Nostlinger, Christine - Querida Abuela... Tu Susi
Nostlinger, Christine - Querida Abuela... Tu Susi
A PAI IR DE 7 AÑO S
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E L B A R C O M.U!.. D E V A P O R
Querida abuela..,
Tu Susi
C h r i st i ne N ö s t l i n g e r
P r e mi o A n d er se n 1 98 4
Primera edición: diciembre 1986 Vigésima sexta
edición: mayo 2005
Querida abuela:
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Aún no sé si me gusta esto porque todavía
no he visto mucho de Isopixos. ¡La agencia
le mintió a mamá! Desde la terraza de
nuestra habitación no se ve ni el mar ni el
puerto. Sólo se ve una pradera con árboles
grises. El estómago me gruñe muy fuerte.
Papá se ha ido a buscar una farmacia.
Quiere comprar una medicina que le calme a
mamá el dolor de estómago. Cuando vuelva
papá, iremos a comer los dos. Espero que la
comida griega sea mejor que la inglesa que
comimos el año pasado en vacaciones.
El próximo barco de Atenas llegará el
domingo. ¡Paul y sus padres vendrán en ese
barco! Me alegro mucho.
¡Cuando Paul esté aquí, todo será
SUPER-SUPER!
Mamá acaba de levantarse de la cama y ha
ido al servicio. Ha dicho que se encuentra
mucho mejor. Pero, cuando le he
preguntado si quería venir a comer con
nosotros, ha gemido: «¡Susi,
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ni una palabra de comidas, por favor!
¡Se me revuelve el estómago de nuevo!».
Mañana volveré a escribirte.
Muchos besos.
Tu Susi
Sra. Dña.
Mizzi Swoboda
C/ Gebler, 12
1170 Viena
(Austria)
Querida abuela:
Tu Susi
11
Sra. Dña.
Mizzi Swoboda
C/ Gebler, 12
1170 Viena
(Austria)
Viernes, 2 de agosto
Querida abuela:
Tu Susi
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Sábado, 3 de agosto
Querida abuela:
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aunque con el invierno se le ha quedado
muy pequeño. Así que se ha tenido que
comprar otro aquí. Pero de su talla sólo
había un bañador rojo fuerte con enormes
lunares amarillos. Mamá dice que no
puede mirar a papá con ese bañador
desastroso. A mí no me molesta. Así, en la
playa lo veo aunque esté muy lejos.
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Domingo, 4 de agosto
Querida abuela:
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historia de terror... Él cree que los papás de
Paul habrán decidido quedarse en Atenas
para visitar la Acrópolis y el resto de
antiguas obras de arte que hay. Dice papá
que seguramente vendrán en el barco del
jueves. Me gustaría que papá llamara a casa
de Paul. Por lo menos, así sabríamos si han
salido o no. Pero papá no quiere. Dice que es
muy caro. Mamá me ha prometido que
llamará si Paul tampoco viene el jueves.
Mamá ya está bien del todo. Pero yo me he
quemado porque en la playa no hay ni una
sombra.
Estoy roja como un cangrejo. Sólo tengo el
trasero blanco porque me lo protege el
bañador. Hasta que se me curen las
quemaduras, no podré bajar a la playa. ¡Pero
no me importa! Los niños que hay en la playa
son tontos. ¡Tontos del bote! Sobre todo una,
Anita, que es repugnante. Vive en nuestro
hotel, en el mismo piso. Nosotros tenemos
las
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habitaciones 203 y 204. Ella tiene la
habitación 2 1 1 . Parece una vaca. En cuanto
me vio el primer día en la playa, vino hacia
mí, me miró con desprecio de arriba abajo y
me preguntó: «¿Dónde está tu parte de
arriba?».
Yo no sabía a qué se refería. Por eso, no le
contesté. Entonces me preguntó:
«¿Eres muda o no hablas mi idioma?».
Y con un dedo se tocó la frente y con otro
señaló su biquini mientras decía: «La parte
de arriba». Y lo dijo como si quisiera
enseñarle una palabra nueva a un extranjero.
