Los Costes de La Violencia Contra La Infancia
Los Costes de La Violencia Contra La Infancia
de la violencia
contra la infancia
Impacto económico y social
© Educo 2018 - Universidad Pontificia Comillas, Cátedra Santander de Derecho y Menores, Facultad de Derecho
Coordinación: Restituto Ramos
Equipo de Investigación: María Eugenia Fabra Florit, Raquel Redondo Palomo, Adam Dubin, Clara Martínez García,
Kepa Paul Larrañaga
Producción: Mónica Viqueira, Clarisa Giamello, Macarena Céspedes.
Maquetación: Elena Martí
Agradecimientos: a Yolanda Fernández Jurado y Áurea Ferreres Esteban, por su orientación, ayuda y consejos
Depósito Legal: B26687-2018
Marco legal 12
Cuantificación del número de niñas, niños y adolescentes que han sufrido violencia sexual 15
>> 5.1 Dificultades a la cuantificación 15
>> 5.2 Estimaciones de fuentes oficiales 16
>> 5.3 Otras fuentes de información 19
>> 5.4 Cuantificación final 19
Referencias bibliográficas 44
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Los costes de la violencia contra la infancia // Impacto económico y social
¿Por qué un informe sobre el coste de la
violencia hacia la infancia?
1.1 Introducción
Cada día, millones de niños y niñas en el mundo son víctimas de violencia, violencia física, sexual o psicológica.
Según la Alianza ChildFund, de la que Educo forma parte, uno de cada dos niños en el mundo ha experimenta-
do algún tipo de violencia antes de cumplir 8 años.
La violencia contra la infancia es una clara vulneración del artículo 19 de la Convención sobre los Derechos de
la Niñez y, por lo tanto, es obligación de los Estados velar por que no se produzca, asegurando la protección de
todos los niños y niñas que viven en su territorio.
Se produce en multitud de escenarios, en sus hogares, colegios, en la calle o en el cibermundo, y tiene efectos
directos sobre su salud, educación, desarrollo cognitivo, social y afectivo y, en general, sobre su bienestar. Estas
consecuencias pueden ser temporales, pero también pueden durar años, incluso, toda la vida.
Los niños y niñas que han sufrido violencia desarrollan estrategias para sobrevivir a esta dolorosa experiencia y seguir
adelante. Pero es innegable que sus vidas hubieran sido muy distintas sin violencia. Las consecuencias no solo reper-
cuten en las víctimas o en su entorno más inmediato, sino que afectan al conjunto de la sociedad, de hoy y del futuro.
Hablamos de un coste difícilmente calculable, pero que conlleva una inmensa pérdida para nuestras sociedades.
La base fundamental del trabajo de Educo consiste en velar por que se cumplan los Derechos de la Infancia y
asegurar su bienestar. Desde hace más de 5 años, hemos trabajado por conocer en detalle las causas y conse-
cuencias de la violencia y para que esta sea una prioridad en la agenda internacional y nacional.
Fruto de este trabajo a nivel global es la meta 16.2 del Objetivo de Desarrollo Sostenible 16, Paz, Justicia e Ins-
tituciones Sólidas de la Agenda 2030, que plantea expresamente «poner fin al maltrato, la explotación, la trata
y todas las formas de violencia y tortura contra los niños y niñas».
Para ello, es imprescindible conocer minuciosamente los problemas que les afectan. La prevención y, en su caso,
la reparación de la violencia y la restitución de derechos –si esta no se ha podido evitar- pasan por conocer
la dimensión real del problema. Entre otros aspectos, es necesario poder cuantificar a las víctimas con unos
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mecanismos de identificación y de registro adecuados. Asimismo, es imprescindible conocer la dimensión eco-
nómica de la violencia hacia la infancia; no solo para poder ofrecer una mejor intervención y mayor apoyo a las
víctimas, sino para favorecer los programas preventivos frente a los paliativos. Más allá del sufrimiento que se
debe evitar, el coste de prevención siempre será infinitamente menor al coste social.
Educo en España ha trabajado para impulsar una Ley Integral de Violencia Contra la Infancia, y en su compro-
miso por erradicar este problema se ha unido a la Cátedra Santander de Derecho y Menores de la Universidad
Pontificia Comillas para llevar a cabo este informe que presenta una aproximación sobre el coste económico y
social de la violencia contra la infancia en nuestro país.
«Tendría que quedar bien claro a todo el mundo que no se debe maltratar a los niños» o «Me gustaría
que de verdad se hiciera algo con los que maltratan a los niño» son dos demandas que surgen del trabajo
de Educo con niños y niñas en España. Conocen sus problemas, identifican qué violencias les afectan e incluso
ofrecen soluciones. Son ellos los que nos ayudan a poner el foco y a trabajar en diferentes campos para erradicar
la violencia y son a ellos y a ellas a los que no podemos seguir fallando.
Todos los tipos de violencia deben y pueden ser prevenidos y erradicados, todas y todos somos parte del pro-
blema y de su solución, el Estado tiene la obligación de poner en marcha políticas adecuadas, con recursos y
con un enfoque de prevención, y nosotros y nosotras tenemos la responsabilidad social de no tolerar ningún
tipo de violencia contra la infancia.
Junto con estas consecuencias hay que considerar un efecto económico generado por la violencia, ligado a los
costes sanitarios, jurídicos, sociales, educativos y al impacto en términos de déficit de desarrollo de potenciali-
dades de la infancia. La violencia no solo afecta a la víctima y su entorno, sino a toda la sociedad, y repercute en
el desarrollo socioeconómico del Estado en su conjunto.
Las consecuencias de ignorar la violencia contra la infancia son claramente dramáticas a nivel ético y social,
además, como trata de manifestar este estudio, también generan importantes consecuencias a nivel económico.
De forma adicional, este informe quiere evidenciar la falta de disponibilidad pública de datos fiables y armóni-
cos de casos de violencia, y ofrecer recomendaciones para un sistema eficaz de reporte, que permita un mejor
desarrollo de políticas que respondan al problema de la violencia contra la infancia.
Esta es la razón de este estudio, realizar una primera aproximación a la estimación del impacto económico de
la violencia contra niñas, niños y adolescentes, identificar las lagunas de información y poner en evidencia una
cuantificación posible a partir de los datos disponibles actualmente. Si no se puede cuantificar una realidad
no se puede resolver, no es posible hacer política pública, ni generar presupuestos adecuados, ni evaluar
el impacto y la eficacia de las actuaciones.
2.1 Metodología
El estudio se basa en la metodología propuesta por la Alianza ChildFund y aplicada por el Overseas Develop-
ment Institute (ODI) para el estudio The costs and economic impact of violence against children1. Educo (miem-
bro de ChildFund) junto con la Cátedra Santander de Derecho y Menores, de la Facultad de Derecho de la
Universidad Pontificia Comillas, ha adaptado dicha metodología en su diseño y aplicación a las características
del contexto español para optimizar los resultados sobre los objetivos señalados en este estudio.
El análisis ha sido apoyado por propuestas metodológicas adicionales que aparecen en la literatura para es-
tudios similares en otros contextos (Bowlus, McKenna, Day y Wright, 2003; Habetha, Bleich, Weidenhammer y
Fegert, 2012; Access Economics Pty Ltd Consultants, 2004) adaptadas al caso español.
Con el fin de ser lo más precisos posible, se ha considerado oportuno focalizar el estudio únicamente en
el abuso sexual. La justificación de esta elección viene avalada por el informe del Centro Reina Sofía: Maltrato
infantil en la familia en España (2011) en el que especifica que el abuso sexual es el tipo de maltrato que más se
reitera, no el más frecuente, sino el que, cuando se produce una vez, más tiende a repetirse.
A partir de esta elección, para la obtención de los datos empleados, el estudio se ha apoyado en fuentes secun-
darias. Estas fuentes han servido tanto para la determinación del número de casos de abuso sexual contra NNA
en España como para llevar a cabo una valoración de los costes de esta tipología del maltrato. Con respecto a la
temporalidad, se toma como base el año 2015, buscando determinar, por un lado, los costes a los que se debe
hacer frente en ese año como respuesta directa a los casos de abuso sexual declarados y, por otro lado, los costes
en ese año correspondientes a las personas que han sufrido abusos sexuales con anterioridad.
Siguiendo la literatura sobre el tema se han clasificado los costes de la violencia en cuatro grandes grupos: cos-
tes sanitarios, educativos, judiciales y sociales.
Las dificultades asociadas al cálculo del coste del abuso sexual contra NNA, derivadas de numerosas cuestiones
(falta de información relativa al número real de víctimas, amplia tipología de costes tanto por sus características
como por su temporalidad y su definición y clasificación, complejidad en el aislamiento de los costes específicos
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derivados del maltrato, etc.), imposibilitan una determinación precisa de los mismos. Asimismo, en el análisis
solo se ha tenido en cuenta a las víctimas directas, aun sabiendo que la violencia también tiene un impacto en
las personas del entorno, son víctimas indirectas.
