Caracas 455 Memorias de Una Ciudad Perdida
Caracas 455 Memorias de Una Ciudad Perdida
ILUSTRADORES
PROGRAMACIÓN Luis Bonilla
Claudia Hernández Ana Brett
Eddymir Briceño
CONSULTOR URBANO Carlos Carreño
Ing. Manuel Cadenas Héctor Do Nascimiento
Benjamín Infante
ADMINISTRACIÓN Victoria Fernández
Iván Jordan Ivonné Gargano
Edgar Morales Yonel Hernández
Eggi Tovar Pablo Iranzo
Alyna Izquierdo
Manuel Lara
Patricia Urrutia
ISBN: Alexander Wright
978-980-18-3197-6 Michael Zerpa
DEPÓSITO LEGAL:
DC2023000090
AGRADECIMIENTOS
Una Caracas cuyas noches transcurrían Esas pérdidas han terminado por trastocar
entre el Cordon Blue o La Belle Époque nuestra relación con un entorno que, hasta
y que se mantenía despierta para saciar hace poco, sentimos tan nuestro y que
el hambre de los trasnochados en sus ahora se desdibuja en la memoria.
areperas 24 horas.
Este sentir nos impulsó a rescatar los
Una ciudad que nos deslumbró con vestigios de esa ciudad.
impresionantes montajes artísticos al aire
libre, durante las ediciones del Festival Solo que la reconstrucción de la memoria
Internacional de Teatro y Por el Medio de histórica de Caracas no podía ser un
la Calle. trabajo individual, sino un ejercicio
colectivo.
La que despedía las tardes con un café
en la Librería Lugar Común. La que Así reunimos a un grupo de talentosos
era espacio de intensas tertulias en el periodistas, escritores e ilustradores
Rajatabla o la que invitaba a sacudir el —dentro y fuera del país— para juntos ar-
cuerpo en la pista de El Maní es Así. mar las piezas de 40 lugares emblemáticos
que la ciudad ha visto desaparecer o que
Poco queda de aquella Caracas y quienes la han cambiado de uso.
vivimos no dejamos de sentir nostalgia por
lo que ya no está. El resultado es una recopilación de
vivencias, recuerdos y experiencias
Cuesta admitir que la pérdida de intimistas en torno a estos espacios que
referentes urbanos es un proceso logra traerlos de vuelta al presente.
natural. Las ciudades cambian, mutan, se
transforman… Estas páginas representan un valioso
registro histórico de Caracas. Un
Solo que, en nuestro caso, la desaparición homenaje a quienes marcaron la dinámica
de lugares emblemáticos ha sido abrupta de la ciudad. Un aporte a las nuevas
y sin anestesia. Al menos, para quienes generaciones para que descubran una
hemos visto a la ciudad cambiar desde la capital que ahora permanecerá entre
distancia. nosotros para siempre.
prólogo
Toda ciudad se debate entre lo que perma- cosa, por lo general nos invade un senti-
nece y lo que desaparece. En las ciudades miento de perplejidad: ¿cómo es posible?
conviven los que extrañan los aires, la A veces, la experiencia es de horror. Como
presencia de las formas del pasado, con los si nos hubiesen arrebatado una pertenen-
que se maravillan y aplauden la irrupción cia propia, algo que tenía una repercusión
de lo nuevo, en especial cuando las nove- personal o, más allá, que compartíamos
dades se despliegan a la vista de todos en con seres queridos.
el espacio público: grandes edificaciones,
parques que ocupan extensiones urbanas, No me refiero aquí a una cuestión que es
avenidas y autopistas que se construyen terreno polémico y de especialistas muy
para mejorar la circulación de peatones y afilados: el del patrimonio, tanto de su
vehículos. cuidado como de su destrucción delibera-
da o por omisión. En ciudades de distintos
En esta tensión subyacen argumentos países he visto cómo se producen contro-
poderosos y complejos. El primero de ellos versias, que incluso llegan a los tribunales,
lo constituyen nuestros apegos. Sentimos en las que disputan si una muy antigua
afecto por la ciudad en la que hemos edificación, en estado ruinoso, debe sal-
crecido y vivido. A lo largo del tiempo, varse (lo que la mayoría de las veces exige
la memoria se va poblando de escenas, inversiones muy grandes), o si debe provo-
hechos que presenciamos, capítulos carse su derribo definitivo, para eliminar
de nuestra existencia que no podemos los riesgos de que se produzcan accidentes
separar del lugar en que ocurrieron. Hay indeseados o, como tanto vemos en nues-
calles, bancos en plazas, negocios de tro tiempo, para dar paso a un cambio, a
los que solíamos ser clientes habituales, un nuevo lugar. Para dar paso a formas de
vitrinas a las que volvíamos con curiosidad, modernización.
salas de cine, cafeterías e innumerables
lugares que se instalan en nuestros Lo que es indiscutible es que las ciudades
recuerdos, y que asociamos a la propia cambian de configuración y de fisonomía.
existencia. No son, como podría parecer No hay en la historia de los conglomerados
a priori, datos de lo exterior, sino justo urbanos, ninguno que, en especial en épo-
lo contrario: presencias que habitan en cas de esplendor, no haya cambiado bajo el
nuestra interioridad. Nos pertenecen. ímpetu de la prosperidad. O, lo contrario,
ninguno ha escapado al deterioro que se
Cuando recibimos la noticia de que uno produce en tiempos de declive o empobre-
de esos lugares que tienen un registro en cimiento. A esto hay que añadir el terrible
nuestra memoria —muchas veces sin dar- factor de las guerras: llegan, la mayoría de
nos cuenta— ha sido cerrado, reformado las veces, para destruir a los hombres y a
o, peor aún, derribado para dar paso a otra sus ciudades. Así ha sido siempre, desde la
antigüedad, así ocurre ahora —como está «perdidos», se conservarán en alguna
pasando con Kiev, la capital de Ucrania—, medida, en textos, en fotografías, en la
así lamentablemente continuará siendo. La memoria sentimental de cada uno de
destrucción bélica tiene el poder de hacer nosotros.
irreconocibles los lugares por los que pasa.
Caracas 455: memorias de una ciudad
Hay quienes sostienen que si el espíritu perdida no es, por fortuna, un esfuerzo
de la ciudad, el sello de su personalidad se aislado. Forma parte de una habitada
mantiene, a pesar de las transformaciones corriente cultural que se ha expandido
puntuales, entonces estas pesan menos por el mundo, en todos los continentes
en la biografía de la ciudad. Otra cosa y en la mayoría de las lenguas. Está
ocurre cuando lo que había desaparece constituida por publicaciones, recopilación
para sucumbir al deterioro, a la herrumbre de testimonios, recuperación de
incontrolada, a la acción provocada por la archivos, producción de documentales,
negligencia. investigaciones realizadas por expertos,
revisión analítica de antiguos documentos
Me atrevo a pensar que Caracas tiene una y tantas otras iniciativas, motivadas por
ventaja sobre muchas otras ciudades: su una vocación común: que las ciudades no
respiración está marcada por la imponente se pierdan del todo. Que lo recuperable
presencia de El Ávila. El cerro siempre está sea fijado en algún soporte. Que la
allí: irradia esa sensación de permanencia memoria, en todos sus órdenes —histórico,
que tan bien conocemos los caraqueños. social, cultural y personal— no se hunda
Está como guardián de nuestras esperan- en la ingente masa de los olvidos, y se
zas. Pero eso no impide que llevemos con incorpore, de algún modo, a la realidad de
nosotros sentimientos de nostalgia ante lo que permanece.
algunas desapariciones que ocurren en la
ciudad que crece a sus pies.
El Budare
de La Castellana
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El Cubanito
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El Naturista
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Contenido Restaurante
Bar
El Palmar
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Evio’s Pizza
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La Belle
Époque
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la sifrina
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Lee Hamilton
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Marisquería
Dena Ona
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Restaurante
Presidente
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Librería El Maní Cine
Alejandría II es Así La Previsora
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El
Cordon
Bleu
por Rodrigo Blanco Calderón / ilustración Yonel Hernández
El Budare
de La
Castellana
por Iván Zambrano / ilustración Luis Bonilla
Frente a una arepa de pernil y un jugo de parchi- El Budare de La Castellana fue escenario de todo
ta, un 24 de diciembre mi primer novio me pidió tipo de shows. «Una madrugada, saliendo de Cool
el empate en El Budare de la Castellana. Folklore Café, pasé por El Budare con un amigo que tenía
sexodiverso. El amor entra por la boca, y uno le la maña de desnudarse cuando bebía. Entró al
dice que sí, aunque luego pegue en el estómago. local con nada más que sus lentes puestos. Pidió
una Reina pepiada ¡Y SE LA DIERON!», cuenta
A cada mesa la convocaba un motivo distinto, Desirée Fernández, una asidua cliente.
que uno adivinaba según lo que le sirvieran:
chupe para los enratonados, parrilla mixta para La plancha se prendió a mediados de 2002. El
celebrar la quincena, cachapa de pernil y queso local funcionaba en la Quinta Samsilu de la
de mano para los que venían de hacer yoga avenida Eugenio Mendoza (Chacao). Tenía una
en La Estancia. Los cuentos se cruzaban para vibra como a la casa de la abuela en la que podías
los mesoneros que atajaban conversaciones resolver desayuno, almuerzo, antojo y cena.
incompletas mientras llevaban la comanda a la
cocina. Un ecosistema engranado. Las historias y Llegó la pandemia y el fogón se apagó. Bajó su
los carbohidratos mueven al mundo. santamaría en junio de 2021. Desde ese entonces,
y durante meses, Arepita, el perro guardián del
Por El Budare pasaron famosos, anónimos, restaurante, se instaló en las puertas del local
diplomáticos que se hospedaban por Altamira, quizá con la esperanza de que le volviera a pegar
las strippers de Trío (el club para caballeros que el olor a cachapa. Arepita llegó a El Budare siendo
estaba detrás) y las drag queens de Cool Café (el un cachorro, que engordó con el menú de la casa.
local gay que quedaba justo al frente).
Antes de El Budare, en la Quinta Samsilu
«El gusto por una buena arepa no conoce de cla- funcionaba una franquicia internacional de
ses sociales», asegura Alberto Veloz, periodista sándwiches: Schlotzsky’s. Ahora opera Carbón,
gastronómico y cronista de Caracas. Hay quienes un restaurante de comida criolla a la brasa con un
veían a El Conde del Guácharo comer cerca de la estilo sofisticado. En esa esquina de La Castellana
caja o a la agrupación Gran Coquivacoa pagando no queda espacio para la nostalgia. Barriga llena,
la ronda de arepas con unas gaitas. corazón contento.
