Octavio Paz
Octavio Paz Lozano. (México D.F., 31 de marzo de 1914 - Coyoacán, México, 19 de abril de 1998). Poeta
y ensayista mexicano. Premio Nobel de Literatura en 1990.
A los diecisiete años publica sus primeros poemas en la revista Barandal (1931). Posteriormente dirige las
revistas Taller (1939) e Hijo pródigo (1943). En un viaje a España contacta con intelectuales de la república
española y con Pablo Neruda, contactos que le influencian fuertemente en su poética.
Después de publicar Luna Silvestre (1933) y el poemario dedicado a la guerra civil española ¡No pasarán!
(1936), edita Raíz del hombre (1937), Bajo tu clara sombra (1937), Entre la piedra y la flor (1941) y A la
orilla del mundo (1942).
En 1944, con una beca Guggenheim, pasa un año en Estados Unidos. En 1945 entra en el Servicio
Exterior Mexicano y es enviado a París. Durante este periodo se aleja del marxismo al entrar en contacto
con los poetas surrealistas y otros intelectuales europeos e hipanoamericanos.
Llegando a la década de 1950 publica cuatro libros fundamentales: Libertad bajo palabra (1949) , El
laberinto de la soledad (1950), retrato de la sociedad mexicana, ¿Águila o sol? (1951), libro de prosa de
influencia surrealista, y El arco y la lira (1956).
Su obra, extensa y variada, se completa con numerosos poemarios y libros ensayísticos, entre los cuales
cabe citar Cuadrivio (1965), Ladera este (1968), Toponemas (1969), Discos visuales (1969), El signo y el
garabato (1973), Mono gramático (1974), Pasado en claro (1975), Sombras de obras (1983) y La llama
doble (1993).
En 1981 es galardonado con el Premio Cervantes. En 1999 aparecen, póstumamente, Figuras y
figuraciones y Memorias y palabras, epistolario entre Octavio Paz y Pere Gimferrer entre los años 1966 y
1997.
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
(1651 [¿1648?]-1695)
Juana Ramírez de Asbaje nació el 12 de noviembre de 1651 (o de 1648) en San Miguel Nepantla
en una hacienda ubicada al pie de los volcanes, fue criolla probablemente de ascendencia vasca.
En un texto autobiográfico, la poeta cuenta que su amor por las letras se dio –y así lo dice–
“desde que me rayó la primera luz de la razón”/1, y que a la edad de tres años, siguiendo a su
hermana, tomó lecciones y aprendió a leer.
La curiosidad siempre la motivó a leer y a estudiar. A la edad de siete años, y al enterarse de la
existencia de la Universidad de México, solicitó a su madre que la enviara a estudiar allá,
disponiéndose a cambiar el vestido por uno masculino si fuese necesario. Ante la negativa
materna, se consoló devorando los libros de la biblioteca de su abuelo. Se armó de constancia y
disciplina, a tal grado que, niña aún, se abstuvo por ejemplo de comer queso, puesto que había
oído decir “que hacía rudos”/2, es decir, que entontecía a las personas. Empezó a estudiar
gramática con tal dedicación que cortaba su cabello imponiéndose el aprendizaje de una lección
determinada mientras crecía, volviendo a cortarlo si aún no dominaba lo que se había propuesto
aprender, ya que para ella “no parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que
estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno”/3. Según el Padre Calleja, primer
biógrafo de Sor Juana, a los ocho años compuso una loa para la fiesta del Santísimo Sacramento.
Tras la muerte de su abuelo en 1655, fue enviada a la ciudad de México, a vivir con su tía
materna, María Ramírez, quien estaba casada con Juan de Mata, hombre acaudalado que
gozaba de influencia en la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera. La
joven entró a la corte, vivió ahí entre los dieciséis y los veinte años, y fue respetada por su
prodigiosa inteligencia, a tal punto que el virrey, admirado por su erudición, sometió a la joven a
un examen ante cuarenta hombres de letras: teólogos, filósofos, matemáticos, historiadores y
poetas. Ante la muestra de sabiduría en sus respuestas, impresionado dijo de la joven “la manera
que un galeón real se defendería de pocas chalupas, que la embistieran, así se desembarazaba
Juana Inés de las preguntas, argumentos y réplicas, que tantos, que cada uno en su clase, la
propusieron”/4.
Con la total negación que tenía al matrimonio, e influida por el padre Antonio Núñez de Miranda,
que era confesor de los virreyes, Juana decidió profesar. Tomó la decisión por parecerle que era
“lo menos desproporcionado y lo más decente que podía elegir”/5. Contrario al matrimonio, la
vida conventual le aseguraba “no tener ocupación obligatoria que embarazase la libertad de mi
estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”/6. Ingresó en
primera instancia al convento de Carmelitas Descalzas en agosto de 1667 y fue acompañada por
los virreyes. Abandonó el convento poco tiempo después, probablemente por la rigidez de su
regla. Finalmente, se decidió a ingresar en la Orden de las jerónimas, tomando los hábitos en
febrero de 1669.
