0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 54 vistas52 páginasSabato - La Política en Las-Calles (Selección)
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido,
reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
74 La politica en las calles
8 Tim Disnean: “La. prensa politica: ‘Susamérica’, 1884-1892". en
Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo (comps,): La Argentina del ochenta al
centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980.
Cf, ‘T, unean: "La prensa politica...” y J, Ramos: Desencuen:
tos... Sole los limites de la libertad de’ prensa ver Alberto Lettieri
Si Castrucston del vangesiso en log tnieieg det sistema politico me:
gerno argentina (1852-1868)" en Anuario de Estudios Americanos, val.
LIL, N°2, 1895 (Sevilla).
4 Sobre El Mosquito ver Ema Cibettt: “Et Mosquito de Enrique Stein,
un eenplo de periodismo faccioso en la década del 60°, trabajo pre:
sentado en las Cuartas Jornadas Interescuelas/ Departamentos de
Historia de las Universidades Nacionales, Mar del Plata, 1993,
‘Lae referencias a Ia prensa de las colectividades abundan en la
bibliogafia dedicada a los inmigrantes en la Argentina. Menciono a
contin acién los trabajos que han sido mas stiles a nuestro enfoque
‘Samuel Baily: "The Role of Two Newspapers and the Assimilation of the
allans {t1 Bucnos Aires and Sao Paulo, 1893-1913", en International
Migration Review. vol.12, N° 3, 1978; Ema Cibottl: "Periodismo politico
y politea pertodistica, 1a construccién de una opinion italiana en cl
Buenas Aires finisecular”, en Entrepasacios, N* 6, 1994, y "1880-1890,
tina déeada de prensa italiana en Buenos Aires. Liderazgo y trayectoria,
publics de sus principales hombres", Tesis de maesiria de FLACSO
[director: Natalio Botana), Buenos Aires, 1995: Beatriz Guaragna y
Norma Trinchitella: "La revolucion de 1880 segin la optica de los
peridd cos de la colectividad italiana’, trabajo presentado en las Jomna-
das sire Inmigracion, pluralisme ¢ integracién, Buenos Aires, 1984;
Alejantro y Fabsin Herrero: “A propésite de la prensa espariola en
Buenos Alves, B] estudio de un easo: El Correo Esparol (1872-1875) en
Anuaro de Estudios Americanos, Tomo XLIX. N* 1, 1992 (Sevilla); Ro-
berto Mantes: “EI Correo Espario! y las pricticas de interyencién de la
colonia espaniola en la esfera plblica portena. Buenos Aires, 1872-
1875", Buenos Aires, 1993 (mimeo)
© Censo municipal de 1887. tomo I
© Sobre Ia prensa italiana, ver los artieulos de Ema Cibotti. Sobre la
espanola, el Lrabajo de Roberto Montes arriba citado.
“Sobre este toma, fos ejemplos sbundan. Ver, entre otros, fa colo-
‘acién de Bl Correo Espafiol en los meses previos a la revolucién mi-
Insta de 1874, que finalmente le costé la clausura entre octubre de ese
ano y comienzos de} siguiente. En R. Montes: “El Correo Espartol y las
practicas...". Para los diarlos Ktallanos, ver las postucas durante la
Sucesiin presidenctal de 1880 y el conflicto de ese ano en la ciudad en
, Cibotll; “1880-1890: una década..." y en H. Sabato y E. Cibottt
“Hacer politica en Buenos Aires”
“CE Alberto Lettieri: La formacion dal sistema politico moderno.
Legitimidad, opinién pribliea y diseurso parlamentario. Argentina, 1862-
1568. Buenos Aires, Cuadernos del Instituto Ravignani, N’ 8, 1995 y
“La construccién del consenso.
Segunda parteCapitulo 3
Los dias de elecciénCONVENIO SOLEMNE
{celebrado en la Parroguta de La Piedad en ocasion,
dde las clecetones det 1° de febrero de 1874)
Reunidos en sesién y en cumplimiento de su mandato, las
Comisiones representantes de las dos fracciones politicas en que
se divicie la Parroquia de ta Pietiad: por una parte y como nom
brados por el Club del Partido det General Mitre, D. Juan J. La
nusse. D. José M. Huergo, D. Juan J. Castro, D. Antonio Lanusse
y D. Gregorio Gallegos; por ta otra parie y como designados por el
Glu que sostiene ta candidatura del Dr. D. Adolfo Alsina, los
senores Coronel D. Alvaro Barros, D. Mariano Marcé, D. Marcos
Paz, D, Luis N. Basatl y D. Manuel J. Sanabria, han concurrido en
lo siguiente:
Art. 1° Tanto de uno como de otro bando entrardn a sufragar
en ntimero de tres clucadanos altemdndase hasta las 2 de ta tarde,
Art, 2° Defar a la suerte la designacién de cudles sean los tres
ciudadanos que prmeramente han de voiar.
Art, 3° Nombrar una comisién de dos miembros de ambos partt
dos. que permaneceré en el airio o en el lugar que crea mas
conveniente a fin de clasificar los votantes y resolver las dudas
dificultades que se presenten al respecto.
Art. 4°. A medida que la eleccién se vaya efectuando, la mesa
receptora recojeré la boleia del sufragante.
Art. 5° Los representantes de los dos partidos estlin obligados
a hacer retirar a los individuos que hayan votado a sus respectt
vos Clubs,
Art. 6° Después de las dos de la tarde, los votos se recibirdn en
la proporcién correspondiente al nimero de sufragantes que que
daran sin votar en cada bando, es decir. si fuesen cien contra
cincuenta, votardin del primero dos y det segundo uno, previa
clasificacién,
Art. 7° La clasificacién se hard en numero igual de carla bancto:
“aq Principidndase esta media hora antes de la votacidn, en caso te80 La politica en las calles
que aiguno de los bandos demorara el envio de los suyos clasift
cados, la comisién ordenara que los del otra contintien,
Art, B° Terminada la votacion, fos miembros de cada banda se
retiraran de sus respectivos clubes y del lugar de la votacién,
para gisolverse tomando en rumbos opuestos.
