Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.
com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Colaboración de Sergio Barros 1 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Reseña
Naufragios y comentarios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca es un
texto fundamental para los estudios de la conquista de América. En
Naufragios, Núñez de Vaca narra las vicisitudes de los cuatro únicos
supervivientes de la expedición del gobernador Pánfilo de Narváez al
territorio de Florida realizada en 1527, describiendo su vida entre
los indios durante ocho años como esclavos, comerciantes y
curanderos, y describiendo su travesía a pie del suroeste de los
actuales Estados Unidos y norte de México. En 1536 lograron volver
al territorio bajo control español, la colonia de Nueva Galicia dentro
del Virreinato de Nueva España. En el libro se recogen las primeras
observaciones etnográficas sobre las poblaciones indígenas del golfo
de México (actual territorio de los Estados Unidos). También
aparecen por primera vez en lengua castellana algunas palabras
tomadas de las lenguas americanas. Publicada en 1542 en Zamora,
España, se la considera la primera narración histórica sobre el
territorio actual de los Estados Unidos.
Colaboración de Sergio Barros 2 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Índice
Proemio
I. En que cuenta cuándo partió la armada, y los oficiales y
gente que en ella iba.
II. Cómo el gobernador vino al puerto de Xagua y trajo consigo
a un piloto.
III. Cómo llegamos a la Florida
IV. Como entramos por la tierra
V. Cómo dejó los navíos el gobernador
VI. Cómo llegamos a Apalache
VII. De la manera que es la tierra
VIII. Cómo partimos de Aute
IX. Cómo partimos de bahía de Caballos
X. De la refriega que nos dieron los indios
XI. De lo que acaeció a Lope de Oviedo con unos indios
XII. Cómo los indios nos trajeron de comer
XIII. Cómo supimos de otros cristianos
XIV. Cómo se partieron los cuatro cristianos
XV. De lo que nos acaeció en la isla de Mal Hado
XVI. Cómo se partieron los cristianos de la isla de Mal Hado
XVII. Cómo vinieron los indios y trajeron a Andrés Dorantes y
a Castillo y a Estebanico
XVIII. De la relación que dio Esquivel
XIX. De cómo nos apartaron los indios
XX. De cómo nos huimos
XXI. De cómo curamos aquí unos dolientes
Colaboración de Sergio Barros 3 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
XXII. Cómo otro día nos trajeron otros enfermos
XXIII. Cómo nos partimos después de haber comido los perros
XXIV. De las costumbres de los indios de aquella tierra
XXV. Cómo los indios son prestos a un arma
XXVI. De las naciones y lenguas
XXVII. De cómo nos mudamos y fuimos bien recibidos
XXVIII. De otra nueva costumbre
XXIX. De cómo se robaban los unos a los otros
XXX. De cómo se mudó la costumbre de recibirnos
XXXI. De cómo seguimos el camino del maíz
XXXII. De cómo nos dieron los corazones de los venados
XXXIII. Cómo vimos rastro de cristianos
XXXIV. De cómo envié por los cristianos
XXXV. De cómo el alcalde mayor nos recibió bien la noche que
llegamos
XXXVI. De cómo hicimos hacer iglesias en aquella tierra
XXXVII. De lo que aconteció cuando me quise venir
XXXVIII. De lo que sucedió a los demás que entraron en las
Indias
El autor
Colaboración de Sergio Barros 4 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Proemio
Sacra, cesárea y católica Majestad:
Entre cuantos príncipes sabemos haya habido en el mundo, ninguno
pienso se podría hallar a quien con tan verdadera voluntad, con tan
gran diligencia y deseo hayan procurado los hombres servir como
vemos que a Vuestra Majestad hacen hoy. Bien claro se podrá aquí
conocer y que esto no será sin gran causa y razón, ni son tan ciegos
los hombres, que a ciegas y sin fundamento todos siguiesen este
camino, pues vernos que no sólo los naturales a quien la fe y la
subjeción obliga a hacer esto, más aún los extraños trabajan por
hacerle ventaja. Mas ya que el deseo y voluntad de servir y a todos
en esto haga conformes, allende la ventaja que cada uno puede
hacer, hay una muy gran diferencia no causada por culpa de ellos,
sino solamente de la fortuna, o más cierto sin culpa de nadie, mas
por sola voluntad y juicio de Dios; donde nace que uno salga con más
señalados servicios que pensó, y a otro le suceda todo tan al revés,
que no pueda mostrar de su propósito más testigo que a su diligencia,
y aun ésta queda a las veces tan encubierta que no puede volver por
sí. De mí puedo decir que en la jornada que por mandado de Vuestra
Majestad hice de Tierra Firme, bien pensé que mis obras y servicios
fueran tan claros y manifiestos como fueron los de mis antepasados y
que no tuviera yo necesidad de hablar para ser contado entre los que
con entera fe y gran cuidado administran y tratan los cargos de
Vuestra Majestad, y les hace merced. Mas como ni mi consejo ni
diligencia aprovecharon para que aquello a que éramos idos fuese
ganado conforme al servicio de Vuestra Majestad, y por nuestros
Colaboración de Sergio Barros 5 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
pecados permitiese Dios que de cuantas armadas a aquellas tierras
han ido ninguna se viese en tan grandes peligros ni tuviese tan
miserable y desastrado fin, no me quedó lugar para hacer más
servicio de éste, que es traer a Vuestra Majestad relación de lo que en
diez años que por muchas y muy extrañas tierras que anduve
perdido y en cueros, pudiese saber y ver, así en el sitio de las tierras
y provincias de ellas, como en los mantenimientos y animales que en
ella se crían, y las diversas costumbres de muchas y muy bárbaras
naciones con quien conversé y viví, y todas las otras particularidades
que pude alcanzar y conocer, que de ello en alguna manera Vuestra
Majestad será servido: porque aunque la esperanza de salir de entre
ellos tuve, siempre fue muy poca, el cuidado y diligencia siempre fue
muy grande de tener particular memoria de todo, para que si en
algún tiempo Dios nuestro Señor quisiese traerme a donde ahora
estoy, pudiese dar testigo de mi voluntad, y servir a Vuestra
Majestad. Lo cual yo escribí con tanta certinidad, que aunque en ella
se lean algunas cosas muy nuevas y para algunos muy difíciles de
creer, pueden sin duda creerlas: y creer por muy cierto, que antes soy
en todo más corto que largo, y bastará para esto haberlo ofrecido a
Vuestra Majestad por tal. A la cual suplico la reciba en nombre del
servicio, pues éste solo es el que un hombre que salió desnudo pudo
sacar consigo.
Colaboración de Sergio Barros 6 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo I
En que cuenta cuándo partió la armada, y los oficiales y gente
que en ella iba
17 días del mes de junio de 1527 partió del puerto de San Lúcar de
Barrameda el gobernador Pánfilo de Narváez, con poder y mandado
de Vuestra Majestad para conquistar y gobernar las provincias que
están desde el río de las Palmas hasta el cabo de la Florida, las
cuales son en Tierra Firme; y la armada que llevaba eran cinco
navíos, en los cuales, poco más o menos, irían seiscientos hombres.
Los oficiales que llevaba (porque de ellos se ha de hacer mención)
eran éstos que aquí se nombran: Cabeza de Vaca, por tesorero y por
alguacil mayor; Alonso Enríquez, contador; Alonso de Solís, por
factor de Vuestra Majestad y por veedor; iba un fraile de la Orden de
San Francisco por comisario, que se llamaba fray Juan Suárez, con
otros cuatro frailes de la misma Orden. Llegamos a la isla de Santo
Domingo, donde estuvimos casi cuarenta y cinco días,
proveyéndonos de algunas cosas necesarias, señaladamente de
caballos. Aquí nos faltaron de nuestra armada más de ciento y
cuarenta hombres, que se quisieron quedar allí, por los partidos y
promesas que los de la tierra les hicieron. De allí partimos y
llegamos a Santiago (que es puerto en la isla de Cuba), donde en
algunos días que estuvimos, el gobernador se rehízo de gente, de
armas y de caballos.
Sucedió allí que un gentilhombre que se llamaba Vasco Porcalle,
vecino de la villa de la Trinidad, que es en la misma isla, ofreció de
Colaboración de Sergio Barros 7 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
dar al gobernador ciertos bastimentos que tenía en la Trinidad, que
es cien leguas del dicho puerto de Santiago. El gobernador, con toda
la armada, partió para allá; mas llegados a un puerto que se dice
Cabo de Santa Cruz, que es mitad del camino, parecióle que era
bien esperar allí y enviar un navío que trajese aquellos bastimentos;
y para esto mandó a un capitán Pantoja que fuese allá con su navío,
y que yo, para más seguridad, fuese con él, y él quedó con cuatro
navíos, porque en la isla de Santo Domingo había comprado un otro
navío. Llegados con estos dos navíos al puerto de la Trinidad, el
capitán Pantoja fue con Vasco Porcalle a la villa, que es una legua
de allí, para recibir los bastimentos; yo quedé en la mar con los
pilotos, los cuales nos dijeron que con la mayor presteza que
pudiésemos nos despachásemos de allí, porque aquel era muy mal
puerto y se solían perder muchos navíos en él; y porque lo que allí
nos sucedió fue cosa muy señalada, me pareció que no sería fuera
del propósito y fin con que yo quise escribir este camino, contarla
aquí. Otro día de mañana comenzó el tiempo a no dar buena señal,
porque comenzó a llover, y el mar iba arreciando tanto, que aunque
yo di licencia a la gente que saliese a tierra, como ellos vieron el
tiempo que hacía y que la villa estaba de allí una legua, por no estar
al agua y frío que hacía, muchos se volvieron al navío. En esto vino
una canoa de la villa, rogándome que me fuese allá y que me darían
los bastimentos que hubiese y necesarios fuesen; de lo cual yo me
excusé diciendo que no podía dejar los navíos. A mediodía volvió la
canoa con otra carta, en que con mucha importunidad pedían lo
mismo, y traían un caballo en que fuese; yo di la misma respuesta
Colaboración de Sergio Barros 8 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
que primero había dado, diciendo que no dejaría los navíos; mas los
pilotos y la gente me rogaron mucho que fuese, porque diese prisa
que los bastimentos se trajesen lo más presto que pudiese ser,
porque nos partiésemos luego de allí, donde ellos estaban con gran
temor que los navíos se habían de perder si allí estuviesen mucho.
Por esta razón yo determiné de ir a la villa, aunque primero que
fuese dejé proveído y mandado a los pilotos que si el Sur, con que
allí suelen perderse muchas veces los navíos, ventase y se viesen en
mucho peligro, diesen con los navíos al través y en parte que se
salvase la gente y los caballos. Y con esto yo salí, aunque quise
sacar algunos conmigo, por ir en mi compañía, los cuales no
quisieron salir, diciendo que hacía mucha agua y frío y la villa
estaba muy lejos; que otro día, que era domingo, saldrían con la
ayuda de Dios, a oír misa. A una hora después de yo salido la mar
comenzó a venir muy brava, y el norte fue tan recio que ni los
bateles osaron salir a tierra, ni pudieron dar en ninguna manera
con los navíos al través por ser el viento por la proa; de suerte que
con muy gran trabajo, con dos tiempos contrarios y mucha agua
que hacía, estuvieron aquel día y el domingo hasta la noche. A esta
hora el agua y la tempestad comenzó a crecer tanto, que no menos
tormenta había en el pueblo que en el mar, porque todas las casas e
iglesias se cayeron, y era necesario que anduviésemos siete u ocho
hombres abrazados unos con otros para podernos amparar que el
viento no nos llevase; y andando entre los árboles, no menos temor
teníamos de ellos que de las casas, porque como ellos también
caían, no nos matasen debajo. En esta tempestad y peligro
Colaboración de Sergio Barros 9 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
anduvimos toda la noche, sin hallar parte ni lugar donde media
hora pudiésemos estar seguros.
Andando en esto, oímos toda la noche, especialmente desde el
medio de ella, mucho estruendo grande y ruido de voces, y gran
sonido de cascabeles y de flautas y tamborinos y otros
instrumentos, que duraron hasta la mañana, que la tormenta cesó.
En estas partes nunca otra cosa tan medrosa se vio; yo hice una
probanza de ello, cuyo testimonio envié a Vuestra Majestad.
El lunes por la mañana bajamos al puerto y no hallamos los navíos;
vimos las boyas de ellos en el agua, adonde conocimos ser perdidos,
y anduvimos por la costa por ver si hallaríamos alguna cosa de
ellos; y como ninguno hallásemos, metímonos por los montes, y
andando por ellos un cuarto de legua de agua hallamos la barquilla
de un navío puesta sobre unos árboles, y diez leguas de allí por la
costa, se hallaron dos personas de mi navío y ciertas tapas de cajas,
y las personas tan desfiguradas de los golpes de las peñas, que no
se podían conocer; halláronse también una capa y una colcha hecha
pedazos, y ninguna otra cosa pareció. Perdiéronse en los navíos
sesenta personas y veinte caballos. Los que habían salido a tierra el
día que los navíos allí llegaron, que serían hasta treinta, quedaron
de los que en ambos navíos había. Así estuvimos algunos días con
mucho trabajo y necesidad, porque la provisión y mantenimientos
que el pueblo tenía se perdieron y algunos ganados; la tierra quedó
tal, que era gran lástima verla: caídos los árboles, quemados los
montes, todos sin hojas ni yerba. Así pasamos hasta cinco días del
mes de noviembre, que llegó el gobernador con sus cuatro navíos,
Colaboración de Sergio Barros 10 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
que también habían pasado gran tormenta y también habían
escapado por haberse metido con tiempo en parte segura. La gente
que en ellos traía, y la que allí halló, estaban tan atemorizados de lo
pasado, que temían mucho tornarse a embarcar en invierno, y
rogaron al gobernador que lo pasase allí, y él, vista su voluntad y la
de los vecinos, intervino allí. Dióme a mí cargo de los navíos y de la
gente para que me fuese con ellos a invernar al puerto de Xagua,
que es doce leguas de allí, donde estuve hasta 20 días del mes de
febrero.
Colaboración de Sergio Barros 11 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo II
Cómo el gobernador vino al puerto de Xagua y trajo consigo a
un piloto
En este tiempo llegó allí el gobernador con un bergantín que en la
Trinidad compró, y traía consigo un piloto que se llamaba Miruelo;
habíalo tomado porque decía que sabía y había estado en el río de
las Palmas, y era muy buen piloto de toda la costa norte. Dejaba
también comprado otro navío en la costa de La Habana, en el cual
quedaba por capitán Álvaro de la Cerda, con cuarenta hombres y
doce de a caballo; y dos días después que llegó el gobernador se
embarcó, y la gente que llevaba eran cuatrocientos hombres y
ochenta caballos en cuatro navíos y un bergantín. El piloto que de
nuevo habíamos tomado metió los navíos por los bajíos que dicen de
Canarreo, de manera que otro día dimos en seco, y así estuvimos
quince días, tocando muchas veces las quillas de los navíos en seco,
al cabo de los cuales, una tormenta del sur metió tanta agua en los
bajíos, que pudimos salir, aunque no sin mucho peligro. Partidos de
aquí y llegados a Guaniguanico, nos tomó otra tormenta, que
estuvimos a tiempo de perdernos. A cabo de Corrientes tuvimos
otra, donde estuvimos tres días; pasados éstos, doblamos el cabo de
San Antón, y anduvimos con tiempo contrario hasta llegar a doce
leguas de La Habana; y estando otro día para entrar en ella, nos
tomó un tiempo de sur que nos apartó de la tierra, y atravesamos
por la costa de la Florida y llegamos a la tierra martes 12 días del
mes de abril, y fuimos costeando la vía de la Florida; y Jueves Santo
Colaboración de Sergio Barros 12 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
surgimos en la misma costa, en la boca de una bahía, al cabo de la
cual vimos ciertas casas y habitaciones de indios.
Colaboración de Sergio Barros 13 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo III
Cómo llegamos a la Florida
En este mismo día salió el contador Alonso Enríquez y se puso en
una isla que está en la misma bahía y llamó a los indios, los cuales
vinieron y estuvieron con él buen pedazo de tiempo, y por vía de
rescate le dieron pescado y algunos pedazos de carne de venado.
Otro día siguiente, que era Viernes Santo, el gobernador se
desembarcó con la más gente que en los bateles que traía pudo
sacar, y como llegamos a los buhíos o casas que habíamos visto de
los indios, hallámoslas desamparadas y solas, porque la gente se
había ido aquella noche en sus canoas. El uno de aquellos buhíos
era muy grande, que cabrían en él más de trescientas personas; los
otros eran más pequeños, y hallamos allí una sonaja de oro entre
las redes. Otro día el gobernador levantó pendones por Vuestra
Majestad y tomó la posesión de la tierra en su real nombre, presentó
sus provisiones y fue obedecido por gobernador, como Vuestra
Majestad lo mandaba. Asimismo presentamos nosotros las nuestras
ante él, y él las obedeció como en ellas se contenía. Luego mandó
que toda la otra gente desembarcase y los caballos que habían
quedado, que no eran más de cuarenta y dos, porque los demás,
con las grandes tormentas y mucho tiempo que habían andado por
la mar, eran muertos; y estos pocos que quedaron estaban tan
flacos y fatigados, que por el presente poco provecho pudimos tener
de ellos. Otro día los indios de aquel pueblo vinieron a nosotros, y
aunque nos hablaron, como nosotros no teníamos lengua, no los
Colaboración de Sergio Barros 14 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
entendíamos; mas hacíannos muchas señas y amenazas, y nos
pareció que nos decían que nos fuésemos de la tierra, y con esto nos
dejaron, sin que nos hiciesen ningún impedimento, y ellos se
fueron.
Colaboración de Sergio Barros 15 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo IV
Cómo entramos por la tierra
Otro día adelante el gobernador acordó de entrar por la tierra, por
descubrirla y ver lo que en ella había. Fuímonos con él el comisario
y el veedor y yo, con cuarenta hombres, y entre ellos seis de caballo,
de los cuales poco nos podíamos aprovechar. Llevamos la vía del
norte hasta que a hora de vísperas llegamos a una bahía muy
grande, que nos pareció que entraba mucho por la tierra; quedamos
allí aquella noche, y otro día nos volvimos donde los navíos y gente
estaban. El gobernador mandó que el bergantín fuese costeando la
vía de la Florida, y buscase el puerto que Miruelo el piloto había
dicho que sabía; mas ya él lo había errado, y no sabía en qué parte
estábamos, ni adónde era el puerto; y fuéle mandado al bergantín
que si no lo hallase, travesase a La Habana, y buscase el navío que
Álvaro de la Cerda tenía, y tomados algunos bastimentos, nos
viniesen a buscar. Partido el bergantín, tornamos a entrar en la
tierra los mismos que primero, con alguna gente más, y costeamos
la bahía que habíamos hallado; y andadas cuatro leguas, tomamos
cuatro indios, y mostrámosles maíz para ver si le conocían, porque
hasta entonces no habíamos visto señal de él. Ellos nos dijeron que
nos llevarían donde lo había; y así, nos llevaron a su pueblo, que es
al cabo de la bahía, cerca de allí, y en él nos mostraron un poco de
maíz, que aún no estaba para cogerse. Allí hallamos muchas cajas
de mercaderes de Castilla, y en cada una de ellas estaba un cuerpo
de hombre muerto, y los cuerpos cubiertos con unos cueros de
Colaboración de Sergio Barros 16 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
venado pintados. Al comisario le pareció que esto era especie de
idolatría, y quemó la caja con los cuerpos. Hallamos también
pedazos de lienzo y de paño, penachos que parecían de la Nueva
España; hallamos también muestras de oro. Por señas preguntamos
a los indios de adónde habían habido aquellas cosas; señaláronnos
que muy lejos de allí había una provincia que se decía Apalache, en
la cual había mucho oro, y hacían seña de haber muy gran cantidad
de todo lo que nosotros estimamos en algo. Decían que en Apalache
había mucho, y tomando aquellos indios por guía, partimos de allí;
y andadas diez o doce leguas, hallamos otro pueblo de quince casas,
donde había buen pedazo de maíz sembrado, que ya estaba para
cogerse, y también hallamos alguno que estaba ya seco; y después
de dos días que allí estuvimos, nos volvimos donde el contador y la
gente y navíos estaban, y contamos al contador y pilotos lo que
habíamos visto, y las nuevas que los indios nos habían dado. Y otro
día que fue primero de mayo, el gobernador llamó aparte al
comisario y al contador y al veedor y a mí, y a un marinero que se
llamaba Bartolomé Fernández, y a un escribano que se decía
Jerónimo de Alaniz, y así juntos, nos dijo que tenía voluntad de
entrar por la tierra adentro y los navíos se fuesen costeando hasta
que llegasen al puerto, y que los pilotos decían y creían que yendo la
vía de las Palmas estaban muy cerca de allí; y sobre esto nos rogó le
diésemos nuestro parecer. Yo respondía que me parecía que por
ninguna manera debía dejar los navíos sin que primero quedasen
en puerto seguro y poblado, y que mirase que los pilotos no
andaban ciertos, ni se afirmaban en una misma cosa, ni sabían a
Colaboración de Sergio Barros 17 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
qué parte estaban; y que allende de esto, los caballos no estaban
para que en ninguna necesidad que se ofreciese nos pudiésemos
aprovechar de ellos; y que sobre todo esto, íbamos mudos y sin
lengua, por donde mal nos podíamos entender con los indios, ni
saber lo que de la tierra queríamos, y que entrábamos por tierra de
que ninguna relación teníamos, ni sabíamos de qué suerte era, ni lo
que en ella había, ni de qué gente estaba poblada, ni a qué parte de
ella estábamos; y que sobre todo esto, no teníamos bastimentos
para entrar adonde no sabíamos; porque, visto lo que los navíos
había, no se podía dar a cada hombre de ración para entrar por la
tierra más de una libra de bizcocho y otra de tocino, y que mi
parecer era que se debía embarcar e ir a buscar puerto y tierra que
fuese mejor para poblar, pues la que habíamos visto, en sí era tan
despoblada y tan pobre, cuanto nunca en aquellas partes se había
hallado. Al comisario le pareció todo lo contrario, diciendo que no se
había de embarcar, sino que yendo siempre hacia la costa, fuesen
en busca del puerto, pues los pilotos decían que no estaría sino diez
o quince leguas de allí la vía de Pánuco, y que no era posible, yendo
siempre a la costa, que no topásemos con él, porque decían que
entraba doce leguas adentro por la tierra, y que los primeros que lo
hallasen, esperasen allí a los otros, y que embarcarse era tentar a
Dios, pues desque partimos de Castilla tantos trabajos habíamos
pasado, tantas tormentas, tantas pérdidas de navíos y de gente
habíamos tenido hasta llegar allí; y que por estas razones él se debía
de ir por luengo de costa hasta llegar al puerto, y que los otros
navíos, con la otra gente, se irían a la misma vía hasta llegar al
Colaboración de Sergio Barros 18 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
mismo puerto. A todos los que allí estaban pareció bien que esto se
hiciese así, salvo al escribano, que dijo que primero que
desamparase los navíos, los debía de dejar en puerto conocido y
seguro, y en parte que fuese poblada; que esto hecho, podría entrar
por la tierra adentro y hacer lo que le pareciese. El gobernador
siguió su parecer y lo que los otros le aconsejaban. Yo, vista su
determinación, requeríle de parte de Vuestra Majestad que no
dejase los navíos sin que quedasen en puerto y seguros, y así lo pedí
por testimonio al escribano que allí teníamos. Él respondió que,
pues él se conformaba con el parecer de los más de los otros
oficiales y comisario, que yo no era parte para hacerle estos
requerimientos, y pidió al escribano le diese por testimonio cómo
por no haber en aquella tierra mantenimientos para poder poblar, ni
puerto para los navíos, levantaba el pueblo que allí había asentado,
e iba con él en busca del puerto y de tierra que fuese mejor; y luego
mandó apercibir la gente que había de ir con él, que se proveyesen
de lo que era menester para la jornada. Y después de esto proveído,
en presencia de los que allí estaban, me dijo que, pues yo tanto
estorbaba y temía la entrada por tierra, que me quedase y tomase
cargo de los navíos y de la gente que en ellos quedaba, y poblase si
yo llegase primero que él. Yo me excusé de esto, y después de
salidos de allí aquella misma tarde, diciendo que no le parecía que
de nadie se podía fiar aquello, me envió a decir que me rogaba que
tomase cargo de ello. Y viendo que importunándome tanto, yo
todavía me excusaba, me preguntó qué era la causa por que huía de
aceptarlo; a lo cual respondí que yo huía de encargarme de aquello
Colaboración de Sergio Barros 19 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
porque tenía por cierto y sabía que él no había de ver más los
navíos, ni los navíos a él, y que esto entendía viendo que tan sin
aparejo se entraban por la tierra adentro. Y que yo quería más
aventurarme al peligro que él y los otros se aventuraban, y pasar
por lo que él y ellos pasasen, que no encargarme de los navíos, y dar
ocasión a que se dijese que, como había contradicho la entrada, me
quedaba por temor, y mi honra anduviese en disputa; y que yo
quería más aventurar la vida que poner mi honra en esta condición.
Él, viendo que conmigo no aprovechaba, rogó a otros muchos que
me hablasen en ello y me lo rogasen, a los cuales respondí lo mismo
que a él; y así, proveyó por su teniente, para que quedase en los
navíos, a un alcalde que traía que se llamaba Caravallo.