En la soledad de su celda se dedicó al estudio, que consideraba como su descanso “en todos los
ratos que sobraban a mi obligación... sin más maestro que los mismos libros”/7. El amor por las
letras la llevó a estudiar diversas materias, “sin tener para alguna particular inclinación, sino para
todas en general”/8, siendo su meta el estudio de la Teología; considerando que para llevarlo a
cabo era necesario primero “subir por los escalones de las ciencias y artes humanas”/9. Estudió a
los clásicos griegos y romanos; así como lógica, retórica, física, música, aritmética, geometría,
arquitectura, historia y derecho.
Era de carácter afable y se ganó el afecto de sus hermanas de religión. Aunque no podía escapar
del todo de la convivencia en el convento, se impuso la disciplina de “no entrar en celda alguna si
no me obligase a ello la obediencia o la caridad” /10 para no robar tiempo al estudio, tomando de
vez en cuando un día, a fin de que no la tomaran por “áspera, retirada e ingrata al no merecido
cariño de mis carísimas hermanas”/11. Atendió diligentemente sus obligaciones y entre los muros
del convento floreció su obra. Fue ampliamente reconocida como escritora, aunque ella misma
declaró en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, que siempre escribió por encargo.
Escribió obras de teatro, como Los empeños de una casa (1683) y Amor es más laberinto (1689);
autos sacramentales como El divino Narciso (1689) y abundante poesía. Preparó villancicos para
las catedrales de México, Puebla y Oaxaca. En 1680, con la llegada a Nueva España de Tomás
Antonio de la Cerda y Aragón, conde de Paredes y marqués de la Laguna, Sor Juana redactó el
arco triunfal que preparó la catedral de México para recibir al gobernante. En el Neptuno alegórico
aludía a las virtudes del gobernante, relacionándolo con el dios Neptuno, idealizando en esta
figura “el ideal político de un príncipe católico: sabio, prudente, poderoso y justiciero” /12. Parte
de su obra fue reunida y publicada en Madrid, en 1689, con el título de Inundación Castálida. Su
poema más importante, Primero sueño, fue publicado en 1692.
Sor Juana contó con el respeto y admiración de virreyes y cortesanos, escritores y monjas. Armó
una magnífica biblioteca que llegó a contar 4 mil volúmenes. En 1690 se publicó la Carta
Atenagórica, en la que hizo una crítica a un sermón del jesuita portugués Antonio Vieira y años
después apareció en Madrid una obra autobiográfica, la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz.
Hacia 1693 dejó de escribir y se dedicó más a los oficios religiosos, situación que no ha sido
convincentemente explicada por sus biógrafos.
Juan Rulfo
(Apulco, Jalisco, 1917 - Ciudad de México, 1986) Escritor mexicano. Un solo libro de cuentos, El
llano en llamas (1953), y una única novela, Pedro Páramo (1955), bastaron para que Juan Rulfo
fuese reconocido como uno de los grandes maestros de la narrativa hispanoamericana del siglo
XX. Su obra, tan breve como intensa, ocupa por su calidad un puesto señero dentro del
llamado Boom de la literatura hispanoamericana de los años 60, fenómeno editorial que dio a
conocer al mundo la talla de los nuevos (y no tan nuevos, como en el caso de Rulfo) narradores
del continente.
Nacido en Apulco, en el distrito jalisciense de Sayula, Juan Rulfo creció entre su localidad natal y
el cercano pueblo de San Gabriel, villas rurales dominada por la superstición y el culto a los
muertos, y sufrió allí las duras consecuencias de las luchas cristeras en su familia más cercana
(su padre fue asesinado). Esos primeros años de su vida habrían de conformar en parte el
universo desolado que Juan Rulfo recreó en su breve, pero brillante obra.
En 1934 se trasladó a Ciudad de México, donde trabajó como agente de inmigración en la
Secretaría de la Gobernación. A partir de 1938 empezó a viajar por algunas regiones del país en
comisiones de servicio y publicó sus cuentos más relevantes en revistas literarias. En los quince
cuentos que integran El llano en llamas (1953), Rulfo ofreció una primera sublimación literaria, a
través de una prosa sucinta y expresiva, de la realidad de los campesinos de su tierra, en relatos
que trascendían la pura anécdota social.