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T año de cierre: 2021 / dirección física: Urbanización La Castellana,
avenida Eugenio Mendoza con 1a transversal, Municipio Chacao, Caracas /
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El
Cubanito
por Adriana Herrera / ilustración Carlos Carreño
Cuando mi madre salía del colegio, pasaba su adolescencia. Entonces, adquirí mis
por una lunchería que quedaba a dos propios gustos: la naranjada, el batido
cuadras de su casa. Con la emoción de espeso de fresas o la merengada de ajonjolí
quien juntaba las monedas para comprarse que, de tan rara, era de las más pedidas.
la merienda, llegaba allí y pedía un perro
caliente con un café claro o un batido de Detrás de la barra, todo sucedía con
guanábana. Los meseros ya la conocían rapidez. Desde las mesas decían la orden
bien. Le servían el pan, ligeramente en voz alta y el encargado de los fogones
tostado, con papas fritas; y siempre iba dando indicaciones: ¡tres fritas, dos con
disponían en la mesa tres salsas para que huevo, un batido! Mientras, se escuchaba
ella le pusiera a su gusto. Esa lunchería era el sonido de las licuadoras, el de la carne
El Cubanito, perpendicular a la avenida cortándose sobre las planchas, un radio
Roosevelt, y con esos sabores de media soltando canciones y las risas de los
tarde creció mi madre en los años setenta. comensales. Con esa dinámica, El Cubanito
resolvía almuerzos, antojos de tarde, cenas
Era un espacio sin pretensiones, con copiosas.
apenas ocho o diez mesas; informal y
cercano, pero con sus meseros vestidos de Con los años, ampliaron el local, el menú
chaqueta blanca y pajarita negra. Con el dejó de ofrecer algunas cosas y cambiaron
tiempo, el gusto de mi madre por el menú el anuncio que tuvieron por casi cuatro
se fue ampliando: prefería el club house décadas. Ese letrero que le dio a El
y las fritas, que era como llamaban a las Cubanito un aire más moderno sigue allí,
hamburguesas. Y claro, también estaba aunque la santamaría esté cerrada. Que no
el Cubano, ese pan francés con pernil y lo hayan quitado es lo único que le hace
pepinillos dulces que caló en el gusto de preguntarse a quienes vivieron los buenos
los caraqueños y se instaló en la memoria tiempos entre esas mesas si reabrirá en
de quienes visitaban el lugar. algún momento, como si siguiera detenido
en el tiempo.
Pasaron 22 años desde aquellos días que
mi madre salía del colegio hasta que me
llevó por primera vez a El Cubanito de
sus recuerdos. Conocí a José, a Luis, a
Felipe, meseros que estaban allí desde
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
El
Naturista
por Gabriela Rojas / ilustración Patricia Urrutia
El lugar estaba lleno como en los días y El encierro aniquiló los lugares de
semanas previas. Miguel Ángel Andrade encuentro. El distanciamiento social marcó
había ido con un grupo de amigos el el paso de los días, que se convirtieron en
jueves: «teníamos un cumpleaños y fuimos meses, y aquella puerta abierta 24/7 se
al karaoke a cantar. Los jueves eran de volvió una fachada polvorienta cubierta de
karaoke y nosotros íbamos por lo menos lonas negras y un nombre que apenas se
cada quince días». adivinaba bajo láminas de pintura roja.
Cinco años antes, El Naturista había moder- Cuando la vida sin cuarentena fue impo-
nizado su imagen. Pero en esencia seguía niendo de nuevo el ritmo de la ciudad, la
siendo aquel bar confiable 24 horas, con calle San Felipe con segunda transversal
un aire irresistible de parador de carretera. de La Castellana había cambiado. El 28 de
Ambiente familiar, según la jerga local. julio de 2021 un sonriente cochinito inau-
guraba un renovado local, que ponía fin a
Lo más familiar era su enclave. Tres im- más de 30 años de historia. El Naturista ya
portantes torres de oficinas que dominan no existía.
la segunda transversal de La Castellana,
pero la verdadera «trinidad» de referencia Miguel Ángel Andrade aún trabaja a media
la conformaron durante décadas El León, cuadra del lugar. Dos años después, cuan-
refugio cervecero de generaciones, el Mc do regresó a la presencialidad del trabajo
Donald’s y, por supuesto, El Naturista. en la oficina, sufrió un despecho inespera-
do: «Fue extraño. Un día, así como así, me
Su nombre le dio influjo a lo que le ro- di cuenta de que estuve en la última rumba
deaba: los taxis de El Naturista, la clínica en El Naturista».
frente a El Naturista y los «perros» de El
Naturista, una historia con virtud propia
que construyó el no menos popular mara-
cucho que hizo ese punto de sabor hace
más de 20 años.
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T año de cierre: 2020 / dirección física: Urbanización La Castellana,
avenida San Felipe con 2a transversal, Municipio Chacao, Caracas /
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Restaurante
Bar
El Palmar
por Gerardo Guarache Ocque / ilustración Manuel Lara
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El Palmar era de otra dimensión. Una vez En un intento por complacer al paladar
dentro de ese templo culinario con pagoda, venezolano, El Palmar introdujo el pato
dragones y caligrafía chinas, parecía un Pekín y la sopa mongolesa, así como
planeta distinto al del busto de Lincoln variantes del mero Shanghai y los
de la placita contigua. Se sentía lejana la langostinos en salsa de nueces al estilo
Caracas europea; sus elevados, que alguna Hong Kong. Comer chino allí era más que
vez fueron maravillas arquitectónicas; el arroz frito, chop suey, lumpias y costillitas
smog y el ruido. de cerdo en salsa agridulce.
Todo cambiaba alrededor: el Sears se Todo comenzó con Yen Moy, un aprendiz
volvió Maxy’s y el Maxy’s devino en Ciudad de un famoso cocinero llamado Lu Hung,
Banesco. El dólar subió… Pero El Palmar, que tuvo la osadía de huir de la China
el primer restaurante chino de Caracas, sangrienta de Mao Zedong. Moy se fue
seguía en la avenida Leonardo Da Vinci de a Maracaibo, que ya disfrutaba de las
Colinas de Bello Monte como lugar de refe- bondades de la explotación petrolera, y
rencia e institución gastronómica. montó, en 1953, Los Farolitos, el primer
restaurante chino de Venezuela. Al año
No cambiaba la temperatura óptima de las siguiente, compró El Palmar, que era un
cervezas ni la banda sonora de greatest hits restaurante tropical, y decidió conservar
a puro saxo. No cambiaba su decoración ese nombre que acompañó a los Moy
inspirada en la China antigua, que llegó a durante tres generaciones en las que su
convencer a los colombianos Maluma y Al- letrero rojiverde se volvió ícono de la
kilados como escenario de su videoclip de ciudad. Desde su llegada, más nunca hubo
2017. Pero sí variaba el menú, que comenzó Caracas sin restaurante chino.
por traer a Venezuela una versión america-
nizada de la comida cantonesa y terminó
avenida Leonardo Da Vinci frente a la plaza Abraham Lincoln, Municipio Libertador, Caracas /
tropicalizándose, incorporando platos de
otras regiones de China e incluso de Tailan-
Evio’s
Pizza
por Ricardo Barbar / ilustración Patricia Urrutia
Todo comenzó en Al Taglio, una pizzería con Música y pizza fue la base para crear Evio’s Pizza
barra y dos butacas donde Evio Di Marzo tenía en 2002. Era un lugar más amplio, ahora con me-
una escopeta y guardaba el dinero detrás de un sas, pero con la misma receta. La masa delgada
cuadro. Allí en La Florida se hacían filas por slices y crocante y los ingredientes siempre en estricto
y pizza para llevar. Evio era conocido por ser el orden. La salsa no se condimentaba cuando se
hermano del cantante Yordano y por ser la voz y cocinaba sino al momento de armar la pizza.
guitarra de Adrenalina Caribe, un grupo famoso Evio quería que todo se sintiera en capas: la aci-
por la canción «Yo sin ti no valgo nada». dez del tomate, el orégano, la sal y el azúcar.
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Las favoritas de la clientela eran la Campagnola definitivamente y pasó a otras manos bajo el
y la Company. Una con jamón serrano y rúcula; la nombre de Sette. Todavía en Twitter hay quienes
otra de tomates secos con queso de cabra. Eran piden pizza Di Marzo.
tan buenas que llegaron a enviarse por correo a
otras ciudades. Los hijos de Evio buscaron la pizza de su padre
en tantos lugares que los decepcionaron. Ahora
El lugar se convirtió en un ícono de reunión Rogelio las vende en Caracas con la misma
política y artística, y la pizza una excusa para receta, pero congeladas. Shakira y Rossana
juntarse en esa calle ciega de Los Palos Grandes. abrieron restaurantes: Soma, en Buenos Aires
Allí se presentaron Aquiles Báez, C4 Trío, Caracas y Punta del Este; y La Puipana, en Canarias. En
Sincrónica... Hacían música en ese espacio Soma, a Shakira le han dicho que su comida sabe
pequeño donde había un grillo en una pared a Di Marzo. Cuando los hijos cocinan, usan una
blanca. Un grillo con gorro de chef y pizza en pizca y media o tres de sal, uno o tres huevos.
mano pintado por Lobo (Ángel Martínez), un
grafitero de los años ochenta. Evio pensaba que a Dios le gustaban más los
números impares.
La pizza en la familia Di Marzo fue más que
un plato para ganarse la vida. Llenó la mesa
vacía en épocas donde no pudieron comprar
hallacas y pernil. Hacia 2011, el restaurante cerró
La
Belle
Époque
por José Luis Ávila / ilustración Hector Do Nascimento
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La apertura ocurrió en 2001 (nadie recuerda el día exacto), pero lo que su-
cedió después bien podría inspirar una secuela de El pez que fuma. Los aires
de libertad y la mezcla de públicos que tuvo el bar (apodado como «La hue-
le fo») fueron únicos. «Entraba todo el mundo siempre y cuando supieran
comportarse… Podías encontrar desde un malandro, un alto personaje de
la oposición o el oficialismo, hasta la sifrina más sifrina del valle», confirma
Pierre García. En la tarima era posible ver a un grupo hare krishna, un ma-
labarista del semáforo de la esquina, hasta un toque de Desorden Público,
Aterciopelados o el reencuentro de Sentimiento Muerto.
T año de cierre: 2005 / dirección física: Urbanización Colinas de Bello Monte, calle Leonardo Da Vinci,
Inolvidable la noche que Black Eyed Peas, al cerrar su concierto en el esta-
dio de la UCV, invitó a los presentes a seguir la juerga en el bar, lo que gene-
ró uno de los mayores colapsos que se hayan vivido en el municipio Baruta.
Pero ningún famoso fue tantas veces como Gustavo Cerati. «Las chicas del
Angelus también eran asiduas», pide Pierre que se mencione.
Tras el primer año y un éxito que trascendió fronteras —se vendían 2.500
cajas de cerveza al mes—, llegó la demanda de desalojo. «La licencia del
local era para el expendio de alimentos y bebidas, por lo que la transforma-
ción en un bar ponía en riesgo el permiso de funcionamiento. Nos pasaron
el dato de que llegaría una inspección judicial y nos preparamos. Llevamos a edificio Century, planta baja, Municipio Libertador, Caracas /
todos nuestros familiares. Nos vestimos con pantalones de tirantes y saco.