Colaboración de Sergio Barros 20 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo V
Cómo dejó los navíos el gobernador
Sábado primero de mayo, el mismo día que esto había pasado,
mandó dar a cada uno de los que habían de ir con él dos libras de
bizcocho y media libra de tocino, y así nos partimos para entrar en
la tierra. La suma de toda la gente que llevábamos era trescientos
hombres; en ellos iba el comisario fray Juan Suárez, y otro fraile
que se decía fray Juan de Palos, y tres clérigos y los oficiales. La
gente de caballo que con estos íbamos, éramos cuarenta de caballo;
y así anduvimos con aquel bastimento que llevábamos, quince días,
sin hallar otra cosa que comer, salvo palmitos de la manera de los
de Andalucía. En todo este tiempo no hallamos indio ninguno, ni
vimos casa ni poblado, y al cabo llegamos a un río que lo pasamos
con muy gran trabajo a nado y en balsas; detuvímonos un día en
pasarlo, que traía muy gran corriente. Pasados a la otra parte,
salieron a nosotros hasta doscientos indios, poco más o menos; el
gobernador salió a ellos, y después de haberlos hablado por señas,
ellos nos señalaron de suerte que nos hubimos de revolver con ellos,
y prendimos cinco o seis; y éstos nos llevaron a sus casas, que
estaban hasta media legua de allí, en las cuales hallamos gran
cantidad de maíz que estaba ya para cogerse, y dimos infinitas
gracias a nuestro Señor por habernos socorrido en tan grande
necesidad, porque ciertamente, como éramos nuevos en los
trabajos, allende del cansancio que traíamos, veníamos muy
fatigados de hambre y a tercero día que allí llegamos, nos juntamos
Colaboración de Sergio Barros 21 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
el contador y veedor y comisario y yo, y rogamos al gobernador que
enviase a buscar la mar, por ver si hallaríamos puerto, porque los
indios decían que la mar no estaba muy lejos de allí. Él nos
respondió que no curásemos de hablar en aquello, porque estaba
muy lejos de allí; y como yo era el que más le importunaba, díjome
que me fuese yo a descubrirla y que buscase puerto, y que había de
ir a pie con cuarenta hombres; y así, otro día yo me partí con el
capitán Alonso del Castillo y con cuarenta hombres de su compañía,
y así anduvimos hasta hora del mediodía, que llegamos a unos
placeles de la mar que parecía que entraban mucho por tierra;
anduvimos por ellos hasta legua y media con el agua hasta la mitad
de la pierna, pisando por encima de ostiones, de los cuales
recibimos muchas cuchilladas en los pies, y nos fueron a causa de
mucho trabajo, hasta que llegamos en el río que primero habíamos
atravesado, que entraba por aquel mismo ancón, y como no lo
pudimos pasar, por el mal aparejo que para ello teníamos, volvimos
al real, y contamos al gobernador lo que habíamos hallado, y cómo
era menester otra vez pasar el río por el mismo lugar que primero
habíamos pasado, para que aquél ancón se descubriese bien, y
viésemos si por allí había puerto; y otro día mandó a un capitán que
se llamaba Valenzuela, que con setenta hombres y seis de caballo
pasase el río y fuese por él abajo hasta llegar a la mar, y buscar si
había puerto; el cual, después de dos días que allá estuvo, volvió y
dijo que él había descubierto el ancón, y que todo era bahía baja
hasta la rodilla, y que no se hallaba puerto; y que había visto cinco
o seis canoas de indios que pasaban de una parte a otra y que
Colaboración de Sergio Barros 22 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
llevaban puestos muchos penachos. Sabido esto, otro día partimos
de allí, yendo siempre en demanda de aquella provincia que los
indios nos habían dicho Apalache, llevando por guía los que de ellos
habíamos tomado, y así anduvimos hasta 17 de junio, que no
hallamos indios que nos osasen esperar. Y allí salió a nosotros un
señor que le traía un indio a cuestas, cubierto de un cuero de
venado pintado: traía consigo mucha gente, y delante de él venían
tañendo unas flautas de caña; y así llegó donde estaba el
gobernador, y estuvo una hora con él, y por señas le dimos a
entender que íbamos a Apalache, y por las señas que él hizo, nos
pareció que era enemigo de los de Apalache, y que nos iría a ayudar
contra él. Nosotros le dimos cuentas y cascabeles y otros rescates, y
él dio al gobernador el cuero que traía cubierto; y así se volvió, y
nosotros le fuimos siguiendo por la vía que él iba. Aquella noche
llegamos a un río, el cual era muy hondo y muy ancho, y la
corriente muy recia, y por no atrevernos a pasar con balsas, hicimos
una canoa para ello, y estuvimos en pasarlo un día; y si los indios
nos quisieran ofender, bien nos pudieran estorbar el paso, y aun
con ayudarnos ellos, tuvimos mucho trabajo. Uno de a caballo, que
se decía Juan Velázquez, natural de Cuéllar, por no esperar entró
en el río, y la corriente, como era recia, lo derribó del caballo, y se
asió a las riendas, y ahogó a sí y al caballo; y aquellos indios de
aquel señor, que se llamaba Dulchanchelín, hallaron el caballo, y
nos dijeron dónde hallaríamos a él por el río abajo; y así fueron por
él, y su muerte nos dio mucha pena, porque hasta entonces
Colaboración de Sergio Barros 23 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
ninguno nos había faltado. El caballo dio de cenar a muchos aquella
noche.
Pasados de allí, otro día llegamos al pueblo de aquel señor, y allí nos
envió maíz. Aquella noche, donde iban a tomar agua nos flecharon
un cristiano, y quiso Dios que no lo hirieron. Otro día nos partimos
de allí sin que indio ninguno de los naturales pareciese, porque
todos habían huido; más yendo nuestro camino, parecieron indios,
los cuales venían de guerra, y aunque nosotros los llamamos, no
quisieron volver ni esperar; mas antes se retiraron, siguiéndonos
por el mismo camino que llevábamos. El gobernador dejó una
celada de algunos de a caballo en el camino, que como pasaron,
salieron a ellos, y tomaron tres o cuatro indios, y éstos llevamos por
guías de allí adelante; los cuales nos llevaron por tierra muy
trabajosa de andar y maravillosa de ver, porque en ella hay muy
grandes montes y los árboles a maravilla altos, y son tantos los que
están caídos en el suelo, que nos embarazaban el camino, de suerte
que no podíamos pasar sin rodear mucho y con muy gran trabajo;
de los que no estaban caídos, muchos estaban hendidos desde
arriba hasta abajo, de rayos que en aquella tierra caen, donde
siempre hay muy grandes tormentas y tempestades. Con este
trabajo caminamos hasta un día después de San Juan, que
llegamos a vista de Apalache sin que los indios de la tierra nos
sintiesen. Dimos muchas gracias a Dios por vernos tan cerca de Él,
creyendo que era verdad lo que de aquella tierra nos habían dicho,
que allí se acabarían los grandes trabajos que habíamos pasado, así
por el malo y largo camino para andar, como por la mucha hambre
Colaboración de Sergio Barros 24 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
que habíamos padecido; porque aunque algunas veces hallábamos
maíz, las más andábamos siete y ocho leguas sin toparlo; y muchos
había entre nosotros que, allende del mucho cansancio y hambre,
llevaban hechas llagas en las espaldas, de llevar las armas a
cuestas, sin otras cosas que se ofrecían. Mas con vernos llegados
donde deseábamos, y donde tanto mantenimiento y oro nos habían
dicho que había, pareciónos que se nos había quitado gran parte del
trabajo y cansancio.
Colaboración de Sergio Barros 25 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo VI
Cómo llegamos a Apalache
Llegados que fuimos a vista de Apalache, el gobernador mandó que
yo tomase nueve de a caballo y cincuenta peones, y entrase en el
pueblo, y así lo acometimos el veedor y yo; y entrados, no hallamos
sino mujeres y muchachos, que los hombres a la sazón no estaban
en el pueblo; mas de ahí a poco, andando nosotros por él,
acudieron, y comenzaron a pelear, flechándonos, y mataron el
caballo del veedor; mas al fin huyeron y nos dejaron. Allí hallamos
mucha cantidad de maíz que estaba ya para cogerse, y mucho seco
que tenían encerrado. Hallámosles muchos cueros de venados, y
entre ellos algunas mantas de hilo pequeñas, y no buenas, con que
las mujeres cubren algo de sus personas. Tenían muchos vasos
para moler maíz. En el pueblo había cuarenta casas pequeñas y
edificadas, bajas y en lugares abrigados, por temor de las grandes
tempestades que continuamente en aquella tierra suele haber. El
edificio es de paja, y están cercados de muy espeso monte y grandes
arboledas y muchos piélagos de agua, donde hay tantos y tan
grandes árboles caídos, que embarazan, y son causa que no se
puede por allí andar sin mucho trabajo y peligro.
Colaboración de Sergio Barros 26 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo VII
De la manera que es la tierra
La tierra, por la mayor parte, desde donde desembarcamos hasta
este pueblo y tierra de Apalache, es llana; el suelo, de arena y tierra
firme; por toda ella hay muy grandes árboles y montes claros, donde
hay nogales y laureles, y otros que se llaman liquidámbares, cedros,
sabinas y encinas y pinos y robles, palmitos bajos, de la manera de
los de Castilla. Por toda ella hay muchas lagunas grandes y
pequeñas, algunas muy trabajosas de pasar, parte por la mucha
hondura, parte por tantos árboles como por ellas están caídos. El
suelo de ellas es de arena, y las que en la comarca de Apalache
hallamos son muy mayores que las de hasta allí. Hay en esta
provincia muchos maizales, y las casas están tan esparcidas por el
campo, de la manera que están las de los Gelves. Los animales que
en ellas vimos son: venados de tres maneras, conejos y liebres, osos
y leones, y otras salvajinas,
entre los cuales vimos un animal que trae los hijos en una bolsa
que en la barriga tiene; y todo el tiempo que son pequeños los trae
allí, hasta que saben buscar de comer; y si acaso están fuera
buscando de comer, y acude gente, la madre no huye hasta que los
ha recogido en su bolsa. Por allí la tierra en muy fría; tiene muy
buenos pastos para ganados; hay aves de muchas maneras, ánsares
en gran cantidad, patos, ánades, patos reales, dorales y garzotas y
garzas, perdices; vimos muchos halcones, neblíes, gavilanes,
esmerejones y otras muchas aves. Dos horas después que llegamos
Colaboración de Sergio Barros 27 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
a Apalache, los indios que allí habían huido vinieron a nosotros de
paz, pidiéndonos a sus mujeres e hijos, y nosotros se los dimos,
salvo que el gobernador detuvo un cacique de ellos consigo, que fue
causa por donde ellos fueron escandalizados; y luego otro día
volvieron en pie de guerra, y con tanto denuedo y presteza nos
acometieron, que llegaron a nos poner fuego a las casas en que
estábamos; mas como salimos, huyeron, y acogiéronse a las
lagunas, que tenían muy cerca; y por esto, y por los grandes
maizales que había, no les pudimos hacer daño, salvo a uno que
matamos. Otro día siguiente, otros indios de otro pueblo que estaba
de la otra parte vinieron a nosotros y acometiéronnos de la misma
arte que los primeros y de la misma manera se escaparon, y
también murió uno de ellos. Estuvimos en este pueblo veinte y cinco
días, en que hicimos tres entradas por la tierra y hallámosla muy
pobre de gente y muy mala de andar, por los malos pasos y montes
y lagunas que tenía. Preguntamos al cacique que les habíamos
detenido, y a los otros indios que traíamos con nosotros, que eran
vecinos y enemigos de ellos, por la manera y población de la tierra, y
la calidad de la gente, y por los bastimentos y todas las otras cosas
de ella. Respondiéronnos cada uno por sí, que el mayor pueblo de
toda aquella tierra era aquel Apalache, y que adelante había menos
gente y muy más pobre que ellos, y que la tierra era mal poblada y
los moradores de ella muy repartidos; y que yendo adelante, había
grandes lagunas y espesura de montes y grandes desiertos y
despoblados. Pregutámosles luego por la tierra que estaba hacia el
sur, qué pueblos y mantenimientos tenía. Dijeron que por aquella
Colaboración de Sergio Barros 28 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
vía, yendo a la mar nueve jornadas, había un pueblo que llamaban
Aute, y los indios de él tenían mucho maíz, y que tenían frísoles y
calabazas, y que por estar tan cerca de la mar alcanzaban pescados,
y que éstos eran amigos suyos.
Nosotros, vista la pobreza de la tierra, y las malas nuevas que de la
población y de todo lo demás nos daban, y como los indios nos
hacían continua guerra hiriéndonos la gente y los caballos en los
lugares donde íbamos a tomar agua, y esto desde las lagunas, y tan
a salvo, que no los podíamos ofender, porque metidos en ellas nos
flechaban, y mataron un señor de Tezcuco que se llamaba don
Pedro, que el comisario llevaba consigo, acordamos de partir de allí,
e ir a buscar la mar y aquel pueblo de Aute que nos habían dicho; y
así nos partimos al cabo de veinte y cinco días que allí habíamos
llegado. El primero día pasamos aquellas lagunas y pasos sin ver
indio ninguno, mas al segundo día llegamos a una laguna de muy
mal paso, porque daba el agua a los pechos y había en ella muchos
árboles caídos. Ya que estábamos en medio de ella nos acometieron
muchos indios que estaban escondidos detrás de los árboles porque
no les viésemos; otros estaban sobre los caídos, y comenzáronnos a
flechar de manera que nos hirieron muchos hombres y caballos, y
nos tomaron la guía que llevábamos, antes que de la laguna
saliésemos, y después de salidos de ella, nos tornaron a seguir,
queriéndonos estorbar el paso; de manera que no nos aprovechaba
salirnos afuera ni hacernos más fuertes y querer pelear con ellos,
que se metían luego en la laguna, y desde allí nos herían la gente y
caballos. Visto esto, el gobernador mandó a los de caballo que se
Colaboración de Sergio Barros 29 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
apeasen y les acometiesen a pie. El contador se apeó con ellos, y así
los acometieron, y todos entraron a vueltas en una laguna, y así les
ganamos el paso. En esta revuelta hubo algunos de los nuestros
heridos, que no les valieron buenas armas que llevaban; y hubo
hombres este día que juraron que habían visto dos robles, cada uno
de ellos tan grueso como la pierna por bajo, pasados de parte a
parte de las flechas de los indios; y esto no es tanto de maravillar,
vista la fuerza y maña con que las echan; porque yo mismo vi una
flecha en un pie de un álamo, que entraba por él un jeme. Cuantos
indios vimos desde la Florida aquí todos son flecheros; y como son
tan crecidos de cuerpo y andan desnudos, desde lejos parecen
gigantes. Es gente a maravilla bien dispuesta, muy enjutos y de
muy grandes fuerzas y ligereza. Los arcos que usan son gruesos
como el brazo, de once o doce palmos de largo, que flechan a
doscientos pasos con tan gran tiento, que ninguna cosa yerran.
Pasados que fuimos de este paso, de ahí a una legua llegamos a otro
de la misma manera, salvo que por ser tan largo, que duraba media
legua, era muy peor; éste pasamos libremente y sin estorbo de
indios; que como habían gastado en el primero toda la munición que
de flechas tenían, no quedó con qué osarnos acometer. Otro día
siguiente, pasando otro semejante paso, yo hallé rastro de gente que
iba delante, y di aviso de ello al gobernador, que venía en la
retaguardia; y así, aunque los indios salieron a nosotros, como
íbamos apercibidos, no nos pudieron ofender; y salidos a lo llano,
fuéronnos todavía siguiendo; volvimos a ellos por dos partes, y
matámosles dos indios, y hiriéronme a mí y dos o tres cristianos; y
Colaboración de Sergio Barros 30 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
por acogérsenos al monte no les pudimos hacer más mal ni daño.
De esta suerte caminamos ocho días, y desde este paso que he
contado, no salieron más indios a nosotros hasta una legua
adelante, que es lugar donde he dicho que íbamos. Allí, yendo
nosotros por nuestro camino, salieron indios, y sin ser sentidos,
dieron en la retaguardia, y a los gritos que dio un muchacho de un
hidalgo de los que allí iban, que se llamaba Avellaneda, el
Avellaneda volvió, y fue a socorrerlos, y los indios le acertaron con
una flecha por el canto de las corazas, y fue tal la herida, que pasó
casi toda la flecha por el pescuezo, y luego allí murió y lo llevamos
hasta Aute. En nueve días de camino, desde Apalache hasta allí,
llegamos. Y cuando fuimos llegados, hallamos toda la gente de él,
ida, y las casas quemadas, y mucho maíz y calabazas y frísoles, que
ya todo estaba para empezarse a coger. Descansamos allí dos días, y
estos pasados, el gobernador me rogó que fuese a descubrir la mar,
pues los indios decían que estaba tan cerca de allí; ya en este
camino la habíamos descubierto por un río muy grande que en él
hallamos, a quien habíamos puesto por nombre el río de la
Magdalena. Visto esto, otro día siguiente yo me partí a descubrirla,
juntamente con el comisario y el capitán Castillo y Andrés Dorantes
y otros siete de caballo y cincuenta peones, y caminamos hasta hora
de vísperas, que llegamos a un ancón o entrada de la mar, donde
hallamos muchos ostiones, con que la gente holgó; y dimos muchas
gracias a Dios por habernos traído allí. Otro día de mañana envié
veinte hombres a que conociesen la costa y mirasen la disposición
de ella, los cuales volvieron al otro día en la noche, diciendo que
Colaboración de Sergio Barros 31 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
aquellos ancones y bahías eran muy grandes y entraban tanto por
la tierra adentro, que estorbaban mucho para descubrir lo que
queríamos, y que la costa estaba muy lejos de allí. Sabidas estas
nuevas y vista la mala disposición y aparejo que para descubrir la
costa por allí había, yo me volví al gobernador, y cuando llegamos,
hallámosle enfermo con otros muchos, y la noche pasada los indios
habían dado en ellos y puéstolos en grandísimo trabajo, por la razón
de la enfermedad que les había sobrevenido; también les habían
muerto un caballo. Yo di cuenta de lo que había hecho y de la mala
disposición de la tierra. Aquel día nos detuvimos allí.
Colaboración de Sergio Barros 32 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo VIII
Cómo partimos de Aute
Otro día siguiente partimos de Aute, y caminamos todo el día hasta
llegar donde yo había estado. Fue camino en extremo trabajoso,
porque ni los caballos bastaban a llevar los enfermos, ni sabíamos
qué remedio poner, porque cada día adolecían; que fue cosa de muy
gran lástima y dolor ver la necesidad y trabajo en que estábamos.
Llegados que fuimos, visto el poco remedio que para ir adelante
había, porque no había dónde, ni aunque lo hubiera, la gente
pudiera pasar adelante, por estar los más enfermos, y tales, que
pocos había de quien se pudiese haber algún provecho. Dejo aquí de
contar esto más largo, porque cada uno puede pensar lo que se
pasaría en tierra tan extraña y tan mala, y tan sin ningún remedio
de ninguna cosa, ni para estar ni para salir de ella. Mas como el
más cierto remedio sea Dios nuestro Señor, y de este nunca
desconfiamos, sucedió otra cosa que agravaba más que todo esto,
que entre la gente de caballo se comenzó la mayor parte de ellos a ir
secretamente, pensando hallar ellos por sí remedio, y desamparar al
gobernador y a los enfermos, los cuales estaban sin algunas fuerzas
y poder. Mas, como entre ellos había muchos hijosdalgo y hombres
de buena suerte, no quisieron que esto pasase sin dar parte al
gobernador y a los oficiales de Vuestra Majestad; y como les
afeamos su propósito, y les pusimos delante el tiempo en que
desamparaban a su capitán y los que estaban enfermos y sin poder,
y apartarse sobre todo el servicio de Vuestra Majestad, acordaron de
Colaboración de Sergio Barros 33 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
quedar, y que lo que fuese de uno fuese de todos, sin que ninguno
desamparase a otro. Visto esto por el gobernador, los llamó a todos
y a cada uno por sí, pidiendo parecer de tan mala tierra, para poder
salir de ella y buscar algún remedio, pues allí no lo había, estando
la tercia parte de la gente con gran enfermedad, y creciendo esto
cada hora, que teníamos por cierto todos lo estaríamos así; de
donde no se podía seguir sino la muerte, que por ser en tal parte se
nos hacía más grave; y vistos estos y otros muchos inconvenientes,
y tentados muchos remedios, acordamos en uno harto difícil de
poner en obra, que era hacer navíos en que nos fuésemos. A todos
parecía imposible, porque nosotros no los sabíamos hacer, ni había
herramienta, ni hierro, ni fragua, ni estopa, ni pez, ni jarcias,
finalmente, ni cosa ninguna de tantas como son menester, ni quien
supiese nada para dar industria en ello, y sobre todo, no haber qué
comer entretanto que se hiciesen, y los que habían de trabajar del
arte que habíamos dicho. Y considerando todo esto, acordamos de
pensar en ello más de espacio, y cesó la plática aquel día, y cada
uno se fue encomendándolo a Dios nuestro Señor, que lo
encaminase por donde Él fuese más servido. Otro día quiso Dios
que uno de la compañía vino diciendo que él haría unos cañones de
palo, y con unos cueros de venado se harían unos fuelles, y como
estábamos en tiempo que cualquiera cosa que tuviese alguna
sobrehaz de remedio, nos parecía bien, dijimos que se pusiese por
obra; y acordamos de hacer de los estribos y espuelas y ballestas, y
de las otras cosas de hierro que había, los clavos y sierras y hachas,
y otras herramientas, de que tanta necesidad había para ello; y
Colaboración de Sergio Barros 34 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
dimos por remedio que para haber algún mantenimiento en el
tiempo que esto se hiciese se hiciesen cuatro entradas en Aute con
todos los caballos y gente que pudiesen ir, y que a tercero día se
matase un caballo, el cual se repartiese entre los que trabajaban en
la obra de las barcas y los que estaban enfermos; las entradas se
hicieron con la gente y caballos que fue posible, y en ellas se
trajeron hasta cuatrocientas hanegas de maíz, aunque no sin
contienda y pendencias con los indios. Hicimos coger muchos
palmitos para aprovecharnos de la lana y cobertura de ellos,
torciéndola y aderezándola para usar en lugar de estopa para las
barcas; las cuales se comenzaron a hacer con un solo carpintero
que en la compañía había, y tanta diligencia pusimos, que,
comenzándolas a cuatro días de agosto, a veinte días del mes de
septiembre eran acabadas cinco barcas, de a veinte y dos codos
cada una, calafateadas con las estopas de los palmitos, y
breámoslas con cierta pez de alquitrán que hizo un griego llamado
don Teodoro, de unos pinos; y de la misma ropa de los palmitos, y
de las colas y crines de los caballos, hicimos cuerdas y jarcias, y de
las nuestras camisas velas, y de las sabinas que allí había, hicimos
los remos que nos pareció que era menester. Y tal era la tierra en
que nuestros pecados nos habían puesto, que con muy gran trabajo
podíamos hallar piedras para lastre y anclas de las barcas, ni en
toda ella habíamos visto ninguna. Desollamos también las piernas
de los caballos enteras, y curtimos los cueros de ellas para hacer
botas en que llevásemos el agua. En este tiempo algunos andaban
cogiendo mariscos por los rincones de las entradas de la mar, en
Colaboración de Sergio Barros 35 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
que los indios, en dos veces que dieron en ellos, nos mataron diez
hombres a vista del real, sin que los pudiésemos socorrer, los cuales
hallamos de parte a parte pasados con las flechas; que aunque
algunos tenían buenas armas, no bastaron a resistir para que esto
no se hiciese, por flechar con tanta destreza y fuerza como arriba he
dicho. Y a dicho y juramento de nuestros pilotos, desde la bahía,
que pusimos nombre de la Cruz, hasta aquí anduvimos doscientas y
ochenta leguas, poco más o menos.
En toda esta tierra no vimos sierra ni tuvimos noticias de ella en
ninguna manera; y antes que nos embarcásemos, sin los que los
indios nos mataron, se murieron más de cuarenta hombres de
enfermedad y hambre. A veinte y dos días del mes de septiembre se
acabaron de comer los caballos, que sólo uno quedó, y este día nos
embarcamos por esta orden: que en la barca del gobernador iban
cuarenta y nueve hombres; en otra que dio al contador y comisario
iban otros tantos; la tercera dio al capitán Alonso del Castillo y
Andrés Dorantes, con cuarenta y ocho hombres, y otra dio a dos
capitanes, que se llamaban Téllez y Peñalosa, con cuarenta y siete
hombres. La otra dio al veedor y a mí con cuarenta y nueve
hombres, y después de embarcados los bastimentos y ropa, no
quedó a las barcas más que un jeme de bordo fuera del agua, y
allende de esto, íbamos tan apretados, que no nos podíamos
menear; y tanto puede la necesidad, que nos hizo aventurar a ir de
esta manera, y meternos en una mar tan trabajosa, y sin tener
noticia de la arte del marear ninguno de los que allí iban.
Colaboración de Sergio Barros 36 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo IX
Cómo partimos de bahía de Caballos
Aquella bahía de donde partimos ha por nombre la bahía de
Caballos, y anduvimos siete días por aquellos ancones, entrados en
el agua hasta la cinta, sin señal de ver ninguna cosa de costa, y al
cabo de ellos llegamos a una isla que estaba cerca de la tierra. Mi
barca iba delante, y de ella vimos venir cinco canoas de indios, los
cuales las desampararon y nos las dejaron en las manos, viendo que
íbamos a ellas; las otras barcas pasaron adelante, y dieron en unas
casas de la misma isla, donde hallamos muchas lizas y huevos de
ellas, que estaban secas; que fue muy gran remedio para la
necesidad que llevábamos. Después de tomadas, pasamos adelante,
y dos leguas de allí pasamos un estrecho que la isla con la tierra
hacía, al cual llamamos de San Miguel por haber salido en su día
por él; y salidos llegamos a la costa, donde, con las cinco canoas
que yo había tomado a los indios, remediamos algo de las barcas,
haciendo falcas de ellas, y añadiéndolas, de manera que subieron
dos palmos de bordo sobre el agua; y con esto tornamos a caminar
por luengo de costa de vía del río de Palmas, creciendo cada día la
sed y la hambre, porque los bastimentos eran muy pocos y iban
muy al cabo, y el agua se nos acabó, porque las botas que hicimos
de las piernas de los caballos luego fueron podridas y sin ningún
provecho. Algunas veces entramos por ancones y bahías que
entraban mucho por la tierra adentro; todas las hallamos bajas y
peligrosas; y así anduvimos por ellas treinta días, donde algunas
Colaboración de Sergio Barros 37 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
veces hallábamos indios pescadores, gente pobre y miserable. Al
cabo ya de estos treinta días, que la necesidad del agua era en
extremo, yendo cerca de la costa, una noche sentimos venir una
canoa, y como la vimos, esperamos que llegase, y ella no quiso
hacer cara; y aunque la llamamos, no quiso volver ni aguardarnos, y
por ser de noche no la seguimos, y fuímonos nuestra vía. Cuando
amaneció vimos una isla pequeña, y fuimos a ella por ver si
hallaríamos agua; mas nuestro trabajo fue en balde, porque no la
había. Estando allí surtos, nos tomó una tormenta muy grande,
porque nos detuvimos seis días sin que osásemos salir a la mar; y
como había cinco días que no bebíamos, la sed fue tanta, que nos
puso en necesidad de beber agua salada, y algunos se desatentaron
tanto en ello, que súbitamente se nos murieron cinco hombres.
Cuento esto así brevemente, porque no creo que haya necesidad de
particularmente contar las miserias y trabajos en que nos vimos;
pues considerando el lugar donde estábamos y la poca esperanza de
remedio que teníamos, cada uno puede pensar mucho de lo que allí
pasaría. Y como vimos que la sed crecía y el agua nos mataba,
aunque la tormenta no era cesada, acordamos de encomendarnos a
Dios nuestro Señor, y aventuramos antes al peligro de la mar que
esperar la certinidad de la muerte que la sed nos daba. Así, salimos
la vía donde habíamos visto la canoa la noche que por allí veníamos;
y en este día nos vimos muchas veces anegados, y tan perdidos, que
ninguno hubo que no tuviese por cierta la muerte. Plugo a nuestro
Señor, que en las mayores necesidades suele mostrar su favor, que
Colaboración de Sergio Barros 38 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
a puesta del Sol volvimos una punta que la tierra hace, adonde
hallamos mucha bonanza y abrigo.
Salieron a nosotros muchas canoas, y los indios que en ellas venían
nos hablaron, y sin querernos aguardar, se volvieron. Era gente
grande y bien dispuesta, y no traían flechas ni arcos. Nosotros les
fuimos siguiendo hasta sus casas, que estaban cerca de allí a la
lengua del agua, y saltamos en tierra, y delante de las casas
hallamos muchos cántaros de agua y mucha cantidad de pescado
guisado, y el señor de aquellas tierras ofreció todo aquello al
gobernador, y tomándolo consigo, lo llevó a su casa. Las casas de
éstos eran de esteras, que a lo que pareció eran estantes; y después
que entramos en casa del cacique, nos dio mucho pescado, y
nosotros le dimos del maíz que traíamos, y lo comieron en nuestra
presencia, y nos pidieron más, y se lo dimos, y el gobernador le dio
muchos rescates; el cual, estando con el cacique en su casa, a
media hora de la noche, súbitamente los indios dieron en nosotros y
en los que estaban muy malos echados en la costa, y acometieron
también la casa del cacique, donde el gobernador estaba, y lo
hirieron de una piedra en el rostro. Los que allí se hallaron
prendieron al cacique; mas como los suyos estaban tan cerca,
soltóseles y dejóles en las manos una manta de martas cibelinas,
que son las mejores que creo yo que en el mundo se podrían hallar,
y tienen un olor que no parece sino de ámbar y almizcle, y alcanza
tan lejos, que de mucha cantidad se siente; otras vimos allí mas
ningunas eran tales como éstas. Los que allí se hallaron, viendo al
gobernador herido, lo metimos en la barca, e hicimos que con él se
Colaboración de Sergio Barros 39 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
recogiese toda la más gente a sus barcas, y quedamos hasta
cincuenta en tierra para contra los indios, que nos acometieron tres
veces aquella noche, y con tanto ímpetu, que cada vez nos hacían
retraer más de un tiro de piedra.