Art, 9° Bl escrutinéo se hard solamente en presencia de la Co
misién que designa el articulo tercera, la que debera ser nombra
da por los respectivos Clubs y de los Presidentes y Vices de cada
und de ellos,
Art, 10° Stendo el objeio de este convenio et que las eleeciones
fengan lugar tranquita y honorablemente como corresponde al
estacic de civilizactén del pais. nos obligamos solemnemente a
consemar et orden y comtriburr a que ta fey sen cumplica fiel
severamente par todos tos medias @ nnesiro nlcance. Y en prueba
do lo nectado, empenando nuestra palabra de honor, Jirmamos
Gio esia tenor. en Pxtenos Aires « freinta y tao de enero de mil
dochoeienios seteria y ctiatro
Juerr José Lanusse - José Maria Huergo - Manuel , Sanabria -
Mares Paz « Anionio Lanusse - Mariano Mareé - Alvaro Barros
Luis N. Basail - Juan José Castro - Gregorio Gallegos.
{La Tribuna, 1/2/1874]
aS
Los dias de eleccién 81
Votar: gpara qué?
La vida politica de Buenos Aires estuve atravesada por la
ivalidad entre partidos y facciones que luchacan por conquistar
€1 poder local, provineisl y nacional. Los métados para lograrlo
fueron diversos, pero para alcanzar los puestas de gobierno las
leyes establecian un camino obligado, las elecciones, que en las
décadas de 1860 y 1870 se realizaron puntua.mente para desig-
nar diputados nacionales y provinciales, clestores para presi-
dente y vice € integrantes de los gobiernos municipales. En un
afio cualquiera, era habitual que hubiese einco, seis o aun mas
convecatorias clectorales'
Para ganar elecciones cra necesario, en principio, captar vo
tos. A su vez, en el ejercicio del derecho a vote se condensatva la
esencia del sistema representativo establecido por la Consti-
fucién de 1859, Las clecciones aparecian asi coma un mee:
ismo clave en Ia relacion entre gobernantes y gobernads. 1s
tos, en Buenos Aires, gozaban desde 1821 del derecho 2 voto
sin limitaciones censatarias ni de capacidad, siempre quie fie
ran hombres, adultos, y naeidos en el pais o naturalizados. En
la practica, sin embargo, muy poca gente cfercia su derecio.
ePor que?
Algunas interpretaciones hablan, como vimos, de cludadania
restringida y de limitaciones efectivas al sulradio, Menciovan
también Ia presencia miasiva de inmigtantes cue elegian no na-
cionalizarse y. por lo tanto, se mantenian fure'a del sistema sin
poder volar. Esta actitud se ha interpretade como sintoma de
indiferencia de quienes habrian estado mas Interesados en
atender a sus intereses privados que en buscar la partcipacion
politica. Pero los argentinos, que por ley tenian derecho a vot
en su mayorfa tampoco lo hacian. Nuevamente: por que?
Para acercarnos @ una respuesta, invertiremos la pregunta:
gPor qué votaban quienes efechvamente lo haeian? 'O mejor:
@Qué significaba votar en Buenos Aires? Y para volver a nuesiro
interrrgante inicial: Como funcionaban ef sufiagio y las etce-
clones desde el punto de vista de la relacion entre gobernantes
y gobernados?
En este capitulo y cn los tres que siguen se ensaya una
aproximacion a estas cuestiones a partir de las practicas electo
rales, que explora la dinamica de fos comicios y el perlit de los
votantes (capitulo 9), los mecanismos de reclutamienta y wnovilt-
zacion (capitulo 4) y los resultados, los debates y la repercuston
pliblica de las elecciones (capitulo 8}.82 La potitica en tas calles
Las normas electorales
Dada la relevancta del sufragio para et sistema institucional
desde temprano se discutieron y pusieron en prictica disposi-
cones legales para regular e} proceso elvetoral. Hubo intentos
Sitvesivos de perfeccionar las leyes segiin las preacupaciones de
cxda momento (véase capitulo 6) y las normas fueron cada vez
mas detailadas. En Buenos Aires, las clecciones se regian por
lun conjunto de dispostciones legales de alcance municipal, pro:
vineial y nacional. Hasta 1862 seguia vigente, casi sin Variacio-
nes, la ley provincial de 1821, pero después de la unificacion
nacional, chidad y provincia se ajustaron # las leyes dictadas
por o} Congreso de la Nacion en los afios 1863, 1873 y 1877 y
kes provinciales de 1864 y 1876. Estas regulaban la préctica
ecetoral fijando los distriios y seeciones, los requisites y meca~
hismos de empadronamiento, las caracteristicas de las “asam-
bleas clectorales", las formas de escrutinio y los procedimientos
dz convaltdacian’y xpulacion de los resultadys del comicic*
an aspectos Iviidameniales que condicionaban efectivamente
Jos procesos electorales.
a ciudad de Buenos Aires estuvo siempre dividida en seceio-
nes que corvespondian a diferentes parroquias®. En ta década
del GU ascendian a doce: Balvanera, Barracas ai Norte o Santa
uicia, Catedral al Norte o la Merced, Catedral al Sur, Concep:
con, Monserrat, Piedad, Pilar, San Miguel, San Nicolés, San
Telmo y el Socorro, Bn la década siguiente se agregaron San
Gristébal y San Juan Evangelista (véase Mapa 1)
Tas mesas clectorales debian establecerse en el atrio de las
iglesias parrogitiales correspondientes “para que la chidadania
campliera con sti obligacién clectoral bajo cl august amparo de
Flos..." La composieion de esas mesas era crucial para contro-
lar el comicio y fue variando segtin las diferentes normas clecto-
rales. Antes de que se dietara la ley nacional de 1863, las
autoridades de cada mesa cran designadas por los vecinos pre-
sentes a Ja hora de comenzar el comicio. A partir de ese afio se
estableald que cacla seccion debia estar presidida por un juez de
paz, acumpanado de cuatro vecinas designados por sortco entre
los presentes el dia del comicio y dos nombrados por la Legis
tura, tambien por sorteo a partir de una nomina de yeinte
vzcines. Esta composicion fue modificada diez anos mas tarde,
por fa ley de 1873, que establecia que cada mesa estaria a cargo
Se cinco ciudadanos titulares y cinco suplentes, designados por
sortco entre veinte cludadanos dei registro elegidos por una
ae
Los dias de eleccion 83
junta especial, Integrada por el presidence de la Legislatura. ct
del Tribunal Superior de Justicia y un jez federal de seccion.