Por ello, en el presente trabajo ofrecemos una cifra de mínimos, respecto a los siguientes supuestos:
• Con respecto al número de NNA que han sufrido abuso sexual, se ha tomado la cifra más objetiva posible.
Dicha cifra solo representa la realidad reportada (casos notificados), pero no la verdadera dimensión del
mismo (casos totales ocurridos).
• Con respecto a la determinación de los costes, se han determinado solo una serie de costes, los más repre-
sentativos, pero no todos ellos. Para dar coherencia a este estudio, se ha determinado al menos uno de los
costes relevantes en cada uno de los grupos señalados: sanitarios, educativos, judiciales y sociales.
Aunque España cuenta con sistemas de reporte de la violencia contra la infancia y la adolescencia, aparecen
muchas dificultades a la hora de conseguir coherencia entre las distintas fuentes, se encuentran lagunas y
discrepancias entre ellas. Muchas son las razones de esa situación:
• Definiciones y tipologías poco claras del maltrato contra la infancia y la adolescencia.
• Datos no siempre desagregados por edad, sexo, situación familiar, tipo de violencia, etc.
• Falta de uniformidad en la recolección de datos por parte de las corporaciones locales, provinciales y CC. AA.
• Difícil acceso a fuentes como hospitales, registros judiciales y policiales, dada la confidencialidad de los datos.
• Posibles solapamientos de un mismo caso en diferentes registros.
Adicionalmente, las fuentes oficiales solo pueden dar cuenta de los casos reportados lo cual hace que sea
extremadamente difícil poseer datos precisos sobre la verdadera dimensión del problema.
Por otra parte, la diversidad de costes asociados al maltrato contra la infancia y la adolescencia (directos/indi-
rectos, a largo y corto plazo, etc.), y la dificultad de segregación de estos dificultan enormemente su imputación
de forma precisa y correcta, lo que lleva a una imputación aproximada de los mismos.
Teniendo en cuenta todo esto, con la metodología empleada, este estudio presenta diversas limitaciones:
• Solo se ha analizado el abuso sexual, dejándose de lado en el análisis otros tipos de violencia a
pesar de su importancia.
• Solo se han analizado costes de las víctimas directas.
• El impacto de la violencia difiere según la edad de la víctima, sin embargo, no se ha podido
abordar este aspecto por falta de datos discriminados por edad.
• Con respecto a la identificación de los costes y dada la diferente naturaleza de los mismos, se han
determinado solo una serie de costes, pero no todos ellos.
• Las valoraciones económicas siguen una estimación mínima de costes, como se ha mencionado
en el apartado anterior.
• Para la determinación de algunos costes directos se ha trabajado en términos medios, lo que
supone tratar de una manera similar todos los casos analizados.
La violencia física incluye daños físicos reales o potenciales perpetrados por otra persona, sea adulta, niña, niño o
adolescente, como castigos corporales y todas las demás formas de tratos crueles o degradantes, la intimidación
física, las prácticas nocivas como la mutilación genital femenina, hacer que niños o niñas realicen trabajos físicos.
La violencia emocional y mental incluye el maltrato psicológico, abuso mental, agresión verbal como: cual-
quier forma de relación perjudicial persistente con la infancia como hacer creer a una niña o niño que no vale
nada, que no es amado ni valorado, restringir el movimiento, degradar, humillar, intimidar, ridiculizar y otras
formas de tratamiento hostil o de rechazo, desatender sus necesidades afectivas, médicas y educativas, someter
a un régimen de incomunicación o aislamiento.
La violencia y abuso sexual; inducir a una niña, niño o adolescente a participar en actividades sexuales para las
que no está suficientemente desarrollada/o, como la coacción para que una niña o niño se dedique a cualquier
actividad sexual ilegal o psicológicamente perjudicial, incluidos los comentarios o insinuaciones sexuales no de-
seados, la utilización de la infancia con fines de explotación sexual comercial y para la producción de imágenes
de abusos sexuales, la esclavitud sexual, la explotación sexual, la trata y el matrimonio forzado.
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El descuido y trato negligente incluyen el fracaso en supervisar y proteger apropiadamente a las niñas, niños y ado-
lescentes de posibles daños como el descuido físico intencionado, el descuido psicológico o falta de apoyo emocional,
la exposición a la violencia y al uso indebido de drogas y alcohol, el descuido al no proporcionarles la atención médica
necesaria o el descuido educativo.
El capital humano es el conjunto de conocimientos, habilidades y talentos que posee una persona y la
hace apta para desarrollar actividades específicas en el mercado laboral (Shultz, 1983). El capital humano
permite el incremento de la productividad de los individuos y, por tanto, el proceso educativo resulta un factor
crucial en la formación y desarrollo de dicho capital humano.
La teoría del capital humano formaliza, por tanto, el vínculo entre el nivel educativo alcanzado por el individuo
y su situación en el mercado de trabajo. Desde esta perspectiva teórica, la educación se explica como una deci-
sión inversora, al tenerse en cuenta los beneficios laborales que el aumento de conocimientos lleva aparejado.
A mayor educación, mayor productividad, mejora salarial, incremento de las opciones laborales, y a nivel social,
mayor crecimiento y desarrollo.
El capital social se entiende por “el conjunto de las características de la organización social, tales como las redes,
las normas y la confianza que facilitan la coordinación y la cooperación para el beneficio mutuo” (Putnam,
1995a:67). Dicho de otra manera, el capital social es el conjunto de normas, redes y organizaciones construidas sobre
relaciones de confianza y reciprocidad, que contribuyen a la cohesión, el desarrollo y el bienestar de la sociedad.
El capital social incluye la capacidad de los miembros de una sociedad para actuar y satisfacer sus necesidades
de forma coordinada y en beneficio mutuo. Numerosos estudios muestran que un elevado capital social está
siempre asociado a mejores resultados sociales, políticos y económicos (Urteaga, 2013), puesto que mejora el
funcionamiento de los mercados, favorece el establecimiento de las relaciones estables de confianza, reciproci-
dad y cooperación y se reduce la incertidumbre.
Altos niveles de estos capitales favorecen la formación de sociedades más eficientes, más justas y donde el be-
neficio mutuo y la solidaridad tienen mayor cabida.
Entendemos entonces que, la violencia hacia niñas, niños y adolescentes pone en riesgo el desarrollo del
capital humano y social, y, finalmente, tendrá consecuencias económicas para la sociedad.
A partir de diferentes estudios, hemos elaborado la siguiente tabla en la que se clasifican las consecuencias del
maltrato infantil, sus efectos en términos de capital humano y social, así como los tipos de costes asociados.
Es importante aclarar que se ejemplifican los tipos de costes más importantes, sin pretender dar una relación
exhaustiva. Este cuadro servirá de base para los análisis de costes de los siguientes capítulos.
Las consecuencias de la violencia contra NNA trascienden al individuo y su entorno y tienen un efecto económi-
co de gran calado a corto y largo plazo, tanto a través del incremento del gasto público (mayor gasto sanitario,
social, educativo) como de la pérdida de valor social (menor desarrollo, reducción de la productividad, pobre
inserción sociolaboral, reducción del crecimiento).
Por tanto, la prevención de la violencia debe ser calificada como inversión, ya que su retorno revierte no
solo en la persona, sino en toda la sociedad.
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Marco legal
Diversas son las referencias legales en las que se asienta este estudio. A continuación, nos referimos a las más
significativas.
• En primer lugar, la Convención sobre los Derechos de la Niñez de 1989 (CDN), recoge en su artículo
19 el derecho a la protección del menor de edad de esta manera: «1. Los Estados parte adoptarán todas
las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda
forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido
el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de
cualquier otra persona que lo tenga a su cargo. 2. Esas medidas de protección deberían comprender según
corresponda procedimientos eficaces para el establecimiento de programas sociales con objeto de proporcio-
nar la asistencia necesaria al niño y a quienes cuidan de él, así como para otras formas de prevención y para
la identificación, notificación, remisión a una institución, investigación, tratamiento y observación ulterior de
los casos descritos de malos tratos al niño y, según corresponda, la intervención judicial».
• En 2016, el Comité de los Derechos del Niño, en la Observación General nº19 sobre gasto público y de-
rechos de la infancia, destaca la necesidad de asegurar tanto la información por parte de las administracio-
nes territoriales en materia de infancia como la ejecución presupuestaria.
España ratificó en 1990 la Convención sobre los Derechos de la Infancia, lo que implica que está obli-
gada a que esta se cumpla y respete en todo su territorio y debe proveer de los medios necesarios en los
distintos niveles de la administración pública para garantizar su cumplimiento.
En las Observaciones Finales de 20182 realizadas a España sobre la implementación de la Convención y, en re-
lación, a la Observación General nº19 anteriormente mencionada, el Comité insta a España a «adoptar medidas
para promover en todas las comunidades autónomas, una evaluación integral de las necesidades presupuestarias
relacionadas con los niños con miras a redistribuir los recursos destinados a hacer efectivos los derechos del niño.
