Soy La Mate Del Alfa (Libro 1 de la saga:
Secretos De Luna) {Editando} by Rina0515
Category: Random
Genre: amor, celos, detodounpoco, fantasía, hombresguapos,
hombreslobo, humor, juvenil, novela, orgullo, romance, secretos
Language: Español
Status: Completed
Published: 2016-10-20
Updated: 2021-09-20
Packaged: 2022-05-25 18:12:24
Chapters: 79
Words: 183,803
Publisher: www.wattpad.com
Summary: -¡Es increíble como ya te olvidaste de mí! -escupió con
rencor al detenernos en un claro. Se quitó la gorra y los lentes. 《No
lo puedo creer, ¡El idiota con quién perdí mi virginidad!》-pienso. -
Veo que te sorprende mucho verme. -sus ojos estaban llenos de
odio. -¿Qué haces aquí?. -Vine a reclamar lo que es MÍO. - Me tomó
bruscamente por la cintura. 《Son ideas mías o sus ojos azules han
cambiado de color... 》 . -Te demostraré que el hombres que amas
soy yo -gruñó y embistió mis labios con furia. Su beso me causó
tanta repulsión que mordí su lengua para obligarlo a que me soltara
-él se quejó y aproveché su descuido para salir corriendo. A poca
distancia escucho un aullido que me heló la sangre y al voltearme
veo al idiota completamente desnudo. En menos de un segundo me
derribó y me agarró por las muñecas -su respiración era agitada, y
sus ojos estaban completamente negros, como los de un demonio. -
Lo diré solo una vez. Quiero que te cases conmigo -fruncí el ceño.
No me esperaba que dijera eso y menos me esperaba que algo
filoso atravesara la epidermis de mi cuello. Abrí los ojos como platos
y solté un grito ahogado al sentir como la sangre abandonaba mi
cuerpo. [16-04-19] #9 en "Hombres lobo" 😍 [19-03-18] #16 en
HOMBRES LOBOS [26-11-18 ] # 6 en "hombres lobo". [21-11-18] #
7 en "hombre lobo". [19-11-18] # 36 en "hombres lobo". [12-11-18] #
210 en "hombres lobo". [02-12-18] # 49 en "humor". [16-04-19] #8
en "Fantasía". [Desde el 10-12-18 hasta 13-01-19] #1 en fantasía.
[01-12-18] #10 en "fantasía".
Language: Español
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Prólogo √
Prólogo
–Caros passageirosempoucos minutos pousamos no Aeroporto
Internacional Antônio Carlos Jobim, na cidade do Rio de Janeiro, por
favor, coloque seus cintos de segurança, obrigado (Estimados
pasajeros en unos minutos aterrizaremos en el Aeropuerto
Internacional Antônio Carlos Jobim, de la ciudad de Río de Janeiro,
por favor colocarse los cinturones de seguridad, Gracias) –se
escuchó por los altavoces del avión.
–¡Poor fiiin! Tantas horas de vuelo me durmieron el trasero –
pronunció mi “adorado” hermano, logrando que mi enojo aumentara
considerablemente.
–¡No te deberías quejar, ya que el que quería venir eras tú! –le dije
de lo más irritado –Si fuese por mí me encontraría en la mansión
atendiendo mis deberes de alfa –él rodó los ojos y comenzó a
emular, como un niño, lo que yo estaba diciendo. –Pero por tú culpa
estoy en un avión rumbo a una zona tropical.
–No te enojes, cosito, porque te vas a arrugar. Además tú solito
aceptaste mi invitación, yo no te obligué –dijo de lo más inocente.
–¡Me drogaste! –Exclamo, a punto de perder los estribos de mi
cordura.
–Yo no hice nada de eso –sonó tan convincente que cualquiera que
no lo conozca caería en su engaño.
–No te hagas, Iván, pusiste algo en mi bebida para que aceptara
venir contigo, porque de lo contrario ¡JAMÁS HUBIESE ACEPTADO
TU INVITACIÓN! –mi voz retumbó por todo el lugar molestando a
los otros pasajeros.
–Primero que nada, no grites que me estás avergonzando –dijo
mientras se cubría la cara con las manos. –Segundo, antes de que
sigas con tus ridículos reclamos te recuerdo que cuando estabas
intercambiando tu asquerosa saliva con una de mis "amigas" no te
quejaste de estar en ese estado –dijo con burla.
–¡ESOOO ES ALGO COMPLETAMENTE DIFERENTE! –volví alzar
la voz, llamando la atención de todos una vez más.
–Senhor por favor fale mais (señor por favor hable más bajo} –bufó
la azafata.
Seguramente uno de los pasajeros se quejó del escándalo que
tenemos Iván y yo, pensé.
–Me desculpe {Perdone} –respondí rápidamente. –No pienso hablar
sobre ese tema aquí –murmuré para dar el tema por zanjado, por
ahora, pero mi odioso hermano interpretó esto como símbolo de que
había ganado nuestra pequeña riña, por lo que esbozó una gran
sonrisa.
Mi hermano es Iván Vuković y honestamente me apiado de la pobre
alma que será su mate, su compañera de vida, porque la mayor
parte del tiempo es un imbécil.
–Cambia esa cara, cosito –dijo cuándo bajamos del avión –Te
prometo que ¡VAMOS A PASARLA GENIAL! –Gritó eufórico y yo
solo solté un gruñido, me enfermaba su entusiasmo. –Cosito, la idea
de este viaje es que te relajes un poco. No todo es trabajo, trabajo y
más trabajo.
–Gracias a los Dioses tú no eres el Alfa, porque la manada sería un
completo desastre –digo entre dientes y él se rió a carcajadas.
.
.
Holiiiiiisssssss
Estahistoria, hoy 22/10/2020 entra oficialmente en edición,
peronosepreocupenporquenolasacarédelaplataforma.
Soloinformóestopara que
nosealarmensihayunaqueotrospublicaciónnueva.
Aviso: hecambiadoalgunascositasperolamayoríasemantendrá
igual jejejeje
Losamooooomucho,
esperoqueleanestahistoriadeprincipioafinymedigansuopinión.
Medisculpo de antemano por
cualquiererrorgramaticaluortográfico, peronomejuzguenporeso,
tengancompasióndemialma, recuerdenque aun
estoyaprendiendo
😂😂😂😂😂😂😂😂
.
Esteobraescompletamentemía,
asíquequedaprohibidocopiarlacompletaoparcialmente.
Capítulo 1 √
Capítulo 1
.*Anna*.
Estábamos a punto de arribar a nuestro destino y todavía no me
podía creer que yo estuviese aquí. El día que el señor Miller me dijo
que debía acompañarlo a Río de Janeiro fue uno de los mejores de
mi vida; asistiría por primera vez a una conferencia donde
expondrían los avances científicos y tecnológicos que mejorarían la
esperanza de vida en un 35%. Y también vería a mi prima Daniela
después de 5 años.
Daniela y yo desde niñas hemos estado juntas, como uña y mugre,
pero cuando cumplió 18 años se mudó a Brasil, sin darle
explicaciones a nadie. No fue hasta seis meses de su partida que
tuve noticias suyas, por medio de un correo electrónico, y desde
entonces hemos estado comunicadas.
Desde las alturas el Cristo Redentor se ve muy impresionante -
pensé al ver por vez primera el hermoso monumento a través de la
ventanilla del avión, pero antes de poder seguir contemplándolo los
rayos del sol me cegaron por un momento.
-Anna, colócate el cinturón de seguridad -me indicó el señor Miller,
ya que las azafatas habían dicho que pronto aterrizaremos, pero
como estaba abstraída en mis pensamientos no las oí. -El
aeropuerto al que vamos a llegar es más conocido por Aeropuerto
Internacional de Gmbre, pero su verdadero nombre es Antônio
Carlos Jobim -volvió a hablar en lo que hice lo que me pidió. -Se
llama así en honor a un gran músico brasileño considerado uno de
los grandes compositores de la música popular del siglo XX.
Una de las cualidades que admiraba el señor Miller era la capacidad
que tenía para compartir todos los conocimientos, que ha adquirido
a través de los años, con el que esté dispuesto a escucharlo y yo
estoy más que encantada de hacerlo.
Cada vez que él dice algo, por más pequeño e insignificante que
sea, yo le presto toda mi atención, ya que soy de las personas que
piensan que se aprende de tres maneras: viajando, leyendo o
preguntando. Y el señor Miller es como una biblioteca andante.
-Gracias por el dato, ya quedó codificado -le sonreí amablemente.
-No hay nada que agradecer, Anna. Para mí es un placer ser
escuchado por una estudiante tan aplicada como tú -guardó silencio
un momento antes de añadir. -Eres idéntica a mí -ambos nos reímos
ante su comparación.
El doctor Miller es uno de los mejores neurocirujanos de América
Latina. Es egresado de Harvard, con honores. Habla 4 idiomas
(inglés, francés, español y árabe). Es un hombre de 65 años; ojos
azules, tez blanca, inteligente, respetuoso, elegante y sobre todo
tiene un gran corazón. Y yo soy solo una chica, con serios
problemas de autoestima, que tiene la tez des oscura, los ojos
grises y que está estudiando medicina en un país de América
Latina.
-Que ocurrencias las suyas, entre usted y yo no existe punto de
comparación -digo entre risas.
-Magda piensa igual que yo -admite también entre risas.
Magda Miller, es su esposa o como suele llamarla "su alma gemela".
Ella es una enfermera de nacionalidad venezolana, que tiene la tez
trigueña, ojos color miel y cabello castaño claro. Actualmente su
edad es 65 años y su pasatiempo favorito es recorrer la orilla de la
playa en donde conoció al señor Miller.
Ambos se conocieron en la hermosa isla de Margarita, Venezuela, y
fue amor a primera vista. Sin embargo, no fueron felices hasta que
el señor Miller descubrió que ella había rechazado su propuesta de
matrimonio porque no quería irse a Estados Unidos con él y
abandonar a su familia.
Yo no tengo nada en contra del amor, pero no me parece que el
señor Miller haya tenido que dejar el prominente futuro que tenía en
New York para mudarse a un país en vías de desarrollo. Él pudo
lograr muchas cosas allá, descubrir la cura contra el cáncer por
ejemplo, y con eso hubiese salvado millones de vidas, pero prefirió
el amor antes que nada.
-Anna, en lo que estemos en tierra firme me acuerdas para llamar a
Brad -me pidió.
Brad Miller es su hijo mayor, idéntico a él tanto física como
sentimentalmente. Hace un par de años lo nombraron gerente de
una empresa muy importante en Alemania y tuvo que mudarse a
ese país. Sin embargo, la distancia, la diferencia de horario y lo
absorbente que es su empleo no han alterado nuestra relación.
Cada vez que hablamos lo molesto, como buena hermana adoptiva
que soy, y él me recalca que aunque no está a mi lado siempre
podré contar con él.
Definitivamente, haber conocido a la familia Miller marcó un antes y
un después en mi vida. Antes de conocerlos me encontraba
desorientada, sin saber qué hacer o a dónde ir, y todo por culpa de
una de las personas que tuvo que amarme y protegerme hasta con
su último aliento, mi padre.
Él constantemente me repetía que yo era un estorbo, una desgracia,
una basura que nunca tuvo que haber nacido y que le haría un gran
favor al mundo si desapareciera para siempre.
Fue tanto el veneno que absorbí desde que era niña que un día
llegue al límite: robe un coche, lo maneje lejos de la ciudad (porque
no quería lastimar a nadie) y choqué contra un gran árbol.
Para la velocidad que llevaba al momento del impacto mi muerte
tuvo que ser instantánea, pero por un milagro de Dios sigo con vida.
Cuando desperté del coma esto me pareció una desgracia, pero
después que los Miller me mostraron que mi vida era tan siniestra,
oscura y mala como yo decidía que fuese, le agradecí al padre
celestial que me haya dejado con vida.
-¿En qué piensas criatura? -me preguntó el señor Miller, al mismo
tiempo que limpiaba una pequeña lágrima que descendía por mi
rostro.
-En todo lo que su familia y usted hicieron por mí. De no ser por su
paciencia, cariño y cuidados no sé qué sería de mí -sentí como de
mis ojos se escapaban varias lágrimas.
-Lo que hicimos por ti fue de todo corazón -volvió a limpiar mis
mejillas -Tanto Magda como yo vemos en ti la hija que no pudimos
tener -dejó un pequeño beso en mi frente. -Anna, sin importar lo que
pase de ahora en adelante, nunca olvides que te queremos.
No sé si era por mis nervios o lo sensible que estaba por recordar el
pasado que tuve la sensación de que el señor Miller se estaba
despidiendo de mí.
-Te diré un secreto -me hizo seña con la mano para que me
acercara -Cuando Magda y yo vimos que tú y Luis congeniaban tan
bien llegamos a pensar que se enamorarían -no había terminado de
pronunciar la oración cuando ya sentía arder mi rostro. -¿a ti no te
gusta ni un poco?
Me descubrió -fue lo primero que pensé.
Luis Miller es el hijo menor del matrimonio, y desde que mis ojos se
posaron en él se convirtió en mi amor platónico, mi crush, pero
nadie a excepción de mi prima lo sabe.
-Querida, por el color carmesí en tus mejillas, cualquiera diría que te
gusta mi hijo -dijo entre risas.
¿Ahora qué hago? -Para salir de este aprieto debía pensar en una
mentira que fuese creíble y de forma rápida.
-Por supuesto que no, yo lo quiero como mi hermano mayor -me reí
sin humor, pero la mirada suspicaz del señor Miller me dijo que no
me creyó ni media palabra, por lo que tuve que añadir -Recuerde
que yo soy la única chica que es inmune a la belleza latina de Luis -
bromee con la esperanza de que esta vez me creyera.
-Es una verdadera lástima que no te hayas interesado en ninguno
de mis hijos -soltó un largo suspiro y continuó leyendo su libro.
Estoy más que segura que el señor Miller no me creyó, pero al
menos no siguió con el interrogatorio porque iba a terminar
confesando los sentimientos que siento por Luis.
¿Por qué tuve que enamorarme a primera vista de él? -me lamente
mientras en mi mente se reproducía el día en que lo conocí.
*Flashback:
- Hola, querida -me saluda amablemente Magda, la enfermera que
me ha estado cuidando desde que ingrese en el hospital.
Aproximadamente seis meses.
- ¿Cómo amaneciste? -repite la misma me pregunta que me hace
todos los días, como de costumbre no le respondo sino que
solamente me doy la vuelta para darle la espada.
Sé que no debería ser grosera con ella y su marido, principalmente
porque ellos han corrido con todos los gastos de mi hospitalización,
además de que se han sido muy amables y comprensivos conmigo.
Pero yo no se los pedí, yo quería morirme, así que cuando sufrí el
paro cardiaco no debieron salvarme y mucho menos mantenerme
con vida estos 6 meses que llevo en coma.
Ella, al no obtener respuesta, se mantuvo en completo silencio hasta
que terminó de realizar el chequeo de mis signos vitales.
- Las heridas físicas han desaparecido casi por completo, pero las
psicológicas siguen latente o ¿Me equivoco? -una vez más no le
respondí pero antes de que ella volviera a hablar el sonido que hace
la puerta al abrirse llamó su atención -Aún no puedes pasar.
Normalmente no me importa quién entra o sale de la habitación pero
por el ceño fruncido de la enfermera me dio curiosidad saber de
quién se trataba, así que me giré para ver al visitante.
En el primer momento no pude ver su rostro porque un enorme
ramo de flores lo cubría, pero cuando éste descendió lentamente
vislumbre un par de ojos color miel y luego una gran sonrisa de
comercial.
- Anna, te presento a Luis, mi hijo menor -mis ojos lo recorrieron de
arriba abajo; cabello castaño claro, pómulos altos, músculos
notorios y una peligrosa e intensa mirada. Sin duda alguna él era el
chico más guapo que alguna vez haya visto, pero eso no quitaba la
repulsión que me causaba por el solo hecho de ser hombre.
- Hola, Anna, es un placer conocerte al fin -me saludó amablemente.
No sabía el por qué él estaba aquí pero no me daba buena espina,
así que no le respondí. -Tranquila, no intentes decir nada, sé que
estás abrumada por tener frente a ti a un Adonis como yo.
Ante sus palabras mi boca formó una "O" mayúscula. Lo que tenía
de guapo lo tenía de idiota y eso era mucho decir.
- ¡Auch! Eso duele -se quejó luego de que su madre le golpeara en
el hombro.
- Eso es para que dejes de decir estupideces -lo regañó. -Querida,
discúlpalo. Él solo está... jugando -intento justificarlo la señora
Magda.
- Disculpe si soy grosera pero ¿Qué hace él aquí?
- ¡Todo el personal debe dirigirse a la sala de emergencia ahora
mismo! -se escuchó por los altavoces.
- Luis, no la dejes sola, vengo en un rato -dijo ella antes de irse
corriendo.
- Para responder a tu pregunta, mi madre me contó sobre ti y pensé
que estarías muy aburrida así que pensé: "voy a honrar con mi
presencia a esa linda niña" -me guiña el ojo.
Si él creía que le agradecería el gesto o que estaba encantada de
verlo estaba bien equivocado. Es más antes de que abriera su
bocota/bocaza quería que se fuera y ahora que lo hizo lo quería a
cientos de kilómetros de mí por engreído.
- Casi lo olvido, estás son para ti -me entregó el ramo de flores. -
Espero te gusten. No sabía cuáles eran tus preferidas así que traje
una de cada una.
- Están muy bellas pero no era necesario -dije al recibirlas.
- Tranquila no fue una molestia, lo hice con todo gusto -sonrió más
fuerte al pensar que había caído rendida a sus pies por las flores.
- No cabe la menor duda que al dotarte con el cerebro de una
hormiga toda esa belleza que dices tener está desperdiciada -
exprese en voz alta, logrando que él me mirara con confusión. -Lo
que intento decirte es que entendiste mal mi mensaje.
- ¿A qué te refieres?
- Me refiero a que no era necesario tu visita, las flores en cambio sí
fueron un buen detalle -sus ojos se abrieron tanto que creí se
saldrían de su órbita.
- Eres muy mal educada. Yo vengo a entretenerte y tú..... -no lo dejé
terminar.
- ¡Jamás pedí la asquerosa compañía de un miembro del género
masculino! -gruñí.
- Mi madre se equivocó, no eres androfóbica [1], eres misándrica[2] -
pronunció al sentarse en mi cama con tranquilidad.
No sabía el significado de esas dos palabras pero sentí que con
ellas me insultó.
- Anna, entiendo que... -antes de seguir inspiró profundo -sientas
gran odio hacia nosotros por lo que te paso, pero tienes que
entender que no todos los hombres son como tu padre.
- ¡CALLATE! -grité. No soportaba la mención de ese hombre que me
hizo tanto daño.
- No, por favor -dijo con aflicción. -No era mi intención hacerte llorar
-de no ser por su comentario no me habría dado cuenta que tenía el
rostro bañado en lágrimas. -A partir de ahora todo estará bien.
Nadie volverá a lastimarte -aseguró en lo que me envolvió con sus
fuertes brazos.
Desde lo ocurrido hace seis meses no soporto el contacto físico,
pero para mi propia sorpresa le correspondí el abrazo.
¿Qué pasa conmigo?
- Yo siempre cuidaré de ti y buscaré ganarme tu cariño y confianza -
dejó un beso en mi cabeza -Quiero que tú y yo seamos... -levanté la
cara de su pecho. No sé por qué tenía la ilusión de que se me
estaba declarando y quería ver sus hermosos ojos cuando lo dijera.
-Hermanos.
Con esa última palabra sentí como si algo dentro de mí se rompiera
y varias preguntas se formularon en mi cabeza:
¿Por qué me entristece esta propuesta? ¿Por qué esperaba que
dijera algo diferente? ¿Por qué me duele el pecho ante la palabra
hermano?
- ¿Qué me dices? ¿Me dejas ser tu hermano mayor? Prometo ser el
mejor hermano del mundo -no estaba muy convencida pero asentí
con un movimiento de cabeza. -Me alegro que hayas aceptado -su
abrazo se hizo más fuerte. -Te voy a querer muchísimo -dijo muy
cerca de mi oído, lo que provoco que la sangre subiera a mis
mejillas y mi pulso se acelerara.
La máquina que marcaba mi ritmo cardíaco comenzó a sonar y él
rápidamente me soltó.
- Si te enamoras de mí no podremos ser hermanos, tendremos que
ser otra cosa -me miró directo a los ojos y se inclinó ligeramente
para que nuestros labios quedaran más cerca.
- ¡No seas idiota! Yo jamás me enamoraría de ti -lo empuje y por
poco cae de bruces al suelo.
-Que lastima. Me hubiese gustado que formaras parte de mi club de
fans -lo miré con ganas de querer matarlo y él explotó en
carcajadas. -Perdona no lo pude evitar, me encanta hacer bromas y
a ti más.
- Ahora resulta que soy tu bufón particular -dije sarcástica.
- No es eso, pulga -se echó a reír como retrasado mental - Ese será
tú apodo, hermanita.
Otra vez sentí ese pinchazo en el corazón y me pregunte si aceptar
esto fue buena idea.
*Fin del flashback.
[1] Androfóbica: Que posee un miedo anormal y persistente a los
varones.
[2] Misandrica: Que presenta un odio o aversión hacia los varones.
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;)
CuentaenLinet: Rina0515
Gracias por leer, votar y comentar.
♥♥♥♥♡♡♡♡♡♡♥♥♥♥
Capitulo 2 √
Capítulo 2
.*Anna*.
Al bajar del avión él señor Edward Miller y yo fuimos a la bandeja de
equipaje para buscar nuestras maletas. La conferencia era mañana,
pero llegamos un día antes para asistir "frescos como una lechuga"
al evento.
Sin duda alguna tengo la peor de las suertes –me digo a mí misma
luego de que chequear en mi celular que han pasado 25 minutos
desde que el señor Miller se fue a conseguir un coche para irnos al
hotel y de mi maleta no se ven ni las luces.
¿Será que alguien se la llevó pensando que era la suya? No, eso
es imposible –Pienso al recordar que le amarré una bufanda
turquesa con lunares amarillos.
¿Y si se perdió o peor me la robaron? –ante esa idea me invadió el
pánico, ¿Qué sería de mí sin mis cosas? ¿Qué ropa usaría? ¿Cómo
le explicaba a Luis que había perdido su primera edición de Orgullo
y Prejuicio?
Cuando creí que todo estaba perdido divise mi maleta entre el
equipaje del vuelo que acababa de arribar.
–¡Gracias a Dios! –exclame en español. Me apresure a tomarla pero
antes de que pudiese alcanzarla una mano masculina la agarró.
Mis ojos rápidamente localizaron al dueño y me quedé embobada
viendo unos penetrantes y hermosos ojos azules. Eran sumamente
preciosos; azul pastel en el área periférica, azul cielo en el medio y
cerca de la pupila un azul parecido al océano pacífico. Pero sin duda
alguna lo que más me cautivo de ellos no fue su exótico color sino lo
expresivos que eran; sentía que con solo mirarlos podía leer, como
si de un libro abierto se tratase, todos los pensamientos de su
dueño.
No sé cuánto tiempo estuve perdida en esos ojos, lo que sí sé es
que de no ser por la vibración de mi celular me hubiese quedado
contemplando ese mar azul hasta que me develara todos sus
secretos.
Edward Miller: ¿Todo bien, criatura?
Yo: Sí.
Yo: Solo no conseguía mi maleta.Yo:
Yo: Ya voy para allá.
Edward Miller: Ok. Ya tengo transporte y te llevarás una sorpresa al
ver el chofer.
No me imaginaba quién podría ser, porque la única persona que
conozco que vive aquí es Daniela y ella no puede ser porque a esta
hora debe estar en el bufete de abogados donde trabaja.
En lo que levante mi vista del celular me asuste al darme cuenta que
el hombre de los ojos bonitos seguía viéndome con esa mezcla de
ira, melancolía, confusión, felicidad y odio.
¿Se le habrá perdido una igualita a mí? O ¿Le recordare a un amor
del pasado? –me pregunté y no entiendo por qué me hizo ilusión
que un hombre como él se haya enamorado de alguien parecido a
mí.
Él aún tiene mi maleta –me recuerdo al notar la manera en que
abraza mi equipaje, con sus fuertes y musculosos brazos.
–Señor, está es mi maleta –dije con amabilidad y el extraño lo que
hizo fue aferrarse con más ahínco a ella, como si la estuviese
usando como apoyo o para controlarse.
Tal vez no habla español o podría ser un loco –pensé.
–Do you speak English? {Usted habla inglés} –pregunte y él solo se
limitó a asentir. –Mr this is my suitcase {está es mi maleta} –para
que me entendiera mejor la toqué y accidentalmente roce su brazo.
¿Qué fue eso? –me pregunté después que retiré mi mano
rápidamente.
Cualquiera diría que la electricidad que recorrió cada célula de mi
cuerpo, cuando nuestras pieles estuvieron en contacto, fue producto
de la estática pero a mi parecer fue a causa de otra cosa,
inexplicable para mí.
Él al ver la expresión de confusión en mi rostro esbozó una sonrisa
de boca cerrada y acercó su rostro, peligrosamente al mío. Una
persona sensata se habría alejado, lo habría empujado o
sencillamente habría pedido ayuda, sin embargo, yo no hice ninguna
de las tres cosas, solo me quede completamente paralizada
mientras él olfateaba mi cara, mi cabello y cuello.
–Mainer {mía =en alemán} –susurró detrás del lóbulo de mi oído y
un escalofrío surcó mi cuerpo al escuchar su ronca y potente voz.
Luego se posicionó a centímetros de mis labios y por el cosquilleo
que su respiración provocaba cerré los ojos para disfrutar a plenitud
de la extraña y agradable sensación de tenerlo tan cerca.
No fue hasta que escuché el sonido de su risa que la burbuja en la
que me encontraba estalló y mi cerebro analizó lo que acaba de
pasar. Rápidamente abrí mis ojos y sentí mis mejillas arder por la
vergüenza.
¿Por qué cerré los ojos? ¿Acaso estoy loca? Esté tipo va a pensar
que soy una cualquiera –me cuestiono mentalmente.
–Sorry, my moon –dice él en lo que deja mi equipaje en el suelo.
Lo más lógico hubiese sido que le respondiera algo, le diera las
gracias o le preguntara que era eso de “mi luna”, pero mi cerebro
solo alcanzó a darle la orden a mis brazos de agarrar la maleta y a
mis piernas de salir lo más posible de allí.
Él no me está observando, debo de estar alucinando –Intente
convencerme para dejar de caminar encorvada y con el trasero
apretado; manía que solía hacer cuando estaba nerviosa. Pero no
podía evitar estarlo, durante todo el trayecto hasta la salida sentí su
penetrante mirada en mi espalda, y tuve miedo de verificar si estaba
en lo cierto o me equivocaba.
En lo que puse un pie fuera del aeropuerto solté todo el aire que no
sabía que estaba reteniendo y me dispuse a llamar al señor Miller
para que me dijera dónde estaba, pero antes de poder hacerlo dejé
caer mi celular al sentir que me abrazaban por detrás.
–¡AH! –Grité y los brazos me soltaron –Eres tú –digo con alivio al
comprobar que era el hijo menor del señor Miller.
–¿Esperabas que fuera alguien más? –preguntó en un tono de voz
que denotaba enojo.
Sí, por alguna extraña razón esperaba que fuera el hombre de ojos
azules. Y todavía no sé si sentirme feliz o decepcionada de que
seas tú. –Respondí en mi cabeza porque sabía que no podía decir
eso en voz alta sin que pensara que estoy loca.
–¿Anna, conoces al tipo de camisa blanca que está detrás de ti? –
cuestionó con el ceño fruncido, al momento que colocaba su mano
en mi cintura.
Tanto su pregunta como su actitud me parecieron muy raras, por lo
que seguí la dirección de su mirada y me encontré con esos pozos
azules que me había cautivado. En lo que nuestros ojos se
conectaron mi cuerpo se tensó y me aleje de Luis, porque algo me
decía que eso lo podría enojar.
–No lo conozco –Luis tomó mi barbilla, para que lo mirase a él, y
enarcó una ceja.
–Entonces ¿Por qué estuvo tan cerca de ti allá dentro? –señaló con
la cabeza el aeropuerto. –O me vas a negar que estuvo a milímetros
de besarte.
Abrí y cerré mi boca varias veces pero de mi garganta no salía ni
siquiera un monosílabo, estaba completamente estupefacta, jamás
creí que Luis me estuviese vigilando.
–Él… él… solo se... confundió de maleta –aclaré mi garganta para
dejar de tartamudear. –No sé por qué se me acercó tanto, supongo
que esa es la costumbre de su pa... –Luis no esperó que terminara
de explicar para tomarme por los hombros y zarandearme.
–¿HABLASTE CON ÉL? –gritó.
–Sólo le dije que se había equivocado de maleta –con mi respuesta
me soltó pero la vena de su cuello seguía hinchada, lo que quería
decir que aún estaba furioso.
Luis era un hombre muy risueño, pocas veces se molestaba, así que
verlo tan enojado por haberle dirigido unas palabras a un extraño
me parecía muy extraño... A menos que este celoso.
¿Será posible que por fin mi amor imposible sienta algo por mí?
–Lo siento – se disculpó cuando logró calmarse un poco. –Sólo
estoy cuidando a mi hermananita.
Con esa simple palabra, “hermanita”, todas mis esperanzas se
desvanecieron y me pregunté si llegara el día en que esa palabra ya
no duela
–Gracias por preocuparte por mí –lo abracé, para ocultar mi cara de
decepción, y él no tardo en corresponderme. –Ese hombre me dio
miedo, creí que podría ser alguien que trafica personas –confieso y
es ahí cuando mi cerebro se percata de que Luis no debería estar
aquí. –Cambiando de tema, ¿Qué haces tú aquí? Se supone que
debes estar en la universidad en este preciso momento.
–Vine de vacaciones –dijo de lo más relajado mientras me quitaba la
maleta de las mano y comenzaba a caminar para evitar el
interrogatorio.
–¡Estás loco! –exclame al alcanzarlo –¿Cómo te vas a venir de
vacaciones si los exámenes finales comienzan la próxima semana?
– Por eso mismo vine. Mi cerebro necesita descansar esta semana
porque la próxima no tendrá ni un minuto para hacerlo.
– No tienes remedio, otra vez estudiaras el día antes del examen –
negué con la cabeza en señal de reprobación.
– Siempre lo hago y salgo mejor que tú –se mofó y fue mi turno de
molestarme, odiaba que me recordara eso.
– ¿No pudiste escoger otro lugar para irte de vacaciones? –comenté
con fastidio.
– ¿Qué tiene de malo que este aquí? ¿Acaso soy un estorbo para
ti? –utilizó su tono de indignación.
– Sí, ahora tendré que estar cuidando de ti todo el tiempo y no podré
descansar –suspiro con pesadez. –Sabes lo emocionada que
estaba por no tener que ver tu fea cara por tres días –mentí, ya que
más bien me estaba lamentando por no verla.
– Pues no te creo, yo sé que tú me amas –las alarmas de mi cuerpo
se activaron.
Mierda descubrió mi secreto.
– Hermanita –terminó de decir y volví a respirar con normalidad, era
solo una falsa alarma.
– ¿Tus padres saben que estás aquí? –cambie de tema.
– Sí, papá está esperándonos en el auto –señaló un precioso auto
negro, su color favorito. –Sube, papá está atrás así que serás mi
copiloto –me informó en lo que llevó mi equipaje al maletero.
– Te demoraste mucho, querida –comentó en señor Miller cuando
estuve dentro del carro. ¿Acaso te quedaste conversando con ese
hombre rubio? ¿Es tú amigo? ¿Dónde lo conociste? –disparó una
pregunta tras otra con mucha premura.
– No, es la primera vez que lo veo –admito luego de abrocharme el
cinturón de seguridad.
– Creí que lo conocías, como no te ha quitado el ojo de encima todo
este tiempo ¿Por casualidad te dijo algo extraño?
– Ahora que lo menciona sí, pero no sé qué me dijo porque habló en
otro idioma. Supongo que se disculpó por haberse equivocado de
maleta –me encojo de hombros.
– ¡Eso es imposible! –exclamó Luis cuando ocupó el asiento del
conductor –Tu maleta es rosa y con esa horrible bufanda es
inconfundible.
– ¿Y si esperaba la maleta de su hija, hermana o esposa? –dije
tranquilamente, pero ninguno de los dos comentó nada.
– Anna, por favor, si él se vuelve acercar a ti me dices
inmediatamente –pidió el señor Miller sin ocultar la preocupación en
su voz.
– ¿Usted lo conoce? ¿Es peligroso?
– Algo así –se limitó a decir, lo que me dejó pensativa.
Luis encendió el auto y en cuanto pasamos enfrente de las puertas
del aeropuerto aquel misterioso hombre seguía allí y mis vellos se
erizaron al verlo.
¿Quién será él? ¿Por qué me estuvo mirando tanto? ¿De dónde lo
conocerá el señor Miller? ¿De verdad será alguien peligroso?
¿Pertenecerá a la mafia?
– Anna, –la voz de Luis me sacó de mis pensamientos –¿Piensas
visitar a tu prima?
– Sí, pero…
– Podrías ir está noche –me interrumpió el señor Miller –eso sí, no
quiero que te desveles porque quiero que estés alerta mañana en la
conferencia.
– Si quieres yo te puedo llevar a su casa –se ofreció Luis antes de
que su padre hablara.
– Estaría encantada de que un hombre fuerte, guapo y valiente me
acompañara –sus ojos se iluminaron cuando me miró rápidamente –
pero aquí no hay nadie con esas características así que habrá que
conformarse contigo –el señor Miller y yo nos reímos a carcajadas al
ver su cara de "no me simpatizan".
– ¡Anna, no apuñales mi ego! –Me reclamó –¿Te acompaño o no?
– Claro, tarado –le di un pequeño golpe en la cabeza.
.
Capítulo 3 √
Capítulo 3
Por alguna extraña nadie volvió a pronunciar palabras hasta que
llegamos al hotel. Luis me ayudó a bajar del auto y tomó mi mano,
como siempre hacía, para conducirme dentro del edificio.
El hotel tanto por fuera como por dentro era muy hermoso y todo
gritaba lujo; desde los pisos de mármol pulido hasta los candelabros
de cristal que colgaban del techo.
– ¡Bienvenido, Edward! –pronunció en perfecto español un hombre
como de 48 años que estaba esperando al señor Miller con los
brazos abiertos a medio lobby.
– ¿Cómo has estado, querido amigo? –saludó el señor Miller al
moreno mientras se daban un fraternal abrazo.
– Mejor no podrían estar. Gracias a la Diosa encontré a mi
compañera –comentó con emoción el hombre.
¿Dijo Diosa? ¿Esté hombre será politeísta? ¿De qué Diosa está
hablando?
– ¡Cuánto me alegro, hombre! –Mi protector lo volvió abrazar –¿Ella
es igual a nosotros? –el hombre asintió. –Corriste con suerte,
últimamente están ocurriendo muchas mezclas.
¿Mezclas? ¿De qué están hablando estos dos? –mi vista viaja de un
rostro a otro para ver cuál de ellos me explicaría lo que está
pasando.
– Eso he visto, aunque si ella no hubiese sido como nosotros no me
habría importado, total en la diversidad está el mejor sabor –
comentó y tanto Luis como su padre estallaron en carcajadas. –¿Tú,
cómo has estado?
– Siempre bajo la protección de la Luna –no pude evitar fruncir el
ceño ante esa respuesta.
¿El señor Miller es miembro de una clase de secta satánica? ¿La
señora Miller sabrá? No me gustaría tener que contárselo yo.
– Este hombre pertenece a una religión muy antigua, por eso mi
padre dijo eso –susurró Luis en mi oído.
¿Qué religión será esa? –me pregunté.
Antes de venir había investigado todo sobre Río de Janeiro y por
ninguna parte leí nada sobre la práctica de una religión antigua
como esta.
– ¿Vas a asistir a la cena de mañana? El Alfa Superlativo y su
hermano nos honraran con su presencia.
¿Alfa? ¿De qué están hablando? ¿Acaso se creen perros?
– Papá, –lo interrumpió Luis –recuerda que estamos aquí.
–Oh, cierto. Ernesto, te presento a mi hijo menor y a su ma.....
Amiga –el brasileño estrechó la mano de Luis y cuando lo hizo con
la mía dejó un pequeño beso en su dorso.
– Es un placer, mi lady –le brinde una sonrisa de boca cerrada. –Te
has convertido en un joven muy apuesto –dijo mirando a Luis –
Debes tener una lista larga de admiradoras ¿Aún sigues siendo el
lobo negro de la familia? –Todos se empezaron a reír menos yo.
– En realidad sí, la lista es muy muy pero muy larga.
Aquí viene Mr. Arrogante –pensé con pesar. Cuando alguien
alimentaba el ego de Luis se volvía insoportable.
– Pero… –su expresión pasó de la felicidad a la tristeza. –Para mi
desgracia la chica que me gusta no está dentro de ella y creo que
nunca lo estará.
Mi cuello se giró, como en la película del exorcista, para enfocar la
cara de Luis.
Dios, que no sea lo que creo que es.
– No te desanimes, chico. Tarde o temprano esa chica caerá a tus
pies –lo palmeó en el hombro y Luis sonrió débilmente.
Solo esa falsa sonrisa fue suficiente para que todas mis esperanzas
se fueran por el retrete y mi cerebro dejara de funcionar
correctamente; Luis, el amor de mi vida, estaba completamente
enamorado y no era de mí.
Ahora sí que le he perdido para siempre –sentí mis ojos arder, lo
que significaba que las lágrimas no tardarían en llegar.
– Cuando los vi llegar tomados de la mano pensé que tú y está
encantadora joven eran novios –dijo con asombro al señalarme.
– Luis y yo nos queremos solamente como hermanos –dije
secamente en lo que recupere la voz.
“Hermanos” era una palabra dura de pronunciar, pero ya es hora de
que acepte esa realidad.
– Estoy algo cansada, podrían decirme ¿Dónde está mi habitación?
–pregunto en lo que logro aparta mi mano de la de Luis, puesto que
él se negaba a soltarla.
Ernesto estaba tan asombrado de la tensión entre nosotros que
tardó en reaccionar. –Antônio, lleva a los chicos a sus habitaciones,
porque Edward y yo hablaremos en mi oficina.
El botones asintió y nos guió por el hotel. Durante todo el trayecto
no dije ni media palabra, todavía me sentía abrumada y
conmocionada por la noticia.
– Ésta es su suite, señorita. –Antônio señaló la puerta de la derecha
y me entregó la tarjeta de acceso. –Y por acá está la suya, señor –
siguió caminando por el pasillo pero Luis no lo siguió.
– Vengo en un rato para llevarte con tu prima –dijo como si nada
hubiese pasado, lo que intensificó la rabia en mi interior.
“Luis solo finge no darse cuenta de tus sentimientos, porque es
imposible que no haya notado que estás loca por él, eres demasiado
obvia” Las palabras de Daniela me ayudaron a mantenerme firme
frente a él.
– No es necesario que seas mi chofer, iré en taxi –declaré al tiempo
que le cerraba la puerta en la cara.
Me dolió más a mí que a él dejarlo con las palabras en la boca, pero
lo que quería o más bien necesitaba era dejar salir todas mis
emociones (tristeza, ira, odio y dolor) a flote y con él presente no
podría hacerlo.
¿Cómo no me dijo que se había enamorado? Se suponía que entre
nosotros no existían los secretos. –Pensé en lo que las primeras
lágrimas se deslizaban por mis mejillas.
Me sentía traicionada, engañada, dolida, defraudada y herida por la
persona que más quería en este mundo.
¿Dónde habrá conocido a esa chica? ¿Qué edad tendrá? ¿Será
bonita? ¡Claro que debe ser bonita! Él no caería a los pies de una
fea como yo –mi psicóloga me había dicho que mantuviera los
pensamientos negativos fuera de mi vida, porque podría recaer en la
depresión, pero en estos momentos me era imposible, ¿cómo no
sentirme poca cosa si no conocía ni siquiera el nombre de mi rival?
– ¿Por qué la vida es tan cruel conmigo? ¿Por qué siempre me
arrebata el amor de las personas que amo? –me lamenté en voz
alta.
No quería desmoronarme, volver a caer en ese agujero del que me
costó tanto salir, pero ¿Qué otra cosa podía hacer que no sea
sentirme miserable?
Como si se tratase de una señal divina mi teléfono sonó anunciando
un mensaje de mi prima. Con pesadez me levante del suelo y lo
tomé entre mis manos.
Dana: ¿A qué hora vendrás, pri?
Me sentía muy mal, no quería hablar con nadie, no quería salir, no
quería ver a nadie. Lo único que deseaba era llorar en completa
soledad. Pero, como siempre, ante las insistencias de mi prima (con
los 158 mensajes con la palabra “RESPONDE” en mayúsculas) me
hicieron cambiar de parecer.
Yo: En una hora estoy allí, debo contarte algo.
Dana: ¿Qué pasó? ¿Es algo grave?
Yo: Te cuento en persona, porque necesito un abrazo.
Dana: Me estás preocupando, así que te quiero aquí en 30 minutos
o iré a buscarte.
Sigue siendo tan mandona e impulsiva como siempre –Una
pequeña sonrisa apareció en mi rostro y me di cuenta que el
desamor de Luis no era el fin del mundo. Tarde o temprano mi dolor
desaparecería y podría seguir.
Yo soy más fuerte. Yo voy a salir adelante. Yo puedo superar esta
situación y todos las que se me presenten –repetí las palabras que
me ayudaron a sobreponerme de la muerte de mi mamá, hermana y
los maltratos de mi papá antes de entrar al baño.
Mi ducha duro menos de 5 minutos porque debía darme prisa o
Daniela se aparecería aquí y eso no era conveniente para mí,
porque al enterarse de lo ocurrido golpearía a Luis y le reclamaría lo
poco hombre que era por jugar con mis sentimientos.
En lo que terminé de ducharme me coloqué una blusa blanca, un
short jean, unas bailarinas blancas y recogí mi cabello en una cola
de caballo. No me puse ni una pizca de maquillaje porque no me
gusta usarlo y llamé a la recepción para pedir un taxi.
Luego de cinco minutos me avisaron que ya había llegado, por lo
que tomé mis cosas (cartera, celular, tarjeta de acceso y dinero) y
salí de la habitación.
– Anna, déjame explicarte, por favor –Fue lo primero que oí en lo
que abrí la puerta, ya que Luis estaba sentado frente a ella.
Pobre ¿Llevara todo este tiempo allí? –inmediatamente negué con
la cabeza para desechar cualquier sentimiento. –Eso no es lo
importante sino asegurarse de no escucharlo, porque caeré de
nuevo en su trampa.
– No necesito explicaciones, además llevo prisa –empecé a caminar
hacía el ascensor.
– Anna… –lo interrumpí.
– Te voy agradecer que me dejes tranquila. No tienes por qué
explicarme nada –pulse el botón para llamar al elevador y él me
tomó del brazo bruscamente antes de que escapara.
– ¡YO QUIERO HACERLO! –gritó.
– Ahorita no tengo tiempo para ti –espeto con rencor al soltarme de
su agarre. –Además nosotros no somos nada y nunca lo seremos,
por lo tanto no me debes ninguna explicación de lo que hagas o
dejes de hacer y yo tampoco a ti.
Él se da cuenta que no le permitiré hablar por lo que decide dejarme
ir.
– Ten cuidado, por favor, no quisiera que pasaras un mal rato –fue lo
único que dijo antes que las puertas se cerrarán y juraría que vi una
lágrima deslizarse por su rostro.
¿Por qué me haces las cosas más difíciles? ¿Acaso no te das
cuenta de que me estás lastimando con tu actitud? –pensé mientras
las lágrimas se deslizaban por mi rostro.
.
Capítulo 4 √
Capítulo 4
El trayecto del hotel a la casa de mi prima se me hizo muy corto y
eso que se encuentran a una distancia considerable.
– ¡Ya voy Pppppppprrrrrriiiiiiiiiiii! –se escuchó la voz chillona de
Daniela desde el interior de la casa.
– Hola, Dana –la salude cuando me abrió. Ella al verme
inmediatamente me dio uno de sus "abrazos de oso", esos que no te
dejan respirar –Estás hermosa, el cambio de ambiente te ha
sentado de maravilla –la elogio al deshacer nuestra muestra de
afecto.
– Gracias –me hizo dar una vuelta completa –tú no estás nada
horrorosa. De hecho se podría decir que estás casi tan guapa como
yo, pero ambas sabemos que eso es imposible –me guiñó el ojo y
yo ruedo los ojos.
– No has cambiado en lo absoluto, sigues igual de vanidosa y
narcisista –le digo y ella lo que hace es arrastrarme hasta el interior
de su casa.
Absolutamente toda la decoración gritaba "Daniela"; empezando por
las paredes rojo pasión, pasando por la mesa dorada llena de
revistas de moda y el enorme sofá dorado con rojo.
Mi prima desde que era niña ha tenido una obsesión con el color
rojo y dorado. Al principio creí que era porque esos colores se
usaban en navidad, y ella adora esa época del año, pero
últimamente estoy pensando que se debe a la influencia que tuvo
Harry Potter en su vida.
– Dana, ni se te ocurra trabajar como decoradora de interiores
porque te mueres de hambre –bromeo, en lo que nos sentamos en
el sofá –Cualquier persona normal le daría grima vivir en una casa
cuya decoración sea exclusivamente dorado y rojo.
