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Acción Popular y Proceso Competencial en Perú

Este documento define tres conceptos legales: la acción popular, el proceso competencial y el proceso de cumplimiento. Brevemente resume lo siguiente: 1) La acción popular permite que cualquier persona impugne normas administrativas generales ante los tribunales. 2) El proceso competencial dirime controversias sobre la distribución de competencias entre órganos del Estado establecida en la Constitución. 3) El proceso de cumplimiento garantiza que se acate lo ordenado en sentencias judiciales firmes.

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Acción Popular y Proceso Competencial en Perú

Este documento define tres conceptos legales: la acción popular, el proceso competencial y el proceso de cumplimiento. Brevemente resume lo siguiente: 1) La acción popular permite que cualquier persona impugne normas administrativas generales ante los tribunales. 2) El proceso competencial dirime controversias sobre la distribución de competencias entre órganos del Estado establecida en la Constitución. 3) El proceso de cumplimiento garantiza que se acate lo ordenado en sentencias judiciales firmes.

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UNIVERSIDAD DE HUÁNUCO

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLITICAS

DEFINICIONES DE ACCION POPULAR,


PROCESO COMPETENCIAL Y PROCESO DE
CUMPLIMIENTO

DOCENTE: ZEVALLOS MATOS, Victor Alex

ALUMNA: PALACIN CARHUANCHO, Maryfelm Dajhanne

CURSO: Derecho Procesal Constitucional

SECCION: B
Perú – Huánuco – Tingo Maria

2023
ACCION POPULAR
Es un proceso constitucional autónomo que se resuelve de manera exclusiva ante el Poder
Judicial.
¿Un comunicado de una entidad pública puede ser objeto de control constitucional
mediante el proceso de acción popular? En todo caso, ¿cuáles deben ser los criterios sobre
la base de los cuales los jueces deben identificar las normas que son objeto de control en los
procesos constitucionales de acción popular?
El Pleno acordó por unanimidad:
1. Un comunicado de una entidad pública puede ser objeto de control constitucional
mediante el proceso de acción popular siempre que se trate de una norma infralegal de
carácter general que se incorpora al ordenamiento jurídico con vocación de permanencia.
2. Para identificar las normas reglamentos, normas administrativas, decretos y
resoluciones de carácter general- que son objeto de control en los procesos constitucionales
de acción popular, y en consecuencia evaluar su procedencia, los jueces deberán observar
los criterios de pertenencia al ordenamiento jurídico, consunción y generalidad.
El proceso constitucional de acción popular procede, propiamente, contra normas
infralegales, esto es, por la Constitución Política que tienen alcance general. Ahora bien,
como los instrumentos jurídico normativos que utilizan las diferentes entidades estatales no
son siempre los más técnicos ni precisos stricto sensu, la Norma Fundamental prefiere
utilizar una fórmula mucho más amplia y comprensiva, no circunscrita de manera única a
los reglamentos, sino también a aquellos otros instrumentos que hacen sus veces, esto es,
aquellas normas administrativas, resoluciones y decretos que, por su carácter general,
comparten esa misma naturaleza reglamentaria.
Ello lleva, por ejemplo, a que la Constitución no utilice, también en sentido técnico, los
conceptos de resolución y decreto. Ello responde también a una finalidad práctica, pues la
Administración Pública nacional ha utilizado formalmente la figura de una “resolución”
para establecer disposiciones de carácter general, cuando lo propio era utilizar la figura del
“decreto”.
Sobre este punto, el Código Procesal Constitucional mantiene la fórmula del texto
constitucional con una salvedad. Excluye el término “decreto”, ya contenido en la figura
del “reglamento” y de “norma administrativa”, toda vez que ese es el instrumento idóneo
para su publicación; a la vez que dispone la procedencia contra resoluciones siempre que
tengan carácter general.
Como se observa, en tanto que las normas objeto de control no son solo los reglamentos,
sino que pueden ser otros instrumentos normativos en tanto estos últimos compartan