Entonces yo contesté: «¡No tengo pecho, así
que no necesito parte de arriba!». Ella me
sacó la lengua y gritó: «Bah». Luego se dio la
vuelta y echó a correr. Cuando ya estaba un
poco lejos, se paró, se agachó, agarró una
piedra y me la tiró. Pero no me dio. La
piedra fue a parar a la barriga de un hombre
gordo, que salió amenazador detrás de
Anita. Y a mí me dijo: «Esa
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niña es el demonio». ¡Y tenía razón! Desde
entonces, la muy vaca, cada vez que me ve,
me saca la lengua. Y anteayer, cuando llegué
a la playa, le dijo a otra chica: «Ya viene ese
zoquete».
Y ayer yo estaba arrodillada al lado de un
castillo de arena en la playa, porque quería
construir un foso, y vino y me chilló: «¡Este
castillo es nuestro! ¡Aquí no se te ha perdido
nada!».
Me alejé un poco para construir otro castillo,
pero me siguió y me dijo: «Toda esta parte es
nuestra». Y señaló una sombrilla al final de la
playa del hotel y añadió: «¡Hasta allí, sólo
podemos estar nosotros!». No le hice caso,
pero ya no tenía tantas ganas de seguir con el
castillo.
Esta mañana, durante el desayuno, Anita se
ha burlado de mí porque estaba roja. Me ha
señalado y, mientras, se reía.
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Aquí sólo hay dos chicos que valen la pena.
Lástima que sean ingleses, casi no puedo
hablar con ellos. Voy a acabar ya esta larga
carta porque mamá quiere volver al hotel.
Querida abuela, reza para que el jueves
llegue Paul.
Muchos besos.
Tu Susi
22
Sra. Dna.
Mizzi Swoboda
C/ Gebier, 12
1170 Viena
(Austria)
Lunes, 5 de agosto
Querida abuela:
Susi
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Martes, 6 de agosto
Querida abuela:
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hay tres máquinas. Voy a bajar para ver si
John y Charlie están allí. Pero primero tengo
que pedirle a mamá monedas griegas. Por
desgracia no se puede jugar gratis.
Seguramente mamá no querrá darme dinero.
No le gusta que juegue con las máquinas. Dice
que es mejor que salga a tomar el fresco. Pero
ya hay bastante corriente en el vestíbulo. Las
enormes puertas del hotel siempre están
abiertas de par en par.
En el jardín del hotel hay una piscina. Tiene
agua normal, dulce. No es salada. Hoy,
después de desayunar, me he tirado desde el
bordillo al agua.
He salpicado algo. Y una señora, que estaba
en una tumbona al lado de la piscina, se ha
mojado un poco. ¡Cómo se ha enfadado! No
he entendido lo que ha dicho porque ha
gritado en un idioma que no conozco. Pero
ha puesto el mismo tono de voz que tu
vecina, la señora Hoschek. Y parecía tan
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antipática como ella. Mamá me ha dicho que
no me tire más desde el bordillo. Papá ha
dicho que me puedo seguir tirando
tranquilamente.
Yo he dicho: «Bueno, por favor,
entonces ¿puedo o no puedo?».
Y entonces papá y mamá se han
peleado un poco.
Mamá ha dicho que papá no debería meterse
cuando ella me educa como es debido.
Papá ha dicho que él también me educa y
tampoco quiere intromisiones. Entonces yo
he dicho: «¡Ya me educaré yo sola!». Y los
dos se han reído.
Aquí se dice EUJARISTÓ cuando se quiere
decir GRACIAS. Aún no sé ninguna palabra
griega más. Los empleados del hotel hablan
conmigo en mi idioma. Pero no lo hacen bien
del todo. Se equivocan mucho. La camarera
dice siempre «tuyo mamá» y «tuya
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papá». Y a mí me dice que soy «un
guapo señorita». Ya no se me ocurre
nada más. ¡Hasta mañana, abuela!
Un billón de besos.
Tu Susi
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Miércoles , 7 de agosto
Querida abuela:
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Además, mamá se enfada porque no me
gusta la comida.
