Guía de Derecho Sucesorio 2020
Guía de Derecho Sucesorio 2020
ESCUELA DE DERECHO
PROF: JORGE FANTA de la VEGA
2020
4. Evaluación. La nota promedio del curso se obtendrá de las calificaciones obtenidas en:
b) Participación pertinente clase a clase en base a los casos y lecturas cuyo análisis se
encomiende. Para ello quienes cursan la asignatura contarán con las guías para clases
activas proporcionadas por el profesor.
5. Pauta de Cotejo:
Al momento de evaluar se considerarán los siguientes elementos:
a. Capacidad de estructurar jurídicamente la respuesta (evaluaciones orales) /
capacidad de contra argumentar a sus compañeros en clases (participación
pertinente en clases). Se evalúa también en este acápite la rigurosidad conceptual y
la terminología jurídica empleada.
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c. Capacidad de articular los conocimientos de modo reflexivo y crítico, relacionando
los contenidos entre sí y aplicándolos en los casos que se le propongan.
Don Andrés Bello, ilustre ciudadano de América Latina. Por Hernán Soto.
Treinta y seis años vivió Andrés Bello en Chile, donde cumplió una labor descollante. Educador,
jurista, filólogo e internacionalista, fue autor de nuestro Código Civil, primer rector de la
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Universidad de Chile, autor de la gramática castellana más importante del siglo XIX y de un tratado
de derecho internacional.
Otro venezolano ilustre, Mariano Picón Salas, escribió a mediados del siglo pasado, en una hermosa
panorámica de la historia de Chile, “…un hijo de Caracas, de esta luz avileña tan plácida y que a
veces suele ser tan ingrata con los propios hijos que la sirven, había llegado al paisaje chileno
sacudiéndose el polvo de una larga peregrinación. Se llamaba Andrés Bello y encontró en aquella
latitud austral el ambiente y la paz necesarios para ofrecerle al país recién nacido la claridad de sus
códigos, la lección humanizadora y universalista de su derecho de gentes, recibiendo hombres de
toda América siendo asilo contra la opresión”.
La labor de Andrés Bello fue determinante para la liberación de las rémoras del coloniaje y la
búsqueda de caminos de soberanía.
Pragmático en política
Durante largo tiempo fue un tópico considerar a Andrés Bello algo así como el ideólogo oficial del
peluconismo. No sólo fue la manipulación de los conservadores la causa de esa imagen; influyeron
otros factores y diversos episodios de la vida de Bello, como su polémica con el liberal español José
Joaquín de Mora y la que sostuvo, en 1842, con Sarmiento y otros emigrados argentinos. Opiniones
críticas de Lastarria pusieron su parte: “Bello si bien no era inspirador de la nueva política que
significó la deportación de Mora, era sí su filósofo y su literato. Y después de esta deportación, sin
rivales ni competidores, se hizo dictador en materia de letras…”
Como siempre, la verdad parece ser más difícil y matizada; a tono con la complejidad de fenómenos
propios de la primera mitad del siglo XIX en que la sociedad chilena buscaba un camino todavía
sumido, en parte, en las sombras de la Colonia.
Más que liberal o conservador, Bello fue un pragmático en política. Luego de haber cumplido un
papel destacado en Inglaterra en defensa de los intereses de Venezuela y Colombia recién
emancipadas, llegó a Chile traído por los liberales. Poco tiempo después, se produjo el triunfo
conservador en Lircay, y Bello se puso al servicio de los nuevos gobernantes. Actuó con
cautela -sabía que el terreno era movedizo y siempre tuvo miedo a quedar sin trabajo-. Después
se esforzó por atemperar los enfrentamientos políticos internos. Fue testigo -y en algún grado actor-
de lo que el historiador Ricardo Donoso llamó “el tránsito de la oligarquía conservadora a la
oligarquía liberal”. Vicuña Mackenna, discípulo y admirador del sabio venezolano, destacó este
aspecto de su obra: “En política y en derecho fue un ecléctico”, dijo.
Caracterizar a Andrés Bello como conservador o liberal puede ser equívoco, según los cánones
actuales. Convivieron en su obra elementos de ambas posiciones, sobre la base de una demanda de
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orden y actividad disciplinada, características del liberalismo inglés de Bentham -que conoció muy
bien- y del liberalismo de Constant, propio de la Restauración francesa.