Ninguno hubo de nosotros que no quedase herido, y yo lo fui en la
cara; y si como se hallaron pocas flechas, estuvieran más proveídos
de ellas, sin duda nos hicieran mucho daño. La última vez se
pusieron en celada los capitanes Dorantes y Peñalosa y Téllez con
quince hombres, y dieron en ellos por las espaldas, y de tal manera
les hicieron huir, que nos dejaron. Otro día de mañana yo les rompí
más de treinta canoas, que nos aprovecharon para un norte que
hacía, que por todo el día hubimos de estar allí con mucho frío, sin
osar entrar en la mar, por la mucha tormenta que en ella había.
Esto pasado, nos tornamos a embarcar, y navegamos tres días; y
como habíamos tomado poca agua, y los vasos que teníamos para
llevar asimismo eran muy pocos, tornamos a caer en la primera
necesidad; y siguiendo nuestra vía, entramos por un estero, y
estando en él vimos venir una canoa de indios. Como los llamamos,
vinieron a nosotros, y el gobernador, a cuya barca habían llegado,
pidióles agua, y ellos la ofrecieron con que les diesen en qué la
trajesen, y un cristiano griego, llamado Doroteo Teodoro (de quien
arriba se hizo mención), dijo que quería ir con ellos; el gobernador y
otros se lo procuraron estorbar mucho, y nunca lo pudieron, sino
que en todo caso quería ir con ellos; así se fue y llevó consigo un
negro, y los indios dejaron en rehenes dos de su compañía; y a la
noche volvieron los indios y trajéronnos muchos vasos sin agua, y
Colaboración de Sergio Barros 40 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
no trajeron los cristianos que habían llevado; y los que habían
dejado por rehenes, como los otros los hablaron, quisiéronse echar
al agua. Mas los que en la barca estaban los detuvieron; y así, se
fueron huyendo los indios de la canoa, y nos dejaron muy confusos
y tristes por haber perdido aquellos dos cristianos.
Colaboración de Sergio Barros 41 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo X
De la refriega que nos dieron los indios
Venida la mañana, vinieron a nosotros muchas canoas de indios,
pidiéndonos los dos compañeros que en la barca habían quedado
por rehenes.
El gobernador dijo que se los daría con que trajesen los dos
cristianos que habían llevado. Con esta gente venían cinco o seis
señores, y nos pareció ser la gente más bien dispuesta y de más
autoridad y concierto que hasta allí habíamos visto, aunque no tan
grandes como los otros de quien hemos contado. Traían los cabellos
sueltos y muy largos, y cubiertos con mantas de martas, de la
suerte de las que atrás habíamos tomado, y algunas de ellas hechas
por muy extraña manera, porque en ella había unos lazos de
labores de unas pieles leonadas, que parecían muy bien.
Rogábannos que nos fuésemos con ellos y que nos darían los
cristianos y agua y otras muchas cosas; y contino acudían sobre
nosotros muchas canoas, procurando tomar la boca de aquella
entrada; y así por esto, como porque la tierra era muy peligrosa
para estar en ella, nos salimos a la mar, donde estuvimos hasta
mediodía con ellos. Y como no nos quisiesen dar los cristianos, y
por este respecto nosotros no les diésemos los indios,
comenzáronnos a tirar piedras con hondas, y varas, con muestras
de flecharnos, aunque en todos ellos no vimos sino tres o cuatro
arcos. Estando en esta contienda el viento refrescó, y ellos se
volvieron y nos dejaron; y así navegamos aquel día, hasta hora de
Colaboración de Sergio Barros 42 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
vísperas, que mi barca que iba delante, descubrió una punta que la
tierra hacía, y del otro cabo se veía un río muy grande, y en una
isleta que hacía la punta hice yo surgir por esperar las otras barcas.
El gobernador no quiso llegar; antes se metió por una bahía muy
cerca de allí, en que había muchas isletas, y allí nos juntamos, y
desde la mar tomamos agua dulce, porque el río entraba en la mar
de avenida, y por tostar algún maíz de lo que traíamos, porque ya
había dos días que lo comíamos crudo, saltamos en aquella isla;
mas como no hallamos leña, acordamos de ir al río que estaba
detrás de la punta, una legua de allí; y yendo, era tanta la corriente,
que no nos dejaba en ninguna manera llegar, antes nos apartaba de
la tierra, y nosotros trabajando y porfiando por tomarla. El norte
que venía de la tierra comenzó a crecer tanto, que nos metió en la
mar, sin que nosotros pudiésemos hacer otra cosa; y a media legua
que fuimos metidos en ella, sondeamos, y hallamos que con treinta
brazas no pudimos tomar hondo, y no podíamos entender si la
corriente era causa que no lo pudiésemos tomar; y así navegamos
dos días todavía, trabajando por tomar tierra, y al cabo de ellos, un
poco antes que el Sol saliese, vimos muchos humeros por la costa; y
trabajando por llegar allá, nos hallamos en tres brazas de agua, y
por ser de noche no osamos tomar tierra, porque como habíamos
visto tantos humeros, creíamos que se nos podía recrecer algún
peligro sin nosotros poder ver, por la mucha oscuridad, lo que
habíamos de hacer, y por esto determinamos de esperar a la
mañana; y como amaneció, cada barca se halló por sí perdida de las
otras; yo me hallé en treinta brazas, y siguiendo mi viaje a hora de
Colaboración de Sergio Barros 43 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
vísperas vi dos barcas, y como fui a ellas, vi que la primera a que
llegué era la del gobernador, el cual me preguntó qué me parecía
que debíamos hacer. Yo le dije que debía recobrar aquella barca que
iba delante, y que en ninguna manera la dejase, y que juntas todas
tres barcas, siguiésemos nuestro camino donde Dios nos quisiese
llevar. Él me respondió que aquello no se podía hacer, porque la
barca iba muy metida en el mar y él quería tomar la tierra, y que si
la quería yo seguir, que hiciese que los de mi barca tomasen los
remos y trabajasen, porque con fuerza de brazos se había de tomar
la tierra, y esto le aconsejaba un capitán que consigo llevaba, que se
llamaba Pantoja, diciéndole que si aquel día no tomaba la tierra,
que en otros seis no la tomaría, y en este tiempo era necesario morir
de hambre. Yo, vista su voluntad, tomé mi remo, y lo mismo
hicieron todos los que en mi barca estaban para ello, y bogamos
hasta casi puesto el sol; mas como el gobernador llevaba la más
sana y recia gente que entre toda había, en ninguna manera lo
pudimos seguir ni tener con ella. Yo, como vi esto, pedíle que, para
poderle seguir, me diese un cabo de su barca, y él me respondió que
no harían ellos poco sí solos aquella noche pudiesen llegar a tierra.
Yo le dije que, pues vía la poca posibilidad que en nosotros había
para poder seguirle y hacer lo que había mandado, que me dijese
qué era lo que mandaba que yo hiciese. El me respondió que ya no
era tiempo de mandar unos a otros; que cada uno hiciese lo que
mejor le pareciese que era para salvar la vida; que él así lo entendía
de hacer, y diciendo esto, se alargó con su barca, y como no le pude
seguir, arribé sobre la otra barca que iba metida en la mar, la cual
Colaboración de Sergio Barros 44 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
me esperó; y llegado a ella, hallé que era la que llevaban los
capitanes Peñalosa y Téllez; y así, navegamos cuatro días en
compañía, comiendo por tasa cada día medio puño de maíz crudo. A
cabo de estos cuatro días nos tomó una tormenta, que hizo perder
la otra barca, y por gran misericordia que Dios tuvo de nosotros no
nos hundimos del todo, según el tiempo hacía; y con ser invierno, y
el frío muy grande, y tantos días que padecíamos hambre, con los
golpes que de la mar habíamos recibido, otro día la gente comenzó
mucho a desmayar, de tal manera, que cuando el sol se puso, todos
los que en mi barca venían estaban caídos en ella unos sobre otros,
tan cerca de la muerte, que pocos había que tuviesen sentido, y
entre todos ellos a esta hora no había cinco hombres en pie. Y
cuando vino la noche no quedamos sino el maestre y yo que
pudiésemos marear la barca, y a dos horas de la noche el maestre
me dijo que yo tuviese cargo de ella, porque él estaba tal, que creía
aquella noche morir. Y así, yo tomé el leme, y pasada media noche,
yo llegué por ver si era muerto el maestre, y él me respondió que él
antes estaba mejor y que él gobernaría hasta el día. Yo cierto
aquella hora de muy mejor voluntad tomara la muerte, que no ver
tanta gente delante de mí de tal manera.
Y después que el maestre tomó cargo de la barca, yo reposé un poco
muy sin reposo, ni había cosa más lejos de mí entonces que el
sueño. Y acerca del alba parecióme que oía el tumbo del mar,
porque, como la costa era baja, sonaba mucho, y con este
sobresalto llamé al maestre, el cual me respondió que creía que
Colaboración de Sergio Barros 45 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
éramos cerca de tierra, y tentamos y hallámonos en siete brazas, y
parecióle que nos debíamos tener a la mar hasta que amaneciese.
Y así, yo tomé un remo y bogué de la banda de la tierra, que nos
hallamos una legua della, y dimos la popa a la mar. Y cerca de
tierra nos tomó una ola, que echó la barca fuera del agua un juego
de herradura, y con el gran golpe que dio, casi toda la gente que en
ella estaba como muerta, tornó en sí, y como se vieron cerca de la
tierra se comenzaron a descolgar, y con manos y pies andando; y
como salieron a tierra a unos barrancos, hicimos lumbre y tostamos
del maíz que traíamos, y hallamos agua de la que había llovido, y
con el calor del fuego la gente tornó en sí y comenzaron algo a
esforzarse. El día que aquí llegamos era sexto del mes de noviembre.
Colaboración de Sergio Barros 46 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XI
De lo que acaeció a Lope de Oviedo con unos indios
Desde que la gente hubo comido, mandé a Lope de Oviedo, que
tenía más fuerza y estaba más recio que todos, se llegase a unos
árboles que cerca de allí estaban, y subido en uno de ellos,
descubriese la tierra en que estábamos y procurase de haber alguna
noticia de ella. Él lo hizo así y entendió que estábamos en isla, y vio
que la tierra estaba cavada a la manera que suele estar tierra donde
anda ganado, y parecióle por esto que debía ser tierra de cristianos,
y así nos lo dijo. Yo le mandé que la tornase a mirar muy más
particularmente y viese si en ella había algunos caminos que fuesen
seguidos, y esto sin alargarse mucho por el peligro que podía haber.
Él fue, y topando con una vereda se fue por ella adelante hasta
espacio de media legua, y halló unas chozas de unos indios que
estaban solas, porque los indios eran idos al campo, y tomó una olla
de ellos, y un perrillo pequeño y unas pocas de lizas, y así se volvió
a nosotros; y pareciéndonos que se tardaba, envié a otros dos
cristianos para que le buscasen y viesen qué le había sucedido; y
ellos le toparon cerca de allí y vieron que tres indios, con arcos y
flechas, venían tras él llamándole, y él asimismo llamaba a ellos por
señas. Y así llegó donde estábamos, y los indios se quedaron un
poco atrás asentados en la misma ribera, y después de media hora
acudieron otros cien indios flecheros, que ahora ellos fuesen
grandes o no, nuestro miedo les hacía parecer gigantes, y pararon
cerca de nosotros, donde los tres primeros estaban. Entre nosotros
Colaboración de Sergio Barros 47 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
excusado era pensar que habría quien se defendiese, porque
difícilmente se hallaron seis que del suelo se pudiesen levantar. El
veedor y yo salimos a ellos y llamámosles, y ellos se llegaron a
nosotros; y lo mejor que pudimos, procuramos de asegurarlos y
asegurarnos, y dímosles cuentas y cascabeles, y cada uno de ellos
me dio una flecha, que es señal de amistad, y por señas nos dijeron
que a la mañana volverían y nos traerían de comer, porque entonces
no lo tenían.
Colaboración de Sergio Barros 48 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XII
Cómo los indios nos trajeron de comer
Otro día, saliendo el sol, que era la hora que los indios nos habían
dicho, vinieron a nosotros, como lo habían prometido, y nos trajeron
mucho pescado y de unas raíces que ellos comen, y son como
nueces, algunas mayores o menores; la mayor parte de ellas se
sacan debajo del agua y con mucho trabajo. A la tarde volvieron y
nos trajeron más pescado y de las mismas raíces, e hicieron venir
sus mujeres e hijos para que nos viesen, y así, se volvieron ricos de
cascabeles y cuentas que les dimos, y otros días nos tornaron a
visitar con lo mismo que otras veces. Como nosotros veíamos que
estábamos proveídos de pescados y de raíces y de agua y de las
otras cosas que pedimos, acordamos de tornarnos a embarcar y
seguir nuestro camino, y desenterramos la barca de la arena en que
estaba metida, y fue menester que nos desnudásemos todos y
pasásemos gran trabajo para echarla al agua, porque nosotros
estábamos tales, que otras cosas muy más livianas bastaban para
ponernos en él. Y así embarcados, a dos tiros de ballesta dentro en
la mar, nos dio tal golpe de agua que nos mojó a todos; y cómo
íbamos desnudos y el frío que hacía era muy grande, soltamos los
remos de las manos, y a otro golpe que la mar nos dio, trastornó la
barca; el veedor y otros dos se asieron de ella para escaparse; mas
sucedió muy al revés, que la barca los tomó debajo y se ahogaron.
Como la costa es muy brava, el mar de un tumbo echó a todos los
otros, envueltos en las olas y medio ahogados, en la costa de la
Colaboración de Sergio Barros 49 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
misma isla, sin que faltasen más de los tres que la barca había
tomado debajo. Los que quedamos escapados, desnudos como
nacimos y perdido todo lo que traíamos, y aunque todo valía poco,
para entonces valía mucho. Y como entonces era por noviembre, y el
frío muy grande, y nosotros tales que con poca dificultad nos podían
contar los huesos, estábamos hechos propia figura de la muerte. De
mí sé decir que desde el mes de mayo pasado yo no había comido
otra cosa sino maíz tostado, y algunas veces me vi en necesidad de
comerlo crudo; porque aunque se mataron los caballos entretanto
que las barcas se hacían, yo nunca pude comer de ellos, y no fueron
diez veces las que comí pescado. Esto digo por excusar razones,
porque pueda cada uno ver qué tales estaríamos. Y sobre todo lo
dicho había sobrevenido viento norte, de suerte que más estábamos
cerca de la muerte que de la vida. Plugo a nuestro Señor que,
buscando tizones del fuego que allí habíamos hecho, hallamos
lumbre, con que hicimos grandes fuegos; y así, estuvimos pidiendo
a Nuestro Señor misericordia y perdón de nuestros pecados,
derramando muchas lágrimas, habiendo cada uno lástima, no sólo
de sí, mas de todos los otros, que en el mismo estado veían. Y a
hora de puesto el sol, los indios, creyendo que no nos habíamos ido,
nos volvieron a buscar y a traernos de comer; más cuando ellos nos
vieron así en tan diferente hábito del primero y en manera tan
extraña, espantáronse tanto que se volvieron atrás. Yo salí a ellos y
llamélos, y vinieron muy espantados; hícelos entender por señas
cómo se nos había hundido una barca y se habían ahogado tres de
Colaboración de Sergio Barros 50 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
nosotros, y allí en su presencia ellos mismos vieron dos muertos, y
los que quedábamos íbamos aquel camino.
Los indios, de ver el desastre que nos había venido y el desastre en
que estábamos, con tanta desventura y miseria, se sentaron entre
nosotros, y con el gran dolor y lástima que hubieron de vernos en
tanta fortuna, comenzaron todos a llorar recio, y tan de verdad, que
lejos de allí se podía oír, y esto les duró más de media hora; y cierto
ver que estos hombres tan sin razón y tan crudos, a manera de
brutos, se dolían tanto de nosotros, hizo que en mí y en otros de la
compañía creciese más la pasión y la consideración de nuestra
desdicha.
Sosegado ya este llanto, yo pregunté a los cristianos, y dije que si a
ellos parecía, rogaría a aquellos indios que nos llevasen a sus casas;
y algunos de ellos que habían estado en la Nueva España
respondieron que no se debía de hablar de ello, porque si a sus
casas nos llevaban, nos sacrificarían a sus ídolos; mas, visto que
otro remedio no había, y que por cualquier otro camino estaba más
cerca y más cierta la muerte, no curé de lo que decían, antes rogué
a los indios que nos llevasen a sus casas, y ellos mostraron que
habían gran placer de ello, y que esperásemos un poco, que ellos
harían lo que queríamos, y luego treinta de ellos se cargaron de
leña, y se fueron a sus casas, que estaban lejos de allí, y quedamos
con los otros hasta cerca de la noche, que nos tomaron, y
llevándonos asidos y con mucha prisa, fuimos a sus casas; y por el
gran frío que hacía, y temiendo que en el camino alguno no muriese
o desmayase, proveyeron que hubiese cuatro o cinco fuegos muy
Colaboración de Sergio Barros 51 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
grandes puestos a trechos, y en cada uno de ellos nos calentaban y,
desde que veían que habíamos tomado alguna fuerza y calor, nos
llevaban hasta el otro tan aprisa, que casi con los pies no nos
dejaban poner en el suelo; y de esta manera fuimos hasta sus
casas, donde hallamos que tenían hecha una casa para nosotros, y
muchos fuegos en ella, y desde a una hora que habíamos llegado,
comenzaron a bailar y hacer grande fiesta, que duró toda la noche,
aunque para nosotros no había placer, fiesta ni sueño, esperando
cuándo nos habían de sacrificar; y a la mañana nos tornaron a dar
pescado y raíces, y hacer tan buen tratamiento, que nos
aseguramos, algo y perdimos algo el miedo del sacrificio.
Colaboración de Sergio Barros 52 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XIII
Cómo supimos de otros cristianos
Este mismo día yo vi a un indio de aquéllos un rescate, y conocí que
no era de los que nosotros les habíamos dado; y preguntando dónde
le habían habido, ellos por señas me respondieron que se lo habían
dado otros hombres como nosotros, que estaban atrás. Yo, viendo
esto, envié dos cristianos y dos indios que les mostrasen aquella
gente, y muy cerca de allí toparon con ellos, que también venían a
buscarnos, porque los indios que allá quedaban les habían dicho de
nosotros, y estos eran los capitanes Andrés Dorantes y Alonso del
Castillo, con toda la gente de su barca. Y llegados a nosotros, se
espantaron mucho de vernos de la manera que estábamos, y
recibieron muy gran pena por no tener qué darnos; que ninguna
otra ropa traían sino la que tenían vestida. Y estuvieron allí con
nosotros, y nos contaron cómo a cinco de aquel mismo mes su
barca había dado al través, legua y media de allí, y ellos habían
escapado sin perderse ninguna cosa, y todos juntos acordamos de
adobar su barca, e irnos en ella los que tuviesen fuerza y
disposición para ello; los otros quedarse allí hasta que
convaleciesen, para irse como pudiesen por luengo de costa, y que
esperasen allí hasta que Dios los llevase con nosotros a tierras de
cristianos; y como lo pensamos, así nos pusimos en ello, y antes
que echásemos la barca al agua, Tavera, un caballero de nuestra
compañía, murió, y la barca que nosotros pensábamos llevar hizo
su fin, y no se pudo sostener a sí misma, que luego fue hundida; y
Colaboración de Sergio Barros 53 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
como quedamos del arte que he dicho, y los más desnudos, y el
tiempo tan recio para caminar y pasar ríos y ancones a nado, ni
tener bastimento alguno ni manera para llevarlo, determinamos de
hacer lo que la necesidad pedía, que era invernar allí. Y acordamos
también que cuatro hombres, que más recios estaban, fuesen a
Pánuco, creyendo que estábamos cerca de allí; y que si Dios nuestro
Señor fuese servido de llevarlos allá, diesen aviso de cómo
quedábamos en aquella isla, y de nuestra necesidad y trabajo. Estos
eran muy grandes nadadores, y al uno llamaban Álvaro Fernández,
portugués, carpintero y marinero; el segundo se llamaba Méndez, y
el tercero Figueroa, que era natural de Toledo; el cuarto, Astudillo,
natural de Zafra: llevaban consigo un indio que era de la isla.
Colaboración de Sergio Barros 54 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XIV
Cómo se partieron los cuatro cristianos
Partidos estos cuatro cristianos, desde a pocos días sucedió tal
tiempo de fríos y tempestades, que los indios no podían arrancar las
raíces, y de los cañales en que pescaban ya no había provecho
ninguno, y como las casas eran tan desabrigadas, comenzóse a
morir la gente, y cinco cristianos que estaban en el rancho en la
costa llegaron a tal extremo, que se comieron los unos a los otros,
hasta que quedó uno solo, que por ser solo no hubo quien lo
comiese. Los nombres de ellos son éstos: Sierra, Diego López,
Corral, Palacios, Gonzalo Ruiz. De este caso se alteraron tanto los
indios, y hubo entre ellos tan gran escándalo, que sin duda si al
principio ellos lo vieran, los mataran, y todos nos viéramos en
grande trabajo. Finalmente, en muy poco tiempo, de ochenta
hombres que de ambas partes allí llegamos, quedaron vivos sólo
quince, y después de muertos éstos, dio a los indios de la tierra una
enfermedad de estómago, de que murió la mitad de la gente de ellos,
y creyeron que nosotros éramos los que los matábamos; y
teniéndolo por muy cierto, concertaron entre sí de matar a los que
habíamos quedado. Ya que lo venían a poner en efecto, un indio que
a mí me tenía les dijo que no creyesen que nosotros éramos los que
los matábamos, porque si nosotros tal poder tuviéramos,
excusáramos que no murieran tantos de nosotros como ellos veían
que habían muerto sin que les pudiéramos poner remedio; y que ya
no quedábamos sino muy pocos, y que ninguno hacía daño ni
Colaboración de Sergio Barros 55 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
perjuicio; que lo mejor era que nos dejasen. Y quiso nuestro Señor
que los otros siguiesen este consejo y parecer, y así se estorbó su
propósito. A esta isla pusimos por nombre isla de Mal Hado. La
gente que allí hallamos son grandes y bien dispuestos; no tienen
otras armas sino flechas y arcos, en que son por extremo diestros.
Tienen los hombres la una teta horadada de una parte a otra, y
algunos hay que tienen ambas, y por el agujero que hacen, traen
una caña atravesada, tan larga como dos palmos y medio, y tan
gruesa como dos dedos; traen también horadado el labio de abajo, y
puesto en él un pedazo de caña delgada como medio dedo. Las
mujeres son para mucho trabajo. La habitación que en esta isla
hacen es desde octubre hasta fin de febrero. El su mantenimiento
son las raíces que he dicho sacadas de bajo el agua por noviembre y
diciembre. Tienen cañales, y no tienen más peces de para este
tiempo; de ahí adelante comen las raíces. En fin de febrero van a
otras partes a buscar con qué mantenerse, porque entonces las
raíces comienzan a nacer, y no son buenas. Es la gente del mundo
que más aman a sus hijos y mejor tratamiento les hacen; y cuando
acaece que a alguno se le muere el hijo, llóranle los padres y los
parientes, y todo el pueblo, y el llanto dura un año cumplido, que
cada día por la mañana antes que amanezca comienzan primero a
llorar los padres, y tras esto todo el pueblo; y esto mismo hacen al
mediodía y cuando anochece; y pasado un año que los han llorado,
hácenle las honras del muerto, y lávanse y límpianse del tizne que
traen. A todos los difuntos lloran de esta manera, salvo a los viejos,
de quien no hacen caso, porque dicen que ya han pasado su tiempo
Colaboración de Sergio Barros 56 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
y de ellos ningún provecho hay; antes ocupan la tierra y quitan el
mantenimiento a los niños. Tienen por costumbre de enterrar los
muertos, si no son los que entre ellos son físicos, que a éstos
quémanlos; y mientras el fuego arde, todos están bailando y
haciendo muy gran fiesta, y hacen polvo los huesos. Y pasado un
año, cuando se hacen sus honras, todos se jasan en ellas; y a los
parientes dan aquellos polvos a beber, de los huesos, en agua. Cada
uno tiene una mujer, conocida. Los físicos son los hombres más
libertados; pueden tener dos, y tres, y entre éstas hay muy gran
amistad y conformidad. Cuando viene que alguno casa su hija, el
que la toma por mujer, desde el día que con ella se casa, todo lo que
matare cazando o pescando, todo lo trae la mujer a la casa de su
padre, sin osar tomar ni comer alguna cosa de ello, y de casa del
suegro le llevan a él de comer; y en todo este tiempo el suegro ni la
suegra no entran no en su casa, ni él ha de entrar en casa de los
suegros ni cuñados; y si acaso se toparen por alguna parte, se
desvían un tiro de ballesta el uno del otro, y entretanto que así van
apartándose, llevan la cabeza baja y los ojos en tierra puestos;
porque tienen por cosa mala verse ni hablarse. Las mujeres tienen
libertad para comunicar y conversar con los suegros y parientes, y
esta costumbre se tiene desde la isla hasta más de cincuenta leguas
por la tierra adentro. Otra costumbre hay, y es que cuando algún
hijo o hermano muere, en la casa donde muriese, tres meses no
buscan de comer, antes se dejan morir de hambre, y los parientes y
los vecinos les proveen de lo que han de comer. Y como en el tiempo
que aquí estuvimos murió tanta gente de ellos, en las más casas
Colaboración de Sergio Barros 57 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
había muy gran hambre, por guardar también su costumbre y
ceremonia; y los que lo buscaban, por mucho que trabajaban, por
ser el tiempo tan recio, no podían haber sino muy poco; y por esta
causa los indios que a mí me tenían se salieron de la isla, y en unas
canoas se pasaron a Tierra Firme, a unas bahías adonde tenían
muchos ostiones, y tres meses del año no comen otra cosa, y beben
muy mala agua. Tienen gran falta de leña, y de mosquitos muy
grande abundancia. Sus casas son edificadas de esteras sobre
muchas cáscaras de ostiones, y sobre ellos duermen en cueros, y no
los tienen sino es acaso. Y así estuvimos hasta el fin de abril, que
fuimos a la costa del mar, a donde comimos moras de zarzas todo el
mes, en el cual no cesan de hacer sus areitos y fiestas.
Colaboración de Sergio Barros 58 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XV
De lo que nos acaeció en la isla de Mal Hado
En aquella isla que he contado nos quisieron hacer físicos sin
examinarnos ni pedirnos títulos, porque ellos curan las
enfermedades soplando al enfermo, y con aquel soplo y las manos
echan de él la enfermedad, y mandáronnos que hiciésemos lo
mismo y sirviésemos en algo. Nosotros nos reíamos de ello, diciendo
que era burla y que no sabíamos curar; y por esto nos quitaban la
comida hasta que hiciésemos lo que nos decían. Y viendo nuestra
porfía, un indio me dijo a mí que yo no sabía lo que decía en decir
que no aprovecharía nada aquello que él sabía, que las piedras y
otras cosas que se crían por los campos tienen virtud. Que él con
una piedra caliente, trayéndola por el estómago, sanaba y quitaba el
dolor, y que nosotros, que éramos hombres, cierto era que teníamos
mayor virtud y poder. En fin, nos vimos en tanta necesidad, que lo
hubimos de hacer, sin temer que nadie nos llevase por ello la pena.