– Me importa una mierda la opinión de los demás, a la que le tiene
que gustar es a mí –dice al encogerse de hombros –Cambiado de
tema, no entiendo cómo preferiste quedarte en ese asqueroso hotel
en vez de dormir en casa de tu amada prima que tiene siglos sin
verte –hizo un puchero –¿Acaso ya no me quieres?
– Claro que te quiero, Dana –la abracé –Lo que pasa es que yo no
vengo de vacaciones, vine para asistir a la conferencia que se
realizara en ese hotel.
– Esa maldita conferencia me robara el tiempo que puedo pasar
contigo –dijo fastidiada –Pero me importa un bledo lo que diga el
señor Miller todos los momentos que tengas libre me pertenecen
solamente a mí y no se habla más del asunto.
Daniela estaba haciendo un excelente trabajo al no hacerme pensar
en los Miller, pero al nombrar al padre me acordé del hijo y eso me
puso triste.
– ¿Qué te sucede? ¿Por qué esas cara triste? ¿Dije algo malo?
– No es nada, tranquila –mentí –Háblame de ti ¿Ya tienes novio?
– No trates de desviar la conversación. A ti te pasa algo y me lo vas
a decir en este momento –demandó en tono militar.
No pude evitar compadecerme del futuro novio de mi prima, porque
será todo menos "una perita en dulce".
– ¿Uno de los Miller te hizo algo? –Desvié la mirada para evitar sus
inquisidora mirada –Fue el maldito de Luis o ¿me equivoco? –
Interrogó como si fuese mi madre y no me quedó de otra que asentir
con la cabeza.
– Se enamoró de alguien más –admito con pensar y en lo que me
vio derramar la primera lágrima me abrazó.
– Anna, eso estaba preanunciado –dijo acariciando mi cabeza –Yo
te advertí que él nunca te iba a dejar de ver como su hermanita
menor.
– Daniela, lo menos que necesito en este momento es un típico "te
lo dije" –balbuceo a causa de la obstrucción de mi nariz por tanto
llorar.
– Lo siento, se me salió –se disculpó. –¿Cómo te enteraste que se
había enamorado de otra? ¿Él te lo dijo?
– No, lo escuche por accidente –ella limpió mis mejillas con un
pañuelo desechable –Pero fue mejor así –le quito el pañuelo y me
sacudo la nariz –no hubiese soportado escuchar de sus labios lo
fantástica que es, o peor aun lo que lo enamoró de ella.
– Eso no le quita lo poco hombre, él debió establecer distancia entre
ustedes cuando se dio cuenta de tus sentimientos.
– Él no lo sabe, nunca le he confesado mis sentimientos –lo
defiendo –porque yo sabía que las posibilidades de que él se
enamorará de mí eran escasas, pero como “la esperanza es lo
último que se pierde” mantuve viva la ilusión de tener una relación
con él.
– Anna, no sigas engañándote, te he dicho muchas veces que Luis
siempre supo que estabas perdidamente enamorada de él, pero
sencillamente quiso jugar con tus sentimientos –volví a romper en
llanto por lo bruscas de la palabras de mi prima. –Ya no llores, no
me gusta verte sufrir –me entregó otro pañuelo –solo quiero que
reacciones, que abras los ojos; Luis Miller, al igual que todos los
hombres, no vale la pena.
– Él…es…diferente –alegue. Daniela rodó los ojos y una mueca de
rabia se dibujó en su cara. Ella sabía que por más que hablara
pestes de Luis yo nunca dejaría de defenderlo.
– Aun así, no vale la pena que llores por él. Tú eres una mujer súper
especial; que se mereces a alguien mejor que él –se puso de pie –
Así que mientras llega ese hombre vas a olvidarte de ese tonto de
Luis Miller y una buena rumba te ayudará con eso–me tomó por el
brazo y me arrastró hasta su recamara.
– No, Daniela. Mañana tengo que levantarme temprano, recuerda
que tengo la confe…
– Te vas conmigo de rumba y es mi última palabra –me cortó –
necesitas olvidar, desahogar tus penas y eso solo lo conseguirás
con unos tragos encima.
– Daniela, no creo… –el sonido de mi celular me interrumpió y al
leer el nombre en la pantalla un escalofrío surcó mi cuerpo.
– ¿Quién es? –quiso saber.
– Es Lu… –no termine la oración porque ella me arrebató el teléfono
de las manos.
– ¡Miserable, Canalla, poco hombre! –le gritó al aparato que no
dejaba de sonar.
– Daniela, dame el teléfono –dije con calma. Ella me miró y luego al
celular.
– No –dijo antes de descolgar para recitarle el abecedario de las
groserías a mi crush –¡TE EXIJO QUE NO VUELVAS A LLMAR
HIJO DE PUTA! –Fue lo último que salió de su boca antes de colgar
–Juro que cuando lo vea lo voy a dejar sin hijos –prometió en cuanto
me devolvió el teléfono apagado –Ahora hay que prepararnos para
cazar peces –añadió con una sonrisa maquiavélica en sus labios.
¿Dijo cazar peces? Está más loca de lo normal, pensé.
– Me das miedo –fue lo primero que logre pronunciar al tiempo que
me dejaba caer en su cama de sabanas doradas.
– Entonces por tu bien te recomiendo que levantes tu trasero de la
cama y te vayas a bañar.
– Daniela, ya te dije que no quiero ir a beber –ella rodó los ojos y
entró en su armario. –Yo no necesito irme de rumba, solo tengo que
convencerme...que Luis no me dijo que se había
enamorado...porque... –sin más comencé a sollozar de nuevo –no
quería lastimarme… Quizás… Quizás…
– ¡YA BASTA, ANNA ! –Gruñó muy enojada al arrojarme una prenda
en la cara –Sea cual sea el motivo por el cual ese miserable te
ocultó su romance, no debes llorar por ese bastado, no se lo merece
–me obligó a levantarme de su cama. –Y si no quieres verme
molesta entra al baño por tu propio pie porque, así tenga que
llevarte a rastras, te vas a ir conmigo a rumbear hasta las seis de la
mañana –dictaminó y no me quedo de otra que obedecerla.
Mi prima es muy amorosa por las buenas, pero cuando se le cruzan
los apellidos (se enoja) puede llegar a ser el mismo diablo. A
diferencia de mí, que sin importar mi estado de ánimo dejó que los
demás pasen por encima de mí.
Daniela y yo somos como el agua y el aceite. –Pienso al enumerar
nuestras diferencias.
Ella es una rubia (teñida), sus ojos son azules, posee unas curvas
definidas y en las porciones adecuadas, más una piel suave como la
seda. Además de que es una chica independiente, extrovertida,
coqueta, divertida, sexy y muy segura de sí misma.
En cambio, yo soy una chica introvertida de piel morena, ojos grises,
cabellera negra y con un cuerpo horroroso. Por todo esto y más es
que en la escuela nos decían que ella era el fascinante océano y yo
una aburrida laguna.
– Aquí está el vestido que te pondrás –me entrega una prenda
diminuta de color rojo –Ese bebé se adherirá a cada parte de tu
cuerpo; parecerás un reloj de arena –añadió con una sonrisa de
oreja a oreja.
–¡ ESTÁS DROGADA! ¡JAMÁS USARÍA ALGO COMO ESO! –le
devuelvo el minivestido en forma de tubo. –¿Qué pensaría la gente
de mí?
– ¿Pri, sabes lo maravilloso que es estar en otro país? –me quedo
callada para para que continuara. –Que nadie te conoce, por lo tanto
puedes hacer lo que quieras sin temor a que te juzguen. Además la
mentalidad en este país es muy diferente al de nosotras.
– ¿Por eso fue que te viniste para acá?
– Sí, ya no aguantaba las quejas de mi familia por ser tan...–se
quedó pensativa.
– Loca, relajada –terminé su oración pero ella negó con la cabeza.
– Esa no es la palabra que busco. Puta es la indicada.
– Dana, "Viva la pepa" suena mejor –ella se rió.
–Tenía años que no oía esa expresión –se limpió unas lágrimas
falsas. Aunque no lo admitiera sabía que extrañaba nuestro hogar. –
Aunque no me iría de aquí ni en un millón de años, este lugar es
muy caliente y pega perfectamente con mi personalidad –se mordió
el labio.
– ¡Qué asquerosa eres! –le lancé una almohada.
– Yo no dije nada, tú eres la mal pensada –me devolvió el
almohadazo entre risas. –Volviendo al tema, prométeme que está
noche te vas a divertir y harás todas las locuras que en casa nunca
te atreverías a hacer.
– No estoy segura de cumplir con esa promesa –hago una mueca
de desagrado.
– Hazlo por mí –hizo un puchero.
Toda mi vida he seguido las reglas, unas muy estrictas a decir
verdad, por lo que si analizamos la situación no tendría nada de
malo hacer lo que me plazca, sin pensar en las consecuencias de
mis actos, al menos esta noche.
– Lo intentaré –terminé diciendo y una gran sonrisa se apoderó de la
cara de mi prima.
– Esta noche ahogarás tus penas en alcohol, chaval –dijo usando
acento español.
– ¿Eso es lo que haces tú cuándo estás despechada? –pregunte en
forma divertida.
– ¡Por supuesto que no! Nunca he llorado por culpa de una de esas
ratas de dos patas. Yo me embriago porque me gusta hacerlo –
niego con la cabeza.
– Tú no cambias.
– Para qué hacerlo si soy perfecta tal como soy.
– Ya vete a bañar antes de que me arrepienta de ir.
– ¡VOY, MAMÁ! –gritó cerca de mi oído antes de entrar al baño.
Cuanto había extrañado las locuras de mi prima.
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Capitulo 5 √
Capítulo 5
Daniela insistió tanto en que usara maquillaje, para supuestamente
resaltar el color de mis ojos, que termine accediendo, igual que
acepte usar ese mini vestido rojo y unos tacones de aguja negros.
- Dana, no me siento yo con este atuendo -comenté al ver en el
espejo de cuerpo completo el resultado final.
- Esa es la idea, tonta -se puso junto a mí. -Pero para completar el
look hay que... -soltó la goma de mi cabello dejando que éste cayera
sobre mis hombros. -Ahora sí pareces otra y luces genial.
- No me gusta usar el cabello suelto -Me quejo e intento
recogérmelo de nuevo pero ella no me deja.
- La idea de que te veas diferente, es que te sientas de la misma
forma para que no te cohíbas de hacer lo que quieras -me dio una
nalgada -Y te aseguro que así como estás llamarás más la atención
que yo.
- Lo dudo -dije señalando su mini vestido de lentejuelas doradas,
que la hacía ver como una bola disco. -Además preferiría pasar
desapercibida.
- Nada de eso, Anna. Quedamos en que saldrías de tu zona de
confort. -Alegó y no me quedo de otra que soltar un suspiro de
resignación, ella tenía razón.
- Esta bien, pero... -me tapó la boca con su mano para contestar su
teléfono.
- Estoy casi lista... Sí, mi prima irá conmigo... Ese lugar no me gusta
mucho, mejor vamos a... ¿Es el dueño?... Está bien, solo iré por los
tragos gratis -empezó a reírse -Por ti no iría ni a la esquina -volvió a
reírse -Ok, te mando un mensaje cuando estemos allá -cortó la
llamada y me enfocó. -¿Te sientes lista? Ya los chicos nos están
esperando?
- Pues no lo hagamos esperar más -mencione lo más animada que
pude, no me quedaba otro remedio: "Si no puedes con el enemigo,
únetele".
- ¡Esa es la actitud! -gritó con demasiada emoción para mi gusto.
[...]
Después de conducir el Jeep rojo de Daniela por 20 minutos,
llegamos a la discoteca Mariuzinn Copacabana. Su fachada era
llamativa y llegué a pensar que me divertiría, pero en lo que
cruzamos las puertas, diversos olores se comienzan a filtrar en mis
fosas nasales; sudor, alcohol, vomito, cigarrillo, tabaco y otros olores
que no supe identificar.
Esto me pasa por tener olfato de perro. -Desde niña he tenido muy
buen sentido del olfato pero eso en vez de beneficiarme lo que hace
es perjudicarme en momentos como estos.
- Vamos a pedir algo de tomar -gritó Daniela en mi oído, para que la
oyera por encima de la música y jaló de mi brazo hasta que
llegamos a la barra, le dijo al barman que eramos amigas de un tal
Tavo y pidió dos cócteles multicolor.
- No seas tonta, bébelo -me animó cuando vio que observaba el
líquido con desconfianza. Le di un pequeño sorbo y me agradó la
mezcla entre amargo y dulce. -Allá están los chicos -volvió a tomar
mi mano y fuimos hasta una mesa donde se encontraba un
afrodescendiente de ojos verdes acompañado de un chico blanco de
ojos color miel bien llamativos.
- Pri, te presento a Peter -señaló al chico de ojos verdes. -Y él es
Tavo -el otro chico me miró de arriba a abajo con una enorme
sonrisa.
- Es un placer conocer por fin a la prima de Daniela, ella habla
mucho de ti -dijo Peter y yo solo atine a esbozar una sonrisa de
boca cerrada.
- Anna, di algo -pronunció mi prima pero de mi garganta no salió
ningún sonido.
- ¿Qué te parece si vamos a bailar un rato, preciosa? -le propuso
Peter a Daniela y ella asintió.
- Te dejo en buenas manos, él es de confianza -me susurró en el
oído antes de irse.
Mi vista se dirigió a Tavo y me desagradó que me estuviese
observando con lujuria; como si fuese un plato de comida muy
apetecible y él tuviese un semana sin probar bocado.
Le prometí a Dana que me iba a divertir, así que ignoraré a este tipo
y desahogare mi dolor con alcohol -me bebí de un solo golpe todo el
contenido de mi copa.
- ¿Podrías trerme otra copa? -le pedí amablemente. Yo no era una
borracha pero no quería estar cerca del él y la mejor manera, que se
me ocurrió, para alejarlo era esa.
- Lo que mi reina pida -dijo en un tono que me pareció
desagradable.
Esta noche será muy larga -pensé con pesar.
[...]
Ya han pasado más de una hora desde que estoy sentada y no sé
cuántos cócteles he tomado, pero ya el alcohol está haciendo efecto
en mi organismo.
- ¿La estás pasando bien? -me pregunta Tavo; que no ha hecho
nada que no sea ir a la barra por mis tragos cada vez que se lo pido.
- No... sé si es por la.ca.tidad de licor que..he consumido pero me
alegro...de haber venido -respondí sin dejarme de reír (como todo
borracho) -Queeedoo....bailar -lo tomé de la mano y me dirigí a la
pista de baile.
Sin saber cuál canción estaba sonando comencé a menear mi
cuerpo. Tavo al darse cuenta que no iba al ritmo de la música toma
mis caderas para guiarme hasta ir al compás de la música. Por mis
genes latinos no tarde en coger el ritmo, pero antes de que
empezara a divertirme las manos de Tavo emigraron hasta mi
trasero y lo apretó fuertemente.
- NO... Tabio... -lo empuje -Ya no quier..o bailar contigo -añadí luego
de darle una bofetada. Él puso cara de pocos amigos, se largó a no
sé dónde y terminé de bailar la primera canción sola.
- ¡ES...A...ME...EN...CANTA! -Grité cuando la canción "Dura"
comenzó a sonar por las cornetas. -¡¿Alguien quiere bailar
conmigoooooOOOOooooOOO...?!
En menos de dos segundos unos brazos fuertes y cálidos me
tomaron por la cintura.
- Yo deseo bailar contigo, belleza. Claro si eres capaz de seguirme
el paso -dijo una seductora voz masculina en mi oído.
- ¿Me estás retando? -me giré para encararlo.
- Tómalo cono quieras, belleza -una sonrisa de superioridad se
esbozó en su rostro.
- ¿Te conozco de alguna parte? -le pregunto porque por el vaivén de
las luces de colores y mi borrachera no logro distinguirlo bien. -
No...porta...Acepto..eldeto -digo antes de que él me respondiera y di
inició nuestra pequeña competencia de baile.
Bailamos varias canciones y tengo que reconocer que este hombre
lo hace muy bien, pero yo soy mujer y tengo un vestido, que se
adapta perfectamente a las curvas que no sabía que tenía, por lo
tanto mis pasos se ven más sensuales y seductores bajo los
reflectores.
En lo que la canción "Despacito" comienza a sonar nuestros
cuerpos se junta más y los movimientos se vuelven más candentes.
- Tus movimientos están haciendo que pierda la cordura -susurra en
la parte trasera de mi oído mientras desliza una de sus manos por
mi pierna y la otra se sitúa en mi abdomen para pegarme más a él.
- ¿Esta es la parte en dónde me debo sentir alargada? -Me voltea
rápidamente y toma mi trasero, pero en vez de alejarlo, como hice
con Tavo, me pegue más a él y esto pareció complacerlo.
- Tienes unos labios muy apetecibles -susurro muy cerca de sus
labios, porque tengo que admitir que las ganas de besarlo son
inmensas.
- ¿Eso crees? -asiento con la cabeza mientras escaneo bien su
rostro ahora que lo tengo cerca.
- También tienes unos ojos muy bonitos -por un momento me
pareció haber visto estos ojos antes pero antes de que pudiera
pensar él dijo: "Son para verte mejor" y me besó de forma agresiva y
apasionada.
Su beso eclipsó todo sentido de la decencia en mí la mente y no
contuve más las ganas de meter las manos por debajo de su camisa
para tocar ese abdomen duro que se marcaba por su camisa. Varios
gruñidos se escaparon de su garganta a medida que mis manos lo
exploraban y me sentí complacida al provocar eso en él.
- Tendremos que parar, belleza -dijo pegando su frente con la mía. -
Antes de que no pueda detenerme -ambos sonreímos como bobos
enamorados.
- ¿Quién dijo que te detuvieras? -fue mi turno de besarlo. -No puedo
creer que acabo de sugerir eso -me reí a todo pulmón. Él acarició
tiernamente mi mejilla.
- Entonces acompañame, belleza.
- Eso era lo que quería oír -Sonreí pícaramente.
Ya tendré tiempo de arrepentirme de lo que voy hacer, hoy sólo
quiero vivir el momento.
.
Capítulo 6 parte 1 √
Capítulo 6
.+Adolfo+.
Horas atrás, en el aeropuerto.
– ¡Gracias a Dios! –exclamó en perfecto español, lo que me hizo
pensar que esa era su lengua materna.
Es latina pero no de aquí –deduje; ya que en Brasil se habla
portugués no español.
‘No importa de dónde sea, lo que interesa es que está aquí’ –
comentó mi lobo, con mucha emoción, en el mismo instante en que
ella se estiró para alcanzar una maleta rosada.
Es tan pequeña que dudo que pueda alcanzarla –ese pensamiento
me dio una idea. Así que tome su equipaje, antes que ella, para
tener un motivo para hablarle.
Sin embargo, en lo que su mirada se poso en mí me quede mudo
ante el resplandor dorado de sus ojos, la señal que necesitaba para
confirmar que estaba enfrente de mi mate.
No puedo creer que al fin la encontré –pensé mientras mi corazón
aumentaba sus latidos y una enorme dicha se apoderaba de mí.
Después de tantos años de idealizarla la tenía frente a mí y era
sumamente magnifica, mejor de lo que había imaginado, era
perfecta para mí.
Ella se quedó observándome directamente a los ojos, como si así
pudiese adivinar mis más profundos pensamientos. Mientras que yo
reparé en cada una de sus facciones; la forma tan delicada y natural
en que sus cejas enmarcaban sus mágicos y enigmáticos ojos
grises, sus mejillas tenuemente sonrojadas, esa pequeña nariz
respingada y esos gruesos labios que me dejan sin qué decir, pero
que cada vez me incitan más a probarlos.
‘Vamos, dile algo’ –me animo mi lobo, Velika. No obstante, antes
de poder pensar en dirigirle la palabra ella cortó nuestro contacto
visual para ver su celular.
No sé qué decirle –admití.
'Que es nuestra y que debe venir con nosotros, idiota'.
Al principio le di la razón a mi lobo, debía decirle que nos
pertenecía, pero al percatarme de que ella no era como yo, sino una
débil humana, me retracte. No podía reclamar a una humana como
mi luna, esa sería la estupidez más grande que podía cometer.
Sus ojos se separaron de su teléfono, volvió a mirarme con
curiosidad y mi cuerpo reaccionó; mis pupilas se inundaron y mis
manos comenzaron a temblar, por lo que tuve que aferrarme más a
su valija; sentía que si no lo hacía iba tomarla entre mis brazos y
llevarla conmigo en el primer vuelo de regreso a casa.
– Señor, está es mi maleta –dijo con amabilidad y yo no supe qué
decir; aun estaba conmocionado por haberla encontrado. –Do you
speak English? {Usted habla inglés} –preguntó y me limite a asentir.
–Mr this is my suitcase {está es mi maleta} –ella se inclinó para tocar
su equipaje y en el proceso su mano rozo mi brazo; provocando que
una corriente eléctrica surcara por todo mi cuerpo, otra señal de que
ella era mía.
Su mirada se llenó de confusión después que retiró su mano
rápidamente, dándome la impresión de que ella también había
sentido el toque electrizante, cosa rara siendo humana.
'¡Claro que lo sintió!' –concordó mi lobo conmigo y eso me hizo
sonreír; las veces en que estamos de acuerdo en algo no son
muchas.
'Mira esos gruesos y hermosos labios' –mis ojos se dirigieron a
ese lugar y le di toda la razón –'¡BESALA!' –siguiendo el consejo
de mi lobo me acerqué a ella, pero no para besarla, sino para
verificar que ese olor tan exquisito provenía de ella.
A pesar de las otras señales, aún tenía mis dudas, no concebía la
idea de que yo fuese el primer Alfa Superlativo en la historia cuya
mate es humana. Y eso en vez de alegrarme me enfurecía y
preocupaba al mismo tiempo.
La vida de la Luna Superlativa no era sencilla y por supuesto no
apta para una débil humana como ella; porque ¿Cómo se ganaría el
respeto de la manada sino era demostrando cuán fuerte era?,
¿Cómo soportaría llevar mis cachorros en su vientre si no era una
mujer lobo?, ¿Cómo se enfrentaría con nuestros enemigos si el más
mínimo golpe acabaría con ella?, y ¿Cómo me ayudaría a proteger
a nuestros hijos sino podía protegerse a sí misma?. En definitiva ella
no podía ser mi Luna.
Pese a todos mis pensamientos su increíble aroma me embriagó
completamente y cuando estuve lo suficientemente cerca disfruté a
plenitud de él; pase mi nariz por su rostro, cabello y cuello y una
enorme dicha se apoderó de mí cuando no hizo nada para alejarme.
‘Ella sabe que es nuestra, por eso se deja olfatear'. –Opinó mi
lobo.
– Mainer {mía =en alemán} –susurro detrás del lóbulo de su oído y
luego me posiciono a centímetros de sus labios provocando que ella
cerrase los ojos.
'¿Qué estás esperando para besarla? ¿La foto?' –el comentario
de Velika me dio tanta risa que no pude contenerla y terminé por
alejarme de mi mate. Ella al oír el sonido de mi risa abrió los ojos,
sus mejillas se sonrojaron e inmediatamente apartó su mirada de
mí; demostrando cuan avergonzada estaba.
'No seas insensible ¡DILEEALGOO!' –me gritó mi lobo.
– Sorry, my moon –digo en lo que dejó su maleta en el suelo. Ella,
sin decirme nada, agarra su valija y se aleja a toda la velocidad que
le permiten sus cortas piernas.
Mide como 1,59 metros –supongo mientras observo esa forma tan
extraña de caminar; como cojeando y saltando al mismo tiempo.
'¡Por qué no la besaste! Ella deseaba ese beso tanto como
nosotros' –me reclamó Velika antes de añadir: –'Adolfo, se está
yendo, ve tras ella'.
No lo haré, Velika, ni hoy ni nunca y espero que sepas respetar mi
decisión.
'¡Estás loco! Nosotros no podemos vivir sin ella y la manada
necesita una Luna' –repuso.
Tú lo has dicho, necesita una Luna y esa humana no podrá serlo.
'Me estás diciendo que la vas a dejar ir por ser humana ¡Quién
en su sano juicio hace eso!'.
Yo tampoco quisiera dejarla ir, pero a nuestro lado no estará a salvo,
correría demasiados peligros y por sí misma no podrá defenderse –
siento como mi corazón se estruja de solo pensar en no volverla a
ver jamás.
'Para eso estamos nosotros; la vamos a cuidar y amar por lo
que nos reste de vida'.
Recuerda que lo mismo decía mi padre y sabes perfectamente
cómo le fue a mi madre, pese a ser una mujer loba muy fuerte.
'Adolfo, no podemos dejarla ir o moriremos, ahora necesitamos
tenerla cerca para poder subsistir'.
¿A qué te refieres?
'De los hijos de tu padre fuiste el único que heredó el gen del
poder alpha y eso te vuelve más susceptible al lazo entre
mates...'
¿Eso quiere decir qué...? –le dije para que continuara.
'Que tenemos poco tiempo para marcarla y hacerla nuestra o
moriremos' –Sentí como todo a mi alrededor comenzaba a dar
vueltas.
– Cosi, ya los coches están afuera –Iván interrumpió el diálogo con
mi lobo. –Cosito, ¿me escuchaste? –se posicionó enfrente de mí
con los brazos como jarras –¿Y esa cara? Sé que con ella naciste
pero estás más feo de lo normal; pareces que viste a un muerto –se
rió de su propia broma y yo lo ignore completamente mi vista estaba
fija en la mujer que se alejaba de mí
Si no la reclamo moriré y si lo hago ella será asesinada por mis
enemigos –medite.
– ¿Adolfo, qué coño te sucede? –chasqueó los dedos frente a mis
ojos y fue que captó mi atención.
– La encontré –susurré al tiempo que caminaba para no perderla de
vista.
– ¿A quién encontraste? ¿La llorona? –preguntó en lo que me
alcanzó.
– A mi mate, idiota –le di un golpe en la cabeza y seguí caminando.
– ¿Dónde está? Quiero conocerla ¿Es bonita? –al darse cuenta que
no iba a responder a sus preguntas siguió la dirección de mi mirada.
–¿La morena con la maleta fucsia? –asentí. –Que asco de mujer –
esas palabras me hicieron detener y encarar a mi hermano. –No me
mires así, por su forma de vestir deduzco que es una nerd que usa
unos enormes lentes de pasta –su comentario hizo que lo mirase
con odio. –Además debe ser una plancha por los dos lados; sin rabo
ni tetas –con cada palabra mi ira iba creciendo más –porque cuando
una mujer usa un ridículo moño y ropa ancha es porque no tiene
nada que mostrar –una mueca de asco se dibujó en su rostro, lo que
acabó con la poca paciencia que me quedaba.
Sin más agarre las solapas de su chaqueta con intenciones de
noquearlo. Nadie se metía con mi Luna de esa manera y salía ileso.
– ¡CALLATE! ¡NO PIENSO TOLERAR QUÉ HABLES MAL DE LA
LUNA DE TU MANADA, OSEA TU LUNA!.
– Calma, tigre –subió las manos en forma de rendición –era solo
una observación.
– Si tienes más "observaciones" como esa te voy agradecer que te
las guardes. –Le advertí en cuanto lo solté de mala gana.
– No te enojes, cosito –sugirió mientras se acomodaba la ropa. –
¿Estás viendo lo que provocaste, Adolfo Vuković? –lo miró sin
entender. –Me arrugaste la ropa, ahora voy conocer a mi cuñada
con estas fachas –no pude evitar rodar los ojos. Iván la mayoría del
tiempo podía llegar a ser el más grande de los imbéciles.
– No te preocupes porque no sé todavía si la conocerás.
– ¿Qué? ¿Por qué? ¿Es por lo que dije?
– No, es solo que no quiero ir tras ella.
– ¿Vas a dejar ir a tu mate? –pronunció sin poder creérselo.
'Es normal, yo tampoco puedo creerlo y más después de lo que
te conté'.
– ¡Entiendan los dos! No quiero que sufra como lo hizo mi mamá –la
expresión de mi hermano pasó de la sorpresa a la compasión.
– Eso no pasará, cosito –murmuró luego de abrazarme. –Todos en
la manada cuidaremos de ella –deshizo el abrazo para mirarme a la
cara –Es más, de ser necesario yo dormiré con ella para velar su
sueño –un gruñido se escapó de mi garganta. –Estoy bromeando,
cosi –admitió entre risas. –Lo que quiero decir es que de ser
necesario yo daré mi vida por salvar la de ella, eso no lo dudes.
– Gracias, hermano –por primera vez en muchos años le brinde una
sonrisa sincera y lo abracé fuertemente.
– Ahora vamos por la pobre chica que tendrá la maldición de
aguantarte por el resto de su vida –ambos nos reímos y corrimos a
la salida.
En lo que cruzamos las puertas logré divisarla rápidamente, gracias
a mi olfato, estaba junto a un tipo que la agarraba por la cintura.
– Le voy a partir la cara por tocar lo que es mío –dije apretando los
puños.
– Espera, quizás sea su hermano –me detuvo Iván en lo que
empecé a caminar en esa dirección –Mejor vamos a dejarlos
tranquilos y los seguimos, sin que se den cuenta, para saber dónde
se hospedan.
– Pero...
– ¿Quieres tener problemas con tu futuro cuñado?
– No –admití entre dientes.
– Entonces hazme caso, porque increíblemente en este momento el
sensato soy ¿Entendiste?
– Sí.
– ¡TE PREGUNTE SI ENTENDISTE! –gritó en mi oído.
–¡ QUE SÍ! –repuse en el mismo tono y él se dio por satisfecho.
Vimos a mi mate y a su hermano hablar por unos minutos y luego se
dirigieron a un toyota corrolla de color negro.
– Ese es el olor del Alfa Miller ¿Verdad? –comentó mi hermano
cuando el auto pasó frente nosotros.
– Así es, debe ser su protegida.
– ¡Felicidades! –chilló. –Sabe de nuestra existencia, así que la
tendrás contigo más rápido de lo que pensamos –Eso alegró mi
corazón.
– Pronto estaremos juntos, mi luna –murmuró con una estúpida
sonrisa estampadas en los labios.
.
Capitulo 6 parte 2 √
.+Adolfo+.
Después de un rato...
- ¡Cosi, es hora de la diversión! -exclamó Iván, en lo que puso un pie
dentro de mi habitación, bailando samba (sin música).
- No tenemos nada que festejar -gruñí al mismo tiempo que cerraba
la puerta, ya que él la había dejado abierta.
- Claro que sí, encontraste a tu mate -dijo en tono cantarín.
- ¿Quién dijo que eso es motivo para celebrar? -su boca formó una
perfecta "O" -Iván es mejor que te vayas, no estoy de humor para
celebraciones -agregue, porque de verdad no estoy para lidiar con
alguien que de ningún modo podría entender los motivos que tengo
para estar triste.
- Nunca lo estás -articuló cuando se dejó caer en la cama. -Desde
que murió papá estás todo el día "trabajando" -suspiró con pesar. -
No te imaginas cuantas veces me ha hecho falta mi hermano; ese
que me cuidaba, el que pasaba horas hablando conmigo, pero sobre
todo extraño a ese que tenía tiempo para jugar conmigo.
- Él murió cuando lo hicieron sus padres y tú deberías aceptarlo -dije
para zanjar el tema, pero Iván lo tomó como una invitación a
continuar.
- Yo sé que él sigue dentro de ti, solo está dormido -se incorporó- y
estoy convencido de que mi cuñis hará que despierte.
- No digas tonterí... -me interrumpió.
- Confía en mí, yo sé que así será -por la inocente sonrisa que
adornaba su rostro decidí no arruinar sus ilusiones.
Las leyendas dicen que los hombres lobos, al encontrar a su mate,
cambian en muchos aspectos, pero en mi caso no será así; primero
es la manada y luego lo demás.
- Como digas, ahora déjame solo.
- Vamos, cosito, acompáñame a celebrar que nuestra Luna ya
apareció ¿Sí? -me propuso haciendo un puchero, como cuando era
niño.
- Ya te dije que no, así que no insistas.
- ¿Acaso no estás feliz de haberla encontrado? -preguntó ante mi
negativa.
'Explícale tus motivos o no se callará' -me aconsejó Velika.
- Clara que lo estoy, es sólo que ella es eso que no quiero perder,
pero tengo miedo de atar.
- No me digas que descubriste que tu mate está casada o peor aún
está enamorada de otro -se tapó la boca con ambas manos, como si
hubiese dicho algo prohibido, y un terrible miedo se apoderó de mí
al no pensar en esas posibilidades.
- Eso no lo digas ni de broma -le advertí.
- ¿Entonces qué es? Porque no entiendo. Deberías está saltando de
la alegría, acabas de encontrar a tu mate. En mi caso sería
comprensible estar tan abatido, porque encontrar a mi mate
significaría "Adiós a mi vida de Don Juan" -agitó todo su cuerpo
como para alejar ese pensamientos. -Por eso le pido a la Diosa
Luna que nunca envíe a mi mate.
- ¡Cómo se te ocurre pedirle algo como eso! -le di un golpe en la
parte trasera de la cabeza, para ver si con eso se le quitaba lo bruto.
- Si te lo conté no es para que me agredas -me devolvió el golpe. -
Ahora cuéntame ¿Qué te tiene tan acongojado?-solté un largo
suspiro.
- Estoy preocupado por ella, por la manada y por el futuro.
- ¿A qué te refieres? Explícate mejor -se sentó en posición de
meditación y me presto toda su atención.
- Ella es humana, no podrá ganarse el respeto del resto de la
manada peleando y...
- Eso es lo de menos -me cortó -se los podría ganar con su carisma,
bondad o cualquier otra cualidad que posea. Además no creo que la
rechacen, ya que todos han estado esperando con ansias la
aparición de la Luna Superlativa. Después de todo se resolverán los
problemas de fertilidad de las lobas, la ira desmedida de los machos
y el crecimientos de los niños será canalizado por ella.
- Vaya, estás muy informado sobre los problemas de la manada.
- Cosito, no solo soy una cara bonita, yo ayudo a Brad con sus
obligaciones de Beta -esbozó una sonrisa de superioridad.
El puesto de Beta Superlativo le correspondía a Iván, por ser mi
hermano, pero él rechazó el cargo porque no quería atar su vida al
bienestar de la manada.
- Sigueme contando -retomó el tema principal, porque sabía que
terminaría echándole en cara lo irresponsable que era.
- Hace poco recibí otra amenaza del heredero de la manada Kozlov,
él al igual que su padre quiere aniquilarnos.
- El antiguo Alfa siempre nos odió por ser los lideres supremos y era
obvio que su hijo continuaría con la tradición familiar -dijo con
indiferencia. -Pero por más que quieran nunca se podrán comparar
con nosotros, nuestra manada es más grande y fuerte que cuando
papá estaba a cargo. Además contamos con el respaldo de casi
todas las otras manadas, en caso de una guerra.
- El problema es que ahora ellos también cuentan con refuerzos, los
vampiros están de su lado.
- ¡Eso es imposible! Ni Juliano y mucho menos Vladimir se
atreverían a romper el tratado de paz.
Afirmó con convicción. El príncipe de las tinieblas, Vladimir Vostok,
es su mejor amigo desde siempre y por eso confía ciegamente en
él. Pero yo no me fío de ninguno de su especie y más después de
leer las pruebas que indican que él y su padre están planeando algo
para traicionarnos.
- Lo mismo pensé yo, pero nos equivocamos -tomo aire para
continuar. -Hermano, no quiero que ella corra peligro por mi culpa,
no quiero que Octavio Kozlov la asesine como su padre hizo con
mamá -mis ojos se llenaron de lágrimas de solo imaginar ese
escenario. -Tengo miedo como hace mucho no tenía.
Sin más comencé a llorar, igual que cuando perdí a mis padres, e
Iván se comportó del mismo modo que aquella vez; me abrazó y
consoló hasta que mi llanto de detuvo. Él era el hermano menor, el
inmaduro, rebelde, irreverente e irresponsable, pero en ese
momento parecía alguien totalmente diferente.
- Aun recuerdo su cara de horror cada vez que nos veía... No quiero
ver esa cara en mi mate -balbuceo entre lamentos. Haber visto
como mi mamá, por culpa de las amenazas de los Kozlov, se ponía
paranoica, al grado de creer que sus propios hijos la lastimarían, me
había marcado de por vida.
- Adolfo, vámonos de aquí. Hay que ir al aeropuerto y tomar el
primer vuelo que salga, no importa el destino -propuso al deshacer
nuestro abrazo.
- Velika nunca me perdonaría que lo alejara de nuestra mate.
Además me debilitaría, hasta el punto de morir, si paso mucho
tiempo lejos de ella -él frunció el ceño.
- ¿Eso por qué? Entre ustedes no ha pasado nada de nada, ni
siquiera la has marcado.
- Por ser el heredero del gen alpha el lazo entre mi mate y yo es
más fuerte que el de un lobo normal; con solo habernos visto a los
ojos quedamos conectados -le explique con cierto pesar.
En otras circunstancias esto me habría alegrado muchísimo, porque
si ella se sentía del mismo modo que yo, cuando estábamos frente a
frente, significaba que me aceptaría más fácilmente, a pesar de no
ser de mi especie.
- Estamos jodidos -fue lo único que dijo antes de quedarse en
completo silencio por varios minutos -Tú morirías y ¿Qué le pasaría
a ella?
- Nada. Ella no puede sentir nuestra conexión hasta que la marque.
- En ese caso, estamos súper jodidos -corrigió al recostarse en la
cama. -Lamento haberte traído a Brasil.
- Iván, no tienes que disculparte por eso -trate de animarlo, porque
por la expresión de su cara supe que se sentía mal, se culpaba por
lo que me estaba pasando.
- Claro que sí. Si tuvieses un hermano que no pensara sólo con el
cerebro de la entrepierna nada de esto hubiera pasado. -Se me
escapó una tenue risa, solo a él se le ocurriría decir semejante
comentario en un momento como este. -Al menos sirvo para hacerte
reír.
- Sirves para más de lo que crees -alborotó su castaño cabello.
- Adolfo, te juro, por la memoria de nuestros padres, que cuando te
ausentes de casa me convertiré en la sombra de tu mate. Jamás
permitiré que a ella le pase lo mismo que a mamá.
- Gracia, hermano.
- Te quiero, cosi -me dio un beso en la mejilla y mi reflejo fue
empujarlo.
- Creo que juntarte tanto con aquel vampiro te está haciendo daño -
me limpié el cachete y él se rió porque había dejado un rastro de
baba.
- ¿Por qué no nos dejamos de tanta cursilería y vamos a
desahogarnos como los hombre? -sugirió mientras subía a bajaba
las cejas.
- Adivino, en un bar -dije y él asintió. - Bueno está bien, me ducho y
te veo en el lobby.
- ¿Podría invitar a unas amigas que... -lo interrumpí.
- No estoy de ánimo para mujeres.
- Está bien -murmuró con tono pesado. -Mientras te duchas voy a
llamar a mi otro cosito para averiguar lo que sucede con los
vampiros -rodé los ojos.
- Todavía no entiendo ¿Por qué nos llamas cosito?
- Porque ustedes son mis hermanos, mis cositos -dijo como si fuese
obvio.
- Vladimir no es nuestro hermano.
- Para mí es como si lo fuese -rodé los ojos, ese vampiro no me caía
para nada bien.
- Ve a hablar con tu cosito en otra parte -él se partió de la risa -¿Qué
es tan gracioso?
- Estás celoso, estás celoso -se rió más fuerte.
- Vete o no iré a ninguna parte -lo amenacé y él corrió hasta la
puerta.
- ¡Antes de que se me olvide, cada uno ira en su propio coche! -gritó
antes de cerrar la puerta.
«Este me dejará sólo en el bar, estoy más que seguro de eso».
20 minutos después....
-¡Guao, cosi; estás guapísimo! -comentó mi hermano con voz
aguda, como si fuese una chica.
-Iván, deja de jugar -lo regañe cuando unos humanos nos estaban
mirando mal.
-¿A quién le importa lo que piensen esa bola de prejuiciosos? -le
sacó la lengua a los humanos.
-A mí, recuerda que tengo que mantener una imagen, así que
comportate.
En nuestra manada no están prohibidas las relaciones
homosexuales, pero ni Iván ni yo lo eramos así que no le encuentro
sentido fingir ser algo que no somos.
-¡Qué genio! -alzo las manos al cielo. -Pobre chica, lo que le espera
a tu lado -le lance una mirada fulminante. -No he dicho nada -hizo
un además de cerrarse la boca con un cierre.
«¿Cuándo madurara este niño?».
'Nunca, creo' -opinó Velika y estuve completamente de acuerdo con
él.
-Cosito, préstame tu coche -sus ojos brillaron de la emoción, cual
niño que entra en una dulcería.
-¿Por qué?
-Es que el tuyo combina con mi camisa -dio una vuelta de 360
grados para que mirase su camiseta roja desde todos los ángulos.
- La respuesta es no.
- ¿Por qué? Yo prometo cuidarlo -hizo un puchero.
- No me gusta el tuyo -me encogí de hombros.
-¿Qué tiene? -preguntó y ambos volteamos a ver la monstruosidad
de cuatro ruedas.
-No sé, simplemente no me gusta.
'Mentiroso, ese auto no te gusta porque te recuerda al Batimovil
y tú le tenías miedo a Batman'.
- ¿A qué lugar iremos? -me dirijo a Iván para no seguir hablando con
mi lobo.
- Sólo sígueme, si es que puedes -me guiñó un ojo y entro en su
auto.
«Este loco imitara a los de rápido y furioso» -me dije a mí mismo en
lo que me monte en mi coche y conduje detrás de mi hermano en mi
auto.
.
.
.
.
Holiiiiiisssssss les habla su escritora
Estoy maravillada, encantada, fascinada con el recibimiento
que ha tenido esta historia. Muchísimas gracias a todos por su
apoyo I LOVEYOU.
.
Capítulo 6 parte 3 √
.+Adolfo+.
- Iván, se supone que iríamos a un bar -le reclamo en lo que bajo del
auto.
- Aquí también hay alcohol y mujeres bellas -elevaba y baja varias
veces sus cejas. -Vamos, cosito, no seas aguafiestas -me abrazó
por los hombros. -Tómalo como tu despedida de soltero.
- No Iván, esto no era lo que tenía en mente así que me vo... -no
termine la oración porque percibí ese magnífico olor a coco con
chocolate.
- ¿Y esa cara de bobo? -se mofó.
-Ella está aquí.
-¿Quién? ¿Liliana? -mira a todos lados exasperado, creyendo que
es su ex.
La chica era una obsesiva compulsiva, literalmente una loca, porque
solo una aseguraría ser la mate de un lobo sin serlo realmente. Así
que no culpo a mi hermano por reaccionar así; él ya le ha dicho
muchas veces que no quiere nada con ella y sencillamente se hace
la que no entiende porque está obsesionada con mi hermano.
- Mi mate, idiota -sus músculos se relajaron.
- ¿Dónde está mi cuñis? -cuestiona al mismo tiempo que ella pasa
frente a nosotros con un minúsculo vestido rojo.
- No la mires así -le gruño al notar que él se le queda mirando los
glúteos.
- ¿Es la del vestido rojo? -pregunta y yo asiento. - Me retracto de lo
que dije en el aeropuerto, tu mate está buenísima; ni en mis más
locos sueños hubiese imaginado que ella es escondiera ese trasero
de negra -lo empuje porque su comentario me molesto mucho.
- Deja de comértela con los ojos o te mataré -lo amenazo y él
comienza a reírse.
- Tranquilo, bájale dos rayitas a tus celos, sólo estoy detallando a mi
cuñis -dijo entre risas.
- No me gusta que la mires así -le advertí.
- Pues con ese vestido MUCHOS la miraran -dijo irónicamente.
'Él tiene toda la razón, ese vestido es demasiado corto'.
- No dudo que logrará divertirse en TODOS los sentidos -agregó con
una sonrisa socarrona en su rostro, sabiendo que con ese
comentario conseguiría su cometido; que me quedara en este lugar
con él.
- Tú ganas, me quedo.
Luego de que él celebrara su victoria, saltando, aplaudiendo y
gritando "Iván, Iván ra ra ra", entramos en el establecimiento e
inmediatamente localicé a mi mate en la barra acompañada de una
rubia.
- ¿Dónde está? -preguntó Iván.
- En la barra -digo y me le quedo viendo con detenimiento para
admirar su belleza.
Con ese vestido se marcaban muy bien sus voluptuosas caderas, su
cintura fina, sus enorme trasero y esas piernas totalmente parejas
que hacen que mi lobo quiera tomar el control.
'¡Es sencillamente perfecta!' -comentó Velika
-Su amiga no está nada mal -habló mi hermano sacándome de mi
epifanía. -Vamos a socializar con ellas.
- No todavía.
-Entendido, mi general -hizo un saludo militar y desapareció de mi
vista. Creí que regresaría pronto pero al ver que las horas fueron
pasando y no regresó supe que me había dejado solo.
-Hola, guapo, ¿Quieres bailar? -me preguntó una chica bastante
mona, pero como a todas las otras que se me acercaron, la
ahuyente con solo una mirada de asco y repulsión. Yo solo tenía
ojos para ella, mi mate, mi Anna, porque así la había llamado su
prima.
De un momento a otro ella se fue a bailar, junto con el idiota que le
presentó su prima, y eso me enfureció.
No quería que bailara con nadie, no quería que estuviese al lado de
nadie, es más lo que quería era tomarla entre mis brazos y sacarla
de aquí para que nadie más que yo pudiese contemplarla.
Sin embargo, haciendo uso de todo mi autocontrol, me abstuve de ir
por ella hasta que ese miserable híbrido (mitad vampiro mitad lobo)
le tocó el trasero.