En esas ideas sobresalían elementos racionalistas -que no eran incompatibles con la práctica
religiosa- y un marcado individualismo, que vinieron como anillo al dedo a la ascendente burguesía
minera, comercial y financiera, que crecía a parejas con el desarrollo de las actividades productivas.
Una situación fluida a tal extremo, que después de la llamada “cuestión del sacristán” en el
gobierno de Montt, los conservadores más recalcitrantes y clericales su unieron con los exaltados
liberales, bajo la dirección de Domingo Santa María, para oponerse a otros conservadores -
moderados a esas alturas- llamados por sus adversarios “montt-varistas”. Eugenio Orrego Vicuña,
uno de sus biógrafos, con cierta exageración escribió: “Amaba la paz y necesitaba esencialmente
del orden, pero su propósito era aprovecharlos en un sentido reformista y hasta cierto punto
revolucionario. Sus reformas gramaticales modificaron el estudio del idioma, sus prácticas
pedagógicas eran nuevas y rompían los moldes caducos del coloniaje. Y en política exterior, que
fue donde de modo más intenso se dejó sentir su influencia, propuso ideas que se adelantaron con
mucho al modo de pensar de sus contemporáneos. Tenía fe religiosa, pero ésta en las naturalezas
superiores nada tiene que ver con ideologías políticas o económicas”.
Bello apoyó políticamente a Portales -fueron compadres- y después a sus amigos Prieto, Bulnes y
Montt, los presidentes de los tres decenios conservadores. Pero también respaldó al gobierno de
José Joaquín Pérez, en el decenio comenzado en 1861. Trató y fue amigo de muchos liberales, entre
ellos Francisco Antonio Pinto. Pero sobre todo alentó, orientó y protegió a la joven intelectualidad
de la generación de 1842, que llegó a controlar el poder pasada la mitad del siglo. Discípulo suyo -
que mantuvo por Bello imperecedera admiración- fue Francisco Bilbao, uno de los líderes de la
Sociedad de la Igualdad, en cuyas filas también estuvo Juan Bello, hijo de don Andrés, que incluso
participó en el motín de Urriola.
Por estatura intelectual, conocimientos y prolongada presencia en la actividad pública, Bello era
considerado el miembro más conspicuo de la burocracia estatal chilena del siglo XIX. Desplegó su
actividad en la Cancillería, en la Universidad y también en el Senado, virtualmente designado por
los sucesivos gobiernos. Además realizó incansable trabajo literario y labor magisterial, que
justificó las palabras de Vicuña Mackenna que vio en él, “el venerado y ya extinguido tipo del
‘maestro’ de la edad antigua”.
Un estudioso de la cultura chilena, Bernardo Subercaseaux, ha destacado: “Por una parte, Bello fue
el canal de continuidad y moderación del pensamiento liberal en un medio que le era desfavorable y
hasta reprimía ese pensamiento, y, por otra, introdujo y divulgó una ideología artística y literaria
afín a los intereses liberales”. Y señala: “…Bello, que ideológicamente era -aunque apoyaba a los
conservadores- un liberal racionalista, fue el puente que permitió a los jóvenes mimetizar los
ímpetus liberales, asegurando así, en un contexto que exigía el repliegue, la circulación y
supervivencia de tales ideas”.
Tres citas de Andrés Bello dan luces sobre su pensamiento. La primera, tomada del periódico El
Araucano del 5 al 12 de agosto de 1836, muestra su amor por el conocimiento y la difusión del
saber que -quiérase o no- se convierte en factor objetivo de transformación social (y también en
fermento subvertor del orden establecido). Dice: “…nunca puede ser excesivo el celo de los
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gobiernos en un asunto de tanta trascendencia. Fomentar los establecimientos públicos destinados a
una corta porción del pueblo no es fomentar la educación, porque no basta con formar hombres
hábiles en las altas profesiones; es preciso formar ciudadanos útiles, es preciso mejorar la sociedad
y esto no se puede conseguir sin abrir el campo de los adelantamientos a la parte más numerosa de
ella. ¿Qué haremos con tener oradores, jusrisconsultos y estadistas si la masa del pueblo vive
sumergida en la noche de la ignorancia y ni puede cooperar en la parte que le toca en la marcha de
los negocios ni en la riqueza, ni ganar aquel bienestar a que es acreedora la gran mayoría del
Estado? No fijar la vista en los medios más a propósito para educarla sería no interesarla en la
prosperidad nacional”.