El papel del jucz de paz se limitaba a eniregar el registro a las,
autoridades de la mesa, Se autorizaba a ‘es partidos a designar
observadores, que actuarian como fiscales
En cuanto a los votantes, acgin la Corctitucion provincial de
1854, “la atribucion del sufragio popular es un derecho inhi
vente a la calidad de cludadano argentine y un debes...” (2
48), Por su parte, las leyes provinciales y nacionales otorgeban
el derecho a voto a todos los varones adultos {mayores de 17 0
de 18 aos, segdn los momentos) nacidos 0 naturalizades ar-
gentines, con excepcion de “los dementes”, “los condenados
pena infamante”, los eclesidsticos, fos enrolados en fs tropas de
linea y los sordomudes que ne supieran leer ni escribir. Los
extranjeros podian votar en las elecciones muntespales, aunque
para ellos se establecian requisitos de capacidad y propiedad,
del todo ausenies cn el caso de los argentinos, segin las leyes.
organicas de 1854, 1865 y 1876.
Hasta 1883 no habia padrén previo, aunque Jos chudadanos
que deseaban votar en una parroquia debian tener domictlio
conocido en ella; quedaba a cargo de las autoridades de ia my
aceptar 0 no @ quien se presentaba a votar. Este debia acredi-
tar, ademas, que habia cumplido con sus obligaciones militares,
presentando su papeleta de inscripelén en la Guardia Nacional,
Stera aceptado como sufragante, procedia a emitir publicamen-
te su voto que se anotaba en dos registros. La ley de 1863
establecié por primera vez el Registro Civico, que estaba a car~
go de una junta calificadora, formada por el juez de paz de ca~
da seccién y dos vecinos nombrados per et Poder Ejecutivo.
All. podian’ inscribirse con anticipacton los adultos de cada
parroquia enrolades en Ia Guardia Nacional. requisito este !
fimo que suprimié Ja ley de 1877. Una vez formado cl pa-
drén, que incluia los nombres de quienes habian ido a inscri
birse y habian sido aceptados por la junta, debia exhibirse cn
tun lugar accesible a todos los ciudadancs. EI registro era ento-
bes voluntaria y personal. El voto, por su parte, seguia siendo
publico.
En 1873 se introduce Ia urna en reemplazo de las actas de
votantes y el voto se hace por escrito. “en boletas de papel
Blanco... que expresen el notabre y apellido del suiragante, cl
niimero de inseripcion y el nombre de las personas por quienes
se dé" (art. 24), Estas boletas se entregaban al presidente de ia
junta receptora, quien las depositaba en la urna. Séio al final
de Ia jornada, cuando a las cuatro de la tarde se cerraba cl
comicio, se hacia el recuente de votos y vatantes, y se pracedtiase La politica en las calles
al eserutinto, Luego de anunclar paiblicamente los resultados,
Jas autoridades de ta mesa remitian la documentacion al Poder
Legis ative, a quicn correspondia la iltima palabra sobre la
Validez del acto electoral y la prociamacién de los eandidatos
triun ‘antes,
Hasta aqui las dSsposiciones basieas que regian el acto electo-
ral, que eran el marco legal dentvo del cual se desaisollaban los
comieios. La crecients puntillosidad de las reglamentaciones, 1a
multiplicacién de normas y la preocupacion inanifiesta en las
leyes por dar mayor transparentia a las clecciones no parecian
aieetar demasiado la realidad electoral portena: una sucesion
Ge vetaciones en que 1s competencia violenta y Ja movilizacion
fucciosa so alternaban con la indiferencia generalizada y la abs-
tencisn,
Los dias de elecetén
17 de enero de 1860 La Tribuna se quejaba de “la calma
que ha reinade en Jas cleeoiones munieipales... que ha rayado
en Ia indliferencia™ y en Julio del mismo ato volvia a observar
muy poco animadas estuvieron las clecciones de diputados.
Solo en cinco parroguias se pude formar mesa..."™. Esta situa:
cidn se repetia con frecuencia y en diferentes tpos de eleccio-
nes. Asi, por ejemplo, no se logré siquiera reunir las mesas en
Ja tuitad de las parroguias de Buenos Aires en las elecciones a
Giputedos nacionales en diciembre de 1860, marzo de 1867,
eneva de 1868, junio de 1869 y enero de 1872: en las de repre-
senizntes a la Legislatura provincial en junio de 1860, agosto
Ue 1868 y junio de 1870; en las de electores municipales en
mnaye de 1869, noviembre y diciembre de 1870 y diciembre de
IB. Para designar convencionales en 1871 y 1872 hubo que
convocar a clecciones siete veces. porque no fograban reunirse
las esas en la mayoria de las parroquias’
El panorama podit cambiar radicaimente, trasmutando cal-
ma y apatia en agitacion e intervencién activa. “El dia de hoy
‘an esperado come cl en que se fuera a dar una gran batalla ha
ilegado por fin": asi anunclaba La Tribuna cl advenimiento de
una -crnada electoral en febrero de 1864 y, un mes mas tarde,
en pcasion de otra eleccién, el diario era elocuente: “Un verda-
uero campo de Agramonte ha sido cada parroquia en Ins alti-
mas clecciones". La palabra “desorden” aparece una y otra ver
tarneterizando los dias de comicio en Ios diarios, informes poli-
Ciales y relatos de estas décadas. ¥ junto con ella, la palabra
vviolenct:
a aeaaee
ae aS
gees
ae
Los dias de eleceion 85
gComo eran, pues, estos agitados dias de comicio? 2Qué
saba en los atrios? Las escenas se repiten aio tras ano. En el
relato de los contemparaneos
Primera escena, El lugar: la iglesia parroquial de La Merced.
La fecha: 29 de diciembre de 1863. La ocasion: elecciones munt
cipales complementarias. El narrador: un testiga de Ia época,
Felix Armesto. .
acute, 8 0 patos rm dicho de as mes 5. con eomdanie
clecetén {...) c ae :
Fre famia fa indignacion de los venckos, que como era de prietica
res. que ya fabian side prevenides, intradnjeron gran canta’. de
etemmentos de ws paras, y unos en Tae golriaa dela Iglesia y otros
ene! techo,trataren de reprimir el ataque, haciendo caer tina Iva de
cascotes sabre ls asaltantes
Tas pistolaa y demas arinas povtatiles de fuego, eran patsimonto de
tos ricos, 7 ef revolver, todavia my liperfecto, por to utc Ia lucha,
‘qieds casi Hbrada al simple y primitive eascolc, pucs se pelea a
distancia y et arma blanea oe seaervaba para los entreverns,
Lae sitiadores, mucho mis numerosos que lee sitios, descmpe
‘arabian la calle y se hacian transportar del Bao... ponchadas de caseo
tes, mientras que éstos arrancaban ladrilos se fos amucos y vanto
tenian cerea, dejan sin un azulejo ia exp de a iglesia,
{hes locales vecinos) eran refvgto de fas huestes enemigns, y desde
ah, como desde ia Lorre dela igiesi, se hacian cerferos impactos, en
Ia cabers y ojos de los gueereras de aunbos partidos... Br wna cura
de cireunterencia no quedata un vidrio entero, como enero no quede
tamipoco ningun ce tos combaltentes™.