De paso, le pagamos a un chef para que cocinara un menú francés. Cuando
la inspectora entró y vio aquello, soltó a todo gañote: ‘¡No me jodan!’».
la
sifrina
por Andrés Kerese / ilustración Ivonné Gargano
Recurro a Google para buscar: «Arepera La entrada era amplia. A mano derecha,
La Sifrina, La Castellana» y me aparecen estaba la barra con las opciones de relle-
varias referencias a una Reina Pepiada con nos de arepas. En un mesón de atrás había
queso amarillo, que, en el listado de los varias licuadoras en fila donde se prepara-
tipos de arepas, se conoce como La Sifrina. ban los batidos, sin escatimar la cantidad
de frutas ni de azúcar. Más al fondo estaba
Los resultados no me aclaran si la arepera la plancha. Casi siempre se veía a dos
abrió en los años setenta o comienzos de mujeres haciendo las arepas. Una de ellas
los ochenta. Pero Stefania Fallone, hija del tenía la habilidad de hacer dos a la vez, con
fundador del restaurante Via Appia, cuenta cada mano.
que estaba allí cuando abrieron su local de
comida italiana en la avenida Blandín en En mayo de 1985, mi papá murió en un
1992. La Sifrina, entonces, tiene que haber accidente de tránsito. Yo tenía 22 años.
dejado de ser el último refugio gastronó- De repente, mi mamá se quedó sola. Ya
mico de los noctámbulos con hambre a mis hermanos mayores tenían su familia
finales de los noventa. y yo llevaba algún tiempo en Margarita.
Después del entierro, me quedé con ella.
En 1985, cuando todavía éramos 100 % El apartamento se nos hacía demasiado
analógicos y la canción Manantial de cora- grande y nosotros estábamos demasiado
zón se escuchaba en los reproductores de vacíos. Mi mamá ya no tenía necesidad de
cassettes, La Sifrina estaba abierta las 24 cocinar, después de hacerlo por décadas.
horas. Durante años, fue el lugar donde se La primera vez que nos quedamos solos
iba a comer la segunda cena o el primer decidimos caminar a La Sifrina. Yo pedí
desayuno. una arepa de ensalada de gallina y otra de
queso guayanés. No me acuerdo qué pidió
Los fines de semana no era extraño conse- mi mamá. Esa noche, comiendo arepas, co-
guir clientes en traje formal, pues la mayo- menzó una nueva vida para nosotros dos.
ría de los matrimonios terminaba comien-
do arepas. También se convirtió en nuestro
destino después de salir de un concierto en
el Poliedro o del estudio Mata de Coco. La
parada obligada luego de El Ático, Julius,
Weekends o L’ Antro, con la idea de aplacar
el exceso de alcohol.
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Lee
Hamilton
por Guillermo Amador / ilustración Patricia Urrutia
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A veces creo escuchar aquella voz familiar de la radio recomendando el res-
taurante Lee Hamilton Steak House: «el de los triunfadores, como usted, en el
corazón de lechuga de La Castellana». Ese sonido me saca una sonrisa porque
me lleva allí, a recordar tantas historias y a saborear en mi mente el famoso
corazón de lechuga roquefort, que era el plato insignia del lugar.
Sus salones con mucha luz, los acabados de madera, los pisos de mosaico…
Aquella creación abrió sus puertas en 1958, de la mano de quien sería un
personaje muy conocido en la restauración criolla: Leon Hamilton Cooper,
Lee Hamilton para los amigos.
Así nació el Lee Hamilton Famous Steak House, donde descubrimos qué
era un «bar de ensaladas», donde algunos vieron al propio Lee Hamilton
sirviendo cocteles en la barra, o probamos, además de los ahora clásicos
cortes de carne, platillos como el Steak Tartare que era preparado en la
mesa, así como aquellas pequeñas empanadas acompañadas de la famosa
mermelada de ají dulce.
El Lee Hamilton estuvo 60 años ahí y aún hoy pienso en la voz de Pedro León
Zapata, nuestro querido artista plástico, invitando a sentarse en la mesa del
legendario lugar, «en el corazón de lechuga de La Castellana», porque fue
él quien tuvo la picardía de llamar así a esa zona de Caracas, en honor a una
famosa ensalada y un sabroso recuerdo.
Marisquería
Dena Ona
por María Paola Sánchez / ilustración Victoria Fernández
Camarón que se duerme, Dena Ona lo plancha. Ese bre el mejor marisco e incentivar la competencia
eslogan aún resuena en la mente de los comensa- sana, pues muchas de las que cocinaban estaban
les que hacían fila para degustar su popular paella congeladas.
valenciana, los camarones al ajillo o las langostas
en cualquiera de sus tres preparaciones: grillada, Su sopa de cebolla, los callos a la madrileña y el
a la thermidor o en medallones. «La paella que se bacalao eran otros de los platos estrella, que ha-
comía en el Dena Ona era exquisita, no la había cían honor al significado de su nombre en vasco,
en otro sitio», afirma Rafael Fuentes Jr., perio- «Todo bueno». Si no pedías alguno de los clásicos,
dista, productor musical y voz de las cuñas del tampoco hacía falta revisar la carta. Bastaba con
restaurante. escuchar las recomendaciones de «Toñito», el
capitán del restaurante.
La fama de la marisquería se remonta al restau-
rante La Giralda, ubicado entre el bulevar de Dena Ona no solo fue el sitio preferido de ban-
Sabana Grande y la avenida Casanova, donde queros y ejecutivos, también asistían músicos
los hermanos Antonio y Manolo Gallardo habían nacionales e internacionales, políticos e inte-
ganado elogios por la cocina española. Ambos lectuales. Ismael Miranda, Cheo Feliciano, Celia
huyeron de su natal Galicia en los años cincuen- Cruz, José Ignacio Cabrujas, Ricardo Montaner,
ta, en medio de la dictadura franquista. Antonio Yordano, Franco De Vita, son algunas de las per-
fue el primero en llegar a Venezuela. Manolo, en sonalidades que recuerdan Fuentes Jr. y Waldino
cambio, optó por irse a Cuba, de donde escapó Benítez, exencargado y trabajador por más de 30
tras la expropiación de su negocio en los inicios años de la marisquería.
de la revolución.
A lo largo de sus cuatro décadas, el Dena Ona
Ya reunidos en Caracas, los Gallardo decidieron tuvo un bar ejecutivo donde se conformaron
dejar los fogones de La Giralda y en 1984 apos- distintas «peñas» para hablar de béisbol, hipismo
taron por la compra del Dena Ona de la avenida o negocios. La peña más activa, conformada por
Tamanaco, en El Rosal, fundado diez años atrás un grupo de veinte personas e integrantes de un
por Juanito Zúñiga. No solo trasladaron a su grupo de WhatsApp llamado El dentadero de Ga-
clientela, que llegaba preguntando si ese era el llardo, conserva lo único que quedó del restauran-
nuevo negocio de los hermanos; también a los te tras su demolición en junio de 2022: la placa de
cocineros, mesoneros y al barman. madera ubicada en la entrada que lleva el nom-
bre Dena Ona en letras plateadas. Restaurada y
Puertas adentro, los comensales esperaban la barnizada, la llevaron consigo al Costa Vasca, su
temporada de langosta viva, en la que se les nuevo sitio de reunión.
permitía seleccionar las langostas que se querían
comer de dos grandes tanques para ser prepara-
das en el momento. Sin embargo, quienes asistían
con más frecuencia aseguran que se trataba de
un espectáculo para desafiar su conocimiento so-
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Restaurante
Presidente
por Ricardo Barbar / ilustración Ivonné Gargano
Zoila aprendió a cocinar a los diez años con Zoila y Antonio pasaron a ser los terceros
pimentón, cebolla y ajo, como era costumbre en dueños. No cambiaron ni el nombre ni el
España. A esa edad perdió a su madre y tuvo que letrero; más bien lo repararon para conservarlo.
encargarse de la comida de sus siete hermanos. Preparaban la comida por la mañana y servían
En 1979 emigró a Venezuela, donde conocería el entrada, plato principal y postre al mediodía.
ají dulce y a Antonio, su futuro esposo. Cocinaban pollo al horno, muchacho al vino,
picadillo al curry, callos a la vizcaína. ¿Postres?
Ambos decidieron emprender y en 1986 compra- Pudín de chocolate, flan de caramelo y toronja
ron un restaurante a una pareja de italianos. El sorpresa —la sorpresa era un chicle—. Un menú
lugar se llamaba Presidente y tenía la edad de impecable, según un cliente que vivió las tres
Zoila: 25 años. Su propietario original había sido épocas de Presidente. Recuerda que se hacían
un italiano llamado Gianni, quien levantó ese filas para entrar y se compartían las mesas con
negocio en 1961. desconocidos.
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Miro Popic —periodista y escritor de gastrono- En marzo de 2022, esa clientela que por más
mía— publicó un artículo en la revista Feriado de 36 años atendió Zoila con esmero acudió al
que daba créditos de aquella fama: «Harían falta último día de Presidente. Ella sirvió los platos,
muchos más Presidentes, repartidos en toda la se despidió y entregó las llaves. Meses después
ciudad». Su reseña nos demuestra que el lugar se de su cierre, todavía se puede ver el letrero en la
mantuvo intacto: «un pequeño sitio de apenas tercera avenida de Los Palos Grandes. El mismo
12 mesas (...) con sus manteles a cuadro azul y de hace 61 años. El presidente que más ha durado
blanco, dos grandes ventiladores girando cons- en Venezuela.
tantemente, y dos o tres mesas bajo un toldo a
rayas blanco y rojo, como para hacernos el aire de
que estamos en otra ciudad».
Librería
Alejandría II
por Luisa Salomón / ilustración Carlos Carreño
Más que una tienda de libros, Alejandría era un autores que presentaron sus libros y vio a los
sitio de encuentros. Se organizaron eventos y hijos de sus clientes regresar a comprar sus
debates, que llevaron la discusión literaria más primeros ejemplares como adultos.
allá de las páginas. Y se presentaron bestsellers
venezolanos, como La rebelión de los náufragos de Alejandría II fue la última de las cinco librerías
Mirtha Rivero, uno de los libros más vendidos del en cerrar. Anunció su clausura para 2023. En los
país y el más solicitado en Alejandría II. últimos meses sus pasillos se llenaron de clientes
nostálgicos, quienes acudieron al remate de los
«Alejandría fue la librería independiente más ciento sesenta mil libros que quedaban en inven-
importante de Venezuela. A lo mejor hubo otras tario. Para así resguardar, con algún ejemplar,
más lindas o con mejores libros, pero Alejandría parte de la memoria de este espacio de la ciudad,
destacó por su alcance, por todo lo que significó cuyo nombre evocaba al mayor centro cultural de
dentro del mundo literario», afirma Rodnei. la Antigua Grecia.