Me levante de mi mesa, dispuesto a darle una paliza por tocar lo
que no le pertenece, pero cuando estuve cerca ella lo alejó, le dio
bofetada y siguió bailando sola, por lo que no vi necesaria mi
intervención.
- ¿Alguien quiere. . Bailar co...nmigo...oooOOOOoooOO...? -arrastró
cada palabra por lo ebria que estaba.
'¿Qué esperas? Ve por ella'.
«No puedo, hace años que no bailo esta música».
'Solo sigue tú instinto, es solo perreo del bueno' -antes de que
replicara él añadió -'Toma en cuenta que si no lo haces tú el que
está a tu derecha bailará con ella'.
Mi mirada viajó en esa dirección y efectivamente estaba un maldito
mirando a Mi Luna. Sin pensar en mis actos me acerqué a ella y la
tomé por la cintura, para acercarme a su oído.
- Yo deseo bailar contigo, belleza. Claro si eres capaz de seguirme
el paso -susurro lentamente en su oído.
- ¿Me estás retando? -inquirió en lo que se giró para quedar frente a
mí.
- Tómalo como quieras -digo al mismo tiempo que esbozó una
sonrisa en mi rostro, porque con su respuesta me acababa de
demostrar que le gustaban las competencias tanto como a mí.
- ¿Te conozco de alguna parte? -me pregunta frunciendo su
entrecejo, como queriendo enfocarme mejor -
No...porta...Acepto..eldeto -dijo e inició nuestra pequeña
competencia de baile.
Bailamos varias canciones y con cada una las ganas de besarla y
hacerla mía aumentaban.
'Estamos por llegar al límite, es mejor que la lleves a descansar
un poco' -me aconseja Velika.
Sin embargo, yo hice caso omiso cuando la canción "Despacito"
comenzó a sonar; nuestros cuerpos se juntaron más, volviendo los
movimientos más candentes y seductores.
- Tus movimientos están haciendo que pierda la cordura -susurro en
la parte trasera de su oído mientras deslizo una de mis manos por
una de sus piernas y la otra se sitúo en su abdomen para evitar que
escape de mí.
'Estás perdiendo el control' -me advierte.
- ¿Esta es la parte en dónde me debo sentir alargada? -la volteó con
rapidez para poder tomar su trasero con mis manos.
Creí que ella me alejaría, igual que hizo con ese infeliz, y confiaba
en ello para ponerme un alto, pero lo que hizo fue pegarse más a
mí.
'Alejate, porque si continúas pasarás el límite'.
- Tienes unos labios muy apetecibles -susurra muy cerca de mis
labios.
- ¿Eso crees? -Ella asiente con la cabeza y me mira fijamente.
- También tienes unos ojos muy bonitos -pronunció eso casi encima
de mi boca, por lo que con cada articulación nuestros labios se
rozaron y eso basto para nublarme el pensamiento lógico.
- Son solo para verte mejor -murmuro antes de besarla de forma
agresiva, apasionada y necesitada.
Ella no tardó en corresponderme con las mismas ansias y ferocidad
que yo. Estaba disfrutado tanto el besarla que no me percate que
sus juguetonas manos comenzaron a explorar mi cuerpo hasta que
mi polla exigió atención.
- Tendremos que parar, belleza -balbuceo al pegar mi frente con la
suya. -Antes de que no pueda detenerme -ambos sonreímos como
bobos enamorados.
- ¿Quién dijo que te detuvieras? -me besó de tal forma que me
quede sin aliento. -No puedo creer que acabo de sugerir eso -
empezó reírse a todo pulmón.
'¡Ella quiere másdenosotros!' - comentó con asombro Velika.
«Eso parece» -acaricio lentamente su suave mejilla.
'No vayas a tener sexo con ella, está muy borracha'.
«¿Y?»
'Mañana te odiara'.
«Claro que no, tal vez sea libertina como mi hermano».
'No lo creó, su aura es muy pura. Tenías siglos sin ver una
como la de ella'.
«No me importa, quiero hacerla mía de una vez. Quiero que seamos
uno».
- Entonces acompáñame, belleza.
- Eso era lo que quería oír. -Sonrió pícaramente y tomados de la
mano la guíe hasta mi coche.
'No lo hagas, después de tener sexo tú vínculo será más fuerte'
-me recuerda Velika.
«No importa».
'¡Sí importa, joder! Piensa en que aún ni tienes nada preparado
y al llevártela contigo la van a cazar como a un animal'.
«Yo la cuidaré» -aseguro.
'Mañana te arrepentirás de tu decisión'.
«Ya lo veremos».
.
.*Anna*
Lo primero que sentí, cuando fui consciente de mí misma, fue el
pululante dolor en mi cabeza.
«¿Qué me pasó? ¿Por qué me duele la cabeza?» -me pregunto en
lo que consigo abrir los ojos pero por la oscuridad absoluta donde
me encuentro no logro ver nada.
- Esta no es mi recamara -murmuro al no recocer el olor de las
sabanas. -Si no estoy en casa de mis abuelos ¿Dónde estoy? -todo
lo sucedido ayer viene a mi cabeza de golpe; la llegada a Brasil,
Luis admitiendo que está enamorado de otra, Daniela obligándome
a ir con ella a esa discoteca, yo bebiéndo todos los tragos que Tavo
me daba y nada más.
¿Qué más había sucedido? ¿Dónde estaba Daniela? ¿Qué tenían
esas copas multicolores que me hicieron borrar el casete y no me
dejaron pensar con claridad? Y muchas otras dudas asaltaron la
mente, pero no seguí pensando en ellas porque sentí como una
mano se aferraba a mi cintura.
«No puedo creerlo alguien está a mi lado y seguramente es el
baboso de Tavo».
- ¡¡Suélteme enfermo!! -grité al levantarme con premura de la cama
y por el movimiento tan brusco caí como un saco en el piso.
Alguien aplaudió dos veces y las luces se encendieron.
- ¿Estás bien? -me pregunta en lo que se incorpora de la cama y me
ofrece su mano para ayudar a levantarme.
Cuando mis ojos ascendieron por su brazo me di cuenta que él
estaba completamente desnudo, al igual que yo.
-¡QUÉ TE IMPORTA! -volví a gritar y le aventé lo primero que
encontré que fue una almohada. -¡DESVERGONZADO! -le lancé
esta vez un zapato que lo esquivo sin problemas.
-Trata de tranquilizarte un poco para que podamos hablar de lo que
pasó anoche -mis brazos cayeron flácidos a los lados.
-No me digas que tú y yo... -no pude terminar la oración, porque no
concebía la idea de que yo me hubiese acostado con él, aunque
dada la situación era obvio que sí.
«A menos que ambos nos hayamos quedado dormidos» -intente
convencerme a todo costa.
-¿Quién eres tú? ¿Sabes lo que pasó entre nosotros? ¿Cómo
terminamos aquí? -le exigí saber, ya que yo no recordaba ni siquiera
su nombre. -¿Acaso no piensas responder?
-Disculpa, pero con la hermosa vista que tengo no puedo
concentrarme -comenta y siento mis mejillas arder.
Rápidamente agarro la sabana para cubrir mi desnudez y él empezó
a reírse.
-No tienes nada que no haya visto, tocado y besado ya -en ese
momento quise que la tierra se abriera y me tragara; este momento
era de lo más bochornoso.
-¡CUBRETE TÚ TAMBIÉN! -grité, pero luego me arrepentí cuando
las palpitaciones en mi cabeza se hicieron más intensas.
-No me apetece -dijo con humor y no pude contenerme más;
empecé a arrojarle todo lo que encontraba (zapatos, almohadas,
cojines, lámparas, teléfonos, ceniceros, ropa hecha jirones entre
otras cosas).
Tenía la intención de matarlo o mínimo dejarlo en coma por el resto
de su vida, pero él tenía muy buenos reflejos y esquivaba todos mis
ataques.
-Mi nombre es Adolfo Vuković. -se presentó, sin dejar de saltar,
como un conejo, por toda la habitación.
-Nos conocimos en la discoteca y bailamos toda la noche -dejé de
lanzarle objetos, porque me sorprendió que dijera eso. Por muy
borracha que hubiese estado recordaría haber conocido a alguien
tan guapo como él.
-Si quieres que hablemos cubre esa cosa horrorosa -él se rió ante
mi comentario. -¿Acaso no sientes vergüenza de estar desnudo
frente a una dama? -Agregué luego de voltear la cara para no seguir
viendo su aparato reproductor.
-No te acuerdas de nada ¿Cierto? -Negué con la cabeza -No me
extraña, con lo borracha que estabas -se rió más fuerte.
-¡No te rías de mí! -encontré otro zapato y no dude en arrojarlo. Él
como estaba distraído, enrollando una toalla en su cintura, no se dio
cuenta del ataque y proyectil impacto directo en su cara,
otorgándome el mi turno de reírme.
-Muy graciosa eh -quiso agarrarme, pero fui más rápida y salí
corriendo.
Él estuvo persiguiéndome por unos minutos hasta que me alcanzó e
intento besarme pero lo empuje.
-No te equivoques, una cosa es que te haya dejado besarme
estando borracha y otra cosa muy diferente es que lo haga
consciente -murmuré porque el horrible dolor de cabeza me estaba
pasando factura por todo lo que corrí y grité.
-Te juro que pondré todo de mi parte para que quieras besarme y
hacer todo lo que hicimos ayer sin estar influenciada por el alcohol -
dijo y mi cara se calentó una vez más.
-Eso quiere decir...que...que...tú...y...yo... -esbozó una estúpida
sonrisa.
-Sí, hicimos el amor -terminó por mí y con ello todas mis esperanzas
desaparecieron.
-Que estúpida -digo al mismo tiempo que golpeo la frente con la
palma de la mano y él se vuelve a reír de mí. -Si te sigues riendo te
mataré -lo amenacé mientras que le dedicaba una de mis miradas
letales; esas que dice: "Muérete".
«Es muy guapo» -reconocí después de observarlo bien.
Era un rubio muy simpático, con unos ojos azules bastante exóticos
y ni hablar de su estupenda anatomía.
«Por lo menos perdí mi virginidad con un hombre muy atractivo
¿Pero qué estoy diciendo?» -sacudo la cabeza para alejar esos
pensamientos de mi cabeza. -«Pasar tanto tiempo con Daniela ya
me comenzó a afectar el cerebro».
-¿En qué piensas, my moon? -frunzo el ceño y las ganas de matarlo
aumentaron.
-Mi nombre es Anna no Luna -le reclamo y una sonrisa se dibuja en
su rostro, así como su mirada se llena de ¿Ternura? Imposible, no
tiene por qué mirarme con ternura, solo somos dos extraños.
-Lo sé -intenta acariciar mi mejilla pero no le dejo -¿Me dirás en qué
pensabas?
Lo dude unos segundos pero terminé contándole parte de mis
pensamientos.
-Antes tenía la esperanza de que nada hubiera pasado entre
nosotros, pero... -no pude terminar la oración porque las lágrimas
inundaron mis ojos y tuve que apartar la mirada para no llorar frente
a él.
-No estés triste -tomó mi barbilla con su mano para que lo mirase a
los ojos. -Sé que estás así porque eras virgen, pero lo que hicimos
fue el acto más puro de amor que existe.
Con esa declaración todo rastro de la resaca se esfumó de mi
sistema.
- ¿Tú estabas consciente? ¿No estabas borracho como yo? -
cuestiono seriamente.
«Que diga que no, que diga que no» -pedí una y otra vez porque de
ser el caso contrario tenía que odiarlo y no quería eso.
- Sí, yo no bebí más que un poco de tequila.
- ¿Cómo pudiste hacerlo? -Las lágrimas comenzaron a descender
por mis mejillas -¡ERES UN DESGRACIADO! -lo golpeo en el pecho
con los puños cerrados. -¡TE APROVECHASTE DE MÍ!
- Lo siento, en ese momento no pensé en las consecuencias que
esto acarrearía -se excusó luego de que tomó mis brazos para que
dejara de propiciarle golpes.
-Me das asco, eres igual al resto de los hombre, que no les importar
el dolor que le pueden causar a una mujer con tal de satisfacer sus
necesidades y deseos -escupí con rencor al recordar a esa alimaña
que me hizo tanto daño. -¿Dónde está el puto baño? -pregunte
cuando él quiso hablar -Quiero ducharme, me siento sucia -le
dediqué una cara de asco y repulsión.
Él quiso tocarme el rostro pero añadí:
-Ni se te ocurra ponerme una mano encima, maldito miserable o te
mataré.
Ante mis palabras su rostro se descompuso y se alejó lentamente
de mí.
-Es allí -señaló una enorme puerta de caoba. -Cuando salgas
puedes usar esto -me tendió una camisa que supongo le pertenece.
-Tu vestido quedó inservible.
«Seguro él lo rompió» -pensé en lo que entré en el baño. Y en
cuanto estuve debajo de la regadera comencé a llorar libremente.
Sabía que esto no servía de nada pero no lo podía evitar, había
soñado varias veces que la primera vez que me entregaría a un
hombre este me amaría tanto como yo a él, y que sería un momento
especial e inolvidable para los dos.
En cambio obtuve una primera vez con un completo extraño y ni
siquiera recuerdo si fue dulce o brusco conmigo.
- ¿Por qué me tuvo que pasar esto a mí? -mi voz sale ahogada. -
¡¿POR QUÉ?! -paso con más fuerza de la requerida el jabón por mi
cuerpo, como si eso pudiese eliminar lo que pasó -¿Por qué tengo
que ser como soy? -me dejo caer en las baldosas mientras los
pensamientos destructivos se apoderan de mi cabeza.
«Todo es por mi culpa, por ser como soy, una irresponsable, una
furcia, como dijo mi padre. Porque de no haber usado ese vestido,
que me identificaba por lo que soy, nada de esto me habría
pasado».
.+Adolfo+.
«¡Maldita sea, Velika!» -le doy una patada al sofá y éste terminó
estrellándose contra la parad -«No debí dejarme llevar. Debí hacerte
caso» -golpeo una de las mesas de la estancia reduciéndola a
añicos -«Ahora percibo todas sus emociones y me siento como un
desgraciado».
'No me digas' -habló con ironía mi lobo.
«Ella se siente muy mal».
'¿Y cómo esperabas que se sintiera? ¿Feliz y contenta? Ella es
una humana ¡IDIOTA!'.
«¡Joder! No sabía que era virgen» -Golpeo la pared.
'Y por no hacerme caso, por no controlar las hormonas
descontroladas de adolescente, ahora ella te odia y cree que
eres igual de miserable que su padre' -continuó como si no
hubiese opinado nada.
- ¿Qué es todo ese ruido, cosito?¿Qué huracán pasó por aquí? -
pregunta Iván al entrar en mi cuarto, sin invitación alguna.
-¿Quién te dio llaves de mi habitación? -cuestiono de brazos
cruzados y golpeando el piso una y otra vez con el pie, impaciente
por que se marche.
-Eso no interesa -hizo un ademán con la mano para restarle
importancia.
«Seguramente fue la recepcionista» -me dije a mí mismo al recordar
que ella le estaba haciendo ojitos a mi hermano cuando llegamos.
-Largo de aquí, Iván -uso un tono demasiado hostil para referirme al
único familiar vivo que me queda.
-¿Por qué estás tan molesto? Pensé que después de bailar con mi
cuñada, hoy... -se calló y frunció el ceño, al ver los restos del vestido
de Anna. -¿Ella está aquí? -preguntó con asombro y picardía al
examinar la prenda. Pero antes de que pudiera sacarlo a patadas
Anna salió del baño con mi camisa puesta.
'Mira esos ojos rojos y todo es por tu causa' -me reclamó mi
lobo. -'Eres un bruto, un animal, un salvaje...'
-Increíble, te moviste más rápido de lo que pensé -la voz de Iván
provocó que mi lobo se callara.
'¡Siléncialo antes de que salga con una de sus burradas!' -me
aconsejó Velika pero ya Iván estaba hablando con ella.
-Hello, darling -la saludó dándole un beso en cada mejilla. -¿Hablas
español?, do you speak English?, parle franc...
-Español y ¿Tú quién eres? -preguntó muy confundida. No la culpo,
esta situación no podía resultar más extraña.
- Soy la esposa de Adolfo y tú debes ser la zorra con la se arrevolcó
anoche, mucho gusto. -Iván le tendió la mano para saludarla pero
Anna solo retrocedió unos pasos y empalideció.
Me retracto de lo que dije, gracias a mi hermano todo se volvió
mucho más extraño.
- ¿Es...po...sa? -tartamudeó ella y miró con temor a Iván.
-Así es y te voy a enseñar a no meterte con un hombre casado -
amenazó y ella asustada empezó a retroceder lentamente, creyendo
que él la golpearía.
'Sabía que saldría con una de sus burradas' -comentó mi lobo.
-¡IVÁN, DEJA DE JUGAR! -en lo que él oyó mi grito se partió de la
risa.
-Mentira, Luna. Soy Iván Vuković, el hermano de éste idiota -me
señaló con la cabeza -y es un verdadero placer que ya estés entre
nosotros.
-Mi nombre no es Luna, es Anna.
-Es mejor que te acostumbres porque muchos te dirán de esa forma
luego de que te convier...
-Iván -lo interrumpí -vete ahora mismo de aquí -le ordenó.
Iván m miró como si hubiese hablando en un idioma desconocido
para él.
-¿Por qué?
-Tengo que hablar con ella, explicarle varias cosas -eso basto para
que él captara el mensaje.
-Ya entendí, lo siento hermano -se giró para ver a mi mate -Fue un
placer conocerte, Anna, nos vemos pronto -besó el dorso de su
mano y se dirigió a la puerta, pero antes de salir dijo: "Deja de ser
tan amargado, cosito".
-Un día de estos lo mandaré a vivir al polo norte, lo juro -digo entre
dientes. -Lamento eso, mi hermano es casi como un dequilibrado
mental -me aclaré la garganta para centra mi atención, porque la
forma en que le quedaba mi camisa estaba alterando mis sentidos -
Tengo que explicarte algunas cosas. Pero antes comamos algo -
señalo el carrito con los alimentos que había encargado.
- No, gracias. Lo que quiero es irme y no volverte a ver ni siquiera
en mis pesadillas -manifestó con resentimiento.
-No te puedes ir hasta que no hayamos hablado.
Iba a ser difícil para ella aceptar la realidad pero estaba convencido
que con el pasar de los días entendería todo y podríamos ser
felices.
-¡No me interesa nada de lo que puedas decirme! -exclamó
exaltada. -Lo que paso anoche... -cerró los ojos y tomó aire para
mirarme directamente a los ojos -fue un error, un desliz. Vamos
hacer de cuenta que esto nunca pasó, yo no te conozco ni tú a mí.
- Eso es imposible para mí, porque yo soy... -ella me cortó.
-¡Un hombre! Y los hombres son unos expertos en tener amnesia en
estos casos.
-¡No entiendes! -pasé mis manos por mi cabello, me estaba
empezando a desesperar; mi paciencia en este momento casi era
nula -Tú eres MÍA y no te puedes alejar de mi lado -la tomé por la
cintura para acercarla a mí.
-¡Yo no soy perro para tener dueño! -gruñó e intentó zafarse de mi
agarre, sin éxito.
-Jamás te soltaré, primero muerto -murmuro rozando sus
provocadores labios.
- Me...estás...lastimando -esa oración hizo recobrar la compostura y
que me diera cuenta que ella estaba sollozando.
*'Está muy alterada, es mejor que se vaya' -me aconsejó Velika.
-Hablaremos más tarde junto a Edward Miller -le digo, pero creo que
no me oyó porque en lo que la solté tomó su cartera y corrió hacia la
puerta.
-Soy el más grande de los idiotas -pronuncio en voz alta.
'Consteque yo lo pensé y tú lo dijiste'.
.
Capitulo 7 √
Capítulo 7
.*Anna*.
Después de salir de esa habitación me percaté que ese imbécil se
hospedaba en el mismo hotel que yo y para ironías de la vida su
suite estaba al frente de la mía.
Introduje la tarjeta en la cerradura de mi habitación, pero no quise
entrar. Aun me sentía aturdida con todo lo que había sucedido y
encerrarme entre cuatro paredes solo empeoraría mi estado, así
que decidí ir a tomar aire fresco.
Sin importarme en lo más mínimo mi vestimenta o las miradas
indiscretas de los otros huéspedes fui a la piscina del hotel que
quedaba en la azotea. Para mi suerte estaba completamente
desierta y la magnífica vista del atardecer logra distraerme un poco
de todo lo que estaba en mi mente.
Mi celular vibra en la cartera (que no sé cómo no perdí anoche) y
me dispongo a revisarlo. Tenía varios mensajes y llamadas perdidas
de Daniela, el señor Miller y Luis.
De: Dana.
Para: Anna
¿Dónde estás? Hay que irnos.
¡Ana Gertrudis, responde!
¿Te paso algo?
Me estás asustando ¿En qué parte estás?
¡Contesta el puto teléfono!
*Nota de voz de Dana:
''Pri, Tavo me dijo que lo dejaste solo y te fuiste con un tipo. ¿Quién
es? ¿Es el mismo con quién estabas bailando tan acaloradamente?
Recuerda que aún eres virgen y no quiero que cometas una tontería
y te arrepientas luego...
«Ya es muy tarde para tú consejo» –pensé con melancolía.
''Aunque si ya no tienes ese complejo de santa y en verdad quieres
dejarte llevar por el momento me parece genial, no hay nada como
perder la virginidad con una borrachera –empezó a reírse como
loca –sólo asegurarte de usar protección".
«Eso era lo primero que debí haberle preguntado» –me reprendí a
mí misma. –«Así como él estuvo conmigo, sin siquiera conocerme,
podría haber estado con un batallón de mujeres».
No me interesaba la cantidad de polvos que había tenido a lo largo
de su vida, me preocupaba que en uno de esos haya contraído una
ITS (Infección de Transmisión Sexual) como VPH, VIH, gonorrea u
cualquier otra.
''Espero que disfrutes tu primera vez y luego me cuentas los detalles
sucios” –lo último que oí fue su estruendosa risa.
De: Edward Miller
Para: Anna
¿Criatura, Dónde estás? Ya la conferencia inicio.
¿Estás indispuesta?
Luis ya me lo dijo todo, así que hablaremos más tarde.
«¿Qué le habrá dicho Luis a su padre?» –me pregunte –«Espero
encontrar la respuesta en sus mensajes» –Dije al abrir el chat.
No tenía pensado leer sus mensajes, porque no quería encontrar
algo que me hiciera más daño, pero dada las circunstancias debo
hacerlo.
De: Luis:
Para: Anna
Por favor, escúchame.
Te juro que no es lo piensas.
No acompañes a Daniela a ningún lado antes de que te explique
todo.
Por favor, no vayas a dejarme.
*Nota de voz de Luis:
''Ana.te...ne..mooopss..qui..Hablar...''
«Al menos no fui la única que perdió los estribos y se emborrachó
anoche» –pienso.
''Miii.nin...pulga.permite..decirt..e que.... –Su voz sonaba
entrecortada a causa de los sollozos que se escapaban de su
garganta –que la mujer que amo eres tú, por favor no me
abandones''.
No podía dar crédito a lo que acababa de oír por lo que reproduje la
nota de voz varias veces.
–La mujer que quiere y no puede tener soy yo –pronuncio en voz
alta para que mi cerebro lo termine de procesar.
Darme cuenta de esto en vez de alegrarme aumentó el sentimiento
de culpa que me carcome por dentro. No solo era una zorra que se
acostaba con el primero que se le cruzaba, sino que también era
una borracha y una maldita por dañar y engañar al amor de mi vida.
.*Técnicamente no lo engañaste, ustedes no eran nada*. –Habló
una dulce voz femenina en mi cabeza.
Negué varias veces con la cabeza para alejar las alucinaciones. Ya
eso era lo que me faltaba ser, una loca maniática.
–Si le hubiese dejado que me explicarse, todo hubiese sido tan
diferente –me lamento. –No cabe la menor duda que soy un perra –
mis lágrimas comenzaron a descender por mis mejillas y me dejé
caer de rodillas al suelo.
De repente unos fuertes brazos me rodearon los hombros y al
identificar a su dueño el sentimiento de culpa me abrumó más.
–Vete, por favor –fue lo único que pude decir. Me sentía
terriblemente mal, porque mientras él estaba sufriendo por mi culpa
yo estaba acostándome con otro.
–No pienso dejarte en este estado, pulga –la preocupación en su
voz era palpable- ¿Dónde estuviste? ¿Por qué llevas ropa de
hombre?
No respondí ninguna de sus preguntas, sólo hundí mi cara en su
pecho y él me abrazó fuertemente.
–Perdón, perdón, perdón –decía una y otra vez en medio del llanto.
–No tengo nada que perdonarte, no es tu culpa que yo haya
decidido ocultar mis sentimientos –Luis tomó mi cara entre sus
manos y con sus dedos pulgares limpió mis lágrimas. –Tú debes
perdonarme a mí por no decirte la verdad desde el principio.
–No digas más, por favor –mis ojos se inundaron de agua
nuevamente.
Había deseado tanto este momento y ahora que había llegado me
sentía horrible.
–¿Por qué me pides eso? Ya es hora de que sepas cuanto te amo –
mi llanto aumentó, porque ahora que era la dueña de su amor ya no
era digna de él o tal vez nunca lo fui.
–La vida es tan injusta, yo ya no te merezco, soy una zorra
mentirosa –susurré antes de contarle todo; desde el amor que
siempre he sentido por él, hasta la noche que pasé con ese tal
Adolfo.
–Mi padre tenía razón –abracé mis rodillas –nunca debí haber
nacido, porque la desgracia me acompaña donde vaya.
En ese preciso instante me acordé del día en que mi vida se vino en
picada.
*Flashback:
Hoy se cumple un año más de la muerte de mi madre, Tatiana, y
como cada año me dirijo al cementerio para visitarla y llevarle sus
flores favoritas.
–Parece mentira que ya hayan pasado 5 años desde la última vez
que te vi, te abrace y escuché tu maternal voz –dije, conteniendo
las ganas de sollozar, cuando estuve frente a su tumba.
Mi mamá era una mujer muy noble y trabajadora, era el sostén de la
familia porque mi padre, desde que quedó cojo por culpa de un
accidente laboral, se convirtió en un vago que se la pasa todo el día
bebiendo con sus amigos.
–Disculpa a Claudia por no venir conmigo, como ya está entrando
en la adolescencia, me pidió permiso para salir con sus amigos –me
agaché para acariciar la lápida.
Sentir lo frío y duro del material lograba reconfortarme un poco,
como si a través de él pudiese estar más cerca de ella.
–Espero asumir bien el rol de madre en esta etapa tan crítica de su
vida –no pude contener más las lágrimas.
No me creía suficiente ni capaz de brindarle la orientación y cariño
materno que Claudia tanto necesitaría.
–Anoche Claudia me dijo que quiere ser veterinaria al igual que tú.
Ella se siente más cerca de ti cuando ayuda a un animal indefenso –
le comuniqué a pesar del nudo en mi garganta que se iba cerrado
cada vez más.
Mi madre era médico veterinario y y el día del cumpleaños número
10 de Claudia recibió una llamada para ir a atender a una yegua
que estaba de parto. Por más que mi hermana y yo le insistimos en
que no fuera decidió ir, ya que le pagarían muy bien y como
encargada de mantener la casa no podía dejar pasar cualquier
oportunidad de trabajo.
Cuando llegó al sitio se dio cuenta que iba a ser un parto difícil,
porque el potro no se encontraba en la posición adecuada. Pero sin
dudarlo se propuso la meta de salvar tanto a la madre como al hijo;
pasaron varias horas antes de que el pequeño animal lograra salir y
todos los presentes celebraran.
Sin embargo, la felicidad duró poco, ya que la yegua se volvió loca y
comenzó a dar patadas; como mi mamá se encontraba detrás de
ella recibió varias patadas; algunos de sus huesos se rompieron y
perforaron órganos vitales, siendo la causa principal de su muerte
una hemorragia interna.
—Yo la vo.y ayudar.pa.ra que.cum.pla sus meta –mi voz salió
entrecortada.
La verdad no quería que estudiara eso porque tenía miedo de
perderla a ella también. Pese a mis miedos e inquietudes siempre la
apoyaré para que alcance sus sueños. Aunque mi padre diga que
ella perderá su tiempo yendo a la universidad, porque las personas
como nosotras no están destinadas a superarse sino a trabajar
como unas burras, sin descanso, por el resto de nuestra vida.
El reloj de mi muñeca sonó y vi que se me hacía tarde para llegar a
mi trabajo, que consiste en servir mesas en un restaurante de
comida cantonesa.
–Me tengo que ir, mamá. Te prometo que el domingo Claudia y yo
vendremos a visitarte –aun no podía hablar con soltura, pero hacia
mi mejor esfuerzo –Ambas te extrañamos muchísimo y te amamos
más que a nada en el mundo –acaricio suavemente la lápida antes
de depositar las flores que le traje y marcharme a la parada de
autobús.
Debía irme directo al trabajo, porque no me daría tiempo de pasar
por mi casa a ver si Claudia había llegado del cine, pero de camino
me entró una intranquilidad por volver a casa a cerciorarme que
todo estuviese bien.
–Mi jefe me matará por llegar tarde y todo por esta estúpida
sensación –digo entre dientes mientras camino lo más rápido que
puedo, no solo para llegar lo antes posible sino también para no
toparme con alguno de los maleantes que habitan aquí.
Cuando me faltaba un par de casas para llegar todas mis alarmas
internas se enciende al ver que mi papá lleva a mi hermana
arrastrada por el cabello hacia el auto de uno de su amigo, el que
llaman “Barril” por lo extremadamente gordo que es.
– ¿Qué pasó padre? ¿Por qué lástima a mi hermana? –pregunto
con timidez en lo que me sitúo junto a ellos.
– ¡POR QUÉ MÁS VA A SER! –la zarandea y me parte el corazón
ver a Claudia llorar –¡ACABO DE DESCUBRIR QUE MI HIJA ES
UNA PUTA! –abro mis ojos como platos, expresando mi confusión.
–¡LA ENCONTRÉ BESÁNDOSE CON UN PUTO ADOLESCENTE!
–gritó enojado.
Llevo las manos a mi boca, sin poder creer lo que él decía. Claudia
me dijo que iría con unas amigas al cine no con un chico.
–Y yo le di la idea de que si tenía una hija puta debía aprovecharla –
habló el amigo de mi papá antes de que pudiese articular una
palabra en defensa de mi hermana.
– ¿Cómo así? No entiendo.
— ¡VES QUE NO SIRVES PARA NADA, ERES UNA BURRA! –Me
encogí esperando el golpe que nunca llegó.
Luego de la muerte de mamá, nuestra situación económica empeoró
y papá empezó a beber más; volviéndose más violento y agresivo.
Así que tuve que abandonar mis estudios y trabajar día y noche
para que no faltara la comida en la casa y él tuviese dinero para
comprar su aguardiente barato o Claudia y yo terminaríamos
golpeadas.
–Me gusta que las tienes adiestradas –volvió a hablar el tipo gordo
del carro. –No te imaginas como me ponen las potras mansas –se
pasó la lengua por los labios de una forma muy desagradable.
–¡Me venderá a cambio de dinero! –gritó Claudia, captando mi
atención. Ante el arrebato de mi hermana mi padre le dio una
bofetada para hacerla callar.
Con el rabillo del ojo vi como los vecinos se escondían en sus casas
para no ser testigos de lo que fuese a pasar y no los juzgaba por
ello. Este barrio, en el que vivimos desde hace 5 años, es el más
pobre y olvidado de los entes gubernamentales. Aquí reina la
anarquía, la leí de nadie; “no importa lo que veas o escuches nadie
ayuda a nadie”.
–Padre, no puede hablar enserio, ella es solo una niña –intente
hacerlo entrar en razón.
–Complacerá a mi amigo por dos horas y es mi última palabra.
–¡NO PUEDES PROSTITUIR A MI HERMANA, ES ILEGAL! –me
exalte ante su terquedad y al instante mi mejilla comenzó a arder,
por la bofetada que me dio mi padre.
–¡CÁLLATE NO ERES NADIE PARA CONTRADECIRME! –escupió
–¡YO HAGO CON USTEDES LO QUE SE ME DE LA GANA! –me
empujó y caí en el piso –¡LLEVATELA DE UNA PUTA VEZ ANTES
DE QUE ME ARREPIENTA! –se dirigió a su amigo –¡NI SE TE
OCURRA COMPROMETER SU VIRGINIDAD PORQUE NO
PAGASTE POR ELLA!
–Tranquilo, Hugo, yo soy un hombre de palabra –dijo el baboso
cuando agarró a mi hermana por el brazo.
–¡No! Anna ¡AYUDAME! No...dejes...que...me Lleve –mi hermana no
dejaba de implorarme mientras se retorcía para liberarse del agarre
de ese tipo.
Yo le había prometido a mamá que cuidaría de Claudia, que nada
malo le pasaría, y estaba dispuesta a hacer lo que sea con tal de
cumplir con mi promesa.
–Déjame tomar su lugar porque sino irás preso –articulo con
seguridad.
–¿QUIÉN ME DENUNCIARÁ TÚ? –se ríe a carcajadas por varios
segundos –No me hagas reír, eres una pobre huérfana, hasta tu
propio nombre lo dice HUERF~ANA.
Ignoré su estúpido comentario y seguí hablando.
–Soy mayor de edad así que no tendrás problemas legales, pero a
ella no le tocas un pelo –lo sopesó un momento.
–Me parece genial el cambio –contestó el pedófilo soltando a
Claudia.
–Si eso quieres por mí no hay problema –le habló mi progenitor a su
amigo –eso sí a ella tampoco la podrás tocar hasta que no pagues
el precio adecuado.
Esa oración me hizo cuestionar la clase de padre que tenía.
–¡NO..NO VAYAS CON ÉL, YO FUI LA QUE SE METIÓ EN
PROBLEMAS! –gritó, entre sollozos, mi hermana al abrazarme
fuertemente –Por favor no vayas, tú no debes pagar por mis actos...
–Tranquila, yo estaré bien –le correspondí el abrazo sin saber que
ese sería el último que le daría –No te preocupes, sólo no hagas
enojar a papá –besé su frente. –Te amo demasiado como para dejar
que te lastimen.
–Yo también te amo, hermana –mi papá la jaló por el cabello para
que me soltara.
*Fin del flashback.
No sé cuánto tiempo pasó desde la última vez que uno de los dos
habló, pero en todo este tiempo él no dejó mirarme con una mezcla
de dolor, melancolía y rabia.
–Soy una mala persona –fui la primera en romper el silencio –no
merezco la consideración de nadie, soy una basura, debería estar
muerta –oculte mi rostro entre mis manos.
–Acordarse del pasado duele, así que no lo hagas –me abrazó y
acarició mi cabeza. –Además no eres nada de lo que dices.
–Sí, lo soy. Siempre he sido una maldita, por mi culpa murió Claudia
–dije en medio de sollozos.
–Anna, no caigamos en lo mismo, no tuviste la culpa de lo que hizo
ese hombre. –Plantó un beso en mi frente.
–Me tengo que alejar de ti y tu familia, solo les traeré desgracia, soy
un imán para la mala suerte –lo miré directo a los ojos.
– ¡Ni lo intentes! Te prometí que te protegería de quién fuera y eso
haré.
–Luis, debes apartarte de mi lado, haré tu vida un infierno, porque…
–No importa. Estoy dispuesto a enfrentarme contra vientos y
mareas, si es necesario, con tal de estar junto a ti –negué con la
cabeza. –Me hubiera encantado que te enterarás de mi afecto de
otra manera, pero los borrachos hacemos locuras. –Sonrió
levemente. –Así que no te culpo por lo que hiciste. –tomó mi rostro
con sus manos y sus dedos dibujaron pequeños círculos imaginarios
en mis mejillas.
–No... –poso su dedo en mis labios para hacerme callar.
–El día en que te conocí el sol se escondía detrás de nubes grises,
igual que tus ojos, y estaba lloviendo a cantaros. Para muchos esto
puede significar un mal augurio o un día desafortunado, pero para
mí fue el mejor día de mi vida –tomó oxigeno –Estabas tan sola,
frágil, desconsolada e indefensa, en el entierro de Claudia, que
nació en mi interior el deseo de cuidarte, protegerte y enseñarte que
la vida no era tan oscura como pensabas –acarició mi mejilla –Anna
yo me enamoré de ti a primera vista, pero tenía miedo de que me
rechazaras por todo lo que te había pasado, así que me presente
ante ti con la figura de un hermano mayor –una lágrima salió de sus
lindos ojos. –Con esto quiero que entiendas que no me importa lo
que hayas vivido, no me importa que te hayas entregado a otro o
miles de hombres, lo único que me importa es que estés feliz.
– ¿Por qué sigues siendo tan dulce conmigo? –las lágrimas
volvieron a salir de mis lagrimales. –Yo no merezco nada... –me
interrumpió.
–Porque te amo demasiado –nos quedamos en silencio durante un
momento. –¿Es muy tarde para preguntarte si quieres ser mi novia?
No respondí nada porque su propuesta me dejó en shock.
–Tomare tu asombro como un: "no es tarde, bésame" –me reí y él
juntó nuestros labios en un casto beso –Me has hecho el hombre
más feliz de la Tierra.
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Capítulo 8 √
-*Adolfo*-
En todos los años de vida que tengo, nunca me había sentido tan
culpable, avergonzado y arrepentido, como me siento ahora.
Lastimé a la persona más importante de mi vida y solo por haberme
dejado llevar por mis instintos más primitivos, mi libido, y no tengo
idea de cómo resarcir el daño.
—Adolfo, barajeamela más despacio. ¿Te acostaste con mi cuñada
cuando ella estaba ebria? —asentí con la cabeza —¿Y ella era
virgen? –solté un suspiro de fastidio, ya estaba cansado de que
repitiera las mismas preguntas una y otra vez.
—Por enésima vez ¡SÍ!
—Con razón te odia, hermano —exclamó en tono burlón y yo le
lancé una mirada asesina.
—Iván, no estoy para... —me interrumpió.
—¿Qué le pasó al Adolfo racional, lógico, calculador, estratega,
honesto, pulcro, respetuoso......
—¡Ya basta, Iván! —lo corté —No me hagas sentir peor —él esboza
una gran sonrisa que denotaba cuanto le divertía este asunto.
Yo quiero mucho a mi hermano pero en momentos como este lo
odio.
—Lo siento, pero éste momento es épico "Adolfo el perfecto" se
equivocó y de paso con su mate —soltó una gran carcajada, que lo
que hizo fue intensificar mi rabia. —Calma, hermano —subió los
brazos en forma de rendición, cuando dedujo mis intenciones de
borrarle esa estúpida sonrisa de un puñetazo.
Caminé al otro extremo del cuarto o iba terminar pagando mi ira con
él.
—Cosito, estás muy irritable. Deberías checarte esos arranques de
loco psicópata que te pegan de repente, porque a menos que estés
dentro de tus días de menstruación, eso no es normal.
Iván siempre fue un niño muy alegre, extrovertido y consentido. Sin
embargo, no era tan inmaduro y estúpido como lo es ahora. El
cambio en su comportamiento se lo debemos a ese vampiro de
mierda y por eso lo odio con todas mis fuerzas.
—Estás agotando mi paciencia —le comunique al masajear mi sien.
—D'accord, continue de me dire (De acuerdo, sígueme contando) —
pronunció en francés.
«¿Crees que sea buena idea decirle?».
'No nos queda de otra, es el único en que podemos confiar
ciegamente'.
—Ahora que estuve con mi mate nuestro lazo se reforzó; percibo
sus emociones y se siente muy muy mal...
—Obviamente.
—Quiero ir a abrazarla, consolarla y decirle que todo estará bien —
continuo, como si no me hubiese importado su interrupción, aunque
la verdad es que sí lo hizo —Pero si me ve solo empeoraría la
situación entre nosotros —solté un largo suspiro. —Hubieses visto el
odio que emanaba de sus ojos —menciono con tristeza, al recordar
la forma en la que me miraba; destilando odio puro.
—Me imagino, siendo virgen a los..... —se quedó pensativo —
¿Cuántos años tiene?
—No sé, supongo que ronda entre los 19 a los 25 años —Él se
acercó a mí y colocó su mano en mi hombro.
—Estás frito, hermano, esa chica te odiara para toda su vida. —
Aseguró y yo palidecí.
Un hecho más que conocido era que tanto Iván Vuković como
Vladimir Vostok eran unos promiscuos, comenzaron su vida sexual a
muy temprana edad, y la prueba de ello era la enorme lista de
conquistas que tenía cada uno. Así que si mi hermano, que se
considera un experto en mujeres, decía eso era por algo.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Solo hay tres motivos por los que una mujer que deciden
mantenerse pura y casta por tanto tiempo —enumeró un con los
dedos —Uno, quiere consagrar su vida a Dios, es decir, quedarse a
vestir santos. Dos, —levantó un segundo dedo —quieren llegar
vírgenes al altar (este espécimen está en vías de extinción) —
susurró eso último como si fuese un secreto de estado —Tercero, se
estaba guardando para entregarse al amor de su vida.
—¡PUES ESE SOY YO! —grité al pensar que alguien más pudiera
ponerle en dedo encima. –Anna es mí, solamente mía y no acepto,
admito o permito que alguien más la quiera para él.
—Pero ella no lo sabe, genio —me empuja la frente —recuerda que
es humana.
—Tienes razón ¡Joder! —jalo las hebras de mi cabello y pateo todo
lo que se me atraviesa.
Ahora mismo soy un revoltillo de pensamientos y emociones. No sé
qué hacer o cómo podré enmendar este terrible error que cometí.
—Todo fuese más sencillo si ella fuera como nosotros —comento en
voz alta luego de calmarme un poco.
—Definitivamente, si ella fuese una mujer loba sabría cuál es su
lugar y en estos momentos estarían disfrutando de un sexo sin
control... —se calló por un par de segundos como sopesando algo
—¿Anoche la marcaste?
—Velika es un lobo muy poderoso, impredecible y bipolar, pero
afortunadamente pude controlarlo —confieso la única cosa sensata
que hice anoche e Iván comenzó a reírse a carcajadas.
—¿Por qué dices que es bipolar? —preguntó cuando terminó de
burlarse.
—Porque primero no quería que la hiciera mía, pero luego quería
marcarla a como diera lugar —suspiro en forma de derrota —por
poco toma el control de mi cuerpo.
—Menos mal no fui el primogénito —se volvió a reír. —Hermano,
cambiando de tema —se aclaró la garganta —¿Cuándo podrá ella
sentir tus emociones? Las mujeres son muy sensibles y si ella
supiera lo mal que te sientes le será más fácil entenderte y
perdonarte.
'Te lo dije, por eso quería marcarla, idiota' —decidió hablar el dios
lobo de la sabiduría.
«Si fueses tan inteligente no estaríamos metidos en este problema,
porque hubieses buscado la manera de detenerme» —repuse.
'Yo soy muy inteligente, el bruto, la bestia y el animal eres tú
que no sigues mis consejos'.
—Tierra llamando a mi cosito —Iván pasó su mano frente a mí,
interrumpiendo la riña con mi lobo.
—Hasta que no la marque, es decir , hasta que no cumpla con la
unión de nuestras almas ella no podrá sentir mis sentimientos, ni
emociones y mucho menos mis pensamientos —respondí su
pregunta de mala gana. Estaba cansado de los reclamos y
reproches de Velika.
'Es más vamos a marcarla de una vez, está en la terraza' —
Ruedo los ojos. Me había tocado el lobo más bipolar del mundo;
primero me dice que me aleje, que le de tiempo de asimilar todo y
luego me envía a buscarla. De verdad ya no lo entiendo.
—Estás jodidisimo —comentó mi hermano como si no lo supiera ya.
—¡YA LO SÉ, IVÁN! ¡NO NECESITO QUE ME LO REPITAS! —le
grité ofuscado. —Lo siento, —respiré profundo para poder calmarme
—estoy enojado con Velika y conmigo mismo, no debo desquitarme
contigo.
—Tranquilo ya estoy acostumbrado a tu temperamento de mierda —
mencionó con indiferencia, pero su respuesta me molestó.
Él como hermano menor debe tratarme con respeto, no como si yo
fuese cualquier idiota que se consigue en la calle.
—Iván, no te llamé para discutir o pelear contigo —presiono el
tabique de mi nariz con mi mano para mantener la cordura —lo hice
porque necesito pedirte un favor.
—Dime —me anima pero yo dudo en hacerlo.
«¿Será buena idea? Él no es capaz de mantener con vida un pez
por más de dos días».
'¿Confías en alguien más?'.
«Sí, en Brad».
'Con él no podemos contar, está a miles de kilómetros de aquí'
—bufo. Una vez más Velika tiene razón.
—Sabes que haría cualquier cosa por ti, menos casarme, dejar mi
vida de soltero o dejarle de hablar a mi otro cosito —siguió cuando
no añadí nada.
'Aunque te cueste admitirlo él es la mejor opción que te queda'.
—Lo quiero que cuides de ella por mí —suelto de una sola vez
antes de arrepentirme.
—¿A dónde irás? —cuestiona.
—Regresaré a Alemania, quiero darle tiempo a Anna para que
digiera lo que pasó entre nosotros.
—Pero eso te perjudicaría seriamente, tú mismo lo dijiste —me
recuerda.
—Lo sé, pero me siento culpable por lo que le hice, no quiero
tomarla de nuevo y mientras la tenga cerca será muy difícil controlar
a Velika.