Segunda escena. BI lugar: las parroquias de Buenos Aires. BL
momento: 27 de marzo de 1864. La ocasion: eleccion de legisla:
dores provinciales. E] narrador: diario La Tribuna, del 29 de
marzo.
“(En cada parroquia) han lueido las armas prohibidas y se ha hecho
cn grande uso de las ne prohibidas, (ode ha sido sataliola y eseanda-
Bou. Que ha sucedido?... Que las parroqulas han sido (eatre de Tos,
mismos eseandalos. Que el garrote, Ia piedra y el revolver han side les
larqumentos principales eon que uno de los Cluber bia iclo a los comi
clos, como lo prucban las heridas del Comandante Martinez y Orma, y
cl euichillo quitade en la Parrogitia de Monserrat por el Se, Blanco a un
pardo llamado Posse"86 1a politica en tas calles
Tercera escena. E} lugar: la parroguia de Balvanera. El mo-
mento: 1° de febrero de 1874. La ocasidn: eleccin de diputados
ihacionales. La fuente: Informe de [a Junta electoral presentado
ala Camara de Diputados de fa Nacidn, con fecha 10 de abril de
ese aio”,
«ta hora marcada por la Ley, ge instalé Ia mesa... comenzando
en segutds los sulraganles a emilir sus volos, previo acuerdo eelebra-
do por los des bandos, miristas y alsinistas, de emitir equelios alter-
nathamente. esto es, una de cada bande con la condicién de que
Gespuiés de las doce del dia cesaria Ja votacion alternativa en esa
forma, continuande despugs el mismo volo alternative, en 18 propor:
cia que resullara de a campulacion inmediata, que debia verificarse
mates de uno y otro bando.
ar el momento de rea adielin se produjo
urd (res cuartos de hora, resultando algunos muertos
or de Ia mesa eserutadora y en Ia calle interrumpién-
y herides alrede
dose ls elecoion
La Tribuna es mas elocuente en su deseripeton del mismo
cho!
“A las dace menos cies minutes el Comisarlo Estraordinarto, Te-
niente Corane! D. Rodalla Bunge, indicd la conveniencia de que 3¢
fiivicieean ios dos partidos en grupos distintes para hacer el recuento
comenico,
“Hizose asi... Bx la azolen de fa casa de enfrente a Balvanera, habia
an rumeroso grupo de gente del partido mitrista, que comenzé a gritar
cn ese momenta, dicienda que querian hacerles (rampa, Trabése una
lucha de uritos entre les del alrio y la azotea, cuando un momento
después de levantarse los de la mesa, se oycron [res tires. disparados
de fa azote, los gue fueron seguides de un fuego grancado que duré
inteumpide por momentos, como quince minutos. El resultado det
comaate fue: tres inuertos, y diez heridos”.!*
Cuarta escena. E} lugar: la parroquia de Balvanera. El mo-
merto: marzo de 1877. La ocasién: eleccién de senadores y
diputados pravineiales. El narrador: Leandro N. Alem (en carta
enviada al redactor de i Nacional}
“4 ls B y 20 de la manana me encontraba cn el atrio del templo
preseneiando la organieacion de las mesas escrutadoras, cuando me
Avisaron que dos grandes grupos armados a remington s¢ dirigian @ la
iglesia, En efecto. por la calle de la Pledad desembocaban cineuenta
hombres proximamente que, al Hegar @ un cuarto de cuadra del punto
43
Los dias de eleccién 37
conse me eneontraba, despiegaron en guerrilla preparando sus armas;
por ia calle Azcugnaga se acereaba ctro con ses armas myualmente
pecparadas. En ese momento cand un Uo... EL conflicta se produjo y
Gurante cinco minutos se eruzaron balas por una y otra parte. Los
faron y el orden y Ja tranquilidad quedaron restableet
Estas escenas se multiplican. Desérdenes, agitacion y violen.
cia cran In materia habitual con que se amasaban muchas
jornadas electorales. Cada “asamblea clectoral” aparece asi
como un combate donde el triunfo se asociaba estrechamente a
la victoria de las armas, Ne se habla Canto ce urnas 0 de vols
como de cascotes, punales y revoiveres. En este marca, el con
trol material del terreno adguiria singular tm2ortancia.
Entre nosotros se sabe cérno se ganar las cleeciones”. dec’
La Tribuna en 1864, “El que tiene la fuerza, roma las mesas y ¢}
que toma las mesas, gana las clecciones"”, Para “ampararse” de
una mesa, como se decia entonces. habia que lograr cl control
del atrio, pero tambien del patio de la igiesia, ia cttpula, tos
techos y las paredes. Este espacio sagrad:
para la ocasion. No parece que los curas parrocos tuv!
actuacién sistematica en el escenario eleciora! y solo muy
cepcionalmente se detecta su presencia durante ¢l comicio",
Mas de una vez la iglesia se dirigié a las autoridades civites
solicitando se dejara de lado Ja practica de rounir las mesas en
los atrios, pero la respuesta del gobierno fue siempre negativa y
como lo mutesira esta carta de 1874, terminante: *
los terminos de !a ley de clecciones y a la interpretacion qui
sido dada en las discustones del Congreso. nc es posibl
der a su pedido™.
El edificio parroquial se convertia, ademas, en ei centro de
espacio mayor que incluia los edificios vecinos, ia calle, las
azbieas, las rejas de los alrededores. En ese ambito la violencia
se ejercia en grados diferentes y en cada ocasién se abria toda
una gama de posibilidades de manera tal que no siempre se
terminaba en una batalla campal
trataba, sin duda, de una violencia organizada. El primer
acto tenia lugar a la hora de abrir el comicio, cuando iiegabat
el juez de paz a formar mess y et oficial de poitcia que tenia 4 su.
