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Sabato - La Política en Las-Calles (Selección)

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74 La politica en las calles 8 Tim Disnean: “La. prensa politica: ‘Susamérica’, 1884-1892". en Gustavo Ferrari y Ezequiel Gallo (comps,): La Argentina del ochenta al centenario, Buenos Aires, Sudamericana, 1980. Cf, ‘T, unean: "La prensa politica...” y J, Ramos: Desencuen: tos... Sole los limites de la libertad de’ prensa ver Alberto Lettieri Si Castrucston del vangesiso en log tnieieg det sistema politico me: gerno argentina (1852-1868)" en Anuario de Estudios Americanos, val. LIL, N°2, 1895 (Sevilla). 4 Sobre El Mosquito ver Ema Cibettt: “Et Mosquito de Enrique Stein, un eenplo de periodismo faccioso en la década del 60°, trabajo pre: sentado en las Cuartas Jornadas Interescuelas/ Departamentos de Historia de las Universidades Nacionales, Mar del Plata, 1993, ‘Lae referencias a Ia prensa de las colectividades abundan en la bibliogafia dedicada a los inmigrantes en la Argentina. Menciono a contin acién los trabajos que han sido mas stiles a nuestro enfoque ‘Samuel Baily: "The Role of Two Newspapers and the Assimilation of the allans {t1 Bucnos Aires and Sao Paulo, 1893-1913", en International Migration Review. vol.12, N° 3, 1978; Ema Cibottl: "Periodismo politico y politea pertodistica, 1a construccién de una opinion italiana en cl Buenas Aires finisecular”, en Entrepasacios, N* 6, 1994, y "1880-1890, tina déeada de prensa italiana en Buenos Aires. Liderazgo y trayectoria, publics de sus principales hombres", Tesis de maesiria de FLACSO [director: Natalio Botana), Buenos Aires, 1995: Beatriz Guaragna y Norma Trinchitella: "La revolucion de 1880 segin la optica de los peridd cos de la colectividad italiana’, trabajo presentado en las Jomna- das sire Inmigracion, pluralisme ¢ integracién, Buenos Aires, 1984; Alejantro y Fabsin Herrero: “A propésite de la prensa espariola en Buenos Alves, B] estudio de un easo: El Correo Esparol (1872-1875) en Anuaro de Estudios Americanos, Tomo XLIX. N* 1, 1992 (Sevilla); Ro- berto Mantes: “EI Correo Espario! y las pricticas de interyencién de la colonia espaniola en la esfera plblica portena. Buenos Aires, 1872- 1875", Buenos Aires, 1993 (mimeo) © Censo municipal de 1887. tomo I © Sobre Ia prensa italiana, ver los artieulos de Ema Cibotti. Sobre la espanola, el Lrabajo de Roberto Montes arriba citado. “Sobre este toma, fos ejemplos sbundan. Ver, entre otros, fa colo- ‘acién de Bl Correo Espafiol en los meses previos a la revolucién mi- Insta de 1874, que finalmente le costé la clausura entre octubre de ese ano y comienzos de} siguiente. En R. Montes: “El Correo Espartol y las practicas...". Para los diarlos Ktallanos, ver las postucas durante la Sucesiin presidenctal de 1880 y el conflicto de ese ano en la ciudad en , Cibotll; “1880-1890: una década..." y en H. Sabato y E. Cibottt “Hacer politica en Buenos Aires” “CE Alberto Lettieri: La formacion dal sistema politico moderno. Legitimidad, opinién pribliea y diseurso parlamentario. Argentina, 1862- 1568. Buenos Aires, Cuadernos del Instituto Ravignani, N’ 8, 1995 y “La construccién del consenso. Segunda parte Capitulo 3 Los dias de eleccién CONVENIO SOLEMNE {celebrado en la Parroguta de La Piedad en ocasion, dde las clecetones det 1° de febrero de 1874) Reunidos en sesién y en cumplimiento de su mandato, las Comisiones representantes de las dos fracciones politicas en que se divicie la Parroquia de ta Pietiad: por una parte y como nom brados por el Club del Partido det General Mitre, D. Juan J. La nusse. D. José M. Huergo, D. Juan J. Castro, D. Antonio Lanusse y D. Gregorio Gallegos; por ta otra parie y como designados por el Glu que sostiene ta candidatura del Dr. D. Adolfo Alsina, los senores Coronel D. Alvaro Barros, D. Mariano Marcé, D. Marcos Paz, D, Luis N. Basatl y D. Manuel J. Sanabria, han concurrido en lo siguiente: Art. 1° Tanto de uno como de otro bando entrardn a sufragar en ntimero de tres clucadanos altemdndase hasta las 2 de ta tarde, Art, 2° Defar a la suerte la designacién de cudles sean los tres ciudadanos que prmeramente han de voiar. Art, 3° Nombrar una comisién de dos miembros de ambos partt dos. que permaneceré en el airio o en el lugar que crea mas conveniente a fin de clasificar los votantes y resolver las dudas dificultades que se presenten al respecto. Art. 4°. A medida que la eleccién se vaya efectuando, la mesa receptora recojeré la boleia del sufragante. Art. 5° Los representantes de los dos partidos estlin obligados a hacer retirar a los individuos que hayan votado a sus respectt vos Clubs, Art. 6° Después de las dos de la tarde, los votos se recibirdn en la proporcién correspondiente al nimero de sufragantes que que daran sin votar en cada bando, es decir. si fuesen cien contra cincuenta, votardin del primero dos y det segundo uno, previa clasificacién, Art. 7° La clasificacién se hard en numero igual de carla bancto: “aq Principidndase esta media hora antes de la votacidn, en caso te 80 La politica en las calles que aiguno de los bandos demorara el envio de los suyos clasift cados, la comisién ordenara que los del otra contintien, Art, B° Terminada la votacion, fos miembros de cada banda se retiraran de sus respectivos clubes y del lugar de la votacién, para gisolverse tomando en rumbos opuestos. Art, 9° Bl escrutinéo se hard solamente en presencia de la Co misién que designa el articulo tercera, la que debera ser nombra da por los respectivos Clubs y de los Presidentes y Vices de cada und de ellos, Art, 10° Stendo el objeio de este convenio et que las eleeciones fengan lugar tranquita y honorablemente como corresponde al estacic de civilizactén del pais. nos obligamos solemnemente a consemar et orden y comtriburr a que ta fey sen cumplica fiel severamente par todos tos medias @ nnesiro nlcance. Y en prueba do lo