Trabajo escrito del IX encuentro internacional de docentes de lengua y literatura
Dolores Veintimilla de Galindo
Participante: Grimanesa Alexandra Pozo Yapud
Ensayo
Dolores Veintimilla por medio de su poesía representa la exclusión de la mujer del siglo
XIX.
El papel de la mujer a lo largo de la historia estuvo lleno de muchas injusticias,
principalmente basadas en no tener derecho a poseer una vida, donde sea dueña de sus
decisiones. Algunas de ellas se han convertido en heroínas porque han entregado su vida por
defender un sueño en una época y espacio que nos les pertenecía. La literatura fue uno de los
espacios que fue vedado para las mujeres, durante mucho tiempo; tan cierto es esta afirmación,
que si se revisa los grandes representantes de la literatura el 95% son hombres. Esta realidad
no fue ajena al Ecuador, tomando como ejemplo el siglo XIX, las mujeres estaban destinadas
a labores de la casa, porque se creía que no tenía la fortaleza para desempeñar otras actividades.
Justamente en este siglo aparece Dolores Veintimilla, quien lucha por romper este estereotipo
social sobre las mujeres. Una poetisa que tuvo que sufrir muchos vejámenes de parte de la
sociedad por tratar de demostrar por medio de sus versos que estaba revestida de una
sensibilidad y prodigio literario igual o mejor que muchos literatos varones. Es por eso por lo
que Dolores Veintimilla por medio de su poesía representa la exclusión de la mujer del siglo
XIX. Para sustentar esta tesis en los siguientes párrafos se analizará la vida de la poetisa, como
es excluida del amor y tres poemas donde se puede mirar como fue relegada la mujer en esa
época.
Según críticos literarios Dolores Veintimilla es una mujer que nace en una época
equivocada. Nació en Quito el 12 de julio de 1829, en un hogar donde era el centro de atención.
Martínez, Marín e Hinojosa (2017), catedráticos de la Universidad Técnica Particular de Loja
manifiestan: “una familia burguesa y, quizá, cuantas condescendencias y privilegios que hubo
en su niñez la alejaron de una realidad adornada de inevitable apariencia, seguridad y mimos.
Dolores Veintimilla fue una delicada flor de invernadero”, eso hizo que la poetiza tenga que
enfrentarse a una cruenta realidad, cuando su esposo la alejó del seno materno, ella tuvo que
sufrir las amarguras de un matrimonio infeliz y una sociedad demasiado conservadora;
realidades diferentes a los sueños de libertad que tenía Dolores. En su hogar estaba rodeada de
la lectura y el quehacer literario, donde su talento poético fue alimentado y apoyado por sus
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padres, en un contexto diferente que restringía los derechos de las mujeres, donde solo estaban
preparadas para ser madres, reinas o mujerzuelas. Una sociedad totalmente machista que veía
a las mujeres como un objeto para lucirlo o utilizarlo. “¡pobres mujeres! ¡Cuán injustos somos
con ellas!” (Mera, 2007). La barda al salir del calor familiar pudo mirar con dolor la realidad
del género femenino, pero sus alas de libertad quisieron romper las cadenas de la esclavitud
mental de la sociedad, la valiente Dolores empezó a enfrentar esa exclusión propiciando
encuentros literarios y criticando hechos que para ella eran una completa barbaridad, como el
linchamiento del indio Tiburcio en plena plaza pública. El círculo recalcitrantemente
conservador de la ciudad de Cuenca, a la cabeza la iglesia, y como representante Fray Vicente
Solano, no iba a permitir esa afrenta. Parafraseando a Mera, Chin (2013) manifiesta:
Juan León Mera, piensa que a la mujer ecuatoriana se lo ha situado únicamente en las
actividades o faenas domesticas privándola del estudio, los padres han dado un derecho
inferior a sus hijas comparado con el derecho que han puesto en sus hijos, para ellas los
trabajos de la casa, las privaciones y el aislamiento. Estos comportamientos sociales nos
mantienen aún como semibárbaros con respecto a nuestras mujeres: que únicamente las
miramos como objeto, consignados para el placer y para el servicio del hogar”.
No es nada raro que en esa época todos repudiaran la actitud tan liberal de Dolores y más bien
sea tratada como un foco de contagio para el resto de las mujeres que tenían una seudofelicidad
al vivir de acuerdo con las estrictas normas que una sociedad gobernada por hombres la habían
escrito. Toda esta carga emocional fue deteriorando la salud física y mental de Dolores hasta
llevarla al suicidio; pero tampoco se quedó ahí, hasta después de su muerte debía seguir siendo
excluida, Tuvo que haber un juicio para que la Iglesia permitiera su entierro en camposanto
aceptando que había tenido una enajenación mental (Trávez, 2014). En todo lo expuesto se
puede dar fe como la poetisa representa la exclusión de la mujer en esa época.
