como lectura llevándolo a la más profundas de las
miserias literarias. Así que no juegues conmigo, contesta de una buena vez ¿por qué
incumpliste nuestra cita?

—Detén tu derroche de testosterona, amigo—murmuré irónico—primero ¿quién diablos


te crees para tratarme así? Segundo, no me amenaces, Jungkook. Y, tercero ¿por qué

demonios tengo que darte explicaciones de lo que hago con mi vida? —lo vi apretarse
fuertemente el puente de su nariz antes de recostar su espalda a la cabina metálica,
pasó sus dedos por sus cabellos y respiró fuertemente.

—¿Por qué incumpliste mi cita? — dijo en un tono gélido, dejando entrever su creciente
enojo.

—Porque usted se está equivocando conmigo, no soy un cualquiera.

—Te dejaste follar por mis dedos.

—Lo que sea, no estaba muy cuerdo ese día. El punto es, que no veo por qué

tengo que convertirme en su puto privado para escribir un libro de sexo.

—La práctica hace al maestro y para saber, hay que practicar. Yo soy el mejor maestro
que puedes soñar tener.

—¡Sexo, sexo, sexo! Es algo tan… tan... ¡maldición! Lo haces ver como algo vital.

—Es algo vital.

—No para mí —respondí rápidamente.

—Porque no lo conoces, el sexo es como una droga, una vez que lo pruebas, tu cuerpo
pedirá su dosis.

—Hay miles de personas en esta País, ¿por qué no simplemente miras hacia otro lado y
te olvidas de que he solicitado tu ayuda para mi libro?

—Porque eres mi reto, creo que te lo dije—murmuró sonriente—. Además, te deseo, te


deseo desde hace mucho tiempo.

—Sí, ese chiste estuvo muy bueno — sonreí sarcástico.

—No es una broma—su rostro estaba serio.

—¡Por Dios! —grité— nos vimos hace una semana en este mismo ascensor y me ignoraste.

—No te ignoré, puedo recordar lo que traías puesto como si hubiese sido ayer.

—¡Ja! —subí una ceja, retándolo.

—Converse blancas, una gorra de los Lakers cubriendo tu cabello, bastante sucia cabe
recalcar, vaqueros que parecían adherirse a tu piel y una camisa tan traslúcida que podía
ver las puntas de tus pezones erguidos. Todo eso mientras subíamos hasta el piso de
Hoseok.
¡Mierda! La forma como me lo dijo, no solo hizo que las puntas de mis pezones se
irguieran para él nuevamente, sino que mi bóxer literalmente se destruyera.

—Quiero follarte, Tae, si antes tenía muchísimas ganas de hacerlo, descubrir que fui el
primer hombre que te ha acariciado me hace estar hambriento de ti. El solo recordar lo
bien que te sentías alrededor de mis dedos hace que se me endurezca de inmediato—
¡maldición! alguien tenía que callarlo o iba a claudicar si volvía a pedírmelo.

—Destrabe el elevador, señor—su pensamiento cavernícola no merecía comentarios.

—No, hasta que me respondas.

—No tengo deseos de acostarme con usted—dije tajante, mientras me reprendía


internamente por mentiroso.

Asumo hidalgamente que durante mi estadía en Florida fueron varias las noches en las
que mi mente recordó una y otra vez el pequeño encuentro que habíamos tenido en mi
departamento. Es más, mi cuerpo entero se calentaba al recordar la forma en cómo él
me había hablado y tocado.

—Tae...—mi nombre salió de sus labios como una caricia.

—Destrabé el ascensor—sentencié una vez más, necesitaba respirar lejos de la


exquisita loción que usaba este hombre. Lo vi moverse para apretar el botón, pero su
cuerpo se tambaleo y se llevó las manos a su cabeza—

¡Jungkook! —su rostro se había puesto pálido, lo tomé de las solapas del saco justo
cuando pensé que iba a caerse

—. Señor Jeon, si es un juego, no me parece gracioso—dije.

—Solo unos minutos—dijo suavemente, su rostro separado del mío por unos
centímetros—, unos minutos— gimió de nuevo agarrándose la cabeza mientras recostaba
su cuerpo en una de las paredes del elevador, lo sentí respirar lenta y profundamente
antes de separarse un poco más y volver a recostarse en el lado opuesto de la cabina con
los ojos fuertemente cerrados y apretándose la sien.

—¿Te encuentras bien? —sabía de antemano que no lo estaba, su piel estaba tan blanca
como la cal.

—Estoy bien—exhaló—dime que, por lo menos, lo reconsideraras; puedo ayudarte.

—No estoy dispuesto a pagar el precio—dije lentamente mientras la campanilla avisaba


que había llegado a mi destino.

—¿Entonces?

—Hasta luego, Jungkook— murmuré antes de salir. Solo Dios sabía que no quería dejarlo.

No había prestado mucha atención a lo que Hoseok me decía, mis pensamientos estaban
con Jungkook desde que había salido del ascensor, le había contado vagamente la idea
que tenía a mi editor y sus ojos habían brillado como estrellas fugaces antes de
pronunciar cosas como "esa es mi chico" "sabía que podías hacerlo" y "veras como es un
Best Seller"

—¡Tierra llamando a Kim Taehyung! —gritó Hoseok por encima de mi oído.

—Disculpa, ¿me decías? —pregunté mordiéndome la mejilla. Simplemente no podía


sacarme de la cabeza lo que había pasado en el ascensor.

—¿Dónde estás, hombre? ¿Yeon sigue dándote problemas? —me observó preocupado—,
tengo un amigo en las fuerzas armadas, seguro si lo llamo nos recomienda una buena
institución militarizada—negué con la cabeza divertido—

¿Entonces, si no es el enano del infierno, que te tiene así?

—No es nada, podemos comenzar por—coloqué un dedo en mi barbilla sarcásticamente—


mi nula experiencia para escribir el libro que el maldito de Lee me exige que escriba y
todo lo que me ha tocado investigar... creo que tengo suficiente tema como para
abstraerme un poco.

—Choi me dijo que habías declinado su oferta—negó con la cabeza

—sé bien que eres tú quien decide; pero él es mejor. Todos esos libros exitosos que
circulan por ahí fallan en lo mismo, en las escenas de sexo. Y no por falta de calor o
intensidad, si no que porque cuando los analizan los especialistas dicen que es más
imaginación que realidad. Yo sé que, con Choi, nada ni nadie podrá criticarle a tu libro las
escenas de cama.

—¿Te contó de su propuesta? — pregunté incrédulo, ¿tan descarado se

podía ser?

—Bueno, me contó que ofreció ayudarte, pero le dijiste que no, eso ya no es importante
puesto que ya tienes la idea... eres él mejor—se acercó abrazándome fuertemente, me
separé de Hoseok como siempre y caminé a su ventana—A ti, algo te preocupa—sentí sus
manos colocarse en mis hombros.

—No es nada. Me voy.

—Pensé que te quedarías a comer, ahora que él demonio no está en casa.

—Deja de ponerle sobrenombres a mi hermano—reí.

—Eso es inevitable—me dio una de sus sonrisas ladeadas—. Te acompaño al elevador—


asentí—tenemos reunión con Lee el miércoles, le encantará saber que tienes la idea—le
sonreí a medias, esperamos que el ascensor llegase y me despedí de él entrando a la
cabina.

El camino de regreso a casa fue un martirio y al llegar tenía casi mil mensajes de Jimin
por lo que decidí llamarlo, solo para olvidar un poco todo.

—¡Hey, Jimin! —dije cuando me contestó.

—Joder, Taehyung, ¿cómo te vas así de repente y sin decir nada?


—Necesitaba pensar, Jimin—le dije luego del reproche—. Buscaba inspiración, un libro
no nace de la noche a la mañana, más cuando es a presión.

—Lo sé, lo sé ¿alguna idea?

—Sí...

—Hoseok me comentó que despreciaste la ayuda de Jeon Jungkook, nada más y nada
menos que Doctor Sex ¿Estás seguro de lo que hiciste?, digo, el tipo sabe de lo que

habla, a pesar de que es un idiota.

—No lo sé Jimin, digo, tú lo defiendes a capa y espada—bufé buscando una de mis


pijamas, no era tarde, pero había pedido una pizza y quería dormir temprano—¿Cómo te
ha ido con Yoongi?

—pregunté cambiando el tema, por hoy había tenido suficiente de Jungkook.

—Pues, volvimos a hablar del bebé, le expliqué todo y le dije que me diera este año.

—¿Y? —pregunté queriendo saber más o intentando no pensar.

—Pues, accedió de muy mala manera y me prohibió terminantemente tomar pastillas


anticonceptivas, desde que leyó ese artículo que los relacionaba con los ACV personas
jóvenes, tiene miedo, piensa que algún día llegará del trabajo y me encontrará tirado en
medio de la sala ahogándome con mis propios fluidos.

—Jimin, eso es casi lo mismo; sin protección, volverás a embarazarte — dije lo obvio.

—No, soy más inteligente que Yoongi, él me prohibió tomar pastillas, no dijo nada de los
parches y las inyecciones —dijo burlón.

—Jimin—le reproché—¿Dónde está ahora?

—Fue buscar a Susy, pero no me cambies el tema, ¿estás seguro de no aceptar esa
ayuda?

—No quiero pensar más en eso, tú has leído muchos libros de ese calibre, podrás
ayudarme si lo necesito—refute.

—Tae, te amo, pero solo sé de sexo lo que he vivido con Yoongi, muy enriquecedor y
placentero, pero no hemos hecho nada fuera de lo común, solo esa vez que usamos la
lavadora porque...

—¡Jimin! —lo detuve—te pedí ayuda, no que me dijeras lo que haces con Yoongi, creo que
no voy a poder mirarlo a los ojos la próxima vez que lo vea — dije estallando a
carcajadas mientras sentía el timbre de la puerta sonar—Jimin, llegó la pizza ¿te parece
si hablamos mañana?

—Ok, hasta mañana, tontuelo.

—Besos a la pequeña.
—Te quiero, chico libros... —tiré el teléfono en la cama y busque el dinero en mi cartera
mientras gritaba "Ya voy".

Abrí la puerta y me sorprendí al ver la persona frente a mí. Jungkook estaba enfundado
en unos pantalones vaqueros que se ajustaban perfectamente a sus piernas, tenía una
camiseta blanca con el logo de Batman al frente y una chaqueta de cuero, su maldito
pelo estaba revuelto como si acabaran de despeinarlo y sus ojos... sus ojos eran un mar
de promesas y juraba por Dios que no descansaría hasta cumplirlas.

Sí, así de obstinada era su mirada.

—No me iré de aquí hasta sacarte un sí—dijo en voz baja antes de caminar dos pasos y
entrar a mi departamento sin que yo pudiese hacer nada.

Me llevé las manos al cabello completamente enojado, recordando dos cosas: la primera,
yo no era un asesino y lo segundo, Yeon estaba a mi cargo y no podía simplemente
exterminar a este hombre sin pensar que él dependía de mí. Inhalé fuertemente antes
de girarme a encararlo. No había perdido el tiempo pues estaba sentado en mi sofá y se
veía bastante cómodo.

—¡Claro, señor Jeon! puede seguir y ponerse cómodo—expresé irónico a lo que él sonrió
de lado.

—Es Jungkook, o, Kook —me interrumpió—. Como te dije, no me iré de tu casa hasta
obtener un sí.

—Miré, señor Jeon, —enfaticé el “señor” y el “Jeon” —creo que he hablado con usted y
he sido lo suficientemente claro, está perdiendo su tiempo. Su ofrecimiento no me
interesa y yo... —su celular empezó a sonar la letra de “Closer” de Nine Inch Nail; no me
asombraba, todo en él irradiaba sexo. Jeon alzó su mano interrumpiéndome... ¡Otra vez!
Maldito sea.

—Hola bonito—dijo.

¡Oh, no! no podía ser cierto, ¡Estaba hablando con uno de sus amiguitos en mi casa!

—Estoy en casa de un amigo.

Sí, cómo no. Ya quisieras ¡ni siquiera te has ganado ese derecho!

—Sí, él que te comenté.

Genial, ahora le hablaba de mi a sus amiguitos.

—No sé si pueda ir. Todo depende de ti, precioso—sonrió y cruzó sus piernas,
colocándose aún más cómodo.

Solo faltaba que me pidiese una limonada con sabor a mango.

—Haré lo que esté en mis manos.

Entonces lo llevo a nuestra reunión mañana. Te quiero, bonito; mantén atado a ese animal
de tu marido; así, yo puedo devorarte.
¡Mierda! ¡Agárrenme, que lo mato!

Lo vi guardar su celular en el bolsillo de la chaqueta

—Mañana por la mañana vamos a ir a “Joe Coffe”, a las once en punto.

—¿Usted cree que yo no tengo nada más que hacer? —le dije enarcando una ceja—,
Señor Jeon, yo no...

—Es Jungkook, —rodó los ojos ¡él me rodó los ojos! —para que no te me escapes, he
decidido pasar la noche aquí.

Una risa histérica, casi delirante escapó de mi boca, este hijo de su pobre madre no solo
creía que podía disponer de mi tiempo, sino que el iluso pensaba que podía secuestrarme
en mi propia casa.

—Usted no va...—el sonido del timbre se escuchó, así que me giré para abrir nuevamente.
Afortunadamente era el repartidor de pizza, saqué del bolsillo trasero de mis jeans el
dinero y tomé la caja.

—¡Qué bien, pizza! —exclamó Jungkook, ante lo cual, yo rodé los ojos mientras la
colocaba en la isleta de la cocina.

Respiré profundamente, recordando las razones por las cuales no podía matarlo,
mientras buscaba una Pepsi en mi refrigerador—. Me gusta comer mientras veo
películas, ¿tienes alguna? —lo vi levantarse hasta el estante donde tenía

los DVD.

—¡Señor Jeon! —le grité—.

¡Demonios!, ¡largase de mi casa! Está invadiendo propiedad privada—dije acercándome a


él rápidamente y arrancándole mis películas de sus manos

¡Maldición! Esto no puede ser más humillante.

—¡Hey, tienes buenos temas! "Enredados", "La Princesa y el Sapo", "La Sirenita",
"Encantada" ¡Joder, este es un clásico!: "El Rey León", no puedes negarme que lloras
cuando se muere el Rey Mufasa ¿Eres accionista de Disney Animación y de Pixar? —¿se
estaba burlando de mí? —. No importa, todo sirve ¡Pongamos esta! trae esa pizza y
veamos películas.

—Señor Jeon.

—Vamos Taehyung, relájate, si voy a ayudarte con el libro tenemos que conocernos de
todas las maneras posibles —susurró con voz queda.

Por la ventana del apartamento pude ver la luz de un rayo y, al segundo, un terrible
estruendo se escuchó.

—¡Oh, Cristo Jesús! —salté como loco y me pegué a Jungkook

Grave error: este hombre huele a gloria


—¿Le temes a los truenos, Taehyung? —dijo mirándome burlonamente—. ¿Cuántos años
tienes?, ¿seis? —Argg con otro salto, me separé de él y caminé nuevamente hacia la
cocina.

—Quiero que se vaya de mi casa o llamaré a la policía —tomé un plato de la alacena y


volví a abrir el refrigerador.

—¿Y qué vas a decirle? —murmuró sonriente, sentándose en uno de los taburetes de la
isleta y mientras sacaba un trozo de pizza de la caja—. Me gusta más la que tiene piña,
pero ésta, está bien por hoy. Cualquier cosa es cariño cuando tienes el estómago vacío.

—Pues, la verdad—sentencié—que eres un loco acosador que se ha metido a mi casa


porque no acepté su...—me quedé callado, nunca diría la propuesta de Jungkook. Algo en
la mirada del hombre frente a mí, cambió. Su mirada se volvió burlona y misteriosa.

—Eso imaginé. ¿Tienes Coca-Cola?

—preguntó antes de tomar otro pedazo de pizza y bajarse del taburete—. Me gusta
"Enredados”—lo vi quitarse la chamarra, desordenar su jodido cabello antes de tirarse
en el sofá—. Los creativos de Pixar se fijaron en mí al crear a Flynn Rider—el maldito no
iba irse.

—Pues claro son iguales ambos, confianzudos, cabrones, cínicos y atrevidos—le tendí una
Pepsi—. No me gusta la Coca-Cola, o te tomas la puta Pepsi o eres libre de largarte —
bufé hastiado.

Había un viejo refrán que decía que, si no puedes contra el enemigo, tenías que unírtele.
Coloqué la caja de la pizza en la mesita y me serví una porción en el plato que llevaba.

—Coloca la película—me giré viéndolo como si le hubiese salido otra cabeza.

¿Qué?

—No estoy en mi casa, soy tu invitado así que ¡atiéndeme!

Ok, respira... Inhala, Exhala, Tae— me dije, tomando "Encantada"—. No iba a ver lo que
a él le diera la gana.

—Ya veo por qué es tan difícil para ti escribir una escena sexual —murmuró por lo bajo
cuando la introducción empezó a salir—, ¡demasiadas películas infantiles!

—Tengo una ahijada de cuatro años que en ocasiones viene y pasa días aquí, ni modo que
tenga en el estante "Garganta Profunda"—me felicité a mí mismo por recordar uno de
los títulos de películas porno que había visto en internet mientras buscaba información.

—¿Con que “Garganta Profunda”? — se burló—. ¿qué se siente recordar el nombre de


una buena película porno?, porque apuesto que no la viste—sonrió socarrón.

Mi cara empezó arder, el muy maldito parecía conocerme bien, tenía la facultad de
hacer que mi cuerpo reaccionara como a él le daba la gana.
La razón más grande por la cual declinaba a su oferta.

Como era de esperar, se acomodó en mi sillón como si fuera el dueño de casa y se quitó
los zapatos, quedando en medias. Yo había decidido sentarme en el otro sofá, me pareció
saludable estar lo más lejos posible.

—¿Ves eso? —dijo señalando la pantalla—. Esos dos necesitan follar.

—¿Qué dices? Es una película infantil —puse mi mejor cara de asco.

—Nancy tiene cara de padecer estreñimiento así que imagino que no debe ser muy buena
en la cama.

Bufé y seguí viendo la película intentando ignorarlo Y me concentré en Giselle, solo ella
podía hacer que cucarachas, ratones y pájaros de una pata se vieran lindos.

—¿No tienes palomitas? —negué con la cabeza ¡que se creía este idiota!

—. ¡Ves! —gritó exaltado al ver la escena entre los protagonistas en el momento que ella
sale del baño— la tensión sexual entre esos dos es palpable, ¡maldita sea!, ella es una
zorra —lo vi tomar otro pedazo de pizza—.

Por eso ella al final decide quedarse en el mundo real, ella necesitaba un hombre, no un
principito.

—¡Quieres callarte! —grité con desesperación, su verborrea me tenía harto—es una


película infantil, no hay nada de tensión sexual ahí—dije enojado.

—Sí que la hay—alzó sus cejas varias veces—¿Quieres que te lo explique de nuevo?

¡Dios, mátame ahora!

—Solo cállate ¿quieres? —exclamé, prestando atención al televisor.

Al finalizar la película, tenía mis músculos entumecidos, me levanté del sofá, recogí la
caja de pizza, el muy jodido se la había terminado toda, tenía otra similitud con Flynn
Rider, era un ladrón. Tomé las latas y me fui a la cocina, el cabrón también se levantó,
iluso, creía que se alistaba para irse así que me sentí aliviado, casi feliz, cuando sentí
que la puerta de salida se cerraba, pero fue efímero. Cuando volví a la sala, me encontré
con que estaba sin camiseta y sin pantalones.

Por todos los dioses del Olimpo

¡Este hombre pretende matarme!

Era el mismísimo hijo de Adonis, parecía hecho a su imagen y semejanza y luego hubiese
quebrado el molde. ¡Jung Hoseok, bajaste al segundo lugar en el podio de bellos de
belleza sublime!

Estaba concentrado en mirar la noche por mi ventana así que pude espiarlo tranquilo: sus
piernas eran proporcionadas y musculosas en la medida justa; su trasero, redondo y
firme; la espalda ¡Diablos! En su espalda perfecta tenía un gran tatuaje: dos coloridas
serpientes, entrelazadas a lo largo de su columna vertebral. Quería dejar de mirar, de
verdad quería, pero tenía a un dios griego, enfundado en unos ajustados bóxeres negros
y con un gran tatuaje, en la sala de mi casa. No podía moverme, es más, puede que hasta
haya dejado de respirar.

—¿Está completo el inventario, joven Kim? O necesita que me dé la vuelta para que
quede completamente satisfecho—la sonrisa de Jeon Jungkook se reflejaba a través del
vidrio.

Maldito, maldito, ¡maldito!

Seguramente, su padrino era Narciso, por eso ególatra y arrogante. Lo siguiente, no lo vi


venir. Jungkook se giró en cámara lenta, dejándome ver su muy bien proporcionada...
¿Alma?

¡Joder! Abre los ojos Tae te darás cuenta que es un sueño, un jodido y bien fantasioso
sueño... ese cuerpo no es de verdad, debe estar photoshopeado.

¡Ese maldito había sido educado por Príamo! No era él más experto conocedor de
miembros masculinos, pero había tenido una semana para observar varios cuerpos
esculturales en mi viaje a la playa sin contar el par de películas porno que había visto
¡Dulce Joder! ninguno le llegaba al paquete oculto en el bóxer de este hombre...

¡Relleno! Seguramente, tiene un calcetín dentro de su bóxer.

Tragué saliva atropelladamente, viendo cómo la sonrisa canalla se extendía por todo su
estúpido rostro.

—¿De... verdad piensas que quedarte a dormir a.… quí? —tartamudeé desviando mi
mirada.

No lo mires, que muerde... ¡Tae, No lo mires! o te hechizara, quedaras idiotizado bajo su


encanto ¡huy, huy!

¡Tae, deja de ver películas infantiles!

—Te dije que no me iría de aquí sin un sí. Te encantará mi amigo.

—Señor Jeon—estaba perdiendo la paciencia—No me gustan los tríos.

—¿Quisieras tú estar en un trío conmigo, Tae? —se acercó a mí dos pasos y yo retrocedí
cinco.

Diosito ¡por favor! Prometo dejar de mascar hielo como si fuesen golosinas, pero
¡líbrame de caer en las manos de este hombre!

—Nada, no quiero un trío... con usted, mi única opción es nada —me esforcé para que mi
voz sonara tranquila
—Mañana solo iremos a ver un amigo, él fue sumiso— ¿acaso no me escuchó? ¡Ay, Dios!
¿y si también prometo dejar la Pepsi? —quizás su relato le sirva a tu historia. En cuanto
a que, si voy a dormir aquí, la respuesta es afirmativa —Tae, no insistas: entre dioses se
entienden.

—No me interesa el tema de la dominación y, ¡yo no lo invité! —mi último intento por
sacarlo de mi casa.

—Está lloviendo como si Jesucristo estuviese viendo una mala telenovela y estuviese
llorando de indignación, así que no pienso arriesgarme a un accidente teniendo un lugar
donde quedarme. Y, de paso, me aseguro que tú no huyas nuevamente. Pero, tómalo por
el lado amable—¿esto tiene un lado amable? —si algún rayo decide entrar por tu
habitación, estaré aquí para defenderte.

No voy a caer en su provocación.

—Y ¿piensas dormir así? —enfoqué mi vista en su cara, pero mi dedo mostro

lo obvio.

—Si quieres, me quito el bóxer. Junior es un alma libre —murmuró burlón.

Ok, me perdí ¿Junior?

Lo vi colocar sus pulgares en la cinturilla de su bóxer ¡era obvio quién era Junior! Bajó su
bóxer y los primeros vellos oscuros se asomaron.

—¡Es imposible tratar de ser amable con usted, señor Jeon! —me giré para que no viese
el estúpido sonrojo que sabía que tenía—. Tendrá que conformarse con el sofá.

—No me molestaría compartir la cama—sonrió ladinamente, su voz estaba muy relajada,


el maldito disfrutaba de esto y yo se lo estaba poniendo fácil.

—¡En sus jodidos sueños! —me burlé, alejándome de él—, que tenga usted una muy jodida
y mala noche —dije y puse una manta en el respaldo del sofá.

Me fui a mi habitación, maldiciéndolo en los siete idiomas que conocía. Cerré con llave, lo
último que quería era amanecer con la copia porno de Eros en mi cama.

Me coloqué un conjunto de deporte para dormir, era viejo pero muy cómodo y calentito.
Cuando estuve listo, me dejé caer sobre las almohadas, la lluvia caía sin clemencia sobre
Seúl y todo invitaba a quedarse enterrado bajo las mantas. ¿Y si aceptaba la propuesta?
Jeon Jungkook me cautivaba, que un hombre como él —que emanaba sexo por todos sus
poros — quisiera tenerme en su cama a la hora que él quisiera, era tentador Sí, ¡ya está
bueno de ser virgen! pero también, era muy peligroso.

Volví a tomar otra bocanada de aire, el sueño parecía haberse evaporado, a pesar que
pasaba de la una y media de la madrugada. Tomé el IPod y lo encendí, un poco de música
siempre me relajaba. Estuve escuchando música alrededor de una hora, cantaba en voz
baja las lánguidas baladas, pero no hubo caso, seguí moviéndome para un lado y para el
otro en la cama.
Estaba helando ¿Cómo estará Jungkook?

¿Tendría frío? Le había dejado una frazada delgada.

¡Que se le congelen los huevos, a ver si así deja de ser tan imbécil!

Media hora después salía con sigilo de mi habitación, con otra frazada. Jungkook estaba
hecho un ovillo, su miembro—a pesar de que su cuerpo estaba cubierto —se perfilaba
erecto, ¡Definitivamente, no es real! lo cubrí rápidamente dispuesto a huir.

—Te quiero, pero no lo haré y no puedes obligarme, Seojoon. Es mi vida y hago con ella lo
que me plazca.

Hablaba dormido.

Se giró, arropándose con las mantas. Caminé en puntillas hasta el centro de mi


habitación y di un grito de asombro:

¡Seojoon! ¿Un nombre de hombre? ¡¿A Jungkook le gustará hacer de tuerca y de


tornillo?!

¿Será? ¡Joder! Tae, deja de pensar tanta estupidez.

Cerré los ojos, dispuesto a dejarme atrapar de una vez por todas por Morfeo; pero, no
pasaron tres segundos y la imagen de Maximiliano parado en medio de mi sala, girándose
lentamente en esos ajustados bóxer, me asaltaba.

Bufé desesperado, después de cinco intentos de querer dormir, intenté con algo más:

“Vive en una piña debajo del mar” ... Sí, lo sabía. Era una canción estúpida, pero, imaginar
a Bob Esponja, me distraía de lo que había en mi sala, así que me quedé dormido en la
tercera o cuarta repetición de la canción.

Desperté algo desorientado al día siguiente, eran las 07:45 a.m., iba volver a dormir
cuando recordé a mi visitante indeseado. Salí de mi habitación, esperando encontrar mi
sala vacía. Y lo estaba, pero mi departamento no. Del baño podían escucharse unos
sonidos bastante fuertes y desagradables. Jungkook estaba tirado al frente del inodoro
y vomitaba tan fuerte que, de solo escucharlo, el estómago se me revolvía. La pizza de
anoche sin duda estaba quedando dentro del escusado.

¡Bien hecho! eso le pasó por comerse lo que no era suyo

Me quedé a una distancia prudente de la puerta del baño, si daba un paso más iba a
vomitar yo también. Dejé que mi cabeza se golpeara contra la pared, mientras me
recostaba en ella, sentí como bajaba la palanca, abría el grifo del lavamanos y hacía
gárgaras... ¡con mí enjuague bucal! Minutos después, salió completamente pálido del baño.

Sus ojos se abrieron exageradamente al encontrarse conmigo, aún estaba en ese


pecaminoso bóxer, pude notar que tenía un tatuaje en el antebrazo, pero, no alcancé a
leer lo que decía. De una cosa estaba segura, el tatuaje era reciente.
—Al parecer, tu pizza estaba mala—intentó sonreír, pero esa fue la sonrisa más falsa
que hubiera visto en mi vida.

Dio dos pasos hacia mí y—como en el elevador—su cuerpo se tambaleó un poco,


haciéndolo recostarse en la pared frente a mí. Su frente estaba perlada en sudor y si
antes estaba pálido, ahora era un puto fantasma.

—Si no hubieses comido como cerdo...—bufé—. Déjame ayudarte, estas de mal color,
puede ser una baja de tensión, a Soobin le ocurría con frecuencia —dije pasando mi
brazo por su cintura, mientras él pasaba uno de los suyos por mi hombro, caminamos
hacia la sala y lo senté en el sofá—. Te haré un té, era lo que le sentaba a Soobin— no
me contestó, recostó su cabeza en el sofá y lo vi respirar profundamente.

¡Quisiera verlos traer un niño al mundo!

Puse a calentar el agua y me fui a cepillar los dientes. Cuando volví a la sala, Jungkook
tenía mejor color, se había puesto sus jeans, pero aún no tenía la camiseta, dejándome
ver sus muy bien formados pectorales y su bien trabajado abdomen.

—No te cansas de mirarme—sus ojos me miraron con burla y la sonrisa torcida apareció
en su cara mientras me recibía el té, ¿es que el Jeon fanfarrón nunca desaparece?

—He visto mejores cuerpos.

—¿Mientras cantabas el estribillo de Bob Esponja? —se burló, tomando un sorbo.

—Sabes, me estoy arrepintiendo de haberte hecho ese té o peor aún, de no haber


colocado cianuro en el—sentencié.

—No hay como un buen té para asentar el estómago, gracias—¿me dio las gracias? Eso
era nuevo en él.

Las enfermedades vuelven a todos más humanos, Tae.

—¿Por qué te gusta hacerme enojar?

—Amo el sonrojo que adquiere tu rostro, es casi el mismo que cuando estás excitado.

—¡Idiota!

—Me gustaba más la camisa de Tata—señaló mi pijama cambiando totalmente el tema.

—Y a mí me gusta no tener invasores en mi casa—retiré la taza de té, vacía.

—Por cierto, ¿quién es Soobin? — preguntó con curiosidad, ignorando mi comentario.

—Era mi abuelo—respondí desde la cocina.

Volví a la sala, dispuesto a ordenar el sofá y a recoger las mantas, pero me sorprendí al
verlas correctamente dobladas, me incliné para retirarlas, grave error, su mano tomó mi
muñeca jalándome hacia él, dejándome caer en sus piernas mientras tomaba mi nuca y
arremetía contra mis labios.

¡Joder! ¡Joder! ¡Joder! Ya se le estaba haciendo costumbre.


¿Ya les había dicho que mi cuerpo reaccionaba extraño cuando él estaba cerca? Pues,
como en las otras veces, no pude resistirme. El beso era comandado y dominado por él.
Su lengua pidió acceso a mi boca, los sabores de enjuague bucal y de té de hierbabuena
se mezclaban, con la mano libre, apretó uno de mis pezones por encima de la tela, podía
sentir su erección clavándose en mis nalgas.

¡Santo joder! Y ahora, ¿qué hago? El cabrón estaba follando mi boca con su lengua, soy
virgen, pero, no tonto, su mano se había colado por mi camiseta de deporte y acariciaba
mi pezón piel con piel, tacto con tacto y yo sentía que me quemaba donde sus manos me
tocaban. Me parecía que respirar estaba sobrevalorado, mi mente era una nebulosa, solo
podía sentir la presión que Jungkook ejercía sobre mis labios y la forma en cómo sus
dedos se alternaban para tirar de mis pezones. Un teléfono sonó lejano. Me besó el
cuello, me succionó el lóbulo de mi oreja y me hizo ver caballitos de colores en las
blancas e impolutas paredes de mi departamento.

¿Qué diablos me pasaba? Me tomó toda mi fuerza de voluntad colocar mis manos en su
ardiente pecho para separarlo de mi cuerpo. Y la voz de Yeon se escuchó.

“Taehyung, te he llamado al celular, pero no contestabas, sé que no te importa, pero


mañana es el cuarto mes de la muerte de mis padres. Por favor, ¿podrías hablar con el
director?, me gustaría ir al cementerio, te lo suplico. Su voz se escuchaba ronca y podía
jurar que estaba llorando. Mañana se cumplían cuatro meses desde que Hwasa había
muerto. Llevé mis manos a mis cabellos, quizá para mí era un día normal, pero para Yeon
significaba otra cosa”

—¡Hey! —Jungkook alzó mi barbilla—¿dime que mis besos no te hacen llorar? No puedo
estar perdiendo uno de mis encantos—estaba tratando de ser gracioso, respiré
profundamente antes de enfocar mis ojos en los suyos.

—Te golpearía, pero creo que ya no tiene caso—increpé.

—Sabes que puedo oler lo que provoco en ti, me deseas, te deseo. ¿Por qué no aceptas
mi jodida propuesta y ganamos todos? —expresó.

Me levanté de su regazo y caminé hacia el balcón, amaba la vista desde mi pequeño piso.
Era una estupidez negar que deseé al hijo de puta desde la primera vez que lo vi —
enfundado en un traje negro de tres piezas y gafas oscuras

— mi ropa interior me tembló, pero, de ahí a acceder a su propuesta...

—Taehyung —su voz fue suave, se acercó y colocar sus manos sobre mis hombros; aún
con mi camiseta de deporte, pude sentir como su cuerpo ardía para mí.

—Soobin me crio para no ser como mi madre —él me miró sin entender— ella era una
cualquiera, me dejó por ir detrás de una pasión que la volvía loca

—le dije removiéndome incómoda.

—Dulzura—me giró para que quedase frente a él—, estamos en otros tiempos, tú
necesitas ayuda y...
—Eso lo entiendo, yo necesito algo de información para escribir mi libro, pero ¿y usted,
señor Jeon?

—Yo obtengo lo que quiero: placer. Soy el mejor, he estudiado y experimentado mucho
en este campo.

—¿El mejor? Más bien, pareces un psicópata acosador, no sé por qué me quieres. Te vi
con esa chica sabes... en el parqueadero.

—Lo que pasó en el parqueadero de la torre Lee era solo para que supieras lo bueno que
soy en el tema — tomó mi mano colocándola sobre su erección, estaba gruesa y dura,
podía sentir el calor emanando del jean. Mi mano tembló un poco.

—Estar siempre duro es ser bueno en el sexo... ¿ves? estoy aprendiendo — hasta rodé
mis ojos para que le quedara claro lo tonto que me parecía todo lo que decía.

—Soy un hombre hambriento, y mi cuerpo desea el tuyo tan masoquistamente que voy a
hacer lo que sea necesario para tenerte, ya te mostré que tan hábil puedo ser solo con
mi boca y mis manos, te aseguro que esto — presionó aún más mi mano a sus jeans y su
voz bajo varias octavas, escuchándose ronca y sensual— esto lo sé mover mucho mejor
—su cuerpo se pegó al mío antes de besarme nuevamente y, como las últimas dos veces,
no luché. Yo deseaba ese beso tanto o más que él.

Quince minutos después estaba en su auto, observando la ciudad pasar a mi lado en el


más incómodo silencio.

—¿Hacia dónde vamos? —pregunté luego de varios minutos, cuando vi cómo Jungkook
conducía su elegante Aston negro hacia Nine One Hannam
—A mi casa—dijo él sonriendo. Después de ese último beso, su celular había sonado y su
amigo le había preguntado por el lugar de encuentro, Jungkook aseguraba que su
experiencia podía ayudarme y que, si después de hablar con el yo seguía negándome a su
propuesta, entonces dejaría de insistir

Sí, estaba jugando con fuego, pero ¡Joder! Era eso o, tenerlo todo el tiempo encima
¡Ejem!

—¿No vives en el edificio de Hoseok?

—me miró sonriendo.

—No, ahí llevo a las... —se quedó callado.

—¿Putas? —Jungkook se encogió de hombros.

—Yo prefiero llamarlas “mis chicas”—sonrió, guiñándome un ojo.

— ¿Tu departamento es un piqueteadero? —él me miró sin entender

—, ¿un motel?
—Uno muy bien ubicado y bastante elegante, la persona que está conmigo debe sentirse
y comportarse como Afrodita o Venus. Para eso, hay que tratarla como tal, como una
Diosa.

—¿Has tenido muchas mujeres? —Esa era una pregunta tonta, pero tenía que hacerla.

—Las mujeres como los hombres son como los países y yo amo hacer turismo, así que sí.
He estado con más mujeres y hombres de los que puedas contar—declaró con orgullo—.

Mi vida sexual empezó cuando tenía catorce años, fue ahí cuando entendí que el sexo es
como el dinero; solamente tener demasiado es tener suficiente.

¿De verdad cree que con esa respuesta me va a convencer de su propuesta? ¡Idiota
turista de camas!

—Tú tienes suficiente dinero, o al menos eso me disté a entender—lo miré

fijamente.

—Pero nunca suficiente placer sexual —mordió su labio inferior y me miró sobre sus
anteojos.

Si crees que me asustas, te equivocas... virgen pero no tonto.

—¿Nunca te has enamorado?

—Nunca, y espero no hacerlo, alguien muy sabio dijo que el amor solo trae
complicaciones. Me gusta el sexo casual, sin compromisos ni ataduras, solo una noche de
intercambio, placer por placer—Jungkook empezó a bajar la velocidad al encontrarnos
rodeados de elegantes construcciones.

Introdujo el coche en el estacionamiento del único edificio color grafito del complejo.

Durante el trayecto en el ascensor todo fue silencio. Nos detuvimos en el Pent House y
salimos a un corredor cuyas paredes y piso se encontraban enteramente cubiertos de
mármol, la puerta era de madera de color burdeos.

Jungkook colocó su mano derecha en un pequeño detector que había en la entrada, luego
digitó unos números en el panel que había al lado y la puerta se abrió; me miró haciendo
un gesto bastante burlón de “los bonitos primero”, dejándome entrar. La gran sala tenía
colores neutros: techo, blanco tiza; piso, bellota; murallas, gris piedra; los muebles eran
de líneas simples, rectas y predominaba el negro. Si, era un lugar sobrio, cómodo y
abierto de espacio, propio de un gusto vanguardista y de un hombre con dinero que pasa
poco tiempo en su casa.

Caminó hasta la contestadora y presionó el botón para escuchar los mensajes. En ese
momento quise huir, quién sabe qué escucharía.

—Jungkook—una voz de mujer se escuchó luego de que la grabadora dijera cuantos


mensajes tenía, era suave y se escuchaba dolida—, eres mi hijo, lo sabes ¿verdad? Y te
amo, no me hagas esto, ¡no te lo hagas a ti! —detuvo el mensaje refunfuñando, antes de
sacar su celular del bolsillo trasero de sus vaqueros.
—¡Le contaste! —gritó a quién fuese que estaba del otro lado de la línea—, ¡no tenías
ningún derecho, Seojoon! —

¿Seojoon? —¡Es mi maldita decisión! — gritó más fuerte, antes de girarse y encontrarse
conmigo. Me miró fijo, apretó el puente de su nariz y se volvió a girar—¡Me vale un
cuerno tu justificación!... ¡¿Dónde está tu puta ética?!... ¿Crees que por contarle a Rose
cambiare de opinión?... Estás completamente equivocado... No me convencerás... Ya te lo
dije, esta es mi vida y voy a hacer con ella lo que me de mi maldita gana. Colgó, tirando el
celular contra el sofá, estiraba y contraía los dedos de sus manos, parecía
completamente fuera de control, aunque también podría ser un niño pequeño haciendo un
berrinche

—en boca cerrada no entran moscas, Tae—. Respiró fuertemente y me observó por unos
segundos antes de hablar.

—Voy a darme una ducha y a cambiarme de ropa. Ponte cómodo— estaba molesto y yo,
confundido. Había pasado de la aparente simpatía a la ira en cuestión de segundos—,
intentaré no demorarme—las palabras salieron fuertes y duras.

En un par de zancadas se fue dejándome solo en la sala de ese departamento. Escuché


un sonido fuerte detrás de la puerta por donde había desparecido, seguido de una
maldición bastante sonora y muchas palabras, que harían que Soobin se levantara de la
tumba dispuesto a lavarme la boca con lejía si llegaba a repetirlas.

Me quedé como una estatua en medio de tanta opulencia, mirando fijamente un retrato
de familia que adornaba una de las paredes de la sala, la mujer era hermosa; sus ojos
eran azules como un zafiro y el cabello rojo contrastaba con su pálida piel. Estaba
sentada en una silla con un pequeño de no más de cuatro años en sus piernas; detrás de
ella con un porte pícaro y galán, estaba un hombre—la sonrisa torcida era la misma que
tenía el cabrón—usaba su cabello negro engominado hacia atrás, lo hacía ver realmente
guapo y sus ojos eran dos esmeraldas; profundos y misteriosos, enmarcados por unas
largas y perfectas pestañas. Ellos eran una combinación perfecta, pude ver la
sensualidad de la mujer y el deseo voraz del hombre y me parecían tan familiares.

Era lo mismo que irradiaba Jeon Jungkook.

Me acerqué mucho más a la fotografía y una de mis manos quiso tocarla, y lo hubiese
hecho, de no ser porque el teléfono sonó justo a tiempo. Miré a ver si Jeon salía de
donde se hubiese metido, pero no lo hizo y, tras cuatro largos pitidos, se escuchó una
voz, esta vez era un hombre.

—Kook, hijo, sé que en este momento lo que menos deseas es hablar, pero no puedes
pretender que no intente hacerte entrar en razón, eres mi hijo, me preocupo por ti
tanto como si llevases mi sangre. Ven a casa. Rose y yo estamos preocupados por ti.

Me quedé meditando las palabras dichas por el hombre, eran profundas como si muy en
el fondo estuviera sufriendo. Sentí como cerraban una puerta, me giré y lo vi parado en
medio de un pequeño corredor. Decir que se veía guapo sería un insulto a su belleza;
Jeon no era humano, él era un mito, si... uno donde Narciso, Adonis y Príamo se
convierten en uno solo. Tenía unos pantalones hechos a su medida, muy elegantes y
perfectamente planchados; una camisa blanca que llevaba desabrochada en sus tres
primeros botones y el saco que hacía juego con el pantalón. Sin corbata, como lo había

visto en el restaurante.

—No hay nada más jodidamente gratificante que enfocarte en el deseo de una persona,
Taehyung... Justo como me estas mirando ahora me hace creer que, si insisto un poco
más, me atarás a la cama y me violarás—musitó con su sonrisa presumida, mientras se
colocaba las gafas negras.

—¿Te gusta el sado?—me había pillado en falta y tenía que desviar el tema.

—No, pero hay que probar de todo en la viña del Señor. Eso que veo en tus ojos se llama
de-se-o, Dulzura. Aunque lo niegues.

—Eres un maldito ególatra, ¿lo sabías?—enarqué una de mis cejas y crucé los brazos en
mi pecho.

—Te falto sexy y follable. ¿Nos vamos? Seokjin nos está esperando y ahora, es un
hombre ocupado y no podemos hacerle perder tiempo.

¿Ahora? ¿Qué quiso decir con eso?

Salimos del departamento y nos subimos al ascensor nuevamente, no sin que antes
Jungkook digitara la clave en su cerradura. Ninguno de los dos habló mientras
descendíamos hasta el coche, y una vez que estuvimos dentro de éste, el silencio se
volvió pesado, miré las manos de Jungkook y me encontré con un apósito cubriendo una
parte de su piel.

—Mientras te duchabas recibiste un mensaje en la contestadora, un hombre, supongo


que es tu padre, te llamo hijo

—le dije encogiéndome de hombros, él me miró de reojo, pero no pudo ocultar la línea
tensa en su boca y la rigidez que asumió su cuerpo—. No estaba chismorreando, el
teléfono sonó y al no levantar nadie el auricular, la llamada se ha ido a buzón y él ha
dejado un recado para ti.

—Seojoon es mi padre adoptivo, mis padres murieron cuando tenía nueve años.

—Parecía preocupado.

—No está de acuerdo con algunas decisiones que he tomado—su voz fue fría y cortante.
Encendió el auto—.

Debemos irnos, no me gusta hacer esperar a Seokjin.

En boca cerrada no entran moscas, Taehyung. Seojoon es su padre. Es mejor callar y


pasar como estúpido que hablar y decir estupideces.
El viaje en auto se me hizo eterno, Jungkook mantuvo su postura rígida durante el
camino, cuando llegamos a la cafetería mi estómago rabiaba de hambre, el muy puto, no
me había dejado desayunar en mi casa.

Un hombre alzó su mano, mostrándonos su ubicación. Jungkook sonrió—una sonrisa


sincera y hasta tierna—, tomó mi codo guiándome hacia el hombre que se había
levantado para el encuentro. ¡Joder, es precioso! A pesar que tenía un traje bastante
sencillo y su pelo rubio peinado hacia atrás, se veía radiante.

Cuando se quitó sus anteojos para saludarnos, pude ver sus ojos marrones y su luminosa
sonrisa. ¡Dios! Este hombre tiene tatuado en la frente un letrero gigante diciendo: "Sí,
estoy completamente satisfecho sexualmente" ¿Qué dirá mi cara?

Espero que no diga “Chico virgen”

—Ese sería el único hombre por el cual dejaría de ser quien soy —siseó Jungkook en mi
oído a escasos pasos de donde estaba el chico.

¡Qué cabrón! ¿Qué necesidad tenía de decírmelo? El vino al encuentro, Jungkook me


soltó para fundirse con él en un gran abrazo, en un eterno abrazo.

Sé cuándo sobro, así que me quedé de pie, a unos pasos, alejado de ellos.

Él abrazaba al hombre como si fuese un oasis en medio del desierto y él, se dejaba. Se
separaron, se besaron en las mejillas y se tocaron la cara suavemente. Parecían mucho
más que amigos.

¿Para esto insistió que viniera?,

¿para ver que también puede derramar miel en un hombre?

Carraspeé incómodo y ambos me miraron al mismo tiempo, acababa de interrumpir un


romántico reencuentro y esos dos deberían odiarme ¡tierra, ábrete y trágame! Debí
haber salido de su zona de influencia cuando estaban entretenidos enrollándose el uno
con el otro.

—¿Es él, el chico?—preguntó el rubio mirando a Jungkook y luego me dio un repaso.


Tenía puestos mis zapatos con plataforma de goma, un pantalon negro, con una camisa
blanca y un chaleco.

—Hola—me ajusté mis anteojos.

—Mucho gusto. Kim Seokjin

—el chico extendió su mano, llámame Jin.

—Kim Taehyung—dije, apretando su mano.

Los tres nos sentamos en la mesa, el mesero llegó y tomó nuestras órdenes; más bien, la
de ellos: dos pastelitos de arándanos—los favoritos del hijo de puta—y dos mocca
descafeinado. Y, la mía, té negro y pie de manzana.

—Estás bellísimo—dijo con un suave y falso acento italiano.


—Grazie —el sí que lo pronunció perfecto.

—¡Cuatro años!—dijo mirándolo idiotizado.

—Casi nada —él lo miró con ternura.

—¿Cómo están Tormenta y Grifito? —ahora, sonrió de una manera diferente.

—Haneul es hermosa, demasiado consentida por Namjoon y Woojin, sigue creciendo, él


se parece mucho más a mí.

—¡Alabado sea Buda y todos los dioses!—Jungkook gesticuló y sonrió.

—Tú sigues tan gracioso —le guiñó un ojo.

—¿Te quedarás mucho tiempo?— tomó sus manos sobre la mesa y las apretó
cariñosamente.

Y, yo ¿qué hago aquí? ¿Me consigo un puto violín o tiro pétalos de rosas?

—Lo lamento, Kook, pero solo vinimos porque en unos días será la inauguración del
proyecto de Namjoon, sabes que él odia esta ciudad—el se puso serio.

—De todas maneras, tú deberías venir más seguido.

—Sabes que mis obligaciones no me permiten hacerlo, mi lugar es donde Namjoon esté,
sea en casa o en cualquiera de sus viajes. Antes, era más sencillo porque los niños
estaban pequeños pero, Haneul va cumplir diez años y Woojin dos; es difícil dejarlos
solos aunque Jennie y Yeri se hagan cargo de ellos cuando estamos fuera.

—Namjoon, Namjoon—negaba, moviendo su cabeza.

—Tú, más que nadie, sabes cómo es.

—Figlio di Puttana—comentó, con fastidio.

El burro hablando de orejas. ¡Estoy aquí, idiota! ¿A esto me trajiste, a ver cómo babeas
por un hombre? ¿Un hombre casado? No entiendo.

—Me alegra mucho que estés aquí. Ese maldito te mantiene como un prisionero —siseó,
aún fastidiado.

—Recuerda que le pertenezco, soy su esclavo. Esa es la vida que elegí, Jungkook.

Con esa frase entendí perfectamente que rol asumía Jin.

El mesero llegó con nuestro pedido y cada uno tomó sus platos en silencio, estaba
pensado seriamente en irme apenas acabara mi desayuno, me hubiese gustado que Jimin
estuviese aquí.

—A veces pienso que debí insistir un poco más.

¿Dónde estaba el cabrón arrogante hijo de puta que había conocido estos días? El
hombre que está aquí es un puto adolescente hablando con su amor imposible.
—Aunque hubieses insistido siglos — dijo el con voz suave—, mi destino era Namjoon.

—¿Te ha vuelto a maltratar?— preguntó él mirándolo, su voz fue un susurro, el negó

—Namjoon no me maltrata, Kook— dijo el—¿Por qué siempre que nos vemos tenemos que
discutir sobre lo mismo? Te lo he dicho infinidades de veces; además yo no estoy aquí
para hablar de Namjoon. Estoy aquí para saludar a mi amigo y para ayudar a un chico—
sonrió.

¡Al fin me hice visible!

—Cuéntame, Taehyung, ¿cómo va ese libro que, según mi amigo, no eres capaz de
escribir sin su ayuda?— Jungkook me mostró toda su blanca dentadura, antes de llevar
un pastelillo a su boca... ¡será cabrón!

—Su amigo tiene el ego muy grande —le sonreí—y por favor, dime Tae. Sí, soy escritor y
la editorial para la que trabajo me ha solicitado escribir un libro "erótico”

—¿Ya definiste a los personajes? En esas historias, el chico es muy importante ¿Cuál es
tu chico perfecto?

—Uno como yo, claro está— Jungkook subió sus cejas sugestivamente y Seokjin volvió a

sonreír. —Dios, ¿hay espacio suficiente para tu ego en este lugar? No hay necesidad de
hacer nada para enaltecerte... tú haces ese trabajo solito—le acotó y luego se dirigió a
mí—. El tipo debe ser un mismo ángel caído, fuerte, musculoso y con un miembro de
infarto.

—¿Lees mucho libros de este tipo?— el negó

—Yo vivo mi propia novela y Namjoon es el personaje principal. Ninguno de los dos hizo
caso del mal educado bufido de Jungkook.

—¿Me contarás tu vida?—¡Joder! Esto es mucho más de lo que esperaba.

—¡Noo! Namjoon es hermético con nuestro estilo de vida; sinceramente, si se entera de


que he ventilado algo de nuestra intimidad, tendría un castigo. Placentero para ambos,
pero castigo al final—rió—. Mi amigo, aquí presente,me pidió el favor y yo me arriesgo a
ello.

—Y después me preguntas por qué te amo—Jungkook sonrió.

—¡Kokk! —el le enseñó su dedo con la alianza dorada.

—Esa baratija no impide nada. Si se hubiese demorado seis meses más, no estarías junto
a él.

—Necesito que te vayas, adulador — dijo el rubio.

—¿A dónde?

—¿Qué tal a la punta del cerro? ¡Já!.

—No sé, ve a dar una vuelta por ahí. Voy a hablar con Tae y necesito estar a
solas.

—Jin, conozco tu historia con el bastardo—bufó recostándose en su silla mientras


cruzaba los brazos en su pecho.

—Hay cosas que es mejor hablarlas a solas—sentenció.

—No sé, yo pienso que...

—Danos...—miró su reloj—treinta minutos y regresas —él lo miró con una ceja


arqueada—¡Es para hoy, Jungkook!

No muy contento con la idea Jungkook corrió su silla y se levantó visiblemente


disgustado. Cuando estuvo suficientemente lejos, Seokjin fijo sus oscuros ojos en los
míos.

—Necesito saber que te ha dicho Jungkook de mí —me dijo en voz baja.

—El Doctor Jeon me dijo que habías sido un sumiso —el chico rió, un sonrojo cubrió su
rostro.

—Había sido, no. Soy un sumiso— declaró dejándome sorprendido, antes de empezarme
a contar, sin muchos detalles, la forma en cómo él y su esposo se habían conocido.

—Entonces, ¿tu esposo te contrató y ahora es tu amo?—intenté entender.

—Namjoon es mi dueño. Mi vida y mi corazón le pertenecen. Nosotros no tenemos


palabra de seguridad, o bueno, sí la tenemos, pero es solo para cuando él hace cosas que
yo no puedo soportar, esa palabra nos recuerda qué somos en realidad.

—¿Puedo saber cuál es esa palabra?

—pregunté. Sí, lo sabía, me estaba pasando de metiche, pero quería saber hasta dónde
podía confiar.

—Amor-respondió él con simplicidad.

—¿Amor?—ahora sí estaba confundido.

—Namjoon no creía en el amor, esa fue su palabra de seguridad cuando comenzamos y yo


decidí que siguiera siéndolo, nos hace recordar porque estamos juntos. Nos amamos más
allá de nuestro estilo de vida. Porque eso es la dominación y la sumisión, Taehyung, un
estilo de vida.

—¿Eres feliz?—tenía que preguntar.

—Absolutamente. Lo mejor que me ha pasado en la vida fue firmar el contrato que Kim
Namjoon me ofreció una noche. Gracias a eso, tengo dos hijos hermosos, un esposo que
me quiere. Nam puede llegar a ser muy cruel e hiriente si se lo propone, me hizo llorar
mucho, no te lo voy a negar, pero cada obstáculo que vencimos fueron ladrillos que nos
ayudaron a construir lo que somos. El sexo es lo más alucinante y perfecto del mundo,
pero ten presente algo: el sexo difícilmente se trata solo de sexo, siempre hay algo más,
tienes que dejar entrever eso en el libro — finalizó, sonriendo.
Durante los siguientes minutos Seokjin me habló de la sumisión y de cómo se convirtió
en su forma de vida.

—Es asombroso la manera en como un contrato se convirtió en una historia de amor,


¿Has pensado en alguna vez compartirla? Podrías escribirla.

—Nunca había pensado en eso, además no creo que mi amo le guste mucho la idea—me
dio una pequeña sonrisa.

—Tienes una gran historia ahí. La aparición de Jungkook interrumpió nuestro diálogo,
caminaba hacia nosotras algo pesado, a medida que se acercaba notamos de inmediato
que algo ocurría, él se levantó inmediatamente.

—¿Estás bien?—inquirió preocupado cuando él llegó hasta la mesa desplomándose en la


silla, volvió a sonreírle solo que esta vez, su sonrisa era falsa, tan falsa como la de la
mañana en mi departamento.

—Lo estoy, comí una pizza en mal estado ayer—me miró, yo lo miré y no pude evitar
sentir preocupación, tenía la frente perlada en sudor y su rostro estaba tan pálido como
en la mañana—

¿Han terminado de hablar?

—Sí y ya me voy. Namjoon viene en camino—sacó de su billetera una tarjeta—. Tae,


estos son mis números, estaré pocos días aquí pero si necesitas hablar, llámame.

—Gracias.

—No te aseguro nada, pero trataré que Nam comparta su experiencia. Si no, conozco a
otra persona que podría ayudarte. No te dejaré solo, conmigo puedes tener la certeza
que te ayudaré en todo lo que necesites—me dio un beso en la mejilla. Le dio un gran
abrazo a Jungkook y caminó hacia la puerta, todo en él irradiaba seguridad. La puerta de
la cafetería se abrió y un hombre alto, rubio y esbelto entró, lo tomó de la cintura y lo
besó. Así que aquel era el marido. En palabras de Jimin, sería: un tipo buenísimo que no
dice hola, dice ¡vamos a la cama! En palabras de Jin, un ángel caído, fuerte, musculoso y
con un miembro de infarto.

¿Dominante? No parece ser un hombre al que le guste el látigo. Jungkook tocó mi


hombro pasándome una servilleta, lo miré sin entender.

—Vas a causar un accidente por la saliva ¡sécate!—no me habló en tono de chiste—¿Es


costumbre tuya desnudar hombres con la mirada?—más bien, parecía enfadado.

¿Estaba reclamándome algo? —Tendría que ser muy ciega para no mirar a ese ejemplar y
créeme, no lo soy —lo piqué—. Sé reconocer cuando un hombre es realmente
interesante—su entrecejo se frunció y me fulminó con la mirada—¡Gracias por todo!, nos
vemos. Le tiré un beso volado y salí de ahí, no sin antes dejar el pago por mi té y mi
tarta. Él se quedó sentado a la mesa, masajeando su sien, por un segundo, casi me
devuelvo a ver si aún se sentía mal. Pero, no, sacó su celular del bolsillo y lo vi hablar con
alguien, animadamente. Detuve un taxi y me fui a hablar con el señor Chanyeol por el
permiso de Yeon. Si Jeon Jungkook se sentía mal o bien, era su problema. A fin de
cuentas, ¿quién lo había mandado a ser un cerdo y comerse toda mi pizza anoche? Yo
tenía que conseguir que mi hermano saliera, no hacer de enfermero del WikiSex.

Media hora después, me sentía contento, no solo tenía una idea para el libro sino que
además, había conseguido el permiso para Yeon y tenía a alguien que me contaría en
primera persona lo que era la dominación. Al final, el idiota Doctor Sex sí me ayudaría
con mi libro. Claro, no como él quería, “dispuesto a sus deseos cuando, donde y a la hora
que él quisiera” si no que a través de Jin. ¡Já! El me dio su tarjeta y la promesa que no
me dejaría sin su ayuda.

Con ánimos renovados, detuve un nuevo taxi y me fui a Lee Editores. Cuando llegué, Min-
ho y sus hermanos estaban esperándome en la sala de juntas

junto con Hoseok y Jimin.

—Entonces, querido Taehyung— Min-ho me miró con sus ojos brillantes—, Hoseok me ha
dicho que has concretado la idea de nuestro nuevo número uno— sonrió mostrándome la
hilera de sus recién blanqueados dientes.

Lee Min-ho era un ser mezquino, una maldita rata que tenía en sus pupilas el símbolo del
dinero, pero fue el único que me abrió las puertas y no me quejo.

—He desarrollado algo, señor Lee, aún falta pulir unas ideas sobre cómo será la trama.
He estado investigando y esta mañana, tuve una reunión con un chico que tiene una
historia muy interesante.

—Taehyung, sabes que nadie debe ayudarte con esto—unió sus manos apoyando sus
codos sobre la mesa—. Están en juegos muchos millones y no queremos compartirlos con
nadie.

—Señor Lee, he leído el contrato. Es el tercer libro que escribo para su Editorial, no
debe recordármelo —me molestaba que me repitieran las cosas como si fuera un niño
pequeño.

—La reunión que Tae tuvo con este chico es más bien informativa—explicó Hoseok
interrumpiéndome y dándome una mirada reprobatoria—. Nadie va a tener más
reconocimiento que Taehyung o esta Editorial.

—¿Qué dice el departamento jurídico?—preguntó a la mesa.

—A lo más, nombre de pila en los agradecimientos.

—¡Bien! Ahora, lo importante ¿cómo va el libro, querido Tae?

¡Mierda, Tae! te dedicas a discutir con Jungkook y te olvidas del libro. Inhala Tae,
inventa algo. Exhala, Tae.
—Una idea impuesta y que obedezca solo un interés comercial no puede ser trabajada
sin investigar bien el tema — clavé mi mirada en Hoseok— digo, si le interesa un Best
Seller.

—Y, ¿cómo va la investigación? —Ya hizo las primeras notas, tiene el bosquejo de la idea,
estamos en contacto con el mejor especialista. Creo que en quince días estará en
condiciones de presentarte el esbozo del primer capítulo.

—¡Magnífica idea! Hoseok, por eso eres uno de mis mejores editores — Min-ho volvió a
sonreír—. En quince días nos reuniremos, ya quiero tener en mis manos el borrador de tu
primer capítulo, Tae.

Miré a Hoseok con deseos de asesinarlo, ni cuando salíamos de la oficina se me quitaron


las ganas; en mi mente, enterraba una daga directo en su corazón, mientras bailaba
alrededor de su cadáver.

—Mátame si quieres, pero no es mi culpa—habló Hoseok cuando estuvimos fuera del


edificio.

—¿No?

—¿Qué esperabas? Sé que apenas estás formando una vaga idea para el libro, ¿qué ibas
a decirle? Fue lo único que se me ocurrió.

Silencio.

Si abría mi boca, no iban a salir precisamente flores.

—Maldita sea, Taehyung, ¡di algo!

—Hoseok se detuvo y me agarró por los hombros.

No dije nada, solo lo miré a la cara.

—¡Habla, joder!

—¿Qué quieres que te diga?—le dije sin expresión alguna.

—Algo así como “gracias por ganar tiempo con Min-ho”.

—Muy bien: te aplaudo por tu proeza, Hoseok—me zafé de su agarre.

—¡Hey...! Escucha—volvió a tomarme de los hombros—. Te ayudaré.

—No me digas... ¿Vas a escribir el libro por mí?—ironicé—. Porque si no es así, no sé en


qué me vas a poder ayudar —terminé molesto.

—Aún puedo hablar con Choi.

—No quiero la ayuda de tu amiguito

—murmuré hastiado.
—¿Qué fue lo que realmente pasó en el restaurante?—exclamó—Si algo ama mi amigo en
esta vida es su jodida presencia impecable y tú, le remojaste en vino tinto su traje. Eso
no se le hace a Choi Jungkook.

—¿Choi o Jeon?—pregunté confundido.

—Su apellido es Choi, Choi Jungkook, pero fue adoptado por el Doctor Jeon Seojoon
Cuando era un niño juntó los dos apellidos Jeon-Choi, aunque a veces se presenta como
Jeon, en fin eso no nos importa—se acercó a mi agarrando mis manos—, lo que quiero
que sepas es que estoy contigo. Si tengo que vestirme como una jodida animadora lo
haré. Voy a estar contigo siempre, precioso—acarició mi rostro

—. Hasta que tú me des una patada en el culo —sonrió y lo abracé.

—Me pusiste en aprieto—me peiné el cabello con las manos.

—Ya verás que no ¿Por qué no vamos a mi casa? Jisoo estará feliz de cocinar para
ambos. Hablaremos tranquilamente del tema —le sonreí y juntos caminamos hacia su
auto— ¿Dónde está Mickey?

—Vine en taxi—me encogí de hombros, no queriendo dar más explicaciones. Hoseok


enarcó una de sus cejas antes de abrir mi puerta.

Era tarde cuando salí de casa de Hoseok, me sentía mucho más tranquilo y relajado,
dispuesto a trabajar en mi libro, mi amigo me prestó su carro así que me programaba
para estar pronto en casa. Dudé en entrar en el elevador, casi siempre me encontraba
aquí con Jungkook, miré las escaleras, pero al final, dejé la cobardía a un lado y oprimí el
botón. Expulsé todo el aire que tenía retenido cuando el elevador llegó vacío, comprobé
la hora: veintitrés y cuarenta y cinco. El cabrón estaba en el programa, no tendría
ninguna sorpresa desagradable. Bajé hasta el primer sótano y ubiqué rápidamente donde
estaba el auto de Hoseok, desactivé la alarma, no terminaba de abrir la puerta cuando
sentí como me agarraban fuertemente del brazo.

¡Santo Joder! ¿Un asalto? ¡¿Qué?!

¿No iba a poder venir más a este puto edificio?

Me giré para verle la cara al hijo de puta que me estaba deteniendo. Lo que vi me dejo
fría, él, Jeon Choi Jungkook, se veía mucho peor que por la mañana su rostro estaba
demacrado y unas grandes ojeras se situaban debajo de sus ojos, su mirada captó la mía
por unos segundos y respiró profundamente.

—Te vas—su voz fue suave y grave.

—¿Podrías soltarme?—tiré mi brazo bruscamente, zafándome de su amarre— me diste


un susto de muerte.

Había recuperado el color ¿sería la luz del estacionamiento?

—Cumplí con lo que te prometí— volvió a su actitud de macho—, cumple tu parte—sus


manos me encerraron entre el auto y su cuerpo.
—¿Hice un trato contigo? Yo solo quería sacarte de mi casa.

—¡Maldición!—gritó golpeando el coche con sus dos manos.

—Te agradezco que me presentaras a tu amigo.

—No es lo mismo lo que él te pueda comentar, a lo que yo pueda enseñarte—tomó su


cabeza con sus dos manos corriendo su cabello hacia detrás

—. El tiempo apremia, ¡¿por qué no aceptas de una puta vez?!

¿Cómo sabe que Lee me dio una fecha? Obvio, Hoseok.

—No me interesa tu maldita propuesta. ¡¿Cómo diablos quieres que te lo haga saber?!—
tensé mi cuerpo y dejé caer mi brazos—. Suéltame ahora mismo o, te juro...

No terminé de hablar, me interrumpió como mejor lo sabía hacer: sometiendo mis labios
a los suyos y haciendo que mi boxer temblara. La respiración se me quedó trabada y el
corazón latía desbocado como un río sin cause. Su beso era rabioso, salvaje, exquisito,
jodidamente placentero... ¡Dios! Jungkook, mordisqueó mis labios, su lengua invadió mi
boca sometiendo la mía a su santa voluntad. No me tocaba, solo eran sus labios fieros y
demandantes obligando a mi cuerpo a sus deseos, nublando mi mente en una nebulosa de
lujuria desenfrenada; sentía mis huesos ablandarse, mi piel... ¿Ceder ante un hombre
como Jeon Jungkook?, la respuesta era clara: NO, yo no era un cualquiera. Lo empujé
con toda mi fuerza y mi mano impactó fuertemente en su cara.

—¡Deja de tratarme como un fulano! —grité enojado— ¡No te pertenezco!,

¡no soy una de las chicas o chicos que sueltan las bragas por ti!—lo piqué con mi índice en
su pecho—no acepto tu maldita propuesta y por favor, mantente alejado de mí, ¡maldito
acosador!—grité con todas mis fuerzas, los ojos de Jungkook se llenaron de ira.

—¡Perfecto!—gritó con voz gutural mientras golpeaba de nuevo sus dos manos contra el
auto y acercaba su rostro al mío—. Me alejaré de ti, no te buscaré, no te acosaré y me
olvidaré de que existes—las aletas de su nariz se dilataban a medida que hablaba y la
vena que estaba en su frente, sobresalía aún con su ceño fruncido—¡Eres peor que una
maldita pesadilla!

—¡Por fin entendió, el señor!—si yo era una maldita pesadilla, él no estaba mejor.

—Pero, tú vendrás a mí, Kim Taehyung. Solo espero que estemos a tiempo.

Me dio una mirada furiosa antes de alejarse de mí, caminando en dirección al elevador.
Me acomodé el cabello lo mejor que pude antes de subirme al coche, dejando que mi
cabeza golpeara contra el volante.

¡Qué se creía ese hijo de puta!

Di un largo suspiro antes de encender el coche. El día de mañana traería cosas nuevas y
si Jeon Jungkook se acercaba a mi otra vez, iría con las autoridades y le interpondría
una orden de alejamiento.
CAPÍTULO 7

—Tienes una cara horrible —Yeon se subió al coche.

—Bueno, tú estás precioso —sonreí.

No había dormido en toda la noche pensando las últimas palabras de Jungkook y lo


menos que quería era discutir.

—Gracias por el permiso, me hubiese vuelto loco si no hubiera podido salir hoy.

—No fue nada, Yeon contesté arrancando el coche— ¿Tienes dinero? —el me miró
enarcando una ceja—. Para las flores—murmuré mientras avanzaba.

—Ni para flores, ni para nada—dijo, mirando la calle.

Afortunadamente, no había tráfico y llegar al Marble Cementery fue rápido a pesar de


lo lejos que nos encontrábamos, aparqué el coche y saqué de mi billetera varios dólares

—Compra flores.

—¿No vienes?—negué. Hwasa era inexistente en mi vida cuando aún vivía, no tenía que
estar presente después de muerta.

—Ve tú, no te demores mucho. Tienes solo un par de horas y me gustaría que
comiéramos algo juntos antes de dejarte en el Instituto—Yeon no dijo nada, pero azotó
la puerta mostrando su desagrado por no haberlo acompañado.

Lo vi llegar al puesto de flores y tomar un ramo antes de entrar. Trasladar los restos de
Hwasa y su marido hasta Corea había sido un proceso largo pero supuse que sería mejor
para Yeon que ellos estuviesen cerca de donde el se radicaba ahora.

Salí del coche y me apoyé en la puerta, saqué el IPod del bolsillo de mis jeans releyendo
lo poco que había escrito ayer.

Atada a ti

Capítulo 1

Había huido de casa, tomado dos mudas de ropa y todos sus ahorros. Un padrastro
alcohólico y una madre que no se preocupaba por ella. Salir de Utah a la gran
ciudad; labrarse su camino y no saber nada de nadie. Dejar de ser Danielle para
empezar a ser una chica, sin ataduras, sin miedo, sin culpas.
El celular sonó en mis manos, era un número privado. Suspiré de alivio cuando vi que no
era Doctor Sex.

—¿Taehyung—la voz del chico sonaba ansiosa—. Soy Jin, ¿me recuerdas?

—Claro, el amigo de Jungkook, dime Seokjin ¿en qué puedo ayudarte?

—Te llamo porque tengo una buena noticia para tu libro.

—¡Oh! ¡Genial!

—Estuve hablando con el amigo que te comenté. Fue algo difícil, pero accedió a verte.
¿Sabes dónde queda el restaurante Barbetta?—no sabía, pero el GPS hacía milagros en
estos días.

—Puedo llegar.

—Muy bien. Entonces, nos vemos en una hora.

—¿Podría ser en dos? Vi la hora en mi reloj de pulsera. Yeon, acababa de entrar al


cementerio.

—No, lo siento. Onew sale de viaje en un par de horas y no vuelve hasta finales de mes.

—Una hora. En una hora estaré con ustedes. Lo siento Yeon.

Guardé lo que había escrito y suspiré. Odiaba los cementerios, esa era una de las
razones por la cual las cenizas de Soobin habían sido tiradas en el Lago Han, para mí
eran receptáculos de todas las tristezas del mundo y no deberían existir, así que apuré
el paso, las tumbas de Hwasa y Jackson estaban a la vista, pude ver a Yeon colocando
flores ¿Rosas? pensé que una mujer como Hwasa le hubiesen gustado otro tipo de
flores, tomé aire y caminé los pasos que nos alejaban.

—Tenemos que irnos—le dije, sin rodeos.

Él alzó la cabeza, su mirada fue incrédula.

—Acabamos de llegar—murmuró, acariciando la lápida donde estaba grabado el nombre


de Hwasa. —Surgió un contratiempo y debo estar en un lugar en una hora. Tengo que
llevarte al Internado, a no ser que quieras ir conmigo.

—¡No! Yo quiero quedarme, vete con tu contratiempo, después me puedes venir a buscar.

Suspiré hondo.

—Yeonjun, no voy a dejarte aquí, tengo que llevarte al...

—¡Eres malo!—gritó el—. ¡Si mi madre no te importa, a mí sí! No te necesito, Taehyung,


puedes largarte si quieres. Yo puedo encontrar a alguien que me lleve al Internado.

—No te dejare aquí—respondí cortante—. Me están esperando y...


—¡Me importa una mierda!—gritó levantándose—. Ya te dije que no me iré. Hace quince
minutos que llegué, que llegamos... ¡Por Dios, Tae, es nuestra madre!

—¡No! ¡Ella fue tu madre! Para mí, solo fue el horno que me incubó durante nueve
malditos meses, así que no me jodas. Tengo una reunión urgente de trabajo y no voy a
faltar por un jodido berrinche tuyo, así que mueve tu culo— mostré las lápidas y las
flores—esto tendrá que ser para otro día.

Lo siguiente que sentí fue el fuerte empujón que mi hermano me dio, antes de salir
corriendo fuera del cementerio.

¡Joder!, ¡joder!, ¡joder!. ¿Cómo un día tan lindo se convirtió en una mierda?

—¡Yeon, espera!—grité yendo tras el.

—. ¡Yeon!

—¡Reconoce que me odias! Odias el hecho que mi madre me haya elegido a mí.