En su obra más conocida, Pedro Páramo (1955), Juan Rulfo dio una forma más perfeccionada a
dicho mecanismo de interiorización de la realidad de su país, en un universo donde cohabitan lo
misterioso y lo real; el resultado es un texto profundamente inquietante que ha sido juzgado como
una de las mejores novelas de la literatura contemporánea.
El protagonista de la novela, Juan Preciado, llega a la fantasmagórica aldea de Comala en busca
de su padre, Pedro Páramo, al que no conoce. Las voces de los habitantes le hablan y
reconstruyen el pasado del pueblo y de su cacique, el temible Pedro Páramo; Preciado tarda en
advertir que en realidad todos los aldeanos han muerto, y muere él también, pero la novela sigue
su curso, con nuevos monólogos y conversaciones entre difuntos, trazando el sobrecogedor
retrato de un mundo arruinado por la miseria y la degradación moral. Como el Macondo de Cien
años de soledad, de Gabriel García Márquez, o la Santa María de Juan Carlos Onetti, la ardiente
y estéril Comala se convierte en el espacio mítico que refleja el trágico desarrollo histórico del
país, desde el Porfiriato hasta la Revolución Mexicana. Desde el punto de vista técnico, Pedro
Páramo se sirve magistralmente de las innovaciones introducidas en la literatura europea y
norteamericana de entreguerras (Proust, Joyce, Faulkner), línea que en los años 60
seguirían Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes y otros autores
del Boom. De este modo, aunque la novela se plantea inicialmente como un relato en primera
persona en boca de su protagonista, pronto se asiste a la fragmentación del universo narrativo por
la alternancia de los puntos de vista (con uso frecuente del monólogo interior) y los saltos
cronológicos. Rulfo escribió también guiones cinematográficos como Paloma herida (1963) y otra
excelente novela corta.
AMADO NERVO
(1870/08/27 - 1919/05/24)
ESCRITOR MEXICANO
–La mayor parte de los fracasos nos viene por querer adelantar la hora de los éxitos–
Una de las principales figuras del modernismo hispanoamericano.
Obras: La amada inmóvil, Plenitud, Almas que pasan...
Género: Poesía, narrativa, ensayo...
Padres: Amado Nervo y Maldonado; Juana Ordaz y Núñez
Nombre: Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz
Cónyuge: Ana Cecilia Luisa Dailliez (m. 1901-1912)
"Si una espina me hiere, me aparto de la espina, pero no la aborrezco"
Amado Nervo nació el 27 de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit.
FAMILIA
Descendiente de una familia española que se estableció en San Blas. Hijo de Amado Nervo y
Juana Ordaz. Su padre falleció cuando él tenía nueve años.
Otras dos muertes marcarían su vida: la de su amada Cecilia Luisa Daillez, y el suicidio de su
hermano Luis, también poeta.
ESTUDIOS
Su instrucción primaria la realizó en las escuelas de su ciudad natal. Más tarde ingresó en un
Colegio de Padres Romanos, en Michoacán, que entonces gozaba de cierta fama. En este
colegio, y después en el seminario de Zamora, realizó sus estudios preparatorios.
Quiso seguir la carrera de abogado y estudió dos años, pero el quebrantamiento rápido de la
herencia paterna le obligó a volver a Tepic, donde tuvo que ponerse al frente de lo poco que
quedaba para ayudar a su familia, que era numerosa.
ESCRITOR
Después, buscando mejor destino, marchó a Mazatlán, donde escribió en el Correo de la Tarde
sus primeros artículos. Más tarde, viajó a la Capital (1894) y ahí, con los esfuerzos y penalidades
consiguientes, logró abrirse camino.
En 1894, se mudó a Ciudad de México, donde empezó a ser conocido. Colaboró en la Revista
Azul, de Manuel Gutiérrez Nájera. Se relacionó con escritores mexicanos como Luis G.
Urbina y Tablada, y con algunos extranjeros como Rubén Darío y José Santos Chocano. Formó
parte de la redacción de El Universal, El Nacional y El Mundo.
Jorge Luis Borges.
(Buenos Aires, 24 de agosto de 1899 - Ginebra, Suiza, 14 de junio de 1986). Poeta, ensayista y
escritor argentino.
Estudia en Ginebra e Inglaterra. Vive en España desde 1919 hasta su regreso a Argentina en
1921. Colabora en revistas literarias, francesas y españolas, donde publica ensayos y manifiestos.
De regreso a Argentina, participa con Macedonio Fernández en la fundación de las
revistas Prisma y Prosa y firma el primer manifiesto ultraísta. En 1923 publica su primer libro de
poemas, Fervor de Buenos Aires, y en 1935 Historia universal de la infamia, compuesto por una
serie de relatos breves (formato que utilizará en publicaciones posteriores).