siempre esa propia naturaleza reglamentaria, resulta de la mayor pertinencia -en
cumplimiento de la tarea de uniformar y ordenar la jurisprudencia que le corresponde a la
Corte Suprema de Justicia de la República- ofrecer un conjunto de criterios a efectos de
que puedan ser observados al momento de evaluar la procedencia o improcedencia de la
“norma” impugnada en un proceso de acción popular.
- Caracteristicas
El proceso de acción popular guarda una especial relación de deferencia con el proceso de
inconstitucionalidad, ya que, por los principios de seguridad jurídica, predictibilidad y
uniformidad de las decisiones judiciales, si en un proceso de acción popular se está
cuestionando un reglamento que constituye el desarrollo de las condiciones de aplicación
de una ley cuya constitucionalidad se está cuestionando en un proceso de
inconstitucionalidad, el proceso de acción popular debe suspenderse y esperar el resultado
del proceso de inconstitucionalidad.
- Aspectos de procedimiento
La demanda de acción popular contra un reglamento o cualquier norma administrativa de
carácter general, que debe interponerse dentro de los cinco años de publicada esta, puede
ser planteada por cualquier persona, natural o jurídica, nacional o extranjera. La demanda
deberá identificar las normas constitucionales y legales infringidas, así como la norma
reglamentaria que se cuestiona (artículos 84, 86 y 87 del CPConst.).
Si se cuestiona un reglamento emitido por un gobierno regional o local, la demanda se
plantea ante la sala correspondiente por razón de la materia de la Corte Superior del Distrito
Judicial al que pertenece el órgano emisor. En los demás casos, es decir, si se trata de
normas emitidas por entidades del Poder Ejecutivo, el Poder Judicial, el Poder Legislativo o
los organismos constitucionales autónomos, la demanda se interpone ante la sala
correspondiente por razón de la materia de la Corte Superior de Justicia de Lima (artículo
85 del CPConst.).
En dicha resolución también puede disponerse que el órgano emisor remita los antecedentes
de la norma objeto de control (informes, memorias, proyectos y anteproyectos, dictámenes,
etc.), si estos documentos son de carácter reservado norma vinculada, por ejemplo, con la
seguridad ciudadana o la defensa nacional la autoridad judicial deberá tomar las previsiones
para que la reserva se mantenga (artículos 88, 89, 90 y 91 del CPConst.).
Luego de diez días para la contestación de la demanda o vencido el plazo para ello, la sala
fija fecha y hora para la audiencia de vista de la causa. Los abogados de las partes pueden
informar oralmente. Luego de diez días, la sala deberá emitir la sentencia de primera
instancia. Contra esta procede recurso de apelación dentro de los cinco días siguientes. El
expediente se remite a la sala de Derecho Constitucional y Social de la Corte Suprema, la
que corre traslado del recurso a la otra parte por el plazo de cinco días y fija fecha y hora
para la vista de la causa. Dentro de los diez días de realizada, la Sala Suprema emite la
sentencia, que se publica en el mismo diario en que se publicó el auto admisorio, sin
perjuicio de su notificación a las partes. En caso de que la sentencia que declara fundada la
demanda no haya sido apelada, la sala eleva en consulta la sentencia a la Corte Suprema, la
que resolverá sin más trámite en un plazo no mayor de cinco días (artículos 92, 93, 95 y 96
del CPConst.).
En este proceso, siempre que la sentencia de primera instancia haya declarado fundada la
demanda, se puede solicitar medida cautelar de suspensión de los efectos de la norma
cuestionada (artículo 94 del CPConst.).
La sentencia que declara fundada la demanda de acción popular podrá declarar la nulidad
de las normas cuestionadas con efectos retroactivos, la sentencia determina sus efectos en el
tiempo. Se publica en el Diario Oficial El Peruano y tiene autoridad de cosa juzgada y
efectos generales, pues lo decidido no puede ser revisado por autoridad alguna y determina
la expulsión de la norma del ordenamiento jurídico. Asimismo, la sentencia vincula a todas
las autoridades públicas y la ciudadanía (artículos 82 y 83 del Código).