cargo vigilar el orden. Con alguna frecuencia, como vimos, re
haba la indiferencia electoral, no se ilegaba ni a reunir la mesa,
y cl comicio no podia realizarse. Pero en clecciones que se pre“
Sentaban reiidas, ése era un momento clave. Antes de 1873 las
autoridades de Ia mesa se elegian entre los veeinos presentes y
por lo tanto, alli se lipraba la primera batalla. en la que obvia
se desaoralizaba
en alencion a
e ha
ce88 La politica en las calles
mente el juez de paz que presidia cl comicio no era neutral,
Después de ese aft, los eserutadores venian ya designados por
In Lagislatura de manera que la pugna por ocupar esos espacios
tenia lugar antes de la jornada electoral y en otro ambito™
En ocasiones, e] comicio mismo no podia Mevarse adelante,
pero ne ya por auseneia de veemos, sino por maniobras del juez
de paz, que impedia la votacién y Ja “fabricaba” a su manera,
Sh general, sin embargo, los protagonistas de Tas horas siguien
{es eran otros: los supuestos votantes. Después de 1863, sola
mente los Inseriptos previamente en el registro podian serio,
pero la falstfieacion de bolelas y el robo y Ia alleracién de padro:
hes estaban a la orden del dia. Al mismo Uempo, no era infre-
cuente que contingentes ajenos a una parroquia irrumpieran en
ea para forgar o Impedir una votacion. Veamos a los votantes.
reales o supuestas, en accion
En ocasién de las clecciones ce legisladores provinciales de
marzo de 1864. por ejemplo,
Jos peones del Perrocaril Oeste presionaron para la formacion de
ja mesa en la parraguia de San Nicolas: reunidos en grupos, tmpedian
acerearse a los vecinos de la parroguiia mientras se hacia un simulaero
te vataeién para designar autorldades del comicio, en un angulo de ta
misma habitacion el Juez de Pax hacia el acta y freguaba el escrutinto.
Instelada la mesa, el grupo dueno de la sitvacion votaba repetidamen-
te impidiende hacerlo a sus rivates...".
Las clecciones municipales no eran mas tanguilas. En di-
ciembre de 1866 el Comisario al servicio de la Parroquia de la
Merced denunciaba que "en el momento de principiar a tomar
los votes de los chidacianos pretendieron varios marineros de la
Capitania dei Puerto apoderarse de la mesa para romperla..."».
En 1869, La Tribuna advertia con anterioridad de las manio-
bras que esperaba de sus rivales en la eleccion de senadores
provincial
= los Castristas... compran votos, no para el acto legal de Ta vota-
clon sino para asaltar fas mesas... Al elects estin designados los atro-
pelladores de las mesas de Balvancra y San Telmo. A la primera ird un
fai Moreno, gele de In esiacién del 11 de Setiembre, con les peones del
ferrocarril, y Ta gente comprada por Unzué. A la segunda iran los
carreros del senior Casares"
Ea Ja eleccién de diputados nactonales en enero de 1873 por
su parte, fambien segin La Tribunc,
Los dias de eteccion 89
‘en Monserrat... ha sido un eseandalo... la mayoria del veeindario
veneida por inscriptos indebldas y regimentados, a quienes se les
tenia en el mayor desorden y repartiéndales lieores espirituosos™™,
Vimos cémo en 1874, en Balvanera, mitristas y alsinistas
estaban organizados en bandos, volando uno de cada Zruipo
aiternativamente hasta cl micdiodta, y luego participando de 1a
gresca desatada cuando se vencié ei plazo que habia sido nego-
ciado por los jefes de ambas partes. Este tipo de historias no
provienen nicamente de fuentes opositoras a los partidos i
acusacién y aunque en ocasiones las descripeiones de los perk
dicos parecen un tanto exageradas y con toques de efecto, es pro-
bable que retrataran situaciones que resullaban familiares y ve-
rosimiles para los leciores acostumbrados a las lides electorates
Los protagonistas de todas estas lides eran, sin duda, fcr
movilizadas colectivamente, organizadas tanto para volar conto
para participar de la otra cara de la lucha electoral, la de la
vlolencfa. Formaban una tropa que tambien tenia sus ditigen-
tes, caudillos y caudiliejos que a su vez actuaban bajo el slgno
de algiin dirigente politico inayor. Junto a ellos, campartiendo
el comando, jivenes politicos, muchos de ellos pertenecientes 2
las familias distinguidas de Buenos Aires:
“Hay quien recuerda atin, Ja arrogante figura de José C. Paz —relata
Armesio— parado sobre el invro que forma angulo con el colegio de
Huérfanas y el atrio de fa iglesia [de la Merced), apostrofance a los
asallantes por una parte, animando a les suyos por otra; pero siempre
temerario y despreciativo del peligra... se le hacian repetides disparos,
no solo desde la calle sino desde el balcén de la esqutina, donde.
enise oltos, se encontraban Miguel Martinez de Hoz, Juan Chassaing y
Manuel Argerieh
Valentia, arrogancia, (ales virtudes debian demostrar los {6-
venes que formaban en las filas de las facciones politicas porte-
Bas como vanguardia de las fuerzas de combate en las eleccio-
nes y que también aparecian cumpliendo ese papel en la prensa
yen la barra de ta legislatura. Eran, también, oficiales
casi mitica Guardia Nacional portena
Cada dirigente debia poner en movimiento a sus chentelas.
Asi como cuenta Armesto:
“Paz encargaba a Garmendia que trajera sui turba, caltfirative con
que designaba a un grupo de siete u echo ex soliados det Gatalion
Castro... a los cuales capitaneaba el ebo Leonardo Gamez"90 La politica en las cates
La participacién et las elecciones estaba styeta, pues, a una
organtzacion meticulosa, Las fuerzas en pugna debian prepara
Se. construlr sus pequenos ejércitos de votantes dispucstos 60~
bre todo @ actuar, dirigidas por caudillos de distintes niveles,
arnar a los contingentes, organizar el mando, asegurar la ob:
Gienetas “Como en la vispera de una batalla, parcee que los
geles pasan revista a sus fuerzas y cuentan los hombres de
pelea de que pueden disponer el dia del combate,” observaba La
Triuna en 1874, ¥ el combate electoral tenia todos los in-
gredientes de una guerra: 1a movilizacion de huestes y su orga-
hizacién piramidal; la capacidad y disposicion de éstas para la
ioleneta; ef herofsmo. la lealtad y la obedicneia mostradas por
log protagonistas; Ia smportancia que se olorgaba al control
material del terreno: todo eveca la guerra, Era, sin embargo.
Una guerra limitada: el escenario era cerrado (el atrio), el ebjeti-
Vo efa exclusivamente ganar y mantener una posicidn (‘ampa-
Tarse de la mesa’), los partiespantes estaban definidos de ante-
iano y todo se resolvia en un dis. La violencia misma era
tambien Kimilada: eran contadas las veees en que se producia
aleuna muerte y las vielimas nunca eran figuras de primera
linea.