Las otras dos citas están tomadas del discurso de instalación de la Universidad de Chile, el 17 de
septiembre de 1843. Es una pieza memorable de nuestra historia. “La universidad, señores, no sería
digna de ocupar un lugar en nuestras instituciones sociales si (como murmuran algunos ecos
oscuros de declamaciones antiguas) el culto de las ciencias y de las letras pudiese mirarse como
peligroso bajo un punto de vista moral o bajo un punto de vista político. La moral (que yo no separo
de la religión) es la vida misma de la sociedad, la libertad es el estímulo que da vigor sano y
actividad fecunda a las instituciones sociales”.
Y en otra parte: “Yo, ciertamente, soy de los que miran la instrucción general, la educación del
pueblo, como uno de los objetos más importantes y privilegiados a que puede dirigir su atención el
gobierno, como una necesidad primera y urgente, como la base de todo sólido progreso; como el
cimiento indispensable de las instituciones republicanas”.
Obras consultadas: Eugenio Orrego Vicuña, Don Andrés Bello; Ricardo Donoso, Breve historia de Chile; Bernardo Subercaseaux,
Cultura y sociedad en el siglo XIX; Benjamín Vicuña Mackenna, Discurso pronunciado, a nombre de la Universidad de Chile, en la
tumba de Bello el 29 de noviembre de 1881.
DERECHO SUCESORIO
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testimonial allegada al proceso, la que será mencionada y ponderada en los considerandos
sucesivos. Por consiguiente, la relación de la actora con Víctor Jara Martínez es de aquellos
que permite concluir en que, tras ella, hay sentimientos arraigados, dolores y traumas que
han existido, sin que sea necesario para establecer el daño moral, una relación de
parentesco en los términos que reclama el Fisco de Chile.
En mérito de todo lo dicho y lo que se dirá más adelante, esta demanda será aceptada.…..
A lo precedente, cabe agregar que, del análisis en conjunto del certificado de nacimiento de
Sara Manuela Bunster Turner rolante de foja 11.546, que da cuenta que ésta nació el 26 de
abril de 1960; el certificado de matrimonio de sus padres Joan Alison Turner Roberts y
Víctor Jara Martínez de foja 2065, celebrado el 27 de enero de 1965 y; el certificado de
defunción de Víctor Jara de foja 2066 con fecha de defunción septiembre de 1973, se
desprende, que la demandante al momento en que sus padres contrajeron matrimonio tenía
4 años de edad y, que al momento en que Víctor Jara fue detenido y posteriormente
asesinado tenía 13 años, es decir hubo a lo menos 9 años de una convivencia de
familiaridad y afectividad de padre a hija imposible de soslayar, todo lo que fue
corroborado con las declaraciones de los testigos que serán mencionados en los próximos
considerandos. A mayor abundamiento y respecto de la situación particular de la víctima
Víctor Jara, hay que tener presente, que solo presentaron demanda civil la cónyuge de éste,
Joan Turner y su hija biológica Amanda Jara; por lo que incluir como titular de la acción a
su hija putativa Sara Bunster, no puede ser considerado una interpretación extensiva de
La norma, bajo el concepto de otros parientes ni menos de amistades, dado que ella al igual
que su hija biológica Amanda, se vieron privadas de quien actuó como su padre durante su
infancia con las consecuencias de daño moral que su ausencia originó de por vida.
Rol N° 16.379-2005.- Dictada por don Miguel Eduardo Vázquez Plaza, Ministro en Visita
de la I. Corte de Apelaciones de Santiago. En Santiago a veintinueve de junio de dos mil
dieciocho, se anotó en el estado diario la sentencia que antecede.