'A mí no me estés metiendo, el salvaje eres tú'.
—Entiendo —palmeó mi hombro en señal de consideración —¿Por
cuánto tiempo te iras?
—Un mes.
—Eso te dejaría solo un mes para conquistarla —en lo que sacó la
misma cuenta que yo agregó —Adolfo, podrías morir, eso es muy
poco tiempo, recuerda que ella es humana —expresó con
preocupación.
—Tranquilo, estaré bien —mentí. Yo mejor que nadie sabía cuanto
me debilitaría, pero era lo menos que podía hacer por ella. —
Además...
No pude terminar la oración porque un ardor invadió mis labios y un
dolor intenso atacó a mi corazón.
—¿Adolfo, qué te ocurre? ¿Qué marca es esa que tienes en la
boca? —me preguntó Iván con asombro.
Me puse la mano en pecho y cerré los ojos; sentía mucho dolor,
como si alguien estuviese estrujando e incendiando mi corazón.
—Ya pasó —declaré cuando el dolor seguía latente pero soportable.
A grandes zancadas me dirigí al espejo para ver la marca que Iván
mencionó. Y en efecto tenía una especie de quemadura en los
labios. Fruncí el ceño y examine la herida; estaba caliente y todavía
sentía ardor.
—¿Qué te paso? —indagó mi hermano al reflejarse en el espejo
detrás de mí.
—No tengo idea, pero sea lo que sea ya finalizó y espero que no se
vuelva a repetir —me giré para verlo a la cara. —Voy a ir a la
reunión del hotel ¿me acompañas?
—No, generalmente esas cenas son muy aburridas —dice al
lanzarse en mi cama, como si ésta fuese una piscina —¿Qué harás
allí?
—Hablare con Edward Miller sobre Anna.
—¿Por qué tienes tanto prisa de comenzar ese trámite si no te la
llevaras todavía? —tomó el control remoto y comienzó a cambiar de
canales.
—Ella me comentó que considera a Edward como un padre y me
gustaría pedirle su bendición —él rueda los ojos.
Iván odia el formalismo, el compromiso, la fidelidad y las ataduras.
Algo extraño porque nuestros padres fueron un ejemplo de unión,
amor, entrega, dedicación, compañerismo y romanticismo, ya que se
amaron hasta el final.
—Me voy, que no se te olvide mi encargo, porque saliendo de la
cena me dirijo al aeropuerto —le digo al notar que cambia de
canales con mucha rapidez, como si algo de lo que dije le hubiese
molestado.
—Que tengas un buen viaje, cosito —dejó de cambiar de canal, se
levantó y se acercó a mí —Me llamas en lo que aterrices —dijo
luego de dejar un beso en mi mejilla.
—¡¿IVÁN, QUÉ TE HE DICHO SOBRE HACER ESO?! —le reclamo
al mismo tiempo que corro al baño a lavarme la cara de sus
bacterias.
—No te preocupes, cumpliré muy bien con mi papel de
guardaespaldas —cambió de tema en medio de carcajadas.
Cuando noté esas actitudes raras en él estudie el perfil de todos
nuestros antepasados y ninguno es como Iván; inmaduro,
irresponsable, desapegado, idiota, estúpido, etc. Todos los
miembros de la familia Vuković siempre se han caracterizado por ser
de un carácter fuerte, leal, comprometido, honesto, severo... Así que
amenos que Iván no sea hijo de mi padre no sé a quién salió.
'Quizás eso venga por el lado de tu madre' —comentó Velika.
«Tienes razón, llegando a Alemania buscaré el árbol genealógico de
mi madre».
Con ese pensamiento salí de la habitación y bajé al lobby.
—Buenas noches, Alfa —me saludó Ernesto, el alfa de la manada
de Brasil. —Es un verdadero honor tenerlo esta noche con nosotros
—hizo una reverencia.
No es común ver a un Alfa haciéndole una reverencia a otro Alfa,
porque todos poseen el mismo rango, pero en mi caso es diferente;
soy el Alfa Superlativo, algo así como el Alfa Supremo, y por
ostentar ese título los otros Alfas deben respetarme, obedecerme y
subyugarse ante mí. Ya que soy el único lobo sobre la tierra que
tiene el gen del poder alpha; que me confiere la capacidad doblegar
la voluntad de cualquier lobo, entre otras habilidades que nadie más
posee.
—¿Cuánto tiempo se quedará en la ciudad?
—Muy poco, en lo que resuelva un asunto me iré.
—Eso es una pena —me miró curioso. —Podría preguntar ¿Qué
asunto es ese?
Moría por gritarle al universo que ya había encontrado a mi mate, mi
alma gemela, pero por su seguridad decidí mantener la identidad de
mi luna en secreto.
—Por el momento no puedo hacer pública la noticia —Ernesto se
quedó dubitativo por lo que pregunté lo que en verdad me había
hecho venir hasta acá. —¿Has visto a Edward Miller?
—Sí, está en el restaurante.
—¿Podrías decirle que necesito hablar con él en privado?
—Por supuesto, espérelo en mi despacho —le pidió a un joven que
me indicara el camino mientras él personalmente iba a llamar a
Edward.
El despacho de Ernersto era algo rustico para mi gusto pero no
podía negar que tenía una vista espectacular.
«Espero que no se oponga a entregarme a Ana» —pensé mientras
veía como los últimos rayos del sol se pierden en el horizonte.
'Si lo hace le ordenaremos que acepte y asunto resuelto'. —
Opina Velika.
Sé que si usó mi poder alpha mi orden será acatada, en menos de
lo que canta un gallo, pero no me gusta hacer uso de él. Prefiero mil
veces que los demás me obedezcan por el respeto que me he
ganado con sudor, sangre y lágrimas.
—Buenas noches, Adolfo —el Alfa Miller hizo una reverencia antes
de sentarse frente al escritorio de Ernesto. —¿Para qué solicitaste
verme? —ocupe mi lugar al otro lado del escritorio y junte mis
manos por debajo de mi barbilla.
—Te mande a llamar para informarte que encontré a mi mate y
pienso reclamarla —dije sin rodeos.
Con el paso de los años aprendí que el tiempo es algo muy
preciado, por lo que siempre me gusta ir al grano.
—¡Felicidades! Ahora te podrás sentir pleno —sonrió con autentica
felicidad. —No hay nada mejor que encontrar a tu compañera de
vida, serán muy felices juntos. Lo que no entiendo es ¿Qué tengo
que ver yo en eso?
—Ella vive en tus dominios.
—¿Es humana? —inquirió y yo asentí. —Eso retrasará un poco el
tramite, pero no te preocupes en dos semanas te la podrás llevar.
Proporcioname sus datos para enviarlos al congreso
inmediatamente.
—Es Anna, tu protegida —sus ojos se abrieron de la impresión y
negó con la cabeza muchas veces.
—Eso...eso...es imposible...ella...ella...no —tartamudeó mientras se
restregaba con desesperación la cara, como si eso lo ayudara
procesar lo que acababa de oír.
Edward no tenía porqué estar tan conmocionado por la noticia.
Cualquier Alfa en su lugar estaría sumamente feliz de que la Luna
Superlativa estuviese dentro de sus dominios, porque eso
conllevaría a una alianza con la manada más grande y poderosa del
mundo.
—¿Qué sucede, Edward? ¿Por qué estás tan sorprendido? ¿Acaso
no te agrada la noticia? —se levantó dio algunas vueltas por el
despacho para luego mirarme con preocupación y miedo.
—Ella es la mate de mi hijo menor —confesó con la mirada clavada
en el piso y fue mi turno de quedarme estupefacto.
Eso no era posible, no podía ser la mate de otro. Ella era mi mate,
de eso estaba 100% seguro; su embriagante olor me guió hasta ella,
sus ojos se tornaron dorados cuando nuestras miradas se
conectaron por vez primera, nuestro primer toque fue electrizante y
después de hacerla mía nuestro lazo se intensificó. Edward me
estaba mintiendo.
—No trates de engañarme, yo sé que...
—Mi hijo ya la marcó —admitió y mi boca se abrió de la impresión.
La ira fue creciendo poco a poco dentro de mí hasta que estallé,
como un volcán en erupción, destrozando todo a mi paso. Edward
trato de de detenerme, pero utilicé mi poder alpha para que se
mantuviera al margen.
Estaba más que enojado, estaba furioso, porque nuestras leyes
indican que una mujer marcada es intocable para cualquier otro
lobo, a menos que ésta quede viuda.
—Eso haré, mataré a ese bastardo para quedarme con Anna —
pronuncie en voz alta.
—¡No permitiré que hagas eso!
Miré a Edward como lo que es, alguien insignificante para mí.
—No me importa que Anna te quiera como un padre, si interfieres te
mataré —declaré luego de sacarle todo el aire con un golpe en la
barriga.
'Adolfo, espera' —la voz de Velika me detuvo de volver a golpear a
Edward —'Anna no está marcada, ella no tenía ninguna marca
anoche, un detalle tan importante como ese no habría pasado
desapercibido'.
—¿Quién te crees que eres para mentirme? —agarró a Edward por
el cabello para que me mire a los ojos —Anoche tuve relaciones con
ella, fui el primer hombre de su vida, y te aseguro que no tenía
ninguna jodida marca —solté un gruñido con la intención de
amedrentarlo para confesara toda la verdad.
—No te estoy mintiendo. Anna hace varios años tuvo un accidente
—tragó saliva —a nivel médico tenía los minutos contados y Luis
tuvo que marcarla para salvarle la vida.
Sentía una mezcla de sentimientos; odio porque ese maldito cree
que ella le pertenece, agradecimiento por haberla salvado, coraje
conmigo por no haberle hecho caso a mi lobo y confusión por todo
éste enredo de dos lobos y una luna.
—No sé por qué ella tiene dos mates, eso es muy raro que suceda,
pero encontraremos una solución, que no implique la muerte de
nadie.
—¡NO HAY NADA QUE BUSCAR! —lo solté para que se alejara de
mí o terminaría desquitando mi rabia con él. —Lo siento por tu hijo
pero ella es solo m...
No terminé de hablar porque apareció nuevamente ese dolor en mi
corazón.
—¿Qué te ocurre? —no respondí por el ardor que sentía en mis
labios.
—Oh no, Luis —exclamó con voz temerosa y escuché como sacaba
algo de su bolsillo —Contesta, contesta, contesta —decía una y otra
vez.
En lo que pude abrir los ojos vi que estaba llamando a alguien con
mucha insistencia.
—¿Te sientes mejor? —me preguntó y yo asentí. —¿Sabes por qué
te duele el corazón, sientes un ardor infernal en los labios y tienes
esas quemaduras adornando tu rostro?
—No —él maldijo por lo bajo sin dejar de marcar a esa persona.
—Muchacho, no quiero alarmarte, pero tu mate se estuvo besando
con otro y lo más seguro es que ese otro sea mi hijo, ya que ambos
están muy enamorados —dijo.
Hubiese preferido mil veces que me hubiese agarrado a golpes o
que me enterraran miles de cuchillos en el cuerpo que enterarme
que Anna, mi mate, mi vida, mi todo, estaba enamorada de otro que
no era yo.
—¿Luis dónde estás? —le preguntó Edward sin saludar cuando
contestó el mal nacido.
—En el paraíso, papá —su voz de notaba felicidad.
'Está con ella' —gruñó mi lobo en protesta.
—¿Cómo así, hijo? ¿Estás con Anna?
—Sí, papá, estamos juntos ¡Por fin estamos juntos! —se escuchó a
lo lejos la risa de ella. —Papá, ¡Soy el hombre más feliz del mundo!
Ella aceptó ser mi novia —gritó por el auricular y yo apreté mis
puños.
«¡ESTO ES LO QUE FALTABA! ¡ A MÍ ME RECHAZA PERO A ÉL
NO!» —Mi mandíbula se tensó con más fuerza.
Edward sólo me observaba con temor, porque él sabía de lo que un
lobo era capaz de hacer por su mate.
—Hijo, tienen que regresar ahora mismo al hotel.
—Lo siento, papá, Anna no quiere volver. No quiere encontrase con
alguien que se hospeda allí —resople fastidiado.
Por supuesto ese alguien era yo.
—Hijo, es imperativo que regresen ya porque...
—Adiós, papá. Debo apagar el celular, nos vemos en casa.
—¡Luis, no cuelgues! —le ordenó pero ya era muy tarde. —Lo
siento, chico —se dirigió a mí.
—Más lo siento yo por tu hijo, porque si llega a tocar a MI mate será
hombre muerto.
—No, por favor, no vayas a matar a mi hijo —suplicó —Te prometo
que los encontraré y traeré hasta ti antes de que ocurra algo entre
ellos, no te preocupes.
—Más te vale o tú y tu manada desaparecerán de la faz de la Tierra
—le advertí.
Él me miró con temor antes de salir del despacho con el celular en
la mano.
' ¡Juro que si ese tal Luis le pone una mano encima a nuestra
hembra lo mataré!'.
«En vezdedetenerte te voy a ayudar, yo también quiero ver muerto a
ese desgraciado».
.
Holaaaaa ¿qué les pareció la noticia? ¿con quién quedara?
.
.
Este capítulo esta dedicado a la primera lectora que me dio
ánimos para continuar con esta historia.
Gracias Kathy2313
:-* :-*
Espero que el capítulo sea de tu agrado.
Capítulo 9 √
.*Anna*.
—Luis, el señor Miller se escuchaba muy preocupado, es mejor que
bajemos del avión —le dije muy seria en lo que trancó la llamada.
—Tranquila, pulga —acarició mi mejilla —esta noche es para
nosotros —dejó un beso en mi mano, provocando que mis mejillas
se tornaran de color carmesí.
—¿Por qué huimos precisamente Sao Paulo? ¿Por qué
simplemente no nos fuimos a hospedar en otro hotel? —pregunté
para cambiar el tema, antes de que se pusiera cursi.
—Esta noche quiero que celebremos que ¡POR FIN! Estamos juntos
y en Río nos podríamos haber encontrado con ese imbécil —su
expresión de ternura cambió a una de odio puro.
Cuando le hablé sobre Adolfo aseguró que no le importaba lo que
pasó entre nosotros, es más hasta dijo que no valía la pena recordar
el incidente o siquiera mencionarlo, pero a medida que pasan los
minutos pareciera que sí le importa y mucho.
—Así que era mejor irnos de allí y el vuelo a Sao Paulo era el más
próximo a despegar —me explicó tomando mi mano y entrelazando
nuestros dedos —¿Te he dicho cuánto te amo?
—No sigas diciendo eso —comenté avergonzada.
Escuchar la palabra te amo salir de sus labios era la cosa más
sublime y fantástica que me pudiera pasar, pero sentía que si lo
repetía mucho nuestro amor se podría desgastar o terminaría
despertándome de este hermoso sueño.
—¿Por qué? —esbozó una enorme sonrisa. —Me encanta decirte
que te amo y lo bella que eres —se llevó mi mano a su pecho para
que sintiera lo rápido que estaba latiendo su corazón. —Quiero que
sepas que solo tú eres capaz de descontrolar mi corazón de esa
manera,
—Luis...
—También me gusta decirte que mi fantasía siempre fue estar a tu
lado y perderme en tus bellos ojos grises —me miró con adoración,
como si fuese lo más hermoso de la tierra. —Anna, te quiero
entregar mi amor, mis sentimientos, mis sueños, mis anhelos y mi
vida entera.
Unas traviesas mariposas se alborotaron en mí estómago, mis
latidos se incrementaron y el rubor de mis mejillas se acentuó más.
—Deseo pasar cada instante de mi existencia junto a ti y ¡QUIERO
—fue elevando la voz hasta gritar. —QUE TODAS ÉSTAS
PERSONAS QUE VAN EN ESTE VUELO, SIRVAN DE TESTIGO!
—miró en todas las direcciones, llamándo la atención de los demás
pasajeros —¡LE ESTOY DECLARANDO MI AMOR A ESTA
MARAVILLOSA MUJER! —me señaló y las azafatas se comenzaron
a reír.
¡Este idiota está loco! Y lo peor es que me tiene completamente
enamorada, no que digo completamente enamorada,
completamente embobada.
—¡Ya basta, Luis! —le di un pequeño golpe en su tonificado brazo
—Me estas avergonzando —él se partió de la risa ante mi
comentario.
—Cariño, estamos en Brasil, aquí hablan portugués y yo hablé en
español, así que pocas personas me entendieron —depositó un
tierno beso en mis labios.
—Con más razón, idiota. —Lo volví a golpear. —Los que no
entendieron nos tomaran por locos y..... —me robó un inocente
beso.
—Ya deja de hablar y bésame —Sonreí como boba y nos besamos.
Con cada beso que nos dábamos sentía que lo que estaba pasando
era real y esa sensación me lleno de felicidad.
(...)
— ¿Pulga, ya estás lista? —preguntó tocando la puerta del baño por
quinta vez.
—No me estés apurando, si tanto quieres usar el baño renta otra
habitación —conteste.
Normalmente hubiésemos dormido en habitaciones diferentes, pero
Luis, aprovechando que no hablo portugués, le dijo a la
recepcionista que eramos una pareja de recién casados y ahora
tendremos que dormir en la misma habitación.
—¡Yo ya estoy listo! Le pedí a una de las camareras que me
prestara el baño de una habitación vacía porque iba a salir con mi
esposa y ella tenía el baño acaparado.
Mis mejillas se tiñeron de rojo con la mención de la palabra
“esposa”.
Antes, pensar siquiera en llegar a ser la esposa de Luis Miller, era
un sueño inverosímil para mí y ahora que lo pienso quizás estoy
más cerca de conseguirlo de lo que siempre imagine.
«Espero algún cumplir mi sueño de ser su esposa y la madre de sus
hijos».
—En ese caso, estoy casi lista —dije al observar una vez más mi
atuendo; vestido negro de lentejuelas, tacones de aguja y mi cabello
suelto.
No me sentía segura portando este vestido, porque lo que hicimos
fue entrar en una tienda del aeropuerto y comprar el primero que se
nos cruzo, ya que Luis quería ir a bailar y en mi maleta no tenía la
ropa adecuada para ir a una discoteca.
—¿Cómo me veo? —pregunto en cuanto pongo un pie fuera.
Aunque no fue necesaria una respuesta de su parte, por su cara de
tonto y a esa enorme sonrisa que surcó su perfecto rostro supe que
le gustaba lo que veía.
—¡Te ves hermosa! —declaró al abrazarme fuertemente. —Me
siento tan orgulloso de que seas sólo para mí —dejó un casto beso
en mis labios.
—Ya basta —dije al sentir unas extrañas cosquillas en mi abdomen
bajo.
—Te estás poniendo roja como un tomate —se carcajeó. —No
tienes porque sentir vergüenza conmigo, aunque debo admitir que
me encanta cuando tus cachetes están tan colorados —juntó su
frente con la mía. —No te imaginas cuánto te amo, eres parte
fundamental en vida —me besó tiernamente. —Es mejor que nos
vayamos, no hay que perder ni un segundo —ambos nos reímos
como tontos y salimos de la habitación tomados de la mano.
Desde que nos bajamos del avión le dije a Luis que prefería
quedarme a ver películas con él en la habitación, pero insistió tanto
en venir a celebrar “el prominente futuro que nos espera” que me
convenció de salir a una discoteca. Sin embargo, ahora que la
mayoría de las mujeres se comen a MI LUIS con los ojos me
arrepentí de estar aquí.
—Tranquila pulga, soy sólo para ti —dijo al ver como miraba a todas
las mujerzuelas que se le quedaban viendo. —Deja los celos a un
lado y vamos a bailar —tomó mi mano y fuimos hasta la pista de
baile.
Los ritmos musicales variaban entre samba, merengue, salsa,
electrónica y contemporánea. Por eso rápidamente entre en
confianza y comencé a bailar con más soltura.
Después de varias canciones Luis y yo comenzamos a movernos
más apasionadamente y no nos quitábamos la mirada de encima.
En un impulso de valentía me animé a dar el primer paso y lo bese,
rápidamente me siguió y allí nuestras lenguas iniciaron una danza
magnífica. Sus manos viajaron a mi cintura y las mías a su cuello.
—¿Te gustaría que pasáramos a otro nivel? —me preguntó
jadeante.
Con mi corazón desbocado, mi respiración agitada, mis labios
deseosos por probar los suyos y mi cuerpo pidiendo a gritos más de
él, le dije que sí. Él sonrió y nos fuimos directo a nuestro hotel.
«Si todo esto es un sueño espero no despertarme nunca y si es real
que está felicidad que siento sea eterna» —pedí con devoción.
.*Narrador*.
Edward Miller llegó a su país a las 2:30 am e inmediatamente
convocó a todos los miembros del consejo a una reunión con
carácter de urgencia.
Miller fue el primero en llegar y se situó en el podio, para ser
escuchado por los otros 167 hombres y mujeres que iban llegando
poco a poco.
Desde que salió de Brasil estaba pensando en cómo darles la
noticia pero a pesar de las horas de vuelo no tenía ni idea de cómo
hacerlo.
—Por favor, necesito su atención —habló por el micrófono en lo que
el último y más reciente miembro del consejo; un joven híbrido de
ojos color miel y cabello oscuro ocupó su lugar. —Disculpen que los
haya citado a esta hora, pero el asunto que vengo a tratar es de
suma importancia y no podía esperar al amanecer —Edward guardó
silencio un momento para tomar el valor de seguir —En Brasil me
topé con el Alfa Superlativo —varios susurros comenzaron a circular
y él pidió completo silencio. —Él se acercó a mí a informarme que
había encontrado a su mate...
—¿Desde cuándo los asuntos amorosos del Alfa Superlativo son de
nuestra incumbencia? —intervino el joven de 29 años.
—Desde que descubrió que mate es una de nosotros —Contestó
Edward de lo más sereno. Tantos años dando clases en la
universidad lo habían hecho inmune a las imprudencias de los
jóvenes. —Ella es humana y vive en nuestro país —hizo una pausa
y el bullicio aumentó.
—¡Esa es una estupenda noticia! —gritó un hombre como de unos
53 años. —Ahora él estará en la obligación de respaldarnos y
ayudarnos a convertirnos en una gran potencia mundial.
El joven rodó los ojos. Estaba cansado de tener que tratar con esta
pila de ancianos que en cada reunión solo hablaban de tonterías. Si
por él fuera hubiese abandonado este “estúpido y aburrido consejo
de vejetes”, como solía llamarlo, hace mucho tiempo, pero por
ordenes de su padre, Octavio Kozlov, debía permanecer como un
miembro.
—Sigo sin entender por qué esta discusión no podía esperar a la
mañana —dijo con fastidio el joven insolente.
Antes de recibir la llamada estaba a punto de follar con una
despampanante morena de ojos verdes. Él no tenía planeado
contestar pero al resaltar la palabra “Padre” hizo a un lado a la chica
y respondió.
En lo que finalizó la llamada le dijo a Ivana, la chica de ojos verdes,
que esperara por él, que tenía que resolver un asunto y que no
tardaría, pero ella se fue, alegando que a una mujer como ella no se
le hacía esperar.
Esa chica era una tentación andante y se lamentó haberla dejado ir,
porque sabía que no volvería a tener una oportunidad con ella y en
verdad le tenía ganas.
—El problema radica en que la chica en cuestión ya fue marcada
por su otro mate...
Los murmuros de sus compañeros no lo dejaron terminar. Todos
estaban completamente anonadados con semejante noticia; unos
comentaban el cómo era posible que una humana poseyera dos
mates y otros se lamentaban haber perdido la oportunidad de
convertirse un país desarrollado con la ayuda del poder e influencias
del Alfa Superlativo.
—Eso no puede ser, nunca se ha visto en la historia que dos lobos
tengan como mate la misma humana —se atrevió a decir uno de los
miembros.
—Es cierto, esto debe ser una confusión —se animó a hablar otro —
El único registro que se tiene sobre dos mates, una humana y una
mujer loba, es el del primer Alfa Superlativo, Dominik Vuković.
—Sigo sin ver cuál es el problema con este asunto —la voz del
joven se interpuso sobre las demás, volviendo al punto inicial —Ya
está marcada, el alfa no tiene nada que reclamar. Nuestras leyes
indican que cuando una mujer y un hombre, sean mates o no,
completan su unión espiritual y carnal nadie puede disolver dicha
unión.
—El problema es que esa unión está a medias, al igual que la del
alfa superlativo —todos se mantuvieron callados, a la espera de que
él continuara explicando, porque nadie entendía a qué se refería —
Mi hijo marcó a la chica hace años, pero no tuvo relaciones con ella,
y el alfa estuvo con ella anoche pero no la marcó.
Nadie podía creer lo que acababan de oír, era una completa locura,
por lo que no sabían qué hacer o cómo actuar.
Después de deliberar por casi dos horas llegaron a la conclusión de
que la chica sería de Luis por varios puntos:
*Ambos estaban completamente enamorados.
*La unión espiritual era más poderosa que la carnal.
*Luis era parte de la manada.
*Luis se iba a convertir en el futuro beta, ya que Brad por ser el
primogénito le correspondía ser el Alfa.
*Que las leyes no se podían infringir.
*Que Adolfo, por muy alfa supremo que sea, no debió quebrantar las
leyes al estar con una mujer marcada.
*Y apelaron al buen juicio de Adolfo de que entendería que no
podían entregarle a la chica.
Pero el joven de ojos miel no lo convenció ninguno de los
argumentos.
—Olvidan un pequeño detalle —habló antes de que dictaminaran la
sentencia y fallaran a favor de Luis Miller, dando por terminada la
reunión. —El lazo entre un lobo con el gen del poder alpha y su
mate es más fuerte que el de cualquier otro lobo —eso bastó para
captar la atención de todos los presentes. —¿De verdad creen que
Adolfo Vuković se quedará de brazos cruzados mientras muere poco
a poco por no estar con su mate? Sinceramente yo lo dudo mucho.
Más murmullos llenaron la sala pero está vez afirmando que el chico
tenía razón.
Si se tratara de un lobo normal al no completar la unión espiritual
nada le pasaría a Adolfo, pero por ser quién era las cosas
cambiaban.
—Alfa Miller, está seguro que Adolfo no comentó nada al respecto.
Edward tenía la esperanza de que nadie preguntara eso ya que
tendría que decir la verdad y eso conllevaría al sacrificio de su hijo.
—El Alfa Superlativo me aseguró que no iba a renunciar a ella y
amenazó que si no se la entregábamos en tres días la paz de
nuestro país se vería alterada —con esas palabras comenzó un
acalorado debate.
Muchos querían entregar a la chica, para complacer a el Alfa. Otros
decían que eso era sentenciarlo a muerte a Luis; ya que si Adolfo no
lo mataba, para quedarse con la chica, moriría al estar lejos de su
mate. Y unos pocos pedían que tomaran en consideración los
sentimientos de la chica.
—¡No sé ustedes pero yo muero por saber lo que dijo el Alfa
Superlativo sobre la marca de la chica! —dijo el pelinegro, llamando
la atención de todos. —Personalmente no lo conozco pero ustedes
aseguran que es un hombre muy sensato, así que debe tener un
argumento muy sólido para haber quebrantado las leyes que sus
antepasados crearon.
Las miradas expectantes de todos se dirigieron a Edward Miller.
—Él asegura que la marca de mi hijo no existe —contestó apenado
por omitir ese detalle.
—En ese caso la solución es muy obvia. Hay que entregarle a la
chica, ya que si no está marcada nadie morirá —concluyó y los
demás se quedaron pensativos.
—Ella ama al otro joven, no podemos obligarla a que acepte al Alfa
como pareja, debe elegirlo por voluntad propia —opinó una de las
pocas mujeres que conformaban parte del consejo.
—Eso es lo de menos, sólo hay que buscar la forma de "persuadirla"
para que lo acepte —habló irritado el pelinegro. Cada vez que
encontraba una solución ellos ponían un pero y ya estaba cansado
de ser el único cerebro pensante.
—Héctor, eso no será sencillo —intervino el señor Miller. —La
conozco muy bien y es una chica muy testaruda.
—Si la conoce tan bien, diga qué métodos debemos aplicar para
lograr el resultado deseado —espetó el joven. —Como alfa de esta
manada debe proponer una solución, o prefiere ver desaparecer la
manada que lo acogió con los brazos abiertos cuando llegó de los
Estados Unidos.
Edward se encontraba contra la espada y la pared. Tenía una idea
pero llevarla a cabo lastimaría mucho a la pequeña que había
protegido todos estos años. Pero antes que sus sentimientos
estaban su deber para con su pueblo, no podía sacrificar la vida de
millones de personas por el bienestar de uno.
—Te.en..go una id..ea —tartamudeó —pero será muy dolorosa para
la muchacha.
—Y eso qué importa —escupió el chico. —Ejecute su plan y ya,
¿Qué importa el bienestar de una persona ante el de toda la
manada?
.
Capítulo 10 √
.*Adolfo*.
-¡No puedo creer que me haya hecho esto! -pronuncio mientras me
estudio con repugnancia en el espejo. -Juro que te haré pagar por
esto.
Jamás llegue a pensar que mi mate, mi alma gemela, la mujer con la
que estoy destinado a pasar la eternidad, iba a traicionarme.
¿Cómo lo sé? Porque tengo todo mi cuerpo lleno de pequeñas
quemaduras de diferentes tamaño, colores y formas.
-¡NO PUEDO CREER QUE TE HAYAS COSTADO CON UNA RATA
INMUNDA! ¡UN ANIMAL RASTRERO! ¡UNA MALDITA SABANDIJA!
-grito con todas mis fuerzas, para ver si la indignación, la rabia y el
dolor que siento disminuyen un poco.
* Flashback (Recuerdo):
-Adolfo, piensa muy bien en lo que harás, no querrás que ella te
odie -dice el alfa Miller mientras me sigue a través del lobby. -Anna
ha sufrido mucho, su padre mat...... -lo interrumpí.
-¡NO ME INTERESA NADA DE...! -me quedo callado porque el dolor
en mi pecho es casi intolerable. -En...estos...momentos...está -
tartamudeo- en la...cama con su ¡MALDITO HIJO! -no puedo seguir
manteniéndome de píe por lo que desplomo en el piso
abruptamente. -No me importa...que...artimañas deba
usar...quiero...llevármela en TRES...DÍAS -dictaminó en un fuerte
grito porque el dolor me estaba haciendo retorcer.
El personal del hotel se acerca rápidamente, me carga y lleva hasta
mi habitación.
-Es muy poco tiempo -alegó Edward en lo que me dejaron en mi la
cama. Cama que aún conserva su delicioso y enloquecedor olor -no
podremos hacer... -lo interrumpo de nuevo porque ahora más que
nunca la quiero aquí conmigo.
-Recuerde que con una palabra mía en contra de tu insignificante
país y ustedes desaparecerán del mapa, en menos de un parpadeo
-lo miré fijamente, para que supiera que no estaba bromeando,
aprovechando que la intensidad del dolor había disminuido. -¿Está
cociente de ello verdad? -añadí con preponderancia.
Algo que me encantaba de poseer el título de Alfa Supremo es que
nadie puede darse el lujo de contradecirme o si quiera levantarme la
voz, como lo hago yo con todos, porque saben que las
consecuencias serían muy graves.
-¿Te sientes mejor? -pregunta con precaución.
-El dolor se volvió soportable -dejo la cabeza en la almohada,
gozando de la tranquilidad que siento.
'Seguramente el dolor se detuvo porque ellos ya terminaron su
arranque de pasión' -gruñe con molestia mi lobo y siento como su
rabia inunda mi cuerpo.
-Haz lo que debas hacer, pero quiero a Anna en mi casa antes de de
que se cumplan los tres días -reitero y su cara se descompone.
-Si hago eso ella te repudiara -intenta hacerme entrar en razón y por
un par de segundos estuve dispuesto retomar mi plan inicial; irme a
Alemania mientras ella asimilaba todo. Pero antes de que pudiera
comunicarle esa idea mi piel empieza a arder como el mismísimo
infierno.
Salgo de la cama corriendo y entro a la ducha con todo y ropa. La
sensación del agua humedeciendo mi ropa logra calmar el ardor de
mi piel pero el de la rabia solo se intensifica.
-Seguro van para el round dos -murmuro entre dientes -¡NO ME
IMPORTA HAZLO! Total yo también la desprecio por lo que me está
haciendo.
-Si la odias, ¿Para qué la quieres? -me preguntó desde el umbral de
la puerta. -Dejala ser feliz al lado de mi hijo.
-Si yo no puedo tener su amor él tampoco -él me mira con pena
antes de decir que regresará a su país inmediatamente para platear
la situación con los miembros del consejo.
*Fin del flashback.
-¿Adolfo? ¿Estás aquí? -habló una voz femenina en cuanto entró a
mi habitación.
«Joder, no sabía que ella estaría aquí» -me digo a mí mismo
mientras me visto rápidamente, no quiero que ella vea las
quemaduras.
'Yo quisiera saber ¿Cómo esconderás las marcas de tu cara?
Porque esas no desaparecerán por arte de magia' -se mofó
Velika.
Desde que pusimos un pie en este país se volvió muy chistoso.
-¡Mi niño! -exclamó al verme frente al espejo del vestier. -Sabía que
eras tú, tu voz es inconfundible para mí -dijo luego de posar su
cabeza en mi abdomen y rodearme con sus brazos.
Tenerla frente a mí después de tanto tiempo me llena una felicidad y
no resisto las ganas de corresponderle el abrazo.
La acción me resultó un poco extraña pero aún así no me aleje.
Desde que murieron mis padres son contadas las veces en que
demuestro mis sentimientos, generalmente soy un tempano de
hielo; frío, distante e imperturbable.
-Te extrañe muchísimo, mi niño -apretó mis pómulos con sus
maltratadas y arrugadas manos.
Volver a ver a Margaret me trajo muy gratos recuerdos; los asaltos a
la cocina, las clases de baile, las noches de películas de terror, las
golosinas que me daba a escondidas de mi mamá...
-Yo también, nana -admití al besar su cabeza.
La última vez que la vi era del mismo tamaño que ella pero ahora
parezco un gigante de metro noventa delante de una pequeña
anciana que no pasa del metro y medio.
-¿Por qué gritaste de eso modo, mi niñ... -se calló abruptamente e
interpuso una distancia entre los dos -Lamento haberle dicho mi
niño, no volverá a ocurrir -se disculpó y enfocó su mirada en el piso.
Al principio me pareció muy extraño su comportamiento, sin
embargo, en cuanto recordé el por qué de su partida todo se hizo
muy evidente.
Cuando tomé el mando como Alfa Superlativo, me concentre tanto
en mis deberes para con las manadas que me olvide que tenía un
hermano pequeño que necesitaba de mi tiempo y afecto.
Margaret trató de hacerme ver eso pero la trate muy mal; le dije que
ella no mi madre, que era solo una sirvienta que se tomaba
atribuciones que no le competían solo por el simple hecho de hacer
el trabajo por el que se le pagaba.
En ese entonces no me importaba lastimar los sentimientos de los
demás, solo quería distanciarme de todos, no quería que me vieran
sufrir, que me vieran vulnerable por la muerte de mis padres, ya que
los Kozlov podrían atacarnos de nuevo.
Así que enterré, junto con mis padres, al Adolfo amable,
considerado, atento y feliz que era en mi juventud. Y un Adolfo
amargado, prepotente, frío, soberbio, áspero, ácido, distante,
orgulloso e hiriente quedó en su lugar.
-¿Qué lo trajo por aquí, alfa? Si es que lo puedo saber -bajó la
cabeza en señal de respeto.
-Nana, perdóname por lo que te dije ese día -la abracé con fuerza. -
No era mi intención ofenderte -deje caer todo mi peso sobre ella y
terminamos los dos acurrucados en el piso. -Tú no eres solo una
sirvienta, eres mi madre, perdóname por favor -no pude soportar
más y terminé sollozando como un niño en su pecho. -Perdón por
no haber venido a buscarte antes, perdón por ser tan cabeza dura...
-no pude continuar con mis disculpas porque una carcajada brotó
desde lo más profundo de su garganta.
-Me alegro que reconozcas que eres un estúpido niño malcriado,
que todavía necesita a su mamá -acarició mi cabeza. -Tranquilo,
Adito, hace mucho tiempo que te perdone. Una madre no guarda
rencor en su corazón para con sus hijos y aunque no sea tu madre
biológica te amo como tal -saqué mi cara de su pecho y la miré
fijamente.
-¿Entonces por qué nunca volviste? -hice un puchero. -Sufrí mucho
por tu partida.-ella se volvió a reír estruendosamente.
-¿Quién eres tú y qué hiciste con "don gruñón"? -comentó entre
risas.
-Nana, habló enserio -empiezo a jugar con su mano, siguiendo con
mis dedos las líneas de sus manos.
-Yo también, hace muchos años que no te veía comportarte de esta
manera -comentó mientras limpiaba las lágrimas que estaban en
mis mejillas.
«Es cierto, ¿Qué pasa conmigo? ¡Yo juré que jamás me volvería
actuar así!».
-No sé que te haya hecho cambiar, pero me alegro que mi niño haya
vuelto -dejó un pequeño beso en cada uno de mis párpados.
'Creo que Anna ya empezó a hacer estragos contigo' -se burlo
mi lobo.
¡No digas... !
-No regrese -empezó a hablar mi nana y desistí de pelear con Velika
-porque el hecho de que te amé no quiere decir que no debo darte
tu merecido -me golpea ligeramente en cuanto se pone de pie y
aprovecho para levantarla por los aires, como en las películas -
¡ADOLFO, BÁJAME! ¡BÁJAME! ¡CAER DE AQUÍ ES COMO CAER
DE UN SEXTO PISO! ¡VOY A MORIR! -grita a todo pulmón
mientras yo me río sin control.
-Eso es por dejar que tu hijo sufriera -le dije al ponerla en el piso.
-¡Ahora me toca vengarme a mí! -asomó una sonrisa maliciosa y
comenzó hacerme cosquillas.
-Está bien, está bien no lo vuelvo hacer -prometí rápidamente
porque en lo que me tocó me causó dolor.
Normalmente las heridas en nosotros sana solas y a una velocidad
increíble, pero no sé porqué las marcas causadas por la traición de
Anna no se curan y cada vez duelen más
-¿Qué te ocurre? ¡Oh por la Diosa! -exclamó con horror y
desconcierto -¿Qué te pasó? -exige saber.
-Nada -mentí.
-¡CÓMO QUE NADA! -me haló la oreja, igual que hacía cuando
descubría que Iván y yo le ocultábamos algo. -Ahora mismo me vas
a decir cómo te hiciste esas quemaduras o sino... -se llevó la mano
a la boca y sus ojos se humedecieron. -Claro, el cambió, la tristeza
en tu mirada...las quemadas... Ahora todo tiene sentido...
Encontraste a tu mate y ella te es infiel.
La envuelvo entre mis brazas para apaciguar su sollozo contra mi
pecho.
'Que rápido dedujo todo'.
-¿Hace... cuánto... la... encontraste? -balbucea.
-Ayer -acarició su cabeza -Se llama Anna, es humana, está
enamorada de otro, se acostó con él después de hacerlo conmigo -
ella lloró con más énfasis. -Y vine aquí con la intención de gestionar
todo el papeleo para llevármela a casa.
-No debes llevártela en contra de su voluntad -susurra contra mi
camisa.
-No tengo opción, sino lo hago moriré en cuestión de meses.
-¿Dónde la conociste y cómo? -interrogó.
-En Brasil, fui de vacaciones con Iván -levantó su cara y me miró
con asombro. -Fui en contra de mi voluntad, él me drogo -aclaré y
su expresión volvió a la normalidad. -Para resumir la historia te diré
que me fui a beber con él, porque me sentía melancólico al recordar
a mi mamá. En la discoteca, por casualidad, la encontré y como
estaba tan guapa, sexy y ebria -agarré aire para continuar -una cosa
llevo a la otra y... me acosté con ella siendo virgen -dije lo último
casi en susurro y mi nana abrió mucho los ojos. -Cuando ella
despertó no se acordaba nada y dijo que me odiaba y que no quería
saber nada de mí
-Lógicamente -me golpeó el hombro con fuerza. -Pobre niña. Me
alegro que te haya engañado.
Mi mandíbula se abrió de par en par.
-Deberías estar de mí lado -bufo con molestia.
Primero Iván se ponía de su lado y ahora mi nana. Lo que faltaba
era que Velika también lo hiciera.
-No porque eres un cabezota, ¿Cómo se te ocurre hacer semejante
idiotez?
-Lo único que puedo decir en mi defensa es que me ganaron las
ganas -me encogí de hombros y ella me golpeó más fuerte en la
parte trasera de la cabeza. -¡Auch! -me quejo sobando la zona
afectada.
-Te mereces eso y mucho y más -entierra una de sus uñas en una
de mis quemaduras.
-¡NANA ESO DUELE!
-Cállate y dime qué más pasó -me ordenó.
-Por mi error estaba dispuesto a desaparecer de su vida por un
mes...
-Buena decisión -me interrumpió.
-Pero me enteré que ella tiene dos mates -abrió los ojos como platos
-y su amor le pertenece al otro, el infeliz de Luis Miller -dije con
enojo -y lo peor es que él ya la marcó pero ella no tenía ninguna
marca cuando la conocí.
-Algo parecido pasó hace muchos siglos atrás -Reflexionó en voz
baja.
-¿Qué pasó, nana? -mi pregunta provocó que se sobresaltara.
-Los libros más antiguos hablan sobre la llegada a la Tierra del hijo
del Dios Supremo -tomó una inspiración profunda. -Él llegó a la
tierra para proclamarse como rey de todos los habitantes; mortales,
inmortales y semimortales, con la finalidad de acabar con las
guerras que éstos tenían.
-Su primer decreto como rey -continuó -fue liberar a la humanidad
de su esclavitud y que todas las criaturas sobrenatural se ocultaran
de los seres humanos, terminando con las guerras de éstos por
obtener el poder -tomó un poco de aire antes de continuar. -Cuando
había logrado "La Paz" decidió casarse y tener hijos, para
transmitirle sus poderes y que éstos perpetuaran la paz al asumir el
trono.
-Nana, la historia está muy interesante pero no entiendo que tiene
que ver con que mi mate tenga dos mates.
-Que ese rey fue enviado a la tierra con dos almas gemelas (una
mujer loba y una humana), para asegurar la transmisión del poder.
Su primer hijo fue un lobo de sangre pura y el segundo hijo nació
humano como su madre. De los dos niños el primogénito fue el que
heredó el poder del gen y por este motivo asumió el trono,
convirtiéndose en el primer Alfa Superlativo.
-Nana, estás hablando de Dominick Vuković -ella asiente con la
cabeza-Pero en ese caso el que debería tener dos mates, por ser
descendiente de él, sería yo no ella.
-Quizás las parejas del rey también tenían dos mates pero nadie lo
sabía.
-Eso lo explicaría -reflexiono en voz alta -Pero ¿Por qué la marca de
Luis no existe? Además, ¿Por qué ninguno de mis otros antepasado
tuvieron dos mates?
-Tal vez sí las tuvieron pero jamás las conocieron. Y en cuento a la
marca no tengo idea.
-Tiene lógica, pero aunque tenga dos mates no pienso dejarle el
camino libre a ese imbécil.
-Aunque quieras no lo puedes hacer, ya te uniste a ella de forma
carnal, te falta sólo la espiritual.
-Me alegro que al menos en eso estés de mi lado -me dio otro golpe
en la cabeza. -¡NANA!
-¿Cómo es Anna? ¿Es bonita? ¿Cuándo la conoceré? -cambió de
tema.
-Es de una belleza natural de ojos color acero y si todo sale como
planeó Edward mañana la conocerás.
-¡Qué emoción! Es una chica tan afortunada -apretó mis mejillas. -
Se lleva a mi tesoro.
-Dudo mucho que ella piense de esa manera.
-No pierdas la esperanza, hijo -intenta animarme -Con el tiempo ella
aprenderá a quererte. Estoy segura de ello -me guiñó el ojo.
-Eso espero, nana, porque no sé si sería capaz de soportar su
rechazo -reconozco y las lágrimas vuelven a inundar mis ojos.
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Holiiiiiissss!!!!!!
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Les mando muchos besos :* :* :*
Gracias por leer esta historia.
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Capitulo 11 √
.*Anna*
Después de despertar al lado de un sexy Luis sin camisa y
recriminarme mentalmente por lo que le hice anoche tomé mi
celular. Tenía varios mensajes de mi prima; reclamándome por
haberme ido sin despedirme. Pero el mensaje que llamó mi atención
fue el señor Miller.
De: Edward Miller.
Criatura, debes regresar al país ahora mismo, algo muy malo le
pasó a tu abuelo y eres la única que puedes salvarlo.
En lo que terminé de leer su mensaje trate de comunicarme con él
de todas las maneras posibles; mensajes, llamadas, correos,
señales de humo, pero no obtener señales de vida desperté a Luis
para que regresáramos a casa inmediatamente.
Ambos hicimos las maletas, nos bañamos (cada quien por su lado),
nos vestimos, fuimos al aeropuerto y tomamos el primer vuelo de
regreso.
Al bajar del avión, eran las 6 de la tarde, y los primero que hicimos
fue ir directamente a la casa de los Miller. El clima de la ciudad
estaba sombrío y húmedo, anunciaba a gritos que una gran
tormenta que se avecinaba.
«Mal augurio» —pensé al adentrarme en la casa seguida de Luis.
No era un chica supersticiosa pero la situación no pintaba nada
bueno.
—Señor Miller —me arroje a sus brazos —¿Qué le pasó a mi
abuelo? ¿Dónde está mi abuela? —pregunte sin siquiera saludar.