—¡Eso no es cierto! No te odio— pasé las manos por mis cabellos—. Mira, esto es difícil
para los dos... toda mi vida he estado solo, si ella te prefirió a ti y a tu padre, bien. Pero
a ti, no te odio.

—Yo sí te odio.

—Genial, todos tenemos que odiar a alguien en un momento de nuestra vida. Créeme, ya
pasé por eso. Ahora, nos vamos, tengo trabajo que hacer—dije, cortando la discusión.

Llegamos al auto y Yeon se sentó en la parte de atrás. Por el retrovisor pude ver cómo
gruesas lágrimas descendían de sus mejillas, pero las ignoré lo mejor que pude.

—Voy a reunirme con unos colegas y luego, te llevaré al Instituto—dije sin mirarlo.

—Llévame al Instituto, no me interesa estar contigo un minuto más—dijo con voz ronca
por el llanto, tomé mi celular y busqué la dirección del restaurante y la coloqué en el
GPS.

Lo dejaría calmarse un poco antes de intentar razonar con el.

Conduje a la velocidad permitida hasta llegar al Internado y respiré fuertemente antes


de intentar hablar una vez detuve el coche.

—Yeon, yo...

—No quiero saber nada de ti, no vengas, no me llames, me quedaré interno a partir de
ahora. Al menos, las novicias se llevan mejor conmigo— salió del auto no sin antes cerrar
con un tremendo portazo. Al parecer era especialista en ello, tomé aire nuevamente, ya
hablaría con Yeon en otro momento.

Retomé mi camino por las calles guiándome por el GPS y tratando de concentrarme en mi
libro y no en la nueva discusión que había tenido con mi hermano. Al llegar al restaurante
miré mi ropa de vestir, jeans, botas , una playera blanca y una boina. Sí, estaba bien
para el lugar de la cita. Salí del auto, le di la llave de mi precioso bebé al valet y caminé
hasta la entrada.

En la puerta, Jin se despedía del mismo Adonis que lo había ido a buscar ayer. El, otra
vez, me transmitía la idea de un planeta gravitando en torno a su estrella. La forma en
que él lo observaba—con fuego y lujuria—era sorprendente, era como si fuese capaz de
ponerse frente una bala por el; sí, parecían un sistema planetario de dos; cuando se
miraban, nadie más existía. El hombre dio un beso asfixiante a mi nuevo amigo para
despedirse, y luego pasó por mi lado y a modo de saludo, asintió levemente. Jin sacó un
espejo de su bolso y se puso brillo labial.

—Eso fue... sin palabras—le dije sin saber que decir.

—¿Ves porque ese es el hombre de mi vida?—el arqueó una ceja y yo sonreí.

—¿Y tu amigo?—pregunté al no ver a nadie más.

—Está un poco retrasado, pero no tarda —murmuró Jin—. ¿Pudiste empezar a escribir
algo?

—Sí, anoche empecé la sinopsis y esta mañana, he comenzado el primer capítulo. Como
verás, me ayudó mucho lo que me contaste ayer, muchas gracias.

—Las gracias debes dárselas a Jungkook, el me pidió el favor,Nam no sabe que te estoy
ayudando, cree que nos juntamos porque me firmarás tus libros —me mostró mis dos
novelas—. No estaremos mucho tiempo aquí, solo hasta la inauguración del hotel y creo
que nos iremos tan pronto finalice el evento.

—Creo haberle dado las gracias al Doctor Jeon—sacudí mi cabeza para borrar la imagen
de la cara de Jungkook, anoche, en el estacionamiento.

—Estuve hablando con él, ayer. Me quedé preocupado por cómo lo dejamos en la mañana.

—Comió pizza y al parecer le cayó mal, lo raro es que yo comí de la misma...

—¿Tienes algún tipo de relación con Jungkook?—preguntó, curioso, mientras el mesero


nos entregaba las cartas.

Miré el menú—¿Y bien?— volvió a preguntar, interesado—, ¿tienes algo con Kookie?

—No. Solo somos conocidos —dije, sacándolo de su error.

¡Já! El tipo ese quería follarme porque soy el primero en decirle no.

—Parecía muy interesado en que tú y yo nos viésemos, cuando habló conmigo —lo vi alzar
la mano—.

¡Onew, aquí!

—Un hombre alto, imponente y de ojos azules llegó hasta donde estábamos. ¡Dios mío,
había visto más hombres hermosos en dos días que en mis veinticinco años de vida!

—Shin Seokjin—dijo adulador, el hombre antes de sentarse con nosotros.


—Es Kim...—respondió él con gracia.

—Kim Seokjin , ¿cómo está él?—dijo, coqueto.

Sin duda, este hombre era el más guapo y varonil que mis ojos habían tenido el fortunio
de ver, después del esposo de Jin, Hoseok y de…Jeon Jungkook.

—Trabajando como bestia para irse lo más pronto posible a Milán, ya sabes que poco
soporta este Pais—sonrió.

—No me extraña.

Y, otra vez, Tae queda relegado, tocando el violín en un rincón.

—¡Oh, perdón! Onew, el es Kim Taehyung.

—¿El escritor?—el hombre me ofreció su mano y se la estreché durante unos segundos,


viéndolo de cerca.

—Mucho gusto—el hombre de cerca era aún mucho más guapo. ¡Dios!, parecía un ángel
salido del infierno… porque dudo que los ángeles del cielo se vean tan violables como
este.

—Y bien, ¿en qué puedo servirles?

—Tae está escribiendo un libro erótico—el hombre enarcó una ceja—.No me mires así
Onew, el solo quiere que le contemos nuestra experiencia. Puedo hablar como sumiso,
pero no como dominante —torció la boca.

—Y pretendes que yo le cuente la otra cara de la moneda —arqueó una ceja en

dirección a Seokjin.

—¡Exacto! Tae tiene una mala idea acerca de la dominación, no podemos dejarlo en el
error, ¿Quién mejor que tú para ayudarlo?—parecía poco convencido.

—Usted no sería el personaje… claro, aunque sería perfecto, es... es perfecto—genial,


ahora era un patético tartamudo.

—¿Eh?

—Quiero decir, usted me describe todas las prácticas y el sentido que tiene hacerlas.

—¿Todas las prácticas?—me levantó su ceja izquierda.

—¡Cuénteme lo que usted quiera!— zanjé el tema.

Sí, parezco tonto. Tierra, ¡ábrete y escúpeme en la Patagonia!

—Mmm...—el tipo se veía indeciso

—. Chico, soy un hombre casado, felizmente casado, con dos hijos aún pequeños y el
renombre de una empresa a mi espalda. Y aunque ya no practico la dominación, si alguien
se enterara de mis antiguos gustos, sería un buen festín para las revistas de cotilleo.
—Le prometo que no lo meteré en problemas—aseguré rápidamente—, yo necesito una
fuente directa, por ninguna parte aparecerá su nombre... es más, ¡ni me acuerdo como se
llama!—debía verme desesperada.

—Parece que se te va la vida en esto—sonrió.

—De verdad necesito de su ayuda, tengo curiosidad sobre la dominación y no quiero


cometer los errores de Mr. Black, ¿quién mejor que un dominante para asistirme en esa
tarea?

La reunión con el Doctor Onew y Jin me había caído de maravillas y fue muy productiva.
Sentía que ya tenía toda la información, los dos me habían dado más de lo que podía
imaginar, el amigo de Jungkook me había hablado con la voz de la experiencia y el bello
Onew, aunque no me había contado de su vida, me dio una larga plática acerca de la
dominación con todos sus pros y sus contras. Después, me ofreció sus servicios como
Ginecologo ¿dos por uno? ¡Qué tarde más fructífera!

Hacía casi dos semanas que no sabía nada del cabrón y no podía negar que lo extrañaba.
En solo tres días, el maldito se había metido en mis pensamientos y además, ¿a qué chico
no le atrae el hecho que uno de los hombres más sexys de Corea quisiera con él? No
había ido más al edificio de Hoseok porque era un cobarde y no quería encontrármelo. Y
con Yeon, las cosas estaban igual. Miento, estaban peor. Hoseok había dicho que era una
pataleta más pero, en el fondo, sabía que mi hermano estaba dolido por lo ocurrido esa
tarde en el cementerio.

Ya era más de medianoche, estaba sentado en el computador, fui a la cocina por una
cubeta más de hielo y me senté en la mesa del comedor.

Se sentía sexualmente atraída por el aura oscura que ese hombre emitía, era su
caminar felino, su sonrisa torcida, ese cabello alborotado y sexy; negro como la
noche. Un fuego que prometía quemarla viva si se acercaba a él.

Esperen, ¿negro? Caleb era de cabello rubio. Borré esa parte sin poder evitar pensar en
Jeon. Resignado, caminé hasta el equipo de sonido buscando la emisora hasta llegar a su
aterciopelada voz.

—Estamos en “Hablamos de Sexo”, esta noche: “Sexo en lugares públicos”. Hay personas
para las que no hay nada más erótico que alguien pueda verlas mientras demuestran toda
la pasión a su pareja. Puede tratarse de excéntricos personajes que se exhiben
encapsulados en un pequeño habitáculo transparente o colgado de una grúa para poder
ser observados por transeúntes, como sucedió hace unos meses en Alemania.

—No importa si el frío te está comiendo el culo—se escuchó la suave voz de Mina.

—Creo que en esos momentos, el frío es lo de menos. Cuando de tener sexo se trata, no
importa la temperatura o el lugar; simplemente está el deseo y las ganas de entregarse.
—Como los amantes de McDonald ́s en el Reino Unido—habló Mina.

—Exacto, un vagón del tren, una cabina telefónica, el baño de una disco, el balcón de un
apartamento… cualquier lugar es bueno cuando la pasión arremete—algo así como un
estacionamiento, pensé para mí mismo—. Ahora los dejamos con "Gothic Erotic", a
petición de Diana, que se comunicó por interno.

Les invitamos a contarnos sus experiencias, sus vivencias o si han visto algún
espectáculo de estos. La música empezó a sonar, fuerte, erótica y demasiado perversa.
Tal cual como había podido apreciar cuando visité el programa unas semanas atrás. Peiné
mis cabellos hacia atrás y tomé el último cubo de hielo que me quedaba. Bogum iba a
matarme, en lo que va de la noche ya había tomado dos cubetas completas de hielo.

Danielle y Caleb. Hasta ahora, llevaba avanzado el primer capítulo, pero aún no me
tocaba el primer párrafo sexual, estaba dándole vueltas y vueltas. Me entretuve
escuchando la música y moviendo mi cabeza al compás de la canción. ¡Cristo, necesitaba
un trago! Fui hasta mi pequeño bar y me serví una copa de vino tinto, mientras la canción
seguía taladrándome los oídos. La música acabó y una tanda de publicidad para los
patrocinadores del programa se escuchó. Terminé mi copa de un trago y me quedé
mirando como tonto la pantalla del computador, hasta que escuché su suave voz
nuevamente.

—Abrimos nuestras líneas para ustedes. Cuéntenos sus aventuras, abran su mente para
lo considerado inmoral —se escuchó una pequeña risita e inmediatamente me vi en el
estudio mientras él sonreía y giraba en su silla.

—El erótico Doctor Sex está aquí así que ¡Llamen!

—Díganme, ¿cuál es su más oculta fantasía?—el ring ring de un teléfono antiguo se


escuchó—. Doctor Sex al habla, ¿con quién tengo el gusto?

—Hola Doctor Sex, mi nombre es Angie.

—Hola Ang, puedo llamarte así,¿no?

—Tú puedes llamarme como quieras, papacito.

Ok, otra chica fan braga suelta, otra loca de la comarca. Revolví mis cabellos y seguí
escuchando.

—Ok Ang, ¿algún lugar prohibido donde hayas tenido sexo, o algo que

quieras contarme?

—Una amiga acaba de contarnos que lo hizo en el baño de una discoteca—varias


carcajadas se escucharon—Perdón, estamos en una pijamada y...

—¡Pijamadas!, mmm todo lo que un hombre sueña en sus tiernos años de exploración
sexual—musitó Mina, interrumpiendo a la chica.
—Esas son las peores—Jungkook bajó la voz tan seductoramente que estaba segura que
las bragas de media población femenina estaban desintegradas—¿Quieren compartir
algo conmigo?

—Estábamos haciendo una apuesta y perdí, dos de mis amigas me hicieron llamarte y
contarte mi más oscura fantasía...

—Eso suena tremendo, ¿no, Doctor Sex?—dijo Mina con voz burlona.

—Muy tremendo—su voz bajo un par de octavas—. Vamos, preciosa, cuéntala ya.

Podía verlo apoyando sus codos sobre la mesa, acercándose al micrófono y achicando sus
ojos en forma coqueta.

—Quiero violarte sobre el capó de un auto frente a miles de chicas para que sepan a
quien le perteneces.

¡Sin tapujos! Guauu... sabía que en estos momentos él debía tener su sonrisa torcida.

—¿Cuándo nos vemos?—su voz sonó malditamente ronca—. Por ti puedo dejarme atar,
aunque no me guste mucho. Tú solo di la hora y el lugar y yo estaré ahí, aunque linda , mi

corazón es grande, puedo pertenecer a todas.

Alaridos, no, gritos, fue lo que se escuchó de fondo. ¡Maldito hombre de los mil
demonios con su puta voz sexy!

Reconozco que no saber de él me estaba matando, pero no me iba a rendir así que
apagué el computador, necesitaba sacarlo de mi cabeza y mi mente; apagué el equipo...
necesitaba dejar de pensar en él.

Una semana más estuve así; él no se acercó ¡Santo Joder! debo reconocer que me moría
por volver a sentir sus labios y respirar su aroma. Había tenido sueños realmente vívidos
durante las últimas noches, y pensé seriamente que estaba enloqueciendo. Para terminar
con mi histeria Farelliana, decidí tomar el toro por las astas y no evitar más el edificio
de Hoseok, si me encontraba con él, le daría nuevamente las gracias por presentarme a
Jin, él fue fundamental para mi escrito.

Se cumplía el plazo otorgado por la Editorial y estaba contento, Min-ho asistiría,


tendríamos la lectura del primer capítulo y no voy a pecar de modesto ¡Me quedó
perfecto! Caleb era todo un hallazgo: bello, arrogante, cínico, petulante... todas las
mujeres lo amarían, era tan... ¡tan Jungkook! ¡Niégalo, Tae! A ver si te atreves: tú estás
loco ¡muy loco!

Lo del libro iba bien pero, mi mente creativa estaba a punto de colapsar, mis líos con
Yeon, las presiones de Hoseok y las exigencias de la Editorial por el capítulo le quitaban
la paz a cualquiera, y si le agregaba mi situación ¿o la no situación? con Jungkook, era
para estar al borde. Y así me sentía, a un paso de la razón a la demencia; si la estupidez
me daba un empujoncito, caía.
Llegue a las oficinas de Lee Editores con un poco de anticipación a la reunión pactada
con Min-ho porque quería que Hoseok revisara lo escrito primero, caminé hacia la
oficina de mi editor deteniéndome en la puerta. El sol despuntaba en su ventana, él tenía
sus anteojos de lectura, su cabello rubio enmarcaba su cara. Tenía la apariencia de un
hippie de los años 70. Entre sus manos leía lo que parecía ser un manuscrito. Mi amigo
era hermoso, no tan hermoso como el maldito de ojos negros y cabello oscuro que estaba
volviendo mi vida de cuadritos pero si, era guapo.

—Tierra llamando a Kim—dijo Hoseok, juguetón—. ¿Hace cuánto estás ahí?

—Un par de minutos—contesté caminando hasta el sillón—¿Qué lees?

—Una estupidez de miel sobre hojuelas. ¿Trajiste mi primer capítulo? —asentí


caminando hacia él y entregándole la USB.

Hoseok la tomó como niño emocionado en mañana de Navidad frente a un árbol lleno de
regalos.

Era un idiota, un patán de mayor calaña, pero su cuerpo... lo deseaba, lo deseaba


tanto, que estaba dispuesta de olvidarse de la razón por la cual había huido su
casa.

Ese hombre gritaba peligro a los cuatro vientos, él no solo podía destruirla
financieramente, podía destruir su corazón. Sin duda, era mejor para permanecer
lejos de Choi Caleb

. David dejó de leer para mirarme sobre la computadora.

—¿Choi?—me miró con las cejas arqueadas—. ¿Cómo el Choi de mi amigo? —mi cara
debería ser un poema.

Tragué grueso y respiré profundo.

—Es un apellido normal, como Jung o Kim—dije encogiéndome de hombros—. Podríamos


cambiarlo a Jung —la sonrisa de Hoseok se curvó a medio lado.

—Choi está bien—su sonrisa se ensanchó—. Quiero verle la cara al hijo de puta cuando
lea esto—dijo, divertido.

Cinco minutos más tarde, Hoseok envió las catorce hojas del primer capítulo a imprimir,
y nos encaminamos a la oficina central en donde nos esperaba Min-ho y su asistente, una
pasante de literatura que parecía un pequeño ratón de biblioteca. Entre tarta y café,
leyó el capítulo y me hizo muchas observaciones. Lo que para mí era perfecto, al gran
jefe le pareció poco intenso; insistió que no debía ser rosa, que tenía que tener más
sexo porque era una novela erótica. También sugirió.

¡Já! como si fuera posible decirle que no a una de sus sugerencia que no me fuera por el
cuento dominante y sumisa, que no usara tantas metáforas y que fuera más directa.

Cuando Min-ho se fue, Hoseok trató de animarme.


—Confío en ti, y Min-ho también, solo tienes que hacer esas modificaciones, esto no te
quedó grande, pequeño—¿qué no? llevaba varias noches trasnochando para tener ese
primer capítulo y nada le gustó a Min-ho—. Eres mi pequeño diamante en bruto—¡bruto!
más bien— Vamos a casa, Jisoo dijo que haría créme brûlée.

Me abrazó con fuerza, quería mucho a Hoseok, gracias a él era un escritor publicado, así
que le devolví gustoso el abrazo a pesar de mi pequeña aversión a su cercanía.

El camino a casa de Hoseok estuvimos hablando del libro, lo que había pensado para la
historia, lo que realmente quería contar. Tenía todos los elementos de un libro erótico,
pero yo quería mucho más que el hombre que pretendía dominarlo todo con la punta de
su dedo, Hoseok aportaba ideas, llegamos al departamento entre risas por cada una de
las ocurrencias, según él en algún capitulo Caleb tenía que cumplir años y Danielle podía
recibirlo en su cama cubierta solo con un lazo de gamuza en su cola y con Marvin Gaye
cantando “Sexualing Healing”.

Jisoo nos recibió con una sonrisa pícara al encontrarnos riendo como un par de niños,
murmuró que la cena ya estaba lista y caminó hacia la cocina. Comimos entre risas y
anécdotas, disfrutando de la buena mano de Jisoo a la hora de cocinar, sin contar que
nadie hacia mejor la créme brûlée que ella.

—¿Cómo van las cosas con Yeon?— Hoseok preguntó mientras robaba una cucharada de
mi postre.

Lo golpeé con mi cuchara.

—De mal en peor—peiné mis cabellos hacia atrás—. No quiero hablar de eso, aún le
quedan tres semanas en el Internado y puede que para cuando salga de ahí, se le haya
pasado el berrinche.

—Tae, tu hermano no tiene la culpa de lo que paso entre tú y tu madre...

—Creo que debo irme—me levanté del sofá donde nos habíamos sentado después de la
cena.

—Tae—la mano de Hoseok sujetó mi muñeca—, lo lamento. Sé que no te gusta hablar de


ella.

—Es una cosa que yo debo solucionar —busqué mi bolso y mi chaqueta.

—¡Diablos!, se me había olvidado — se levantó del sofá y fue corriendo al estudio.

Lo sentí registrar entre las gavetas y luego salió con una brillante sonrisa en

el rostro.

—¿Qué? ¿Qué se te olvidó?

—No puedes decir que no, tú amas esto—dijo entregándome el sobre. Enarqué una ceja,
abriéndolo con curiosidad.

Fundación Vitae∞FIRHA
«Gala anual de Aniversario»

Invitación

—¿Un baile?—pregunté mirando los dos boletos.

—Es un baile de caridad, ya sabes artistas de toda la Industria del entretenimiento,


gente prominente, personas bellas, como nosotros —no sé por qué Hoseok me pareció
nervioso.

—¿Qué tengo que ver yo con esto?— era de conocimiento de Hoseok que había nacido
negado para el baile. Tenía como se dice, dos pies izquierdos.

—La Fundación es de un amigo, me dio dos invitaciones, nunca he ido, me gustaría que me
acompañaras: tú, Jimin y su Yoongi.

—Hoseok, yo...

—Vamos, es temático, nos disfrazaremos como caballeros nobles de la Regencia Inglesa.


Jimin es fanático de Jane Austen, tan fanático como tú. No puedes negarte—hizo un
puchero—¡Por favor!

Y esa era la razón por la cual estaba aquí. Jimin parecía chiquillo emocionado, su cabello
castaño estaba peinado hacia un costado haciendolo ver sexy. Su traje negro era
precioso, sofisticado y elegante, lo hacía ver mucho más delgado y hacia contraste con
sus ojos oscuros. Tenía la camisa de seda y el pantalon que se amoldaba perfectamente a
sus piernas lo hacian lucir muy hermoso. Aplicó un poco más de maquillaje en mi rostro
antes de hablar.

—Bueno, ahora ¡levántate! Con su vocecita torturadora, esa que usaba cuando yo tenía
que obedecerlo sin chistar, Jimin disponía de mi humanidad. Se había autodenominado
como él encargado de toda esta parafernalia apenas le comenté la invitación de Hoseok,
se emocionó tanto que inmediatamente empezó hablar de peluqueros, maquillaje y
trajes. Su casa se convirtió en el centro de operaciones, sin Susy revoloteando por
todos lados, ya que se fue a pasar el fin de semana con los abuelos, era el lugar ideal
para convertirnos en la tentación andante.

—Quita esa cara, que no es un traje fúnebre ni nada por el estilo—me

mostró un traje que traía en un bolsa — ¿Sabes qué? mejor, cierra los ojos— respiré
profundamente antes de hacer lo que Hitler mandaba. Sentí como sacaba la bata de
baño que llevaba y comenzó a ponerme una camisa y con sus manos pequeñas empezó a
abrochar los botones sin llegar a hacerlo todo, y unos pantalones que se ceñían en los
lugares indicados.

—Ahora abre los ojos y mírate— susurró Sam en voz baja—, estás hermoso.
Abrí primero un ojo temiendo lo peor, pero cuando me gustó lo que vi, abrí los ojos
completamente, era un Taehyung muy diferente al que mi espejo reflejaba cada día. ¡El
traje era realmente hermoso, en color rojo, la camisa blanca dejando ver mis clavículas,
el pantalón que se amoldaba a mis piernas haciéndolas ver largas y mi trasero se veía
espectacular, el traje en si ya era muy llamativo al ser de un color rojo, pero Joder !!!
me veía fantástico y me encantaba. Tenía el pelo con ondas que me hacían ver misterioso
y sexy, Jimin me paso unos aretes pequeños para completar mi look y me sentía que
Christian Grey no era nada a mi lado.

—Te ves hermoso—dijo Jimin dando brinquitos... parecía que bailaba contradanza.

Dos golpes en la puerta y Yoongi entró enfundado en un frac negro, su cabello rubio
engominado y con una sonrisa pícara al ver a su esposo.

—Se ven realmente hermosos, Hoseok acaba de llegar—dijo abrazando a Jimin por la
espalda y dándole un beso en la mejilla. —Ya bajamos, solo falta algo —Jimin caminó
hasta una de sus gavetas sacando un par de guantes y entregándomelos —. Esto será
divertido—dijo mientras me colocaba los guantes, Yoongi me dio una sonrisa radiante
antes de tomarlo de la mano y salir de la habitación.

Hoseok estaba sentado en la sala de los Min viendo a los Lakers en la televisión de
cuarenta y ocho pulgadas de Yoongi.

—Ya estamos listas—murmuró Jimin, haciendo que mi amigo se levantara. Los ojos de
Hoseok se abrieron al vernos llegar.

—Cristo... Valió la pena la espera, chicos—murmuró sonriente. Hoseok tenía un frac


parecido al de Yoongi pero su chalequillo era de color rojo, mientras que el de Yoongi era
blanco. Nos tomamos de la mano y nos dirigimos hacia donde se realizaba el baile. El
hotel donde se llevaría a cabo el evento era uno de los más lujosos de la ciudad.

Entrar a ese salón fue transportarme a la época de Jane Austen, estaba lleno de
Fannys, Elinors y Elizabeths; de Darcys, Ferrars y Bertrams. Sin duda, Hoseok no se
había equivocado al decir que esto sería cinematográfico.

El salón del hotel parecía el set donde se filmó el baile de Bingley, en “Orgullo y
Prejuicio” Las mesas estaban dispuestas circularmente, decoradas exquisitamente y
ubicadas de manera que dejaban la pista de baile despejada y en el fondo una orquesta
de cámara amenizaba la velada con acordes clásicos. Hoseok nos condujo hasta los
anfitriones: el hombre era rubio con unos ojos azules enigmáticos y se veía bastante
joven, a su lado estaba una mujer de hermosos ojos verdes y cabello rojizo, enfundada
en un vestido verde y lila, pomposo y elegante.

—Hijo querido, por fin viniste —el hombre abrazó a Hoseok—. Joven, sea usted muy
bienvenido—dijo, haciéndome una venia.

—Tae, ellos son Seojoon y Rose, anfitriones del evento —me explicó Hoseok antes que
se enfrascara en una plática con quien había sido presentado como Seojoon.
Jimin y Yoongi estaban junto a nosotros. Miré a mi alrededor, todo era tan fascinante,
ver a las mujeres y a los hombres tan elegantes. Había varias parejas en la pista de
baile meciéndose suavemente bajo el compás de la música. Vi a una mujer de porte
elegante acercarse al lugar donde nos encontrábamos. No sé porque pero su andar se me
hizo conocido.

—¡Guauuu Loquillo! ¡Dime que hay una cámara cerca, ¡¿tú, aquí?! —gritó colgándose del
cuello de Hoseok—. Pensé que nunca llegaría el día en que te vería con nosotros, en esta
cena.

—¡Estás maravillosa!

¿Una ex conquista? La miré minuciosamente, tenía un vestido dorado hermoso con un


lazo negro, ceñido bajo el busto, a pesar de que casi todos tenían vestidos corte
imperio, ella era la única con un color tan... ¿peculiar?

Seguí mirándola hasta que nuestras miradas se encontraron.

—¿Kim Taehyung?—sonreí y descubrí la risa de Mina, la hermana de Jungkook.

—¿Cómo estás? —extendí mi mano para saludarla.

—¡Que chico es el mundo!—Hoseok ironizó, divertido.

—Sí, Loquillo—me burlé de Hoseok y del apodo que le daba Mina.

Estábamos yendo hacia nuestras mesas cuando Rose, la señora que mi amigo me
presentó en la entrada, se acercó hasta nosotros, tomó del brazo a Mina y se la llevó.

—Juro que me siento dentro de un libro de la Austen. Todo es tan bonito, gracias
Hoseok, por la invitación. Tu amigo, el de la Fundación, debe tener una sensibilidad
increíble- Jimin estaba maravillado.

Mina volvió con cara de preocupación, iba a intervenir cuando el chico con quien se
besaba en la radio, la abrazó por atrás. El mundo es demasiado pequeño o mi cerebro me
está jugando una muy mala pasada... No exageres, Tae. Disfruta la fiesta y no pienses en
nada.

—No se vale dejarme en la pista, y menos, con la señora Morris.

—Lo siento, bebé—Mina tomó de la mano a Wonho—. Tengo que dejarlos chicos, el deber
me llama—y se encaminó a la zona del baile.

—Bueno, ¿qué tal si brindamos? — propuso Hoseok cuando un mesero se aproximó


ofreciéndonos champán.

—Por Jane Austen, por el amigo de Loquillo que le dio las invitaciones y por la tienda que
nos arrendó los trajes

—Jimin estaba inspirado, y con muchas ganas de bailar, tomó de la mano a Yoongi y se
fueron hacia la pista, los seguí con la mirada y suspiré.
—¿Quieres bailar?—Hoseok me miró, tomando mi mano enguantada entre la suya.

—Si quieres amanecer con los pies adoloridos mañana—Hoseok sonrió coquetamente.

—Ya he bailado contigo, así que sobreviviré.

—Espera, que me termino de beber mi champaña—murmuré, alzando mi copa.

—Vamos, ¡cómo si bailar conmigo fuese tan terrible!—se levantó tendiéndome la mano y
sonreí, negando con la cabeza.

—No eres tú, baby... soy yo. Hoseok siguió tirando de mi mano, por lo que me levanté y
juntos caminamos a la pista. Tomó mi cintura, pegándome levemente a él y dejamos que
la música nos guiara, dimos vueltas por el salón, me llevaba como si fuese una pluma y,
para ser honesto, me estaba divirtiendo mucho luego de las dos primeras piezas.

—Buenas noches damas y caballeros —Wonho, el chico que le solía comerle la boca a Mina, estaba
al micrófono—, "Vitae∞FIRHA" les agradece su presencia. Para la Fundación es muy importante que
todos los amigos celebren con nosotros un año más de ayuda y colaboración con la reproducción
humana—todos sonrieron —, les invito a que recibamos con un fuerte aplauso al Presidente de la
Fundación, Jeon Choi Jungkook.

¿JUNGKOOK? !!!!

¡Qué jodida más grande! No era mi cerebro jugándome una mala pasada ¡El amigo de
Hoseok es Jungkook!

"Vitae∞FIRHA" es su Fundación, Mina es su hermana ¡Diablos! Seojoon, así me dijo que se llamaba
su padre.

¡Maldición!

Si solo no hubiera bloqueado mi mente con todo lo referente a él... de seguro que estaría
alerta y no pasando esta vergüenza. Conociéndolo, de seguro creerá que lo ando
buscando...

¡Hoseok!

Miré a Hoseok, colérico, pero el muy... se alejó, tirándome un beso.

—¡Esta me las pagas!—modulé y le levanté mi dedo del medio. Los aplausos de la gente
persistían, me giré para mirar bien, con su caminar felino y su porte de galán llegó al
escenario, tomó el micrófono de manos de Wonho y sonrió, negando con la cabeza. Se
veía delgado, pero no menos guapo. Llevaba puesto un chaqué de colección que haría
palidecer hasta el mismo Mr. Darcy.

Miró a todas las personas del lugar, hasta que sus ojos enigmáticos y oscuros se posaron
en los míos, tragué saliva, mi pulso se aceleró y quedé atrapado.

¿Qué me pasa con él? Mi cuerpo se sentía emocionado. ¿Tan feliz me siento después de
tres semanas sin verlo?
Jungkook repasó con las manos sus cabellos, antes de sonreír y empezar a hablar.

—Es grato para mí encontrarme con ustedes aquí, cuando mi madre empezó con sus
problemas de concepción, mi padre, como científico que era, se dedicó a la ardua tarea
de investigar. Él, con la ayuda de Seojoon, fecundaron el primer óvulo de esta
institución—miró a Seojoon—, señores están frente al primer gran proyecto de esta
fundación —adquirió una pose sensual y levantó su barbilla antes de dar al público una
sonrisa pícara guiñando un ojo de manera sexy. Las mujeres aplaudían y algunas se
atrevieron a decir algunas frases acerca de lo sexy que les había resultado el proyecto.

—"Vitae∞FIRHA" le ha dado alegrías a más de mil parejas a través de estos treinta años de
funcionamiento, con orgullo les digo que hace unos días hemos ayudado a nuestra pareja número
nueve mil quinientos en sus problemas de concepción y hemos traído al mundo a la bella princesa
Maia.

No pude seguir escuchando lo que decía, cada una de mis neuronas estaba trancada en
los movimientos de ese hombre, la forma en cómo sus labios se movían o cómo su nariz
se dilataba en cada respiración. Tenía el micrófono sujeto fuertemente y sus ojos se
encontraban con los míos en ocasiones, incitándome, poseyéndome, marcándome con el
fuego que habitaba en su mirada.

Me sentía cohibido, desnudo, mi respiración era anormal y recordé por qué lo había
bloqueado totalmente de mi mente.

Rió tontamente, mostrando sus relucientes dientes antes de pasarle el micrófono a


Seojoon con una mirada fiera y el cuerpo tensionado, quizás para otros no era percibido
pero, para mí…

Seojoon habló sobre la importancia de incrementar los aportes a la Fundación para la


Investigación de la Reproducción Humana Asistida y no sé qué cosas más. Si mientras
Jungkook hablaba no había escuchado nada, con Seojoon menos lo hacía. Mi mirada lo
buscaba, me enfoqué en la barra de bebidas y allí estaba, lo acompañaba una pelinegra
despampanante. Estaba sentado en un taburete, la chica estaba de pie y él la tomaba de
las manos. Vi el infierno abriéndose delante de mí.

¡Ese maldito idiota!

Como si lo hubiese invocado, me miró fijamente y levantó la copa a modo de saludo. Yo


le...¿sonreí?

Quería irme, pero si de algo estaba seguro, era que si me iba Jungkook tomaría esa
acción como una huida y pensaría que el aún tenía ese poder extraño sobre mí. No soy
bipolar ni un coqueto del carajo, soy un hombre adulto que no deja que otros decidan
sobre su vida, amparada por ese pensamiento, me quedé, y me dispuse a disfrutar la
fiesta.
¿Por qué no divertirse?

Rápidamente, busqué a Hoseok, si armó todo esto para que yo aceptase la ayuda de
Jungkook, lo conversaría después, por ahora, le sonreí y lo besé en la mejilla.

—¿Ya no estás enojado?

—El tonto fui yo, no relacioné nada con él—le eché una mirada desafiante al maldito.

Mi amigo me dio un beso de vuelta, yo lo abracé.

¿Por qué no? Yo tenía a Hoseok y él tenía su... ¡lo que sea!

Durante el resto de la noche sentí su mirada como la de un halcón que vigila a su presa,
me clavaba sus ojos negros y gatunos en cada paso que daba.

Misteriosamente, no me incomodaba.

Bailé con Hoseok y Yoongi, hasta con Wonho; bebí un par de copas más, creo que fue por
despechado porque el cabrón no hacía más que lucirse con la Miss “no sé de dónde”
perfecta.

La cena estuvo deliciosa y completamente acorde a la temática del evento, Rose, fue una
anfitriona de lujo; incluso, se dio la tarea de llegar hasta nuestra mesa para saber cómo
estábamos. Y estábamos bien. No. Ellos estaban bien, yo no. Yo estaba mal ¡muy mal! Y
estaba furioso... y algo borracho.

¿Cómo iba estar bien si sentía que mi sangre se espesaba cada vez que la zorra esa lo
tocaba?

Hoseok bailaba con Jimin mientras yo me deslizaba suavemente con ]Yoongi, el efecto
del alcohol se había ido, hacía más de media hora que no veía ni a Jungkook ni a su chica
y estaba convencido de que no me importaba. La música terminó, me giré para hablar con
Hoseok, pero ya no estaba, mientras lo buscaba, alguien se pegó a mi espalda y una
corriente eléctrica recorrió mi columna vertebral. Suspiré sonoramente con el corazón
repiqueteando a mil por hora, no tenía que girarme para saber quién era, ni siquiera
tenía que esforzarme por intentar descubrirlo: por su aroma y la forma en que mi
cuerpo reaccionó cuando apenas me tocó, supe que era él.

¿No era que estabas convencido?

Dejé de respirar cuando, con suavidad, me giró para dejarnos frente a frente.

¡Joder Taehyung, disimula! Sigue ocultando lo que este maldito te provoca. ¡Cara de
póker, por favor!

Respiré controlado, ¿quiere bailar? pues ¡bailemos!


Jungkook acarició mi brazo hasta entrelazar nuestras manos, aún con la tela de por
medio, esa corriente eléctrica que sentía cada vez que me tocaba, recorrió cada una de
mis terminaciones nerviosas. Afianzó su mano en mi espalda baja y me apegó a su cuerpo
cuando una chica comenzó a entonar una suave melodía, se deslizó hacia atrás y yo lo
seguí por inercia.

Tenía mis ojos fijos en las esferas negras del hombre que bailaba conmigo por el centro
de la pista, dificultando la vital tarea de respirar, ¿por qué huele tan bien?

—Me asfixias—dije, separándome un poco.

—Chsss... —su mano en mi espalda me empujó más hacia su pecho de hierro, dejándome
en donde inicialmente estaba.

—Eres un bruto.

—Te he extrañado.

—¿Si? Es difícil de creer.

—¿Lo dices por Eunbi?—me giró para ponerme en ángulo de visión de la chica que lo
acompañó toda la noche.

—Lo digo, porque apenas nos conocemos —no iba a permitir que creyera que estaba
celoso. ¡Aunque lo estaba!

—Hum. Estás temblando.

—No soy yo el que tiembla, son tus manos.

—¿Mis manos?... sí, mis manos.

No le respondí, estaba siendo un idiota y él estaba disfrutando con mi papelón. Opté por
dejarme llevar por la música y bailar como si nada.

¡Hasta bailar lo hace bien, el cabrón jodido!

En un nuevo giro, me apretó más todavía y me habló al oído.

—Tu cuerpo y el mío se reconocen. Están ansiosos, tu piel y la mía se desean. ¿Por qué te
cuesta tanto aceptarlo?—me retiré para mirarle la cara, en sus ojos no había soberbia ni
ironía.

—Creo que ya le explique el porqué.

—El miedo, en un chico como tú, no puede ser argumento.


—No es miedo, es dignidad. Su propuesta me hace sentir sucio de solo recordarla —
seguíamos bailando acorde a la canción, las parejas se movían de un lado a otro, pero mi
ser estaba enfocado en Jungkook.

—«¿Puedo preguntarle por qué me rechaza sin fingir algo de cortesía?» ¿Pensaba
manipularme con Darcy?

Negué con la cabeza. Sabía los diálogos de "Orgullo y Prejuicio" a la perfección y dos
podían jugar este juego.

—«Y yo a usted por qué se ha permitido decirme con el propósito evidente de


ofenderme que me quiere contra los dictados de mi razón.»

—«Los hombres están invadidos por la arrogancia o la estupidez, y si son afables es muy
fácil manejarles porque no tienen un criterio propio.»

—No se enganche del señor Darcy para confundirme con su palabrería, usted se ve
mejor con mujeres dispuestas, como la del estacionamiento o la chica de la barra.

—¿Quieres un hombre casto y que todas las personas ignoren?—enarcó una de sus cejas.
Se estaba burlando.

—No quiero bailar más—me quedé quieto y bajé mis brazos. Mi paciencia tenía límite.

—¿Ve aquella hermosa mujer?—me señaló a pelinegra que estaba con él minutos antes.
La mujer le giño un ojo y él le lanzo un beso.

¡Maldito patán!

Vamos, Tae ¿tanta algarabía por volver a verlo y terminas en esto? Algo está muy mal
aquí ¡Reconócelo!

Traté de zafarme de su agarre, pero su mano de hierro apoyada en mi espalda, me lo


impidió.

—Suélteme—murmuré entre dientes.

Su brazo se tensó aún más mientras me sonreía cínicamente— sus faltas de respeto no
tienen límites ¡suélteme!

—Reconozco que soy irreverente y que muero por tener tú cuerpo pequeño y caliente
pegado junto al mío. Marcarlo a fuego con mis caricias se ha convertido en uno de mis
fantasías favoritas—lo miré con ira, el muy desgraciado se reía.

—Psicópata es un adjetivo mínimo para calificarlo.

—Estás desperdiciando tu pulsión sexual en celos sin motivos —traté de soltarme


nuevamente pero, era imposible.

—¡No estoy celoso, ni de ella, ni de nadie! - Se acercó hasta dejar sus labios cerca de mi
oído.

—Eunbi es la mujer de mi hermano —susurró suavemente.


La burla vibrando en su tono de voz hacía que me sintiera nerviosa y pequeña,
evidentemente, estaba disfrutando la forma en cómo mi cuerpo accedía a sus deseos. Yo
era su nuevo juguete.

¿Decepcionado, Tae? Sufriste abstinencia cuando se alejó, te alegraste cuando volviste


a verlo pero, todo sigue igual, todo sigue siendo lo mismo.

Esto tenía que terminar, Soobin me había educado para otra cosa, no para ser el juguete
de alguien, por muy sexy que fuera. Lo empujé discretamente alejándolo de mí, él no
opuso resistencia.

—¡Aléjese de mí! Entienda que usted no me interesa, al menos, no en estas condiciones—


dije antes de girarme. Si quería mantenerme firme, tenía que alejarme de su cercanía,
de su olor a hombre fuerte unido a la fragancia de Dolce & Gabanna que usaba.

Salí por uno de los corredores, con el corazón latiéndome como si estuviese en una
carrera a muerte, tenía ganas de llorar de impotencia.

—¡Taehyung!—escuché que gritaba,pero no me detuve.

Yo caminaba lo más rápido que el jodido traje me dejaba, salí al jardín mirando hacia un
lado y al otro, me escabullí entre las personas que fumaban, llegué hasta el final de la
terraza y esperé a que llegara.

¡Maldito hombre!

—¡¿Por qué, simplemente, no me deja en paz?!

Me miró enojado, contuvo el aliento, negó reiteradamente y me apuntó con un dedo.

—Tú fuiste él que vino a mí.

—¡No sabía que era tu fiesta!—negó con su cabeza, era evidente que no me creía.

—¿Sabes qué? ¡Estoy harto!—era como si masticara sus palabras—, me cansas, me


enervas, me martirizas ¡maldito hombre!

Sus labios... sus labios tomaron los míos, sus brazos me atraparon y me llevó contra una
muralla. Me resistí, de verdad que lo intenté, pero su hábil lengua se internó en mi boca
sometiendo la mía, su sabor me atontaba, intenté seguir luchando pero, ¿para qué luchar
si me moría de las ganas?

Rendición... deliciosa palabra que marcaba lo prohibido.

Lentamente crucé mis manos por su cuello, saboreé sus labios y le seguí el beso. Él
colocó sus manos en mi cintura, y me atrajo más a él, mordió mis labios y me comió la
boca hasta que dulcificó su beso. Respirábamos frenéticamente, nuestros corazones
latían como uno solo y sus movimientos eran calculados, me rozaba los labios con los
suyos y me daba besos cortos y largos.

—Tae...

—Por favor, Jungkook—casi rogué. Patético.

—No entiendo por qué te niegas.

—Por favor. No soporto más este estúpido juego del gato y el ratón— susurré cansado.

No sé si fue mi actitud física o el tono de derrota en mi voz, pero al primer intento de


zafarme de sus brazos, él me liberó. Mientras caminaba por el pasillo de vuelta al salón
tuve la tentación de mirar hacia tras mas, no lo hice y seguí alejándome de él.

Una vez en casa, me dediqué a analizar calmadamente mi situación y concluí que no era
Jungkook el que me causaba pavor, mi real miedo pasaba por lo que estaba descubriendo
en este tira y afloja; sí, porque desde que conocí a Jungkook sabía más de mí como
hombre que en toda mi vida pasada y eso me asustaba. Yo, él correcto nieto de Soobin,
estaba irreconocible. Desde que él se cruzó en mi camino perdí mi lucidez para hacer los
análisis correctos y no era capaz de conseguir respuestas honestas, pero ya era hora de
volver a mi centro y llegar hasta al final. Mi furia con Jungkook era miedo y la razón era
una sola: temía que todo aquello que me sustentaba desde niño, desapareciera. La pasión
por un hombre hizo que mi madre abandonara a su familia así que no era buena, fui
educado así y no quería sentirla ni quería entenderla; por eso, me negaba a él, a pesar de
mi deseo y me obstinaba en defender una castidad que, sinceramente, ya me molestaba.

Jungkook era mi trampa y mientras más alejado me mantuviera de él, mejor sería mi
sobrevivencia. Él era un maestro en un juego que jamás experimenté, no entendía sus
reglas, no conocía sus trampas, si me arriesgaba a jugarlo, tenía la plena certeza de que
el pódium de ganador no sería para mí.

CAPÍTULO 8

Pasaron dos semanas, dos semanas en las que no tuve noticias de Jungkook, dos semanas
en las que no había adelantado nada de la historia entre Danielle y Caleb. Golpeé mi
cabeza contra el volante del auto, me sentía frustrado desde anoche, cuando intenté
escribir la primera escena sexual y comprobé que no podía avanzar más allá de un beso.

Despegué mi cabeza del volante, me peiné el cabello con los dedos, estaba metido en un
pantano creativo, así que lo mejor era relajarme, y preocuparme por mis problemas
reales: hoy Yeon terminaba su castigo y el señor Canyeol nos había convocado a una
reunión. Miré mis zapatillas, eran nuevas y maltrataban como el infierno. Me bajé del
coche y caminé hacia las escaleras del colegio, el pasillo que conducía hasta la oficina del
Director era bastante solitario; la señora de recepción me hizo esperar unos minutos
mientras me anunciaban. Sumido en mis pensamientos, recordé lo último que había
escrito de

"Atada a ti".

Las manos de Danielle tomaron vida propia, subiéndolas hasta enredar sus dedos
entre los cabellos oscuros de Caleb, la lengua de él pidió acceso a su boca
avanzando como una serpiente y enredándose. Sintió como su cuerpo se hacía
gelatinoso mientras la devoraba, sus labios descendieron poco a poco invadiendo,
profanando, succionando y lamiendo cada pedazo de piel expuesta, necesitaba
sentir más, su sexo dolía, palpitaba y se humedecía

—Joven Kim, ya puede usted pasar—dijo, amablemente la señora, sacándome de mis


pensamientos. Suspiré fuertemente, el señor Chanyeol, como siempre, estaba
impecablemente vestido, las madres de los dos chicos que cumplieron la penalización
junto con Yeon, se hallaban ya sentadas, esperando. El Director reiteró su discurso
sobre las normas y reglas del Instituto pero no podía captar nada, mi atención, mi mente
y mis sentidos estaban en el último párrafo que había escrito anoche, en la manera en
como los sentimientos de Danielle eran muy parecidos a los míos cuando Jeon Jungkook
estaba cerca. Ese hombre me estaba enloqueciendo, se había apoderado de mi mente, de
mis sueños. Era algo así como una sombra que me perseguía día y noche, algo que no me
dejaba pensar más que en sus carnosos labios sobre los míos.

¡Cabrón seductor! No sé cómo haces para que mi cuerpo reaccione tan


desproporcionadamente ante el más pequeño de tus toques. ¡Jodido libidinoso! Tu lengua
en mi boca, y muero de deseo.

—¿Joven Kim?—miré al Director de la escuela, sin saber que me decía.

—¿Disculpe?—expresé tontamente. Vi cómo el señor Chanyeol negaba con su cabeza,


antes de preguntarme nuevamente.

—Necesitamos saber si está de acuerdo con que Yeonjun, a partir de este momento,
permanezca internado también los fines de semana. Vi a mi hermano parado a mi lado
¿En qué momento había entrado a la oficina? El Director me observaba nuevamente,
negué con la cabeza antes de hablar.

—Pero, el castigo era hasta hoy—dije sin saber por qué debía aprobar eso.

—¿Ha escuchado algo de lo que he dicho, Joven Kim? —cerré los ojos fuertemente
sintiendo mi cara arder, ¡estaba descubierto!

¡Jodido Jungkook! ¡Jodido libro!


—Lo lamento señor Chanyeol, estoy preocupado por asuntos laborales —vi como las otras
señoras decían algo por lo bajo y contuve las ganas de bufar—. ¿Por qué Yeon debe
quedar interno?—el señor Chanyeol dio un largo suspiro antes de hablar.

—Señora Jang, señora Wang, espero que no tengamos que vernos nuevamente por una
situación como esta

—las urracas negaron antes de musitar algunas palabras con el Director y luego,
marcharse junto con sus hijos.

—Ahora que se fueron las damas ¿podría explicarme?

—Joven Kim, le decía que Yeonjun nos ha expresado su intención de permanecer interno
en el Instituto también los fines de semana, pero para ello necesitamos su aprobación.
Giré mi cabeza mirando a mi hermano fijamente, pero el no me miraba. Su rostro estaba
girado hacia la ventana que daba al jardín exterior; negué con mi cabeza y suspiré larga
y sonoramente.

—Director Chanyeol, ¿podría prestarnos su oficina por un momento? Necesito conversar


un minuto con Yeonjun para aclarar algunas cosas antes de tomar la decisión.

—¡Por supuesto!

—Gracias—el Director asintió antes de levantarse de su silla y salir de la oficina.

Me giré completamente para enfrentar a Yeon.

—¿Interno? —murmuré— Yeonjun, al menos mírame. Sé que estás enojado por la forma
en como te hice ir del cementerio, yo tenía toda la buena intención de que pasáramos
tiempo juntos, pero estoy escribiendo un nuevo libro sobre un tema con el que no estoy
del todo cómodo y hay personas que están ayudándome, tenía que ir. ¿Puedes

entender eso?—Yeon siguió sin mirarme, así que suspiré resignado y hablé fuerte

—. No voy a aprobar que te quedes a vivir en el colegio—dije enojado—. No fue para eso
que decidí hacerme cargo de ti—se tapó sus oídos con las manos

—. Pensaba tener una conversación con el joven que creo que eres pero, veo que aún
sigues siendo un niño. Recoge tus cosas y te espero en el auto, nos vamos a mi casa —me
levanté de la silla dispuesto a esperarlo en el auto.

—Tú bien lo has dicho, tu casa —dijo el cuando yo había llegado a la puerta

—. Yo soy un extraño ahí, estoy mucho mejor como interno—susurró en voz baja.

—No voy a dejarte aquí—repetí entre dientes—. El Juez me otorgo tu tenencia y es mi


obligación velar por ti.

—Ese es el problema, soy tu obligación—intenté negar, pero Yeon me interrumpió—. ¡No


lo niegues! Tú, a mí, no me miras, no me reconoces. Tú, cuando me miras, ves a mi madre.

—Esa es una estupidez, eres mi hermano.


—Pues yo no me siento como tal, yo me siento un objeto, una cosa, una mascota a la cual
le quieres demostrar que eres mejor ama que mamá—iba a rebatirle, pero Yeon siguió
hablando— ¡no soy tonto, Tae! soy menor de edad y eso es muy diferente. Bien me puedo
pasar el poco tiempo que falta para mi emancipación acá, encerrado en este Internado, y
creo que sería lo mejor para ambos.

—Ya dije que no te dejaré aquí. ¡No quiero hablar más sobre esto!

—¡Ese es tu deseo! ¿Dónde están mis deseos? ¿Quién los cumple? No quiero imponerte
mi presencia sabiendo que te recuerdo a quien más odias. Si quieres, puedes venir a
visitarme, sería un tiempo para conocernos.

—¡No!

—Seamos prácticos, yo me quedo acá, tú vienes a visitarme, así tienes espacio para ir
tus citas laborales y yo me dedico a mejorar mis calificaciones. No creas que no te
entiendo, no es fácil hacerse cargo de mí... Más aún cuando soy el reflejo de esa mujer
que te dejó solo.

—Tú no eres él culpable de los errores de Hwasa.

—Aún así, me culpas—la primera lágrima descendió por su mejilla y yo suspiré hondo,
esperando que mi paciencia no terminara siendo un acto de despojo religioso.

—¡No!

Las lágrimas no se llevaban bien conmigo, la última vez que lloré fue cuando descubrí el
engaño de Minjae, ese mismo día, en soledad y bajo la lluvia fría, me prometí no más
lágrimas y juré ser duro como el hierro.

—¿Sabes qué?, no fuiste él único. A mí también me dejó solo, ella se fue estipulando que
debía quedarme contigo, sin importarle mis deseos, tal cual como lo estás haciendo tú,
ahora.

—No voy a dejarte acá.

—¿No te has detenido a pensar por qué mamá me dejó contigo?

—Yeon, lo único que importa es que estás a mi cargo y que eres mi hermano.

—A mí también me gustaría intentar tener un hermano, Tae—decir mi apodo me hizo


saber que estaba bajando la guardia—, pero no así, no haciendo las cosas porque un Juez
o un papel nos obliga, no porque quieras ser mejor que Hwasa —susurró antes de salir de
la oficina dejándome solo.

Me dejé caer en la silla, sintiendo mi pecho oprimirse. Mi hermano pequeño, mi único


hermano, dándome lecciones de cómo mejorar mi vida; cuando el Director Chanyeol
entró nuevamente a la oficina, acordamos que Yeon se quedaría interno un tiempo y que
después de eso, evaluaríamos nuevamente la situación.
Salí de allí con una sensación de agobio, no me sentía capaz de imponerme a mi hermano,
sabía que se sentía solo pero insistió tanto en que no me queria como compañía que opté
por una retirada. Debía recomponerme, armarme de nuevo antes de volver a la carga, así
que me fue directo a mi reconstituyente del ánimo: Susy, mi ahijada y mi sol personal.

Me dirigí a la casa donde vivían Jimin y Yoongi, íbamos a tener una tarde de chicas:
Jimin, mi solecito y yo. A la hora de la siesta de Susy, mi amigo y yo nos instalamos en el
sofá de la sala y, entre brownies y refrescos, le conté lo sucedido con Yeon en la escuela
y como sentía que repetía los pasos de Hwasa al dejarla sola en ese lugar.

Si no hubiese sido por Jimin, en mi adolescencia no habría salido de los tonos grises, el
me conocía y entendía lo que pasaba con mi hermano, por eso me consoló saber que, en
su criterio, había hecho lo correcto al dejarla en el Internado. Pensaba, al igual que yo,
que el planteamiento de Yeon fue maduro, pero, emocionalmente, estaba muy solo y
necesitaba que yo encontrara una salida.

Me sugirió que empezara por permitirle crear su propio espacio dentro de mi casa y que
me relajara con lo de “mi madre abandónica”; Yeon era un chiquillo que se merecía ser
reconocido por lo que era, no por ser él hijo de Hwasa.

Yoongi regresó del trabajo cerca de las seis, tan pronto la puerta fue abierta,Susy—que
despertó de la siesta de muy buen humor— se bajó de mis piernas y fue corriendo hacia
su papá.

—¡Ay, papi, te eché tanto de menos!

—esta niña algún día sería una gran actriz—¿Me trajiste algo?—y puso sus ojos como un
cachorrito.

Yoongi sacó una galleta de su saco y se la entregó, ella le dio un abrazo y un beso, le
declaró su amor eterno y volvió a ver sus caricaturas.

—¿Cómo están, chicos?—me dio un beso en la mejilla y a Jimin, lo atrapó en un abrazo y


le besó en la frente.

—Tú lindo esposo debería abrir una consultoría, es él mejor aconsejando.

—Es una joya, por eso hay que llenar el mundo con sus hijos... y los míos, por supuesto—
le dio un beso rápido en los labios. Jimin le dio un golpe suave en el pech y disimuló
enojo.

—Espérame un segundo—Jimin empujó a su esposo hacia las escaleras y me guiñó un ojo.

—¡Hey! ¿Podrían dejar lo de los hijos para otro día? Hay una pequeña en el salón—iba a
decir “una pequeña y un casto” pero ese chiste ya no me parecía gracioso.

Minutos después, Jimin bajó con un pequeño bolso en su mano y una sonrisa en su cara.

—He hablado con Yoongi, Susy y yo iremos a tu casa y haremos una pijamada, como en
los viejos tiempos.

—Jimin no es nece...
—Sí, sí lo es Tete—afirmó—. Te sientes triste, necesitas la mejor compañía y apoyo.
Baby, ve a despedirte de papá, esta noche dormiremos con él panino Tete.

Susy subió las escaleras y cuando bajó tenía un puchero.

—Me quedo con papi—dijo seriamente—. No podemos dejarlo solo ¡alguien tiene que
cuidarlo!—colocó sus bracitos en jarra como hacía Jimin... El fruto nunca cae muy lejos
del árbol. Yoongi bajo las escaleras, mirándonos divertido.

—Necesitan hablar, vayan las dos, yo malcriaré un poco a la princesa, le leeré un cuento
antes de dormir y la llevaré a la escuela, mañana—bajó los escalones que faltaban y dio
un íntimo abrazo a Jimin.

Bien provistos de pizzas, cervezas y refrescos, llegamos al apartamento. Mientras Jimin


se preocupaba por la película y la comida, yo me di una ducha.

—¿Disney o Doctor Sex? ¡Así de extremas estamos, nene!—me gritó de la sala— ya que
no está Susy, voto porque escuchemos el programa del arrogantemente caliente Doctor
Sex—mi amigo se movía con rapidez, antes de que contestara, ya tenía porcionda la
pizza, la cerveza lista y la radio encendida.

—Buenas noches oyentes, sean todos bienvenidos a un programa más de “Hablemos de


Sexo”, con ustedes el Doctor Sex y esta servidora, Mina.

¿Cómo estás, Doctor Sex?

—Perfectamente linda, déjame decirte que ese vestido te queda perfecto—se escuchó
una risilla cómplice

—¿Qué tenemos para hoy?

—Un tema que a más de una mujer va a encantarle: ¿El tamaño importa?—sonidos
predeterminados de chiflidos interrumpieron la conversación, sabía que era Wonho
jugando desde la cabina. —Pues, yo creo que depende a quién le preguntes. Yo estoy más
que satisfecho con mi tamaño

—Jo, jo. Mr. Arrogante

—Nunca te lo he visto, Doctor Sex, así que no puedo confirmar eso —la suave risa de
Mina se escuchó—, pero tienes mucha razón en lo que dices; dependiendo a quien le
preguntes.

—“El hombre es la medida de todas las cosas” decía Protágoras.

Pero, en este caso... es la mujer quien mide “la cosa” —el cabrón ahora se la daba de
comediante.

—Biólogos de la Universidad de Cambridge dicen que en la época de los Homo Sapiens las
mujeres utilizaban el tamaño del pene como uno de los factores para elegir al mejor
compañero sexual con fines reproductivos.
—Las cosas no han cambiado mucho... lo único: no nos eligen con fines reproductivos—sí...
hoy, Mr. Arrogante, estaba de muy buen humor.

—Hay estudios que afirman que las mujeres prefieren a los hombres más altos, con
espaldas anchas y cadera angosta, ya que eso asegura un pene fuerte y vigoroso.

Pude escuchar la sonrisa de Jungkook e inmediatamente mi mente reprodujo la imagen


de su sonrisita burlona.

¡Dios, tenía a ese hombre tatuado a mi retina!

—¡Las apariencias engañan, Mina! Juzgarían el libro por la portada.

—Tienes razón Si un hombre es bajo y tiene un cuerpo con forma de pera, un pene
grande no aumentará su atractivo sexual.

—¡Sí! ¡Somos pocos los hombres que cumplimos con ese parámetro!

—¡Por Dios, Jimin! ¿Cómo puede ser tan farsante? —furiosa, mordí mi pizza y tomé un
trago de cerveza.

—Cariño, tú lo viste. Más guapo no puede ser... en cuanto a lo otro, es un rumor


persistente—mi amigo se encogió de hombros, mientras miraba la radio y masticaba.

—¿Cuánto es la medida exacta de un pene, o al menos la más exacta? — preguntó Mina.

—¡Juro que, si dice un chiste sobre eso, apago la radio!

—¡Amargado! —pensé tirarle un cojín a mi amigo, pero él me hizo señas para que
escuchara.

—Según la Academia Nacional de Cirugía Francesa, el tamaño del pene en reposo es de


entre 9 y 9,5 centímetros y de 12,8 a 14,5 en erección.

—O sea, que el que diga que tiene más de 15 centímetros es un mentiroso, mujeres—
acotó Mina, divertida.

—¿Por qué no dejamos que sean ustedes mismas las que nos digan si importa o no el
tamaño del pene?

Esperamos sus llamadas mientras vamos a una pausa comercial y volvemos enseguida—se
escuchó la voz de Jungkook.

—Odio ese programa, es una oda a la fanfarronería de Jungkook —dije entre dientes,
mientras escuchaba los comerciales.

—¿Por qué? Yo sé que tuvimos una no muy buena experiencia, pero, aun así, lo amo. El
tipo es un arrogante, pero joder, es un especialista experto en el tema y tiene la voz
más ardiente de todo el universo—exclamó.

La pausa comercial fue muy rápida y luego de dos canciones—más que perfectas para
follar—, según las palabras de Jimin, se escuchó nuevamente la sexy y ardiente voz de
Jeon Jungkook.
—Hablemos de Sexo, te atiende Doctor Sex.

—Hola, hermoso—dijo la chica al otro lado de la línea—. Mira, yo creo que sí importa el
tamaño a la hora de hacer el amor, tú sabes, un pene pequeño no va poder llegar a
lugares que sí puede un miembro grande.

—Has tenido alguna experiencia… Creo que aún no sé tu nombre —musitó Jungkook con
voz suave.

—Mi nombre no importa ¿verdad? Mi primera vez, fue con el nerd de la escuela pero
joder, ese era ¡El miembro! Me hizo ver hasta las estrellitas de nuestra bandera. Luego
estuve con Owen, el capitán del equipo de béisbol, lo tenía tan chico que te juro que casi
me quedo dormida en medio de la faena.

Jungkook río abiertamente ante lo espontáneo de la chica, Evidentemente, la mujer


quería impresionarlo

—Tenemos otra llamada, no nos cuelgues, chica A —dijo, aún con risa

—. Hablemos de Sexo, al habla Doctor Sex.

—Mi nombre es Sarah, yo pienso que no importa el tamaño siempre y cuando la mueva
bien y sepa estimular.

—Aquí tenemos a una chica que lo sabe gozar—intervino Mina.

—Para eso se crearon los previos. Yo exijo buen trabajo en la anticipación, así quedo tan
deseosa que el solo hecho de sentir que me penetran, llego a un fabuloso orgasmo.

—Gracias por tu apreciación, Sarah —murmuró Mina—. ¿Qué piensas, chica A?

—Que su marido la tiene chica y le toca conformarse con ella —la cabina estalló en
risas—¡Hey, Doctor Sex! ¿Por qué no me muestra lo efectivo de esa teoría—silbidos y
exclamaciones se escucharon en el locutorio? ¡Yo sabía que la muy braga floja iba tras
de él!

—Lamentablemente, estoy muy bien dotado, chica A—contestó Jungkook, divertido.

—En su currículo, Doctor Sex pone 16 centímetros—Mina le siguió el juego.

—No puedo servirte como conejillo de Indias, pero ya llegará el indicado para ti, que
tengas una buena noche...

—Jungkook rió—. Seguimos en “Hablemos de Sexo”. ¿Importa el tamaño del pene a la


hora de intimar? Vamos con un poco de música y regresamos.

Yo me fui a la cocina, a dejar los restos de comida y Jimin, entró al baño, cuando volví a
la sala, quedé pasmado cuando reconocí una voz cantarina que salía al aire.

¡Jimin!
—Hola Sex —dijo Jimin, con su voz pequeña—, mi nombre es Max—rodé los ojos—. Pues,
yo creo que él tamaño no es igual a potencia—dijo resuelto mientras salía del baño
enfocando su mirada en la mía—. Ese es un error que muchas de las personas creen, un
mito...

—¡Cierto! —agregó Mina—. Muchas veces un pene de gran tamaño no siempre tiene una
gran performance sexual. La potencia o capacidad de mantener erecciones firmes y
prolongadas, no es un atributo propio de los hombres más dotados.

Yo le hacía gestos para que cortara la llamada, el se negaba y me hacía gestos


amenazantes para que me quedara tranquilo.

—La potencia sexual depende de muchos factores —la voz de Jungkook se escuchó y el
daba saltitos por toda la sala—. En especial, de la capacidad de mantener la excitación
en el plano mental. Para ello, es necesaria la atención completa y permanente en la
relación y, principalmente, la atención que el hombre pone en la estimulación sexual de
las zonas más erógenas, en especial el clítoris o en el caso de los hombres, el glande.

Él y su “Eru-Ero” —Erudición de Academia Máxima de la Erótica de lo Erótico— volvían


loco a mi amigo.

—Sí, ese es mi punto—él muy loco, respondía como si nada.

—Dime Max, ¿estás sola en casa o estás acompañado?

Empecé a negar con la cabeza y terminé negando con cabeza, manos todo mi cuerpo,
pero fue inútil. Jimin me dio una sonrisita maligna y...

—Tengo a mi amigo Tae...—¡noo!

—Yong frente a mí, se muere por hablar contigo.

—¡Te odio! —articulé sin voz, mientras el me extendía el teléfono.

Tomé el aparato con rabia pensando en cortar la llamada cuando la voz moja bragas de
Jeon Jungkook se escuchó.

—Taeyong, queremos saber tu opinión—murmuró Jungkook. Tomé aire fuertemente


antes de llevar el aparato y hablar—. Es importante para nosotros, no seas tímido,
cuéntanos tus experiencias. . . si es que has tenido alguna—¿Se estaba burlando de mí?...

¡Idiota!

—Bueno, yo...

—¿Escuchas a menudo el programa? —él y su maldita manía de interrumpirme.

—Mi amigo Max lo escucha más que yo, no soy asiduo a este tipo de temas.
—Mmmm. Si tienes problemas en la cama, puedo recomendarte un Sexólogo amigo mío—
¡lo sabía! ¡Él sabía que era yo!

—No, mis problemas no son de esa índole, pero no estoy llamando para comentar mis
problemas, sino para dar una opinión al tema de hoy.

Jimin, recostada en el sofá, se apretaba la panza, simulando un ataque de risa.

—Soy todo oídos Taehyung, perdón Taeyong—murmuró, burlón.

Al escuchar mi nombre, se sentó y me miró extrañado. Mi gesto fue claro: Jimin, te voy
a matar tan lentamente, pero ni, aun así, se me va a pasar la furia contigo.

—Estoy de acuerdo con Max y Mina. Así que yo no alardearía de tener un buen miembro,
si no sé cómo usarlo, Doctor Sex...

Y sí soy suicida, media población me odiaba en estos instantes, yo Kim Taehyung estaba
diciéndole malo en la cama al hombre con la voz más caliente de toda Corea. Por medio
de los auriculares pude escuchar la risa jocosa y altiva de Jungkook.

Jimin estaba estupefacto frente a mí, pero lo ignoré.

—Bueno, puedo alardear de que nunca se han quejado de mi potencia y empuje—


murmuró, siempre tan seguro de sí mismo—. Es más, celebran que

me ocupe de sus zonas más erógenas, Taeyong.

—¡Ajá! —traté de que me saliera irónico y aburrido. Jimin todavía no podía cerrar su
boca de lo asombrado que estaba con mi desplante a su Dios del cielo de los orgasmos.

—Toda la sensibilidad femenina tiene que ver con el clítoris. A diferencia de lo que
muchos creen, no es un órgano pequeño, sino que se extiende por dentro de los genitales
femeninos. Esa es la parte principal que roza el pene cuando es introducido. La
naturaleza es sabia: penes cortos y delgados o penes largos y gruesos terminan rozando
esta parte sensible sobre la vagina, produciendo la excitación sexual.

Y en el caso de los hombres el escroto y el resto de la piel que lo rodea es altamente


erógena, hay que acariciarlo suavemente sin tocar el pene, continua acariciando para que
el pene reaccione frente a los estímulos, acaricia con delicadeza los testículos y el
escroto, sin olvidar el periné, esa almohadilla carnosa entre el escroto y el ano es muy
sensible al tacto, después procede a acariciar su punto mas sensible que esta debajo del
glande, recibir una caricia puede llevarlo al séptimo cielo, se el causante de su orgasmo y
lo vas a tener cuando tu quieras.

Todo es cuestión de saber tocar en los puntos exactos, Taeyong.

Demasiada información para mi sensibilidad, le tendí el teléfono a Jimin y me fui a la


habitación el cortó la llamada y me siguió.
—Un pene grande para una mujer o un hombre es comparable al color de ojos. No porque
sea imprescindible, sino por una cuestión de gusto particular y estímulo psíquico o
fantasía que le despierta— expresó Mina.

—¡Exactamente! Para gustos colores, chico que colgaste el teléfono sin despedirte y no
olvides nuestra máxima: cada quien debe explorar y sacar su propia conclusión sobre el
sexo, lo importante es tener la vivencia y disfrutarlo. Vamos con más música enseguida
volvemos.

Una nueva tanda de música se escuchó justo antes que mi celular empezara a repicar, lo
contesté al tercer timbrazo.

—¿Fuiste tú él que llamaste al programa? —Mi corazón se detuvo por unos instantes,
Jimin dejó de pintarme las uñas para observarme al no decir quién estaba llamando

—¿Es Hoseok? — Articuló sin emitir sonido. Apreté el teléfono a mi oído mientras
escuchaba a Jungkook hablar.

—Contesta Taehyung, ¿fuiste tú? — su voz, al otro lado de la línea, se escuchaba


agitada.

—Lo siento señor, está equivocado—colgué.

—¿Quién era? —preguntó tomando mi pie para terminar su obra de arte, como el lo
había bautizado—. Parece que hubieses escuchado al mismo demonio.

—Simplemente, era un equivocado— musité, intentando restarle importancia. El teléfono


volvió a repicar, pero lo ignoré

—¿No vas a contestar? —Fingí mirar la pantalla, pero ya sabía quién era.

—Es el mismo número y el hombre esta ebrio...—¡genial!, estaba empezando a mentir. La


melodía de un nuevo mensaje de texto se escuchó justo cuando Jimin terminaba mi dedo
pequeño.

—Voy por un par de bocadillos, me dio hambre—se levantó de la cama y salió de la


habitación por lo que aproveché para mirar el texto.

“Sé que eras tú,

Taehyung.

Conozco tu voz, el sonido de tu respiración.

Quiero tus jadeos en mi cama.

No huyas, Dulzura. no soy un hombre paciente.


Jungkook”

No contesté el mensaje, no quería que Jimin notara nada extraño, cuando iba a apagar
mi celular un nuevo mensaje entro a la bandeja.

“¿A qué juegas,

Dulzura?

No te equivoques, tú eres mi ficha.

La próxima vez que nos veamos, será para un sí.

Jungkook.”

—¿Es Yoongi? mi celular se ha quedado sin batería —negué con la cabeza—. He puesto a
cargar el celular en tu sala. No importa, ¿verdad? —negué

— ¿Y, ¿quién es?

—Es Hoseok. Lee quiere verme mañana —se me estaba dando bien esto de mentir.

—¿Cómo vas con el libro? —preguntó Jimin, tendiéndome una taza con helado.

—Jimin, es más de media noche— dije mirando el helado de vainilla.

—Abrí la nevera y me antojé— respondió mi amigo, sacándome la lengua—. Una vez al


año, no hace daño.

—¿Te colocaste la inyección?

—Por supuesto, Tae, ahora no me cambies el tema. ¿Cómo vamos con “Atada”?

—Tengo que replantear el tema, no está saliendo como quiero.

—Muero por leer, Hoseok es un maldito con suerte—dijo antes de volver a escuchar la
voz de mi perdición.

—Y para terminar este programa, quiero dejarlos con una canción en especial. No es de
las que acostumbramos a colocar en este programa, pero uno de nuestros oyentes,
quiere que Taehyung escuche esta canción —giré mis ojos mirando hacia mi equipo, como
si pudiera verlo a través de él ¡es más imbécil de lo que creía! —Espero que hayan
disfrutado este programa y, Dulzura, pocas veces se presentan segundas
oportunidades...no la rechaces otra vez.
La música empezó a escucharse, afortunadamente Jimin no se percató de lo que dijo
¡gracias, helado de vainilla!

Conocía la canción... ¿por qué me dedicaba esa canción a mí?

—Me gusta ese artista—era The Weeknd—, aunque sus canciones son tan tristes y
melancólicas.

—¿Tristes? Tiene una donde dice “meteré mi polla hasta tu garganta”— rebatí—¡Es
vulgar y obsceno!

—No, es triste. Habla de la soledad, sexo, drogas, desde un punto de vista tan prosaico
que pareciera decir puras banalidades, pero... para muchas personas, es la vida misma.

—Amigo, esto no resiste análisis, es muy simple, el chico de la canción quiere sexo y se
inventa una historia emotiva para obtenerlo, aunque después se sienta vacío... cosa
fundamental para seguir teniendo sexo sin compromiso. Manipulación sexual, nada más
que manipulación sexual.

—¡Qué certero y cínico análisis! si no te conociera diría que un chico como ese te está
persiguiendo.

—¡Qué! ¿A mí? ¡Estás loco! —dije completamente nervioso, ante la mirada entrecerrada
de mi mejor amigo—. Solo digo lo obvio—me comí tres cucharadas de helado negando con
la cabeza cuando se me congelo el cerebro, mientras Jimin se destornillaba de la risa a
mi lado... Zanjado el tema.