1. Con el nuevo estatuto filiativo instaurado por la Ley 19.585, se consagra el principio de
la igualdad y no discriminación entre los hijos. El Proyecto de Principios Generales sobre la
Igualdad y la no discriminación respecto de las personas nacidas fuera del matrimonio,
elaborado en 1977 por el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas, en su numeral
12 se refiere a los derechos sucesorios en los siguientes términos: “Una vez determinada su
filiación, toda persona nacida fuera del matrimonio tendrá los mismos derechos hereditarios
que la nacida de matrimonio. Las restricciones o limitaciones legales a la libertad del
testador para disponer de sus bienes brindarán la misma protección a las personas con
derecho a heredarlo, independientemente de que hayan nacido de matrimonio o fuera de
matrimonio.
2. El Mensaje de la Ley 19.585 señala: “La tónica, en esta materia como en las
anteriormente revisadas, ha sido la de dar a los hijos un mismo estatuto y, en consecuencia,
lo que se ha hecho fundamentalmente es adecuar los órdenes de sucesión y las instituciones
en que el concepto de legitimidad era determinante (representación, cuarta de mejoras,
desheredamiento, entre otras)”.
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3. El principio de la igualdad en el ámbito sucesorio se traduce en:
- La derogación de la sucesión irregular.
- Todos los hijos encabezan el primer orden de sucesión. Con anterioridad los hijos
naturales solo hacían de cabeza en el tercer orden.
- Todos los hijos llevan la misma cantidad a diferencia del sistema anterior que les
asignaba a los hijos naturales la mitad de un hijo legítimo y con limitaciones.
- Todos los hijos pueden representar a su padre o madre en la sucesión de sus abuelos
o tíos. Art 986
- Pueden ser asignatarios de cuarta de mejoras todos los descendientes 1195
4. Sin embargo la Ley 19.585 contempla normas transitorias que alteran este principio de
igualdad.
A) Situación de los hijos que a la entrada en vigencia de la Ley 19.585 ya tenían
determinada su filiación.
Gozan del nuevo estatuto filiativo detentando el estado civil de hijos. Sin embargo hay
particularidades que analizar:
Todo lo anterior significa que el hijo natural a la entrada en vigencia la Ley 19.585, cuyo
padre o madre haya fallecido con anterioridad a la entrada en vigencia de la ley ( 26 de
octubre de 1999 hasta las 11,59 hr), la sucesión se regirá por las normas vigentes al
momento de la muerte del causante, las cuales contemplan un estatuto discriminatorio en
relación a los hijos que detentan aquella condición. Igualmente los dº hereditarios de
quienes no hayan tenido -a la entrada en vigencia de la ley- determinada una filiación, y
logran determinarla de acuerdo a la nueva ley, se rigen por la ley vigente a la apertura de la
sucesión.
Sin embargo esta situación atenta contra la garantía constitucional de igualdad ante la ley
(art 19 Nº2 CPE) lo que permite impugnar dichas normas por inconstitucionalidad.
Parte de la doctrina sostiene que no procede la aplicación de dichas normas atendido lo
señalado por el art 181.1 CC que establece que la determinación de la filiación produce
efectos declarativos y que la condición de hijo se retrotrae a la época de la concepción, no
pudiendo por lo tanto aplicarse normas que le atribuyen una condición o estado diferente al
que tiene.
Con la revolución industrial deja de ser la familia un centro productor. Se complejizan las
relaciones económicas, se genera un proletariado urbano producto de la emigración del
campo a las ciudades que se constituyen en centros industriales. La familia extendida es
reemplazada por los nuevos tipos de familia, las cuales ya no cumplen el rol de proveedores
de fuente laboral, asumiendo el Estado la cobertura de los riesgos sociales.
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Rige en Chile un sistema de libertad restringida en materia sucesoria ya que se contemplan
asignaciones forzosas art 1167 No está permitida una sucesión convencional. Los pactos
sobre sucesión futura adolecen de objeto ilícito art.1463.Debe entenderse que comprende
también a los actos a título gratuito. Nada impide por cierto celebrar cualquier pacto sobre
los bienes de la persona ya difunta.
Se considera que son pactos prohibidos al atentar contra principios éticos, al especularse
con la vida de una persona, lo cual podría implicar un riesgo para la persona de cuya
sucesión se trata, lo cual restringe en definitiva su voluntad. El beneficiado con el pacto va
a tener un claro interés en la muerte de su contraparte. En verdad hay actos en que está
presente la muerte como es el usufructo vitalicio.
