Panorama general
La infección por el VIH ataca el sistema inmunitario, y el síndrome de
inmunodeficiencia adquirida (sida) es la fase más avanzada de la enfermedad.
El VIH ataca a los glóbulos blancos, debilitando el sistema inmunitario, y esto
hace que sea más fácil contraer enfermedades como la tuberculosis, otras
infecciones y algunos tipos de cáncer.
Se transmite a través de los líquidos corporales de las personas infectadas,
como sangre, leche materna, semen y secreciones vaginales. No se transmite
por besos o abrazos ni por compartir alimentos. También puede transmitirse de
madre a hijo durante el embarazo y el parto.
El VIH se puede tratar y prevenir con tratamiento antirretrovírico (TAR), y si no
se trata puede evolucionar a sida, a menudo al cabo de muchos años.
La OMS considera que la enfermedad por VIH está avanzada cuando se
encuentra en el estadio 3 o 4 de la OMS o cuando el número de células CD4 es
inferior a 200 por mm3 en adultos y adolescentes. Se considera que todos los
niños con VIH menores de 5 años padecen enfermedad avanzada por VIH.
Signos y síntomas
Los síntomas de la infección por el VIH difieren según el estadio en que se
encuentre.
La enfermedad se transmite más fácilmente en los primeros meses posteriores
a la infección, pero muchos casos no saben que están infectados hasta las
fases más avanzadas. En las primeras semanas posteriores al contagio,
algunos casos no manifiestan ningún síntoma, mientras que otros presentan un
síndrome gripal con:
fiebre,
dolor de cabeza,
erupción cutánea,
dolor de garganta.
A medida que la infección debilita progresivamente el sistema inmunitario,
pueden aparecer otros signos y síntomas:
inflamación de los ganglios linfáticos,
pérdida de peso,
fiebre,
diarrea,
tos.
En ausencia de tratamiento pueden aparecer enfermedades graves:
tuberculosis,
meningitis por criptococos
infecciones bacterianas graves,
cánceres como los linfomas o el sarcoma de Kaposi.
El VIH hace que empeoren otras infecciones, como la hepatitis B, la hepatitis C
o la viruela símica.
Transmisión
El VIH se transmite a través del intercambio de líquidos corporales de la
persona infectada, como la sangre, la leche materna, el semen o las
secreciones vaginales. El VIH también puede transmitirse al bebé durante el
embarazo y el parto. En cambio, no se contagia mediante contactos ordinarios
cotidianos como besos, abrazos o apretones de manos ni por el hecho de
compartir objetos personales, agua o alimentos.
Es importante señalar que las personas con VIH que están recibiendo TAR y
tienen una carga vírica indetectable no lo transmiten a sus parejas sexuales. El
acceso temprano al TAR y el apoyo para continuar el tratamiento son, por
tanto, cruciales no solo para mejorar la salud de los pacientes, sino también
para prevenir la transmisión del virus.
Factores de riesgo
Comportamientos y afecciones que aumentan el riesgo de contraer el VIH:
tener relaciones sexuales, anales o vaginales, sin preservativo;
padecer otras infecciones de transmisión sexual (ITS), como sífilis,
herpes, clamidiasis, gonorrea o vaginosis bacteriana;
hacer un consumo nocivo de bebidas alcohólicas o drogas en el
contexto de las relaciones sexuales;
compartir soluciones de drogas, agujas, jeringuillas u otro material de
inyección que estén contaminados;
recibir inyecciones, transfusiones o trasplantes de tejidos sin garantías
de seguridad, o ser objeto de procedimientos médicos que entrañen
cortes o perforaciones con instrumental no esterilizado;
pincharse accidentalmente con una aguja, hecho particularmente
frecuente en el personal de salud.
Diagnóstico
El VIH puede diagnosticarse mediante pruebas de diagnóstico rápido que
ofrecen resultados el mismo día. Esto facilita enormemente el diagnóstico
precoz y permite iniciar la prevención y el tratamiento. Además, hay pruebas a
las que puede someterse el propio paciente. Con todo, ninguna prueba puede
proporcionar por sí sola un diagnóstico completo de seropositividad para el
VIH, así que se requiere una prueba confirmatoria realizada por un trabajador
social o de la salud, cualificado y formado, en un centro comunitario o
dispensario. La infección por el VIH se puede detectar con gran exactitud
mediante pruebas precalificadas por la OMS en el marco de una estrategia de
detección y siguiendo un algoritmo aprobado a nivel nacional.
Las pruebas de uso más generalizado para el diagnóstico del VIH detectan los
anticuerpos que se generan como parte de la respuesta inmunitaria para luchar
contra el virus. En la mayoría de las personas, los anticuerpos contra el VIH
aparecen en los 28 días posteriores a la infección. Durante este periodo en que
todavía no se han generado suficientes anticuerpos para que se puedan
detectar mediante las pruebas utilizadas habitualmente, el paciente puede
transmitir el VIH. Las personas que hayan tenido una exposición reciente de
alto riesgo y obtengan un resultado negativo pueden hacerse una prueba
adicional después de 28 días.