O eso creía.

—Si tú anduvieras en algo raro, yo lo sabría ¿verdad? —dijo Jimin lamiendo su cuchara,
y echándome una mirada entre inquisidora y pícara.

—¡Vamos, ridículo!—le tiré una almohada—Es hora de dormir.

—Sí, mañana tengo un día muy pesado, tengo que sacar una campaña y está todo muy
atrasado.

—Gracias por todo, Jimin—susurré mientras lo abrazaba muy fuerte.

—Sabes que siempre estaré para ti, Tae, siempre...

Estaba quedándome dormido cuando me llegó un último mensaje.

“La próxima vez que

te vea, no huirás

Será el fin de este

absurdo jueguito.”
Al día siguiente me levanté con energías renovadas gracias a la noche de chicos, con las
uñas de las manos y los pies pintadas de un rojo sangre violento ¡y, ni siquiera tengo
uñas!

Jimin estaba cambiándose en mi habitación y yo preparaba el desayuno cuando sonó el


timbre.

—¡Tae, es Yoongi! le pedí que pasara por mí—gritó Jimin, asomando su cabeza por la
puerta de mi habitación—. Por fa' amigo, entretenlo unos minutos mientras termino.

—Le daré tu desayuno, si no te apuras —yo ya me había bañado, pero permanecía en


bata y me acomodaba una toalla en la cabeza.

—Hola Yoongi, Jimin dice que. . .

Cualquier palabra que hubiese querido decir se quedó dentro de mi boca, un par de
carnosos labios chocaron contra los míos y de inmediato, los reconocí.

¡Oh joder! ¡Qué benditos buenos días!

Mi cuerpo reaccionó por cuenta propia y mi cerebro, con una lujuria desconocida hasta
hace poco por mí, me dio la orden perentoria de toquetear su cabello y de responderle el
beso.

—Yoongi, mi amor no va...—me aparté completamente de Jungkook cuando oí a Jimin.

—No es Yoongi—le dije mientras ajustaba mi bata y me sacaba definitivamente la toalla


del pelo.

—¿Doctor Sex? —su cara era un poema.

—Buenos días, Jimin—el no respondió el saludo, estaba ocupado en agarrar su chaqueta,


su bolso y mirarme fijamente.

—¡Yo sabía que andabas en algo raro! —sonó su celular— ¡maldición! Yoongi me espera.
Kim, no creas que te salvaste de mi interrogatorio —y salió como alma que lleva el diablo.

—¿Viste lo que hiciste? ¡Jodido joder! ¿Qué haces aquí?

—Tenemos cosas pendientes y ya no quiero darle más larga.

—¿Y crees que violentándome en mi ca...? —Jungkook tomó mi mano girándome y


dejándome atrapado entre sus brazos y la pared, sus labios se unieron a los míos en el
mismo festival de siempre: fuerte, pasional y audaz. Automáticamente, mi cuerpo
respondió exageradamente a los estímulos del hombre que me devoraba como si no
hubiese un mañana. Me levantó de un impulso, rodeó sus caderas con mis piernas y me
hizo sentir lo caliente y dura que estaba su erección.
—¡Maldita sea! te deseo tanto que duele —embistió contra mí—¡Dime que sí! — murmuró
besando mi cuello.

—¡No! —susurré halando sus cabellos.

—Esta es la última vez, Taehyung. No habrá otra oportunidad—volvía a besar mi boca.

—¡No! —respondí mientras le devolvía los besos.

¡Eres un impresentable, Tae!

—Acepta mi propuesta y déjame enseñarte todo lo que debes saber referente al sexo.

—No te daré ese poder—Jungkook mordisqueó el lóbulo de mi oreja acercándome mucho


más a él, por las sensaciones que recorrían mi cuerpo pensé que moriría en cualquier
momento.

¡Resiste, Tae! Re.… sis... te.

—Estoy aburriéndome de estar detrás de ti Dulzura.

—Pues, no lo hagas—lo besé en su cuello.

Modo: Tae Desatado.

—No puedes negar lo innegable: sé que me deseas.

¡Se atrevió a jadearme en la cara!

—¿Y?

—Yo te deseo más—encajó con fuerza su dura erección entre mis muslos, haciéndome
gritar bajo su aliento.

¡Wow!, ¿no será que tiene una barra de titanio ahí?

—No deberías estar aquí—sus labios, eran adictivos. Y no debería estar besándolo pero
¡me enloquece!

—¿Por qué no? Tú me gustas más que nadie—succionó mi labio inferior— solo que mi
paciencia tiene un límite.

—¡Eres tan fanfarrón! ¡Tan soberbio! ¡Tan insoportable! —nuevamente su miembro entre
mis muslos, mi bata ya se salía.

¡Dios!, sé qué hace mucho no voy a la Iglesia, pero no me castigues así.

—¿Te gusta esto, Taehyung? —el muy cabrón frotaba con vigor su barra de titanio
contra mi entrepierna—. ¿Te gusta cómo se siente mi dureza en tu entrada?, ¿puedes
imaginar lo bien que nos vamos a sentir cuando encajemos?

—¡Oh, por Dios! —chillé, solo un poquito, cuando sentí que iba a explotar.

—No querido, yo soy mejor que Dios.


Nací para esto, Dulzura.

—Hereje—estuve a punto de morderle la oreja.

—Di que sí, maldita sea. ¡Acepta de una jodida vez!

Después de cada frase, me embestía, me besaba, me mordía.

—¡No quiero! —iba a lloriquear, el placer era tan intenso que si volvía a

embestirme iba a deshacerme.

—¿Te gusta? —una embestida más fuerte y tuve que pensar en ese capítulo de los
Simpson en donde Homero, vestido con un mini bañador rojo, paseaba por una de las
playas de Río de Janeiro.

—No hables.

Se rió, suavecito, de mi petición.

—Tu corazón se acelera, la sangre se pone espesa y fluye lenta, sientes que vas a morir,
vas a correrte y te gusta— se alejó para mirar mi cara—¡Por todos los cielos, sí que te
gusta!

—Sí, maldita sea, ¡me gusta, ¡ni se te ocurra detenerte bastardo! —tiré fuerte de su
cabello y con desesperación, me froté contra su cuerpo.

—Entonces, Taehyung—se detuvo abruptamente enfocando su mirada en la mía, quise


llorar y patear sus pelotas—, ¿por qué no dejamos este tonto juego en que tú quieres
ser el gato?

Me separé totalmente de él, me ajusté muy firme la bata y lo miré.

—Yo...

—¡Acepta ya! Solo así podré devorarte como tú sueñas y yo deseo.

¡El muy cabrón cree que es mi sueño! ¡Maldición, lo es!

—Eres tan arrogante, tan...

—¡Contesta, Taehyung!

—Con mis condiciones.

¡Muy bien, Kim Taehyung! vende cara tu derrota.

Él me dio su sonrisa marca de la casa antes de acercarse a besarme, cómo zafé mi mano
de su amarre, ¿quién diablos sabe? Pero antes que nuestros labios pudieran acercarse, lo
aparté de mí.
Tener esa barra calentona a pocos centímetros de mi pequeña entrada no era sano... no,
señor.

—Mañana, en la cafetería de la otra vez —dije, tratando de controlar mi respiración.

—En mi casa, a las siete—replicó, suavemente.

—No en la noche. No en tu casa.

Estaba agitado. Su aroma embotaba mis sentidos, ahora entiendo al pobre Superman
cuando estaba cerca de la kriptonita... Jeon Jungkook era mi propio meteorito
destructivo, aún así, debía mantenerme firme.

—Tengo el día ocupado, Taehyung, y mi casa es un lugar seguro.

—Debe haber otro lugar—traté de despegarme de la pared pero él me retuvo.

—Te da miedo estar conmigo en mi casa, Dulzura—arqueó una ceja con autoridad—.
Puedes ir a mi oficina, tengo consulta hasta las cuatro de la tarde—su mirada estaba
enfocada en mi boca hechizada por sus besos, llevó sus dedos a mi rostro tocando con
reverencia y luego su libidinosa lengua humedeció sus labios.

—¿Tu oficina? —asume, Tae, ya no puedes darle más larga al asunto.

—No te muerdas la mejilla—ni me había dado cuenta que lo hacía—. Nos vemos mañana
en mi oficina, está en la torre "Vitae ", piso seis —asentí sin poder hablar, su toque
enviaba electricidad a través de mi cuerpo—. Te espero a las cinco, nena.

—¿A las cinco?

¡Perfecto, Tae! Ese toque de retrasado mental te queda muy bien.

Hacer preguntas tontas debe ser efecto secundario de un orgasmo malogrado.

—No me hagas esperarte o vendré por ti—sus dedos dejaron mi mejilla para acariciar
mis labios—. Ya has aceptado mi propuesta y eres mío. Sin decir más, se alejó de mí y se
fue dejándome el corazón latiendo a mil por hora y con la respiración acelerada.

¡Qué demonios acababa de aceptar!

Peiné mis cabellos dejando que mi cuerpo se resbalase por la pared. Me había rendido,
eso había pasado. Tal cual como había condenado a Danielle, me había condenado a
soportar en mi cama a Jeon Jungkook.

¡Excelente, Tae!, si algo aprendimos de Soobin es a nunca echarnos para atrás... ¿se
referiría también a esto?

¡Joder!
Haciendo un recuento de mi situación, establecí claramente que era deseo. Simplemente
eso. Jungkook había dado a mi cuerpo sensaciones que nunca antes había experimentado
y ahora yo quería saber más. No voy a morirme casto, y no estoy dispuesto a que nadie
me rompa el corazón, ¡así de simple! Hay que limitarse al sexo y a aprender como
disfrutarlo. ¡Es todo, y puedo con ello!

La llamada de Jimin no se hizo esperar, cuando contesté solo dijo:

"—Almuerzo. No puedes negarte. Doctor Sex".

Y aquí estaba yo, preparándome para la tortura.

Llegué al McDonald’s —sí, a McDonald’s. Sabía que Jimin se contendría ahí—y tan pronto
Susy terminó su “Cajita Feliz”, se fue directo a los juegos y empezó mi tortura.

—¿Desde cuándo?—murmuró, cuadrando el rostro.

—Jimin...

—¡Qué Jimin ni que mierdas, Taehyung! Somos amigos desde que teníamos acné, así que
dímelo, ¿desde cuándo follas con el Doctor Sex?

—Jimin, estamos en un lugar infantil.

—Me importa una mierda.

—No he follado con él—peiné mis cabellos hacia atrás.

—No me mientas, ese hombre prendía de ti como si fueses él último hombre en su vida.

—Jimin.

—Tae... Esto no es por cotillear, soy tu amigo. Ese hombre es el más ardiente del País, él
tiene mujeres y hombres con solo un chasquear de dedos y Minjae ya te destrozó lo
suficiente.

—Me he resistido lo más que he podido y sé lo que hizo Minjae.

—Perdón.

—No le he contado esto a nadie, pero sabes que las escenas de cama no son mi fuerte,
Hoseok pensó que si alguien me ayudaba...

—¡Detente!, ¿qué tiene que ver eso con que Doctor Sex estuviese haciéndote el amor
con ropa esta mañana?

—¿Podrías dejar de decirle Doctor Sex? Jungkook es el amigo de Hoseok—continué.

—Ok, eso lo entiendo pero, una cosa es que él te explique la teoría y otra, que practique
la teoría contigo.

—Es que ese el asunto. Voy a practicar la teoría.

La cuchara con helado quedó a medio camino de la boca de Jimin.


Son ideas mías o Jimin está comiendo mucho helado.

—¡Mierda! —gritó Jimin, haciendo que muchas madres la volteasen a ver.

—Sip, muy mierda...

—¿Por qué nunca me pasan estas cosas a mí? aprender sexo con el hombre más follable
de la faz de la tierra, luego de Brat Pitt, en la película Troya.

—¡Jimin!—le grité—, te recuerdo que esa es tu hija—señalé a Susy que bajaba de la


resbaladera—y que estás casado.

—Lo sé y amo a Yoongi, pero se vale soñar, guapo —dijo mi amigo entre risas

—. Entonces, ¿aprenderás sobre sexo con el mejor maestro?

—No he dicho sí, todavía.

—No voy a reñirte por lo que vas a hacer, porque creo que eres lo suficiente adulto para
asumir lo que sea que vas a hacer, solo espero que sepas diferenciar entre sexo y amor.
Doctor Sex o Jungkook, es un hombre al que los compromisos no le van, se le ve a leguas.
Él es un hombre de solo folladas y, no quiero ver tu corazón partido, ¿vale amigo?

—¿Crees que no lo sé, Jimin?—dije en voz baja—. Es solo que él despierta tantas cosas
en mí.

—En ti y en media población, así que protege tu corazón. Hagas lo que hagas, mantén
presente que es solo sexo.

Después de eso, Susy llegó a nosotros diciendo que quería irse. Nos despedimos y
conduje a casa. Al llegar, me coloqué una sudadera cómoda y traté de no pensar en Jeon
Jungkook , abrí mi laptop y me dispuse a continuar con la redacción del libro. No había
avanzado mucho, cuando a mi celular, entró un mensaje.

“Mañana, tú y yo.

Has tomado una excelente decisión, Dulzura.

Te deseo como un maldito maniático.

Jungkook “

Tomé mi laptop y la llevé hasta mi cama, dispuesto a trabajar, pero me sentía frustrado.
Me recosté y suspiré fuertemente, no me podía olvidar de sus besos, de la manera en
cómo sus pantalones quedaban estrechos por la erección; acaricié mis labios con mis
dedos, aún podía sentirlos quemándose por los besos de esta mañana.

Ya no te puedes arrepentir, Tae. Miré el computador y leí el último párrafo escrito.


Se había metido a la cueva del lobo, había aceptado los designios de Caleb, y en
ese momento la excitación y el temor ante la locura que acababa de cometer,
quemaba su cuerpo... Estaba perdida.

—Estamos perdidos, Danielle... — cerré los ojos. Mañana será un nuevo día.

La luz del sol me despertó, no había dormido mucho. Me dolía mi cabeza no logré
descansar, mi cerebro, el muy idiota se convirtió en un generador continuo de un sinfín
de preguntas y nunca me dio respuestas. Me levanté con el cuerpo pesándome una
tonelada. ¿Cómo llegué al baño?, no lo sabía. El agua tibia parecía relajar mis músculos y
aclarar mi cabeza; cuando salí de la ducha me miré en el espejo, mis ojeras estaban
bastante pronunciadas, tomé el peine deslizándolo por mi cabello suavemente y comencé
a verbalizar todo lo que durante el día debía hacer.

Eran más de las once de la mañana, cuando una idea cruzó por mi cabeza: cuando
terminara "Atada a ti", no solamente sabría sobre sexo, si no que tendría algo más...

Llegué al edificio de "Vitae∞FIRHA" y me registré en recepción. Llevaba unos pantaloncillos de


jeans, medias gruesas de color negras, botas marrones con muchas hebillas a los costados, una
camiseta estampada con el rostro de Frida Kahlo y un abrigo de lana, tejido a mano. Tomé el elevador
y oprimí el botón seis, cuando salí de la caja metálica, me sorprendí al entrar a un largo pasillo cuya
pared frontal era completamente de vidrio. Unas puertas del mismo material me separaban de la
oficina de Jeon. Al entrar, pude notar que era bastante clara pero igual de sombría a su departamento
real; las paredes estaban pintadas de un blanco hueso y decoradas con cuadros abstractos, había un
sofá en "L" de color negro, tapizado en cuero y el suelo estaba decorado con una fina alfombra de
color blanco. Pobre de aquel que trajera los zapatos sucios. Una chica estaba detrás de un mostrador
de vidrio, me acerqué a ella y me hizo un ademan con la mano, mientras contestaba el teléfono.

—Consultorio del Doctor Jeon— tarareé la melodía de Skyfall mentalmente—. Para el


día de hoy es imposible que lo atienda, el Doctor tiene un compromiso. ¿Le parece bien
mañana a las 11:00 am?—apreté a mí la carpeta que llevaba—. Está bien señora Scott,
nos vemos mañana—colgó y se giró hacia mí con una sonrisa—. ¿En qué le puedo
colaborar?

—Soy Kim Taehyung, tengo una cita con el Doctor Jeon.

—El Doctor se encuentra con una pareja ahora, ya están por terminar.

—No hay problema, espero—caminé hacia el precioso sofá.

—¿Desea tomar té, café, agua?— negué, mientras tomaba una de las revistas de la
mesita del centro. Cosmopolitan, ¿por qué no me sorprendía? Llevaba leído dos veces el
horóscopo, no es que creyera en estas cosas, pero era eso o leer sobre disfunción
eréctil, y me preparaba para leerlo una tercera vez, cuando una pareja bastante
conocida salió de la única puerta visible del lujoso consultorio.

—Señores Wang, su próxima cita es para dentro de una semana—la recepcionista


hablaba y registraba—. Les recuerdo que en la página web de la Fundación, encontraran
los tutoriales de los ejercicios que le ha indicado el Doctor Jeon.
Así que cara de culo y una de las urracas tenían problemas de matrimonio. Me cubrí lo
mejor que pude con la revista, hasta que ellos abandonaron las puertas de vidrio y se
quedaron esperando el ascensor.

—Joven Kim, puede seguir el Doctor lo espera.

Caminé hacia la puerta y giré la perilla con el corazón latiendo furiosamente, mis manos
estaban como si me las hubiese acabado de mojar. Abrí la puerta y pude verlo, estaba
recostado en el sillón, moviendo su silla de un lado para otro, con los ojos fuertemente
cerrados mientras apretaba el puente de su nariz. Su oficina era tan neutra como el
mismo consultorio; paredes blancas, un diván y dos sofás, varios diplomas, un escritorio
de roble y dos sillas frente a él, un estante lleno de libros, una pantalla y una foto.

—Dame un segundo, Taehyung— murmuró él sin abrir los ojos.

—¿Tan mal te dejaron tus pacientes?

Abrió los ojos y enfocó su mirada en mí.

—Sabía que vendrías. Las ojeras estaban acentuadas y parecía agotado, aun así, me
desnudaba con sus ojos y con su sonrisa, hacía temblar mi ropa interior.

—¿Te olvidarías de lo que dije ayer si no hubiese venido? —pregunté sin dejar de
mirarlo. Jungkook se levantó de su silla y caminó hasta quedar frente a mí.

—¿Por qué preguntas algo que ya sabes, Taehyung?

—Tae, me llamo Tae—¿estás coqueteándole? ¡Já!— Quizás, porque tenía la esperanza


que te hubieses olvidado que existía.

—No, Tae, no puedo olvidarme que existes—sus manos agarraron mi cintura dejándome
pegado a él. Suspiré inhalando su costosa loción y tratando de mantenerme en una
pieza—. No sé cómo explicar lo que me pasa cuando estás cerca.

—Ya lo dijiste, te pones duro como una roca y...

—Sí, pero... Olvídalo, lo importante es que aceptaste mi propuesta y me muero por


tenerte bajo mi cuerpo, o sobre él. De cualquier modo, te voy a tener.

¡Diablos! Podía sentir la humedad entre mis piernas, Jungkook bajó su rostro
humedeciendo sus labios, listo para besarme. Podía ver el semáforo en mi cabeza,
pasaba de verde a amarillo y de amarillo a rojo con unas letras legras que decían:
¡detenlo!

—Jungkook—me escabullí entre sus manos, alejándome de él y su maldito y exquisito


aroma—, te dije que tenía condiciones.

Jungkook peinó sus cabellos con una mano ¡joder! el gesto me preció sexy.
—Lo recuerdo.

Le tendí la carpeta mientras lo veía sentarse en una esquina de su escritorio, abrió la


carpeta y sacó el documento.

—Necesito tener las cosas claras si me voy a embarcar en esto—no me iba a meter en
un juego sin tener claro las reglas.

Jungkook enarcó una ceja mirando los papeles.

—¿Y todo lo pusiste aquí? En este decálogo. —asentí con mi cabeza— Veamos.

Decálogo para Practicar Sexo con fines Pedagógicos El presente documento, que de
ahora en adelante será llamado DECÁLOGO, tiene por finalidad establecer la verdadera
naturaleza de la relación que los firmantes tendrán a partir de registrar su rúbrica al
final del documento.

1. Durante la relación, los firmantes no podrán tener sexo, ocasional o permanente, con
otras personas.

2. Ninguna práctica debe incluir el dolor como finalidad.

3. La instrucción durará treinta días.

4. La práctica sexual no incluirá tipo alguno de relación afectiva.

5. La condición de instructor y novata no establece relación de superioridad a favor del


primero.

6. La práctica del sexo no da derecho a intervenir en la vida personal de los firmantes.

7. Cada uno mantendrá su independencia, especialmente a lo que se refiere al domicilio.

8. La condición de la firmante es principiante, no sumisa. El instructor jamás será


llamado amo.

9. Los aprendizajes se realizarán en lugares cerrados, jamás en lugares públicos o a la


vista de otros.

10. Es un acuerdo secreto y no persigue ningún fin económico.

Jeon Choi Jungkook

Kim Taehyung

Su silencio me mataba, leía y releía, movía la cabeza en negación y sonreía.

—¿Y? esas son mis condiciones.


—Se nota que has explotado tu mente creativa y que has leído al señor Black y toda su
porquería.

—Necesito asegurarme que no te meterás con Lee Editores ni con las regalías y
derechos de mi libro.

—¿Por qué no hay nada aquí referente a eso?—me rebatió, serio.

—Se subentiende de todo lo ahí escrito—¿Qué se cree el idiota?—Si no te parece, lo


dejamos aquí y me desaparezco —al menos, me quedaría el orgullo de haberle dicho NO
a Doctor Sexo.

—¡No tan rápido, que voy apurado! Hasta ahora sé que: primero, eres un cobarde y que
te mueres de miedo por entregarte; segundo, que necesitas escribir un libro cachondo
que sea un Best Seller y sin mi ayuda no puedes hacerlo; y, tercero, que eres un
testarudo y que apoyado en eso, aceptas en beneficio de tu libro mi propuesta de
enseñarte los maravillosos placeres del sexo.

—¡Ni yo lo hubiese podido decir mejor!

—Si fueras mi paciente, trataría tu miedo a entregarte.

—Si yo fuese tu psicólogo, diría que eres una persona angustiada, que encontró en el
sexo su válvula de escape.

Un extraño silencio se apoderó de la habitación, mientras una mirada que jamás había
visto en el rostro de Jungkook hizo aparición envolviéndome en ella

¿Te asustaste, Jeon? Él tonto de Tae también sabe jugar.

—Absolutamente de acuerdo con el punto uno. El punto dos es innecesario, jamás haría
algo que no disfrutes.

—Todos los sádicos dicen lo mismo. Yo digo nada de amarres ni látigos.

—Que sean noventa días—refuto él, no le gustaron los treinta días del decálogo—, tres
meses es todo lo que necesito y tengo.

¡Dios, Dios, Dios! Mátenme, estoy loco. Tres meses compartiendo la cama con ese
hombre.

—¿No crees que es mucho tiempo?

—Si lo traduces a meter y sacar, sí. Lo que yo te ofrezco es mucho más.

—Pero, ¿noventa días?

—Te aseguro que no te vas a arrepentir y una vez que pase ese tiempo, desapareceré de
tu vida, ya no estaré más.
—¿Ya tienes marcado tu calendario para otra alumno? —mi voz salió ¿decepcionado?

—No, pero puedo decirte que voy a viajar—al menos, él tampoco quería enrollarse.

—Como quieras, me da igual siempre que en esos tres meses, tú cumplas. ¡Mentiroso!
gritaba en mi interior. Él, volvió a concentrarse en el documento.

—Yo no soy de relaciones y es evidente que tú, sin novio y casto, tampoco, así que estoy
de acuerdo.

—Yo soy casto y tú eres promiscuo, pero los dos estamos ante el mismo acuerdo así que
no intentes burlarte, “maestro”.

—En el punto cinco hay una apreciación semántica errónea: si soy el maestro, soy el
superior.

—Solo en la manera de cómo practicar el sexo reconozco tu superioridad, pero no


aceptaré el trato de esclavo.

—¡Maldición, ese señor Black le hizo pésimo a la vida sexual de los vírgenes!

—Te he dicho más de una vez que yo no leí ese libro. El punto es, que yo no seré tu
cautivo sexual, yo seré un alumno dispuesto a aprender, nada más.

—Lo que tú digas, Dulzura. Pero en el punto que sigue veo problemas. No es que quiera
entrometerme en la vida personal de mi alumno ¡Jamás haría eso! Que el señor Black y
todos los folladores de papeles me lo demanden si se me ocurre eso—vaya, el idiota no
puede con su vena de comediante—. Pero, tendré que intervenir en tu ropa… Lo que pasa,
es que si te voy a dar la lección “cómo echarse un rapidito” no podrías ir así vestido.

—¿Qué tiene mi ropa? A mí me gusta y por nada voy a cambiarla —nunca voy a renunciar
a mi estilo.

—El “rapidito” se convertiría un “eterno” si espero a que te saques el short, las


pantimedias de lana y tu ropa interios de encaje ¿porque usas encaje, verdad?, sin
contar que las hebillas de tus botas destrozarían mi ropa.

—No se preocupe, Doctor Sex, para ese día, juro que iré con un polo suelto, un short
muy pequeño y sin ropa interior — ¡estoy seguro que se puso duro cuando le dije eso!

¡Bien, Tae! De cabron a cabrón y medio.

—Bueno, por una cuestión práctica, el punto que sigue no es posible. Sabes que trabajo
hasta las dos de la mañana y que la radio está mucho más cerca de mi casa que de la
tuya. En todo caso, no viviríamos juntos, tú estarías en mi casa, dispuesto a mí y a mis
enseñanzas. Hablo de sexo, no de vida social. No te quiero para salir al supermercado,
recibir a mis amigos o de compañero para las fiestas.

—Yo no dispongo de los fines de semana—¡que se cree! Yo seré su alumno, no su


desfogador personal.

—Es que así no se puede, yo te necesito a mi disposición. Ese fue el acuerdo inicial.
—Acepto dormir en tu casa, pero los fines de semana son míos.

—¡Joder, hombre! Si en Versalles, Alemania te hubiese tenido como abogado, el mundo


no habría tenido la Segunda Guerra Mundial

—El punto ocho—respondí, no me iba a detener si en lo que me dijo había un halago


encubierto.

—¡Otra vez el señor Black! ¡Claro que no te pediré que me digas amo! Aunque, ya estoy
creyendo que te gustaría ser mi sumiso.

—Punto nueve—era mejor pasar a otro punto que sacarlo de su ignorancia.

—No te voy a follar en un estadio, ni en un carro del metro a la hora pico. Eres un
aprendiz, podría ponerse en tela de juicio mi habilidad sexual y afectar mi imagen.

—Eres tan arrogante y tan boca floja, que estoy a punto de pedirle a cualquiera que me
enseñe.

—¿Se lo pedirías a Hoseok? Ustedes se gustan, lo vi en la fiesta.

—No, él es mi amigo y lo quiero mucho. El sexo ensucia todo, no quiero perder su amistad
por un jodido libro.

—El sexo no es sucio... tal vez, si no lo haces con quien te gusta o si el idiota no sabe
hacerlo. Después de mis clases, vas a descubrir lo maravilloso que se siente ser follada a
plenitud. No es por arrogancia, pero yo soy el indicado para que aprendas eso.

—Último punto, el secreto

—Supongo que ya lo sabe tu amigo Jimin .

—No sabe que acepté.

—¿Aceptaste?

—Si firmas este decálogo, sí.

—Nos van a ver juntos, sacarán sus conclusiones.

—No tienen que saber que me estas enseñando.

—Bien firmaré y podremos empezar clases.

—Me follarás... ¿Aquí?—los sofás se veían cómodos pero joder, era mi primera vez. Una
risa suave escapó de su interior, se levantó del escritorio y caminó hacia mí, sujetando
nuevamente mis caderas con sus manos.

—Sé que parezco un cabrón—esta vez fue mi turno de enarcar una ceja—, en efecto lo
soy, pero eres virgen, Taehyung. Tenemos ochenta y nueve días para follar, porque la
primera vez que te tenga bajo mi cuerpo, yo te haré el amor. Y sin más que decir, me
besó.
¡Aceptaste, Tae! ¡Accediste!

¡Mierda! ¿Qué carajos voy a hacer? Terminar el libro de Lee y fingir que estos tres
meses que vamos pasar juntos fueron absorbidos por el agujero de la capa de ozono. Los
labios de Jeon Jungkook succionaban los míos. Sentía mi cuerpo completamente
entumecido, pero mi mente trabajaba muy rápido, confundiéndome completamente.

¿Quería hacer esto? ¿Podría afrontar lo que conllevaba el haber aceptado entregar mi
cuerpo a un hombre como Jungkook? ¿Podría olvidar todo una vez que termine?

Tenía la respuesta a esas preguntas: no, no estaba ni listo, ni preparado. No podía


preparar mi cuerpo y mi vida sexual para cederlos a un hombre que deseaba pero que
apenas conocía, por más que mis labios disfrutaran escandalosamente frotarse contra
los de él.

En mi cabeza, el conflicto alcanzaba dimensiones de guerra mundial y pasaba de


desearlo con todas mis ganas a rechazarlo—a él y a su toque mágico— para después,
negarlo todo.

Quería algo y sabía qué Soobin estaría revolviéndose en su tumba con el acuerdo, la
firma le daba poder absoluto de mi cuerpo a Jungkook y me estaba convirtiendo en todo
lo que él había despreciado siempre.

¿Qué demonios había hecho?

Caí... Me estaba convirtiendo en mi madre.

Justo cuando los pensamientos tormentosos llegaban a mí, la lengua de Jungkook pidió
acceso a mi boca e interrumpió mis pensamientos, sus grandes y fuertes manos tomaron
mi cintura, empujándome cada vez más contra el escritorio, su beso dominante y
controlador, era evidente que disfrutaba sometiéndome al vórtice de sus caricias.
Estaba perdido... Completamente pérdido.

Mis manos tomaron mechones de sus cabellos, mientras él seguía besándome sin
detenerse a respirar y yo estaba quedándome atrás...

¡Dios, Tae! no te quedes ¡tienes que seguirlo! Grité en mi interior, intenté respirar
profundamente, mis manos se tensaron en las hebras oscuras de su cabello y lo besé
como jamás en mi vida había besado, todo esto hizo que mi sangre se mueva más rápido
que mi interior se contraiga involuntariamente, me sentía eufórico, eufóricoy aterrado,
tenía un miedo estúpido porque temía destrozarme en este camino. Este hombre me
asustaba, me atraía, pero no podía sobrepasar los límites. No, no podía permitírmelo, no
podía dejar de pensar en lo que en realidad somos: un maestro y su aprendiz. Esto no era
una relación. Esto no era más que sexo de muto acuerdo.

—¿Tae?—Jungkook murmuró sobre mis labios, su aliento mentolado me llegó de golpe,


envolviéndome en un halo que no quería comprender—. ¿Taehyung? —¿Mmm?—murmuré
sin saber qué decir, en algún momento mis labios habían dejado de moverse. Los ojos de
Jungkook me observaban interrogantes, pero podía apostar mi último sombrero a que
mis ojos lo observaban con temor. Sus manos tomaron mi rostro delicadamente
separándose un poco de mí.

—Vamos a dejarnos de tonterías, hay que hacer de esto algo bueno—susurró en voz
baja, dejando un pequeño beso en mis labios—¿Entiendes?, tú también debes disfrutar
la experiencia. Le entendía pero, no respondí, dentro de mi cabeza podía escuchar una
voz que gritaba como loco y me decía que era el capitán del Titanic y que iba derechito a
estrellarme contra el iceberg. He aceptado la propuesta, negocié con él cada uno de los
puntos del decálogo, pero seguía sintiéndome inseguro y bordeando el pánico. El efecto
Minjae hará que el naufragio del Titanic sea una jodida cosa minúscula si cuando acabe
con esto, si dejo que mi corazón se involucre y termina roto.

—Si no estás seguro, es mejor que paremos todo esto aquí —¿estaba leyendo mi mente?

—¿Echarme para atrás después de todo lo que hice? No soy un cobarde.

—El sexo es goce y no sacrificio, ayer en la mañana, cuando tu bata de baño apenas te
cubría, pude haberte tomado y tú, aparte de darme las gracias, nada más habrías dicho.

Puedes irte, Taehyung, y llevarte tu ridículo decálogo. Te deseo, pero si para ti, esto va
a ser una tortura, yo paso. Por más que te desee, no voy a tomarte como un virgen que
va, igual que un cordero, directo al sacrificio—acotó enojado, mientras se apretaba el
tabique nasal, haciéndome salir de mi aturdimiento mental.

—¿Qué es esto? ¿La ética del cabrón? ¡No me iré! ya tomé mi decisión. Tú eres el
profesor, deberías entender que estoy aturdido—dije caminando lejos de él.

—Te necesito aquí—puntualizó golpeando su escritorio, con sus dedos firmes—. Te


necesito receptivo y seguro. No lleno de temores y dudas.

—¿Vas a enseñarme o no? Si soy demasiado para ti, me voy y me llevo mi decálogo. ¿Dije
eso? Sí, Kim Tae, tú lo dijiste.

—¡Maldición, Taehyung!—se sonreía—Eres tan inocente y, aunque no lo creas, tan


deseoso de aprender, te lo dije eres mi reto. Y no estoy considerando el favor que me
pidió Hoseok —alzó una de sus cejas.

—Pues, tú para mí, también eres un reto. Será interesante aprender sexo con un trío:
tú, tu ego y mi inocente cuerpo— su sonrisa se convirtió en una carcajada. ¿Creías que
yo tenía otros intereses? ¡Jódete, Jeon! Yo también te uso.

—Ya que estamos de acuerdo, afinemos algunos de los puntos de tu decálogo.

Sonrió ladinamente como el gato que tiene entre sus manos al pobre pajarillo.

Irónicamente, así me sentía. Tae, la golondrina... Tae, el jilguero... ¡Ja-já!

—Escucho, pero no prometo estar de acuerdo —dije sentándome en una de las sillas
frente a su escritorio. Una cosa es que me sienta y otra cosa es que me vea como
pajarillo.
Jungkook caminó hasta su mullido sillón y se dejó caer, moviéndolo hacia un lado y otro,
lo había visto hacer lo mismo en el programa.

—Desde el lunes en la noche hasta el sábado en la mañana, estarás en mi casa, te irás el


sábado temprano y no regresarás hasta el lunes en la noche.

¿Estamos claros?—La idea no me gustaba pero asentí

—¿Otra cosa que deseas precisar?

—Tú no quieres una relación, yo tampoco, somos adultos y estamos claros que lo que
tenemos es un trato, pero para las demás personas, vamos a disfrazar la realidad—mi
cara debió ser un poema—. No daremos una rueda de prensa o un comunicado de que
estamos felizmente enamorados. Simplemente, si nos ven juntos, bien y sí no, también.

—Razonable.

—Pero...—odiaba los peros—, para nuestros amigos, nuestras familias, estamos saliendo
y somos pareja.

¡Diablos! ¡Qué diablos! Hola, soy Tae, el novio de Jungkook... ¡Voy a vomitar!

—¡No!—me levanté de la silla—. No estoy dispuesto a convertirme en tu apéndice.

—Tengo una familia, una madre y tú, un hermano a quien darle explicaciones—¿un
hermano?

—Taehyung, no te pido que seas mi novio, solo te pido que finjas serlo ante mis padres y
mis hermanos, así como yo fingiré serlo delante de Yeonjun.

—¿Cómo sabes de Yeon?—Jungkook rió, abiertamente.

—¡Maldición, Taehyung! ¿No me creerás tan ingenuo como para no haberte


investigado?—volvió a mover su silla, solo le faltaba el gato para parecerse a El Padrino
—. En fin, no sé tu hermano pero, mi madre hará preguntas. Rose es la única mujer que
amo en este mundo y no la voy a dejar sin una respuesta.

—Estás mintiendo.

—¿En qué?

—Kim Seokjin.

¡Maldición, Tae! ¿Por qué no cierras la boca?

—¿Jin?

—A el ¿también lo amas?

¡Correcto, Tae! Ahora sí que eres una boca floja.

—Mmm, supongo que preguntas para entender lo del otro día, no por celos ¿verdad?

Te lo advertí, Tae... te lo mereces por no cerrar tu bocota.


—Ya que vamos a “colaborar”, me gustaría saber.

—Por Jin siento algo muy especial, algo que no podrías entender, va más allá del amor
estúpido y cursi que te estás imaginando. El es diferente.

—Fue el primera que te dijo no — coloqué los brazos en mi cintura, feliz de saber que
algo no le había salido bien en su vida.

—Exacto, Taehyung.

—¿Podrías dejar de decirme Taehyung? Solo Soobin me llamaba así.

—¿Te cuidas? - Enarqué una ceja y miré en su dirección.

—Empecé a tomar refresco de dieta, no como frituras y uso el cinturón de seguridad


cada vez que me subo a Mickey.

Jungkook soltó una carcajada burlona, sus ojos se humedecieron mientras el agarraba su
estómago e intentaba controlar su respiración al cabo de unos minutos volvió a hablar.

—Eso ha sido muy gracioso, pero la pregunta es ¿tomas anticonceptivos? — dijo burlón.

—Soy virgen, genio. Tú mismo lo descubriste—dije con desdén.

—Los anticonceptivos no siempre son para evitar embarazos, muchos ginecólogos los
recetan para controlar el ciclo menstrual, entre otras variantes hormonales. Pensé que
lo sabías todo, Tae —dijo petulante, subiendo y bajando sus cejas.

—Nunca he tenido un problema con el ciclo menstrual, querido —le mostré una sonrisa
hipócrita—. Del primer día al sexto de cada mes, tendrás que mantener las manos para
ti solito o en su defecto, sobre tu miembro, mientras te masturbas

—Jungkook soltó otra carcajada limpia.

—Desde los trece años no me masturbo, Dulzura.

—Sí, como no...

—Digamos que siempre hay un par de manos extras dispuestas a hacerlo por mí y en
esos días, estarán tus manos... o tu boca, cariño.

¿Mi boca? Ese asqueroso quería que yo me metiera su miembro en la boca, después de
ver como la metía en el culo de la zorra del estacionamiento... ¡Estas muy loco, Jeon!

—No lo voy a hacer...—lo vi tomar el documento que firmamos.

—Eres un novato, yo soy tu instructor y debo enseñarte como se hacen las buenas
mamadas, claro, dentro del plazo y a puertas cerradas. Eso dice tu decálogo.

¡Diablos! Odiaba cuando hacía algo y se volvía en mi contra.

—¡No dice hacer mamadas!—estaba ejerciendo mi derecho al pataleo.


—Si yo pienso que debes hacerme una mamada, tú lo harás, Taehyung soy tu maestro, tu
profesor, tu instructor.

—Ya te dije que no soy un sumiso— repliqué tajante.

—Y no quiero que lo seas, muñeco.

Mira, antes de hablar de felatios, debemos ponernos de acuerdo en el método


anticonceptivo.

—Sabes que existen los condones Jungkook, no tengo que meterle hormonas a mi cuerpo
para tu satisfacción — murmuré fingiendo hastío.

—Para satisfacción de los dos. Te voy a enseñar tantas cosas que agotaremos el stock
de preservativos de la ciudad —iba a decir algo, pero continuó, ignorando mi gesto—.
Además, tengo cierta aberración hacia el látex.

—¡Espera!, ¿tú nunca has usado un jodido condón?—pregunté levantándome de la silla.

—Por supuesto que sí, ¿no creerás que soy tan estúpido? A ti te voy a dar el privilegio
que le he dado a muy pocos en la vida: te comerás el caramelo sin envoltorio, por eso
debemos visitar un ginecólogo, en la Fundación contamos con excelentes profesionales,
te puedo conseguir una cita de inmediato.

—Debí hacer alguna buena obra en mi vida pasada para que se me otorgara tal privilegio,
follar hasta la muerte sin preservativo con Jeon Jungkook, el mismo Dios del sexo...
Tendré una buena anécdota para contarle a mis nietos —hablé con sarcasmo—y deja
esos aires ridículos de dominante, yo tengo mi médico, tengo una clínica de confianza.
Que no tenga experiencia sexual no me hace ignorante sobre el tema y las consecuencias
que puede traer a nuestras vidas si cometemos algún error.

—Como quieras, Taehyung.

—¡Que jodido!—dije indignado, respiré profundamente tomando un poco de aire para


calmarme—Vale, sí quieres fingir ser mi novio, nadie te va creer si sigues llamándome
Taehyung. Mis únicos amigos son Hoseok y Yoongi, el esposo de Jimin. Familia solo tengo
a Yeon y los tres saben que odio que me llamen por mi nombre completo.

—Y, ¿Jimin?—arqueó una ceja, confundido.

—¿Qué pasa con el?— me encogi de hombros.

—¿No le extrañará si tu novio te llama por el nombre completo?— expresó, irónico.

—Jimin es mi mejor amigo, como intuías, el lo sabe todo, desde tu dichosa propuesta
hasta el decálogo, se lo envié por correo—Jungkook colocó sus codos sobre el escritorio
e inclinó su cuerpo hacia mí—, el es mi publicista.

Sonrió de manera sarcástica antes de volver a recostarse en su sillón entrelazando sus


dedos sobre su pecho.
—No me gusta mi nombre, es feo y jodidamente largo así que nunca me llames Jungkook
frente a mis padres; soy alérgico a las nueces y amo la esgrima tanto como odio el
fútbol—dijo rápidamente.

—¿Y eso? ¿Cómo pasamos de anticonceptivos a “soy alérgico a las nueces”?

—Son cosas que mi entorno sabe de mí.

—Tendrás que decirme con quién mantendremos la farsa. Jungkook se levantó de su


sillón y caminó hasta descolgar la foto de la pared

—Esta es mi familia, Seojoon y Rose mis padres adoptivos—a ellos los conocía, en la
fiesta de salón—. A Mina ya la conoces, es mi hermana por cosas del destino. Él es
Yugyeom y es el hermano que me dio la vida, solo con ellos y con Hoseok me gustaría que
mantuviésemos la imagen de ti como mi novio.

—Falso.

—Eso, como mi novio falso.

—¿Por qué Hoseok? —pregunté curioso.

—Porque no creo que le guste enterarse que transas sexo por conocimiento, te caerías
del pedestal de puro y santo en el que te tiene.

—¡Hoseok no piensa eso de mí!

—¡Claro que sí! es cosa de verle la cara cuando te mira.

¿Hoseok? ... ¡lo que sea! tampoco puedo presentarme y decirle: hey Hobi, me estoy
follando a Jungkook porque así voy a sacar adelante el libro que el cabrón de Lee Min-ho
quiere que escriba.

Jungkook volvió a colgar la foto y suspiró.

—¡Muy bien! yo voy al ginecólogo por los anticonceptivos y tú te haces análisis de sangre,
quiero estar...

—¡Estoy limpio, Tae! Y tener una enfermedad venérea, sería el menor de mis problemas
en este momento—dijo, interrumpiéndome, más para él que para mí.

¡Qué fascinación tenía este hombre con no dejarme concluir mis ideas!

—Relación de igualdad, mira el punto cinco—dije, levantándome—. Cuando tengas los


exámenes, tú me buscas —él me sonrió socarronamente.

—Creo que deberíamos de sellar este pacto —extendí mi mano hacia él en un gesto de
saludo pero de un solo impulso, salió de su cómodo sillón y se instaló mi lado; de un
tirón, me puso de pie y pegó mi pecho al suyo. Una de sus manos apretó mi cadera a su
cuerpo y la otra, se posó bajo mi nuca—. Siempre sello mis pactos con un beso —
murmuró antes de que sus labios se movieran suaves pero firmes contra los míos.
Una vez que dejó que mi mente volviese a funcionar, le vi con cierto cinismo y le
respondí

—¿No vas a esperar a que vaya al ginecólogo?

—¡Oh no Tae!, Este es un beso JJK Premium, estoy de buen humor así que ahora mismo,
a modo de introducción al curso, voy a dártelo —sentí nuevamente sus labios apoderarse
con los míos esta vez más fuertes y demandantes, succionaba mis labios con fuerza,
mordisqueándolos con alevosía.

Me aparté de él solo un par de segundos respirando profundamente antes que él volviese


a atacarme, dejándome sentir todo lo que me desorientaba este hombre. El cosquilleo en
mi cuerpo, la sangre volviéndose más espesa en mis venas, el latir desenfrenado de mi
corazón, mi cuerpo actuando por decisión propia... Mis manos se enredaron a su cuello
atrayéndolo más a mí, abriendo los labios para permitir que su lengua jugueteara con la
mía. Sentí cómo mi espalda completa se ajustaba a la puerta de madera, pero por
primera vez desde que Jungkook y yo nos conocíamos, él no estaba embistiendo sus
caderas contra las mías. Él simplemente me estaba besando, con fuego, con pasión
desbordante, marcando el ritmo de nuestros labios pero no estaba tratando de
restregarse en mí y eso me gustó...Me gustó más de lo que alguna vez podría
reconocerle. Sus manos descendieron por mi costado, yo estaba casi de puntillas
besándolo, casi con la misma intensidad con la que él lo hacía. Dejó sus manos en mi
cintura y poco a poco el beso fue bajando de intensidad. La falta de aire por mi parte
fue bastante notoria, así que Jungkook terminó el beso con un simple roce de labios y
descansó su frente en la mía, algo demasiado íntimo para dos personas que solo follarán.

Me alejé de su rostro, dejando que todo mi cuerpo se apoyara en la puerta. Sus manos
dejaron mi cintura y una de ella, acarició mis labios con sus dedos.

—Siempre es un placer besarte, Kim Tae. Dices no ser sumiso, pero tu cuerpo acata mis
órdenes, sin que yo diga una palabra —murmuró bajo su aliento y yo no sabía si enojarme
con el traicionero de mi cuerpo o cachetearlo por prepotente y engreído— espero que
disfrutes la experiencia, porque yo, de seguro, voy a disfrutarla.

Sus dedos siguieron acariciando mis labios suavemente... Maldición, porqué me sentía
como un títere en sus manos ¡No quería sentirme así!

—Te veré cuando tenga los exámenes y a partir de ahí, tengo noventa días para
instruirte en el sexo. Tu cuerpo será mi cuaderno y la cama, nuestro pizarrón, te
aseguro que tengo un lápiz bastante efectivo.

—Me conformo con que no sea como tu chiste. Y, esa fue mi despedida.

Salí de la oficina, preguntándome internamente si Yeon aceptaría irse conmigo a la


Patagonia. Cualquier lugar lejos era bueno con tal de no volverme a sentir vulnerable
ante Jeon Jungkook.
Conduje tratando de asimilar en lo que me había metido. Ya no había marcha atrás,
apenas llegué a mi casa, tomé el teléfono y le conté todo a Jimin. No había pasado media
hora, cuando lo sentí llegar a mi departamento, yo estaba sentado en el suelo de mi
balcón mirando hacia la ciudad, me sentía más frágil que nunca y, lo odiaba. Agradecí que
Jimin tuviese una llave del departamento, pero más agradecí que sus brazos me
rodearan con fuerza.

—Amigo ¿Qué hice?

—Cariño—susurró frotando mi espalda—Jungkook no es Minjae— enfatizó—. Tú no eres


él mismo Taehyung de hace cuatro años, ahora eres un chico fuerte. Me aferré a su
cuerpo y lloré como nunca. Lloré una vez más por la traición de Minjae y por la estúpida
insistencia mía de no quererlo olvidar.

Minjae, el hermano mayor de Yoongi, fue mi primer y único amor, era mi príncipe azul, el
típico chico guapo de la preparatoria que tenía loca a todas las chicas pero que me había
elegido a mí. Con él, todo fue inocente y no me importaba, besos dulces bajo la lluvia,
caricias sensuales en su auto cuando me traía a casa. Estuvimos juntos un par de meses
hasta que se fue a Chicago, a estudiar a la Universidad, el noviazgo siguió por teléfono y
por internet durante dos años. Me juró amor eterno y me llenó de excusas cada vez que
le preguntaba por qué no volvía a casa pero, yo era feliz y lo justificaba. Él fue la única
persona que me declaró su amor, él me amaba, amaba a Kim Taehyung, el chico que ni su
madre quería... y eso, valía para mí más que cualquier otra cosa. Y entonces, mi abuelo
murió. Soobin, un Sargento de la Fuerza Aérea, serio, disciplinado y de severa moral,
ejerció como mi padre, por eso, para su ceremonia fúnebre, Minjae llegó de Chicago.
Vino con su cabello rubio como el sol, sus ojos azul océano, su metro noventa de estatura
y su cuerpo de atleta. Apenas lo vi, me lancé a sus brazos, me aferré a él y no lo solté
hasta que noté la firmeza con que trataba de separarme y, la vi a ella.

—¡Ya, basta, cariño! No llores más— las palabras de Jimin me trajeron a la realidad—
Entremos, si sigues aquí, te vas a congelar—tomó mis manos, me puso de pie y me hizo
pasar a la sala.

—¡Lo haré, Jimin! ¡Lo haré!—repetí, mientras mi amigo me sentaba en el sofá y corría
hasta el pequeño closet del corredor.

—Si me dices que harás, puedo oponerme. Pero, no sé de qué hablas. Toma, cúbrete con
esta frazada.

—Tendré sexo con Jungkook, escribiré mi libro y me sacaré por siempre a Minjae de mi
corazón.

—¡Oh, cariño! Minjae, pensé que ya lo tenías desterrado—me abrazó sobre la manta.

—Yo también, pero todas estas— intenté que mis manos me ayudaran a definir la
situación—tratativas con Jungkook lo trajeron de vuelta.
—Tú eres certero. No puedes permitir que algo que pasó hace tanto tiempo, domine tu
vida.

—Ya no quiero más, quiero hacer desaparecer a Minjae de mi vida, pero... ¡Estoy tan
asustado!—temblé un poco.

—Jungkook y el libro, pueden ayudarte con ese propósito.

—Jungkook es un hijo de puta, es arrogante, es egocéntrico pero también es un experto,


la manera en la que me toca me hace sentir cosas que solo viví con Minjae y no sé si
pueda superarlo.

—¡No! ¡Abandona el proyecto! ¡Santo cielo!—Jimin se agarraba la cabeza, mientras daba


vuelta en círculo por la sala— ¡vuélvete escritor de niños! cualquier cosa pero, no dejes
que el fantasma de ese sinvergüenza te quiebre de nuevo. Jimin no me estaba
entendiendo.

—¡No puedo! Tengo veinticinco años no quiero llegar a los treinta recordando el sin sabor
de una relación fracasada y con temor de experimentar cosas nuevas.

—Pero, ¡mira cómo estás!

—Estoy bien, fue un jodido ataque de pánico.

—Tú no sufres de eso.

—Amigo, me dio pánico saber que con Jungkook, por razones de trabajo, llegaré más
lejos de lo que logré con Minjae en cualquiera de nuestras citas de amor — aunque
odiaba hacerlo, hice con mis dedos, comillas al aire —y que su traición ya no será el
escudo que me mantiene en una patética zona segura.

—¿Entendí mal o me estás diciendo que un clavo saca otro clavo?

—Entendiste mal. Esto, lo que hay entre Doctor Sex y yo, es trabajo. Acá, el amor no
entra — ¡Joder! ¿Cómo era esa canción que en los ochenta cantaba Tina Turner?—. Solo
espero que cuando me meta en sus sábanas, a Minjae le caiga una tonelada de olvido.

—No lo sé... ¿estás seguro, Tete?— asentí —. Sabes que te apoyaré en lo que decidas,
sin embargo debes saber que con las emociones humanas no se juega. Cualquier error de
cálculo, por muy pequeño que sea, puede ser nefasto.

—Jungkook no es Minjae —murmuré, levantándome del sofá—. A él yo no lo amo, esto es


solo un pacto, por más vulnerable que me sienta, esto es solo un trato con reglas claras,
un fin específico y con fecha de caducidad.

—Así es, muñeco—Jimin me dio la mano y lo ayude a levantar. Fuimos a mi habitación y


no supe en qué momento me quedé dormido. Cuando me levanté la mañana siguiente,
Jimin estaba en la cocina preparando el desayuno; tostadas con huevo y tocino, fruta
picada y zumo. Estaba hambriento, casi no había podido comer nada el día anterior.

—¡Por fin! pensé que tendría que ir a despertarte—dijo apenas me vio entrar a la cocina.
—Huele bien—mi estómago ladraba furiosamente, aun así sonreí, mostrándole que me
sentía mejor. Jimin dejó un plato en la barra de la cocina y me señaló.

—Son casi las 10:30 de la mañana. He dicho en la oficina que tengo cita en el doctor con
Susy así que, ¿qué te parece si vamos al salón de belleza y nos damos un día de chicos?—
dijo el tan pronto me senté en la barra de la cocina.

—Creo que si llegas con un cambio de look, todos se darán cuenta que mentiste.

—Mmmm, tienes razón, pero qué tal si el cambio es para ti. Un corte de cabello, una
depilación total—negué con la cabeza.

—Jimin, no es buena idea—murmuré, llevando un poco de huevo con tocino a mí boca.

—Salgamos de aquí, ¡anímate!—mi amigo sonrió y se sentó a mi lado. Abrir la caja de


pandora el día anterior, había sido doloroso, como siempre, pero una vez que ella se
cerraba, el dolor quedaba atrapado y yo, seguía con mi vida.

—Necesito ir a un lugar, ¿me acompañas?

—Hasta el fin del mundo, pero pasamos primero por mi casa.

—Gracias, por venir, por quedarte— apreté su mano y el me devolvió el apretón.

—Sabía que me necesitabas, somos amigos ¿puedo preguntar a dónde vamos?

—Al consultorio del Doctor Onew.

Habían pasado varios días desde que había visto al Doctor Onew. El edificio donde funcionaban sus
oficinas era enorme, incluso más que el de "Vitae∞FIRHA". El Doctor Onew iba de salida cuando
llegamos pero aun así, decidió atenderme.

Pasamos de estar en un recibidor impersonal a una cálida oficina, decorada con fotos de
dos niños, uno podría tener doce años y el otro unos, ¿diez?

—Si vas a tener relaciones sexuales, es un buen momento para cuidarte, puedo
recetarte un anticonceptivo inyectable o uno de comprimido, también están los parches
de hormonas y los chips.

Negué.

—Soy bastante olvidadizo con los comprimidos y los parches he escuchado que suelen
despegarse, no va ser por mucho tiempo así que tampoco necesito algo muy duradero —
Onew me miró enarcando una de sus cejas—. Un inyectable está bien—murmuré
despreocupado. Un leve toque en la puerta hizo que el Doctor Onew frunciera el ceño
antes de decir un adelante.

Una mujer pelirroja, bastante joven se asomó por la puerta.

—Perdón, pensé que estabas solo, Audrey no está en recepción.

—Iba a buscarte para almorzar, te envié un mensaje —dijo él con una sonrisa bailando
en sus labios. Sus ojos brillaban.
—Mi celular se quedó sin batería, te espero en el restaurant, ¿Te pido lo de siempre? —
él asintió y ella cerró la puerta.

— ¿Cuántos días faltan para tu periodo? —con un suspiro, volvió a preocuparse de mí.

—Tres—afirmé, sacando cuentas mentales.

—Aplícala cuando tu período se haya ido, debes hacerlo mensual. La Mesigyna, libera la
cantidad de hormonas necesarias para que no haya fecundación—asentí cuando me dio la
receta. Jimin y yo nos despedimos rápidamente y salimos del consultorio.

Los días siguientes, estuve con Hoseok editando las nuevas escenas de mi libro, estaba
posponiendo la escena sexual, pero sin duda los besos de Jeon Jungkook, habían
contribuido a que Danielle y Caleb tuviesen momentos realmente candentes.

No vi a Jungkook en los siguientes tres días, pero escuchaba su programa, estaba


desarrollando un placer culpable, es que ese hombre desbordaba una sensualidad al
hablar que me tenía colgando en un hilo. Solo esperaba que no se rompiera. Tal como lo
había predicho, mi período llegó y con ello, el primer fin de semana de Yeon en casa.
Siguiendo el consejo de Jimin, hicimos más y hablamos menos, cuando lo fui a buscar,
compré un ramo gigante de rosas y lo llevé al cementerio. Al principio la tensión entre
ambas fue evidente, pero luego, en casa, la situación se relajó y coloqué una de mis
películas favoritas,

"Virgen a los cuarenta ". Steve Carell interpretando a un hombre que había esperado a
la mujer indicada era divertido, Yeon y yo reímos mucho.

El domingo en la mañana cuando volvía de mi caminata matutina, el portero me entregó


un extraño sobre de color marrón. Palidecí cuando leí el nombre Jeon Jungkook marcado
en el remitente; cuando entré a mi departamento, ya había recuperado la calma. Estaba
preparando el desayuno cuando Yeon salió de su habitación con los ojos aún cerrados por
el sueño, se sentó en la barra e ignoró completamente el sobre a su lado, había ido al
Internado con el deseo de que aceptara mi propuesta de empezar de cero y conocernos
mejor, aunque le tomó tiempo decidirse al final, había aceptado. Este era un nuevo
comienzo para los dos.

—¿Puedo redecorar mi habitación?—preguntó, después de unos minutos.

—Es tu habitación —contesté.

—Pero esta es tu casa, y no falta mucho para que tenga la mayoría de edad.

No quería dañar nuestro nuevo comienzo, así que solo asentí. Por la tarde fuimos al
centro comercial y salimos cargadas de bolsas. No tuvimos contratiempos, más bien, fue
relajado y para celebrar este primer paso en la nueva relación Yeon-Tae, fuimos a un
restaurante italiano, a comer lasaña. El lunes en la mañana, llevé a Yeon a la escuela, hice
varios pendientes y regresé a casa a media tarde. El sobre sellado que Jungkook me
había dejado todavía estaba cerrado, lo había ignorado a propósito, no quería que su
contenido afectara mi fin de semana, así que rasgué la parte superior, saqué los
documentos y vi que cayó un pequeño papelito.
“Léelos con detenimiento, investiga lo que tengas que investigar.

Estoy limpio, avísame cuando empieces a tomar los anticonceptivos.

Estamos en contacto.

Jungkook”

Nada sarcástico. Revisé todos y cada uno de los documentos y en efecto, estaba limpio.
Tomé mi celular rápidamente y envié un mensaje de texto:

“Fui con el ginecólogo.

En dos días más estaré en condiciones.

Tú dirás.

Tae”

No contestó, tampoco esperaba que lo hiciera...

Era jueves por la tarde y aún no sabía de él, me preguntaba internamente si se había
arrepentido, mientras intentaba empujar un poco mis límites y escribir una buena escena
de cama, pero siempre fallaba en el intento. Dios, tenía una imaginación muy vívida pero,
a la hora de "cama", era un mojigato. En la mañana había ido a comprar el anticonceptivo
que me había recomendado el Doctor Onew y el farmaceuta lo había colocado en mi
brazo derecho, era como si aplicasen una vacuna cualquiera. Pasé casi media hora, antes
de ir a cancelar el producto debido a la vergüenza. Suspiré profundamente, mientras
releía el último párrafo escrito

Ella podía sentirlo, sentía su aroma, su vitalidad, sus fuertes músculos bajo su la
ropa. Caleb no solo desprendía un poderío que la hacía sentir débil, Caleb era
mucho más. Era a lo que ella más temía en un hombre a pesar de eso, sus labios
devoraban los de él casi con la misma ansia que él devoraba los suyos. Sintió cómo
sus manos le acariciaban el abdomen y gimió por la sensación de sentir piel con
piel. Caleb tocó su entrepierna, aún cubierta por una finísima tela de encaje y...

Demonios estaba atrancado…


CAPÍTULO 9

El sonido del timbre me distrajo de la lectura y me saqué los lentes para mirar hacia la
puerta de entrada por unos segundos, pero un nuevo timbrazo me hizo reaccionar. Me
levanté del sofá y acomodé mi ropa antes de pararme frente al espejo, peiné con las
manos mi cabello y abrí.

Casi creí morir cuando Jeon Jungkook se afianzó a mi cintura, besándome con la misma
fuerza de siempre y apremiándome a entrar al departamento. Mi cuerpo reaccionó ante
el imperativo choque de su boca contra la mía y cerré los brazos en torno a su cuello,
atreviéndome a devorarlo. Como la última vez, terminó el beso suavemente y me separó
de su cuerpo. Su mirada se encontró con la mía y repasó mi cuerpo, mi pequeño short de
franelilla y mi camiseta transparente. Podía sentir mis pezones erguirse ante su atenta
mirada.

—Ve a vestirte —murmuró suavemente, dejando un último beso en mis labios—.


Empezaremos las clases.

—¿Hoy?—pregunté como idiota, Jungkook se veía mucho más repuesto que la última vez
que lo vi. Tenía un traje de tres piezas que se ajustaba perfectamente a su cuerpo, se
había quitado la corbata y traía el chalequillo abierto. Su cabello negro como la misma
noche estaba despeinado, haciéndome notar que había pasado sus manos innumerables
veces por él, Jungkook tenía el cabello como si se lo tiraran.

—No sabes lo que me provoca que me observes así —dijo con voz burlona y sarcástica—
¿El inventario está completo? y antes de que preguntes, no, no he estado con nadie en la
última semana—me dio una sonrisa torcida y gemí internamente—. Ve a cambiarte de
ropa, antes que me arrepienta y empecemos la primera clase aquí —salí de mi pequeño
aturdimiento con la suave palmada que dio en mi nalga izquierda.

—¿Nuestra primera clase? Ya sé que no estaba en el decálogo, señor Jeon pero ¿no
deberías haberme avisado?

—¿Y quitarle la diversión a este asunto? No, Dulzura—odiaba cuando me decía Dulzura
porque sé que lo dice para burlarse—. Ve, cámbiate de ropa y acompáñame a cenar,
vamos a hacer la inauguración de la escuela del sexo, comeremos rico y brindaremos y
¡llámame Kook!

—Kook.

—Correcto—me miró con simpatía

—. Soy una persona cordial y, solo es una cena.

Sí, era cordial, encantador, simpático, inteligente, sexy, hermoso, atlético, guapo. ¡Una
ofensa para las demás personas! Un Dios del Olimpo codeándose con los humanos, Pero
nunca lo admitiría en público.
Tae, ¿estás bien?...

—Entonces, pido una pizza y brindamos con Pepsi Cola.

—Cena, Tae... Fuera de tu lindo apartamento.

—¿Piensas que mi departamento es lindo?—dije sonriendo. Yo también puedo tomarte el


pelo, querido

—Ve a vestirte o yo mismo empezaré a quitarte la ropa—se acercó a mí— vamos a estar
tres meses juntos, y quiero comenzarlo con estilo—dijo con voz baja.

—¿Qué te pasa? ¡Yo tengo estilo!

—¿Pizza y Pepsi? ¡Eso nunca! Vamos, vístete.

—Yo diría que estás irrespetando el punto seis —mis ganas de divertirme esta noche
estaban puestas en permanecer echado en el sofá mientras veía una repetición del
último episodio de la Ley y el Orden.

Jungkook caminó hasta sentarse en el sofá, cruzando sus piernas y mirándome de frente
manteniendo su sonrisita ladeada.

—No quiero intervenir en tu vida privada, es una maldita cena en un restaurant donde no
venden pizza ¡joder!

Si no tuvieran código de ropa—nada de jeans y camiseta— te arrastraría así, como estás


vestido —le restó importancia a mi imagen de joven dueño de casa que se acaba de
depilar todo—. El reloj corre, tienes veinte minutos para arreglarte, tenemos una
reserva a las 19:00 y ya falta poco. Bufé resignado, antes de guardar los cambios en el
computador y apagarlo

¡Cabrón!

—Ya vuelvo...

—Ponte un lindo traje—le mostré el dedo del medio, mientras caminaba hacia el
corredor. ¿traje? ¡Já! Ni loco...

Tardé un poco más de treinta minutos arreglándome, inconscientemente, me había


esmerado por no lucir tan normal, me puse unos pantalones negros de vestir, muy
ajustados, una camisa blanca de seda , una chaqueta de tweed, zapatos con un poco de
plataforma y una boina Fedora. Solté mi cabello dandome cuenta que estaba algo largo,
maquillé mis ojos y mis labios sutilmente, me di una última mirada en el espejo y sonreí al
darme cuenta que parecía un hípster de catálogo. Si no le gustaba mi atuendo pues bien
podía joderse. Agarré un collar de cuentas rojas que me había regalado Jimin, me lo
puse. ¡No me vengas a decir que no tengo estilo, querido Jungkook!

Cuando salí él estaba mirando algo en su celular, carraspeé un poco y su mirada me


recorrió haciéndome sentir desnudo, a pesar de que estaba completamente vestido.

—Nada mal, aunque me hubiese gustado un traje.


—En tus sueños—refunfuñé.

—Créeme, en mis sueños estás justo como terminarás esta noche—lo miré sin

entender—.

Perderemos la reserva— comentó levantándose del sofá y caminando hacia mí—.

Eres tan hermoso.

—No tienes que halagarme Jungkook, no es necesario. Finalmente, me follarás como yo


necesito para mi libro ¿no? Así que ahorrémonos la cursilería y las mentiras—Jungkook
sonrió y luego colocó su mano en mi espalda baja para guiarme rápidamente, su tacto
quemaba mi cuerpo.

—¿No eres muy agrio para tener veinte años?

—Tengo veinticinco.

Me miró con actitud de “lo sé” pero no dijo más. ¿Habrá sido una indirecta?

¿Me quiso decir que soy inmaduro? Porque, no creo que haya querido decirme que me veo
como un chiquillo para la edad. No, eso sería un halago y, él no halaga.

Bajamos el elevador en absoluto silencio, pensé que iba a intentar besarme pero no lo
hizo, tampoco se acercó o dijo algún comentario con doble sentido o sarcástico. Parecía
preocupado y no sabía por qué. Su auto estaba estacionado fuera del edificio, me
despedí del conserje, y subí en el vehículo. Condujo por varias avenidas hasta que
llegamos a un restaurante, se veía elegante por lo que me felicité a mí misma por mi
atuendo. Bajó del auto pero no le di oportunidad que abriera mi puerta, él me dio una vez
más su sonrisa torcida antes de extenderme el brazo que, como era obvio, no acepté.

El restaurante más que opulento, era exclusivo, original y moderno ¡Santo cielo! Al
menos, eligió un lugar de mi agrado. Las paredes pintadas con colores vanguardistas y las
mesas de forma circular estaban distribuidas en distintos ambientes. Jungkook habló
con el maître y una chica rubia, a la que se le abrieron los ojos al verlo, nos trajo la
carta. Parecía de esas chicas que trabajan de meseras mientras esperan su oportunidad
en Broadway: piernas largas, espalda recta y caminar celestial, toda una belleza.
Jungkook levantó una de sus cejas luciendo sensual y la chica sonrió aún más batiendo
sus pestañas como toda una colegiala. Iba a vomitar. Afortunadamente se fue tan rápido
como vino, la mesa se sumió en silencio mientras revisábamos el contenido de la carta,
unos minutos después un chico llegó y tomó el pedido Jungkook; pidió vieiras y lenguado
asado, emparejados con ragú de calamares y pepitas de tocino, con crujiente capa de
crutones y queso azul; yo, pollo tierno con espárragos blancos, hummus y ensalada de
kale.

Aunque los nervios y la ansiedad por lo que me esperaba me tenían inquieto, recurrí a la
“técnica Soobin” —no mostrar mis emociones—y me obligué a disfrutar del lugar. Era un
sitio de moda, todo aquel que era alguien en Corea, tenía que comer, a lo menos, una vez
a la semana aquí, era muy difícil de encontrar una reservación de un mes para otro.
Supuse que él tenía contactos.

—Quiero brindar por nuestro excelente pacto—dijo Jungkook alzando su copa.

—A tu salud, querido. Espero que el pan de aceitunas no traiga carozos ¡sería horrible
atragantarse en una noche tan especial!—dije sarcástico y Jungkook negó divertido.

—Tú puedes atorarte, hago una maniobra de Heimlich que te encantará —levantó una
ceja, sonrió de lado y… estuve a punto de ahogarme.

Ambos comimos en silencio. Jungkook dedicaba una que otra sonrisa y gestos de saludo a
los comensales de otras mesas ¡joder! Saludó a tres actrices de cine, un actor de
televisión y a cuatro cantantes.

¡Contrólate, Tae! No puedes salir corriendo a pedirles una selfie!

Al final pedí una tarta de arándanos, Jungkook no pidió nada pero, se disculpó un
momento y se alejó de la mesa. Regresó unos minutos después y me dio una mirada
pícara junto con su sonrisa sexy. Solicitó la cuenta y salimos del lugar.

—Puedo tomar un taxi, así puedes volver y follarte a esa aspirante a ganadora del Óscar
que te miraba con tanta hambre—mi voz destilaba veneno, estaba seguro que si me
mordía la lengua, caería muerto. Eso fue ridículo, Tae.

—¿Celoso, Taehyung? —me reí sin gracia en su cara.

—¡Já! Solo estoy midiendo tu capacidad para respetar el decálogo.

Punto uno, ¡Idiota!

No respondió. Creo que le pareció lógico mi comentario.

¡Bien, Tae, salvaste!

—Quiero llevarte a un lugar que te servirá para el libro.

—Hablaste de cenar, nada de “ir a un lugar

—¡Joder, hombre! Deja de hacer comillas con tus dedos.

—Soy tu instructor y tenemos un tiempo ajustado... mientras más pronto comencemos,


mejor te irá con tu libro.

Bufé sonoramente.

—¿Me llevarás a casa después de que vayamos a dónde sea que me quieres llevar?—él
asintió abriendo la puerta del coche para mí. Podía ver su sonrisita torcida, pero la
ignoré lo mejor que pude.

—Me he visto con Jin hoy, te envía sus saludos y dice, que solo estará aquí hasta el lunes
por si lo necesitas. Podrías llamarle.
—Ya hizo mucho por mí —me encogí de hombros—, su relato me ayudó corregir un par
cosas, lo llamaré para desearle un buen viaje —contesté sin emoción.

Jungkook condujo hasta llegar a lo que parecía ser un bar o algo así. Había una larga
cola, pero Jungkook estacionó el auto dejándole las llaves a un chico rubio que hacía de
valet.

—Ya sabes Chris, sin marcas—el chico asintió y se llevó el auto.

—¿Has visto la fila?—le pregunté.

—Eso no es problema para mí—me dio una sonrisa centellante, antes de dirigirse al
mastodonte que estaba en la entrada.

Mientras Jungkook hablaba con el rubio, me dediqué a mirar el entorno y me pareció que
todos los empleados del lugar eran sospechosamente rubios y de ojos azules, que el
uniforme era sacado de “Star Trek” y que el local, recubierto de reluciente cerámica
negra, no tenía nombre.

—¡Ya está!—llegó a mi lado— podemos pasar —entramos sin importar las murmuraciones
de las personas que se encontraban en la larga fila de espera.

—¿Dónde estamos?

—Verás, descubrí este lugar hace algunos años por internet —dijo mientras me conducía
por un corredor pintado de negro, tenuemente iluminado

—. En Europa, encontrar un sitio como éste es muy normal, así que dije ¿Por qué no?

—¿Es tuyo?—pregunté intentando enfocar mi vista.

—Tengo un pequeño porcentaje de participación. Wonho, Yugyeom y yo tenemos otro


socio—habló con desagrado, él apretó mi mano más fuerte hasta llegar a lo que parecía
el final del pasillo. En frente de nosotros había un letrero enorme incrustado en la
pared: FETICHES ¿Qué demonios era esto? Bajo el letrero, había cuatro puertas, así
que miré a Jungkook con una ceja alzada. Él sonrió, como llevaba haciéndolo toda la
maldita noche antes de explicarme.

—Tae, este lugar es algo especial— nuevamente lo miré sin entender—. Hay cuatro
puertas, ¿verdad?— efectivamente, habían cuatro puertas frente a mí, no era ciego, las
estaba viendo. Sobre ellas, había luces de diferentes colores: rojo, naranja, amarillo y
blanco—¿Has escuchado el refrán que dice que en la variedad está el placer?

—Por supuesto —contesté enseguida.

—Este lugar ofrece ese servicio: amarillo si quieres ver; rojo si quieres participar;
naranja si solo quieres bailar y, blanco, si quieres irte. Lo miré sin creerlo, ¿él me había
traído a especie de casa de orgías?