La manera que ellos tienen de curarse es ésta: que en viéndose
enfermos, llaman a un médico, y después de curado, no sólo le dan
todo lo que poseen, mas entre sus parientes buscan cosas para
darle. Lo que el médico hace es dalle unas sajas adonde tiene el
dolor, y chúpanles al derredor de ellas. Dan cauterios de fuego, que
es cosa entre ellos tenida por muy provechosa, y yo lo he
experimentado, y me sucedió bien de ello; y después de esto, soplan
aquel lugar que les duele, y con esto creen ellos que se les quita el
mal. La manera con que nosotros curamos era santiguándolos y
Colaboración de Sergio Barros 59 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
soplarlos, y rezar un Páter Noster y un Ave María, y rogar lo mejor
que podíamos a Dios Nuestro Señor que les diese salud y espirase
en ellos que nos hiciesen algún buen tratamiento. Quiso Dios y su
misericordia que todos aquellos por quien suplicamos, luego que los
santiguamos, decían a los otros que estaban sanos y buenos, y por
este respecto nos hacían buen tratamiento, y dejaban ellos de comer
por dárnoslo a nosotros, y nos daban cueros y otras cosillas. Fue
tan extremada la hambre que allí se pasó, que muchas veces estuve
tres días sin comer ninguna cosa, y ellos también lo estaban y
parecíame ser cosa imposible durar la vida, aunque en otras
mayores hambres y necesidades me vi después, como adelante diré.
Los indios que tenían a Alonso del Castillo y Andrés Dorantes, y a
los demás que habían quedado vivos, como eran de otra lengua y de
otra parentela, se pasaron a otra parte de la Tierra Firme a comer
ostiones, y allí estuvieron hasta el primero día del mes de abril, y
luego volvieron a la isla, que estaba de allí hasta dos leguas por lo
más ancho del agua, y la isla tiene media legua de través y cinco en
largo. Toda la gente de esta tierra anda desnuda; solas las mujeres
traen de sus cuerpos algo cubierto con una lana que en los árboles
se cría. Las mozas se cubren con unos cueros de venados. Es gente
muy partida de lo que tienen unos con otros. No hay entre ellos
señor. Todos los que son de un linaje andan juntos. Habitan en
ellas dos maneras de lenguas: a los unos llaman Capoques, y a los
otros de Han; tienen por costumbre cuando se conocen y de tiempo
a tiempo se ven, primero que se hablen, estar media hora llorando,
y acabado esto, aquel que es visitado se levanta primero y da al otro
Colaboración de Sergio Barros 60 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
cuanto posee, y el otro lo recibe, y de ahí a un poco se va con ello, y
aun algunas veces, después de recibido, se van sin que hablen
palabra. Otras extrañas costumbres tienen; mas yo he contado las
más principales y más señaladas por pasar adelante y contar lo que
más nos sucedió.
Colaboración de Sergio Barros 61 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XVI
Cómo se partieron los cristianos de la isla de Mal Hado
Después que Dorantes y Castillo volvieron a la isla recogieron
consigo todos los cristianos, que estaban esparcidos, y halláronse
por todos catorce. Yo, como he dicho, estaba en la otra parte, en
Tierra Firme, donde mis indios me habían llevado y donde me
habían dado tan gran enfermedad, que ya que alguna otra cosa me
diera esperanza de vida, aquélla bastaba para del todo quitármela. Y
como los cristianos esto supieron, dieron a un indio la manta de
martas que del cacique habíamos tomado, como arriba dijimos,
porque los pasase donde yo estaba para verme; y así vinieron doce,
porque los dos quedaron tan flacos que no se atrevieron a traerlos
consigo. Los nombres de los que entonces vinieron son: Alonso del
Castillo, Andrés Dorantes y Diego Dorantes, Valdivieso, Estrada,
Tostado, Chaves, Gutiérrez,
Esturiano, clérigo; Diego de Huelva, Estebanico el Negro, Benítez. Y
como fueron venidos a Tierra Firme, hallaron otro que era de los
nuestros, que se llamaba Francisco de León, y todos trece por
luengo de costa. Y luego que fueron pasados, los indios que me
tenían me avisaron de ello, y cómo quedaban en la isla Hierónimo
de Alaniz y Lope de Oviedo. Mi enfermedad estorbó que no les pude
seguir ni los vi. Yo hube de quedar con estos mismos indios de la
isla más de un año, y por el mucho trabajo que me daban y mal
tratamiento que me hacían, determiné de huir de ellos e irme a los
que moran en los montes y Tierra Firme, que se llaman los de
Colaboración de Sergio Barros 62 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Charruco, porque yo no podía sufrir la vida que con estos otros
tenía; porque, entre otros trabajos muchos, había de sacar las
raíces para comer debajo del agua y entre las cañas donde estaban
metidas en la tierra; y de esto traía yo los dedos tan gastados, que
una paja que me tocase me hacía sangre de ellos, y las cañas me
rompían por muchas partes, porque muchas de ellas estaban
quebradas y había de entrar por medio de ellas con la ropa que he
dicho que traía. Y por esto yo puse en obra de pasarme a los otros, y
con ellos me sucedió algo mejor; y porque yo me hice mercader,
procuré de usar el oficio lo mejor que supe, y por esto ellos me
daban de comer y me hacían buen tratamiento y rogábanme que me
fuese de unas partes a otras por cosas que ellos habían menester,
porque por razón de la guerra que continuamente traen, la tierra no
se anda ni se contrata tanto. Y ya con mis tratos y mercaderías
entraba en la tierra adentro todo lo que quería, y por luengo de
costa me alargaba cuarenta o cincuenta leguas. Lo principal de mi
trato era pedazos de caracoles de la mar y corazones de ellos y
conchas, con que ellos cortan una fruta que es como frísoles, con
que se curan y hacen sus bailes y fiestas, y ésta es la cosa de mayor
precio que entre ellos hay, y cuentas de la mar y otras cosas. Así,
esto era lo que yo llevaba tierra adentro, y en cambio y trueco de
ello traía cueros y almagra, con que ellos se untan y tiñen las caras
y cabellos, pedernales para puntas de flechas, engrudo y cañas
duras para hacerlas, y unas borlas que se hacen de pelo de
venados, que las tiñen y paran coloradas; y este oficio me estaba a
mí bien, porque andando en él tenía libertad para ir donde quería y
Colaboración de Sergio Barros 63 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
no era obligado a cosa alguna, y no era esclavo, y dondequiera que
iba me hacían buen tratamiento y me daban de comer por respeto
de mis mercaderías, y lo más principal porque andando en ello yo
buscaba por dónde me había de ir adelante, y entre ellos era muy
conocido; holgaban mucho cuando me veían y les traía lo que
habían menester, y los que no me conocían me procuraban y
deseaban ver por mi fama. Los trabajos que en esto pasé sería largo
de contarlos, así de peligros y hambres, como de tempestades y
fríos, que muchos de ellos me tomaron en el campo y solo, donde
por gran misericordia de Dios nuestro Señor escapé. Y por esta
causa yo no trataba el oficio en invierno, por ser tiempo que ellos
mismos en sus chozas y ranchos metidos no podían valerse ni
ampararse. Fueron casi seis años el tiempo que yo estuve en esta
tierra solo entre ellos y desnudo, como todos andaban. La razón por
que tanto me detuve fue por llevar conmigo un cristiano que estaba
en la isla, llamado Lope de Oviedo. El otro compañero de Alaniz, que
con él había quedado cuando Alonso del Castillo y Andrés Dorantes
con todos los otros se fueron, murió luego, y por sacarlo de allí yo
pasaba a la isla cada año y le rogaba que nos fuésemos a la mejor
maña que pudiésemos en busca de cristianos, y cada año me
detenía diciendo que el otro siguiente nos iríamos. En fin, al cabo lo
saqué y le pasé el ancón y cuatro ríos que hay por la costa, porque
él no sabía nadar, y así, fuimos con algunos indios adelante hasta
que llegamos a un ancón que tiene una legua de través y es por
todas partes hondo; y por lo que de él nos pareció y vimos, es el que
llaman del Espíritu Santo, y de la otra parte de él vimos unos
Colaboración de Sergio Barros 64 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
indios, que vinieron a ver a los nuestros, y nos dijeron cómo más
adelante había tres hombres como nosotros, y nos dijeron los
nombres de ellos. Y preguntándoles por los demás, nos
respondieron que todos eran muertos de frío y de hambre, y que
aquellos indios de adelante ellos mismos por su pasatiempo habían
muerto a Diego Dorantes y a Valdivieso y a Diego de Huelva, porque
se habían pasado de una casa a otra; y que los otros indios sus
vecinos con quien agora estaba el capitán Dorantes, por razón de un
sueño que habían soñado, habían muerto a Esquivel y a Méndez.
Preguntámosles qué tales estaban los vivos; dijéronnos que muy
maltratados, porque los muchachos y otros indios, que entre ellos
son muy holgazanes y de mal trato, les daban muchas coces y
bofetones y palos, y que ésta era la vida que con ellos tenían.
Quisímonos informar de la tierra adelante y de los mantenimientos
que en ella había; respondieron que era muy pobre de gente, y que
en ella no había qué comer, y que morían de frío porque no tenían
cueros ni con qué cubrirse. Dijéronnos también si queríamos ver
aquellos tres cristianos, que de ahí a dos días los indios que los
tenían venían a comer nueces una legua de allí, a la vera del río; y
porque viésemos que lo que nos habían dicho del mal tratamiento
de los otros era verdad, estando con ellos dieron al compañero mío
de bofetones y palos, y yo no quedé sin mi parte, y de muchos
pellazos de lodo que nos tiraban, y nos ponían cada día las flechas
al corazón, diciendo que nos querían matar como a los otros
nuestros compañeros. Y temiendo esto Lope de Oviedo, mi
compañero, dijo que quería volverse con unas mujeres de aquellos
Colaboración de Sergio Barros 65 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
indios, con quien habíamos pasado el ancón, que quedaban algo
atrás. Yo porfié mucho con él que no lo hiciese, y pasé muchas
cosas, y por ninguna vía lo pude detener, y así se volvió y yo quedé
solo con aquellos indios, los cuales se llamaban Quevenes, y los
otros con quien él se fue se llaman Deaguanes.
Colaboración de Sergio Barros 66 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XVII
Cómo vinieron los indios y trajeron a Andrés Dorantes y a
Castillo y a Estebanico
Desde a dos días que Lope de Oviedo se había ido, los indios que
tenían a Alonso del Castillo y Andrés Dorantes vinieron al mismo
lugar que nos habían dicho, a comer de aquellas nueces de que se
mantienen, moliendo unos granillos con ellas, dos meses del año,
sin comer otra cosa, y aun esto no lo tienen todos los años, porque
acuden uno, y otro no; son del tamaño de las de Galicia, y los
árboles son muy grandes, y hay un gran número de ellos. Un indio
me avisó cómo los cristianos eran llegados, y que si yo quería verlos
me hurtase y huyese a un canto de un monte que él me señaló;
porque él y otros parientes suyos habían de venir a ver a aquellos
indios, y que me llevarían consigo adonde los cristianos estaban. Yo
me confié de ellos, y determiné de hacerlo, porque tenían otra
lengua distinta de la de mis indios. Y puesto por obra, otro día
fueron y me hallaron en el lugar que estaba señalado; y así me
llevaron consigo. Ya que llegué cerca de donde tenían su aposento.
Andrés Dorantes salió a ver quién era, porque los indios le habían
también dicho cómo venía un cristiano; y cuando me vio fue muy
espantado, porque había muchos días que me tenían por muerto, y
los indios así lo habían dicho. Dimos muchas gracias a Dios de
vernos juntos, y este día fue uno de los de mayor placer que en
nuestros días hemos tenido; y llegado donde Castillo estaba, me
preguntaron que dónde iba. Yo le dije que mi propósito era de pasar
Colaboración de Sergio Barros 67 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
a tierra de cristianos, y que en este rastro y busca iba. Andrés
Dorantes respondió que muchos días había que él rogaba a Castillo
y a Estebanico que se fuesen adelante, y que no lo osaban hacer
porque no sabían nadar, y que temían mucho de los ríos y los
ancones por donde habían de pasar, que en aquella tierra hay
muchos. Y pues Dios nuestro Señor había sido servido de
guardarme entre tantos trabajos y enfermedades, y al cabo traerme
en su compañía, que ellos determinaban de huir, que yo los pasaría
de los ríos y ancones que topásemos, y avisáronme que en ninguna
manera diese a entender a los indios no conociesen de mí que yo
quería pasar adelante, porque luego me matarían; y que para esto
era menester que yo me detuviese con ellos seis meses, que era
tiempo en que aquellos indios iban a otra tierra a comer tunas. Esta
es una fruta que es del tamaño de huevos, y son bermejas y negras
y de muy buen gusto. Cómenlas tres meses del año, en los cuales
no comen otra cosa alguna, porque al tiempo que ellos las cogían
venían a ellos otros indios de adelante, que traían arcos para
contratar y cambiar con ellos; y que cuando aquéllos se volviesen
nos huiríamos de los nuestros, y nos volveríamos con ellos. Con este
concierto yo quedé allí, y me dieron por esclavo a un indio con quien
Dorantes estaba, el cual era tuerto, y su mujer y un hijo que tenía y
otro que estaba en su compañía; de manera que todos eran tuertos.
Estos se llaman mariames, y Castillo estaba con otros sus vecinos,
llamados iguases. Y estando aquí ellos me contaron que después
que salieron de la isla del Mal Hado, en la costa de la mar hallaron
la barca en que iba al contador y los frailes al través; y que yendo
Colaboración de Sergio Barros 68 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
pasando aquellos ríos, que son cuatro muy grandes y de muchas
corrientes, les llevó las barcas en que pasaban a la mar, donde se
ahogaron cuatro de ellos, y que así fueron adelante hasta que
pasaron el ancón, y lo pasaron con mucho trabajo, y a quince
leguas delante hallaron otro, y que cuando allí llegaron ya se les
habían muerto dos compañeros en sesenta leguas que habían
andado; y que todos los que quedaban estaban para lo mismo, y que
en todo el camino no habían comido sino cangrejos y yerba pedrera;
y llegados a este último ancón, decían que hallaron en él indios que
estaban comiendo moras; y como vieron a los cristianos, se fueron
de allí a otro cabo; y que estando procurando y buscando manera
para pasar el ancón, pasaron a ellos un indio y un cristiano, que
llegado, conocieron que era Figueroa, uno de los cuatro que
habíamos enviado adelante en la isla del Mal Hado, y allí les contó
cómo él y sus compañeros habían llegado hasta aquel lugar, donde
se habían muerto dos de ellos y un indio, todos tres de frío y de
hambre, porque habían venido y estado en el más recio tiempo del
mundo, y que a él y a Méndez habían tomado los indios, y que
estando con ellos, Méndez había huido yendo la vía lo mejor que
pudo de Pánuco, y que los indios habían ido tras él y que lo habían
muerto; y que estando él con estos indios supo de ellos cómo con
los mariames estaba un cristiano que había pasado de la otra parte,
y lo había hallado con los que llamaban quevenes, y que este
cristiano era Hernando de Esquivel, natural de Badajoz, el cual
venía en compañía del comisario, y que él supo de Esquivel el fin en
que habían parado el gobernador y el contador y los demás, y le dijo
Colaboración de Sergio Barros 69 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
que el contador y los frailes habían echado al través su barca entre
los ríos, y viniéndose por luengo de la costa, llegó la barca del
gobernador con su gente en tierra, y él se fue con su barca hasta
que llegaron a aquel ancón grande, y que allí tornó a tomar la gente
y la pasó del otro cabo, y volvió por el contador y los frailes y todos
los otros. Y contó cómo estando desembarcados, el gobernador
había revocado el poder que el contador tenía de lugarteniente suyo
y dio el cargo a un capitán que traía consigo, que se decía Pantoja, y
que el gobernador se quedó en su barca, y no quiso aquella noche
salir a tierra, y quedaron con él un maestre y un paje que estaba
malo, y en la barca no tenían agua ni cosa ninguna que comer; y
que a media noche el norte vino tan recio, que sacó la barca a la
mar, sin que ninguno la viese, porque no tenía por resón sino una
piedra, y que nunca más supieron de él. Y que visto esto, la gente
que en tierra quedaron se fueron por luengo de costa, y que como
hallaron tanto estorbo de agua, hicieron balsas con mucho trabajo,
en que pasaron la otra parte; y que yendo adelante, llegaron a una
punta de un monte orilla del agua, y que hallaron indios, que como
los vieron venir metieron sus casas en sus canoas y se pasaron de
la otra parte a la costa; y los cristianos, viendo el tiempo que era,
porque era por el mes de noviembre, pararon en este monte, porque
hallaron agua y leña y algunos cangrejos y mariscos, donde de frío y
de hambre se comenzaron poco a poco a morir. Allende de esto,
Pantoja, que por teniente había quedado, les hacía mal tratamiento,
y no lo pudiendo sufrir Sotomayor, hermano de Vasco Porcallo, el de
la isla de Cuba, que en la armada había venido por maestre de
Colaboración de Sergio Barros 70 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
campo, se revolvió con él y le dio un palo, de que Pantoja quedó
muerto, y así se fueron acabando; y los que morían, los otros los
hacían tasajos; y el último que murió fue Sotomayor, y Esquivel lo
hizo tasajos, y comiendo de él se mantuvo hasta primero de marzo,
que un indio de los que allí habían huido vino a ver si eran muertos,
y llevó a Esquivel consigo; y estando en poder de este indio, el
Figueroa lo habló y supo de él todo lo que hemos contado, y le rogó
que se viniese con él, para irse ambos la vía de Pánuco; lo cual
Esquivel no quiso hacer, diciendo que él sabido de los frailes que
Pánuco había quedado atrás; y así se quedó allí, y Figueroa se fue a
la costa adonde solía estar.
Colaboración de Sergio Barros 71 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XVIII
De la relación que dio Esquivel
Esta cuenta toda dio Figueroa por la relación que de Esquivel había
sabido; y así, de mano en mano llegó a mí, por donde se puede ver y
saber el fin que toda aquella armada hubo y los particulares casos
que a cada uno de los demás acontecieron. Y dijo más: que si los
cristianos algún tiempo andaban por allí, podría ser que viesen a
Esquivel, porque sabía que se había huido de aquel indio con quien
estaba, a otros, que se decían los mareames, que eran allí vecinos. Y
como acabo de decir, él y el asturiano se quisieran ir a otros indios
que adelante estaban; mas como los indios que lo tenían lo
sintieron, salieron a ellos, y diéronles muchos palos, y desnudaron
al asturiano, y pasáronle un brazo con una flecha; y en fin, se
escaparon huyendo, y los cristianos se quedaron con aquellos
indios, y acabaron con ellos que los tomasen por esclavos, aunque
estando sirviéndoles fueron tan maltratados de ellos, como nunca
esclavos ni hombres de ninguna suerte lo fueron, porque de seis
que eran, no contentos con darles muchas bofetadas y apalearlos y
pelarles las barbas por su pasatiempo, por sólo pasar de una casa a
otra mataron tres, que son los que arriba dije, Diego Dorantes y
Valdivieso y Diego de Huelva, y los otros tres que quedaban
esperaban parar en esto mismo; y por no sufrir en esta vida, Andrés
Dorantes se huyó y se pasó a los mareames, que eran aquéllos
adonde Esquivel había parado, y ellos le contaron cómo habían
tenido allí a Esquivel, y cómo estando allí se quiso huir porque una
Colaboración de Sergio Barros 72 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
mujer había soñado que le había de matar un hijo, y los indios
fueron tras él y lo mataron, y mostraron a Andrés Dorantes su
espada y sus cuentas y libro y otras cosas que tenía. Esto hacen
éstos por una costumbre que tienen, y es que matan sus mismos
hijos por sueños, y a las hijas en naciendo las dejan comer a perros,
y las echan por ahí. La razón por qué ellos lo hacen es, según ellos
dicen, porque todos los de la tierra son sus enemigos y con ellos
tienen continua guerra; y que si acaso casasen sus hijas,
multiplicarían tanto sus enemigos, que los sujetarían y tomarían
por esclavos; y por esta causa querían más matarlas que no que de
ellas mismas naciese quien fuese su enemigo. Nosotros les dijimos
que por qué no las casaban con ellos mismos. Y también entre ellos
dijeron que era fea cosa casarlas a sus parientes ni a sus enemigos;
y esta costumbre usan estos y otros sus vecinos, que se llaman los
iguaces, solamente, sin que ningunos otros de la tierra la guarden.
Y cuando éstos se han de casar, compran las mujeres a sus
enemigos, y el precio que cada uno da por la suya es un arco, el
mejor que puede haber, con dos flechas; y si acaso no tiene arco,
una red hasta una braza en ancho y otra en largo. Matan sus hijos,
y mercan los ajenos; no dura el casamiento más de cuanto están
contentos, y con una higa deshacen el casamiento. Dorantes estuvo
con éstos, y desde a pocos días se huyó. Castillo y Estebanico se
vinieron dentro de la Tierra Firme a los iguaces. Toda esta gente son
flecheros y bien dispuestos, aunque no tan grandes como los que
atrás dejamos, y traen la teta y el labio horadados. Su
mantenimiento principalmente es raíces de dos o tres maneras, y
Colaboración de Sergio Barros 73 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
búscanlas por toda la tierra; son muy malas, e hinchan los hombres
que las comen. Tardan dos días en asarse, y muchas de ellas son
muy amargas, y con todo esto se sacan con mucho trabajo. Es tanta
la hambre que aquellas gentes tienen, que no se pueden pasar sin
ellas, y andan dos o tres leguas buscándolas. Algunas veces matan
algunos venados, y a tiempos toman algún pescado; mas esto es tan
poco, y su hambre tan grande, que comen arañas y huevos de
hormigas, y gusanos y lagartijas y salamanquesas y culebras y
víboras, que matan los hombres que muerden, y comen tierra y
madera y todo lo que pueden haber, y estiércol de venados, y otras
cosa que dejo de contar; y creo averiguadamente que si en aquella
tierra hubiese piedras las comerían. Guardan las espinas del
pescado que comen, y de las culebras y otras cosas, para molerlo
después todo y comer el polvo de ello. Entre éstos no se cargan los
hombres ni llevan cosa de peso; mas llévanlo las mujeres y los
viejos, que es la gente que ellos en menos tienen. No tienen tanto
amor a sus hijos como los que arriba dijimos. Hay algunos entre
ellos que usan pecado contra natura. Las mujeres son muy
trabajadas y para mucho, porque de veinticuatro horas que hay
entre día y noche, no tienen sino seis horas de descanso, y todo lo
más de la noche pasan en atizar sus hornos para secar aquellas
raíces que comen. Y desde que amanece comienzan a cavar y a traer
leña y agua a sus casas y dar orden en las otras cosas de que tienen
necesidad. Los más de éstos son grandes ladrones, porque aunque
entre sí son bien partidos, en volviendo uno la cabeza, su hijo
mismo o su padre le toma lo que puede. Mienten muy mucho, y son
Colaboración de Sergio Barros 74 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
grandes borrachos, y para esto beben ellos una cierta cosa. Están
tan usados a correr, que sin descansar ni cansar corren desde la
mañana hasta la noche, y siguen un venado; y de esta manera
matan muchos de ellos, porque los siguen hasta que los cansan, y
algunas veces los toman vivos. Las casas de ellos son de esteras
puestas sobre cuatro arcos; llévanlas a cuestas, y múdanse cada
dos o tres días para buscar de comer. Ninguna cosa siembran que
se pueda aprovechar; es gente muy alegre; por mucha hambre que
tengan, por eso no dejan de bailar ni de hacer sus fiestas y areitos.
Para ellos el mejor tiempo que éstos tienen es cuando comen las
tunas, porque entonces no tienen hambre, y todo el tiempo se les
pasa en bailar, y comen de ellas de noche y de día. Todo el tiempo
que les duran exprímenlas y ábrenlas y pónenlas a secar, y después
de secas pónenlas en unas seras, como higos, y guárdanlas para
comer por el camino cuando se vuelven, y las cáscaras de ellas
muélenlas y hácenlas polvo. Muchas veces estando con éstos, nos
aconteció tres o cuatro días estar sin comer porque no lo había;
ellos, por alegrarnos, nos decían que no estuviésemos tristes; que
presto habría tunas y comeríamos muchas y beberíamos del zumo
de ellas, y tendríamos las barrigas muy grandes y estaríamos muy
contentos y alegres y sin hambre alguna; y desde el tiempo que esto
nos decían hasta que las tunas se hubiesen de comer había cinco o
seis meses, y, en fin, hubimos de esperar aquestos seis meses, y
cuando fue tiempo fuimos a comer las tunas; hallamos por la tierra
muy gran cantidad de mosquitos de tres maneras, que son muy
malos y enojosos, y todo lo más del verano nos daban mucha fatiga;
Colaboración de Sergio Barros 75 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
y para defendernos de ellos hacíamos al derredor de la gente
muchos fuegos de leña podrida y mojada, para que no ardiesen e
hiciesen humo; y esta defensión nos daba otro trabajo, porque en
toda la noche no hacíamos sino llorar, del humo que en los ojos nos
daba, y sobre eso, gran calor que nos causaban los muchos fuegos,
y salíamos a dormir a la costa. Y si alguna vez podíamos dormir,
recordábannos a palos, para que tornásemos a encender los fuegos.
Los de la tierra adentro para esto usan otro remedio tan
incomportable y más que éste que he dicho, y es andar con tizones
en las manos quemando los campos y montes que topan, para que
los mosquitos huyan, y también para sacar debajo de tierra
lagartijas y otras semejantes cosas para comerlas. Y también suelen
matar venados cercándolos con muchos fuegos; y usan también
esto por quitar a los animales el pasto, que la necesidad les haga ir
a buscarlo adonde ellos quieren, porque nunca hacen asiento con
sus casas sino donde hay agua y leña, y alguna vez se cargan todos
de esta provisión y van a buscar los venados, que muy
ordinariamente están donde no hay agua ni leña; y el día que llegan
matan venados y algunas otras cosas que pueden, y gastan todo el
agua y leña en guisar de comer y en los fuegos que hacen para
defenderse de los mosquitos, y esperan otro día para tomar algo que
lleven para el camino; y cuando parten, tales van de los mosquitos,
que parece que tienen la enfermedad de San Lázaro. Y de esta
manera satisfacen su hambre dos o tres veces en el año, a tan
grande costa como he dicho; y por haber pasado por ello puedo
afirmar que ningún trabajo que se sufra en el mundo se iguala con
Colaboración de Sergio Barros 76 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
éste. Por la tierra hay muchos venados y otras aves y animales de
los que atrás he contado. Alcanzan aquí vacas, y yo las he visto tres
veces y comido de ellas, y paréceme que serán del tamaño de las de
España. Tienen los cuernos pequeños, como moriscas, y el pelo muy
largo, merino, como una bernia; unas son pardillas, y otras negras,
y a mi parecer tienen mejor y más gruesa carne que las de acá. De
las que no son grandes hacen los indios mantas para cubrirse, y de
las mayores hacen zapatos y rodelas; éstas vienen de hacia el Norte
por tierra adelante hasta la costa de la Florida, y tiéndense por toda
la tierra más de cuatrocientas leguas, y en todo este camino, por los
valles por donde ellas vienen, bajan las gentes que por allí habitan y
se mantienen de ellas, y meten en la tierra grande cantidad de
cueros.
