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XXII Domingo Del Tiempo Ordinario

Este documento presenta las lecturas y oraciones para el XXII Domingo del Tiempo Ordinario. La primera lectura es del profeta Jeremías y describe su sufrimiento al anunciar la palabra de Dios. La segunda lectura de San Pablo exhorta a los cristianos a presentarse a Dios como una ofrenda viva. El Evangelio relata como Jesús predice su pasión a los discípulos y les dice que deben cargar con su cruz para seguirle. La homilía insta a los fieles a aprender a negarse a sí mism
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XXII Domingo Del Tiempo Ordinario

Este documento presenta las lecturas y oraciones para el XXII Domingo del Tiempo Ordinario. La primera lectura es del profeta Jeremías y describe su sufrimiento al anunciar la palabra de Dios. La segunda lectura de San Pablo exhorta a los cristianos a presentarse a Dios como una ofrenda viva. El Evangelio relata como Jesús predice su pasión a los discípulos y les dice que deben cargar con su cruz para seguirle. La homilía insta a los fieles a aprender a negarse a sí mism
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XXII Domingo del Tiempo Ordinario

03 Septiembre 2023

Monición de entrada

Nos llamamos cristianos porque hemos sido llamados por Cristo; llamados a
seguirle. Pero su llamamiento es de cada día. La celebración de hoy nos
plantea un dilema y es preciso elegir.

Con esa invitación que Dios dirige a cada uno de nosotros, nos disponemos a
celebrar dignamente estos misterios, de pie, cantando juntos.

Monición a la primera lectura (Jeremías 20, 7-9)

Con una sinceridad estremecedora, Jeremías hace una confesión sobre su


tarea de profeta: la Palabra que anuncia se ha vuelto para él una cruz muy
pesada. Escuchemos…

Monición al salmo responsorial (Salmo 62)

El Amor de Dios seduce nuestro espíritu, como sedujo a Jeremías; sólo en él


puede descansar nuestra alma  que está sedienta de Dios. Unámonos con el
salmo 62 diciendo todos: .  Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Monición a la segunda lectura (Romanos 12, 1-2)

A quienes han experimentado la gracia de Dios, San Pablo les exhorta a


rendirle culto y discernir cuál es su voluntad para ajustarse a ella.
Escuchemos

Monición al Evangelio (Mateo 16, 21-27)

Si el domingo pasado Jesús alababa a Pedro y le veía como una roca sobre la
que construyó su Iglesia, hoy Pedro es objeto de reprensión, porque se
convierte en una piedra de tropiezo para Jesús, quien les dice a todos que, si
quieren ser sus discípulos, deben tomar su cruz y seguirle. De pie
escuchemos el Santo Evangelio y cantemos el Aleluya.

1
Oración de los fieles

Presidente: El Señor ha venido a llevar a cumplimiento la palabra de los


profetas. Alimentémonos con el mensaje salvífico, que es su Palabra, y
digamos con fe:

Que nuestros actos te sean gratos, Señor. 

1. Por el sucesor de Pedro, para que con el auxilio de Cristo, cabeza de


nuestra Iglesia, sepa llevar con valentía también el peso de la cruz en su
misión. Oremos.
2. Por los que ejercen cargos de autoridad en los gobiernos, para que lo
hagan con honestidad y transparencia. Oremos.
3. Para que vayan desapareciendo las diferencias muy marcadas de clases
sociales y los más pobres tengan oportunidades de superación. Oremos.
4. Por todos nosotros para que aprendamos a negamos a nosotros mismos,
carguemos con la cruz de cada día y sigamos a Cristo. Oremos.

Presentación de las Ofrendas

Pan y Vino: San Pablo nos ha dicho hoy: «Os exhorto, hermanos, por la
misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva,
santa, agradable a Dios.» Con las ofrendas de Pan y vino presentemos
también al Señor todo nuestro ser.

Comunión

Con el salmo hemos proclamado: «Mi alma está sedienta de ti, Señor,


Dios mío»; esa sed y hambre de Dios nos hacen acercarnos en este
momento a recibirle en la Santa Comunión. Lo hacemos cantando…

Final

La misa ha terminado, pero nuestra misión no. Ahora vayamos a seguir al


Señor, sabiendo que para ello debemos también cargar con nuestra c

2
PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Jeremías 20, 7-9


Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
me forzaste y me pudiste.

Yo era el hazmerreír todo el día,


todos se burlaban de mí.

Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia»,


proclamando: «Destrucción».

La palabra del Señor se volvió para mí


oprobio y desprecio todo el día.

Me dije: «No me acordaré de él,


no hablaré más en su nombre»;
pero ella era en mis entrañas fuego ardiente,
encerrado en los huesos;
intentaba contenerlo,
y no podía.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial: Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9


R.  Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,


mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

3
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré


y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio,


y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 1-2
Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a presentar
vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste
es vuestro culto razonable.

Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la


renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la
voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 16, 21-27


En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que
tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los
ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser
ejecutado y resucitar al tercer día.

4
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

—«¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

—«Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú


piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a sus discípulos:

—«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que


cargue con su cruz y me siga.

Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por


mí la encontrará.

¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina


su vida?

¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria
de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta».

Palabra del Señor.

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