PROCESO COMPETENCIAL
El Proceso Competencial es incorporado por vez primera en nuestro ordenamiento jurídico
por la Constitución de 1993, y está contemplado en el inciso 3 de su artículo 202º. En la
anterior Carta Magna de 1979 existía un vacío constitucional en relación con los
lineamientos que se debían seguir para resolver los conflictos que surgían en cuanto a las
competencias que otorgaba la Constitución a los diversos órganos de relevancia
constitucional y a los demás órganos del Estado. Asimismo, se desconocía el órgano o ente
competente que debía dirimir tales controversias. Vacío que en alguna oportunidad intentó
ser cubierto por los justiciables haciendo uso de la entonces denominada Acción de
Amparo o la Acción de Inconstitucionalidad, pero que, a la larga, resultaron ser procesos
inidóneos e ineficaces para tal finalidad, puesto que se requería de un proceso especializado
donde, exclusivamente, se diriman dichos conflictos competenciales de índole o relevancia
constitucional.
Si bien la Constitución hace referencia al conflicto competencial como una atribución del
Tribunal Constitucional quien lo realiza en forma exclusiva y en única instancia, no lo
reconoce explícitamente como una garantía constitucional. Aun así, ha sido reconocido
normativamente como un proceso de carácter constitucional. Este proceso tiene por objeto
velar por el respeto de la distribución de las competencias estatales previstas en la
Constitución, de modo que garantiza la vigencia del principio de supremacía
constitucional e, indirectamente, la continuidad del Estado Constitucional de Derecho.
Se presenta como vía autónoma orientada fundamentalmente a tutelar el orden
constitucional objetivo, tomando en cuenta su dimensión vertical y otra
horizontal163. El sustento del conflicto de competencias se encuentra en el respeto del
principio de separación de poderes. Éste no debe entenderse en su concepción clásica, en
virtud de la cual la separación entre los poderes del Estado es tajante y no existe relación
alguna entre ellos, sino como un sistema de control y balance entre los poderes del Estado
que contiene relaciones de coordinación y cooperación entre ellos. Así entendido, el
principio de separación de poderes se constituye en una garantía de los derechos
constitucionalmente reconocidos y en un límite al poder frente al absolutismo y la
dictadura. Artículos 200 y 202.3 de la Constitución; Título IX del Código Procesal
Constitucional. Fundamento, sobre la base de los artículos 202 de la Constitución y 109 del
Código Procesal Constitucional.
Comisión de Procesos de Inconstitucionalidad y Competenciales58Dos elementos son los
que configuran la existencia de un proceso de conflicto competencial165:− Uno
subjetivo, que implica que las partes involucradas en el conflicto competencial ostenten una
legitimidad especial; es decir, que se trate de un poder el Estado, un órgano
constitucionalmente reconocido, un gobierno regional o un gobierno local166.− Uno
objetivo, según el cual la materia controvertida esté directamente vinculada con la
Constitución o con las leyes orgánicas que correspondan, mas no con otros
dispositivos con rango legal; es decir, que la competencia debe estar referida a un
poder conferido por la Constitución y demás normas del bloque de constitucionalidad
para generar un acto estatal