A quienes hayan dado positivo en una primera prueba diagnóstica se les debe
realizar una nueva prueba antes de iniciar la atención y el tratamiento, con el fin
de descartar que los resultados sean incorrectos o se hayan notificado
erróneamente. Aunque hay pruebas de detección simples y eficaces para los
adolescentes y los adultos, no ocurre lo mismo con los lactantes de madres
VIH-positivas. Las pruebas rápidas de anticuerpos no bastan para detectar la
infección en niños de menos de 18 meses, por lo que se deben realizar
pruebas virológicas al nacer o a las 6 semanas. En la actualidad hay nuevas
técnicas para hacer estas pruebas en el lugar de atención y obtener los
resultados en el mismo día, lo cual permite atender al paciente e iniciar el
tratamiento con mayor rapidez.
Prevención
La enfermedad por VIH es prevenible.
Se puede reducir el riesgo de infección mediante:
el uso de preservativos masculinos o femeninos durante las relaciones
sexuales;
la realización de pruebas de VIH y de otras infecciones de transmisión
sexual;
la circuncisión quirúrgica masculina voluntaria;
el uso de los servicios de reducción de daños para los consumidores de
drogas inyectables.
El médico también puede proponer la administración de medicamentos o el uso
de dispositivos médicos que ayudan a prevenir el VIH, como:
antirretrovíricos (ARV), como profilaxis anterior a la exposición por vía
oral y productos de acción prolongada;
anillos vaginales de dapivirina;
cabotegravir inyectable de acción prolongada.
Los ARV también se pueden utilizar para prevenir la transmisión del VIH de la
madre al niño.
Quienes estén tomando TAR y no presenten virus en la sangre no contagiarán
a sus parejas sexuales, por lo que la ampliación del acceso a las pruebas y al
TAR es muy importante para prevenir esta infección.
Tratamiento
La infección por el VIH no tiene cura, pero el TAR detiene la multiplicación del
virus.
Los TAR actuales no curan la infección, pero impiden que el sistema
inmunitario se debilite progresivamente y le permiten seguir luchando contra
otras infecciones.
Los TAR actuales tienen que tomarse diariamente de por vida.
El TAR reduce la cantidad de virus presentes en el organismo, lo cual detiene
los síntomas y permite tener una vida plena y saludable. Los pacientes con VIH
que estén tomando TAR y no tengan virus detectables en la sangre no
contagiarán a sus parejas sexuales.
Las embarazadas con VIH deben tener acceso al TAR y tomarlo cuanto antes,
pues esto protegerá su salud y evitará que el virus pase al feto antes del
nacimiento o al lactante durante la lactancia materna.
La administración de TAR a personas sin VIH puede prevenir la enfermedad.
Cuando se administra antes de una posible exposición al VIH se denomina
profilaxis previa a la exposición, y cuando se administra después, profilaxis
posterior a la exposición. Ambos tipos de profilaxis están indicados cuando el
riesgo de contraer el VIH es alto, pero no debe hacerse sin consultar a un
médico.
La enfermedad avanzada por el VIH sigue siendo un problema en la lucha
contra este virus. La OMS está ayudando a los países a aplicar un programa de
atención a la enfermedad avanzada por el VIH a fin de reducir los síntomas y
las defunciones. Se están desarrollando nuevos medicamentos contra el VIH
que en el futuro podrían cambiar el TAR y la profilaxis, en particular
formulaciones inyectables y tratamientos breves para infecciones oportunistas,
como la meningitis por criptococos.
Más información sobre los tratamientos contra el VIH
Respuesta de la OMS
Gracias a las estrategias mundiales del sector de la salud contra el VIH, las
hepatitis víricas y las infecciones de transmisión sexual para el periodo 2022-
2030, se están aplicando medidas estratégicas para lograr los objetivos de
poner fin al sida, las hepatitis B y C y las infecciones de transmisión sexual de
aquí a 2030.
Estas estrategias proponen una serie de medidas compartidas y específicas
para cada enfermedad, respaldadas por la OMS y sus asociados, y tienen en
cuenta los cambios epidemiológicos, tecnológicos y contextuales ocurridos en
años anteriores, fomentan el aprendizaje en todas las áreas y brindan la
oportunidad de aprovechar las innovaciones y los nuevos conocimientos para
responder eficazmente a estas enfermedades. Para aplicar dichas estrategias
es preciso centrarse en las personas más afectadas y con mayor riesgo de
contraer cada enfermedad, así como corregir las inequidades existentes. De
ese modo, se promueven sinergias en el marco de la cobertura sanitaria
universal y la atención primaria y se contribuye a alcanzar las metas de la
Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.