A ti, abuela, tampoco te gustaría. La
mantequilla está rancia, la carne es muy
grasa, el pescado tiene muchas espinas, en
los entremeses ponen un arroz con un
condimento extrañísimo, y en la ensalada,
muchísimo aceite. Lo único que está bueno
son las patatas fritas, y en la pastelería
venden un pudín que se puede comer. ¡Qué
lástima que no estés aquí, abuela! Si
estuvieras aquí, podrías explicarle a mamá
que un niño puede subsistir durante cuatro
semanas a base de pudín, patatas fritas y
melocotones. ¡A mí, mamá no me cree!
Mañana viene el barco del jueves.
¡Cruza los dedos, querida abuela, para que
Paul venga en el barco!
Muchos besos.
Tu Susi
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P.D. Cuando te llegue mi carta, Paul ya
estará aquí. Así que ahórrate el cruzar los
dedos.
Jueves, 8 de agosto
Querida abuela:
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duerme en mi habitación porque ha pasado
algo con las reservas. La mamá de Paul
reservó, como nosotros, dos habitaciones.
Una para Paul y otra para sus padres. Pero
en el hotel les han guardado una habitación
de tres camas. El recepcionista le ha dicho al
papá de Paul: «Gran habitación, bonita
habitación, niños pequeños duermen con
mamá y papá».
«No me importa lo más mínimo», ha dicho el
papá de Paul. «En la agencia pagamos por
dos habitaciones. ¡Así que deberán darnos
dos habitaciones!».
Y se ha enfadado mucho.
La habitación de tres camas es más bien
pequeña.
Y la tercera cama no es una cama normal. Es
de acero y se dobla por la mitad, y es tan
estrecha como una hamaca de camping.
El papá de Paul ha doblado la cama y
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la ha colocado delante de la puerta de la
habitación.
«¡Aquí hay una habitación doble para mi
esposa y para mí!», ha gritado. «Ahora falta
una habitación individual para mi hijo».
La camarera, que le ha enseñado la
habitación triple, no le ha entendido y sólo
ha dicho: «No gritar tanto, por favor».
Entonces han venido el recepcionista y el
director del hotel para tranquilizar al papá
de Paul, pero éste no les ha hecho caso y ha
seguido gritando que todos eran unos
«levantinos», y que a él no le tomaban el
pelo, y que ahora mismo llamaba a la
agencia por cuenta del hotel.
En el pasillo se ha formado un corro
enorme porque todos los clientes han
venido a escuchar. Y la mamá de Paul no
paraba de golpear al papá de Paul en el
hombro y de decirle: «¡Cálmate, Paul! ¡No
te excites, Paul!».
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El papá de Paul también se llama Paul. Yo le
he enseñado a Paul mi cuarto. Él sólo quería
descansar unos minutos en mi cama. Ha
empezado a contarme algo del aeropuerto,
pero después de la segunda frase ya se
había dormido. Ya hace más de una hora
que duerme, y al papá de Paul ya no se le
oye gritar.
No entiendo que muchas personas se
encuentren mal cuando van en barco.
Es estupendo que un barco se balancee. A
mí el barco me acunó mientras dormía.
Papá acaba de venir a mi cuarto para
decirme que vamos a desayunar. Pone una
cara... Me ha dicho: «Querida hija, creo que
no me resultará fácil tratar con los padres de
tu amigo».
Está enfadado porque el papá de Paul se ha
excitado tanto. El recepcionista y la
camarera no pueden hacer nada si una
agencia tiene un error. Y no puede esperar
nada de una gente que llama
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«levantinos» a los griegos. Es como si a un
francés le llaman «gabacho». A mí tampoco
me gusta mucho el papá de Paul.
Prefiero a la mamá de Paul. Pero el que más
me gusta es Paul, claro. Cuando se
despierte, se lo enseñaré todo. La playa y
las barcas. La iglesia y las casas viejas. La
calle de los restaurantes y el callejón de las
tiendas. En la pastelería le compraré un
pudín amarillo. ¡Seguro que le gustará! Y le
enseñaré todas las caracolas que he
reunido. Y le llevaré a ver al viejo del
puerto. Remienda redes mientras canta.