Colaboración de Sergio Barros 77 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XIX
De cómo nos apartaron los indios
Cuando fueron cumplidos los seis meses que yo estuve con los
cristianos esperando a poner en efecto el concierto que teníamos
hecho, los indios se fueron a las tunas, que había de allí donde las
habían de coger hasta treinta leguas; y ya que estábamos para
huirnos, los indios con quien estábamos, unos con otros riñeron
sobre una mujer, y se apuñearon y apalearon y descalabraron unos
a otros; y con el grande enojo que hubieron, cada uno tomó su casa
y se fue a su parte; de donde fue necesario que todos los cristianos
que allí éramos también nos apartásemos, y en ninguna manera nos
pudimos juntar hasta otro año. Y en este tiempo yo pasé muy mala
vida, así por la mucha hambre como por el mal tratamiento que de
los indios recibía, que fue tal, que yo me hube de huir tres veces de
los amos que tenía, y todos me anduvieron a buscar y poniendo
diligencia para matarme, y Dios nuestro Señor por su misericordia
me quiso guardar y amparar de ellos; y cuando el tiempo de las
tunas tornó, en aquel mismo lugar nos tornamos a juntar. Ya que
teníamos concertado de huirnos y señalado el día, aquel mismo día
los indios nos apartaron, y fuimos cada uno por su parte; y yo dije a
los otros compañeros que yo los esperaría en las tunas hasta que la
Luna fuese llena, y este día era primero de septiembre y primero día
de luna; y avisélos que si en este tiempo no viniesen al concierto, yo
me iría solo y los dejaría. Y así, nos apartamos y cada uno se fue
con sus indios, y yo estuve con los míos hasta trece de luna, y yo
Colaboración de Sergio Barros 78 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tenía acordado de me huir a otros indios en siendo en Luna llena. Y
a trece días del mes llegaron adonde yo estaba Andrés Dorantes y
Estebanico, y dijéronme cómo dejaban a Castillo con otros indios
que se llaman anagados, y que estaban cerca de allí, y que habían
pasado mucho trabajo, y que habían andado perdidos.
Y que otro día adelante nuestros indios se mudaron hacia donde
Castillo estaba, e iban a juntarse con los que lo tenían, y hacerse
amigos unos de otros, porque hasta allí habían tenido guerra, y de
esta manera cobramos a Castillo. En todo el tiempo que comíamos
las tunas teníamos sed, y para remedio de esto bebíamos el zumo de
las tunas y sacábamoslo en un hoyo que en la tierra hacíamos, y
desde que estaba lleno bebíamos de él hasta que nos hartábamos.
Es dulce y de color de arrope; esto hacen por falta de otras vasijas.
Hay muchas maneras de tunas, y entre ellas hay algunas muy
buenas, aunque a mí todas me parecían así, y nunca la hambre me
dio espacio para escogerlas ni para mientes en cuáles eran las
mejores. Todas las más de estas gentes beben agua llovediza y
recogida en algunas partes; porque, aunque hay ríos, como nunca
están de asiento, nunca tienen agua conocida ni señalada. Por toda
la tierra hay muy grandes y hermosas dehesas, y de muy buenos
pastos para ganados; y paréceme que sería tierra muy fructífera si
fuese labrada y habitada de gente de razón. No vimos sierra en toda
ella en tanto que en ella estuvimos. Aquellos indios nos dijeron que
otros estaban más adelante, llamados camones, que viven hacia la
costa, y habían muerto toda la gente que venía en la barca de
Peñalosa y Téllez, que venían tan flacos, que aunque los mataban
Colaboración de Sergio Barros 79 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
no se defendían; y así, los acabaron todos, y nos mostraron ropas y
armas de ellos, y dijeron que la barca estaba allí al través. Esta es la
quinta barca que faltaba, porque la del gobernador ya dijimos cómo
la mar la llevó, y la del contador y los frailes la habían visto echada
al través en la costa, y Esquivel contó el fin de ellos. Las dos en que
Castillo y yo y Dorantes íbamos, ya hemos contado cómo junto a la
isla de Mal Hado se hundieron.
Colaboración de Sergio Barros 80 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XX
De cómo nos huimos
Después de habernos mudado, desde a dos días nos encomendamos
a Dios nuestro Señor y nos fuimos huyendo, confiando que, aunque
era ya tarde y las tunas se acababan, con los frutos que quedarían
en el campo podríamos andar buena parte de la tierra. Yendo aquel
día nuestro camino con harto temor que los indios nos habían de
seguir, vimos unos humos, y yendo a ellos, después de vísperas
llegamos allá, donde vimos un indio que, como vio que íbamos a él,
huyó sin querernos aguardar; nosotros enviamos al negro tras él, y
como vio que iba solo, aguardólo. El negro le dijo que íbamos a
buscar aquella gente que hacía aquellos humos. Él respondió que
cerca de allí estaban las casas, y que nos guiaría allá, y así, lo
fuimos siguiendo; y él corrió a dar aviso de cómo íbamos, y a puesta
del sol vimos las casas, y dos tiros de ballesta antes que llegásemos
a ellas hallamos cuatro indios que nos esperaban, y nos recibieron
bien. Dijímosles en lengua de mareames que íbamos a buscarlos, y
ellos mostraron que se holgaban con nuestra compañía; y así, nos
llevaron a sus casas, y a Dorantes y al negro aposentaron en casa
de un físico, y a mí y a Castillo en casa de otro. Estos tienen otra
lengua y llámanse avavares, y son aquellos que solían llevar los
arcos a los nuestros e iban a contratar con ellos; y aunque son de
otra nación y lengua, entienden la lengua de aquéllos con quien
antes estábamos, y aquel mismo día habían llegado allí con sus
casas. Luego el pueblo nos ofreció muchas tunas, porque ya ellos
Colaboración de Sergio Barros 81 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tenían noticia de nosotros y cómo curábamos, y de las maravillas
que nuestro Señor con nosotros obraba, que, aunque no hubiera
otras, harto grandes eran abrirnos caminos por tierra tan
despoblada, y darnos gente por donde muchos tiempos no la había,
y librarnos de tantos peligros, y no permitir que nos matasen, y
sustentarnos con tanta hambre, y poner aquellas gentes en corazón
que nos tratasen bien, como adelante diremos.
Colaboración de Sergio Barros 82 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXI
De cómo curamos aquí unos dolientes
Aquella misma noche que llegamos vinieron unos indios a Castillo, y
dijéronle que estaban muy malos de la cabeza, rogándole que los
curase; y después que los hubo santiguado y encomendado a Dios,
en aquel punto los indios dijeron que todo el mal se les había
quitado; y fueron a sus casas y trajeron muchas tunas y un pedazo
de carne de venado, cosa que no sabíamos qué cosa era; y como
esto entre ellos se publicó, vinieron otros muchos enfermos en
aquella noche a que los sanase, y cada uno traía un pedazo de
venado; y tantos eran, que no sabíamos a dónde poner la carne.
Dimos muchas gracias a Dios porque cada día iba creciendo su
misericordia y mercedes; y después que se acabaron las curas
comenzaron a bailar y hacer sus areitos y fiestas, hasta otro día que
el sol salió; y duró la fiesta tres días por haber nosotros venido, y al
cabo de ellos les preguntamos por la tierra adelante, y por la gente
que en ella hallaríamos, y los mantenimientos que en ella había.
Respondiéronnos que por toda aquella tierra había muchas tunas,
mas que ya eran acabadas, y que ninguna gente había, porque
todos eran idos a sus casas, con haber ya cogido las tunas; y que la
tierra era muy fría y en ella había muy pocos cueros. Nosotros
viendo esto, que ya el invierno y tiempo frío entraba, acordamos de
pasarlo con éstos. A cabo de cinco días que allí habíamos llegado se
partieron a buscar otras tunas adonde había otra gente de otras
naciones y lenguas. Y andadas cinco jornadas con muy grande
Colaboración de Sergio Barros 83 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
hambre, porque en el camino no había tunas ni otra fruta ninguna,
llegamos a un río, donde asentamos nuestras casas, y después de
asentadas fuimos a buscar una fruta de unos árboles, que es como
hieros; y como por toda esta tierra no hay caminos, yo me detuve
más en buscarla; la gente se volvió, y yo quedé solo, y viniendo a
buscarlos aquella noche me perdí, y plugo a Dios que hallé un árbol
ardiendo, y al fuego de él pasé aquel frío aquella noche, y a la
mañana yo me cargué la leña y tomé dos tizones, y volví a
buscarlos, y anduve de esta manera cinco días, siempre con mi
lumbre y carga de leña, porque si el fuego se me matase en parte
donde no tuviese leña, como en muchas partes no la había, tuviese
de qué hacer otro tizones y no me quedase sin lumbre, porque para
el frío yo no tenía otro remedio, por andar desnudo como nací. Y
para las noches yo tenía este remedio, que me iba a las matas del
monte, que estaban cerca de los ríos, y paraba en ellas antes que el
sol se pusiese, y en la tierra hacía un hoyo y en él echaba mucha
leña, que se cría en muchos árboles, de que por allí hay muy gran
cantidad y juntaba mucha leña de la que estaba caída y seca de los
árboles, y al derredor de aquel hoyo hacía cuatro fuegos en cruz, y
yo tenía cargo y cuidado de rehacer el fuego de rato en rato, y hacía
unas gavillas de paja larga que por allí hay, con que me cubría en
aquel hoyo, y de esta manera me amparaba del frío de las noches; y
una de ellas el fuego cayó en la paja con que yo estaba cubierto, y
estando yo durmiendo en el hoyo, comenzó a arder muy recio, y por
mucha prisa que yo me di a salir, todavía saqué señal en los
cabellos del peligro en que había estado. En todo este tiempo no
Colaboración de Sergio Barros 84 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
comí bocado ni hallé cosa que pudiese comer; y como traía los pies
descalzos, corrióme de ellos mucha sangre, y Dios usó conmigo de
misericordia, que en todo este tiempo no ventó el norte, porque de
otra manera ningún remedio había de yo vivir. Y al cabo de cinco
días llegué a una ribera de un río, donde yo hallé a mis indios, que
ellos y los cristianos me contaban ya por muerto, y siempre creían
que alguna víbora me había mordido. Todos hubieron gran placer de
verme, principalmente los cristianos, y me dijeron que hasta
entonces habían caminado con mucha hambre, que ésta era la
causa que no me habían buscado; y aquella noche me dieron de las
tunas que tenían, y otro día partimos de allí, y fuimos donde
hallamos muchas tunas, con que todos satisficieron su gran
hambre, y nosotros dimos muchas gracias a nuestro Señor porque
nunca nos faltaba remedio.
Colaboración de Sergio Barros 85 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXII
Cómo otro día nos trajeron otros enfermos
Otro día de mañana vinieron allí muchos indios y traían cinco
enfermos que estaban tullidos y muy malos, y venían en busca de
Castillo que los curase, y cada uno de los enfermos ofreció su arco y
flechas, y él los recibió, y a puesta de sol los santiguó y encomendó
a Dios nuestro Señor, y todos le suplicamos con la mejor manera
que podíamos les enviase salud, pues él veía que no había otro
remedio para que aquella gente nos ayudase y saliésemos de tan
miserable vida. Y él lo hizo tan misericordiosamente, que venida la
mañana, todos amanecieron tan buenos y sanos, y se fueron tan
recios como si nunca hubieran tenido mal ninguno. Esto causó
entre ellos muy gran admiración, y a nosotros despertó que
diésemos muchas gracias a nuestro Señor, a que más enteramente
conociésemos su bondad, y tuviésemos firme esperanza que nos
había de librar y traer donde le pudiésemos servir. Y de mí sé decir
que siempre tuve esperanza en su misericordia que me había de
sacar de aquella cautividad, y así yo lo hablé siempre a mis
compañeros. Como los indios fueron idos y llevaron sus indios
sanos, partimos donde estaban otros comiendo tunas, y éstos se
llaman cutalches y malicones, que son otras lenguas, y junto con
ellos había otros que se llamaban coayos y susolas, y de otra parte
otros llamados atayos, y estos tenían guerra con los susolas, con
quien se flechaban cada día. Y como por toda la tierra no se hablase
sino de los misterios que Dios nuestro Señor con nosotros obraba,
Colaboración de Sergio Barros 86 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
venían de muchas partes a buscarnos para que los curásemos, y al
cabo de dos días que allí llegaron, vinieron a nosotros unos indios
de los susolas y rogaron a Castillo que fuese a curar un herido y
otros enfermos, y dijeron que entre ellos quedaba uno que estaba
muy al cabo. Castillo era médico muy temeroso, principalmente
cuando las curas eran muy temerosas y peligrosas, y creía que sus
pecados habían de estorbar que no todas veces sucediese bien el
curar. Los indios me dijeron que yo fuese a curarlos, porque ellos
me querían bien y se acordaban que les había curado en las nueces,
y por aquello nos habían dado nueces y cueros; y esto había pasado
cuando yo vine a juntarme con los cristianos; y así hube de ir con
ellos, y fueron conmigo Dorantes y Estebanico, y cuando llegué
cerca de los ranchos que ellos tenían, yo vi el enfermo que íbamos a
curar que estaba muerto, porque estaba mucha gente al derredor de
él llorando y su casa deshecha, que es señal que el dueño estaba
muerto. Y así, cuando yo llegué hallé el indio los ojos vueltos y sin
ningún pulso, y con todas las señales de muerto, según a mí me
pareció, y lo mismo dijo Dorantes. Yo le quité una estera que tenía
encima, con que estaba cubierto, y lo mejor que pude apliqué a
nuestro Señor fuese servido de dar salud a aquél y a todos los otros
que de ella tenían necesidad. Y después de santiguado y soplado
muchas veces, me trajeron un arco y me lo dieron, y una sera de
tunas molidas, y lleváronme a curar a otros muchos que estaban
malos de modorra, y me dieron otras dos seras de tunas, las cuales
di a nuestros indios, que con nosotros habían venido; y, hecho esto,
nos volvimos a nuestro aposento, y nuestros indios, a quien di las
Colaboración de Sergio Barros 87 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tunas, se quedaron allá; y a la noche se volvieron a sus casas, y
dijeron que aquel que estaba muerto y yo había curado en presencia
de ellos, se había levantado bueno y se había paseado, y comido, y
hablado con ellos, y que todos cuantos había curado quedaban
sanos y muy alegres. Esto causó muy gran admiración y espanto, y
en toda la tierra no se hablaba en otra cosa. Todos aquellos a quien
esta fama llegaba nos venían a buscar para que los curásemos y
santiguásemos sus hijos. Y cuando los indios que estaban en
compañía de los nuestros, que eran los cutalchiches, se hubieron de
ir a su tierra, antes que se partiesen nos ofrecieron todas las tunas
que para su camino tenían, sin que ninguna les quedase, y
diéronnos pedernales tan largos como palmo y medio, con que ellos
cortan, y es entre ellos cosa de muy gran estima. Rogáronnos que
nos acordásemos de ellos y rogásemos a Dios que siempre
estuviesen buenos, y nosotros se lo prometimos; y con esto
partieron los más contentos hombres del mundo, habiéndonos dado
todo lo mejor que tenían. Nosotros estuvimos con aquellos indios
avavares ocho meses, y esta cuenta hacíamos por las lunas. En todo
este tiempo nos venían de muchas partes a buscar, y decían que
verdaderamente nosotros éramos hijos del Sol. Dorantes y el negro
hasta allí no habían curado; mas por la mucha importunidad que
teníamos, viniéndonos de muchas partes a buscar, venimos todos a
ser médicos, aunque en atrevimiento y osar acometer cualquier cura
era yo más señalado entre ellos, y ninguno jamás curamos que no
nos dijese que quedaba sano. Y tanta confianza tenían que habían
de sanar si nosotros los curásemos, que creían que en tanto que allí
Colaboración de Sergio Barros 88 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
nosotros estuviésemos ninguno había de morir. Estos y los de más
atrás nos contaron una cosa muy extraña, y por la cuenta que nos
figuraron parecía que había quince o diez y seis años que había
acontecido, que decían que por aquella tierra anduvo un hombre,
que ellos llaman Mala Cosa, y que era pequeño de cuerpo, y que
tenía barbas, aunque nunca claramente le pudieron ver el rostro, y
que cuando venía a la casa donde estaban se les levantaban los
cabellos y temblaban, y luego parecía a la puerta de la casa un tizón
ardiendo. Y luego, aquel hombre entraba y tomaba al que quería de
ellos, y dábales tres cuchilladas grandes por las ijadas con un
pedernal muy agudo, tan ancho como una mano y dos palmos en
luengo, y metía la mano por aquellas cuchilladas y sacábales las
tripas; y que cortaba de una tripa poco más o menos de un palmo, y
aquello que cortaba echaba en las brasas; y luego le daba tres
cuchilladas en un brazo, y la segunda daba por la sangradura y
desconcertábaselo, y dende a poco se lo tornaba a concertar y
poníale las manos sobre las heridas, y decíannos que luego
quedaban sanos, y que muchas veces cuando bailaban aparecía
entre ellos, en hábito de mujer unas veces, y otras como hombre; y
cuando él quería, tomaba el buhío o casa y subíala en alto, y dende
a poco caía con ella y daba muy gran golpe. También nos contaron
que muchas veces le dieron de comer y que nunca jamás comió; y
que le preguntaban dónde venía y a qué parte tenía su casa, y que
les mostró una hendidura de la tierra, y dijo que su casa era allá
debajo. De estas cosas que ellos nos decían, nosotros nos reíamos
mucho, burlando de ellas; y como ellos vieron que no lo creíamos,
Colaboración de Sergio Barros 89 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
trajeron muchos de aquéllos que decían que él había tomado, y
vimos las señales de las cuchilladas que él había dado en los
lugares en la manera que ellos contaban. Nosotros les dijimos que
aquél era un malo, y de la mejor manera que pudimos les dábamos
a entender que si ellos creyesen en Dios nuestro Señor y fuesen
cristianos como nosotros, no tendrían miedo de aquel, ni él osaría
venir a hacerles aquellas cosas; y que tuviesen por cierto que en
tanto que nosotros en la tierra estuviésemos él no osaría parecer en
ella. De esto se holgaron ellos mucho y perdieron mucha parte del
temor que tenían. Estos indios nos dijeron que habían visto al
asturiano y a Figueroa con otros, que adelante en la costa estaban,
a quien nosotros llamábamos de los higos. Toda esta gente no
conocía los tiempos por el Sol ni la Luna, ni tienen cuenta del mes
del año, y más entienden y saben las diferencias de los tiempos
cuando las frutas vienen a madurar, y en tiempo que muere el
pescado y el aparecer de las estrellas, en que son muy diestros y
ejercitados. Con estos siempre fuimos bien tratados, aunque lo que
habíamos de comer lo cavábamos, y traíamos nuestras cargas de
agua y leña. Sus casas y mantenimientos son como las de los
pasados, aunque tienen muy mayor hambre, porque no alcanzan
maíz ni bellotas ni nueces. Anduvimos siempre en cueros como
ellos, y de noche nos cubríamos con cueros de venado. De ocho
meses que con ellos estuvimos, los seis padecimos mucha hambre,
que tampoco alcanzan pescado. Y al cabo de este tiempo ya las
tunas comenzaban a madurar, y sin que de ellos fuésemos sentidos
Colaboración de Sergio Barros 90 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
nos fuimos a otros que adelante estaban, llamados maliacones;
éstos estaban una jornada de allí, donde yo y el negro llegamos.
A cabo de los tres días envié que trajese a Castillo y a Dorantes; y
venidos, nos partimos todos juntos con los indios, que iban a comer
una frutilla de unos árboles, de que se mantienen diez o doce días,
entretanto que las tunas vienen. Y allí se juntaron con estos otros
indios que se llamaban arbadaos, y a éstos hallamos muy enfermos
y flacos e hinchados; tanto que nos maravillamos mucho, y los
indios con quien habíamos venido se vinieron por el mismo camino.
Y nosotros les dijimos que nos queríamos quedar con aquéllos, de
que ellos mostraron pesar; y así, nos quedamos en el campo con
aquéllos, cerca de aquellas casas, y cuando ellos nos vieron,
juntáronse después de haber hablado entre sí, y cada uno de ellos
tomó el suyo por la mano y nos llevaron a sus casas. Con éstos
padecimos más hambre que con los otros, porque en todo el día no
comíamos más de dos puños de aquella fruta, la cual estaba verde;
tenía tanta leche, que nos quemaba las bocas; y con tener falta de
agua, daba mucha sed a quien la comía. Y como la hambre fuese
tanta, nosotros comprámosles dos perros y a trueco de ellos les
dimos unas redes y otras cosas, y un cuero con que yo me cubría.
Ya he dicho cómo por toda esta tierra anduvimos desnudos; y como
no estábamos acostumbrados a ello, a manera de serpientes
mudábamos los cueros dos veces en el año, y con el sol y el aire
hacíansenos en los pechos y en las espaldas unos empeines muy
grandes, de que recibíamos muy gran pena por razón de las muy
grandes cargas que traíamos, que eran muy pesadas; y hacían que
Colaboración de Sergio Barros 91 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
las cuerdas se nos metían por los brazos. La tierra es tan áspera y
tan cerrada, que muchas veces hacíamos leña en montes, que
cuando la acabábamos de sacar nos corría por muchas partes
sangre, de las espinas y matas con que topábamos, que nos
rompían por donde alcanzaban.
A las veces aconteció hacer leña donde, después de haberme
costado mucha sangre, no la podía sacar ni a cuestas ni
arrastrando. No tenía, cuando en estos trabajos me veía, otro
remedio ni consuelo sino pensar en la pasión de nuestro redentor
Jesucristo y en la sangre que por mí derramó, y considerar cuánto
más sería el tormento que de las espinas él padeció que no aquél
que yo sufría. Contrataba con estos indios haciéndoles peines, y con
arcos y con flechas y con redes hacíamos esteras, que son cosas de
que ellos tienen mucha necesidad; y aunque lo saben hacer, no
quieren ocuparse en nada, por buscar entretanto qué comer, y
cuando entienden en esto pasan muy gran hambre. Otras veces me
mandaban raer cueros y ablandarlos.
Y la mayor prosperidad en que yo allí me vi era el día que me daban
a raer alguno, porque yo lo raía mucho y comía de aquellas
raeduras, y aquello me bastaba para dos o tres días. También nos
aconteció con estos y con los que atrás hemos dejado, darnos un
pedazo de carne y comérnoslo así crudo, porque si lo pusiéramos a
asar, el primer indio que llegaba se lo llevaba y comía. Parecíanos
que no era bien ponerla en esta ventura y también nosotros no
estábamos tales, que nos dábamos pena comerlo asado, y no lo
podíamos tan bien pasar como crudo. Esta es la vida que allí
Colaboración de Sergio Barros 92 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tuvimos, y aquel poco sustentamiento lo ganábamos con los
rescates que por nuestras manos hicimos.
Colaboración de Sergio Barros 93 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXIII
Cómo nos partimos después de haber comido los perros
Después que comimos los perros, pareciéndonos que teníamos
algún esfuerzo para poder ir adelante, encomendámonos a Dios
nuestro Señor para que nos guiase, nos despedimos de aquellos
indios, y ellos nos encaminaron a otros de su lengua que estaban
cerca de allí. E yendo por nuestro camino llovió, y todo aquel día
anduvimos con agua, y allende de esto, perdimos el camino y fuimos
a parar a un monte muy grande, y cogimos muchas hojas de tunas
y asámoslas aquella noche en un horno que hicimos, y dímosles
tanto fuego, que a la mañana estaban para comer. Y después de
haberlas comido encomendámonos a Dios y partímonos, y hallamos
el camino que perdido habíamos. Y pasado el monte, hallamos otras
casas de indios; y llegados allá, vimos dos mujeres y muchachos,
que se espantaron, que andaban por el monte, y en vernos huyeron
de nosotros y fueron a llamar a los indios que andaban por el
monte. Y venidos, paráronse a mirarnos detrás de unos árboles, y
llamámosles y allegáronse con mucho temor; y después de haberlos
hablado, nos dijeron que tenían mucha hambre, y que cerca de allí
estaban muchas casas de ellos propios, y dijeron que nos llevarían a
ellas. Y aquella noche llegamos adonde había cincuenta casas, y se
espantaban de vernos y mostraban mucho temor; y después que
estuvieron algo sosegados de nosotros, allegábannos con las manos
al rostro y al cuerpo, y después traían ellos sus mismas manos por
su caras y sus cuerpos, y así estuvimos aquella noche; y venida la
Colaboración de Sergio Barros 94 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
mañana, trajéronnos los enfermos que tenían rogándonos que los
santiguásemos, y nos dieron de lo que tenían para comer, que eran
hojas de tunas y tunas verdes asadas. Y por el buen tratamiento
que nos hacían, y porque aquello que tenían nos lo daban de buena
gana y voluntad, y holgaban de quedar sin comer por dárnoslo,
estuvimos con ellos algunos días. Y estando allí, vinieron otros de
más adelante. Cuando se quisieron partir dijimos a los primeros que
nos queríamos ir con aquéllos. A ellos les pesó mucho, y rogáronnos
muy ahincadamente que no nos fuésemos, y al fin nos despedimos
de ellos, y los dejamos llorando por nuestra partida, porque les
pesaba mucho en gran manera.
Colaboración de Sergio Barros 95 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXIV
De las costumbres de los indios de aquella tierra
Desde la isla de Mal Hado, todos los indios que a esta tierra vimos
tienen por costumbre desde el día que sus mujeres se sienten
preñadas no dormir juntos hasta que pasen dos años que han
criado los hijos, los cuales maman hasta que son de edad de doce
años; que ya entonces están en edad que por sí saben buscar de
comer. Preguntámosles que por qué los criaban así, y decían que
por la mucha hambre que en la tierra había, que acontecía muchas
veces, como nosotros veíamos, estar dos o tres días sin comer, y a
las veces cuatro; y por esta causa los dejaban mamar, porque en los
tiempos de hambre no muriesen; y ya que algunos escapasen,
saldrían muy delicados y de pocas fuerzas. Y si acaso acontece caer
enfermos algunos, déjanlos morir en aquellos campos si no es hijo,
y todos los demás si no pueden ir con ellos se quedan; mas para
llevar un hijo o hermano, se cargan y lo llevan a cuestas. Todos
éstos acostumbran dejar sus mujeres cuando entre ellos no hay
conformidad, y se tornan a casar con quien quieren. Esto es entre
los mancebos, más los que tienen hijos permanecen con sus
mujeres y no las dejan, y cuando en algunos pueblos riñen y traban
cuestiones unos con otros, apuñéanse y apaléanse hasta que están
muy cansados, y entonces se desparten. Algunas veces los
desparten mujeres, entrando entre ellos, que hombres no entran a
despartirlos; y por ninguna pasión que tengan no meten en ella
arcos ni flechas. Y desde que se han apuñeado y pasado su
Colaboración de Sergio Barros 96 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
cuestión, toman sus casas y mujeres, y vanse a vivir por los campos
y apartados de los otros, hasta que se les pasa el enojo. Y cuando ya
están desenojados y sin ira, tórnanse a su pueblo, y de ahí adelante
son amigos como si ninguna cosa hubiera pasado entre ellos, ni es
menester que nadie haga las amistades, porque de esta manera se
hacen. Y si los que riñen no son casados, vánse a otros sus vecinos,
y aunque sean sus enemigos, los reciben bien y se huelgan mucho
con ellos, y les dan de lo que tienen; de suerte que, cuando es
pasado el enojo, vuelven a su pueblo y vienen ricos. Toda es gente
de guerra y tienen tanta astucia para guardarse de sus enemigos
como tendrían si fuesen criados en Italia y en continua guerra.
