AREA DEPARTAMENTAL DE ARTES DEL MOVIMIENTO
Fundamentos teóricos de la producción artística
TRABAJO PRÁCTICO N°1
ALUMNA: Ciancio Agustina
DNI: 39.917.367
MAIL: [email protected]
CÁTEDRA: Del Vitto
Primer Cuatrimestre 2021
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De las ocho preguntas formuladas para este trabajo elegí tres que considero son las que más
me interpelaron y me hicieron reflexionar sobre distintas cuestiones:
1. El autor considera que la ausencia o la proliferación del valor ha dado lugar a la
indiferencia. Lo aplica en la política, la economía, lo sexual, etc. ¿Cómo desarrolla el
autor esta temática en el campo del arte?
2. ¿Qué elaboraciones teóricas añade el autor a Lo Mismo y Lo Otro? Aplíquelo a la obra
elegida para fundamentar.
3. ¿Qué agrega el autor, al explicar su teoría con términos teóricos de otras ciencias
(metástasis, fractales, virus, estasis, semiurgia, atractor extraño, etc.)?
“El resurgir de las cenizas”
Introducción
En el presente ensayo expondré un trabajo de escritura en relación a lo sucedido en las clases
virtuales que construimos entre todxs, la bibliografía elegida por la cátedra y los foros que
conforman la unidad número uno. También daré cuenta de mis inquietudes en relación a
distintas cuestiones planteadas en la materia en relación al arte, generando preguntas,
certezas, dudas y reflexiones que me van llevando a distintas perspectivas de una misma cosa.
Desarrollo
“Cuando las cosas, los signos y las acciones están liberadas de su idea, de su concepto, de su
esencia, de su valor, de su referencia, de su origen y de su final, entran en una
autorreproducción al infinito” (Baudrillard, 1990 : 12)
Esta cita se refiere a que, actualmente, la cultura es llevada a la proliferación (y
autorreproducción) hacia el infinito de los signos, donde se reciclan, se repiensan, se revisan y
se recomponen formas del pasado y formas actuales, para producir una metamorfosis en la
cual no existe regla ni norma establecida o por convención, tampoco hay cierto criterio de
juicio ni de placer. Nos despojamos y liberamos de las concepciones estéticas establecidas,
para producir hibridaciones, mezclas, combinaciones de cualquier tipo, algunas inimaginables.
Desde lo más banal y marginal hasta lo obsceno, todo se estetiza, se culturaliza, todo puede
convertirse en signo, en símbolo y se transforma en arte.
De esta manera el arte como la conocíamos se rompe, se quiebra, estalla, implosiona para
después, explotar y converger hacia distintos paradigmas experimentales que reformulan
nuestro accionar. Si no sucede esto se vuelve un ciclo sin fin de autorreproducción de lo
mismo.
Así entramos en un agujero negro (proceso creativo) donde prima la búsqueda constante, la
investigación desesperada, la exploración y experimentación las cuales nos permiten seguir en
movimiento, pero, también, en ese punto aparece el agotamiento, el “hacer por hacer”, la
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histeria colectiva de producción, la necesidad de crear algo, lo que sea, cualquier cosa, y eso
deriva en la proliferación exagerada de cosas, ideas, información, produciéndose así una
estasis del arte, y donde hay estasis hay metástasis. En la metástasis del todo ya no queda
nada. La pregunta que sugiero aquí es:
¿Es posible resurgir de las cenizas, observar con otra perspectiva las cosas para no entrar en
esa “rueda” donde todo y nada son los mismo?
Porque, entonces, si todo es válido nada lo es y si todo es arte nada lo es. Hoy en día no hay
coherencia alguna, no existen límites ni fronteras definidas para crear una producción artística,
por lo cual, se genera una desmaterialización del arte según el autor.
“El valor brilla en la ausencia del juicio de valor. Es el éxtasis del valor.” (Baudrillard, 1990 : 25)
Esta cita es totalmente pertinente a lo que mencionaba en relación al valor de una pieza
artística, cuando hay una ausencia de juicio de valor, el valor del arte por sí mismo brilla,
produciéndose el éxtasis del valor. Sucede lo mismo en caso de que haya proliferación del
valor, ambas dan lugar a la indiferencia, a los grises.
¿Existe el Xerox, la copia, o es simplemente imposible inventar algo idéntico?
Cuando componemos algo estamos tomando en cuenta distintas experiencias, vivencias,
aprendizajes que hemos compartido o hemos tenido la posibilidad de observar. Entonces para
crear siempre nos basamos en la copia, pero en la copia en el buen sentido de la palabra. Nada
que hayamos podido inventar es cien por ciento nuestro, propio, de nuestra “autoría”.
Entonces me surge la pregunta: ¿Quién soy yo al crear? Porque en realidad dependemos del
otrx para existir, como dice Baudrillard: “El otro es lo que me permite no repetirme hasta el
infinito.” (Baudrillard, 1990 : 185) El otrx logra sacarme de ese lugar de hastío, de “repeat”
para llevarme a otros estadios y espacios más fructíferos donde puedo ser yo, como yo, donde
yo. En ese lugar aparece lo identitario, mi impronta, mi sello.