T año de cierre: 2023 / dirección física: Urbanización Las Mercedes, paseo Enrique Eraso,
centro comercial Paseo Las Mercedes, planta baja, Municipio Baruta, Caracas /
geolocalización: 10.477573, -66.858450
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Librería
del Ateneo
por María Gabriela Méndez / ilustración Victoria Fernández
«Antes y después de la función, disfrute de la algún bocado ligero. O alquilar películas de autor,
Librería del Ateneo», se lee en una publicidad de en formato VHS, en el club de video que funciona-
la guía cultural Intermedio que editaba el Ateneo ba ahí.
de Caracas. Y sí, cualquiera fuera el plan que
eligieras entre la amplia oferta de ese complejo La librería tuvo muchas épocas, pero siempre
cultural, era obligatorio y casi un ritual descender ejerció en los visitantes un atractivo al que no se
las escaleras, plantarse frente a la vitrina y luego podía ser indiferente. En parte, por las vitrinas
echar un ojo a las novedades editoriales. También que cada mes, durante 19 años, hizo el artista
podías ir al fondo del local a tomar café y comer plástico y escenógrafo Jesús Barrios, por encargo
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de María Teresa Castillo, fundadora del Ateneo. En la entrada había un enorme exhibidor, de piso
En escasos dos metros cuadrados cabía su inter- a techo, con decenas de revistas y periódicos im-
pretación del país y del mundo. portados y nacionales: publicaciones memorables
como Encuadre, La Revista Nacional de Cultura,
T año de cierre: 2009 / dirección física: Urbanización Los Caobos, avenida del Arte, en la antigua sede del Ateneo de Caracas al lado del Complejo Cultural Teresa Carreño.
Creó las más alucinadas puestas en escena Entre rayas, Papeles, así como muchas otras.
y vitrinas vivientes con libertad absoluta. Yo
misma puedo decir que viví esa experiencia en El Ateneo fue el epicentro de la cultura capitalina
primera persona: Jesús me pidió que hiciera y el aporte en sus 90 años de existencia es incon-
una performance vestida con un largo vestido mensurable. En ese edificio —Premio Nacional de
y maquillada como monstruo. Durante cuatro Arquitectura en 1979— se concentraba lo mejor
horas estuve improvisando acciones dentro de de lo mejor: aulas para talleres; salas de teatro
la «vitrina». Nunca olvidaré la enorme cantidad (Anna Julia Rojas y Horacio Peterson); sala de
de gente que me acompañó desde el otro lado conciertos y de cine (Margot Benacerraf). Aparte,
del vidrio. acogía a la Galería de los Espacios Cálidos, y el
Espacio Balzac, donde reinaba imponente la pieza
Entre sus creaciones, será recordada la polémica cumbre de Auguste Rodin.
virgen desnuda o aquel ejército de ratas que
se comía un queso con la forma del mapa de Ir a la Librería del Ateneo resultaba ser una
Venezuela envuelto en la bandera. Crítica social, experiencia que abarcaba todas las expresiones
Hoy funciona en la urbanización Colinas de La Salle, avenida La Salle, quinta La Colina, Municipio Libertador, Caracas /
política o religiosa, todo tenía lugar allí. del arte. No creo que existiera en Venezuela otra
con ese encanto.
Librería
Lugar Común
por Roxana De Leo / ilustración Manuel Lara
Desde afuera parecía una pecera. Sus grandes Pero al cruzar la puerta, el segundo de duda se
cristales dejaban ver a los que estaban dentro, diluía con la cálida bienvenida de los que man-
quienes iban de un lado a otro con una taza llena tenían el fuerte. Libreros que a diario creaban
de café o cerveza, dependiendo más del libro que puentes entre la cultura y las personas que se
llevaban en la otra mano que de la hora del día. zambullían en dicho oasis.
Aquella pecera, que había sido decorada con La librería en poco tiempo conquistó la esquina
estanterías abarrotadas de libros, resultaba ser donde se cruza la avenida Francisco de Miranda
un refugio. Allí dentro había más que una simple con la avenida Del Ávila y se arraigó en el corazón
venta de libros. Algo tenía ese lugar que te hacía de Humboldt que, macizo y altivo, mira hacia
titubear por un segundo, como si entrar en él era Altamira. Y como si se tratase de un juego de
violar cierta intimidad. Y cómo no. En su interior, mesa donde las pequeñas figuras intentan repli-
siempre se podían ver grupos de personas con- car y darle vida a antiguos héroes, las leyendas
versando con la naturalidad que da el estar en un de hormigón permanecen sin importar el tiempo
espacio que asumes como tuyo. ni cuántas veces cambien las reglas. Resisten
para recordarnos que existía allí una pecera poco
Así, podías reconocer a María Fernanda Palacios común. Lugar que se vació unos años atrás, pero
sentada en un sillón junto a Rafael Cadenas, que se mantiene en el recuerdo de todos los que
moviendo las manos con sutiles gestos hacia tuvimos la oportunidad de sumergirnos en ella.
arriba, como si intentara explicar la inmortalidad
de los poetas. Más al centro, al lado del cartel que
exponía las actividades de la semana, lograbas
divisar a Héctor Torres verificando las fechas de
sus próximos talleres en los que, junto con los
futuros cronistas de la ciudad, creaban caleidos-
copios de Caracas.
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T año de cierre: 2018 / dirección física: Urbanización Altamira, avenida del Ávila con avenida Francisco de Miranda,
diagonal a la plaza Francia, edificio Humboldt, planta baja, Municipio Chacao, Caracas /
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Librería
Noctua
por Michelle Roche Rodríguez / ilustración Benjamín Infante
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¿Un templo para la lectura en Caracas? Hacia allá me enfilé un día de 2008
cuando volví de estudiar en el extranjero. Más que libros, me interesaba
la fama de la Librería Noctua como centro de divulgación cultural. El lugar
tenía la hechura de los santuarios griegos. Nomás llegar a la transitada Villa
Mediterránea del Centro Plaza se veía un triángulo negro invertido entre
dos círculos: los ojos y la nariz de un búho, el ave de la diosa Atenea. El sím-
bolo brotaba entre tiendas de ropa circunscrito a un frontón debajo del cual
una vitrina llena de publicaciones sustituía a las columnas dóricas o jónicas.
Librería
Suma
por Betty Hernández / ilustración Ana Brett
La primera vez que compré un libro con mi Cuando reuní la cantidad suficiente para
dinero fue en la Librería Suma. En reali- comprar la novela, me fui a la Librería
dad, «mi dinero» era el resultado de lo Suma un sábado por la mañana. Sentí
que ahorré, durante un buen tiempo, de la que era una adulta con apenas 16 años. Al
mesada que me daban mis padres. Lo tuve entrar me pareció que todo en ese lugar
claro desde el principio: cada billete que era una fiesta: mesones atestados de
guardaba en la gaveta de la mesa de noche grandes clásicos, libros que borboteaban
estaba destinado para Cien años de soledad, de los estantes, gente que se saludaba con
de Gabriel García Márquez. afecto; la fantasía y la realidad convivían
bajo el mismo techo. Encontré al «Gabo»
La curiosidad por saber dónde quedaba en uno de los mesones y con la emoción al
Macondo o qué era eso del realismo mági- máximo agarré el libro y lo apreté contra
co se convirtió en una de las razones para mí. «¡Me lo llevo!», le dije a la persona que
iniciar el plan de ahorro. La otra, conocer estaba en la caja.
ese lugar luminoso de libros que siempre
veía cuando paseaba con mi mamá por Sa- Salí desesperada, con el libro dentro de
bana Grande y que estaba anclado en ese una bolsa, directo al Gran Café. Necesitaba
boulevard desde 1944. manosearlo. Sentarme donde alguna vez
también lo hiciera el propio Gabriel García
Recuerdo que podía quedarme parada Márquez. Pedí un café con leche y cuan-
frente a las vitrinas por largo rato, como do leí las primeras líneas de Cien años de
hipnotizada, hasta que un «¡vamos, Betty!» soledad, sentí que siempre recordaría aquel
me sacaba del absorto. Un día —tendría 6 sábado remoto en el que Suma me llevó a
o 7 años— le pregunté por qué la librería se conocer Macondo.
llamaba Suma. «Porque cuando lees algo
nuevo entra en tu cabecita y nunca más
sale de ella». ¡Larga vida para las madres!
caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Metro
de Caracas
por Gabriela La Rosa / ilustración Manuel Lara
I.
El metro se inauguró en enero de 1983.
II.
Mi madre habla del metro como si fuese un salón,
un espacio limpio, iluminado, en el que la gente
susurraba.
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Mis primeros recuerdos del metro lo asocian con Las conversaciones de los demás eran borrosas,
un animal infinito. mis acompañantes eran la luz y la voz que anun-
ciaba las estaciones. A veces, miraba a mi alrede-
Mi tía dice que hay que evitar el metro. dor queriendo descifrar el final de un chisme que
no tenía que ver conmigo y otras midiendo las
III. distancias, preguntándome si eran suficientes.
El metro es mi lugar favorito para no estar en
ningún lado. Hablo de una ensoñación. No recuerdo la ruta
que tomé a diario por cinco años, tengo que abrir
IV. cuadernos, buscar en internet. El vacío detrás
Olvidé el sonido del metro al irse, recuerdo la de mí es cada vez más extenso, no hay si no para
sensación que dejaba el sonido. El rastro de lo adelante. Al fondo brilla un asiento amarillo y el
posible. piso se mueve.
T dirección física: Urbanización Chacao, avenida Francisco de Miranda, calle Los Maristas,
Caminaba pensando en otro final para el libro
Multicentro Empresarial del Este, núcleo B, torre Miranda, Municipio Chacao, Caracas /
que llevaba en las manos, veía a los personajes,
les armaba otra vida. En las estaciones oscuras,
tibias y conglomeradas quería leer pero no podía.
Paseo de la
Fama Amador
Bendayán
por Erick Lezama / ilustración Hector Do Nascimento
Me gustaba ver las ediciones de Sábado Victoria Pérez, Gilberto Correa y Daniel
Sensacional en las que los artistas devela- Sarcos. Tantas figuras descollantes pasaron
ban estrellas en el Paseo de la Fama Ama- por este rinconcito desangelado.
dor Bendayán. Los famosos estampaban
sus rúbricas en cemento fresco; mientras En el centro, hay un busto sin placa que,
sonaba, solemne, la marcha de Venevisión. doy por sentado, es de Amador Bendayán.
Después, los recibían en el estudio con Me pregunto quién fue; por qué pusieron
toda la pompa. Era como el máximo honor estrellas a sus pies. Leo que fue un íco-
que podían hacerle a actores, cantantes, no del entretenimiento. Actor, locutor,
bailarines, animadores... Yo tenía 8 o 9 animador. Condujo Sábado Sensacional en
años y pensaba que ese Paseo de la Fama una época de oro. Cuando la diabetes que
era como el de Hollywood. Quizá por eso, padecía se complicó, comenzó a faltar al
durante un tiempo, fastidié a mi madre programa sabatino. Al volver, lo recibían
para que fuéramos a conocerlo. con un jingle que decía: «Ánimo, Amador…
Ánimo, Amador».
Nunca me hizo caso. Ahora, décadas
después, estoy aquí. La imaginación de Por aquel entonces, promovía la creación
los niños es demasiado frondosa, me digo, de una Casa del Artista para fortalecer,
parado en esta discreta isla de concreto promocionar y proteger el trabajo de
ubicada detrás del parque Los Caobos los creadores. Y logró que fuera fundada
de Caracas. No encuentro mayor encan- en 1987, mediante decreto presidencial.
to —un árbol de copa espesa, vegetación Amador la presidió por dos años hasta que
descuidada—, pero la recorro con emo- debió dejar el cargo por sus problemas de
ción viendo los rastros de la industria del salud. Cuando él murió, en 1989, fue velado
espectáculo de un país pujante del que yo en esa casa, entre homenajes de gente
recuerdo muy poco. común que le profesaba mucho cariño.