Durante los años treinta su fama crece en Argentina y publica diversas obras en colaboración
con Bioy Casares, de entre las que cabe subrayar Antología de la literatura fantástica. Durante
estos años su actividad literaria se amplía con la crítica literaria y la traducción de autores como
Virginia Woolf, Henri Michaux o William Faulkner.
Es bibliotecario en Buenos Aires de 1937 a 1945, conferenciante y profesor de literatura inglesa
en la Universidad de Buenos Aires, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro
de la Academia Argentina de las Letras y director de la Biblioteca Nacional de Argentina desde
1955 hasta 1974. En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor, otorgado por el
Congreso Internacional de Editores. Desde 1964 publica indistintamente en verso y en prosa.
Borges utiliza un singular estilo literario, basado en la interpretación de conceptos como los de
tiempo, espacio, destino o realidad. La simbología que utiliza remite a los autores que más le
influencian -William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad-,
además de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la
filosofía.
Publica libros de poesía como El otro, el mismo, Elogio de la sombra, El oro de los tigres, La rosa
profunda, La moneda de hierro y cultiva la prosa en títulos como El informe de Brodie y El libro de
arena. En estos años Borges también publica libros en los que se mezclan prosa y verso, libros
que aúnan el teatro, la poesía y los cuentos; ejemplos de esta fusión son títulos como La
cifra y Los conjurados.
La importancia de su obra se ve reconocida con el Premio Miguel de Cervantes en 1979.
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
(Aracataca, Colombia, 1927 - México D.F., 2014) Novelista colombiano, premio Nobel de
Literatura en 1982 y uno de los grandes maestros de la literatura universal. Gabriel García
Márquez fue la figura fundamental del llamado Boom de la literatura hispanoamericana, fenómeno
editorial que, en la década de 1960, dio proyección mundial a las últimas hornadas de narradores
del continente.
En todos ellos era palpable la superación del realismo y una renovación de las técnicas narrativas
que entroncaba con la novela europea y estadounidense de entreguerras
(Kafka, Joyce, Proust, Faulkner); García Márquez sumó a ello su portentosa fantasía y sus
insuperables dotes de narrador, patentes en la obra que representa la culminación del realismo
mágico: Cien años de soledad (1967).
Biografía
Los años de su primera infancia en Aracataca marcarían decisivamente su labor como escritor; la
fabulosa riqueza de las tradiciones orales transmitidas por sus abuelos nutrió buena parte de su
obra. Afincado desde muy joven en la capital de Colombia, Gabriel García Márquez estudió
derecho y periodismo en la Universidad Nacional e inició sus primeras colaboraciones
periodísticas en el diario
El Espectador.
A los veintiocho años publicó su primera novela, La hojarasca (1955), en la que ya apuntaba
algunos de los rasgos más característicos de su obra de ficción. En este primer libro y algunas de
las novelas y cuentos que le siguieron empezaron a vislumbrarse la aldea de Macondo y algunos
personajes que configurarían Cien años de soledad, al tiempo que el autor hallaba en algunos
creadores estadounidenses, sobre todo en William Faulkner, nuevas fórmulas expresivas.
Comprometido con los movimientos de izquierda, Gabriel García Márquez siguió de cerca la
insurrección guerrillera cubana de Fidel Castro y el Che Guevara hasta su triunfo en 1959. Amigo
de Fidel Castro, participó por entonces en la fundación de Prensa Latina, la agencia de noticias de
Cuba. Al cabo de no pocas vicisitudes con diversos editores, García Márquez logró que una
editorial argentina le publicase la que constituye su obra maestra y una de las novelas más
importantes de la literatura universal del siglo XX, Cien años de soledad (1967).
Gabo en la época de Cien años (Barcelona, 1969), Incubada durante casi veinte años y redactada
en dieciocho meses, Cien años de soledad recrea a través de la saga familiar de los Buendía la
peripecia histórica de Macondo, aldea imaginaria fundada por los primeros Buendía que es el
trasunto de su localidad natal y, al mismo tiempo, de su país y del continente. De perfecta
estructura circular, la novela alza un mundo propio, recreación mítica del mundo real de
Latinoamérica, de un modo que ha venido a llamarse «realismo mágico» por el encuentro
constante de lo real con motivos y elementos fantásticos. Así, en el relato de la fundación del
pueblo, de su crecimiento, de su participación en las guerras civiles que asolan el país, de su
explotación por parte de una compañía bananera estadounidense, de las revoluciones y
contrarrevoluciones subsiguientes y de la destrucción final de la aldea (que confluye con la
extinción de la estirpe de sus fundadores, condenada desde el principio a "cien años de soledad"),
se entrelazan con toda naturalidad sueños premonitorios, apariciones sobrenaturales, pestes de
insomnio, diluvios bíblicos y toda clase de sucesos mágicos, todo ello narrado en una prosa
riquísima, fluida y cautivadora que hacen de la lectura un asombro y un placer inacabables.