Canta con una voz desastrosa. Resulta muy
cómico. Paul se ha traído un bote hinchable.
Hasta mañana.
Tu Susi
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Domingo, 11 de agosto
Querida abuela:
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Carta del viernes (9 de agosto)
42
Carta del sábado (10 de agosto)
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Paul no llevaba sus flotadores y no se veía a
nadie en toda el agua. Berreé pidiendo
ayuda, pero no me oyó nadie. También hice
señales con los brazos, pero nadie me vio.
Paul empezó a llorar. Pero, a pesar de eso, no
admitió que no sabía nadar. Dijo que había
tiburones en el agua y por eso no podía
nadar hasta la orilla. ¡Y yo no sabía si tendría
fuerzas para nadar hasta allí! Jamás lo había
probado en una distancia tan larga. Pero,
como Paul lloraba dando gritos, lo probé.
Bajé por las rocas, mientras rezaba: «Ángel
de la guarda...». Y me tiré al agua. ¡No estaba
tan lejos! Y no tuve que habérmelas con
ninguna ola gigante. Mamá y la mamá de
Paul estaban tomando el sol en la playa.
Fueron nadando con el colchón hinchable
hasta las rocas y remolcaron a Paul. Yo me
quedé en la playa. Estaba demasiado cansada
como para ir y volver otra vez. ¡Imagínate,
abuela! La mamá de Paul
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nos pidió que no le contásemos nada al
papá de Paul. Si se entera, castigará a Paul
tres días encerrado en su cuarto del hotel.
¡No le contamos nada, claro! Pero resulta
gracioso que ellos dos le escondan cosas.
¿No te parece? Por la noche, papá me hizo
una condecoración con el papel de estaño de
una tableta de chocolate. Es una
condecoración de salvamento-SOS y me la
prendió del camisón.
Me dijo que estaba orgulloso de mí. Porque
fui nadando hasta la orilla.
¡Y porque no soy ninguna chillona!
Hoy me he puesto la condecoración en el
bañador. El papá de Paul me ha preguntado
por qué llevaba la condecoración. Del susto,
me he puesto como un tomate. Pero mamá
ha contestado rápidamente: «Para
recompensarla de que ayer en la habitación
matara diez mosquitos».
46
Carta del domingo
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era de Viena y que dónde vivía. Y cosas así.
En todo caso, son gente muy normal. Y que
tengan una hija tan anormal, debe ser
tristísimo para ellos. Se lo he dicho a mamá,
y ella me ha contestado que los padres no se
dan cuenta de que tienen hijos tontos. ¡Pero
no puede ser! Los padres de Anita tienen que
notar que siempre me saca la lengua y que
siempre está maquinando algo en contra de
todos los niños.
Muchos besos.
Tu Susi
49
Sra. Dña.
Mizzi Swoboda
C/ Gebier, 12
1170 Viena
(Austria)
Lunes, 12 de agosto
Querida abuela:
Paul tiene una insolación, pero
pequeñita. Lo que pasa es que chilla
tanto que parece que ya no le queda piel
en todo el cuerpo. No tengo nada nuevo
que contarte.
Besos.
Susi
Sra. Dña.
Mizzi Swoboda
C/ Gebler, 12
1170 Viena
(Austria)
Martes, 13 de agosto
Querida abuela:
100.000 besos.
Tu Susi
52
mm
m
Miércoles, 14 de agosto
Querida abuela:
54
quedarse! Sin él no me apetece
permanecer aquí. Y tú tendrías que
venir a visitarnos a menudo.
Ayer, en el autobús que viene desde la otra
punta de la isla, llegó una familia de Viena.
Se ha alojado en nuestro hotel. La familia
está formada por una mamá gorda, un papá
gordo y dos hijos gordos. ¡En total deben de
pesar 400 kilos! Se nota que son de Viena
cuando hablan.
Uno de los niños gordos está en la piscina
leyendo un álbum de Micky Mouse y
comiendo salami. Tiene una pieza entera de
salami. Corta gruesas lonchas y se las mete
en la boca. No tiene pan. Si lo miro, se me
revuelve el estómago.