Veo las firmas de Amador Bendayán, Celia Al año siguiente, el bulevar que está a las
Cruz, Simón Díaz, José Luis Rodríguez, Os- afueras dejó de llamarse Santa Rosa y, en
car D’León, Mirla Castellanos, Olga Guillot, su honor, fue nombrado Amador Benda-
Yolanda Moreno, Andrés Galarraga, Delia yán. Y en 1995, al final de ese pasaje, Vene-
Fiallo, José José, Renato Capriles, Hugo visión se dispuso a levantar este Paseo de
Blanco, Jorge Tuero, Thalía, Julio Iglesias, la Fama para reconocer a artistas naciona-
Olga Tañón, Raphael, el Conde del Guá- les e internacionales. No sé si la idea era
charo, Ricardo Peña, Karina, Eva Blanco, que estuviera lleno de estrellas, pero lo
Osmel Sousa, Lila Morillo, Guaco, Carmen cierto es que no son tantas: apenas hay 31.
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Café
Rajatabla
por Carlos «Caque» Armas / ilustración Pablo Iranzo
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Un estrecho callejón —ubicado entre el antiguo Ateneo de Caracas y el Tea-
tro Teresa Carreño— te llevaba a una terraza adornada con viejos carteles
de teatro, al fondo la barra con las cervezas al mejor precio de la ciudad y,
en el centro, una pista de cemento al aire libre para pulir la hebilla hasta la
madrugada. A primera vista no había nada en la decoración de aquel lugar
que lo hiciera memorable, lo que hacía especial al Café Rajatabla era la
gente que lo frecuentaba.
T año de cierre: 2009 / dirección física: Urbanización Los Caobos, avenida del Arte, en la antigua sede
Antonio / y les pido, por favor / que se me vayan pa’l coño!». Yo no tengo
recuerdo de esta imagen, pero tampoco dudas de que así fuera. La magia y
del Ateneo de Caracas al lado del Complejo Cultural Teresa Carreño, Municipio Libertador, Caracas /
la especulación siempre fueron los mejores amigos del Rajatabla.
Café
Olé
por José Luis Ávila / ilustración Carlos Carreño
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Las Mercedes siempre me pareció de las zonas más bellas de Caracas. Su
otrora esplendorosa avenida principal, coronada al fondo con la imagen
del Hotel Tamanaco; sus pequeños tesoros arquitectónicos residenciales
—hoy muchos en riesgo o demolidos por el cambio de la ordenanza muni-
cipal—, y su nunca explotada potencialidad peatonal, la convierten en una
de las joyas de la capital.
Ahí, en la calle California, abrió sus puertas Café Olé en 1996, con el con-
cepto de un local de sándwiches y ensaladas self-service; sin embargo, la
distinguida clientela no tardó en rechazar las bandejas de autoservicio para
pedir la presencia de mesoneros.
Con el paso del tiempo, el proyecto amplió sus espacios dentro de aquella
casa de estilo neovasco y renovó su oferta gastronómica, hasta lograr que la
ensalada de manzana y la crepe de queso brie aún perduren en la memoria
gustativa de sus comensales.
T año de cierre: 2021 / dirección física: Urbanización Las Mercedes, calle California,
saludar al personal de cocina. «Nuestros clientes aseguraban que Café Olé
fue siempre un buen lugar para hacer negocios, confesiones, cerrar ventas o
hacer entrevistas de trabajo», comenta Carlos Capaldo, socio del proyecto.
Se vendían más de 500 tazas de café al día y los domingos eran necesarias
Café
Atlantique
por Jonathan Gutiérrez / ilustración Eddymir Briceño
El Maní
es Así
por Erick Lezama / ilustración María Carolina Izquierdo
El hombre con el que se iba a casar llegó un día, Por allí pasaron luminarias como Ismael Rivera,
muy serio, y le dijo que no habría boda, que no la Héctor Lavoe, Willie Colón, Tito Puente, Celia
amaba y que el noviazgo que tenían desde hacía Cruz, Rubén Blades, Oscar D’León, Pete «Conde»
siete años no podía continuar. Camila Monaste- Rodríguez, José Alberto «El Canario», Ray Barre-
rios llevaba meses tirada en la cama, escuchando to, Eddie y Charlie Palmieri, Cheo Feliciano… No
boleros y sintiéndose rota por dentro. Sus amigas en vano comenzó a ser conocido como «el templo
la acompañaban bebiendo vino. «Chama, él se lo de la salsa».
pierde», le decían. Hasta que una de ellas la con-
venció de que era hora de sacudirse el guayabo y En su vida de casados, Camila y Javier siguieron
salir a echar un pie. Se maquillaron, se pusieron yendo a El Maní. Vieron cómo las cosas cambia-
tacones y se fueron a un local, ubicado en aveni- ron: el logo, la decoración, hasta los dueños. En
da Francisco Solano con calle El Cristo, llamado El 2008, se despidieron de Perla, «el alma de la fies-
Maní es Así. ta», la propietaria que, según un rumor, vendió
el sitio por una jugosa cantidad que le ofreció un
En algún momento un hombre sacó a bailar a hombre cercano al gobierno, (nunca supieron si
Camila. Después le invitó un trago. Le pidió que fue cierto).
le concediera otra pieza. Hablaron mucho. Le dijo
que se llamaba Javier, que era abogado, que ella La vibra de El Maní, entonces, fue otra. Camila y
bailaba muy bien, que era guapa. Camila se sintió Javier limitaron sus salidas nocturnas: iban con
a gusto moviéndose entre sus brazos. Pasó el menos frecuencia. Hasta que en 2013 migraron a
domingo, enratonada, hablando con él por men- México buscando oportunidades que el país ya
sajes de texto. Él la invitó de nuevo a El Maní. Ella no podía ofrecerles. Y allí siguen. Les ha ido bien.
aceptó, sospechando que era cierto el dicho que En un rincón de su apartamento hay muchas fo-
reza que un clavo saca a otro clavo. tos de Venezuela. Recuerdos que los devuelven a
su tierra. Algunas imágenes que atesoran son de
Seis meses después se hicieron novios. Y al año momentos que vivieron en El Maní.
siguiente, en 2006, también en El Maní, le pidió
matrimonio. Con el repique de los timbales y Rafa, su hijo de 10 años, conoce la historia de sus
las congas, ella le dijo que sí. Brindaron con padres y a veces se ríe diciendo que todo ocu-
Cuba Libre. Se casaron al tiempo y celebraron, rrió «en un cacahuate que queda en Caracas».
con guaguancó, en esa pista de baile en la Que quedaba, en verdad, porque desde 2014 esa
que se fraguó su amor. En ese lugar que abrió fiesta perpetua se extinguió. Ahora —un viernes
sus puertas en 1986 como un local de comida de 2022 por la noche— alguien le pregunta a un
venezolana y que después se transformó en un transeúnte de la calle El Cristo cuál es El Maní.
sitio exclusivo para bailar. Este le señala una casa de paredes llenas de
moho y dice: «Ahí, donde todo está apagado, era
donde la rumba se prendía».
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T año de cierre: 2014 / dirección física: Urbanización Sabana Grande, avenida Francisco Solano López
con calle El Cristo, Municipio Libertador, Caracas /
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La Frasca
de Toledo
por Gerardo Guarache Ocque / ilustración Yonel Hernández
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La fachada tenía aspecto de antro, de antesala de negocio turbio. Su puerta
rústica y su letrero pequeño no prometían nada. Uno entraba porque que-
ría. Entraba, con la valentía del curioso, porque necesitaba comprobar si era
realidad o fantasía lo que se decía.
A simple vista, era un bar ordinario. Podría ser cualquiera de los 53 locales
que compiló la Embajada de España en su Guía de restaurantes españoles en
Caracas (2015), donde se apuntó que esta capital era una de las ciudades
con más tascas de herencia ibérica en el mundo. Sin embargo, pasada la
medianoche, La Frasca mutaba.
La Frasca era como el after party de otra gala presuntuosa. El rostro de Do-
rian Gray en el cuadro. No importaban sus fotos viejas, su estética demodé,
sus paredes desconchadas. No era un escenario pop, sino la farra de verdad,
sumergida en vino, con esencia de chistorras y repique de castañuelas.
El
Teatro
Bar
por Ricardo Del Bufalo / ilustración Carlos Carreño
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
La
92.9
por Andrés Kerese / ilustración Luis Bonilla
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T año de cierre: 2017 / dirección física: Urbanización Las Mercedes, avenida Jalisco
con calle Orinoco, edificio Recorland, Municipio Baruta, Caracas. /
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Feria del
Ateneo
por Erick Lezama / ilustración Yonel Hernández
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Cristóbal no recuerda desde cuándo comenza- En 2009, el personal de El Ateneo tuvo que
ron a ir a la Feria del Ateneo. Solo sabe que, al desalojar ese edificio. La feria se siguió haciendo
T año de cierre: 2009 / dirección física: Urbanización Los Caobos, avenida del Arte, antigua sede del Ateneo de Caracas, al lado del Complejo Cultural Teresa Carreño.
principio, Rodrigo y Lucía, sus padres, decidían la en otros espacios de la ciudad. En 2013 se
fecha de la visita; y después, cuando él y sus dos estableció en el Complejo Deportivo Parque
hermanos crecieron y se llenaron de ocupacio- Miranda. Y esa fue la última vez que los Andrade
nes, acordaban el día entre todos para que nadie acudieron en familia. Después muchas cosas
faltara: hasta se llevaban a las novias para que se cambiaron. Para ellos, para el país. En 2019
integraran a la familia. Cristóbal migró. Le siguieron sus hermanos y
sus padres. Tienen tres años que no se ven: se
La feria se convirtió en una tradición navideña en extrañan.
Caracas. Comenzó en 1984, en la antigua sede del
Ateneo, ubicada al lado de la Plaza Morelos. Allí La feria volvió a realizarse en 2021, ahora en la
se daban cita emprendedores, nacionales e inter- nueva sede del Ateneo de Caracas, en Colina de
nacionales, que ofrecían sus productos: artesanía, Los Caobos. Los Andrade ni se enteraron. Y no les
bisutería, pintura, juguetes, ropa, cremas, perfu- hizo falta. Cada uno lleva consigo algo de aquella
mes… Se podía caminar por los stands escuchan- tradición. En el caso de Cristóbal, ese cuadrito
Hoy funciona en urbanización Colinas de La Salle, avenida La Salle, quinta La Colina, Municipio Libertador, Caracas /
do gaitas y aguinaldos. Y si daba hambre, había que tiene en su estudio y que ve a diario antes de
mucho para escoger: tortas, galletas, hallacas, sentarse a trabajar.
pan de jamón.