Tras una temporada en París, Gabriel García Márquez se instaló en Barcelona en 1969, donde
entabló amistad con intelectuales españoles, como Carlos Barral, y sudamericanos, como Mario
Vargas Llosa. Su estancia allí fue decisiva para la concreción de lo que se conoció como
el Boom de la literatura hispanoamericana, que supuso el descubrimiento internacional de los
jóvenes y no tan jóvenes narradores del continente: el peruano Mario Vargas Llosa, los
argentinos Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Julio Cortázar, los cubanos José Lezama
Lima y Guillermo Cabrera Infante, los mexicanos Juan Rulfo y Carlos Fuentes y los
uruguayos Juan Carlos Onetti y Mario Benedetti, entre otros. En 1972 obtuvo el Premio
Internacional de Novela Rómulo Gallegos, y pocos años más tarde regresó a América Latina para
residir alternativamente en Cartagena de Indias y en Ciudad de México, debido sobre todo a la
inestabilidad política de su país.
Con anterioridad a Cien años de soledad, García Márquez había esbozado el mundo de Macondo
en novelas como La hojarasca (1955) y El coronel no tiene quien le escriba (1961), y también en
colecciones de relatos como Los funerales de la Mamá Grande (1962). Después de Cien años su
narrativa, despojada en mayor o menor media de elementos fantásticos, mantuvo un altísimo
nivel; es el caso de novelas como El otoño del patriarca (1975), que somete a alucinante
tratamiento el tema del dictador hispanoamericano; Crónica de una muerte anunciada (1981),
relato de un crimen de honor basado en sucesos reales que sobresale por su perfección
constructiva y ha sido considerado su segunda obra maestra; y El amor en los tiempos del
cólera (1985), extraordinaria historia de un amor que, nacido en la adolescencia, no llega a
consumarse hasta 53 años después, ya en la vejez de los personajes.
Su prestigio literario, que en 1982 le valió el Premio Nobel de Literatura, le confirió autoridad para
hacer oír su voz sobre la vida política y social colombiana. Su actividad como periodista quedó
recogida en Textos costeños (1981) y Entre cachacos (1983), compendios de artículos publicados
en la prensa escrita, y en Noticia de un secuestro, amplio reportaje novelado editado en 1996 que
trata de la dramática peripecia de nueve periodistas secuestrados por orden del
narcotraficante Pablo Escobar. Relato de un náufrago, reportaje sobre un caso real publicado en
forma de novela en 1968, constituye un brillante ejemplo de «nuevo realismo» y puso de
manifiesto su capacidad para cambiar de registro.
En el cine intervino en la redacción de numerosos guiones, a veces adaptaciones de sus propias
obras, y desde 1985 compartió, con el cineasta argentino Fernando Birri, la dirección de la
Escuela Internacional de Cine de La Habana. Entre su producción posterior cabe destacar una
novela histórica en torno a Simón Bolívar, El general en su laberinto (1989); la colección de
relatos Doce cuentos peregrinos (1992); el volumen de memorias Vivir para contarla (2002), que
cubre los primeros treinta años de su vida, y su última novela, Memorias de mis putas
tristes (2004), sobre el amor de un nonagenario periodista por una joven prostituta. Falleció en la
ciudad de México en 2014, tras una recaída en el cáncer linfático que le había sido diagnosticado
en 1999.
VIRGINIA WOOLF
(Adeline Virginia Stephen; Londres, Reino Unido, 1882 - Lewes, id., 1941) Escritora británica. El
nombre de Virginia Woolf figura junto con el de James Joyce, Thomas Mann o Franz Kafka entre los
grandes renovadores de la novela moderna. Experimentando con la estructura temporal y espacial de
la narración, perfeccionó en sus novelas el monólogo interior, procedimiento por el que se intenta
representar los pensamientos de un personaje en su forma primigenia, en su fluir inconsciente, tal y
como surgen en la mente. Algunas de sus obras más famosas, como La señora Dalloway (1925), Al
faro (1927) o Las olas (1931), ejemplifican este recurso mediante un poderoso lenguaje narrativo en el
que se equilibran perfectamente el mundo racional y el irracional.
Virginia Woolf
Woolf fue además pionera en la reflexión sobre la condición de la mujer, la identidad femenina y las
relaciones de la mujer con el arte y la literatura, que desarrolló en algunos de sus ensayos; entre ellos,
destaca por la repercusión que posteriormente tendría para el feminismo Una habitación
propia (1932). No sólo abordó este tema en los ensayos, sino que también lo hizo en novelas como la
inquietante y misteriosa Orlando (1928), en la que se difuminan las diferencias entre la condición
masculina y la femenina encarnadas en el protagonista, un aristócrata dotado de la facultad de
transformarse en mujer.
