Honestidad: Para entender el poder que tiene la honestidad, tenemos que empezar por
definirla. La honestidad es el valor que nos permite vivir una vida congruente, es decir,
que lo que pensamos, sentimos y hacemos está en sincronía. Una persona honesta sabe
diferenciar entre lo que está bien y mal y actúa con base en valores inclinados al bien
común. Como honestidad se designa la cualidad de honesto. Como tal, hace referencia a
un conjunto de atributos personales, como la decencia, el pudor, la dignidad, la
sinceridad, la justicia, la rectitud y la honradez en la forma de ser y de actuar.
La honestidad es un valor moralfundamental para entablar relaciones interpersonales
basadas en la confianza, la sinceridad y el respeto mutuo
Una persona que actúa con honestidad lo hace siempre apoyada en valores como
la verdad y la justicia, y no antepone a estos sus propias necesidades o intereses. En este
sentido, es una persona apegada a un código de conducta caracterizado por la rectitud, la
probidad y la honradez.
Lahonestidad verdadera comprende todos los aspectos de la vida de una persona: se
manifiesta socialmente, pero también en el entorno íntimo del individuo y en su vida
interior.
Un individuo socialmente honesto se mantiene apegado a los principios del buen obrar en
todos los actos que constituyen su interacción con los demás. Ya sea en el trabajo, en el
tráfico, en su comunidad, en sus estudios o ante el Estado.
Asimismo, lo hará en su vida más íntima, en sus relaciones afectivas, de amistad y
familiares. E igualmente en aquellos aspectos de su vida que no está obligado a compartir
con los demás, como sus sentimientos, sus ideas, sus gustos e intereses.
Honestidad
Publicado poraaservicio18 octubre, 2020Publicado en ValoresEtiquetas:Honestidad
La palabra Honestidad viene del latín «honestas», que significa «unidad», unidad con la
verdad. Somos honestos con nosotros cuando nuestras opiniones, sentimientos, actitudes
o acciones son coherentes y estén de acuerdo con la verdad. La cualidad más necesaria
de toda sobriedad es La Honestidad; es la «esencia» de todo el programa, no vacilo en
asegurar que no importa cuán bajo se haya descendido, que si puede llegar a ser honesto
consigo mismo alcanzará y mantendrá la sobriedad.
Como enfermos, terminamos siendo los más deshonestos de todos los seres humanos;
terminamos patológicamente deshonestos, los más completos mentirosos del mundo.
Esta básica cualidad, la deshonestidad, en cierto modo nos «fuerza» a tomar una falsa
posición para con los demás. No nos atrevemos a dejarlos conocer la verdad. Aun en
aquellos que creíamos tener una vida espiritual, la deshonestidad saturaba todo lo que
hacíamos.
Nuestras oraciones en sí mismos no solamente no pasaban de ser meras palabras sino
una positiva mentira; No estábamos pidiendo la gracia de la sobriedad; estábamos
pidiendo que Dios eliminase la «herida». Y así, cuando la herida se curó, se volvía a lo
mismo otra vez. El resultado final de todo esto fue un lío de confusión, desconfianza. Es
así que, antes que cualquier otra cosa, es necesaria la honestidad antes de que se pueda
sencillamente «empezar a estar sobrio». La felicidad-serenidad simplemente no se
alcanza y no existe sin la honestidad.
Ella es como la grasa en el eje, la rolinera en la rueda, el torno en la confección de la
rueda, el eje y la rolinera. Ella hace que nosotros encajemos en la vida de modo que los
conflictos normales y las fricciones qué provienen de ellos, no produzcan calor o
destrucción o lleguen a ser obstáculos insuperables. Observemos los grupos ¿Quiénes
son los que están sobrios y tienen serenidad? Aquellos que son honestos. No son
necesariamente aquellos que conocen mejor el programa o los Doce Pasos. No son
necesariamente los «santos»; Pueden ser igualmente todavía grandes pecadores. Pero
son honestos. La honestidad es lo mejor política.
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Demos ahora una buena mirada sobre todos los «recaídos». ¿Qué es lo que está mal?
Simplemente no quisieron ser honestos. En igual forma la literatura dice que los únicos
que no tienen la más mínimo posibilidad de éxito en conseguir la sobriedad son aquellos
que «son incapaces de tomar el programa con rigurosa honestidad».Por otra parte,
leemos, «buena voluntad, honestidad y mente abierta son necesarias para la
recuperación… son indispensables».
En los primeros tiempos del programa; había sólo tres axiomas:
1. Sea honesto consigomismo (honestidad).
2. Limpie su casa (honestidad).
3. Ayude a otros (honestidad)
Por otra parte, nunca he vacilado, por temor a una válida contradicción, en hacer esta
declaración: «Si una persona es honesta, y honestamente lo intenta, permanece sobria y
estable». Somos honestos con nosotros mismos y con los demás cuando en todas
nuestras actividades y en nuestras relaciones con ellos, tanto de palabra como de obra,
estamos de acuerdo con la verdad y cuando existe coherencia en nuestras palabras y
acciones. Todo lo demás es deshonestidad con todas sus varias connotaciones: dobles
manejos, omisiones, excusas, justificaciones, explicaciones, mentiras, apariencias, o lo
que usted piense.