Sentía demasiada ansiedad como para acatar las normas de
cortesía.
—Tu abuelo fue encarcelado.
Eso no podía ser posible. Mi abuelo era un hombre honrado. Un
hombre de principios intachables.
—Eso...eso es...imposible —mis piernas se debilitaron y si no fuera
por Luis, que me sostuvo desde atrás, estuviera en estos momentos
en el suelo.
—¿Qué? ¿Por qué? ¿De qué se le acusa?—logré pronunciar
después de unos minutos de conmoción total.
Antes de que el señor Miller pudiese responderme unos hombres
como de dos metros, vestidos como los “Hombres de Negro”, lo
tomaron a él y a Luis por los brazos, los arrastraron hasta unas
camionetas negras y se los llevaron en contra de su voluntad.
Todo ocurrió tan deprisa que no me dio tiempo de reaccionar, salir
corriendo a pedir ayuda, ya que uno de ellos me agarró del brazo y
dijo:
—Señorita, si quiere respuestas vaya hablar con el amo.
—¿Quién es el amo? —pregunté muerta de miedo por lo que
pudiese hacerme este hombre con apariencia de asesino serial.
—Él la está esperando en su coche —señaló un carro negro,
estacionado unos metros lejos de la casa de los Miller.
No sé si es por los nervios, la conmoción o el miedo que sentía pero
tenía un mal presentimiento de todo esto.
Camine lentamente hacia el BMW I8 de vidrios ahumados con el
corazón latiendo a mil por hora. No sabía quién era ese tal “amo” y
mucho menos lo que quería de mí. Pero necesitaba obtener
respuestas.
«Todo estará bien, ten fe» —me di ánimos a mí misma cuando la
puerta la puerta del copiloto se abrió y pude ver la silueta del piloto.
Mentiría si no admitiera que estaba aterrada, este hombre podía ser
un psicópata, un asesino en serie y yo podría ser su próxima
víctima.
Porque nadie podía asegurarme que él no me clavaría un cuchillo
en el abdomen, sacaría las tripas junto con el útero para luego
abandonar mi cuerpo inerte en un callejón, así como lo hacía Jack el
Destripador.
—Me dijeron que... —no me dejó hablar, solo señaló el asiento e
imagine que quería que entrase al vehículo.
Juntando todo el valor que tenía me subí en el auto, en busca de las
respuestas que tanto deseaba. El hombre ni se inmutó ante mi
presencia solo encendió el motor y nos pusimos en marcha.
Era la primera vez que me montaba en un auto como este, pero por
el miedo que tenía no me fije en nada. Solo en que el conductor era
un hombre joven y muy apuesto. Llevaba puesta una gorra negra,
un jean oscuro, una camisa ceñida, a su trabajado cuerpo, de color
gris y unos lentes Ray Ban.
«¿Cómo hace para ver el camino con esos lentes?» —me pregunté
cuando note que el sol se había ocultado en el horizonte y la luna
brillaba en el cielo, detrás de unas nubes de lluvia.
— ¿A dónde me llevas? —pregunte sin titubear, a pesar de que
estaba a nada de orinarme los pantalones, en cuanto note que nos
dirigíamos a las afueras de la ciudad.
Él no respondió a mi pregunta y decidí que me iba a lazar del auto.
Prefería mil veces morir por mi propia mano a que otro me torturase,
violase e hiciese lo que se le diera la gana conmigo. Pero en lo que
estaba decidida a arrojarme del auto algo en él me pareció
conocido.
—¿Te conozco de alguna parte? —la única respuesta o más bien
reacción que tuve fue que él apretó el volante con fuerza.
«Esto no me huele bien» —intente abrir la puerta, porque el pánico
se estaba apoderando de mí, pero ésta no cedió y un escalofrío
viajo por todo mi sistema nervioso, estaba atrapada.
Rodamos como 15 minutos más, en completo silencio, y cuando
llegamos al bosque detuvo el vehículo, se bajó y me abrió la puerta.
—Quieres respuestas, sígueme —al oír su ronca voz mi cuerpo se
estremeció.
Mi cerebro me gritaba que debía salir corriendo de allí, que ese
hombre era peligroso. Pero algo me impulsaba a seguirlo al interior
del bosque, a pesar de saber que probablemente me convertiría en
una mujer muerta.
«Definitivamente debo estar mal de la cabeza» —me digo a mí
misma mientras camino detrás de él. Solo alguien con serios
problemas mentales se adentraría con un completo extraño a un
solo, oscuro y peligroso bosque bajo la luz de la luna.
—Que pena que algunos hombres no conozcan el significado de la
palabra caballerosidad —exclamo cuando vuelvo a caer al suelo.
El camino era sumamente inestable y sumándole la poca visibilidad
era muy difícil no tropezar; varias veces caí al suelo y ese idiota no
me ayudó, sólo se detenía hasta que me ponía de pie y luego
continuaba con su andar.
«Este maldito debió criarse entre animales salvajes» —pensé al ver
que él estaba decidido a permanecer en silencio.
Caminamos por un par de minutos más hasta que alcanzamos un
claro.
—¡Es increíble cómo ya te olvidaste de mí! —escupió con rencor
cada sílaba antes de quitarse la gorra, los lentes y girarse para
quedáramos cara a cara.
Los rayos lunares, que se colaban entre las nubes, iluminaron tanto
su rubio cabello como su hermoso rostro e instintivamente retrocedí
unos cuantos pasos al reconocerlo.
«No lo puedo creer, esto debe ser un sueño» —restriego mis manos
contra mis ojos y me pellizco los brazos con desesperación —«Él no
puede ser el idiota con quién perdí mi virginidad» —un escalofrío
surcó mi cuerpo cuando nuestras miradas se conectaron y sus ojos
cambiaron de color por un par de segundos.
—¡Vaya! Veo que te sorprende mucho verme aquí —sus ojos
estaban llenos de odio. —¿Qué pasó? ¿Te comió la lengua el gato o
debo decir que fue ese chucho asustadizo de Luis Miller? —
preguntó irónicamente.
—¿Qué.. hace.s aquí? —tartamudeo.
—Vine a reclamar lo que es MÍO —hizo énfasis en el "mío".
No me agrada el rumbo de esta conversación por lo que seguí
retrocediendo lentamente.
—¿Por qué me buscaste? ¿Acaso no te quedo claro que lo que
pasó entre nosotros fue un error? ¿Por qué tus hombres se llevaron
al señor Miller y a Luis? ¿Tienes que ver algo con que mi abuelo
esté en la cárcel? ¿Les hiciste daño? ¿A dónde llevaste a Luis? —él
se rió enérgicamente
—¿Te importa mucho el bienestar de ese hijo de Puta? —tragué con
dificultad mientras observaba como se acercaba como un
depredador a su presa.
—Ese...hombre...me dijo que tú...respondería...a mis...preguntas —
pronuncio con dificultad, debido a que cada segundo que paso con
este hombre mi miedo aumenta.
—Es cierto —se detuvo y pensó durante unos minutos. —Aquí voy
—se tronó los nudillos —Porque me perteneces. No. Porque me dio
la gana. Sí. No y no te diré. Esas son las respuestas que querías.
Estaba tan absorta, tratando de recordar mis preguntas para
relacionarlas con sus respuestas que no me percaté en que
momento se acercó tanto a mí, pero ya estaba invadiendo mi
espacio personal.
—¿Por qué haces esto? ¿Qué es lo que realmente quieres? —le
pregunté mirándolo a los ojos.
—¡PORQUE TÚ ERES MÍA Y NO PIENSO COMPARTIRTE CON
ESE MAL NACIDO DE LUIS MILLER! —gritó exasperado y yo salté
del susto.
Sin embargo, en lo que mi cerebro proceso sus palabras la ira fue
tomando el lugar del miedo que sentía hace minutos atrás.
—¡Disculpa! —dije con tono de ofensa —Yo no soy un perro para
tener amo —reclamo con el ceño fruncido —¿Acaso no tienes
sentido común? Una noche de sexo no te convierte en mi dueño,
esa noche sólo fue un desliz, algo que jamás debió ocurrir ¡EN-TI-
EN-DE-LO! —deletreo para que comprenda de una vez por todas
que no me interesa.
—¡PARA MÍ NO FUE SOLO SEXO! —contraatacó.
—Generalmente la mujer es la que hace este tipo de escenas —dije
con ironía y él se mantuvo impasible. —Mira, vamos a olvidarnos de
esa noche, vete a tu país, busca alguna zorra, ten sexo sin control y
a mí déjame en paz —su expresión se endureció. —No deseo verte
de nuevo. No es tu culpa pero me traes malos recuerdos —me tomó
por los brazos cuando intente irme por donde habíamos llegado.
—¡JAMÁS TE DEJARE! ¡ERES MÍA —musitó casi encima de mis
labios. Gire la cabeza para que no me besara —¡LO BESOS DE
ESE MALDITO SÍ LOS ACEPTABAS GUSTOSAMENTE! —me
soltó, se quitó la camisa y muchas quemaduras de diferentes
tamaños y grados adornaban todo su torso.
«¿Cómo se hizo eso en un día?».
—Esto —señaló las heridas que supuraban un líquido escarlata —
¡ES GRACIAS A TI!
—Estás loco, cuando nos despertamos no tenías ninguna de esas
heridas. Además no hay manera en que yo haya hecho eso —me
agarró por la cintura para pegarme a él.
—Te demostraré que el hombres que amas soy yo —embistió mis
labios con furia y vehemencia. Yo no quería corresponderle así que
mordí su labio inferior con todas mis fuerzas. A él no pareció
importarle y siguió el forzado beso.
Aprovechándome de lo concentrado que estaba, en besarme a la
fuerza, le di con mi rodilla, en la entrepierna y salí corriendo.
Corrí, corrí, corrí, corrí, con todas mis energías, pero cuando entre
de nuevo al bosque no recordaba por cual sendero había llegado y
para empeorar mi situación escuche un aullido detrás de mí.
«¡Moriré virgen en este lugar! Y no pude despedirme de mis
abuelos, ¿Dios, por qué me odias?» —me lamente con las lágrimas
a punto de salir de mis ojos mientras corría como el medallista
olímpico Usain Bolt.
«Un momento, ya no soy virgen» —recordé y las lágrimas
comenzaron a emanar de mis ojos. Hubiese preferido mil veces
morir virgen que haber tenido mi primera vez con un loco psicópata.
—¡De mí nunca podrás escapar! —alguien gritó antes de que fuese
derribada brutalmente, como si estuviese dentro de un partido de
fútbol americano.
«Este es mi fin» —pensé en cuanto sentí una agitada respiración
detrás de mí oreja.
Era consiente que nada podría salvarme de la muerte, pero si iba a
morir al menos tenía derecho a conocer el rostro de la bestia salvaje
acabaría con mi vida. Así que como pude hice girar mi cuerpo para
ver a mi atacante.
—¡Tú! —chillé al descubrir que el animal que me había derribado
era el tal Adolfo. —¡PERO QUÉ MIERDA...! —me tapó la boca.
—Nada de gritos o despertaras a la bestia —susurró cerca de mis
labios.
«Parece un monstruo» —me dije al notar que sus ojos
resplandecían en un color azul intenso y varias gotas de sudor se
deslizaban por su frente.
Trague saliva con dificulta y mis latidos de intensificaron en lo que él
agarró mis muñecas y las llevó arriba de mi cabeza, para
inmovilizarme, y no pude evitar ver como las venas de su cuello se
marcaban y palpitaban aceleradamente.
—Estás muy equivocado, yo no tengo complejo de Eva —le digo en
lo que desgarra mi blusa y brasier —Si...si...a...ti te gusta andar
corriendo en medio de la naturaleza desnudo como
Adam...es...tu...problema no el mío...así...que...que...¡SUELTAME!
—grité al sentir que su erección.
—Esto me trae tantos recuerdo —empezó a besar y morder mis
pechos —como me tocabas, me besabas, cada vez que gemías de
placer debajo de mí —cada una de sus palabras lo único que
provocaban en mí era asco al igual que su toque.
—¡ALÉJATE DE MÍ! —intente apartarlo, pero me fue imposible,
estaba completamente inmovilizada por sus brazos y piernas.
—Quiero que te cases conmigo —fruncí el ceño ante semejante
declaración.
En un momento como este me esperaba cualquier cosa menos una
proposición de matrimonio.
—Y si no lo haces tu abuelo se va a pudrir en la cárcel y todos los
Miller perecerán —advirtió depositando un beso en mis labios.
Luego se inclinó, lamió y perforó la delicada piel de mi cuello,
ocasionando que una corriente eléctrica viajara por todas mis
células.
Abrí los ojos hasta más no poder y solté un grito ahogado cuando
sentí como la sangre abandonaba mi torrente sanguíneo.
Mis extremidades se entumecieron, mis párpados se volvieron
pesados y un dolor, que no me dejaba respirar, se instaló en mi
pecho.
Miré al cielo en lo que varias gotas de lluvia comenzaron a caer
sobre mí y reconozco que nunca había visto una luna tan brillante
como que estoy viendo ahora mismo.
«La única testigo de mi muerte» —Pensé mientras me sentía
desfallecer.
—Tienes hasta la seis de la tarde para tomar una decisión —
escuche antes de perder el conocimiento.
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Holiisss!!!!!
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Me hace muy feliz leer sus comentarios, me animan a seguir
escribiendo.
♥♥♥♥♥♥♥♥
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Muchasgraciasportodoelapoyo
💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖💖
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Capítulo 12 √
.*Anna*.
Oscuridad, ojos dorados, colmillos, dolor, sangre y a luna llena en
medio de un aro de nubes grises. Esa fue la secuencia de imágenes
que me obligó a abrir los ojos por la horrible sensación de ahogo
que me provocó.
«¿Dónde está? ¿Dónde estoy?» —me pregunte en lo que me senté
en la cama; mi corazón latía demasiado rápido, mi sudor era frío y
mi respiración era tan superficial que denotaba cuan asustada
estaba.
—Estoy en casa —susurré en lo que repare que me encontraba en
mi aburrida habitación —Fue solo un mal sueño —me dije a mí
misma y una ola de alivio me inundo.
'No lo fue' —dijo una voz masculina y la misma secuencia de
imágenes; ojos dorados, colmillos, dolor, sangre y la luna llena en
medio de un aro de nubes grises, se reprodujo en mi mente.
Mis vellos se pusieron de punta e instintivamente me llevé las
manos al cuello y mis dedos palparon dos pequeñas protuberancias
que confirmaban lo que esa voz había dicho.
Rápidamente me incorporé de la cama y comencé a buscar
cualquier señal de que él estuviese aquí, pero estaba
completamente sola. Me acerqué lentamente al espejo, con el
corazón latiendo a todo galope, y examine mi cuello.
—¿Qué es esto? ¿Un tatuaje? —me pregunté en lo que vi las dos
pequeñas y estilizadas letras en color dorado —A, V —dije al pasar
el dedo por ellas y un estremecimiento me recorrió completamente.
—Adolfo Vuković —susurré al deducir que eran sus iniciales. —Mi
pesadilla fue real —las lágrimas inundaron mis ojos porque si lo de
anoche fue real mi abuelo, Luis y el señor Miller seguían en las
manos de esa bestia.
'Recuerda que tienes hasta las seis para tomar una decisión' —
volví a oír la misma voz.
—¿Quién anda ahí? ¿Te mandaron a vigilarme? —pregunté en voz
alta, pero no obtuve respuesta. —¡DILE A ESE MALDITO QUE ME
DEJE EN PAZ!
En otras circunstancias hubiese pensado que estaba perdiendo la
razón al hablar sola pero con lo que he vivido en las últimas horas
sé que probablemente ese monstruo que vi anoche esté aquí.
—Anna, hija —la voz de mi abuela me sobresaltó —que bueno que
ya despertaste —añadió luego de lanzarse a mis brazos —
tu...tu...tu...creí que habías muerto —balbuceó debido a los sollozos
que salían de su garganta sin ningún control.
—¿Por qué creíste eso? —limpio mis lágrimas y me coloco mi
mascara de neutralidad. Lo último que quería hacer era preocuparla.
Mi abuela padecía de hipertensión, y aunque era medicada,
cualquier emoción fuerte podría causarle la muerte. Por ello mi
abuelo y yo, a sí el mundo se nos estuviese cayendo encima,
fingimos que no ocurre nada.
—Apareciste en la puerta de la casa, con el cuello lleno de sangre, y
con dos pequeños orificios que daban la impresión de que fuiste
mordida por...
—Un vampiro —terminé por ella y su llanto se incrementó. —No te
preocupes por mí, estoy bien, solo me pico un animal muy feo y
ordinario —deje un beso en su frente. —Ahora lo que me gustaría
saber es ¿Dónde está el abuelo y qué fue lo que le pasó? —cambie
de tema. Luego pensaría en ese maldito bastardo. Por ahora solo
me enfocaré en lo que verdaderamente importa.
—Fue...fue...encarcelado —gimoteo hecha un mar de lágrimas.
—¿Por qué? ¿De qué lo acusan?
—No sé... pero...lo están tratando muy mal, lo...lo...lo golpearon —
dijo con un hilo de voz y el miedo atenazó mi corazón al pensar que
podría pasarle algo malo a mi viejito.
—Abuela, tengo que verlo —le dije y ella asintió. Tomé su mano y
camine hacia la puerta.
—Toma una ducha primero y cambiate la ropa.
Si hubiese sido por mí hubiese ido tal cual como estaba; con la ropa
llena de sangre, rasgada y sucia, pero sabía que mi abuela no me
dejaría salir de la casa así. Por lo que a la velocidad de la luz me
bañe, vestí y me recogí el cabello en un moño.
Cuando estuve lista eran las 4 de la tarde y partimos a la comisaría.
Según me comentó mi abuela, mientras íbamos en camino, a las
5am tocaron a nuestra casa, ella se levantó asustada y cuando se
asomó en la puerta vio un hombre alto, de ojos azules, que me tenía
en brazos. Sin dudarlo abrió y él sin ser invitado entró, como si
estuviese en su propia casa. Se dirigió a mi habitación, me acostó
en la cama y antes de marcharse me dio un beso en los labios, otro
en mi cuello y le dijo a mi abuela que por ningún motivo me fuese a
despertar.
«Maldito loco obsesivo» —pensé.
—Es usted Anna Acosta, la estábamos esperando —dijo el sargento
obeso que nos atendió luego de ver mi identificación. —Sigame, por
favor. Su abuela se queda esperando aquí.
No sabía de qué iba todo esto, pero ambas obedecimos al sargento.
Él me guió por un largo y oscuro pasillo, lleno de celdas que olía
horrible; una mezcla de heces, carne en descomposición y orina, por
lo que me vi que me vi en la obligación de avanzar rápido y contener
la respiración para no vomitar.
—Solo tienes un par de minutos —me informó el sargento cuando
llegamos a la celda más sucia y deplorable de todas.
Lentamente me acerqué a los barrotes y lo vi, vi a mi abuelo hecho
un ovillo en uno de los rincones.
Retrocedo estupefacta, mientras el dolor y la agonía se expandían
en mi pecho al ver al hombre que me dio su amor incondicional
desde que era una niña en condiciones tan infrahumanas.
—Abuelo... —dije con la voz temblorosa pero él no me oyó —Abuelo
soy yo, Anna —la mención de mi nombre llamó su atención. Se
puso de pie con dificultad y se acercó a mí cojeando.
—Hija —me dedicó una forzada y dolorosa sonrisa.
Lleve mis manos a mi boca para amortiguar mi llanto, pero no sirvió
de nada debido al impacto que me causó ver el estado en que se
encontraba.
Estaba todo golpeado, varios hematomas adornaban su rostro, uno
de sus ojos estaba tan inflamado y morado que se había cerrado
completamente, tenía los labios secos y partidos y tanto su ropa
como su piel estaba cubierta de sangre seca, tierra y heces
humanas.
—No llores —me dijo al tomar mis manos, que temblaban como si
padeciera de Parkison, entre las suyas. —No me gusta verte triste
—varias lágrimas descendieron de sus arrugados ojos y no soporté
más, mis piernas cedieron ante mi peso y caí en el piso.
No podía concebir la idea de que alguien le hubiese infringido
semejante daño a mi abuelo. Él que toda su vida ha sido un hombre
honesto, integro, amable y cariñoso. Él no merecía estar aquí. Él no
merecía ser tratado como un maleante, era incapaz de cometer un
delito.
—Anna, escuchame bien. Yo ya cumplí con mi cometido en esta
vida; fui padre de una hija maravillosa y soy abuelo de una nieta
ejemplar —intentó sonreír para tranquilizarme pero lo que consiguió
fue que la opresión en mi pecho se hiciese insoportable —Por lo que
no quiero que vayas a sacrificarte por mí, —tomó mi rostro para que
lo mirase a la cara, pero yo no podía verlo sin que el aire me faltase
—no accedas a nada para sacarme de aquí.
Con sus palabra me hizo ver que él estaba aquí y había sido
golpeado tan brutalmente por mi culpa, por haberme metido en la
cama de Adolfo Vuković.
—A...b...u...e...lo...per...don —balbuceo presa del remordimiento.
—No tengo nada que disculparte —limpió tiernamente mis lágrimas
y desee con todas mis fuerzas retroceder el tiempo. —Mi más
grande ilusión es verte feliz al lado del hombre que amas, no
importa por lo que tenga que pasar con tal de que tú logres serlo...
Yo... yo... —no pudo terminar de hablar porque cayó abruptamente
al piso.
—Abuelo... Abuelo... ¡ABUELO! —grito con desesperación cuando
lo veo retorcerse en medio de una convulsión —¡AYUDA!
¡NECESITA AYUDA! —chilló mientras trato de abrir la puerta a
empujones y patadas. —¡HAY QUE LLEVARLO AL HOSPITAL! —
me dirigí esta vez al oficial.
—Lo siento, señorita. Tengo ordenes de no abrir esta celda hasta
que el reo muera.
—¿Qué? —el nudo que se forma en mi pecho amenaza con
dejarme sin voz.
—Señorita Acosta —el mismo hombre del traje negro de ayer
apareció en mi campo de visión —Si quiere sacar a su abuelo de
aquí debe darle el sí al amo.
Sus palabras fueron como dagas que se incrustaron en mi corazón.
Para salvarle la vida debía someterme a los caprichos de ese
desgraciado y renunciar a todos mis sueños.
—No...lo...hagas... —logré escuchar la débil voz de mi abuelo.
Él prefería morir antes de que me doblegara a los deseos de ese
canalla. Pero yo no podría vivir sabiendo que pude haberle salvado
la vida. Él y mi abuela eran la única familia que me quedaba, no
podía perderlos y mucho menos darles la espalda. Ellos nunca me
abandonaron, todo lo contrario, se hicieron cargo de mí y me
ayudaron a salir adelante después de la muerte de mi madre y
Claudia
—Si la respuesta es sí venga conmigo que la llevaré para que hable
con él —volvió a hablar el hombre e inmediatamente tomé una
decisión; lo iba a sacar de aquí sin importar el precio que deba
pagar.
Sabía que con mi decisión me podría la soga en el cuello. Se
acabaría mi vida, mis ilusiones. Pero no podía dejarlo morir.
—Sí, yo me casaré con él, pero llevemos a mi abuelo al hospital
ahora mismo —le pido. Él asiente y otros hombres salen de las
sombras abren la celda y se llevan a mi abuelo cargado.
Como puedo me pongo de pie y los sigo hasta que, el que parece
ser el jefe, me detiene.
—Por favor, dejeme ir con él. Tengo que asegurarme que se pondrá
bien.
—Usted viene conmigo, le recuerdo que debe darle su respuesta
personalmente y debe ser antes de las seis de la tarde o su abuelo
regresara a prisión.
A parte de la agonía, la desesperación y la culpa que me
embargaba se sumaba el sentimiento de ira contra ese infeliz que
no estaba haciendo otra cosa que arruinarme la vida.
—Por su abuela no se preocupe, ya uno de mis hombres la llevó a
su casa.
Me apoyé de la pared porque sentía que en cualquier momento me
vendría abajo.
—Permitame ayudarla, Luna.
Hice caso omiso de su forma de referirse a mí y dejé que me
agarrara del brazo y me llevara al auto.
Tardamos varios minutos en salir de la ciudad y agradecí
mentalmente que el guardia se mantuviera en completo silencio,
porque lo menos que quería era hablar
Con cada metro recorrido sentía que una parte de mi ser moría y
millones de preguntas se apoderaban de mi cabeza:
¿Cómo sería mi futuro de ahora en adelante? ¿Por qué ese hombre
se empeñaba en tenerme en contra de mi voluntad? ¿Por qué
cuando todo está bien mi vida se vuelve un infierno?
Primero eramos una familia feliz y funcional, hasta que mi padre
tuve ese accidente que lo dejó cojo, amargado y sin trabajo. Luego
cuando estábamos reponiéndonos de ese golpe mi madre murió.
Después cuando creí que todo volvería a la normalidad mi papá
abusó de mi hermana y la mató. Y ahora que tenía una vida
tranquila, ahora que estaba estudiando y Luis me había confesado
que me amaba aparecía este sujeto a destrozar lo que quedaba de
mí.
Cada pregunta sin respuesta, cada recuerdo amargo lo que hacía
era llenarme de incertidumbre y ansiedad. Dos emociones que
debía evitar a toda costa para no caer de nuevo en la tentación de
tentar contra mi vida.
—El alfa es una buena persona y más tratándose de usted —habló
de repente el guardia, tomándome completamente desprevenida.
—Una buena persona no se habría ensañado con un pobre anciano,
que no tiene la culpa de nada, para lograr su cometido —repuse en
tono adusto.
—En el amor y en la guerra todo se vale.
—Todo tiene su límite y esa basura que llamas jefe, amo, alfa o
cono sea es un ser desalmado, un hombre sin corazón, sin
principios, sin escrúpulos y por eso maldigo la hora en que lo conocí
—logré ver un atisbo de sorpresa y tristeza en los ojos del guardia
pero no me importo. Eso era lo que sentía y pensaba de Adolfo
Vuković.
Holiiiiiisssssss
Losamo
Graciasporseguirleyendo
💖💖💖💖💖💖💖💖
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Capítulo 13 parte 1 √
.*Adolfo*.
“El amor es problemático” dijo un sabio y no se imaginan cuanta
razón tenía. No dejo de pensar ni un segundo en ella; en lo que
estará haciendo, en dónde estará y no es por celos, porque el
maldito de Luis Miller está encerrado, pero la ansiedad que siento
por verla y tenerla junto a mí por el resto de mi vida me tiene
intranquilo e impaciente.
Sé que dije que ya no me importaba lo que fuese de Anna Acosta,
que solo la quería para no debilitarme, porque yo la odiaba por
haberme engañado. Sin embargo, mi realidad es muy diferente;
antes de haberla marcado la quería locamente por ser mi mate y
después de completar nuestra unión la amo con todo mi ser.
Por ella sería capaz de voltear el mundo con tal de verla sonreír, y
por ese mismo motivo tenía pensado quedarme en este país una
temporada, con la intención de cortejarla, consentirla y enamorarla.
No obstante, las cosas no siempre pueden ser como uno quiere.
Esta mañana recibí una llamada de mi Beta y me dijo que era
imperativo que regresara a Alemani cuanto antes, ya que la reunión
de alfas se había adelantado por la epidemia estaba azotando a las
manadas.
También me informó que los expertos que envié a estudiar la zona
descubrieron que alguien estaba arrojando en el agua una
sustancia, que en grandes cantidades era nociva para cualquier
lobo, y me vi en la obligación de adelantar mi regreso para mañana
en la noche y Anna, como Luna Superlativa, debía irse conmigo y
estar presente en la reunión.
“Velo por el lado positivo, al alejarla de ese imbécil podrás
conquistarla más fácilmente” Esas había sido las palabras de
consuelo de mi Beta cuando le comenté mi problemática.
—En momentos como este odio ser el alfa —refunfuño al colgar la
llamada.
Sabía que si alejaba a Anna de sus abuelo me odiaría más de lo
que ya me odia, porque me vería como esa persona que la obligaría
a desprenderse de su vida, de sus seres queridos y eso me alejaría
más de su perdón.
'Tengo una idea para que ella te vea con otros ojos' —habló de
repente mi lobo.
«¿Cuál?».
'Hay que llevarse a los abuelitos'.
«¿A dónde?» —cuestiono.
'¡No seas tonto, Adolfo! Si nos llevamos a sus abuelos con
nosotros el cambio de vida no será tan brusco. Además eso
sería un excelente regalo de bodas'.
«¡Es una grandiosa idea Velika!».
'Obvió que lo es, pues la propuse YO'.
«Deja de ser tan arrogante» —le dije y lo que hizo fue reírse como
loco.
Como por arte de magia me olvido de todos los problemas, de las
tonterías de mi lobo y esbozo una sonrisa al sentir ese exquisito olor
a chocolate con coco que invadía mis fosas nasales.
—¿Mi niño, que te tiene tan feliz? —pregunta mi nana con
entusiasmo al entrar a mi despacho con una taza de café en la
mano.
—Ya viene mi mate —dije sonriendo y rodeo mi escritorio para
quedar frente a ella —¡Estoy verdaderamente feliz, nana! —la
envolví en mis brazos. —Al fin estaremos juntos y espero poder ser
dichoso a su lado.
—Así será, mi pequeño. Ella se encargará de sanar esas heridas
que dejó el pasado en tu corazón —acunó mis rostro con sus
manos. —Sé que no deseabas encontrarla por miedo a que tus
enemigos le hicieran lo mismo que a tu madre, pero te aconsejo que
te olvides de ese pensamiento y seas feliz con la chica, querido
Dofo —plantó un beso en mi mejilla derecha y yo solté un gruñido,
odiaba que me llamara de ese modo.
'Está aquí' —avisó mi lobo y un estremecimiento me recorrió todo el
cuerpo; mi corazón empezó a latir a toda maquina, mis manos
comenzaron a sudar y un desespero incontrolable se apoderó de mí,
igual como me había ocurrido el día que la conocí.
*Flashback:
En lo que el avión aterrizó mi hermano empezó a balbucear sobre
las cosas que haríamos estos días que estaríamos en Brasil, que
según él serían los mejores de nuestras vidas porque estarían llenos
de sexo, mujeres y alcohol. Cosa que no me pudo importar menos.
Para Iván esa era la vida perfecta, en cambio a mí me llama más la
atención una vida pacífica y tranquila.
—¿Iván, sientes ese olor? —le pregunto al sentir un fuerte, delicioso
y penetrante aroma que jamás había olido.
—Siento muchos olores, hermano —inspiró profundamente en lo
que puso un pie en la pista de aterrizaje. —La mayoría son de
hermosas mujeres con las lo hormonas alborotadas —ante ese
comentario puse una cara de pocos amigos. —No te enojes solo
estoy jugando, cosito —plantó un beso en mi mejilla.
—¡Te he dicho mil veces que no hagas eso! —le reclamo mientras
limpio la mejilla con mi pañuelo y lo que hace él se reírse a
carcajadas.
En momentos como este no dejo de preguntarme si mis padres
adoptaron a Iván, porque entre él y yo hay una diferencia abismal y
yo soy exactamente igual a mis padres.
—¿Cuál olor? —interrogó al ver mi mirada asesina.
—Tú tienes que ser hijo del tío Feliciano y mis padres te adoptaron
para que tuvieses una familia —espeto.
Mi tío Feliciano no es mi tío de sangre, solo era el mejor amigo de
mi padre, y se convirtió en toda una leyenda en la manada primero
porque tiene el récord de ser el lobo más promiscuo de todos los
tiempos. Y también porque circula el rumor que hace mucho años,
cuando estaba paseando por el campo, sintió el olor de su mate y
para mantener su vida de Don Juan huyó lo más lejos que pudo de
ese lugar.
La mitad de la manada se pregunta ¿Cómo hizo para resistirse al
embriagante olor de su mate? Ya que nuestro instinto es
incontrolable cuando se trata de nuestra alma gemela, y la otra
mitad asegura que eso jamás pasó.
—¡Esos no son juegos, Adolfo! Yo sí quiero encontrar a mi mate,
pero no todavía —hizo un puchero.
—Eso no funciona conmigo —le digo severamente. —Yo no soy tu
cosit... —no pude terminar la oración porque ese aroma volvió a
impactar contra mis fosas nasales —¿Ahora sí sientes el olor? —le
pregunto y él inspiró profundamente.
—La verdad no sé a cuál te refieres, hay demasiados.
—Pero este se antepone a todos —susurro al llenar mis pulmones
con él.
—¡Ya sé lo que te pasa! —exclamó al chasquear los dedos —
¿Nunca has venido a una zona tropical verdad?
«Que pregunta más estúpida» —ruedo los ojos.
—Iván, sabes que prefiero los ambientes fríos, odio los cálidos.
—Solo quería asegurarme —chilló con tono de inocencia. —Amor
mío —dijo tomando mi hombro y pegando su cara a mi oído —Vas a
encontrar muchos olores extraños, así que no te preocupes por
ellos.
—Pero este tiene algo especial, algo que me está volviendo loco —
inspiré como un perro y con cada inspiración mi corazón se
aceleraba más.
—¿A qué huele exactamente?
—A chocolate con coco —respondí.
—¿Ves esas plantas de allá? —señaló unas palmeras.
—Sí.
—Buenos esas se llaman palmeras y son productoras de coco —
dijo como si estuviese tratando con un retrasado mental.
—¡¡Ya lo sé, estúpido! —lo golpee en la cabeza, entre él y ese olor
estaban acabando con la poca paciencia y tolerancia que me
quedaba.
—¡Aunch! —se quejó.
—¿Y qué pasa con el otro, genio? —pregunté con premura.
Con cada segundo que pasaba me impacientaba más porque el
calor era demasiado insoportable.
—Estamos en Brasil, un país tropical, productor de cacao —dijo
como sí fuese obvio. —Ya deja de ser tan paranoico y relájate.
—Tal vez tengas razón pero ese olor me está volviendo loco, tengo
que descubrir su origen.
—Tu olfato se acostumbrara dentro de poco. Mientras tanto trata de
calmarte, tus ojos se están cambiando de color —me hizo saber
justo después de colocarme sus lentes de sol —Así nadie lo notara
—se mordió el labios —Mejor no —me quitó los lentes y se los
colocó él. —Con los lentes te ves más sexy que yo y eso no puedo
permitirlo.
Ruedo lo ojos por lo idiota que es y empiezo a caminar hacía el
aeropuerto.
'Avanza más rápido, esa fragancia se esconde adentro' —me
avisó Velika, que se encontraba tan alterado, acalorado e
impaciente como yo.
—Está por allá.
—¿Qué? —pregunta mi hermano.
—El origen de ese exquisito aroma.
—¿Por dónde?
—Por la bandeja de maletas, voy hacia allá —corrí sin darle tiempo
de opinar.
Mis primeras zancadas fueron largas y apresuradas pero a medida
que me iba acercando al epicentro del olor mis pasos se tornaron
más lentos, como si estuviese asechando a una presa.
'Ella es la dueña de esa esencia' —dijo mi lobo cuando estuve
frente a una mujer.
«¿Cómo es posible? ¿Por qué ella huele así?».
'Porque ella es nuestra mate' —dijo Velika con mucha emoción y
sentí como mi cerebro dejo de funcionar correctamente.
*Fin de flashbacks.
—¡Ya llegó! —exclamó mi nana con una sonrisa pícara.
—¿Cómo lo sabes? —pregunté inocentemente al salir del trance en
que me encontraba.
—Tu cara de bobo me lo dijo —frunzo el ceño al no entender a qué
se refiere. —Tienes las pupilas dilatadas, tus ojos azules se
encuentran con un brillo anormal y se nota tu ansiedad a kilómetros
—me sonroje por primera vez en mucho tiempo.
—¿Soy tan obvio? —inquiero en voz baja y ella estalló en
carcajadas.
—Claro que no, me di cuenta porque estoy viendo a una mujer
bajándose de uno de los coches —giré la vista abruptamente hacia
la ventana y efectivamente allí estaba ella, de pie junto al vehículo
observando la mansión.
«¿Son ideas mías o un resplandor emana de ella?» —Me pregunté
cuando sentí que el corazón se me iba a salir del pecho.
—Aunque lo de la mirada de cordero a medio morir es verdad —
añadió entre risa —Me voy, cualquier cosa que necesites estaré en
la cocina —informó antes de marchase.
La ansiedad que sentía por verla, por besarla, por tenerla entre mis
brazos me estaba carcomiendo tanto que los minutos que tardó en
llegar a mi despacho me parecieron siglos. Y en lo que su exquisita
esencia impregnó todo el lugar tanto mi lobo y como yo quisimos
llenarla de besos. Pero como sé que no puedo perder los estribos
con ella, otra vez, hago todo lo posible por controlar a Velika.
'No creas que te estoy haciendo caso porque eres el que
manda, lo hago porque ya has metido la pata tantas veces con
ella que no quiero asustarla'.
«Entiendo tu punto, gracias».
Al principio vaciló en entra pero en cuanto su pequeño cuerpo lo
hizo pude divisarla de arriba a abajo, y con un escaneo rápido me
basto para detallar que tenía los ojos hinchados y rojos, como si
hubiese estado llorado todo el camino hasta aquí.
«¿Le afecto tanto el ver a su abuelo tras la rejas?» —me pregunto.
Nunca pensé que le fuese afectar tanto.
El señor apenas lleva 24 horas encarcelado y con el trato especial
que ordene para él no creo que lo esté pasándola tan mal.
—Haré todo lo que quieras con tal dejes a mi familia en paz —dijo
con un hilo de voz que fragmentó mi corazón en miles de pedazos,
porque las lágrimas no tardaron en deslizarse por sus mejillas.
Odiaba ver a una mujer llorar, pero ver a mi mate llorando me
estaba destrozando por dentro. No quería que su aura reflejara
tristeza. Quería que estuviese radiante, feliz, igual que el día que la
vi por primera vez.
«¿Qué fue lo que hice mal, Velika?».
'Creo que la pregunta indicada sería ¿Qué no hiciste mal?' —
respondió.
.
Capítulo 13 parte 2 √
.*Anna*.
—El amo está adentro —habló el guardia que me trajo al ver mi
indecisión.
Por un lado no quería entrar, porque eso conllevaría a ceder ante el
desquiciado, pero debía salvar a mi abuelo.
Tomé una gran bocanada de aire antes de poner un pie adentro y
me trague todas las lágrimas que amenazaban con escapar de mis
ojos.
«Tú puedes, eres más fuerte que todo esto» —me di ánimos antes
de levantar la cara del piso y enfocar al maldito que no dejaba de
analizarme de pies a cabeza, provocando que me sintiera incomoda
y que una enormes ganas de golpearlo me inundarán al ver su
extensa sonrisa.
«¿Cómo puede estar feliz sabiendo lo que le hizo a un pobre
anciano? ¿Acaso no tiene sentimientos?» —la cara toda maltrata de
mi abuelo se me vino a la mente y no pude contener más los
sollozos.
—Haré todo lo que quieras con tal dejes a mi familia en paz —digo
con un hilo de voz al tiempo que las lágrimas se deslizaron por mis
mejillas.
—Por favor no llores —dijo en cuanto recortó la distancia que nos
separaba —me duele verte sufrir —aparté sus manos en lo que
intento tocarme el rostro y por su expresión me atrevería a asegurar
que le afectó mi rechazo.
—No quiero que me toques —él miró el suelo con pesar y luego a
mí.
—Vamos a tomar asiento, tenemos cosas de las que hablar —
señaló un hermoso sofá de color blanco que se encontraba justo
frente a una chimenea que ni siquiera había notado.
«¿Por qué tiene una de esas?» —no pude evitar preguntarme.
Algo que me gusta de vivir en este pequeño país América es que los
365 años del año el sol brilla en lo alto del cielo y el clima siempre
es cálido. Así que no entiendo qué hace una chimenea en un país
tropical donde la temperatura más fría es de 23 grados.
—¿Quieres algo de tomar? —preguntó en lo que nos sentamos, uno
junto al otro.
«Recuerda el plan, Anna, debes convencerlo de que el peor error
que puede cometer es casarse contigo» —me dije a mí misma.
—No, solo quiero que finiquitemos este asunto cuanto antes —
limpio todo rastro de humedad de mi cara —así que vamos al grano
de una vez.
—De acuerdo, primero que nada quiero que sepas que ahora que
vamos a ser marido y mujer no les faltará nada a ti y a tus abuelos.
—De eso no me cabe la menor duda —abro los brazos para abarcar
todos los lujos de este lugar. —Sería el colmo que dejaras
desapareados a mis abuelos sabiendo que soy su único sostén —
espeto de mal modo y él frunce el ceño.
Obviamente le desagradó mi tono de voz pero es mejor que
conozco mi carácter desde ya.
—¿Eso era todo lo que querías decirme? —cuestiono y por la
presión que estaba ejerciendo en sus manos supe que se estaba
enojando.
«Tiene un carácter explosivo igual que el mío» —medite —«Siendo
ese el caso para persuadirlo debo calmarme y controlar mi
temperamento» —me aconsejo.
—No, yo...
—Porque tranquilamente lo hubieses podido hacer por teléfono —lo
interrumpí, ignorando completamente mi consejo anterior.
—No es necesario que seas tan maleducada.
—No era necesario todo lo que hiciste para tenerme aquí.
—¿Ibas a aceptarme por las buenas? —al ver como la ilusión se
reflejó en sus ojos no pude evitar reírme en su cara.
—Primero muerta —declaro y cada uno de sus rasgos se
endurecieron.
—Si sigues de grosera conmigo puede que te complazca —me
enderece en mi lugar y esbozo mi mejor sonrisa.
—No te tengo miedo —menciono con seguridad sin dejar de
sostenerle la mirada. Si cree que me voy amedrentar ante él por
amenazarme está muy equivocado. Lo peor que podría hacerme es
matarme y no le tengo miedo a la muerte.
—¿Terminaste de hablar? Porque tengo prisa, quiero comprobar el
estado de salud de mi abuelo —suelto.
—No vuelvas a hablarme de ese modo —me advierte y yo ruedo los
ojos.
—No cuentes con ello, una bestia como tú no merece mi respeto y
mucho menos mi consideración —me miro las uñas como si fuese
más interesante eso que nuestra conversación.
—Anna, —tomó mi barbilla para que nuestras miradas se
conectaran nuevamente, y los latidos de mi corazón se disiparon al
sentir el calor de su piel —Quiero que llevemos la fiesta en paz.
Deseo que nos llevemos bien, que seamos amigos y no sé
después... —con esas palabras mi humor empeoró.
—¡A OTRO PERRO CON ESE HUESO! —exclamé tan alto que él
se sobresaltó —¡No necesito escuchar un discurso pre-ensayado
que no te lo crees ni tú mismo!
—Mis palabras no son falsas, lo que te digo es cierto —dijo
buscando una posición más cómoda para sentarse, lo que me hizo
fijarme en el bulto que sobresalía de su pantalón.
—No me hagas reír, por favor —use mi tono sarcástico para que le
quedara claro que estaba enojada —Admite de una vez que tu
discurso es solo una treta para que te tenga confianza y
posteriormente caiga a tus pies como una ingenua.
—Soy completamente sincero con respecto a mis sentimientos —
aseguró.
—Déjame terminar tu discurso —aclare mi garganta. —"Lo único
que espero de ti en estos momentos es una amistad. No te obligare
a nada. Te esperaré todo el tiempo necesario hasta que por fin me
aceptes como tu pareja —acompaño cada una de mis palabras con
ademanes y expresiones faciales exageradas. —No quise llegar tan
lejos con este asunto, pero tenía miedo de perderte y por eso use
todo mi poder para obligarte a casarte conmigo. Tú eres
indispensable para mí" —arquee las cejas para interrogarlo con la
mirada —Desmiente si no era lo que ibas a decir —lo rete y él no
respondió —Tomaré tu silencio como una afirmación —agregué con
tono triunfal, pero en vez de sentirme feliz me sentía frustrada.
—Anna, aunque no lo crees esa es la verdad —intento tomar mis
manos pero las aparte —Desde que te conocí...
—Desde que me conociste solo pensaste en llevarme a tu cama —
lo interrumpo —Y antes de que lo niegues te informó que tu amigo
ya me dio la respuesta hace rato —señalo su entrepierna y sus
mejillas enrojecieron.
No sé porque estaba esperando que él desmintiera mi argumento.
No sé porque me decepcionó tener la razón y no sé por qué me
molesta tanto su silencio. ¿Qué esperaba? ¿Qué el amor que decía
profesarme fuese real?
«Deja de pensar en tonterías, esto es la vida real no una de las
novelas que lees» —me regañe.
—Anna...
«Hora de aplicar el plan “B”» —pensé.
—En parte tienes... —se calló en lo que tomé sus manos.
—Adolfo, lo que tú tienes conmigo es un capricho —él intento refutar
pero le cubrí la boca con mis manos. —No vale la pena que nos
casemos...
«No puedo creer que haré esto» —cierro los ojos para agarrar el
valor que necesito para que esas palabras salgan de mi boca.
—Acepto estar a tu lado una temporada, como si fuese tu esposa,
mientras se te pasa el capricho. Luego de ese tiempo me dejarás en
paz.
Él esbozó una gran sonrisa, envolvió mi cintura con sus brazos y me
atrajo a él. Los nervios y la ansiedad se empezaron a apoderar de
mí pero no lo demostré hasta que el muy asqueroso besó de forma
lujuriosa la palma de mi mano.
«¿Qué clase de enfermo tengo enfrente?» —reconsideré retratarme
de lo dicho.