Paul está sentado a mi lado y también
escribe una carta a su abuela, pero no se le
ocurre nada. En su hoja sólo pone: «Querida
abuela». Y a menudo se queja: «Pero ¿qué
pongo?». Paul le ha tirado
55
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Jtòjdvz
flc2° ficn&
una piedrecilla al gordo del salami, pero no
debe de tener nervios bajo la piel, porque ni
se ha inmutado. El otro niño gordo está en
la piscina. No nada bien. Está haciendo el
muerto. ¡Genial! Tengo que probarlo yo
también. Paul cree que sólo pueden hacerlo
los gordos. Porque la grasa flota.
Tengo que dejar de escribir.
Mamá me ha llamado desde la terraza para
que vaya a comer. No tengo hambre. ¿Por
qué hay que comer si no se tiene hambre?
Siento algo extraño en la barriga. No podré
comer ni un bocado. Y mamá volverá a
gritarme y dirá que soy una «tiquismiquis». Y
papá volverá a chillarme que pierde la
paciencia conmigo. Querida abuela, si no
hubiera comida y cena, mi vida sería mucho
más bonita.
Mil besos.
Tu Susi
57
P.D. ¿Qué tal va mi ficus? ¿Tiene alguna
hoja nueva? ¿Hablas con él cuando lo
riegas? ¡No lo olvides! Está acostumbrado a
que le hable. Si no, se molestará y se le
caerán las hojas.
58
Jueves, 15 de agosto
Querida abuela:
Tu Susi
60
Viernes, 16 de agosto
Querida abuela:
62
Sábado, 17 de agosto
Querida abuela:
64
Domingo, 18 de agosto
Querida abuela:
¡Estoy buena otra vez! Sólo me tiemblan un
poco las rodillas. Estoy sentada junto a la
piscina, bajo una sombrilla, en una hamaca
amarilla. El camarero me ha traído una
jarra con té frío y tres galletas. Las
infecciones intestinales también tienen su
lado positivo. ¡Nadie me dice que tengo que
comer algo! El niño gordo, el del salami, me
ha traído un montón de álbumes de Micky
Mouse. Me los ha regalado. Hace dos horas
que espero a Paul. Me ha prometido que
jugaría a las cartas conmigo. Me ha dicho:
«Bajo un momentito a la playa, nado un
poco y vengo».
Mamá y papá están en el bar. Han conocido
a un matrimonio de Linz y cotorrean muy a
gusto con ellos. El marido se llama Isidor.
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¿Dónde estará Paul? Casi es mediodía. Si no
viene pronto, ya no podremos jugar a las
cartas. Después de comer, Paul tiene que
echarse la siesta. Él no quiere. Pero su papá
le obliga. ¡Lo encuentro espantoso! Paul no
es ningún bebé. Él ya sabe si está cansado o
no. El papá de Paul no es un padre
demasiado bueno. Ahora que vivimos
juntos, lo noto. ¡Se pasa el día riñendo! ¡La
cosa es continua! Dice: «¡No digas
groserías!» «¡No hagas ruidos al comer!».
Luego: «¡Anda bien!» «¡No te rías tan
tontamente!». O: «¡Cierra la boca cuando
comes!». Nunca le dice nada simpático. ¡Yo
no soportaría tener un papá así!
El chico del salami y su hermano han venido.
Me han preguntado si quería jugar con ellos.
Les he dicho que esperaba a Paul porque iba
a jugar con él a las cartas. Entonces se han
ido. El chico del salami y su hermano son
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muy simpáticos. Ya sé cómo se llaman. Se
llaman Axel y Andi. Lo que no sé es quién
es Axel y quién es Andi. De apellido se
llaman Amon.
El padre se llama Antón. Y la madre, Anna.
Así que las iniciales de todos son A.A. ¡Es
práctico!
Sé sus nombres porque son una familia que
habla muy alto. Cuando hablan entre ellos,
puede oírlos toda la gente que está en el
jardín del hotel. El papá de Paul se pone
nervioso todos los días por este motivo.