Mas atin, era una guerra vacia de carga dramatica que los
contemporancos enearaban con espiritu cast deportive. Para Fé
lix Armesio “ayucllas luchas, casi cuerpo a eerpo, en que sitla-
dos y sitiadores se combiaban mutuas injurias, tenian mucha
Ge los legendarios combates de la Edad Media, en que la pala~
bre acompanaba a Ja accion". Se trataba cast de un fuego. con
participantes que eran viejos conocidos, regias sabidas y respe-
Endas y resultados previsibles. La Tribuna expresaba elocuente
mente estas regis Dasieas en 1864:
‘A partic del aio $2 no hay eleceién, una sola, que ne se haya
ganado al ampare de In mayor o menor desireza de los partidos que
hat descendido at terreno de fa fucka.
Shel Club del Pueblo hubiese tenido elementos, se hrabria amparado
de las mesas y tuna ver en posesién de esas maquinas misteriosas de
fabricar votos, los babria fabricado por mlllares.
Come ese Club ha perdido la eleccién,
Gamo a pesar det apoyo que fe prestaba ta fuesza publica, no ha
potido ampararse de las mesas.
‘Como el Club Libertad ha mostrado la superioridad numérica de los
clnentos con que cuenta, La Nacién yrita y se escandaliza. Pero con-
ten qué? Contra lo mismo que ella hace...
Las dias de elecctin
rs
En los dias de eleccién, en fos atrios se median fuersas. “La
superioridad numérica” aparecia como un dato importante, pero
no tanto a la hora de contar los volos como a Ia de fabricarios.
Destreza y organizacién para la lucha eran los datos decisivos.
No era un métocio monopolizado por una u otra facciéa, sino un
mecanismo que formaba parte de un verdadero aparato electo
ral, cuya cara mas visible eran los comicios.
Los intentos por controlar los resultados electorales empeza-
ban antes del dia de la votacion y continvaban después. Son
conocidos, fos mecanismos de mantpulacién que se ponian en
marcha para “preparar” cada e¢leccién. Para las facciones cn
pugna se trataba, por una parte, de asegurar la designacion de
partidarios en las funciones clave: juez de paz, oficiales de poli-
cia ¢ integrantes de las juntas empadronadoras. Por otra parte,
8¢ operaba sobre el registro civico, discriminando en la inserip-
cién, inscribiendo a los vecinos de una parroquia en varias y
anolando a personajes inventados 0 muertos,
Palsas fueron las papeletas de enrolamiento. Falsas las boletas de
inscripcion. Falses los nombres con que un sole individus votaba has-
i siete veces en una parroquia y pasaba x hace: otro tanto en obra. Y
hasta estes Registros, esencialmente falsos, fueren alterades y aumen-
tados con otras que se [raguaban en los Comités para presentar a la
Junta Eserutadora,
~2Quien falsifica?
—Uno y otra —Mitristas y Alsinistas
Ambos partides Iucharon en el mundo del fraude desde @ primer
momento...
Asi replicaba cl autanomista La Tribuna a las acusaciones de
La Nacién, después de una de las votaciones mas cuestionadas
de la década, la de diputados nacionales de febrero de 1874
prensa se encargaba de publicar las denuncias de manspulacion
en la designacion y sorteo de las mesas empadronadoras y es-
crutadoras, de distribucién de papeletas falsas y de inseripeiin
fraudulenta, especialmente cuando invalucraban al partido con-
trario al de sus adhesiones.
Pero el ejercicio de Ia manipulacién previa en general no
aleanzaba para garantizar el irtunfo en las elecciones, aunque
hubo momentos en que el éxito de une u otro partido fo de
alguna coalicién) estuvo asegurado de antemano. La mayor par-
te del tiempo las facciones debieron competir también en el
terreno, desplegando sus contingentes de partidarios el dia del
cornieio para ganar por Ia fuerza y por los votos.92 La politica en fas calles
cQuiénes votaban?
ale largo de Ia década del 60 1a mayor parte de las elecciones
no aleanaaron @ atracr a wh millar de ‘personas, aunque en
Los dias de elecelén 23
periodo, las de las décadas del 20 y del 30 yepresentaban un 7%
de ta poblacién total, mientras que las de 1874 y 1880, en
cambio, apenas superaban ¢l 3% y no legaban al 2% del total
respectivamente. En la mayor parte de los comicios realizados
entre 1862 y 1880 los porcentajes cran aun mas bajos. La
inisma disminucién se registra en cuanto a la proporeion de
volantes efectivos sobre lus potenciales, pues mientras en los
anos 20 llegaba casi al 40%, en las décadas de 1860 y 1880 en
general no pasaba del 10% y sdlo excepcionalmente tepaba por
encima del 20%, Es decir, que apenas votaba la quinta parte de
los habititados para hacerlo®,
Aunque Ja legislacién era amplla, la participacién cra escasa.
Entonces: 2Quiénes votaban y quiénes no? No es facil averi=
guarlo. Los iestimonios de los contemporaneos sélo parcialmen-
te coinciden con los datos del registra eivico y las actas cleclo-
rales.
Ante cada cleecién, los diarios convocaban al eludadano a las
urnas. Sin embargo, al dia siguiente del comicio, su figura que-
daba relegada y otras presencias ocupaban el centro de los
relatos. En noviembre de 1863, en ocasion de las elecciones
municipales portenas, “{en} la Parroquia de San Nicolas gana-
ron las elecciones los peones del ferrocarril, pertencciente al
gobierno de la provincia*, mientras que cn las complementarias
de dictembre “(Jos heroes de la jornada fueron los empe-lrado-
Fes, peones de los corrales y alumbradores’. Al aho siguiente,
en las elecciones para la legislatura provincial, el Club Libertad
gané Ia partida cuando “jos peones del Ferrocarril Oeste
irumpieron tumultuosamente en El Socorr> al momento de
formarse la mesa’, mientras que, segiin La Tiibuna, el mitrista
Club del Pucbio habia contado con el concursa de “los marine-
tos de la Capitania del Puerto, que, a pesar de ser gricgos,
canarios y espafioles, votason como ciudadanes en La Merced"
Las figuras se repiten cn tos anos siguientes. Entre cllas, se
destacaban los peones del F.C, Oeste, quienes, acauidillados por
el conocido dirigente autonomista Luis Elordi, siempre fueron
protagonistas y cuyas irrupciones electorales todavia en 1879
cran denunciadas por La Nacién ¥. No eran los tinicos. Peones
de la aduana, marineros del puerto, carreros, cuarteadores. em-
pediradores, jornalcros empleados en barracas y galpones, todos
cllos seguian figurando como los prinetpales protagonistas de la
Jornada electoral. A veces se mencionaba el origen extranjero de
algunos participantes que, a pesar de la ley, habrian integrado
las fuerzas electorate: todos los casos fos votantes apare-
oOon La politica en las calles
cien como actores colectivas, nucleados segin su ocupacion y
hssclados en general a las capas rads bajas de Tos sectores
populares. Estos grupos no actuaban soles. y caudilios y dirl-
Beates de distinto nivel siempre figuraban en lugar prominente
Pr las relatos,
Los diarios facciosos enfatizaban en tono critico esa compost
clan al relerirse @ las fuerzas de sus oponentes, Io que —por
Contraste— habla mas del ideal del votante vigente entonces
gue de la composicton efectiva de tas huestes clectorales. Sin
embargo, esas imagenes debian resultar verosimiles para los
lectores, especialmente en el caso de fuentes —como algunos
in ormes policiales y articulos de la prensa mas independiente
gke, aunque no eran neutrales, tenian pretensiones de cierta
inparcialidad. Finalmente, aun tos propios dirigentes partida-
hoe se referian a sus testes en los mismos términos. Asi,
evocando al autonomisino, Julio A. Costa no oculta que:
este gcande y noble partido... era maestra en mianobras electorates
y de comite; y no le hacia asco al concurso de los peones de Adwana
hia) de tos de la lempieza, ni a los comisartos de ta policia™®.