nectado, empenando nuestra palabra de honor, Jirmamos Gio esia tenor. en Pxtenos Aires « freinta y tao de enero de mil dochoeienios seteria y ctiatro Juerr José Lanusse - José Maria Huergo - Manuel , Sanabria - Mares Paz « Anionio Lanusse - Mariano Mareé - Alvaro Barros Luis N. Basail - Juan José Castro - Gregorio Gallegos. {La Tribuna, 1/2/1874] aS Los dias de eleccién 81 Votar: gpara qué? La vida politica de Buenos Aires estuve atravesada por la ivalidad entre partidos y facciones que luchacan por conquistar €1 poder local, provineisl y nacional. Los métados para lograrlo fueron diversos, pero para alcanzar los puestas de gobierno las leyes establecian un camino obligado, las elecciones, que en las décadas de 1860 y 1870 se realizaron puntua.mente para desig- nar diputados nacionales y provinciales, clestores para presi- dente y vice € integrantes de los gobiernos municipales. En un afio cualquiera, era habitual que hubiese einco, seis o aun mas convecatorias clectorales' Para ganar elecciones cra necesario, en principio, captar vo tos. A su vez, en el ejercicio del derecho a vote se condensatva la esencia del sistema representativo establecido por la Consti- fucién de 1859, Las clecciones aparecian asi coma un mee: ismo clave en Ia relacion entre gobernantes y gobernads. 1s tos, en Buenos Aires, gozaban desde 1821 del derecho 2 voto sin limitaciones censatarias ni de capacidad, siempre quie fie ran hombres, adultos, y naeidos en el pais o naturalizados. En la practica, sin embargo, muy poca gente cfercia su derecio. ePor que? Algunas interpretaciones hablan, como vimos, de cludadania restringida y de limitaciones efectivas al sulradio, Menciovan también Ia presencia miasiva de inmigtantes cue elegian no na- cionalizarse y. por lo tanto, se mantenian fure'a del sistema sin poder volar. Esta actitud se ha interpretade como sintoma de indiferencia de quienes habrian estado mas Interesados en atender a sus intereses privados que en buscar la partcipacion politica. Pero los argentinos, que por ley tenian derecho a vot en su mayorfa tampoco lo hacian. Nuevamente: por que? Para acercarnos @ una respuesta, invertiremos la pregunta: gPor qué votaban quienes efechvamente lo haeian? 'O mejor: @Qué significaba votar en Buenos Aires? Y para volver a nuesiro interrrgante inicial: Como funcionaban ef sufiagio y las etce- clones desde el punto de vista de la relacion entre gobernantes y gobernados? En este capitulo y cn los tres que siguen se ensaya una aproximacion a estas cuestiones a partir de las practicas electo rales, que explora la dinamica de fos comicios y el perlit de los votantes (capitulo 9), los mecanismos de reclutamienta y wnovilt- zacion (capitulo 4) y los resultados, los debates y la repercuston pliblica de las elecciones (capitulo 8}. 82 La potitica en tas calles Las normas electorales Dada la relevancta del sufragio para et sistema institucional desde temprano se discutieron y pusieron en prictica disposi- cones legales para regular e} proceso elvetoral. Hubo intentos Sitvesivos de perfeccionar las leyes segiin las preacupaciones de cxda momento (véase capitulo 6) y las normas fueron cada vez mas detailadas. En Buenos Aires, las clecciones se regian por lun conjunto de dispostciones legales de alcance municipal, pro: vineial y nacional. Hasta 1862 seguia vigente, casi sin Variacio- nes, la ley provincial de 1821, pero después de la unificacion nacional, chidad y provincia se ajustaron # las leyes dictadas por o} Congreso de la Nacion en los afios 1863, 1873 y 1877 y kes provinciales de 1864 y 1876. Estas regulaban la préctica ecetoral fijando los distriios y seeciones, los requisites y meca~ hismos de empadronamiento, las caracteristicas de las “asam- bleas clectorales", las formas de escrutinio y los procedimientos dz convaltdacian’y xpulacion de los resultadys del comicic* an aspectos Iviidameniales que condicionaban efectivamente Jos procesos electorales. a ciudad de Buenos Aires estuvo siempre dividida en seceio- nes que corvespondian a diferentes parroquias®. En ta década del GU ascendian a doce: Balvanera, Barracas ai Norte o Santa uicia, Catedral al Norte o la Merced, Catedral al Sur, Concep: con, Monserrat, Piedad, Pilar, San Miguel, San Nicolés, San Telmo y el Socorro, Bn la década siguiente se agregaron San Gristébal y San Juan Evangelista (véase Mapa 1) Tas mesas clectorales debian establecerse en el atrio de las iglesias parrogitiales correspondientes “para que la chidadania campliera con sti obligacién clectoral bajo cl august amparo de Flos..." La composieion de esas mesas era crucial para contro- lar el comicio y fue variando segtin las diferentes normas clecto- rales. Antes de que se dietara la ley nacional de 1863, las autoridades de cada mesa cran designadas por los vecinos pre- sentes a Ja hora de comenzar el comicio. A partir de ese afio se estableald que cacla seccion debia estar presidida por un juez de paz, acumpanado de cuatro vecinas designados por sortco entre los presentes el dia del comicio y dos nombrados por la Legis tura, tambien por sorteo a partir de una nomina de yeinte vzcines. Esta composicion fue modificada diez anos mas tarde, por fa ley de 1873, que establecia que cada mesa estaria a cargo Se cinco ciudadanos titulares y cinco suplentes, designados por sortco entre veinte cludadanos dei registro elegidos por una ae Los dias de eleccion 83 junta especial, Integrada por el presidence de la Legislatura. ct del Tribunal Superior de Justicia y un jez federal de seccion. El papel del jucz de paz se limitaba a eniregar el registro a las, autoridades de la mesa, Se autorizaba a ‘es partidos a designar observadores, que actuarian como fiscales En cuanto a los votantes, acgin la Corctitucion provincial de 1854, “la atribucion del sufragio popular es un derecho inhi vente a la calidad de cludadano argentine y un debes...” (2 48), Por su parte, las leyes