«Ese comportamiento es intolerable», le ha
dicho a mamá.
Mamá me ha explicado que intolerable es
algo parecido a insoportable.
Pero el gordo papá A.A. es mucho más
soportable que el papá de Paul. El gordo
papá A.A. es muy divertido.
Juega con sus niños A.A. en la piscina. Él
hace de hipopótamo y sus hijos cabalgan
sobre él. Se montan sobre su
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espalda. Y el hipopótamo bucea.
Abuela, no te puedes ni imaginar lo que
salpican. Cuando los A.A. juegan a lo del
hipopótamo, se quedan solos en la piscina.
Viene Paul. Dejo la carta.
Besos.
Susi
69
Lunes, 19 de agosto
Querida abuela:
70
el té de un trago. El papá de Paul le ha
preguntado a Anita: «¿Tenéis algún plan
vosotros dos?».
«Sí», ha dicho Anita. «Ayer descubrimos una
cueva. Tenemos que ir allí. ¡La
amueblaremos como una casa de verdad!».
El papá de Paul ha preguntado dónde estaba
la cueva, y Anita se lo ha contado. ¡Menuda
tontería! ¡Ellos no encontraron la cueva! ¡La
cueva la descubrí yo! Y, el día antes de
ponerme enferma, se la enseñé a Paul. Y ni
siquiera es una cueva de verdad. Es sólo un
agujero en la roca. No es mayor que la caseta
de un perro San Bernardo. ¿Cómo se va a
poder amueblar?
Paul se ha puesto rojo y me ha mirado de
reojo. He notado que tenía miedo de que yo
dijera que era yo quien había descubierto la
cueva. ¡Pero no he dicho nada! ¡Ni una
palabra! Entonces Paul se ha levantado para
irse con Anita.
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«¡Eh, Paul!», ha gritado su mamá,
«llévate a Susi, ¡ya está buena!».
Paul ha hecho como si no lo hubiera oído,
pero Anita ha dicho: «La cueva es
demasiado pequeña para tres».
Ha tomado a Paul de la mano y lo ha alejado
de la mesa. «No estés triste», me ha
susurrado mamá. «No lo estoy», le he
contestado yo. Pero hubiera empezado a
gritar allí mismo. ¡Durante seis años Paul ha
sido mi mejor amigo! ¡Desde el jardín de
infancia! ¡Y en primero! ¡Y desde que vive en
el campo nos hemos escrito todas las
semanas! En casa tengo un montón de cartas
en las que pone que se alegra «cantidad»
porque me verá en vacaciones de nuevo. Y
ahora se va con la vaca más tonta del mundo
y me deja aquí sentada. ¡Es horrible! ¿O no?
Pero no voy a dejarme apabullar. No le voy a
dar a esa tonta de Anita la satisfacción de
que me vea llorar. Voy a
72
la piscina. Seguro que los niños A.A. están
allí. Si quieren jugar conmigo, jugaré con
ellos. Y a Paul no le voy a mirar a la cara
nunca más. ¡Palabra de honor!
Muchos abrazos y besos.
Tu Susi
73
Miércoles, 21 de agosto
Querida abuela:
74
Pero ha sido estupendo haberlo hecho.
Si no hubiera escuchado, habría ido con
Paul a comprar el pudín y me habría creído
que me quería otra vez. Luego nunca
hubiera comprendido que no me quería y
que lo hacía sólo para obedecer a su mamá.
¡Ojalá me pudiera marchar en el barco del
viernes! Le he dicho a papá que ya no quería
quedarme aquí. Papá se ha reído de mí.
«Condenada chiquilla...», ha dicho, «no nos
estropees las vacaciones». Es fácil hablar
para él. Mamá no se reía. Pero tampoco me
comprende. Dice que no tengo que ser
bobalicona. Anita ya no me saca la lengua;
ahora, cada vez que pasa a mi lado, dice:
«¡Fastídiate!».
¡Pronto estaré contigo, abuela! Me alegro.
¿Me harás una sopa de fideos de
bienvenida? ¿Y pasta con salsa de vainilla?