Cuando están en parte que sus enemigos los pueden ofender,
asientan sus casas a la orilla del monte más áspero y de mayor
espesura que por allí hallan, y junto a él hacen un foso, y en éste
duermen. Toda la gente de guerra está cubierta con leña menuda, y
hacen sus saeteras, y están tan cubiertos y disimulados, que
aunque estén cabe ellos no los ven, y hacen un camino muy angosto
y entra hasta en medio del monte, y allí hacen lugar para que
duerman las mujeres y niños, y cuando viene la noche encienden
lumbres en sus casas para que si hubiere espías crean que están en
ellas, y antes del alba tornan a encender los mismos fuegos; y si
acaso los enemigos vienen a dar en las mismas casas, los que están
en el foso salen a ellos y hacen desde las trincheras mucho daño,
sin que los de fuera los vean ni los puedan hallar. Y cuando no hay
montes en que ellos puedan de esta manera esconderse y hacer sus
celadas, asientan en llano en la parte que mejor les parece y
Colaboración de Sergio Barros 97 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
cércanse de trincheras cubiertas de leña menuda y hacen sus
saeteras, con que flechan a los indios, y estos reparos hacen para de
noche.
Estando yo con los de aguenes, no estando avisados, vinieron sus
enemigos a media noche y dieron en ellos y mataron tres e hirieron
otros muchos; de suerte que huyeron de sus casas por el monte
adelante, y desde que sintieron que los otros se habían ido,
volvieron a ellas y recogieron todas las flechas que los otros les
habían echado, y lo más encubiertamente que pudieron los
siguieron, y estuvieron aquella noche sobre sus casas sin que
fuesen sentidos, y al cuarto del alba les acometieron y les mataron
cinco, sin otros muchos que fueron heridos, y les hicieron huir y
dejar sus casas y arcos, con toda su hacienda. Y de ahí a poco
tiempo vinieron las mujeres de los que llamaban quevenes, y
entendieron entre ellos y los hicieron amigos, aunque algunas veces
ellas son principio de la guerra. Todas estas gentes, cuando tienen
enemistades particulares, cuando no son de una familia, se matan
de noche por asechanzas y usan unos con otros grandes
crueldades.
Colaboración de Sergio Barros 98 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXV
Cómo los indios son prestos a un arma
Ésta es la más presta gente para un arma de cuantas yo he visto en
el mundo, porque si se temen de sus enemigos, toda la noche están
despiertos con sus arcos a par de sí y una docena de flechas; el que
duerme tienta su arco, y si no lo halla en cuerda le da la vuelta que
ha menester. Salen muchas veces fuera de las casas bajados por el
suelo, de arte que no pueden ser vistos, y miran y atalayan por
todas partes para sentir lo que hay; y si algo sienten, en un punto
son todos en el campo con sus arcos y sus flechas, y así están hasta
el día, corriendo a unas partes y otras, donde ven que es menester o
piensan que pueden estar sus enemigos. Cuando viene el día tornan
a aflojar sus arcos hasta que salen a caza. Las cuerdas de los arcos
son nervios de venados. La manera que tienen de pelear es abajados
por el suelo, y mientras se flechan andan hablando y saltando
siempre de un cabo para otro, guardándose de las flechas de sus
enemigos, tanto que en semejantes partes pueden recibir muy poco
daño de ballestas y arcabuces. Antes los indios burlan de ellos,
porque estas armas no aprovechan para ellos en campos llanos,
adonde ellos andan sueltos; son buenas para estrechos y lugares de
agua; en todo lo demás, los caballos son los que han de sojuzgar y
lo que los indios universalmente temen. Quien contra ellos hubiere
de pelear ha de estar muy avisado que no le sientan flaqueza ni
codicia de lo que tienen, y mientras durare la guerra hanlos de
tratar muy mal; porque si temor les conocen o alguna codicia, ella
Colaboración de Sergio Barros 99 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
es gente que saben conocer tiempos en que vengarse y toman
esfuerzo del temor de los contrarios. Cuando se han flechado en la
guerra y gastado su munición, vuélvense cada uno su camino sin
que los unos sean muchos y los otros pocos, y ésta es costumbre
suya. Muchas veces se pasan de parte a parte con las flechas y no
mueren de las heridas si no toca en las tripas o en el corazón; antes
sanan presto. Ven y oyen más y tienen más agudo sentido que
cuantos hombres yo creo hay en el mundo. Son grandes sufridores
de hambre y sed y de frío, como aquellos que están más
acostumbrados y hechos a ello que otros. Esto he querido contar
porque allende que todos los hombres desean saber las costumbres
y ejercicios de los otros, los que algunas veces se vinieren a ver con
ellos estén avisados de sus costumbres y ardides, que suelen no
poco aprovechar en semejantes casos.
Colaboración de Sergio Barros 100 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXVI
De las naciones y lenguas
También quiero contar sus naciones y lenguas, que desde la isla de
Mal Hado hasta los últimos hay. En la isla de Mal Hado hay dos
lenguas: a los unos llaman de Caoques y a los otros llaman de Han.
En la Tierra Firme, enfrente de la isla, hay otros que se llaman de
Chorruco, y toman el nombre de los montes donde viven. Adelante,
en la costa del mar, habitan otros que se llaman Doguenes, y
enfrente de ellos otros que tienen por nombre los de Mendica. Más
adelante, en la costa, están los quevenes, y enfrente de ellos, dentro
de la Tierra Firme, los mariames; y yendo por la costa adelante,
están otros que se llaman guaycones, y enfrente de éstos, dentro en
la Tierra Firme, los iguaces. Cabo de éstos están otros que se llaman
atayos, y detrás de éstos, otros, acubadaos, y de éstos hay muchos
por esta vereda adelante. En la costa viven otros llamados quitoles,
y enfrente de éstos, dentro en la Tierra Firme, los avavares. Con
éstos se juntan los maliacones, y otros cutalchiches, y otros que se
llaman susolas, y otros que se llaman comos, y adelante en la costa
están los camoles, y en la misma costa adelante, otros a quien
nosotros llamamos los de los higos. Todas estas gentes tienen
habitaciones y pueblos y lenguas diversas. Entre éstos hay una
lengua en que llaman a los hombres por mira acá; arre acá; a los
perros, xo; en toda la tierra se emborrachan con un humo, y dan
cuanto tienen por él. Beben también otra cosa que sacan de las
hojas de los árboles, como de encina, y tuéstanla en unos botes al
Colaboración de Sergio Barros 101 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
fuego, y después que la tienen tostada hinchan el bote de agua, y
así lo tienen sobre el fuego, y cuando ha hervido dos veces, échanlo
en una vasija y están enfriándola con media calabaza, y cuando está
con mucha espuma bébenla tan caliente cuanto pueden sufrir, y
desde que la sacan del bote hasta que la beben están dando voces,
diciendo que ¿quién quiere beber? Y cuando las mujeres oyen estas
voces, luego se paran sin osarse mudar, y aunque estén mucho
cargadas, no osan hacer otra cosa, y si acaso alguna de ellas se
mueve, la deshonran y la dan de palos, y con muy gran enojo
derraman el agua que tienen para beber, y la que han bebido la
tornan a lanzar, lo cual ellos hacen muy ligeramente y sin pena
alguna. La razón de la costumbre dan ellos, y dicen que si cuando
ellos quieren beber aquella agua las mujeres se mueven de donde
les toma la voz, que en aquella agua se les mete en el cuerpo una
cosa mala y que dende a poco les hace morir, y todo el tiempo que el
agua está cociendo ha de estar el bote tapado, y si acaso está
destapado y alguna mujer pasa, lo derraman y no beben más de
aquella agua; es amarilla y están bebiéndola tres días sin comer, y
cada día bebe cada uno una arroba y media de ella, y cuando las
mujeres están en su costumbre no buscan de comer más de para sí
solas, porque ninguna otra persona come de lo que ellas traen. En
el tiempo que así estaba, entre éstos vi una diablura, y es que vi un
hombre casado con otro, y éstos son unos hombres amarionados,
impotentes, y andan tapados como mujeres y hacen oficio de
mujeres, y tiran arco y llevan muy gran carga, y entre éstos vimos
Colaboración de Sergio Barros 102 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
muchos de ellos así amarionados como digo, y son más membrudos
que los otros hombres y más altos; sufren muy grandes cargas.
Colaboración de Sergio Barros 103 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXVII
De cómo nos mudamos y fuimos bien recibidos
Después que nos partimos de los que dejamos llorando, fuímonos
con los otros a sus casas, y de los que en ellas estaban fuimos bien
recibidos y trajeron sus hijos para que les tocásemos las manos, y
dábannos mucha harina de mezquiquez. Este mezquiquez es una
fruta que cuando está en el árbol es muy amarga, y es de la manera
de algarrobas, y cómese con tierra, y con ella está dulce y bueno de
comer. La manera que tienen con ella es ésta: que hacen un hoyo en
el suelo, de la hondura que cada uno quiere, y después de echada la
fruta en este hoyo, con un palo tan gordo como la pierna y de braza
y media en largo, la muelen hasta muy molida; y demás que se le
pega de la tierra del hoyo, traen otros puños y échanla en el hoyo y
tornan otro rato a moler, y después échanla en una vasija de
madera de una espuerta, y échanle tanta agua que basta a cubrirla,
de suerte que quede agua por cima, y el que la ha molido pruébala,
y si le parece que no está dulce, pide tierra y revuélvela con ella, y
esto hace hasta que la halla dulce, y siéntanse todos alrededor y
cada uno mete la mano y saca lo que puede, y las pepitas de ellas
tornan a echar en aquella espuerta, y echa agua como de primero, y
tornan a exprimir el zumo y agua que de ello sale, y las pepitas y
cáscaras tornan a poner en el cuero y de esta manera hacen tres o
cuatro veces cada moledura. Y los que en este banquete, que para
ellos es muy grande, se hallan, quedan las barrigas muy grandes,
de la tierra y agua que han bebido; y de esto nos hicieron los indios
Colaboración de Sergio Barros 104 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
muy gran fiesta, y hubo entre ellos muy grandes bailes y areitos en
tanto que allí estuvimos. Y cuando de noche dormíamos, a la puerta
del rancho donde estábamos nos velaban a cada uno de nosotros
seis hombres con gran cuidado, sin que nadie nos osase entrar
dentro hasta que el sol era salido. Cuando nosotros nos quisimos
partir de ellos, llegaron allí unas mujeres de otros que vivían
adelante; e informados de ellas dónde estaban aquellas casas, nos
partimos para allá, aunque ellos nos rogaron mucho que por aquel
día nos detuviésemos, porque las casas adonde íbamos estaban
lejos, y no había camino para ellas, y que aquellas mujeres venían
cansadas, y descansando, otro día se irían con nosotros y nos
guiarían, y así nos despedimos. Y dende a poco las mujeres que
habían venido con otras del mismo pueblo, se fueron tras nosotros;
mas como por la tierra no había caminos, luego nos perdimos, y así
anduvimos cuatro leguas, y al cabo de ellas llegamos a beber a un
agua adonde hallamos las mujeres que nos seguían, y nos dijeron el
trabajo que habían pasado por alcanzarnos. Partimos de allí
llevándolas por guía, y pasamos un río cuando ya vino la tarde que
nos daba el agua a los pechos; sería tan ancho como el de Sevilla, y
corría muy mucho, y a puesta de sol llegamos a cien casas de
indios; y antes que llegásemos salió toda la gente que en ellas había
a recibirnos con tanta grita que era espanto, y dando en los muslos
grandes palmadas; traían las calabazas horadadas, con piedras
dentro, que es la cosa de mayor fiesta, y no las sacan sino a bailar o
para curar, ni las osa nadie tomar sino ellos; y dicen que aquellas
calabazas tienen virtud y que vienen del cielo, porque por aquella
Colaboración de Sergio Barros 105 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tierra no las hay, ni saben dónde las haya, sino que las traen los
ríos cuando vienen de avenida. Era tanto el miedo y turbación que
éstos tenían, que por llegar más prestos los unos que los otros a
tocarnos, nos apretaron tanto que por poco nos hubieran de matar;
y sin dejarnos poner los pies en el suelo nos llevaron a sus casas, y
tantos cargaban sobre nosotros y de tal manera nos apretaban, que
nos metimos en las casas que nos tenían hechas, y nosotros no
consentimos en ninguna manera que aquella noche hiciesen más
fiesta con nosotros. Toda aquella noche pasaron entre sí en areitos y
bailes, y otro día de mañana nos trajeron toda la gente de aquel
pueblo para que los tocásemos y santiguásemos, como habíamos
hecho a los otros con quien habíamos estado. Y después de esto
hecho, dieron muchas flechas a las mujeres del otro pueblo que
habían venido con las suyas. Otro día partimos de allí y toda la
gente del pueblo fue con nosotros, y como llegamos a otros indios,
fuimos bien recibidos, como de los pasados; y así nos dieron de lo
que tenían y los venados que aquel día habían muerto. Y entre éstos
vimos una nueva costumbre, y es que los que venían a curarse, los
que con nosotros estaban les tomaban el arco y las flechas; y
zapatos y cuentas, si las traían; y después de haberlas tomado nos
las traían delante de nosotros para que los curásemos; y curados se
iban muy contentos, diciendo que estaban sanos. Así nos partimos
de aquéllos y nos fuimos a otros de quien fuimos muy bien
recibidos, y nos trajeron sus enfermos, que santiguándolos decían
que estaban sanos; y el que no sanaba creía que podíamos sanarle,
Colaboración de Sergio Barros 106 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
y con lo que los otros que curábamos les decían, hacían tantas
alegrías y bailes que no nos dejaban dormir.
Colaboración de Sergio Barros 107 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXVIII
De otra nueva costumbre
Partidos de éstos, fuimos a otras muchas casas, y desde aquí
comenzó otra nueva costumbre, y es que, recibiéndonos muy bien,
que los que iban con nosotros los comenzaron a hacer tanto mal,
que les tomaban las haciendas y les saqueaban las casas, sin que
otra cosa ninguna les dejasen. De esto nos pesó mucho, por ver el
mal tratamiento que a aquéllos que tan bien nos recibían se hacía, y
también porque temíamos que aquello sería o causaría alguna
alteración o escándalo entre ellos; mas como no éramos parte para
remediarlo, ni para osar castigar los que esto hacían y hubimos por
entonces de sufrir, hasta que más autoridad entre ellos tuviésemos;
y también los indios mismos que perdían la hacienda, conociendo
nuestra tristeza, nos consolaron, diciendo que de aquello no
recibiésemos pena; que ellos estaban tan contentos de habernos
visto, que daban por bien empleadas sus haciendas, y que adelante
serían pagados de otros que estaban muy ricos. Por todo este
camino teníamos muy gran trabajo, por la mucha gente que nos
seguía, y no podíamos huir de ella, aunque lo procurábamos,
porque era muy grande la prisa que tenían por llegar a tocarnos; y
era tanta la importunidad de ellos sobre esto, que pasaban tres
horas que no podíamos acabar con ellos que nos dejasen. Otro día
nos trajeron toda la gente del pueblo, y la mayor parte de ellos son
tuertos de nubes, y otros de ellos son ciegos de ellas mismas, de que
estábamos espantados. Son muy bien dispuestos y de muy buenos
Colaboración de Sergio Barros 108 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
gestos, más blancos que otros ningunos de cuantos hasta allí
habíamos visto. Aquí empezamos a ver sierras, y parecía que venían
seguidas de hacia el mar del Norte; y así, por la relación que los
indios de esto nos dieron, creemos que están quince leguas de la
mar. De aquí nos partimos con estos indios hacia estas sierras que
decimos, y lleváronnos por donde estaban unos parientes suyos,
porque ellos no nos querían llevar sino por donde habitaban sus
parientes, y no querían que sus enemigos alcanzasen tanto bien,
como les parecía que era vernos. Y cuando fuimos llegados, los que
con nosotros iban saquearon a los otros; y como sabían la
costumbre, primero que llegásemos escondieron algunas cosas; y
después que nos hubieron recibido con mucha fiesta y alegría,
sacaron lo que habían escondido y viniéronnoslo a presentar, y esto
era cuentas y almagra y algunas taleguillas de plata. Nosotros,
según la costumbre, dímoslo luego a los indios que con nosotros
venían, y cuando nos lo hubieron dado, comenzaron sus bailes y
fiestas, y enviaron a llamar otros de otro pueblo que estaba cerca de
allí, para que nos viniesen a ver, y a la tarde vinieron todos, y nos
trajeron cuentas y arcos, y otras cosillas, que también repartimos. Y
otro día, queriéndonos partir, toda la gente nos quería llevar a otros
amigos suyos que estaban a la punta de las sierras, y decían que
allí había muchas casas y gente, y que nos darían muchas cosas;
mas por ser fuera de nuestro camino no quisimos ir a ellos, y
tomamos por lo llano cerca de las sierras, las cuales creíamos que
no estaban lejos de la costa. Toda la gente de ella es muy mala, y
teníamos por mejor de atravesar la tierra, porque la gente que está
Colaboración de Sergio Barros 109 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
metida adentro es más bien acondicionada, y tratábannos mejor, y
teníamos por cierto que hallaríamos la tierra más poblada y de
mejores mantenimientos. Lo último, hacíamos esto porque,
atravesando la tierra, veíamos muchas particularidades de ella;
porque si Dios nuestro Señor fuese servido de sacar alguno de
nosotros, y traerlo a tierra de cristianos, pudiese dar nuevas y
relación de ella. Y como los indios vieron que estábamos
determinados de no ir por donde ellos nos encaminaban, dijéronnos
que por donde nos queríamos ir no había gente, ni tunas ni otra
cosa alguna que comer, y rogáronnos que estuviésemos allí aquel
día, y así lo hicimos. Luego ellos enviaron dos indios para que
buscasen gente por aquel camino que queríamos ir; y otro día nos
partimos, llevando con nosotros muchos de ellos, y las mujeres iban
cargadas de agua, y era tan grande entre ellos nuestra autoridad,
que ninguno osaba beber sin nuestra licencia. Dos leguas de allí
topamos los indios que habían ido a buscar la gente, y dijeron que
no la hallaban; de lo que los indios mostraron pesar, y tornáronnos
a rogar que nos fuésemos por la sierra. No lo quisimos hacer, y
ellos, como vieron nuestra voluntad, aunque con mucha tristeza, se
despidieron de nosotros, y se volvieron el río abajo a sus casas, y
nosotros caminamos por el río arriba, y desde a un poco topamos
dos mujeres cargadas, que como nos vieron, pararon y
descargáronse, y trajéronnos de lo que llevaban, que era harina de
maíz, y nos dijeron que adelante en aquel río hallaríamos casas y
muchas tunas y de aquella harina. Y así nos despedimos de ellas,
porque iban a los otros donde habíamos partido, y anduvimos hasta
Colaboración de Sergio Barros 110 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
puesta de sol, y llegamos a un pueblo de hasta veinte casas, adonde
nos recibieron llorando y con grande tristeza, porque sabían ya que
adonde quiera que llegábamos eran todos saqueados y robados de
los que nos acompañaban, y como nos vieron solos, perdieron el
miedo, y diéronnos tunas, y no otra cosa ninguna. Estuvimos allí
aquella noche, y al alba los indios que nos habían dejado el día
pasado dieron en sus casas, y como los tomaron descuidados y
seguros, tomáronles cuanto tenían, sin que tuviesen lugar donde
esconder ninguna cosa; de que ellos lloraron mucho; y los
robadores, para consolarles, les decían que éramos hijos del sol, y
que teníamos poder para sanar los enfermos y para matarlos, y
otras mentiras aún mayores que éstas, como ellos las saben mejor
hacer cuando sienten que les conviene. Y dijéronles que nos
llevasen con mucho acatamiento, y tuviesen cuidado de no
enojarnos en ninguna cosa, y que nos diesen todo cuanto tenían, y
procurasen de llevarnos donde había mucha gente, y que donde
llegásemos robasen ellos y saqueasen lo que los otros tenían,
porque así era costumbre.
Colaboración de Sergio Barros 111 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXIX
De cómo se robaban los unos a los otros
Después de haberlos informado y señalado bien lo que habían de
hacer, se volvieron, y nos dejaron con aquéllos; los cuales, teniendo
en la memoria lo que los otros les habían dicho, nos comenzaron a
tratar con aquel mismo temor y reverencia que los otros, y fuimos
con ellos tres jornadas, y lleváronnos adonde había mucha gente. Y
antes que llegásemos a ellos avisaron cómo íbamos, y dijeron de
nosotros todo lo que los otros les habían enseñado, y añadieron
mucho más, porque toda esta gente de indios son grandes amigos
de novelas y muy mentirosos, mayormente donde pretenden algún
interés. Y cuando llegamos cerca de las casas, salió toda la gente a
recibirnos con mucho placer y fiesta, y entre otras cosas dos físicos
de ellos nos dieron dos calabazas, y de aquí comenzamos a llevar
calabazas con nosotros, y añadimos a nuestra autoridad esta
ceremonia, que para con ellos es muy grande. Los que nos habían
acompañado saquearon las casas; mas, como eran muchas y ellos
pocos, no pudieron llevar todo cuanto tomaron, y más de la mitad
dejaron perdido; y de aquí por la halda de la sierra nos fuimos
metiendo por la tierra adentro más de cincuenta leguas, y al cabo de
ellas hallamos cuarenta casas, y entre otras cosas que nos dieron,
hubo Andrés Dorantes un cascabel gordo, grande, de cobre, y en él
figurado un rostro, y esto mostraban ellos, que lo tenían en mucho,
y les dijeron que lo habían habido de otros sus vecinos; y
preguntándoles que dónde habían habido aquello, dijéronle que lo
Colaboración de Sergio Barros 112 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
habían traído de hacia el norte, y que allí había mucho, y era tenido
en gran estima; y entendimos que do quiera que aquello había
venido, había fundición y se labraba de vaciado, y con esto nos
partimos otro día, y atravesamos una sierra de siete leguas, y las
piedras de ella eran de escorias de hierro; y a la noche llegamos a
muchas casas que estaban asentadas a la ribera de un muy
hermoso río, y los señores de ellas salieron a medio camino a
recibirnos con sus hijos a cuestas, y nos dieron muchas taleguillas
de margarita y de alcohol molido, con esto se untan ellos la cara; y
dieron muchas cuentas, y muchas mantas de vaca, y cargaron a
todos los que venían con nosotros de todo cuanto ellos tenían.
Comían tunas y piñones; hay por aquella tierra pinos chicos, y las
piñas de ellos son como huevos pequeños, mas los piñones son
mejores que los de Castilla, porque tienen las cáscaras muy
delgadas. Cuando están verdes, muélenlos y hácenlos pellas, y así
los comen; y si están secos los muelen con cáscaras, y los comen
hechos polvos. Y los que por allí nos recibían, desde que nos habían
tocado, volvían corriendo hasta sus casas, y luego daban vuelta a
nosotros, y no cesaban de correr, yendo y viniendo. De esta manera
traíamos muchas cosas para el camino. Aquí me trajeron un
hombre, y me dijeron que había mucho tiempo que le habían herido
con una flecha por la espalda derecha, y tenía la punta de la flecha
sobre el corazón. Decía que le daba mucha pena, y que por aquella
causa siempre estaba enfermo. Yo lo toqué, y sentí la punta de la
flecha, y vi que la tenía atravesada por la ternilla, y con un cuchillo
que tenía le abrí el pecho hasta aquel lugar, y vi que tenía la punta
Colaboración de Sergio Barros 113 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
atravesada, y estaba muy mala de sacar; torné a cortar más, y metí
la punta del cuchillo, y con gran trabajo en fin la saqué. Era muy
larga, y con un hueso de venado, usando de mi oficio de medicina,
le di dos puntos; y dados, se me desangraba, y con raspa de un
cuero le estanqué la sangre; y cuando hube sacado la punta,
pidiéronmela, y yo se la di, y el pueblo todo vino a verla, y la
enviaron por la tierra adentro, para que la viesen los que allá
estaban, y por esto hicieron muchos bailes y fiestas, como ellos
suelen hacer. Y otro día le corté los dos puntos al indio, y estaba
sano; y no parecía la herida que le había hecho sino como una raya
de la palma de la mano, y dijo que no sentía dolor ni pena alguna; y
esta cura nos dio entre ellos tanto crédito por toda la tierra, cuanto
ellos podían y sabían estimar y encarecer. Mostrámosles aquel
cascabel que traíamos, y dijéronnos que en aquel lugar de donde
aquél había venido había muchas planchas de aquellas enterradas,
y que aquello era cosa que ellos tenían en mucho; y había casas de
asiento, y esto creemos nosotros que es la mar del Sur, que siempre
tuvimos noticia que aquella mar es más rica que la del Norte. De
estos nos partimos y anduvimos por tantas suertes de gentes y de
tan diversas lenguas, que no basta memoria a poderlas contar, y
siempre saqueaban los unos a los otros; y así los que perdían como
los que ganaban, quedaban muy contentos. Llevábamos tanta
compañía, que en ninguna manera podíamos valernos con ellos. Por
aquellos valles donde íbamos, cada uno de ellos llevaba un garrote
tan largo como tres palmos, y todos iban en ala; y en saliendo
alguna liebre (que por allí había hartas), cercábanla luego, y caían
Colaboración de Sergio Barros 114 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tantos garrotes sobre ella, que era cosa de maravilla, y de esta
manera la hacían andar de unos para otros, que a mi ver era la más
hermosa caza que se podía pensar, porque muchas veces ellas se
venían hasta las manos. Y cuando a la noche parábamos, eran
tantas las que nos habían dado, que traía cada uno de nosotros
ocho o diez cargas de ellas; y los que traían arcos no parecían
delante de nosotros, antes se apartaban por la sierra a buscar
venados; y a la noche cuando venían, traían para cada uno de
nosotros cinco o seis venados, y pájaros y codornices, y otras cazas;
finalmente, todo cuanto aquella gente hallaban y mataban nos lo
ponían delante, sin que ellos osasen tomar ninguna cosa, aunque
muriesen de hambre; que así lo tenían ya por costumbre después
que andaban con nosotros, y sin que primero lo santiguásemos; y
las mujeres traían muchas esteras, de que ellos nos hacían casas,
para cada uno la suya aparte, y con toda su gente conocida; y
cuando esto era hecho, mandábamos que asasen aquellos venados y
liebres, y todo lo que habían tomado, y esto también se hacía muy
presto en unos hornos que para esto ellos hacían; y de todo ello
nosotros tomábamos un poco, y lo otro dábamos al principal de la
gente que con nosotros venía, mandándole que lo repartiese entre
todos. Cada uno con la parte que le cabía venían a nosotros para
que la soplásemos y santiguásemos, que de otra manera no osaran
comer de ella; y muchas veces traíamos con nosotros tres o cuatro
mil personas. Y era tan grande nuestro trabajo, que a cada uno
habíamos de soplar y santiguar lo que habían de comer y beber, y
para otras muchas cosas que querían hacer nos venían a pedir
Colaboración de Sergio Barros 115 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
licencia, de que se puede ver qué tanta importunidad recibíamos.