Hija de sir Leslie Stephen, distinguido crítico e historiador, Virginia Woolf creció en un ambiente
frecuentado por literatos, artistas e intelectuales. Tras el fallecimiento de su padre, en 1905, se
estableció con su hermana Vanessa -pintora que se casaría con el crítico Clive Bell- y sus dos
hermanos en el barrio londinense de Bloomsbury, que se convirtió en centro de reunión de antiguos
compañeros universitarios de su hermano mayor, entre los que figuraban intelectuales de la talla del
escritor E. M. Forster, el economista J. M. Keynes y los filósofos Bertrand Russell y Ludwig
Wittgenstein, y que sería conocido como el grupo de Bloomsbury. Elementos comunes de esta
heterogénea elite intelectual fueron la búsqueda del conocimiento y del placer estético entendidos
como la tarea más elevada a que debe tender el individuo, así como un anticonformismo político y
moral.
En 1912, cuando contaba treinta años, se casó con Leonard Woolf, economista y miembro también
del grupo, con quien fundó en 1917 la célebre editorial Hogarth Press, que editó la obra de la propia
Virginia y la de otros relevantes escritores, como Katherine Mansfield, T. S. Eliot o Sigmund Freud.
Sus primeras novelas, Viaje de ida y Noche y día, ponen ya de manifiesto la intención de la escritora
de romper los moldes narrativos heredados de la novelística inglesa anterior, en especial la
subordinación de personajes y acciones al argumento general de la novela, así como las
descripciones de ambientes y personajes tradicionales; sin embargo, estos primeros títulos apenas
merecieron consideración por parte de la crítica.
Sólo con la publicación de La señora Dalloway y Alfaro comenzaron a elogiar los críticos su
originalidad literaria. En estas obras llaman ya la atención la maestría técnica y el afán experimental
de la autora, quien introducía además en la prosa novelística un estilo y unas imágenes hasta
entonces más propios de la poesía. Desaparecidas la acción y la intriga, sus narraciones se esfuerzan
por captar la vida cambiante e inasible de la conciencia.
Influida por la filosofía de Henri Bergson, experimentó con especial interés con el tiempo narrativo,
tanto en su aspecto individual, en el flujo de variaciones en la conciencia del personaje, como en su
relación con el tiempo histórico y colectivo. Así, Orlando constituye una fantasía libre, basada en
algunos pasajes de la vida de su amiga y también escritora Vita Sackville-West, en que la protagonista
vive cinco siglos de la historia inglesa. En Las olas presenta el «flujo de conciencia» de seis
personajes distintos, es decir, la corriente preconsciente de ideas tal como aparece en la mente, a
diferencia del lógico y bien trabado monólogo tradicional.
Virginia Woolf escribió también una serie de ensayos que giraban en torno de la condición de la mujer,
en los que destacó la construcción social de la identidad femenina y reivindicó el papel de la mujer
escritora, como en Una habitación propia. Destacó a su vez como crítica literaria, y fue autora de dos
biografías: una divertida recreación de la vida de los Browning a través de los ojos de su perro ( Flush)
y otra sobre el crítico Robert Fry (Fry). En uno de los accesos de una enfermedad mental que había
obligado a ingresarla en varias ocasiones a lo largo de su vida, el 28 de marzo de 1941 desapareció
de su casa de campo, hasta que días después su cuerpo fue hallado en el río Ouse.
RAFAEL ARÉVALO MARTÍNEZ
Guatemala | 1884-1975 Arévalo
Escritor guatemalteco, uno de los antecesores del realismo mágico. Nacido en Quetzaltenango,
fue director de la Biblioteca Nacional de Guatemala durante 20 años, desde 1926 hasta 1946. Ese
año fue nombrado delegado de Guatemala en la Unión Panamericana, actual Organización de
Estados Americanos. Cultivó la narrativa y la poesía lírica. Iniciado bajo la influencia del
modernismo, derivó después hacia otras tendencias. Aunque con un estilo muy personal, se le ha
situado como novelista de ciencia ficción y como uno de los antecesores del llamado realismo
mágico. Algunos críticos relacionan sus relatos con el mundo angustioso y alucinado de Franz
Kafka. Su producción poética es muy variada y abarca desde composiciones de sencillez lírica
hasta otras en las que emplea expresiones de un auténtico barroco de corte americano. Entre sus
libros de versos figuran Juglarías (1911), Las rosas de Engaddi (1927) y Por un caminito así
(1947). En narrativa publicó Una vida (1914), El hombre que parecía un caballo (su obra más
notoria, 1914), El trovador colombiano (1920), El señor Monitot (1922), La oficina de paz de
Orolandia (1925), El mundo de los maharachías (1938) y Viaje a Ipanda (1939). Se le deben
asimismo la pieza teatral Manuel Aldano (1914) y la biografía del dictador Manuel Estrada
Cabrera, Ecce Pericles (1947). Falleció en la ciudad de Guatemala.