6. Reglamentación:
Libro Tercero De la sucesión por causa de muerte, y de las donaciones entre vivos. Regula dos
situaciones siendo la segunda un contrato. Tienen en común el que ambas son formas de
adquirir bienes a título gratuito. Art 951 y ss.
Comprende casi un libro completo, en cambio para la tradición bastaron 30 artículos.
Sentido amplio: es ocupar el lugar de una persona y recoger sus dº a cualquier título
Vgr, el comprador sucede al vendedor. Es aplicable a todos los modos de adquirir
derivativos. Son los causahabientes
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como un tercio o un medio, o especies o cuerpos ciertos, como tal casa, tal caballo, o cosas
indeterminadas de un género determinado, como cuarenta fanegas de trigo”.
Recordemos que es señalado como tal en el art 588.
9. Características:
a) modo de adquirir derivativo. No se modifica ni el contenido ni la extensión del derecho.
Comentario sobre prueba del dominio (prueba diabólica)
d) Sirve para adquirir dº reales como personales. Los dº personales se transmiten activa y
pasivamente. Como señala René Abeliuk, se presenta una modificación subjetiva de la
obligación por causa de muerte.
e) Requiere de dº y O transmisibles.
Derechos intransmisibles:
i el dº de usufructo art 773 Es trasferible por acto entre vivos 793, pero todos los contratos
que al efecto haya celebrado se resolverán al fin del U. 794 y el 806 establece que el U se
extingue por la muerte del usufructuario.
Obligaciones intransmisibles:
Los herederos están obligados a solucionar las deudas. Quien contrata lo hace para sí y sus
herederos. Reconoce excepciones:
i O cuya ejecución supone especiales aptitudes del deudor 1095, 2005
ii no se transmiten las O en que se presenta la confianza como elemento fundante.
Vgr. Mandato, sociedad.
iii las O solidarias 1523
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f) Como modo de adquirir derivativo requiere de un titulo, al igual que la Tradición. (Sin
embargo algunos señalan que, en virtud del 675 solo la Tradición requiere de título) Si la
sucesión es intestada, la ley constituye el título y si es testada, el testamento. 952
El Derecho acepta desde el Ordenamiento de Alcalá que pueda ser parte testada y parte
intestada la sucesión. Las asignaciones las hace ya la ley o el causante 953
DOCTRINA:
Hacia Una Adecuada Caracterización Del Fenómeno Sucesorio Chileno. Oscar Ignacio
Olavarría Aqueveque. Abogado.
Introducción.
...En mi opinión, no hemos sabido definir los principios o fundamentos de nuestro sistema
y falta, en consecuencia, lo que he denominado una adecuada caracterización de nuestro
proceso sucesorio y para esos efectos resulta imprescindible conocer los precedentes de
nuestra legislación.
Los distintos sistemas sucesorios y el sistema chileno.
En un sentido práctico el derecho sucesorio no es otra cosa que un procedimiento jurídico
ideado para regular el destino de los bienes del individuo después de su fallecimiento y,
especialmente, para atender la conveniencia de que exista una persona en contra de quien
puedan dirigirse los acreedores para cobrar los créditos que tenían respecto del causante.
Con miras a esa finalidad han sido concebidos distintos sistemas, los cuales difieren entre
sí, fundamentalmente, según cual sea el mecanismo o procedimiento empleado para operar
el traspaso o transmisión de los bienes del causante a sus sucesores y según la naturaleza y
composición del objeto transmitido, la herencia. Se habla así de sucesión en la persona,
sucesión en el patrimonio, sucesión en los bienes, etc.
Sistema Romano.
