POEMA AL GRAL.
SAN MARTIN POR LA ESCRITORA ALICIA
ARNICA DE NARDELLI.
¡Para Tí, José Francisco… campanadas de gloria…
resonando en los llanos y en las cumbres.
Tu nombre late en la música del tiempo
por todos los rincones de la Patria,
y el aire se llena de notas divinas.
Despierto… y no puedo permitirme ser cobarde…
No puedo apearme a los pies de los opulentos…
no puedo negociar con los intocables de turno.
En mi sangre de Argentino
bulle el latido de libertad…
Siento en mi alma el galope señero
de héroe indiscutido, inigualable,
decidido como el galope del gaucho en la llanura
como el ombú siempre en la pampa
acogedor… erguido, nunca vencido.
Hiciste grandiosa a la Patria
aún en medio de una honda soledad.
Con la espada lista para desenvainar…
Soñando con embanderar de gloria
a las naciones hermanas.
Ardía en tu corazón anhelos de paz.
No hubo fronteras que te detuvieran
con tus bravos granaderos,
para desplegar al viento
tus sueños dorados de ver libre a la América.
Bien expresó: Jose Luis Bernardez:
“No hay argentino que no sienta dentro del alma
la virtud de su recuerdo”.
Hoy ante Tí, no puedo esconderme tras los miedos,
la indiferencia, la mediocridad, la mentira
no me lave las manos como Pilatos.
“Despierto está sobre nosotros
como una estrella protectora en nuestro cielo”
¡Argentinos!
Llegó la hora de mirarnos en el espejo de la Historia
para construir un futuro venturoso
contemplando la luz de tus pupilas,
que aún son como una tea, siempre encendidas.
En virtud de tu recuerdo…
aquilatar cuán puro y desprendido
de honores, de riquezas fue tu corazón.
Que ardía en deseos de lograr una paz duradera,
una Patria de hermanos, sin fronteras.
Ante Tí, deberíamos arrodillarnos… por ser tibios…
por no buscar “el bien común” que nos hermana.
Podamos cabalgar victoriosos por la vida
como lo hiciste Tú, por caminos agrestes,
acechado por el frio, la soledad,
pero con el paso firme en cada roca que pisaste.
“Oh general del cielo… Junto a tu pedestal,
a tus plantas rendido, se desvanece el mal”.
No nos cansemos nunca de amar…
tanto al sabio como al ignorante, al orgulloso, al necio.
Que nuestra nobleza sea la Verdad
y nuestro desvelo: la Justicia sin claudicaciones!.
Que en nuestro caminar… sean rectoras estas palabras suyas:
“Serás lo que debas ser
o no serás nada”