NÚRIA AÑÓ
La escritora muerta y La mirada del hijo, dos novelas de Núria Añó marcadas por un lenguaje
poético. Aunque joven, la escritora española Núria Añó colecciona una extensa lista de obras
literarias escritas o traducidas por ella. Su carrera se inició a los diecisiete años, cuando publicó
su primer cuento. Hoy, Núria Añó es una muestra de que su obra ha trascendido el territorio
español, ya que está traducida al francés, inglés, italiano, alemán, polonés, holandés, chino, letón
y, recientemente, al portugués. Babelcube Books es el responsable de la distribución de dos
novelas de la escritora en Brasil: A escritora morta1 (La escritora muerta, 2018), traducida por Ana
Brum, y O olhar do filho2 (La mirada del hijo, 2019), traducida por Mariana Baroni.
“LA ESCRITORA MUERTA”, DE NÚRIA AÑÓ
La escritora muerta, de Núria Añó (2018).
Disponible en Amazon
Ambas están marcadas por un lenguaje poético. Los acontecimientos se llenan de un proceso de
reflexión que permite al lector disfrutar de una lectura intimista: un chapuzón para su propio
interior, el cual desentraña los pasos de los personajes. Hechos cotidianos son trazados a partir
de un lenguaje poético, que nos quita el automatismo con que, muchas veces, nuestros ojos ven
la vida: una relación amorosa entre dos jóvenes, una adopción compleja, la relación entre madre e
hija, una hija en busca de su padre biológico.
La escritora muerta tiene como protagonista a Anna, una escritora que necesita entregar un libro a
su editor, pero que se enfrenta a una dificultad extrema para concluirlo. El trabajo puede ser
tomado como un metalenguaje del proceso de escritura, en especial, propio de una escritura
autobiográfica. Anna teje un diálogo profundo con su propia imaginación, y éste, poco a poco,
toma la forma del padre de su hija, de quien hace años que ella no tiene noticias:
Anna mira a M. Él mira distraído por la ventana. La escritora se pasa la mano por la frente, una
mano que vuelve a la mesa cuando vuelve a observar a M, quien viste con un abrigo oscuro,
como si tuviera que irse. Anna se levanta de la silla y camina varios pasos sigilosa. La luz de la
lámpara ilumina la mesa y el teclado. El resto de objetos forman parte de esa capa sombría en el
instante que la escritora se acerca a M. Él se gira, aun cuando hoy M se encuentra muy lejos de
aquí. Ambos observan por la ventana, pasa algún coche, aunque oscurece por momentos. M se
desabrocha el abrigo y toma asiento en esa silla donde últimamente juega al ajedrez.
Simultáneamente, ella arrincona la mesa y ambos parecen más nostálgicos de lo normal, igual
que si de un momento a otro hubiese que despedirse bruscamente. Y todo sería repentino como
un punto y final, el cual llega de la nada y se hace sitio entre el texto, como una pequeña parte
más del pasado que formará parte de una nueva obra de la escritora, por más que ella pierde la
cuenta tras pasar de la veintena de libros. Aun así, M sigue aquí, mientras coloca su abrigo en el
regazo. Asimismo, Anna aporta un maletín de ella, que deja derecho junto a la silla de él. Ella se
fija en M y sube la manga de su camisa. En el acto se quita el reloj y lo abrocha sin prisa en la
muñeca de él. Anna observa la hora y ya entonces transita con mucha prisa. Sobre el teclado, sus
manos se iluminan a la luz del flexo, sus dedos están acostumbrados a teclear rápido, y ella
escribe más rápido de lo que habla.3
Aunque Anna es la protagonista, la narrativa se abre a diferentes micro argumentos que abordan
las historias de los demás personajes, pero que, de alguna manera, están relacionados con la
vida de la escritora: su hija Berta, que busca a su padre; Hans, enamorado de Berta y su hermana
Clara, que vive un amor obsesivo con un motociclista. La escritora muerta es, por tanto, una
invitación a todos aquellos que aprecian el modo con que la Literatura se refleja sobre sí misma
en una obra literaria. Pero también representa la oportunidad de seguir otros personajes con
sentimientos y en situaciones que nos provocan, de manera inevitable, una identificación.