En Roma el sistema es el de sucesión en la persona, la sucesión por causa de muerte
constituye una verdadera subrogación o sustitución del pater familias por el heredero en el
puesto de jefe de familia y sacerdote que aquel ocupaba. Es lo que Bonfante designa como
"sucesión en la posición jurídica del causante". Si bien como en la actualidad se contempla
la adquisición por el heredero de los bienes del causante, ésta constituye solamente una
consecuencia de la sucesión operada. Es un procedimiento similar al de la sucesión
monárquica, en que se heredan por una parte las posesiones reales y, a la vez, el cargo
político. Se supone en esta doctrina una completa identificación entre las personas del
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causante y del heredero, de allí la sentencia "como una es contada la persona del heredero
y la de aquel a quien éste hereda" (Justiniano, novela 48), lo cual da origen a la unificación
o confusión de los patrimonios de ambos y a la asunción por el heredero de las deudas del
causante, quien responde de ellas con sus bienes propios y aún más allá de las fuerzas de la
herencia (responsabilidad "ultra vires hereditatis"), lo que se expresa en el aforismo que
"quien contrata lo hace para sí y para sus herederos". En el derecho clásico, a unos
herederos: "neccesarii" y "sui et neccesarii" (necesarios y suyos y necesarios) se les
impone la herencia, sin que les esté permitido repudiar ésta, la herencia más que un derecho
constituye una obligación; a otros, "extranei" o "voluntarii" (extraños o voluntarios),
solamente se les ofrece y se requiere para la adquisición de la aceptación expresa o tácita
del heredero. En el derecho justinianeo, sin embargo, el sistema se uniforma y la
adquisición se opera solamente en virtud de la aceptación. La posesión es considerada una
situación de hecho, que se agota y renueva en cada momento y no se transmite al heredero.
Es característica de este sistema el que no existe un nuevo acto o título constitutivo del
derecho del heredero, los títulos del heredero son simplemente los mismos a través de los
cuales había adquirido el causante, de manera que si éste había adquirido el dominio de un
bien determinado en virtud de una compraventa, ese es también el título de adquisición del
heredero. Por ello, no puede propiamente hablarse en ese régimen de adquisición
hereditaria, sino más bien de subrogación o sustitución en la posición jurídica del autor.
Derecho francés.
El Código Civil francés de 1804, o Código Napoleón, consagra el procedimiento de la
sucesión romano, pero no hasta el punto de considerar una misma persona al causante y al
heredero, la "sucesión en la persona" pasa a ser reemplazada por una "sucesión en las
titularidades jurídicas". El Código Civil argentino, que sigue ese sistema, ilustra muy bien
esta doctrina, cuando dispone en su artículo 3417 que el heredero "es propietario, acreedor
o deudor de todo lo que el difunto era propietario, acreedor o deudor, con excepción de
aquellos derechos que no son transmisibles por sucesión". La adquisición de la herencia y
del dominio es automática y de pleno derecho en el momento del fallecimiento del causante
y, no obstante que se contempla la aceptación, ésta tiene solamente un carácter
confirmativo de la adquisición efectuada y constituye más bien una renuncia del derecho de
repudiar.
Derecho germánico.
En el derecho germánico se contempla la adquisición de pleno derecho de la herencia, sin
necesidad de la aceptación, y en caso de ser varios los herederos esta adquisición se opera
en favor de la denominada "Gesammte hand" o "propiedad en mano común", un
patrimonio autónomo, distinto del de los herederos, que actúa como una persona jurídica
sin serlo, no correspondiendo a los herederos derecho individual alguno sobre los bienes
hereditarios. El derecho de pedir la partición no existe, predomina en esta doctrina la
noción de propiedad colectiva o común. Se trata así de perpetuar la propiedad.
Contemplaban este sistema el Código alemán de 1900 y el Código Suizo hoy derogados. En
la actualidad rige éste en los países del Commonwealth y en los Estados Unidos de
Norteamérica, que consagran la figura del executor o personal representative, quien actúa
como liquidador y administrador y cumple funciones de intermediación entre la herencia y
los herederos.
Antiguo derecho español.
En el derecho de Las Partidas se recogen los conceptos del "Fuero Juzgo", primer código
nacional español, traducción a la lengua romance del código visigodo "Liber Iudiciorum" o
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"Liber Iudicum", más conocido como "Libro de los Jueces", fundamentalmente de
inspiración romana.
Sistema chileno.