Continuando con los argumentos, se puede mirar como Dolores Veintimilla fue
excluida del amor. Por un lado, sus padres la cuidaron como un hermoso capullo que pronto se
convertiría en una encantadora flor. Por el otro, su esposo se encargó de hacerle conocer o
recordarle, que las mujeres deben guardar silencio frente al engaño, la infidelidad de los
esposos… eso era normal en su tiempo. Alicia Yánez Cossío (2010), manifiesta:
Adolorida esperaba a su esposo, que en cada llegada no era más que un desdén, ya lejos
quedó el amor de noviazgo que se ha torturado por el matrimonio; una desilusión que
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pronto se tornaba en otra despedida. Entonces la ofusca soledad de la poetisa le estimula
a escribir con melancolía.
Le negaron a ser amada como ella amó, porque en eso también fue rebelde, no aceptó que le
arreglen un matrimonio, ella se casó enamorada del Dr. Sixto Galindo. Su esposo la excluyó
del amor, tal vez por el simple hecho de ser mujer, que debía llorar junto a su almohada, pedir
resignación al Todopoderoso y disculpar el desamor de Galindo porque a ellos les está
permitido todo. Ella se refugió en sus versos adoloridos, manchados por las lágrimas que de
sus ojos cansados brotaban constantemente. Quejas es el poema que se convierte en una prueba
de como Dolores fue excluida del amor, como lo entregó todo a cambio de nada. “Y amarle
pude al sol de la existencia/ se abría apenas soñadora el alma/ perdió mi pobre corazón su
calma/ desde el fatal instante en que lo hallé”. Para la poetisa conocer a Galindo se convirtió
en el principio del final. Fue él quien arrancó a esta hermosa rosa de su rosal, para luego clavarle
las espinas del desamor. Su traición, su deslealtad enterró su corazón en un profundo hoyo de
amargura y soledad. “Vivía de su vida apasionada; /era el centro de mi alma el amor suyo; /era
mi aspiración, era mi orgullo... /¿Por qué tan presto me olvidaba el vil? En este poema, cuenta
como su Príncipe Azul, su primero y único amor, iba a destruir el castillo de cristal en el que
vivía. Su ingrato Galindo fue uno de los causantes de la fatal decisión; ¡Y amarle pude,
delirante, loca! / ¡No, mi altivez no sufre su maltrato! /Y si a olvidar no alcanzas al ingrato, /
¡te arrancaré del pecho, corazón! Este poema se ha convertido en un presagio de su muerte y
del cansancio por la vida y por luchar por un derecho que en ese tiempo estaba prohibido. En
consecuencia, el poema Quejas se convierte en una prueba de la exclusión de la mujer que
existía en ese tiempo hacia el amor.
Otro argumento de la exclusión de la mujer se puede ver representado en el poema A
mis enemigos. Estos versos son una clara afrenta a todas esas lenguas viperinas que hicieron
de Dolores su víctima, solo por el hecho de querer defender el derecho de expresión de ideas,
de sentimientos sobre temas determinados. Fue tanto el rechazo de la sociedad cuencana,
avivado por el odio de Fray Vicente Solano, que fue señalada con las peores ofensas como:
miserable, panteísta, pecadora; esto hizo que la poetisa siga el camino de la soledad y solo
pueda desahogar su pena por medio de sus versos: “¿Qué os hice yo, mujer desventurada, / que
en mi rostro, traidores, escupís / de la infame calumnia la ponzoña / y así matáis a mi alma
juvenil?”. Dolores es excluida de la aristocracia, por incitar a que las mujeres deben expresar
sus habilidades artísticas como la poesía, el derecho a expresar su opinión y el derecho a no ser
menospreciadas por el género masculino. Fue excomulgada de la iglesia por exteriorizar su
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desacuerdo con la pena de muerte, sin un juico justo y ante todo a que ese castigo sea ejecutado
frente a la muchedumbre; “¿Por qué, por qué queréis que yo sofoque / lo que en mi pensamiento
osa vivir? / Por qué matáis para la dicha mi alma? / ¿Por qué ¡cobardes! a traición me herís?”,
como podría una joven mujer soportar esta carga emocional, no solo soportaba la desprotección
de su esposo, sino de las mismas mujeres que veían en ella a la pecadora; una sociedad
curuchupa que cubre sus defectos endosándolos a otra persona, en este caso Dolores. Inclusive
no era bien recibida en los lugares donde vivía. Muchas veces fue expulsada y negado una
vivienda donde puedan hospedarse ella y su pequeño hijo. “No dan respeto la mujer, la esposa,
/ La madre amante a vuestra lengua vil... / Me marcáis con el sello de la impura... / ¡Ay! nada!
nada! respetáis en mí! En cada uno de los versos de que se compone el poema A mis enemigos
se puede observar como Dolores hace un reclamo justo a la sociedad cuencana por ser excluida
por defender el derecho de las sin voz, las mujeres.