El Comité se muestra, también, seriamente preocupado por el hecho de que las inversiones en la infancia realiza-
das por el Estado parte no hayan alcanzado un nivel suficiente para compensar el impacto negativo de la grave
crisis económica y social que comenzó en 2008». Recomienda al país que «a) Adopte un criterio basado en los
derechos del niño a la hora de elaborar presupuestos públicos en los que se especifiquen claramente las asignacio-
nes para los niños, con inclusión de indicadores específicos y de un sistema de seguimiento que permita supervisar
y evaluar la adecuación, eficacia y equidad de la distribución de los recursos asignados para la aplicación de la
Convención; b) Mejore la transparencia en lo relativo a la utilización de los recursos asignados a los niños, alen-
tando el diálogo público, incluso con los niños, y estableciendo mecanismos apropiados de rendición de cuentas
para las autoridades regionales y locales; c) Defina partidas presupuestarias dedicadas a los niños desfavorecidos
o marginados que puedan requerir medidas sociales afirmativas, y vele por que esas partidas presupuestarias
estén protegidas incluso en situaciones de crisis económica, desastres naturales u otras emergencias; d) Emprenda
evaluaciones del impacto de las medidas jurídicas y normativas que afecten los derechos del niño, con arreglo a
lo previsto en la Ley núm. 26/2015.»
En el capítulo que se refiere a la Coordinación, el Comité Reitera su recomendación de que el Estado parte
siga fortaleciendo sus sistemas de coordinación en la administración central y entre las comunidades
autónomas para aplicar políticas destinadas a la promoción y protección de los derechos del niño.
En lo que se refiere a reunión de datos recomienda que: «a) Amplíe la capacidad de reunión de datos desglo-
sados sobre los niños en todos los aspectos de la Convención a distintos niveles territoriales, especialmente sobre
los niños en situaciones de vulnerabilidad; b) Asegure que los datos e indicadores estén a disposición de todos los
ministerios competentes y se utilicen para la formulación, vigilancia y evaluación de las políticas, los programas
y los proyectos encaminados a la aplicación efectiva de la Convención; c) Tenga en cuenta el marco conceptual y
metodológico definido en el informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos
Humanos titulado Indicadores de derechos humanos: guía para la medición y la aplicación».
En las recomendaciones del Comité sobre explotación y abusos sexuales se advierte al Estado parte para que
aborde el 16.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible sobre finalizar con el maltrato, la explotación, el tráfico
y todas las formas de violencia y tortura de niños y niñas, y recomienda al Estado parte que «(a) Considere la
adopción de ampliaciones adicionales del estatuto de limitaciones respecto a casos de abuso sexual infantil; (b)
Asegure canales de denuncia accesibles, confidenciales, aptos para menores y efectivos para la explotación sexual
y el maltrato, incluyendo incesto y maltrato en el entorno escolar; (c) Mejore las habilidades entre profesionales y
fortalezca la coordinación intersectorial para abordar casos de maltrato infantil y agilice el desarrollo de protoco-
los de atención; (d) Investigue de forma proactiva casos de explotación sexual y maltrato infantil, enjuicie a los
autores de los delitos y asegure sanciones adecuadas, si son declarados culpables; (e) Asegure la puesta en prác-
tica de medidas planeadas para facilitar protección en todos los casos a víctimas infantiles durante los procedi-
mientos judiciales, incluyendo medidas que aseguren que las víctimas infantiles no tengan que enfrentarse a los
autores del delito así como la utilización de interrogatorio mediante vídeo y grabación por audio y vídeo; (f) Agi-
2 CRC /C/ESP/CO/5-6
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lice los procedimientos judiciales en casos de abuso sexual que involucren a niños víctimas para reducirles los
periodos de espera a la hora de testificar».
• El sistema estatal de protección queda articulado mediante la Ley Orgánica 1/1996, del 15 de enero,
de Protección Jurídica del Menor, y sus modificaciones plasmadas en la Ley Orgánica 8/2015 y la Ley
26/2015, del 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia que esta-
blece una regulación estatal más completa de las situaciones de riesgo y desamparo, a la par que, garantiza
a este colectivo una protección uniforme en todo el territorio español.
• Estas leyes constituyen el marco de referencia para la legislación específica de las comunidades autónomas
con arreglo a sus competencias en esta materia. En el artículo 11 de la Ley orgánica 26/2015 se establece
como principio rector de la actuación administrativa la protección de los menores de edad contra cualquier
forma de violencia. De acuerdo con ello, los poderes públicos desarrollarán actuaciones de sensibili-
zación, prevención, asistencia y protección frente a cualquier forma de violencia, estableciendo los
procedimientos que aseguren la coordinación entre las administraciones públicas competentes. Se
introduce la supremacía del interés superior de la infancia como principio rector y la prevención y la de-
tección precoz de todas aquellas situaciones que puedan perjudicar su desarrollo personal.
Lo que nos interesa es conocer la realidad de la violencia y el abuso sexual contra la infancia, es decir el número
de niños y niñas que lo sufren o lo han sufrido.
En la Campaña Uno de cada Cinco3 del Consejo de Europa se señalan algunas de las razones por las que la cifra
de niños y niñas que han sufrido violencia sexual es tan difícil de conocer:
• Algunos niños, niñas y adolescentes carecen de instrumentos y medios adecuados para notificar la
violencia sexual de la que son objeto. Algunos, por su corta edad, son incapaces de expresarse, en otros
casos se suman discapacidades intelectuales, o están gravemente traumatizados. La violencia sexual en la
mayoría de los casos es intrafamiliar, por lo que la relación con la persona agresora suele ser cercana y de
afecto. La persona agresora suele amenazar y utilizar la vergüenza para mantener el silencio. Asimismo, el
abuso sexual suele ser objeto de represión por parte de quien lo sufre, muchas veces el recuerdo surge mu-
cho tiempo después, generalmente en la edad adulta.
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• Los estudios realizados en la materia presentan distintos métodos de cálculo, distintos objetivos y hasta
distintas definiciones de lo que es la violencia sexual. Muchos estudios no tienen en cuenta los ciberdelitos, por
su reciente aparición.
Las distintas fuentes de información consultadas ofrecen distintas unidades de datos: casos notificados, denun-
cias realizadas, casos judiciales, víctimas, infracciones o infractores. No siempre podemos saber el número de
niños y niñas que han sufrido violencia, ya que en un juicio puede haber varias víctimas, o un menor de edad
puede realizar varias notificaciones en distintos momentos o territorios.
A partir de los datos de los diferentes registros, tendremos que aproximarnos a visibilizar la realidad no
denunciada, no notificada, esa realidad silenciada, la dimensión real de la violencia sexual.
El Centro de Documentación Judicial se encarga, como decíamos, de la recopilación de las sentencias, decisio-
nes o fallos dictados por los tribunales, por lo tanto, sus estadísticas no refieren a la cantidad de menores de
edad víctimas, sino a las sentencias o fallos emitidos, hay que considerar que en una misma sentencia puede
haber varias víctimas. Para el año 2015 recoge una cantidad de 826 sentencias en delitos de violencia se-
xual a menores de edad, incluyendo delitos informáticos.
El Registro Unificado de Maltrato Infantil (RUMI) nace con el objetivo de conocer el número de casos
detectado de maltrato infantil en España. Se trata de un registro de ámbito estatal que recopila datos de profe-
sionales del ámbito educativo, los servicios sociales, la sanidad y la policía para cada tipo de maltrato. El mayor
inconveniente es que recoge solo los casos de violencia intrafamiliar y que esta recogida de datos es voluntaria;
además, el RUMI convive con otros sistemas de recogida en las distintas autonomías.
En su tipología recoge el abuso sexual, y arroja un número de 687 notificaciones de abuso sexual en el año 2015.
El Anuario de la Criminalidad es una publicación donde figuran las estadísticas relacionadas con los delitos
cometidos en el país. Destaca la existencia de un capítulo único que recopila información sobre delitos relacio-
nados con la infancia.
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La clasificación que utiliza enmarca la violencia sexual en el apartado de Infracciones contra la libertad sexual,
donde subdivide en cuatro apartados:
Para el año 2015 reporta un total de 3.919 personas menores de edad víctimas de este tipo de delitos,
de las cuales 2.066 eran menores de 13 años y 1.853 de entre 14 y 17 años.
Algunos de los aspectos que hay que tener en cuenta para la correcta interpretación de estos datos:
• No se desglosa el tipo de denuncia,
• No registra los casos que son notificados, solo los que son denunciados,
• No permite hacer el seguimiento de lo que ocurre tras la denuncia en el sistema judicial.
Desde la Fiscalía de Menores se ofrece información de los casos que han implicado la apertura de un proceso
judicial, sin embargo, no podemos hacer un seguimiento de estos casos y conocer el porcentaje de causas so-
breseídas o las características de los mismos. Reporta un total de 1.081 casos en 2015.
4 El artículo 183 bis del Código Penal considera Delito de Corrupción de Menores “el que, con fines sexuales, determine a un menor de dieciséis años a participar en un
comportamiento de naturaleza sexual, o le haga presenciar actos de carácter sexual, aunque el autor no participe en ellos...”.