PROCESO DE CUMPLIMIENTO
El proceso de cumplimiento es un proceso constitucional que tiene por objeto inmediato
que los jueces ordenen a las autoridades y funcionarios públicos que cumplan con los
mandatos que se derivan de una norma de rango legal o reglamentario y de los actos
administrativos de carácter general o particular, y se pronuncien expresamente cuando las
normas legales les ordenan emitir una resolución administrativa o dictar un reglamento.
Como objeto mediato, el proceso de cumplimiento tiene por finalidad proteger el derecho
fundamental a asegurar y exigir la eficacia de las normas legales y actos administrativos,
frente a los actos omisivos de los funcionarios y autoridades públicas. Este derecho deriva
de la interpretación conjunta de los artículos 3 (cláusula de derechos no enumerados), 43
(cláusula del Estado social y democrático de derecho) y 45 (origen y límites del ejercicio
del poder) de la Constitución.
En algún momento se discutió mucho sobre la naturaleza constitucional u ordinaria del
proceso de cumplimiento. Ello porque se señalaba que su objeto, al estar vinculado con el
cumplimiento de normas y actos de la administración pública, era de carácter
administrativo y no constitucional.
Al respecto, en un primer momento se señaló que, más allá de su incorporación en el
capítulo sobre las garantías constitucionales, el proceso de cumplimiento era en realidad un
proceso contencioso administrativo constitucionalizado, pero no un verdadero proceso
constitucional porque su objeto recaía sobre materia legal y administrativa y no sobre la
tutela de derechos fundamentales. En dicho sentido, el TC en un primer momento dejó
señalado:
La acción de cumplimiento es un «proceso constitucionalizado» que, prima facie, no tiene
por objeto la protección de un derecho o principio constitucional, sino la de derechos
legales y de orden administrativo, mediante el control de la inacción administrativa.
Se trata, por tanto, de un «proceso constitucionalizado», como, a su vez, lo es el
contencioso- administrativo, y no en estricto de un «proceso constitucional», toda vez que
en su seno no se resuelven controversias que versen sobre materia constitucional, aun
cuando éste haya sido creado directamente por la Constitución (artículo 200, inciso 6)
(sentencia del Exp. 00191-2003-AC/TC, fundamento 2).
Posteriormente, el TC varió su posición y estableció que el proceso de cumplimiento era un
verdadero proceso constitucional porque está reconocido como tal en el texto de la
Constitución y, además, porque protege un verdadero derecho fundamental: el derecho a
asegurar la eficacia y exigir el cumplimiento de las normas jurídicas y de los actos
administrativos. En dicho sentido, reproducimos los fundamentos 5 a 19 de la sentencia del
Exp. 00168-2005-PC/TC, en la que el TC dejó sentada su posición sobre la naturaleza
constitucional del proceso de cumplimiento:
5. Ahora bien, conforme al artículo II del Título Preliminar del Código Procesal
Constitucional, los procesos constitucionales tienen, entre sus fines esenciales, los de
garantizar la supremacía de la Constitución y la vigencia efectiva de los derechos
constitucionales que son posibles, o se concretizan, a través de las finalidades específicas
de cada uno de los procesos constitucionales. Por tanto, para configurar el perfil exacto del
proceso de cumplimiento, garantizando la autonomía de cada uno de los procesos
constitucionales que protegen derechos constitucionales (amparo, hábeas corpus y hábeas
data), debemos precisar, dentro del marco del artículo II del Título Preliminar del Código
Procesal Constitucional, como es que mediante el proceso de cumplimiento se alcanzan los
fines comunes a los procesos constitucionales.
6. Para ello, es necesario tener presente que el artículo 3, concordante con el artículo 43 de
la Constitución, dispone que la enumeración de los derechos establecidos en su capítulo I
del Título I no excluye los demás que la Constitución garantiza, ni otros de naturaleza
análoga o que se fundan en la dignidad del hombre, o en los principios de soberanía del
pueblo, del Estado democrático de derecho y de la forma republicana de gobierno (véase
Exp. 2488-HC, fundamento 12).
7. En efecto, conforme a los principios de soberanía del pueblo (artículo 45 de la
Constitución) y de forma republicana de gobierno, al carácter social y democrático de
nuestro Estado (artículo 43 de la Constitución), y al principio de jerarquía normativa
(artículo 51 de la Constitución), el respeto al sistema de fuentes de nuestro ordenamiento
jurídico, donde se incluyen las decisiones de este Tribunal Constitucional, constituye uno
de los valores preeminentes de todo sistema democrático por donde los poderes públicos y
los ciudadanos deben guiar su conducta por el derecho.