—Me sorprendes —susurró con la voz entrecortada en lo que aparté
la mano de su boca —eres una mujer inteligente, determinada y que
sabe jugar muy bien sus cartas —acercó mi cuello a su boca para
dejar varios besos en él.
«Todo sea para obtener mi libertad» —me recordé cuando las ganas
de apartarlo, empujarlo y enviarlo a la patagonia se hicieron
presentes.
—Eso me hace desearte más —pasó su lengua por el tatuaje con
sus iniciales y cada célula de mi cuerpo se estremeció. —Eres tan
deliciosa —volvió a lamer la zona y sin necesidad de que me lo
pidiera incline mi cuello para darle un mejor acceso.
«¿Qué me sucede?» —pienso en cuanto mi respiración se vuelve
pesada y me entran ganas de enredar mis manos en su largo y
sedoso cabello, que me recordaba al de Thor.
—Me traes loco —muerde mi hombro al mismo tiempo que me
coloca a horcadas sobre él. —Quiero todo de ti —me toma de las
caderas y un gemido involuntario se escapa de mi garganta en
cuanto siento algo palpitante debajo de mí. —Tu amor, tu cuerpo, tu
tiempo, tu atención... —vuelve a lamer su marca y sentí una
humedad en mis bragas.
Intente alejarme porque su cercanía me estaba aturdiendo los
sentidos y no me gustaba el rumbo que llevaba todo este jueguito.
Él se dio cuenta de mi intenciones por lo que me agarró con más
fuerza y empezó a repartir besos por todo mi cuello.
«¿Por qué mi cuerpo reacciona de esta manera? ¿Por qué estoy
disfrutando de sus caricias?» —otro gemido se me escapó cuando
él mordió el lóbulo de mi oreja.
—Porque eres solo mía —dice con una voz gutural al enfocar mis
ojos. —Y jamás te apartarás de mi lado.
Solo eso fue necesario para que todas las extrañas y placenteras
sensaciones que estaba sintiendo se desaparecieran y en su lugar
quedara rabia, en su estado más puro.
—¡¿CUÁL ES EL EMPEÑO DE MANTENERME A TU LADO?! —le
grito en lo que me pongo de pie.
—Porque eres mía y te amo —dice con simpleza.
«¿Cómo es capaz de decir eso si apenas me conoce?» —lo miro
con una mezcla de decepción, incredulidad y odio. Para mí la
palabra “Te amo” tiene un significado especial y él acaba de
arruinarlo.
—Tú no me amas, solo estás obsesionado conmigo —puntualizo.
—Te equivocas. Yo siempre te he amado, mucho antes de haberte
conocido —frunzo el ceño —y lo comprobé el día que te vi en el
aeropuerto.
—Aeropuerto —repito y fue como si las nubes de mi cerebro se
disipara, porque recordé todo lo sucedido ese día con lujos de
detalles.
«Este loco es un obsesivo compulsivo igual que AntoniMascherano
(el de la saga pecados placenteros)» —todas las alarmas de peligro
de mi cerebro se activan de solo imaginar esa posibilidad. —«¿En
que lio me he metido?».
.
Capítulo 13 parte 3 √
.*Anna*.
—Anna —se puso de pie y por primera vez desde que llegue tuve
miedo —Sola dame la oportunidad de demostraré cuanto te amo —
me abrazó y para no hacerlo enojar no me aleje, pero tampoco le
correspondí.
—No me obligues a casarme contigo y te daré esa oportunidad —
murmuro contra su pecho y él se aparta como si lo hubiese
golpeado.
—No puedo hacer eso —me dio la espalda —Yo no quiero que te
conozcan como mi amante, quiero darte tu lugar, como mi esposa y
Luna Sup...
—¡YO NO QUIERO SER NADA TUYO! —levanté la voz para
hacerlo callar. —No quiero ser ni tu amiga, ni tu amante y mucho
menos tu esposa.
«Anna, respira profundo. El que se enoja pierde» —me repetía para
tranquilizarme.
—Adolfo, todavía estás a tiempo. Eres un hombre muy poderoso y
muy guapo, millones de mujeres estarán encantadas de compartir
una vida contigo, te lo aseguro.
—Lo sé —afirma con demasiada seguridad.
«Qué "humildad" la de este hombre».
—Pero entre todas esas mujeres te quiero a ti —agrega aun de
espaldas a mí —no tengo nada de especial —le aseguré y él se
volteó. Como era un hombre muy alto, casi de un metro noventa
tuve que levantar la cara para verlo a los ojos.
—Para mí eres la persona más especial del mundo —acarició mi
mejilla y su iris cada vez estaba más dorado que azul.
'Recuerda lo que pasó anoche, no lo vayas a molestar otra vez'
—me advirtió esa misma voz que vengo escuchando desde la
mañana.
—Tengo un carácter de los mil demonios —reconozco a ver si de
una vez por todas se decepciona de mí, pero la reacción que obtuve
no fue la esperada; en vez de ponerse serio soltó una carcajada
muy sonora.
—Eso no es problema, yo soy igual —ruedo los ojos.
—Soy la última persona en el mundo que te traería felicidad —hice
énfasis en esta oración a ver si por fin entendía lo que quería darle a
entender.
—En eso estás equivocada, tú eres la única que puede cambiar mi
forma de ser —hale las hebras de mi cabello.
—¡Ya me cansé! —chillo de la frustración —¿Cuál es tu problema?
¿El cerebro no te funciona correctamente? Te he rechazado de mil
maneras y no captas mi mensaje ¿Cómo tengo que hacerte
entender que mi corazón ya tiene dueño? Yo estoy enamorada de
Luis Mi...
—¡ESO NO PUEDE SER CIERTO! —me sobresalte ante su grito. —
¡TÚ SÓLO ME PUEDES AMAR A MÍ! —me tomó por la cintura con
una mano y con la otra agarró mi barbilla para que lo mirase a los
ojos —Olvidaré lo que acabas de decir si me dices que me amas
solamente a mí.
«No te amo, para mí eres la peor de las escorias que a puesto un
pie en la tierra» —me moría de ganas de restregarle eso en la cara,
pero por mi seguridad y la de mis abuelos preferí mantenerme
callada.
—Estupendo —dice luego de reírse sin una pizca de humor. —
Espero que con esto aprendas a medir tus palabras —El miedo llenó
cada célula de mi cuerpo al ver como sus ojos se volvieron negros
como los de un animal salvaje.
—Yo no he dicho nada —me defiendo.
—Lo pensaste, que es lo mismo —no puedo evitar mirarlo como si
estuviese loco —Puedo leer tus pensamientos, querida —explica y
siento como toda mi sangre deja de circular por mi sistema.
—¿Qué... clase de... criatura eres...? —tartamudeo presa del
pánico.
Él me pega más a su cuerpo y una sonrisa lujuriosa se dibujó en su
cara al sentir mi miedo.
—Quería hacer las cosas por las buenas contigo —pasa su lengua
por una de mis mejillas, barriendo las lágrimas que no sabía que
estaban brotando de mis ojos —pero por tu bocaza ahora la jodida
serás tú —de un tirón rompe toda mi ropa. —No te imaginas todo lo
que haré contigo —rozó la comisura de mis labios con su mano.
—Alejate — intento recuperar mi espacio personal, removiendome
en sus brazos, pero es tan grande y fuerte que por más que lo
empujo no se mueve.
—Sabes lo que disfruté al entrar por primera vez en ti —el recorrido
de su mano por mi cuerpo se volvió demasiado doloroso y brusco.
Como
—Me...estás lastimando —sollozo por el exceso de presión que
estaba ejerciendo.
—Te quiero debajo de mí —gruñó en mi oído y recuerdos
desagradable inundaron mi cabeza. Porque si a él lo excita mi
resistencia quería decir que también era como el desgraciado de mi
papá y su amigo.
—No por favor —digo con un hilo de voz cuando las lágrimas se
apoderan de mis ojos.
—Ya no eres tan valiente —inspiró el aroma de mi cabello —Y antes
de que grites por ayuda, te informo que nadie vendrá auxiliarte, aquí
nadie se atreve a desobedecerme y mucho menos desafiarme.
Sin más tomó la parte trasera de mi cabeza y me besó a la fuerza.
Yo cerré los ojos, ahogando mis sollozos, mientras mis manos lo
golpeaban, con todas mis fuerzas, para que me soltará, aunque
sabía de ante mano que era inútil.
Sus labios no dejaron de moverse alrededor de los míos ni siquiera
para tomar aire, por lo que mi boca quedó llena de su asquerosa
baba.
—Jamás te dejaré ir —susurró —lo mejor que puedes hacer es no
luchar conmigo y que empieces a disfrutar de mis caricias.
En lo que mi cerebro escuchó la misma frase que utilizó ese cerdo
mi cerebro recordó todo lo vivido ese día.
*Flashbacks:
–Tu padre dijo que eres virgen ¿Es cierto? –preguntó él cuando
llegamos a un asqueroso y sucio motel.
Yo solo asentí con la cabeza porque la voz no me salía, ya que no
he dejado de llorar desde que me monte en su carro.
Primeramente porque sabía lo que me esperaba y lo segundo
porque me partió el alma ver a mi hermana corriendo detrás del auto
cuando éste arrancó. En ese momento quise bajarme y correr para
alcanzarla, pero si lo hacía papá se enojaría muchísimo y debía
protegerla de su ira.
–Pues estas dos horas que pasarás conmigo serán las más la
deliciosas de tu vida —se humedeció la boca. –Desnudate
lentamente —ordenó.
—¿Qué?
—¡Que te quites toda la ropa! —repitió la orden pero esta vez en un
tono más alto.
Yo no quería estar desnuda frente a él, era demasiado denigrante
para mí hacer eso, y él al ver mi negativa me rompió la ropa con sus
propias manos mientras me gritaba que el tiempo ya estaba
corriendo y no desperdiciaría ni un segundo.
—¡ERES UNA PUTA! ¡PAGUE POR ESTAR CONTIGO! —gritó
enfurecido luego de le que diera una bofetada en un intento de
defenderme. —¡DEBES COMPLACERME EN TODO!
Sin ningún tipo de delicadeza me arrojó boca abajo en el
destartalado colchón y un resorte que sobresalía me hizo un
pequeño corte en uno de mis senos.
–Excelente culo –dijo luego de golpear y amasar alternativamente
mis glúteos.
—Me lástima —lloriqueó y él rió sonoramente antes de darme la
vuelta.
—Lo que pienses o sientas no me importa porque… —Se calló en lo
que mis pechos quedaron a la vista. —Que morbo —murmuró antes
de sonreír sádicamente y lamer los restos de mi sangre.
Intente apartarlo pero el muy desgraciado se posiciono arriba de mí
y atrapó mis muñecas por encima de mi cabeza para inmovilizarme.
—Odio a las potras salvajes —mordió sin ninguna contemplación
uno de mis pechos —Pero estoy dispuesto a hacer una excepción
contigo —Comenzó a besar, lamer y chupar mi cuello y mis pechos
causándome un terrible dolor, tanto físico como emocional.
Intente varias veces quitarme a ese gordo asqueroso de encima
pero era inútil, me tenía completamente inmovilizada, lo único que
podía hacer era llorar y recibir golpes de vez en vez por no dejar que
me besara la boca.
—Tu resistencia lo que hace es excitarme más —gruñe y trate con
más ahínco zafarme de él. Todo en él me asqueaba; su toque, el
calor de su cuerpo, sus besos, su pene erecto que rozaba contra mi
abdomen. Quería morirme.
—Ahora —dijo muy excitado al quitarse de encima. —Hazme una
mamada —se quitó los bóxer y se sentó en la cama.
—¡YO NO PIENSO HACER ESO! —grité e intente correr a la
puerta, pero antes de llegar él me agarró por el pelo.
—¡SÍ LO HARÁS! —me abofeteó tan fuerte que sentí el sabor
metálico de mi propia sangre. —¡ERES UNA PUTA Y PAGUE POR
TUS SERVICIOS —me zarandeó con tantas fuerza que creí que mi
cabello se desprendería de mi cráneo —¡HAZLO AHORA! —ordenó
al colocar mi cara en su entrepierna.
—¡NO!
—Por tu bien es mejor que dejes de luchar conmigo y disfrutes del
momento y mis caricias —me arrojó al suelo y comenzó a patearme
hasta que accedí a meter esa cosa a mi boca.
*Fin del flashbacks.
Como aquella vez me quedé completamente inmóvil para que todo
terminara rápido.
—Anna... Anna... —escuchaba mi nombre a lo lejos, pero no sabía
de quién era la voz lo único que mi cerebro estaba trayendo a
colación el amargo recuerdo de mi violación.
—¡ANNA, JODER MIRAME! Ya estás bien, no soy él —abrí mis ojos
y vi esos enigmáticos ojos celestes que me miraban con
preocupación —¿Estás bien?
—No me toques —me hice un ovillo en el piso y comencé a llorar
desconsoladamente mientras él me observaba, como un animal
mira a su presa.
—Las caricias de ese perro sarnoso de Luis Miller no te traen malos
recuerdos ¿me equivoco? —escupió con rencor y yo enterré mi cara
contra mis rodillas para quedarme callada y dejar mi mente en
blanco.
No quería volverlo a provocar.
—Me alegra saber que ya aprendiste la lección —continuó —ahora
tienes que aprender que —me agarró del cabello para que lo mirase
—no me importan tus traumas, después de la boda serás mía
quieras o no. —Esas crueles palabras hicieron que me rompiera aun
más. —Necesito traer a mi descendencia al mundo cuanto antes —
pasó la yema de su mano contra mi espalda descubierta
provocándome una sensación de asco.
—¿Por qué me haces esto? —pregunté usando las pocas fuerzas
que me quedaban.
—Tú eres mi mate y no pienso compartirte.
—¿Qué es un mate?
—Mañana lo averiguaras —me soltó —Lo mejor que puedes hacer
por ahora es dormir, mañana al medio día es la boda y al terminar
nos iremos a Alemania —abrí los ojos como platos.
—No, por favor —me hinque de rodillas frente a él —No puedo dejar
todavía a mi abuelo, él está muy mal herido, debo cuidarlo —las
lágrimas resbalaron por mis mejillas.
—No me importa, nos vamos mañana y no se habla más del asunto
—dijo con inferencia.
—Por favor, solo serán unos días, mientras se recupera —supliqué.
Soltó un largo suspiro y su expresión se suavizó.
—No puedo complacerte, me surgió un asunto imprevisto y tengo
que retornar lo antes posible a mi país —apreté mis manos para
controlar la impotencia que esta situación me hacía sentir —Pero te
garantizo que tus abuelos estarán bien protegidos —comenzó a
caminar con dirección a la puerta. —Margaret vendrá por ti y te dirá
cuál es tu recámara.
—Espera... —dije en susurro con la vista clavada en el suelo —¿Me
voy a quedar aquí?
—Sí y no quiero que hagas otra estupidez.
—Pero yo quería ir al h.... —me interrumpió
—¡PERO NADA! —tronó haciendome encoger en mi lugar, a la
espera de un golpe —Anna, por favor no sigas —respiró con
cansancio —Te quedarás aquí y punto.
No dije nada, porque sabía que era inútil. Luego de varios minutos,
en lo que sentí su mirada sobre mí, escuche el sonido de la puerta y
supe que me había quedado sola.
«Maldito desgraciado, te odio. Ojala nunca te hubiese conocido» —
pensé.
.
Capítulo 14 √
.*Anna*.
¿Alguna vez han sentido la sensación de estarse ahogando con sus
propias lágrimas? Pues de ese modo me siento desde que ese
animal me dejó en medio de su despacho completamente desnuda
e indefensa.
No entiendo por qué existe tanta maldad en el mundo. Y lo que
menos comprendo es el por qué soy un imán para las desgracias.
«Seguramente este es mi castigo por haber dejado que mi papá
matara a Claudia» —No puedo evitar pensar en ello, aunque mi
psicóloga me ha repetido mil veces que eso no fue culpa mía.
«Si tan solo no le hubiese dado permiso de ir al cine con ese chico o
si hubiese llegado más temprano a la casa la historia sería muy
diferente» —me digo y la responsabilidad de su muerte vuelve a
caer sobre mis hombros, acabando con lo poco que me mantenía de
pie.
—¿Mi niña, qué fue lo que pasó —preguntó con preocupación una
señora bajita, como de unos 65, de tez tostada, ojos oliva y cabello
castaño. —¿Qué fue lo que te hizo Adolfo? —añadió al estar frente
a mí.
«Destruyó mi vida» —Pensé pero no pude articularlo con palabra.
La señora me miró con ojos tristes antes de envolverme con sus
brazos.
No sé si fue por el respeto que le tengo a las personas mayores o
quizás fue porque ella me recordaba a mi abuela pero algo dentro
de mí se removió y dejé caer todas mis defensas. Me aferre a ella,
como si fuese el chaleco salvavidas que me sacaría del mar que me
estaba ahogando.
Allí, en sus brazos, permití que las lágrimas corrieran libremente por
mis mejillas mientras ella solo me acariciaba la cabeza y escuchaba
mis sollozos.
—Él... inten.to. Abusar de mí —logré decir en lo que sentí que ya no
me quedaban más las lágrimas.
—Mi niña, no sabes cuánto lo siento —me abrazó con más fuerza.
—No sé qué le pasó, él no es así, es muy buena persona.
Deshice el abrazo y la miré directamente a los ojos.
—Disculpe mi atrevimiento pero temo que usted está cegada. Él es
una bestia, un animal, un salvaje y por eso lo odio —mis ojos se
volvieron a cristalizar —Solo le faltó golpearme, ya que me humilló
física y psicológicamente —una lágrima solitaria emanó de mi ojo.
—No, Luna —limpió mi mejilla de forma maternal —no guardes
rencor en tu bello corazón —plantó un beso en mi frente —Esos
malos sentimiento como el odio, la envidia, el egoísmo y el
resentimiento deben estar fuera de tu vida, porque eres un ser lleno
de amor.
—Usted no me conoce.
—No necesito hacerlo para saber que eres una mujer respetuosa,
justa, honesta, amable, leal y de muy buenos sentimientos.
—¿Cómo puede estar tan segura de lo que dice? —pregunté con mi
expresión seria. La señora asomó una sonrisa pícara.
—¿Anita, tú conoces el significado de tu nombre?
—No.
—Tu nombre proviene del hebreo y significa "benéfica, compasiva,
llena de gracia". —Ella acarició de manera maternal mi mejilla. —
Tienes un hermoso nombre y le haces honor en todos los sentidos.
—Gracias por estar aquí conmigo —Sonreí de forma sincera, la
compañía de esta señora me resultaba reconfortante y me hacía
sentir protegida.
—Vamos a un cuarto para que te duches y descanses un poco —
dijo al ponerse de pie y ayudarme a mí a hacer lo mismo. —
Mañana será un día muy ajetreado —añadió al colocarme una
enorme toalla en los hombros —¡Qué olvidadiza soy! Ni siquiera me
presenté, mi nombre es Margaret —hizo un pequeña reverencia,
algo graciosa a decir verdad.
—Mucho gusto, yo soy..... Bueno usted sabe mejor que yo quien soy
—ambas nos reímos.
—Los nombres de las personas dicen mucho sobre ellos, pero
pocos lo saben —me guiñó el ojo y mi sonrisa se borró al acordarme
del canalla que por poco me viola.
—¿Cuál es el significado de Adolfo? —Pronuncie su nombre con
desdén —¿Maldito miserable destruye vidas? Porque no sería el
primer Adolfo en la historia que hace eso —se puso seria con mi
comentario.
—El nombre de Adolfo se relaciona con la naturaleza y es del origen
germánico "athal" que significa estirpe noble y "wolf" que significa
guerrero lobo. La unión de estas da como resultado "guerrero noble"
o "lobo noble" —hizo una pausa, como recordando algo. —Su
madre no pudo escoger un mejor nombre para mi niño.
Preferí no opinar nada al respecto y le pedí que me llevara a una
recámara.
Aunque esta señora me cayera bien no podía olvidar que era
empleada de ese salvaje y lo defendiera a capa y espada.
«Es mejor que no hable mal de él delante de sus empleados» —me
aconsejo mientras subimos unas escaleras.
La casa o más bien dicho mansión tenía 3 plantas y Margaret me
estaba llevando a la última, pero en el último tramo me paralice al
escuchar vidrios rotos, gritos, golpes y sollozos.
—¿Qué es eso? —inquiero y ella esboza una mueca.
—Es Adolfo, está muy enojado consigo mismo por lo que te hizo.
—Dudo que sea por eso —musito.
—¡MALDITA SEA! —al escuchar su voz, un frío recorrió mi cuerpo y
de no ser por la mano de Margaret estuviese corriendo escaleras
abajo debido al miedo que me invadió.
—Va..m.oss….de….a.q.u.i…. —Tartamudeo y me niego a caminar
cuando ella me hala.
—¡POR QUÉ! —otro grito más.
—Por favor... No...quiero...verlo —dije en medio del llanto al enfocar
la habitación del final pasillo que tenía la puerta abierta.
—No lo vas a ver, lo prometo —aseguro, pero mi cuerpo se negaba
a moverse en esa dirección, por lo que tuvo que arrastrarme por el
pasillo.
«Para ser una anciana tiene mucha fuerza».
—El baño ya está preparado y la ropa está en la cama —Me informó
en lo que entramos a la habitación contigua a la de los gritos. —
Vengo dentro de un momento, iré a comprobar que mi niño esté bien
—añade antes de cerrar la puertas tras ella.
Aunque parezca difícil de creer luego de que la cerrara los gritos
dejaron de oírse.
—¿Se habrá muerto? —me pregunto en voz alta —Lo dudo, hierva
mala nunca muere —suelto un largo suspiro y le pongo pestillo a la
puerta —¿Se habrá callado o este lugar no deja entrar los sonidos
del exterior? —sigo pasando la vista por el cuarto hasta que mis
ojos se detuvieron en un filoso cuchillo que estaba junto a una
bandeja con comida.
«*No tengas miedo, esa es la solución a todos tus problemas*» —
dijo la misma voz que me atormenta desde la muerte de Claudia, yo
la llamo "la voz de mis pensamientos suicidas".
«*Con él dejarás de sufrir y olvidarás todo lo que has sufrido*» —
continuó hablando mientras yo me acerqué a la mesa y tomé el
cuchillo entre mis manos.
—Es la solución —deslizo un dedo por el filo —siempre lo ha sido —
me hice una pequeña incisión y observe como la sangre emanaba
de mi dedo.
«*Que lindo, ahora un corte más profundo para acabar con tu
miserable existencia*» —demandó y yo coloqué el arma en mi
muñeca.
*'Anna, esa no es la solución'* —volví a oír esa voz masculina en
mi cabeza.
—Claro que sí —un ardor que me agarró todo el brazo en lo que
corté mi piel, pero al ver como salía mi sangre el dolor menguó,
porque con cada gota que perdía estaría más cerca de terminar con
mi tortura —muerto el perro se acabo la rabia —menciono al ver el
líquido carmesí caer al piso.
*'No, por favor, no cometas una locura... Yo te necesito... con
vida'* —su voz se quebró y por un momento dude en cortarme la
otra muñeca.
«*Ignoralo, él no sabe por todo lo que has pasado. Es hora de que
descanses en paz*».
*'No lo hagas, te lo suplico'*.
—Si dejo de existir Adolfo no tendrá motivos para lastimar a mis
abuelos o a mí.
*'Te prometo que él no volverá a usar a tus abuelos para
chantajearte, pero por favor no me dejes'*. —Mis ojos se llenaron
de lágrimas, porque a través de la desesperación de su voz pude
sentir su dolor como si fuese mío.
«*Hazlo ahora antes de que sea muy tarde, porque de lo contrario
Adolfo te hará vivir un infierno y serás la mujer más desdichada del
mundo*».
—Yo no quiero eso —llevo el cuchillo a mi otra muñeca pero al
recordar que existe la posibilidad de que salven la vida otra vez lo
colocó en mi pecho izquierdo y cierro los ojos.
Sin embargo, antes de que atravesara mi piel la puerta fue
destrozada de una patada y yo me quedé congela en mi lugar al
toparme con esa mirada azulada.
—¡Ni se te ocurra dejarme! —grita en lo que sus ojos llorosos se
conectan con los míos.
Luego de eso se acercó a mí y por temor a que me atacara de
nuevo le enterré el cuchillo en el corazón.
—Lo mate. —Murmuré cuando su cuerpo cayó al suelo y la sangre
mancho su camiseta. —Lo mate —trato de acercarme a él pero mi
visión es demasiado borrosa para poder caminar.
—¡COSI! —chilló un hombre de cabello oscuro que se me hacía
vagamente conocido, pero no pude identificarlo. —¡REACCIONA,
NO ME PUEDES DEJAR! —gritó antes de enfocarme —¡ASESINA,
LO MATASTE!
«Lo mate, pero ya no importa, soy libre al fin» —fue lo último que
pensé antes de desmayarme.
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Espero les este gustadoestahistoria
😉😉😉😉
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capítulo 15 parte 1 √
.*Anna*.
Desperté abruptamente a mitad de la noche y lo primero que hice
fue buscar, por toda la habitación, el cuerpo de Adolfo, que al igual
que los restos de sangre, había desaparecido. Lo segundo que hice
fue percatarme de que traía puesta una camisola de seda blanca y
que mi muñeca había sido limpiada y vendada.
«Todo fue real» —me dije a mí misma y quise salir de la recámara
para averiguar lo qué pasó después de que me desmaye, pero por
temor no lo hice, ya que no sé con qué me podría encontrar al
cruzar la puerta.
Así que decidí pasar el resto de la noche sentada frente a la ventana
mientras me torturaba con todo lo que había sucedido; mi casi
violación, el regreso de mis pensamientos suicidas y el hecho de
haberme convertido en una asesina.
«“¡ASESINA, LO MATASTE!”» —los gritos desgarradores de ese
hombre retumbaron en mis oídos una y otra vez hasta que el
amanecer llegó. Luego de eso mi mente entró en un estado de
letargo; sin ver ni oír nada hasta que Margaret me tocó la espalda.
—Buenos días, ¿Cómo te encuentras? —No me atreví a
responderle y mucho menos darle la cara. Me sentía tan
avergonzada por lo que hice que oculte mi rostro entre mis rodillas.
—¿Mi niña, pasaste toda la noche en el alfeizar de la ventana? —
me límite a asentir. —¿Por qué? —inquirió.
«Porque el remordimiento de conciencia no me dejaba dormir» —
respondí en mi mente.
—Mi nombre es Josefina, mi señora —habló una tercera voz juvenil
que nunca había oído. —pero si gusta puede decirme Fina —agregó
al notar que no diría nada.
—Ella viajó hasta aquí solo para arreglarte, mi niña —intervino
Margaret. Giré un poco la cabeza para observar a la chica con mi
vista periférica.
Era una como de 18 años, de tez trigueña, de cabello y ojos
oscuros.
«¿Vino a arreglarme? ¿Para qué? ¿Mi ejecución?» —me pregunté.
—Sé que soy joven y piensa que soy inexperta —volvió a tomar la
palabra mientras me veía con mucho interés. —Pero en mis manos
está segura, le prometo que será la novia más bonita del mundo —
esas palabras me hicieron levantar la cabeza y mirarlas con
asombro.
—¿Habrá boda? —fue lo único que salió de mi boca, con voz
pastosa por no haberla usado en un buen rato.
—Obviamente —respondió la chica en tono cantarín. —De lo
contrario no estaría yo aquí —se acercó a mí y estudió mi rostro con
detenimiento —No será una tarea difícil, es usted muy bonita —
aparté sus manos de un manotazo.
—¿Margaret, Adolfo está bien? —le pregunto pero antes de que ella
pudiese responderme la muchacha intervino, dándome la impresión
que ser un poco entrometida.
—Por supuesto, él mismo me ordenó que la preparara para la boda.
—¿Margaret, estás segura que él está bien? —repetí la pregunta y
esta vez ninguna de las dos pudo responder ya que alguien entró
sigilosamente a la recámara.
—Veo que estabas deseosa de que estuviese muerto —habló
Adolfo con resentimiento al aparecer en mi campo visual, pero no
como una aparición ni como un fantasma; estaba recién bañado,
con el cabello húmedo cayendo a los lados de su cara, luciendo una
camisa blanca y unos jeans azul marino.
—Hablando del Rey de Roma y él que se asoma —comentó con
humor Josefina y Margaret le dio un codazo para que se callara.
—Josefina, acompáñame a buscar el tocado que llevará Anna en el
cabello.
—En la maleta tengo todo lo que necesitamos para... —Margaret le
señaló la salida con la cabeza pero Fina no entendió el mensaje
hasta que Adolfo gruño. —¡Claro! Ya entendí. Lo siento, alfa —
Adolfo gruñó más fuerte y ambas abandonaron la habitación con la
cabeza baja, dejándonos solos.
—Estoy esperando una respuesta —dijo exasperado al ver que yo
solo lo miraba como si fuese algo irreal.
En cierta parte lo era, porque nunca había visto a un hombre tan
bello como él; con esas espesas cejas que rodeaban esos
enigmáticos ojos azules, que resaltaban en su tez blanca como si
fuese dos piedras preciosas. Ese brillante y sedoso cabello rubio,
que le otorgaba un aire de ser celestial. Y ni hablar de esos labios
carmesí, que a pesar de ser finos se veían muy apetecibles, y en
combinación del resto de sus facciones lo hacían lucir imponente y
varonil.
—¿Te comió la lengua el gato? —comentó y un impulso, que no sé
de dónde salió, me hizo poner los pies en el suelo y correr hacia él
para rodearlo con mis brazos.
Mi acción lo tomó tan desprevenido que llegue a pensar que me
empujaría, sin embargo, luego de unos cuantos segundos sus
músculos se relajaron, apoyó su barbilla en mi cabeza y me
correspondió el abrazo.
—Estás vivo —la agonía que me estaba ahogando disminuyó al
sentir su corazón palpitando rápidamente contra mi mejilla —gracias
a Dios —susurro e inexplicablemente mis ojos se llenaron de
lágrimas.
—¿A qué se debe esto? —interrogó con desconfianza pero sin
deshacer nuestro abrazo.
Sinceramente no sabía, supongo que fue por el alivio y la felicidad
que sentí al comprobar que no era una asesina.
—Contéstame, por favor —pidió y antes de responderle levanté la
mirada. Sus ojos estaban rojos, como si estuviese conteniendo el
llanto, y al mismo tiempo brillaban con ilusión.
—No sé, solo tenía unas inmensas ganas de verificar que estabas
vivo —contesto con simpleza y él esbozó una pequeña sonrisa ante
de abrazarme con más fuerza, como si tuviese miedo de que
desapareciera en cualquier momento.
—Por favor, no lo vuelvas a hacer —pidió con la voz quebrada —no
vuelvas a tentar contra tu vida... Porque...porque no podría resistirlo
—las lágrimas comenzaron a emanar de sus hermosos ojos y una
extraña opresión se apoderó de mi pecho. —No concibo la idea de
perderte.
Deshice el abrazo y retrocedí un par de pasos. Debía poner
distancia entre los dos, no me gustaba la forma en que mi cuerpo
reaccionaba ante él, además su actitud me confundía mucho ¿Por
qué se iba a preocupar más por mí vida que por la de él mismo?
¿Acaso se le olvidó que le clave un puñal en el corazón,
literalmente?
—No soy buena para ti, casi te mato ¿Acaso no estás enojado
conmigo por eso? —menciono para hacerlo entra en razón.
—Claro que no, todo fue culpa mía, no debí embestirte de esa
manera —se acercó nuevamente a mí.
—¿Estás justificando mi intento de homicidio? —vuelvo a retroceder.
No me convenía estar cerca de él, porque en cualquier momento
podría querer vengarse de mí.
Él negó con la cabeza y me miró de una forma tan tierna que varias
lágrimas se salieron de mis ojos, jamás nadie me había mirado de
ese modo.
—No llores, belleza —volvió a rodearme con sus fuertes brazos y yo
descanse mi cabeza en su pecho mientras sollozaba.
—Lo…siento —murmuró contra la tela de su camisa —no debí
reaccionar de esa manera —él tomó mi babilla para que lo mirase a
los ojos y me sorprendió ver lágrimas deslizándose por su perfecto
rostro.
—No pasa nada —dejó un beso en mi frente —hay que olvidar lo
que ocurrió anoche, no quiero que vuelvas a pasar la noche en vela
pensando en ese incidente.
—¿Cómo sabes que yo…
—Porque la conexión entre tú y yo es más fuerte de lo que todos
creen. —Respondió antes de que terminara de formular la pregunta.
—Lo que no entiendo es por qué… mi muerte te conmocionó tanto,
eso no debería robarte el sueño, ni mucho menos entristecerte,
pues con ello te librarías para siempre de mí.
—No podría vivir con otra cruz como esa sobre mi espalda —
comenté y su mirada se llenó de confusión.
—¿A qué te refieres?
—¿De verdad te sientes bien? —pregunté para cambiar de tema y
deshice nuestro abrazo. No me apetecía hablar sobre mi pasado
con él y si seguía entre sus cálidos brazos terminaría soltando la
lengua.
—Sí —respondió secamente y un incómodo silencio nos envolvió.
Me parecía increíble la facilidad con la que pasaba de un extremo
emocional a otro; hace un momento estaba llorando conmigo y
ahora está enojado.
—En verdad lo siento, no era mi intención herirte —me disculpo
nuevamente al ver que él no se animaba a decir nada más.
—Ya te dije, no quiero que te sientas mal por eso y mucho menos
que volvamos a tocar este tema —presionó el tabique de su nariz —
Yo ya lo olvide ¿Podrías hacer lo mismo tú? —mi vista recayó en su
pectoral izquierdo.
—Con una condición —sus ojos vuelve a enfocarme —quiero ver la
herida —señalo su pecho y él empezó a reírse como loco.
«¿Dije algo malo?» —me pregunte.
—Claro que no hiciste nada malo —respondió y el miedo se coló en
cada una de mis células al recordar que él podía leer mi mente. —
Me estoy riendo porque se me hace que lo que quieres es volver a
ver mí tonificado cuerpo —volvió a estallar en carcajadas justo
después de que sintiera mi cara arder de la vergüenza.
Antes de hablar no pensé que mi petición podría tener otra
interpretación que no estuviese relacionada con una evaluación
médica.
—Eso no…
—Tranquila, belleza, te complaceré —dijo entre risas antes de
quitarse su camisa y dejar su torso al aire.
Primeramente lo que hice, al tenerlo medio desnudo, fue contemplar
cada uno de sus marcados y tonificados músculos de cerca y
después mis dedos viajaron a sus definidos abdominales.
«Como diría mi abuela "Estos chocolates ya están en su punto"» —
me reí mientras acariciaba cada uno.
—¿Terminaste? —el sonido de su voz me sacó de mis
pensamientos.
—¿Qué? —lo mire extrañada y una radiante sonrisa abarcó todo su
rostro.
—Qué si ya terminaste de manosear mi torso desnudo —señaló mí
mano, que aún se encontraba en su abdomen, inmediatamente la
aparté y trate de decir algo pero nada salió de mi boca. —No,
tranquila continua. No me molesta que una mujer hermosa disfrute
de mi cuerpo y menos si eres tú —un calor inmenso se acumuló en
mi rostro en cuanto me guiñó el ojo.
«¡Dios, que vergüenza acabo de pasar! ¿Por qué cada vez que
estoy cerca de él soy idiotizada por su atractivo?¿Qué es lo que
está mal conmigo?».
—Anna —la mención de mi nombre me sacó de mis cavilaciones —
No has visto la herida y supuestamente eso era lo que querías ver
—dijo e inmediatamente mis ojos viajaron a ese lugar de su
anatomía.
Lentamente toqué el lado izquierdo de su pecho sin poder creer lo
que mis ojos contemplaban; el lugar donde debía estar una herida
abierta, o en su defecto una venda, estaba una piel brillante, tersa y
suave, como el trasero de un bebé.
—Imposible. Yo te apuñale, yo vi la sangre manchar tu camisa, yo
escuché cuando un hombre me gritaba que era una asesina
mientras lloraba a tu lado…—balbuceo sin control. Para mí era
inconcebible que en su piel no hubiese evidencias de haber sido
cortada con un arma blanca.
—Ese hombre era mi hermano —se rascó la base de su cabeza —
¿Te acuerdas de Iván? ¿El que se hizo pasar por mi esposo cuando
te vio en mi habitación? —asentí lentamente con la cabeza.
La verdad no recordaba muy bien el rostro de ese pelinegro, ese día
estaba tan turbada que lo único que me fije de él fue en sus
llamativos ojos verdes.
—Bueno… él dijo eso porque… le gusta mucho hacer bromas
pesadas —fruncí el ceño al no comprender lo que me estaba
explicando. —Ni mi hermano ni yo somos humanos —esperó varios
segundos antes de seguir hablando. —¿No vas a entrar en pánico?
¿Asustarte por lo menos?
—¿Por qué debería hacerlo? No has dicho nada que ya no supiera
—me encogí de hombros —Desde la noche en el bosque supe que
eras un ser sobrenatural.
Él me miró con suspicacia.
—¿Qué crees que soy? —Cuestionó —Siendo una mujer tan sagaz
debes tener alguna teoría.
—Por supuesto —respondo con superioridad —por eso quería ver
tú herida —pincho su pecho con mi dedo.
—¿Segura que no era para ver mis músculos más de cerca? —
quiso recortar la distancia que separaba a nuestras bocas pero una
mala mirada de mi parte lo obligó a retroceder. —¿Cuál es tu
hipótesis? —añadió luego de aclararse la garganta.
—Que eres un vampiro —solté rápidamente y él se alejó de mí para
golpear la pared sin piedad. —¡Pero qué te sucede! —mi grito lo
obliga a detenerse y mis ojos se enfocan en el agujero de 20
centímetros de profundidad que ahora tiene el concreto.
—¡Por qué me tienes que confundir con esas desagradables
criaturas! —gruñó molesto al darme la cara. —¿Acaso no se te pudo
ocurrir algo mejor?¿Un demonio? ¿Un hada? ¿Un tritón? ¿Un ogro?
¡Hasta la comparación con un maldito unicornio me habría parecido
menos insultante!
—¿Esas criaturas existen? —menciono tan emocionada como una
niña el día de su cumpleaños. —¿Cómo son? ¿Igual a como las
describen en los libros? ¿Tienen poderes? ¿Son peligrosas?
¿Podría verlas algún día?
Durante años he leído historias fantásticas sobre esos seres
mitológicos y me parecía un sueño hecho realidad poder conocer a
alguno.
—¿Por qué eso pensaste que era un asqueroso vampiro?
—Yo pregunte primero —me cruzo de brazos y él murmura algo que
no logro entender.
—Sí, todas esas criaturas son reales, pero algunas son muy
diferentes a como las pintan en los libros que has leído y por
supuesto que en el algún momento las conocerás.
Chillo emocionada al lograr mi cometido. No sabía que podría
lograrlo,, con el carácter de mierda que tiene este hombre.
—Ahora es tu turno —arrastró las palabras como si estuviese
conteniendo la
—Fue lo primero que se me vino a la mente después de que me
usaras como bolsa de sangre —le mostré los dos pequeños y casi
imperceptibles bultos que dejaron sus colmillos en mi cuello. —
Hasta donde tengo entendido los únicos seres que beben sangre
son los vampiros —volvió a gruñir como un perro rabioso.
—¡Hasta un niño sabe que no son los únicos! —exclamó en un tono
de voz que no me gustó.
—Pues ilumíname con tu vasta sabiduría —digo con ironía.
—Anna, no me provoques.
—Ni tú a mí —ambos nos retuvimos la mirada por varios minutos.
—¡Está bien! —dijo al darse por vencido. —Tú ganas, te contaré
todo —caminó hacia la cama. Se sentó en ella y me invitó a hacer
lo mismo. —Soy un hombre lobo —confesó en lo que mi trasero
tocó el colchón.
—¿Los lobos también chupan sangre? —las palabras salen de mi
boca antes de que pudiera procesarlas.
—Sí y no — soltó un largo suspiro y se rascó bruscamente el cuero
cabelludo con nerviosismo.
—Sólo…solo… tomamos la sangre de nuestros mates —susurra y
sus mejillas se tornan rojas.
—¿Cómo así? ¿Qué es eso de mate? No estoy entendiendo nada.
—Un mate es la persona que está destinada para ti, es tu alma
gemela, tu media naranja, el individuo con quien compartirás el resto
de tu vida —cerró los ojos unos segundos antes de continuar. —
Todos tenemos un mate y en la mayoría de los casos, cuando dos
almas destinadas se encuentran, se enamoran inmediatamente,
aunque no sepan ni siquiera sus nombres.
—Anoche… me dijiste que yo era…
—Mi mate —terminó la oración por mí. —Por eso —tomó mi rostro
entre sus manos —es que te amo más que a mi vida —plantó un
beso en mi nariz —Yo me enamoré de ti en lo que nuestras miradas
colisionaron por primera vez.
Intento besarme pero aparte la cara.
—Estás equivocado —quité sus manos de mi cara —Yo no soy tu
mate.
—Claro que lo eres —giró mi rostro para que nuestras miradas se
conecten nuevamente. —Por tu exquisito e irresistible olor lo sé —
tomó una gran bocanada de aire. —Es delicioso—comenzó a
olisquear las hebras de mi cabello. —Y es capaz de volverme loco y
traerme paz al mismo tiempo.
Toda la información que me estaba proporcionando era muy confusa
para mí por lo que me tomé varios minutos para aclarar mis ideas.
«Es imposible, debe estar metiéndome, él y yo no podemos estar
destinados el uno para el otro, yo no lo amo» —concluí y al instante
me arrepentí.
—Por favor —me levanté como un resorte y retrocedí varios pasos
—no me hagas daño… Prometo…no…volver a decirlo o pensarlo si
quiera —mi voz sale temblorosa y temí lo peor al ver como él
apretaba los puños.
La última vez que le había dicho que no lo amaba por poco me viola
y no quiero repetir esa experiencia de nuevo.
—Si tienes otra pregunta es mejor que la hagas —dijo para cambiar
de tema y logré normalizar mi respiración y controlar mis nervios.
—Me podrías explicar ¿Cómo es que puedes entrar en mi mente?
—Los seres sobrenaturales, como yo, entrelazan sus vidas a través
de una unión espiritual y luego una carnal —tomó una bocanada de
aire —Al completar esta unión el lazo entre ellos se vuelven
estrecho e inquebrantable; ambos sienten lo que el otro siente y
entre ellos pueden hablar telepáticamente.
—Algo así como si se fuesen uno solo —resumí.
—Así es, y como yo soy un lobo de linaje puro, la conexión que
existe entre nosotros es más fuerte, lo que permite que podamos
entrar en la mente, escuchar y ver a través de los ojos y oídos del
otro.
—¿Eso quiere decir que yo también puedo hacerlo? —digo con
curiosidad.
—Sí, cuando te marque en el bosque nos acoplamos en un 100% —
su respuesta me dejó perpleja.
—¿Marca? —Mi mano viajo al lugar donde estaba esas letras en
tinta dorada. —Estas son tus iniciales ¿Verdad? —él asintió
enérgicamente. — ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me las tatuaste
después que me desmaye?
Sabía que la respuesta de esa pregunta no me gustaría pero
necesitaba saberlas o me volvería loca.
—No te tatué. Cuando un hombre lobo muerde a su mate sus
iniciales aparecen en su cuello para que todos sepan a quien le
pertenece —explica con mucho orgullo y sentí como la furia iba
cegando cada uno de mis sentidos.
—¡¿ACASO ME VES COMO UN PEDAZO DE CARNE COMO
PARA MARCARME?! —Por su expresión supe que le sorprendió mi
sobresalto —¡Yo soy un ser humano no un puto animal como para
llevar las iniciales de su dueño! —espeto y la sorpresa fue sustituida
por frialdad.
—Anna, es mejor…
—¡Que tú te calles! —lo corto. —¡YA ME TIENES HASTA LA
CORONILLA, MALDITO PERRO GIGANTE!
—¡YO NO SOY UN PERRO! —gritó.
—Cariño, eres mitad lobo y los lobos son familia de los perros —uso
mi tono sarcástico, logrando que se enojara más.
Lo supe porque las aletas de su nariz de movían de arriba a abajo
por lo intensa que era su respiración.
—Anna, no me hagas perder la poca paciencia que tengo —me
advirtió.
—Lo mismo te digo yo a ti —repuse sin una pizca de miedo.
Cuando la ira se apoderaba me volvía valiente y altanera, cosa que
estando en mis cinco sentidos jamás haría.
—Veo que estás confundida y enojada, mejor continuamos con esta
conversación después —se levantó para irse, pero yo lo tome por el
brazo.
*‘No vayas a insistir. Déjalo que se marché’* —Me aconsejó esa
voz masculina y extrañamente le obedecí. De mala gana solté al
desgraciado y éste intento acariciar mi cara pero aparte su mano de
un manotazo.
—No me toques, perro sarnoso —pronuncio llena de veneno.
—Por esta vez te la dejaré pasar —se acercó a la puerta y antes de
abrirla añadió. —El juez que nos casará y los invitados llegarán al
medio día, así que debes estar lista para esa hora —dicho eso se
marchó y al instante entraron Margaret y Josefina.
—No salieron peleando esta vez —Margaret sonrió. —Eso quiere
decir que se están empezando a llevar bien.
—Te equivocas —contesté secamente. —No le dije nada porque
estoy agotada mentalmente.
—¿Qué peinado le gustaría que le hiciera? —Fina rompió el
incómodo momento.
—No me importa, haz lo que quieras —le dije al dejarme caer
pesadamente en la primera silla que encontré.