—¿Me has traído a que presencie una orgía? ¡Porque, no quiero creer que me trajiste a
participar!—le dije seriamente, con todo mi cuerpo tensionado.
—Pensé que te gustaría ver, ahora, si quieres participar—alzó una ceja descaradamente.

—¡Estás loco!—grité, aunque no era esa mi intención, no quería parecer un histérico —


¡Eres un depravado!—y lo empujé con mis dos manos, con fuerza.

—Aterriza, Dulzura—capturó mis manos en el segundo intento—. Vivimos en un mundo


pervertido. ¿Por qué crees que el tipo de libro que estás escribiendo se vende tan bien?

—Quiero irme a casa—dije fuertemente zafándome de su amarre, aunque no podía negar


que en el fondo —muy en el fondo—tenía curiosidad por ver.

—¿Estás seguro, Tae? Es información. Una orgía real excita mucho más que un libro
pornográfico, a menos, que lo escribas tú, pero tienes que conocer.

¿Cree que escribo bien? ¡Santo Joder!

—¿Amarillo para ver, rojo para formar parte, naranja para bailar y blanco para irme?

—Entendiste bien.

—Bien, no sé qué tan jodidamente pervertido esté tu cerebro, pero este tipo de cosas
no me gustan —dije fríamente antes de encaminarme a la puerta blanca.

—¡Taehyung, espera! No tienes por qué ofenderte. Esto es parte de las lecciones. Se
llama motivación. Tienes que saber de qué se trata todo esto. Estamos aquí por tu libro.
¿Acaso pensaste que te iba a llevar al cuarto rojo? ¡Joder! Sí que estás mal.

—No me gustan este tipo de “reuniones”. Lo dejé claro en el contrato.

—Bien, he entendido que esto puede ser demasiado fuerte para tus castos ojos,
Dulzura—se burlaba de mí—voy a llevarte a casa para que sigas jugando a ser él chico
mojigato que estas cansado de ser.

¿Seguir jugando a lo que estoy cansado de ser? Vaya, es todo un poeta

¡Já!

—Puedo tomar un taxi.

—No puedes. Y te juro, Taehyung, otro grito y te alzo para llevarte en hombros—me
guiñó un ojo—¡será maravilloso tener tu lindo culo al alcance de un mordisco!

—¡Ja! y ¡Ja!

—¡Cobarde!

—¡Agresor de sensibilidades y maltratador de emociones!

¡Joder, Tae! Que increíble capacidad de decir ridiculeces tienes cuando estás con él.
Jungkook me miró con cara de asombro, abrió la boca y la cerró, negó con la cabeza.
—Sí, sí, lo que tú digas.

—¿No debes ir a la radio hoy?—era jueves.

—Grabamos el programa en la tarde, porque tanto Mina como yo, teníamos compromisos.

—¿Compromisos? —se encogió de hombros.

—¿Vamos o te alzo? Le mostré el dedo del medio y caminé hasta llegar al auto. El camino
de vuelta fue bastante silencioso, solo deseaba llegar y recostarme en la cama para
sacar de mi mente la palabra “orgía”.

Jungkook giró a la izquierda cuando tenía que hacerlo a la derecha para tomar la
avenida que conducía a mi edificio.

—Este no es el camino para ir a mi casa. —mascullé entre dientes.

—No vamos a tu casa, vamos a la mía

—contestó sin mirarme.

—Quiero ir a mi casa, Jungkook— dije frustrado.

—Punto siete, modificado: de lunes en la noche a sábado en la mañana.

—Pero...

—Necesito enseñarte algo— masculló, enojado—. Luego te llevaré a tu jodida casa, a


menos que no lo desees.

—Todo sería más fácil si me explicaras cuáles son tus objetivos para cada clase. No es
mi culpa que seas tan desorganizado y poco práctico. No es que te tenga miedo o me
niegue a cumplir el decálogo que yo misma te hice firmar, es que dijiste cena y no...

—¡Cállate, Taehyung!

Cuando el auto entró al estacionamiento, Jungkook me sonrió de nuevo, no me había


vuelto hablar y pensé que estaba enojado; de cierto modo, eso me relajaba pero esa sola
sonrisa hizo que mi cuerpo empezara a entrar en tensión. Me sentía como si estuviese
entrando en la cueva del león. Tomé aire, tratando de que él no notara mi nuevo ataque
nerviosismo. Caminamos hacia el elevador con su mano en mi espalda baja, mientras yo
temblaba ridículamente. Sentí el calor del cuerpo de Jungkook muy cerca al mío y
cuando las puertas del elevador se cerraron, su mano tomó mi barbilla manteniendo mi
rostro elevado.

—Relájate—murmuró cerca de mis labios—, no haremos nada que tú no quieras.

He ahí el problema. No sabía que tan fuerte podría ser cuando estuviéramos nuevamente
solos en su departamento. Sus labios tantearon levemente los míos, mientras mis manos
agarraban su chaqueta.
—Eres el instructor y yo debo escribir un libro—esa respuesta estuvo buena, ni mucho ni
poco.

—Es excitante la manera en la que tus besos elevan mi temperatura, empiezan siendo
inocentes hasta que puedes llevarme el ritmo y luego, ¡boom! Todo un volcán de deseo se
apodera de ti. Sé que no te soy indiferente, como tú no lo eres para mí—volvió a
besarme suavemente, su mano libre recorrió la curvatura de mi espalda pegándome más
a su pecho mientras el beso subía de intensidad. La campanilla anunciando la llegada al
piso de Jungkook se escuchó haciéndonos separar—. Así... respira, inhala... exhala—dijo
antes de salir, colocó el código en la entrada del departamento y la puerta se abrió
mostrándonos el frío lugar.

—Bienvenida a mi casa, tu escuela por los próximos tres meses—negué con la cabeza.

—¡Por favor! Nada de cursilería de salón de clases, pizarrón y lápiz. No lo podría


soportar, de nuevo… Me sentía nervioso.

—Como tú digas, Taehyung—ya ni valía la pena decirle que era Tae, al final que me dijera
como le diera la gana—. Quédate aquí.

—Tu puerta abre con un código, que no me sé, así que no creo que pueda ir a muchos
lugares—dije tajante y con un tonito irónico para dejar en evidencia la tontera que
decía.

Jungkook rió. El maldito gozaba burlándose de mí.

—Mañana te daré un código, Dulzura. ¿Quieres una copa de vino?—una copa de vino sin
duda ayudaría a mis nervios, así que asentí—. ¿Blanco o tinto?

—Prefiero vermú—señalé en voz baja.

—Creo que tengo algo de eso, solo no te muevas. Regreso enseguida—expresó

antes de desaparecer por el mismo corredor en el que había desaparecido la última vez
que estuve aquí. La casa de Jeon Jungkook me daba miedo. Era tan fría, tan parecida a
la casa de Soobin en Daegu, solo el cuadro que estaba en la parte alta de la pared lateral
parecía realmente algo de Jungkook, algo preciado.

—Discúlpame si te asusté al llevarte a “Fetiches”—Jungkook colocó frente a mí una copa


de vermú, me giré para rebatirle pero casi me quedé sin respiración. Se había quitado la
chaqueta, tenía las mangas recogidas hasta los codos y había abierto los primeros
botones de su camisa. Su sonrisa centelló triunfal cuando vio mi rostro, por lo que tomé
aire y ordené a mis manos no temblar antes de tomar la copa de su mano.

—No me asustó, simplemente me tomaste con la guardia baja —tomé un sorbo de la copa
y él me imitó.

—Entonces, eso de agresor de sensibilidades y maltratador de emociones ¿no es


verdad?
Me miró con una cara simpática y no pude evitar sonreír. El muy cabrón no pasó por alto
la tontera que le dije allá afuera.

—Licencia poética—apuré otro sorbo de mi trago.

—Las lecciones son empíricas— vaya, que manera de cambiar de tema—. Aunque no está
en tu decálogo, intentaré decirte antes de lo que va cada clase.

—Me has quitado un gran peso de encima, Mr. Black.

Él dio otro trago a su copa mientras mostraba su sardónica e infernal sonrisa.

—Yo soy real, no un pobre personaje traumado escrito por una fantasiosa mujer—
sonrió—. Ven conmigo—tomó mi mano libre, la entrelazó con la suya y me hizo caminar
por el corredor que no era nada pequeño.

—¿A dónde vamos?

—A mi estudio—Jungkook abrió la puerta adornada con hermosos vitrales y pasamos a


una habitación. Como la sala, estaba alfombrada, había un escritorio de roble y las
paredes estaban rodeadas de libros. Todas, excepto una en donde estaban sus múltiples
títulos. Los leí cada uno. Numerosos congresos y seminarios, su título de Harvard como
Psicólogo y su título en Cambridge como Sexólogo. El escritorio, estaba adornado con
varios portarretratos en donde se veía a Kook de niño junto con una muy pequeña Mina y
un chico de tez morena.

—Ese es Yugyeom—susurró, mientras alzaba la fotografía—, mi hermano.

—¿Tu hermano?—Kook miró la foto con cariño.

—Lo conocí la noche que mis padres murieron, tuve un corto paso por Servicios Sociales
mientras que Seojoon legalizaba mi tenencia. Los padres de Yugyeom también murieron
en ese accidente —suspiró—. En fin, es una historia muy larga. —colocó la fotografía en
la mesita —Y esta noche no está programada para contar historias.

Sus manos se deslizaron por mis hombros y mi cuerpo tembló ante el roce. Tomé otro
portarretratos. En este, Kook estaba boca abajo y alguien trabajaba en su espalda: su
tatuaje.

—¿Dónde te lo hiciste?

—En India, yo tenía la columna vertebral tatuada desde que cumplí quince y Raff, un
viejo amigo agregó las serpientes. Me gusta, es similar al símbolo de la medicina...Un
Caduceo, en India las serpientes la reverencian como diosa de la fertilidad y de la
profecía. En el yoga Kundalini, se dice que la energía de la serpiente reside en la base de
la columna vertebral, lista para ascender desde el centro sexual y emplearse al servicio
de la consciencia.

—¿Tú lo crees?—inquirí, dejando la fotografía en su lugar.

—En ese tiempo, creía en todo—su voz se oscureció.


—¿Por eso te la tatuaste?

—En realidad, la serpiente es sabiduría, astucia; son animales fríos y cínicos. La


capacidad de la serpiente para mudar su piel, siempre ha resultado fascinante para el
hombre, un truco que la ha asociado con el renacimiento y la inmortalidad. En India, la
cobra es sagrada, un tótem para los pueblos indígenas, y un símbolo de poder —lo
confieso, estaba maravillado con sus palabras—. Lo lamento, a veces hablo de más,
salgamos de aquí—asentí.

Ubicó su mano en mi espalda baja, guiándome como lo había hecho en casi toda la noche.

—¿A dónde me llevas?

—A mi templo.

—¿Tienes una Iglesia?—¡que ridículo! ¿Quién tiene un templo en su casa?

—Templo, santuario, jardín secreto, lugar privado. Es un lugar que ninguna otra persona
jamás ha visitado.

—Ohh... es un honor para mí que me hagas partícipe de ver tu "Templo" — me burlé de


él— ¿será por qué soy virgen?

—Muy gracioso, Kim Taehyung—abrió la puerta y me hizo pasar.

—Esto es... —no sabía qué decir, no estaba preparada para encontrarme con eso.

—Mi Templo—dijo Kook mostrándome el lugar.

No entendía nada; frente a mí, una habitación más larga que ancha, que tenía una
superficie de algo parecido al corcho, de unos dos metros de ancho por unos quince de
largo; más o menos de ese mismo largo; en la pared había una vitrina que estaba dividida
en dos secciones: una, la más grande, llena de trofeos y medallas, la otra, con varios
tipos de espadas. Bordeando la alfombra de corcho, había cables y otras cosas
indescifrables.

—¿Este es tu templo?—me sentía ridículo, yo me había reparado para ver doseles,


cadenas, columpios eróticos y mil mierdas más, no para esto. ¡Joder, Tae! Este libro te
tiene paranoica.

—Practico la esgrima desde que tengo doce años, amo este deporte, es el segundo placer
que disfruto realmente.

El primero, obviamente, es follar—lo dijo tan cerca de mi cuello, que pude sentir todos
mis vellos erizándose bajo su aliento.

Tomé otro trago de mi copa, seguí observando la habitación y me percaté que había un
sistema de circuito cerrado de TV ¿acaso hace sus propias películas?

—¿Y esto?
—Me grabo para corregir mis movimientos, cuando practico. Vamos...

—esta vez me tomó por el brazo sacándome de la habitación. Pasamos por dos
habitaciones más, a las que Kook nombró como la cocina y un cuarto de baño, dos puertas
más, que eran el cuarto de huéspedes y una puerta doble de madera indicaban el final
del corredor—. Mi habitación… Tragué saliva cuando él empujó suavemente la puerta. Su
habitación era enorme, casi triplicaba la mía; la cama era tamaño king size, cubierta con
un edredón blanco y varios cojines. Tenía un balcón enorme, en el que sin duda Seúl
debía verse en toda su gloria; un pequeño sofá estaba pegado a una de las paredes; un
gran televisor estaba empotrado en su pared acompañado de un teatro en casa; una
melodía se colaba desde algún lugar, dos mesas de noche a lado y lado de la cama, el piso
era de roble y las paredes en un tono verde ocre muy claro.

—Ven...—su voz flotaba en el aire gloriosamente y mi corazón empezó una terrible


carrera maratónica como cada vez que él estaba cerca de mí—. El cuarto de baño—abrió
la puerta.

¡El cuarto de baño, señores! Sí, la habitación era exageradamente grande. El baño no se
quedaba atrás. Había un jacuzzi y una ducha de hidromasajes, una pequeña banca que se
desplegaba de la pared, completamente enchapada en negro con dorado... y yo, estaba
simplemente pasmado.

—¡Faraónico!—sí, no pude controlar mi sarcasmo.

—Me alegro que te guste; luego, puedes usarlo—con el pasar de los minutos su voz iba
adquiriendo un matiz extraño, ronco y deseoso.

—Todo es tan masculino.

—Si te incomoda, hay otros tres, elige el baño que más te guste.

Volvimos a la recámara, suspiré notoriamente para llamar su atención.

—¿Es todo?—me miró extrañado— Digo, no hay habitación con artefactos para el
maltrato, un cuarto de juegos,

¿una... mazmorra? —Kook rió abiertamente, negando con la cabeza y limpiando lágrimas
imaginarias de sus ojos.

—¡Tú sí que eres gracioso! ¿Quieres anular el punto dos?

—¡Nooo! Solo es que...

—No soy un dominante, Taehyung, tampoco un sumiso, pero me gusta que las personas
con las que estoy me obedezcan.

—Dominante encubierto—murmuré simulando una tos.

—Hombres como Mr. Black, de que los hay, los hay, pero te aseguro que pocos pueden
manejarlo. Ambos roles son importantes, para el dominante es primordial que su juguete
no sufra daño, es por eso que dan una palabra de seguridad pero, alcanzar el placer y
entregárselo a la persona se va al carajo cuando el dominante encuentra el goce en la
humillación y el castigo del sumiso. En ese caso, ninguna palabra de seguridad salva.

—¿Y, a ti...?

—No me gusta lastimar pero quizás, en alguna de nuestras clases, pueda enseñarte algo
de lo que aprendí en ese mundo.

—¿Fuiste dominante?—Jungkook volvió a negar.

—Fui sumiso, por diversión. En una relación de Dom/Sub, el dominante cree llevar las
riendas en el encuentro sexual, pero es el sumiso quien realmente posee el control de la
situación. Una palabra le entrega al sumiso la decisión de cómo controlar su placer y el
de su dominante, o parar todo el juego, Taehyung.

¿Entiendes?—asentí bebiendo un poco más de mi copa...

—Sí, entiendo, pero no creo que alguna vez llegue a practicarlo... no tengo carácter para
eso.

—Puede ser, pero... basta de charla

—Kook me quitó la copa y me tensé inmediatamente. Desde algún lugar podía escuchar la
suave melodía de The Scientist, era una de mis canciones favoritas de Coldpaly—.
Hemos venido aquí para tu inducción.

—Kook, yo...—Mi lengua se trabó, si antes estaba nervioso, ahora hiperventilaba.

—Chsss..., te dije que por ser tu primera vez, no sería una clase —sus manos tomaron mi
rostro delicadamente

—. Voy a enseñarte lo que significa el clímax total, esta vez te haré el amor y no solo
con mi cuerpo, si no con el conocimiento que he adquirido y con la experiencia de conocer
el cuerpo de una persona a la perfección.

—No voy a negar que estoy algo nervioso —yo siempre escapaba de todos los dolores del
mundo.

—Haré que tu primera vez sea una experiencia placentera —su rostro se estaba
acercando peligrosamente al mío

— Solo déjate llevar. Cerré los ojos cuando él depositó un suave y delicado beso en mi
cuello, podía sentir mi cuerpo temblar ante su toque.

—Aa... ¿ahora?

—Sí, yo te guiaré —otro beso, mientras continuaba sacándome la ropa.

—¿No hay palabra de seguridad? — ahora lo besé yo

—No —sé que se sonrió.

—¿Puedo... puedo tocar?—enterré mi cara en su cuello porque quería evitar que viera el
sonrojo de mi cara
—Hazlo. El ser humano no nace con un manual a la hora de practicar una relación sexual,
pero tiene instintos, y nosotros debemos responder a ellos— sus dedos empezaron a
desabrochar los botones de mi camisa, yo no sabía dónde poner mis manos. Quería
decirle algo, pero no me salían palabras, mi mente estaba en otra cosa ¿Dónde pongo mis
manos?

—He esperado este momento, desde aquella vez en que te vi entrar al edificio —hablaba
con sus labios pegados en los míos. —pero se volvió completamente infernal, cuando te vi
en el restaurant.

¡Dios, por favor! cada palabra y caricia hacía que mi cuerpo estuviese en una montaña
rusa que subía cada vez más y más alto.

—Kook, yo... —mis manos se fueron a su espalda y tiraron la camisa hasta sacarla del
pantalón.

—Las veces que tuve que frenarme para no ir a tu casa y follarte hasta quedar agotado
—dos movimientos míos y mis zapatos volaron. Él bajaba mis pantalones. No iba a
contestarle eso porque en este momento estaba ido por sus caricias y solo atinaba a
aferrarme a su camisa con todas mis fuerzas.

—Me estoy frenando en este momento. No quiero que te asustes—su boca en mis
mejillas susurrando palabras tan calientes como el hierro fundido—. Voy a cuidarte. No
soy tu verdugo, soy tu guía—su voz era suave, reconfortante y enternecedora, hacía que
mi cuerpo respondiera con leves sacudidas.

¿Debía agradecerle por eso? ¿Por ser el primer hombre en mi vida? Por favor...

—El día que me propusiste enseñarte sobre el arte de satisfacer a una persona…
enseñarte sobre sexo, estoy seguro que abriste la caja de pandora, Taehyung.

—No me refería a esto precisamente

—mi tono era cortado, tembloroso pero tenía que dejarle mis cosas claras.

Un pequeño apretón en mi pecho izquierdo me hizo saltar, evidentemente, él también


tenía sus cosas claras.

—El sexo no es una historia para contarla, hay que vivirlo. ¿Cómo he de explicarte yo lo
que se siente en el orgasmo, o lo que sentirás cuando los músculos de tu entrada se
cierren entorno a un falo erecto?—mordisqueó mis labios mientras seguía masajeando mi
pecho en sus manos—. Dime, ¿podrías tú explicarme lo que estás sintiendo ahora?

Podía sentir mi sangre convertirse en agua ¿o en mazamorra? mientras corría por mis
venas, el corazón latiéndome atronadoramente en mis oídos, mi cuerpo temblando por
sensaciones para las cuales no tenía palabras con que describirlas. Tenía razón, no se
podía.

—Soy... soy escritor—trataba de salvar mi orgullo. Kook me deslizó la camisa por los
hombros y se alejó de mí para observarme. Estaba en ropa interior y no sabía dónde
dejar mis manos.
—Realmente, eres precioso—sentía la boca seca, mientras sus manos jugaban con mis
pezones que ya estaban duros.

—Umnf —gemí vergonzosamente.

—Eso nene, no te reprimas, si quieres gemir hazlo, si quieres jadear nadie va a


detenerte. Es más, maldice si eso es lo que tu cuerpo te pide a gritos.

—Kook...—el maldito estaba torturándome.

—Aún no empiezo. Simplemente te preparo. ¿Está tu pene húmedo Tae? — moví la


cabeza en señal de afirmación

—. Dime, ¿quieres hacer algo tú? Tragué saliva fuertemente.

—Quiero... —el aire faltaba en mis pulmones— quiero que te quites la camisa.

—No entendiste la pregunta, Tae. Te la repito —sus manos seguían torturando mis
pezones,—¿Quieres hacer algo tú?—su voz era baja, contenida y aterciopelada.

El cabrón se estaba tomando en serio su papel de profesor.

—Quiero quitarte la camisa—dije uniendo todas mis neuronas en función de cuatro


palabras.

—¿Qué te lo impide?—murmuró.

No contestes, Tae. Es una pregunta retórica.

Llevé mis manos a su camisa y comencé a desabrochar sus botones hasta dejarla
abierta, mis dedos se entretuvieron en recorrer concienzudamente su marcado
abdomen, su piel era suave y caliente. Respiró profundo, su labio inferior temblaba
levemente, se veía que le gustaba lo que le hacían mis manos. Di un paso más hacia él y
comencé a bajarle su camisa. Sentí un click, no perdió tiempo y aprovecho mi
acercamiento para acariciar mejor mi pecho, cerré los ojos y me concentré en sentir
todas las sensaciones que me invadían cuando tiraba de mis pezones erectos.

A esta altura, mi boxer estaba deshecho, oficialmente.

—¡Santo Joder!

—Me gustaba más cuando decías Kook —sonrió socarronamente.

Y fue como un balde de agua fría, me alejé abruptamente de él, cubriéndome el pecho
con las manos—una total estupidez, pero... no sé, era como un escudo—y lo miré
desafiante.

—¿Qué sucede?

—Te burlas de mí.

¡Qué otra mierda podía decirle! ¿Algo como: verás Kook, estaba jodidamente entregado
a tus caricias porque estoy caliente como el demonio pero, de pronto, apareció esa
vocecita que suena dentro de mí, de vez en cuando y me ha hecho caer en cuenta que,
aunque deseo que todo esto pase, no es más que un maldito error y es mejor que
arranque?

—Tae...—bajé mi rostro y eso fue un error, la protuberancia en sus pantalones negros


era más que evidente.

—Yo...

—Relájate.

—Oh... sí, qué fácil decirlo.

—Lo estabas haciendo bien—se acercó a mí y me giré mirando ¿Luces? ¿Las estrellas?
¿El maldito universo frente a mí? Cualquier cosa era mejor que mirarlo a él.

—Es que...—apegué más mis brazos cruzados sobre mi pecho y traté de seguir
mentalmente la melodía que se escuchaba por los parlantes.

—Tae—se acercó a mí—, la relajación es la parte clave en esto, tú solo déjate


llevar...Solo entrégate—sus manos comenzaron a acariciarme desde el vientre hasta
llegar a mis manos, suavemente descruzó mis brazos y los dejó a mi costado. Tomó mis
pezones con delicadeza y comenzó a estimularlos nuevamente. No pude resistirlo y dejé
que mi peso se apoyara en él. Besó mi cuello y mi hombro derecho.

—Kook...

—Bésame—ordenó suavemente, colocando su rostro en la curvatura de mi hombro. Su


lengua se deslizó húmeda y suave sobre mis labios y ese fue mi fin.

Lo besé al mismo tiempo que él serpenteaba una de sus manos bajaba por mi viente y
empezo a tocar mi sexo, jadeó por la humedad que lo rodeaba, pegó su erección a mi
trasero, gimiendo entre mis labios, mientras yo gemía en los suyos. Solo tocaba. Sus
dedos se paseaban por mis falo erecto y por mi entrada que estaba palpitante y humeda
por el presemen que estaba botando, sin intentar nada más que el simple contacto entre
la ardiente carne de mi glande y sus finos y largos dedos.

—¡Mierda, Tae!—gimió, separándose de mis labios y haciéndome girar antes de tomarme


en sus brazos y tirarme en la cama—. Durante mis veintinueve años de vida he aprendido
mucho. Sé que con esfuerzo y dedicación, uno puede ser mucho más que excelente en la
cama, me he rodeado de personas que son expertos a la hora de intimar, sé
perfectamente que la mente juega una parte fundamental a la hora de compartir el
deseo, pero saber que estás así de húmedo por mí cuando simplemente he tocado tu
maravillosos pezones, me está volviendo malditamente loco de deseo. Solo quiero abrir
tus piernas y clavártelo tan fuerte, que no sepamos dónde demonios empiezo yo y dónde
terminas tú. Su voz era rápida, su respiración acelerada. Mi corazón latía en algún lugar
de mi cuerpo menos donde debería estar y mis pulmones luchaban por retener aire. Kook
no se veía muy diferente a mí. A pesar de estar desnudo, él solo miraba mis ojos. Gateó
como un león hasta llegar a mi rostro y descendió el suyo, besándome como solo él podía
hacerlo.
Fuerza, intensidad, rebelión, pasión, deseo. Mordisqueaba mis labios fuerte, despacio,
lento... luego pasaba su lengua por ellos y terminaba succionándolos. Iba a morir. El
deseo se arremolinaba en mi vientre bajo su mano que, después de vagar
despreocupadamente por mi cuerpo, se quedó quemándome justo donde sentía la tensión
que me volvía loco. Las mías, acariciaron sus mejillas y se enredaron en la maraña de su
pelo, quedamos mirada con mirada, en silencio, ni siquiera la música que se escuchaba nos
distraía. Llevó su mano hasta mi entrepierna y hurgó hasta encontrar el punto que me
quemaba, apretó fuerte y yo no supe de mí. Grité. Grité como si estuviese quemándome
en el mismo quinto infierno, porque en realidad, lo estaba haciendo. Mi espalda se arqueó
completamente, Kook gimió entre mis labios cuando conseguí mi primer orgasmo.

Abrí los ojos lentamente cuando las sacudidas de mi cuerpo se hicieron menos
frenéticas, él estaba sobre mí y no me quitaba la mirada, sus ojos eran deseo, su rostro,
tensión.

—Eso fue ¡uf!

Besó mi mentón y luego, lo mordió… mi cabeza se arqueó hacia atrás, sus labios se
deslizaron por mi cuello y por el valle de mi pecho, lamió mi vientre con su lengua ágil y
llegó a donde su mano arropaba mi sexo.

—¿Qué haces? —Tae, el lento, ¿de verdad no sabes qué te hará?

—Ábrete para mí...—su voz fue ronca y excitante mientras mi cuerpo lo obedecía.

Inhaló sobre mi sexo, húmedo por sus atenciones, sentí su nariz rozar mi glande y jadeé.

—Kook—mis dedos tiraron de su cabello ante las sensaciones que asaltaban mi agotado
cuerpo— Por favor... por favor, Kook.

—Chsss...—movió su nariz lentamente—. Te haré sentir mejor, Dulzura, solo déjame


disfrutarlo un poco más. Eres dulce aquí—jadeé en busca de aire cuando su lengua se
empezo a deslizar en mi falo, mis manos se tensaron en su cabello.

—¡Jungkook!—una lamida más larga y profunda me hizo temblar completamente y tiré


con más empeño de sus cabellos. Él enterró su cabeza en mí.

—¡Diablos!—jadeé... lloriqueé. La sensación era diez mil veces más placentera que la
anterior. Sentía nuevamente el correr de mi sangre más aprisa, mis pulmones pidiendo el
aire, mis caderas se movían solas pegándose más a su rostro, mientras él sorbía, lamía y
daba leves mordiscos a mi pene. Estaba volviéndome loco de placer.

—Kook...

El primer orgasmo había llegado a mí sin darme cuenta pero ahora, podía sentir las
mismas sensaciones y dolía… dolían mis pezones, dolía mi glande, tenía el cuerpo rígido,
era una tortura.

—Kook... —volví a llamarlo, intentando en vano removerlo de dónde estaba mientras


jalaba sus cabellos. Con los dedos de mis pies retorciéndose y las manos hechas puños en
su cuero cabelludo—.¡Por el amor a todo lo sagrado! —grité arqueando mi espalda.
—Déjalo ir—murmuró sin separarse de mi glande, torturándolo con su lengua sin levantar
la mirada hacia mí.

—¡No sé cómo!—de verdad, no sabía cómo hacerlo.

—Ya lo hiciste una vez, relájate y déjalo salir—gimió dejando que dos de sus dedos me
penetraran, podía sentirlos ensanchándome allá abajo.

—Ummmnff.

—No es fanfarronería cuando digo que estoy bien dotado —sus dedos me penetraban
rítmicamente y su lengua se enredó como una boa constructor en mi falo, mi cuerpo
temblaba como una hoja en una tormenta hasta que se tensó y quedó cual bloque de
mármol; entonces, su lengua se deslizó con persistencia entre mis testiculos, mi entrada
y mi falo y así comenzó mi pequeña muerte

—¡Córrete, Tae!

Y yo, el que había dicho que era imposible que otro cuerpo reaccionara con esas
palabras, lo hice. Si la primera vez fue intenso, este había sido asombroso. Estaba
seguro que mis ojos habían rodado entre las cuencas mientras los tenía cerrados.
Escuché a Kook vociferar una maldición mientras remplazaba sus dedos por su lengua,
succionando fuertemente. Mis sensaciones caían en picada cuando volvió a introducir uno
de sus dedos moviéndolo de tal manera que tocó un punto dentro de mí que me hizo ver
estrellitas de colores... despegando mi cuerpo completamente de la cama mientras
maldecía en voz alta una y otra vez. Estaba en el paraíso. Había escuchado a Jimin
muchas veces decir que mientras leía, creía que moriría de combustión espontánea. Yo sí
que estaba muriendo de esa combustión. Sentía como lamía suavemente mi entrepierna,
tocando mí muy adolorido glande y haciéndome sisear sumergido entre la densa neblina
que cubría mi visión. Cada músculo de mi cuerpo estaba agarrotado y el maldito ni
siquiera me había penetrado. Besó mi vientre, lamió mis pezones que, para ese momento,
estaban extremadamente sensibles y luego, sus labios se posaron en los míos,
dejándome sentir mi propio sabor cuando deslizó de manera suave su lengua en mi boca.
Cerré los ojos completamente agotados cuando se acercó a mi oído y me susurró.

—Estás consciente de que aún no terminamos, ¿verdad? —asentí.

—No me has penetrado, pero tenía la esperanza que hubieses eyaculado en tus
pantalones—dije sin abrir mis ojos. Me encontraba entre la bruma post orgásmica y el
deseo de tener un sueño reparador. Pude escuchar la risa suave de Jungkook.

—Tengo más autocontrol que eso, pero no te niego que puede que haya líquido pre
seminal en mi bóxer.

—Es agotadora su inducción, señor profesor.

—Falta la última fase, joven alumno. Es la que más me gusta.

No podía hilvanar palabra alguna, sentí como su peso abandonaba la cama, lo busqué con
la mirada y vi que estaba ocupado con un control remoto.
—No más música. Quiero escucharte solo a ti ahora— terminó de sacarse la ropa.

¡Completamente desnudo! Kook se acercaba a mí, absolutamente desnudo.

Salté de la cama como si tuviese un resorte en el trasero. ¡Santo Joder! No mentía


cuando decía que estaba bien dotado, aunque eso ya lo sabía, igual era impresionante. Su
miembro era enorme.

Creo que Jimin caería muerto y reventado si pudiera verlo, no conocía el de Yoongi, ni
tampoco quería imaginármelo, pero...

—¿Impresionante, verdad? —el cabrón y su jodida sonrisa torcida.

Cada neurona de mi cerebro estaba enfocada en la gruesa extremidad de color rosa,


larga, llena de venas, completamente erecta y fuerte que amenazaba con partirme en
dos. Mierda, eso iba... No pude evitar tensar mi cuerpo cuando la agarró con su mano,
comenzó a acariciarse, dio un par de pasos... ¿qué hago?

—Chsss, tranquilo. No voy a hacerte daño, los orgasmos te han dejado húmedo y
preparado para mí y ya te he dilatado bastante. Lo haré suave— susurró con sus manos
en mi rostro. Intenté mirarlo, de veras que lo intenté pero no podía cuando el capitán
Jack Sparow me estaba mirando por ese único ojo.

—Nnoo.

—¡Mírame a mí! —Kook subió mi mentón y besó mis labios, ahora hinchados—. ¡Tus ojos
en los míos, Tae!—asentí mientras me recostaba y se postraba de nuevo sobre mí—Pon
tus manos en mi cuello—su voz era realmente suave y relajante, su mano bajó hasta
separar mis piernas y él se coló entre ellas, abriendo con sus dedos mi entrada -¿Confías
en mí?—preguntó.

—No—y era cierto. Él dejó un beso en mis labios.

—No te haré daño.

—Eso espero o vete olvidando del jodido trato —mi voz se quebró cuando sentí la punta
de su miembro acariciar mi palpitante entrada. Gimió, su respiración cambió
abruptamente mientras ejercía un poco de presión en mi estrecho esfinter.

—Va a dolerte cuando entre — afirmó, empujando un poco.

—Lo sé...—susurré, porque simplemente, lo sabía. Él entró un poco más y tensé mi


amarre a su cuello.

—Relaja, nene—me golpeaba suave, la ingle.

—Kook—apenas me salió su nombre.

—Abre—una de sus manos controlaba el empuje— un poco más las piernas, bonito.

—No me digas, bonito —dije soportando un ligero empujón.


—Concéntrate en relajarte. Si no lo haces, el dolor será más fuerte.

—Kook—intenté separar más mis piernas.

—Dime, Dulzura—dio otro empujón.

—Es una estupidez—intenté cerrar las piernas.

—Dímelo, aunque sea lo más estúpido del mundo —martilló de nuevo.

—¿Sabes que hablas mucho?

—¿Yo? —sonrió y empujó más dentro de mí.

—Sí, tú.

—Te distraigo, para mí también es doloroso.

—No me distraes, sigo pensando cómo vas a enterrarme eso.

—Te he dado tres orgasmos sin correrme, estoy tan jodidamente duro que un mal
movimiento podría lastimarme.

—Ahora, me asustas más.

—¿Crees que es fácil para mí? —se hundió otro poco.

—Tú eres el profesor.

—Sí y voy a empujar fuerte ahora—lo vi impulsarse con sus manos.

—Espera! No lo hagas así...

—Así ¿Cómo? —me observó confundido.

—¡Miénteme, Kook! Tienes diecisiete y es nuestro último año, me invitaste al baile y...
Patético.

—¿Qué?—sus ojos se abrieron, sin entender.

—Por favor, juguemos un rol—jadeé

—Nos conocimos cuando éramos niños y siempre hemos sentido algo. Te vas a una
Universidad distinta a la mía y eres el jugador estrella del equipo de basquetbol. Una
lágrima se deslizó por mi mejilla ante un recuerdo fugaz de mi última noche con Minjae.
Kook la limpió con un beso y me devolvió a la realidad.

Patético y loco.

—Eres raro, Tae —musitó besándome y entró en el juego—. Entonces ¿estamos en mi


habitación?, — asentí—mis padres no están y soy hijo único —finalizó el idiota con una
sonrisa juguetona en su rostro.
Iba a torturarme cuando todo esto acabara.

—No sé si te volveré a ver, te irás lejos y eres tan popular.

—Lo harás, pienso volver a casa todos los fines de semana.

—Quiero ser tuyo esta noche—Kook apretó todos sus músculos, conteniéndose.

—Te he deseado durante tanto tiempo, al fin voy a hacerte mío de una manera que
jamás olvidarás —sus labios bajaron a los míos.

—Por favor.

—Abre más las piernas.

Hice caso a su orden y, mientras me besaba, se abrió paso en mi cuerpo de un solo y


certero empujón.

—¡Oh Mierda! —dolía... Era como si me estuviesen quemando las entrañas, en mis ojos se
desbordaron lágrimas de dolor, mientras encajaba los dientes en sus labios hasta sentir
el sabor de su sangre y mis uñas se enterraban en la piel de sus hombros. Él estaba
estático, limpiando mis lágrimas sin importar la sangre en su boca.

—Fue un placer haberte desvirgado, chico raro —musitó en voz baja.

Su sangre no fue repugnante para mí. El dolor fue pasando y dejé de tensarme
alrededor de él. Lo sentía tan dentro, tan profundo...

¿Ya no soy virgen? ¿Ya?

Kook empezó a moverse. Yo abrí los ojos, observándolo y despegando unos mechones de
cabello de su rostro.

—Lamento haberte hecho daño—dijoen voz baja.

—Era un hecho que iba a doler. Más que dolor, fue ardor —expliqué.

—Lo sé...

—Tu boca—su lengua lamió ahí donde yo lo había mordido.

—No importa, ¿puedes tratar de llevarme el ritmo?

—Vale, pero ya podemos dejar el juego de rol —él sonrió y yo lo besé mientras
empezaba a mover mis caderas.

—Justo así, Tae—dijo entre dientes, con el cuerpo empapado de sudor—. Así, nene,
muévete conmigo, lindo—se burlaba, feliz.

—¡Cállate!—dije riendo, ya no dolía.

En cambio, se estaba formando nuevamente esa sensación pesada en mi vientre bajo.


Sus embestidas eran lentas pero profundas, podía sentirlo entrar y salir de mi cuerpo
con concentración y maestría. Tenía el ceño fruncido y la vena de su frente se había
hinchado y palpitaba. Alejó una mano de mi cadera, haciendo un camino por mi muslo
hasta flexionarlo y abrirme un poco más, encajando perfectamente entre mis piernas.

—Te sientes tan bien, Dulzura —se movía lento, pero con intensidad—. Tan
malditamente caliente y jodidamente estrecho.

Fue incrementando el ritmo de sus arremetidas, mientras yo trataba de seguirlo a


trompicones. Lo escuché jadear y gemir y no era que yo hiciera algo diferente. Sentir el
choque de nuestros cuerpos era alucinante, podía jurar que su miembro me tocaba hasta
la matriz y, joder, era tan placentero. Me agarré de sus cabellos, de sus hombros
encajando las uñas aquí y allá, siguiendo el ritmo de sus caderas. El dolor se fue
mitigando a medida que sentía el fuego crecer en mi interior. Una vez que logré
sincronizarme con él, no pasó mucho tiempo cuando sentí mi cuerpo explotar en
pedacitos. Alzó una de mis piernas pasando las manos por mis caderas y levantándome,
ahora sí que lo sentía en el fondo. Grité, jadeé y maldije internamente porque sin
saberlo, Jimin y media población de Corea tenían razón: ¡El tipo era un puto Dios!

—Kook...—las gotas de sudor en su frente caían en mi pecho, mientras él seguía entrando


y saliendo de mí—

Kook... ¡por favor! — empezó a darle atención a mi miembro y mi cuerpo se arqueó


nuevamente, queriendo pegarse más a él. Jadeó y murmuró palabras entrecortadamente
mientras salía y entraba en mi cuerpo. Luego de tres estocadas y, mientras yo sentía mi
cuerpo sacudirse por un orgasmo, dio un último empuje y gritó guturalmente,
descargándose, mientras mi interior lo apretaba como si fuese un guante. Se desplomó
sobre mí por unos segundos y luego se giró, dejándome sobre él. Su mano se deslizo por
mi espalda hasta quedarse en mi cadera, nuestros corazones latiendo atronadoramente
en nuestros cuerpos y yo sentía que no podía mover ni un solo músculo. Estaba exhausto
y quería dormir. Kook levantó mi rostro, quitó los mechones de cabello que lo ocultaban
observándome con sus ojos negros que parecian tener toda una constelacion en ellos.

Ahora que sabía que todo estaba consumado, nuestros cuerpos se sentían pegajosos
debido al sudor, aún podía sentir su corazón intentado normalizarse. El mío no es que
estuviese del todo tranquilo...

—Está usted iniciado, joven Kim. Bienvenido a la escuela del sexo, a partir de este
momento prepárate para conocer el placer en plenitud —y luego, unió sus labios a los
míos.

¿En qué rayos me metí?

Me pesaba cada parte del cuerpo, habían pasado algunos minutos y aún seguía sobre el
cuerpo de Jeon Jungkook, podía sentir su miembro aún dentro de mí, mientras sus
manos acariciaban mi columna de arriba abajo, el latido de su corazón ahora era
acompasado, situación que me tenía levemente somnoliento. Quería salir de ahí pero, no
tenía voluntad.

—Taehyung—no contesté—¿Te sientes mejor ahora, Dulzura?

—Tal vez si desencajas tu espada Samurái de mi interior y dejas de decirme Dulzura,


podría sentirme mejor —murmuré pegada a su pecho.

Kokk sonrió, no podía verlo pero con escucharlo era suficiente. Giró nuestros cuerpos de
manera, que yo quedé nuevamente bajo de él y salió de mí tan lento que no pude evitar
que un par de gemidos abandonaran mi boca. Lo vi levantarse de la cama y salir de la
habitación, mis parpados se sentían cansados por lo que cerré mis ojos un segundo. Los
abrí abruptamente cuando sentí como mi cuerpo era alzado.

—No te duermas, aún—ordenó sobre mi cabello.

—Estoy agotado.

—Es normal, luego del orgasmo tu cuerpo se envuelve en una especie de manto relajante,
estas exhausto, saciado.

Te dije que era el mejor maestro que podías conseguir. .

Alábate pollo...Me pregunté internamente si ganaría algo con rebatirle.

¡Joder, la verdad es sí que estoy agotado!

—Sí, como sea. Aquí, el que sabe de sexo eres tú.

Kook me dejó sentado en la pequeña banquita que había en su baño mientras se movía de
un lado a otro, tomó un par de comprimidos de su gabinete y me las tendió.

—Ibuprofeno —murmuró mientras me entregaba un vaso con agua que tomaba del grifo.
Enarqué una ceja en su dirección—. Es apta para el consumo, puedes beber tranquilo —
dijo antes de agacharse a un lado de la silla graduando una válvula, tomo una regadera de
mano y metió su mano entre mis piernas

—¡Hey!—alzó su vista hacia mí— ¡No toques!

—No hay como el agua fría para relajar los músculos que han sido sobre exigidos, —alcé
una ceja—. Abre las piernas Taehyung, vas a amanecer muy adolorido si no lo hago. Abrí
las piernas un poco pero él se encargó de separarlas mucho más, dejándome expuesto.
¡Dios mío! podía sentir mi rostro arder sin importar que minutos atrás había sido su boca
la que me estaba atacando sin piedad.

Kook graduó el agua de la ducha portable y empezo a masajear mi miembro y mi entrada


delicadamente, colocando la ducha arriba de mis caderas y dejando que el agua me
limpiase. Me sentía muy avergonzado, lo que era realmente estúpido, teniendo en cuenta
lo que él hizo unos minutos antes. Tenia razón, por lo que acostumbrarme no resultaba
sencillo, pero igual no dejaba de ser incómodo. Siseé un poco cuando sus dedos limpiaron
todo rastro de su lubricación de mi entrada.
—Kook...—me ardía y estaba avergonzado.

¡No es normal que te esté mirando allá abajo una persona que no es tu ginecólogo!

—Lo sé, solo aguanta un poco más— era fácil decirlo, no era él quien estaba de piernas
abiertas frente a un depredador.

—¿Cuánto más?

—Tienes un bonito pene y tu entrada rosadita es apetecible—cerré las piernas de golpe


gimiendo internamente ante el punzante dolor, mientras él sonreía cerrando la ducha. La
dejó en su lugar y luego, accionó la ducha de hidromasajes—¡créeme!, he visto muchos
penes.

—Es una lástima que de lo tuyo no pueda decir lo mismo.

—Oh, es cierto, se me olvidaba que has visto muchos miembros... en la televisión, varios
videos porno—sonrió triunfalmente y bufé enarcando una ceja.

—¡Idiota!

—Ven aquí.

—Eres un dictador.

—Calla y coopera o voy a enterrarme tan fuerte en ti que mañana no podrás caminar —
dijo jalándome a la regadera, sentí los chorros de agua masajear mis músculos, fue
relajante. Kook me pegó a su duro pecho y aunque podía sentir su erección presionando
mi vientre, no me alejé.

Él tomo una esponja, algo de gel de baño y talló mi espalda y mi pecho. Cuando terminó,
saco nuevamente la silla y me dejó allí sentado mientras se enjabonaba. Cualquier
persona pagaría por estar en mi lugar, pero sencillamente, yo tenía ganas de ir a dormir.
Cerró la ducha y sin importarle estar goteando, caminó hasta alcanzar un estante y
sacar una toalla y una bata, envolvió la toalla en su cadera y llegó hasta mí con la bata.

—Estira los brazos—hice lo que me pidió y cubrió mi cuerpo con la bata antes de
tomarme en brazos y volver a la cama—Jaló el cobertor, dejándome sobre unas nuevas
sábanas de seda, estaba decidido a abandonarme a los brazos de Morfeo cuando sentí
como nuevamente me abría mis piernas.

—Kook, ¿podrías dejar mis malditas piernas cerradas un momento? si seguimos así, no
llegaré a la noche noventa—le reclamé frustrado.

—Necesito aplicarte esto—señalo lo que parecía algún tipo de ungüento— Además, no te


quejes, tendrás las piernas abiertas para mí muchos días y sí llegarás, yo me encargaré
de eso — aseguró, pagado de sí mismo

—Volveré a tomarte en un par de horas, así que se bueno y ábrete para mí —si las
miradas mataran, dos oficiales me estarían llevando a la cárcel por homicidio.

—Cabrón.
—No tenemos toda la noche Taehyung, al menos no para estar en esto—bufé y abrí las
piernas nuevamente.

¡Diablos! esto de dejar de ser virgen es un verdadero martirio.

—Kook—murmuré dando un salto involuntario cuando sentí sus dedos fríos en mi


entrepierna.

—Es un gel para desinflamar, así que tranquilo. Dije un par de horas y yo cumplo mi
palabra—cerró mis piernas y se acomodó a mi lado dando un largo suspiro.

La habitación se sumió en un silencio incomodo, era como si nos faltara algo, pero
ninguno de los dos tenía la intención de hablar. Me giré dándole la espalda y suspiré
cerrando los ojos, rogando al cielo que Morfeo se apiadara de mí.

—Bueno esto es incómodo—expresó en un susurro—.Por lo general, nadie se queda en mi


cama después de saciarse.

—¡No hay ningún problema!—con dificultad, me levanté dispuesto a vestirme e irme a


casa pero su mano tomó la mía.

—No he dicho que te vayas, ven— tiró de mi mano.

Suspiré exasperado y dejé que su mano tirase de mi cuerpo, me envolvió entre sus
brazos y dejó que mi cabeza reposara en su duro pectoral, sus dedos empezaron a subir
y bajar por mi espalda, cerré los ojos y fue inevitable quedarme dormido.

—Despierta—escuché un susurro mientras sentía que tiraban suavemente de mi pezón


izquierdo.

—Mmmm—gemí.

¿Cuánto había dormido? Parecía que hubiera acabado de cerrar los ojos.

— Voy a tomarte, dormido o despierto—sentí su mano en mí pecho, masajeando suave—.


Pero si estás despierto, será más interesante— succionó fuertemente el pezón que
sostenía en su boca, haciéndome arquear la espalda en dirección a él—¡sabes tan bien!

—¡Jodeer!—gemí.

—Sí, quiero joderte de nuevo lindo— sentí la vibración de una risa mientras sus labios
rozaban mi vientre—. Mi cuerpo se vuelve loco cuando estás cerca.

Jugueteó con su lengua en mi ombligo mientras una de sus manos separaba mis piernas.
Tenía toda la intención de detenerlo, pero sentir sus dedos jugueteando con mi entrada
me quitaban el aliento.

—¿No estás cansado?—mi voz salió en un susurro aunque intenté que el deseo no se
reflejara en mi voz.

Agarré sus cabellos fuertemente cuando descendió aún más, mi traicionero cuerpo se
estremeció ante su caricia y el volvió a sonreír haciendo que las vibraciones viajaran
hasta llegar a mi glande.
—No, tengo años de práctica— succionó haciéndome gemir y tensar nuevamente las
manos en su cabello—. Además, tengo el paraíso frente a mí, no me pidas que no deguste
el fruto prohibido—¡y el muy salvaje, me mordió en el hueso de la cadera!

—¡Auch, idiota!—le jalé el pelo.

Todo el jugueteo maquiavélico hacía que la piel se me erizara.

—No puedes negarte, Taehyung. Firmaste un decálogo —rió— redactado por ti, en donde
me cedes tu cuerpo con fines pedagógicos.

—Jodido punto cinco. No seas hipócrita, Tae. Esto te gusta.

Apartó más mis piernas con sus manos y se acomodó entre ellas.

—Estás tan jodidamente húmedo y me tienes tan duro que, creo que mi querida Aswyn
se sentiría muy decepcionada de mí si me viera en este momento.

¿Aswyn?

La punta roma de su miembro rozaba mi entrada que ya estaba deseosa por ser llenada
de nuevo por el miembro de Kook, haciendo que mi cuerpo tuviese pequeñas sacudidas
que anulaban mi capacidad de seguir pensando, dejándome completamente entregado a
él. No. No podía negarme, mi cuerpo reaccionaba ante su experto toque, la pequeña
fricción que su miembro hacía al ingresar solo la punta de su miembro, su boca
pecaminosa en mi uno de mis pezones quería y hacía que quisiera mucho más de él… o
mejor aún, que se introdujera en mí. Sí señores. Yo, Kim Taehyung, que me le había
negado al sexo por más de cinco años, que hasta escasas horas atrás era virgen, que
unas semanas antes decía que no podía tener sexo casual con este hombre, me moría de
ganas y quería que este hombre me penetrara.

—Kook —murmuré cuando sentía que algo dentro de mí se iba a reventar

¡Necesitaba tenerlo dentro!

—Tócame Taehyung, me gusta que me toquen—bajé mis manos de sus cabellos


deslizándolas por su espalda, sintiendo en la yema de mis dedos la forma de su tatuaje.

—Kook... —casi rogaba.

—Tienes que decirme qué quieres— el vaivén era desesperante, sentí su mano en mi
vientre bajo y luego, empezo a bombear mi miembro haciéndome chillar fuertemente.

—¡Por el Santo Joder del Olimpo, Kook!—mi respiración era irregular— ¡Haz lo que
tienes que hacer!

—No, hasta que me lo digas. Empezo a bombear con mas rapidez mi miembro, los
pezones me dolían por sus caricias y el cuerpo completo me temblaba. ¿Por qué
mostrarme remilgado y tímido cuando ese hombre ya me había hecho gritar y me había
tocado tan ardientemente, que me tenía al borde de un abismo?
—No seas más cabrón de lo que eres.

—¡Dilo, Taehyung! Di lo que quieres.

A la mierda él chico que Soobin había criado, este hombre me encendía como nunca, me
daría el material suficiente para terminar mi libro. ¿Qué más daba si le decía lo que
quería con todas sus letras? Las cartas habían sido puestas sobre la mesa, yo mismo las
había barajado, y mi suerte estaba echada.

—Haz conmigo lo que quieras—dije entre el temblor de mi cuerpo y las pequeñas


sacudidas en mi interior.

—Voy a hacer lo que quiera con tu cuerpo y para eso no necesito tu permiso —susurró en
mi oído—solo quiero que me digas lo que más necesitas ahora— me miró directo a los
ojos—¿quieres esto en tu ardiente entrada?—sacó su lengua y me la mostró—¿quieres?

—¡Fóllame de una maldita vez, Jeon —grité enterrando mis uñas en su piel.

—Eso me gusta. Me gusta que me pidas a gritos que te folle.

—Deja de hablar tanto ¡Hazlo ya, por un demonio!—los ojos de Kook centellearon, sus
pupilas se fueron dilatando hasta dejarlos mas oscuros.

—No era tan difícil, Dulzura—la punta de su eje se alineó en la entrada de mi cuerpo
penetrándolo de un solo empujón y haciéndome temblar completamente. Sus caderas
empezaran ese vaivén asombroso que ya me empezaba a gustar. Subió mis piernas a su
pecho, el primer orgasmo me golpeó, haciéndolo maldecir entre dientes cosas como "me
aprietas tan bien", "voy a morir atrapado en tu perfecta entrada" y otras cosas más que
no podía entender. Cuando el segundo orgasmo me alcanzó, mis rodillas colgaban de sus
hombros; tenía el cuerpo perlado en sudor y mascullaba más y más maldiciones
excitantes.

¡Tae, que cosas te estabas perdiendo!

Para cuando el tercer orgasmo—y octavo de la noche— llegó, yacíamos arrodillados


sobre la cama, mi cuerpo sobre él mientras mantenía su boca ocupada con mi pezones,
siguió dando un par de frenéticas embestidas mordiendo uno de mis pezones adoloridos
y descargándose completamente en mi interior. Podía sentir como su miembro se
agrandaba— aún más si se podía—dentro de mí, sus brazos aferraron mi cuerpo cuando
las sacudidas de su miembro cesaron. Su frente descansó en mi hombro y yo lo imité,
colocando la mía en su hombro derecho mientras mi respiración volvía a la normalidad.

—Puedes soltarme, Kook—murmuré cuando pude recuperar el aliento, él aspiró sobre mi


piel sudada y acarició mi columna vertebral haciéndome estremecer. Podía sentir su
dureza en mi interior.—Dame una tregua, por favor— susurré—. Duele ahí abajo
¿sabes?, hasta hace un par de horas, era virgen — lo sentí sonreír antes de removerse y
dejarme acostado sobre su cama, cerré los ojos fuertemente cuando él abandonó mi
interior.
—Créeme, a mí me duele aún más — murmuró sonriendo y dejándose caer sobre mí, no
pude obviar que su miembro aún seguía erguido—. Si el infierno tiene la temperatura de
tu cuerpo Kim Taehyung, entonces yo seré feliz ardiendo entre sus llamas —su lengua
lamió el pezón que había mordido mientras sus manos acariciaban mis piernas. Inspiré
profundamente y me removí debajo de él.

— Me dará un ataque cerebral si tengo otro orgasmo. Me estás aplastando y quiero


dormir—se levantó dispuesto a rebatirme pero lo vi perder el equilibrio, así que me
levanté para ayudarle—¿Estás bien?—su sonrisa torcida no ocultó lo que sus ojos me
mostraban.

No estaba bien, y no era la primera vez que lo veía así.

—Bien es poco, estoy excelente ¿Quieres una ronda más? —alzó una de sus cejas, pero
negué dejándome caer en la cama. Kook se acostó a mi lado y minutos después, dormía
profundamente.

No abrazos. No besos, ni palabras… todo como lo estipulaba el decálogo. Mejor así.

Amanecía, cuando me desperté, el fuerte brazo de Kook, que se aferró a mi cintura y me


arrastró hasta dejarme acoplado a él, me sacó de mi letargo y me hizo tomar conciencia
de toda la locura que pasó en la noche..

¡Hice el amor con Jeon Jungkook!... No, Kook cumplió con desvirgarme.

Le había pedido que me mintiera, mientras me hacía suyo, que patético y ridículo debí
haberme visto.

¡Quería que fuera Minjae, en el día de su graduación! [Link].

Me deshice de su agarre con mucho cuidado, tomé mi ropa y me vestí en su sala para no
despertarlo, una vez listo salí del departamento y detuve el primer taxi que pasó por la
avenida. Llegué a casa, después de haber pasado todo el camino entre niebla y en algún
otro lugar del mundo, Ni cuenta me di cuando llegué a mi edificio. Peiné mi cabello con
las manos, me deshice de toda mi ropa y caminé desnudo hasta mi habitación, entré al
baño, abrí la ducha y, sin esperar que se calentara, me metí bajo el agua. Cerré los ojos,
la imagen de Kook, desnudo, estaba grabada en mi retina.

¡Joder, Kim Taehyung! ¡Tuviste sexo! ¡Ya no eres virgen!

Grité en mi interior respirando fuertemente, no lo podía creer. Tomé el jabón lo esparcí


por la esponja y tallé mi cuerpo, con cuidado, me dolían algunos músculos; pasaba y
pasaba la esponja y a pesar de mi esfuerzo, podía sentir aún el olor de su sudor en mi
piel.

Resignado, salí del agua, me envolví el cabello en una toalla, me coloqué un pijama cómodo
y me tiré en la cama, recordando lo que había sucedido durante la noche.
El sonido de mi celular me hizo abrir los ojos abruptamente, no sabía en qué momento
me había quedado dormido.

Tenía el cuerpo sudoroso y una erección que dolía.

¡Estoy excitado!

Excitado con solo recordar las manos de ese hombre cubriendo mi cuerpo, negué con la
cabeza mientras buscaba al celular, sabía que lo había dejado en algún lugar de la cama.

Siete llamadas pérdidas... de Hoseok.

Estaba a punto de llamarle cuando escuché el timbre de la puerta. Peiné mi cabello con
las manos y me levanté de la cama siseando un poco por el dolor en mi entrepierna.
Recogí la ropa que había regado en la sala y la puse en el canasto de la ropa sucia. El
timbre seguía sonando como si afuera estuviese sucediendo el apocalipsis zombi y quién
estaba del otro lado de la puerta, intentara desesperadamente refugiarse en mi
departamento.

¿Apocalipsis zombi? Estás gracioso, Tae.

—¡Hey!, ya iba a irme—medio gritó Hoseok cuando abrí la puerta, mi cara debía ser todo
un poema, porque se rió antes de jalarme hacia su cuerpo—. Te estoy llamando desde
anoche y no me contestabas, así que vine a ver qué te pasaba.

Me deshice de su abrazo y entró cerrando la puerta.

—¿Si? ¡Qué raro!

—Si no te conociera, diría que tuviste una noche agitada. Estás… ¿diferente?—me miró a
los ojos—.Te ves luminoso— corrí al espejo para verme.

Mierda... ¿Será verdad lo que dicen? ¿Todos se darán cuenta que ya no soy virgen?

—Eso hace un sueño reparador—dije viéndome en el espejo tratando de darle a mi voz


indiferencia y sarcasmo, pero algo ocurrió, yo lo percibí, mi voz era ronca y sonaba,
¡Dios!... ¿Sexual?

—Eres un irresponsable, yo ya pensaba empezar a buscarte en la morgue y los hospitales


y tú durmiendo una siesta.

—Como siempre, exageras.

—Espera, ¿por qué estas durmiendo a las tres de la tarde?

Di un brinco al escuchar la hora, ¡joder! ¿Cuánto había estado durmiendo?

—El libro —y no le mentí. Todo esto es por el libro que tú quieres que escriba.

—Seguro te quedaste trabajando hasta tarde —murmuró sentándose a mi lado y


atrayéndome nuevamente a su cuerpo. Me sentí incómodo, incluso mucho más que antes,
así que me paré y fui hasta la cocina, saqué dos latas de mi refresco de cola favorita de
la nevera, llegué hasta la sala y le entregué una a Hoseok.
—Toma.

—¿No tienes Coca Cola?—preguntó arrugando el rostro.

—No te quejes, a partir de mañana, en esta casa solo habrá té y jugos verdes.

—¿Y ese cambio?—Hoseok me abrazó por la espalda, ¿qué le pasaba? ¡Estaba hecho un
pulpo!—¿cómo haré yo para obtener esos minutos de felicidad que tengo mientras bebo
una Coca? Te perderás esa sonrisa tonta que me queda cuando se acaba.

—¿Para qué me buscabas?—directo al grano.

—Muero por saber de la primera vez entre Caleb y Danielle... Tae ¿Quién es la rubia,
tetas grandes, que tiene un tatuaje pequeño en el cuello y se bajó en el piso tres?

—¿Me estás hablando de Emma?

—No sé cómo diablos se llama, estaba muy entretenido con sus atributos y se me pasó
preguntarle su nombre.

Negué con la cabeza.

—Se llama Emma y es canadiense… creo, en fin. Caleb y Danielle, no me he sentado a


escribir, como puedes ver— hice un ademán con mi mano mostrándole mi atuendo—estoy
descansando de una muy larga noche. Hoseok reparó en mi ropa nuevamente.

—Si no trasnochaste escribiendo, ¿qué demonios estabas haciendo?—la expresión en el


rostro de Hoseok se transformó de pacifica a furiosa.

¡Qué está pasando!

—Hoseok, aguanta tu camión de testosterona, ¿vale?—me alejé de él, no podía decirle


simplemente ¡Hey! ¿Sabes? Ayer perdí mi virginidad con tu muy sexy y follable amigo
sexólogo.

—Estuviste inubicable toda la noche ¿Dónde estabas? ¿Qué hiciste?

—Cosas—no hay nada mejor que esa respuesta para un preguntón.

—¿Tienes problemas?

—Hoseok, te quiero mucho pero eso no te da derecho para meterte en mi vida. ¡Qué sea
la última vez que demandas saber algo de mí de esa manera!— respondí enojado. Mi
amigo pareció avergonzado por su ataque de cavernícola celoso.

—Lo siento. Reconozco que se me pasó la mano, ¿me perdonarías si te invito al cine? Tu
actor favorito hoy estrena.

—¿Comprarás las palomitas? ¿Y el vaso de refresco más grande, con su bello rostro? ¿Y
mis gomitas dulces de ositos? Le moví mis cejas reiteradamente.

—Sí, si , como sea. Ve a cambiarte o ¿prefieres ir en pijama al cine? Caminé hacia la


habitación y cerré la puerta tras de mí. Miré mi celular revisándolo; tenía dos textos de
Jimin, uno de Yeon y las llamadas perdidas eran de Hoseok. Ni una sola llamada de Jeon.
¿Y qué esperabas Taehyung?, ¿un mensaje recriminatorio?, ¿que el tipo viniese hecho un
energúmeno porque abandonaste su lecho cuando aún dormía después de darte los
mejores orgasmos de tu vida?

¡Ohh... lo olvidaba, son los únicos que te han dado!

¡Despierta! Es sexo pedagógico, basado en un protocolo, donde él te enseña y tú


aprendes ¡No jodas con tonterías cursis!

Odiaba mi vocecita interior, pero lo que más odiaba era que tuviera razón. Me quité el
pijama buscando entre mi ropa unas pantimedias negras que tenían rombos de colores,
unos short cómodos, mis botines con las hebillas al costado, un suéter blanco con
aplicaciones nórdicas y una chaqueta larga de terciopelo. Tomé los lentes de mi mesa de
noche y una boina antes de salir a la sala donde Hoseok me esperaba.

La película estaba bien, el personaje masculino era delirante, la música y los diálogos,
perfectos... pero, pero yo no estaba para eso. Veía a Kook en todas partes y cada cosa
que pasaba en la pantalla, lo relacionaba con mi noche de sexo. ¿Mi noche de sexo?
Vamos, Tae, disimula y saca esa sonrisa idiota de tu cara.

Hoseok me ofreció las palomitas, sonreí agarrando un puñado y concentrándome en la


pantalla. Él levantó el reposabrazos que dividía nuestras sillas y me jaló a su pecho
dándome un beso en la frente. Decidí relajarme, olvidarme del maldito cabrón y de todo
lo que sucedió anoche, abrí mi paquete de ositos de goma y me eché un puñado a la boca.

¡Santo Joder! Debo terminar con esto... mañana me voy al mercado y compraré toneladas
de frutos secos. Cuando terminó, nos fuimos a un restaurante de comidas rápidas. Muy
bien, muy bien... es mi despedida, desde mañana ¡no más comida chatarra! Y, con
nuestras hamburguesas de queso en nuestro poder nos instalamos en un rincón a
conversar sobre lo intrascendente que nos pasaba. Hoseok estaba sobre excitado,
además de su hamburguesa y de la mitad de la mía, se comió tres raciones de papas a la
francesa, se tomó un litro y medio de Coca-Cola y no paró de hablar. Pero, no me
molestaba, toda su perorata divertida me distrajo. Regresé a casa a las 21:00, no le dije
a Hoseok que se quedara como algunas otras veces, le di un beso en la mejilla cuando
llegamos a la puerta del edificio y me bajé de su coche corriendo. Quería un baño y mi
cama, mañana sería sábado e iría con Yeon a terminar de comprar las cosas para la
decoración de su habitación. Me bañé con cuidado, cuando me secaba, puse atención a mi
cuerpo y descubrí que tenía dos cardenales enormes en la cintura y las marcas de sus
dientes en mi pezón derecho. Coloqué un poco de crema sobre mis dedos y froté mi
pezón magullado, una pequeña corriente atravesó mi cuerpo.

¡Tae, Tae! Estás tan deseoso, que parece...

Negué con la cabeza, necesitaba dormir, al final lo logré después de dar mil vueltas en la
cama torturándome con imágenes muy vívidas de mi noche de sexo.
Bravo, Tae. Un paso adelante. Ya no te justificas tontamente ni dices: La comida
chatarra no me deja dormir.

Me levanté y encendí la radio.

—"Hablemos de sexo", esta noche.. —su voz bajó varias octavas, como cuando me decía
que era estrecha y resbaladiza...

¡Por Dios, Taehyung, cálmate!

—El tema de esta noche es Sexo Oral: ¿Paradigma? ¿Tabú? ¿El secreto de una buena
intimidad?...¿Qué tan importante es darle placer a tu pareja con tu boca y lengua?...
Mina, estás realmente hermosa hoy.

—Como siempre, mi querido Doctor Sex— lo sentí sonreír.

—¿Qué piensas de todo esto Mina, el sexo oral?

—Es todo un tema. A ellos les encanta hacerlo y que se lo hagan. A nosotras, un poco
menos.

—Ellos lo hacen porque les gusta, nosotras lo hacemos... ¡Porque está en el combo! Así de
sencillo Doctor Sex, el punto está en saber hacerlo, porque ¡no hay nada peor que un
idiota que simplemente te da babas!

Una buena carcajada salió de la boca de Kook.

—Muy cierto Mina, el sexo oral, consiste en el contacto de la boca con los genitales de la
pareja. El contacto boca-lengua con los genitales le resulta al otro muy gratificante. Las
expresiones de placer de quien recibe el sexo oral, como gruñidos, gemidos o maullidos,
le indica a quien lo está haciendo que aquello es muy bien recibido.

—Quienes se han dedicado a escribir sobre el sexo oral, sostienen que lo único que es
más estimulante al contacto genital es el roce genital-boca —interrumpió Mina.

—Hay quienes se atreven a decir que para un pene es más estimulante una boca que una
vagina y, para una vulva, es más placentera una boca y una lengua bien usada que un pene.
¿Será para tanto? Recordar lo que su boca y su lengua le hicieron a mi miembro causó un
temblor por todo mi cuerpo, así que negué con la cabeza, enfocándome en escuchar.

—El principal cuidado que hay que tener con esta práctica es la higiene, eso es
fundamental, por lo que es recomendable que el pene y la vulva estén bien aseados —
comentó Mina.

—¡Y, practíquenlo con luz encendida! Especialmente si recién se están conociendo. Hay
que descubrir cómo le gusta y si están haciendo bien el trabajo—expuso Kook—.
Entiendan chicos y chicas que nos escuchan, no puede irse teniendo sexo oral con
cualquier persona.
No pude evitar volver nuevamente al momento en que su cabeza se había

sumergido entre mis piernas y su lengua succionaba mi glande... No vayas por

ahí, Tae. Piensa en tu libro, piensa que es útil para Danielle y Caleb.

—Lo mejor para el Cunnilingus, es comenzar con caricias y besos pequeños o


mordisquitos.

—¡Sii! Vampiritos...ñam ñam ¡amo eso!—murmuró Mina.

—Las lamidas por todo el cuerpo tienen que ser con intención, hay que buscar los puntos
en donde la pareja pierde el control, incitar a tu chica o chico y luego, ir por lo que has
trabajado.

—Es como cuando tienes un gran trozo de pastel con glaseado de vainilla y cerezas.
Comértelo poco a poco es más satisfactorio que empujarlo de un todo.

—Buena comparación, Mina— alabó Kook.

—Un secreto delicioso para ustedes chicas: busquen: el escroto o las bolas, como se dice
vulgarmente No son bonitas, más bien, asustan pero solo basta estimular a un hombre
allí para que sea todo un proyectil —me gustaba escuchar a Mina, ella no se dejaba
atemorizar por Kook, cuando hablaban parecían a un mismo nivel.

—Estimular con mucha suavidad— interrumpió él—, es un área sensible pero que como tú
dices, nos pone a mil. La lengua y los labios están diseñados para eso, para hacer del
acto algo muy agradable; cuando sientas que es suficiente, puedes pasar por el chupete

—sonidos de risas se escucharon de fondo.

El sonido de un teléfono timbrando se escuchó, antes que Kook volviese a hablar.

—Hola Mi nombre es Paul. Mi novia Clarie le encanta hacerlo y por Dios que es buena,
ella siempre me estimula muy bien, lo único malo es que siempre quiere que me corra en
su boca.

—¿Y te quejas? Hombres... no están felices con nada —Mina parecía sorprendida—. ¿Ella
se traga tu semen? —preguntó de nuevo.

—Sí, y aunque me gusta, no deja de ser asqueroso, luego me toca besarla y pues no es
agradable sentir mi semen en su boca. Por lo general, tiene que levantarse e ir al baño a
cepillarse los dientes y cuando regresa ya no quiero hacer nada, entonces se enoja y… —
Paul—Jungkook lo interrumpió — , ¿sabes que una cucharadita de semen contiene la
misma cantidad de proteínas que la clara de un huevo?— risas—. Sin embargo, a veces
obtener proteínas puede ser mucho más divertido para muchas mujeres —dijo en tono
burlón.
—Joder tío, eso es asqueroso. Es como si estuviese chupando el pito a otro hombre —
murmuró en voz baja el chico.

—No tienes que ser prejuicioso con eso. La composición química del semen es muy
potente, contiene sustancias antidepresivas como la serotonina, la tirotropina y la
melatonina y otros componentes como la oxitocina, el cortisol y la estrona que levantan
el estado de ánimo en general y mejoran el desempeño cognitivo.

—Bueno, mi chica depresiva no es.

—¿Ves? Debe ser por tu semen —bromeó.

—¡Joder! —el chico estaba asombrado.

—Aparte de todo, a ella le gusta, y en eso se basa el sexo: a ella le parece sexy hacerte
llegar y su placer es poder beberte. ¿No has pensado en estimularte mientras ella se
lava la boca? Una pregunta, ¿le practicas sexo oral a tu novia?

—Por supuesto, es el jodido paraíso verla llegar gracias a mi lengua, una vez le mordí el
clítoris y...

—¿Mordisco... mordisco? —Mina interrumpió.

—Pensé que podría gustarle y...

—¡Claro, tanto como te gustaría a ti que te mordieran el pito!—argumentó Mina


indignada y solo podía escuchar la risa de Kook.

—Sí, después lo entendí, cuando ella me devolvió la jugada... ¡Joder! ¿Qué hago? No
quiero perder a mi chica

—¡Tómale el gusto a tu semen!

— ¡Vaya! a Mina no le agradó el muchacho.

—Si eres tan egoísta, pues tu chica se irá si no cambias de actitud. El sexo también
tiene que ser felicidad para ella. Nunca te duermas si ella no está satisfecha —y dejala
dormir cuando ella está más que llena.

—Trataré de tolerar mi semen, no me quedaré dormido después de eyacular y me


esforzaré para dejarla contenta tooodas las veces. Doctor Sex, Mina ¡muchas gracias!

—Tenemos otra llamada por la línea dos, hablemos de Sexo ¿Quién habla?

—Mi nombre es Ben.

—Otro chico... esta noche ha sido entretenida —murmuró Mina.

—He querido practicarle sexo oral a mi novia pero no sé cómo hacerlo—la voz del chico
era tímida.
—No es tan solo quitarle las bragas a tirones poner tu cara entre las piernas y mover tu
lengua a velocidad supersónica. Hombres, entiendan esto:

¡Es exactamente de lo que se quejan las mujeres!—dijo Mina.

—Hazlo con suavidad, sin mucho apuro. En la medida en que la tensión sexual vaya
aumentando, recuerda que el sexo oral es lamer, succionar y acariciar. Es como hacerlo
con tus dedos pero usando tu lengua, ella puede ayudarte diciéndote que le gusta o no y
bueno, también tienes que ver sus movimientos o gestos—concluyó Kook.

—Sí, pero ¿cómo empiezo?