5 Los delitos contra la libertad e indemnidad sexual son aquellos hechos que atentan contra la libertad de elección sexual de la persona, o que promueven la sexualidad en
algún sentido cuando el sujeto pasivo (víctima) es menor de la edad de consentimiento estipulada por la ley o incapaz. Están regulados en el Título VIII del Código Penal, que
se llama “Delitos contra la libertad e indemnidad sexuales. La indemnidad sexual se relaciona directamente con la necesidad de proteger y garantizar el desarrollo normal en el
ámbito sexual de quienes aún no han alcanzado el grado de madurez suficiente para ello, como es el caso de las y los menores de edad; asimismo de quienes, por anomalías
psíquicas, carecen de plena capacidad para llegar a tomar conciencia de lo que significa una relación sexual. Entre los delitos regulados están: las agresiones sexuales, el abuso
sexual, los abusos y agresiones sexuales a menores de 13 años, los delitos de exhibicionismo y provocación sexual y los delitos relativos a la prostitución y la corrupción de
menores de edad. Por tanto, en este apartado se incluyen los delitos contra la libertad e indemnidad sexual no incluidos en los anteriores
Entre los estudios relevados en las investigaciones, encontramos el de LÓPEZ, F. (1994). A través de una encuesta
a 2.000 personas a las que se les preguntaba sobre si habían sido abusadas alguna vez antes de los 16 años, el
resultado fue que el 18,9% de la población había sido víctima de abusos sexuales. Por sexos la prevalencia era
de 15,2% en los varones y 22,5% en las mujeres.
En otro estudio posterior, PEREDA, N. y FORNS, M. (2007)7, a partir de una muestra de 1.033 estudiantes matricula-
dos en la Universidad de Barcelona durante el curso 2001-2002, concluía que un 17,9 % declararon haber sido víc-
timas de violencia sexual durante su infancia, y un 14 % habían sido víctimas de abuso sexual antes de los 13 años.
En 2012 se publica el artículo “A prevalence- based approach to societal costs ocurring in consequence of childs
abuse and neglect”8 en el que se analizan los costes del abuso contra NNA para datos de Alemania. Este estudio
realizado a través de una encuesta con población adulta arroja una prevalencia de la violencia en la infancia de
14,5 %. Se asume que esta prevalencia sería aplicable a España dada la convergencia que para estos aspectos
existe a nivel europeo.
Del conjunto de datos presentados por los distintos registros de información revisados y presentados anterior-
mente, es el aportado por el Anuario de la Criminalidad de 2015 el que tiene una visión más global porque es
un registro exhaustivo de la información, no voluntario como en el caso del RUMI. Igualmente debemos tener
en cuenta que hablamos de datos oficiales de denuncias, sin contemplar aquellas notificaciones que no se con-
cretan en denuncia.
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Según esto, en base a las denuncias registradas en el Anuario de la Criminalidad, tomamos la cifra de 3.919
niñas, niños y adolescentes que han sufrido atentados contra su libertad sexual en alguna de sus tipo-
logías en el año 2015, cifra a partir de la cual calcularemos los costes de la violencia.
Casi 4.000 niñas y niños que sufren violencia sexual en un año es una cifra clamorosa, en términos de sufrimien-
to, desprotección y daño. Sin embargo, la realidad de la violencia sexual va mucho más allá, es una sombra
que se proyecta sobre muchos más niños y niñas.
Si seguimos la campaña Uno de cada Cinco del Consejo de Europa, se afirma que uno de cada cinco niños es vícti-
ma de la violencia sexual. Teniendo en cuenta que, en España, la población menor de 18 años es, según el INE, de
8.767.324 niñas, niños y adolescentes, la violencia sexual alcanzaría, por lo tanto, a 97.415 niñas y niños en un año.
Según los otros informes mencionados, la prevalencia identificada varía desde 14,5 % a 20 %. Esto nos sugiere
que el impacto de la violencia es muy superior al que recogen nuestros sistemas y que nuestros sistemas deben
variar y adecuarse para poder dar una mayor y mejor respuesta a los casos de violencia sexual contra la infancia.
La violencia que no se detecta, continúa, sigue causando daño y sufrimiento. Si no la detectamos, no seremos
capaces de actuar, si no conocemos su alcance no podremos diseñar medidas de prevención y presupuestar
adecuadamente, así como evaluar el impacto.
3.919
casos
denunciados
97.415
casos
estimados totales
9 Fuente: elaboración propia a partir del dato de prevalencia de la Campaña 1 de cada 5 en un año (97.415) y los casos registrados en el Anuario de Criminalidad (3.919).
Por otra parte, existe una amplia tipología de costes específicos que pueden derivarse del hecho de sufrir
violencia sexual y que, además, pueden estar interrelacionados con otro tipo de problemas, por lo que es muy
complicado hacer una diferenciación fiable y exacta.
En todo caso, a continuación, teniendo en cuenta los inconvenientes existentes, vamos a tratar de aproximarnos
a una cifra partiendo de la siguiente clasificación de costes10:
• Directos/Indirectos
Los costes directos son aquellos asociados a proveer recursos y servicios a los NNA víctimas de violencia,
por ejemplo, los costes de atención sanitaria y servicios médicos, de servicios de acogida y servicios lega-
les. Por su parte, los costes indirectos son aquellos que se generan y mantienen a partir de un maltrato,
pero que no son aplicados a la atención inmediata. Se refieren, por tanto, al dolor y al sufrimiento de los
NNA maltratados, una vez que ha pasado el acto de maltrato en sí mismo. Estos costes incluyen aquellos
relativos a secuelas físicas y psíquicas, deterioro en el desarrollo académico, el impacto de la violencia en
la futura participación y cualificación laboral, etc.
• Económicos/No económicos
Los costes económicos son aquellos relativos a los servicios que tienen un precio en el mercado o para los
que se puede asignar un coste aproximado. En cuanto a los costes no económicos son aquellos que no
pueden valorarse en términos monetarios, dado que están relacionados con los costes emocionales de la
víctima y su familia, el daño social a largo plazo.
• De prevención/De actuación
Se denominan costes de prevención a aquellos costes relativos a comunicaciones, sesiones informativas y
todas aquellas campañas y actuaciones orientadas a la prevención del maltrato. Los costes de actuación
21
en el caso se producen cuando el maltrato ya ha tenido lugar y, en consecuencia, se focalizan en el estu-
dio y medida del coste asociado a la situación.
Existe una clara vinculación entre las categorías, por ejemplo, los cos-
tes directos se valoran económicamente con más facilidad, son costes “La amplia tipología
de actuación y se suelen producir a corto plazo. Por el contrario, los de costes que pueden
costes indirectos son más difíciles de valorar económicamente, van derivarse del hecho
ligados a la prevención o a la actuación y sus consecuencias se suelen
de sufrir violencia
dar a largo plazo.
sexual sumada a la
En este trabajo se han considerado los costes directos e indirectos, de falta de información
carácter económico y de actuación. complican
enormemente el
Referente a la temporalidad, la literatura ofrece diferentes metodo-
cálculo de los costes”
logías de cálculo11. En este estudio, como buscamos obtener el coste
económico que representa la violencia sexual contra la infancia duran-
te un año, hemos utilizado un enfoque de prevalencia. Este enfoque consiste en calcular los costes de un deter-
minado año (2015 en este estudio) a partir de costes del pasado en función de la tasa de prevalencia. El método
determina el coste anual estimado, durante un año concreto de todos los individuos que han sufrido ese abuso
o están sufriendo las consecuencias del mismo, independientemente de cuando ha tenido lugar el mismo.
En cuanto a la metodología para el cálculo de costes, hemos utilizado dos métodos en función del tipo de
costes y los datos disponibles. El Método III12 consiste en fijar un coste unitario mínimo a partir de los datos
disponibles y multiplicar por el número de NNA que han sufrido violencia sexual. El coste calculado a partir de
esta metodología debe tomarse como un mínimo de los mismos, son costes infraestimados. En otros casos se ha
optado por el Método IV13, que propone un análisis descriptivo de los costes derivados de la violencia, pero no
añade información cuantitativa. Para aquellos costes en los que no puede estimarse un coste mínimo, aunque
no sea posible cuantificarlo, es importante identificarlo y hacer notar su existencia.
A partir de estos métodos tendremos un coste de las consecuencias de la violencia sexual contra la infancia para
un año dado y una imagen de las consecuencias no cuantificables y del impacto en la vida de los niños y niñas
y en la sociedad en su conjunto.