No quería pagar mi rabia con ninguna de ellas. Además nada de
esto me importaba, ni la boda, ni el novio y mucho menos lo que
llegasen a pesar los estúpido invitados.
—¿Cómo puede decir eso? Es su boda, el día más deseado para
una mujer —expresó impactada y le dediqué una mirada de odio.
—Para una mujer enamorada, tal vez, pero para mí este día
representa el final de todos mis sueños.
La expresión de la chica cambió drásticamente; su sonrisa se
esfumó y sus ojos me miraban con algo de reproche o reprobación,
no sé exactamente cual ya que no me detuve a descifrarla.
—No hablé de esa manera —se acercó con una secadora en la
mano —el señor Adolfo le hará muy feliz, se lo aseguro —me reí sin
humor, nunca había escuchado una locura semejante. —Estoy
hablando enserio, solo debe darse la oportunidad de conocerlo para
vea la maravillosa persona que es —solté un suspiro de fastidio.
—¡Otra ciega! —Exclamo en voz alta —¿Acaso no ven lo canalla
que es? Se ensaña con los débiles —mis ojos se cristalizaron al
recordar la imagen de mi abuelo tirado en el piso mientras su cuerpo
convulsionaba. —Es un cobarde, él es… —la primera lágrima
descendió de mi ojo y una idea cruzó por mi cabeza. —¡Cómo no se
me ocurrió antes! —ambas mujeres me miraron con extrañeza. —“El
Perro Cobarde" Ese será su nombre a partir de ahora y me importa
un bledo que no le guste.
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.
.
Holaaaaa
.
Gracias por leer esta "novela"
Les envío muchos besos y abrazosvirtuales.
Capítulo 15 parte 2 √
.*Anna*.
—Los invitados ya están abajo junto con el juez —me informó Fina
al entrar en la habitación.
En lo que terminó de resalta mis ojos, con el delineador, para
lucieran como dos reflectores, le pedí que me dejara sola unos
minutos para así sopesar bien lo que estaba a punto de hacer.
¿De verdad accedería a los caprichos de ese animal? ¿Estaba
dispuesta a condenarme a una vida llena de tristeza y sufrimiento?
La respuesta era sí, por los seres que amo era capaz de lo que sea.
—Adolfo, me dijo que ya debes bajar para dar inicio a la ceremonia.
La simple idea de saber que dentro de unos minutos me iba a casar
con ese maldito animal me retorcía el estómago y ahogaba mis ojos
en lágrimas.
—Anna, no llores se te correrá el maquillaje —me reclamó Fina,
pero a mí poco me importaba eso. Lo único que quería era
despertar de esta horrible pesadilla. —¡Perfecto!, Dos horas
desperdiciadas —añadió en lo mojé mis mejillas.
Sé que Fina se esforzó mucho durante horas para crear un estilo
hermoso, sencillo, sofisticado y armonioso para mi maquillaje y
peinado, por lo que me sentí mal al dejarme llevar por mis
emociones.
—Lo siento, Fina —me limpié las lágrimas con el pañuelo que me
entregó. —Es solo que… Nunca imagine que mi futuro esposo sería
un hombre tan despreciable como Adolfo Vukovic.
Ella me envolvió con sus brazos para consolarme, provocando que
mi llanto aumentara. Al igual que me ocurrió con Margeret Josefina
se ganó rápidamente toda mi confianza y por eso me estaba
apoyando en ella para no derrumbarme una vez más.
«*Si quieres dejar de sufrir ya sabes lo que tienes que hacer*» —dijo
esa molesta voz una vez más.
Desde que apareció anoche no me ha dejado en paz, insiste e
insiste en que debo quitarme la vida, pero no lo haré, no sucumbiré
otra vez ante ella.
—Vamos a retocar tu maquillaje antes de bajar —habló cuando
estuve más calmada.
Me limité a asentir con la cabeza y me volví a sentar en la silla. Ella
tomó una toalla humedad, quitando las manchas negras que
estaban bajo mis ojos y volvió esparcir la base.
—¿Quiénes son los invitados de la boda? —pregunto luego de un
rato.
—Vamos a decir que son socios, colegas y subordinados de Adolfo.
Después de esa respuesta nos mantuvimos en silencio hasta que
terminó con su trabajo.
—Listo, ahora sí eres la novia más bella que he visto —comentó en
lo que me arrastro al espejo de cuerpo completo para observar el
resultado final. —¿Tengo o no tengo razón?
Debía reconocer que Josefina había hecho un gran trabajo conmigo,
estaba más linda que nunca; con mi cabello negro azabache
recogido en estilizado y hermoso moño al estilo griego, y esos
pequeños cabellos sueltos que dejó por fuera me aportaban un aire
delicado.
El maquillaje, aparte que resaltaba mis rasgos, ocultaba
perfectamente los signos de mi desveló y ni hablar del hermoso y
delicado vestido de encaje, que aun siendo sencillo y corto, me daba
un aire sofisticado.
Cualquiera que me viera jamás se imaginaría cuan desdichada e
infeliz me siento, porque por fuera lucia hermosa, poderosa y
elegante.
—Hay que reconocer que Adolfo tiene un gran gusto, el vestido es
precioso y te queda como un guante.
En eso ella tenía razón, el vestido resaltaba mis atributos, dándome
ese toque sexy, pero sin llegar a ser vulgar, puesto que las mangas
largas y el cuello alto le aportaban elegancia, y el escote en la
espalda le daba el toque moderno y audaz de la mujer de hoy.
—Debemos bajar, la ceremonia debe comenzar —negué
rápidamente con la cabeza.
No quería salir de estas cuatro paredes, porque si lo hacía viviría
dentro de esta pesadilla por el resto de mis días.
—Anna, si no bajas él subirá por ti. —Eso basto para hacerme
cambiar de opinión. No quería enfrentarme de nuevo con él, no
tenía las fuerzas físicas y mentales para hacerlo.
Sin ánimos y con el corazón hecho añicos seguí a la chica por los
pasillos de la mansión hasta que llegamos a una escalera de
mármol negro que descendía en forma de caracol.
—Adolfo está al final esperando por ti —me informó Fina antes de
abrazarme y desaparecer por el mismo pasillo por el cual llegamos.
—Josef… —las palabras murieron en mi boca al oír el sonido del
arpa, los violines y el piano, ya que éstos indicaban que era el
momento hacer mi aparición, pero mis pies no quería dar un paso,
estaban completamente congelados.
«No puedo hacer esto. Debo huir, no puedo casarme con él» —
pensé luego de unos minutos, pero antes de poder ejecutar mi
acción él apareció en un smoking plateado satinado, que lo hacía
lucir más guapo de lo que era, y al llevar el cabello peinado
prolijamente hacia atrás y recogido en una cola baja le otorgaba ese
aire imponente y autoritario que tanto me intimidaba.
—Todos esperan por nosotros —me ofreció su brazo y yo dude en
aceptarlo. —Recuerda que con esta boda aseguras la vida de tus
abuelos.
Al escuchar su amenaza tuve que ahogar mis sentimientos o mis
lágrimas fluirían incontenibles por mi rostro. Sin decir nada acepté el
brazo de ese desgraciado y ambos bajamos las escaleras.
A mitad del camino me para agarrarme fuertemente de la baranda,
decorado con cintas y flores blancas, porque no podía seguir
caminando, sentía mis piernas temblar como gelatina con cada paso
que daba.
—Apóyate en mí, yo nunca te dejaría caer —susurró en mi oído y
por extraño que parezca le creí.
Con su ayuda baje los eslabones que me faltaban y al llegar al final
pasé la mirada por todos los invitados que no dejaban de sonreír y
aplaudir. La mayoría de las caras me resultaban extrañas, a
excepción de Magda y Edward Miller que mantenía una expresión
taciturna.
Busqué con desesperación a Luis o Brad pero no hallé a ninguno.
Me habían dejado sola, a merced de el canalla que tenía al lado.
—Si miras hacía tu derecha podrás ver a tu abuela —
automáticamente giré el rostro en esa dirección y allí estaba ella;
con el rostro bañado en lágrimas y con un gorila a cada lado — tu
abuelo no pudo asistir porque sigue en el hospital —añadió mientras
con pasos lentos, nerviosos e inquietos caminaba hasta el juez.
No dijo nada más, sin embargo su amenaza quedó más que clara; o
me casaba o mi abuela pagaría las consecuencias.
«Todo sea por el bienestar de mis abuelos» —con ese pensamiento
me mantuve callada toda la ceremonia, que trascurrió sin ningún
inconveniente, pero no fue hasta que el juez me pidió firmar el libro
de actas que en verdad le preste atención a lo que estaba diciendo.
Al parecer eso era lo único que faltaba para finalizar la boda, en qué
momento me preguntaron si aceptaba al perro cobarde como
esposo, no lo sé. Lo cierto era que en el papel se encontraban las
firmas de Iván Vuković y Josefina Maldonado como testigos del
enlace y más abajo se encontraba la firma elegante y cursiva de
Adolfo.
—Es tu turno —me dijo al entregarme una de esas plumas
exclusivas.
Con las manos temblorosas la tomé y estaba dispuesta a firmar,
pero me detuve justo antes de que la punta tocara el papel.
«¿De verdad me pienso casar con él? ¿De verdad ataré mi vida a
una persona que no amo y no amaré jamás?» —medito y las
palabras que me dijo mi abuelo en su último cumpleaños me
hicieron reconsiderar las cosas.
“Lo único que tu abuela y yo deseamos es que seas feliz al lado del
amor de tu vida” —dijo él en aquella oportunidad. Viré mi ojos hasta
donde se encontraba mi abuela, en busca de su concejo, y lo que
hizo fue negar negó con la cabeza y emular un "No te cases" y un
“No importa lo que nos pase a nosotros, busca tu felicidad”.
Mis ojos se cristalizaron, porque ellos querían que fuese feliz y
nunca podría serlo al lado de una persona que mandó a golpear y
encerrar a mi abuelo solo para cumplir su capricho.
—No…quiero —murmuro y miró al juez con los ojos llorosos.
—¿Qué dijo, señorita? —preguntó en voz alta.
—Ignorela, no sabe lo que dice, solo está nerviosa —habló Adolfo.
—¿Eso es cierto? —me pregunta.
—Yo…yo —comencé a tartamudear porque estaba haciendo un
enorme trabajo para ser egoísta y pensar solo en mí.
—Firma el puto papel o el cuerpo de tu abuelo se lo comerán las
ratas de su celda —susurró ese horrible animal y no pude contener
más mis sollozos.
—¿Señorita, está segura que desea contraer nupcias con este
joven? —cuestionó el juez y yo negué con la cabeza.
—Él...me está... —un grito no me dejó terminar.
—¡ESTE MATRIMONIO ES UN ERROR! Porque la novia me ama
es a mí.
Todos los presentes jadearon de la sorpresa y yo de la felicidad
cuando mis ojos se posaron en él.
—Luis... —digo su nombre con ilusión y siento como mi corazón se
acelera. Él estaba aquí, no me había dejado sola, vino a resctarme
de las manos de la bestia. —Viniste por mí —él me sonrió y caminó
hacía mí, pero Adolfo se interpuso en medio de los dos.
—Ni se te ocurra dar un paso más —lo amenazó con ese mismo
tono de voz que me ponía los pelos de punta.
—¿O qué? —lo retó y Adolfo le dio un puñetazo que lo lanzó al piso
y la sangre empezó a salir de su boca y nariz.
—Puedes despedirte de este mundo —añadió antes de darle una
patada en las costillas.
—Primero muerto que dejar a mi pulga en tus manos —dijo Luis con
determinación después de escupir a los pies de Adolfo, y por la
mirada de odio que éste le dedicó me di cuenta de lo que pasaría;
Adolfo mataría al amor de mi vida.
Movida por mis instintos protectores corrí hasta ellos y tomé a ese
animal por el brazo para captar su atención. No podía permitir que
Luis también saliera herido por culpa de mis errores.
—No, por favor —supliqué y cuando su mirada me enfocó se
suavizo un poco. —no lo lastimes, te lo suplico —con mis manos
enmarqué su rostro para que solo me mirase a mí. —Yo... yo me
casaré contigo...y me quedaré por siempre a tu lado... pero —inspiré
profundamente, porque sentía que me estaba ahogando con mis
propias palabras. —Pero dejalo vivir.
Sabía que con mi declaración me estaba condenando a una vida
miserable llena de amargura y tristeza, pero no podía vivir sabiendo
que mis abuelos, Luis y su familia habían muerto por mi causa.
—¿De verdad prometes quedarte conmigo para siempre? —
pregunta y yo asiento.
—Solo...te pido que me dejes hablar con Luis una última vez —su
rostro se endureció, pero antes de que se negara le pregunté al juez
dónde debía firmar.
—¿Está segura que se quiere casar con Adolfo Vuković por voluntad
propia?
—Sí —dije sosteniendo el llanto y estampé mi firma al lado de la de
Adolfo. —Listo, ya somos marido y mujer —dirijo mi mirada al
desgraciado. —Con eso —señaló el acta de matrimonio —te estoy
demostrando que lo que digo es verdad, ahora dejame despedirme
de él, por favor.
.
.
.
Capítulo 15 parte 3 √
.*Adolfo*.
Desde un principio supe que esta ceremonia iba a ser complicada,
puesto que la novia no me tolera, y para que aceptara casarse
conmigo tuve que chantajearla. Pero jamás llegue a pensar que ese
desgraciado de Luis Miller se atrevería a aparecer, no lo creí tan
tonto como para desafiarme, pero me equivoqué y estoy pagando
las consecuencias.
—Hermano, trata de disimular tu enojo, solo provocas que los
chismes incrementen —me recomendó Iván mientras intentaba
detener la marcha que tenía frente a la puerta de mi despacho.
Por intervención de mi hermano le di permiso a Anna para que
hablara con Luis por última vez, pero ahora me arrepiento de haber
accedido.
—No debí hacerte caso, llevan mucho tiempo solos —gruño con
molestia e impaciencia.
—Adolfo, ¡Ya basta! —me detuvo y obligó a mirarlo —Controlate o
te transformarás aquí mismo y matarás al hijo de Edward,
arruinando más tu imagen.
Nadie mejor que yo sabía eso, pero era difícil, Velika estaba loco por
tomar el control porque, al igual que yo, estaba furioso con ese
miserable que vino principalmente a dejarnos en ridículo;
exponiendo públicamente que Anna no me ama a mí sino a él.
Sin mencionar que con ello hirió mi orgullo y mis sentimientos,
porque ella firmó ese puto papel solo para salvarle su miserable
vida, ya que estaba más que decidida a no casarse conmigo.
—No te preocupes por ese infeliz, ya ustedes están legalmente
casado, aunque solo por la ley humana... —se quedó pensativo
algunos minutos. —Hay que organizar una ceremonia oficial frente a
toda la manada... Aunque como ya completaste vuestra unión no
tendría mucho sentido hacerla —meditó en voz alta. Estaba a punto
de decirle que se callara la boca, que me tenía aturdido, cuando
añadió —De todas maneras Vlad y yo la organizaremos, no hay que
perder la oportunidad de celebrar un gran reventón.
Lo miro con incredulidad y pasmo, ¿Cómo era capaz de pensar en
una fiesta en un momento como este?
—Cuándo será el día en que tú pensaras como alguien normal.
—Jamás —enfatizó su negación —lo normal es aburrido y soso
como tú, y yo soy todo lo contrario a ti; alegre, genial, súper guapo,
entusiasta, un amigo excepcional, un excelente amante, un ser
único e irrepetible, porque después que yo nací la Diosa Luna
rompió el molde —dijo muy orgulloso de todas sus “cualidades”.
—¡Agradezco enormente que haya hecho eso! —exclamo y él me
mira con confusión por mi arrebato —Porque me habría suicidado si
hubiesen dos como tú —la idea con mi comentario era que borrara
esa estúpida sonrisa de su cara, sin embargo lo que provoque fue
que estallara en carcajadas.
—¿Qué día te vas a suicidar? Porque Vlad es como yo —dijo entre
risas y me entraron ganas de ahorcarlo. —Ya, no seas tan
amargado, cosi —intento acercarse a mi cara, seguramente para
besarme , pero lo empuje al deducir sus asquerosas intenciones.
—¡Iván! —chille y el volvió a reírse estruendosamente.
—De nada —dijo cuando terminó de reírse.
—¿Estás drogado o qué? No tengo nada que agradecerte.
—Claro que sí, gracias a mis tonterías te olvidaste que mi cuñis está
encerrada en tu despacho al lado de su verdadero amor —se mofó
consiguiendo que mi sangre hirviera.
—Largo de mi vista —le advertí, porque como volviera a abrir la
boca iba a descargar mi rabia con él.
—¿Por qué? ¿Por decirte la verdad? —Gruñí. —¡Ay cosi! Debes
bajarle dos rayitas a tus celos, no tienes nada que temer. Luis no es
tonto, nunca se robaría a la novia; ella es tuya en todos los sentidos;
espiritual, física y legalmente. Además, él sabe que por todo el
poder que posees la encontrarías en un minutos, así la esconda
debajo de la tierra —dice para tranquilizarme, pero eso no logró
disminuir mi ira. Eso solo lo conseguiría cuando ese desgraciado
estuviese tres metros bajo tierra. —Y por si fuese poco tienes aquí
mismo la garantía para que ella se quede a tu lado.
—¿Garantía? —repetí.
—Su abuela —dijo como si fuese obvio. —Anna nunca se iría de
aquí sin ella
—Tienes razón —murmuro y una idea cruza por mi mente.
Con premura llamo a uno de los guardias, que custodian a la
anciana, y en lo que está frente a mí hace una reverencia.
—Aumenta la seguridad en el hospital, quiero más ojos sombre el
abuelo de mi esposa, además quiero que un grupo rodee a los
padres de Brad, si intentan irse mantelos.
—¡Esa es una medida muy drástica! —opinó Iván detrás de mí.
Nunca sería capaz de lastimar a los abuelos de Anna, para salirme
con la mía, pero los Miller formaban parte de otro costal. Ellos por
ser los padres del desgraciado tenían que saber que su hijo
intentaría arruinar mi boda y debieron evitarlo.
—Casi lo olvido —dije ignorando completamente a mi hermano —
más te vale que no pierdas de vista a la abuela o date por muerto.
El guardia tragó grueso antes de marcharse y cumplir con lo que le
ordene.
—¿Adolfo, estás loco? No puedes ordenar que maten a la familia de
Luis así como así, recuerda que ellos son los lideres de esta mana...
¡QUÉ LE PASA A TU BOCA! —Gritó horrorizado y por el ardor de
mis labios supe lo que significaba.
—¡Ahora sí lo mato! —afirmo contundentemente y camino en
dirección al despacho.
Estaba tan furioso que no escuché los gritos de mi hermano hasta
que se interpuso en mi camino.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué tienes la boca al rojo vivo?
—¡HAZTE A UN LADO! —le grité haciendo uso de mi poder alpha
para que me obedeciera sin rechistar.
—¿Por qué estás tan molesto? —preguntó después de quitarse de
mi camino y no lo soporté más, estalle.
—¡Ella se está besando con ese maldito! —respondí apretando mis
manos y mi hermano palideció. —Ya me engañó una vez, no
permitiré que lo vuelva a hacer —sentí un pinchazo en el pecho y
mis ojos se humedecieron. —El único que puede besarla, tocarla y
amarla soy yo y voy a matar a Miller por atreverse a tocar lo que es
mío.
—Si lo haces ella jamás te perdonaría.
—¡No me importa!
En líneas generales soy un hombre muy sensato pero ahora, con el
juicio nublado por la ira, no pienso correctamente sino que me dejó
llevar por mis instintos.
—He tenido suficientes desprecios y humillaciones por su parte —
limpio las lágrimas que se quieren salir de mis ojos —¡YA ME
CANSE DE... —me calló abruptamente en cuanto escucho unas
puertas abrirse.—¡Guardias! Saquen a este mal nacido de mi
propiedad ahora mismo —ordeno en lo que veo salir.
Él no se opone y acompaña a mis hombres a la salida
tranquilamente.
'Su comportamiento no me da buena espina' —opina Velika y le
doy toda la razón. Yo en su lugar estaría peleado con uñas y
dientes para tener a mi mate.
—Iván, —mi hermano me mira —no lo pierdas de vista hasta que
Anna y yo nos hallamos ido del país.
Mi hermano asiente y se va. Unos segundos después salió mi infiel
esposa con los ojos hinchados, el maquillaje corrido y los labios
hinchados.
«Maldita traidora» —pensé con rencor y dolor.
Quería hacerle pagar por mi sufrimiento pero al mismo tiempo me
dolía que prefiriera a otro antes que a mí.
«No es momento para dejarte llevar por la vulnerabilidad, hay que
ser implacable con ella para que aprenda la lección» —me
aconsejé.
'Ella no aprenderá a querernos con malos tratos, al contrario,
hay que demostrarle que valemos la pena y... '
«¡Calla!» —interrumpí a mi lobo. —«Aquí las cosas se harán a mi
modo».
Me acerqué a grandes zancadas hasta ella y la tomé bruscamente
por el brazo. Esperaba el regaño de mi lobo cuando ella gimió de
dolor por lo fuerte de mi agarre pero al ver que no diría nada hablé.
—¿Disfrutaste del beso? —sus ojos se abren de la impresión. —
Recuerda que puedo sentir todo lo que tú sientes, querida —aclaré y
pude notar el temor en sus ojos.
—Por favor, no me hagas daño —suplicó y más lágrimas
descendieron por sus mejillas.—Me case contigo tal como querías.
Me lastimaba verla llorar, el corazón se me comprimía, pero no
podía mostrarle cuanto poder tenía sobre mí, sobre mis sentimientos
o estaría perdido; ella me manejaría como a un títere, a su antojo
—Ahora mismo nos vamos —le comunique antes de caminar hacía
el helipuerto que se encontraba en la azotea.
Ella quiso oponer inútilmente resistencia pero terminó siendo
arrastrada detrás de mí.
—¿Vamos... vamos...a la lu...na de miel..? —tartamudeó.
Se podía notar a leguas que estaba asustada y no la culpaba,
después de todo lo que tuvo que vivir.
«Juro que si llego a encontrar a alguno de esos dos bastardos los
mataré de la forma más dolorosa posible» —repetí juramento que
me hice cuando me enteré que el padre de Anna le había hecho
tanto daño.
«No quiero experimentar otra humillación como esa» —pensó y
detuve mi andar.
—Anna, no sé qué me pasó anoche, pero te prometo que nunca
volverá a repetirse —cerré los ojos e inspiré profundamente para
que ese dulce olor a chocolate con coco entrara en mis fosas
nasales y disminuyera la frustración, la rabia y el odio que sentía.
—¿Adónde se dirigen los recién casados con tanta prisa? —la
molesta voz de Héctor retumbó en mi cavidad auditiva. —¿Acaso
piensan privar a sus invitados de su compañía?
—¿Qué haces aquí, Héctor? —le pregunto al volverme a poner mi
mascara de frialdad, indiferencia y desprecio.
Ante todos tenía la imagen de ser un hombre sin sentimientos,
remordimientos o compasión y debía mantenerla a toda costa o mis
enemigos aprovecharían para destruirme.
Héctor Böhl no era mi enemigo, tampoco mi amigo o aliado. Era
simplemente el hijo bastardo y mestizo de la reina Amira, que por
falta de hijos legítimos había sido nombrado como “príncipe de las
hadas” ahora que su madre había quedado estéril.
Aunque todavía no se sabía con seguridad si se convertiría en rey,
cuando su madre perezca, ya que su primo estaba alegando que
por ser mitad lobo no merecía el trono. Pero como el futuro es
incierto mejor no tener problemas con él.
—Sólo me dejé guiar por el olor característico del miedo que
desprende tu amada esposa —se acercó a nosotros y Anna se
escondió detrás de mí. —¿A qué le tienes miedo, querida luna?
Estás al lado del hombre más poderoso del mundo, él no permitiría
que nadie te tocara un pelo, porque aunque ames a otro él se
desvive por ti —pronunció con ironía. —Mentira, sí hay alguien que
se atrevería a tocarte por el solo hecho de ser la mate de Adolfo, y
su nombre es Octavio Kozlov.
Los pelos se me pusieron de punta en lo que escuche ese maldito
nombre y el miedo de perder a mi mate se coló por mi sistema.
—Héctor, no me toques las pelotas, porque ya estoy furioso y... —
me cortó.
—No tienes motivos para estarlo, ya te dimos lo que querías —miró
a Anna como si fuese algo insignificante. —No es mi culpa que tu
luna... —no terminó la oración porque mi hermano apareció gritando
como una fangirl.
—¡Bienvenida a la familia cuñadita! —Iván envolvió a Anna con sus
brazos.
Nunca en la vida la aparición de mi hermano me pareció más
oportuna, porque de haberse tardado un segundo más le habría
partido la cara a Héctor.
—Te casaste con un hombre de pésimo carácter —siguió hablando
mientras se lleva la mano a la frente dramáticamente. —Solo piensa
en puro trabajo, no toma vacaciones —hizo una mueca de
desagrado. —Espero que tú lo hagas cambiar por el bien de todos
—suspiró sonoramente —y también te voy a pedir un favor especial.
—¿Cuál? —preguntó ella tímidamente.
—Quiero muy pronto ser tío —Iván le guiña un ojo y ella lo miró con
horror, como si en vez de una cabeza tuviese tres o cuatro.
«Siempre tiene que salir con una de sus idioteces ¿Cuándo
madurara?» —Pienso.
—¡Hermano, felicidades! —saltó hacía mí, enganchando sus brazos
y piernas alrededor de mi cuerpo, como si fuese un mono —Te
deseo toda la paz, tranquilidad, amor, fertilidad y felicidad posible —
escondió su rostro en mi cuello. —¡EN VERDAD TE MERECES
TENER MUCHOS HIJOS Y YO MEREZCO TENER MUCHOS
SOBRINOS PARA CONSENTIRLOS, MIMARLOS Y
MALCRIARLOS! —gritó y el rostro de Anna enrojeció con la
mención de los hijos.
Nada me haría más feliz que ver a Anna embarazada de mis
cachorros, lo antes posible, pero ese tema no podía tocarlo hasta
que ella no me amara o al menos hasta que me aceptara como su
compañero de vida.
—Luis quiere hablar contigo —susurró en mi oído y mi cuerpo se
tensó.
—Yo puedo escoltar a tu preciosa esposa hasta el salón mientras tu
resuelves ese pequeño asunto —se ofreció Héctor.
Maldije mentalmente a mi hermano por hablar de más.
—No es necesario —Iván me soltó y le ofreció el brazo a Anna. —Yo
me encargaré de mi cuñis, ella debe alardear de mi compañía
delante de los invitados.
—En ese caso que alardee de los dos —dijo Héctor al ofrecerle su
brazo a Anna.
—Muchas gracias por la oferta, pero con la compañía de mi cuñado
me basta y sobra —la voz de mi esposa sonó segura y autoritaria,
haciéndome sentir orgulloso de ella. —¿Me llevarías con mi abuela?
—le preguntó después de entrelazar su brazo con el de mi hermano.
—Por supuesto, cuñis. Tu abuela es una señora adorable, estuve
conversando con ella antes de que bajaras y me contó unas
anécdotas muy divertidas de cuando era...
Sabía que mientras Iván estuviese con Anna ella estaría custodiada
y segura, por lo que me dirigí a la salida de la mansión, sin
importarme que Héctor viniera detrás de mí.
—¿Para que querías verme, miserable? —escupo en lo que lo tengo
enfrente.
—¡El miserable eres tú! —arremetió contra mí, pero fue demasiado
lento y logré esquivar el golpe fácilmente. —¡¿Cómo te atreviste a
querer abusar de ella?! —me dejó tan sorprendido saber que ella
había tenido la confianza para contarle todo lo que pasó anoche que
el puño de Luis impactó contra mi cara.
—¡Acepta de una vez por todas que no te pertenece! —me reí sin
humor.
—Ella es completamente mía —dije fingiendo una tranquilidad que
no sentía, solo para no darle el gusto de verme alterado. —Nuestra
unión ya fue consumada, fui el primer hombre que la poseyó y
acarició cada rincón de su piel —hago alarde y por el cambio del
color de sus ojos supe que iba a transformarse.
Le hice señas a mis guardias para que lo sostuvieran.
—¡ELLA ES MÍA! —escupió en cuanto mis guardias lo inmovilizaron.
—Era tuya —corrijo. No me gustaba recordar que él también era su
mate, sin embargo en esta ocasión me convenía mencionarlo. —
Hace muchos años que la conoces y no fuiste capaz de reclamarla.
—No lo hice porque quería que me amase por decisión propia, no
obligada por nuestro lazo.
—Eso te convierte en un imbécil, porque solo un imbécil perdería a
su mate por puro gusto —espeto y por su mirada llena de odio supe
que de no ser por mis hombres él me habría atacado, sin importarle
mi poder o jerarquía.
'¡Qué vas a hablar tú de imbéciles si eres el imbécil mayor!' —
intervino Velika. —'¿Acaso se te olvidó que ibas a perder a
nuestra mate por puro gusto, solo por ser humana?'.
«Velika, no es momento para que...»
—¡JAMÁS PODRÁS ACABAR CON NUESTRO AMOR! —la voz de
Luis me distrae de la conversación con mi lobo.
'Es hora de amenazarlo para que no se vuelva a acercar a
nosotros' —opinó Velika.
—Te recomiendo que por tu bien y el de tu familia aprendas a vivir
sin ella porque ahora es solo MÍA —me dispuse a entrar de nuevo a
la casa, pero sus palabras lograron detenerme.
—Ella no te ama y nunca lo hará —aprieto los puños para no caer
en sus provocaciones. —Date cuenta que sin importar lo que hagas
o adónde la lleves, jamás tendrás todo su corazón, porque una parte
de él siempre me pertenecerá solo a mí.
'No vayas a caer en su juego, tenemos todas las herramientas
para encerrarlo una larga temporada en prisión' —me aconsejó
Velika.
—Lo que digas me resbala, no conseguirás tu objetivo, así que
preparate para dormir en las sucias y frías mazmorras.
Los pleitos entre hombres lobos generalmente se resolvían a
golpes, pero cuando uno de los implicados no contraatacaba,
logrando controlar sus impulsos, cosa que es realmente difícil, éste
podía llevar al otro a juicio y dependiendo de la falta pasaría varios
meses o inclusos años detrás de las rejas.
Para Luis Miller por haber interrumpido mi boda, agredirme sin
ningún motivo de peso, porque los problemas entre Anna y yo no le
incumben. Y por haber besado a una hembra ya marcada y
desposada le tocaban alrededor de 6 años de prisión, 10 si ejercía
presión.
—¿Estás seguro de que todo te resbala? ¿Y si te cuento la manera
tan apasionada en que ella se entregó a mí?—inquirió con una
sonrisa socarrona. —Tú habrás tenido su cuerpo primero que yo,
pero en ese momento ella estaba bajo los efectos del alcohol, a
diferencia de cuando estuvo conmigo que estaba en sus cinco
sentidos.
'Ignorarlo' —me recomendó mi lobo, pero una cosa era decirlo y
otra hacerlo.
Cada una de sus palabras era un golpe para mi orgullo y no creía
poder seguir soportándolo por más tiempo.
—No te imaginas lo bien que la pasamos; besé cada rincón de su
piel mientras ella me entregaba todo de sí; sus besos, su cariño, su
amor, su pasión y devoción, cosa que dudo que haya hecho contigo
—no soporté más y estampe mi puño en su cara, rompiéndole la
nariz.
'Adiós a nuestra oportunidad de deshacernos de él' —se
lamentó Velika.
—¡NO VUELVAS A HABLAR ASÍ DE MI MUJER! —Gritó enfurecido.
—¡TAMBIÉN ES MI MUJER! —repuso, haciéndome perder
completamente los estribos.
Para que describir cómo fue nuestra pelea, solo basta decir que nos
peleamos como dos neandertales; con patadas, golpes, cabezazos,
jalones de cabello, cachetadas, manotazos y pellizcos.
Mi alma estaba tan consumida por el odio que de no ser porque
Héctor le ordenó a mis hombres que nos detuvieran Luis Miller
estaría muerto.
—¡LA VOY HACER MÍA TODAS LAS NOCHES AUNQUE NO
QUIERA! —dije para provocarlo.
No me bastaba con verle la cara reventada y llena de cardenales.
Quería verlo muerto, que su sangre se derramara por todo el
césped.
Él trató de venirse contra mí y yo estaba más que dispuesto a seguir
con la lucha, debido a la adrenalina que circulaba por mi sistema,
pero mis hombres no nos dejaron.
—Juro que... —arrugó la cara producto del dolor que le ocasionan
las costillas que le rompí y eso me llenó de dicha. —La voy a
recuperar... No la tendrás para siempre, maldito —fue lo último que
dijo antes de que mis hombres se lo llevarán.
—Por suerte para ti vi todo lo que pasó y voy a testificar para que
Luis sea juzgado —la voz de Héctor captó mi atención. —Debe
pagar por haberte dicho la verdad en la cara —añadió y tuve que
hacer uso de todo mi autocontrol drenar mi rabia con él en lo que
empezó a reírse.
—¡Vete a la mierda! —le grité antes de entrar como alma que lleva
el diablo a la mansión.
Mi respiración era agitada, mi ropa un desastre y por las heridas en
mi cuerpo todos los ojos de los invitados se posaron en mí en lo que
puse un pie en el salón.
“¿Qué le pasó?”, “¿Con quién se habrá peleado? Seguramente con
el hijo del Alfa Miller”, “¿Cuál de los dos habrá salido peor? Eran
algunos de los comentarios que hacían al verme pasar frente a
ellos.
Como mi objetivo no era pelear con cada uno de los invitados los
ignoré completamente y me enfoque en mi propósito; encontrar a mi
mate y sacarla del país para que estuviese lo más lejos posible de
ese desgraciado.
—Cosi, qué... —las frase de Iván murió en su boca cuando tomé a
Anna entre mis brazos y la bese a la fuerza.
El beso era agresivo, arrebatado, exigente y posesivo. No me
considero un hombre brusco a la hora de besar pero estaba tan
iracundo de saber que ese maldito poseyó su boca hace unos
minutos que mi intención era borrar de sus labios todo rastro de él,
labios que solo podían
—Estos labios solo pueden ser probados por mí —le advierto antes
de morderle el labio inferior hasta hacerla sangrar. —Ahora sí
podemos decir que somos marido y mujer —la volví a besar con
brusquedad provocándole dolor.
—Eres un bruto —dijo al limpiarse la sangre con la mano.
—Y eso solo fue una muestra de lo que te haré —su rostro palideció
y sin esperar una respuesta de su parte la tome como un saco de
papas y me dirigí a la puerta.
—¡BAJAME! ¡ERES UN ANIMAL DESPRECIABLE! ¡ME DAS
ASCO! —gritó a todo pulmón y no mentiré, sus palabras me
lastimaron, eran como dagas que se incrustaban en mi corazón.
—Joven, por favor —la abuela de Anna tomó mi mano antes de
añadir con voz apagada —No se la lleve todavía, hay algo que debo
confesarle sobre su niñez.
—No pienso dejarla aquí ni un segundo más, no permitiré que idee
un plan para escaparse con la basura de Miller.
Ignorando a la anciana, las protestas de mi esposa, a los invitados,
a mi hermano y mis propios sentimientos camine con ella acuestas
hasta el helipuerto, la lancé en el asiento del copiloto, abroche su
cinturón de seguridad y subí en el lado del piloto.
—No me dejaste quitarme el vestido de novia —dijo más calmada
cuándo encendí el motor.
—Eso no importa, nos iremos en un avión privado.
—¿A dónde iremos? Claro si es que puedo saber —usó un tono
sarcástico.
—Al aeropuerto, allí nos espera el avión que nos llevara a Alemania
—en lo que terminé de hablar comenzó a sollozar y sentí como mi
alma se partía.
'Deja de herirla, ¿Acaso no ves que la estás haciendo sufrir con
tu actitud de mierda?'.
«No me importa cuánto sufra, debe pagar por haberme dejado en
ridículo con los de mi especie».
'Si sigues así vas a empeorar más las cosas entre ustedes'.
«Ya no me interesa tener algo con ella, desde este momento haré
de su vida un infierno. Deseará nunca haberme conocido».
'También será tu infierno, recuerda que son uno "GENIO".
.
Capítulo 16 parte 1 √
.*Adolfo*.
El viaje de casi 12 horas no fue tan horrible como pensé, por suerte
para mí, Anna durmió todo el trayecto y aproveche ese tiempo a
solas para reflexionar.
Todavía estaba enojado con ella por lo que dijo el maldito de Miller,
pero gracias a la persuasión de Velika, durante todo el vuelo,
literalmente, accedí a darme una segunda oportunidad con Anna.
Solo espero que ella ponga de su parte porque de lo contrario no
prometo ser dulce.
—Es hora de despertar al demonio —digo en voz alta en lo que
aterrizamos en el aeropuerto de Friburgo, Alemania.
Sin muchos ánimos y con el corazón hecho trizas me levanto del
asiento y me dirijo a la habitación donde se encontraba la causante
de todas mis penas y tormentos.
En lo que llegué a mi destino el delicioso aroma que emana de Anna
me embriagó completamente y no pude evitar pasar mi vista por sus
torneadas piernas y espalda descubierta.
«Con ese vestido y así dormida parece un ángel» —reflexionó
mientras acaricio su mejilla.
No sé por cuanto tiempo me deleito con el calor y la suavidad de su
piel morena, pero cuando me doy cuenta tengo los ojos llenos de
lágrimas.
—¿Por qué no puedes amarme? Si yo te adoro —le susurró al
dibujar el contorno de sus labios color chocolate. —Por ti pelearía a
muerte mil veces. Sería capaz de perder mi dignidad con tal de verte
feliz. Y por tener un poco de tu amor sería capaz de vivir a tus pies,
cumpliendo al pie de la letra tu santa voluntad.
Ella se removió un poco y me levanté como un resorte de la cama,
ya que a juzgar por el aumento en sus respiraciones no tardaría en
despertarse.
Luego de unos minutos esos orbes grises, que me tienen hechizado,
se posaron en mí y sentí las mariposas bailar en mi estómago al
igual que el fuerte palpitar de mi corazón contra mi caja torácica.
—Ya llegamos —le informo y me preparé mentalmente para la
inminente contienda. Sin embargo, extrañamente, ella no dijo
absolutamente nada y bajó del Jet en silencio.
«Algo con su actitud no me huele bien» —me dije a mí mismo.
Tengo poco tiempo conociéndola pero pero la sumisión absoluta no
encaja con su personalidad.
—¿A dónde me llevas? —quiso saber en lo que abordamos el auto
que maneja Adam, uno de mis hombres de confianza.
—A nuestra casa —respondí tranquilamente, sin sonar autoritario,
frío o enojado.
Antes de abordar el jet tenía claro lo que haría con ella; lastimarla,
herirla y hacer que se arrepintiera por no amarme. Pero ahora
trataré ganarme tanto su confianza como su amor, y para ello debo
ser cordial, generoso y amable. En pocas palabras, debo mostrarle
mi lado bueno y no solo el oscuro y tenebroso.
—¿Dónde queda eso.
—En el Parque Nacional Selva Negra.
—He leído sobre él. Es un lugar de espectacular belleza —un tenue
brillo se asomó por sus ojos. —¿Cómo es posible que hayan
permitido la construcción de una casa allí? Es un lugar protegido por
el gobierno, además muchas de las hectáreas que lo conforman aún
se mantienen vírgenes.
—Es por eso que es un excelente escondite —sus ojos se abrieron
de la impresión.
—¡Pero cómo haces para coexistir con los lobos, los osos.... —dejó
incompleta la oración. —Cierto, tú eres una bestia peor que ellos —
añadió con repugnancia, clavando un puñal aún más grande en mi
corazón.
¿Cómo podría hacer que lo nuestro funcionase si ella no perdía
tiempo para herirme y abrir más el abismo entre nosotros?
—¿Todos los lobos que yo conozco son bestias igual que tú? —
preguntó después de un rato.
La acidez en su tono de voz había desaparecido, por lo que me
atreví a pensar que estaba bajando la guardia.
—No, los lobos que estás acostumbrada a ver son normales, mi
especie es mucho más grande y letal, por eso permanecemos entre
las sombras, ocultos de todo ojo humano —explico con la vista
puesta en la ventana. No quería verla, me dolía su indiferencia, su
desprecio, el desden que destilaban sus ojos.
—¿En cuánto tiempo llegaremos?
—Desde aquí aproximadamente hora y media —se le escapó un
bostezo. —Si quieres puedes dormirte, sé que estás muy cansada.
Dudo un momento de mi propuesta.
—Solo si me sirves de almohada —declaró y la miré incrédulo.
—¿Estás hablando en serio? —cuestiono y ella sonríe dulcemente,
consiguiendo que mi corazón se acelere.
—Por supuesto, me encantaría oír el latido de tu corazón —dijo y
una sonrisa se dibujó en mi cara.
Me sorprendía la forma en la que esta mujer jugaba con mis
sentimientos en cuestión de segundos; un momento me hacía sentir
miserable y desdichado y al siguiente feliz como una lombriz.
—¿Qué me dices? ¿Aceptas ser mi almohada?
Una parte de mí quería decirle que no, pero no quería
desaprovechar la oportunidad de tenerla cerca así que la tomé por
la cintura, con delicadeza, y la atraje a mí. Ella recostó su cabeza en
mí pecho y unos minutos después cayó en brazos de Morfeo.
El calor que desprendía su cuerpo era ta ameno que quería
congelar el tiempo para que este momento nunca terminase.
—Me tienes completamente embobado —le susurro, antes de
entrelazar nuestras manos. —Tienes el poder de acabar conmigo y
no sé que haré para que no lo hagas.
En esa posición, ella recostada sobre mí con su mano entrelazada a
la mía, pasamos todo el camino. Y durante todo ese tiempo no hice
otra cosa que contemplar su belleza, deleitarme con su exquisito
olor y con el suave y constante latir de su corazón.
Para mí ella era la criatura más maravillosa e interesante de todo el
universo y estar así, abrazado a su pequeño y cálido cuerpo, me
hacía sentir inmensamente dichoso y pleno.
—¿Adolfo, quieres que de otra vuelta? —me preguntó Adam en lo
que volvimos a llegar a nuestro destino por quinta vez.
Había querido postergar tanto este momento que le ordené a mi
amigo que diera varias vueltas alrededor de la entrada del parque.
—¿Entonces? —insistió.
Por más que quisiera decirle que sí debía llegar rápido a la mansión
o Brad enloquecería.
—No, voy a despertarla —observe a la tierna mujer que dormía
plácidamente sobre mi pecho. —Belleza, despierta —la moví. —
Anna, ya lle..... —no pude terminar la frase porque ella hizo un
movimiento brusco con la mano y me golpeó en la cara.
—¡Disculpa! —dijo alarmada al sentarse rápidamente. —No fue mi
intención golpearte, lo juro — Adam comenzó a reírse como un
idiota disparando mi ira nuevamente.
Odiaba que se rieran de mí, yo no era ningún bufón, yo era un Alfa y
no uno cualquiera, era el Alfa Superlativo, por lo que todos debía
respetarme y obedecerme.
—Sigueme, debemos caminar 30 minutos para llegar a la mansión
—le comuniqué secamente antes de bajar del auto y tomar el
sendero.
'Iván y Vladimir no te respetan, se la pasan jugándote bromas
pesadas' —me recordó mi lobo.
Esa era la principal razón por la que ese maldito vampiro de mierda
me caía mal, de mi hermano lo toleraba porque era mi sangre, pero
de ese asqueroso chupa-sangre no.
Luego de unos cuantos pasos me detuve al percatarme de que
Anna no estaba detrás de mí, porque le costaba seguirme el paso
por culpa del vestido de novia y los zapatos altos.
«A este paso llegaremos la próxima semana» —pensé justo antes
de que una idea se cruzara por mi cabeza.
—Sube —le dije en lo que me puse de cuclillas frente a ella.
—¿Qué? —pregunta confundida.
—Que subas a mi espalda, porque con tu lento andar llegaremos
dentro de un año.
A ella le enfureció mi comentario, por lo que termino negándose a
obedecer mi petición.
«¡Señoras y señores la Anna testaruda e insensata volvió!» —me
lamente mientras me levantaba para verle la cara.
—¿Por qué? Dame una justificación lógica y te dejaré en paz.
—Odio tu cercanía —bufo y no pude contener la risa.
—No mientras —me acerqué a ella y susurré en su oído. —Te
recuerdo que te quedaste dormida por más de dos horas sobre mi
pecho.
—Eso fue... —no la dejé hablar porque, sin pedirle permiso, la
cargué al estilo novia y comencé a caminar. —¡Qué haces, estúpido!
¡Bájame! —Protestó.
—No puedo perder tiempo, necesito llegar rápido y tus tacones no
contribuyen a eso. —Soltó un gruñido de fastidio y pasó sus brazos
por mi cuello.
—No creas que siempre te voy a obedecer, por esta vez lo haré
porque estoy cansada —murmuró y yo sonreí.
Sin importar lo que saliera de su boca yo sabía que a ella le
agradaba mi cercanía, por algo eramos mates.
«Utilizaré el lazo de mates a mi favor, con el tiempo ella se
enamorara de mí» —me dije a mí mismo.
“¡Son unos recién casados!” “¡Viene de hacer una cesión de fotos
para su boda!” “¡Qué romántico!”, eran algunas de las
exclamaciones de los turistas a medida que avanzábamos.