—Con un caminito de besos... desde los tobillos hasta los muslos y de ahí, a la meta, ¡a mí
me encanta!—la voz de Mina destilaba coquetería.

—¡Oh, muchas gracias!—el chico se escuchó entusiasmado

—¡Sí, gracias!—la voz de una chica chilló a lo lejos.

—Creo que una chica lo pasará muy bien esta noche.

—Sí, me siento realizado cuando ayudo a que las personas tengan buen sexo—se escuchó
un muy breve silencio y cuando Kook volvió a hablar, su voz había bajado un tono—

Espero que estés tomando nota, nene. Ya tuviste tu inducción, ahora comienzan las
lecciones.

¡Joder! ¿Eso era conmigo, no?

—¿De qué hablas Doctor Sex?—Mina preguntó intrigada—.

Joder, ¿qué te traes entre manos, querido gurú sexual?—no hubo respuesta— ¿Qué
tienes pensado?¿Hay alguien en tu vida? Estamos interesadas en saber quién es la
víctima —se escuchó la suave risa de Kook—. El que se ríe solo de sus maldades se
acuerda—terminó Mina, juguetona.

—Lo sé y créeme linda, pretendo hacer muchas maldades, pero por ahora y mientras
esperamos la próxima llamada los dejo en compañía de Rihanna con Cockiness.

Mi celular vibró en uno de los bolsillos de mi jean mientras escuchaba la letra de la


canción.

“Espero que hayas escuchado el programa de hoy.

Aún puedo sentir el sabor de tu liberación en mi boca y te juro que

voy a volver a repetirlo.

Voy a encargarme de que te vengas muchas veces sobre mí.

Quiero tu lubricación en cada parte de mi cuerpo, en mis dedos,


en mis labios, en mi boca, en mi abdomen pero sobre todo, quiero que bañes mi polla con
ella.

El lunes pasaré por ti, después del programa... cuento los días y las horas....

Jungkook”

El corazón me latía furiosamente cuando terminé de leer, ¡venirme en su boca!... Cerré


los ojos recordando la sensación de sentir su lengua justo ahí y removí mis piernas
incómoda, emitiendo un largo suspiro. Me levanté de la cama apagando la radio y volví a
ésta, mirando hacia el techo, sintiendo una pequeña incomodidad en mi parte [Link]ía
dejar de pensar en lo que me había hecho Jeon Jungkook.

CAPÍTULO 10

El sábado temprano, fui por Yeon a la escuela y de ahí, nos fuimos de compras: zapatos y
ropa para Yeon, pintura, cubrecamas, cortinas y una lámpara para su dormitorio y,
finalmente, el supermercado. Cuando llegamos a casa estábamos tan cansados que
apenas dejamos todo en orden, cada uno fue a su dormitorio, a tomar una ducha y
dormir.

El domingo, Jimin y Susy llegaron a casa, mi pequeña tenía un overol rosa y una gorra
blanca que tenía escrito en el frente, con letras fucsias: Yo Sé Pintar.

—¡Dios Mío! Es un honor recibir tanto glamur en mi casa —dije, sobreactuando. A mi


ahijada le encantaba el drama.

—Sipi, mami dijo que no sabes pintar. Yo sabo y te enseño, en mi clase me dan puras
caritas felices.

—¡Oh, sí! ¡Muchas gracias!

—¿Dónde está tu helmano, paíno?

—En la cocina.

—Qué bueno, me dio tanta hambe, papi me hizo caminar —y se fue dando saltitos hasta
donde Yeon.

—Mal padre ¿Qué hiciste con mi princesa?


—No la tomé en brazos a la salida del ascensor —dijo Jimin entregándome un par de
bolsas que según el, necesitábamos. La mañana se nos pasó volando, acabamos en el suelo
que estaba forrado en papel de reciclaje, manchados de pintura hasta la última hebra de
cabello.

En los pocos meses que Yeon había entrado en mi vida, nunca lo había visto reír tanto.

—Paíno ¿Cómo hiciste para tener un hermano tan dindo como Yeon? Yo quiero uno —la
inocente pregunta de Susy nos puso a todas alerta.

—Oh, eso tienes que conversarlo con papi y tu pa.

—Ñam ñam, que rica está la comida. Come, mi amor chiquito, es tu favorita— Jimin
cambió la conversación y me lanzó una de sus miradas asesinas. Habíamos encargado
comida china, y a sugerencia de Susy, nos instalamos todos en la alfombra de la sala,
para hacer un picnic. Cuando la pintura de las paredes, de un color un azul suave, se
secó, asistí a mi hermana en la instalación de la cortina.

—Gracias por todo, Tae. Estábamos solos en el cuarto, Jimin trataba de sacarle la
pintura a la niña, en el baño.

—No es nada Yeon, somos hermanos— apreté su mano con cariño—. Quiero que sepas
que a pesar de nuestras diferencias, tú eres mi familia y, poco a poco, nos vamos a
conocer mejor. Tenemos tiempo para eso —Yeon asintió.

—Gracias por no abandonarme, aunque mi padrino quería adoptarme — me sonrió.

Él podía ser muy su padrino pero yo era su hermano.

—Gracias por volver a casa y darme una oportunidad—se produjo un silencio incómodo.

—Voy a ver si Jimin terminó, quiero darme un baño, tengo pintura hasta donde no entra
la luz del sol— bromeó.

Peiné mis cabellos hacia atrás y salí para mi habitación, me sorprendí ver a mi pequeña
durmiendo en la cama. En la sala, mi amigo me esperaba.

—¿Solo helado de fresa, Taehyung?

—Acabaste con el de vainilla, la última vez que estuviste aquí—Jimin refunfuñó algo
entre dientes antes de sentarse frente a mí con una taza de helado. Arqueé una ceja en
su dirección, durante el embarazo de Susy, el mayor antojo de Jimin fue el helado.

—No estoy embarazado, es simplemente la inyección. Me provoca ansiedad—dijo


metiéndose una cucharada a la boca—. ¿Tienes que contarme algo, Tae?

—¿Yo?—miré a Jimin a los ojos. ¡Qué mierda! Iba a pensar que en verdad tenía un
letrero que decía: “Ex virgen”.

—No me mires así, me estás ocultando algo, lo sé.

—Ahora eres psíquico —dije burlon. Pero, Jimin siempre sabía cuándo mentía u ocultaba
algo.
—Tae...

—Me acosté con Jungkook —no valía la pena ocultarlo más.

—¿Qué? ¡Te acostaste con Doctor sex!— medio gritó, su asombro era mayúsculo pero
sabía que en una cama dormía su hija y en la ducha estaba Yeon —¿Es tan bueno como
aparenta ser?

—¡Jimin!—me quedé mirando a mi castaño, loco y adorado amigo como si le hubiese salido
otra cabeza.

—Tengo curiosidad—me dijo, con la boca llena de helado—¿Te hizo gritar el abecedario
al revés?

—¡Park Jimin!...

—Oh, fue muy bueno si amerita mi nombre completo—se rió—. Además, no es como si no
supiera que iba a suceder, tú redactaste un papel con unas cláusulas y cuando lo hiciste,
eras plenamente consciente de que te ibas a acostar con él en alguna ocasión. Entonces,
no voy a preguntarte por qué lo hiciste, lo que quiero saber es si está bien dotado y
mueve bien su manguera.

—¡Dios! Te digo que perdí mi virginidad y en vez de preguntarme como me siento,


¿quieres saber cómo la tiene? Eres un pervertido y muy mal amigo —miré por el
corredor, la ducha había parado y quería ver si Yeon estaba por ahí.

—¡Hey! Lo de pervertido, te lo paso, lo de mal amigo... —batió sus pestañas en un gesto


coqueto—llevo muchos años imaginando cómo debe follar ese hombre y, desde que lo
conocí en persona —aunque prepotente y todo—, pude darle un rostro y colocarle gestos
a su sexy voz, así que te toca hablar, Kim.

—¿Tienes fantasías sexuales con Kook?

—Tae, cualquiera que tenga un coño o un pene entre las piernas tiene fantasías con ese
hombre. No es como si Yoongi no agradeciera mis fantasías cuando las vuelvo muy
vívidas —sus cejas se movieron hacia arriba y gemí —. Deja la mojigatería y dime, ¿folla
como habla?

Asentí...

—¿Cuántas veces te corriste?—se sentó en el mismo sofá que yo.

—Ocho... —susurré muy bajo, tan bajo... que creo que lo dije en mi mente.

—¡Ocho jodidas veces!... Es un puto Dios ¡Tienes que contarme todo Taehyung!,—me
señalo con su cuchara — ¿fueron ininterrumpidas? ¿Está bien dotado? Recuerda, yo te
conté todo cuando estuve la primera vez con Yoongi así que no puedes dejarme sin un
detalle.

—Claro que sí, no pude ver a Yoongi a la cara en un mes, y agradecí cuando se fue a la
Universidad.
—No estamos hablando del pasado, estamos hablando de que te acostaste con el hombre
con la voz más candente del jodido universo y que te dio ¡ocho jodidos orgasmos! ...
Taehyung, no me iré de aquí hasta que no me lo cuentes todo.

—¡Habla más bajo!—negué con mi cabeza—Está muy bien dotado y fueron durante la
noche, primero cinco y luego tres veces en la madrugada...

—¡Oh mi Dios! ¿Cuándo lo volverás a ver?—dejé de mover helado derretido para ver a
Jimin a los ojos—. Tae no me mires así, amo a Yoongi, de verdad lo amo. Es mi pareja
desde hace diez años, él ha sido mi primer, único y último amor, pero es normal que
quiera saber.

—No voy a contarte detalles.

—Eres un aburrido...—bufó salpicándome helado.

—Y tú, un cotillo y pervertido.

—Vamos ¿cuándo lo volverás a ver? —juntó sus manos e hizo pucheros.

—¿A quién vas a ver, Tae? —dijo Yeon, saliendo del baño, mientras Jimin y yo dábamos
un brinco.

—¡Eres un jodido gato!—gritó Jimin, recuperándose del salto que dio por la inesperada
aparición de mi hermano.

Susy venía detrás de el tallándose sus ojitos.

—Paíno ¿Dónde está el gatito?—Yeon estalló en risas, mientras la pequeña abría los ojos
buscando el animal inexistente, luego, alzó los brazos para que yo la tomara y una vez
sentada en mis piernas, se puso a jugar con la cuchara de mi taza de helado.—Yeon que
volvía de la cocina con dos porciones de helado, le entrego uno a Jimin que
inmediatamente se lo paso a Susy—en casa siempre era así, como un gatito cuando
estábamos en los ensayos, siempre había que ser muy silencioso Excepto mamá, que era
una patosa completa. Ella vivía realizando estropicios, tropezando con todo y haciendo
que mi papá se enojara mucho y luego ella iba y lo mimaba a tal punto que papá hacía que
fuésemos a comer fuera.

Me levanté del sofá, dejé a Susy con Jimin y salí de la sala en dirección a mi cuarto,
cada maldita palabra que Yeon dijo fue como si enterrara aún más el jodido puñal que
había en mi pecho, mientras Hwasa tenía la maldita familia perfecta yo... ¿Por qué
simplemente no lo dejas ir? Antes de cerrar la puerta alcancé a escuchar como Yeon
murmuraba algo parecido a una disculpa, mientras Jimin le decía que no era culpa de el.
La verdad, no era culpa de nadie.

Decidí darme una ducha. Una ducha larga y relajante cuando salí, Jimin estaba sentado
en mi cama.

—Ven aquí, bebé —dijo extendiendo sus brazos, respiré profundamente antes de
caminar hacia el—. Tienes que entender que no es culpa de Yeonjun.
—Lo sé.

—No lo hace de mala persona.

—Eso también lo sé.

—Y tienes que aprender a vivir con ello... o te lastimarás mucho. ¿No has pensado en
perdonar a Hwasa?

—A veces, no quiero ni pensar que existió—murmuré mientras Jimin acariciaba mi


cabello.

—Yeon está en su recamara, se encerró apenas escuchó tu ducha. Yoongi ha venido por
nosotros.

—Dale un beso de mi parte.

—Habla con tu hermano, si no logran poder vivir con algo neutral en cuanto a Hwasa se
refiere, nunca van a poder conocerse como quieren.

—Lo sé.

—Les pedí una pizza, está sobre la encimera.

—Gracias, nene.

—Te quiero Tete —me tomó del rostro mirándome a los ojos.

—Y yo, a ti.

—¿Cuándo fue?—enarqué una ceja sin entender—. ¿Cuándo follaste con Doctor Sex?

—Se llama Kook—revolví mi cabello —, fue el jueves y, aunque no lo creas, fue... raro.

— ¿Por qué?

—Porque fue... tierno.

—¿Tierno?

—Respetó mis tiempos, habló y habló, iba como explicándome cada paso, yo estaba
nervioso y bueno… digamos que cedí rápido.

—Entonces, fue bueno... digo era tu primera vez ¿te sientes bien?

—¡Joder, Jimin! Ese hombre vence mi fuerza de voluntad, no sé qué me sucede con él. Y
créeme que me resistí, no me siento diferente si a eso te refieres con si me siento bien,
trato de ser muy fuerte cuando estoy frente a él pero, esa noche...

—Esa noche te quedaste sin armas para pelear. Bueno, lo importante es que no fue
traumático —sonrió— y por lo que veo, más bien, fue una buena noche. Tienes ojos de
bien follado.

—¿De verdad?—me guiñó un ojo— ¡Estás loco!—le di una suave palmada.


—Hoseok te estaba buscando como loco ahora entiendo porque no contestabas el
celular.

—Ya arreglé eso.

—Tae, soy tu amigo y vas a odiarme, pero recuerda que es un intercambio, ten en cuenta
quién es Doctor Sex, ¿vale? Y, sobre todo, saca lo que puedas de la experiencia.

Iba a responderle, cuando, una cosita rosa entró a la habitación.

—Paíno, me voy, te doy muchos besos y me llevo a mi papi—me abrazó, me dio dos besos,
tomó de la mano a mi amigo y comenzó a jalarlo. Jimin se despidió apurado y salió de la
habitación. Me coloqué un pijama cómodo, salí al balcón y me quedé viendo el atardecer
desaparecer. Tenía razón, Yeon y yo no íbamos a poder lograrlo si yo seguía colocando
obstáculos, tenía que entender que el era él hijo de Hwasa y yo, el error. Resignado,
caminé hacia mi cama y tomé mi laptop, era hora de volver al trabajo. Llevaba más de la
mitad de medio capítulo y este era el momento crucial. Acomodé los lentes por encima
de mi nariz y respiré profundo, leyendo el último párrafo:

Ahí estaba ella, completamente entregada al placer de sus caricias, una cantidad de
masa moldeable entre sus manos. Besos frenéticos bajo la lluvia en el oscuro y frío
callejón.

Danielle había imaginado de muchas formas esa primera vez con Caleb, pero ninguna era
como ésta. Si alguien los veía, si algún paparazzi los fotografiaba, sería el fin para el
empresario, pero eso a él parecía no importarle. Se aferraba a ella como a un oasis en el
desierto, besándola como si no hubiese un mañana.

—Te deseo —murmuró él, con voz extremadamente ronca.

—Tómame —afirmó ella, completamente fuera de sí. Sentía que el mundo iba a explotar
en pedazos si no estaban juntos. La tensión sexual entre los dos, amenazaba con
reventarlos en miles de pedazos.

Danielle sintió como su espalda pegaba con la pared, mientras Caleb la embestía
aún con ropa y sorbía de sus pechos, sin importar la camisa que aún los cubría. La
lluvia era inclemente, en otra ocasión quizás estaría muerta del frío debajo de sus
mantas protegiéndose de la tormenta, pero ahora, solo deseaba que Caleb Stronx
—el hijo de su jefe— la hiciera suya de una maldita vez. Como si leyese sus
pensamientos, Caleb tocó sus muslos anclándolos aún más a su cintura y haciendo
que la falda se le subiese hasta sus caderas, tanteó su entrepierna con pericia y
decisión, sin dejar de succionar de sus pechos mientras las manos de ella tiraban
de sus cabellos. Mordió su labio mientras intentaba ahogar sus gemidos. Sin dejar
de tocarla y sosteniéndola solo con su cuerpo y la pared, sacó su impresionante
erección, mientras con la otra mano, se deshacía de las diminutas bragas de encaje
que ella tenía; alineó la punta roma de su miembro en su entrada y...
—¿Tae?—levanté la mirada para ver a Yeon en el umbral de mi puerta—. Estás ocupado,
yo...

—Pasa Yeon—dije, antes de guardar los cambios en el archivo y colocar la computadora a


un lado de la cama.

—Te traje pizza y una lata de tu adicción—dijo Yeon caminando hasta mi cama—. Tae yo
quería pedirte disculpas por...

—No —la interrumpí—. No tienes que hacerlo Yeon —tomé el plato y el refresco—. Tu
madre, fue una buena madre contigo y yo no tengo el derecho a impedirte que la ames.

—Así como yo no puedo obligarte a que sientas por ella más que rencor — dijo Yeon sin
mirarme.

—Hwasa, fue inexistente en mi vida, Yeon. Me dejó cuando conoció a tu padre y nunca la
vi, ni en cumpleaños, ni en Navidad. Nada... Y tú no tienes la culpa de eso.

—Mamá te amab...

—No digas eso ¿vale?—volví a interrumpirlo, se me estaba pegando la mala manía de


Kook—. No inventes excusas por ella, porque ya no vale la pena. No necesitamos hacer
esto más difícil, porque podría hacerlo insostenible y no ganaríamos nada con ello.

—Trataré de no hablar bien de ella— negué con la cabeza.

—No quiero eso, fue tu madre en todos los sentidos y es normal que la ames, como es
normal que yo...—tuve que detenerme. Yeon iba aprovechar mi pausa para hablar, pero lo
corté—. ¿Tú, comiste?—pregunté dando por terminado el tema de Hwasa.

—Sí, es tarde, ya casi las once.

—¿Las once? —vi el reloj en el computador, en realidad lo era.

—Fui a la cocina por agua y me di cuenta que no habías comido, así que te traje esto... sé
que te gusta.

—Gracias, me encanta, pero tengo que dejarlo. Esta será la última. El lunes empiezo. La
gaseosa no hace bien. Siempre digo eso, y por una semana tomo té y después... ¡otra vez!

—A mí me pasa igual con el chocolate ¿Qué hacías? ¿Estabas escribiendo? —asentí, ya


que tenía la boca llena—. ¿Puedo leer? —me obligué a tragar.

—Este es un libro complicado, no apto para tu edad.

—¿Tiene sexo? —aunque fue una pregunta, su tono de voz fue como si estuviese en
éxtasis.

—Es un libro erótico, pero apenas empiezo.

—¿Podré leerlo algún día? Ya leí la trilogía del señor Black, unos compañeros internos lo
tenían.

—Te diré cuando lo termine, ¿te parece?—dije con una sonrisa.


—Eso es genial, bueno, voy a dormirme ya, mañana hay que salir temprano para el
colegio.

Yeon salió de la habitación y suspiré fuertemente. Por ser domingo, hoy no había
programa. Terminé la pizza y llevé los platos a la cocina, apagué la laptop y me dejé
arrastrar por la inconsciencia.

El lunes comenzó como casi todos mis lunes: con flojera. Deberían haberlos llamado de
otra forma quizás eran más atractivos. Cuando dejé a Yeon, el me dio las gracias por el
fin de semana y volvió a pedirme disculpas por el asunto de Hwasa. Era un chico dulce y
estaba empezando a quererlo, no iba a dejar que “ella” enturbiara lo que estábamos
construyendo.

No, Hwasa, nunca más jodes mi vida...

Tae tiene un hermano...

Tae no es virgen y tiene un hermano...

Tae está loco, no es virgen y tiene un hermano.

Y los hermanitos Lee no van a joderme el día

¡Muy gracioso!, ¡muy gracioso!

Tenía cita con Min-ho en la Editorial y odiaba eso. La reunión fue igual de tediosa que
todas, Min-ho y su hermano Dong-sun—dueños de la Editorial—hablaron de los plazos de
entrega de cada libro, "Atada a ti", mi libro, debía estar terminado en tres meses y
luego, se le daría dos meses de tiempo a Hoseok para corregir lo que fuese necesario.

Lisa y Suran, otras escritoras de la Editorial hablaron sobre sus nuevos proyectos. Lisa
haría una historia de vampiros y hombres lobos para adolescentes ¡Vaya, que curioso!
¿Dónde demonios había quedado la originalidad? Ahora había que hacer lo que estaba de
moda.

Dong-sun sugirió que dejara "Atada" abierta para que hubiese la posibilidad de hacer
una secuela. Me negué rotundamente. Las segundas partes nunca eran muy buenas y
había autores que, por querer tener un poco más de reconocimiento, forzaban una
historia a dar más de lo que debía dar y al final, terminaban dañando la obra. "Atada a
ti" sería un solo libro, ya veríamos si después se me daba por hacer otro del mismo
género. Hoseok, Jimin y Yonghwa uno de los editores junior me apoyaron, aunque esto no
les gustó mucho a los hermanos Lee. María, la chica nueva, habló sobre su nuevo
proyecto. Ella era genial tratando de temas cotidianos o que afectaban al entorno social
en que vivíamos; de hecho, tratar de hablar sobre el VIH era algo difícil sin embargo la
"peque" — como la llamábamos en la oficina— estaba haciendo un gran trabajo, según
Yonghwa. Luego de cuatro jodidas horas, por fin salimos de las oficinas de Editoriales
Lee. Conduje hasta el consultorio de Marcus y saludé a Eli, la recepcionista, quien me
comunicó que Bogum estaba ocupado con un paciente, así que tomé una revista y decidí
esperar.

—Tae, el Doctor Park dice que puedes pasar—murmuró suavemente la recepcionista


haciéndome bajar la revista y caminar al corredor que me llevaba al consultorio de
Bogum.

Bogum era mi dentista desde hacía ya cinco años, me gustaba venir aquí y charlar con él,
aunque me jalara las orejas de vez en cuando.

El celular vibró en mis jeans y caminé leyendo el último mensaje de Jimin, cuando sentí
como alguien chocaba conmigo. Perdí el equilibrio rápidamente, pero dos fuertes manos
me sujetaron por la cintura y todos mis vellos se erizaron al contacto con la piel
expuesta de mi blusa. Levanté mi rostro para disculparme con la persona con la que
había tropezado, encontrándome con la sexy y brillante sonrisa de Doctor Sex.

—Yo sabía que te morías por volver a estar en mis brazos, Dulzura, pero creo que
habíamos quedado de vernos esta noche—murmuró mostrándome su sonrisa torcida. Me
removí soltándome de sus brazos y caminando hacia atrás.

Estaba preparado para contestarle pero Bogum salió en ese instante del consultorio.

—Tae—miré a mi Doctor y traté de darle una sonrisa—. Kook, espero verte dentro de un
mes.

Él asintió, yo negué con la cabeza y decidí continuar mi camino, entré al consultorio, me


senté en la silla de la tortura; como siempre, Bogum me regañó por el consumo de hielo,
y me hizo la respectiva limpieza, programándome el control para el siguiente mes.

Salí del consultorio directamente a casa. Cuando llegué, abrí mi laptop y me dediqué a
escribir. Estaba quedándome dormido cuando escuché que tocaban la puerta. Suspiré
sonoramente, sabiendo perfectamente quién estaba del otro lado del umbral. Metí mi
celular en el bolsillo trasero de mi jeans y tomé las llaves de Mickey. Abrí la puerta y
Kook estaba ahí. Tenía unos vaqueros desgastados y un suéter negro.

—¿Nos vamos, Dulzura?—apreté las manos cuando me llamó "Dulzura".

—Kook, que sea la última vez que me llamas así —murmuré entre dientes mientras
cerraba la puerta y lo escuchaba reír—. Iré en mi coche.

—Como tú quieras.

—Sí, como yo quiero—dije, fingiendo hastío. Pero, sinceramente, estaba nervioso. El


elevador no tardó nada en llegar; durante el viaje hasta los autos, Kook no me besó, no
se acercó a mí, tampoco dijo nada en doble sentido, haciendo que mi nerviosismo
aumentara.

Sequé mis manos en mis muslos y pude volver a respirar cuando él se bajó en recepción.
—Tú me sigues, si es que puedes… nos vemos en el tercer subterráneo de mi edificio—
expresó antes de salir del elevador.

Llegue rápidamente hasta donde había dejado a Mickey dispuesto a salvarle el honor a
mi carro... “tú me sigues, si es que puedes” ¡que se cree el muy cabrón! ... me tomé mi
tiempo respirando fuertemente antes de encenderlo y apretar el acelerador para seguir
a Kook hasta su casa. En el estacionamiento, esperó en silencio a que cerrera mi vehículo
y con un gesto, me indicó el camino hasta el ascensor.

No hablamos. Sí él no me habla, yo no le hablo... ¿Cuántos años tenemos? ¿Cinco?

—Acércate, Taehyung —dijo cuando llegamos a su panel de control, dejándome delante


de él. —A partir de mañana, quiero que me esperes aquí. Perdemos tiempo valioso
mientras voy a buscarte a tu casa, así que voy a hacer algo, y siéntete afortunado. Ni mi
familia tiene acceso a esto.

—Otra primera vez… Definitivamente hice algo muy bueno en mi antigua vida —dije
sarcástico.

—No juegues con el maestro, Taehyung. No es un secreto a voces que he sido yo quien le
dio un mejor significado al sarcasmo. Además, esuna de las muchas cosas que me pone
cachondo —para demostrarlo, pegó su cadera a la mía, haciéndome tragar saliva al sentir
su erección en la parte baja de mi espalda—. Digita una clave de seis dígitos que sea
fácil para ti recordar, no puedes darle esa clave a nadie y, una vez la hayas digitado,
coloca tu palma aquí —me señaló un scanner—. Tendrás que hacerlo siempre que quieras
entrar a mi casa—hice lo que me pedía y luego él, digitó unos códigos más, abriendo las
puertas de su casa. Un cachorro maltés salió de algún lugar de la casa llegando a
nosotros, rápidamente.

—Hola bonito—Kook se agachó y acarició la cabeza del perro que movía su cola
juguetonamente. Era un cachorro de pelo blanco y ojos negros

—. Gureum, entra a la casa —el perro, en vez de obedecerlo, llegó ante mí, oliéndome—.
Gureum—la voz de Kook se endureció—¡a tu lugar!—el cachorro lo miró, sin embargo,
empezó a moverse de un lado a otro, haciendo que Kook lo levantara del lomo—. No, no,
bonito, dije a casa —lo miró frunciendo el ceño, y no puede evitar mi sonrisa... el hijo de
puta, era amable con él perrito.

—Pedí delivery cuando veníamos de camino, precioso, ¿podrías recibirlo por mí? —dijo
mientras caminaba con el cachorro en brazos.

¿Precioso? Suspiré fuertemente intentado relajarme.

Estaba a punto de sentarme en el sofá cuando el timbre de la entrada se escuchó. Abrí


la puerta con cautela y un joven me sonrió mostrándome unas cajas con comida Thai.

—¿Cuánto le debo?—pregunté indeciso, el muy cabrón no se había tomado la molestia de


dejarme el dinero para pagar.
—No se preocupe, el señor Jeon es cliente asiduo de nuestro restaurant... — tomé las
cajas que me entregaban y mi estómago gruño ante el olor que salía de ellas. Cerré la
puerta con suavidad justo para encontrarme con la sonrisa ladina de Kook.

—¡Qué bien, muero de hambre!— vestía unos simples pantalones de yoga negros y una
camisa sin mangas blanca

—. He dejado a Gureum en las dependencias de servicio, así podemos comer tranquilos.


¿Prefieres un refresco o algo más fuerte?

Por un segundo me quede completamente atontado observando cada fuerte y musculoso


brazo, esos brazos que días atrás me habían arropado en el calor más voraz que pude
haber sentido alguna vez.

—¿Nene?—miré a Jungkook observándome con su sonrisa torcida—

¿Qué si prefieres una copa de vino o cerveza para acompañar?

—Refresco...—la sola presencia de Kook era embriagante para mí, necesitaba estar en
mis cinco sentidos cuando estaba con él. Lo vi desparecer por el pasillo de nuevo y dejé
las cajas sobre la mesa de centro frente al sofá. Kook volvió a la sala en menos de un
parpadeo, traía dos latas de mi refresco de cola favorito y sonrió al entregarme uno, no
pude evitar devolverle la sonrisa, había sido un buen detalle.

—Supe que era tu favorito...— susurró cuando se sentó a mi lado en el sofá.

—Gracias...—murmuré mirándolo a los ojos, solo fue un microsegundo antes de que los
labios de Jungkook acariciaran dulcemente los míos.

—Eres precioso, Tae—acarició con su pulgar mi labio inferior—, incluso, con tu horrible
pelo rojo y tu estilo Tomboy...

—¡Mi pelo no es horrible!

—No, no lo es, por eso no entiendo porque lo escondes bajo tus boinas y sombreros.

No quise responder, nunca me habia importado mucho mi imagen salvo para ocasiones
especiales, Soobin jamás me compró trajes o pantalones ajustados, no usé zapatos de
vestir hasta después de la muerte de mi abuelo y en cierto modo, adapté mi modo de
vestir después de lo sucedido con Minjae.

—Kook, la comida va a enfriarse —él asintió, tomó las cajas de la mesa de centro y la
puso en la mesa del comedor, de un aparador comenzó a sacar platos ¿de porcelana? y
comenzó a repartirla.

—¿Los cubiertos?—me miró extrañado

—Esto se come con palillos —y me mostró su técnica para agarrarlos.


—Mi motricidad fina es un asco. Te agradecería un tenedor.

—Primer cajón, al lado del refrigerador, y trae dos copas, se me olvidó traerlas.

Cuando volví, me encontré con una mesa muy bien dispuesta; con un gesto, me mostró
una silla y me invitó a sentar, tomó una copa de las que traje y le vació una lata de
gaseosa. Luego, me entregó una gran servilleta de tela.

—No puedo evitar sentirme como un pavo en víspera de Navidad—dije muy serio
mientras acomodaba la servilleta sobre mis piernas.

—Bien, entonces, yo seré un granjero y te cocinaré —me hizo un guiño—, total, ya fui
una estrella deportiva en la noche de graduación. Controlé el impulso de expulsar de mi
boca el Satay que estaba masticando, pero no pude evitar ponerme colorado al recordar
nuestra anterior experiencia. Kook sonrió satisfecho y siguió comiendo como si nada.

—Si quieres puedo ser Batman, eso sí... te tocaría ser Robin —me apoyé en el respaldar
de la silla, alcé mi copa y tomé un sorbo de bebida— te verías bien en pantimedias rosa
o, ¡Gatúbela! Mmm ¿cómo te verías metido en un ajustadísimo traje de látex?

—Come y calla—tomó un sorbo de su copa y señaló mi plato—. Necesitarás cada una de


esas calorías para tu clase. Buen aterrizaje: clase, profesor y alumno, ¡nada más!

—Si no te importa, mañana cocino yo. Debes empezar a comer más sano.

¡Maldición! ¿Acaso no puedes cerrar tu bocota, Tae?

—¿Estás bien? —siguió comiendo, no me miró a la cara.

Estoy seguro que no me preguntó por amabilidad, lo hizo para burlarse de mí.

—¿Yo? Sí, estoy bien.

—Ok, no hay necesidad de que cocines para mí, pero si insistes no seré yo quien te lo
impida —se levantó, tomó unos platos y salió para la cocina.

—No es cocinar para ti, lo que pasa es que no quiero comer más comida de restaurant —
tomé el resto de platos que quedaron en la mesa y lo seguí.

—Me parece bien, así matarás el tiempo mientras me esperas —hizo un giro inesperado
y quedó pegado a mí. Me miró con cara de lobo feroz, así que rápidamente, me separé

—¡Oops! Voy al baño, necesito ir.

—Usa el de mi habitación. He dejado en una caja, está la ropa que quiero que uses.

—¿Será mi uniforme escolar, profesor? —¿habrá captado que me molesta mucho ese
tufillo a dominante que tiene?

—Reúnete conmigo en mi Templo, ese será nuestro salón por hoy—como cada vez que le
decía algo ingenioso, me ignoró
Suspiré sonoramente antes de caminar hacia su habitación, queriendo en realidad poder
irme, volvían a mí los nervios de entregarme nuevamente a sus deseos ¿y a los míos?
Entré a la habitación y una oleada de las imágenes llegaron a mi cabeza: besos, caricias,
jadeos. Me fui al cuarto de baño, y antes de abrir la caja que estaba atada con un
primoroso moño de seda blanca, cepillé mis dientes y lavé mis manos, el contenido era un
kimono de seda negra; me quité toda la ropa, excepto el boxer, me miré en el espejo,
busqué las marcas que me quedaron la vez pasada y, satisfecho, comprobé que ya no
estaban. Deslicé la suave prenda por mi piel, mis pezones se pusieron duros al contacto
frío de tela.

¡Sí, el frío!

El corazón me latía a mil por hora, las manos, las tenía sudadas. Tomé mi ropa y la dejé
doblada sobre un taburete, me cepillé de nuevo los dientes, peine mis cabellos con mis
manos y salí de allí, imaginando que mi libro sería un Best Seller mundial, que
personalmente elegiría el casting de la película y que por fin, podría escribir lo que yo
quisiera. Abrí la puerta de lo que iba a ser mi salón de clases.

¿Qué se puede aprender en un salón de esgrima? Pues, esgrima.

Las luces estaban bajas y las cortinas corridas. La primera vez que lo había visto noté
muchas cosas pero también obvié varias, como la chimenea que ahora estaba encendida,
las ventanas que estaban fijas a una pared de la habitación que mostraban gran parte de
los rascacielos ubicados en Seúl y los espejos que estaban en la pared contraria a las
ventanas.

—Sigue adelante, Taehyung—llené de aire mis pulmones. Así debían sentirse las vacas
cuando iban al matadero.

Excelente comparación. Vas directo al matadero, Taehyung. Busca tu pequeña muerte,


nene. Tum-tum-plish. Tae, él comediante. Negué enérgicamente y entré hasta quedarme
sobre la pista de corcho. Kook estaba en un rincón, con una botella de vino y dos copas
en la mano, Se había cambiado de ropa, más bien, se había sacado todo y solo llevaba sus
pantalones de yoga.

—¿Sabes?—murmuró, llegando a mí con una copa de vino. La tomé rápidamente, había


música muy suave pero no podía ver de dónde salía—. Escogí esta habitación porque es la
más iluminada del departamento y hoy necesito un par de cosas de ti. Su mano se fue
hasta mis cabellos y tiró un poco. Tomé un trago de vino al sentir su exquisita fragancia
tan cerca de mí. Sus dedos se colaron por mi cabello masajeando mi cuero cabelludo.
Gemí internamente por su experto toque.

—¿Qué necesitas de mí?

—Hoy quiero que te observes. Fue muy placentero estar contigo hace unos días y pienso
que tu cuerpo ya se ha recuperado de mi intromisión.
—Si con recuperar, te refieres a las marcas de tus dedos en mis caderas...

Cerró los ojos, respiró profundo.

Daba la impresión que le dolía algo.

—Está tomando todo de mí no empujarte contra la pared y follarte tan salvajemente


como quiero, porque —su voz bajó dos octavas—, ya no voy a hacerte el amor, voy a
follarte.

Trague grueso antes de hablar.

—Para eso estoy aquí... Vestido de esta manera.

—Voy a hacerte mío y a enseñarte a conocer tu cuerpo.

No pude evitar el escalofrío que recorrió mi cuerpo.

—Ese es el trato —yo y mi afán de querer superar todo, aunque Jungkook parecia
ignorar todo lo que decia.

—Quiero que sepas lo que significa desear más de un encuentro sexual y lo mejor de
todo, es que te enseñaré a vivirlo para que puedas escribirlo.

El libro, sí... el libro.

Sus labios descendieron hasta los míos, mientras sus dedos desordenaban mis cabellos.
El beso fue frenéticamente placentero, Kook lamía mis labios, los mordisqueaba
levemente e incitaba a mi lengua a penetrar en su boca… lamiéndola, succionándola y
enredándola con la suya, haciéndome gemir entre sus labios. ¡Santo Joder! podía sentir
cada uno de mis vellos erizarse ante el movimiento de sus labios y la humedad
acumularse en mi miembro.

—Gírate, Tae —susurró dirigiendo sus labios a mi cuello antes de que sus manos tocaran
mis hombros, temblé levemente, aferrándome a la copa y girándome como él lo pedía.
Kook hizo que me viera en el espejo.

—¿Qué ves, taehyung?—susurró mientras mordía el lóbulo de mi oreja.

Temblé... ¿Qué le decía? ¿Veo en mis ojos el jodido miedo que tengo por seguir con
esto? O quizás ¿lo pequeño e insignificante que me veía delante de su belleza y su
magnífico reflejo?

—Dulzura...—quería una respuesta.

—Soy yo —afirmé, llevando la copa a mi boca para calmar mi ansiedad. Kook coló sus
manos por mi cintura desanudando el quimono y retirando la copa de mi mano. Se alejó
dejándome frente el espejo, tenía los ojos llorosos, los labios hinchados, el cabello
revuelto... Se colocó detrás de mí nuevamente, acariciando mis brazos hasta levantarlos
y pasar los suyos bajo ellos.

—Yo veo a un hombre hermoso—sus manos acariciaron mi pecho—. Tu piel es exquisita,


el color de tu pelo es tan especial.

Tienes una cara angelical, pero apenas te excitas... te cambia y uno solo puede pensar en
follarte —mi respiración se aceleraba palabra a palabra, él no mentía.

Sentir su cálido aliento en el hueco de mi cuello me estaba calentando. Por mi cuerpo


empezaban a recorrer las sensaciones de agua caliente que su toque me provocaba, se
agudizaban mis sentidos y recibía cada caricia amplificada.

—Kook...—mi voz salió en un jadeo ahogado ante el tono bajo y susurrante en el que se
había convertido su voz.

—Y, tus ojos, Taehyung... tus ojos me indican que quieres tanto como yo saltarnos todo
esto y fundirnos en uno solo... pero no lo haré.

—Eres cruel —dramaticé.

—¿Recuerdas el programa del viernes?—su mano descendió por mi vientre y se coló por
mi boxer, bajé la vista un momento pero su otra mano, agarró mi mentón dejando que
mis ojos miraran hacia el espejo.

—Mira al frente, te vas a redescubrir hoy. Pase lo que pase, no dejes de mirar al frente.
Esta noche, voy a hacerte llegar solo tocándote, Tae. Acariciar es un arte y yo soy el
mejor practicándolo.

—Pretendes volverme loco, ¿verdad?

—Creo que entonces seriamos dos locos... Tu cuerpo me enloquece... me consume. He


pasado todo el fin de semana deseando follarte fuerte, adentrarme en ti tan
profundamente y no salir de ahí hasta que nuestros cuerpos rueguen por una tregua.

¡Por la cabeza de Thor! sus malditas palabras estaban encendiéndome al millón, no sabía
si eran ciertas o no, pero este no era el momento para averiguarlo.

—Kook...—susurré con voz rasposa.

—Tú provocas tantas cosas en mí, que lo único que quiero es cogerte duro y fuerte,
hacerte correr con mis dedos y mi boca, ver como tu cuerpo se estremece de placer —
sus labios succionaron entre mi cuello y hombro, haciendo que mi vientre se contrajera
fuertemente. Luego, con la mano libre, despejó mi nuca y dio pequeñas lamidas por todo
mi cuello.

—Umnf.
—No cierres los ojos, lindo... Mírate, míranos. ¿No somos lo más perfecto del mundo? —
deslizó el quimono, dejándolo caer por mi cuerpo en una caricia sutil y sensual—. El
cuerpo de una persona debe ser alabado.

Sus labios descendieron por toda mi columna vertebral, su cálido aliento embotaba mis
sentidos, erizaba mi piel, humedeciendo allí por donde pasaba, mientras mi cuerpo era
una maraña de deseo. Sentía su lengua apenas rozando mi piel, tomándose su tiempo
hasta mi trasero, acariciándolo con sus manos lentmente, antes de deslizar mi boxer
levemente humedecido. Me volteó hacia él, arremetiendo contra mi boca, su beso era
desesperado, desorbitante, tan salvaje y pasional que me sostuve de sus hombros ante
la ferocidad del envite de su lengua en mi boca, solté un pequeño jadeo, mientras él
continuaba serpenteando con la mía y sometiéndola a su placer. Enterré mis uñas en sus
brazos y mordisqueó mi labio inferior antes de jalarlo y soltarlo fuertemente,
haciéndome sisear y separándose de mí.

—Debería disculparme por eso, pero no lo haré. Si no lo hacía, ahora mismo tu espalda
estaría empotrada en uno de esos espejos.

—Entonces, tampoco me disculpo por el rasguño.

Sus manos empezaron a masajear mi pecho, fuerte y suave, alternando su forma de


tocar hasta que mis pezones no fueron más que dos piedras duras alrededor de sus
dedos.

—Amo tener este poder, tu cuerpo se resiste pero yo puedo controlarlo — retrocedí y
él negó con la cabeza, sus ojos eran oscuros y su respiración, agitada—¡Maldita sea!—
cayó de rodillas sin dejar de tocarme—, quiero hacer esto con calma pero hueles de una
manera tan jodidamente exquisita, Dulzura.

Su lengua lamió mis pezones y mi cuerpo se volvió gelatina, temblé ante lo húmedo de su
toque pero acopié toda mi cordura para no desfallecer... él me debilitaba, pero no era la
única débil en esta habitación.

Abrió la boca exhalando suavemente y el aire caliente sobre mí ya estimulado pezón me


hizo estremecer. Mis manos se colocaron entre sus cabellos deslizando mis dedos, Kook
gimió. Alá, Buda... jodido Odín y todos los dioses nórdicos, mis piernas temblaban y tenía
que poner todo de mí para no dejarme caer. La mano libre de Kook se aferró a mi cintura
mientras él seguía con la torturante caricia solo en la punta de mi pezon hasta llevarlo
dentro de su boca y succionarlo fuertemente, tiró de él un par de veces más y luego
dejó que su lengua envolviera mi aureola, frotándome con sus labios, boca… estaba
ardiendo y él, parecía darse un festín con mi pecho. Empezó a dar vueltas a alrededor y
no pude más.

Gemí vergonzosamente, sintiendo como mi miembro se humedecía y mi entrada rogaba


por que Kook la llenara, el dolor en mi vientre bajo era demasiado para mí. Dio un
pequeño mordisco a la vez que su mano descendía hasta llegar a mi miembro y acariciar
mi muy húmedo glande... El calor corría por mi cuerpo vertiginosamente, mientras él
seguía chupando y tocándome tan superficialmente, que creía que moriría en cualquier
momento. Empujó mi pezón contra su paladar aprisionándolo con su lengua a la vez que
introducía uno de sus dedos en mí y con el otro, presionaba la punta de mi miembro
haciéndome ver fuegos artificiales por todo el salón, mis piernas se flexionaron ante la
sensación de desfallecimiento.

Kook me pegó a su pecho con la mano que tenía en mi cadera, sin dejar de embestirme
con su dedo y pasando la lengua al otro pezón, repitiendo la torturante caricia hasta que
mi boca se abrió gritando incoherencias, preso de mi segundo orgasmo. Boqueé como pez
fuera del agua, intentando por todos los medios posibles sostener el aire en mis
pulmones, sintiendo el descontrolado latido de mi corazón. Kook sacó su dedo mojado de
mi intimidad y me separó de su cuerpo, antes de trazar con sus dedos planos en mi
abdomen que luego siguió con su lengua, repartiendo besos en mis caderas en mi ombligo
y bajo mi pecho... llevándome nuevamente al frenesí.

—Kook—mi voz salió pastosa, sentía mi boca seca mientras él seguía repartiendo besos
por todos lados—.

Kook...

—Pídelo —su tono de voz no era muy diferente al mío—. Pídemelo, Taehyung.

—Por favor...

—Recuerdas nuestra primera cita... en el restaurante —murmuró en mi ombligo,


haciendo círculos alrededor de él con su lengua y embistiéndolo tímidamente.

Ya estaba en el infierno, este hombre me dominaba, me hacía sentir débil y sensual y yo


ya estaba perdido, más atado al fuego de la pasión que la misma Danielle.

—¿Me vas a recordar que debo mandar tu traje a la tintorería?—traté que mi voz
sonara irónica, pero sonó excitada. Kook sonrió, me dio un mordisquito y siguió lamiendo.

—¿Recuerdas lo que necesitabas?

—Si—mi voz no se escuchó como mía, era un murmullo desesperado por más...

—Pídemelo ahora.

—No... ¿para qué?... ya estamos en ello—quería que suplicara...

—¡Maldición!—inhaló con fuerza sobre mi miembro— ¡Pídemelo, Taehyung! ...no seguiré si


no me lo pides.

El muy idiota se separó de mí y dejó de tocarme. Yo, que estaba a un paso de la gloria, a
centímetros de la meta, me quedaba solo, al límite de la nada por una puta e
insignificante palabra.

—¡Enséñame!—grité preso de las sensaciones que recorrían cada una de mis


terminaciones nerviosas, hundido en un mar tembloroso de deseo. Lo quería de nuevo,
una vez y otra más, lo necesitaba—. Sé mi tutor, mi maestro ¡Santo Joder! Enséñame lo
que quieras
—Entonces, a partir de ahora, empieza tu especialización. Somos maestro y aprendiz y
yo...

—¡Joder, Kook! ¡Hazme tuyo de una maldita vez!

—No, Tae...—su voz sonó ronca y gutural—, tú ya eres mío—su sonrisa de comercial se
curvó a un lado de su rostro antes de acercarse a mi boca—¡tú te entregaste a mí!

—¡Cretino!—mordí su labio inferior completamente entregado a la bruma del deseo.

Grave error, no tomó mi mordisco como un castigo si no como una exigencia de más.

¡Já, Tae! Eso fue: te volviste loco y quieres que te haga gozar hasta morir.

Pude sentir el frío del espejo en mi espalda, el calor de su erección potente traspasando
la ropa y el sonido de nuestros jadeos que se ampliaban en la habitación. Sus caricias
quitaban toda la voluntad que quedaba en mi cuerpo llevándome al inmenso placer del
clímax, arrasando todo resquicio de la razón. Era un titiritero, uno muy laborioso y
experto, que con solo tocarme, me convertía en una marioneta

¿será porque fui virgen por mucho tiempo?

Me sentía satisfecho, poseído... mi garganta se desgarraba en un susurro agónico cuando


pronunciaba su nombre. Y lo entendía, lo entendía perfectamente bien, porque a pesar
de mi inexperiencia, de no ser tan hábil como lo era él, yo lograba que su voz también se
escuchara estrangulada cuando mi nombre salía de la misma forma de su garganta. Y
entonces allí lo comprendí.

Vislumbraba el afán de Kook por entregar todo para mi disfrute, por hacerme sentir
bien, hermoso, pues cuando yo ganaba, él lo hacía también.

—No pienses tanto Dulzura—susurró en mi oído cuando se encontraba dirigiéndose a su


habitación, mientras me sostenía en sus brazos. Estaba aferrado a él con las pocas
fuerzas que me quedaban. Aun así bufé sonoramente y lo sentí sonreír a la vez que abría
la puerta de la habitación.

Kook me recostó en su cama antes de dejarse caer a mi lado. Me preparaba para el


ataque recriminatorio de mi conciencia; había sido suyo nuevamente, esta vez sin menos
miedos ni inhibiciones pero tan profundamente placentero como la primera vez...

¡Mientes! esta vez fue mejor!

Esperé a que se durmiera completamente no quería mirarlo de frente pero por el rabillo
de mi ojo podía ver una sonrisa socarrona en su rostro, sus ojos estaban cerrados y
varios mechones de su cabello negro estaban pegados en su frente debido al sudor.

Un maldito Adonis.

Su respiración era lenta y acompasada, observé el reloj en su mesita. Eran casi las tres
de la mañana ¿y, si me iba a casa? Era preferible discutir por no respetar un punto del
decálogo que seguir aquí, estaba demasiado agotado. Me levanté con sumo cuidado, casi
no respiré para no despertarlo, cuando estaba a punto de abrir la puerta del baño,
escuché su voz áspera.

—¿A dónde vas?

—A casa—continué con mi cometido.

—Estás rompiendo con lo pactado.

¡Mierda! ¿Dónde está mi ropa?

—No, solo voy a casa, mañana estaré de vuelta. Soy buen alumno, la clase de hoy está
aprendida.

Soy bello, sexy y solo tengo que dejarme llevar ¡Já!

—La clase no ha terminado—dijo levantándose y caminando hacia mí—, apenas fue el


inicio.

Acomodó mi pelo y acarició uno de mis pezones.

—Eso duele.

—¿Mucho?—asentí porque escocía, como cuando eres pequeño y te caes de la bicicleta


raspándote las rodillas.

Kook me jaló hasta la cama nuevamente, dejándome sentado y luego se giró buscando
algo entre las cosas de su mesa de noche. Con un frasco en las manos, se sentó desnudo,
a mi lado.

¿Es que su miembro nunca descansa?

Abrió el frasco que traía en sus manos y colocó un poco de ungüento en sus dedos, lo
extendió sobre mi pezón suavemente.

—Aliviará la quemazón—dijo, sin dejar de mirar mis pezones.

—¿Algo está mal?—intenté mirarme, pero él lo impidió con su dedo índice en mi mentón.

—Todas las personas con las que he estado, tienen algo “malo” si le podriamos decir asi,
en el caso de las mujeres tienen desproporcion en los pechos, y en los hombres sus
pezones tambien son diferentes uno del otro, ya sea por el color o el tamaño, pero tu no
tienes eso, eres perfecto como tu hermoso miembro y tu apetecible entrada—sonrió con
su marca personal de gesto torcido y guasón de sé que puedo follarte ahora y no dirías
que no.

—¡Vaya! qué buena información para

escribir en mi libro: el autor tiene un pene hermoso, una entrada apetecible y unos
pezones maravillosos.

¡Patético! Con decir gracias, bastaba.


—Quiero hacerte un par de preguntas —dije jalando la sábana y cubriéndome, algo
estúpido para alguien a quien ya había estado expuesto y jadeante; aun así me daba
pudor.

—Soy todo oído—murmuró, bajando con cuidado la sábana que cubría mi pecho—. Te
quitarás el ungüento—acomodó la seda alrededor de mis caderas— prometo dejarlos
descansar por esta noche. ¿Qué ibas a preguntarme?

—Siempre vamos a... tú sabes— carraspeé—todas las noches.

Podía parecer insulso que no pudiera decir algo tan fácil como la palabra “follar”, cuando
hace unos minutos atrás me encontraba en una posición fuera de lo conocido, podía
atribuirlo a la estricta disciplina moralista de Soobin, pero no. Era pura vergüenza... A
pesar de entregar mi cuerpo a Kook cada vez que él lo solicitaba, era para mí aun difícil
expresarme en términos sexuales. Patético, grado dos. Por si no lo sabes, estás
escribiendo un libro erótico.

—¿Te refieres a si solo vamos a follar?—sonrió mostrándome ese gesto que hacía que mi
mundo diera vueltas.

—Eso mismo.

—Siempre y cuando tú y yo queramos. Hasta ahora no me has dicho que no, de hecho
eres bastante receptivo. Te he mostrado las diferencias entre el sexo persuasivo, lo
que muchas personas llaman “hacer el amor” y, el sexo duro, fuerte, ese que solemos dar
el nombre de “follar”; pero aún te falta mucho por aprender.

—¿Qué más se puede aprender de esto?—conversábamos cómodamente.

—Muchas cosas. No todas las clases serán prácticas, también he de llevarte a lugares
muy interesantes que te servirán para tu libro.

Mi estómago sonó estrepitosamente.

—Lo siento, parece que el ejercicio estimuló mi hambre —no terminé de decir la última
palabra cuando ya estaba ruborizado.

—A mí me pasa igual—levantó una ceja cuando me miró—. Pero, por ahora, iré por vino y
veré si hay algo de comer en el refrigerador.

No pude evitar sonreír cuando al rato volvió con una gran bandeja con emparedados
cortados a la mitad, copas y vino, con un mandil en el brazo y absolutamente desnudo.
Acomodó todo en la cama y continuamos la conversación mientras cenábamos.

—¿Vas a llevarme a “Fetiches” otra vez o a otros lugares donde hacen orgías?

—No son lugares donde “hacen”— hizo comillas—orgías, son lugares de sexo libre, sin
inhibiciones.

—¿Has estado en muchos lugares como ese?

—Sí, pero no he participado... soy bastante selectivo con quién comparto mi cama.
—Sí, como no —rodé mis ojos en irónico gesto—. Te vi en el estacionamiento, genio—
bufé. Kook pasó suavemente su mano por el caminito que había entre mi cadera y mi
cintura.

—Conozco a Lara hace muchos años, digamos que en ocasiones nos gusta divertirnos. En
cuanto a las orgías, no son mi manera favorita de practicar sexo. Hacen que pierdan el
concepto de intimidad—lo miré sin entender—, las prefiero de una en una, así puedo
dedicarles el tiempo que se merecen; aunque dicen que la mayoría de las fantasías
sexuales de un hombre es estar con más de una persona, la verdad es que tenemos una
sola polla, ¿me hago entender?

Algunas veces Kook me hablaba en su idioma de sexo insaciable que todo lo ha probado y
yo quedaba haciéndome interrogantes. Suspiré, tomé el último trago de la copa y limpié
mi boca con la servilleta, Kook retiró la bandeja para dejarla en una mesa lateral y
cuando volvía a la cama, mi vista se enfocó en su entrepierna, siguió mi mirada y sonrió,
mientras se acariciaba su miembro suavemente.

—Lo sé, tengo un miembro bonito— dijo con arrogancia— y puede calificar como postre.

—¡Idiota!

—Tae—tomó mi mentón con delicadeza levantando mi mirada de su anatomía—. Nene, sí


quieres...

—¡No!—entendí lo que me estaba sugiriendo—¿Nunca te cansas?—dije señalando su


miembro semi erecto.

—¿Te preguntas por qué puedo pasar muchas horas teniendo sexo y no cansarme?

—Sí.

—Practico el sexo tántrico. No eyaculo, lo que me hace tener más resistencia.

—¿Sexo tántrico?

—Sí, el tipo de sexo que se hace con espíritu, con alma. Se unen mente y respiración,
tanto en los preámbulos del coito como en la consumación del acto. Eso hace que pueda
durar mucho más a la hora de intimar sin minimizar mi desempeño sexual.

—¿Espíritu? ¿Alma? Demasiado celestial para mí.

—Un día de estos te lo explicaré con calma, Dulzura —fruncí el ceño—. En India, una
chica me enseñó todo acerca de esta disciplina y créeme, me divertiré mucho
enseñándote —iba a retirar su mano, cuando en un rápido movimiento él se colocó sobre
mí, uniendo nuestros labios en un beso mordelón y esquivo—. Ahora... tengo otros
planes—retiró la sábana de mi cuerpo, dejándome caer suavemente en la cama con él
sobre mí.
Una punzada de dolor en mi entrepierna me despertó, me removí incómodo, estaba solo
en la cama. Escuché arcadas, me levanté presto y sin pensarlo, abrí la puerta del baño,
pero lo que vi me hizo retroceder unos pasos. Jungkook estaba arrodillado frente al
excusado expulsando lo que comió.

—¿Kook, estás bien?—lo llamé sin entrar, no pude evitar el pudor que sentí al compartir
ese tipo de intimidad.

—Sí, tranquilo—contestó sin mirarme, jaló la palanca, abrió el grifo del lavamanos, se
enjuagó la boca y las manos, salió tembloroso del baño y, desnudos como estábamos, lo
ayudé a llegar hasta su cama—. Lamento haberte despertado.

—¿Qué hora es?—le pregunté observándolo, estaba pálido, sudoroso y temblaba


levemente—¿Estás seguro que te encuentras bien? ¿No quieres que llame a alguien?

—Falta poco para que amanezca y sí, estoy bien. Solo comí algo en mal estado.

—¿Otra vez? La comida Thai no fue, a mí no me hizo mal.

—Sufro de migrañas fuertes, no te asustes—murmuró—. Ven, recuéstate aquí, junto a


mí—me acosté a su lado, y sin pensarlo, retiré varios mechones de su negro y sedoso
cabello de la frente y palpé su piel con discreción.

—No tienes fiebre.

No dijo nada y coloqué mi mano con más precisión sobre su piel, estaba helado y yo no
tenía corazón para irme y dejarlo. Cabrón, odioso y patán era un ser humano, uno que no
se encontraba muy bien en ese momento. Me acosté a su lado y él, sin abrir los ojos, me
acomodó de tal manera, que pegó mi espalda a su pecho y colocó su cabeza en el hueco
de mi cuello, enredó sus piernas entre las mías y con mi cuerpo se quitó el frio. Fue
nuestro primer contacto íntimo sin nada sexual de por medio y, por primera vez, me
sentí realmente cómodo y no intimidado a su lado.

Cuando desperté, horas después, Kook ya no estaba a mi lado.

Supongo que está bien, si me dejó solo en la cama.

Fui directamente al baño a buscar mi ropa pero, no estaba. En una nota pegada al espejo,
me enteré que estaba en la zona de lavado.

¿Y, eso, dónde estará?

Enrollé mi cuerpo en una de las sábanas y, descalzo, me fui a ver.

¡Santo Joder! ¿No podría tener una lavadora y una secadora en un rincón del baño? ¡Já!
“zona de lavado”
Salí por el largo pasillo, supuse que detrás de una de las puertas que estaban al otro de
la sala estaría mi ropa, pero me detuve: Kook hablaba con alguien y, no era por teléfono.
Por un momento, dudé si continuar o devolverme a la habitación; sin embargo, di unos
pasos más y pude verlo de pie, cerca del ventanal.

Tae modo curioso ¡activado! Si fueras gato, ya estarías muerto.

Un hombre de tez oscura era su interlocutor; lo reconocí, estuvo en la fiesta del salón.
Era Yugyeom, su hermano.

—No voy a hacerlo, Yugyeom.

—No seas tan egoísta y cabrón… tienes que entender.

—¡Los que tienen que entender son ustedes, maldita sea!

—Te queremos.

—¿Por qué no pueden simplemente apoyarme y estar conmigo?

—¡Todos estamos contigo!

—¿Entonces?

—Mamá quiere hablarte.

—No

—Ella se lo merece... ¿Recuerdas, cuando Seojoon nos llevó a casa, el abrazo que ella nos
dio?

—Por eso mismo, no lo haré.

—No puedes ser tan jodidamente idiota.

—Si puedo.

—¡Saca la cabeza del culo, Jungkook!

—No.

—¡Tú provocaste el lío!

—No, el lío lo provocó el bocazas deSeojoon.

—Si al menos, compartieras más con ella.

—Corro contra el tiempo y no quiero

dejar pendientes.

—¿Pendientes? No puedes dejar a mamá sola por culpa de tus amiguitas, sé que hay
alguien más aquí.
—Es Gureum —dijo irritado—. No me jodas, no tengo porqué darte explicaciones.

—¡Oh, perdón señor! “Me independicé a los dieciséis años” “Soy el más puto y jodido
cabrón y me las aguanto todas, solo”

—Sabes que no es eso.

—Eunbi está embarazada.

—¡Felicitaciones!, era lo que estaban buscando ¿verdad?

—Sí, pero es difícil estar feliz sabiendo que tú...

¡Mierda!

Él perrito de Kook me vio y se puso a ladrar y a dar saltitos. Por más señas que le hice
para que se fuera, el creyó que jugaba, tiró de mi sábana y… caí. En un micro segundo, yo
estaba desparramado en el suelo, medio cubierto con una sábana, con todo mi pelo
alborotado y un dulce perrito jugueton saltando a mi lado.

—¿Con que Gureum?— Yugyeom me miraba asombrado.

Kook tenía una sonrisa divertida. Se acercó a mí y me tendió la mano.

—Es mi novio, Tae—como pude, me arreglé la sábana y le hice un gesto de saludo al


chico.

—¿Novio? Ok. Hola novio de mi hermano—no supe cómo interpretar ese saludo.

—¿Te hiciste daño, bebé?—estaba por darle una respuesta, cuando me giré y vi que le
hablaba a Gureum, a quien tenía en brazos.

—¿Desde cuándo eres el novio de este pelmazo? —lo señaló con un dedo, su voz ya no
tenía el tono preocupado y triste de antes.

Kook dejó a su mascota en el suelo y con un abrazo, me acercó a su cuerpo, me aferré a


la sábana con todas mis fuerzas y antes de que abriera mi boca, él estaba contestando.

—Es mi novio y eso te basta. Te prohíbo que lo agobies con preguntas— me guiñó un
ojo—. Él es mi hermano Yugyeom pero, puedes decirle perro.

—¡Kook!—el chico parecía enojado pero estaba riéndose.

—Está bien, dile Gyeomie, Yugyeom me extendió la mano y se la tome tímidamente. Kook
besó mis cabellos y pellizcó mi trasero haciéndome saltar. Ya me las pagaría el idiota de
Jeon Jungkook; ahora, en mi cabeza, había mucha información sin clasificar.

—Quisiera poder quedarme aquí, pero creo que es mejor si me voy a cambiar—solté
temblorosamente el agarre de Kook—. Si me disculpan...—y antes que alguno pudiera
parpadear yo, ya había desaparecido del lugar.
Recogí mi ropa rápidamente y me di una ducha exprés. Cuando pasé nuevamente a la sala,
no había nadie, aunque se podía escuchar que Kook y su hermano estaban en el estudio.
Respiré profundamente, tomé mi bolso, le hice una caricia en la cabeza a Gureum, que
estaba echado sobre el sofá masticando un juguete de hule, me miró y movió su colita,
yo salí del departamento.

Llegué a casa y me di un baño relajante, mis huesos lo necesitaban después de la noche


que había pasado.

Me tiré en la cama y dormi un rato, varias horas después estaba sentado en la cama con
la laptop entre las piernas, chateando por Skype con Jimin.

Cuando el sábado llegó, yo, el muy aplicado estudiante estaba muerto. No !!, estaba más
que muerto, cada músculo y hueso de mi cuerpo sabía claramente el significado de follar
duro.

Como se estaba haciendo costumbre, desperté entre los brazos de Kook, había
sobrevivido a su voracidad y me sentía extrañamente contento, ¡no! estaba siendo
inmolado en nombre de un libro. Animado por mi gran descubrimiento me fui a la ducha,
a darme un hidromasaje, tendría todo el fin de semana para recuperarme. Al menos eso
esperaba.

—Ya no más, Kook —el muy cabrón, se movía tras de mí—. ¡Lo juro! necesito un
descanso—pude sentirlo sonreír mientras se pegaba a mi cuerpo. No podía negarlo,
follar con él era espectacular. Era un excelente maestro, se tomaba el tiempo para
explicarme cada cosa referente al sexo, ¡antes de follarme sobre cualquier superficie
de su departamento!

Si vinieran los de CSI encontrarían huellas de nuestras “clases” por toda la casa.

Reconozco que en los primeros días me sentí como un puto.

En efecto, lo eres...

Negué con mi cabeza. La vocecita chillona y molesta no se había ido. Pero, cuando
empecé a ver el sexo como lo que era, cada vez le hice menos caso y, Danielle y Caleb me
lo estaban agradeciendo infinitamente,... y la Editorial,.... y las futuras lectoras,
¡también!

Desde que acepté la ayuda profesional de Kook, mis personajes parecían conejos en
época de apareamiento, no importaba el lugar, no había sitio prohibido ni molesto, ni
nueva postura para asumir, todo era bueno para una gran follada entre ellos. Cualquier
parecido con la realidad, es una ¡realidad! Tum-tum-plish.

Kook comenzó a pasar la esponja jabonosa por mi cuerpo, haciéndome jadear cuando
tocaba lugares que estaban sensibles. Se tomaba su tiempo limpiando cada parte de mi
piel.
—Debo ir por Yeon—susurré cuando sus labios se deslizaron por la parte trasera de mi
cuello mientras sus manos acariciaban mis pezones. Su obsesión por ellos era rara.

—Aún es temprano—murmuró, atrapando mi lóbulo izquierdo, haciendo que mi espalda se


pegara aún más a su fornido pecho.

—Yeon sale a las ocho, son las seis treinta—él continuó manoseando mi cuerpo a su
antojo.—Podemos, podemos.

—¡Déjame en paz, Kook!—me separé todo lo que el reducido espacio de la ducha me


permitía, ya que anoche habíamos terminado en uno de los cuartos de huéspedes—¿Qué?
¿No te basta la noche?

—No, no me basta—frunció el ceño, salió de la ducha enojado, me encogí de hombros y


continué mi baño.

Cuando salí, Kook estaba sobre la cama boca abajo dejando su perfecto trasero al aire,
me vestí rápidamente tomé mi celular, mis llaves y me fui. No teníamos que despedirnos
como eternos enamorados, unas cuantas folladas no nos hacían amigos, por muy bueno
que el maldito fuese en la cama.

Pasé por Yeon y juntos fuimos al súper, cada vez se veía mucho más cómodo conmigo y
yo también lo estaba… mientras que Hwasa no fuese tema de conversación.

El domingo, fuimos al Blockbuster y compramos “The Hunger Games”.

—Si tuvieras Netflix, podríamos ver montones de películas y tener maratones de series,
sin salir a comprarlas.

—Escasamente veo televisión.

—¿Te imaginas poder ver la película que quieras, acostadito, comiendo cosas ricas,
mientras afuera llueve? Deberías pensarlo—me movió sus cejas, graciosamente.

—Muy bien, lo pensaré—y sonreí. Cada vez era más fácil sonreírle.

Invitamos a Jimin a nuestra noche de películas, ya que estaba deprimido porque Yoongi
estaba fuera de la ciudad y Susy, donde sus abuelos. Yeon y yo habíamos pasado gran
parte de la tarde cocinando y acomodando la sala, cuando el timbre se escuchó

—Debe ser Jimin—dijo mi hermano.

—Sí, yo abro. Tú puedes ir por las palomitas—dije caminando hacia la sala.

—Tae, ¿también saco los panquecitos del horno?—gritó, desde la cocina.

—Sí—abrí la puerta—. Jimin va...— mis palabras quedaron trancadas en mi boca. Frente
a mí estaba Jeon Jungkook. No tuve tiempo de reaccionar, sus labios succionaron los
míos deliciosamente, con la intensidad que mi cuerpo reconocía. Un beso carnal y algo
violento al que me adapté rápidamente, ya que la mayoría de sus besos eran así.

Lo siguiente que sentí fue cómo algo se hacía añicos contra el suelo.

Me separé de Kook jadeante y cerré los ojos antes de girarme, encontrándome con los
ojos azules de Yeon abiertos.

—Yeon, puedo explicarlo...—dije mirando a mi hermano que estaba inmóvil.

—O puedo hacerlo yo—Kook se me adelantó—. Jeon Jungkook—le tendió su mano—, soy


el novio de tu hermano.

¿Qué? ¡Maldito bastardo! Cero y van dos, ¡cabrón!

—Wang Yeonju—mi hermano tendió su mano, pero Kook se llevó los nudillos a la boca
dándole un ligero beso. El rostro de Yeon fue un semáforo en rojo instantáneo.

—Yeon —mi hermano asintió—, Tae me ha hablado mucho de ti—dijo tendiéndome lo que
traía en sus manos: refrescos y pizza ¿vegana? Nos siguió hasta la cocina.

—Tae, creo que he dañado los cupcakes —dijo mi hermano mostrando un desastre en el
suelo.

—¿He llegado en mal momento?— preguntó de manera inocente, y se agachó para


ayudar, le di una mirada de muerte.

—Yeon, termina de organizar las cosas en la sala y yo me encargo de recoger esto con
Kook.—Yeon llevó la pizza y el refresco hasta la sala y yo me agaché junto a Kook—. ¿Se
puede saber qué demonios haces aquí?—murmuré con los dientes apretados.

—Tú conoces a Mina y a Yugyeom.

Estaba en desventaja.

—Nuestro pacto es de lunes a viernes, te quiero fuera de aquí ¡ya!

—¿Te quedas a nuestra noche de películas, Kook?—preguntó Yeon desde la sala.

—¿Y destrozar el corazón de tu hermano?—Exageró colocándose la mano en el pecho y


gritó para que ella escuchara—¡Sí, Yeon! ¡Será todo un placer!—me dio esa mirada que
me había dado la última vez que habíamos visto una película: levantando sus cejas y
sonriendo burlón.

—No. Te vas a ir ya, inventa cualquier cosa, yo puedo soportar cualquier pendejada tuya
sobre las películas, pero Yeon es menor—susurré.

¡Por qué demonios susurro! Me levanté con los pedazos rotos de loza, mientras Kook
recogía los panquecitos dañados siguiéndome hasta la cocina.

—No voy a irme, tú y yo tenemos un acuerdo donde me obligas a ser monógamo—dijo la palabra
como si fuese un suplicio—. Sí decido ir a otro lugar terminaré encontrándome con algun chico lindo
y follándolo hasta el amanecer—caminó hacia mí hasta dejarme atrapado entre sus brazos y la mesa
de granito. ́

Manipulador... Maldito... ¡Arg!

—¿Qué quieres que haga, Kook?, sabes muy bien que si te acuestas con una mujer,
nuestro contrato queda nulo y tendrías que explicarme lo que falta. Sinsexo.

Kook rió interrumpiéndome.

—Eres consciente que tu decálogo es ridículo. El hecho que yo esté aquí, habla de quien
soy.

—Un prepotente hijo de...—Inhala… exhala Tae.

A este paso mis pulmones serían de buzo profesional.

—Sí, sí... todo eso y mucho más. No me ofendes al llamar a mi difunta madre o a Rose
así, todas las mujeres tienen algo de puta—lo miré mal—. No me mires así Tae, una
mujer debe comportarse como tal si quiere tener el hombre de su vida a su lado, así que
no me ofende si me llamas así, estaba demasiado aburrido solo en casa así que me dije a
mí mismo: vayamos a visitar a nuestra novio y conocer a su hermano… y ¡voilâ!, aquí estoy.

—Pues yo digo... ¡Aquí te vas!—dije empujándolo un poco, pero ni se movió.

—Y yo digo que me provoca besarte y ¿por qué no? Tengo que tomar lo que me
pertenece. —Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Gemí internamente cuando sus
labios sometieron a los míos, lo mordí fuertemente pero él sonrió divertido pegando su
cadera a la mía y afianzando sus labios un poco más. Me alzó sobre la mesa y siguió
besándome ardientemente. Dejé de pensar y me aferré a él con piernas y brazos; Jeon
Jungkook era como una droga, como tomar tres latas de Coca-Cola de un solo trago.
Besarlo suponía un gran placer, era adictivo Sus manos acariciaron mi costado hasta
bajar al borde de mi camiseta y levantarla un poco y... ¡por un demonio! Necesitaba
alejarme, pero sentir su piel contra la mía, era demasiado placentero. Mis manos se
colaron entre sus cabellos oscuros jalándolos levemente. Una de sus manos acarició mi
vientre haciendo que mi cuerpo completo se contrajera y... ¡abrieron la puerta!

—¡Jesús, María y José!—Jimin gritó haciéndome quedar inmóvil—¡No coman pan delante
de los pobres!—Kook se separó de mí y pegué mi rostro a su pecho—¡Gracias a Dios que
he dejado a mi pequeña con mi madre!

—Hola, Rey del Drama—murmuré, empujando a Kook.

—Jimin—Kook le dio su sonrisa patentada—. Es un gusto volver a verte —levantó su ceja


izquierda y lo miró fijo

—Como siempre, ¡tan inoportuno!

—Y tú, tan exquisito como un orgasmo y tan encantador como una patada en el hígado—
murmuró mi amigo.
Amaba que el se mostrara firme, pero estaba seguro como que el infierno quema, que la
ropa interior le temblaba.

Kook amplió su sonrisa antes de tomar una manzana del tazón de frutas y salió a la sala.

—Estás jugando con fuego, Tae — murmuró Jimin.

—Jimin...

Jimin no me miró. Colocó un bote de helado de pasas al ron dentro del refrigerador, y
tomó el otro abriéndolo y sacando unas cucharadas y dejándolo en una taza.

—No te estoy recriminando, pero puedes salir con graves quemaduras. Por cierto, ¿qué
hace aquí?—preguntó, metiéndose una cucharada a la boca.

—Se auto invitó y Yeon le pidió que se quedara a ver la película—murmuré robándole
helado a mi mejor amigo.

—Hey, toma tu taza—siseó—. En fin, ¿qué peli veremos?