provinciales y nacionales otorgeban el derecho a voto a todos los varones adultos {mayores de 17 0 de 18 aos, segdn los momentos) nacidos 0 naturalizades ar- gentines, con excepcion de “los dementes”, “los condenados pena infamante”, los eclesidsticos, fos enrolados en fs tropas de linea y los sordomudes que ne supieran leer ni escribir. Los extranjeros podian votar en las elecciones muntespales, aunque para ellos se establecian requisitos de capacidad y propiedad, del todo ausenies cn el caso de los argentinos, segin las leyes. organicas de 1854, 1865 y 1876. Hasta 1883 no habia padrén previo, aunque Jos chudadanos que deseaban votar en una parroquia debian tener domictlio conocido en ella; quedaba a cargo de las autoridades de ia my aceptar 0 no @ quien se presentaba a votar. Este debia acredi- tar, ademas, que habia cumplido con sus obligaciones militares, presentando su papeleta de inscripelén en la Guardia Nacional, Stera aceptado como sufragante, procedia a emitir publicamen- te su voto que se anotaba en dos registros. La ley de 1863 establecié por primera vez el Registro Civico, que estaba a car~ go de una junta calificadora, formada por el juez de paz de ca~ da seccién y dos vecinos nombrados per et Poder Ejecutivo. All. podian’ inscribirse con anticipacton los adultos de cada parroquia enrolades en Ia Guardia Nacional. requisito este ! fimo que suprimié Ja ley de 1877. Una vez formado cl pa- drén, que incluia los nombres de quienes habian ido a inscri birse y habian sido aceptados por la junta, debia exhibirse cn tun lugar accesible a todos los ciudadancs. EI registro era ento- bes voluntaria y personal. El voto, por su parte, seguia siendo publico. En 1873 se introduce Ia urna en reemplazo de las actas de votantes y el voto se hace por escrito. “en boletas de papel Blanco... que expresen el notabre y apellido del suiragante, cl niimero de inseripcion y el nombre de las personas por quienes se dé" (art. 24), Estas boletas se entregaban al presidente de ia junta receptora, quien las depositaba en la urna. Séio al final de Ia jornada, cuando a las cuatro de la tarde se cerraba cl comicio, se hacia el recuente de votos y vatantes, y se pracedtia se La politica en las calles al eserutinto, Luego de anunclar paiblicamente los resultados, Jas autoridades de ta mesa remitian la documentacion al Poder Legis ative, a quicn correspondia la iltima palabra sobre la Validez del acto electoral y la prociamacién de los eandidatos triun ‘antes, Hasta aqui las dSsposiciones basieas que regian el acto electo- ral, que eran el marco legal dentvo del cual se desaisollaban los comieios. La crecients puntillosidad de las reglamentaciones, 1a multiplicacién de normas y la preocupacion inanifiesta en las leyes por dar mayor transparentia a las clecciones no parecian aieetar demasiado la realidad electoral portena: una sucesion Ge vetaciones en que 1s competencia violenta y Ja movilizacion fucciosa so alternaban con la indiferencia generalizada y la abs- tencisn, Los dias de elecetén 17 de enero de 1860 La Tribuna se quejaba de “la calma que ha reinade en Jas cleeoiones munieipales... que ha rayado en Ia indliferencia™ y en Julio del mismo ato volvia a observar muy poco animadas estuvieron las clecciones de diputados. Solo en cinco parroguias se pude formar mesa..."™. Esta situa: cidn se repetia con frecuencia y en diferentes tpos de eleccio- nes. Asi, por ejemplo, no se logré siquiera reunir las mesas en Ja tuitad de las parroguias de Buenos Aires en las elecciones a Giputedos nacionales en diciembre de 1860, marzo de 1867, eneva de 1868, junio de 1869 y enero de 1872: en las de repre- senizntes a la Legislatura provincial en junio de 1860, agosto Ue 1868 y junio de 1870; en las de electores municipales en mnaye de 1869, noviembre y diciembre de 1870 y diciembre de IB. Para designar convencionales en 1871 y 1872 hubo que convocar a clecciones siete veces. porque no fograban reunirse las esas en la mayoria de las parroquias’ El panorama podit cambiar radicaimente, trasmutando cal- ma y apatia en agitacion e intervencién activa. “El dia de hoy ‘an esperado come cl en que se fuera a dar una gran batalla ha ilegado por fin": asi anunclaba La Tribuna cl advenimiento de una -crnada electoral en febrero de 1864 y, un mes mas tarde, en pcasion de otra eleccién, el diario era elocuente: “Un verda- uero campo de Agramonte ha sido cada parroquia en Ins alti- mas clecciones". La palabra “desorden” aparece una y otra ver tarneterizando los dias de comicio en Ios diarios, informes poli- Ciales y relatos de estas décadas. ¥ junto con ella, la palabra vviolenct: a aeaaee ae aS gees ae Los dias de eleceion 85 gComo eran, pues, estos agitados dias de comicio? 2Qué saba en los atrios? Las escenas se repiten aio tras ano. En el relato de los contemparaneos Primera escena, El lugar: la iglesia parroquial de La Merced. La fecha: 29 de diciembre de 1863. La ocasion: elecciones munt cipales complementarias. El narrador: un testiga de Ia época, Felix Armesto. . acute, 8 0 patos rm dicho de as mes 5. con eomdanie clecetén {...) c ae : Fre famia fa indignacion de los venckos, que como era de prietica res. que ya fabian side prevenides, intradnjeron gran canta’. de etemmentos de ws paras, y unos en Tae golriaa dela Iglesia y otros ene! techo,trataren de reprimir el ataque, haciendo caer tina Iva de cascotes sabre ls asaltantes Tas pistolaa y demas arinas povtatiles de fuego, eran patsimonto de tos ricos, 7 ef revolver, todavia my liperfecto, por to utc Ia lucha, ‘qieds casi Hbrada al simple y primitive eascolc, pucs se pelea a distancia y et arma blanea oe seaervaba para los entreverns, Lae sitiadores, mucho mis numerosos que lee sitios, descmpe ‘arabian la calle y se hacian transportar del Bao... ponchadas de caseo tes, mientras que éstos arrancaban ladrilos se fos amucos y vanto tenian cerea, dejan sin un azulejo ia exp de a