Festival
Internacional
de Teatro
de Caracas
por Carlos «Caque» Armas / ilustración Benjamín Infante
Era junio de 1997. Caracas estaba a punto de la mandíbula nos llegó al suelo con los armatos-
convertirse en el «escenario del mundo» con la tes escenográficos de Australia y lloramos mara-
edición XI del Festival Internacional de Teatro. villados con el texto y los títeres canadienses de
Sería mi primera inmersión y quería asistir a El Cuento de la Oca.
todas las obras. Pero las entradas a mitad de pre-
cio para estudiantes eran limitadas. Así que mis Uno sentía que viajaba por el mundo dentro
amigos y yo nos aventuramos a pasar la noche en de una ciudad que lucía fresca y transformada.
las escaleras del Teatro Teresa Carreño para ver Estabas temprano en Francia para luego pasar
si teníamos suerte de conseguir algunos tickets por Argentina o Japón y terminar el día en el Café
durante el inicio de la preventa. No fuimos los Rajatabla para iniciar la tertulia y la fiesta hasta
únicos. Éramos cientos de personas, sin miedo ni el amanecer. El festival nos llenó la memoria
hastío, los que compartimos las ganas de formar de referentes de altísimo nivel con lo mejor
parte del mejor festival de teatro. de los cinco continentes: Berliner Ensemble,
Pina Bausch, Peter Brook, Norma Aleandro,
Cada edición ofrecía algo único y organizar la Dario Fo, la Ópera de Pekín, Andrzej Wajda,
grilla para asistir a la mayor cantidad de eventos Els Joglars, La Fura dels Baus... No importaba
posible no era un problema menor. Desde insec- el idioma en el que se representaran las obras,
tos mecánicos alemanes del tamaño de edificios todos nos volvíamos políglotas y entendidos
deambulando por Los Próceres, hasta obras en Chéjov o Strindberg, en un ambiente de
experimentales, entre las que había una en donde entusiasmo contagiante que borraba fronteras,
actores brasileños tenían sexo en vivo. Lo juro. clases sociales y unía al público en el asombro, la
Si bien la espectacularidad y efectismo escénico emoción y el aplauso.
solían ser componentes atractivos, nunca faltó el
teatro de cámara más intenso. Deliramos con la
energía y creatividad del grupo Galpao de Brasil,
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Por el
medio de
la calle
por Adriana Romero / ilustración Michael Zerpa
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El arte tomando los espacios públicos y conviviendo por un día con los
ciudadanos, convertidos en peatones. Ese fue el pregón de Por El Medio de
La Calle, aquella tarde de abril de 2006, cuando se adueñó del casco central
de Chacao con tres bandas musicales, cinco instalaciones artísticas y una
docena de DJ.
¿Era como un museo? Sería un error decir que sí. No solo por lo medular
del concepto urbano en esta experiencia, sino también porque la relación
con el arte no era, para nada, en plan contemplativo. Se asemejaba más
a una plataforma de expresión artística en la que el público disfrutaba e
interactuaba, se nutría, inspiraba y era parte, en un sentido lúdico, de la
actividad creadora.
Tampoco resultaba ser una experiencia estándar. Cada quien tenía su propia
vivencia, porque hacía el recorrido a su gusto, escogiendo entre artistas o
zonas temáticas. Era un detenerse aquí, apurarse hasta allá, comentar con
los amigos con quienes ibas y algún otro que te encontrabas en el camino y
se sumaba un par de calles a tu recorrido.
Pocas veces solía ser un plan solitario. Lo usual era ir en grupo o pareja,
pero, así hubieras ido sin compañía, caminar por la zona el día del festival
era un continuo ir y venir de abrazos con amigos en la calle, mientras
compartían una cara distinta de la ciudad.
Como todo ser vivo, nació, creció, se transformó, se multiplicó (en días y en
germen para otros festivales) y murió, luego de su octava edición conse-
cutiva y ante la inconveniencia de realizarlo en un año tan convulsionado
como lo fue 2014 para Venezuela.
Videocanal
Loule
por Eduardo Sánchez Rugeles / ilustración Yonel Hernández
La tilde se cayó durante un aguacero. El edificio ochenta. El matrimonio Dias Da Silva, con más
Loulé se convirtió en Loule. Los migrantes por- intuición que argumentos, decidió apostar por la
tugueses eran los únicos vecinos que sabían que creación de un negocio de vanguardia: el alqui-
el nombre del conjunto estaba inspirado en una ler de cintas de video. Compraron alrededor de
ciudad del Algarve. La quincalla de la señora Julia cuarenta películas. Las carátulas ocuparon una de
Tavares de Dias quedaba en la planta baja, al lado las estanterías de la mercería, como un anexo a los
del frigorífico. Su reinvención a videoclub fue una servicios de costura que ofrecía la señora Julia.
aventura de su hijo Armindo Dias y de su esposa
Eva Da Silva. El plan funcionó. Poco a poco, las películas des-
plazaron a las telas. Los vecinos de Santa Mónica
La aparición del Betamax representó un cambio de y sus alrededores encontraron un lugar de culto.
paradigma en la experiencia del ocio de los años La pequeña quincalla de la calle Nicanor Bolet
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Peraza sufrió una metamorfosis. Los jóvenes pro- competir contra las copias que comenzaron a
pietarios empapelaron las paredes con carteles venderse en cualquier esquina de la ciudad, en la
de películas clásicas, construyeron un tobogán universidad y en la autopista, sin ningún tipo de
artesanal con el que agilizar los procesos de prés- control. Intentamos salvarlo convirtiéndolo en un
tamo y cambiaron el nombre del local por el de cibercafé, pero fue una experiencia difícil».
Videocanal Loule, sin acento.
Armindo y Eva, luego de múltiples brazadas,
Armindo y Eva resintieron la llegada del VHS. cerraron el club de video en 2010. Alquilaron el
Al principio, mostraron su reticencia, pero la ba- espacio a su vecino, Antonio Materano, dueño del
talla contra la tecnología era una causa perdida. frigorífico Loule. Durante veinticinco años la vieja
El mismo fenómeno ocurrió a finales de siglo con mercería fue uno de los lugares de peregrinación
la aparición del formato DVD. Luego llegó la com- más populares y queridos de las escarpadas
petencia. Cuando la cadena Video Color Yamin colinas de Santa Mónica, plaza de encuentro para
instaló una tienda en la avenida Teresa de la Parra cinéfilos, estudiantes ociosos, amas de casa y
hubo deserciones entre la clientela. El emporio tertulianos de ocasión.
Blockbuster, con su sede gigante de Bello Monte,
también fue un vigoroso adversario.
Autocine Los
Chaguaramos
por Patricia Marcano / ilustración María Carolina Izquierdo
Del autocine Los Chaguaramos solo queda su vio El planeta de los simios con Charlton Heston,
nombre inmortalizado en algunas páginas de recuerda. «En carro era cheverísimo. Te estacio-
libros, tesis o periódicos de la época que sobre- nabas al lado de un tubo, agarrabas un audífono
viven al polvo. Aún es posible ver en Google redondo y lo ponías en el vidrio y escuchabas la
una referencia sobre la avenida La Colina de la película. Para que las muchachas de la fuente de
urbanización Los Chaguaramos, así como fotos soda te atendieran, tenías que prender una luz
satelitales en Google Earth de aquel espacio dis- del carro y te ponían la bandeja en la ventana».
tribuido en forma de gradas, con amplias terrazas
ascendentes para que cada vehículo tuviera plena Pero esa novedad de los audífonos también re-
visión de la gran pantalla. sultaba complicada: «yo recuerdo unos aparatos
que se colgaban del vidrio de la puerta del carro,
Caracas llegó a tener más de 10 autocines en que se escuchaban terrible. Había gente que se
urbanizaciones como La California Norte, El Cafe- olvidaba de quitarlos y, cuando arrancaban con
tal, Los Dos Caminos, en la avenida Andrés Bello el carro, los destruían», relata Chepy Carnevale,
y en Prados del Este. Pero el de Los Chaguaramos quien también llegó a ir con su familia.
fue pionero. Su inauguración ocurrió en julio de
1949, convirtiéndose en el primer autocine de La última proyección fue en 1999. Fueron cin-
América Latina. Un anuncio publicado en el libro co décadas de cine al aire libre, de noche, con
Los cines de Caracas en el tiempo de los cines (1994) funciones que comenzaban después de las 5:00
da una idea de su importancia: «Cine bajo las es- o 6:00 de la tarde, con días en los que solo se pa-
trellas», «¡Por primera vez en Sur-América (sic)!», gaba una tarifa por el carro y no por persona, sin
«La más moderna novedad para Venezuela», con importar cuántas viajaran adentro. En la actua-
capacidad para 250 carros, una rampa con mesas lidad, en ese espacio no hay nada que evoque a
y sillas para 600 personas y una fuente de soda aquel lugar de cultura y encuentro de las noches
«de gran lujo». caraqueñas, donde comenzó y terminó la historia
de los autocines de Caracas.
Pedro Valverde recuerda sus años como estudian-
te de la UCV a principios de la década de los años
setenta, viviendo en Las Acacias y visitando el
autocine con sus amigos. «Nos íbamos caminan-
do, cómodos en cambote, y nos sentábamos en el
restaurante, que daba a la pantalla», cuenta. Allí
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Cine
Altamira
por Adriana Herrera / ilustración Alexander Wright
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En la década de los años cincuenta, Caracas era «de película». Reviso fotos
y anoto fechas para recrear esa imagen en mi cabeza. Cines como el Bolívar,
Rex, Junín, Hollywood, Capitolio, Canaima, París, entre otros, se alzaban
como edificios elegantes, de fachadas atractivas, para proyectar lo mejor de
la cinematografía mundial.
Ese circuito incluía al Cine Altamira. Una ambición que se tradujo en una pan-
talla enorme frente a 1600 butacas repartidas entre patio y balcón, que abrió
sus puertas en 1959, el mismo año que se estrenó Araya, un filme de Margot
Benacerraf que le valió el Premio de la Crítica en el Festival de Cannes.
T año de cierre: 1997 / dirección física: Urbanización Altamira Sur, avenida José Félix Sosa, entre
avenida Sur de Altamira y avenida del Ávila, edificio Teatro Altamira, Municipio Chacao, Caracas /
decolorados en el vestíbulo. La edificación se mantuvo hasta 2008, cuando
la demolieron para construir oficinas; pero el recuerdo del Cine Altamira
quedó en la avenida José Félix Sosa de Altamira, dibujando a una Caracas en
la que todo parecía posible.