—“The Hunger Games”, Yeon la escogió.

—¿Es la película en donde todos se visten como Lady Gaga?—me encogí de hombros
porque no la había visto—. Ah no... es aquella donde la chica tiene que elegir entre el
chico enano poco interesante y el guapote sexy

—Jimin metió una cucharada de helado a su boca.

—¡Te escuché! ¡No te metas con Josh!—gritó Yeon desde algún lugar de la sala.

—Jimin, no me cuentes la película, por favor.

Jimin rodó los ojos antes de darme un pequeño golpe en el brazo.

—Bueno, al menos no es la de Superhéroes que destruyen toda una ciudad para salvar a
un gato—salió de la cocina, sin nada en la mano, yo salí tras de el, con un bol de
caramelos y otro, con palomitas.

En la sala, Kook y Yeon reían abiertamente como si fueran los mejores amigos.

—¡Tae, no me habías dicho que tenías novio!—Jimin enarcó una ceja en dirección a mí—y
que era tan chistoso, además de ser el presentador de “Hablemos de Sexo”. Los chicos
van a morirse cuando les diga que mi hermano es el novio del dueño de la voz más sexy
de Corea.

¡¿Qué?! ¡Nooo! Yeon no podía decir nada, como si me leyese el pensamiento Kook habló.

—Es preferible que omitas decir quién soy, con que digas que tu hermano sale con un
hombre sexy, es suficiente—dijo engreído—. No quiero que a tu hermano lo atosigue la
prensa.

—Además, apenas estamos conociéndonos.


—¿Tú lo sabías, Jimin? —preguntó Yeon—¿Sabías qué Kook es el Doctor Sex?

—Esto....—Jimin me miró y yo asentí

—. Sí, de hecho, nos conocimos hace un mes cuando Tae hizo una entrevista en ese
programa por el libro.

—Wooo...

—See... Eso mismo dijo tu hermano cuando me vio. ¡Woo! Fue amor a primera vista. El me
invitó a salir y no lo culpo, soy irresistible.

Lo miré con los ojos entrecerrados y él mostró su sonrisa patentada por enésima vez en
la noche y... sí señores, habían tres boxer temblando en la sala.

—Lo que eres es un petulante— caminé hacia ellos, sentándome entre Jimin y Kook pero
él me sentó sobre sus piernas.

—Así me quieres, Dulzura—me dio un beso en la mejilla.

¡Joder! ¡Cómo demonios tenía que decirle que no me dijera nene, dulzura o cualquier otro
apelativo ridículo y cliché!

—¿Vinimos a ver una película o a ver como se empalan uno al otro?—al parecer Jimin
estaba en sus días “perra”.

—Yo pongo la película—Yeon se levantó del sofá y yo aproveché para meterle un codazo
a Jeon mientras mi hermano no miraba.

—¡Auch!—él se quejó y yo me bajé de sus piernas.

—Eso sí les advierto, se burlan de la estatura de mi Joshi ¡y los madreo a todos!

Estaba incómodo y adolorido, él, a mi lado, estaba sospechosamente tranquilo, creo que
dormitaba... hasta que Jimin abrió su boca.

—Ella es la protagonista más frígida que he visto.

La carcajada de Kook fue estruendosa, todos giramos en su dirección, para mirarlo.

—¿La conoces?

La pregunta de Yeon quedó sin respuesta porque mi amigo, con la cuchara de helado a
punto de entrar por enésima vez a su boca, atacó de nuevo.

—Eso no se le puede llamar beso, la tipa parece que tiene un pedazo del iceberg que
hundió el Titanic enterrado en el culo. ¿Será que la actriz estaba falta de un buen...?

—¡Wang Yeonjun!—mi grito salió distorsionado porque no pude controlar mi risa.

—No es frígida. El protagonista la amasaba bien cuando estaban en esa cueva, tú sabes,
él es experto en… amasar—su voz fue seductoramente narcótica—. Eso es solo una
careta, para que sigan creyendo que ella es la fuerte, pero dentro de la cueva se
deshace por él—sobreactuaba para sus groupies—. La tensión sexual entre esos dos
fluye por sus poros, la pregunta del millón de dólares es ¿Cuándo saldrán las imágenes
de la cueva por TMZ?, Jimin y Yeon estaban desternillándose de la risa.

¡Dios, es que acaso nunca podría volver a ver una película con Kook!

¡Para él todos tenían una tensión sexual palpable!

Después de la hora del chiste, todos nos concentramos en terminar de ver la jodida
película. Cuando la película acabó, Yeon propuso ver Blanca Nieves y la leyenda del
Cazador, pero Kook nos explicó por qué no debíamos verla.

—Es una mala influencia. Seguida muy de cerca por Mulán —allá va otra vez, Doctor Sex
en versión familiar.

—Kook...—advertí.

—Déjalo que hable, Tae.

—No entiendo, ¿Qué tiene que ver Mulán con esta película?

Sus fanáticas estaban alborotadas y no iban a permitir que yo no lo dejara hablar. Él, se
puso de pie y, cual charlista, se preparó a explicar.

—Sencillo, esta chica no solo seduce al hermano de su madrastra y le clava un puñal


cuando él menos lo espera, sino que también, se escapa al bosque y luego emprende un
viaje con el cazador, sola. Ella es una mujer y él un hombre— hacía gestos divertidos
para enfatizar— Ella tiene de blanca y pura lo que tengo yo de monaguillo—puntualizó.

—Ahora soy yo el que no entiendo— dije, pero... luego, luego, me arrepentí.

—Ella se folló a Thor.

—¿Qué hace Thor en esta película?— de verdad, no entendía.

—Hermanito, aterriza.... El actor del dios del martillo es el mismo que hace de cazador.
Yeon y Jimin empezaron a reír... de nuevo.

—Está basada en Blanca Nieves, una de las peores princesas en la versión de Disney—me
explicó, yo le enarqué una ceja—, no es tan inocente como se ve, se escapa de casa
siendo adolescente y se va a vivir con siete tipos. ¡Siete!

¿Quién me dice a mí que ella no fornicaba con esos hombres?

—Kook, es un cuento infantil.

—¿Era Blanca Nieves pura e inocente? ¿Siete hombres y ninguno la acechaba de


noche?—Tomé un puñado de palomitas y se lo aventé—¿y qué me dicen de ese
sospechoso amor por los animales?—su actitud era de un fiscal ante la corte—Son
preguntas para las que nadie tiene respuestas—dijo seriamente.
Jimin y Yeonjun se agarraban el estómago para dejar de reír.

—Tienes un novio muy chistoso, Tae

—dijo Yeon recobrando la compostura.

Jimin respiró fuertemente, limpiándose las lágrimas y siguió:

—¿Por qué dices que Mulán es peor? ¿Qué tienes contra la heroína de China? —era
evidente que quería que el show no terminara.

Un histriónico Kook le dio respuesta.

—Bañarse en un río sin que nadie la viera... eso es sospechoso. Me huele que Shang la vio
en alguna de sus guardias o tal vez ella vio lo vio a él. ¿Ustedes se imaginan lo que debió
sentir el pobre hombre cuando se sintió sexualmente atraído por otro hombre que al
final resulta ser mujer? O sea, o es bisexual o es gay.

—Permiso, creo que moriré de la risa

— Jimin se puso de pie, secando sus lágrimas. Se fue a la cocina, pensé que vendría con
su cuarta taza con helado pero no, traía ositos de goma, antes de que pudiera tomarlos,
Kook se los quitó.

—¡Mierda! ¿Qué traes ahí?, esos osos son lo peor... Ositos pornográficos— dijo abriendo
la bolsa y regándolos en una de las charolas vacías.

—¡Hey!

—Ositos pervertidos, son mis favoritos todos se cogen con todos — colocó los ositos en
posiciones nada morales y luego empezó a hacer ruiditos como “más fuerte, rojito”
“quiero verte pegar, piñita” “eres verde como Hulk; quiero ver si te crece como Hulk”.

¡Dios! mi cara había pasado por todas las tonalidades de rojo, Yeon y Jimin reían como
dos niños pequeños. Estábamos tan concentrados que, no nos habíamos dado cuenta que
había empezado a llover hasta que un maldito trueno hizo su aparición, haciendo que
pegara un brinco y me lanzara a los brazos de Kook. Lo único que faltaba era que se
fuera la luz.

Y como el karma es una perra, se fue...

—Contemos historias de terror—dijo Yeon. Habíamos iluminado la sala con velas y llovía
intensamente.

—Ni te atrevas—susurré a Kook, quien alzó sus manos en señal de inocencia... una que
por supuesto yo sabía no tenía.

Cuando se le ocurrió contar algo sobre el campamento de penes, coloqué mi mano en su


boca haciendo reír a las chicos. Estábamos riéndonos relajados y el petulante de Jeon
se veía como una persona normal. Después de un par de historias sin ningún contexto
sexual, Yeon bostezó sonoramente.
—Creo que es hora de ir a dormir— dije mirando el reloj, eran casi las dos de la mañana.
A decir verdad también tenía sueño.

—Es hora que me vaya a casa—dijo Kook, levantándose del suelo en donde habíamos
terminado.

—Pero afuera está lloviendo... a cántaros—Yeon dijo lo obvio.

—See... al parecer la perra de Freyja dejó sin sexo a Odín nuevamente — dijo Kook
socarrón, Yeon sonrió.

—No puedes irte—mi hermano estaba preocupado por la tormenta.

—Tranquilo, estoy acostumbrado a conducir tarde, por el programa, y la lluvia no me


asusta.

¡Joder, ahora no te asusta cabrón!

—¡Quédate con Tae! Jimin puede quedarse conmigo—ella insistía.

¡What!

Al parecer lo había dicho en voz alta porque Jimin y Yeon me miraron. La primera estaba
burlándose, ¿podía uno embriagarse con helado de pasas al ron?

—Pues... no es que no hubiesen dormido juntos antes, ¿no, Tae? — maldición, Jimin—.
Vamos Yeon, guíame hermano —dijo entre risas, mientras se llevaba a Yeon.

Habíamos tomado helado, comido palomitas, panquecitos, pizza. También podría jurar
que Jimin había tomado algo más.

—Estoy muy cansado—Kook murmuró —, imagino que la habitación que queda desocupada
es la tuya—dijo antes de perderse por el corredor.

Bufé sonoramente antes de apagar todas las velas y caminar hacia mi habitación. Kook
estaba quitándose la camisa cuando entré.

—Tengo una bolsa para dormir— musité buscando en el closet mi bolsa de camping.

—Está haciendo frio—dijo Kook sentándose en la cama y quitando sus zapatos—, te vas a
congelar ahí adentro —me giré sonriendo todo lo que daba.

—Yo no dormiré ahí.

—¿Ah no?—Kook alzó una de sus cejas. Teníamos una vela encendida así que podía ver
casi todos sus movimientos.

—Tú dormirás allí—sentencié.


—Sí, como no—negó con su cabeza y se quitó el pantalón.... ¡Dios, ese bóxer gris!—No
seas estúpida, Tae. Hace una semana que dormimos juntos, bueno hacemos más que
dormir, pero ese no es el caso a menos que tú quieras… —clavé mi mirada en él.

—Mi casa se respeta, eso sin contar que Yeon está a solo una puerta de distancia.

—No voy a dormir en un estúpido saco—se acostó en mi cama cómodamente—. Si tú


quieres hacerlo, ¿quién soy yo para impedírtelo?—apreté mis manos en mis muslos, antes
de tomar una sudadera y un suéter gigante y caminar en dirección a mi baño.

Maldito seas, Jeon Jungkook.

Me acosté en la cama a su lado completamente vestido... la habitación se sumió en


silencio, solo se podían escuchar las gotas de lluvia caer. Intentaba dormir, pero no tenía
sueño; así que me giré de medio lado justo antes de sentir a Kook pegarse a mí.

—Bob Esponja y Patricio son gays— no sé por qué, pero el comentario me hizo reír.

—Genio, eso lo sabe todo el mundo.

—¿Sabías que follan debajo de la piedra de Patricio?

—Kook, no me interesa hablar de la vida sexual de Bob Esponja y Patricio Estrella.

—¿Sabías que Pinky Winky tenía graves problemas de personalidad? Él decía que
también era chica, por eso usaba cartera.

—¿Quién diablos es Pinky Winky?— sabía quién era pero quería ver hasta donde pensaba
llegar con su verborrea estúpida.

—¡Joder, nunca viste los Teletubbies! Pinky Winky, Dipsy, Laa-laa y Poo. Pinky Winky era
el morado.

—No sabía que te gustaran ese tipo de programas.

—Y no me gustan, pero algo debía sofocar los gemidos mientras me masturbaba.

—No que nunca te masturbabas.

—No después que supe que otras personas lo hacían mejor.

—Por qué no te duermes y ya— susurré sonriendo, no podía imaginarme a Jeon Jungkook
masturbándose mientras veía los Teletubbies.

—Winnie Pooh también es gay.

—Kook por favor, no te metas con Pooh.

—Pero, qué culpa tengo yo que él y Tigger....

—¡Kook...!

—¿Y cuándo alzaba a Pigleet sobre su cabeza? Ese era un oso depravado— sonrió al
sentirme reír—. ¡Gírate, Tae!
—No...—si me giraba estaba perdido.

—Anda, gírate—me obligó a hacerlo.

—¿Qué quieres?—él unió nuestros labios en un beso suave, profundicé el beso y pedí
acceso a su boca, Kook me estaba dejando dominar y eso era extremadamente excitante
y como siempre sucedía, lo que empezó como algo suave estaba convirtiéndose
rápidamente en un huracán de pasión; antes de darme cuenta ya estaba sobre él.

Kook tenía sus manos en mi cintura, mientras nos besábamos como si no hubiese mañana,
mordiéndonos, luchando con nuestras lenguas y jadeando entre besos; mis pulmones
clamaron por aire y me separé con la respiración acelerada.

—Kook...

—Buenas noches, Tae, hay que respetar tu casa —sonrió pagado de sí mismo, mientras
me bajaba de su cuerpo dejándome sentada a su lado.

Estaba húmedo y él estaba más firme que la torre Eiffel. Sin embargo se giró cerrando
los ojos dispuestos a dormir.

¡Cabrón! ¡Mil y una vez hijo de la gran...!

Mi miembro palpitaba dolorosamente, sin embargo intenté calmarme, no era como si


fuese a follar con él estando Yeon y Jimin tan cerca de mi habitación.

Me giré a medio lado dándole la espalda y uniendo mis piernas creando un poco de
fricción para calmar el ya conocido dolor que me consumía. Me excitaba, pero no era lo
mismo. Kook se giró aferrándose a mí, colocando su prominente erección en mi trasero y
me jaló dejando mi espalda pegada a su pecho, su mano trazó un camino por mi vientre
hasta colarse sobre mi boxer.

—Abre tus piernas para mí —susurró, tirando del lóbulo de mi oreja.

—Kook.

—Shstt... no podrás dormir así, solo te ayudaré a liberarte... ¿Crees poder dormir en esa
condición?—negué accediendo a su petición.

Su dedo pulgar acaricio mi glande de forma circular y un pequeño gritillo escapo de mi


garganta, agarré su mano con la mía deteniendo sus movimientos.

—Jimin, Yeon—mi voz fue ronca y balbuciente, podía sentir el temblor en cada rincón de
mi cuerpo. Kook acomodó su brazo libre bajo el hueco entre mi hombro y cuello, tapando
mi boca con su mano antes de empezar a bombear mi miembro y acariciar mi entrada.

Me perdí...

Al día siguiente, mientras dejaba a Yeon en la puerta de su escuela, por primera vez
experimente que estaba correcto lo que hacía con mi hermano.
—Tae, fue un fin de semana perfecto, nunca me había reído tanto desde que murió...
¡perdón! La estoy jodiendo… yo solo quería decirte que me encantó tu novio y que fue un
fin de semana perfecto.

—Yo también lo pasé muy bien. Estudia y pórtate bien, nos vemos el sábado.

Animado por las palabras de Yeonjun, decidí comportarme socialmente correcto y me fui
a ver a Kook, debía agradecerle lo que hizo por mi relación con mi hermano.

Cuando entré a su consulta, por primera vez me sentí incómodo con mi vestimenta y me
sentí ridículo: a mí, que estaba a punto de entrar a hablar con el hombre que me
convertía en plastilina cuando estaba en su cama, me preocupaba estar vestido con jeans
y zapatillas. ¡Joder!

Las clases de sexo están cambiando mi escala de prioridades.

La antigua chica que estaba en la recepción no se encontraba en el lugar, en cambio una


chica rubia con cara de fastidio, mascaba chicle mientras ojeaba una revista.

—¿Tiene cita?— preguntó de mala manera cuando me acerqué al escritorio, no quise


ahondar en la manera despectiva en la que había me había escaneado.

—No tengo cita pero yo...

—Si no tiene cita el Doctor no puede atenderlo, se encuentra ocupado con otros
pacientes.

—¿Al menos, podría decirle que Kim Taehyung quiere verlo?

—Ya le dije que...—iba a interrumpirla completamente enojado cuando la puerta de Kook


se abrió, nos giramos para verlo salir con un chico de no más de veinte años.

—Thomas agenda cita para la próxima semana—le indicó a la secretaria.

—Sí, Doctor—él sonrió, despidiéndolo.

—¿Tae?—preguntó, como si no pudiese creer que estuviese ahí—¿Qué haces aquí, nene?

—Intentaba hablar contigo—me acerque a él en una pose melosa— pero tu secretaria


dijo que era imposible que me atendieras.

—Gianna, Taehyung es mi novio, para el nunca estoy ocupado

¡¿Entendido?!

¿Novio? ¿Qué no era una relación secreta? ¡El muy jodido cabrón lo hizo una vez más!
¿Es que ya no le queda cláusula que violar? Mi sonrisa era una mueca, yo lo había
provocado y quería que le diera un escarmiento a la secretaria, pero no diciéndole que
éramos novios.
—Necesitaba decirte algo.

—Vamos, precioso, tengo algunos minutos libres—me condujo hasta su consultorio


agarrándome el trasero y cerrando la puerta tras de él. Cuando estuvimos dentro,
capturó mis labios con los suyos.

—Eres insoportable y yo que venía a darte las gracias—dije cuando el aire nos faltó.

—¿Tan feliz te hizo el que te masturbara?

Tranquilízate Tae, vienes a otra cosa, no a entrar en esas discusiones retóricas que
siempre terminan contigo clavado por su portentoso...

¡Concéntrate, hombre!

—Fuiste muy amable con Yeon y lo dejaste gratamente impresionado. Por primera vez lo
vi disfrutar tan relajadamente el mismo espacio donde estamos los dos.

—Es un chiquillo encantador, eso sí, a la defensiva y con mucho temor a que tu no lo
quieras.

—¿Nos psicoanalizaste?

—No, pero soy psicólogo. Podría decirte mucho de lo que vi entre ustedes, anoche en la
casa.

—Pero no dirás nada, no eres mi terapeuta ni el de el, eres mi instructor de sexo, nada
más.

Silencio.

—Era todo lo que quería decirte, gracias por ayudarme con Yeon.

—¡Oh, no es nada! Viene con la promoción: Tome clases de sexo conmigo y le regalo una
mejor relación con su hermano.

Le mostré el dedo del medio mientras cerraba la puerta de su consulta

—¡Te veré esta noche!—gritó y pude ver con satisfacción como la cara de la secretaria
se retorcía en un gesto de incredulidad.

De eso, había pasado ya una semana. Dos semanas de clase. Más de sesenta orgasmos y
mucha información sexual. Pero yo enfrentaba lo que todo escritor odia: un bloqueo
espantoso. Kook me estaba enseñando a disfrutar la sexualidad, este hombre tenía una
resistencia de hierro, pero yo no era tonto, recibía por lo menos dos orgasmos diarios,
mientras que él a veces no se liberaba. Era eso o yo estaba en la efervescencia del
clímax que ni lo sentía; cuando le preguntaba, me decía que era por el Tantra. Había
leído cosas en Internet acerca de eso, pero no entendía un carajo y Kook solo decía que
no me saltara su programación.
No tenía nada que hacer, le envíe vía E-mail a Hoseok los seis capítulos del libro

y ahora mismo, Danielle y Caleb se encontraban peleados porque su ex había


regresado y la maldita era linda. No, era hermosa. Rubia, cuerpo kilométrico y
1.70 de estatura... Nada que ver con los 1.55 de Danielle y su pelo negro, sin
chiste. Joder, era buena. Caleb había discutido con Danielle y ella, lo había
echado de su casa sin escuchar sus explicaciones, por lo que él se había ido muy
molesto y luego, él había tenido que volar a Suecia por problemas en la oficina
principal.

Miré por enésima vez mi laptop y el cursor titilando en el último punto del párrafo,
antes de releer lo escrito.

Lo amaba... lo amaba y, en ese momento lo odiaba también. Odiaba que él me


poseyera de semejante manera, odiaba que mi cuerpo solo estuviese vivo cuando el
presionaba mi piel de manera urgente; odiaba el sonido de su voz alentándome, sus
gemidos pequeños en mi oído cuando entraba y salía de mí. Lo odiaba de la misma
desgarradora manera en que lo amaba.

Yo solo respiraba y decía: ¡Dios! Dame fuerzas para continuar, dame fuerzas para
sobrevivir...

Danielle maldecía una y otra vez que Geraldin hubiese regresado. Era derrumbar la
pared invisible que ella y Caleb habían puesto a su alrededor para que ninguno otro
la traspasara.

Lo extrañaba... Necesitaba sentir su calor cuando él pasaba por el cuarto de


fotocopiado y, accidentalmente, le rozaba la espalda. Necesitaba, escucharlo,
olerlo, la presencia poderosa a su lado; él era su otra mitad, su corazón y su todo.
Necesitaba llamarlo, decirle que la perdonase por ser una tonta insegura, que no
quería dudar de él, que estaba celosa de todo y de todos, que en ese momento lo
añoraba, que le era necesario como el aire, que no estaba viva si no venía y le
decía:

—Eres mi bombón.

Tomó su celular de la mesa de noche y buscó el número entre sus contactos: Cal-
eb.

Al principio le había parecido una buena broma, sonaba como el nombre real de
Superman... y él, era su héroe. Oprimió la tecla rápidamente escuchando los
pitidos. Entendía que en Suecia apenas amanecía... un pitido, dos pitidos.... Colgó.
Escuché mi celular bailar sobre la mesa, estaba en modo vibrador.

—Bueno —contesté al tercer timbrazo, dejándome caer en la almohada.

—Tae? —la voz de Kook se escuchaba cansada.

—No, el pájaro loco, pero puedes dejarle un mensaje —dije bufando.

—Creo que follar te está afectado el sentido del humor.

—Obvio que soy yo, Kook. ¿Qué necesitas?, son las —miré el reloj en mi laptop 13:30 y
nos veremos hasta dentro de doce horas, a no ser que desees dejarme en santa paz,
hoy.

—No digas bobadas. Necesito verte antes.

—Y yo que se me desbloqueé la cabeza, pero en fin, nunca tenemos lo que queremos.

—Es parte de la clase, te espero dentro de una hora en el centro comercial que está
cerca a la emisora

—cortó.

Sí maestro.

Yo estoy bien ¿y usted...?

¿Qué vaya a x lugar?

Sí señor, ya voy.

Tiré el teléfono en algún lugar de mi cama antes de levantarme e ir al baño.

Maldito idiota.

CAPÍTULO 11

Una hora después aparcaba a Mickey frente al mall que Jeon me había indicado, él
estaba esperándome en la entrada y se veía jodidamente ardiente; el sol se le reflejaba
en ese endemoniado pelo oscuro, haciéndolo lucir brillante. Tenía unas gafas negras y un
traje de dos piezas azul eléctrico, hechos a la medida, zapatos brillantes, camisa blanca
y se veía malditamente sexy.

Sequé mis manos en mi jean negro, acomodé mi camiseta nueva, ancha y larga, que tenía
un elefante lila con un sombrero rojo estampado y anudé el cordón suelto de mi zapato
derecho—de gamuza azul, como en la canción de Elvis—y antes de llegar a él, me
acomodé el pañuelo al cuello, mis lentes y mi sombrero.
Estaba por llegar, cuando pasaron tre espectaculares chicas y lo piropearon, él se sacó
las gafas y les regaló una sonrisa de esas que dejan al borde del orgasmo.

—Sabes que puedo tomar eso como una infidelidad—murmuré pasando de él aunque no
tenía una jodida idea de a dónde iba.

—No estoy haciendo nada—me siguió dos pasos antes de tomar mi mano aferrándola
fuertemente a la suya

—Míralas—me detuve y señalé a las chicas—, estoy seguro que entrarán a la primera
tienda de lencería que vean solo porque tienen que cambiar sus bragas.

—¿Y eso es mi culpa?—me sonrió, ¡me sonrió igual como les sonreía a ellas!

—¿Cómo es ese refrán que habla de la boca, de los idiotas y de la risa?— dije entrando
al centro comercial.

De repente, estaba enojado, muy enojado, Kook me jaló hacia su cuerpo, su mano libre
agarró mi nuca y me besó delante todas esas mujeres. Un beso largo y con lengua
incluida. Podía sentir pequeños flashes, pero los ignoré. Me coloqué de puntillas y
profundicé el beso.

¡Me besa a mí, perras!

¿Qué? ¿De dónde demonios salió eso?

Él finalizó el beso, dándome uno pequeño sobre mis labios mientras palmeaba mi trasero;
luego, me instó a que siguiera caminando, adentrándonos a donde fuera que me quisiera
llevar.

—¡No voy a entrar ahí, Jeon Jungkook!— dije mirando el maniquí vestido de cuero y el
letrero de neón: «SIN TABÚ» Sex Shop

A mí, aún me quedaba algo de tabú.

—No seas mojigato—tiró de mi obligándome a entrar.

¡Santo Joder! ¡Esto era el templo de la perversión!

Lencería, vibradores, estimuladores de clítoris, lubricantes, disfraces, muñecas


inflables, ropa de cuero, vídeos porno, ¡pinzas para los pezones!... lo miré incómodo, él me
veía con su sonrisa relampagueante.

—Cualquiera que te vea, es capaz de decir que nunca has estado en un sex shop.

—¡Nunca había entrado a uno!—me miró sorprendido.

—Tienes veinticinco.

—¿Y?—me encogí de hombros.


—¿Nunca has usado uno de estos?— me mostró un ¡falo!, ¡sí! ¡Era un jodido falo de
caucho! y luego oprimió un botón y lo hizo vibrar entre mis manos haciéndome saltar.

—¡Idiota!

—Es un jodido vibrador.

—Sé lo que es, pero me tomó de sorpresa. Jimin me regaló uno para mi cumpleaños
veinticuatro.

—Y, ¿tienes historias calientes que contar?—me levantó las cejas.

—No, lo devolví y me compré.... — callé, no iba decirle que lo había cambiado por un
camisón.

—Deberías ir y buscar algo de lencería, quiero ver como se ve tu cuerpo con encaje, de
preferencia rojo o negro. Algo lindo y provocativo—iba a replicarle pero Kook se había
girado y caminaba hacia la recepción.

Seguí mirando los estantes del lugar, había un pene colgado a un cinturón.

—¡Lencería!—gritó Jungkook desde algún lugar—¡No juguetitos lésbicos!

Miré el espejo que estaba frente a mí y pude verlo reflejado perfectamente, me guiñó
un ojo y me tiró un beso. Zapateé fuertemente y caminé hasta donde estaba la lencería.
Él quería que comprara ropa sexy ¡bien! haría lo que el Dios del sexo deseaba. Una hora
después de probarme lencería, escogí tres conjuntos: uno azul, uno negro y uno burdeos.
Cuando estuve listo, salí a buscar a Kook, no me costó encontrarlo, hablaba
animadamente con la cajera y con otras tres mujeres que hacían todo para captar su
atención.

—¿Escogiste todo, cariño?— preguntó, agarrando un mechón de mi cabello.

—Sí, mi amo, todo lo que a usted le gusta—dije sarcásticamente. Kook entregó su


tarjeta negra a la cajera y con un brazo se aferró a mi cintura.

—Factura lo que yo escogí también, y nos das los dos pedidos en bolsas separadas —le
dio una mirada sexy y podía jurar que la tipa iba caer desmayada. Es más creo que podía
adivinar sus pensamientos por la forma en cómo me veía: ¿Qué hace un hombre como él,
con una cucaracha como el? eso, sin contar que lo miraba como si fuera el último hombre
del planeta. Decidí ponerme travieso y colocarme frente de Kook acariciándole el pecho
sobre su camisa blanca y soltando los tres primeros botones de ésta, me levanté en
puntillas tomando las solapas de su saco y le besé. Él parecía aturdido, pero rápidamente
sus brazos amarraron mi cintura siguiéndome en el beso. Un pequeño carraspeó nos hizo
separarnos, la cajera tenía la sonrisa más hipócrita que le había visto a alguien, le dio su
tarjeta a Kook junto con un recibo y dos bolsas de lo más obscenas: eran un par de
piernas abiertas y las agarraderas eran justamente ahí.
Lo usaré para el libro. Mi Danielle es mucho más cabrona que yo y ella no le molestaría
caminar con estas bolsas. Caminamos hacia la salida del centro comercial, cuando
llegamos al coche me encerró entre sus brazos y la carrocería de metal.

No dejes que escuche como tu corazón late cuando lo tienes tan cerca...

Su mano acarició mi mentón, elevándolo y depositando sus suaves, sexys y calientes


labios sobre los míos. Me aferré a su camisa cuando su lengua invadió mi boca... Tenía la
fuerza de voluntad de un globo de helio, porque se lo concedí inmediatamente. Nos
besamos por varios minutos hasta que el jodido aire fue necesario.

—Te veo en mi casa, después del programa. Ponte el azul, es sexy y contrastará con tu
piel; en el baño está el quimono de seda. Espérame en la sala, nene—agarró mi barbilla
nuevamente, acariciando con su pulgar mi labio inferior.

—Odio que me llames nene.

—Tengo muchas cosas preparadas para esta noche, te juro que lo que hemos
experimentado hasta ahora será una idiotez comparado con lo que viene

—volvió a besarme—¡Nos vemos!—me entregó la bolsa y se giró caminando en dirección a


su coche.

—¡Lo que usted diga, Sensei!—me giré para abrir a Mickey.

—¡Nene!—volteé a verlo, el muy idiota se estaba riendo—. Escucha el programa esta


noche, te dará una idea de lo que te espera —y, sin más, entró a su auto y arrancó
haciendo chirriar las llantas sobre el asfalto. Algo dentro de mí me decía que una
inesperada lección sobre placer me esperaba.

¡Joder, Tae! A este paso, tu experiencia sexual dejará atrás a Jimin. El Kamasutra será
un jodido Comic ante tu conocimiento.

Eran las 23:45 horas, ya estaba digitando el código de acceso. Dejé las cosas que había
traído para cocinar en la mesada y me fui a ver a Gureum que estaba en su zona privada,
apenas abrí la puerta, salió muy campante, moviendo su colita y con la zanahoria de hule
que le había regalado, en su boca, después de dar unas cuantas vuelta al mi alrededor,
dejó el juguete en el suelo y se paró en dos patas. ¿Quién se puede resistir tanta
ternura? Lo alcé, le acaricié el lomo y me fui con el a la cocina. Gureum era el bebé de
una perrita que rescataron en un refugio. La pobre murió después de que Yugyeom,
irresponsablemente, dejó que disfrutara un poco de la vida loca... Palabras de Kook, no
mías. Al parecer, la perrita debido a su edad, no había soportado el parto de los cuatro
cachorros que parió, Kook se había quedado con el único cachorro, tres meses atrás.

Dejé a Gureum en el suelo, encendí la computadora, me conecté al podcast de la emisora


y mientras esperaba el programa, me puse a preparar una lasaña.
—Bienvenidos a “Hablemos de Sexo”. Una noche más de programa pervertido para
ustedes, nuestros queridos oyentes —habló Mina.

¿Dónde está Kook? Era él quien hacía la presentación del programa todas las noches.

—Les habla Jeon Mina y conmigo, mi compañero y anfitrión de este programa, Doctor
Sex. Buenas noches Doctor Sex.

—Buenas noches, linda—su voz, había algo en su voz. Gureum, al escucharlo, paró sus
orejitas y, se sentó sobre sus patas traseras, frente al computador—. Esta noche,
vamos a hablar de algo muy entretenido para ustedes, chicas y chicos, es una práctica
sexual íntima, en algunos casos, ultra secreta... y algo culposa.

—Sí, hablaremos de la autosatisfacción. De la masturbación, o sea, del camino propio


para llegar solos al lugar feliz.

—¡Fuera la moralina barata que la considera censurable!

—Provocarse un orgasmo es hacerse el amor a sí mismo —la voz era profunda e


intencionada pero, extraña.

— ¡Hay que hacerse expertos en el amor propio!

Estaba picando cebolla, así que mientras me secaba las lágrimas, me reía.

—Tema interesante Doctor Sex, cabe recalcar que nunca es tarde para intentarlo o
practicarlo, aunque este sea uno de los temas más injustamente tratados como sucio y
pecaminoso— Mina no hablaba, bufaba.

—La masturbación, es una práctica sexual muy accesible, que permite aprender acerca
del propio cuerpo, explorar sus diferentes reacciones y expresiones sexuales, innovar o
fantasear con el propio erotismo, mantener el tono o vigor de los genitales, liberar
tensiones; ya sean sexuales, físicas o psíquicas.

—Chicos, chicas, no se nieguen al placer.

Masturbarse trae muchos beneficios ¿Por qué actuar como si el contacto con el propio
cuerpo fuera un crimen, un acto asqueroso, digno de repulsión o de vergüenza? La
masturbación no es solo fuente de placer, es un método asequible para demostrarnos
nuestro cariño y aumentar nuestra autoestima.

Cuando te autosatisfaces, te descubres y disfrutas tu cuerpo. Si consigues saber lo que


te gusta y lo que necesitas, estarás mucho más capacitado para disfrutar el sexo, solo o
en compañía.

Mientras lavaba espinaca, champiñones y morrones, pensaba en los motivos por los que
yo nunca me había masturbado.
—Los amantes vienen y van, pero tú... puedes mantener un constante idilio contigo
mismo.

La voz de Kook me siguió sonando extraña y cuando la música irrumpió cortando su


intervención, tomé el celular y le envié un mensaje.

“Estoy en tu casa,

con Gureum,

Preparo lasaña.

¿Estás bien?

Te escucho extraño.”

Él respondió inmediatamente.

“Estoy bien.

Me gusta la lasaña.

NENE, espérame como te lo pedí”

¡Y dele con lo de nene!, la canción terminó rápidamente y yo, estaba listo para armar mi
salsa.

—“En el sillón de mi cuarto pienso en ti con mis manos. Una y otra vez, que
barbaridad...”—gracioso, recitaba los versos de la canción pero, aún así, había algo.

—¿No me digas que te sabes la canción?

—Es todo un himno.

—¡Claro que sí! “No pienso llorar, de eso ya me cansé, hoy voy a chillar, voy a andar con
mis pies”.

—¡Esa es la actitud!, La canción lo dice: “No puedo depender de otra persona para
sentirme bien. Desde hoy soy responsable de mi bienestar, de mi satisfacción. No le voy
a conceder ese control a otra personas. Puedo sentir satisfacción con mi pareja, y aún
solo, también así, soy feliz”

—Amo cuando hablas así —Mina, hoy estás muy graciosa.

—¿Así cómo? —sin estar frente a él podía verlo subiendo su ceja, arrogantemente.
—Como el experto en el tema.

—Soy el experto en el tema cielito— expresó cínicamente—. Pero igual no sería nada sin
ti a mi lado.

Negué con la cabeza mientras lo escuchaba, ¡Jungkook era tan arrogante!

—He escuchado que masturbarse delante del espejo puede ser una experiencia muy
satisfactoria para cualquier persona.

—Por supuesto que sí nena, verse a sí mismo acariciando y gozando del propio cuerpo, no
solo es un estímulo visual que ayuda a obtener un mayor orgasmo; sino que también ayuda
perder la timidez. También hay una nueva y famosa manera de masturbarte con algo más
que tu imaginación, algo que se está dando mucho entre los jóvenes hoy en día: El
cibersexo. — Esta vez la voz de Kook fue tan baja, ronca y sensual, que mi ropa interior
se humedecio un poco... solo un poco

—.Aunque para esto se necesita tener una mente abierta y mucha imaginación.

—O... no tanta si tienes una webcam con esa persona.

¿No querrá tener eso, conmigo? Un borbotón salpicó y me quemó la mano con una gota
de la caliente salsa.

¡Mierda!

—Pero puede ser peligroso Mina, esto solo debe hacerse con una personade tu plena
confianza y, mucho mejor siocultas tu rostro solo por... prevenir— señaló Kook.

—Buen punto Doctor Sex. El sexo virtual es una buena forma de obtener placer sin
penetración ni contacto físico alguno, pero como tú dices, muchas veces es utilizado
para otros fines; además del placer momentáneo es un juego con dos puntas filosas.
También tenemos el sexo por teléfono que es otra forma de sexo virtual.

—Las dichosas líneas calientes —dijo Kook jocosamente—. Pero esta noche queremos
contarles los cinco métodos más efectivos de masturbación.

—Busquemos lápiz y papel, chicos, esto nos puede servir más adelante—la voz de Mina
fue risueña y perspicaz — en nuestra página web podrán encontrar los pasos para una
buena estimulación sexual, señoras y señores.

Mientras escuchaba a Kook solo podía pensar ¿cómo pueden llamar a un desconocido y
decirle eso? Vamos, Tae... no seas hipócrita: tú lo haces con él y hasta hace poco, era un
extraño. ¡Ja!

¿Qué se siente que yo mismo me deje callado?


—Para las mujeres lo primero es: estimular el clítoris. La mayoría de las mujeres suelen
hacerlo con la mano pero, también puedes utilizar un vibrador y es súper sencillo.
Acaríciate, relájate y deja volar tu imaginación, ¡verás cómo te lleva a lugares
insospechados! Hazlo con ternura y sin prisas, ¡demostrarse cariño a sí mismas requiere
su tiempo! No es llegar y meter mano. En el caso de los hombres, aplicar un poco de
lubricante ya que nosotros no nos humedecemos como las mujeres, con una manos vas
acariciando el pene mientras con la otras acaricias los testiculos, el perineo, los muslos,
asi vamos descubriendo nuestras zonas erogenas, recuerden que nos todo es meter los
dedos y ya, hay que acariciar el pene con delicadeza e ir con movimientos de arriba a
abajo, tambien podemos poner un dedo en el glande y acariciar el frenillo mientras
hacemos estos movimientos, necesitas relajarte para poder disfrutarlo.

¡Relajarse! ¡Relajarse! ¿No sabrá lo difícil que hacer eso cuando alguien te presiona
diciéndote ¡relájate!? Yo discutía con el computador mientras disponía las láminas de la
pasta para comenzar a armar mi lasaña..

—Otro método de masturbación masculina y tomen notas chicos, sobre todo tú, que
estás escuchando—¡mierda!, odiaba cuando me mandaba mensajes subliminales en el
programa—,es la inserción anal.

Este método no es demasiado utilizado pero en ocasiones, cuando has permitido a tu


mente divagar durante un tiempo considerable, es el que más te pide el cuerpo. Puedes
utilizar un juguete erótico, un vibrador o un dildo, incluso un calabacín o zanahoria —
Kook se carcajeó—, solo que no olvides ponerles un condón para evitar posibles
problemas y ¡nunca lo hagas si estás haciendo lasaña! Dejé la pasta, tomé mi teléfono y,
sin importarme que estuviese en el aire, le mandé un texto:

¡IDIOTA!

Mientras esperaba a que reposara la salsa, abrí una página Word y comencé a escribir
una escena de mi novela.

El teléfono sonó en sus manos... Caleb. Tomó una larga respiración. Tenía más de
una semana sin saber de él y la abstinencia la estaba matando, respiró
profundamente una vez más antes de oprimir la tecla para contestar...

—¿Que quieres?—su voz era firme.

—Nena...—la voz de Caleb fue dulce y arrolladora—Dani, no podemos seguir así —


murmuro él—¡Te necesito tanto!

—Yo te necesito más, pero—su voz era dura, pero no violenta—tú y yo sabemos que
ese no es nuestro problema.
—Estoy famélico, nena, necesito alimentarme y estoy tan lejos... tan lejos de ti,
de mi hogar, de mi templo—esas palabras debían ser un roció de agua fresca para
su ansiedad, sin embargo, la encendían—. Estoy muriendo aquí, bebé.

—Mi sexo también te extraña— ella sabía que era eso lo que quería... ¿el amor?,
¿para qué? ella ya no tendría otra oportunidad.

—Necesito verte Danielle. Si no te veo un día más, volaré esta jodida sucursal en
pedazos.

—Tomaré un vuelo, el primero que me lleve a ti.

—¡No! Ve a tu computadora y enciende la cámara.

—Hablemos de Sexo, nuestro tema de hoy: ¿Sabes cómo llegar a tu lugar feliz?
Tenemos una llamada al aire —guardé la nota y me dediqué a escuchar a Kook.

Gureum volvió a mí y lo dejé sobre mi regazo.

—Buenas noches, mi nombre en Cris —murmuró apenada la chica—.Quiero masturbarme,


aunque no sé muy bien cómo; y la idea de ponerme los dedos no es que me haga mucha
ilusión...

Dejé de escuchar el programa y me concentré en una idea —¡Já! Impromptus literario


gracias a las palabras de Doctor Sex—. Armé la lasaña, la puse en el horno y me dispuse
a escribir.

Sí, amaba los momentos en los que mi creatividad y mi imaginación hacían la magia real.
Mi bloqueo llegaba a su fin, tenía definido como Danielle y Caleb resolverían sus
diferencias. Un ladrido de Gureum me hizo saltar en mi asiento, me giré y vi a Kook en la
puerta mirándome de arriba abajo, tenía el saco entre sus manos y la corbata en uno de
los bolsillos, las mangas de la camisa estaban arremangadas hasta sus codos y lucía
cansado. Presionó el puente de su nariz fuertemente.

—Pensé que estarías listo—murmuró tomando a Gureum, que tiraba de la bota de su


pantalón.

—Lo siento, me dediqué a escribir algo para el libro.

—¿Algún avance?—inquirió en un susurro.

—En eso estaba. La lasaña está lista.

—Después, ven conmigo—tomó una botella de agua del refrigerador y con Gureum en
brazos, salió de la cocina.
Guardé mis notas antes de seguirlo, con la zanahoria de goma en mis manos, dejó a su
mascota en su zona exclusiva, yo le pasé el juguete y en silencio, caminamos hasta su
dormitorio. Allá, buscó entre las gavetas de su mesa de noche hasta que encontró una
tableta de comprimidos.

—¿Migraña? —asintió.

—Si no te sientes bien, podemos posponerlo.

—¡No!—esta vez, su voz no fue baja, fue tajante y determinada—¡Estoy bien!

Sacó dos comprimidos y los tomó junto con el agua. Se sentó en la cama y quitó sus
zapatos. Sacó su camisa blanca, desabotonándola lentamente...

¡Joder, sí que sabía cómo hacerse desear el cabrón! La dejó caer sobre sus hombros,
dejando su pecho completamente desnudo para mí. Movió su cuello haciendo sonar sus
vértebras, se levantó dejándome ver las dos descomunales cobras antes de caminar
hacia el baño... Lo detallé como siempre lo hacía; mirando los dos hoyuelos que se
formaban en su espalda baja.

—Pues, no pareces estar bien.

—Pues no sabía que eras doctor— increpó con dureza

—No es necesario ser mala leche. — dije enojado.

—Vale, lo siento... estoy bien

¿Trajiste lo que te pedí? —asentí, y Kook me dio una sonrisa torcida—¿Te gusta lo que
ves, dulzura?

—Se nota que inviertes muy bien el tiempo libre.

¡Viva! Subámosle más el ego al grandísimo hijo de... Tae, eres candidato a ponerte un
bozal mental.

—Lo sé, vivo para mantenerlo así y ver esa expresión en el rostro de las personas.

Te lo dije... tú te lo buscaste.

—¡Idiota!

—¿Dónde está la lenceria?

—En la sala.

No dijo nada, abrió un armario, sacó una bolsa que contenía una caja y me la pasó.

—Ve a una de las habitaciones de huéspedes y colócate la lenceria. En diez minutos, te


espero aquí.

—¿Por qué no me desnudo y ya? Kook negó con la cabeza, se acercó a mí, se estiró tan
largo como era y me habló desde su altura.
—Dulzura... El sexo como el vino se paladea despacio, Yo soy el maestro aquí y tú harás
lo que te he dicho. No me lleves la contraria, o esta será una clase de cómo te azoto el
trasero por tu rebeldía.

—¡Estarías transgrediendo el punto dos! —me afirmé en mis talones, enderecé mis
hombros y salí dando un fuerte portazo. Entré en una de las habitaciones de huéspedes
y me desvestí rápidamente dejando todo sobre la cama. ¿Diez minutos?... ¡que sean
veinte! Fui al baño, era más pequeño y sin tina, y me di una ducha relajante. No tenía
apuro, que el maldito me deseara así como me hacía desearlo, era más que suficiente
para que me tomara mi tiempo.

¡Mierda, lo deseo!

Eureka, Tae. Si no lo desearas como lobo en celo, empezaría a creer que eres un
masoquista frígido. Pero ahora que lo entiendes, te ascenderé a masoquista cachondo.

Negué con la cabeza y salí del baño, me coloqué ropa interior de encaje y la muy
trasparente camisola larga que se ataba a la altura de mi cintura. Tomé los ligueros a
juego y los ajusté donde debían ir. Me miré en el gran espejo del tocador y casi no podía
reconocerme. Sip, pareces todo un señor de la vida nocturna. ¿lenceria azul querías?
Pues, me queda mejor el color vino. El contraste del color que hace con mi piel y mi pelo
me gustaba, me hacía sentirme sexy y bonito. Suspiré fuertemente y salí.

Apreté la manija del cuarto de Kook y la puerta se abrió, las luces estaban bajas, pero
se podía ver perfectamente toda la habitación, gracias a la luna. El balcón se encontraba
abierto dejando pasar el aire frío, estaba dando inicio la temporada de invierno y llovía
suavemente, no quería resfriarme así quecerré los ventanales.

—¿Kook?—lo llamé, pero no tuve ninguna respuesta, se escuchaba una suave música
ambiental. Me dirigí al baño— ¿Kook, dónde estás?—maldición, ¿ahora íbamos a jugar a
las escondidas? eran casi las dos de la mañana. Decidí salir del dormitorio pero al girar
la manija esta no cedió— ¡Jungkook!, estos juegos no me gustan—grité enojado— ¡¡abre
la puerta!!

—No...—ya no había música, ahora salía su voz por el IPad.

—Kook, abre la puerta no me gustan estas cosas y—le hablaba a su imagen en la pantalla.

—¡Podrías callarte un momento! — jodido gruñón—. Estás muy apetecible, pero hoy, no
voy a tocarte.

—Wow, por eso está lloviendo: Doctor Sex no está cachondo —usé mi mejor tono
sarcástico.

En las semanas que llevábamos de clases, habíamos intentado no tener intimidad una
noche pero fracasamos, todas nuestras sesiones finalizaban con él y yo enredados en
una masa de piernas y brazos en su cama o en el sofá, cuando no alcanzábamos a llegar a
la cama.
—Muy chistosa Tae, ¿necesitas que mi dardo se entierre en tu tableta de tiro?—en la
pantalla, alzó una ceja en forma sardónica.

—Jojo. El distinguido y muy educado psicólogo Jeon Jungkook habla peor que un
camionero...

—¿No te gustan mis metáforas cosificadoras? Tengo muchas.

—¡Me es indiferente! Lo que no me gusta es estar encerrado y solo—en efecto no me


gustaba, era uno de los castigos favoritos de Soobin cuando hacía algo fuera de las
reglas.

—¿Escuchaste el programa?

—Atentamente.

—Eso está bien, espero que hayas tomado nota—miré bien a Kook, a pesar de sus
palabras animadas, lucía cansado. Tenía nuevamente grandes ojeras bajo sus hermosos
ojos negros.

Espera ¿Dijiste hermosos ojos? ¡Qué demonios!

—Soy el estudiante perfecto.

—En el cajón de la cómoda hay un regalo para ti—enarqué una ceja en su dirección—. Ve,
Dulzura—dejé el IPod en su sitio y caminé hacia la cómoda y vislumbré un maletín de una
marca exclusiva con un moño rosa. Lo tomé y me dirigí a la pantalla.

—¿Para qué diablos quiero yo un maletín?

—¡Ábrelo, Tae!

—¿Qué demo...?—miré hacia arriba y una cámara con sensor de movimiento se


encontraba justo en una esquina de la pared. Una cámara que no había visto hasta hoy,
caminé lo más rápido y tome el Ipad encarando a Kook.

—¿Dónde estás?—pregunté controlando mi enojo, yo esperaba que esa cámara no


hubiese estado allí desde durante las dos semanas que llevaba visitando el
departamento— ¿Por qué hay una cámara con sensor de movimiento en tu habitación?
¿Desde cuándo la tienes?

—Esas son muchas preguntas.

—No te las des de listillo conmigo, Jeon—dije enfurecido.

—¡Huyyy! me has llamado Jeon, así que estás enojado, nene—rodé mis ojos.

—.Uno, estoy en mi estudio. Dos, necesitamos esa cámara para la clase de hoy y tres,
está allí desde esta tarde pero la quitaré mañana. ¿A no ser que tú desees que nos la
quedemos?

—¡Olvídalo, vaquero! ... Es más, no quiero esta clase.


—No puedes negarte, Tae, es mi voluntad y tú eres mío. ¿Tienes mi maletín?

—Tú me ves y yo no—y no le discutí eso de “tú eres mío”.

—Me estás viendo, Tae...

—Kook, no juegues conmigo o...

—¿O?....

—¡Apago la luz!—see... lo sé, infantil. ¡Pero no se me ocurrió más nada que decir!

—No seas niño, Taehyung , cámara infrarroja. Pon el maletín en la cama y ábrelo, te juro
que si te portas bien antes que acabe la noche mi polla estará tan dentro de ti, que
olvidarás en qué mundo vives.

Palabras... ¡Dios, con solo sus palabras me hacía arder por dentro!

—Obedéceme, Tae—murmuró. Dejé el dichoso maletín en la cama y destrabé sus


seguros, abriéndolo rápidamente.

¡¿Qué rayos era todo esto?!

—¿Te gusta mi regalo, Dulzura?—la voz de Kook se escuchaba ronca y susurrante.

—Son...—mi voz quedó atascada en mi garganta.

—Juguetes sexuales—aún sin poder verlo, supe que un gesto sarcástico adornaba su muy
bonito rostro.

—¡Sé lo que son, Kook!—casi grité— ¿Qué pretendes con esto?—dije esperando que me
dijera “darte una clase teórica”.

—Tae... Tae—escuché su risita irónica a través de los parlantes del Ipad

—. Pues, de decoración se vería vulgar .¿No crees, lindo?—murmuró—.

Es hora de que me muestres cómo llegas al placer sin mí.

—¿Masturbándome?—pregunté como un tonto Sí, ¿y de que otra manera puedo


preguntar?

—¿Y cómo más, Tae?

Me mordí la lengua para no contestarle y seguí con mi muy amable diálogo interior Kim
Tae, después de esto, tu conocimiento en la materia será tremebundo y tus libros serán
lo mejor. ¡Escucha y aprende, carajo! Le hice un gesto para que siguiera con su
explicación.

—La clase de hoy se refiere a eso; a ti, provocándote placer. ¿No has escuchado el
programa de hoy?—se carcajeó de manera sensual—. Necesito estar seguro de que,
cuando yo no esté para darte satisfacción sexual, tú podrás hacerlo por tu cuenta, si
no... ¡sería un pésimo maestro!
—¡Educación garantizada, aprendizaje efectivo!

Él no dijo nada por lo que intuí que no le gustó mi chiste y a ti no te gustó el “cuando yo
no esté” ¡reconócelo, Tae!

—¡Tengo un prestigio que cuidar! así que hoy, quiero enseñarte las maravillas que puedes
sentir tocando correctamente tu cuerpo.

—Kook, yo...

—Saca todo del maletín y déjalo a un lado de la cama—susurró.

—No voy a poder hacerlo, lo he intentado antes Kook y nunca...—me daba vergüenza
admitirlo, así que solo me limité a bajar la cabeza y empuñar mis manos.

—¿Nunca te has tocado, Tae?—su tono de voz fluctuó entre la ironía y la ¿ternura?

—No, nunca lo he hecho y realmente me da vergüenza hablar de esto, Kook.

Por favor, demos por terminada la clase de hoy, te lo agradezco, pero...—me silenció con
un sonoro ¡chss! que me erizó la piel.

—Tranquilo, nene, no tienes de que avergonzarte. No conmigo. Déjame que te guíe, verás
que se dará natural. Es ahora o nunca, ahora o nunca.

¿Masturbarme mientras él me observa?

La idea me resulta humillante y excitante al mismo tiempo. ¡Vamos, Tae! Él es un


profesional ¿de qué te avergüenzas? Su trabajo es enseñarte esto. No dije nada pero,
lentamente, me senté sobre la cama, cerré mis ojos y me sumí en un silencio que gritaba
mi afirmación.

—Abre tus ojos—lo hice—, toma el maletín y saca cinco de los aparatos que hay allí. Me
vi sacando cada artefacto y colocándolos sobre la cama, había unas pequeñas pinzas,
varios tipos de vibradores, lubricantes, frascos que no sé qué contenían, unas bolas de
metal atadas a una tira, unas esposas felpudas, balas y un pequeño artefacto cuadrado y
de color negro que me desconcertó.

—Desata tu camisa... —llevé mis manos dispuesto a soltar el nudo que lo ataba—.¡Espera!,
mejor no.

—¿Me la quito o no me la quito?— resoplé frustrado y nervioso, estos "juguetes" a mi


lado me tenían nervioso.

—Relájate, vamos a ver lo que tienes junto a ti—su voz era la de un profesor amable,
cargado de paciencia— ¿Sobre qué sientes más curiosidad?

Le hice caso, suspiré e intenté visualizarme frente a un espejo y tomé uno de los
objetos y se lo mostré.
—Ese es un Sqweel, más conocido como un “mil lenguas” —mi cara debería ser un poema
porque Kook soltó una carcajada—, es un estimulador para tu exquisita entrada,
destápalo y verás — ¡joder! no encontraba la tapa—. A un costado,... esto va ser más
lento de lo que imaginé —murmuró lo bastante alto para que yo escuchara ¡se le está
acabando la paciencia al profesor!

—¡Oye! No tengo por qué saber esto, genio —bufé enojado destapando el pequeño
cuadrito negro y unas pequeñas lengüetas de color morado se dejaron ver.

—Enciéndelo —hice lo que me pidió y rápidamente, lengüeta tras lengüeta, empezaron a


moverse.

—Parece un ventilador. Raro, pero ventilador—afortunadamente, ignoró mi ridículo


comentario.

—¿Recuerdas cuando lamí tu entrada?— tragué saliva e instintivamente apreté un poco


mis piernas— Dulzura...

—Sí, lo recuerdo—traté que mi voz no delatase lo nervioso y excitado que me había


dejado el recuerdo de su cabeza metida entre mis piernas.

—Bueno, imagina como esas mil lengüetas, diez para ser exactos, deben sentirse sobre
ti. Jodidamente placentero, ¿no? —sentí como todo mi cuerpo se erizaba.

—¿Diez y son como mil?—no pude evitar temblar.

—¡Tranquilo lindo! toma otro objeto.

Esta vez conocía al objeto, pero quería escuchar su explicación.

—Son pinzas para pezones, están diseñadas para que, al ajustarse a estos, provoquen un
pellizco intenso o suave, dependiendo de tus gustos.

—No voy a ponerme eso—las coloqué dentro del maletín nuevamente —, gracias —rió.
Tomé uno de los frascos largos.

—Lubricantes... —dijo.

—¡Bingo! Descubriste la Atlántida, genio—bufé. Kook silbó.

—¡Bingo!—dijo él, imitándome, cuando me vio tomar uno de los vibradores—. Es un


vibrador de próstata, muy buena elecion—rodeé los ojos, ignorando completamente mi
sonrojo—.

Toma la bala —tomé el pequeño vibrador con control externo—. ¿Crees que necesitas
algo más?

—¡No!—negué con la cabeza y con mis manos. Los nervios me asaltaron de golpe.
—Toma esa pequeña bolsa rosa que está en la esquina del maletín, son fundas para
dedos. ¡Créeme, me lo agradecerás! —su voz sonó divertida, tomé lo que me pidió.

—Y... ¿ahora?

—Pon la maleta en el suelo—expreso con autoridad, el tono de su voz había pasado de


ser divertido a ronco y gutural, había llegado el momento—.

Quítate el quimono y recuéstate en el centro de la cama—solté el quimono dejándolo


caer por mi cuerpo—. Te sienta muy bien ese color —su voz bajó dos tonos
peligrosamente—. Te ves realmente sexy, tendido con tu lencería, sobre el azul del
cubrecama, estoy temiendo no ser capaz de quedarme aquí solo, cuando se me ocurre
que también te verías jodidamente lindo pegado a mi pared—sus palabras me hicieron
estremecer.

—Ya te dije que nunca...

—Recuerda con quien estas Dulzura, yo te guiaré, lo harás como yo te lo sugiera.

—Esa frase está mal hecha, si me dices que “lo tengo que hacer” no cabe la palabra
“sugiera” —sí, estaba muy nervioso y quisquilloso.

Lo escuché sonreír, sabía que estaba riéndose de mí y de mi patético estado nervioso.

—Lo que tú digas, nene, ponte cómodo, olvídate de mí, escucha mi voz como si fuera la
tuya propia—me recosté en la cama y cerré mis ojos con más presión de lo necesario.
Los nervios me estaban nublando la razón, pero quería hacerlo.

—¿Así?

—Acaricia tu rostro, hazlo suave, sin apuros. Disfruta las sensaciones que despiertas en
ti—hacía lo que él me decía—... pasa tus dedos sobre tus labios—instintivamente, mi
boca se entreabrió—. Eso es, explora tu boca, labios, lengua...—Todo en ese momento
era un ritual erótico para mi novata experiencia—. Sigue la línea de tu cuerpo, roza tu
cuello, eso es... así, suave, toca tu oreja, Pasa las yemas de tus dedos por el contorno—
un escalofrío me hizo pegar un saltito en mi posición horizontal.

—¡Uy!

—Lo estás haciendo muy bien, sigue así. Acaricia tu clavícula, siente la textura de tu
piel, hazlo lentamente. Mi respiración se volvió errática, no sabía si como efecto de su
voz lujuriosa o porque realmente mis propias caricias me estaban encendiendo. Respiré
pesado y profundo. Un leve cosquilleo sensual apareció en mi cuerpo.

—Kook...—su nombre se desprendió de mis labios de manera entrecortada; realmente


estaba excitado, deseaba tocarme, calmar el calor que comenzó a bajar hacia mi pecho y
a concentrarse en mi entrepierna.
—Baja lentamente tus manos hacia tu pecho, Tae—con manos temblorosas, de eso
estaba seguro, acaricié mi pecho—. Hazlo suave, como lo hago yo. Mis manos son las
tuyas Dulzura. Somos nosotros unidos en tu placer—mi respiración se aceleraba, los ojos
cerrados me ayudaban a olvidar la situación y a dejarme llevar por la sensación de mis
manos y su voz, tocándome—. Baja tu mano derecha hacia tu vientre, acarícialo con
suavidad, siente tu piel, tu calor. ¿Lo sientes?

—Sii—asentí, mientras apretaba uno de mis pezones con más fuerza.

—Abre tus piernas y apoya los tacones en el colchón, con fuerza—su voz destilaba sexo
y mi cuerpo ansiaba liberarse—. Siente la libertad en tu pecho ¡Tócate!...—lo hice con
confianza, se me estaba dando bien, su voz me ayudaba y mi cuerpo reaccionaba
obediente bajo mis manos. Sus palabras eran fuego, ardían en mi sexo, mi mente
expiraba, solo deseaba sentir sus manos—mis manos—, sus dedos apretando mis
pezones, ávidamente, acariciando mi piel.

—¡Unmf!—un sonoro gemido se escapó de mis labios.

—Toca tu sexo, Dulzura, acarícialo sobre tu ropa interior, siénteme allí. Vamos nene,
hazlo por mí, para ti—llevé mi mano temblorosa, acaricié la tela y la leve fricción fue
gloriosa. Ansiaba sentir, calmar esa necesidad. Apreté mi sexo con confianza e,
importándome poco que Jungkook me observase, corrí la tela entrando en contacto
directo con mi miembro.

—¡Joder!

—Joder digo yo, debería darte unos azotes por no seguir mis pasos, Tae— murmuró con
voz gutural—¡Pellízcate, dulzura! son mis dedos los que están contigo.

—¡Espera!—estaba ocupado acariciando el capullo entre mis piernas, siseando al


encontrarlo tan sensible después, pellizqué con suavidad y gemí sonoramente cuando un
agradable escalofrío recorrió mi cuerpo.

—Eso es, mi nene bonito, ¿te gusta lo que sientes?—no podía contestarle—. Quitate tu
encaje, quiero ver pene humedecido por tus caricias—ahogué un gemido mientras mi
mano libre bajaba la ropa interior—, sigue tocándote así.

¡Mierda, estoy tan duro! Te juro que no sé si soy capaz de solo observar.

—¿Tú estás...? —pregunté, jadeante

—. ¿Te estás tocando, Kook?—saber que él se tocaba viéndome, me hacía sentir sexy y
deseado.

—Yo no importo, solo tú. Abre el lubricante y coloca unas gotas en tus dedos—abrí el
frasco y coloqué un poco del líquido viscoso en las yemas de mis dedos, mi sexo desnudo
quedó absolutamente expuesto ante él.
—Toma un cojín y colócalo debajo de tus caderas—lo hice—, te daré una recompensa
después. Estás brillando, me fascina ver tu excitación—casi gimió

—. Masajea tu miembro con movimientos de arriba hacia abajo, ayúdate con la otra
mano... Eso es, acaricia tu entrada para mí—sentir el ardiente contacto del lubricante
acompañado de mis movimientos, me estaba volviendo loco

—. Despacio... —murmuró cuando me vio mover rápidamente mi mano— ejerce una ligera
presión y luego auméntala hasta que te sientas al borde. La fricción era placentera, pero
no llegaba a la culminación, era como si algo me lo impidiera, como si algo me faltara.

—Kook, quiero llegar—murmuré como pude, me sentía expuesto pero era lo que menos
me importaba, mis pies se enterraban en el colchón, el calor en mi intimidad me estaba
asfixiando; sentía mi glande latir frenéticamente, mi vientre tensionado, pero el
orgasmo no llegaba y eso empezaba a frustrarme.

—Tranquilo, falta poco, no te desesperes—la voz de Kook me animó

—. Mueve suavemente tus dedos alrededor de tu glande; así bebé, acaricialoscon un poco
de presión. ¡Te ves glorioso! no dejes que se cierren tus piernas nene—su voz era un "mil
lenguas" en mis oídos.

—Toma un juguete.

—¿Cuál?

—Las fundas para los dedos, no dejes de acariciarte—dictó, pero ¿Cómo demonios lo
sacaba de la caja sin dejar de tocarme?

—No puedo hacerlo—refunfuñé.

—Sí puedes, hazlo nene, no me hagas ir—en esos momentos, mi mente gritaba un "ven".
Quité las fundas de su empaque con desesperación, ¡necesitaba un orgasmo y lo
necesitaba, ya!

—¡Ya está!—me puse una funda color flúor en mi dedo índice y otra en el anular, con la
ayuda de mi boca.

—Sí, así. Creo que voy a hacer algo que no había hecho en años, porque si no lo hago, iré
hasta ti y me incrustaré tan fuerte en tu entrada que hará que te vengas no una, sino
muchas veces de solo sentir como te lleno... y no quiero hacerte daño.

—¡Maldita sea!

—Toca el Ipad —alargué mi mano tocando la pantalla táctil de la tableta. La imagen me


hizo gemir: el perfecto miembro de Kook duro y erguido, brillante en la punta, por el
líquido pre seminal y su mano acariciándolo distraídamente. Ahogué un segundo gemido,
pero se me escapó un pequeño ronroneo mientras recolocaba la funda en mi dedo anular.
Abrí más mis piernas en una invitación silenciosa.
—Kook...—susurré quedamente antes que la imagen se fuera—¡No! ¡Kook!

—Se trata de ti, solo quería que vieras como estoy, darte una ayuda visual Dulzura, no
se me está haciendo fácil estar solo de espectador, pero si te sirve de consuelo, me
masturbaré viendo como le entregas a tu cuerpo lo que te pide —ahogó un jadeo—. Sigue
acariciando tu miembro, siente como las fundas te ayudan. Así, así… hacia arriba y hacia
abajo, a lo largo de tu pene—me estaba enloqueciendo—,toca suavemente tu entrada...
¡Muy bien!, mete el dedo anular—lo hice y gemí sonoramente al sentir los puntitos de la
funda estimulándome.

—Mmmmhh...

—Muévelo como si estuvieras revolviendo algo... Oh joder sí, así, más rápido... más
profundo.

—¡Umnf! ¡Umf!—pequeños jadeos salían de mi boca, el placer era tan intenso que sentía
las pequeñas contracciones en mi vientre.

—No descuides tu glande.

¡Oh Dios!, cerré los ojos fuertemente ante la sensación de plenitud, faltaba poco lo
sentía... cada poro de mi cuerpo anunciaba la llegada de mi orgasmo.

—¡Más fuerte, Tae!—rugió—.

Empuja tus caderas contra tu mano, puedes hacerlo...

—¡Sí! ¡Síii!

—Toma la bala —su voz se escuchaba agitada, Kook quería liberarse, abrí los ojos y tomé
la bala—. Apriétala contra tu entrada y colócala en la velocidad media—lo hice y mi
cuerpo entero vibró ante la sensación —.Mantenla... sigue bombeando y sostén la bala ahí
hasta que no puedas soportarla.

—¡Maldición! —el calor, las pulsaciones. Iba a llegar.

Me moví frenéticamente sobre las sábanas. La voz de Kook se escuchaba como si me


arrullase al oído; iba a correrme, estaba seguro de eso. Seguí el movimiento de mis
dedos, gemí, jadeé ahogadamente, el mundo dejó de existir en el momento en que mi
cuerpo convulsionó ante la maravillosa sensación que otorgaba el clímax. Escuché el grito
ronco y animal emitido por los altavoces justo en el instante cuando el orgasmo me
arrasó dejándome desecho sobre la cama.

—Tae, chico lindo, ¡eso fue asombroso! ahora, descansa. Toma una ducha y espérame,
necesito comprar algo para poder continuar. La noche apenas comienza, tenemos una
lasaña en el horno y muchos juguetes en ese maletín —asentí por mera inercia.
El sonido de la puerta cerrándose me sacó de mi letargo, aún entre la bruma post
orgásmica, me fui al baño y dejé que la ducha hiciese su trabajo y cuando salí, me vestí
rápidamente, acomode mi cabello y me encaminé hacia mi departamento. Mi clase de hoy
estaba terminada además, me había dado cuenta de una cosa: Jeon Jungkook me estaba
haciendo sentir cosas que bajo ningún motivo podría permitirme. Había intentado darme
placer a mí mismo innumerables veces y, sería un completo idiota si me mentía
diciéndome que el saber que Kook me guiaba y observaba no había sido un detonante
para que yo llegase al punto máximo.

Conduje a Mickey por las calles de Seúl, dejando que el viento helado de la madrugada
golpease mi rostro, mi cabeza era una maraña de preguntas y mi respuesta tenía que ser
una sola: no. No podía estar sintiendo algo más que “interés profesional” por ese hombre.

¡No te mientas, Tae! Jungkook despierta pasión en ti, pasión y mucha lujuria...

Sí, eso es y no te hagas el loco. Llegué a casa y saludé a Jared, arrastrando los pies
hasta el ascensor que me llevaba a mi departamento; entré a mi casa encendiendo las
luces. Odiaba la oscuridad, las noches de tormenta y muchas otras cosas con las cuales
el Sargento Soobin otorgaba disciplina. Busqué una lata de Pepsi del refrigerador,
quedaba una de la última vez que estuvo Yeon, hice sonar las vértebras de mi cuello, a
pesar de no haber hecho un ejercicio agresivo, me sentía agotado. No te quejes, es un
cansancio distinto. Caminé hasta mi habitación. Encendí mi laptop y me puse a trabajar
en mi libro a pesar de que estaba cómodo, tenía tenso el cuello y me dolía

¿no que el sexo relajante?

Releí lo que había escrito, mientras me tomaba el refresco y acariciaba mi nuca, me di


cuenta que debía escribir de nuevo lo del ciber sexo, lo que había aprendido con Kook me
dio un visión distinta y Danielle tenía que experimentarlo. El dolor, la sed y el tiempo se
me fueron por arte de magia, traspasar mi experiencia al libro estuvo a punto de darme
otro orgasmo.

Descanse mi espalda en el cabecero de mi cama pensando en Kook ¿estaría molesto


porque me escapé de la “sala de clases”? Obvio que no, o si no, habría llamado..

Eres su putillo, ¿no? ¡Debería estar aquí! Además, tienes cara de estar necesitando un
“S.O.S. Polvo” Ridículamente, me hablaba a mí mismo, como si estuviese frente a un
espejo.

¡Já! Me habla un experto. Por lo menos, yo me he ganado unos cuantos orgasmos y,


¡mejor puto que frígido!

Genial, ahora me voy a volver loco.

¿Sabes qué vocecita de los infiernos?

¡Pinta un bosque y piérdete! o ¡cómprate una palmera e instala tu propia isla en un metro
cuadrado! No necesito de tu condenada moral y tus juicios hacia mí.
Me dejé caer en la cama, dispuesto a perderme en el mundo de Morfeo, cuando escuché
el sonido del celular con la tonada que tenía asignada a mi maestro personal. Estiré mi
brazo hasta alcanzar mi mesa de noche y tomarlo. Sabía quién era, aún así, miré la
pantalla y el Kook que apareció lucía resplandeciente, como si estuviese escrito con luces
de neón.

¿El nombre escrito con luces de neón? ¿En la pantalla de tu celular?

¡Otra cursilería más, y te declaro loco!

—¿Se puede saber por qué demonios desapareciste de mi casa?—me increpó enojado.
No. Furioso. Te lo buscaste, “nene”.

—Hola para ti también—respondí con voz extremadamente controlada—.

Te fuiste, me dejaste solo ¿por qué me iba quedar en una casa extraña? El que
desapareció primero fuiste tú.

Tae-zen, Soy la roca contra la cual se estrella la ola.

—¡Te di una orden! Y no desaparecí, te dije que salía por un momento y que volvía ¡jamás
te abandoné ni te dije que te fueras!—¡maldición! sí que estaba enojado.

—Órdenes sin fundamento, no tengo por qué cumplirlas. No soy tu sumiso, no eres mi
amo, punto ocho del decálogo.

Él Tae-zen se estaba poniendo su traje ninja.

—No colmes mi paciencia, Tae. Soy tu maestro, no he terminado la clase de hoy y


cometiste una falta. Punto cinco del mismo maldito decálogo

—¿Punto cinco? ¿Ahora te importa el contrato? Tú, que sistemáticamente has


incumplido el acuerdo ¿te atreves a citarlo? ¡Qué caradura!—ahora era yo el enojado—.
¡Fuiste tú quien me abandonó, el que me dejó solo en la casa!—más que enojado con él, de
repente, estaba enojado conmigo por no prever una situación de abandono en el
decálogo. ¿Qué te pasa, Tae?

—Escucha bien, Kim Taehyung.

¡Yo soy el amo del juego! ¡Soy el maestro!... tú, por los restantes dos meses, eres mío, me
perteneces, así que ¡Yo decido! y tú, obedeces. Más bien, aplaudes y obedeces, Dulzura—
dijo con sarcasmo—. Ahora, deja la estupidez y abre la maldita puerta, tenemos una
clase que terminar.

En ese momento, con el tronar de la puerta, mi corazón retumbó y cuando la abrí, me vi


sorprendido al verle el rostro desfigurado por la ira, comprendí que este juego podíamos
jugarlo los dos.