iglesia, {hes locales vecinos) eran refvgto de fas huestes enemigns, y desde ah, como desde ia Lorre dela igiesi, se hacian cerferos impactos, en Ia cabers y ojos de los gueereras de aunbos partidos... Br wna cura de cireunterencia no quedata un vidrio entero, como enero no quede tamipoco ningun ce tos combaltentes™. Segunda escena. BI lugar: las parroquias de Buenos Aires. BL momento: 27 de marzo de 1864. La ocasion: eleccion de legisla: dores provinciales. E] narrador: diario La Tribuna, del 29 de marzo. “(En cada parroquia) han lueido las armas prohibidas y se ha hecho cn grande uso de las ne prohibidas, (ode ha sido sataliola y eseanda- Bou. Que ha sucedido?... Que las parroqulas han sido (eatre de Tos, mismos eseandalos. Que el garrote, Ia piedra y el revolver han side les larqumentos principales eon que uno de los Cluber bia iclo a los comi clos, como lo prucban las heridas del Comandante Martinez y Orma, y cl euichillo quitade en la Parrogitia de Monserrat por el Se, Blanco a un pardo llamado Posse" 86 1a politica en tas calles Tercera escena. E} lugar: la parroguia de Balvanera. El mo- mento: 1° de febrero de 1874. La ocasidn: eleccin de diputados ihacionales. La fuente: Informe de [a Junta electoral presentado ala Camara de Diputados de fa Nacidn, con fecha 10 de abril de ese aio”, «ta hora marcada por la Ley, ge instalé Ia mesa... comenzando en segutds los sulraganles a emilir sus volos, previo acuerdo eelebra- do por los des bandos, miristas y alsinistas, de emitir equelios alter- nathamente. esto es, una de cada bande con la condicién de que Gespuiés de las doce del dia cesaria Ja votacion alternativa en esa forma, continuande despugs el mismo volo alternative, en 18 propor: cia que resullara de a campulacion inmediata, que debia verificarse mates de uno y otro bando. ar el momento de rea adielin se produjo urd (res cuartos de hora, resultando algunos muertos or de Ia mesa eserutadora y en Ia calle interrumpién- y herides alrede dose ls elecoion La Tribuna es mas elocuente en su deseripeton del mismo cho! “A las dace menos cies minutes el Comisarlo Estraordinarto, Te- niente Corane! D. Rodalla Bunge, indicd la conveniencia de que 3¢ fiivicieean ios dos partidos en grupos distintes para hacer el recuento comenico, “Hizose asi... Bx la azolen de fa casa de enfrente a Balvanera, habia an rumeroso grupo de gente del partido mitrista, que comenzé a gritar cn ese momenta, dicienda que querian hacerles (rampa, Trabése una lucha de uritos entre les del alrio y la azotea, cuando un momento después de levantarse los de la mesa, se oycron [res tires. disparados de fa azote, los gue fueron seguides de un fuego grancado que duré inteumpide por momentos, como quince minutos. El resultado det comaate fue: tres inuertos, y diez heridos”.!* Cuarta escena. E} lugar: la parroquia de Balvanera. El mo- merto: marzo de 1877. La ocasién: eleccién de senadores y diputados pravineiales. El narrador: Leandro N. Alem (en carta enviada al redactor de i Nacional} “4 ls B y 20 de la manana me encontraba cn el atrio del templo preseneiando la organieacion de las mesas escrutadoras, cuando me Avisaron que dos grandes grupos armados a remington s¢ dirigian @ la iglesia, En efecto. por la calle de la Pledad desembocaban cineuenta hombres proximamente que, al Hegar @ un cuarto de cuadra del punto 43 Los dias de eleccién 37 conse me eneontraba, despiegaron en guerrilla preparando sus armas; por ia calle Azcugnaga se acereaba ctro con ses armas myualmente pecparadas. En ese momento cand un Uo... EL conflicta se produjo y Gurante cinco minutos se eruzaron balas por una y otra parte. Los faron y el orden y Ja tranquilidad quedaron restableet Estas escenas se multiplican. Desérdenes, agitacion y violen. cia cran In materia habitual con que se amasaban muchas jornadas electorales. Cada “asamblea clectoral” aparece asi como un combate donde el triunfo se asociaba estrechamente a la victoria de las armas, Ne se habla Canto ce urnas 0 de vols como de cascotes, punales y revoiveres. En este marca, el con trol material del terreno adguiria singular tm2ortancia. Entre nosotros se sabe cérno se ganar las cleeciones”. dec’ La Tribuna en 1864, “El que tiene la fuerza, roma las mesas y ¢} que toma las mesas, gana las clecciones"”, Para “ampararse” de una mesa, como se decia entonces. habia que lograr cl control del atrio, pero tambien del patio de la igiesia, ia cttpula, tos techos y las paredes. Este espacio sagrad: para la ocasion. No parece que los curas parrocos tuv! actuacién sistematica en el escenario eleciora! y solo muy cepcionalmente se detecta su presencia durante ¢l comicio", Mas de una vez la iglesia se dirigié a las autoridades civites solicitando se dejara de lado Ja practica de rounir las mesas en los atrios, pero la respuesta del gobierno fue siempre negativa y como lo mutesira esta carta de 1874, terminante: * los terminos de !a ley de clecciones y a la interpretacion qui sido dada en las discustones del Congreso. nc es posibl der a su pedido™. El edificio parroquial se convertia, ademas, en ei centro de espacio mayor que incluia los edificios vecinos, ia calle, las azbieas, las rejas de los alrededores. En ese ambito la violencia se ejercia en grados diferentes y en cada ocasién se abria toda una gama de posibilidades de manera tal que no siempre se terminaba en una batalla campal trataba, sin duda, de una violencia organizada. El primer acto tenia lugar a la hora de abrir el comicio, cuando iiegabat el juez de paz a formar mess y et oficial de poitcia que tenia 4 su. cargo vigilar el orden. Con alguna frecuencia, como vimos, re haba la indiferencia electoral, no se ilegaba ni a reunir la mesa, y cl comicio no podia realizarse. Pero en clecciones que se pre“ Sentaban reiidas, ése era un momento clave. Antes de 1873 las autoridades de Ia mesa se elegian entre los veeinos presentes y por lo tanto, alli se lipraba