“La mirada del hijo”, de Núria Añó
La mirada del hijo, de Núria Añó (2018).
DISPONIBLE EN AMAZON
En La mirada del hijo tenemos dos características muy similares a la obra de La escritora muerta.
La primera está relacionada con el propio lenguaje. A través de breves fragmentos de tiempo, la
narrativa deja al lector imágenes que se complementan. La segunda se refiere al tema familiar.
Daniel es adoptado por Paula y tiene una unión muy fuerte con la abuela adoptiva. Pero su madre
biológica lo encuentra y ello causa una tensión que se diluye a lo largo de la trama. El tiempo se
centra en Daniel quien, hacia el final de la narración, es un adolescente que vive su primer amor.
El personaje del padre adoptivo merece una especial atención por parte del lector. Reservamos
aquí el suspense en relación con él; a pesar de eso, el lector puede tener pistas de lo que le
espera en el fragmento que sigue:
¡Dani, mi Dani, no hay nada que quiera más en este mundo! Y arriba el niño, como un trofeo. Sólo
que un día aparecía algo de la nada, tenía un contoneo suave y contenido que hacía perder el
aliento y la paciencia a cualquiera, ¿por qué no a papá? Quien ya parecía afligido antes de
tenerla, quizá por aquello de ¡el que la sigue la consigue! Aun cuando conseguir no sería la
palabra, tampoco tenerla o poseerla, ¡era tan impreciso lo que era!, ni tan siquiera se sabía qué
era. Qué hacía ella en medio del pasillo, de pie. Y también él, aunque ponía los hombros un poco
encorvados, como si por un momento no se fiara, de ella. Demasiadas curvas y, además,
demasiado bien puestas, ya me dirán cómo se lleva algo así; de ninguna manera. No estoy solo,
exponía de pronto el padre, con la puerta que cerraba sin contemplaciones y de ahí bajaron al
garaje. En aquel lugar que se intuía algo húmedo, luego él abrió un interruptor aunque entonces
su virilidad recobraba el vigor como un mar alborotado, como si tuviese que hacerla suya a base
de estrujar ropa, hacerle una succión en la piel, romperle una tira del sujetador, morderle los
pechos (…).4.
El lector, por consiguiente, encuentra una narrativa estimulante, que se abre a los sentimientos de
distintos personajes y que exige sensibilidad para comprender cada una de las vidas que se
mueven en la narración. Con estas dos novelas, Núria Añó provoca en los lectores brasileños el
deseo de que todas sus obras sean traducidas a la lengua portuguesa, permitiendo, de ese modo,
el deleite de un texto literario que sobresale por un lenguaje metafórico y que sugiere imágenes
capaces de revelar escenas cotidianas, pero que, muchas veces la vida, llena de múltiples
posibilidades, no nos permite ver.
JUAN JOSÉ ARREOLA ZÚÑIGA
BIOGRAFÍA
Juan Jose Arreola Zúñiga nació el 21 de septiembre de 1918 en Zapotlán el Grande —hoy Ciudad
Guzmán—, Jalisco, Guadalajara (México).
Estudió en Jalisco y en 1930 empezó a trabajar como encuadernador. En 1937 se marchó a vivir
a México D.F. para estudiar en la Escuela Teatral de Bellas Artes.
Publicó, en 1941, su primera obra, Sueño de Navidad. En 1945 colaboró con Juan Rulfo y Antonio
Alatorre en la publicación de la revista Pan, de Guadalajara y pudo viajar a París bajo la
protección del actor Louis Jouvet. Allí conoció a J. L. Barrault y Pierre Renoir. Un año después
regresó a México.
A su vuelta empezó a trabajar en Fondo de Cultura Económica como corrector y autor de solapas
y obtuvo una beca en El Colegio de México gracias a la intervención de Alfonso Reyes. En 1949
apareció su primer libro de cuentos Varia invención. En 1950 recibió una beca de la Fundación
Rockefeller.
Su obra maestra Confabulario fue publicada en 1952 y recibió el Premio Jalisco de Literatura, a
este le seguirían el Premio del Festival Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes y el
Premio Xavier Villaurrutia.
A partir de 1964 dirigió la colección "El Unicornio", y se inició como profesor en la Universidad
Nacional Autónoma de México.
En 1972 se publicó la edición de Bestiario, que completaba la serie iniciada en 1958, con Punta
de plata.
Su prestigio fue ascendiendo y en 1979 fue galardonado con el Premio Nacional en Letras, en la
Ciudad de México y en 1992 el Premio Juan Rulfo, al que seguirían el Alfonso Reyes y Premio
Ramón López Velarde.
En 1992 participó como comentarista de Televisa para los Juegos Olímpicos de Barcelona.
Murió el 3 de diciembre del 2001.
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