Asimismo, haremos un doble cálculo. Por un lado, tomando la prevalencia en función de menores de edad
que han sufrido violencia sexual según el Anuario de la Criminalidad a lo largo de 2015, 3.919 niños y niñas;
asumiendo que este dato se repite cada año, aunque la tendencia de este registro es al alza. Y, por otro lado,
calculando en base a la prevalencia que corresponde a la Campaña 1 de cada 5 del Consejo de Europa, cuya
estimación para España en un año es de un total de 97.415 niños y niñas. (como se detalla en el apartado 4.4
del capítulo anterior)
Para un mejor análisis hubiéramos necesitado datos que actualmente no se elaboran de manera siste-
mática. Por ejemplo, datos de frecuencia, cantidad y coste de: visita médica de pediatría, atención de urgencia
pediátrica, tipologías de visitas, hospitalizaciones de pediatría, uso de fármacos, atención psicología y psiquiá-
trica, entre otros.
Se han considerado como costes directos los gastos derivados del protocolo de actuación en un caso de
maltrato (sanitarios y judiciales) y aquellos que son consecuencia del daño y las enfermedades físicas derivadas
de manera directa del episodio de maltrato.
En el caso de los gastos sanitarios derivados del protocolo se han diferenciado dos posibles situaciones. Si la
notificación del caso viene derivada de la policía, el centro educativo, los servicios sociales, o la guardia civil
(suponen un 77,53 % de los casos según datos del Observatorio de Infancia) se generará una visita adicional a
los servicios sanitarios de urgencia. El coste de dicha visita a urgencia, lo hemos estimado en 328€.14
Para los casos notificados a través de servicios sanitarios (un 22,47 %) será necesaria atención primaria, servicio
de urgencia, atención especializada e incluso ingreso hospitalario. Estimamos estos servicios en 1.017€.
También es un coste directo derivado del protocolo el que se genera con el proceso judicial. Los casos que
pasan a proceso judicial fueron 734 en 2015 según datos del CENDOJ. Estos casos generan un gasto sanitario
relacionado con la necesidad de realizar la prueba constitutiva (Instituto de Medicina Legal) cuyo coste se ha
estimado en 328,11 €.
En el caso de los costes derivados de las consecuencias físicas del abuso sexual a corto plazo, que genera una
necesidad de atención sanitaria de urgencia, se ha estimado que las niñas y niños que sufren abuso sexual
tienen una tasa de visitas a servicios de urgencia de 8,2 visitas.15
El 12,3 % de las visitas a urgencias terminan en ingresos hospitalarios, según estadísticas oficiales, siendo la
estancia media de internación 7,8 días. Por lo tanto:
3.919 casos *(12,3 % de 8,2 visitas) * 7,8 días * 328,11€ coste día = 10.115.988 €
14 Cálculo realizado a partir del Informe Anual del Sistema Nacional de Salud, siguiendo el criterio de total de gastos dividido el número de consultas.
15 Información extraída del articulo Detección del maltrato contra NNA publicado en la revista Enfermería docente 2015 [Link]
php
23
Según el informe Long Term Consequences of Child abuse and neglect16, el 28 % de los NNA involucrados en
una investigación de maltrato sufrieron alguna condición crónica de salud. Estimamos que las enfermedades
crónicas tienen un coste promedio por paciente de 2.760,63 euros al año.
Los costes sanitarios en el largo plazo se corresponden a los derivados de las secuelas de por vida que
tienen en su salud las personas que han sido sometidas a violencia sexual en su infancia o adolescencia.
Se ha utilizado un sistema de prevalencia consistente, como ya se ha aclarado anteriormente, en determinar
el coste estimado, durante un año concreto, de todos los individuos que están sufriendo las consecuencias del
mismo, independientemente de cuando haya tenido lugar.
Para este cálculo nos hemos basado en el artículo “A prevalence- based approach to societal costs ocurring in
consequence of chils abuse and neglect” (Habetha et al., 2012) en el que se analizan los costes del abuso contra
NNA para datos de Alemania en 2012. Se asume que estos son aplicables a España, dada la convergencia que
para estos aspectos existe a nivel europeo. La metodología propuesta consta de dos pasos:
1. Aplicar la tasa de prevalencia (se asume que es del 14,5 %, tal y como propone Habetha et al. (2012))
a la población española de entre 15 y 64 años (30.720.533 según INE 2015). Con el fin de considerar
únicamente la prevalencia severa y extrema se ha multiplicado la cantidad anterior por el 21 % resultando
una cifra de prevalencia de 935.440 personas.
2. Los costes que se han considerado se refieren a aquellos que tienen lugar durante la vida de la persona
que ha sufrido abuso hasta la edad de 64 años (a partir de ese momento se considera difícil diferenciar
si las causas de las dolencias se deben al maltrato o a otras razones).
A) Costes relacionados con las visitas a urgencias e ingresos hospitalarios (5.271,80 €/año según cálculos
anteriores). En este caso estamos suponiendo, de manera muy conservadora, que cada persona con prevalencia
severa solo incurre en este coste una vez en su vida.
B) Costes relacionados con las enfermedades crónicas (2.760,63 €/año según cálculos anteriores) en los casos
con prevalencia severa (21 %). Como se ha citado anteriormente, el 28 % de las personas que han sufrido mal-
trato padecen enfermedades crónicas. En este caso no se ha dividido entre el rango de edad porque se conside-
ra que las necesidades sanitarias y farmacéuticas son constantes a lo largo de la vida del paciente.
16 [Link]
COSTES SANITARIOS
Directos Indirectos
Concepto Coste Concepto Coste
Como ya indicamos, hay consecuencias de la violencia sexual que no podemos valorar en su impacto económico,
pero que queremos destacar por lo que significa en la vida de los niños y niñas, en su entorno y en la sociedad. No
hemos podido valorar lo que supone el dolor, ni la angustia, o las dificultades de aprendizaje, de concen-
tración, problemas de insomnio, irritabilidad, sobrepeso, problemas emocionales, de relación, etc.
Esta realidad genera costes para el conjunto de la sociedad asumidos por el Estado, tanto en el corto como en
el largo plazo. Ligados al corto plazo estarían el absentismo escolar, la pérdida de cursos escolares y la ne-
cesidad de servicios especiales en el aula. Si pensamos en el largo plazo ya mencionamos, costes derivados
de la pérdida de productividad, salarial y de gasto público en las partidas de desempleo y pensiones.
Partiendo de datos de la “National Survey of Child an adolescent Well-Being18” más de la mitad de los NNA
víctimas de situaciones de violencia están en riesgo de repetir un grado. Según datos del Observatorio sobre
Capital Humano en España del BBVA Research19 el coste de cada fracaso en Bachillerato supone al Estado más
de 2.100 €. Al no encontrar el dato del coste en primaria y secundaria, basamos nuestro cálculo en esta cifra.
17 Tarullo, 2012.
18 Recuperado de [Link]
19 Extraído de [Link]
25
Costes derivados de la pérdida de un curso académico
Hay que tener en cuenta que, para tener una imagen real del coste a nivel educativo que supone esta tipología
de violencia, deberíamos poder calcular los costes derivados de necesidades educativas especiales, absentismo
escolar, bajo rendimiento, fracaso y movilidad escolar, además de los costes indirectos como la baja cualificación
laboral, las dificultades de incorporación al mercado laboral, la pérdida de productividad, etc. La falta de datos
sobre estas cuestiones no permite valorarlos, por lo que el total mencionado no los refleja.
COSTES EDUCATIVOS
Directos Indirectos
Concepto Coste Concepto Coste
Repetición de curso académico 4.114.950 € Baja cualificación laboral
Dificultades de incorporación al
Necesidades educativas especiales
mercado laboral
Absentismo escolar Pérdida de productividad
No valorado No valorado
Bajo rendimiento y fracaso escolar Menor salario y renta
Pérdida permanente de la capacidad
Movilidad escolar
laboral
TOTAL COSTES DIRECTOS 4.114.950 € TOTAL COSTES INDIRECTOS
TOTAL GASTOS EDUCATIVOS 4.114.950 €
Fuente: Elaboración propia
Los costes que se van a valorar en esta partida son de carácter directo, relacionados con el proceso judicial y las
penas de encarcelamiento que se derivan del mismo. Nuevamente ponemos de manifiesto que la cifra que se
ofrece es un mínimo, pues, como se aprecia nítidamente en la tabla, hay muchos costes indirectos que no han
sido posible valorar, como el aumento de delincuencia juvenil en personas que han sufrido abusos, o la posible
mayor criminalidad adulta, conductas abusadoras, etc.
De acuerdo con los datos mostrados en el capítulo anterior, en 2015 se abrieron 734 procesos judiciales por
abuso sexual contra NNA (CENDOJ, 2015). Para determinar un coste relativo al proceso judicial, y después de
un repaso de las fuentes disponibles, hemos optado por el dato que Ana Criado Inchauspé, presidenta de la
Asociación Madrileña de Mediación, manifiesta en una entrevista concedida a “[Link]”, con fecha
del 25/05/201220. Según eso, el coste medio de un proceso judicial es de unos 3.000 €. Dado que estamos
trabajando con datos de 2015, hemos actualizado ese valor de acuerdo al IPC correspondiente21, resultando una
cantidad de 3.048 €.