la primera batalla. en la que obvia se desaoralizaba en alencion a e ha ce 88 La politica en las calles mente el juez de paz que presidia cl comicio no era neutral, Después de ese aft, los eserutadores venian ya designados por In Lagislatura de manera que la pugna por ocupar esos espacios tenia lugar antes de la jornada electoral y en otro ambito™ En ocasiones, e] comicio mismo no podia Mevarse adelante, pero ne ya por auseneia de veemos, sino por maniobras del juez de paz, que impedia la votacién y Ja “fabricaba” a su manera, Sh general, sin embargo, los protagonistas de Tas horas siguien {es eran otros: los supuestos votantes. Después de 1863, sola mente los Inseriptos previamente en el registro podian serio, pero la falstfieacion de bolelas y el robo y Ia alleracién de padro: hes estaban a la orden del dia. Al mismo Uempo, no era infre- cuente que contingentes ajenos a una parroquia irrumpieran en ea para forgar o Impedir una votacion. Veamos a los votantes. reales o supuestas, en accion En ocasién de las clecciones ce legisladores provinciales de marzo de 1864. por ejemplo, Jos peones del Perrocaril Oeste presionaron para la formacion de ja mesa en la parraguia de San Nicolas: reunidos en grupos, tmpedian acerearse a los vecinos de la parroguiia mientras se hacia un simulaero te vataeién para designar autorldades del comicio, en un angulo de ta misma habitacion el Juez de Pax hacia el acta y freguaba el escrutinto. Instelada la mesa, el grupo dueno de la sitvacion votaba repetidamen- te impidiende hacerlo a sus rivates...". Las clecciones municipales no eran mas tanguilas. En di- ciembre de 1866 el Comisario al servicio de la Parroquia de la Merced denunciaba que "en el momento de principiar a tomar los votes de los chidacianos pretendieron varios marineros de la Capitania dei Puerto apoderarse de la mesa para romperla..."». En 1869, La Tribuna advertia con anterioridad de las manio- bras que esperaba de sus rivales en la eleccion de senadores provincial = los Castristas... compran votos, no para el acto legal de Ta vota- clon sino para asaltar fas mesas... Al elects estin designados los atro- pelladores de las mesas de Balvancra y San Telmo. A la primera ird un fai Moreno, gele de In esiacién del 11 de Setiembre, con les peones del ferrocarril, y Ta gente comprada por Unzué. A la segunda iran los carreros del senior Casares" Ea Ja eleccién de diputados nactonales en enero de 1873 por su parte, fambien segin La Tribunc, Los dias de eteccion 89 ‘en Monserrat... ha sido un eseandalo... la mayoria del veeindario veneida por inscriptos indebldas y regimentados, a quienes se les tenia en el mayor desorden y repartiéndales lieores espirituosos™™, Vimos cémo en 1874, en Balvanera, mitristas y alsinistas estaban organizados en bandos, volando uno de cada Zruipo aiternativamente hasta cl micdiodta, y luego participando de 1a gresca desatada cuando se vencié ei plazo que habia sido nego- ciado por los jefes de ambas partes. Este tipo de historias no provienen nicamente de fuentes opositoras a los partidos i acusacién y aunque en ocasiones las descripeiones de los perk dicos parecen un tanto exageradas y con toques de efecto, es pro- bable que retrataran situaciones que resullaban familiares y ve- rosimiles para los leciores acostumbrados a las lides electorates Los protagonistas de todas estas lides eran, sin duda, fcr movilizadas colectivamente, organizadas tanto para volar conto para participar de la otra cara de la lucha electoral, la de la vlolencfa. Formaban una tropa que tambien tenia sus ditigen- tes, caudillos y caudiliejos que a su vez actuaban bajo el slgno de algiin dirigente politico inayor. Junto a ellos, campartiendo el comando, jivenes politicos, muchos de ellos pertenecientes 2 las familias distinguidas de Buenos Aires: “Hay quien recuerda atin, Ja arrogante figura de José C. Paz —relata Armesio— parado sobre el invro que forma angulo con el colegio de Huérfanas y el atrio de fa iglesia [de la Merced), apostrofance a los asallantes por una parte, animando a les suyos por otra; pero siempre temerario y despreciativo del peligra... se le hacian repetides disparos, no solo desde la calle sino desde el balcén de la esqutina, donde. enise oltos, se encontraban Miguel Martinez de Hoz, Juan Chassaing y Manuel Argerieh Valentia, arrogancia, (ales virtudes debian demostrar los {6- venes que formaban en las filas de las facciones politicas porte- Bas como vanguardia de las fuerzas de combate en las eleccio- nes y que también aparecian cumpliendo ese papel en la prensa yen la barra de ta legislatura. Eran, también, oficiales casi mitica Guardia Nacional portena Cada dirigente debia poner en movimiento a sus chentelas. Asi como cuenta Armesto: “Paz encargaba a Garmendia que trajera sui turba, caltfirative con que designaba a un grupo de siete u echo ex soliados det Gatalion Castro... a los cuales capitaneaba el ebo Leonardo Gamez" 90 La politica en las cates La participacién et las elecciones estaba styeta, pues, a una organtzacion meticulosa, Las fuerzas en pugna debian prepara Se. construlr sus pequenos ejércitos de votantes dispucstos 60~ bre todo @ actuar, dirigidas por caudillos de distintes niveles, arnar a los contingentes, organizar el mando, asegurar la ob: Gienetas “Como en la vispera de una batalla, parcee que los geles pasan revista a sus fuerzas y cuentan los hombres de pelea de que pueden disponer el dia del combate,” observaba La Triuna en 1874, ¥ el combate electoral tenia todos los in- gredientes de una guerra: 1a movilizacion de huestes y su orga- hizacién piramidal; la capacidad y disposicion de éstas para la ioleneta; ef herofsmo. la lealtad y la obedicneia mostradas por log protagonistas; Ia smportancia que se olorgaba al control material del terreno: todo eveca la guerra, Era, sin embargo. Una guerra limitada: el escenario era cerrado (el atrio), el ebjeti- Vo efa