8. Por tanto, el control de la regularidad del sistema jurídico en su integridad constituye un
principio constitucional básico en nuestro ordenamiento jurídico nacional que fundamenta
la constitucionalidad de los actos legislativos y de los actos administrativos (ambos en su
dimensión objetiva), procurándose que su vigencia sea conforme a dicho principio. Sin
embargo, no solo basta que una norma de rango legal o un acto administrativo sea aprobado
cumpliendo los requisitos de forma y fondo que le impone la Constitución, las normas del
bloque de constitucionalidad o la ley, según sea el caso, y que tengan vigencia; es
indispensable, también, que aquellas sean eficaces.
9. Es sobre la base de esta última dimensión que, conforme a los artículos 3, 43 y 45 de la
Constitución, el Tribunal Constitucional reconoce la configuración del derecho
constitucional a asegurar y exigir la eficacia de las normas legales y de los actos
administrativos. Por tanto, cuando una autoridad o funcionario es renuente a acatar una
norma legal o un acto administrativo que incide en los derechos de las personas o, incluso,
cuando se trate de los casos a que se refiere el artículo 65 del Código Procesal
Constitucional (relativos a la defensa de los derechos con intereses difusos o colectivos en
el proceso de cumplimiento), surge el derecho de defender la eficacia de las normas legales
y actos administrativos a través del proceso constitucional de cumplimiento.
10. En efecto, el inciso 6 del artículo 200 de la Constitución establece que el proceso de
cumplimiento procede contra cualquier autoridad o funcionario renuente a acatar una
norma legal o un acto administrativo, sin perjuicio de las responsabilidades de ley. Como
hemos expuesto precedentemente, el acatamiento de una norma legal o un acto
administrativo tiene su más importante manifestación en el nivel de su eficacia. Por tanto,
así como el proceso de hábeas data tiene por objeto esencial la protección de los derechos a
la intimidad, acceso a la información pública y autodeterminación informativa, el proceso
de cumplimiento tiene como finalidad proteger el derecho constitucional de defender la
eficacia de las normas legales y actos administrativos.
Ahora bien, más allá de dicho cambio de jurisprudencia, cabe señalar que este proceso
comparte las características que tiene todo proceso constitucional, especialmente el
principio de adecuación de formalidades a los fines de los procesos constitucionales: forma
parte de la tutela de urgencia, con un procedimiento sumario y sujeto a los principios
previstos en el artículo III del Título Preliminar del CPConst.
- Objeto de protección: derechos tutelados por el proceso de cumplimiento
El proceso de cumplimiento tutela un derecho fundamental específico: asegurar la eficacia
y exigir el cumplimiento de las normas jurídicas y actos administrativos emitidos, así como
que se dicten los reglamentos y resoluciones administrativas faltantes que manda la ley. Al
respecto, en la práctica del Tribunal Constitucional ha sido recurrente su empleo para exigir
que en cumplimiento de normas legales y reglamentarias se otorguen pensiones de
jubilación o reajustes de pensiones (sentencia del Exp. 00168-2005-PC/TC), así como actos
administrativos que reconocían ciertos beneficios que sin embargo no se ejecutaban, como
los subsidios por luto y sepelio (sentencia del Exp. 03149-2004-AC/TC).
Este proceso constitucional también ha sido un mecanismo de protección indirecta de otros
derechos fundamentales, en la medida en que el Estado muchas veces implementa políticas
públicas para proteger derechos sociales mediante leyes y actos administrativos, pero estas
no se cumplen en la práctica o carecen de una implementación administrativa realmente
eficaz. Por ello, se ha empleado el proceso de cumplimiento para obligar a los funcionarios
y servidores públicos a cumplir con las leyes y resoluciones administrativas que tienen por
finalidad proteger los derechos fundamentales sociales.
- Procedimiento del proceso de cumplimiento
Antes de iniciar un proceso de cumplimiento, el interesado debe requerir al funcionario o
autoridad pública renuente el cumplimiento de la norma legal o del acto administrativo
mediante una solicitud simple de fecha cierta. El cargo de este documento servirá como
medio de prueba de haber cumplido con el requerimiento previo.
Según lo establecido en el artículo 67 del CPConst., si se pretende el cumplimiento de una
norma legal o de un reglamento, cualquier persona puede presentar el requerimiento previo.
En cambio, si se trata del cumplimiento de un acto administrativo, el requerimiento debe
presentarlo la persona en cuyo favor se emitió el acto o por quien invoque interés en el
cumplimiento del deber omitido; por ejemplo, un pensionista o familiar cercano suyo que