—¡SE ACABAN DE CASAR EN LA CASCADA! —chilló con emoción
una señora como de 45 años. —¿Por qué no se te ocurrió hacer
algo así cuando nos casamos? —se quejó luego de golpear a su
pareja.
—Amor, tú odias el ejercicio, cómo te iba a traer de paseo a un lugar
como este —se defiende su marido.
—¡TRANQUILAMENTE ME HUBIESES CARGADO COMO ÉL,
IMBÉCIL! —volvió a golpear a su esposo en la cabeza y siguió
reclamándole más cosas.
Mis ojos no se apartaban de la pareja que no dejaba de discutir, ella
toda alterada vociferando una cantidad de cosas mientras él
mantenía una sonrisa en los labios.
«¿Qué le pasa a este hombre? ¿Por qué se deja maltratar de su
mujer? ¿Acaso no piensa defenderse?» —me pregunté.
—¿Por qué están peleando? —la voz de Anna me hizo enfocar mi
atención en ella. —No entiendo nada de lo que dicen —frunzo el
entrecejo.
«¿Cómo no entiende si la pronunciación es perfecta?».
'Ella no habla alemán, genio' —aclaró Velika.
—¡¿POR QUÉ TÚ NO HACES COSAS TIERNAS EN NUESTRO
ANIVERSARIO?! —gritó la señora, devolviendo mi atención a ellos.
—Cariño...
—¡NADA DE CARIÑO! ¡ERES UN INSENSIBLE! —ella lo
interrumpió.
—Hoy es nuestro aniversario número 15 y hemos venido aquí para
celebrarlo —alegó el señor.
—¡¿Hoy es nuestro aniversario?! —preguntó ella con cara de
espanto.
—Ahora quién es la insensible, cariño —comentó con aires de
superioridad.
—Lo siento, mi amor —ella hizo un puchero. —Soy una cabezota —
él le sonrió y luego la envolvió entre sus brazos.
—Pero eres la cabezota que robo mi corazón —dijo antes de besar
a su esposa tiernamente en la boca.
Anna se aclaró la garganta, notablemente incomoda, y ellos se
dieron cuenta de nuestra presencia.
—¡FELICIDADES! ¡ESPERAMOS QUE SU MATRIMONIO ESTÉ
LLENO DE AMOR Y MUCHOS HIJOS! —dijeron al unisono.
Me límite a sonreírles antes de seguir con mi camino.
—¿Qué fue lo último que dijeron? —preguntó cuando estuvimos lo
suficientemente lejos de la pareja para que no escucharan.
—Nos felicitaron y desearon que nuestro matrimonio este llene de
amor y... —Sabía que Anna no le gustaría escuchar el resto por lo
que preferí callarme.
—¿Y qué?
—Muchos hijos —sus mejillas enrojecieron y por extraño que
parezca me pareció la imagen más hermosa del mundo. —Y ahora
que lo menciono tú y yo debemos hablar sobre ese tema...
—¿Cuánto falta para llegar? —Cambió de tema abruptamente.
'No insistas, después hablaran de eso' —me aconsejó mi lobo.
—Poco —respondí escuetamente.
Como me gustaría que estuvieses de encargo —mi vista se pasea
por su plano abdomen.
A mitad del sendero, que forma parte del recorrido turístico, me
desvié a la derecha para seguir el que nos llevaría a la manada.
En todo el trayecto a la mansión no dejé de pensar en esa pareja
que vimos. Todavía estaba asombrado por la manera en que esa
señora regañaba a su marido y el sólo le seguía la corriente.
Pero lo que más llamó mi atención fue lo felices que se veían, tan
enamorados, tan unidos, que no pude evitar preguntarme si alguna
vez Anna y yo lo seríamos como ellos.
«Yo espero que sí, porque no podría soportar esta situación por
mucho tiempo»
.
Capítulo 16 parte 2 √
.* Anna *.
—Allí viviré —mi boca se abrió de la impresión cuando mis ojos
enfocaron la enorme edificación de 4 pisos oculta en medio de la
maleza del bosque, que gracias a los rayos del sol que se colaban
entre el follaje tenía un aspecto irreal, casi mágico.
—Sí, esa es nuestra casa.
—¿Casa? Debes estar bromeando —balbuceo.
Esto no era una casa, era una mansión y una mucha más grande
que la del señor Miller.
—¿Por qué piensas eso? —quiso saber.
—Porque este lugar no puede catalogarse como una casa, es
enorme. Además de que parece un paraíso oculto —murmuro por la
vista tan magnifica que tengo enfrente.
—Pues este paraíso oculto es solo tuyo —me guiñó el ojo y siguió
caminando a la entrada de la mansión, que estaba rodeada por un
grupo de personas, a la espera de algo o alguien.
«Todos deben ser hombres lobo» —trague grueso y apreté el cuello
de Adolfo por temor.
Creía que estas personas nos atacarían, como una pila de lobos
hambrientos, pero lo que hicieron me dejó pasmada; a medida que
Adolfo y yo avanzábamos ellos hacían una reverencia y se
apartaban de nuestro camino.
«¿Será que el animal con el que me case los tiene bajo amenaza a
ellos también?» —me pregunte.
—Hermanos, ella es Anna —les habló en ingles a todos los
presentes, cuando subimos las pequeñas escaleras que nos
separaban de la gigantesca puerta doble de madera, que tenía
tallada en el centro una cabeza de un lobo y una luna menguante.
—No habla nuestro idioma, por lo que deberán dirigirse a su
soberana en inglés o español —todos estallaron en vítores y yo
frunzo el ceño al no comprender el por qué de sus palabras.
«¿Dijo soberana? ¿Por qué dijo eso? ¿Acaso soy algo así como una
princesa?».
—Como una reina, más bien dicho —respondió Adolfo a mis
preguntas no formuladas.
Mi reacción con esa confesión fue boquear como pez y mirarlo con
incredulidad. Aun no me acostumbraba a la idea de que él fuese una
criatura mitológica que puede leer cada uno de mis pensamientos,
pero sin duda alguna lo que me dejó estupefacta fue saber que soy
una reina.
—¡LARGA VIDA AL ALFA Y SU LUNA! —pronunciaron en inglés
todos al mismo tiempo.
«Luna es equivalente a reina para ellos» —deduje e inmediatamente
quise salir corriendo.
Si me reconocían como su reina me sería más difícil escapar, sin
mencionar que al formar parte de una monarquía debía asumir
muchas responsabilidades, de las cuales no estoy preparada ni
quiero afrontar.
—Tranquila, —dijo al percibir mis nervios —eres mi reina, mi luna,
mi vida, mi musa, mi todo —sus palabras sonaron tan autenticas,
tan llenas de sentimientos, que las sentí como dulces caricias a mis
oídos. —Nunca te dejaré sola y te apoyaré en todo lo que necesites
—inspiró profundamente el olor de mi cabello y un escalofrío
recorrió todo mi cuerpo. —No te imaginas que tanto te necesito en
mi vida...
Acercó su rostro, rozando sus labios con los míos, y mi cuerpo
reaccionó de forma inesperada; mi respiración se acelero, al igual
que mi corazón, y por un impulso terminé de recortando la poca
distancia que nos separaba.
Él pareció complacido con mi arrebato, pero antes de poder
responderme el beso las puertas se abrieron dejando ver al mismo
chico de cabello color zanahoria que nos había buscado en el
aeropuerto.
—¡Bienvenida, Luna! —dijo antes de postrarse ante nosotros. —Lo
siento, no era mi intención interrumpirlos —Adolfo lo miró con odio
luego de gruñir como perro rabioso y yo aparté el rostro
avergonzada.
«¿Por qué lo besé? ¿Acaso estoy perdiendo la razón? Estoy
estropeando mis planes de huir de aquí» —me recrimino. Porque si
antes él se negaba a dejarme ir, cuando yo era indiferente, ahora
que sabe que su cercanía me agrada y turba los sentidos menos
querrá.
—Será un verdadero honor para mí y para toda la manada
protegerla y servirla —continuó diciendo el mismo chico.
—Tenemos muchos años esperando por usted —comentó una joven
de rasgos asiáticos.
—Gracias a usted la manada se fortalecerá —opinó otro chico.
—Los cachorros están ansiosos por conocerla ¿Cuándo nos
visitará? —cuestionó una mujer de mediana edad.
«¿Cachorros? ¿Aquí tienen perros?» —la sensual risa de Adolfo me
puso los pelos de punta.
—Se refiere a los niños de la manada —me explico antes de que me
volvieran a atacar con más y más preguntas.
Eran tantas demandas, tantas peticiones e información que empecé
a sentirme mareada.
—Hermanos, —Adolfo captó la atención de todos. —Mi esposa,
como se habrán dado cuenta, es humana y está exhausta por el
largo viaje. En cuanto se acostumbre al cambio de horario y su
cuerpo se sienta bien atenderá cada una de sus peticiones.
«¿Yo qué?» —giré mi cuello para enfocarlo.
—Entre tus deberes como reina está escuchar y conocer a tu
pueblo.
Justo cuando iba a refutar una molesta e irritante punzada se
apoderó de mi cerebro, impidiendo que escuchara o detallara las
cosas a mi alrededor.
«¿Qué me sucede? ¿Por qué todo me da vueltas?» —Me sentía tan
débil y el dolor era tan fuerte que varias lágrimas comenzaron a salir
de mis ojos.
—¿Te sientes bien? ¿Quieres que llamé al médico de la manada?
—la preocupación matizada en su voz no me paso desapercibida.
—No, solo necesito descansar —murmuro en lo que dejo caer la
cabeza sobre su firme pecho.
Adolfo comenzó a andar, ignorado a todo el que se le cruzaba.
Caminó por varios minutos, no sé por dónde porque en todo
momento mantuve los ojos cerrados, pero sí sé que subimos unas
escaleras.
«¿Dónde estoy?» —me pregunté en lo que mis pies se posaron en
un brilloso piso de mármol negro. Miré a mi alrededor, estaba en un
gigantesco pasillo. Pero eso no fue lo que capto mi atención sino
que el dolor había menguado considerablemente.
—Esa será tu recámara —señaló unas enormes puertas de color
caoba que se encontraban a la derecha —y esa es la mía —hizo
referencia a las puertas que estaban en el lado izquierdo.
Puertas que casualmente tenía tallada la misma imagen que la
entrada principal.
—Cualquier cosa que necesites no dudes en llamarme, no importa
la hora que sea —dejó un casto beso en mi frente y me extraño que
fuésemos a dormir en habitaciones separadas.
Durante todo el viaje me había mentalizado que mi vida se volvería
un infierno después de poner un pie fuera del avión, por lo que idee
un plan para acabar con mi sufrimiento; ganarme la confianza del
perro cobarde para que no mantuviera vigilada y a la menor
oportunidad suicidarme. No obstante, por la forma en que se
estaban desarrollando los acontecimientos me estaba replanteando
mis opciones.
«¿Podría convivir pacíficamente con este salvaje hasta que Luis
viniera por mí o tuviera la oportunidad de escapar? ¿De verdad él
sería capaz de ser solo mi amigo para ganarse mi aprecio?» —me
pregunté mientras analizaba mi pomposo entorno.
Todo gritaba dinero, lujo, poder y glamour.
—En este lugar todo es enorme y costoso o ¿me equivoco? —
comenté en cuanto vi el candelabro de oro y diamantes que colgaba
del techo.
—La casa fue diseñado por mi madre, pero si quieres cambiar algo
eres libre de hacerlo. Mi mayor prioridad es que tu estancia aquí sea
cómoda y placentera —mencionó con cortesía. —En el armario de
tu recámara encontrarás ropa de tu talla, por si te apetece cambiarte
—se rascó el cuello. —Esta mañana envíe a Sophie a que te
comprara algunas cosas, ella es de gustos excéntricos, así que si no
te gusta lo que eligió podrás ir de compras cuando te apetezca.
Mis vista se clavó en él. Algo no me estaba cuadrando y era su
extraño y considerado comportamiento, ¿Desde cuándo era tan
atento conmigo? Si desde que me conoció se ha portado como un
salvaje.
—¿Te sientes bien? —posé mi mano en su frente, para saber si
tenía calentura, y cuando quise dar un paso atrás el estúpido tacón
se rompió y de no ser por los buenos reflejos del hombre frente a mí
me habría ido de bruces contra el piso.
—Nunca en mi vida había estado mejor —rodeó mi cintura con
ambas manos y su rostro quedo a centímetros del mío. —¿Por qué
la pregunta? —cuestionó.
—Estás siendo demasiado amable —mi vista se dirigió a sus labios
—¿Dónde dejaste a la bestia insensible y déspota que conozco?
—Eh, yo... —no culminó la frase porque una voz chillona retumbó
por todo el pasillo, aturdiéndome momentáneamente el tímpano.
—¡AL FIN, ADOLFO! —con la mención de su nombre se alejó
rápidamente de mí, como si fuese una leprosa, y eso me molesto. —
Adam llegó hace tiempo.
Giro sobre mi eje y mis ojos se topan con una rubia de curvas y
pechos exuberantes, labios gruesos y ojos celestes con exceso de
maquillaje que caminaba hacía nosotros con un contoneo excesivo
de caderas.
«Nada en ella es natural» —pienso al estudiar con detenimiento su
cuerpo, cabello y caminar.
—Me preocupe mucho —dijo antes de abrazar y besar
apasionadamente a MI ESPOSO en los labios.
La acción me sorprendió tanto que mi boca y ojos se abrieron, sin
poder dar crédito a la escena frente a mí. Adolfo en ningún momento
le respondió el beso, pero tampoco hizo algo para apartarse de ella.
—No puedo creer esto —murmuro al sentir una sensación amarga
en la boca del estómago.
Él no me interesa como hombre, pero lo que no me gusta y no
puedo tolerar es el descaro de esta mujer, ¿Acaso no sabía que
estaba besando a un hombre casado? Y por si fuese poco frente a
su esposa.
«Esto era todo lo que me quería y necesitaba» —no puedo evitar
reírme sin humor, captando la atención del adultero y la oxigenada.
—¿Qué sucede? —pregunta contrariada cuando se alejó de ella.
—Sophie, —él se aclara la garganta —ella es Anna, mi esposa y
Luna de esta manada —la mujer plástica me miró de arriba abajo
como si fuese un asqueroso gusano antes de saludar.
—Mucho gusto —dijo con una sonrisa más falsa que toda ella y
volvió su atención al hombre a mi lado. —¿Por qué tardaste tanto?
Creí que te había pasado algo malo —lo volvió a abrazar y él se
volvió a quedar inmóvil, irritándome aún más.
«¡¿Acaso estoy pintada en la pared?! ¿No escuchó cuando dijeron
que yo soy su esposa?» —pienso mientras una sensación que
nunca antes había sentido se apodera de cerebro. —«Maldita zorra,
por tu maldito cinismo mi dolor de cabeza se intensificó».
—¿Quieres que llame al médico? —la atención del desgraciado se
dirigió a mí y lo miré con todo el odio que tenía dentro de mí.
—No, solo debo irme porque creo que estoy de sobra aquí —escupo
y la desgraciada se echó a reír.
—Ya era hora de que te dieras cuenta —opinó.
«¡Quién se cree esta para hablarme así! ¿La dueña del circo?» —
pienso tensando la mandíbula, a medida que las ganas de
arrancarle las extensiones se hacían casi incontenibles, cosa rara
en mí puesto que no suelo ser una mujer agresiva.
'Me huele a celos' —comentó con burla esa extraña y a la vez
reconfortante voz masculina.
«¡CLARO QUE NO! Él no me interesa, puede estar con las mujeres
que le dé la gana».
'¿Estás segura de eso?'.
—Anna, si quieres... —alce la mano para hacer callar al traidor.
Cerré mis ojos y conté hasta diez, para calmar mis demonios.
—No quiero discutir por ahora, eso gastaría las pocas energías que
tengo, así que adiós.
Sin agregar más entre en el cuarto dejando al perro cobarde con las
palabras en la boca.
—Como me hubiese gustado golpearlo con la puerta en la nariz —
digo en voz alta.
'Celos de tu boca cuando besas a otra chica tengo celos.
Celos.' —empezó a cantar la misma voz, por lo que opté por
ignorarlo.
Yo no estaba celosa de Sophia, yo estaba indignada y furiosa por
tres razones; la primera, por todo lo que hizo ese maldito hizo para
traerme hasta aquí. La segunda, porque no comprendía su empeño
de tenerme si aquí lo esperaba una despampanante amante. Y la
tercera, porque el infeliz no me dio mi lugar delante de esa zorra.
'Querida, a eso le llaman celos aquí y en Pekin' —se mofó.
—¡Por fin llegaste! —exclamaron, interrumpiendo mi conversación
con esa voz.
—¡Fina! —chille emocionada al verla salir de unas puertas —¿Cómo
llegaste aquí? —la interrogo luego de abrazarla.
—Todos veníamos en el jet, pero como dormiste todo el viaje no te
diste cuenta —mis mejillas se enrojecieron.
«¿Quién más vendría en ese vuelo?» —pienso con ilusión.
Antes de despedirnos, Luis me dijo que buscaría la manera para
siempre estar cerca de mí y que así pasarán cien años él
encontraría la manera de rescatarme de las garras de Adolfo
Vuković. Y por un momento creí que él podría haberse colado en el
vuelo, aunque eso fuese inverosímil.
—Te preparé un baño de agua caliente, espero no te moleste —dijo
captando mi atención.
—Gracias, eso me vendría de maravilla —le sonrío y ambas
entramos al lujoso y enorme baño. —Este baño es más grande que
toda la planta baja de mi casa —paso la vista por el jacuzzi, la
ducha, el lavabo doble, la tina, el retrete y... —¿Qué es esto? —
señalo algo que parece la mitad de un retrete.
—Es un bidet, se usa para lavarse el ano y la zona perineal.
Me límite a asentir con la cabeza, luego lo probaría, y empecé a
desvestirme. De repente una duda se enterró en mi cabeza, como si
se tratase de una espina, y me conocía tan bien como para saber
que hasta no aclararla no podría estar tranquila.
—Fina, espera —la detuve antes de que se marchara —tú sabes
¿quién en Sophie?
—Veo que ya conociste a la zorra exhibicionista de la manada —el
odio y el resentimiento en su voz casi se podía palpar.
La verdad no me extraño que Josefina la odiara, si me había caído
mal a mí, que apenas cruce dos palabras con ella, no me imaginaba
cuanto la debía aborrecer alguien que tenga tiempo conociéndola.
—Sí, pero ¿por qué le dices “zorra exhibicionista”?
Yo sabía porque lo decía, puesto que fue a la conclusión que llegué
después de verla enfundada en ese vestido rojo que no dejaba
NADA a la imaginación; la prenda, a parte de ser strapless, le
llegaba a mitad de muslo y dejaba a la vista parte de su abdomen.
—Estamos en confianza —levantó los hombros para restarle
importancia.
—Sigo sin entender a qué te refieres —insistí.
En realidad sí entendí su indirecta, pero quería sacarle toda la
información sobre esa tipa. La información en cualquier situación es
considerada como símbolo de poder, y si quería escapar de aquí
debía recolectar la mayor posible.
—Ella ha sido por varios años la mujer del Alfa, por lo tanto la muy
perra se cree la Luna de esta manada —exclamó completamente
indignada y no pude contener la risa ante su graciosa expresión. —
Afortunadamente ya llegaste tú para enseñarle quien es la
verdadera mujer del Alfa y Luna Superlativa —el alivio inundo su voz
y mi sonrisa se borró.
Lo que menos quería era que me relacionaran con ese degenerado,
yo no era su mujer y nunca lo sería.
—Fina, yo no quiero ser reina y mucho menos la mujer de Adolfo —
aclaro y toda pizca de felicidad en su rostro desapareció.
—Pero solo tú puedes ponerla en su lugar, solo tú puedes
defendernos de ella —hizo un puchero que me hizo recordar a mi
hermana.
«Si Claudia estuviese viva tendría la misma edad que Josefina» —
sentí un pequeño pinchazo en mi corazón al acordarme de mí
hermana.
—¿Defenderlos? —cuestiono para eludir a los fantasmas de mí
pasado, no era momento para recordarlos.
—Ella trata a toda la servidumbre con la punta del zapato; nos
maltrata físicamente, nos denigra por nuestra condición, nos pisotea
por nuestra procedencia y nos hace sentir miserables por el mero
hecho de existir —confesó mirando el suelo.
Suponía que esa mujer era malvada, superficial y vacía pero no creí
que fuese tan mala persona.
«Me arrepentiré de esto» —suelto un largo suspiro.
—Fina, —sus ojitos me enfocaron. —Prometo que haré algo para
que ella no vuelva a denigrarlos.
—¿En serio? —toma mis manos entre las suyas.
—Por supuesto, en lo que pueda hablaré con Adolfo —hizo una
mueca que denotaba decepción.
—Te lo agradezco —caminó hacia la puerta y antes de irse añadió
—aunque preferiría mil veces que seas tú la que le regale un GPS.
—¿Un GPS? ¿Por qué le regalaría yo algo como eso? —cuestiono
sin comprender.
—Como dice el señor Iván: "Para que ubique su lugar en el mundo"
porque está muy desubicada si cree que será nuestra Luna. —Sale
sin decir más nada.
Sin duda alguna a mí también me encartaría ponerla en su lugar,
pero eso conllevaría a darle alas al maldito del perro cobarde y no
haría tal cosa.
«Tengo que hacer que se aburra de mí y que la dependencia
emocional hacia su amante sea más fuerte, solo así lograré salir de
aquí».
.
Capítulo 16 parte 3 √
.*Anna*.
-Creí que durarías más -comentó Fina en lo que salí del baño.
La idea de tomar un baño de agua caliente era pasar al menos 30
minutos sumergida en la tina para relajarme un poco, pero ocurrió
todo lo contrario, ya que en lo que el agua mojó mi cabeza el dolor
empeoró y terminé de bañarme mucho antes de lo planeado.
-Cambié de idea, necesito dormir -omití lo del dolor porque no lo
consideré importante. Había vivido tantas cosas en los últimos días
que mi cerebro estaba sobrecargado y necesitaba descansar para
volver a la normalidad.
-Voy a buscar algo para que te pongas -me avisó antes de
adentrase en lo que supongo es mi armario. Aunque tomando en
cuenta que esta es una mansión debe ser un vestier.
En lo que Josefina desapareció de mi campo de visión repare en lo
magnífica y encantadora que era la recámara.
-Es sumamente hermosa, digna de una reina -digo en voz alta en lo
que mi vista se queda en la cama.
Desde niña siempre había soñado con tener una cama como
esponjosa, llena cojines, para poder saltar sobre ella.
«¿Sera que...? -Me asome en el cuarto que había entrado Fina y la
vi distraída con toda la ropa. -«Es ahora o nunca». -Corrí hacia la
enorme cama y comenzar a saltar en ella.
Una parte de mí reconectó con mi niña interior e inmediatamente
sentí una inmensa alegría.
-La ropa... ¿Qué haces? -pregunta Fina de repente y yo me quedé
congelada, como un niño cuando lo descubren en plena travesura.
-Nada -rodó los ojos y negó con la cabeza.
-No te digo nada porque yo también hice lo mismo cuando llegué -
admitió y yo empecé a reírme. -Volviendo al tema inicial, toda la
ropa es horrible -me dejé caer en la cama.
-No exageres, no puede ser tan malo como dices -me puse de pie y
ella me lanzó un suéter tejido de color oliva.
-Eso es lo mejorcito que encontré, porque todo lo demás es
horrendo tanto en color como de modelo y tipo de tela.
Tomo la prende entre mis manos y la evalúo minuciosamente; la tela
es dura y áspera, tiene pequeños agujeros, las costuras parecen
hechas por un niño de cinco años por lo torcidas que están, y para
rematar no es de mi talla sino una mucho más grande.
Yo no soy una mujer que le guste andar con ropa ajustada, porque
siento que me asfixio, pero tampoco me gusta usar ropa tan
holgada, porque siento que me ahogo.
-La ropa de mi abuela es mucho más bonita que esto -puse cara de
asco y tiré el suéter a la cama.
-¿Quién habrá comprado esta ropa? -se preguntó Fina.
-Adolfo dijo que había sido Sophia -la cara de Josefina se tornó roja
de rabia.
-Debí suponer que esto solo lo podía hacer esa maldita perra
plástica -dijo con rencor.
Entiendo que Sophie me tenga rabia por haberle quitado la
oportunidad de convertirse en la señora Vuković, pero ella debió
averiguar, antes de hacer algo como esto, que yo estaba aquí en
contra de mi voluntad, por lo que no representaba ninguna amenaza
para ella.
-Anna, hay que contraatacar. Este crimen de la moda -tomó el
suéter -lo cometió con predeterminación y alevosía, no podemos
dejarlo impune.
-¿Qué? ¿Por qué contraatacar? ¿Estás loca?
-Con esto -me volvió a lanzar el suéter -te declaró la guerra, ¿Es
que no lo ves? -pronunció como si fuese evidente. -Esa zorra no te
quiere aquí y hará lo que sea para perjudicarte.
-Lo que dices no tiene sentido, yo no le he hecho nada -rodó los
ojos. -Además, ¿Qué gana "comprando" ropa tan horrible para mí?
'Que Adolfo no vea tu trasero, ya que esa es la segunda parte
que más le gusta de tu cuerpo' -respondió la voz misteriosa.
«¿La segunda?».
'Sí, porque la primera son tus ojos' -mis mejillas ardieron. Muchas
veces me han dicho que tengo unos ojos muy bonitos, sin embargo
esta vez lo sentí más especial.
«¿Cómo sabes tú eso?»
'Digamos que él y yo tenemos los mismos gustos'.
No sé qué me sorprendió más, que yo hablase conmigo como si en
verdad fuese otra persona o las respuestas que me dio.
-¡Ya sé! -el gritó de Fina me trajo de nuevo a la realidad. -Ya sé
como haremos pagar a esa arpía por su atrevimiento -sin decir más
salió corriendo del cuarto con una sonrisa perversa.
«¿Qué idea se habrá ocurrido? Espero no sea algo malo».
Caminé distraídamente a la peinadora, tomé uno cepillo de esos que
usan las princesas de los cuentos de hadas y desenrede mi cabello.
En lo que terminé Fina regresó con un boxer y una camisa en las
manos.
-Usa esto -me lanzó las dos prendas en la cara. -Son del Alfa.
-¡Ni lo pienses! -las arrojé al piso como si tuviesen veneno. -Yo no
voy a usar la ropa del perro cobarde.
-¿El perro Cobarde? ¿Como la caricatura? -preguntó con curiosidad.
«¡Metiste la pata! No puedes llamarlo así delante de sus
empleados» -me recordé.
-Sí, así lo llamo yo -susurro sin mirarla a la cara.
Por un momento creí que se lo tomaría mal, pero en lo que comenzó
a reírse como una loca me relaje y supe que con ella no debía
cohibirme porque era de fiar.
-Ese apodo es muy original, aunque... si el Alfa se llegase a entrar
se molestaría mucho -me advirtió.
La idea de verlo enojado me resultó tentadora..
«Puede que con ello le quede claro mi aversión hacia él».
-Por mi que se entere -dije como si nada.
-Conste que te lo... ¡HAY QUE BUSCARLE UN APODO A LA
ZORRA! -no terminó la primera oración porque chillo como loca.
«Esta chica tiende a cambiar el tema de la conversación de una
forma poco común» -repetí en mi mente para guardarlo como una
nota mental.
-Entre las dos encontraremos un sobrenombre excelente -agregó
con ilusión. -Ahora ponte la ropa que tenemos que hablar con el
Alfa.
-¿Para qué? Yo no tengo nada que hablar con él y menos usando
su ropa.
Esa era la primera razón. La segunda, no quería verle la estúpida
cara. Y la tercera, sentía que si lo hacía mi cefalea (dolor de cabeza)
empeoraría.
-Daaaaleeeeee -me zarandeo por el brazo -Él jamás dejó que ella
usará nada que le perteneciera. Así que te imaginas la cara de la
arrastrada cuando te vea -se rió tanto que terminó contagiándome. -
Por favor, accede.
Sopese su propuesta unos segundos. Definitivamente quería ver la
reacción de la zorra, pero sabía que eso sería contraproducente, ya
que Adolfo podría volverse loco como la otra noche.
-Fina, te recuerdo que no me interesa provocar a Sophia, el perro
cobarde no me interesa en lo más mínimo.
'¿Cien por ciento segura?'.
«Sí».
-Entiendo, pero te lo ruego, ayudame a vengarme de esa
usurpadora al menos una vez -junto sus majos como si estuviese
orando. -Prometo que nunca más te pediré que lo vuelvas a hacer -
hizo un puchero.
«Josefina me recuerda tanto a mi pequeña hermana que terminará
convirtiéndose en mi debilidad».
-Esta bien, te ayudaré -dije con resignación.
-Gracias -se abalanzó en mi dirección y me apretó con fuerza. Su
abrazo me resulta tan familiar que la alejo rápidamente para que los
recuerdos no me invadan.
-¿Cuál es el plan? -le pregunto para acabar con el momento
emotivo.
-Ponte la ropa -en lo que lo hice su sonrisa diabólica regresó. -Ahora
necesitamos saber si el Alfa está con la zorra. Así que... Ustedes ya
consumaron su unión en Brasil ¿cierto? -me puse roja roja como un
tomate.
Me avergonzaba que otros supieran que me había acostado con
Adolfo sin siquiera conocer su nombre.
-Si -reconocí por lo bajito.
-No tienes porque avergonzarte conmigo -me lleva hasta la cama y
me índica que me siente. -Cierra los ojos y concéntrate en Adolfo,
así podrás ver a través de sus ojos.
-No sería más fácil preguntarle a alguien -propuse.
El perro cobarde me había dicho que yo también podía entrar en su
mente, como él hace conmigo, pero honestamente dudo que pueda
hacerlo, porque ya he intentado escuchar sus pensamientos y
todavía no he podido.
-¡Hazme caso! -su grito me asusto.
-Esta bien, lo haré, solo calmate -cerré los ojos -Eso si te digo, no
creo que funcione.
«Piensa en Adolfo» -A mi cerebro vienen los momentos que he
vivido con él; la persecución en el bosque, su arranque de locura en
el despacho, la forma tan tosca que me trato en la boda...
«Maldito, miserable, escoria, canalla, rata, desgraciado,, abusador,
violador, ruin animal rastrero...»
-No, no, no -tocó varias veces el entrecejo para que dejara de
fruncirlo. -Tienes que pensar en los momentos agradables.
-No tengo momentos agradables con él -me crucé de brazos y ella
me miró con escepticismo. -Solo unos pocos.
-Con uno bastara -bufe.
Volví a cerrar los ojos y esta vez revivi el instante en que me hizo
sentir la mujer más especial del mundo.
«"Eres mi reina, mi luna, mi vida, mi musa, mi todo. Nunca te dejaré
sola y te apoyaré en todo lo que necesites. No te imaginas que tanto
te nece..."». -De repente la anatomía de Sophia apareció frente a
mí.
Se notaba que estaba inquieta y consternada, porque no dejaba de
caminar como león enjaulado.
«Funciono, estoy viendo a través del idiota» -célebre por dentro en
lo que vi un piano blanco y una cama que tenía sábanas
negras.-«Supongo que eso bastara para que Fina dónde están».
-No me puedes hacer esto, mi coño te extraña demasiado -habló de
forma sensual.
«Así o más arrastrada».
-Nosotros hicimos un trato, Sophia, en lo que alguno de los dos
encontrase a su mate lo nuestro se acabaría.
-Adolfo, yo me enamoré locamente de ti -enredó sus brazos en el
cuello del perro cobarde. -Y para demostrartelo estoy dispuesta a
compartirte con ella -intento besarlo pero él apartó la cara.
-Yo solo le pertenezco a Anna -quitó los brazos de la zorra de sus
hombros.
«Por lo menos me respeta como su esposa».
-¡ESA CHIQUILLA JAMÁS TE DARÁ LO QUE MERECES! En
cambio una mujer como yo... -mordió su labio inferior -Sigamos
como antes te lo suplico -se arrodilló en el piso y empezó a
desabotonar los pantalones de Adolfo -yo no me quiero separar de
ti, te amo -dejó un beso húmedo en la entrepierna del infeliz de mi
marido.
«¡COMO SE ATREVE A TOCAR LO QUE ES MÍO! ¡ESA MALDITA
LA VOY...! Espera... ¿Por qué digo eso? Por mí que se lo quedé
completo, es más se lo regalo con todo y moño».
-Anna es mejor que salgas de mi mente ahora -habló él
calmadamente. Sophie se incorporó y lo miró con el entrecejo
fruncido.
-Esta con la zorra en un cuarto que tiene un piano blanco y las
sábanas de la cama son negras -le informe a Fina después de abrir
mis ojos y encontrarme en la recámara que ocupare.
-Perfecto están en su habitación, vamos -me tomó de la mano y
llevó arrastras hasta la cueva donde se encontraban los perros en
celo.
-El plan consiste en que te dejes llevar por tu instinto y que le
informes al Alfa que la ropa es fea y necesitas algo decente que
ponerte -abrió la puerta y me empujó adentro.
Ambos pares de ojos se posaron sobre mí y me sentí incómoda bajo
su escrutinio.
-¿Qué se te ofrece? -preguntó la zorra en tono mordaz. -Estamos
muy ocupados y tu asquerosa presencia...
Me considero una persona pacífica, que le huye a los conflictos. Sin
embargo en esta ocasión no sería así, iba a darle un escarmiento a
la perra plástica.
-Lamento mucho haber interrumpido la escena erótica de hace un
instante -dije fingiendo un tono apenado -pero tengo que
comunicarle algo a MÍ ESPOSO -remarque el mi esposo y la puta
me taladró con su mirada.
«Punto para mí».
-No te preocupes, Anna, cada vez que quieras hablar conmigo
puedes venir a mí o mandarme a buscar, sin importar con quien esté
yo acudiré a tu encuentro -esbozo una enorme sonrisa de victoria al
ver a Sophia que estallaba de ira.
No esperaba que Adolfo se comportara de esta manera, creí que me
echaría como fuera de su recámara, pero le agradezco porque con
lo que dijo me hizo sentir poderosa.
-Pues vengo a informarte que tu "asistente" -miré a la zorra con odio
-o como sea que le llames tiene un pésimo gusto. La ropa que me
compró es horrible y...
-¡Como te atreves a poner en duda mi estilo! -chillo la agraviada
-Querida, -hice gesto como si su voz me hubiese ensordecido -
primero que nada no grites que no estoy sorda y segundo estoy
hablando con el dueño del circo no con los payasos -de no ser por la
estruendosa carcajada de Fina no me habría dado cuenta de que
entró después de mí.
-¡Y TÚ QUÉ HACES AHÍ PELADA, LARGO DE AQUÍ! -le ordena la
muy zorra y antes de que Fina se fuera la tomé por el brazo.
-Ella solo obedece las ordenes de la Luna de esta manada, es decir
mis ordenes -Sophie volvió a enfocar su mirada asesina a mi
persona. -Bueno lo que decía antes de que cierta maleducada me
interrumpiera -Fina volvió a reírse -es que Josefina irá a comprarme
algo decente que ponerme -camino hasta quedar frente al perro
cobarde y juguetear con la corbata gris del traje nuevo que se
colocó. -No puedo ir por allí con tu ropa puesta -señalé la camisa
azul rey que me llegaba tres dedos arriba de la rodilla.
Adolfo me devoró con la mirada antes de balbucear -A...mi pa...pa...
Re...cer te ves... Muy bien -su cara se torno completamente roja y
Fina comenzó a reírse nuevamente.
Yo también me reí de lo que provocaba en él, nunca lo vi tan
nervioso, y también porque la zorra abandonó la habitación hecha
una furia.
-Josefina dile a Brad que te lleve -articuló luego de aclararse la
garganta.
«¿Brad? ¿Estará hablando del mismo Brad que yo conozco?» -
sacudo la cabeza para alejar ese pensamiento. Mi Brad jamás
trabajaría para alguien tan desalmado como Adolfo Vuković,
además mi Brad no conoce nada sobre este mundo oculto.
-¿No puede ser otra persona? -pidió ella con un puchero.
-Quién mejor que él para llevarte, es tu mate y te protegerá de
cualquier peligro.
«¡Fina tiene una mata y no me dijo nada!» -pienso. -«No, es mete o
es mate.... Bueno sea como sea esa señorita tendrá mucho que
contar después de que regrese».
-Esta bien -digo con resignación. -¿Puedo irme ya? -él asintió y
ambas nos dirigimos a la salida.
-Anna, no creas que no me di cuenta que tu intención con todo esto
de la ropa era provocar a Sophia -maldije mentalmente a mi suerte. -
Así que tú y yo vamos a hablar.
-No, puedo Fina y yo... -Busqué el apoyo de mi cómplice pero la
muy traidora me había abandonado.
«Dentro de un rato me las pagará» -pienso mientras camino hacia la
cama para sentarme y esperar mi regañina.
-Me gustó ver tu lado posesivo, pero no puedes tratar mal Sophie
solo porque te cae mal, eso no es digno de una reina -empezó y no
pude evitar reírme sarcásticamente.
-Que lindo, el príncipe encantador Shrek va a defender a su Fiona.
-No estoy jugando, Anna. Una Luna es símbolo de amor, paz y
armonía no de conflictos, peleas y odio, ese papel lo cumple el Alfa.
-¿No tengo derecho a enojarme, a defender mi punto de opinión? -
iba a hablar pero no lo dejé. -Si es así habrá que reajustar los roles
porque lamentablemente para ti yo no soy de ese tipo de chica; en
mi interior reinan tanto ángeles como demonios y dependiendo de la
forma en que me traten será mi comportamiento. Ella me trató mal,
como si fuese un desecho, yo le pago con la misma moneda -
conteste bien molesta.
No me gustaba que me encajonarán solo por ser mujer.
-¿Ojo por ojo y diente por diente? Esa es tu filosofía.
-Sí, respeto mucho a mi Dios pero yo no soy de las que ponen la
otra mejilla para que me golpeen por segunda vez.
-Siendo ese el caso -tomó mis manos -te prometo que hablaré con
Pía para que no vuelva a ofenderte.
-¿Pía? -le dedico una mirada rabiosa. - Que lindo hasta apodo
tienen -aparte mis manos. -porque será que no me sorprende
¿cómo te llama ella Dofo?
-¿Acaso estás celosa?
Una sonrisa sonrisa picara adorna su rostro.
-¿De ti? -empecé a reírme como el guasón. -Para nada, lo que tú
provocas en mí es asco, odio y desprecio.
Pude notar como el brillo de sus azules ojos se iba opacando.
-¿Qué te he hecho para que me hables así? ¿Para que me trates
tan mal cada vez que puedes? Somos mates, las cosas deberían
ser diferentes entre los dos.... Yo...
Me enerva que quiera dárselas de víctima cuando en realidad es un
sucio y vil victimario, que no hace otra cosa que destruir las vidas de
los demás.
-¡ERES UN DESCARADO! -me levanté -¡TE PARECE POCO TODO
LO QUE ME HAS HECHO! -lo empujo e increíble logro que
retroceda.
-Según tú cuáles son todas esas cosas -menciona en tono irónico. -
¡Por lo único que he hecho desde que te conocido fue amarte!
-¿Te las enumero? ¡Bien! -levanto un dedo -Te aprovechaste de mí
mientras estaba ebria -añadí un segundo dedo. -Me perseguiste
como un maniático -fui por el tercero. -¡Me catalogaste de puta! -
cuarto. -Me marcaste como una jodida res -quinto dedo -Me
obligaste a casarme contigo. Amemazaste de muerte a mis amigos
y familiares. Casi me violas -para este momento ya había perdido la
cuenta y las lágrimas salían a borbotones de mis ojos. -Y lo peor de
todo, la razón por la que siempre te odiaré y jamás te perdonaré, es
que hayas encerrado a mi abuelo en esa mugrienta celda y por si
fuera poco lo hayas mandado a golpear brutalmente.
La tristeza te ayuda a desahogar tus penas y aliviar el dolor pero
con cada lágrima que derramaba sentía que me estaba ahogando y
dolor se intensificaba.
Mis piernas no aguantaron la presión y caí de rodillas en el suelo
hecha un mar de lágrimas.
-Tienes mucha razón, la manera en la que pretendía ganarme tú
amor fue poco convencional, pero tienes que creerme, yo jamás
mandé a golpear a tu abuelo.
-Ahora resulta que padeces de amnesia -digo con sarcasmo.
-Yo no lo hice, pero te juro que hallare al responsable -lo ignoro
porque yo sé que solo esta fingiendo ser inocente para quedar bien
conmigo. -Belleza, no me gusta verte triste, si hay algo que pueda
hacer para que no sufras tanto dímelo y te daré lo que quieras.
«Esta es mi oportunidad».
-Déjame ir, quiero estar al lado mi familia. Concedeme esa petición y
haré lo que me pidas sin oponer resistencia -mis palabras reflejaban
sinceridad e impotencia, a pesar de ser casi susurros.
-Lo siento, belleza, eso es lo único que no puedo hacer por ti porque
sin ti mi vida detendría su curso.
Volví a sollozar, la terquedad de este hombre iba a terminar
enloqueciendome.
Él se agachó junto a mí e intento abrazarme, pero en lo que percibí
el rocé de su piel mi ira se disparó cegando por completo mi juicio.
-¡¡¡ALÉJATE DE MÍ, DESGRACIADO! ¡NO ME GUSTA QUE
TOQUES! ¡TU SOLA PRESENCIA ME REPUGNA! -vocifero.
-Anna, es mejor que dejemos esta conversación hasta aquí, porque
después no me importará que seas mí mate -me advirtió.
Pero ya era muy tarde, estaba envalentonada a causa de toda la
frustración y la rabia contenida hasta el momento.
-¡NO ME INTERESA SER TU MATA O COMO SE LLAME! Tú no
significas nada para mí, solo eres una maldita piedra en mi zapato
que...
-¡YA BASTA ANA! -igualó mi tono y sus ojos se tornaron azul índigo.
-¡NO! Querías hablar pues vas a oírme -repuse. -¡JAMÁS PODRE
AMARTE O SIQUIERA QUERERTE PORQUE MI CORAZÓN LE
PERTENECE A OTRO, UN VERDADERO HOMBRE! -él levantó la
mano y se detuvo a centímetros de mí cara -Adelante, golpeame
como el energúmeno que eres.
Sabía que me iba a lamentar después por todo lo que le estaba
echando en cara sin embargo me importo tres pepinos.
-Ya eso es lo único que te falta hacerme.
-¡¡¡LARGO!!! -gritó.
-Siempre me ha gustado dar mi mejor esfuerzo en todo lo que hago,
aprender de cada una de mis caídas, tratar de buscarle el lado
bueno a las personas y situaciones. Pero tú llegaste a cambiar eso.
No tienes nada bueno que reconocer, eres un egoísta, una persona
que pasan por encima de todos sin importarle los sentimientos de
los demás.
Mi cabeza empezó a palpitar y mi visión se hizo borrosa.
-Conocerte fue el peor de los castigos, la más terrible maldiciones,
que el destino pudo imponerme -mi respiración se hizo dificultosa -Si
estuviese en mis manos te borraría de la historia de mi vida para
siempre...
-¡CÁLLATE! -exigió.
-Te desprecio tanto Adolfo Vuković que maldigo el día y la hora en
que te cruzarte por camino.
En lo que terminé de decir eso sentí como si clavasen un puñal en
mi corazón. Un dolor agudo se instaló en la parte baja de mi
abdomen y empecé boquear por falta de aire.
«¿Qué es esto? ¿Un accidente cardiovascular?» -la presión en toda
mi cabeza no me dejaba pensar con claridad puesto que con cada
segundo que pasaba aumentaba más.
'Claro que no, lo que sientes es la mezcla de tu dolor con la de
él'.
«¿Qué?»-mis ojos empezaron a arder, amenazado que pronto se
saldrían de su órbita.
'Lo heriste tanto con tus palabras que le quitaste las ganas de
vivir'.
Estaba tan desesperada por oxígeno que me rasguñé los brazos, la
cara, el pecho y el abdomen.
'Por favor resiste, Adolfo y yo no podríamos vivir sin ustedes' -
dejé de luchar y caí al suelo.
Me sentí desfallecer, sentí como mi vida abandonaba mi cuerpo.
-Al fin me librare de ti -dije con mi último aliento.
Lo último que mis oídos escucharon fue un llanto. Lo último que ojos
vieron fue el rostro del perro cobarde cubierto de lágrimas. Lo último
que mi cuerpo sintió fue el calor de sus brazos.
.
.
.
.
.
Les envío besos y abrazos, gracias por leer esta historia
;-) :-* ♥♥♥♥
Capítulo 17 √
.* Adolfo *.
«Ella no puede morir. Ella no puede morir. Ella no puede morir» —
Me repetía una y otra vez desde que el médico me ordenó, hace
más de una hora, que abandonara la habitación.
—Hermano —dijo Iván en lo que me vio —¿Qué sucedió? Vine lo
más rápido que… —no lo dejé terminar porque lo abrace
fuertemente.
Soy un Alfa, el más fuerte y poderoso del mundo, pero en este
momento me siento como un niño indefenso que necesita del amor,
cariño y protección de sus padres.
—La puedo perder —logré articular pese al nudo que tenía en la
garganta. —Ella…se puede morir —mis ojos comenzaron a arder.
No quería llorar, no quería mostrar debilidad, pero en este caso me
era casi imposible contener mis emociones. Se trataba de la vida de
mi mate, la mujer que amo con todo mi ser. Solo a su lado puedo ser
yo mismo. Solo con ella puedo llorar y reír. Solo sus manos pueden