75
Sra. Dña.
Mizzi Swoboda
C/ Gebler, 12
1170 Viena
(Austria)
Jueves, 22 de agosto
Querida abuela:
Susi
76
Jueves, 22 de agosto
Querida abuela:
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preguntado: «Bueno, ¿estás triste porque
regresas a casa? ¿O te alegras?». Entonces
Anita ha contestado: «No me alegro de
volver a casa. Pero por ver a Oliver me
alegro muchísimo». Y la madre de Anita se
ha reído y ha dicho: «Sí, sí, Oliver. ¡Se
tienen un amor increíble!».
Creí que me iba a pasar algo. ¿Es posible
que esa persona sienta un amor increíble
por alguien? Paul me da un poco de pena.
Pero sólo un poco.
Del sueño que tengo, ya no puedo sostener
el bolígrafo.
¡Hasta mañana, abuela!
Tu Susi
81
Viernes, 23 de agosto
Querida abuela:
82
t
Hoy tenemos día de descanso. Estamos en
la piscina y miramos álbumes de Micky
Mouse. Por la tarde iremos a recoger
caracolas. Ya tengo muchas marrones,
pequeñitas. Me podré hacer un bonito
collar. Necesitaré algo puntiagudo para
hacer los agujeros. Mamá, papá y el
matrimonio de Linz han alquilado un coche
y se han ido a la otra punta de la isla.
Estaban un poco tristes porque yo me
quedaba aquí. Pero a mí no me gusta
achicharrarme en coche. Y esos cuatro
trozos de piedra que quieren visitar no me
interesan lo más mínimo.
Paul deambula a menudo detrás de mí.
Ahora está en la mesa de al lado y juega al
dominó consigo mismo. Sí, sí, así le va a
uno cuando su «enamorada» se marcha.
Besos.
Tu Susi
83
Sábado, 24 de agosto
Querida abuela:
Tu Susi
85
miro a la puerta y veo algo blanco en el
suelo. Primero, sólo una línea estrecha, pero
que se hace más ancha. Y se convierte en
una carta. Me he imaginado que la carta
tenía que haberla pasado Paul por debajo de
la puerta. Salto hacia la puerta y la abro.
Delante de la puerta está Paul, rojo como un
tomate, y dice: «Yo, yo, yo...». Mientras,
señala la carta.
Yo digo: «¿Tenemos que hablarnos por
carta?».
Entonces él dice otra vez: «Yo, yo, yo...». Y
luego corre a su cuarto. He abierto la carta.
Era muy corta. Había puesto:
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formas he escrito el SÍ en un papel.
Nadie debe creer que me hago la
ofendida o que soy una bobalicona.
Pero haré que Paul espere una hora
más. Se lo ha ganado.
Otra vez 1.000 besos.
Tu Susi
87
Domingo, 25 de agosto
Querida abuela:
88
Tras la reconciliación, volvimos a pelearnos.
Quería convencerme de que los niños A.A.
eran tontos y de que no debía hablar más con
ellos. ¡Entonces sí que me disparé! ¡Fue la
puntilla! ¡Yo tengo que entender que él no
me quiera sólo a mí, pero él no puede
comprender que a mí me gusten otros, aparte
él! Le dije muy claramente:
«¡O te portas bien con Axel y Andi, o no hace
falta que vuelvas a mirarme a la cara!».
Creo que lo comprendió. Por lo menos este
mediodía ha jugado tranquilamente con
nosotros tres. Envidio a los A.A. Se quedan
aquí diez días más.
Mamá se ha comprado en la farmacia
pastillas y caramelos contra el mareo. Pero
quizá mañana el mar estará tranquilo y
mamá no se mareará. Cuando los A.A.
vuelvan a Viena, invitaré a Andi y a Axel a
casa. ¡Así los conocerás!
90
Papá y yo vamos a dar un paseo de
despedida. Les diremos «hasta pronto» a la
arena, las olas, las rocas, las barcas y a todo
lo demás, que ya queremos tanto.
Abrazos.
Tu Susi
92