Al emprender su proyecto don Andrés Bello, el autor de nuestro Código Civil, debió
encontrarse en materia de sucesiones con todas las doctrinas y criterios que hemos
analizado con anterioridad; no obstante, en el momento de optar entre uno u otro régimen
decidió apartarse de todo lo conocido y prefirió implementar un sistema distinto. Por ello,
en nuestro concepto, constituye una impropiedad tanto decir que el modelo de nuestro
Código en materia sucesoria habría sido el código civil de Francia (Meza Barros), como
que estaría basado en el sistema romano (Somarriva, Guzmán Brito) aunque obviamente se
encuentra más cercano a este último.
Bello concibió en nuestro Código la relación sucesoria de la manera siguiente: 1) creó en
favor del heredero un derecho de reclamación y adquisición de la herencia, de carácter
universal, al cual denominó expresamente "derecho real de herencia"; 2) asignó a la
sucesión por causa de muerte el carácter de modo de adquirir y 3) caracterizó la herencia
como una universalidad jurídica, un ente abstracto, distinto de los bienes que la componen,
que consta de activo y pasivo y que puede comprender toda clase de bienes: derechos
reales, créditos, frutos, bienes futuros y, aún, las deudas del causante. Estos tres factores
prácticamente determinan las bases de nuestro derecho sucesorio, el cual es un sistema
distinto y original, propio de nuestro Código Civil.
Según el Código, producido el fallecimiento del causante se operan la apertura de la
sucesión y la delación de las asignaciones y nace en favor de los herederos un derecho real
de herencia, que tiene por objeto el patrimonio del difunto o una parte de él. Dicho derecho
puede ser ejercitado positiva o negativamente por el heredero aceptando o repudiando la
herencia que le ha sido deferida, y sólo en caso de aceptación se produce la adquisición de
ésta, a través del modo de adquirir sucesión por causa de muerte.
De esa manera, no se operan en nuestro derecho la transmisión y adquisición inmediatas del
derecho francés o germánico, puesto que para la adquisición de la herencia el legislador ha
establecido la exigencia de la aceptación expresa o tácita del heredero. Como consecuencia
de ello se contempla por nuestro Código la denominada herencia yacente.
Pero, a mayor abundamiento, según el sistema del Código, el fallecimiento del causante da
origen a la comunidad hereditaria, la cual termina con la partición y adjudicación de los
bienes a los herederos, y durante todo ese lapso éstos carecen de todo derecho sobre los
bienes que integran la herencia, considerados uti singuli, teniendo solamente un derecho
que se ejerce respecto de la herencia, la cual se caracteriza como una universalidad jurídica,
una entidad abstracta distinta y separada de los bienes que la componen, cual es el
denominado derecho real de herencia contemplado en el artículo 577, inciso 2°, del Código.
Se trata en consecuencia de un derecho de carácter universal, distinto del dominio y de
carácter transitorio, el cual nace con el fallecimiento del causante, subsiste durante todo el
período de indivisión y se extingue con la partición y adjudicación de los bienes
hereditarios, acto en virtud del cual pasa igualmente a constituirse en un derecho de
dominio sobre los bienes adjudicados al heredero. El legislador chileno ha diferenciado así
y establecido una separación entre la adquisición de la herencia y la adquisición de los
bienes hereditarios, por cuanto la adquisición de la herencia no significa en nuestro derecho
la adquisición del dominio de los bienes hereditarios.
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Sin embargo, si bien el heredero tiene en principio solamente un derecho cuotativo sobre el
total de los bienes de la herencia, en caso de ser varios son también en conjunto dueños de
cada uno de los bienes hereditarios; ello como lógico resultado de reunir obrando de
consuno el total de las cuotas que componen la unidad de la herencia.
Bello, siempre cauteloso en sus soluciones y observante de la legislación y doctrina
extranjeras, especialmente la francesa, fue en este punto atrevido y original, por cuanto ni la
legislación francesa, en la época de la dictación de nuestro Código, ni el derecho romano o
español consagraban expresamente un derecho como el que nuestro Código contempla. El
derecho real de herencia es así una figura propia de nuestro Código Civil y de las
legislaciones que siguen a la chilena, como la colombiana y ecuatoriana.