Para finalizar la presente argumentación en el poema Anhelo se puede mirar la
desilusión de Dolores por el rechazo al que fue sometida. Desde el primer verso se puede
constatar la amargura que siente por todo lo que imaginó y no fue realidad, tantos sueños que
tuvo por hacer de su poesía una puerta de libertad para tantas mujeres cuya voz fue apagada.
“¡Oh! ¿dónde está ese mundo que soñé / allá en los años de mi edad primera? / ¿Dónde ese
mundo que en mi mente orlé / de blancas flores...? ¡Todo fue quimera!”. El repudio, el odio y
la blasfemia fue lo único que encontró. Su corazón joven y rebelde quiso enfrentar muchos
estereotipos caducos que hacían daño a la sociedad no solamente cuencana, sino ecuatoriana;
ella quiso convertirse en la libertadora de tantas que dentro de su cabeza vivían miles de versos
que envejecían y morían con sus dueñas, por no tener el derecho a ser parte de círculos
científicos, políticos y especialmente poéticos. Fue destruida como lo hicieron en su tiempo
con Sor Juana Inés de la Cruz; fue llevada a la locura, fue martirizada y fue guida hacia la barca
de Caronte para terminar con sus sueños de grandeza. “Hoy de mí misma nada me ha quedado,
/ pasaron ya mis horas de ventura, / y sólo tengo un corazón llagado / y un alma ahogada en
llanto y amargura.” Pero en este poema también se puede observar un rayo de luz que aunque
muy débil tiene la poetisa para pedir al destino no destruya sus sueños, sus anhelos, sus ganas
de cambiar el mundo en el que ella no debía estar. “Vuelve a mis ojos óptica ilusión, / vuelve,
esperanza, a amenizar mi vida, / vuelve, amistad, sublime inspiración... / yo quiero dicha aun
cuando sea mentida”. Ella con su dolor, su frustración fue capaz de plasmar en todos sus versos
de la poca producción literaria la verdadera realidad de una época, donde no era fácil ser mujer;
frente esto Loza (2006), manifiesta: “Dolores Veintimilla es entonces uno de los espejos donde
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debe mirarse la crítica literaria feminista actual como un modo de reconocer el camino trazado
por quienes de alguna forma han contribuido a un cambio cultural en favor de la expresión de
la mujer”. Todo el poema es un grito desesperado al anhelo de Dolores Veintimilla por ser libre
y la desilusión de no haberlo logrado.
En conclusión, Dolores Veintimilla de Galindo se convirtió en la historia literaria del
Ecuador, en la máxima representante del Romanticismo y de la lucha por la defensa de los
derechos vulnerados de las mujeres que por muchos años callaron su voz por miedo, por
comodidad o por conveniencia. Su existencia fue sin duda una historia de tantas heroínas que
entregan su vida por una causa, en este caso la libertad de las ideas y por tener un espacio en el
mundo de la literatura que estaba liderado por los hombres. Su producción literaria está bañada
de una exquisita subjetividad, su voz lírica es directa al expresar los motivos líricos que la
llevan a escribir sus poemas. Sin duda, esta poetiza será recordada por muchas generaciones
como la mártir de las letras femeninas ecuatorianas.
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Referencias bibliográficas
Ángel Martínez, I. M. (2017). La poesía de Dolores Veintimilla de Galindo. Obtenido de
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LaPoesiaDeDoloresVeintimillaDeGalindo-6202349-1.pdf
Chin, P. (2013). Me he suicidado. Cuenca: Universidad de Cuenca.
Loza, R. (2006). Dolores Veintimilla de Galindo, Poesía y subjetividad femenina en el siglo XIX.
Quito: Abyayala.
Mera, J. L. (2007). Ojeda Histórico- Crítica spbre la Poesía Ecuatoriana. Guayaquil : Ariel.
Poeticus. (2021). Poesía de Dolores Veintimilla de Galindo. Obtenido de
https://www.poeticous.com/dolores-veintimilla-de-galindo/sufrimiento?locale=es
Trávez, D. (1989). La reconstrucción literaria del género y la nación en el albor de la independencia
ecuatoriana. Barcelona.
Yánez, A. (2010). Y amarle pude. Quito: Manthra.