Para determinar las penas de prisión que han originado los 734 procesos judiciales del 2015, que son la base de
nuestro cálculo, habría que haber revisado cada una de esas sentencias y haber tomado nota detallada de las
penas de prisión de cada una de ellas. En lugar de ello, para conocer este dato, se ha llevado a cabo un muestreo
de 80 sentencias del CENDOJ (error muestral menor al 10 %), de cuyo fallo se ha tomado nota al respecto de
dos cuestiones: si había habido pena de cárcel y, en caso afirmativo, la duración de la pena de encarcelamiento.
Ese muestreo ha ofrecido los siguientes resultados:
Para el cálculo del coste mensual que conlleva el encarcelamiento de una persona hemos encontrado dos datos:
según el Consejo de Europa (2012), el coste medio mensual es de 1.950 €, mientras que según datos publicados
en una página de divulgación22, el coste es de 1.320 €. A pesar de que la fuente más fiable en este caso, por ser
oficial, es el Consejo de Europa, dado que se pretende ofrecer una cifra de mínimos en el coste del abuso sexual
a menores, se ha decidido tomar el valor medio entre ambas cantidades y actualizarlo mediante el IPC a moneda
de 2015, resultando un coste medio mensual de 1.648,13 €, es decir, un coste de 19.777,50 €/año.
Como hemos dicho, este dato final que se reporta sigue también un principio de prevalencia: la prevalencia
consiste en considerar los costes de los abusos sexuales que se han producido en el año y también los que se
derivan de abusos sexuales cometidos con anterioridad, pero cuyas consecuencias prevalecen en 2015. Nuestro
cálculo considera costes futuros, dado que corresponden a las penas de abusos de 2015 y que se cumplirán ese
año y en los posteriores. Haciendo un supuesto de continuidad, podemos considerar que esos gastos futuros
son parecidos a los que se produjeron anteriormente y están siendo devengados en el año que nos ocupa. De
esta manera, estaríamos considerando el coste de las penas de abusos de años precedentes que se están cum-
pliendo en 2015, por lo que la prevalencia está justificada.
20 Recuperado de [Link]
21 INE [Link]
22 Recuperado de [Link]
27
CUADRO 8. Consecuencias y costes judiciales del abuso sexual
GASTOS JUDICIALES
Directos Indirectos
Concepto Coste Concepto Coste
Fuerzas de seguridad No valorado Delincuencia juvenil No valorado
Procedimientos judiciales 2.237.232 € Criminalidad adulta No valorado
Servicios penitenciarios 67.611.460 € Servicios penitenciarios No valorado
Servicios legales No valorado Fuerzas de seguridad No valorado
Servicios forenses No valorado
TOTAL COSTES DIRECTOS 69.848.692 € TOTAL COSTES INDIRECTOS
TOTAL GASTOS JUDICIALES 69.848.692 €
Fuente: Elaboración propia
En lo que se refiere a los costes directos, desconocemos el coste económico de las visitas e intervenciones de
servicios sociales, por lo que, no hemos podido valorarlas económicamente, aunque tienen una gran relevancia
en el proceso de protección de la infancia.
Las consecuencias sociales de la violencia sexual a menores de edad son innumerables, afectan, por ejemplo, al
desempleo o al sistema de pensiones, a comportamientos antisociales y abusivos y, en general, requieren de la
reinserción tanto de las personas que han sido abusadas como de las abusadoras.
Dada, una vez más, la carencia de datos fiables que aglutinen todos estos conceptos, este punto se centra en
estimar el coste anual que suponen las casas y familias de acogida para NNA víctimas de violencia sexual.
Para poder calcular el coste que resulta la atención de niños y niñas que han sufrido violencia sexual y que se
encuentran en alguna medida de acogimiento, hemos recopilado los datos que se detallan a continuación.
Según el informe de la Fundación Acogida (2015)23, como media, en España, se destinan 33.300 € anuales de
fondos públicos a cada plaza ocupada en centros de protección de menores.
Según cálculos del Instituto de Política Familiar, el coste medio anual por hijo en España asciende a 462 € al mes
(5.544 € anuales) aunque en el tramo de edad entre 0 y 3 años, el coste medio es muy superior y se sitúa en 615
€ al mes (7.380 € anuales).
Siguiendo datos de población del INE, el 20 % de los niños y niñas son menores de 3 años.
De acuerdo con los datos del Informe del Centro Reina Sofía (2015)25 sobre maltrato infantil estimamos que un
9,37 % de las niñas, niños y adolescentes que se encuentra en situación de acogida se debe a violencia sexual.
Acogimiento residencial
Acogimiento familiar
Gastos sociales
Directos Indirectos
Concepto Coste Concepto Coste
Servicios de protección al menor de
No valorado Desempleo No valorado
edad
Centros de acogida 44.204.015 € Sistema de pensiones No valorado
Familias de acogida 11.407.701 € Apoyo a mujeres embarazadas por violencia sexual No valorado
Apoyo a personas con enfermedades de transmisión
Servicios sociales No valorado No valorado
sexual
Alojamiento temporal No valorado Reinserción social No valorado
Comportamientos abusivos No valorado
TOTAL COSTES DIRECTOS 55.611.716 € TOTAL COSTES INDIRECTOS 0,00 €
TOTAL GASTOS SOCIALES 55.611.716 €
Fuente: Elaboración propia
24 Informe Segundo Plan Estratégico Nacional de Infancia y Adolescencia 2013-2016, pag. 21.
[Link]
25 Maltrato Infantil en la Familia en España, Centro Reina Sofía.
[Link]
29
6.6 Valoración de las consecuencias de la violencia sexual: costes
económicos
Como hemos visto a lo largo del capítulo, las consecuencias de la violencia contra la infancia constituyen
un gran impacto en la vida de las personas y en la sociedad, tanto en el presente como en su futuro.
Condiciona, además, el desarrollo de capacidades de las personas, que nunca podremos calcular.
Entre las consecuencias que son susceptibles de medición, por falta de datos adecuados, muchas de ellas no se
han podido valorar, y en otras hemos tenido que realizar estimaciones a partir de los datos existentes.
Sin embargo, la mayor parte de la violencia no se reporta, no se denuncia, es la violencia silenciada, en la que
más de 90.000 niños y niñas sufren las mismas consecuencias, pero para la que no se ponen en marcha los me-
canismos de actuación y, por lo tanto, continúa…
Con toda la consideración de las limitaciones que hemos mencionado, el análisis alcanza un coste económico
de 979.303.885 euros por año.
979 millones por año le cuesta a la sociedad la violencia sexual contra la infancia
FIGURA 2: Resumen del coste del abuso sexual a niñas, niños y adolescentes
El coste anual
de la violencia sexual a menores de edad en España
3.919
casos
denunciados
97.415
casos estimados
totales
979
millones
Costes Educativos
Repetición de curso académico 4.114.950 €
Costes directos como: necesidades educativas especiales,
absentismo escolar, bajo rendimiento, fracaso escolar, No valorado No valorado
movilidad escolar
Costes judiciales
Costes directos como: fuerzas de seguridad, servicios
No valorado No aplica
legales, servicios forenses
Procedimientos judiciales 2.237.232 € No aplica
Servicios penitenciarios 67.611.460 € No aplica
Costes indirectos como: delincuencia juvenil, servicios
No valorado No valorado
penitenciarios, fuerzas de seguridad.
Costes sociales
26 Se indica ”no aplica” para aquellos costes que no han ocurrido, al no haber habido denuncia o proceso judicial. Se indica ”no valorado” para aquellos costes sobre los
que no se cuenta con datos adecuados para su correcta valoración.
31
Recopilación y tratamiento de datos sobre
violencia contra la infancia
Ningún país puede medir su avance en la eliminación de la violencia contra los NNA sin tener
datos fiables. En consecuencia, deben desarrollarse sistemas nacionales de recopilación de datos
sobre violencia contra la infancia (Informe Mundial, 2006)
Recomendación general del Informe Mundial de 2006 sobre violencia contra la infancia
• Recomiendo que los Estados mejoren sus sistemas de recolección de datos e información a fin de
detectar subgrupos vulnerables, proveer información para formular políticas y elaborar programas
a todos los niveles y hacer un seguimiento de los progresos hacia el logro del objetivo de prevenir la
violencia contra los NNA.
• Los Estados deberían utilizar indicadores nacionales basados en normas internacionalmente
acordadas y garantizar que se compilen, analicen y difundan los datos a fin de comprobar los progre-
sos a largo plazo.
• Se deberían crear y mantener registros sobre nacimientos, defunciones y matrimonios con plena
cobertura nacional allí donde no existan.
• Los Estados también deberían crear y mantener datos sobre los NNA sin cuidados parentales y NNA
en el sistema de justicia penal. Los datos deberían desglosarse por sexo, edad, medio urbano o rural,
características de los hogares y familiares, educación y etnia.