Tal como lo ve Bill No. 172
Esta Cuestión de la Honestidad
"Sólo Dios puede saber perfectamente lo que es la honestidad absoluta.
Por lo tanto, cada uno de nosotros tiene que formarse una idea de lo
que puede ser este magnífico ideal, según su propia capacidad.
"Falibles que somos y que seremos todos en esta vida, sería
presuntuoso creer que pudiéramos en realidad lograr la honestidad
absoluta. Lo mejor que podemos hacer es esforzarnos por mejorar la
calidad de nuestra honestidad.
"A veces tenemos que anteponer el amor a la pura 'honestidad
objetiva'. No debemos, bajo el pretexto de la 'perfecta honestidad'
cruel e innecesariamente herir a otras personas. Siempre tenemos que
hacernos la pregunta: '¿Qué es lo mejor y más cariñoso que puedo
hacer?'".
CARTA, 1966
CONFIAR EN OTROS
Pero, ¿acaso la confianza nos exige que hagamos la vista gorda a los motivos de otra
gente, o de hecho, a los nuestros? Claro que no; esto sería una locura. Sin duda,
debemos considerar, en toda persona en que confiemos, tanto su capacidad para
perjudicar como su capacidad para hacer bien. Un inventario privado de este tipo puede
enseñarnos el grado de confianza que debemos extender en cualquier situación
determinada. (COMO LO VE BILL, p. 144).
Yo no soy víctima de otros, sino más bien una víctima de mis esperanzas, de mis
decisiones y de mi deshonestidad. Cuando espero que otros sean lo que yo quiero que
sean y no lo que ellos son, cuando ellos no cumplan con mis expectaciones, entonces me
siento lastimado. Cuando mis decisiones se basan en mi egocentrismo, me siento solitario
y recelosos. sin embargo, cuando practico la honestidad en todos mis asuntos,
invariablemente gano confianza en mí mismo. Cuando examino mis motivos y soy
honesto y confiado, soy consciente de los posibles daños que algunas situaciones pueden
entrañar y puedo evitarlas.
(REFLEXIONES DIARIAS del Libro de Reflexiones escritas por los A.A. para los A.A.).
RIGUROSA HONESTIDAD
¿Quién desea ser rigurosamente honesto y tolerante? ¿Quién quiere confesar sus
defectos a otra persona, o reparar todos los daños que ha ocasionado? ¿A quién le
interesa someterse a un Poder Superior, y aun menos pensar en la oración y la
meditación? ¿Quién desea sacrificar su tiempo y energía para tratar de llevar el mensaje
de A.A. a otra persona que esté sufriendo? No, al alcohólico común y corriente,
egocéntrico en extremo, no le interesa esta perspectiva, a menos que se vea obligado a
ella para salvar su vida. (DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 26).
Yo soy alcohólico. Si bebo me moriré. ¡Santo Cielo, qué poder, qué energía y qué
emoción genera en mí esta simple declaración! Pero realmente, es todo lo que yo
necesito saber hoy. ¿Estoy deseoso de permanecer vivo hoy? ¿Estoy dispuesto a
mantenerme sobrio hoy? ¿Estoy dispuesto a pedir ayuda y estoy dispuesto a dar ayuda a
otro alcohólico que esté sufriendo hoy? ¿Me doy cuenta de la naturaleza mortal de mi
situación? ¿Qué debo hacer hoy, para permanecer sobrio?
(REFLEXIONES DIARIAS del Libro de Reflexiones escritas por los A.A. para los A.A.).
NUESTRA SUPERVIVENCIA
Puesto que nuestra recuperación del alcoholismo es para nosotros nuestra propia vida, es
imperativo que preservemos en toda su plenitud nuestros medios de
supervivencia. (DOCE PASOS Y DOCE TRADICIONES, p. 186).
La honestidad expresada por los miembros de A.A. en las reuniones tiene el poder de
abrir mi mente. Nada puede bloquear el flujo de energía que la honestidad lleva con ella.
El único obstáculo para este flujo de energía es la embriaguez, pero aun así, nadie
encontrará una puerta cerrada si él o ella se ha ido y desea regresar. Una vez que él o
ella ha recibido el don de la sobriedad, cada miembro tiene el desafío diario de aceptar un
programa de honestidad.
Mi poder Superior me creó con un propósito en la vida. Le pido a El que acepte mis
honestos esfuerzos para continuar mi viaje en la manera espiritual de vivir. Le pido
fortaleza a El para saber y buscar Su voluntad.
(REFLEXIONES DIARIAS del Libro de Reflexiones escritas por los A.A. para los A.A.).