exclusivamente ganar y mantener una posicidn (‘ampa- Tarse de la mesa’), los partiespantes estaban definidos de ante- iano y todo se resolvia en un dis. La violencia misma era tambien Kimilada: eran contadas las veees en que se producia aleuna muerte y las vielimas nunca eran figuras de primera linea. Mas atin, era una guerra vacia de carga dramatica que los contemporancos enearaban con espiritu cast deportive. Para Fé lix Armesio “ayucllas luchas, casi cuerpo a eerpo, en que sitla- dos y sitiadores se combiaban mutuas injurias, tenian mucha Ge los legendarios combates de la Edad Media, en que la pala~ bre acompanaba a Ja accion". Se trataba cast de un fuego. con participantes que eran viejos conocidos, regias sabidas y respe- Endas y resultados previsibles. La Tribuna expresaba elocuente mente estas regis Dasieas en 1864: ‘A partic del aio $2 no hay eleceién, una sola, que ne se haya ganado al ampare de In mayor o menor desireza de los partidos que hat descendido at terreno de fa fucka. Shel Club del Pueblo hubiese tenido elementos, se hrabria amparado de las mesas y tuna ver en posesién de esas maquinas misteriosas de fabricar votos, los babria fabricado por mlllares. Come ese Club ha perdido la eleccién, Gamo a pesar det apoyo que fe prestaba ta fuesza publica, no ha potido ampararse de las mesas. ‘Como el Club Libertad ha mostrado la superioridad numérica de los clnentos con que cuenta, La Nacién yrita y se escandaliza. Pero con- ten qué? Contra lo mismo que ella hace... Las dias de elecctin rs En los dias de eleccién, en fos atrios se median fuersas. “La superioridad numérica” aparecia como un dato importante, pero no tanto a la hora de contar los volos como a Ia de fabricarios. Destreza y organizacién para la lucha eran los datos decisivos. No era un métocio monopolizado por una u otra facciéa, sino un mecanismo que formaba parte de un verdadero aparato electo ral, cuya cara mas visible eran los comicios. Los intentos por controlar los resultados electorales empeza- ban antes del dia de la votacion y continvaban después. Son conocidos, fos mecanismos de mantpulacién que se ponian en marcha para “preparar” cada e¢leccién. Para las facciones cn pugna se trataba, por una parte, de asegurar la designacion de partidarios en las funciones clave: juez de paz, oficiales de poli- cia ¢ integrantes de las juntas empadronadoras. Por otra parte, 8¢ operaba sobre el registro civico, discriminando en la inserip- cién, inscribiendo a los vecinos de una parroquia en varias y anolando a personajes inventados 0 muertos, Palsas fueron las papeletas de enrolamiento. Falsas las boletas de inscripcion. Falses los nombres con que un sole individus votaba has- i siete veces en una parroquia y pasaba x hace: otro tanto en obra. Y hasta estes Registros, esencialmente falsos, fueren alterades y aumen- tados con otras que se [raguaban en los Comités para presentar a la Junta Eserutadora, ~2Quien falsifica? —Uno y otra —Mitristas y Alsinistas Ambos partides Iucharon en el mundo del fraude desde @ primer momento... Asi replicaba cl autanomista La Tribuna a las acusaciones de La Nacién, después de una de las votaciones mas cuestionadas de la década, la de diputados nacionales de febrero de 1874 prensa se encargaba de publicar las denuncias de manspulacion en la designacion y sorteo de las mesas empadronadoras y es- crutadoras, de distribucién de papeletas falsas y de inseripeiin fraudulenta, especialmente cuando invalucraban al partido con- trario al de sus adhesiones. Pero el ejercicio de Ia manipulacién previa en general no aleanzaba para garantizar el irtunfo en las elecciones, aunque hubo momentos en que el éxito de une u otro partido fo de alguna coalicién) estuvo asegurado de antemano. La mayor par- te del tiempo las facciones debieron competir también en el terreno, desplegando sus contingentes de partidarios el dia del cornieio para ganar por Ia fuerza y por los votos. 92 La politica en fas calles cQuiénes votaban? ale largo de Ia década del 60 1a mayor parte de las elecciones no aleanaaron @ atracr a wh millar de ‘personas, aunque en Los dias de elecelén 23 periodo, las de las décadas del 20 y del 30 yepresentaban un 7% de ta poblacién total, mientras que las de 1874 y 1880, en cambio, apenas superaban ¢l 3% y no legaban al 2% del total respectivamente. En la mayor parte de los comicios realizados entre 1862 y 1880 los porcentajes cran aun mas bajos. La inisma disminucién se registra en cuanto a la proporeion de volantes efectivos sobre lus potenciales, pues mientras en los anos 20 llegaba casi al 40%, en las décadas de 1860 y 1880 en general no pasaba del 10% y sdlo excepcionalmente tepaba por encima del 20%, Es decir, que apenas votaba la quinta parte de los habititados para hacerlo®, Aunque Ja legislacién era amplla, la participacién cra escasa. Entonces: 2Quiénes votaban y quiénes no? No es facil averi= guarlo. Los iestimonios de los contemporaneos sélo parcialmen- te coinciden con los datos del registra eivico y las actas cleclo- rales. Ante cada cleecién, los diarios convocaban al eludadano a las urnas. Sin embargo, al dia siguiente del comicio, su figura que- daba relegada y otras presencias ocupaban el centro de los relatos. En noviembre de 1863, en ocasion de las elecciones municipales portenas, “{en} la Parroquia de San Nicolas gana- ron las elecciones los peones del ferrocarril, pertencciente al gobierno de la provincia*, mientras que cn las complementarias de dictembre “(Jos heroes de la jornada fueron los empe-lrado- Fes, peones de los corrales y alumbradores’. Al aho siguiente, en las elecciones para la legislatura provincial, el Club Libertad gané Ia partida cuando “jos peones del Ferrocarril Oeste irumpieron tumultuosamente en El Socorr> al momento de formarse la mesa’, mientras que, segiin La Tiibuna, el mitrista Club del Pucbio habia contado con el concursa de “los marine- tos de la