requiere el cumplimiento de una resolución de la ONP que le reconoce el derecho a una
pensión y la ONP no ejecuta.
Luego de diez días de presentada la solicitud, si no es atendida o existe una respuesta del
funcionario o autoridad pública en la que expresamente se niega a cumplir, el interesado o
afectado tiene expedito el derecho para acudir al juez constitucional para interponer la
demanda de proceso de cumplimiento. De acuerdo a lo establecido en el artículo 69 del
CPConst., no es necesario agotar ningún recurso o procedimiento administrativo adicional.
Si se trata de un caso vinculado a la defensa de intereses difusos o colectivos, la demanda
puede ser presentada por cualquier persona, así como por la Defensoría del Pueblo (artículo
67 del CPConst.).
El demandado en este proceso es el funcionario o autoridad pública renuente al
cumplimiento del deber omitido. En caso el demandado no sea la autoridad obligada, este
deberá informarlo al juez, indicando a quién corresponde el cumplimiento del deber legal o
administrativo omitido. Si hay duda respecto a quién corresponda el cumplimiento de ese
deber, el proceso proseguirá con las autoridades demandadas. En todo caso, el juez
constitucional deberá emplazar a la autoridad que, conforme al ordenamiento jurídico,
resulta competente para dar cumplimento al deber omitido (artículo 68 del CPConst.).
En relación con la procedencia del proceso de cumplimiento, en el artículo 70 del CPConst.
se ha previsto un régimen especial de causales de improcedencia. En dicho sentido, el
proceso de cumplimiento no procede:
a) Contra resoluciones emitidas por el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional o el Jurado
Nacional de Elecciones, es decir que no pueden ser objeto de control en un proceso de
cumplimiento las sentencias o resoluciones emitidas en el ejercicio de sus funciones
jurisdiccionales, en el caso de los dos primeros, y en el caso del tercero respecto de las
resoluciones emitidas en materia electoral.
b) Contra el Congreso de la República cuando se pretenda exigir la aprobación o la
insistencia para que se apruebe un proyecto de ley.
c) Para proteger los derechos que son protegidos por los otros procesos constitucionales de
tutela de derechos (amparo, hábeas corpus y hábeas data).
d) Cuando se busca cuestionar la validez de un acto administrativo, en la medida en que el
objeto de este proceso no es el control sobre la legalidad de las actuaciones administrativas,
sino el control sobre las omisiones al cumplimiento de deberes o mandatos contenidos en
leyes, reglamentos y actos administrativos.
e) Cuando se pretenda que el funcionario o autoridad pública demandado ejerza potestades
discrecionales. Ello, porque el deber omitido cuyo control es objeto de este proceso debe
ser incondicionado y de ineludible cumplimiento.
f) En los casos en que proceda la interposición del proceso de conflicto de competencias, es
decir, el proceso de cumplimiento no puede ser empleado por otras autoridades o
funcionarios públicos para lograr que otros funcionarios cumplan mandatos legales,
reglamentos o actos administrativos, salvo el caso de la Defensoría del Pueblo.
g) Cuando no se ha requerido previamente, por un documento de fecha cierta, el
cumplimiento del deber omitido al funcionario o autoridad pública.
h) Cuando la demanda se interpone luego de vencido el plazo de sesenta días hábiles, que
se cuenta a partir de la fecha de recepción del requerimiento escrito para que la autoridad
pública renuente dé cumplimiento al mandato legal o administrativo omitido.
Una vez admitida a trámite la demanda, el procedimiento que sigue el proceso de
cumplimiento es, en lo que resulta aplicable y con las adaptaciones que crea conveniente el
juez constitucional según las circunstancias del caso, el mismo que el previsto para el
proceso de amparo (artículo 74 del CPConst.).
En este proceso, cabe el desistimiento solo si la pretensión tiene por objeto el cumplimiento
de un acto administrativo de carácter particular, por lo que no cabe cuando se inicia para
exigir el cumplimiento de una norma legal, de un reglamento o de un acto administrativo de
alcance general (artículo 71 del CPConst.).
Ahora, sin perjuicio de otros elementos como la identificación de los hechos y la
motivación, si la sentencia declara fundada la demanda deberá:
a) determinar la obligación incumplida;
b) precisar la orden y la descripción concreta de la conducta a cumplir;
c) establecer el plazo perentorio para cumplir lo ordenado en la sentencia, que no podrá
exceder de diez días; y
d) contener, cuando la conducta del demandado así lo exija, la orden a la autoridad o
funcionario competente para iniciar las investigaciones para establecer la responsabilidad
disciplinaria o penal que corresponda (artículo 72 del CPConst.).

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