Esta imagen de los protagonistas de las jornadas electorales
tiene sur contracara en la de los auscnics, aquellos que no
‘articipaban de los comicios. "A las elecciones no asisten por lo
general los hombres de cierta posicion social’, decia en 1878 ef
Dputado Leguizatnan, "no asisten los hombres de espiritu dé
bi, no asisten los ancianos...". Unos meses mas tarde La Tribu
na advertia: "La gente honrada, la gente seria... és0s 110 asisti-
rén a las elecciones™,
Tas cifras de participacion electoral hablan de una escasa
asistencia a los comicios por parte de qulenes estaban en condi-
Clones de hacerlo. Los testimonios subrayan, junto a la presen-
cin de actores de origen popular. identificados colectivamente,
ja lamativa ausencia de volantes provenientes de los scctores
redios y altos ce la ciudad. La escasa informacion proveniente
d: padranes ¥ actas electorales coincide sélo parcialmente con
esta imagen.
Contanos con los registros civicos de 1867 y 1878 para una
proporeion importante de las parroquias, donde se tncluye el
hombre de los inscriptos, profesion, domicilio, edad, estado civil
y grado de instruccion®. E] namero de votantes con frecuencia
fw Hegaba al cincuenta por cienlo de los anotados y por lo
tanto, los datos sobre éstos son un Indicador sélo aproximado
del perfil de los que efectivamente acudian al comicio. Ademas,
dado que fa confeceién de los registros era también un resulta-
Ae
Los dias de eleccion 35
Life es een eteceieaa= venient por tesa
probable que los hablen mane de a direcetn de los estacrzos
Fe esaaod Hi titra gabe enipatfonar oe We eee
te los potenesalea votnmtes, Seu esto ac rn Te fneiBencion de
fadrares jis sustituctin Ge personas shel memento ce fs
ontinuseign tiene un vatot muy relativo a a hora de earae
ser paenpncion clesteralfea en tas calles
96 La poli
Cuadro 3
Inseriptos en el registro civico de ta ciudad ce
Buenos Aires, 1864, 1867, 1869, 1873 y 1878
Numere total de inscriptos per parroquia
yano | 1964 _| 1ss7_| 1s69
Balvancra 250 [a8 | ta
FGaiechatal Note] 2467 [ 86 [207
| Cuiecratsi sur _|_ #3 or | 287 |
[
334 | s/d 332
[38s 229 r
355 [ nz
230 | ad
San Juan Evang?
{Son Signe 3
San Heolas 208
San Timo 320 |
rs I sid sia
a [58 758
Thisiy | 2.4 i651)
+ Ystas parroquias fueron ereadas hacia 1870,
Fuentes: Registro Civico de 1864, en La Tribuna, separatas. enero
186d; Registro, Civico de 1867. La Tuna y Bt Nacional. separatas
diciemare 1867; Registro Civico de 1869, 1873 y 1878 en Archivo
General de la Nacién, Sala X, Elecctones Nacionales (1864-92), 30-6-2,
y Blecciones. Padrones, Actas, Antecedentes, 30-9-3, 31-1-1 y 31-1-3.
Los dias de eleccton
Cuadro 2
Inseriptos en el registro ciuico de nueve parroguias de ta ciulad de
Buenos Aires, clasificados en grupos ocupacionates
1867 (en porcentajes)
Borroanies? [2 [2a | sa prea of tos
Balvaniera ae aS v6]
Catedral ai Norte] 30 38 at 21 [166
Catedral al Sur [29 56 if i 160
Monserrat 10 | 33 [8] 80 100
Piedad Sp si [ar as io —|
‘San Miguel 38 36 {22 6 7
San Nicelis 3 [3] a6} —a7 | a7
San Telmo 15, 12, 30, 43, 73 |
Socorro LC
Mota s pqs aa} aaa | a
Nota: Bl grupo 1 incluye # hacendados y proptetaries, militares, rentie-
las, profesionales (abogados. procuradotes, medicos. ele) y estudans
tes, Para 1878, cn la mayor parte de las pacroqutas, estos ultimos
constituyen el subgeupo mas lnnportante dentro del grupo |
El grupo 2 reune a quienes se vineulan al “cometcio
Bl grupo 3 incluye a los que aparecen con ecupaciones que corres-
ponden al mundo de los trabajadores. En el grupo 3.1 s¢ ha reunilo a
los dcpendientes, empleados y trabajadores en olicios relativamente
califieados (lipégtafos, carpinieros, sastres, ete.) aunque en muchos
casos Ia denominacién de un oficio ne alcanza para saber si se trata
de trabajo calificado 0 no. En el grupo 3.2 se ineluye a los jornaleros y
Peones. los sirvientes y los que declaran afieias poco eailfieados le
especial, aibaifl. pintor. carrero). En la mayor parte de las parroquls,
los joraleros y peones constituyen el subgrupo mas importante del
32.