Las mujeres nos traían las tunas y arañas y gusanos, y lo que
podían haber; porque aunque se muriesen de hambre, ninguna cosa
habían de comer sin que nosotros la diésemos. E yendo con éstos,
pasamos un gran río, que venía del norte; y pasados unos llanos de
treinta leguas, hallamos mucha gente que lejos de allí venían a
recibirnos, y salían al camino por donde habíamos de ir, y nos
recibieron de la manera de los pasados.
Colaboración de Sergio Barros 116 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXX
De cómo se mudó la costumbre de recibirnos
Desde aquí hubo otra manera de recibirnos, en cuanto toca al
saquearse, porque los que salían de los caminos a traernos alguna
cosa a los que con nosotros venían no los robaban; mas después de
entrados en sus casas, ellos mismos nos ofrecían cuanto tenían, y
las casas con ellos. Nosotros las dábamos a los principales, para
que entre ellos las partiesen, y siempre los que quedaban
despojados nos seguían, de donde crecía mucha gente para
satisfacerse de su pérdida; y decíanles que se guardasen y no
escondiesen cosa alguna de cuantas tenían, porque no podía ser sin
que nosotros lo supiésemos, y haríamos luego que todos muriesen,
porque el sol nos lo decía. Tan grandes eran los temores que les
ponían, que los primeros días que con nosotros estaban, nunca
estaban sino temblando y sin osar hablar ni alzar los ojos al cielo.
Estos nos guiaron por más de cincuenta leguas de despoblado de
muy ásperas sierras, y por ser tan secas no había caza en ellas, y
por esto pasamos mucha hambre, y al cabo de un río muy grande,
que el agua nos daba hasta los pechos, y desde aquí nos comenzó
mucha de la gente que traíamos a adolecer de la mucha hambre y
trabajo que por aquellas sierras habían pasado, que por extremo
eran agras y trabajosas. Estos mismos nos llevaron a unos llanos al
cabo de las sierras, donde venían a recibirnos de muy lejos de allí, y
nos recibieron como los pasados, y dieron tanta hacienda a los que
con nosotros venían, que por no poderla llevar dejaron a la mitad, y
Colaboración de Sergio Barros 117 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
dijimos a los indios que lo habían dado que lo tornasen a tomar y lo
llevasen, porque no quedase allí perdido; y respondieron que en
ninguna manera lo harían, porque no era su costumbre, después de
haber una vez ofrecido, tornarlo a tomar; y así, no lo teniendo en
nada, lo dejaron todo perder. A éstos dijimos que queríamos ir a la
puesta de sol, y ellos respondiéronnos que por allí estaba la gente
muy lejos, y nosotros les mandábamos que enviasen a hacerles
saber cómo nosotros íbamos allá, y de esto se excusaron lo mejor
que ellos podían, porque ellos eran sus enemigos, y no querían que
fuésemos a ellos; mas no osaron hacer otra cosa. Y así, enviaron dos
mujeres, una suya, y otra que de ellos tenían cautiva; y enviaron
éstas porque las mujeres pueden contratar aunque haya guerra. Y
nosotros las seguimos, y paramos en un lugar donde estaba
concertado que las esperásemos; mas ellas tardaron cinco días; y
los indios decían que no debían de hallar gente. Dijímosles que nos
llevasen hacia el Norte; respondieron de la misma manera, diciendo
que por allí no había gente sino muy lejos, y que no había qué
comer ni se hallaba agua. Y con todo esto, nosotros porfiamos y
dijimos que por allí queríamos ir, y ellos todavía se excusaban de la
mejor manera que podían, y por esto nos enojamos, y yo me salí
una noche a dormir en el campo, apartado de ellos; mas luego
fueron donde yo estaba, y toda la noche estuvieron sin dormir y con
mucho miedo y hablándome y diciéndome cuán atemorizados
estaban rogándonos que no estuviésemos más enojados, y que
aunque ellos supiesen morir en el camino, nos llevarían por donde
nosotros quisiésemos ir. Y como nosotros todavía fingíamos estar
Colaboración de Sergio Barros 118 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
enojados y porque su miedo no se quitase, sucedió una cosa
extraña, y fue que este día mismo adolecieron muchos de ellos, y
otro día siguiente murieron ocho hombres. Por toda la tierra donde
esto se supo hubieron tanto miedo de nosotros, que parecía en
vernos que de temor habían de morir. Rogáronnos que no
estuviésemos enojados, ni quisiésemos que más de ellos muriesen, y
tenían por muy cierto que nosotros los matábamos con solamente
quererlo. Y a la verdad, nosotros recibíamos tanta pena de esto, que
no podía ser mayor; porque, allende de ver los que morían,
temíamos que no muriesen todos o nos dejasen solos, de miedo, y
todas las otras gentes de ahí adelante hiciesen lo mismo, viendo lo
que a estos había acontecido. Rogamos a Dios nuestro Señor que lo
remediase, y así comenzaron a sanar todos aquéllos que habían
enfermado, y vimos una cosa que fue de grande admiración: que los
padres y hermanos y mujeres de los que murieron, de verlos en
aquel estado tenían gran pena; y después de muertos, ningún
sentimiento hicieron, ni los vimos llorar, ni hablar unos con otros,
ni hacer otra ninguna muestra, ni osaban llegar a ellos, hasta que
nosotros los mandábamos llevar a enterrar, y más de quince días
que con aquéllos estuvimos a ninguno vimos hablar uno con otro, ni
los vimos reír ni llorar a ninguna criatura; antes, porque una lloró,
la llevaron muy lejos de allí, y con unos dientes de ratón agudos la
sajaron desde los hombros hasta casi todas las piernas. Y yo, viendo
esta crueldad y enojado de ello, les pregunté por qué lo hacían, y
respondiéronme que para castigarla porque había llorado delante de
mí. Todos estos temores que ellos tenían ponían a todos los otros
Colaboración de Sergio Barros 119 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
que nuevamente venían a conocernos, a fin que nos diesen todo
cuanto tenían, porque sabían que nosotros no tomábamos nada y lo
habíamos de dar todo a ellos. Esta fue la más obediente gente que
hallamos por esta tierra, y de mejor condición; y comúnmente son
muy dispuestos. Convalecidos los dolientes, y ya que había tres días
que estábamos allí, llegaron las mujeres que habíamos enviado,
diciendo que habían hallado muy poca gente, y que todos habían
ido a las vacas, que era tiempo de ellas. Y mandamos a los que
habían estado enfermos que se quedasen, y los que estuviesen
buenos fuesen con nosotros, y que dos jornadas de allí, aquellas
mismas dos mujeres irían con dos de nosotros a sacar gente y
traerla al camino para que nos recibiesen; y con esto, otro día de
mañana todos los que más recios estaban partiendo con nosotros, y
a tres jornadas paramos, y el siguiente día partió Alonso del Castillo
con Estebanico el negro, llevando por guía a las dos mujeres; y la
que de ellas era cautiva los llevó a un río que corría entre unas
sierras donde estaba un pueblo en que su padre vivía, y éstas
fueron las primeras casas que vimos que tuviesen parecer y manera
de ello. Aquí llegaron Castillo y Estebanico y, después de haber
hablado con los indios, al cabo de tres días vino Castillo adonde nos
había dejado, y trajo cinco o seis de aquellos indios, y dijo cómo
había hallado casas de gente y de asiento, y que aquella gente comía
frísoles y calabazas, y que había visto maíz. Esta fue la cosa del
mundo que más nos alegró, y por ello dimos infinitas gracias a
nuestro Señor; y dijo que el negro venía con toda la gente de las
casas a esperar al camino, cerca de allí; y por esta causa partimos;
Colaboración de Sergio Barros 120 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
y andada legua y media, topamos con el negro y la gente que venían
a recibirnos, y nos dieron frísoles y muchas calabazas para comer y
para traer agua, y mantas de vacas, y otras cosas. Y como estas
gentes y las que con nosotros venían eran enemigos no se
entendían, partímonos de los primeros dándoles lo que nos habían
dado, y fuímonos con estos; y a seis leguas de allí, ya que venía la
noche, llegamos a sus casas, donde hicieron muchas fiestas con
nosotros. Aquí estuvimos un día, y el siguiente nos partimos, y
llevámoslos con nosotros a otras casas de asiento, donde comían lo
mismo que ellos. Y de ahí adelante hubo otro nuevo uso: que los
que sabían de nuestra ida no salían a recibirnos a los caminos,
como los otros hacían; antes los hallábamos en sus casas, y tenían
hechas otras para nosotros, y estaban todos asentados, y todos
tenían vueltas las caras hacia la pared y las cabezas bajas y los
cabellos puestos delante de los ojos, y su hacienda puesta en
montón en medio de la casa; y de aquí en adelante comenzaron a
darnos muchas mantas de cueros, y no tenían cosa que no nos
diesen. Es la gente de mejores cuerpos que vimos, y de mayor viveza
y habilidad y que mejor nos entendían y respondían en lo que
preguntábamos; y llamámoslos de las Vacas, porque la mayor parte
que de ellas muere es cerca de allí; y porque aquel río arriba más de
cincuenta leguas, van matando muchas de ellas. Estas gentes
andan del todo desnudos, a la manera de los primeros que
hayamos.
Las mujeres andan cubiertas con unos cueros de venado, y algunos
pocos hombres, señaladamente los que son viejos, que no sirven
Colaboración de Sergio Barros 121 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
para la guerra. Es tierra muy poblada. Preguntámosles cómo no
sembraban maíz; respondiéronnos que lo hacían por no perder lo
que sembrasen, porque dos años arreo les había faltado las aguas, y
había sido el tiempo tan seco, que a todos les habían perdido los
maíces los topos, y que no osarían tornar a sembrar sin que primero
hubiese llovido mucho; y rogábannos que dijésemos al cielo que
lloviese y se lo rogásemos, y nosotros se lo prometimos de hacerlo
así. También nosotros quisimos saber de dónde habían traído aquel
maíz, y ellos nos dijeron que de donde el sol se ponía, y que lo había
por toda aquella tierra; mas que lo más cerca de allí era por aquel
camino. Preguntámosles por dónde iríamos bien, y que nos
informasen del camino, porque no querían ir allá; dijéronnos que el
camino era por aquel río arriba hacia el Norte, y que en diez y siete
jornadas no hallaríamos otra cosa ninguna que comer, sino una
fruta que llaman chacan, y que la machucan entre unas piedras y
aún después de hecha esta diligencia no se puede comer, de áspera
y seca; y así era la verdad, porque allí nos lo mostraron y no lo
pudimos comer, y dijéronnos también que entretanto que nosotros
fuésemos por el río arriba, iríamos siempre por gente que eran sus
enemigos y hablaban su misma lengua, y que no tenían que darnos
cosa a comer; mas que nos recibirían de muy buena voluntad, y que
nos darían muchas mantas de algodón y cueros y otras cosas de las
que ellos tenían; mas que todavía les parecía que en ninguna
manera no debíamos tomar aquel camino. Dudando lo que
haríamos, y cuál camino tomaríamos que más a nuestro propósito y
provecho fuese, nosotros nos detuvimos con ellos dos días.
Colaboración de Sergio Barros 122 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Dábannos a comer frísoles y calabazas; la manera de cocerlas es tan
nueva, que por ser tal, yo la quise aquí poner, para que se vea y se
conozca cuán diversos y extraños son los ingenios e industrias de
los hombres humanos. Ellos no alcanzan ollas, y para cocer lo que
ellos quieren comer hinchan media calabaza grande de agua, y en el
fuego echan muchas piedras de las que más fácilmente ellos pueden
encender, y toman el fuego; y cuando ven que están ardiendo
tómanlas con unas tenazas de palo, y échanlas en aquella agua que
está en la calabaza, hasta que la hacen hervir con el fuego que las
piedras llevan, y cuando ven que el agua hierve, echan en ella lo que
han de cocer, y en todo este tiempo no hacen sino sacar unas
piedras y echar otras ardiendo para que el agua hierva para cocer lo
que quieren, y así lo cuecen.
Colaboración de Sergio Barros 123 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXI
De cómo seguimos el camino del maíz
Pasados dos días que allí estuvimos, determinamos de ir a buscar el
maíz, y no quisimos seguir el camino de las Vacas, porque es hacia
el Norte, y esto era para nosotros muy gran rodeo, porque siempre
tuvimos por cierto que yendo la puesta de sol habíamos de hallar lo
que deseábamos; y así, seguimos nuestro camino, y atravesamos
toda la tierra hasta salir a la mar del Sur; y no bastó a estorbarnos
esto el temor que nos ponían de la mucha hambre que habíamos de
pasar, como a la verdad la pasamos, por todas las diez y siete
jornadas que nos habían dicho. Por todas ellas el río arriba nos
dieron muchas mantas de vacas, y no comimos de aquélla su fruta,
mas nuestro mantenimiento era cada día tanto como una mano de
unto de venado, que para estas necesidades procurábamos siempre
de guardar, y así pasamos todas las diez y siete jornadas, y al cabo
de ellas atravesamos el río y caminamos otras diez y siete. A la
puesta de sol, por unos llanos, y entre unas sierras muy grandes
que allí se hacen, allí hallamos una gente que la tercera parte del
año no comen sino unos polvos de paja; y por ser aquel tiempo
cuando nosotros por allí caminamos, hubímoslo también de comer
hasta que, acabadas estas jornadas, hallamos casas de asiento,
adonde había mucho maíz allagado, y de ello y de su harina nos
dieron mucha cantidad, y de calabazas y frísoles y mantas de
algodón, y de todo cargamos a los que allí nos habían traído, y con
esto se volvieron los más contentos del mundo. Nosotros dimos
Colaboración de Sergio Barros 124 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
muchas gracias a Dios nuestro Señor por habernos traído allí,
donde habíamos hallado tanto mantenimiento. Entre estas casas
había algunas de ellas que eran de tierra, y las otras todas son de
estera de cañas; y de aquí pasamos más de cien leguas de tierra, y
siempre hallamos casas de asiento, y mucho mantenimiento de
maíz, y frísoles, y dábannos muchos venados y muchas mantas de
algodón, mejores que las de la Nueva España. Dábannos también
muchas cuentas y de unos corales que hay en la mar del Sur,
muchas turquesas muy buenas que tienen de hacia el Norte; y
finalmente, dieron aquí todo cuanto tenían, y a mí me dieron cinco
esmeraldas hechas puntas de flechas, y con estas flechas hacen
ellos sus areitos y bailes. Y pareciéndome a mí que eran muy
buenas, les pregunté de dónde las habían habido, y dijeron que las
traían de unas sierras muy altas que están hacia el Norte, y las
compraban a trueco de penachos y plumas de papagayos, y decían
que había allí pueblos de mucha gente y casas muy grandes. Entre
éstos vimos las mujeres más honestamente tratadas que a ninguna
parte de Indias que hubiésemos visto. Traen unas camisas de
algodón, que llegan hasta las rodillas, y unas medias mangas
encima de ellas, de unas faldillas de cuero de venado sin pelo, que
tocan en el suelo, y enjabónanlas con unas raíces que limpian
mucho, y así las tienen muy bien tratadas; son abiertas por delante
y cerradas con unas correas; andan calzados con zapatos. Toda esta
gente venía a nosotros a que los tocásemos y santiguásemos; y eran
en esto tan importunos, que con gran trabajo lo sufríamos, porque
dolientes y sanos, todos querían ir santiguados.
Colaboración de Sergio Barros 125 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Acontecía muchas veces que de las mujeres que con nosotros iban
parían algunas, y luego en naciendo nos traían la criatura a que la
santiguásemos y tocásemos. Acompañábannos siempre hasta
dejarnos entregados a otros, y entre todas estas gentes se tenía por
muy cierto que veníamos del cielo. Entretanto que con éstos
anduvimos caminamos todo el día sin comer hasta la noche, y
comíamos tan poco, que ellos se espantaban de verlo. Nunca nos
sintieron cansancio, y a la verdad nosotros estábamos tan hechos al
trabajo, que tampoco lo sentíamos. Teníamos con ellos mucha
autoridad y gravedad, y para conservar esto, les hablábamos pocas
veces. El negro les hablaba siempre; se informaba de los caminos
que queríamos ir y los pueblos que había y de las cosas que
queríamos saber. Pasamos por gran número y diversidades de
lenguas; con todas ellas Dios nuestro Señor nos favoreció, porque
siempre nos entendieron y les entendimos. Y así, preguntábamos y
respondían por señas, como si ellos hablaran nuestra lengua y
nosotros la suya; porque, aunque sabíamos seis lenguas, no nos
podíamos en todas partes aprovechar de ellas, porque hallamos más
de mil diferencias. Por todas estas tierras, los que tenían guerras
con los otros se hacían luego amigos para venirnos a recibir y
traernos todo cuanto tenían, y de esta manera dejamos toda la
tierra en paz, y dijímosles, por las señas porque nos entendían, que
en el cielo había un hombre que llamábamos Dios, el cual había
criado el cielo y la tierra, y que Éste adorábamos nosotros y
teníamos por Señor, y que hacíamos lo que nos mandaba, y que de
su mano venían todas las cosas buenas, y que si así ellos lo
Colaboración de Sergio Barros 126 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
hiciesen, les iría muy bien de ello; y tan grande aparejo hallamos en
ellos, que si lengua hubiera con que perfectamente nos
entendiéramos, todos los dejáramos cristianos. Esto les dimos a
entender lo mejor que pudimos, y de ahí adelante, cuando el sol
salía, con muy gran grita abrían las manos juntas al cielo, y
después las traían por todo el cuerpo, y otro tanto hacían cuando se
ponía. Es gente bien acondicionada y aprovechada para seguir
cualquier cosa bien aparejada.
Colaboración de Sergio Barros 127 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXII
De cómo nos dieron los corazones de los venados
En el pueblo donde nos dieron las esmeraldas dieron a Dorantes
más de seiscientos corazones de venados, abiertos, de que ellos
tienen siempre mucha abundancia para su mantenimiento, y por
esto le pusimos nombre al pueblo de los Corazones, y por él es la
entrada para muchas provincias que están a la mar del Sur; y si los
que le fueren a buscar por aquí no entraren se perderán, porque la
costa no tiene maíz, y comen polvo de bledo y de paja y de pescado
que toman en la mar con balsas, porque no alcanzan canoas. Las
mujeres cubren sus vergüenzas con yerba y paja. Es gente muy
apocada y triste. Creemos que cerca de la costa, por la vía de
aquellos pueblos que nosotros trajimos, hay más de mil leguas de
tierra poblada, y tienen mucho mantenimiento, porque siembran
tres veces en el año frísoles y maíz. Hay tres maneras de venados:
los de la una de ellas son tamaños como novillos de Castilla. Hay
casas de asiento, que llaman buhíos, y tienen yerba, y esto es de
unos árboles al tamaño de manzanos, y no es menester más de
coger la fruta y untar la flecha con ella; y si no tiene fruta, quiebran
una rama, y con la leche que tienen hacen lo mismo. Hay muchos
de estos árboles que son ponzoñosos, que si majan las hojas de él y
las lavan en alguna agua allegada, todos los venados y cualesquier
otros animales que de ella beben revientan luego. En este pueblo
estuvimos tres días, y a una jornada de allí estaba otro en el cual
nos tomaron tantas aguas que porque un río creció mucho, no lo
Colaboración de Sergio Barros 128 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
pudimos pasar, y nos detuvimos allí quince días. En este tiempo,
Castillo vio al cuello de un indio una hebilleta de talabarte de
espada, y en ella cosido un clavo de herrar; tomósela y
preguntámosle qué cosa era aquélla, y dijéronnos que habían venido
del cielo. Preguntámosle más, que quién la había traído de allá, y
respondieron que unos hombres que traían barbas como nosotros,
que habían venido del cielo y llegado a aquel río, y que traían
caballos y lanzas y espadas, y que habían alanceado dos de ellos. Y
lo más disimuladamente que pudimos les preguntamos qué se
habían hecho aquellos hombres, y respondiéronnos que se habían
ido a la mar, y que metieron sus lanzas por debajo del agua, y que
ellos también se habían también metido por debajo, y que después
los vieron ir por cima hacia puesta de Sol. Nosotros dimos muchas
gracias a Dios nuestro Señor por aquello que oímos, porque
estábamos desconfiados de saber nuevas de cristianos; y por otra
parte, nos vimos en gran confusión y tristeza creyendo que aquella
gente no sería sino algunos que habían venido por la mar a
descubrir; mas al fin, como tuvimos tan cierta nueva de ellos,
dímonos más prisa a nuestro camino, y siempre hallábamos más
nueva de cristianos, y nosotros les decíamos que los íbamos a
buscar para decirles que no los matasen ni tomasen por esclavos, ni
los sacasen de sus tierras, ni les hiciesen otro mal ninguno, y de
esto ellos se holgaban mucho. Anduvimos mucha tierra, y toda
hallamos despoblada, porque los moradores de ella andaban
huyendo por las sierras, sin osar tener casas ni labrar, por miedo de
los cristianos. Fue cosa de que tuvimos muy gran lástima, viendo la
Colaboración de Sergio Barros 129 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tierra muy fértil, y muy hermosa y muy llena de aguas y de ríos, y
ver los lugares despoblados y quemados, y la gente tan flaca y
enferma, huida y escondida toda. Y como no sembraban, con tanta
hambre, se mantenían con cortezas de árboles y raíces. De esta
hambre a nosotros alcanzaba parte en todo este camino, porque mal
nos podían ellos proveer estando tan desventurados, que parecía
que se querían morir. Trajéronnos mantas de las que habían
escondido por los cristianos, y diéronnoslas, y aun contáronnos
cómo otras veces habían entrado los cristianos por la tierra, y
habían destruido y quemado los pueblos, y llevado la mitad de los
hombres y todas las mujeres y muchachos, y que los que de sus
manos se habían podido escapar andaban huyendo. Como los
veíamos tan atemorizados, sin osar parar en ninguna parte, y que ni
querían ni podían sembrar ni labrar la tierra, antes estaban
determinados de dejarse morir, y que esto tenían por mejor que
esperar y ser tratados con tanta crueldad como hasta allí, y
mostraban grandísimo placer con nosotros, aunque temimos que,
llegados a los que tenían la frontera con los cristianos y guerra con
ellos, nos habían de maltratar y hacer que pagásemos lo que los
cristianos contra ellos hacían. Mas como Dios nuestro Señor fue
servido de traernos hasta ellos, comenzáronnos a temer y acatar
como los pasados y aun algo más, de que no quedamos poco
maravillados, por donde claramente se ve que estas gentes todas,
para ser atraídas a ser cristianos y a obediencia de la imperial
majestad, han de ser llevados con buen tratamiento, y que éste es
camino muy cierto, y otro no. Estos nos llevaron a un pueblo que
Colaboración de Sergio Barros 130 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
está en un cuchillo de una sierra, y se ha de subir a él por grande
aspereza; y aquí hallamos mucha gente que estaba junta, recogidos
por miedo de los cristianos.
Recibiéronnos muy bien, y diéronnos cuanto tenían, y diéronnos
más de dos mil cargas de maíz, que dimos a aquellos miserables y
hambrientos que hasta allí nos habían traído. Y otro día
despachamos de allí cuatro mensajeros por la tierra como lo
acostumbrábamos hacer, para que llamasen y convocasen toda la
más gente que pudiesen, a un pueblo que está a tres jornadas de
allí. Y hecho esto, otro día nos partimos con toda la gente que allí
estaba, y siempre hallábamos rastro y señales adonde habían
dormido cristianos, y a mediodía topamos nuestros mensajeros, que
nos dijeron que no habían hallado gente, que toda andaba por los
montes, escondidos huyendo, porque los cristianos no los matasen
e hiciesen esclavos; y que la noche pasada habían visto a los
cristianos estando ellos detrás de unos árboles mirando lo que
hacían, y vieron cómo llevaban muchos indios en cadenas; y de esto
se alteraron los que con nosotros venían, y algunos de ellos se
volvieron para dar aviso por la tierra cómo venían cristianos, y
mucho más hicieran esto si nosotros no les dijéramos que no lo
hiciesen ni tuviesen temor; y con esto se aseguraron y holgaron
mucho. Venían entonces con nosotros indios de cien leguas de allí,
y no podíamos acabar con ellos que se volviesen a sus casas; y por
asegurarlos dormimos aquella noche allí, y otro día caminamos y
dormimos en el camino. Y el siguiente día, los que habíamos
enviado por mensajeros nos guiaron adonde ellos habían visto los
Colaboración de Sergio Barros 131 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
cristianos; y llegados a la hora de vísperas, vimos claramente que
habían dicho la verdad, y conocimos la gente que era de a caballo
por las estacas en que los caballos habían estado atados. Desde
aquí, que se llama el río Petután, hasta el río donde llegó Diego de
Guzmán, puede haber hasta él, desde donde supimos de cristianos,
ochenta leguas; y desde allí al pueblo donde nos tomaron las aguas,
doce leguas; y desde allí hasta la mar del Sur había doce leguas. Por
toda esta tierra donde alcanzan sierras vimos grandes muestras de
oro y alcohol, hierro, cobre y otros metales. Por donde están las
casas de asiento es caliente; tanto, que por enero hace gran calor.
Desde allí hacia el mediodía de la tierra, que es despoblada hasta la
mar del Norte, es muy desastrosa y pobre, donde pasamos grande e
increíble hambre. Y los que por aquella tierra habitan y andan es
gente crudelísima y de muy mala inclinación y costumbres. Los
indios que tienen casa de asiento, y los de atrás, ningún caso hacen
de oro y plata, ni hallan que pueda haber provecho de ello.
Colaboración de Sergio Barros 132 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXIII
Cómo vimos rastro de cristianos
Después que vimos rastro claro de cristianos, y entendimos que tan
cerca estábamos de ellos, dimos muchas gracias a Dios nuestro
Señor por querer nos sacar de tan triste y miserable cautiverio. El
placer de que esto sentimos júzguelo cada uno cuando pensare el
tiempo que en aquella tierra estuvimos y los peligros y trabajos por
que pasamos. Aquella noche yo rogué a uno de mis compañeros que
fuese tras los cristianos, que iban por donde nosotros dejábamos la
tierra asegurada, y había tres días de camino. A ellos se les hizo de
mal esto, excusándose por el cansancio y trabajo; y aunque cada
uno de ellos lo pudiera hacer mejor que yo, por ser más recios y
más mozos; mas vista su voluntad, otro día por la mañana tomé
conmigo al negro y once indios, y por el rastro que hallaba
siguiendo a los cristianos pasé por tres lugares donde habían
dormido; y este día anduve diez leguas, y otro día de mañana
alcancé cuatro cristianos de caballo, que recibieron gran alteración
de verme tan extrañamente vestido y en compañía de indios.
Estuviéronme mirando mucho espacio de tiempo, tan atónitos, que
ni me hablaban ni acertaban a preguntarme nada. Yo les dije que
me llevasen a donde estaba su capitán; y así, fuimos media legua de
allí, donde estaba Diego de Alcaraz, que era el capitán; y después de
haberle hablado, me dijo que estaba muy perdido allí, porque había
muchos días que no había podido tomar indios, y que no había por
dónde ir, porque entre ellos comenzaba a haber necesidad y
Colaboración de Sergio Barros 133 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
hambre. Yo le dije cómo atrás quedaban Dorantes y Castillo, que
estaban diez leguas de allí, con muchas gentes que nos habían
traído; y él envió luego tres de caballos y cincuenta indios de los que
ellos traían; y el negro volvió con ellos para guiarlos, y yo quedé allí,
y pedí que me diesen por testimonio el año y el mes y día que allí
había llegado, y la manera en que venía, y así lo hicieron. De este
río hasta San Miguel, que es de la gobernación de la provincia que
dicen la Nueva Galicia, hay treinta leguas.