Soy un alumno rebelde, profesor Kook y, para su incomodidad, no puede citar a mis
padres ni llevarme a suspensión. ¡Já!
—¿Sí? —dije ácido

—¿Crees que puedes jugar conmigo, Kim Tae? —murmuró con la voz cargada de ira,
mientras me empujaba hasta dejarme pegado en la pared, lo miré con una indiferencia
estudiada—. Lamento desilusionarte Dulzura, en este juego soy el mejor —dijo antes de
atacar mis labios fuertemente, empujando mi cuerpo aún más contra la pared, dejando
que cada milímetro del suyo se pegara al mío mientras batallaba con la respiración y el
ardiente andar de sus suaves labios pegados a los míos, succionando, lamiendo y
mordiendo, lenta y salvajemente. Escuché a mi estúpida voz carcajearse. ¡Cállate tonto!
Grité en mi interior, si es que algo de lógica en ese momento tenía.

Besos entrecortados, caricias que quemaban nuestras pieles, la ropa despareciendo de


nuestros cuerpos, sus labios en mi cuello, mi clavícula, hasta descender a mi pecho; su
erección pegada a mi vientre, el indescriptible placer que me entregaba sus movimientos
pélvicos, cuerpos sudorosos, piel con piel, un solo respirar, jadeos ahogados en la boca
del otro mientras sentía como mi espalda raspaba contra la pared, el huracán
arremolinándose en mi estómago; su respiración frenética sobre mi cuello, el sonido de
nuestras caderas encajándose perfectamente y un clímax arrebatador. Un tsunami de
sensaciones placenteras que anulaban mi capacidad de raciocinio y me dejaban a merced
de este hombre que volvía mi voluntad añicos.

Y, sentía que estaba bien, que en ese momento era yo. Que en ese momento simple y
fugaz, podía escudriñar entre la formación rígida, tirana y carente de manifestaciones
de afecto de mi abuelo y encontrar a un hombre emocional que gemía y gritaba de placer
salvaje sin ninguna culpa. Aquel que ahora escribía sobre un amor sexual y demoníaco,
sabiendo lo que era, ese hombre sin prejuicios, era yo, Kim Taehyung.

CAPÍTULO 12

Una brisa helada recorría mi cuerpo haciéndome temblar, estaba en mi cama solo y
completamente desnudo. Abrí los ojos, adaptándome a la poca luz que me daba la farola
que estaba en la calle. La habitación estaba en penumbras y fue en ese momento cuando
me encontré con el causante de la interrupción de mi sueño.

Las puertas de mi balcón estaban abierta, miré el reloj en el buró y apenas eran las
04:55. Había llegado a casa alrededor de las 02:30 y Kook, casi a las 03:00, no había
dormido mucho y me sentía terriblemente cansado. Volví mi vista al balcón. Kook estaba
de pie, apoyado a la baranda. Cubrí mi cuerpo con una sábana y gemí quedamente al
levantarme de la cama. Me dolía la columna, los huesos... Me dolían partes que no sabía
que podían doler. Caminé los pocos pasos que me separaban del balcón.

—Kook... —murmuré con voz adormilada. Él giró su cabeza por encima de su hombro,
soltando levemente el humo del cigarrillo—.¿No sabía que fumabas?—pregunté mirando
el pitillo en su mano, él volvió a dar una calada y expulsó el humor por su nariz.
—No siempre, pero fumar me relaja cuando he tenido un día duro—dio una nueva calada,
una suave brisa me hizo tiritar—. ¿Quieres?—me enseñó la pajilla—, es bueno con el
frío.

—No, gracias ¿Qué haces despierto? —arrastré los pies hasta llegar a su lado, Kook
pasó una mano sobre mis hombros, acercándome a su torso desnudo ya que vestía solo
unos bóxer negros.

—Espero el amanecer—dio otra calada y apagó el cigarro en la baranda

—. Nunca se sabe cuándo será el último —sonrió, pero era una sonrisa extraña.

Ignoré a mi quisquillosa voz y me dediqué a sentir su cercanía, el calor de su cuerpo y la


delicada caricia que sus dedos daban a mi brazo. Justo cuando los primeros rayos del
astro rey se dejaron ver, Kook tomo mi mentón e inclinó su cabeza dándome un dulce
beso. Me coloqué en puntillas y pasé mis brazos por su cuello sin importar que la sábana
se deslizara por mi cuerpo dejándome completamente desnudo, su beso se intensificó y
su erección se clavó en mi vientre mientras tiraba suavemente los mechones
desordenados que caían sobre su nuca, sus brazos acariciaron mis costados hasta que
sus manos ahuecaron mi trasero y luego siguieron hasta suspenderme en el aire y
llevarme a la habitación, pensé que íbamos a entregarnos al deseo que recorría nuestros
cuerpos en ese momento, sin embargo no sucedió. Kook se sentó en la cama y me besó un
poco más antes de dejarse caer conmigo sobre él. Acaricio mi espalda suavemente una
vez acomodé mi cabeza en su esculpido pecho, mi corazón latía frenéticamente ante el
acto tierno del hombre que estaba a mi lado, él dejó escapar un suspiro tranquilo y no
pude evitar dormirme bajo el arrullo hipnótico de su corazón.

Estaba nuevamente solo en la cama cuando desperté, los sonidos desde mi baño me
indicaron donde estaba mi acompañante. Kook estaba tomando una ducha.

La curiosidad hizo que me levantara a verlo ¿y si me meto con él en la ducha?

Me miré en el espejo, tenía el cabello totalmente enmarañado y mi cuerpo tenía las


huellas de mi agitada noche

¿Desde cuándo te gusta mirarte desnudo al espejo?

Sí, Tae, atrévete a contestarte.

Pues, desde que tengo cosas nuevas que descubrirme: moretones, dientes marcados.
Cosas como esas.

Estás envalentonado, niño, espero que no termines llorando.

¡No voy a boicotearme!

¡No voy a boicotearme!


Miré a Kook a través de vidrio opaco de la ducha, estaba concentrado en tallarse con mi
esponja su cuerpo. Me pareció muy erótico y me agité, un calorcito nacido de mi
miembrp, me recorrió entero. Un repentino ataque de pudor me hizo renunciar a mi
intención inicial, recuperé mi aire y salí del baño con dirección a mi closet, me calcé una
vieja camiseta de mi equipo de béisbol, talla XXL, peine con mis dedos mi pelo y sentí
como cerraba la ducha, levanté mi vista en el momento justo en que salía del baño con mi
toalla atada a su cintura, me dio una sonrisa radiante y luego se tambaleó; recuperó el
equilibrio apoyándose en la pared.

—¡Este piso húmedo es un peligro!

¿Piso húmedo? No había ni una gota de agua en el suelo. Más bien creo que el estrés es
quien lo tiene con mareos, vómitos y migrañas. La consulta, la Fundación, el programa de
radio y mis clases lo deben tener agotado… ¿agotado? ¡Uf! Si no es porque yo no saco la
bandera blanca, él seguiría. Conmigo, nunca se cansa. Kook se fue un par de horas más
tarde después de haberme tomado una vez más, me sentía cansado al punto de querer
quedarme en mi habitación todo el día pero tenía una reunión con Seokjin, por esa razón
estaba sentado en una cafetería en pleno Seúl.

El había tenido que hacer un viaje exprés a Milán pero ya estaba de vuelta, y según lo
que me había comentado tenía una propuesta para mí, por lo que necesitaba que
habláramos frente a frente. Mientras lo esperaba, tomé mi teléfono y me puse a
escribir la idea que me rondaba en la cabeza desde que había salido de casa.

Danielle estaba en el aeropuerto, vestía zapatos sexys, una boina roja y un trench
largo. Nada más, no necesitaba más ropa para Caleb que llegaba de Suecia. El
ciber sexo resultó genial pero ella era una chica que no se conformaba con poco.
Su cuerpo quería más y le pedía a gritos que Caleb la penetrara apenas pusiera un
pie en el aeropuerto.

—Tae—Jin se acercó a mí, se veía completamente radiante. Tenía un abrigo rosa pálido,
cruzado, con botones burdeos, unos zapatos de color cáscara, igual que su bolso.
Facilmente, pasaría por un modelo de pasarela. Le sonreí y me dio un par de besos en las
mejillas antes de sentarse frente a mí. Sonreí internamente por mi elección de ropa,
tenía un gran suéter blanco, unos short de cuero negro y llevaba una boina negra, como
estaba escribiendo, tenía mis lentes puestos.

—¿Cómo va todo con el nuevo libro?

—preguntó, Jin una vez el mesero tomó nuestras órdenes. Sonreí, iba casi todo muy bien
con el libro.

—Perfecto, tengo planeado quince capítulos y estoy en el siete—respondí con una


sonrisa.
—Te felicito, seré una de las primeras en comprarlo—sonrió—.Y… ¿Kook?

Fruncí el ceño. ¿Qué tenía que ver Kook en todo esto? Coloqué mi mejor cara de póker
antes de responder.

—No he visto a Kook desde que tuvimos la pasada reunión, contigo— sabía que mentía
terriblemente mal. Jin negó con la cabeza y justo cuando iba a preguntarle qué pasaba,
el mesero se nos acercó con nuestro pedido.

—Yo estuve con él en la mañana, nos reunimos para tomar el brunch—Jin picó su torta
de chocolate con un aire de triunfo que decía a gritos: “estas pillado, lo sé todo”

—Lo siento, es que es algo inclasificable—dije, a modo de disculpa por la mentira.

—Gracias a Dios, Nam tenía una reunión muy importante esta mañana—se dio un golpe en
la cabeza—. Te traje algo, digo, aunque no somos los mejores amigos. Nam me dio unas
invitaciones para la inauguración del Hotel este sábado —sacó un sobre rectangular, de
fino papel y me lo tendió

—. Es traje de etiqueta y puedes llevar un acompañante, también, le di un par a Kook.

Tomé la tarjeta por cortesía pero la verdad no pensaba ir.

—Creo que Kook siente algo por ti— dijo Jin como si hablara del clima.

No pude evitar empezar a toser, ya que en ese momento tenía un pedazo de mi torta de
zanahoria en la boca. Jin se levantó y caminó hacia mí rápidamente, dispuesto a hacerme
la maniobra de Heimlich.

¡Joder! Ella no podía decir eso, lo mío con Jungkook era solo sexo... ¡SEXO y nada más!
Destapé la botella con agua que había pedido antes que ella llegara y bebí un sorbo,
sintiendo una pequeña quemazón en la garganta.

—¿Estás bien? —dijo cuando empecé a respirar con calma.

—Sí, tragué muy rápido, nada más.

—Lo lamento, es que Kook nunca me había hablado tanto de alguien, digo el habla de
muchas pero nunca centra la conversación en una sola y cuando nos reunimos me hablo
mucho de ti, me dio la impresión que ustedes tenían un tipo de relación —negué con la
cabeza. Sin embargo, saber que habían estado juntos, luego de haber estado conmigo
hizo que tuviese algo de enojo hacia él.

—Le preocupa mi libro, mi editor es su amigo.

—Me caes bien.

—Tú también me caes bien, debería presentarte a mi amigo Jimin, es el único que me
entiende.

—Sandeul y Kidoh son mis mejores amigos, casi confidentes, ellos saben

todo de mi historia con Namjoon — sonrió.


—Eso es...

Mi celular vibró y lo tomé rápidamente cuando vi quien era, pidiendo una disculpa
silenciosa a Jin.

—Yeon—no pude evitar la preocupación en mi voz, era muy extraño que mi hermano me
llamara entre semana.

—¡Tae necesito un favor y es de vida o muerte!—susurró con voz contrita.

—Necesitas que vaya a la escuela— me sobresalté un poco por lo que Jin se interesó en
mi llamada.

—¡No! Tae tengo una clase de Lengua Extranjera y me han enviado un texto italiano...
Uno de mis compañeros se ofreció en traducirlo porque yo no conozco el idioma, pero
resulta que el se ha ido con sus padres, ¿Conoces a alguien que sepa del idioma?
Necesito ese texto traducido para esta tarde, es el sesenta por ciento de mi nota—el
se escuchaba desesperado.

—No conozco a nadie que sepa italiano, pero puedo preguntarle a Yoongi si él...

—Yo puedo ayudarte —dijo Jin haciéndose notar, por un segundo había olvidado que
estaba frente a mí.

—Yeon, dame un segundo...

—Sé italiano—hizo un gesto divertido mostrándose a sí mismo—.

¿Qué necesita?

—Traducir un texto.

—Que lo envíe, yo lo traduzco.

—Yeon, envíame el texto a mi correo electrónico, un amigo va ayudarme...

Sí, lo sé. Apenas lo tenga te lo envío—corté la llamada.

—Jin, no sé cómo agradecerte...

—No tienes que hacerlo Tae, eres amigo de Kook por lo tanto, mi amigo— tomó un sorbo
de su café—. Oye, leí tus dos libros...

—Gracias...

—No te avergüences, tienes el don de la palabra, ¿Has escrito alguna escena sexual para
el nuevo libro?

—Sí, he escrito un par.


Nuestra conversación fue interrumpida por el correo de Yeon, pedimos más café y unas
galletas de naranja. El texto resultó estar escrito en dialecto lombardo y lo que resultó
muy fácil para Jin.

—Estos profesores quieren matar de estrés a sus alumnos. Esto es lo que se conoce
como un texto tramposo, con muchas palabras muy localistas, solo un residente de la
Lombardía podría traducirlo.

—Gracias, de todas maneras mi hermano deberá explicarme por qué no hizo a tiempo su
tarea—tenía mi ceño fruncido.

—Quieres mucho a tu hermano—me sorprendió que lo afirmara, pero después de nuestra


“crisis del cementerio” las cosas iban muy bien entre nosotros, se podría decir que
estábamos en una condición de compinches.

—Es lo único que tengo.

—También tienes tus libros, tu literatura, tu talento—me miraba a los ojos


intensamente, como si buscara algo.

—Me siento mucho más seguro ahora. Aunque Kook la mayoría de las veces era un idiota,
me estaba transmitiendo mucha seguridad en mí mismo y eso no voy a negarlo... pero, de
ahí a reconocérselo ¡Jamás! Quizás, sí, cuando terminara todo esto, le daría las gracias...
a Hoseok por recomendármelo.

—Estuve pensando en lo que me dijiste la última vez que nos vimos— tomó un sorbo de
su bebida.

—¿Te dije algo?—la miraba sin entender.

—Sí, sobre contar mi historia, no se aún muy bien pero, si se planteara la posibilidad...
¿Serias tú el escritor que la transforme de algo real a algo ficticio?—me lo dijo sin
ninguna advertencia.

—¡Qué!—por poco no me atraganto otra vez con lo que comía—¿Tú… quieres que yo...?
¿Qué yo cuente tu historia?

—Estuve leyendo tu trabajo y Kook cree en ti, dice que tu libro llegara más alto que la
trilogía del señor Black y, si Kook confía en ti, yo también confío— dijo solemnemente.

Quedé anonadado, sentí que el aire de mis pulmones no era capaz de hacer vibrar mis
cuerdas vocales y que perdía mi voz para siempre: que el quisiera que su vida tan privada
se hiciera pública y que el cabrón de Jungkook confiara tanto en mi talento literario, me
habían dejado mudo.

—¿Taehyung?—parpadeé, Jin me miraba preocupado— ¿Estás bien?

—Perdóname, me has tomado desprevenido—Jin sonrió.


—No puedo confiar mi vida a un perfecto extraño y aunque apenas nos conocemos siento
que te conozco muy bien, sabes que la historia de amor con mi marido es muy especial,
viendo toda esta literatura y el trato poco serio que hacen del tema, sería bueno que
alguien mostrase la otra cara de la dominación y la sumisión. Namjoon es un hombre muy
meticuloso y reservado, sobre todo con nuestra intimidad, y no le pareció la idea, a
menos que encontrara una persona confiable y que no tuviera prejuicio con el tema. Kook
te recomendó, dijo que solamente tú serías capaz de realizar esa tarea—respiró
profundo—. Tae, quiero que tú escribas mi historia.

—Jin...—no sabía que decir.

—No tienes que contestar ahora. Sé que es un tema complicado—asentí para que supiera
que le entendía—. Pero, puede ser un libro emblemático, mi historia y tu arte harían una
maravilla— tomó mi mano sobre la mesa—.Mira, Namjoon es diferente, pero yo lo amo
así y él me ama a su manera. Somos felices con nuestro estilo de vida. Él es mi señor y
yo su esclavo, no es la típica relación matrimonial, pero es verdadera y muy nuestra.

—¿Y, la quieres compartir?—¡Dios!, no lo entendía.

—Locuras mías...—musitó—.Tengo veintiséis años, Tae, los últimos seis años de mi vida
han sido una montaña rusa, siento que valen la pena de contarla.

—Una vida de novela y quieres que yo te la escriba—no me seducía la propuesta—No sé,


hay escritores que se dedican a eso, a escribir autobiografías.

—No es una autobiografía, es material de primera mano para que escribas una novela.

—Sabes que apenas estoy escribiendo mi primera novela con temática sexual...

—Vamos a hacer una cosa, piensa bien mi propuesta. Si aceptas, el sábado, en la fiesta,
me lo dices.

—¿No podría ser el lunes?

—Viajo el domingo, a primera hora. Nam odia Seúl, ya tenemos aquí casi dos meses y no
aguanta un día más; pero, antes de marchar, quiere hablar contigo—me estaba
prácticamente forzando a ir a la dichosa fiesta.

—Muy bien, el sábado, en la fiesta.

—Ya que estamos de acuerdo... —la pantalla de mi celular se iluminó.

—Dame un segundo.

—¿Tae?

—Ya recibiste el correo que te envié. —Si ¡gracias! me has salvado el trasero—suspiró —
oye ¿No interrumpo nada con tu sexy novio?

—Yeon...

—Lo siento—sabía que no era así


—.El Director ha decretado que mañana sea un día sin clases y el internado está
prácticamente solo, ¿podrías venir a buscarme? Quiero aprovechar para ir al
cementerio... sé que no te agrada ese panorama, pero no tendrías que acompañarme,
puedo ir solo, en taxi. No hay problema con eso.

—Está bien Yeon, paso por ti en una hora y yo te llevo, tranquilo—dije, suavizando mi
voz, aunque eso no relajó mi postura.

—Gracias Tae, voy a prepararme. Nos vemos en una hora —colgó.

—¿Problemas?—Jin me miró y yo negué.

—Mi hermano quiere que la pase a buscar—apuré mi café, pero apenas sentí la
temperatura, lo rechacé. Odiaba el café frío.

—Algo me dijo Kook sobre que estaba interno—sentí la rabia bullir por mi cuerpo y no
era con el ni con lo que me dijo, era con el otro. ¿Qué tenía él que hablarle a el de mí?

—Compartimos madre—le dije dándole a entender que no quería hablar de ese tema.

Luego de estar media hora hablando de los detalles de su historia nos despedimos. Fui
por Yeon y lo llevé hasta el cementerio; allá, el ritual era el mismo de siempre: dinero
para las flores, el entraba y yo lo esperaba afuera; a la vuelta, el salía con los ojos
irritados por el llanto y yo me hacía él que no lo sabía. Luego, al restorán japonés por el
sushi y de ahí, al departamento.

Cuando Soobin murió, lloré. Él fue un hombre severo, me crió con mano dura y disciplina,
sus castigos eran aterradores y él único amigo que me permitió tener fue Jimin, porque
su padre, Park Jihyun, era el Jefe de Policía del condado. Aún así, con todo lo rudo que
era, sabía que mis galletas favoritas eran las de chispas de colores y se esforzó para
cubrir mis necesidades; con él— aparte de hacerme adicto a la Pepsi— nunca me faltó
nada, al menos, en lo material. Fue mi único puerto seguro, sabía que si no me entregaba
a un amor pasional como el de Hwasa, él estaría para mí. Sus últimas palabras antes de
salir de Daegu a la Universidad fueron: “Mira los errores de tu madre y no camines el
mismo trayecto” con eso, él creía que cumplía a cabalidad su responsabilidad conmigo.

Al llegar, Yeon tomó una lata de Pepsi del refrigerador y una de las bandejas con comida
antes de encerrarse en su habitación.

Me senté en el sofá suspirando sonoramente, pensé que habíamos dado algunos pasos de
acercamiento pero, al parecer, Yeon volvía a encerrarse. Saqué mi celular de mi jeans y
recordé la invitación de Jin. Busqué entre mi bolso la tarjeta dorada que el me había
entregado, releí la elegante invitación y la dejé sobre la mesa, tomé el paquete que
quedaba de comida, y el refresco y al igual que Yeon, me fui al dormitorio.
Mi plan era escribir, pero me quedé atrapado en las páginas de un libro que me había
pasado Hoseok, era una escritora novata que hablaba del amor de un hombre poderoso y
triste, obsesionado por una frágil mujer que tenía en sus manos el poder de destruirlo.
Era muy intenso y no pude dejarlo hasta que terminé de leer, estaba mentalmente
dándole las gracias a mi amigo por el libro cuando me di cuenta de la hora y puse el
programa de radio de Kook. Fue un acto reflejo.

¿Reflejo? se honesta, Tae. Estás muriendo por escuchar su voz.

Estaban hablando del “ménage à trois, la voz de Mina era parca y la de Kook era
divertida, tanto así, que, entre líneas, me envió un par de mensajes al aire. Era
asombroso como, en solo treinta días, pudiese conocer los estados de ánimo de este
hombre con solo escuchar su voz.

Jeon Jungkook me gustaba, eso no era un secreto para mí, pero debía quedarse ahí:
gusto, química y cama; con esa resolución me quede dormido.

—Buen día—Yeon estaba sentado en el mostrador de la cocina comiendo cereal en


silencio. Respondió con un gesto, me preparé de lo mismo que el comía y de un salto, me
instalé a su lado. Solo se escuchaban nuestras respiraciones.

—¿Qué tal la noche?—rompí el hielo.

—Igual que todas, tardé horrores para dormirme y terminé leyendo un libro desde mi
celular. ¿Vendrá Kook, hoy?

Kook no vendría hasta el lunes. Ese día, yo dejaba de sangrar como animal herido.

—No lo sé. No creo, tiene trabajo.

—¿Lo quieres, Tete?—¿Qué debía responder?

—Estamos conociéndonos, Yeon—sí, buena respuesta. Cuando se acabara este trato le


diría a Yeon que simplemente no funcionábamos como pareja.

—Él me gusta.

—A ti y a media población —lo interrumpí. El sonrió y terminamos nuestro desayuno

—.¿Quieres que hagamos algo hoy?

— Yeon negó.

—Tae, en tres semanas es Acción de Gracias.

—¿Quieres que hagamos algo especial para ese día? Yo siempre lo celebro con Jimin y
Yoongi, en su casa. Jimin hace una cena por todo lo alto y es muy divertido. Pero si
quieres, la celebramos aquí...

—Tae—Yeon me interrumpió—,yo siempre he pasado Acción de Gracias con mi padrino y


su esposa y no quiero que este año sea distinto—bajó su cabeza, dejando que su cabello
cubriera su rostro.
—Yeon...—mi voz sonó decepcionada.

—Lo lamento, Tae—dijo mi hermano con voz queda—. No quiero que creas que no soy
feliz aquí... Bueno, al principio no me gustaba, pero hemos mejorado y quiero estar
contigo, solo que extraño la banda, el ruido, los ensayos, esa era mi vida, no estar en un
internado para jovencitos y pasar aquí viendo películas.

—Por eso has estado tan callado.

—No sabía cómo decírtelo.

—Estamos mejorando, tú mismo lo reconoces.

—Mira, tú tienes a Jimin y su familia, además de Kook. Imagino que él querrá pasar ese
día junto a ti, así que yo simplemente...—suspiró—simplemente necesito que hables con
el señor Park y solicites mi permiso. Mi padrino me enviará los boletos.

Dejó su plato en el lavavajillas y caminó hacia su habitación, peiné mis cabellos con las
manos, y me apoyé contra el mesón, no había pasado ni medio segundo cuando el timbre
de mi puerta empezó a sonar insistentemente, fui a abrir, sin importar que solo tuviese
una camisa mega grande y unos pequeños pants.

¡Joder, Kook! Tendrás que pagarme el espejo.

En su última visita lo había partido cuando me empujó en la pared. Suspiré fuertemente


y abrí la puerta antes de que un par de brazos muy conocidos para mí se aferraran a mi
cintura, alzándome varios centímetros del suelo.

—¡Hoseok, bájame ahora!—dije pegando en sus hombros, cuando el cerró la puerta de


una patada y me dio vueltas hasta llegar al sofá.

—¡El mundo es hermoso aunque la mañana sea gris!

—¡Jung Hoseok!—reí cuando al bajarme me atacó a cosquillas dejándome recostado


entre los cojines— ¿Se puede saber que te tiene tan feliz?

—Tengo una cita con tu vecina pechos lindos, esta noche —negué con la cabeza, Hoseok
nunca cambiaría—. Además, de que Min-ho me llamó para felicitarme por lo que estás
haciendo con tu nuevo libro—dijo, tirándose a mi lado.

—¿Quién es, Tae? —Yeon se asomó por el corredor y levantó una ceja, me di cuenta que
había cambiado su pijama por un short corto y una camisa —. Ahh. Eres tú—bufó
mirando a Hoseok.

—Yo también me alegro de verte, enano del demonio—le dio una sonrisa burlona.

Yeon rodó los ojos y se sentó a la mesa del comedor con sus cuadernos y encendió la
televisión, sintonizando el canal de Animé.

—¿Qué haces aquí, Hoseok?—pregunté con curiosidad.

—¿Me echas de tu casa?—fingió que lo ofendía.


—Si el no te bota, puedo hacerlo yo —replicó Yeon, desde la mesa y entre sus
cuadernos. Yo lo veía, pero mi amigo le daba la espalda.

—¿Escuchas algo?, yo escucho un zumbido molesto por aquí—ya me estaba molestando


ese afán de mortificar a mi hermano.

—Deja en paz a Yeon—le tiré con un cojín.

—Es que te juro que parece que estoy escuchando a ¿cómo es que se llamaba ese
personaje de South Park?.... Erick Cartman —se respondió el mismo y se rió de su
chiste.

—¡Infantil!

—¡Amargado!

—¡Ya basta!—jalé de la mano de Hoseok y me lo llevé a la cocina.

Estos dos, a pesar de las pocas veces que se habían visto, se llevaban jodidamente mal y
si no intervenía, podían matarse, y no precisamente con palabras. Lo senté en un
taburete, le serví un café y le conté todo sobre la propuesta de Jin.

—El amo y su esclava.

—Sí.

—¿Te atreves?

—Sería una gran experiencia.

—Y un giro definitivo en tu carrera— me pasó la taza, había terminado su café.

—No tendría por qué, con la experiencia de “Atada a ti” siento que di un paso gigante en
mi escritura y que puedo enfrentar cualquier desafío y en cualquier género y estilo.

—¡Qué no te escuche Lee Min-ho

Es capaz de cobrarte un porcentaje por haberte impulsado a ser un nuev Kim Tae.

En medio de nuestras risas, Yeon entró a la cocina y buscó entre el refrigerador, sacó
dos potes de helado de distinto sabor, abrió gavetas hasta que encontró lentejas de
chocolates, malvaviscos, salsa de chocolate, y dejó todo en un extremo de la mesada.

—Hago esto y salgo—y se preparó un gran helado.

—Hey, enano—Yeon lo miró lanzándole dagas con los ojos— ¿Podrías hacerme uno igual a
mí?

—Yo veo tus manos bien sanas ¡Prepáratelo tú!

—¿Pero si podrás darme una de esas cervezas Premium que toma tu hermano?
El no le contestó; más bien, lo ignoró y tranquilamente, guardó todo lo que había sacado.

—¡Hey, Jung!—Hoseok levantó la cabeza para observarlo mientras el le lanzaba una lata
de cerveza.

—Hasta pareces un joven con clase cuando te comportas así de decente—el le mostró el
dedo del medio, tomó su helado y salió.

—Déjalo en paz, hombre—él era el adulto.

—¿Me vas a quitar la diversión? El ama que yo lo pique y es jodidamente divertido


hacerlo.

—Entonces, después, no te quejes.

Hizo un gesto de suficiencia y con una gran sonrisa, se aprestó a abrir la lata… mala
idea.

—¡Joder!—gritó Hoseok cuando la lata prácticamente le explotó en las manos manchando


su camisa.

—¿Pasó algo?—Yeon asomó su cabezapor la puerta sin ocultar su sonrisita divertida.

—¡Enano del infierno!—gimió y salió persiguiéndola hasta la sala—. ¡Tengo una maldita
reunión en dos horas!

—Hey, déjalo en paz, ¿no era jodidamente divertido para ti picarlo?

Pues, el se divierte devolviéndote las tuyas—defendí a mi hermano.

—¡Cristo, Tae! Jisoo no está en casa y tengo una reunión de trabajo.

—Quítate la camisa y la echaré a lavar, en menos de media hora estará lista. Eso sí, tú la
planchas—sentencié.

—El engendro debería hacerlo—dijo desabotonando la camisa hasta quedar con el pecho
desnudo. Por primera vez desde que conocía a Hoseok su cuerpo no me hizo desvariar.

—No seas infantil.

—Tu hermanito quiere guerra...—me dio una sonrisita cínica—, guerra va a tener esa
mocoso—giró y se fue a la sala.

Bonita espalda pero, muy simple si la comparábamos con la de Kook.

Peiné mis cabellos negando con mi cabeza, mientras veía a Hoseok sentarse

en el sofá y cambiar los canales.

—¡Pedazo de imbécil! estaba viendo eso—resopló mi hermanao intentado quitarle el


control de la televisión a Hoseok.
—Los Jonas Brothers son feos—rumió Hoseok entre dientes, Yeon bufó—. Sailor Moon,
un verdadero programa educativo.

—¿Qué tiene de educativo ver una niñita llorona que además habla con un gato?

—Envidia. Esa muñequita llorona es muy linda— sentenció mi amigo.

—Ok, ¡ya basta!—grité desde el cuarto del lavado.

Definitivamente, a esos dos no podía dejarlos solos a si que tiré la camisa a la lavadora,
seleccioné el programa y me fui volando para controlar la situación.

Me senté al lado de Hoseok, él pasó su brazo por mi hombro, atrayéndome a su pecho


desnudo. Para mi complacencia, no sudé, no me puse nervioso y mucho menos, temblé
como lo habría hecho meses atrás. Solo me sentía algo incómodo.

El timbre de la puerta sonó y Yeon salió corriendo a abrir.

—¡Hola!

Tae, mira quién llegó —me llamó Yeon.

Iba a girar para ver pero, Hoseok me acercó a él y me plantó un beso en la coronilla, me
separé, levanté la cabeza y frente a mí estaba Kook con una cara de muy pocos amigos.

—¿Kook?—la cara de Hoseok era todo un poema—, ¿qué haces aquí, hermano?

Miré a Kook negando con los ojos. Él me sonrió, su sonrisa ladeada, le dio un guiño a
Yeon.

—¿Qué, Tae no te ha contado?

Hoseok me miró sorprendido, Yeon no entendía, y Kook pasaba la mirada del pecho
desnudo de Hoseok a su brazo en mis hombros y mi atuendo, negué con la cabeza casi
imperceptiblemente. ¡Dios no podía decirle!

—¿Qué cosa?

—Soy el tutor de Tae, para el libro.

—Pero... —ahora, el rostro de mi hermano era un poema, tenía el ceño fruncido y su


mirada vagaba entre Kook y yo.

—Ohm... —Hoseok se levantó abrazando a Kook—. Eso es genial hermano. Tae, ahora lo
entiendo, nene...

Esas escenas han estado... Dios, es que no hay palabras para explicarlas. Hay amor,
pasión, entrega... Joder, cuando termino de editar estoy más duro que una jodida roca —
golpeó el pecho de Kook.
—Lo que pasa es que eres un jodido pervertido —masculló Yeon pegado a la pared—.
Además, Kook es...

—Es el conductor de un programa de radio —le di una mirada a Yeon para que se callara,
mi hermano arqueó una ceja en dirección a mí.

—Eso ya lo sabía, en temas de sexo, Jungkook es el mejor.

—Y si quieres seguir conservando tu hombría, más te vale que dejes de decirme


Jungkook —se zafó de su amarre—. Hoseok, joder, tengo una consulta en tres horas —
dijo estirando su saco negro y acomodándose la corbata—. Venía a ver cómo estaba tu
última escena, Tae, ya que no he sabido nada de ti desde que me enviaste el mensaje ese
último mensaje de texto.

—Tenía entendido que no nos veríamos hasta el lunes—respondí secamente.

—Pero bueno ya que estás aquí...— Hoseok volvió a golpearlo y Kook hizo una mueca—.
Hermano, qué fiesta tuviste que darte anoche, traes una cara...

—Hoseok..—masculló Kook en voz baja.

—¿Quién fue? ¿Caroline? ¿Tammy? —entrecerró sus ojos—. No me mires así. No soy yo
el que tiene cara de haber tenido sexo hasta altas horas de la madrugada ¡Joder!
¿cuántas te tiraste, campeón?

—Hoseok, estamos frente a dos jovencitos.

Además, los caballeros no tenemos memoria—estaba visiblemente enojado.

—Ahh... de cuándo acá eres un caballero, Choi. Dime que no te tiraste a Jakie.
¡Maldición!... te hago un altar si Jakie te dejo atravesar el camino hacia Narnia—dijo
divertido y decidí intervenir.

—Hoseok, te recuerdo que Yeon es menor de edad—dije con voz airada, no sabía si
porque en verdad estaba hablando cosas indebidas ante una menor o, simplemente,
porque yo también intuía que Kook no había estado tan solo anoche. El solo pensarlo
hacia que la sangre me hirviera. Él se veía cansado, su cabello aunque lucía ese toque
natural de post sexo, se veía extraño, como decaído y los parches oscuros debajo sus
ojos me confirmaban justo lo que Hoseok decía.

—Kook, ¿quieres beber algo?—muy amable, le ofreció mi hermano.

—No aceptes nada del niño del endemoniado, el es perverso, hizo que manchara mi
camisa.

—Ahora entiendo porque andas mostrando tus desgracias —sonrió ladinamente.

—¿Tae, crees que tengo desgracias? —mi amigo arqueó una ceja colocando sus brazos
como un fisicoculturista en alguna competencia.

Rodé los ojos.

—Yeon, tráele un refresco a Kook— dije zanjando el tema,


—Yo que tú, no lo recibía.

—Deja la tontera, Hoseok. Voy y vuelvo, no molestes más a mi hermano.

Fui a darme un baño Nunca pensé tenerlos a los dos en mi sala y yo, con pijamas. Me
puse unos short y una camisa cuadriculada ¿Qué querrá Kook?

Cuando volví a la sala, Kook se había quitado el saco y aflojado la corbata, estaba junto a
Yeon, en la mesa donde comíamos y ella hacía sus tareas, Hoseok seguía pegado a la
pantalla, viendo a Sailor Moon y a sus amigas. Recogí de la mesa donde estaban, el copón
de helado vacío y una taza que no tenía nada. Kook me detuvo con la mirada y me
recorrió de arriba abajo, pero se detuvo en el abajo.

—¿Sailor Moon? —dijo, indicando la pantalla, pero sin quitar su mirada en mis piernas.

—¿Qué tienes en contra de ella?—era evidente que mi hermanito se hizo adicto a las
interpretaciones psicosexuales de Kook.

—Frustración...—los dos lo miramos sin entender.

—Cuando era niño, siempre esperaba el momento de un ataque, pensaba que podría tener
suerte y verle las bragas— no pude evitarlo y sonreí—. Mina, mi hermana, amaba esas
jodidas caricaturas, y nos obligaba a Yugyeom y a mí a que las viéramos. ¡Joder! ¡Cómo
me encendía Sailor Mars! esa morena era sexy como el infierno

—Nadie como Sailor Júpiter, era la que tenía mejor cuerpo —contradijo Hoseok. ¡Sailor
Moon! Dos hombres adultos, enamorados de unas chicas dibujadas que a mí me parecen
iguales ¡solo cambian en el color y largo del pelo!

—A mí me gusta Tuxedo—Señaló Yeon con ojitos soñadores—. Ese hombre está como un
tren.

—Y pensar que se las daba de serio mientras se follaba a Sailor Moon cuando apenas era
una niña.

—Kook, ¡no mates mi infancia! ¿Sí?— le gritó Yeon, tapando sus oídos.

—¡Infancia! Sabes lo que es realmente traumatizante—señaló con diversión—¡Ranma


Nunca supe si el personaje principal era chico o chica.

—Eso debe ser frustrante—dijo Hoseok con voz apesadumbrada—. Nunca iba a poder
follar a Akane, en el baño.

—A no ser que el agua estuviese caliente—dijo Yeon siguiendo su juego, entendí que
nada lograba poniéndome en contra.

—Y termine convertido en un hermoso pelirrojo—estúpidamente, se sonrojó toda mi piel


cuando escuché el comentario de Max.

—¿Creen que Ranma disfrutaba ser mujer?—mi hermano insistía.

—Daba igual—Kook meditó—, siendo chica o chico, igual podía ser feliz.
—Buena respuesta, Kook—Hoseok subió su lata en un gesto de brindis.

Negué con la cabeza y abrí el Word, escribí rápidamente y le pase la laptop a Kook.

“Deja de hablar de comiquitas por favor. Habíamos quedado de vernos el lunes en tu


casa.”

Max leyó brevemente y sonrió antes de teclear y pasarme la laptop.

“Te extrañaba, nene... no me quites la diversión. Además, En tu “Decálogo” nada decía


sobre esos días. Soy tu maestro y tú eres mi alumno dispuesto”

—¿Qué es esto, Tae? —Yeon agarró la tarjeta pasándomela,

—Es una invitación a la inauguración de un hotel —dije restándole importancia—. Hoseok,


tu camisa ya está seca, está en el cuarto de lavado.

—Te amo, bonito —Hoseok me envió un beso antes de pararse de la silla y Yeon masculló
algo. Vi a Kook sacar su celular y teclear rápidamente, antes de escuchar que había
llegado un mensaje en mi celular, salté de la silla a buscarlo en el mesón de la cocina.

“¿Iras a la inauguración?

Kath me invitó, pero no tengo ganas de

ir a celebrarle sus logros al maldito

bastardo con el que se casó.”

Respondí rápidamente

“No sé. el maldito bastardo

está buenísimo y sé que has estado

reuniéndote con tu amor imposible...

Por cierto, ¡deja de contarle mis cosas!”


Al minutó, ya tenía su respuesta

“¿Celosa, nene?

Joder, quiero besarte,

Quiero comerte la boca.”

Negué con la cabeza.

“Hoseok está aquí.”

Iba a escribir algo más, justo cuando iba a hacerlo, lo vi entrar por la puerta de la
cocina.

—Mi beso, nene—se movió rápidamente hasta dejarme enjaulado entre sus brazos y el
refrigerador—. Estás precioso y no me aguanto— murmuró cerca de mis labios—. Eres
mío y ya pasé mucho tiempo sin besarte —su voz era ronca expectante y me sentía
levemente acalorado.

—Kook... —murmuré bajo, envolviéndome en el calor de su cuerpo, en su aliento


mentolado que inundaba mis sentidos. La debilidad que experimentaba cuando Kook
estaba cerca de mí, era aplastante, nublaba mi capacidad de razonar coherentemente,
mi cuerpo accedía a sus deseos y mi corazón, mi corazón empezaba una carrera
maratónica que parecía no tene fin.

—Bésame, Tae—susurró, dejando que sus labios se acercaran a los míos.

Fue inevitable no responder a sus deseos, a su beso fiero y demandante succionando su


labio inferior y haciéndome gemir quedamente, mientras pegaba su cuerpo al mío. Jalé
los cabellos de su nuca, gimiendo en su boca y causando jadeos entrecortados en él. Su
cuerpo duro y tonificado me aplastaba contra el refrigerador, sus manos descendieron
por mis costados y subió mis piernas a su cintura embistiendo mis caderas sobre la ropa.

—Kook... —dije en un gemido; una vez más, estaba perdido en el mar de sensaciones que
inundaban mi cuerpo cuando este hombre estaba cerca. Podría morir ahora y, seguiría
estando completamente a su merced, quemado en las flamas de su deseo, en el calor de
su lujuria, en el infierno de su pasión desbordante. Apreté mis piernas en sus caderas
sintiendo más, exigiendo más, buscando más de ese exquisito placer. Sin razonar, sin
pensar, solo sentir.

Había dicho que Jeon Jungkook era peligroso.

Había dicho que Jeon Jungkook sería mi muerte.

Había dicho que tenía que protegerme de él.

Y, aquí estoy, perdido en un infierno con uno solo de sus besos.

Y no hay retorno, es demasiado tarde para mí.

CAPÍTULO 13

Me sentía como una marioneta, manipulado en juego donde él sabía cómo mover los hilos
para que yo cediese a sus designios; esto no podía ser amor. Deseo. Lo mío era deseo, un
deseo que reivindicaba mi vida. El placer que me proporcionaba este hombre me
acercaba a una libertad que antes creía imposible. Yo siempre estuve atado, limitado,
intimad por los temores que dejó Hwasa en el corazón de Soobin y, ahora, sus labios...

¡Joder, Tae! ¿Cómo puedes pensar todo eso mientras te comes la boca de este hombre?
¡Tú sí que estás loco!

—Esta noche, Tae, te enseñaré que no hay necesidad de penetrarte para hacerte el
amor—me mordió el lóbulo de la oreja—¡Te deseo, maldita sea!

—Yeon, Yeon está aquí... Yo—gemí al sentir un mordisco en mi clavícula—, yo no puedo


dejar a Yeon solo—susurré mientras seguía con el bamboleo de sus caderas.

—Dile a Jimin...—murmuró él antes de tomar mis labios nuevamente. Mis uñas se


deslizaban por su espalda, mi lengua jugueteaba con la de él, mi pecho se pegaba a su
duro torso. El calor de su erección palpitante, a pesar del límite que imponían nuestras
ropas, estaba excitado y mi deseo se incrementaba lentamente.

La perspectiva de pasar días sin él me afectaba más de lo que pretendía reconocer, en


este momento todo yo era fuego latente, un fuego que despertaba por sus caricias, así
que cuando sus dedos rozaron mi pezón, mi cuerpo cobró vida propia comenzando a
mecerse desesperadamente, buscando mayor fricción, buscando frescura en su cuerpo
igual de ardiente al mío. Me olvidé que Yeon y Hoseok estaban afuera.

En todo lo que podía pensar era en el frenesí que Kook inducia bajo su apasionado toque,
yo era presa fácil de sus labios y manos. Estaba tan entregado, tan sumido en la niebla
del deseo que, levemente tomé consciencia de una puerta estrellándose contra la pared.
Abrí los ojos y lo que vi me hizo darme cuenta de la situación en la que estaba. Hoseok,
con las aletas de su nariz dilatadas, me miraba con una rabia reconcentrada.

—¡¿Qué diablos significa todo esto?! —rugió, fieramente.

Me desenredé de la cintura de Kook como pude, me afirmé en mis pierna que temblaban
como si fuese de gelatina y arreglé mi ropa. Desde la puerta, Hoseok y Yeon, miraban
asombrados ¡Demonios! Podía sentir como la sangre se subía a mi cabeza y mi corazón, a
los oídos. Caminé dos pasos en dirección a Hoseok aún sin saber exactamente que
decirle, y justo cuando iba a empezar a explicarme, la voz de Kook resonó a mi espalda.

—¿Qué es exactamente lo que tengo que explicarte Hoseok? —no me giré pero sabía que
la postura de Kook era desafiante, trague saliva sintiendo la tensión en el ambiente, los
ojos verdes de Hoseok se enfocaron en mí, había tantos sentimientos ahí que por un par
de segundos, me sentí pequeño.

—Son novios —Yeonjun, feliz de darle una mala noticia a Hoseok, palmeó su espalda— y
se estaban comiendo la boca... tú sabes, lo normal cuando están enamorados —satirizó
antes de pasar por su lado, tomó una botella de agua de la heladera y salió de la cocina
guiñándole un ojo a Kook.

—¡Maldición, Choi!—sonrió sarcástico—¿Novios? ¡Já! —salió gritando de la cocina —¡Choi


Jungkook no tiene novios! ¡Él tiene putos!— tomó distancia y lo miró con desprecio antes
de mirarme a mí—¡Tae, no puedes ser tan estúpido!

—¡Qué concepto tienes de el, amigo! ¿Quién lo diría?—estábamos en el living y esto era
como una mala telenovela.

—No te hagas el gracioso, Choi. ¡No te lo voy a permitir! puedes tirarte a medio Corea si
quieres ¡Pero con el, no!... es mi amigo, El no es de esos y tú... ¡lo tuyo solo es tener un
agujero para follar!

—¡Hoseok!

¿Qué le pasaba a Hoseok? Realmente no sabía si me estaba defendiendo o insultándome


porque era el “novio” de Kook.

—Eres un gran cabrón, ¿eh, Hoseok?

—¡Cállate, Jungkook! en este momento, puedo partirte tu maldita cara.

¡No iba a permitir que estos trogloditas destruyeran mi sala!

—Vete, Kook—él negó—

Vete, estaré bien, Hoseok es mi amigo—tomó mi rostro con sus manos. —Me voy, pero si
me necesitas, me quedo —me besó en la boca.
—Vete, no quiero escándalos, Yeon está aquí—le susurré, Kook dio un pequeño suspiro
antes de girarse.

—¿Sabes que, Hoseok?—el jodido cabrón ignoró mi pedido—no eres ni mi madre, ni el


hermano mayor de Tae. No te arrogues importancia, no hay nada que explicarte—el aire
cínico de sus palabras congeló el ambiente—, así que ¡no me jodas! Y a el, ¡menos! Dicho
eso, tomó sus cosas, le hizo un gesto de cariño a Yeon, me dio un beso corto en la frente
y salió de mi departamento.

—¡Bien, Jung Hoseok! Ahora sí que es oficial, eres ¡pa-te-ti-co!—se burló mi hermano—.
Creo que ahora me cae mucho mejor Kook. Voy a mi habitación —recogió sus cuadernos y
se marchó de la sala.

Mi amigo, giraba en círculos en el pequeño espacio que quedaba entre el sofá y la mesa,
con una mano se tomaba la nuca y con la otra, empuñada, se daba pequeños golpecitos
contra la boca.

—¡Cálmate, hombre!—sus ojos se encontraron con los míos, había tanta rabia, dolor y
decepción en ellos. —¿No entiendo qué te pasa?

—¿Qué no entiendes? ¡Ay, Kim Taehyung, ya no te queda el papel de inocente! Yo te


presenté a un asesor para tu libro, no a un...

—¡Hoseok!

—¡Cristo, Tae! Tú no puedes caer en las garras de ese maldito psicópata sexual.

Tragué el nudo de mi garganta.

—Jungkook es mi novio y yo...

—¿De verdad eres su novio? No me hagas reír.

—Lo soy, no es un juego—dije mirándolo fijamente, rogando a mis ancestros para que él
se creyese la mentira del año.

—¡Es Choi!—gritó, pasándose la mano por los cabellos—. ¡Conozco ese hombre hace más
de diez años! Soy su compañero de juergas ¡Que mierda tienes en la puta cabeza!

—¡No puedes hablarme así!

—¡Claro que puedo! Kook nunca ha tenido una relación seria, su vida se basa en tirarse
una persona diferente cada noche y en programar quién será el siguiente—me tomó de la
mano y me sentó a su lado, en el sofá

—. ¡Cristo, Tae! Es un follador profesional. Él no ve personas, solo coños y te aseguro que


a ti no te ve diferente. Aunque ya no gritaba y solo ponía énfasis, sus palabras fueron
igualmente dolorosas porque las sentí como un puño directo a mi estómago.

—Me estás ofendiendo.


—Nunca va a tomarte en serio.

—No voy a discutir mi vida amorosa contigo—me puse de pie.

—Es que, no entiendo —dijo mirándome de arriba a abajo—, tú no eres de su tipo. Si no


estaba tirado en el suelo y noqueado; ese era mi golpe final. Pero, soy Kim Taehyung y
resisto los golpes arteros de un editor pasado a enemigo.

—¿Por qué?—sentía la bilis quemar mi garganta—. ¿Porque no soy un modelo? ¿Porque


tengo pelo rojo? ¿O porque no soy una rubia de pechos grandes?

—¡No!

—¿O intentas decirme que soy tan poquita cosa que Jungkook no puede fijarse en mí?

— ¡Cristo, no es eso!—Hoseok, otra vez gritando—¡¿Hace cuánto que lo conoces?! No


tienes más de un mes de haberlo visto y resulta que ¿eres su novio y dejas que te folle
con ropa en tu cocina, sin importarte que Yeonjun o yo estuviésemos aquí?

—¡No te importa! no tengo por qué darte explicaciones.

Se puso de pie.

—A menos que...—me miró inquisidoramente y me apuntó con el dedo— a menos que seas
su puto de turno.

¿Tae? No lo permitas.

¡Claro que no! Hoseok podía ser mi amigo, un casi hermano para mí, pero enese momento
me ofendía y maltrataba ¡Y no se lo iba a tolerar! Durante años soporté las imposiciones
de mi abuelo,ahora, tenía veinticinco años, podía hacer lo que me diera la regalada gana,
con quién me diese la regalada gana, aunque ese fuese el cabrón más grande de toda la
ciudad.

—Sal de mi casa, Jung Hoseok—mi cara era impávida.

Amaba a Hoseok, había sido mi sostén después de lo que había pasado con Minjae; mi
único contacto con el género masculino además de Yoongi. Pero, era hora de hacerle
saber que ya era un hombre y que me debía respeto.

—¿Qué?—Hoseok parecía sorprendido, mas no arrepentido.

—Lo que escuchaste, ¡vete!—quería llorar pero no lo haría frente de él—.

Vete, no quiero en mi casa a quien me ofende y se siente con derechos a cuestionar, sin
miramientos, mis elecciones.

—Te desconozco—negó con la cabeza—, pensé que eras diferente — hizo un ademán de
irse, pero se quedó
—. ¿Sabes? en ocasiones me pregunto ¿Qué tiene Kook que vuelve zorra hasta al más
inteligente?

La respuesta a su pregunta fue mi mano impactando en su mejilla con tal fuerza que giró
su rostro.

—¡Vete!—mis lágrimas comenzaban a salir.

Sus ojos se abrieron cayendo en cuenta de lo dicho, pero ya era tarde.

—Bonito, yo...—se pasaba la mano en la zona roja de su mejilla. Por unos minutos, todo
fue silencio.

—Para ti, nunca más “Bonito” ¡Vete! —y salí en dirección a mi cuarto.

—¡Taehyung!—Hoseok trató de alcanzarme pero cerré la puerta justo antes de que él


pudiese llegar a mí.

—¡Vete!

—Tae, lo siento...—dijo con voz amortiguada por la puerta—, yo no quería... —escuché


como la puerta del cuarto de Hoseok se abría y luego como mi hermano aplaudía.

—¡Perfecto, idiota! La has cagado— Yeon se burló.

—Cállate, mocoso!—gruñó Hoseok.

—¡Cierra la puerta cuando saques tu patético trasero del departamento, imbécil!

Dos portazos y silencio.

¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que pasó en la sala de mi casa? Hoseok no paró de ofenderme
desde que me vio dándome un beso con Kook. ¿Y todas esas cosas que dijo de él? Esto
tendremos que conversarlo tranquilamente cuando se aquieten las aguas. Invoqué el
espíritu estoico del abuelo y sequé mis lágrimas, no iba a quedarme pegado en lo
sucedido, así que tomé mi computadora y retomé el capítulo de mi libro; tecleé
furiosamente el momento en el que la familia de Caleb se enteraba de la existencia de
Danielle. No supe en qué momento me quedé dormido, cuando Yeon me despertó, tenía
los ojos hinchados y la nariz roja.

¡Ni siquiera puedo llorar en secreto! Mi cara, a todos se lo cuenta. Me dolió, me dolía que
Hoseok pensara eso de mí... o ¿me dolía que tuviera razón? Yo no era del tipo “Chica
Jeon Jungkook”, simplemente porque era un chico—¿pero, él me dijo que era
bellísimo?—pero, tampoco era su novio. Ahora, el que tenga sexo intenso y placentero
con él desde hace un mes, no me convierte en su puto.

—No entiendo por qué te afecta, es simplemente un amigo y ya. Es tu vida— Yeon colocó
la bandeja que traía en mi mesilla.

—No es simplemente un amigo, es casi mi hermano.

—Tengo poca experiencia en eso de la hermandad, pero un hermano mío me llega a decir
lo que él dijo y se queda sin descendencia —eso me hizo sonreír
—. Anda, no pienses más en él, son las siete de la noche y solo has comido un tazón de
cereal —me tendió un emparedado de atún y un refresco. Me senté en la cama.

—¡Gracias!

—¿Puedo?—dijo señalando mi laptop, asentí—. ¿Es tu libro?

—Es el capítulo nueve—murmuré dándole una mordida al emparedado, Yeon empezó a


leer lo último que había escrito mientras yo terminaba mi cena. Coloqué la lata y el plato
en mi mesa de noche antes de ver a Yeon.

—¿Y? —En la escena no había nada sexual, solo un ligero enfrentamiento de Danielle con
Dominic la madre de Caleb.

—Odio a esta vieja, es una elitista— murmuró mi hermano—. Hacer que ella se tropezase
con la copa de vino fue un acto bajo.

—Caleb es su hijo mayor y...

—Tú lo dijiste mayor, por otro lado, es obvio que está confabulada con la ex de Caleb...—
mi hermano calló y respiró profundamente—. Me muero por leer alguna escena íntima de
estos dos Caleb es tan.... sexy —gesticuló.

—Dame la computadora un momento

—Brit me pasó la laptop y yo suspiré antes de tomar mis lentes de debajo de la


almohada, donde los había dejado y teclear.

Los besos de Caleb eran una tromba que ahogaba su razón pero, hacía flotar su
delirio. Se dejó arrastrar hasta un cubículo y amparada en las sombras de un gran
cartel, se desabrochó su abrigo. Él bramó y su grito hizo eco, la abrazó con
fuerza, más bien para cubrirla, y la apegó a su cuerpo. Buscó una puerta que los
condujera a ninguna parte, pasajeros en tránsito por el pasillo no dejaban de
mirarlos: un hombre abrazado a una mujer de largas piernas desnudas se besaban
sin tregua, en el fondo del pasillo.

¿Una bodega? ¿Un baño? No importaba lo que fuera, la mordió en el hombro y ella
frotó su coño frutoso contra sus finos pantalones negros y a tropezones, cruzaron
la puerta que advertía en un letrero “Prohibido el paso a personas no autorizadas”
el olor a sexo era intenso, al bajarse la bragueta, sintió la viscosidad del deseo de
la mujer en sus dedos, lo olió, lo lamió y cayó de rodillas, dispuesto a morir
lamiéndole el coño.

Me removí incómodo sobre la cama, sentía mi corazón algo acelerado, mi frente tenía
una ligera capa de sudor la cual me limpié con la mano antes de peinar mi cabello y releer
lo que había escrito. Yeon estaba frente a mí, sin moverse, y me temía que no respirara;
quité la laptop de mis piernas, me puse los lentes sobre la cabeza y respiré satisfecho.
Era una escena fuerte, pero me gustaba. Increíblemente, ya no era una tortura
escribirlas. Mi hermano me miraba expectante.

—No estoy segura de querer que leas esto—murmuré, sonriendo.

—Ohh... vamos, Tae—Yeon parecía niño pequeño dando saltitos en mi cama.

—Eres menor de edad y esto...

—¡Por Dios, hace años que deje de ser un niño! ¡Déjame leer!—se colocó cómoda, así que
le pase la laptop y observé como los ojos claros de Yeon absorbían cada letra, esa no era
una de mis mejores escenas íntimas pero me había gustado el resultado.

—¿Y?

—¡Oh por Dios!—dijo Yeon terminado de leer—. Creo que me he enamorado de Caleb más
de lo que ya estaba

¿Puedo leer más?

Le quité la computadora.

—No vas a leer más, me siento como un pervertidor de menores enseñándote esto y
después de lo que viste en la cocina con Kook —Yeon me puso dos de sus dedos en mis
labios silenciándome.

—Tae, a mí no tienes que darme excusas. En primer lugar: no soy un bebé—quitó sus
dedos de mis labios—, me desvirgaron cuando tenía catorce años, fue Ryan, el baterista
auxiliar de la banda de mi papá que solo era dos años mayor que yo. En segundo lugar,
Kook está buenísimo, es lógico que quieras violártelo cuando están solos, eso es
atracción, química sexual y es bueno en una relación, ustedes dos se devoran con la
mirada o al menos, estoy casi segura que él te imagina desnudo siempre que te ve.

—¡Yeon!—no sabía si estaba más asombrado con la confesión de la pérdida de la


virginidad de mi hermano a los catorce o con su madurez frente a mi relación con Kook.

—A veces, creo que los demás molestamos porque quiere estar solo contigo... y, por eso
provoca a todos con sus comentarios jocosos y su actitud despreocupada —respiró
profundamente

— Mira, tú puedes hacer lo que quieras y con quieras, eres mayor de edad y esta es tu
casa.

—Nuestra casa, Yeon—tomé sus manos—. Esta también es tu casa, eres mi hermano y
todo lo mío es tuyo...

—¿Incluso, tu novio?—ambos sonreímos.


—Eso sí sería perversión.

—Tae, sé que te gustaría pasar Acción de Gracias conmigo —giró absolutamente el tema
de conversación —, pero... de verdad, quiero ir a ver la banda.

—Lo sé, ellos también son tu familia.

—Pasaremos la Navidad juntos—mi hermano pequeño me estaba consolando.

¡Di algo, estúpida!

—¡Genial!

Me abrazó. Por un momento me quedé colgado, pero luego aferré mis brazos a el.

—Te quiero, Tae.

Sentí ganas de llorar cuando la escuché, así que lo abracé aún más fuerte.

—También te quiero, chico.

Pasamos las siguientes horas hablando de cosas personales, el me contó sobre su


primera vez, había sido en el estudio de grabación y que su padre casi lo descubre y yo
le conté de mis días de Universidad. Evitó hablar de Hwasa, cosa que agradecí y no nos
dañó el momento. Fui a la cocina por té y bizcochos y vi mi celular, tenía más de doce
llamadas perdidas de Hoseok y muchos mensajes de texto, no contesté ninguna llamada
y los mensajes, los eliminé sin leer.

Hoseok era más que un amigo para mí, cuando lo conocí, Soobin tenía tres meses de
haberse ido, tenía terminada mi primera historia y necesitaba un editor con urgencia,
pero los que había visto o eran muy costosos o simplemente no les llamaba la atención la
historia de dos jóvenes cuyo destino se había movido a su antojo, alejándolos de la
felicidad. Hoseok se había colocado delante de mí, estaba terminando el último año de
literatura y trabajaba como editor junior en Lee Editores, nos llevó tiempo editar todo
el libro y mucho más que Min-ho aceptara revisarlo. Si no hubiese sido por él, yo no sería
quien soy ahora, y era por esa amistad de años que me dolía como una daga atravesada
en el pecho su actitud hacia mí.

—¡Tae, ya va a comenzar!—Yeon gritó desde el corredor, guardé el celular en mi bolsillo,


tomé la bandeja y me instalé en la cama, al lado de mi hermano, dejando el celular en la
mesa de noche, mientras ella le subía el volumen a la radio dejando que la voz suave de
Kook se escuchara desde los altavoces.

—Buenas noches queridos oyentes, bienvenidos a una trasmisión más de “Hablemos de


Sexo”, soy Doctor Sex y a mi lado la bella y deslumbrante, Jeon Mina.

—Buenas noches, Doctor Sex—ronroneó, divertida Mina—. Esta noche traemos para
ustedes un programa divertido, interesante, informativo y como nos gusta a todos:
jodidamente erótico.

¿No es así, Doctor Sex?


—Completamente, gatita... El tema de hoy: Sexo Tántrico o Tantra. Mientras ustedes se
animan a llamarnos, vamos a un tema musical. La música empezó a escucharse y Yeon
tarareaba moviendo su cabeza de un lado a otro.

—¿Cómo haces?—preguntó de repente.

—¿Qué cosa?—la miré, alzando una ceja.

—¿Cómo haces para no comértelo a besos cuando están tan cerca? ¡Dios, Tae! te juro
que si yo tuviese un hombre como él de novio o que me mirase la mitad de como él te
mira, ya lo tendría amarrado a la pata de la cama —se burló.

—Ya te dije que estamos conociéndonos y todo esto ha sido rápido—peiné mis cabellos.

—¡Joder, cómo te mira! ¿Cómo lo cazaste? Anda, ¡cuéntame!, quiero saber hasta los
detalles más morbosos —mi hermano sonrió.

Lo había visto un par de veces en el edificio de Hoseok, luego, por el libro, fui a su
programa, una vez nos cruzamos en un restaurante, salimos y, eso...

—Mucho más que “eso”. Lo de ustedes es mucho más que química, es...

—Volvemos a “Hablemos de Sexo”; esta noche, Sexo Tántrico, —oportunamente, la voz


de Mina interrumpió a mi hermano— Este arte amatorio se basa en una filosofía de vida
de origen oriental, que utiliza la energía sexual para conseguir una conexión con uno
mismo, como la meditación o disciplinas como el yoga.

—Es mucho más que eso, Mina— Jnugkook interrumpió, como era normal en él

—. Se trata de desvincular el sexo de los genitales, disfrutar del cuerpo del compañero,
sentir placer dando placer. Lo primero que debes tener claro es que para practicar sexo
tántrico, debes olvidarte del sexo convencional, el sexo tántrico se basa en encuentros
largos y relajados, sin prisas; se venera el éxtasis y se busca un placer más prolongado a
través del deleite de los goces sensuales. No se trata de no llegar al orgasmo, sino
retrasarlo lo más posible, disfrutar del camino sin obsesionarse ni perseguir un final,
teniendo en cuenta que el placer no esté enfocado en el orgasmo, sino en el disfrute de
los sentidos.

—Los seguidores del Tantra recomiendan hacer el amor una sola vez al mes para
acumular energía sexual. Según ellos, la abstinencia logra increíbles resultados, ¿es esto
realmente cierto?

—¡¿Qué?! Me enderecé en la cama.

Debía ser eso por lo que Kook podía pasar mucho tiempo sin eyacular.

—Creo que muchos de nuestros oyentes van a querer matarme, pero es cierto—pero, si a
mí me da como a tambor en carnaval—. Aunque se puede empezar practicándolo una vez
a la semana, la solución tántrica es prolongar la etapa última, la más intensa, inhibir el
espasmo para permanecer indefinidamente en el punto límite. Ese es el verdadero
orgasmo masculino—puntualizó.
—Mirar el acantilado pero no lanzarse

—¿Eso hace él conmigo? ¿Mira el acantilado pero, no se tira?

—Exacto. Muchos hombres al terminar de eyacular, damos por concluida la faena.

—¿Te incluyes, Doctor Sex?—podía entreverse un tono de burla cuando Mina habló.

—No, por supuesto que no...

¡Doy fe de ello!

—Realizo este tipo de práctica desde hace muchos años, cuando en unos de mis viajes de
investigación visité India que es donde se origina esta técnica y, aunque no es fácil de
entender, hay que reconocer que el orgasmo no es el final de la fiesta sino el principio
de la celebración.

Yo no podría, quedaba muerto después de cada orgasmo que me daba.

—Hay que prolongarlo, liberarse de todo lo que pesa, abandonarse por completo.
Entregarse el uno al otro, no pensar en nada, solo sentir...

¿Cómo no pensar? Es como si te conectaran a un jodido tomacorrientes.

—Que no se apague la llama en un simple desahogo sexual, la receta es ir más allá del
placer. La cuestión es dar calidad, no cantidad

¡Já! ¿De verdad estás diciendo eso, Jeon Jungkook? Yo podría rebatirte lo de cantidad.

—El sexo tántrico es una práctica que muchos desconocen, diferentes escuelas
tántricas ayudan a descubrir las técnicas y a vivir experiencias con esta actividad
oriental —claro, y tú decidiste difundir la práctica—.

Sobre esto hay mucho escrito pero cada persona puede llevarlo a cabo de una forma
distinta: desde la más ortodoxa hasta la más occidentalizada.

No sabría definir por qué, pero el tema me enojaba. ¿Yo caigo al abismo y él se queda al
borde, mirándome? Eso es ser presumido, eso es querer empequeñecerme con su aire de
superioridad. Eso era lo que no me gustaba.

—¿Me imagino que existe algún tipo de rutina Doctor Sex?—el programa seguía.

—Por supuesto, pero la idea no es hacer algo mecánico a la hora de intimar. Recordemos
que el Tantra es relajación, es conectar mente y cuerpo pensar con la cabeza... pensante
no con la colgante—¡Ja! ¡Muy gracioso!, Mina estalló a carcajadas.

—Entonces, es muy difícil porque ustedes solamente piensan con esa última...

—Es relativamente sencillo, linda—

¡Oh, sí! por supuesto que sí, para ti, todo es fácil a la hora de follar—. Hay cuatro pasos
que son claves para llevar el sexo tántrico a buen término: el primero es vivir y
disfrutar del momento; el segundo es la aceptación, en el Tantra se adora cada poro de
la piel de la persona con la que estás, sea el amor de tu vida o una relación de una noche.
—Tenemos una llamada.

—Buenas noches, con quién tenemos el gusto.

—Danny—vaya, un chico—. Mira todo eso que dices muy bonito, pero yo no concibo el
sexo sin eyacular, viejo, soy de la teoría hasta que el cuerpo aguante o hasta que se te
quite la culpa. Cualquier cosa que pase primero.

—¡Qué egoísta!—bufó Yeon—.

Oye, Tae...—alejé mi atención de la radio para recoger un osito de peluche que me lanzó
mi hermana—¿Cómo es Kook en la cama?

—Yeon... ¡Yeonjuuuuuuuuuuu!

—¡¿Qué?! Es una pregunta normal de hermanos.

—No voy a contarte mi vida sexual con Kook—le apunté a la cabeza con el peluche y se lo
tiré.

—¡Tienes una vida sexual con Kook!—me tiró un almohadón.

—Somos adultos, ¡por supuesto que tenemos una vida sexual!—puse el almohadón bajo mi
cabeza.

—¿Y, es tan bueno como aparenta ser?—hizo una mueca hacia el radio donde la voz de
Jungkook fluía suavemente mientras interactuaba con el chico que había llamado.

Ignoré su pregunta.

—Taeeee, me estoy haciendo viejo aquí, dímelo de una vez.

—¡No! Eres menor de edad.

—Por favor, yo te conté todo sobre mi primera vez, ¡dímelo!

—¡Sí!—dije y enterré mi cabeza en la almohada—. Es... ¡Kook es magnífico!— Yeon


empezó a dar gritos y saltos en la cama.

—¡Detalles! ¡Quiero detalles!

—Tenemos otra llamada por la otra línea—la voz de Mina nuevamente me salvó.

—Mi nombre es Kendra..., estoy de cumple y quisiera saber cómo hago para tener una
cita contigo, Doctor Sex, ¿puedo pedirla por mi cumple?

—Tú solo dime dónde te recojo, Kendra—dijo Kook.

¡¿Quéeee?! Podía apostar lo que sea a que el cabrón estaba sonriendo ladinamente.

¡Maldición! ¡Yo tengo exclusividad! quería llamar y ¡voy a llamar! Tomé mi celular y
marqué rápidamente al programa, al número que había en interno mientras lo escuchaba
coquetear con la tal Kendra.
—¿Sabes que es parte de su trabajo, no?—dijo Yeon, como si el fuera el hermano
mayor, tiré el celular un lado y peiné mis cabellos.

—Lo siento, yo no...—ahora, me sentía ridículo.

—¿Qué sientes? ¿Celos?

Honestamente, no sé cómo puedes escuchar ese programa, él habla malditamente


sensual y coquetea con todas las mujeres que llaman—dijo mi hermano limándose las
uñas.

—No estoy celos—murmuré entre dientes sin mirarla.

—¡Ajam! si tú lo dices… Ignoré completamente a Yeon, pero dime, Tae ¿Qué sientes
escuchar la suave voz de Kook coqueteándole a su oyente?

—Puedo darte mi dirección por interno, cenamos y luego vemos… puedes enseñarme todo
lo que sabes, darme una clase personalizada—dijo la chica seductoramente—. Estoy
segura que tus pantalones deben verse lindos en el piso de mi habitación...— Inhala,
exhala, Tae.

—Claro, deja todo con Wonho...—

¡Qué cara dura!

—¿Pero, vendrás? —¡Qué puta!

—¿Cuántos cumples?

—Veinte, pero para ti puedo parecer de veinticinco.

¡Joder! eso era más de lo que podía soportar, tomé el celular y tecleé furiosamente.

“¿Te diviertes?

Recuerda nuestro trato.

Monogamia o se

termina.”

Yeon, me miró fijamente y después, recogió el celular que, con mi furia, tiré a la cama,
rebotó y cayó al suelo. No pasó mucho tiempo cuando escuché una pequeña risita de
parte de Kook, sabía que colocaba su celular frente la mesa del estudio, así que supuse
que se reía de mi mensaje.

—Estoy de acuerdo con Doctor Sex—dijo la chica—Los hombres esperan eyacular para
caer como morsas, ¿dónde están las caricias después del acto?—recriminó—si eres un
buen amante, te tomas tu tiempo para acariciar a tu chica, para adorarla —discutió.
—El mismo que tú te tomas para adorar al tuyo—dijo el chico a la coqueta que llamaba—
el cuerpo de los hombres no funciona como el de ustedes, lo nuestro es llegar, si la nena
grita, eso es cumplir ¿qué más quieren? ¿Ver jodidas estrellas? Ves muchas películas
románticas niña.

Mi celular vibró y Yeon me miró burlonamente.

“Mi cuerpo es tuyo,

Dulzura.”

—¿Qué? ¿Se disculpa por coquetear tan descaradamente con esa Kendra?— me levantó
sus cejas.

—No. Tú mismo lo dijiste: es su trabajo.

—Entonces, ¿ya no estás enojado con él?

—¡Qué curioso salió mi hermanito!— removí su pelo— ¿tienes hambre?

—Un poco, pero no quiero nada, si comemos algo a esta hora se va a alojar aquí—señalo
su vientre.

—Sexo Tántrico. Doctor Sex, su síntesis final.

—Para finalizar, hay que tener en cuenta que el sexo tántrico es tan placentero como el
sexo casual o hacer el amor; pero, es algo más espiritual que carnal, se trata de
disfrutar, hay que tener la disposición para practicarlo y explorar partes de nuestra
pareja antes del coito en sí; para esto puedes crear un espacio, preparar el ambiente:
música suave, sábanas frescas, inciensos de aromas afrutados o afrodisíacos, que sea
una cúpula de dos; quizás algo de vino y algunas frutas picadas para hacerlo más
juguetón, prepárale un baño y una vez ella esté cerca de ti, mírala; ella es una deidad
para ti y hazla sentir especial, que sienta tu deseo por ella, adórala con tus manos, con
tu boca, con tus ojos...Y luego, si quieres, llámanos y cuéntanos tu experiencia; te
aseguro que ella te lo agradecerá.—

Closer empezó a escucharse dando por finalizado el programa.

—¿De verdad lo practica?—miré a Yeon sin entender—. El sexo tántrico, ¿de verdad lo
practica?

¡Joder! Podía sentir el sonrojo cubriendo cada parte de mi cuerpo, ¿qué le decía? ¿Qué
hemos follado casi un mes y que sí me he dado cuenta que a veces no eyacula? O que
simplemente, estoy tan metido en mi orgasmo que ni cuenta me doy cuando él llega o no.

—Eh...

—Muy bien, no respondas, tu cara lo dice todo—el alivio del “no respondas” con la última
frase se me fue al carajo y le lancé una almohada.
—¡Auch! ¡Auch! Violencia intrafamiliar, no. ¡Me quebraste una pestaña! —se burlaba de mí
y de la poca fuerza con que se le aventé.

—¡Muy gracioso! —sí, mi hermano era divertido.

—Tu cama es grande y cómoda, ¿Puedo quedarme aquí, hoy?—me sorprendió.

—Sí, bienvenido.

Me fui al baño, cuando salí, Yeon ya dormitaba entre mis sábanas. Hoy habíamos tenido
la conversación más larga sin discutir, hoy habíamos sido hermanos. Cuando me metí a la
cama, el se acercó a mí y, entre dormido, me dio las buenas noches. No pude evitar
sonreír, se veía más niño de lo que era. Me sentía bien y aunque no me gustara
reconocerlo, Kook tenía mucho que ver en esta nueva relación con el.