Cine
La Previsora
por Erick Lezama / ilustración Pablo Iranzo
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caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Don
Disco
por Salvatore Maldera / ilustración Patricia Urrutia
Como parte de la adicción a los discos, Girls, y seguiste con Use your Illusion, el
haces recopilaciones con una recurrencia rock and roll era una llama viva. De ahí al
sospechosa, no solo de las piezas esencia- poco tiempo ya te sabías Sueño Estéreo
les dentro de tu colección, sino también de memoria y por sabia recomendación
de los recuerdos prendados de ellas. En el del encargado, llegaste a la joya de Pulse.
fondo, deslizas los dedos sobre los títulos Nunca pensaste tenerlo original y en
emulando el impecable criterio de la tienda formato físico: una gran caja blanca sacada
que te permitió crear la colección perfecta, de una fantasía.
imperecedera. Era la curaduría, lo místico
revelado, los caminos que no sabías que Los caminos de la exploración se introdu-
ibas a recorrer y que comenzaban allí. cen como ríos en un continente. Poco des-
pués de tu obsesión con Xanadu, Out of the
Don Disco era un mentor en este terreno, Blue, Eldorado o Aqualung, surgió la corazo-
una extraordinaria selección y guía por el nada por el jazz y la salsa. Varios momen-
vasto legado discográfico que siempre te tos de tu vida siguen hilados a Chekere-son,
conducía hacia sus entrañas, una fuente de Siembra, Trio 64 y Kind of Blue. La aguja del
historias en la que la música sería lo impor- tiempo salta. 2009, en un giro inesperado,
tante y tú mismo el vector. Con paciencia Don Disco te cautivó con el virtuosismo de
esperabas tu turno, observando los géne- lo propio de Cruzao. ¿Quién iba a pensar
ros, mientras los «dedos araña» de los me- que en los dados seguiría Lully, Prokófiev o
lómanos enfebrecidos indagaban aquellas Saint-Saëns? Esos pasillos podían contener-
estanterías a una velocidad impresionante, lo todo.
buscando codiciadas ediciones importa-
das. Entrelazas tu memoria con Don Disco ¡Cuántas historias podías llevarte en una
para crear tu propio álbum. Rememorar pequeña bolsa amarilla!
desgasta los recuerdos como la aguja lo
hace con el surco, pero, aún así prosigues Recopilas por necesidad de permanecer.
reimaginando el tiempo. El disco da inicio. Los recuerdos parecen frágiles sin un asi-
dero. Pero, ¿qué otra cosa podía contener
Guardando el dinero de la cantina, día Don Disco sino estas historias? La música
tras día, pudiste comprar tu primer disco, en sí misma es inaprensible, pues responde
sentiste quizá la misma emoción que a su propio lenguaje. Eran los entresijos de
tu padre en 1970, siendo muy joven, al las secciones de Don Disco lo que te hacían
salir de las mismas puertas de cristal con volver y volver a ella.
Help! en sus manos. Lo tuyo comenzó a
finales de los años ochenta con Girls, Girls,
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T año de cierre: 2016 / dirección física: Urbanización El Bosque, avenida Francisco de Miranda,
plaza Brión, edificio Royal Palace, planta baja, Municipio Chacao, Caracas /
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Esperanto
por Carlos «Caque» Armas / ilustración Victoria Fernández
Iván Loscher visitaba con tanta frecuen- convirtió a Esperanto en la meca musical,
cia Esperanto que muchos creían que era en una época en la que el formato físico
el dueño de la discotienda; pero no. Al era aún la única forma de escuchar música
reconocido locutor lo habían buscado y no existían plataformas de descarga o de
para promocionar la tienda en la radio. Él streaming.
rechazó la oferta alegando que ya no escu-
chaba música. Pero bastó que comenzara a Lo curioso era que Carlos Souki, su ver-
frecuentar Esperanto, para que encontrara dadero dueño, no sabía nada de música
rarezas o descubriera nuevos artistas. A cuando comenzó a vender discos en Izitso,
fin de mes, en lugar de pasar una factura su primera tienda en Plaza Las Américas.
de honorarios, preguntaba cuánto debía Dispuesto a escuchar a su clientela, anota-
por toda la música que se había llevado. Su ba lo que esta pidiera para buscar los títu-
promoción era gratuita y por puro gusto. los con mayoristas que casi nunca tenían
lo solicitado bajo el pretexto de que «eso
Este enamoramiento no era exclusivo de no se vende». Así que Carlos hizo lo que le
Loscher. Otros locutores y también pe- pareció obvio: importar discos.
riodistas frecuentaban el lugar para dar
cuenta de lo más vendido. Luego, los mú- Los melómanos aplaudieron su osadía,
sicos locales empezaron a aparecerse en porque ya no era necesario traerse una
la tienda pidiendo ayuda y, en respuesta, maleta llena de música cuando se viajaba
Esperanto comenzó a guiarlos, pagando la al extranjero. Ese primer local prosperó.
impresión de los discos, promocionándolos Cambiaron de nombre y se mudaron al
y ofertándolos. C.C. Vizcaya en 1997. Allí comenzaron a
escribir su historia de éxito. Hasta que en
Desde el principio, tuvieron músicos de febrero de 2002 una devaluación de 100 %
profesión como empleados (Julio y el Ca- y un control de cambio probó ser más letal
tire de Los Amigos Invisibles, por ejemplo); que la piratería.
contaban con estaciones de escucha para
oír el disco que quisieras y trabajaban de
lunes a lunes hasta las 9 de la noche en
un horario novedoso para la capital. Ello
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T año de cierre: 2002 / dirección física: Tres tiendas ubicadas en los centros comerciales:
San Ignacio, Municipio Chacao; Paseo Las Mercedes, Municipio Baruta y El Recreo, Municipio Libertador, Caracas /
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geolocalización: San Ignacio: 10.497980656718447, -66.85649596660501 / Paseo Las Mercedes: 10.477806, -66.858222 / El Recreo: 10.491611, -66.879889
caracas 455: memorias de una ciudad perdida
Radio
City
por Nolan Rada Galindo / ilustración Manuel Lara
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Cada vez que paseo por la avenida Corrientes de Buenos Aires, me deten-
go a observar los letreros de los teatros. El del Gran Rex está dispuesto de
forma vertical y sus letras parecen estar a punto de caer sobre la calle o en
la cabeza de algún peatón. Lo mismo debieron pensar quienes pasaban ante
la fachada del Radio City de Caracas a principios de la década del cincuenta,
cuando se inauguró.
No conocí ese templo del cine caraqueño. Soy de esa generación que supo
su historia por referencias. Pero me hubiese gustado fijar mi mirada en el le-
trero vertical del Radio City y en el ave jineteada por una mujer en la parte
superior, mientras la gente entraba y salía de la sala de cine, ataviados con
sombreros, sacos y vestidos.
T año de cierre: 2002 / dirección física: Urbanización Sabana Grande, bulevar de Sabana Grande
Un espacio donde lo posible e imposible sucedía en su pantalla, coronada
entre calle Pascual Navarro y avenida principal de Las Acacias, Municipio Libertador, Caracas /
por un arco en el que dos sirenas sostenían una «R» y una «C», y extendían
sus colas hacia los extremos: brillo y fantasía para oponerse al horror de la
Segunda Guerra, aún fresca en la memoria colectiva. El lugar estaba a la al-
tura de los teatros y cines que en la actualidad se pueden visitar en Buenos
Aires. Descubrir que en esa Sabana Grande que conocí estuvo Radio City
fue reconciliarme con la Caracas vanguardista que no disfruté.
El Nacional
(Antigua sede)
por Sinar Alvarado / ilustración Eddymir Briceño
Cuando por fin llegué al edificio, inaugurado en mayo de 1951, pasé un buen
rato con la vista fija en las grandes letras azules de su logotipo. Abstraído,
ignoré el circo que discurría alrededor: pequeños bares como tugurios, de-
lincuentes en reposo, prostitutas mal perfumadas, una larga fila de hombres
frente al Cine Urdaneta y su cartelera porno, funcionarios de corbata, perio-
distas con prisa y obreros en bragas manchadas de tinta que imprimían el
diario cada noche.
El edificio, ubicado muy cerca del poder entre las esquinas de Puente Nuevo
a Puerto Escondido, fue el epicentro noticioso donde se debatía sobre polí-
tica y literatura en cada jornada. El sótano guardaba la enorme rotativa; en
el primer piso, la recepción; en el segundo, el área de fotografía y el archivo;
en el tercero, la redacción; en el cuarto, las revistas y los proyectos especia-
les; y en el quinto, la presidencia y un pequeño cafetín.
Durante medio siglo, El Nacional convivió en ese callejón con una fauna de
apariencia hostil. Solo la violencia política lo desplazó. En 2007 se fue a Los
Cortijos: una sede moderna y luminosa que dejó atrás el centro insalubre,
pero también su encanto arrabalero y miles de historias que integraron la
biografía coral del mejor periodismo venezolano.
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T año de cierre: 2007 / dirección física: Urbanización El Silencio,
avenida Oeste 12, Municipio Libertador, Caracas /
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Hotel
caracas
Hilton
por Gabriela Rojas / ilustración Michael Zerpa
El otrora Hotel Caracas Hilton ha vivido Entre 1970 y 1980, Raphael figuró como
muchas vidas. Tuvo una juventud plena de una de las estrellas más rutilantes que se
socialité, llena de lujos, brillos y estrellas. presentaba con frecuencia en el Gran Sa-
Tanto las que coronaban su entrada y le lón. Así mismo, Rocío Dúrcal, Juan Gabriel,
daban el máximo estatus en la hotelería, Julio Iglesias y Paloma San Basilio tuvieron
como las que llegaban a sus habitaciones, llenos totales de convocatoria en esta sala.
salones y espacios exclusivos a formar
parte de lo que una vez se consideró «la El pianista Richard Clayderman abarrotó
crema y nata» capitalina. dos veces el Gran Salón, en mayo de 1982,
con una orquesta de 18 músicos para
Su identidad siempre fue nocturna. Esa celebrar el Día de las Madres.
enorme estructura de 120 metros y 36
pisos ubicada en pleno corazón cultural A finales de los años ochenta, la
de la ciudad contaba con el privilegio de lo sensación de los ídolos juveniles generaba
panorámico, un lugar para ver y dejarse ver. congestionamiento en los alrededores
del hotel solo por el anuncio de dos
Su historia está impregnada de música por presentaciones: Luis Miguel en mayo
el Teatro Teresa Carreño, su célebre vecino de 1989 y Emmanuel en noviembre. Y
con el que está unido casi umbilicalmente la década del 2000 arrancaba con un
por una pasarela que los hace parte de un concierto que imperceptiblemente
mismo paseo. Pero también porque en marcaba el fin de una era: Air Supply
sus 38 salones, bares y área de piscina se llenaba a todo dar su única fecha, en
hicieron veladas irrepetibles. noviembre de 2001.
Uno de sus epicentros fue el Gran Una segunda vida lo mantuvo en el radar
Salón: el lugar de bienvenida de quienes luego de que pasó por una transición,
marcaban el mambo en la década de los que en 2010 lo convirtió en el Hotel
años sesenta, Celia Cruz y Tito Puente. El Alba Caracas, emblema de la cadena
cantante Stevie Wonder inauguró 1970 con Venetur, administrada por el Ministerio de
un lleno de tres fechas consecutivas el 8, 9 Turismo. Su ubicación privilegiada hacía
y 10 de enero. Y The Supremes lo cerraron que la variopinta escena underground
con cuatro presentaciones el 9, 10, 11 y 12 caraqueña subiera hasta el piso 15 a
de diciembre. disfrutar del sui géneris bar La Cota 880.