Capitania del Puerto, que, a pesar de ser gricgos, canarios y espafioles, votason como ciudadanes en La Merced" Las figuras se repiten cn tos anos siguientes. Entre cllas, se destacaban los peones del F.C, Oeste, quienes, acauidillados por el conocido dirigente autonomista Luis Elordi, siempre fueron protagonistas y cuyas irrupciones electorales todavia en 1879 cran denunciadas por La Nacién ¥. No eran los tinicos. Peones de la aduana, marineros del puerto, carreros, cuarteadores. em- pediradores, jornalcros empleados en barracas y galpones, todos cllos seguian figurando como los prinetpales protagonistas de la Jornada electoral. A veces se mencionaba el origen extranjero de algunos participantes que, a pesar de la ley, habrian integrado las fuerzas electorate: todos los casos fos votantes apare- oO on La politica en las calles cien como actores colectivas, nucleados segin su ocupacion y hssclados en general a las capas rads bajas de Tos sectores populares. Estos grupos no actuaban soles. y caudilios y dirl- Beates de distinto nivel siempre figuraban en lugar prominente Pr las relatos, Los diarios facciosos enfatizaban en tono critico esa compost clan al relerirse @ las fuerzas de sus oponentes, Io que —por Contraste— habla mas del ideal del votante vigente entonces gue de la composicton efectiva de tas huestes clectorales. Sin embargo, esas imagenes debian resultar verosimiles para los lectores, especialmente en el caso de fuentes —como algunos in ormes policiales y articulos de la prensa mas independiente gke, aunque no eran neutrales, tenian pretensiones de cierta inparcialidad. Finalmente, aun tos propios dirigentes partida- hoe se referian a sus testes en los mismos términos. Asi, evocando al autonomisino, Julio A. Costa no oculta que: este gcande y noble partido... era maestra en mianobras electorates y de comite; y no le hacia asco al concurso de los peones de Adwana hia) de tos de la lempieza, ni a los comisartos de ta policia™®. Esta imagen de los protagonistas de las jornadas electorales tiene sur contracara en la de los auscnics, aquellos que no ‘articipaban de los comicios. "A las elecciones no asisten por lo general los hombres de cierta posicion social’, decia en 1878 ef Dputado Leguizatnan, "no asisten los hombres de espiritu dé bi, no asisten los ancianos...". Unos meses mas tarde La Tribu na advertia: "La gente honrada, la gente seria... és0s 110 asisti- rén a las elecciones™, Tas cifras de participacion electoral hablan de una escasa asistencia a los comicios por parte de qulenes estaban en condi- Clones de hacerlo. Los testimonios subrayan, junto a la presen- cin de actores de origen popular. identificados colectivamente, ja lamativa ausencia de volantes provenientes de los scctores redios y altos ce la ciudad. La escasa informacion proveniente d: padranes ¥ actas electorales coincide sélo parcialmente con esta imagen. Contanos con los registros civicos de 1867 y 1878 para una proporeion importante de las parroquias, donde se tncluye el hombre de los inscriptos, profesion, domicilio, edad, estado civil y grado de instruccion®. E] namero de votantes con frecuencia fw Hegaba al cincuenta por cienlo de los anotados y por lo tanto, los datos sobre éstos son un Indicador sélo aproximado del perfil de los que efectivamente acudian al comicio. Ademas, dado que fa confeceién de los registros era también un resulta- Ae Los dias de eleccion 35 Life es een eteceieaa= venient por tesa probable que los hablen mane de a direcetn de los estacrzos Fe esaaod Hi titra gabe enipatfonar oe We eee te los potenesalea votnmtes, Seu esto ac rn Te fneiBencion de fadrares jis sustituctin Ge personas shel memento ce fs ontinuseign tiene un vatot muy relativo a a hora de earae ser paenpncion clesteral fea en tas calles 96 La poli Cuadro 3 Inseriptos en el registro civico de ta ciudad ce Buenos Aires, 1864, 1867, 1869, 1873 y 1878 Numere total de inscriptos per parroquia yano | 1964 _| 1ss7_| 1s69 Balvancra 250 [a8 | ta FGaiechatal Note] 2467 [ 86 [207 | Cuiecratsi sur _|_ #3 or | 287 | [ 334 | s/d 332 [38s 229 r 355 [ nz 230 | ad San Juan Evang? {Son Signe 3 San Heolas 208 San Timo 320 | rs I sid sia a [58 758 Thisiy | 2.4 i651) + Ystas parroquias fueron ereadas hacia 1870, Fuentes: Registro Civico de 1864, en La Tribuna, separatas. enero 186d; Registro, Civico de 1867. La Tuna y Bt Nacional. separatas diciemare 1867; Registro Civico de 1869, 1873 y 1878 en Archivo General de la Nacién, Sala X, Elecctones Nacionales (1864-92), 30-6-2, y Blecciones. Padrones, Actas, Antecedentes, 30-9-3, 31-1-1 y 31-1-3. Los dias de eleccton Cuadro 2 Inseriptos en el registro ciuico de nueve parroguias de ta ciulad de Buenos Aires, clasificados en grupos ocupacionates 1867 (en porcentajes) Borroanies? [2 [2a | sa prea of tos Balvaniera ae aS v6] Catedral ai Norte] 30 38 at 21 [166 Catedral al Sur [29 56 if i 160 Monserrat 10 | 33 [8] 80 100 Piedad Sp si [ar as io —| ‘San Miguel 38 36 {22 6 7 San Nicelis 3 [3] a6} —a7 | a7 San Telmo 15, 12, 30, 43, 73 | Socorro LC Mota s pqs aa} aaa | a Nota: Bl grupo 1 incluye # hacendados y proptetaries, militares, rentie- las, profesionales (abogados. procuradotes, medicos. ele) y estudans tes, Para 1878, cn la mayor parte de las pacroqutas, estos ultimos constituyen el subgeupo mas lnnportante dentro del grupo | El grupo 2 reune a quienes se vineulan al “cometcio Bl grupo 3 incluye a los que aparecen con ecupaciones que corres- ponden al mundo de los trabajadores. En el grupo 3.1 s¢ ha reunilo a los dcpendientes, empleados y trabajadores en olicios relativamente califieados (lipégtafos, carpinieros, sastres, ete.) aunque en muchos casos Ia denominacién de un oficio ne alcanza para saber si se trata de trabajo calificado 0 no. En el grupo 3.2 se ineluye a los jornaleros y Peones. los sirvientes y los que declaran afieias poco eailfieados le especial, aibaifl. pintor. carrero). En