Colaboración de Sergio Barros 134 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXIV
De cómo envié por los cristianos
Pasados cinco días, llegaron Andrés Dorantes y Alonso del Castillo
con los que habían ido por ellos, y traían consigo más de seiscientas
personas, que eran de aquel pueblo que los cristianos habían hecho
subir al monte, y andaban escondidos por la tierra, y los que hasta
allí con nosotros habían venido los habían sacado de los montes y
entregado a los cristianos, y ellos habían despedido todas las otras
gentes que hasta allí habían traído. Y venidos adonde yo estaba,
Alcaraz me rogó que enviásemos a llamar la gente de los pueblos
que están a la vera del río, que andaban escondidos por los montes
de la tierra, y que les mandásemos que trajesen de comer, aunque
esto no era menester, porque ellos siempre tenían cuidado de
traernos todo lo que podían. Y enviamos luego nuestros mensajeros
a que los llamasen, y vinieron seiscientas personas, que nos
trajeron todo el maíz que alcanzaban, y traíanlo en unas ollas
tapadas con barro en que lo habían enterrado y escondido, y nos
trajeron todo lo más que tenían; mas nosotros no quisimos tomar de
todo ello sino la comida, y dimos todo lo otro a los cristianos para
que entre sí la repartiesen. Y después de esto pasamos muchas y
grandes pendencias con ellos, porque nos querían hacer los indios
que traíamos esclavos, y con este enojo, al partir, dejamos muchos
arcos turquescos que traíamos, y muchos zurrones y flechas, y
entre ellas las cinco de las esmeraldas, que no se nos acordó de
ellas; y así, las perdimos. Dimos a los cristianos muchas mantas de
Colaboración de Sergio Barros 135 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
vaca y otras cosas que traíamos; vímonos con los indios en mucho
trabajo porque se volviesen a sus casas y se asegurasen y
sembrasen su maíz. Ellos no querían sino ir con nosotros hasta
dejarnos, como acostumbraban, con otros indios; porque si se
volviesen sin hacer esto, temían que se morirían; que para ir con
nosotros no temían a los cristianos ni a sus lanzas. A los cristianos
les pesaba de esto, y hacían que su lengua les dijese que nosotros
éramos de ellos mismos, y nos habíamos perdido mucho tiempo
había, y que éramos gente de poca suerte y valor, y que ellos eran
los señores de aquella tierra, a quien habían de obedecer y servir.
Mas todo esto los indios tenían en muy poco o nada de lo que les
decían; antes, unos con otros entre sí platicaban, diciendo que los
cristianos mentían, porque nosotros veníamos de donde salía el sol,
y ellos donde se pone; y que nosotros sanábamos los enfermos y
ellos mataban los que estaban sanos; y que nosotros veníamos
desnudos y descalzos, y ellos vestidos y en caballos y con lanzas; y
que nosotros no teníamos codicia de ninguna cosa, antes todo
cuanto nos daban tornábamos luego a dar, y con nada nos
quedábamos, y los otros no tenían otro fin sino robar todo cuanto
hallaban, y nunca daban nada a nadie. Y de esta manera relataban
todas nuestras cosas y las encarecían, por el contrario, de los otros;
y así les respondieron a la lengua de los cristianos, y lo mismo
hicieron saber a los otros por una lengua que entre ellos había, con
quien nos entendíamos, y aquellos que la usan llamamos
propiamente primahaitu, que es como decir vascongados, la cual,
más de cuatrocientas leguas de las que anduvimos, hallamos
Colaboración de Sergio Barros 136 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
usadas entre ellos, sin haber otra por todas aquellas tierras.
Finalmente, nunca pudo acabar con los indios creer que éramos de
los otros cristianos, y con mucho trabajo e importunación les
hicimos volver a sus casas, y les mandamos que se asegurasen, y
asentasen sus pueblos, y sembrasen y labrasen la tierra, que, de
estar despoblada, estaba ya muy llena de monte; la cual sin duda es
la mejor de cuantas en estas Indias hay, y más fértil y abundosa de
mantenimientos, y siembran tres veces en el año. Tienen muchas
frutas y muy hermosos ríos, y otras muchas aguas muy buenas.
Hay muestras grandes y señales de minas de oro y plata; la gente de
ella es muy bien acondicionada; sirven a los cristianos (los que son
amigos) de muy buena voluntad. Son muy dispuestos, mucho más
que los de Méjico, y, finalmente, es tierra que ninguna cosa le falta
para ser muy buena.
Despedidos los indios, nos dijeron que harían lo que mandábamos,
y asentarían sus pueblos si los cristianos los dejaban; y yo así lo
digo y afirmo por muy cierto, que si no lo hicieren será por culpa de
los cristianos. Después que hubimos enviado a los indios en paz, y
regraciándoles el trabajo que con nosotros habían pasado, los
cristianos nos enviaron, debajo de cautela, a un Cebreros, alcalde, y
con él otros dos, los cuales nos llevaron por los montes y
despoblados, por apartarnos de la conversación de los indios, y
porque no viésemos ni entendiésemos lo que de hecho hicieron;
donde parece cuánto se engañan los pensamientos de los hombres,
que nosotros andábamos a les buscar libertad, y cuando
pensábamos que la teníamos, sucedió tan al contrario, porque
Colaboración de Sergio Barros 137 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tenían acordado de ir a dar en los indios que enviábamos
asegurados y de paz. Y así como lo pensaron, lo hicieron;
lleváronnos por aquellos montes dos días, sin agua, perdidos y sin
camino, y todos pensamos perecer de sed, y de ella se nos ahogaron
siete hombres, y muchos amigos que los cristianos traían consigo
no pudieron llegar hasta otro día a mediodía adonde aquella noche
hallamos nosotros el agua. Y caminamos con ellos veinte y cinco
leguas, poco más o menos, y al fin de ellas llegamos a un pueblo de
indios de paz, y el alcalde que nos llevaba nos dejó allí, y él pasó
adelante otras tres leguas a un pueblo que se llamaba Culiacán,
adonde estaba Melchor Díaz, alcalde mayor y capitán de aquella
provincia.
Colaboración de Sergio Barros 138 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXV
De cómo el alcalde mayor nos recibió bien la noche que
llegamos
Como el alcalde mayor fue avisado de nuestra salida y venida, luego
aquella noche partió, y vino adonde nosotros estábamos, y lloró
mucho con nosotros, dando loores a Dios nuestro Señor por haber
usado de tanta misericordia con nosotros; y nos habló y trató muy
bien; y de parte del gobernador Nuño de Guzmán y suya nos ofreció
todo lo que tenía y podía, y mostró mucho sentimiento de la mala
acogida y tratamiento que en Alcaraz y los otros habíamos hallado,
y tuvimos por cierto que si él se hallara allí, se excusara lo que con
nosotros y con los indios se hizo. Y pasada aquella noche, otro día
nos partimos, y el alcalde mayor nos rogó mucho que nos
detuviésemos allí, y que en esto haríamos muy gran servicio a Dios
y a Vuestra Majestad, porque la tierra estaba despoblada, sin
labrarse, y toda muy destruida, y los indios andaban escondidos y
huidos por los montes, sin querer venir a hacer asiento en sus
pueblos, y que los enviásemos a llamar, y les mandásemos de parte
de Dios y de Vuestra Majestad que viniesen y poblasen en lo llano, y
labrasen la tierra. A nosotros nos pareció esto muy dificultoso de
poner en efecto, porque no traíamos indio ninguno de los nuestros
ni de los que nos solían acompañar y entender en estas cosas. En
fin, aventuramos a esto dos indios de los que traían allí cautivos,
que eran de los mismos de la tierra, y éstos se habían hallado con
los cristianos cuando primero llegamos a ellos, y vieron la gente que
Colaboración de Sergio Barros 139 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
nos acompañaba, y supieron de ellos la mucha autoridad y dominio
que por todas aquellas tierras habíamos traído y tenido, y las
maravillas que habíamos hecho, y los enfermos que habíamos
curado, y otras muchas cosas. Y con estos indios mandamos a otros
del pueblo, que juntamente fuesen y llamasen los indios que
estaban por las sierras alzados, y los del río de Petaan, donde
habíamos hallado a los cristianos, y que les dijesen que viniesen a
nosotros, porque les queríamos hablar. Y para que fuesen seguros, y
los otros viniesen, les dimos un calabazo de los que nosotros
traíamos en las manos (que era nuestra principal insignia y muestra
de gran estado), y con éste ellos fueron y anduvieron por allí siete
días, y al fin de ellos vinieron, y trajeron consigo tres señores de los
que estaban alzados por las sierras, que traían quince hombres, y
nos trajeron cuentas y turquesas y plumas, y los mensajeros nos
dijeron que no habían llamado a los naturales del río donde
habíamos salido, porque los cristianos los habían hecho otra vez
huir a los montes. Y el Melchor Díaz dijo a la lengua que de nuestra
parte les hablase a aquellos indios, y les dijese como venía de parte
de Dios, que está en el cielo, y que habíamos andado por el mundo
muchos años, diciendo a toda la gente que habíamos hallado que
creyesen en Dios y lo sirviesen, porque era Señor de todas cuantas
cosas había en el mundo, y que él daba galardón y pagaba a los
buenos, y pena perpetua de fuego a los malos; y que cuando los
buenos morían, los llevaba al cielo, donde nunca nadie moría, ni
tenían hambre, ni frío, ni sed, ni otra necesidad ninguna, sino la
mayor gloria que se podría pensar; y que los que no le querían creer
Colaboración de Sergio Barros 140 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
ni obedecer sus mandamientos, los echaba debajo de la tierra en
compañía de los demonios y en gran fuego, el cual nunca se había
de acabar, sino atormentarlos para siempre; y que allende de esto,
si ellos quisiesen ser cristianos y servir a Dios de la manera que les
mandásemos, que los cristianos tendrían por hermanos y los
tratarían muy bien, y nosotros les mandaríamos que no les hiciesen
ningún enojo ni los sacasen de sus tierras, sino que fuesen grandes
amigos suyos; mas que si esto no quisiesen hacer, los cristianos los
tratarían muy mal, y se los llevarían por esclavos a otras tierras. A
esto respondieron a la lengua que ellos serían muy buenos
cristianos, y servirían a Dios; y preguntados en qué adoraban y
sacrificaban, y a quién pedían el agua para sus maizales y la salud
para ellos, respondieron que a un hombre que estaba en el cielo.
Preguntámosles cómo se llamaba y dijeron que Aguar, y que creían
que él había criado todo el mundo y las cosas de él. Tornámosles a
preguntar cómo sabían esto, y respondieron que sus padres y
abuelos se lo habían dicho, que de muchos tiempos tenían noticia
de esto, y sabían que el agua y todas las buenas cosas las enviaba
Aquél. Nosotros les dijimos que Aquél que ellos decían, nosotros lo
llamábamos Dios, y que así lo llamasen ellos, y lo sirviesen y
adorasen como mandábamos, y ellos se hallarían muy bien de ello.
Respondieron que todo lo tenían muy bien entendido, y que así lo
harían. Y mandámosles que bajasen de las sierras, y viniesen
seguros y en paz, y poblasen toda la tierra, e hiciesen sus casas, y
que entre ellas hiciesen una para Dios, y pusiesen a la entrada una
cruz como la que allí teníamos, y que cuando viniesen allí los
Colaboración de Sergio Barros 141 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
cristianos, los saliesen a recibir con las cruces en las manos, sin los
arcos y sin las armas, y los llevasen a sus casas, y les diesen de
comer de lo que tenían, y por esta manera no les harían mal, antes
serían sus amigos. Y ellos dijeron que así lo harían como nosotros lo
mandábamos; y el capitán les dio mantas y los trató muy bien; y así
se volvieron, llevando los dos que estaban cautivos y habían ido por
mensajeros. Esto pasó en presencia del escribano que allí tenían y
otros muchos testigos.
Colaboración de Sergio Barros 142 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXVI
De cómo hicimos hacer iglesias en aquella tierra
Como los indios se volvieron, todos los de aquella provincia, que
eran amigos
de los cristianos, como tuvieron noticia de nosotros, nos vinieron a
ver, y nos trajeron cuentas y plumas, y nosotros les mandamos que
hiciesen iglesias, y pusiesen cruces en ellas, porque hasta entonces
no las habían hecho; e hicimos traer los hijos de los principales
señores y bautizarlos; y luego el capitán hizo pleito homenaje a Dios
de no hacer ni consentir hacer entrada ninguna, ni tomar esclavo
por la tierra y gente que nosotros habíamos asegurado, y que esto
guardaría y cumpliría hasta que Su Majestad y el gobernador Nuño
de Guzmán, o el virrey en su nombre, proveyesen en lo que más
fuese servido de Dios y de Su Majestad. Y después de bautizados los
niños, nos partimos para la villa de San Miguel, donde, como fuimos
llegados, vinieron indios, que nos dijeron cómo mucha gente bajaba
de las sierras y poblaban en lo llano, y hacían iglesias y cruces y
todo lo que les habíamos mandado; y cada día teníamos nuevas de
cómo esto se iba haciendo y cumpliendo más enteramente. Y
pasados quince días que allí habíamos estado, llegó Alcaraz con los
cristianos que habían ido en aquella entrada, y contaron al capitán
cómo eran bajados de las sierras los indios, y habían poblado en lo
llano, y habían hallado pueblos con mucha gente, que de primero
estaban despoblados y desiertos, y que los indios les salieron a
recibir con cruces en las manos, y los llevaron a sus casas, y les
Colaboración de Sergio Barros 143 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
dieron de lo que tenían, y durmieron con ellos allí aquella noche.
Espantados de tal novedad, y de que los indios les dijeron cómo
estaban ya asegurados, mandó que no les hiciesen mal, y así se
despidieron. Dios nuestro Señor por su infinita misericordia, quiera
que en los días de Vuestra Majestad y debajo de vuestro poder y
señorío, estas gentes vengan a ser verdaderamente y con entera
voluntad sujetas al verdadero Señor que las crió y redimió. Lo cual
tenemos por cierto que así será, y que Vuestra Majestad ha de ser el
que lo ha de poner en efecto (que no será difícil de hacer); porque
dos mil leguas que anduvimos por tierra y por la mar en las barcas,
y otros diez meses que después de salidos de cautivos, sin parar,
anduvimos por la tierra, no hallamos sacrificios ni idolatría. En este
tiempo travesamos de una mar a otra, y por la noticia que con
mucha diligencia alcanzamos a entender, de una costa a la otra, por
lo más ancho, puede haber doscientas leguas y alcanzamos a
entender que en la costa del sur hay perlas y muchas riquezas, y
que todo lo mejor y más rico está cerca de ella. En la villa de San
Miguel estuvimos hasta quince días del mes de mayo; la causa de
detenernos allí tanto fue porque de allí hasta la ciudad de
Compostela, donde el gobernador Nuño de Guzmán residía, hay cien
leguas y todas son despobladas y de enemigos, y hubieron de ir con
nosotros gente, con que iban veinte de caballo, que nos
acompañaron hasta cuarenta leguas; y de allí adelante vinieron con
nosotros seis cristianos, que traían quinientos indios hechos
esclavos. Y llegados en Compostela, el gobernador nos recibió muy
bien, y de lo que tenía nos dio de vestir; lo cual yo por muchos días
Colaboración de Sergio Barros 144 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
no pude traer, ni podíamos dormir sino en el suelo; y pasados diez o
doce días partimos para Méjico, y por todo el camino fuimos bien
tratados de los cristianos, y muchos nos salían a ver por los
caminos y daban gracias a Dios de habernos librado de tantos
peligros. Llegamos a Méjico domingo, un día antes de la víspera de
Santiago, donde del virrey y del marqués del Valle fuimos muy bien
tratados y con mucho placer recibidos, y nos dieron de vestir y
ofrecieron todo lo que tenían, y el día de Santiago hubo fiesta y
juego de cañas y toros.
Colaboración de Sergio Barros 145 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXVII
De lo que aconteció cuando me quise venir
Después que descansamos en Méjico dos meses, yo me quise venir
en estos reinos, y yendo a embarcar en el mes de octubre, vino una
tormenta que dio con el navío al través y se perdió. Y visto esto,
acordé de dejar pasar el invierno, porque en aquellas partes es muy
recio tiempo para navegar en él; y después de pasado el invierno,
por cuaresma, nos partimos de Méjico Andrés Dorantes y yo para la
Veracruz, para nos embarcar, y allí estuvimos esperando tiempo
hasta domingo de Ramos, que nos embarcamos, y estuvimos
embarcados más de quince días por falta de tiempo, y el navío en
que estábamos hacía mucha agua. Yo me salí dél y me pasé a otros
de los que estaban para venir, y Dorantes se quedó en aquél. Y a
diez días del mes de abril partimos del puerto tres navíos, y
navegamos juntos ciento cincuenta leguas, y por el camino los dos
navíos hacían mucha agua, y una noche nos perdimos de su
conserva, porque los pilotos y maestros, según después pareció, no
osaron pasar adelante con sus navíos y volvieron otra vez al puerto
donde habían partido, sin darnos cuenta de ello ni saber más de
ellos, y nosotros seguimos nuestro viaje, y a cuatro días de mayo
llegamos al puerto de La Habana, que es en la isla de Cuba, adonde
estuvimos esperando los otros dos navíos, creyendo que venían,
hasta dos días de junio, que partimos de allí con mucho temor de
topar con franceses, que había pocos días que habían tomado allí
tres navíos nuestros. Y llegados sobre la isla de la Bermuda, nos
Colaboración de Sergio Barros 146 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
tomó una tormenta, que suele tomar a todos los que por allí pasan,
la cual es conforme a la gente que en ella anda, y toda una noche
nos tuvimos por perdidos, y plugo a Dios que, venida la mañana,
cesó la tormenta y seguimos nuestro camino. A cabo de veinte y
nueve días que partimos de La Habana habíamos andado mil y cien
leguas que dicen que hay de allí hasta el pueblo de Azores. Y
pasando otro día por la isla que dicen del Cuervo, dimos con un
navío de franceses a hora de mediodía; nos comenzó a seguir con
una carabela que traía tomada de portugueses y nos dieron caza, y
aquella tarde vimos otras nueve velas, y estaban tan lejos, que no
pudimos conocer si eran portuguesas o de aquellos mismos que nos
seguían, y cuando anocheció estaba el francés a tiro de lombarda de
nuestro navío; y desde que fue obscuro, hurtamos la derrota por
desviarnos de él; y como iba tan junto de nosotros, nos vio y tiró la
vía de nosotros, y esto hicimos tres o cuatro veces; y él nos pudiera
tomar si quisiera, sino que lo dejaba para mañana. Plugo a Dios que
cuando amaneció nos hallamos el francés y nosotros juntos, y
cercados de las nueve velas que he dicho que a la tarde antes
habíamos visto, las cuales conocíamos ser de la armada de
Portugal, y di gracias a nuestro Señor por haberme escapado de los
trabajos de la tierra y peligros de la mar. Y el francés como conoció
ser el armada de Portugal, soltó la carabela que traía tomada, que
venía cargada de negros, la cual traía consigo para que creyésemos
que eran portugueses y la esperásemos; y cuando la soltó dijo al
maestre piloto de ella que nosotros éramos franceses y de su
conserva; y como dijo esto, metió sesenta remos en su navío; y así, a
Colaboración de Sergio Barros 147 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
remo y a vela, se comenzó a ir, y andaba tanto, que no se puede
creer. Y la carabela que soltó se fue al galeón, y dijo al capitán que
el nuestro navío y el otro eran de franceses; y como nuestro navío
arribó al galeón, y como toda la armada veía que íbamos sobre ellos
teniendo por cierto que éramos franceses, se pusieron a punto de
guerra y vinieron sobre nosotros, y llegados cerca, les salvamos.
Conocido que éramos amigos; se hallaron burlados, por habérseles
escapado aquel corsario con haber dicho que éramos franceses y de
su compañía. Y así fueron cuatro carabelas tras él; y llegado a
nosotros el galeón, después de haberles saludado, nos preguntó el
capitán, Diego de Silveira, que de dónde veníamos y qué mercadería
traíamos; y le respondimos que veníamos de la Nueva España, y que
traíamos plata y oro. Y preguntónos qué tanto sería; el maestro le
dijo que traería trescientos mil castellanos. Respondió el capitán:
«Boa fe que venis muito ricos, pero trazedes muy ruin navio y muito
ruin artilleria, ¡o fi de puta! can a renegado francés, y que bon
bocado perdio, vota Deus. Ora sus pos vos abedes escapado,
seguime e non vos apartedes de mi, que con ayuda de Deus, eu voz
porné en Castela». Y dende a poco volvieron las carabelas que
habían seguido tras el francés, porque les pareció que andaba
mucho, y por no dejar el armada, que iba en guarda de tres naos
que venían cargadas de especiería. Y así llegamos a la isla Tercera,
donde estuvimos reposando quince días, tomando refresco y
esperando otra nao que venía cargada de la India, que era la
conserva de las tres naos que traía el armada. Y pasados los quince
días, nos partimos de allí con el armada, y llegamos al puerto de
Colaboración de Sergio Barros 148 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Lisbona a 9 de agosto, víspera del señor San Laurencio, año de
1537 años. Y porque es así la verdad, como arriba en esta relación
digo, lo firmé de mi nombre, Cabeza de Vaca. -Estaba firmada de su
nombre, y con el escudo de sus armas, la Relación donde éste se
sacó.
Colaboración de Sergio Barros 149 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
Capítulo XXXVIII
De lo que sucedió a los demás que entraron en las Indias
Pues he hecho relación de todo susodicho en el viaje, y entrada y
salida de la tierra, hasta volver a estos reinos, quiero asimismo
hacer memoria y relación de lo que hicieron los navíos y la gente
que en ellos quedó, de lo cual no he hecho memoria en lo dicho
atrás, porque nunca tuvimos noticia de ellos hasta después de
salidos, que hallamos mucha gente de ellos en la Nueva España, y
otros acá en Castilla, de quien supimos el suceso y todo el fin de ello
de qué manera pasó, después que dejamos los tres navíos porque el
otro era ya perdido en la costa brava, los cuales quedaban a mucho
peligro, y quedaban en ellos hasta cien personas con pocos
mantenimientos, entre los cuales quedaban diez mujeres casadas, y
una de ellas había dicho al gobernador muchas cosas que le
acaecieron en el viaje, antes que le sucediesen; y ésta le dijo,
cuando entraba por la tierra, que no entrase, porque ella creía que
él ni ninguno de los que con él iban no saldrían de la tierra; y que si
alguno saliese, que haría Dios por él grandes milagros; pero creía
que fuesen pocos los que escapasen o no ningunos; y el gobernador
entonces le respondió que él y todos los que con él entraban iban a
pelear y conquistar muchas y muy extrañas gentes y tierras, y que
tenía por muy cierto que conquistándolas habían de morir muchos;
pero aquéllos que quedasen serían de buena ventura y quedarían
muy ricos, por la noticia que él tenía de la riqueza que en aquélla
había. Y díjole más, que le rogaba que ella le dijese las cosas que
Colaboración de Sergio Barros 150 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
había dicho pasadas y presentes, ¿quién se las había dicho? Ella
respondió, y dijo que en Castilla una mora de Hornachos se lo había
dicho, lo cual antes que partiésemos de Castilla nos lo había a
nosotros dicho, y nos había sucedido todo el viaje de la misma
manera que ella nos había dicho. Y después de haber dejado el
gobernador por su teniente y capitán de todos los navíos y gente que
allí dejaba a Carvallo, natural de Cuenca, de Huete, nosotros nos
partimos de ellos, dejándoles el gobernador mandado que luego en
todas maneras se recogiesen todos los navíos y siguiesen su viaje
derecho la vía del Pánuco, y yendo siempre costeando la costa y
buscando lo mejor que ellos pudiesen el puerto, para que en
hallándolo parasen en él y nos esperasen. En aquel tiempo que ellos
se recogían en los navíos, dicen que aquellas personas que allí
estaban vieron y oyeron todos muy claramente cómo aquella mujer
dijo a las otras que, pues sus maridos entraban por la tierra adentro
y ponían sus personas en tan gran peligro, no hiciesen en ninguna
manera cuenta de ellos; y que luego mirasen con quién se habían de
casar, porque ella así lo había de hacer, y así lo hizo; que ella y las
demás se casaron y amancebaron con los que quedaron en los
navíos; y después de partidos de allí los navíos, hicieron vela y
siguieron su viaje, y no hallaron el puerto adelante y volvieron atrás.
Y cinco leguas más abajo de donde habíamos desembarcado
hallaron el puerto, que entraba siete u ocho leguas la tierra adentro,
y era el mismo que nosotros habíamos descubierto, adonde
hallamos las cajas de Castilla que atrás se ha dicho, a donde
estaban los cuerpos de los hombres muertos, los cuales eran
Colaboración de Sergio Barros 151 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
cristianos. Y en este puerto y esta costa anduvieron los tres navíos y
el otro que vino de La Habana y el bergantín buscándonos cerca de
un año; y como no nos hallaron, fuéronse a la Nueva España. Este
puerto que decimos es el mejor del mundo, y entra en la tierra
adentro siete u ocho leguas, y tiene seis brazas a la entrada y cerca
de tierra tiene cinco, y es lama el suelo de él, y no hay mar dentro ni
tormenta brava, que como los navíos que cabrán en él son muchos,
tiene muy gran cantidad de pescado. Está cien leguas de La
Habana, que es pueblo de cristianos en Cuba, y está a norte sur con
este pueblo, y aquí reinan las brisas siempre, y van y vienen de una
parte a otra en cuatro días, porque los navíos van y vienen a
cuartel. Y pues he dado relación de los navíos, será bien que diga
quién son y de qué lugar de estos reinos, los que nuestro Señor fue
servido de escapar de estos trabajos. El primero es Alonso del
Castillo Maldonado, natural de Salamanca, hijo del doctor Castillo y
de doña Aldonza Maldonado. El segundo es Andrés Dorantes, hijo
de Pablo Dorantes, natural de Béjar y vecino de Gibraleón. El
tercero es Álvar Núñez Cabeza de Vaca, hijo de Francisco de Vera y
nieto de Pedro de Vera, el que ganó a Canaria, y su madre se
llamaba doña Teresa Cabeza de Vaca, natural de Jerez de la
Frontera. El cuarto se llama Estebanico; es negro alárabe, natural
de Azamor.
Deo gracias.
Colaboración de Sergio Barros 152 Preparado por Patricio Barros
Naufragios y comentarios www.librosmaravillosos.com Alvar Núñez Cabeza de Vaca
El autor
Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Nació en Jerez de la Frontera, en
1488/1490 – y falleció en Valladolid, el 27 de mayo de 1559) fue un
conquistador español que exploró la costa sur de
Norteamérica desde la actual Florida pasando
por Alabama, Misisipi y Luisiana y se adentró en
Texas, Nuevo México, Arizona y en el norte de
México hasta llegar al golfo de California,
territorios que pasaron a anexarse al Imperio
español dentro del virreinato de Nueva España.
Antes de iniciar su segundo viaje a América, esta
vez para el sur, el rey Carlos I de España le otorgó el título de
segundo adelantado y lo nombró capitán general y gobernador del
Río de la Plata y del Paraguay, Paranáguazu y sus anexos. Fue el
primer europeo en llegar a las cataratas del Iguazú y que explorara
el curso del río Paraguay.
Colaboración de Sergio Barros 153 Preparado por Patricio Barros