Desde otro punto de vista, la sucesión por causa de muerte no constituye en nuestro derecho
un hecho único o un momento, no consiste en el hecho único de la muerte, sino es en
verdad todo un proceso en el cual la muerte es sólo el inicio, puesto que la ley ha exigido
distintos requisitos según se trate de la adquisición del derecho de herencia, de la
adquisición de la herencia misma o de la adquisición del dominio de los bienes específicos
que componen la herencia. Así, en tanto para la adquisición del derecho de herencia se
exigen la delación de la herencia, la existencia del heredero y su capacidad y dignidad, para
la adquisición de la herencia se precisa, además, de la aceptación expresa o tácita del
heredero o herederos y, finalmente, para la adquisición del dominio de las cosas
hereditarias se necesita de la liquidación de la herencia y de las adjudicaciones
correspondientes.
Por último, conforme a los artículos 717, 688 y 722 del Código, en nuestra legislación
tampoco los estados posesorios del heredero son los mismos del causante, ya que según el
Código la posesión de la herencia comienza en el sucesor y desde el momento de deferirse
la herencia, lo que es perfectamente lógico si se considera que la herencia nace con el
fallecimiento, por lo cual la posesión del heredero no podría ser estimada la continuación
de una posesión que el causante no ha podido tener y comienza solamente en el heredero.
Conclusiones.
En consecuencia, en el Código chileno no se opera ni una sucesión en la persona, ni una
sucesión en las titularidades del causante, sino más bien una "sucesión en el patrimonio",
por lo que para designar nuestro sistema se acostumbra utilizar la expresión "continuación
en la personalidad jurídica del causante", aludiendo a la continuación en cabeza del
heredero de las relaciones patrimoniales del fallecido. El razonamiento de Bello tiene que
haber sido el siguiente: así como el causante había sido dueño de su patrimonio, al heredero
a quien dicho patrimonio pasaba en carácter de herencia debía igualmente de corresponder
algún derecho respecto de éste, el cual en ningún caso podría tener el carácter de personal,
puesto que se daba la característica de "inmediatividad" propia de los derechos reales.
Asimismo, el objeto del derecho no era en este caso una cosa singular ni determinada,
como en el derecho de dominio, y aún podía darse el caso de la inexistencia de bienes o que
la herencia estuviera constituida exclusivamente por obligaciones.
Se hacía menester, en consecuencia, establecer en favor del heredero un derecho especial
respecto del patrimonio hereditario, distinto del de propiedad, pero de similar envergadura,
y dotado igualmente de una acción absoluta, la cual pudiera ejercerse respecto de toda
persona para los efectos de recuperación de los bienes en caso de encontrarse éstos en
poder de terceros y para su reintegro a la masa hereditaria, y se concibe de esa manera por
el autor de nuestro Código el derecho que nos ocupa.
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No es necesario, en consecuencia, en nuestro derecho recurrir a la ficción, al forzamiento
de la realidad, para justificar la situación del heredero, puesto que el derecho real de
herencia que nuestro Código contempla permite explicar en forma satisfactoria la situación
del heredero frente al patrimonio del fallecido, antes y después de la adquisición de la
herencia y hasta la partición misma.
Sucesión en los bienes.
La doctrina más moderna evitando recurrir a las ficciones ha considerado la herencia como
un conjunto de bienes o un conjunto de relaciones jurídicas de carácter patrimonial,
provisionalmente unificadas y sometidas a una misma reglamentación para los efectos de su
liquidación y distribución. Las deudas no forman parte de la herencia en esta concepción y
deben ser previamente deducidas: herencia es lo que queda después de deducidas las
deudas. Se habla así de "herencia residual" o "económica". Contemplan este sistema el
actual código alemán y en América los códigos de Argentina, Brasil, México y Perú.
Extracto del artículo titulado "Los distintos sistemas sucesorios y el sistema chileno",
publicado en el Nº 257 de la Gaceta Jurídica de los Tribunales, correspondiente al mes de
noviembre de 2001.
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Cuestionario
1. Principio de igualdad. Como se ve alterado por el legislador. Como lo ha
restablecido la jp.
2. Justificación de la sxcm. Situación respecto de la libertad de testar.
3. acepciones del término sucesión
4. concepto y características.
5. Herencia y Legados
6. Apertura de la Sucesión. Comurientes.
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