• Los Estados también deberían elaborar un programa nacional de investigaciones sobre la violencia
contra los NNA en los entornos en que se produce esa violencia, inclusive mediante entrevistas con
niños y padres, prestando atención especial a los grupos vulnerables de NNA
Dado que una de las problemáticas que más ha afectado al buen desarrollo de este informe es aquella relacio-
nada con la recogida de datos de calidad que puedan aproximarnos a la cuantificación real de la violencia sexual
contra la infancia en España, a continuación, proporcionamos una serie de pautas para ajustar nuestro marco
normativo, institucional y práctico a los estándares internacionales:
• Establecimiento de indicadores comunes conforme a los estándares internacionales. la LOPJM (Ley Orgánica
de Protección Jurídica del Menor) ha acogido un concepto de violencia de acuerdo con el artículo 19 de la
CDN, pero lo hace como principio rector de la actuación de las administraciones públicas. Es necesario un
marco legal que responda a una idea común de violencia contra la infancia, al alcance y que sea aplica-
ble en todo el territorio nacional. Los aspectos conceptuales responden a investigaciones y avances incluso
• El Estado elabora las estadísticas oficiales y proporciona los datos a las instancias internacionales (princi-
palmente el Comité de Derechos del Niño). Es responsable de elaborar los presupuestos y la planificación
estratégica nacional en materia de infancia por lo que estos datos son imprescindibles para desarrollar una
estrategia adecuada.
• Las comunidades autónomas deben contar con datos sobre violencia extraídos a partir de las medidas de
protección que adoptan en su ámbito territorial (desamparo, guardia voluntaria).
• Las administraciones locales, a través de los servicios sociales comunitarios (prevención general) o especi-
alizados (situación de riesgo) deben igualmente recopilar datos y enviarlos a las demás administraciones a
efectos de registro y seguimiento de los casos.
Hay que garantizar que los Estados parte, los organismos y organizaciones nacionales y locales y las
entidades de la sociedad civil colaboren activamente entre sí para establecer normas, indicadores,
instrumentos y sistemas de vigilancia, medición y evaluación, y los utilicen para cumplir sus obliga-
ciones y compromisos de proteger a las niñas, niños y adolescentes contra la violencia (OG 13).
33
Hacen falta definiciones jurídicas operacionales claras de las distintas formas de violencia menciona-
das en el artículo 19. Esas definiciones deben tener en cuenta las orientaciones dadas en la presente
observación general, ser suficientemente claras para que puedan utilizarse y ser aplicables en dife-
rentes sociedades y culturas. Deben alentarse los intentos de unificar las definiciones a nivel interna-
cional (para facilitar la recopilación de datos y el intercambio de experiencias entre países) (OG 13).
A nivel internacional el Informe Mundial sobre Violencia contra NNA27 de 2006 identifica y desarrolla factores de
riesgo de padecer violencia en los ámbitos identificados. En base a las evidencias recogidas por P.S. Pinheiro en este
informe, un ejemplo para tener en cuenta en el registro de datos sería el presentado en la siguiente tabla:
27 Informe del experto independiente para el estudio de la violencia contra los niños y niñas, de las Naciones Unidas, Paulo Sérgio Pinheiro, presentado con arreglo a la
resolución 60/231 de la Asamblea General.
A nivel estatal la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor (LOPJM) ha incluido en su reforma de 2015
(art. 22) que las comunidades autónomas y la Administración General del Estado establecerán un sistema de infor-
mación compartido sobre la situación de la protección a la infancia y adolescencia y de ofrecimientos para el aco-
gimiento y la adopción en España. Este sistema debe incluir datos desagregados por género y discapacidad, tanto
a efectos de seguimiento de las medidas concretas de protección de menores de edad como a efectos estadísticos
y que a estos mismos efectos se desarrollará el Registro Unificado de Maltrato Infantil (RUMI).
Recomendaciones
Esta sección pretende ofrecer un análisis de algunas de las deficiencias que existen y se han apreciado desde el
estudio de la práctica dentro del sistema actual, así como ofrecer recomendaciones concretas para la mejora del
sistema de recopilación y tratamiento de datos y de protección de la infancia.
Formación
Sobre la base de nuestras observaciones en diferentes comunidades autónomas hay una serie de pasos prác-
ticos que son esenciales para crear una cultura y una práctica para un buen sistema de datos, y para ayudar a
combatir las consecuencias de la rotación de personal, que tiene un efecto importante en la capacidad de las
comunidades para tener un sistema efectivo:
• Compromiso del Ministerio para apoyar la oferta de formación especializada y continua en diferentes cam-
pos (protección infantil, regulación, elaboración de indicadores, etc.) y en el uso de sistemas de información,
tales como el RUMI en todos los niveles profesionales dentro de una comunidad autónoma.
• Diseño y puesta a disposición de una aplicación informática para impartir formación continua en este ámbito.
• Creación de espacios entre comunidades autónomas para compartir las buenas prácticas sobre la pro-
tección de NNA y la presentación de informes sobre violencia contra la infancia.
• Mayor contacto y coordinación entre las administraciones locales, autonómicas y estatales.
• Apoyo desde la comunidad autónoma para la formación del personal que se encuentra en provincias y
municipios a fin de evaluar continuamente las necesidades de los trabajadores del sistema de protección
infantil, especialmente de los servicios sociales.
28 El trabajo de campo consistió en diversas entrevistas semiestructuradas con responsables del Registro Unificado de Maltrato Infantil (RUMI) en distintas comunidades
autónomas: Murcia, Madrid, Galicia y Castilla La Mancha. Realizándose dichas entrevistas entre los meses de marzo y abril de 2017. El criterio para la selección de dichas
comunidades autónomas fue las diferencias de calidad en el reporte de notificaciones sobre maltrato infantil.
35
• Capacitación a los formadores para crear una sostenibilidad del curso a largo plazo y continuamente en las
comunidades autónomas.
• Entrenamientos a todos los niveles de profesionales del Gobierno, tanto regional como local y de todos los
sectores implicados (educación, sanidad, cuerpos de seguridad del Estado, etc.)
Nuestras visitas de campo demuestran que la disponibilidad online de recursos para la capacitación varía
considerablemente entre las distintas comunidades. Así, por ejemplo, Murcia y Cataluña ofrecen amplia
información general sobre la protección de los NNA que se adapta a sectores específicos presentado gráfica-
mente para un uso fácil y accesible, en forma impresa y formato digital.
Murcia cuenta con manuales, por sector, en los que están incluidos todos los pasos para un sistema de infor-
mación y datos efectivo y el Gobierno catalán publica mensualmente un boletín con la relación de medidas
adoptadas por la Consejería, incluyendo noticias e información sobre violencia contra NNA.
Por el contrario, otras comunidades autónomas cuentan con manuales de formación e información muy limitados.
Para cumplir con la Observación General 19 del Comité de los Derechos del Niño, las comunidades autónomas
deben desarrollar una mejor práctica para estandarizar y publicar una memoria detallada de las activi-
dades y presupuestos relativos a la protección de los NNA. En alguna comunidad autónoma de las que se
visitó la Memoria de gastos y actividades no se encuentra disponible y la información pública en relación con
las asignaciones financieras y de presupuestos a la protección de la infancia es escasa, y solo después de enviar
varios correos electrónicos, ciertas comunidades autónomas nos proporcionaron información relativa a gastos
y programas. Esta práctica crea una falta de transparencia y de rendición de cuentas, y no queda claro si al final
los programas están adecuadamente fundados y responden a los datos existentes sobre violencia.
El Gobierno central debería asignar recursos y capacitación para la elaboración y publicación de presupuestos
conforme a la Observación General 19, de modo que las comunidades autónomas proporcionen una mayor
transparencia en la elaboración de presupuestos.
Las comunidades autónomas deberían evaluar la manera de simplificar los procesos para que la información
vaya directamente al departamento de la administración autonómica encargado de la gestión del RUMI.
En la mayoría de los casos la información tiene que pasar por varios pasos antes de llegar al RUMI, por lo que,
finalmente, según las personas consultadas, el traspaso de información no refleja bien el número de casos reales
afectados por situaciones de violencia.
En Murcia, la presentación de informes en RUMI realizados en los municipios se genera directamente desde la
persona de referencia (es decir, médica/o, maestra/o u otro) con el encargado del RUMI. En algunas comuni-
dades autónomas visitadas, la hoja de informes para RUMI debía pasar por múltiples niveles orgánicos antes
de entrar finalmente en el sistema, a menudo dependiendo de trabajadores no capacitados o sobrecargados
para la introducción de esta información. El resultado es a menudo un pobre nivel de notificación, así como una
información incompleta.
Basándonos en nuestra investigación, a continuación, proponemos una serie de mejoras con el objetivo de avanzar
hacia un sistema de registro que refleje de manera más fiable la realidad de la violencia contras NNA:
• Eludir los filtros intermedios para crear un proceso más simplificado de traspaso de información.
• Crear una cultura de notificación informando a las y los trabajadores públicos no solo de la necesidad de su
uso, sino de su papel integral en relación con la protección de NNA.
• Aumentar la implicación del Ministerio para apoyar los programas de formación y llevar a cabo evaluaciones
de aprendizaje y de corrección de deficiencias en el uso de los sistemas de reporting.