Puente: Registro Civieo de 1867,96 La politica en las calles
cuadro $
Inseriptos en el registro cluleo de nueve parroquias de la ciudad de
Buenas Aires, clasificados seqiin grupos ocupacionales,
1878 fen porcenicjes)
Los dias de eleccion 92
cuadre 4
Inscriptos en et registro civico de la ctucdad de Buenos Aires,
clasificados por grupos de edad, 1867 y 1878
{fen poreentajes)
pasar ae
nA 1 1a7s
‘Ano | 1867
[Parroquias7|1? a 20[S0 a 4B]50 aftos| 17a D950 a 45]50 anos
Grupos edad__| ahos | aos hes. | atos
ner 33 [so [36
o/s | a/8
Balvanera
‘Catedral al N
[Catedral al 8
Concepcion.
I 1 38} 28 | 66
otal 9 pa 22 | 20 | 29 | 29 | 8
ova: Para
Fuente: Regi
iasificacion ceupacional, ver nota euadro 2
ro Civico de 1878,
La clasificacion de los cuadros precedentes es ocupacional y
no se refiere, vor lo tanto, a la ubicacion social de los empadro-
nados. Si bien en algunos casos a partir de la ocupacion decla-
rada se puede inferir la pertenencia a determinada clase 0 sec-
tor, en otros las dificultades para hacerlo son muy grandes. El
rubro “comercio”, por ejemplo, incluye desde dueiios de grandes
casas de importacion y exportacién hasta abastecedores analfa-
betos de los mercados de la ciudad y las categorias de “emplea-
dos" y “profesjonales” también encierran a personas de muy
diferente nivel social.
Para tener una idea mas ajustada de quiénes aparecian ins-
criptos cn el Registro Civico y. par lo tanto, de quiénes reatiza-
ban al menos ef primer movitiiento de acereamiento al escena-
Ho electoral, ineitiimos en los cuadros siguientes la informacion,
disponible sobre la edad y el nivel de alfabetismo de los empa-
dronados en las diferentes parraquias,
{Piedad
Pilar
San Gislobal
“See Juan B
Sen Niguel
San Alesis
San Teino
sania Luca
Socorro
Fuentes: {dem cuadros 2 y 3,loo La politica en las calles
Cundeo 5
nseriptos en et registro etc de la cludad de Buenos Aires,
‘ segun condictén de alfabettsmo, 1867 Y 1878
‘on porceniajes]
1867 I 1976
V"attabeto [Anaifaveto| atfabeto | anatfabeto
alvane a ai
[ catearat at Norte | sia
Catedral al Norte, f 4
1 B
t [sf 37a |
t ae
a 39
sé b/d
: ~ 56
8 1 f 5
35 70 wa [ava
‘San elmo [7237 sz 69 aL
Santa Lucie eth = 3/8 sid
“Sosara m6 aS 17,
Puentes: [der enadros 2 y 3.
Como vemos, el perfil ocupacional de los inseriptos para este
conjunto de parroguias eva bastante heterogéneo y se mantuvo
con poeas variaciones entre 1867 y 1878: obreros, empleados,
peones y Jornaleros constitwian mas de la milad del padron, y
Sentra de ciios fos titimos eran sin duda la mayoria; los se-
ywian los comerciantes de diverso pelaje y finalmente estaban
jos profesionales: {especialmente abogados) 3 estudiantes, los
Uipacion ene amnbas fechas debido sobre fodo notable {heres
mento en In inscripeién cle los estudiantes para 1878, Para ese
ana, en todas Tas parroquias mas de la mitad de los empadrona-
dos eran menores de 30 fos, mientras que en 1867 predomi-
naban log mayores de esa edad. También habia disminuido el
numero de analfabetos™.
se
Los ilias de eleccion ton
Este promedio esconde una gran diversidad entre parroquias,
Se distinguen tres grupos: Catedral al Sur y San Miguel, con
una fuerle presencia de profesionales y sobre todo de estudian-
tes asi como de personas vinculadas al comercio. una baja pro-
porcion de trabajadores y en particular de peones y jornaieros,
yuna muy baja tasa de analfabetismo entre los Inscriptos
Ralvanera (datos de 1867 y 1876). Monscisal (1807), San Nico.
las (1867), San Telmo (1867), Pilar (1878) y San Juan Evange-
lista (1878) con muy alta presencia de trabajadores y
cular de peones y jornaleros, baja proporcién de comerciantes
profesionales y alta tasa de analfubetismo: Piedad (1867 y
1878). Socorré (1867 y 1878), Catedral al Korte (1867), San
Telmo (1878) y Concepeién (1878), con cifras mas parejas entre
los diferentes grupos.
Estas diferencias sin cuca reflejan tas variaciones ent Ja ¢s-
tructura ocupacional y sovial de los distintos barrios y. por lo
tanto, es probable quc resulten mas una consccuencia de esa
heterogeneidad que de alguma diferenctacion en la estrategia de
empadronamiento, En realidad, si comparames al conjunlo de
los inseriptos con la poblacion votante potencial (varones aditl-
tos argentinos), veriamos que el perfil ocupacional y etario de
aquéllos respondia, en términos generales, al de ésta y que, por
to tanto, los empadyonados habrian consiituids una especie de
muestra del total, aunque con algunos desvios*
A gularse por estos datos, entonces, las elecciones portenas
—al menos en su etapa preparatoria de empadronamiento— no
atraian exclusivamente nia los sectores de arriba nia los de
abajo. Quienes quedaban inscriptos eran, aparentemente, sin
conjunto menor pero representativo de los potenciales volantes,
al menos en cuanto a su perfil por ocupacsones y edades y a stl
nivel de alfabettzacién. Si sobresalian los hombres jovenes per
tenecientes a los sectores mas bajos de las clases popular
muchos de ellos analfabetos, era porque ellos constitulan una
mayoria de la poblacién, Y aunque existia, ademas, una sobre-
representacién de esos grupos entre los inscriptos, no era Ue
tal magostud que anulara la participacion de otros,
El problema principal que presenta este tipo de observaciones
es que se basa enteramente en la informacion provista por los
registros electorales. No solamente es una fuente parcial y mu.
chas veces plagada de falsificaciones, sino que ademas recorta
los electores de manera individual. Alli se lista a los inseriptos
uno a uno, con suis rasgos individuales nombre, edad. origen,
coupacin y nivel de alfabetizaciin— y aqui hemos utilizady esa
informacion, sumando y restando individuos para constvutr
agregados estadisticos abstractos, De esta mancra, se induce
También podría gustarte
Sabato Texto
Aún no hay calificaciones
Sabato Texto
11 páginas
Unidad 4
Aún no hay calificaciones
Unidad 4
4 páginas
Derecho 5
Aún no hay calificaciones
Derecho 5
7 páginas
Democracia
Aún no hay calificaciones
Democracia
5 páginas