El sábado nos levantamos temprano preparamos un desayuno contundente y lo tomamos


conversando cosas de escuelas y tareas; no había encendido mi celular pero tenía varios
mensajes de Hoseok en el contestador.

—¿Los borro?—me miró levantando las cejas.

—¿Quién quiere escuchar a un troglodita?—hice una cara chistosa.

—¡Nadie!—gritamos al unísono y apretó eliminar, en el aparato.

Luego, repartimos tareas y cada uno fue a lo suyo. Estaba repasando por tercera vez
una escena cuando Yeon se asomó a la puerta.

—¿Pedimos sushi?—con su teléfono en la mano, me puso carita de ruego.

—Que incluya unos rollos californianos. Apenas terminó el pedido, volvió a mi habitación.

—¿Qué sucede?—dijo al ver mi ceño fruncido.

—Líos de escritor, una discusión entre Danielle y Caleb.

—¿Por qué discutieron?

—La ex de Caleb... ¡No sabes cómo odio esa mujer!

—¿Odias a tu propio personaje?, los escritores son locos —el timbre de la puerta se
escuchó—. Ojalá no sea tu amiguito, aunque no me quejo si es Kook, quiero saber más del
Tantra —se levantó de la cama corriendo a abrir, sentí un par de pasos apresurados.
Jimin tenía los ojos hinchados y la nariz roja como si hubiese llorado mucho, tenía una
bolsa que traía el nombre del supermercado que estaba al cruzar la calle, Yeon estaba
justo detrás de el, lo fuera que estaba pasando me lo diría cuando estuviéramos solos.

—¿Podrías dejarnos solos, Yeon?—mi hermano asintió y Jimin me abrazó, llorando. No


paraba de decirse que era un estúpido.

—¿Qué sucede?—traté de separarlo para verle su cara, pero el se aferraba


—. Jimin,estas empezando a preocuparme —un segundo de silencio, se separó de mí y
limpió sus lágrimas con un paño que tenía en la mano abrió la bolsa que traía, sacó un
bote de helado, buscó en su cartera, me mostró una cucharilla y comenzó a comer
helado..

—Soy un estúpido...—dijo con voz temblorosa— un idiota...

—Ok, Jimin no estoy entendiendo nada, si empezaras desde el principio a contarme qué
es lo que tienes—mi amigo, entre temblores y pucheros, no paraba de comer helado.

—Verás—metió otra cucharada de helado a su boca—, el lunes, de la aseguradora,


fueron a realizarnos los exámenes médicos de rutina que nos hacen todos los años—
comió un poco más e inmediatamente se puso a llorar, lo dejé porque ya una vez había
visto a Jimin así, lo vi sorber su nariz antes de continuar—. Esta mañana nos dieron los
resultados y...

—Jimin—le dije con voz suave atrayéndolo hacia mí.

—Soy malo, Tae, no quiero a mi bebé, ¡yo no quiero un bebé ahora!—se levantó de la cama
y empezó a caminar en círculos—. Llamé a Yoongi y él se escuchaba tan feliz. ¡Dios! ¿qué
padre no quiere a su hijo? ¿qué tipo de persona soy? Él crece dentro de mí.

Me levanté y tomé a Jimin de los hombros.

—Estás embarazado.

—No quiero ser padre de nuevo, no quiero —mi amigo se aferró a mí dejando su cabeza
en el hueco de mi hombro mientras volvía a llorar. Estuvimos varios minutos así, yo lo
sospechaba, el helado había sido un detonante cuando supo de Susy, Jimin solo tenía
diecinueve años y quería estudiar Diseño de Modas en la Universidad de Seúl, en cambio,
tuvo que conformarse con estudiar a distancia Markenting Empresarial, mientras estaba
embarazado de mi pequeña. Su embarazo no fue sencillo, a los tres meses tuvo una
amenaza por lo cual le tocó guardar reposo absoluto por órdenes médicas, desplazando
sus sueños, primero por el embarazo, después porque Susy estaba pequeña. Ahora que
su carrera estaba un poco más encaminada y que Susy no dependía tanto de el, volvía a
empezar desde cero con un nuevo bebé.

Conduje a Jimin a mi cama nuevamente y agarré sus manos.

—¿Qué sucedió con Yoongi?

—Discutí con él—susurró tomando nuevamente el helado—. Lo llamé para contarle y


empezó a hacer mil y un planes de comprar una casa nueva, que tenía que cambiar su
coche, Yo quería que él estuviese tan atónito como yo, ¡pero no! Él estaba haciendo mil
planes y diciendo maravillas sobre ser padres otra vez así que yo me estresé y le dije
cosas que no debía... que no quería decirle.

—Es el padre—murmuré acariciando sus manos.

—Pero, me dijo que si tanta repulsión me daba, él buscaría cómo deshacerse del
problema—musitó con voz rota—
¡Por un momento lo pensé Tae!, pensé en matar a mi hijo.

—Cálmate, esto le hace daño a tu bebé... Joder, pensé que te estabas cuidando.

—¡Y lo estaba! Me inyecté, pregunté en una farmacia y me apliqué una maldita


inyección—dijo enojado.

Suspiré.

—¿Cuántas semanas tienes Jimin?

—No lo sé, se supone que debo ir al ginecólogo y hacerme una ecografía.

—Podemos ir con Onew.

—No quiero tener un bebé ahora, pero tampoco quiero matar a mi hijo. Yoongi nunca me
perdonaría algo así, eso sería el fin de mi matrimonio.

—Ustedes se aman, Susy es la prueba de su amor y este pequeñito también, sé que no


estaba en tus planes lindo, pero ese bultito no tiene la culpa.

—Claro que no la tiene, ¡El culpable es Yoongi!—dijo, enojado.

—Estás siendo injusto.

—¡No! Yoongi y su maldita imposición de querer ser padrenuevamente. Como no es él


quien tieneque quedarse cuando están enfermos, o quien pone en pausa su vida para
dedicarse a criarlos —tomó aire y llenó sus pulmones—¡Dios, Tae! Susy solo tiene cuatro
años y a veces no puedo con ella, ¿cómo demonios voy a hacer para cuidar de un bebé
más?

—Tú podrás, ¡tú siempre puedes! Eres el hombre más fuerte que conozco— Jimin me dio
una sonrisa pequeña.

—No entiendo, yo me inyecté...

—Ese niño quiere venir, parece que es obstinado como la cabezota de su padre.

—¡Yo no quiero tener más hijos!

—No puedes decir eso, solo tienes veinticinco años,

—Por eso mismo—suspiró, resignada

—. No quiero llegar a treinta con una docena de bebes.

—No podrías tener diez hijos en cinco años.

—Eres un tonto.

—Un tonto que te quiere—agarré sus manos y lo abracé— ¿Estás más tranquilo?

—No.
—Hay que llamar a Yoongi.

—Debe estar odiándome, le dije que era él culpable de todo y que no quería tener al
bebé, que iba a buscar una solución si aún estaba a tiempo, se enojó muchísimo y me dijo
que no lo esperara en casa hoy.

—Yo lo llamaré—dije levantándome de la cama y buscando el teléfono inalámbrico.


Llamaría al Doctor Onew y luego a Yoongi—. ¿Cómo se llama la inyección que te
aplicaste? Jimin volvió a sonarse la nariz mientras yo marcaba los números del
consultorio, había que verificar de cuántas semanas estaba.

—No la recuerdo muy bien, le pregunté al Doctor de la farmacia que me atendió si esa
era buena y dijo que sí, al parecer conmigo no fue tan buena la perra...

Sonreí.

—Trata de recordar—dije escuchando la máquina contestadora del consultorio—. Podría


comunicarme con el Doctor Onew—dije cuando contesto una señorita—.

Jimin...

—Espera... Misina, Mesigna....¡Mesigyna!—el nombre de la inyecciónme cayó como un


balde de agua helada, "Mesigyna", era la misma que Onew me había aplicado a mí, sentía
que el aire abandonaba mis pulmones.

¡Calma Tae, no tiene por qué pasarte lo mismo!

Cuando me pasaron a Onew, programé una cita para el y para mí y luego le marqué a
Yoongi, Jimin se había quedado dormido en mi cama, agotado por su ataque de llanto e
histeria, peiné mi cabello y me calcé mis Converse y salí a la sala, Yeon estaba revisando
el sushi que nos había llegado.

—¿Está mejor Jimin?

—Sí, Yoongi viene en camino.

—¿Te sirvo sushi?

—Tengo que ir a la farmacia, vuelvo enseguida. Jimin está durmiendo—salí del


departamento y caminé hacia el elevador.

Entré a la farmacia con pasos dudosos y agarré las dos primeras pruebas de embarazo
que vi, cancelé el valor total de la factura. Jimin podía quedar embarazado, pero yo no
podía tener un hijo de un hombre con el cual solo tenía un acuerdo de sexo.

Crucé la calle rápidamente, cuando llegué al departamento, Yeon estaba viendo


televisión; al parecer, yoongi no había llegado. Eran casi las seis cuando entré al baño y
con manos temblorosas seguí las instrucciones de las dos pruebas.

Es sencillo, Tae, pis en la parte señalada y ¡listo!

No fue tan sencillo, a pesar de las precauciones, terminé ensuciando mis manos con la
orina; coloque los palitos infernales encima de la taza del váter y me lave las manos
concienzudamente, en un intento desesperado en hacer la espera más llevadera, cuando
por fin pasaron los cinco minutos, respiré profundamente antes de tomar los resultados,
coloqué cada prueba en mi mano y los puse frente a mí cerrando los ojos fuertemente.

Tú puedes, Tae...

Abrí los ojos y miré las pruebas.

¡Oh Mi Dios!

CAPÍTULO 14

No pude evitar el suspiro de alivio.

¡Raya azul!

De todas maneras saqué los instructivos de ambas cajas, los test eran de distintos
laboratorios, los leí y los releí con cuidado, confirmé lo que sabía y lo que había dado el
resultado. Lo mío era paranoia, no embarazo. Escuché el timbre de la puerta guardé todo
en una bolsa y salí a ver quién tocaba, cuando llegué a la sala Yoongi hablaba con Yeon,
tan pronto me vio, me estrechó en un abrazo, él era mi amigo, a pesar de que nuestra
amistad se deterioró luego de lo ocurrido con Minjae, nos seguíamos queriendo.

—¿Cómo está? —más que triste, parecía preocupado.

—En shock pero está bien, se ha quedado dormido—lo conduje hasta el sofá.

—Es mi culpa, yo quería tener un bebé—dijo con voz dolida.

—No es el momento buscar culpables Yoongi, se trata de apoyo, para el fue muy difícil el
embarazo y post embarazo de Susy.

—Lo sé, amo a Jimin. El es mi vida. Si quiere interrumpir...

—Calla, Yoongi—dije colocándole mi mano en su boca—, simplemente está aturdido,


déjala asimilar la noticia.

¿Dónde está Susy?

—La dejé con mi madre.

—Tienes que tener paciencia con el y conversar muy bien el tema.


—Me enojé con el porque no estaba feliz con la noticia, discutimos por el teléfono...
estaba como loco. ¡Maldición! Quiero tanto otro hijo, Tae... pero no a este costo, no
causándole infelicidad a el.

—Ve y dile, hazle saber como te sientes—me sonrió triste, me dio un beso en la mejilla y
caminó hacia mi habitación.

Dejé que mi cabeza se recostara en el sofá. Saber que no estaba embarazado me


quitaba un gran peso de encima, pero para asegurarme le pediría al Doctor Onew que me
cambiara de anticonceptivo.

A la media hora, mis amigos salieron de mi habitación, Yeon y yo veíamos un programa de


cocina, mi primer impulso fue levantarme e ir con Jimin pero me contuve, el tenía los
ojos algo enrojecidos pero estaba sonriendo y se apoyaba en Yoongi que se veía
radiante, sin duda que habían llegado a un acuerdo.

—¡Tengo ganas de comer torta helada, con donas rellenas de crema y chocolate
caliente!—exclamó Jimin, sin ningún sentimiento de culpa por lo que estaba diciendo.

—En la tienda de la esquina puedo comprar la torta y donas, yo quiero glaseada.—dijo


Yeon. Yo me ofrecí a hacer el chocolate, sabía cómo le gustaba a Jimin.

Al rato, estábamos todos comiendo y viendo una película vieja de Silvester Stallone,
cuando escuchamos un pequeño toc-toc en la puerta… Esperaba que no fuese Hoseok,
hoy no me había llamado, él me conocía y sabía perfectamente que debía dejarme en paz.
Además, con todo lo del bebé no le había contado nada a Jimin. Antes que volviese a
sonar el timbre Yeon se levantó del sofá listo para abrir la puerta y traté de mirar quien
era pero solo vi a Yeon abrazar a alguien... Obvio que no era Hoseok.

—Miren quien está aquí —dijo mi hermano con una sonrisa enorme, empezaba a temer
esa reacción en el. Fue entonces cuando lo vi, Kook estaba frente a mí, tenía un traje
negro de diseñador que se ajustaba justo en los lugares adecuados, sus zapatos de
charol eran relucientes y tenía el cabello completamente peinado hacia atrás con alguna
gomilla.

—Pensé que estarías listo—dijo asombrado—. La inauguración empieza a las siete y


treinta—miró su reloj.

¿Inauguración? ¡Mierda! Lo había olvidado completamente.

—¿Inauguración?—Jimin y Yeon preguntaron al mismo tiempo.

—Sí—Kook contestó—, hoy es la inauguración del hotel que construyó el marido de Jin—
no pasó inadvertido para mí la forma en cómo arrastró las palabras marido de Jin.

—No iré, Kook—dije peinándome los cabellos—, es tarde y la verdad, lo había olvidado
completamente.

—¿No irás? —Kook arqueó una de sus cejas—. Tae, tienes un compromiso con Seokjin.
—¿Quién es Jin?—Jimin me miró fijamente— ¿Supongo que no será un compromiso
literario?

—Algo así, Jin es un amigo de Kook. Me hizo una propuesta para escribir un libro. Kook
negó y sus ojos se posaron en mi amigo rubio.

—Disculpa, ¿tú eres?—dijo mirando a Yoongi.

—Min Yoongi—mi amigo se levantó y le dio la mano—. Soy el esposo de Jimin.

—Mucho gusto—se relajó visiblemente

—Jeon Jungkook.

—El novio de Taee—dijo Yeon.

Giré los ojos en su dirección para evitar cruzar mi mirada con la de Yoongi.

—Sí, su novio—interrumpió Kook

—.Hey, Dulzura, si no te arreglas, te llevaré a la fiesta tal como estas. Tus pantalones
serán todo un éxito, qué decir de tus zapatillas viejas.

—Hablaré con Seokjin después.

—Tae, Jin espera una respuesta hoy, no después. Sería de mala educación teniendo en
cuenta lo amable que el ha sido contigo.

—¿Respuesta de...?—Jimin estaba en su pose de representante.

—Él amigo de Kook quiere que escriba un libro basado en su historia, por lo que me ha
contado es… interesante. El lunes le enviaré un correo y ahí veremos, todavía no me
decido.

—Yo no desperdiciaría esa oportunidad —dijo Jimin—. Es más, como tu representante,


estoy muy enojado contigo por no decírmelo y como castigo, te ordeno que vayas.

—Con lo del bebé...

—¿Bebé?—Kook me miro a los ojos y luego, mi vientre.

—Jimin está embarazado—aclaré inmediatamente.

—Ohm —un rictus, más que una sonrisa, se instaló en su cara— Felicidades —murmuró
alargando su mano a Jimin—, mi cuñada también lo está—su voz se escuchaba triste,
como aquella vez cuando estaba con su hermano—. Es una lástima que yo no… —no
entendía nada, en ese momento levantó la cabeza, dándome nuevamente su mirada pícara
y arrogante—. Tienes treinta minutos para estar listo—ordenó.

¡What!

—No hay manera de que esté listo en ese tiempo.


—¿Perdón?—Jimin se levantó de la silla—. Estoy aquí, treinta minutos son suficientes
para mí. ¡Vamos! —Yongi sonrió, agarrándolo por la cintura—.

Yeon, necesito ayuda —puntualizó.—Jimin—dije sin levantarme—, no tengo un traje y...

—Claro que lo tienes, uno que si mal no recuerdo no te has querido colocar.

—Porque es muy... muy—bufé.

—Exacto, tenemos el traje para esta ocasión; en treinta minutos estará listo—dijo
jalándome del brazo—. Ustedes esperen aquí, te permito compartir parte de tu
sabiduría sexual con Yoongi—farfulló arrastrándome a la habitación. Yoongi sonrió y
Kook asintió con la cabeza, mostrándose divertido.

—Jimin, no quiero ir—dije cuando llegué a mi cuarto—, de verdad.

—Tae, tienes el novio más romántico del mundo, —Jimin rodó los ojos—va a mostrarte
en sociedad, estoy seguro que ahí estará la crème de la crème.

—Ahora, menos quiero ir.

—No seas tonto, él vino a buscarte y eso que ayer dijo que no iría—Yeon estaba
emocionado, Jimin entró al baño antes de hablar.

—No es cuestión que quieras o no Taehyung…

—¡Dios!, me había dicho Taehyung, eso significaba que se iba poner en plan de
representante—. Es en tu carrera que debes pensar, el mundo de los escritores está
revuelto con eso de la autoedición, así que si el tiene una propuesta que hacerte y Kook
insiste en eso, por algo será —abrió el grifo de la ducha y mientras probaba la
temperatura del agua siguió— ¿Quién es ese Jin? Parece ser la reina de Saba, por como
la nombra Kook.

¡Vaya, no soy el único que lo notaba!

—Es el chico que me dio unas pautas para comenzar el libro, te hablé de el —contesté,
cuando apareció frente a mí.

—Sí, pero no me habías dicho nada de que el quería que escribieras su historia. En fin,
estamos perdiendo tiempo valioso ¡al baño, ya!—me empujó.

Veinticinco minutos más tarde me miraba en el espejo y no lo podía creer, fue solo salir
de la ducha para que Jimin y Yeonju se convirtieran en torturadores en potencia:
cremas depiladoras, corrector de ojeras, iluminador de mirada, alargador de pestañas,
base para esto y para lo otro, labial ysombras. Tenía el traje que Jimin me había
regalado en la Navidad del año pasado; era de color negro, una camisa de seda color rojo
, el traje se ajustaba a mi figura, y hacian resaltar mi cintura y mis caderas, aparecieron
los accesorios: el reloj de oro que me regaló Soobin cuando salí de la secundaria, los
pequeños aros oro de Jimin que había dejado olvidados en una de sus fiestas de
pijamas, un anillo de Yeon y mis zapatos de charol.
—¡El pelo! Estás precioso, pero no me gusta cómo se te ve el cabello—sí, estaba hermoso
y me gustaba ¿para qué quería arreglarme otro peinado?

No alcancé a quejarme cuando Yeon ya estaba con el rizador haciendome pequeñas ondas
en el cabello, ¿en que momento salio?

—Que de algo sirva estar internado. Aprendí a hacer las mejores ondas y en tiempo
record—y así [Link] miré al espejo, tenía absolutamente despejada mi cara, mis ojos,
mis pequeñas orejas, ¡los aros de Jimin se ven preciosos! mi cuello, todo lucía más.

—Vas a matar a ese hombre—Yeon dijo emocionado tras de mí—. Te ves completamente
hermoso—. Sal y mátalo, luego nosotros esconderemos el cadáver, ¿no, Jimin?

—Por supuesto... —mi amigo sonrió pícaro.

Respiré profundamente volviendo al reflejo que me daba el espejo, Jimin y Yeon salieron
de la habitación y yo coloqué un poco de perfume en mis muñecas antes de salir. Kook y
Yoongi conversaban amenamente y cuando su mirada se posó en mí sentí mis piernas
temblar, era una mirada intensa, repasaba mi cuerpo y podía sentirme arder ahí donde
sus ojos descansaban, caminó dos pasos hacia mí y respiró profundamente.

—Waw, quedaste... estas hermoso, no digo que no lo seas... es solo que estas...
¡Impresionante!—por el rabillo del ojo vi a Jimin abrazando a Yoongi por la cintura y
asintiendo.

—El trabajo fue de Jimin y Yeon.

—Pero tú eras la materia prima — pasó su mano por mi mejilla pero, sin tocarme—.
Tenemos el tiempo justo para llegar y no pasar por mal educados.

Me giré mirando a Yeon, pero antes de que abriera mi boca, el me tomó de los hombros y
me giró con dirección a la puerta.

—Vete ya, ayer te dije que no era un bebé. Quedó algo de sushi de esta tarde y van a
dar un maratón de películas de vampiros en la tele, así que estaré bien. En la salida me
esperaba Jimin —Ve tranquilo, nosotros nos quedaremos un rato más—me dio un abrazo
suave y susurró en mi oído—te ves maravilloso. Después me das las gracias por haberte
regalado este traje.

Cuando llegamos al estacionamiento, Kook me abrió la puerta del auto y esperó a que
entrara.

¡Ni un beso! ¿Será que estoy demasiado bello? ¡Já! Se subió y arrancó el coche y no dijo
nada.

—Pensé que no ibas a ir a la inauguración—le dije sin mirarlo. El silencio me estaba


irritando.

—No es de mi agrado ir a festejar los logros del marido de Seokjin, lo hago por el —esa
confesión me dolió un poco. ¿Qué demonios te sucede, Tae?

—Jin fue mi alumno cuando trabajé en la Universidad de Seúl.


—No sabía que habías sido profesor —lo miré y él sonrió.

—Exactamente, no lo fui. Había una plaza abierta para asesorar tesis en el Área de
Psicología, Jin necesitaba un tutor y me ofrecí, el me contó su historia; estaba tan
empecinado en encontrar un factor psicológico que justificara la actitud del bastardo
que tiene por marido, que prácticamente se enterró de cabeza en la Universidad. Es una
gran chico que ha vivido muchas cosas, no te miento cuando te digo que su historia es
digna de libros.

—Móntale un altar—murmuré hastiado, ahora teníamos una Cofradía “Adoradores de


Sor Jin”

—¿Celoso, nene?—había cierto toque de burla en su voz.

—En tus sueños...

—En lo único que sueño ahora es en que sea el lunes pronto. Esto de la monogamia me
tiene alterado el biorritmo.

—¿Si practicas el sexo tántrico no se supone que debes tener relaciones una vez al mes?

Kook sonrió.

—Soy demasiado sexual para eso, el Tantra me enseñó a dominar mi necesidad mas no mi
deseo, no hay nada más jodidamente gratificante que estar en el cuerpo de una persona
—sus palabras, la forma en cómo las pronunciaba, su lengua asomándose entre sus
carnosos y apetitosos labios. Tragué grueso y dejé de mirarlo.

—Entiendo—¿Cómo sería Kook si no siguiera el sexo tántrico?

—¿Te pongo nervioso Taehyung?— la respuesta era obvia, pero él no tenía por qué
saberla por mis labios, así que no respondí.

—Tienes el pulso acelerado— acarició mi mano izquierda suavemente, mi boxer temblaba


y agradecía mentalmente el hecho de estar sentado.

Una luz roja nos hizo detener y Kook llevó mi muñeca hasta sus labios besando
justamente en ella, sentí mi corazón latir aún más aprisa.

—Es por la fiesta—¡Joder, Tae! Tu materia gris se quedó atrapada en la ducha.

—Cuando Jin te cuente su historia, me entenderás—jalé mi mano de su amarre y me


crucé de brazos el resto del camino, estaba harto de Jin, Jin esto, Jin lo otro. Bla bla
bla...

¿Celoso?

¡Olvídalo!

Actúas como un loco.

¡Yo no estoy celoso! ¡Jamás!

¡A ver, mírate a los ojos!


¡Para estar celoso tendrías que estar enamorado de él!

¡Dios! ¡No puedo estar enamorándome de él, por favor, no! Eso sería una jodida locura.

Taee: él solo te gusta porque fue el primero en tu vida y te ha dado maravillosos


orgasmos, ¡eso es todo!

¡Es nada más que eso!

Recordé aquellas palabras de Kath, "el sexo, nunca es solo sexo". Pero en este caso, así
era: solo sexo y ¡no estaba celoso! Cerré los ojos fuertemente y me recosté sobre el
tapizado del coche mientras Kook conducía sin decir nada, solo nuestras respiraciones
podían escucharse dentro del auto.

¡Yo no estoy celoso! ¡Yo no estoy celoso! Cerré mis ojos para que tuviera efecto mi
mantra.

—Hemos llegado —podía sentir su aliento mentolado a escasos centímetros de mi nariz.

Abrí los ojos para encontrarme con su rostro efectivamente muy cerca del mío, su mano
derecha acarició mi mejilla y como acto reflejo me recosté en el calor que me brindaba
su palma, su mirada era penetrante, decidida... La intensidad de sus ojos me traspasó
perturbándome, los ojos de Kook eran exóticos de ese color negro aunque a veces
parecían grises, podía sentir como anulaban mi capacidad de razonar. Parpadeé,
sintiéndome repentinamente nervioso, sabía lo que él quería y no iba a mentirme yo
también lo quería, lo había extrañado estos días. Tragué grueso y dejé que mi lengua
humedeciera mis labios resecos.

—No estaba durmiendo—él sonrió

¡Por Dios, Tae! Tu capacidad para decir tonteras no tiene límites.

—Uno de mis nuevos placeres es verte cuando estás con los ojos cerrados, plácidamente.
Eres tan hermoso—musitó en voz baja antes de que sus labios rozaran mi boca.

Me dejé llevar por el sincronizado movimiento de sus labios contra los míos, me besó sin
pausas y luego dejó un pequeño beso antes de separarse de mí.

¡Joder, como extrañaba sus besos!

—Tenemos que entrar —por su tono de voz no supe si me lo decía a mí o a él mismo. Un


chico de valet parking, tomó las llaves de Kook cuando él salió y abrió mi puerta
tomándome de su brazo. El hotel era hermoso, moderno y vanguardista; estaba decorado
en tonos primarios parecía estar dotado con lo último en tecnología,tenía muchas luces...
Era completamente hermoso.

Kook entregó las tarjetas en recepción y un chico nos guió; caminamos hacia el salón
donde se llevaba a cabo la fiesta por la inauguración, era amplio y tenía vista hacia las
piscinas del hotel, tres para ser exactos. Iluminado con luces blancas y las mesas
ubicadas estratégicamente para que hubiese espacio suficiente para que los invitados
pudiesen bailar.
—Vamos a mi mesa—no entendí por qué me recalcaba ese hecho.

—Por si no lo sabías, aquí hay una mesa con mi nombre, también tengo una invitación—
bufé.

—Sí, pero tú eres mi acompañante, no yo el tuyo—dijo pagado de sí mismo

¿Qué lo puso de mal genio?

—Como sea—respondí exasperado siguiéndole la corriente, no era buen momento para


discutir en público.

—No veo a Jin por ningún lado, conociendo al imbécil que tiene por marido lo más seguro
es que se tarden— musitó peinando su cabello hacia atrás.

—Deja de hacer eso, estropearas tu peinado y es la primera vez que no tienes aspecto
de haber estado follando en algún lado.

—Eso tengo que solucionarlo entonces, es mi imagen la que está en juego, Dulzura—dijo
pícaramente, pero todo se vino abajo cuando siguió con su preocupación por Jin—¿lo
ves? Yo no lo veo.

Rodé mis ojos de manera impaciente.

¿No capta que me tiene excitado y que su preocupación por el ex alumno mata mi

libido? Que no te importe. Tú, tranquilo. Lo importante aquí es el libro. No estás celoso,
él te importa un cuerno. Hay sexo para todos y ya llegará tu turno.

¡Joder! Tae modo cínico. Eso sí que es nuevo.

—¡Kook!—no habíamos dado tres pasos cuando la voz de una mujer lo llamó. Respiró
resignado y se giró.

—Mamá—dijo abrazando a la mujer que había visto en la fiesta de la Fundación.

—Kook... ¿Por qué?—fue todo lo que dijo la mujer cuando él se soltó del abrazo.

Seojoon, asintió en dirección a mí, agarrando los hombros de su mujer.

—Rose, no es el momento ni el lugar —con el pulgar, le quitaba una lágrima que corría por
la mejilla.

—Pero es tu vi...—Kook la estrechó en un abrazo y la meció.

—¡Qué sorpresa encontrarlos aquí!— sin duda, quería un punto de quiebre en la


conversación.

—Uno de los socios del hotel es mi paciente—la respuesta fue animada— y me dio varias
invitaciones.

—¿Están todos aquí? —Kook retrocedió para mirar la cara de Rose, pero no la soltó del
abrazo.

—Sí —ella respondió con voz quebrada.


Kook estaba incómodo, podía verlo en su postura tensa y su mandíbula apretada,
intentaba darle tranquilidad a su madre, pero se veía nervioso. Descontrolado ¿Qué le
pasará a la dama?

—Tae —retrocedió para mirar la cara de Rose, pero no la soltó del abrazo —, necesito
hablar con mi madre — asentí.

Seojoon me ofreció su brazo, antes de tomarlo vi como Rose y Kook salían del salón por
la puerta que daba a los jardines. Su mesa estaba en el extremo opuesto de las mesas
de sus padres y hermanos, pero la mía, la que estaba a nombre de Kim Taehyung, estaba
dispuesta al lado de Mina. .

—Vaya que lío esto de las mesas— dijo Seojoon, midiendo con los ojos la distancia.

—Nos quedaremos aquí—opté por lo lógico—, supongo que a Kook le gustaráque estemos
cerca—el hombre volvió a sonreír—. Si me disculpa, iré al baño.

De un momento a otro, me sentía algo nervioso de estar solo en una mesa con toda la
familia de Kook, ese no era el plan que tenía. El sanitario estaba desocupado ¡Qué lujo!
Una belleza de espejos, de porcelana y grifería. Me paré frente al espejo y lavé mis
manos.

¡Sí que estás guapa, Kim Tae!

¿Y de qué te sirve? Mira tu entorno: un baño de hombres. Lujoso, pero baño... Y, ¡solo!

¿Qué demonios se creía Kook?

¡Así me gusta, Tae! Dite a ti mismo que es lo que Kook se cree.

Se cree... se cree ¡amo y señor!

¡Claro que sí! Me saca de mi casa y luego me deja solo en esta fiesta en donde no
conozco absolutamente a nadie. Estaba saliendo del baño cuando me vi a quien venia en
direccion al baño de al frente.

—¿Taehyung?

—Jeon Mina, estaba enfundada en un vestido azul eléctrico, se veía radiante y muy
hermosa, su cabellera morena y su pálida piel hacían contraste con el tono del vestido.

—Hola, Mina.

—¡Whoa, chico! te juro que si no te veo bien no te reconozco, estás realmente guapo.

—Reconozco que me veo diferente sin mis zapatones, mis gorras y mis pantalones cortos
pero tú te ves impresionante, Mina.

—Sip... Wonho dijo lo mismo. ¿Estás aquí por la inauguración del hotel?

—Sí, mi mesa está al lado de ustedes.

—¡Qué bien!, te digo un secreto, odio estos tipos de eventos, pero papá insistió que
viniéramos, solo faltó Kook.
Me debatí entre si decirle o no que él había venido conmigo cuando el celular de Mina
sonó y aproveché el momento para hacerle una señal de despedida. Afuera, parecía que
todos los invitados habían llegado pero no veía a Kook, por ninguna parte.

¡Joder! Yo no quería venir, pero él insistió tanto ¿y para qué? Para dejarme solo
mientras habla con mami.

—Tae—Jin estaba en uno de los salones adyacentes—, que bueno que decidiste venir,
ven conmigo—dijo tomándome de la mano. Su cabello rubio estaba peinado para atras
dejando descubierta su frente, vestia un traje blanco que lo hacia parecer un angel,
ahora entiendo por Kook sigue enamorado de él, es realmente hermoso.

Llegamos al salón y Jin se movió entre la multitud hasta que nos acercamos donde
estaba el hombre que reconocí como su esposo. Si de lejos el tipo estaba buenísimo, de
cerca era un Dios bajado del Olimpo; tenía el cabello corto, muy corto al estilo militar,
una pequeña barba cubría su mentón formando un candado, el traje gris hecho a su
medida y para completar su outfit unos lentes cuadrados finos y elegantes, sonreía de
medio lado mientras hablaba con varias personas entre ellas el Doctor Onew, que
también se veía muy apuesto. Junto a él estaba la pelirroja que habíamos visto un mes
atrás, Jimin y yo.

—Nam —él frunció el ceño—Namjoon—se corrigió, de inmediato, Jin.

—¿Dónde estabas, mio bello marito?—preguntó el hombre, pasando su mano


posesivamente en su cintura.

—Me encontré con Tae, es el chico del que te hable, el escritor.

—¡Kim Taehyung!—el Doctor Onew me dio un ligero beso en la mejilla, asentí


cortésmente mientras él me presentaba a su esposa. Podía sentir la inquisidora y
peligrosa mirada del esposo de Jin evaluándome, evidentemente, no me tenía confianza.

—Él escritor—no me gustó el tono con que recalcó mi profesión.

—Kim Taehyung—me presenté dándole mi mano, él la tomó suavemente sin soltar a Jin.

—Tendremos que hablar en algún momento de la noche —dijo suavemente su acento


extranjero era bastante sexy.

—Por supuesto—iba a decir algo más, pero el sonido del micrófono nos hizo mirar en
dirección del pequeño pódium en un costado del salón. Jin, el marido de Jin, Mina, el
padre y el hermano de Mina. . . y de Kook ¡Nada! La ceremonia de inauguración
comenzaba y yo estaba solo.
—Es por eso —dijo un hombre— que para mí es un placer presentarles al arquitecto y
creador de esta obra, el señor Kim Namjoon—la sala estalló en aplausos y el arquitecto
subió.

Su esposo resplandecía de orgullo. Saqué el celular de mi bolsillo y le envié un mensaje a


Kook, una vez enviado lo guarde sin esperar respuesta. Más que ponerle atención a lo que
decía Kim, me dediqué a observar la interacción que tenía con su esposo.

El lo miraba con adoración y él, daba la impresión que evitaba mirarlo. Nam como Jin lo
llamaba, era duro, tenía algo en su mirada que lo hacía ver como un pedazo de hielo,
como un hombre huraño; podía ser despiadado y cruel pero en los breves momentos en
que sus ojos se posaban en Jin algo cambiaba; no era amor absoluto e irracional como el
que Onew mostraba a su mujer, o devoción como Yoongi le profesaba a Jimin, no había
ternura como Seojoon y Rose o complicidad como Mina y Wonho, ese hombre tenía algo
más... algo tremendo y oscuro que despertaba mi vena curiosa con solo verlo interactuar.
Pero, también era magnética. Su voz fuerte, sus sonrisas ladinas tenían atrapados a
todos los asistentes a la ceremonia, el hombre era magnético y enigmático. Sí, sería un
excelente personaje de novela. Jin quería que escribiera su historia y yo lo haría...

—¿Por qué no estás en mi mesa?— Kook llegó molesto a mi lado

—No iba a estar solo y rodeado de gente extraña—resople ¿Me dejó solo una hora y
venía a reclamarme? ¡Já! Su impulso de furia se aplacó cuando estallaron los aplausos. La
audiencia celebraba el discurso de Kim Namjoon.

—Payaso—lo dijo muy bajo pero pude leer sus labios.

Jin se acercó a nosotros, mientras Namjoon se quedaba con algunos hombres trajeados,
Kook apenas lo vio, sacó su sonrisa más coqueta.

—Pensé que no vendrías—dijo el, abrazándolo.

—Vine más por ti que por él —señaló a Namjoon que en ese momento hablaba con unos
señores—. ¿Cuándo volverás?

—No lo sé, todo depende de Tae— dijo mirándome.

—Está bien, ya lo he pensado—dije sonriendo—. Voy a escribir tu libro, pero no como una
biografía, será tu historia pero mis personajes. Jin me abrazó con fuerza y, como un
niño pequeño, comenzó a dar giros conmigo, hasta que la voz de Namjoon irrumpió.

—¿Qué haces principe?

—Nam—se apartó de mí tomando la mano de su esposo— Tae aceptó escribir nuestra


historia—parecía un niño mimado a que le habían cumplido un deseo.
La mirada que el hombre me dio, estaba cargada de desconfianza, me hacía sentir
pequeño y debatirme si esto era lo correcto. Namjoon parecía una persona que no le
temblaba la mano a la hora de imponer su ley. Su mirada pasó de mí, hacia mi
acompañante.

—Ahh, Jeon Jungkook, no puedo decir que es un placer tenerte aquí.

—En eso estamos igual, Kim.

No pude evitar reírme parecían dos machos cavernícolas: Tú, Kim; yo, Jeon. El, es mio—
obvio, que es Jin—. Fue fácil imaginarse como arrastraban de las greñas al rubio, objeto
de todas sus atenciones. En un acto reflejo, toqué mis cabello. El ambiente se volvió
tenso, Kook apretó su agarre en mi cintura con fuerza.

—Taehyung y yo nos vamos a nuestra mesa.

—¿Vinieron juntos?—Jin exclamó.

—Sí.

—Por lo menos, vine en su automóvil

—es distinto llegar a una fiesta con alguien que venir con alguien ¿verdad?

—¿En qué mesa están?

—Ciento diez—habló como escupiendo las palabras.

—No, con los Jeon, están todos instalados como una gran familia — precisó Namjoon, su
mirada nuevamente en mí, me pareció que por extensión, me consideraba igual que Kook:
una contrariedad que solo aceptaba por amor a su esposo.

Kook cruzó miradas conmigo, ya lo conocía y sabía que le molestaba el repentino interés
de Namjoon hacia mí, pero a esta altura de la noche, me importaba muy poco su ánimo.

—Jin, tengo que saludar a unos accionistas, acompáñame —el asintió.

—Nos vemos— mi futuro socio literario, el se despedía.

—Tenemos un baile pendiente y no me voy sin quemar esta pista, contigo — Jin sonrió
ante la ocurrencia de mi “novio” y asintió. Namjoon frunció su ceño.

Caminé delante de Kook y me fui directo a mi mesa, no podía creer que le había
coqueteado enfrente de mí y de su marido.

Es un imbécil, un idiota... ¡un maldito cabrón!

Al llegar a la mesa, tenía rabia conmigo mismo ¿a qué vine a esta fiesta? podía haberle
mandado un texto a Jin diciéndole que accedía a ser el que escribiera su historia y
evitarme este mal rato. El chico que había conocido en casa de Kook sonrió al verme
sentar y luego palmeó el hombro de Kook, junto a él había una chica que reconocí como la
misma del baile de salón. Mina y el chico de las cabinas Wonho también estaban ahí.

—Veo que el noviazgo va bien—solo era que Yugyeom dijera esas palabras para sentir
varios pares de ojos en mi humanidad, si ya me sentía incómodo con la situación, ¡Ahora
me sentía simplemente genial!

Mi sarcasmo quedó claro ¿verdad?

—¿Noviazgo?—preguntó Jeon Rose asombrada. Su mirada se encontró con la de Kook


pero no dijo nada, de hecho nadie dijo nada.

Esta familia es rara.

—Supongo que no te molesta que baile con tu novio—Eunbi me lo dijo en forma


graciosa— él es mi pareja oficial en la pista—y de forma cómplice aclaró— de otra
manera, me moriría de aburrimiento en estas fiestas.

—Oh, ningún problema, yo no soy bueno para eso —no sé por qué, pero sentí necesidad
de justificar que mi “novio” no me eligiera a mí para un baile.

Vi a la señora Jeon levantarse de su silla y una gota de sudor recorrió mi cuello Venía
directo a mí, se sentó a mi lado y tomó mi mano entre las de ella.

—Jungkook puede parecer un hombre sin sentimientos —dijo en voz baja—; cuando sus
padres murieron no lloró, cuando lo llevaron al orfanato tampoco lo hizo; a los dieciséis
le dijo a Seojoon que quería vivir solo. Puede parecerte obtuso en algunas ocasiones, o
petulante en otras, pero es un buen chico —iba a hablar pero Rose no me dejo

—. Hazlo feliz... el tiempo que dure, hazlo feliz—dijo antes de levantarse.

¿Hacerlo feliz el tiempo que dure?

¡El muy idiota le contó a su madre nuestro acuerdo!

Indignado por el descubrimiento, busqué con quien descargarme pero, solo quedaba
Yugyeom en la mesa. ¡Joder! En esta familia, todos bailan.

—Tu mamá tiene razón.

¿En qué tiene razón?

—Solo nos estamos conociendo, Yugyeom —le dije dejando mi mirada trancada en Kook,
que se movía suavemente junto a su cuñada.

—Tengo dos pies izquierdos —dijo e indicó a la pareja que yo miraba.

—¿Qué? — lo miré sin entender.

—Si no hubiese sido por Kook, nunca hubiese podido practicar esgrima.

—Me lo imagino, tu hermano tiene vocación pedagógica.


—¿Qué? —me miró sin entender, y negué haciendo un ademan que lo olvidara—A veces,
creo que mis padres atravesaron una barra de hierro en mi columna.

—¿Así de rígido?

—Por eso, Eunbi nunca baila conmigo cuando viene a este tipo de eventos.

—Te vi bailar con ella en la fiesta de salón—respondí sin mirarlo.

—Ella me conduce pero, en ocasiones, es aburrido para ella — sonrió.

—Por eso baila con Kook— puntualicé.

—Mi hermano no es una mala persona, solo es una oveja descarriada.

—Yo diría que más bien es un perro sin collar —musité y Yugyeom me mostró una sonrisa
lobuna, Eunbi volvió a la mesa y busqué con la mirada a Kook.

—Se quedó en la pista con su amigo —lo busqué con más ahínco justo para verlo bailar
con Jin, el tenía su cabeza en su pecho mientras él lo conducía suavemente por el salón
mientras la música suave se dejaba escuchar.

Era extraño que un hombre con la aparente posesividad de Namjoon accediera a eso. En
fin lo permitiera o no, sentí mi cuerpo arder.

¡Joder! No es que me muera por bailar, pero... ¡soy su pareja!

Decálogo por medio, yo era su pareja y no solo me abandonó desde que llegamos sino que
además, ha bailado con todos, menos conmigo. Me levanté dispuesto a irme de esa
maldita fiesta pero mis planes cambiaron; antes que pudiera dar siquiera dos pasos, la
mano de Kim Namjoon se cerró en mi muñeca.

—¿Me concede una pieza, joven?

¡Al diablo! ¿Por qué no?

Me llevó al centro de la pista antes de colocar su mano en mi espalda baja y entrelazar


nuestras manos y empezar a movernos. Seguí sus pasos torpemente mientras lo
escuchaba sonreír.

—Tienes dos pies izquierdos —dijo burlonamente—, Jin era igual cuando lo conocí.

El caporal mayor de la Cofradía

“Adoradores de Sor Jin”

—Pero ahora es muy buen bailarin —susurré sin dejar de observar como el y Kook se
deslizaban por el salón.

—Sé lo que está pensando. Y se equivoca, el es mío.—puntualizó.


—¿Es por ello, puede bailar así de íntima con otro, sin molestarte?

—Ese no es otro, es Jeon—no supe cómo interpretar el tono con que lo dijo

— ¿Confianza?

Más bien, incapacidad de él para lograr algo más con Jin por mucho que él insistiera.

—Entiendo.

Dio un giro y me obstaculizó la vista, con un apriete en el lugar correcto hizo que
tensara mi espalda y que lo mirara a los ojos.

—No estoy muy de acuerdo en que Seokjin hable sobre nosotros con alguien—cambió
bruscamente de tema —, menos si ese alguien es un recomendado de Jungkook.

—Soy escritor, Señor Kim, no un recomendado del amigo de su esposo.

Se detuvo un momento, mirándome como si descubriera algo nuevo en mi persona, negó


con la cabeza y siguió bailando.

¡Este hombre está loco!

—Cuando mi hijo Woojin nació, me juré a mí mismo hacer lo posible para que el fuese
feliz. Por primera, y única vez, le he dicho lo que en verdad siento por el así que, si a el
le hace feliz contar nuestra historia, yo lo aceptaré. Solo que tengo mis condiciones.

—¡Oh, por supuesto!

—¿Tiene claro que el acuerdo es entre usted y mi esposo, no con su editorial?

No sé porque pero el tono de su voz fue imperativo y yo me sentí como un pajarillo a


punto de ser destripado. Tragué en seco y lo observé de manera tímida, casi rogando
porque su estatura no me asfixiara.

—Sí, señor—¿por qué le digo señor si no soy su sumiso?

—¿Tiene abogado, o va a confiar en el acuerdo que preparará mi equipo jurídico?

—Que su equipo lo redacte, yo lo reviso con un abogado amigo.

—El le estará confiando nuestra vida.

—Tendrá mi total discreción— susurré casi sin aire, el pajarillo, en este caso yo, estaba
contra las rejas tratando de que una mano cruel no lo degollara.

—Quiero leer el manuscrito antes que lo envíe a edición o alguna editorial— decretó—, si
no me gusta lo que hay allí escrito se le pagará por su servicio y usted eliminará
cualquier copia de ese archivo.
—Señor, eso no puedo aceptarlo. No me está contratando como escritor, me está dando
material para que yo escriba un libro. Me miró con cara inexpresiva, pero sus ojos tenían
un brillo extraño.

—Disfrute la velada—dijo soltándome.

—Gracias.

—Tae—desanduvo los pasos y me enfrentó desde su hielo—, usted es mucho hombre


para ese niñito delicado que tiene por amante.

Lo miré con los ojos muy abiertos.

—No sé qué le habrá dicho...

—Ustedes dos irradian sexo....

—¿Su esposo y Kook, no?—muy dominante sería pero su esposo bailaba con otro muy
afectuosamente.

—Es muy listo pero, muy reprimido.

Puedo presentir el fuego que guarda y que su amante todavía no saca.

—Y todo eso, ¿solo con mirarme?

—Es fácil, usted es como Jin cuando llego a mis manos.

¿Igual que Jin?

Se alejó, lo vi perderse entre la multitud en dirección al jardín, seguí mi impulso y fui


tras de él.

—¿Me está diciendo que soy sumiso y quiero que Kook...? —dejé la frase sin terminar
cuando Kim Namjoon se giró mirándome seriamente.

—No. El hombre te mira como si fueses una presa y tú, ardes de los celos porque está
bailando con mi esposo, pero tu actitud está muy lejana a la sumisión. Él tampoco es un
dominante; es un niño que cree que, porque ha leído unos cuantos libros y experimentado
cosas, sabe lo suficiente de sexo como para creerse tu tutor, pero no es más que un
pobre bobalicón que no sabe lo que quiere y tiene. Desafortunadamente, tú estás igual o
peor que él —se giró y me dio la espalda.

—Señor Kim...

—No me interesa su vida sexual, joven Taehyung, pero como le dije anteriormente usted
me recuerda a Seokjin y voy a arriesgarme a decirle lo mismo que le dije a el en ese
entonces: proteja su corazón o sentirá como se lo sacan del cuerpo para pisotearlo ante
sus propios ojos —hizo una pausa para respirar profundo—. Si siente que está en esa
posición en este momento, huya, porque su derrota no solo arrasará con su voluntad... la
destruirá. Ya debería saberlo, esto nunca se trata de solo sexo.

—¡Taehyung!—la voz de Kook se escuchaba encolerizada—, llevo horas buscándote—


exageró, entre dientes.

—Si estuvieses más pendiente de el y menos de MI ESPOSO —acentuó el "mi esposo" o


al menos, eso creí—, sabrías donde estaba.

—No te metas en lo que no te importa, Kim —siseó Kook entre dientes.

—Estás siendo un maleducado y, haciendo pasar al joven por un momento incómodo—


Namjoon se mostró altivo—. Solo te digo lo que es obvio.

—No quiero ser grosero, pero...

—Recuerde lo que le he dicho, Taehyung, solo usted puede saber cuándo es necesario
decir basta — Namjoon me miró tan intenso como si fuese un pedazo de hierro caliente.

—Le agradezco, pero...

—¡Créame!, será demasiado para usted; aunque parezca fuerte, en el fondo es débil—
murmuró lacónicamente.

—Déjalo tranquilo —Kook me tomó de la mano.

—Jeon—escupió el apellido— no tengo que recordarte que detesto que aceches a mi


esposo.

—Somos amigos aunque no te guste, Kim. Si tan solo...

— “...te hubieses demorado unos años más, el hubiese sido mío” — Namjoon completó la
frase de Kook.

—Encajaste tus dientes en el y el veneno lo consumió—fue rotundo en su acotación.

¿Tengo que escuchar esto?

—Se casó conmigo, me eligió a mí… acéptalo perdiste.

Kook apretó su mandíbula, pero no se quedó callado.

—No formo parte de tu legión de sumisos, si el me acepta, yo sigo. ¡Me importa un


carajo si te incomoda!

Allí, frente a mí, estaban peleando estos dos hombres, algo del pasado se zanjaba en ese
momento ¿Seokjin?

Dos machos alfas, ambos peleaban con el arma más poderosa que tenían: la sensualidad y
el poder que emanaba de sus cuerpos y yo ¿Qué jodida puta hacía en medio de todo
esto?
—Tae, si en verdad quiere conocimiento, yo puedo ayudarlo.

Conozco lo suficiente de sexo como para explicarle cada experiencia sin siquiera tener
que tocarlo o que usted me toque.

¡¿Qué?! ¿Me estaba invitando a que yo fuera parte de este enfrentamiento?

—Ni lo intentes, Namjoon... el sí que es mío—el muy idiota me estaba utilizando como
trofeo.

Estaba pasmado, pero la postura de Kook era desafiante, la vena de su frente parecía
estar a punto de estallar, podía ver su rabia contenida.

—Recuerde lo que hablamos, Tae— ignoró sus palabras, sonrió y me pasó una pequeña
tarjeta, pero antes que pudiese siquiera tomarla, Kook jaló mi brazo.

—Nos vamos, Taehyung—su amarre era fuerte.

—Me lastimas —murmuré entre dientes lo más bajo que pude. Él me soltó suavemente.

—Se hace tarde —insistió y yo, esquivé su presencia y me dirigí a Namjoon.

—Namjoon, gracias por sus consejos—acepté la tarjeta— estaremos en contacto.

—¿Ya? ¿Podemos irnos ahora?

¡Me hartaste, Jungkook!

—Kook, si quieres irte, adelante, nadie te detiene. Total he pasado solo casi toda la
noche—sin más pasé a su lado empujándolo un poco, sentí a alguien reír y supuse que
había sido Namjoon.

Cuando iba a entrar al salón Jin venía saliendo.

—¡Tae!

—Es una farsa, Jin, no somos nada —dije, por si pensaba disculparse por acaparar a mi
"novio".

—¡Taehyung!—yo corría, Kook me seguía, ese había sido nuestro patrón desde el
comienzo—¡Taehyung, detente!—y al final él siempre me atrapaba—¡Puedes esperar,
hombre!— tomó mi muñeca con fuerza.

—¿No estabas tan apurado?—me solté con fuerza.

—¡¿Qué diablos hacías a solas con Kim Namjoon?!—su voz era dura.

—Hablar —le respondí, fastidiado.

—¡Con un demonio, Taehyung!— gritaba enojado—. Yo estaba ahí, el maldito te propuso...


—¡Lo mismo que tú!—lo acusé. Él me empujó contra la muralla y me inmovilizó con su
cuerpo.

—¿Si? Pero tú no vas a aceptar— rotundo.

—¿Quieres que lo discutamos aquí?

—No tengo problemas ¿Y tú?— enarcó una de sus cejas retándome.

—Esto no es un folladero. No estamos en una de tus clases.

Varias mujeres que salían del baño nos miraron con descortesía. Kook me liberó de la
prisión de sus brazos, se pasó la mano por el cabello y presionó el puente de su nariz.

—Nos vamos—ordenó

—No me des órdenes.

—Por tus pies o en mis hombros, tú decides—me amenazó con su dedo índice.

—Necesito entrar al baño.

—Te esperaré aquí.

Estuve apoyado en el lavamanos hasta que recuperé mi aire, pero no estaba calmado, las
palabras de esos dos portentos de testosterona taladraban mi cabeza, necesitaba
despejarme para poder entender todo con claridad y si seguía en la fiesta, nunca lo iba a
lograr. Cuando salí, Kook estaba rodeado de mujeres que le hablaban y lo miraban como
si fuese un pedazo de carne. Él escuchaba, aparentemente, atento, pero sabía que
estaba intranquilo, se tomaba el puente de la nariz y cerraba los ojos.

—Podemos irnos—dije secamente, él asintió se disculpó con su club de fans y juntos


salimos del hotel.

El viaje de regreso a mi departamento fue completamente en silencio, y agradecía a Dios


que fuese así, ya que, en este momento no estaba para una conversación cordial. Kook
llevaba el ceño fruncido y murmuraba cosas entre dientes, golpeando el volante del
coche sin darme una sola mirada. Condujo en la mitad del tiempo que le había tomado al
salir, respiré profundamente mirando la hora en mi reloj, era casi media noche cuando
introdujo el auto en el sótano, el viaje en el elevador fue igual de silencioso que en el
auto y a estas alturas estaba perdiendo la poca paciencia que me quedaba.

—Di algo o lárgate antes que esto se ponga feo—le dije abriendo la puerta de mi
departamento, estaba oscuro por lo que supuse que Yeon estaba dormido ya.

Caminé hasta la mesa encontrando una pequeña nota:

“Tae:

Jimin y Yoongi me invitaron a

celebrar, me quedaré a dormir en su casa.

Espero que veas esta nota.


Besos”

No me contestó. Pero lo sentí detrás de mí y me giré para encararlo.

—¡Nunca más me invites a una fiesta si piensas estar con otros y a mí, dejarme
botado!—estaba atragantado con eso, por fin podía gritárselo a la cara.

—¿Botado? ¡Si estuviste coqueteando toda la noche con Kim Namjoon!

¿Qué? este hombre está desvariando.

—Claro, ahora la culpa es mía ¡típico!—ironicé—. No tengo por qué darte una maldita
explicación de lo que estaba o no haciendo, pero para que puedas dormir tranquilo solo
estábamos hablando... ¡Hablando!

—¡No te creo! Conozco a ese bastardo.

—No seas ridículo —estaba agotado

—. Mira, ir a esa fiesta fue mala idea.

Lo mejor es que te vayas a tu casa.

Ahora.

Kook pasó la mano por su cabello antes de mirarme de frente.

—¿Te satisface saber que otros hombres desean poseerte?

Me giré completamente, harto de la situación, estaba agotado y no tenía ánimos para


discutir, quería quedarme solo y pensar así que lo ignoré. Me fui a la cocina, saqué un
refresco de la nevera y lo abrí dándole un sorbo largo; sentí sus pasos antes que su
mano tomara mi brazo girándome violentamente

—¡Contéstame, por un demonio!— gritó.

Bufé, lo miré con ironía, pero seguí callado, él estaba siendo irracional y esta
conversación carecía de lógica. No había sido yo él que había pasado la mayor parte de la
noche bailando con diferentes personas.

—¿Vas a llamarlo, Taehyung?—su agarre fue agresivo— ¿Vas a pedirle que te instruya?
¿Dejarás que te ate y que te pegue? Quizás es eso lo que necesitas ¿no? es lo que te
falta por disfrutar.

Maldición él no había dicho eso...

—¿Y qué sí es así? ¿Vas a oponerte? ¿Y, por qué? si no somos nada. Tus actos me lo
demostraron toda la noche.

—Entonces, ¿fue porque te sentiste abandonado? ¿Se trata de un tipo de venganza o


algo así?—se soltó la corbata y se pasó la mano por el pelo— ¡Maldición, Tae! yo puedo
darte todo lo que necesitas ¡Yo puedo enseñarte todo lo que deseas saber!—sus ojos
parecían inyectados de sangre, la ira le desfiguraba la cara.

—Namjoon solo se ofreció a ayudarme a conocer más el mundo de la dominación y la


sumisión, sin llevarlo a la práctica, no quería aprovecharse de la situación como lo hiciste
tú —lo acusé.

—¿Lo deseas, Taehyung?—caminó furioso contra mí.

—¡Ya basta, Kook! Es mejor que te vayas

—No me tomes por idiota.

—No te tomo ni por idiota ni por nada.

—Tú y yo tenemos un acuerdo.

—Exacto, un acuerdo que se rompe fácil. Basta que uno de los dos salga con otro y listo:
será como si nunca nos hubiéramos conocido —respondí con ironía.

Me alejé de él unos pasos pero, me jaló encerrándome entre sus brazos y atrapando mis
labios con los de él. Su beso era fiero y posesivo, con la ira brotando de los dos. Lo
mordí, mis manos trataron en golpearlo pero él parecía poseído, no me dejaba maniobrar.
Me pareció que era su intento de demostrarme que yo no necesitaba a nadie más. Le
devolví el beso con la misma intensidad, ¿podría él, bastarse conmigo? Lo ataqué con mi
lengua, jalé sus cabellos, mordí sus labios, me restregaba contra él con furia, quería que
mi cuerpo absorbiera su cuerpo. Así era mi furia. Kook tomó mis cabellos rompiendo el
beso.

—Solo yo puedo hacer que tu corazón se acelere así, Taehyung—lo empujé fuertemente
haciéndolo trastabillar.

—¿Y qué mérito tiene eso? Solo es cuestión de práctica—grité, limpiándome los labios
con mi brazo, su mano tiró de la mía acorralándome de nuevo—¡Basta!—luché contra él—
no soy tu maldita posesión, ¡No soy tu trofeo!

Respiró profundo, tomó distancia y me miró como si estuviera tomando conciencia de lo


que estaba aconteciendo.

—¡Esto no debería pasar!—respiró profundamente y pareciendo más aplacado, pasó su


mano por el cabello.

—¿Por qué no? —yo estaba lejos de calmarme—. Eres un hijo de puta arrogante y yo un
idiota que te buscó para escribir un libro —le di una risa amarga.

—No quiero que otro te toque, No quiero que él—remarcó “él”— te toque.

Poco duró su calma.


—Entonces, ese es el problema: Shin Seokjin y Kim Namjoon—me miró con extrañeza—.
¿Cómo no lo vi antes? Mi propuesta te puso en bandeja de plata la oportunidad de
vengarte de Nam—le di tres golpes con mi mano apuñada en el pecho.

—¿¡De qué demonios estás hablando!?

—Él me dijo que yo era igual a Jin cuando lo conocieron —no dejé que me
interrumpiera— ¡Es que fui un tonto! un estúpido, todo este tiempo. ¡Tú me estas
utilizando para, al menos, empatarle a Namjoon en esta guerra estúpida que tienen!

Bajó la cabeza y un atisbo de sonrisa se escapó de sus labios, movió las manos
acomodando su cabello para luego lentamente contestar desde su superioridad.

—Nos hemos utilizado Taehyung, tú me satisfaces sexualmente y yo te doy


herramientas para que escribas tu puta historia. Sexo por conocimientos, no me vengas
a decir ahora que yo me aproveché de ti cuando tú también lo has disfrutado, tú viniste
a mí, yo solo tomé lo que me ofreciste —una opresión extraña ahogó mi pecho.

—No lo niegas, entonces.

—¡Es sexo! No te ilusiones, Dulzura —se estaba burlando de mí y yo estaba frente a él


haciendo el mejor papel de estúpido.

—No—negué con la cabeza— no me ilusiono, me quedó claro que tu amor frustrado por
Jin es lo que nos tiene metidos en esto—respiré profundo y me afirmé en mis talones—.
Quiero terminar el acuerdo.

—No te inventes pretextos para terminar algo a lo que aún le queda tiempo—no gritó,
pero su voz grave estaba cargada de rabia.

—Namjoon lo dijo—puse mi mejor cara irónica— él sabe más que tú de esto. Te llamó
niñato bobalicón que cree que por leer libros, lo sabe todo — disfruté decirle eso.—Si
crees que me interesa su opinión, es que no entiendes nada —se limitó a responder, sus
ojos eran dos piedras frías que me traspasaban, pero aún así no me amilané

—Te equivocas. Reconozco que aprendí de sexo contigo, pero ¡ya está!, vete de una
maldita vez.

—¡No! ¡No! ¡Maldición! Estás haciendo de todo un gran lío y ¡no lo voy a permitir!

—Es que no tienes que permitir nada, se acabó y ¡Ya!

—¡Estás siendo irracional!—gritó, luego me arrinconó contra el muro y me habló con un


tono calmado— Mira, siento haberte dejado solo cuando llegamos a la fiesta, siento
haberte gritado en el baño del hotel...

Me escapé de sus brazos y no lo dejé terminar.

—¡Vete!

—Tae, tenemos que calmarnos.

—No quiero calmarme, quiero que desaparezcas de mi vida —sentencié con voz firme.
—No vamos a terminar, Taehyung...

Aquí no tiene que ver nada Jin y mucho menos el imbécil de Namjoon, esto se trata de ti
y de mí —acarició mi rostro—Dulzura, solo me volví loco cuando te vi con él. Yo...—
respiró profundamente—. Tienes que entender.

—Ya entendí todo.

—No, no entiendes nada ¿cómo puedes entender algo que ni yo puedo? ... Tú me gustas,
Taehyung.

—Kook, yo no te gusto. Eso no es más que tu orgullo herido.

—No, no. No, yo sé que no debería ser así, no debería suceder así pero está pasando. Tú,
me gustas, no... joder, tú ¡me importas! Me importas.

—Estoy cansado y quiero que te vayas—no me iba a detener en palabras dichas para que
se las llevara el viento

—. Gracias por la fiesta, estuvo genial, me ayudó a entender muchas cosas. Creo que ya
sé lo suficiente de sexo como para terminar la historia así que...

—¡Ni te atrevas a terminar esa frase! —respiró profundo y su voz salió entrecortada—
Voy a irme. Ambos estamos exhaustos y exaltados, pero escucha bien: tú decidiste
empezar este juego pero, yo voy a decidir cuándo terminar. Si antes esto era un ridículo
acuerdo, ahora se convirtió en algo personal.

El portazo que dio cuando salió me hizo saltar. Se había ido, estaba solo y la tristeza me
invadió, respiré profundo y controlé mis ganas de sentarme en el suelo y llorar hasta
quedar deshidratada, así que fui hasta el baño, me miré en el espejo y comencé a
mojarme la cara.

“Algo personal” ¡Ja, Kook! Como te atreves a decir que yo te gusto, peor aún, ¡que te
importo! eso es completamente ilógico, en el hipotético caso que sea cierto sin duda es
por razones equivocadas...

¡Joder! ¿Te atreverías a decir que tener sexo placentero con Kook es una razón
equivocada?

Sacudí mi cabeza, como si pudiera expulsar lejos esos pensamientos y comencé a


peinarme, después, me saqué los zapatos y cuando estaba a punto de lanzarme a la cama,
sonó el timbre.

¿Será que Yeon se aburrió y vuelve a casa o que mi vecina otra vez se le acabó el hielo
para sus margaritas?

Abrí la puerta y Jungkook entró como una tromba, sus manos sujetaron mis caderas y se
estrechó contra mí hasta que ya no hubo espacio entre nosotros.
—Entiende una cosa Kim Taehyung , ¡Tú eres mío!—me arrimó contra la pared, con una
mano sostenía mi nuca y me obligaba a mirarle—este Tae ardiente, húmeda y ansioso por
mis besos me pertenece, yo lo cree y no voy a permitir que nadie más te toque, menos
cuando estoy tan confuso con respecto a ti—esas fueron las últimas palabras que
escuché de su boca antes de perderme en la locura de sus besos y caricias fieras.

Tiene razón, éste Tae, antes de él, no existía.

¿Soy de él? ¿Le pertenezco?

¡Nooo! ¡Yo soy mío!

No quise pensar más, con Kook se trataba de sentir, así que eso hice, anudé mis manos a
su cuello y devoré su boca. Me impulsé cuando tomó mi trasero y me invitó a que rodeara
su cintura con mis piernas.

¡Reconócelo! Te mueres por él y sus caricias. Reconoce que desde que firmaron el
ridículo decálogo, tu vida es otra, en este mes y medio aprendiste más de sentimientos y
emoción que en toda tu vida.

—Kook, no podemos —beso—no me he vuelto a poner la ampolla.

—¡A la mierda la ampolla—beso mi cuello con lujuria— te deseo, Dulzura— besaba mi


boca como si no hubiese mañana.

—¡Oh Joder!

Pero no, mi maldita habitación estaba a mil kilómetros para nuestros deseos y no había
Tantra ni previa que nos frenara, me acorralo contra la pared y yo, aunque intente no
dejarme llevar, caí rápidamente bajo sus deseos.

¿Vas a dejar que te someta a su deseo cada vez que quiera?

No es mala idea.

¿Serás su sumiso?

¿Yo, sumiso? ¿Con él? ¡Ja!

Con Minjae si lo era. ¡Qué más sumiso que esperarlo virgen y enamorado!

Kook me empotró contra la pared con su primera embestida haciéndome gemir

¿De placer? ¿De dolor? ¿Importa? Tae, ¡mírate!, estás agarrado a él como si fuera tu

salvavidas.

¿Qué era el placer si no estaba acompañado de un poco de dolor? ¿No era eso lo que
Seokjin profesaba?
¡No! No te vayas por ese camino, Tae. Esto se trata de ti, de ti y de todos los orgasmos
que Kook pueda darte.

Con el ruido del zipper de su pantalón, mi boxer desapareció. ¿De verdad, Tae, piensas
que ya tienes bastante de Kook y sus clases?

La primera estocada de Kook fue rápida, era la primera vez que su deseo traspasaba mi
bienestar, era como si quisiera marcarme con su esencia. Gemí y me aferré a sus
hombros intentando apartarlo un segundo, sus ojos no hacían contacto con los míos,
estaban fijos a un punto inexistente en la pared tras de mí.

—Kook... ¡Mírame!—no lo hizo. Volvió a embestirme esta vez, con una fuerza inusitada.

¿Lo sientes, Tae?

El fuego de su ferocidad en vez de asustarme me animó a quemarme, daba paso al


cosquilleo ya conocido en mi bajo vientre, siseé y le devolví la embestida, desesperado,
frenético, por encontrar el ritmo. La ropa molestaba, pero no era impedimento. Mis
dientes traspasaron su camisa, mientras él chocaba mi espalda contra el concreto.

El sabor metalizado de la sangre de Kook me incitó a ir por más y con un movimiento


rápido, bajé su pantalón del todo y agarré sus nalgas. Él rugió, su miembro se hinchó en
mi interior.

Un sonido ronco, gutural, casi animal inundó toda mi casa. Mis ojos se llenaron de
lágrimas, Kook se liberaba en mi interior, inundándome de placer. Por varios segundos, el
único sonido que nos rodeó fue el errático compás de nuestra respiración.

—Kook—sus ojos cansados se encontraron con los míos, unió nuestros labios, esta vez
lento, suave con un roce tierno que me dejó sorprendido,

—Tae...—me acomodó entre sus brazos caminando torpemente hasta llevarme a mi cama
dejándome bajo su cuerpo fuerte y macizo, dándome besos flojos por mis parpados, mi
nariz y mis mejillas, mientras mi corazón intentaba regularizar su latido.

—Kook—toqué su cara quitando los mechones mojados de sudor que estaban pegados en
su frente, mis ojos observaban los de él, no podía leerlos, quería saberlo todo pero solo
veía tristeza ¿Kook triste?

—Esto no puede pasar, ¿entiendes?...

No hay tiempo, Dulzura, no hay tiempo.

No entendía la fiereza de su entrada, ni sus palabras en este momento, y antes que


pudiera decirle algo volvió a besarme, eran besos dulces los que acompañaban sus
embestidas. Esta vez, no había carrera, era un vaivén acompasado que le daba ritmo a
nuestros gemidos, era una pasión controlada, con miradas ardientes y manos
entrelazadas, con los corazones latiendo al mismo tiempo y diciéndonos palabras sin
hablar, encontramos juntos el clímax.

—Me gustas, Taehyung, me importas y mucho, como nunca pensé que alguien podría
importarme.

¿Le importo? Le importas, Tae. El idiota arrogante y sexual Jeon Jungkook te dice que
le importas y esa es una verdad más grande que la de Minjae, que te juró por años que
te amaba ¿Qué más había que entender?

Salió de mi cuerpo con delicadeza y ternura, tomó mi mano y me llevó a mi cuarto de


baño en silencio me desnudó, se desnudó y juntos, nos dimos una ducha rápida. El
elefante rosado volando entre nosotros. Tomó una toalla y secó mi cuerpo con
dedicación, me acostó en la cama. Me dio un beso dulce en la frente y se acomodó a mi
lado; a los minutos, su respiración me indicó que estaba durmiendo. No pude resistir el
impulso, me alcé y me acomodé para verlo. Me sentía extrañamente feliz y necesitaba
mirarlo a la cara, no me importaba que estuviese durmiendo, solo quería verlo y
emocionarme tranquilo al recodar sus palabras: Me importas más que nadie. Si era
verdad o no, a esta altura del acuerdo poco importaba, estaba escribiendo el mejor libro
erótico de mi vida y yo, siguiendo todas las enseñanzas del enigmático y arrogante
Doctor Sex, había descubierto que entregándome a sus deseos, exploraba los míos y que
sus caricias traían la vida a mi cuerpo.

Sí, me había entregado a su piel, a su cuerpo, a su sexo y como buen alumno, aprendí de
todo y ya, no tenía miedo.
EPÍLOGO

No se trataba del yin y del yan, no. Ellos eran diferentes. Durante el sexo, podían
ser iguales, pero el resto del tiempo, las diferencias pesaban, sobre todo para
Danielle, que de niña dulce, entregada al amor de Caleb pasó a ser la voluptuosidad
personificada a la que el amor le estorbaba. ¿Cómo podía creer que él lo decía en
serio? No, sus palabras de amor estaban fundadas en la lujuria que recorría sus
cuerpos al momento que la piel se rozaba.

¿Qué él la amaba? ¿Él? ¿Un hombre que tenía el mundo a sus pies, que con solo
chasquear los dedos tenía en su cama a cualquier mujer y, a quien la vida tenía
reservado el triunfo?

Un hombre así no la podía amar... no la debería amar.

¿Qué hacía ella con ese amor?

¿Qué podía hacer con el corazón de un hombre como Caleb en sus manos?

Nada, porque el miedo la paraliza y no es capaz de asumir tanta responsabilidad.

—No soy buena Caleb, no soy quien tú crees, no podemos pensar en un para
siempre.

— ¿Por qué no? Y, si eres buena, muy buena en la cama.

—Si hablamos de pasión y sexo, somos muy buenos folladores, pero tú hablas de
amor.

—Te amo.

—No me ames Caleb, quizás no soy tan fuerte.

Suspiré fuertemente pasándome las manos por el rostro y mi pelo, estaba solo en casa,
en mi cuarto, donde aún mis sábanas olían a él, una de las principales razones por la que
no quería que entrara a mi cama era porque, apenas cerraba mis ojos volvía a repasar
cada minuto vivido la otra noche en esta habitación y se me aparecía en las paredes,
como un letrero luminoso, la frase ME IMPORTAS.

No sabía cómo tomarla. Follábamos como conejos, obvio que teníamos que sentir algún
tipo de atracción el uno con el otro. Yo la sentía, pero la controlaba y no veía la
necesidad de declararla.

Era un acuerdo, un simple acuerdo que tenía fecha de caducidad.

Ahora, todo era muy confuso, ni él ni yo tratamos de comunicarnos ¿habrá dado por
terminadas las clases?

Mi libro, el causante de todo este embrollo, aún no estaba terminado pero, podía
arreglármelas solo, ahora tenía una noción más amplia sobre el erotismo y creo que con
eso me bastaba.

Negué con mi cabeza y quité mis lentes, solo habían pasado cuarenta y cinco días desde
que había perdido mi virginidad con el hombre más sensual y erótico de Corea y mi
mundo entero se ha transformado:

Yeonjun ya no era el mocoso en busca de atención como lo era cuando llego a vivir
conmigo.

Jimin y Yoongi iban a agrandar la familia con ese segundo bebé.

Hoseok ya no era el hombre más guapo de la tierra y es un imbécil.

Tengo escrito más de la mitad de un libro erótico que jamás pensé que escribiría.

Y, Jeon Jungkook es un cabrón delicioso y me gusta...

Pero como dice él, no hay tiempo y este es un contrato que se acaba en menos de
cuarenta días... si es que no se acabó ya.

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