A partir de la revolución cibernética y tecnológica acaecida en estas últimas décadas nos urge
lo vertiginoso, la emisión y recepción desenfrenada de imágenes, la sobreinformación, la
multiplicidad de operatorias, las infinitas variables. Entonces, me pregunto: ¿Soy yo
verdaderamente la que elige, la que toma decisiones, la que acciona o soy influenciada por mi
entorno? A veces confío en que yo soy la que tiene las riendas de mis creaciones y otras dudo
tanto que me hace pensar en que mis ideas son producidas a través de una voluntad
disfrazada, que me guía, me orienta hasta ese lugar a donde “quiero”, intencionalmente o no,
llegar.
Estamos en medio de lo auténtico de mi persona y, a su vez, lo más despersonalizado de mi
persona, lo más fuera de mí que puedo estar, pero no es posible abarcar todo ni estar en dos
lugares en simultáneo, no es posible sostener esa dualidad ¿entonces qué? Aquí es donde lxs
artistas entramos en crisis, nos invade la confusión, nos desilusionamos, tenemos la necesidad
de trascender, de salir de esa situación tan conflictiva y compleja para encontrar una salida a
este estado de “cerebralidad”. En este punto tiene que accionar el pensamiento como red de
anticuerpos y defensa inmunológica natural (Baudrillard, 1990 : 68) para abandonar el caos
mental. En este momento es en el cuál intentamos diferenciar lo mismo y lo otro, y tomar la
iniciativa de acción para decidir qué es lo que verdaderamente queremos hacer, comunicar,
transmitir, el por qué y el cómo, mediante que herramientas y recursos compositivos.
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¿Vuelvo a lo mismo, a lo que sé que está dentro de los y mis parámetros convencionales, o me
abro de esa instancia de lo conocido y voy en búsqueda de lo otro?
Aquí aparece el vértigo, el vértigo ecléctico, el vértigo carnal, el vértigo superficial... esa
sensación ilusoria de que las cosas externas se mueven alrededor y dan vueltas en el espacio.
¿Qué sucede cuando sentimos vértigo? Sentimos que hay algo fuera de nuestro control, que no
podemos frenar, que tenemos que dejar que fluya para ver hacia donde nos lleva...
Todo esto tiene que ver con la virtualidad y la viralidad de las cosas, los signos y las acciones,
ya que cuando se entrega el cuerpo tanto a las prótesis como a las fantasías genéticas nos
perdemos. No entendemos hacia dónde ir, nos ahogamos en subjetividades, no podemos
distinguir entre lo real y lo irreal, no encontramos una identidad artística, y vamos en
búsqueda de una perfección que no existe como tal. Nos terminamos volviendo artificiales,
plásticos, maquinas, en algún punto.
¿Es necesaria la convalidación del afuera, de la sociedad, del público, en el sentido que se
quiera pensarlo, para hacer/producir arte?
Porque sabemos, tenemos la certeza, de que el campo de las artes es un campo cargado de
pluralidades y de multiplicidad de operatorias, donde muchas veces la repercusión que
queremos generar de nuestra obra se vuelve en contra y se producen infinidades de
interpretaciones de una misma cosa. Ha habido producciones artísticas en las cuales lxs
“espectadores” no han podido ver la obra completa, se han levantado y se han ido en el medio
de la función, sintiéndose indignadxs, sin encontrarle un sentido a lo que estaban viendo,
evidenciándose así que todos los aspectos más oscuros de la sociedad, como la violencia, los
estereotipos, la gordofobia y demás temas puestos en cuestión dentro de la obra,
representados con escenas de alto grado de sensibilidad, han interpelado al público hasta tal
punto que han tomado la decisión de irse.
Un ejemplo de esto, es la obra que compartimos en clase: “Piezas distinguidas, La Ribot”
donde se observa una interprete que se encuentra desnuda en un espacio prácticamente vacío
con abundante luz. La artista tiene consigo una silla en la zona de su vagina, a la cual le da uso
y movimiento, y sobre sus mamas lleva una especie de cartel que circunscribe la palabra: “se
vende”. Esta producción artística refleja cuestiones difíciles que se experimentan en nuestra
sociedad, donde pone de manifiesto el cansancio, el agotamiento, el hastío provocado en la
interprete. Donde pone en tela de juicio el valor en todas sus formas.
Sabemos que la danza constituye una otredad, un atractor extraño, exótico, donde nos
perdemos y desaparecemos. La danza podría conformarse como un espejo donde podemos
“vernos”, refugiarnos, y convertirnos en lo que Baudillard nombra como el “Otro absoluto”.
Conclusión
Hoy en día el mundo ha cambiado, estamos atravesando una pandemia en donde el encierro,
el no contacto, la abstinencia de cosas que ya no podemos hacer y la incertidumbre se vuelven
elementos cotidianos en nuestras vidas. Son momentos en los cuales es interesante abrirnos al
diálogo y a la reflexión para poder darnos cuenta de cuales eran los patrones artísticos que
veníamos trabajando en la “vieja normalidad” y cuáles son los que necesitamos en este
momento tan particular para adaptarnos, reconfigurarnos y reinventarnos, y de esta forma,
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seguir creando, pero ahora con la tecnología de por medio para que nuestras obras se lleven a
cabo.
Bibliografía
Baudrillard J. (1990). La transparencia del mal. Barcelona: Anagrama.