Muchos bares, mucha fiesta, muchos
amaneceres persistieron hasta 2013,
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La
Francia
por Aymara Lorenzo / ilustración Michael Zerpa
Carmen «La Bella», como la llaman, deambula Apartó varios relojes y al día siguiente pagó con
ante la mirada del Bolívar ecuestre del centro de un cheque de gerencia. No hubo dudas sobre
Caracas, buscando clientes. Es tarjetera. Tiene 40 su autenticidad. Tras una fastuosa fiesta en el
años trabajando en la misma zona y recuerda, con Hotel Tamanaco, la madrugada del 26 de agosto
la añoranza de quien habla de un pasado boyante, desapareció. El caso quedó sin resolver.
cómo fueron los días de 1983 cuando el edificio
La Francia era el centro joyero de Caracas. En También fue memorable el robo cometido por
ese entonces, ganaba 10 % de comisión por un enano que ingresó a La Francia dentro de una
cada cliente que llevaba, en su mayoría turistas caja de un televisor de 27 pulgadas. Su cómplice
provenientes de los cruceros que atracaban en el entró en una joyería del piso 6 y, tras pagar varias
puerto de La Guaira. cadenas, le pidió al dueño que le guardara el
paquete porque iba a almorzar. Ya sabían que al
Esa realidad quedó atrapada para el recuerdo mediodía cerraban y no les ponían combinación a
entre las paredes de esta obra estilo art déco, las cajas fuertes. En ese momento, el enano salió
uno de los edificios más altos de Caracas en 1946, de la caja, robó y luego el hombre con su caja del
cuando terminó su construcción. Su nombre televisor salió sin levantar sospechas.
no fue asunto del azar. A principios del siglo XX
funcionaba en ese terreno la botillería y confite- El edificio sigue en pie, aunque con otro uso.
ría La Francia, lugar de encuentro obligado para Hoy no queda ni rastro de su época dorada, pero
la socialité caraqueña de principios de siglo. Hasta quien pase por la esquina Las Monjas seguro verá
el presidente Cipriano Castro (1899-1908) fue a Carmen «La Bella» pregonando: «oro, oro, oro,
habitué del lugar. compro orooo», para ver si algo pesca.
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T año de cierre: 2010 / dirección física: Urbanización La Hoyada, esquina Las Monjas,
al lado de la Plaza Bolívar, Municipio Libertador, Caracas /
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Maxy’s
por Florantonia Singer / ilustración Eddymir Briceño
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En un recuerdo estamos el San Nicolás de Maxy’s y yo, a esa edad en la que
las escaleras mecánicas de una enorme tienda por departamentos son un
invento novedoso, un desafío y un juego. Los sábados de diligencias para
los que mi mamá no nos dejaba dormir más allá de las 9 incluyeron por mu-
chos años la tienda Maxy’s de Bello Monte, a unos veinte minutos de casa
en el Fairmont crema en el que mis hermanos aprendieron a conducir.
En ese lugar, mucho antes de los algoritmos del internet, la carta al Niño
Jesús se iba perfilando en función de los antojos y reacciones de los niños
en el departamento de juguetes, que entre septiembre y noviembre derro-
chaba comerciales en la televisión abierta para promocionarse. Para mí,
esos años también me recuerdan al Jean Naté al que olía el cuello de mamá
y que muchas veces compramos ahí, ese olor de los años ochenta a los que
pertenezco.
Ya de adulta supe del linaje que tenía este lugar, que para muchos nostálgi-
cos puede ser símbolo de tiempos mejores, pero que más allá de las valo-
raciones cuenta un momento de la historia de Venezuela. En 1950 se había
instalado la primera tienda Sears Roebuck de Venezuela en esta manzana
enorme de Colinas de Bello Monte, justo frente al Puente Los Gemelos, que
en un imaginario que podía ser más fértil para la sátira política quedaron
bautizados como Las Nalgas de Rómulo, en referencia a Rómulo Betan-
court, el primer presidente de la democracia.
Ese año fue de expansión. La cadena abrió cuatro tiendas más en Venezuela
y la de Caracas despuntaba en una pujante capital aferrada a ese futuro
siempre pasado. Entrada la década de los años ochenta, cuando la econo-
mía venezolana empezó a ser un pesado fardo, la cadena cambió de manos.
Bajo el Grupo Cisneros comenzó a llamarse Maxy’s. Era la época en que la
actriz Rudy Rodríguez, de blazer y pantalón rojos, la vendía como «la gran
tienda de la mujer».
Sombrerería
Tudela
por Adriana Herrera / ilustración Ana Brett
Quien camine a paso veloz por las calles mantener el recuerdo vivo. La constancia
adoquinadas del centro de Caracas podría de que existía un lugar con más de 80 años
perderse de algunas historias si no sabe del que pocos parecían enterarse.
en cuáles detalles detenerse. Hasta abril
de 2018, los que iban entre las esquinas de A este espacio nunca se le hizo una remo-
San Jacinto a Traposos pudieron haber vis- delación, no se le cambió el inventario.
to un local de luces tenues —diagonal a la Entre esos muebles de caoba cubiertos
casa natal de Simón Bolívar— sin advertir de polvo y tiempo, se seguían exhibien-
que ese era el más antiguo de la capital. do sombreros de otras épocas. Y es que
Tudela fue referencia para la alta sociedad
La primera vez que entré a la Sombre- caraqueña, incluyendo presidentes, acto-
rería Tudela —que abrió sus puertas en res e intelectuales, en esos días cuando
1931— estreché la mano de Juan Humberto los hombres no salían sin chaqueta ni
Torres, único empleado que tuvo la tienda sombrero.
hasta el día que cerró y quien acudía con
puntualidad desde 1961. De su tono sin pri- Al entrar, se veían las plantillas de metal,
sas saltaban cuentos añejos y, sobre todo, grandes e inmóviles. En la parte de atrás,
el amor por un oficio por el que ya nadie se donde en algún momento funcionó un
interesaba: fabricar sombreros. taller en el que llegaron a trabajar más de
diez personas, estaban unos cuantos som-
No en vano lo comenzaron a llamar «el úl- breros que sus dueños nunca buscaron y
timo sombrerero de Caracas». Nadie como también los moldes para hacerlos, incluso
él para contar la historia de Tudela y recitar uno de 1920 que funcionaba a gas. Todo
de memoria cómo es que los expresiden- eso lo enseñaba Juan Humberto a quien
tes Rafael Caldera, Luis Herrera Campins pasaba con curiosidad y sin prisa a ver de
o Rómulo Betancourt lucieron sombreros qué se trataba ese inusitado lugar.
hechos allí, con buen gusto y esmero. Para
mí, entrar a la sombrerería y contarles a
otros esas anécdotas era un intento de
Índice de autores
A H S
Sinar Alvarado 82 Betty Hernández 43 Luisa Salomón 34
Guillermo Amador 28 Yonel Hernández 13, 56, 62, 68 Eduardo Sánchez Rugeles 68
Carlos «Caque» Armas 48, 65, 78 Adriana Herrera 17, 72, 91 María Paola Sánchez 31
José Luis Ávila 24, 50 Florantonia Singer 88
I
B U
Benjamín Infante 40, 65
Ricardo Barbar 22, 32 Pablo Iranzo 48, 75 Patricia Urrutia 18, 22, 28, 76
Rodrigo Blanco Calderón 13 María Carolina Izquierdo 54, 71
Luis Bonilla 14, 60 W
Ana Brett 43, 91 K
Alexander Wright 72
Eddymir Briceño 53, 82, 88
Andrés Kerese 27, 60
Z
C L
Iván Zambrano 14
Carlos Carreño 17, 34, 50, 59
Manuel Lara 20, 38, 44, 80 Michael Zerpa 66, 84, 86
Gabriela La Rosa 44
D
Erick Lezama 46, 54, 62, 75
Ricardo Del Bufalo 59 Aymara Lorenzo 86
Roxana De Leo 38
Hector Do Nascimento 24, 46 M
Salvatore Maldera 76
F
Patricia Marcano 71
Victoria Fernández 31, 36, 78 María Gabriela Méndez 36
G R
Ivonné Gargano 27, 32 Nolan Rada Galindo 80
Gerardo Guarache Ocque 20, 56 Michelle Roche Rodríguez 40
Jonathan Gutiérrez 53 Gabriela Rojas 18, 84
Adriana Romero 66
Madrinas y padrinos
Muchas gracias por hacer posible la impresión de este valioso registro de Caracas.
Marian Morales Tovar Mariela Irady Padrón Daniel Rinaldi Martínez Mariana Cadenas
Igor Bottini Grecia Izaguirre Yepes Mariana Pezzulo Isabella Azócar
Daniella Mayorca Joel Barradas Hernández Erika Mendoza Manuel Ricardo Cadenas
Dougmary Esquijarosa Carlos Mendoza Alicia Mayorca Manuel Alfredo Cadenas
Mercedes Carrillo Zamora Mariel Lozada Bexais Utrera Elba Sangronis
Daniela Sykora Ross Torres Valeska La Torre Juan González
Guillermo Amador Carlos Torres Luis Pardal Ivonne Velasco
Irelys Martínez Esmeralda Llindis Carrillo Alexander Wright Melania Díaz
Iván González Manuel Chincoli María José Sánchez Rugeles Ciro Pepe
Eva Marie Uzcátegui Miguel A. Silva Jennifer Dopazo Isabel Díaz
Consuelo Roa Daza Agustín Ascanio López Arturo Campero Claudía Guzmán
Aleisa Mondolfi Stephanie M. Goss Luis González Carolina Galia
Oriana Mejías Marcelle Sader Verde José Elarba Carlos González
Stephanie Carreira Alejandro Illan Elizabeth Key Valeria De Jesús
Javier Del Pozo Frank Ayestarán Patricia Torres Leonardo Lara
Carlos Muñoz Álvaro Hidalgo Martín Emmerson Hernández Christian Abreu
Leonardo Aranguibel Aaron Acero Maribel Dos Santos Isaac De Abreu
Aymara Lorenzo Angly Gamboa Jesús Borges Gustavo Manrique Salas
Edgar Morales Lázaro Rodríguez Carlos Rivera Ayerling Torres
Leonardo Padrón Natalie Gamero Federica Feaugas Cristina Álvarez
Bianca González Luis García Mafe Burgos Homero Brines
Eduardo Sanabria Aníbal Mujica Francesca Vergani Natasha Plazola
Cyntia Irady Fernández Ana Silva Lope Tapia María Margarita Sosa
Ana Carrano Sauma Adriana Zambrano Viviana Rossi Beatriz Cruz
Carlos Carbonell Michelle Fischer Javier Tovar Germán Pérez
Daniel Ramírez César Muñoz Beatriz Urdaneta Gonzalo Parra
Kharen Verenzuela María Velandia Edgar Sánchez Guitian Valentina Mendoza
Carlos Armas Galindo María Soublette Alicia Zambrano Patricia Álvarez
M. Cadenas Marly Meza Vanessa Díaz Manuel Lara
Aura González Juan Lupi Harold Rizo Alejandra Sevilla
Daniel Monserat María Isabel Quiroz Ivonne Arens Aimara Toledo
Nayby Meneses Lesly Simon Alonso Pérez Ruth Villalonga
Luis Morales Tovar Zuleyma Rodríguez Vanessa Velazco Isabel Giraldo
Patrick Torres Silvia Webel Williams Castillo Alejandro Guillén
Fernando Carrizo Luisana Pérez Fernández Cricel Marcano
Este libro se terminó de imprimir el veintitrés
de marzo de dos mil veintitrés en los talleres
de Gráficas Acea. Caracas, Venezuela.
www.caracasciudadperdida.com
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