la mayor parte de las parroquls, los joraleros y peones constituyen el subgrupo mas importante del 32. Puente: Registro Civieo de 1867, 96 La politica en las calles cuadro $ Inseriptos en el registro cluleo de nueve parroquias de la ciudad de Buenas Aires, clasificados seqiin grupos ocupacionales, 1878 fen porcenicjes) Los dias de eleccion 92 cuadre 4 Inscriptos en et registro civico de la ctucdad de Buenos Aires, clasificados por grupos de edad, 1867 y 1878 {fen poreentajes) pasar ae nA 1 1a7s ‘Ano | 1867 [Parroquias7|1? a 20[S0 a 4B]50 aftos| 17a D950 a 45]50 anos Grupos edad__| ahos | aos hes. | atos ner 33 [so [36 o/s | a/8 Balvanera ‘Catedral al N [Catedral al 8 Concepcion. I 1 38} 28 | 66 otal 9 pa 22 | 20 | 29 | 29 | 8 ova: Para Fuente: Regi iasificacion ceupacional, ver nota euadro 2 ro Civico de 1878, La clasificacion de los cuadros precedentes es ocupacional y no se refiere, vor lo tanto, a la ubicacion social de los empadro- nados. Si bien en algunos casos a partir de la ocupacion decla- rada se puede inferir la pertenencia a determinada clase 0 sec- tor, en otros las dificultades para hacerlo son muy grandes. El rubro “comercio”, por ejemplo, incluye desde dueiios de grandes casas de importacion y exportacién hasta abastecedores analfa- betos de los mercados de la ciudad y las categorias de “emplea- dos" y “profesjonales” también encierran a personas de muy diferente nivel social. Para tener una idea mas ajustada de quiénes aparecian ins- criptos cn el Registro Civico y. par lo tanto, de quiénes reatiza- ban al menos ef primer movitiiento de acereamiento al escena- Ho electoral, ineitiimos en los cuadros siguientes la informacion, disponible sobre la edad y el nivel de alfabetismo de los empa- dronados en las diferentes parraquias, {Piedad Pilar San Gislobal “See Juan B Sen Niguel San Alesis San Teino sania Luca Socorro Fuentes: {dem cuadros 2 y 3, loo La politica en las calles Cundeo 5 nseriptos en et registro etc de la cludad de Buenos Aires, ‘ segun condictén de alfabettsmo, 1867 Y 1878 ‘on porceniajes] 1867 I 1976 V"attabeto [Anaifaveto| atfabeto | anatfabeto alvane a ai [ catearat at Norte | sia Catedral al Norte, f 4 1 B t [sf 37a | t ae a 39 sé b/d : ~ 56 8 1 f 5 35 70 wa [ava ‘San elmo [7237 sz 69 aL Santa Lucie eth = 3/8 sid “Sosara m6 aS 17, Puentes: [der enadros 2 y 3. Como vemos, el perfil ocupacional de los inseriptos para este conjunto de parroguias eva bastante heterogéneo y se mantuvo con poeas variaciones entre 1867 y 1878: obreros, empleados, peones y Jornaleros constitwian mas de la milad del padron, y Sentra de ciios fos titimos eran sin duda la mayoria; los se- ywian los comerciantes de diverso pelaje y finalmente estaban jos profesionales: {especialmente abogados) 3 estudiantes, los Uipacion ene amnbas fechas debido sobre fodo notable {heres mento en In inscripeién cle los estudiantes para 1878, Para ese ana, en todas Tas parroquias mas de la mitad de los empadrona- dos eran menores de 30 fos, mientras que en 1867 predomi- naban log mayores de esa edad. También habia disminuido el numero de analfabetos™. se Los ilias de eleccion ton Este promedio esconde una gran diversidad entre parroquias, Se distinguen tres grupos: Catedral al Sur y San Miguel, con una fuerle presencia de profesionales y sobre todo de estudian- tes asi como de personas vinculadas al comercio. una baja pro- porcion de trabajadores y en particular de peones y jornaieros, yuna muy baja tasa de analfabetismo entre los Inscriptos Ralvanera (datos de 1867 y 1876). Monscisal (1807), San Nico. las (1867), San Telmo (1867), Pilar (1878) y San Juan Evange- lista (1878) con muy alta presencia de trabajadores y cular de peones y jornaleros, baja proporcién de comerciantes profesionales y alta tasa de analfubetismo: Piedad (1867 y 1878). Socorré (1867 y 1878), Catedral al Korte (1867), San Telmo (1878) y Concepeién (1878), con cifras mas parejas entre los diferentes grupos. Estas diferencias sin cuca reflejan tas variaciones ent Ja ¢s- tructura ocupacional y sovial de los distintos barrios y. por lo tanto, es probable quc resulten mas una consccuencia de esa heterogeneidad que de alguma diferenctacion en la estrategia de empadronamiento, En realidad, si comparames al conjunlo de los inseriptos con la poblacion votante potencial (varones aditl- tos argentinos), veriamos que el perfil ocupacional y etario de aquéllos respondia, en términos generales, al de ésta y que, por to tanto, los empadyonados habrian consiituids una especie de muestra del total, aunque con algunos desvios* A gularse por estos datos, entonces, las elecciones portenas —al menos en su etapa preparatoria de empadronamiento— no atraian exclusivamente nia los sectores de arriba nia los de abajo. Quienes quedaban inscriptos eran, aparentemente, sin conjunto menor pero representativo de los potenciales volantes, al menos en cuanto a su perfil por ocupacsones y edades y a stl nivel de alfabettzacién. Si sobresalian los hombres jovenes per tenecientes a los sectores mas bajos de las clases popular muchos de ellos analfabetos, era porque ellos constitulan una mayoria de la poblacién, Y aunque existia, ademas, una sobre- representacién de esos grupos entre los inscriptos, no era Ue tal magostud que anulara la participacion de otros, El problema principal que presenta este tipo de observaciones es que se basa enteramente en la informacion provista por los registros electorales. No solamente es una fuente parcial y mu. chas veces plagada de falsificaciones, sino que ademas recorta los electores de manera individual. Alli se lista a los inseriptos uno a uno, con suis rasgos individuales nombre, edad. origen, coupacin y nivel de alfabetizaciin— y aqui hemos utilizady esa informacion, sumando y restando individuos para constvutr agregados estadisticos abstractos, De esta mancra, se induce

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