• Unificar el RUMI con otros sistemas de informes para centralizar el almacenamiento de datos e información.
Por ejemplo, en el Estado de Nueva York, el equivalente al RUMI también puede recibir llamadas de ciuda-
danos que, a menudo, constituyen el punto de partida para las investigaciones sobre el maltrato o abuso
sexual infantil, por lo que, no es simplemente una base de datos.
La información que arroja el RUMI, según entrevistas mantenidas a lo largo de esta investigación con distin-
tos actores, raramente es compartida con las y los responsables de formulación de políticas o presupues-
tos. Consideramos que es un grave error, pues la formulación de estas debe asentarse en información fidedigna
con el fin de formular políticas que sean eficientes, adecuadas y efectivas en la lucha por la protección de NNA.
Para lograr este objetivo, proponemos a las distintas administraciones públicas, una serie de consideraciones:
• Hacer que los datos proporcionados por el RUMI (o registro de datos sobre violencia) sean una parte central
en el presupuesto y formulación de políticas.
• Alcanzar un compromiso por parte del Ministerio para ayudar a compartir conocimientos, buenas prácticas
y el uso de los datos del RUMI (o similar) en las comunidades autónomas orientadas a la formulación de
políticas.
• Realizar capacitaciones para el personal de la administración estatal que no gestiona directamente el RUMI
(o registro de datos sobre violencia) acerca del valor de este y su posible contribución a la generación de
políticas eficientes.
• Proponer y elaborar categorías para el desarrollo de datos relacionados con poblaciones específicas y gru-
pos vulnerables para crear una base que sea de utilidad para el diseño de las políticas de protección.
Debido a que cada comunidad autónoma tiene sus propias hojas de notificación e información, la complejidad
y la participación varían considerablemente. En algunos casos, las hojas de informes simplemente solicitan al o
la responsable que identifique si hubo algún tipo de maltrato o no, mientras que, en otros casos, se les pide que
califiquen el nivel de violencia según unos estándares de gravedad. Debido a la complejidad variable y la falta
de estandarización, existía la preocupación planteada por los y las que trabajan en el RUMI (o del registro de
datos sobre violencia) y en el sistema de protección de los NNA, de que algunos trabajadores están dejando de
cumplimentar adecuadamente los informes como consecuencia de la complejidad requerida para completar un
formulario de esta naturaleza y la responsabilidad de los individuos para evaluar el nivel de gravedad de los
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malos tratos. El Ministerio debe trabajar con las comunidades autónomas para desarrollar una hoja de notifi-
cación estandarizada y fácil de usar que puede ser utilizada por las y los trabajadores en los diferentes
niveles de protección de los NNA y se emplee de modo uniforme en todas las comunidades autónomas.
b. Intercambiar información
d. Fijar los criterios que sirvan de base para la distribución territorial de los créditos presupuestarios
España cuenta con numerosa legislación para hacer efectiva la protección a NNA y ha ratificado los distintos
marcos internacionales que velan por los derechos de este colectivo. Este informe con sus limitaciones nos
muestra que el derecho a la protección frente a la violencia no acaba de ser efectivo. 3.919 niños y niñas denun-
ciaron situaciones de violencia sexual en 2015, un 4 % de las estimaciones de los estudios.
Muchas son las consecuencias que la violencia supone en el bienestar de NNA, como también lo son
las repercusiones económicas y sociales para el Estado. Con los datos recogidos y estimando de forma
prudente, el coste es de más de 979 millones anuales. Además, no contamos con datos de lo que se invierte en
prevención de la violencia, sensibilización, educación.
Sin cuantificación, no hay conocimiento, y se reduce la posibilidad de actuación. Niñas, niños y adoles-
centes víctimas de violencia quedan sin ser atendidos. No se sabe qué tipo de actuaciones son necesarias. No se
puede presupuestar, ni evaluar el impacto y la efectividad.
El objetivo de este informe ha sido aproximarnos al coste económico que supone la violencia contra
NNA, tarea que ha resultado harto compleja por la carencia de datos oficiales y la imposibilidad de ha-
cer un cómputo de todos los costes.
• Ampliar la recogida de información, desagregando por edad, sexo, situación familiar, entorno, etc.
• Revisar el diseño del sistema para que la información recogida no solo permita la intervención, sino también
sea útil para la presupuestación y para la investigación.
• Fortalecimiento de las capacidades de los y las profesionales de los distintos sectores para un mejor re-
porte de datos.
• Integrar la información de las distintas administraciones para generar un sistema de datos eficiente que
evite solapamientos y lagunas.
• Abordar metodologías estadísticas que generen información que permita profundizar en la investigación.
Si bien consideramos imprescindible trabajar en la mejora del sistema de detección y registro, debemos impul-
sar una intervención en otros ámbitos claves para abordar la lucha contra la violencia.
La existencia de medios específicos para la denuncia de situaciones de peligro para la infancia es ya un hecho,
sin embargo, queda reflejado en el bajo número de denuncias el desconocimiento de estos por parte de gran
parte de la sociedad.
Un sistema eficiente e integrado, pero con una baja notificación y denuncia de la violencia, no conducirá a la
protección de la infancia.
Si lográramos que todos los casos se denuncien, pero no contamos con un sistema apropiado, probablemente se
produciría un efecto de revictimización y una alta desconfianza hacia la capacidad de protección del sistema.
Por eso, para abordar la lucha contra la violencia contra la infancia es necesario una mayor inversión
en prevención, detección y notificación de la violencia sexual infantil que podríamos concretar en:
• Potenciación del conocimiento de los derechos de la infancia, especialmente del derecho a la pro-
tección y a la participación.
• Establecimiento de programas integrales de desarrollo de la primera infancia de calidad que ayuden a estable-
cer relaciones positivas entre padres/madres e hijos/hijas y a reducir las prácticas más rígidas de crianza.
• Promoción de la educación afectiva y sexual en los centros escolares dentro del currículo oficial. La educación
afectivo-sexual ha de trascender al simple conocimiento de la sexología anatomo-fisiológica. Ha de entenderse
como el desarrollo de una serie de actitudes y habilidades que preparan, a la vez que protegen a la infancia.
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• Formación de los niños y niñas como agentes activos de su pro-
pia protección y la de sus iguales, desde las edades más tempra-
nas, tanto en el ámbito escolar, como fuera de él. “ la educación
• Mejora de los protocolos y programas específicos para abordar afectivo-sexual ha
en los centros escolares la prevención, detección y actuación ante de entenderse como
cualquier caso de violencia.
el desarrollo de una
• Formación inicial y continua para el profesorado. Reconocimi-
ento del lugar privilegiado que ocupa el profesorado para sensibi- serie de actitudes
lizar, prevenir, detectar y notificar posibles casos de violencia contra y habilidades que
la infancia. En consecuencia, es preciso que estos profesionales re-
ciban, como parte de su formación, herramientas que les permitan preparan, a la vez
ser agentes de protección de la infancia, tanto en la prevención que protegen a la
como en la detección.
infancia”
• Inclusión en los currículos universitarios de los derechos huma-
nos y especialmente de la violencia contra la infancia.
• Promoción de la protección ante el ciberacoso sexual a través de capacitaciones a NNA y familias sobre
los peligros de la red (formación, sensibilización, etc.). El auge de los delitos de ciberacoso y grooming hace
patente el desconocimiento generalizado que la sociedad, en general, y la infancia, en particular, tiene sobre
el modo de relacionarse en el mundo online.
• Formación obligatoria a profesionales en contacto con infancia (clubs deportivos, ocio y tiempo libre,
sector sanitario, fuerzas de seguridad, ámbito judicial, etc.) en derechos de infancia y para la prevención,
detección y notificación de la violencia sexual infantil.
• Desarrollo de campañas, dirigidas a NNA y adultos, con el objetivo de dar a conocer los medios dispo-
nibles para la notificación y denuncia si se encuentran en una situación de violencia.
• Fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil en barrios y comunidades para que sean
agentes de protección, ejerzan una función social de sensibilización, prevención, detección y notificación de
violencia sexual hacia la infancia.
• Articular el trabajo conjunto entre entidades, centros educativos, y servicios sociales para una mejora en la
promoción y ejercicio de los derechos de los niños y niñas.
• Apoyo y medios para iniciativas de investigación social de esta problemática, buscando profundizar en la reali-
dad. Contar en dichos procesos con las personas que han sufrido violencia, y con la perspectiva de los niños y niñas.
• Asegurar la especial protección de los grupos más vulnerables: niños y niñas con discapacidad, menores
de edad privados del cuidado parental, menores de edad extranjeros no acompañados, colectivo LGTBI.
Las recomendaciones anteriormente expuestas se deben articular a través de una Ley de Protección Integral frente
a la Violencia contra la Infancia y Adolescencia29. Dicha ley debe acompañarse de la consiguiente estrategia,
contando, además, con una adecuada dotación presupuestaria, que permita su implementación efectiva y total.
29 A la fecha de cierre de este estudio, el Gobierno está trabajando en la elaboración del anteproyecto de ley.
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