Iglesia Cristiana Presbiteriana en Viña del Mar - Chile
Material de uso interno - Pastor: Guillermo Ossandón
Segunda Parte
Fecha ___/___/___
11 La Redención
I.- VERSÍCULO PARA MEMORIZAR: Isaías 53: 4 - 6
II.- ESTUDIO BÍBLICO: 1 Corintios 15
III.- LECTURA: “La esperanza que Jesús ofrece” (Optativa)
ENSEÑANZA PRINCIPAL ¿Cómo restauró Cristo la relación entre Dios y la
Humanidad? El Padre envió a Jesucristo para ser el mediador entre Dios y la Humanidad (1ª
Timoteo 2:5). La muerte sustitutoria de Cristo en la cruz anuló la condena por el pecado, y la
resurrección física del Señor venció a la muerte de una vez y para siempre.
I.- VERSÍCULOS PARA MEMORIZAR: Isaías 53: 4 - 6
4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por
azotado, por herido de Dios y abatido.
5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz
fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.
6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová
cargó en él el pecado de todos nosotros.
II.- ESTUDIO BÍBLICO INDUCTIVO 1 Corintios 15
1 Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he 14 Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra
predicado, el cual también recibisteis, en el cual también predicación, vana es también vuestra fe.
perseveráis; 15 Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos
2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no
predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.
3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo
recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a resucitó;
las Escrituras; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en
4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a vuestros pecados.
las Escrituras; 18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron.
5 y que apareció a Cefas, y después a los doce. 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los
6 Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, más dignos de conmiseración de todos los hombres.
de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. 20 Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias
7 Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; de los que durmieron es hecho.
8 y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. 21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también
9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy por un hombre la resurrección de los muertos.
digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia 22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo
de Dios. todos serán vivificados.
10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no 23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias;
ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que luego los que son de Cristo, en su venida.
todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo. 24 Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre,
11 Porque o sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y
creído. potencia.
12 Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, 25 Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a
¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay todos sus enemigos debajo de sus pies.
resurrección de muertos? 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.
13 Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo
resucitó.
1
27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y 43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra
cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, en debilidad, resucitará en poder.
claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual.
cosas. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.
28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces 45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán
también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.
las cosas, para que Dios sea todo en todos. 46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo
29 De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los espiritual.
muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por 47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo
qué, pues, se bautizan por los muertos? hombre, que es el Señor, es del cielo.
30 ¿Y por qué nosotros peligramos a toda hora? 48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el
31 Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo celestial, tales también los celestiales.
en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. 49 Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos
32 Si como hombre batallé en Efeso contra fieras, ¿qué me también la imagen del celestial.
aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y 50 Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no
bebamos, porque mañana moriremos. pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la
33 No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas incorrupción.
costumbres. 51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero
34 Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no todos seremos transformados,
conocen a Dios; para verg:uenza vuestra lo digo. 52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final
35 Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos
qué cuerpo vendrán? serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos
36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. transformados.
37 Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el 53 Porque es necesario que esto corruptible se vista de
grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.
38 pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción,
su propio cuerpo. y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se
39 No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte
de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los en victoria.
peces, y otra la de las aves. 55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro,
40 Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una tu victoria?
es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. 56 ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del
41 Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la pecado, la ley.
gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra 57 Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por
en gloria. medio de nuestro Señor Jesucristo.
42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra 58 Así que, hermanos míos amados, estad firmes y
en corrupción, resucitará en incorrupción. constantes, creciendo en la obra del Señor siempre,
sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
(Observar, interpretar, aplicar)
En 1ª Corintios 15 Pablo recuerda a la iglesia de Corinto las enseñanzas sobre la resurrección
de Jesús, y sobre nuestra resurrección en los últimos días. Responde a aquellos que decían
que Jesús no había resucitado, y explica lo necesario que un cuerpo muriera, para luego poder
resucitar en gloria.
1. Lee 1ª Corintios 15. ¿Cómo resume Pablo el Evangelio en los versículos del 1 al 4?
2. En los versículos del 5 al 11, Pablo hace un listado de las apariciones de Jesús después de la
resurrección.
¿Por qué es importante hacer una lista así?
¿Por qué Pablo cree que es importante dejar por escrito el encuentro que él mismo tuvo con el Cristo resucitado?
3. Lee de nuevo los versículos del 12 al 19. ¿Cuáles son las consecuencias si Jesús no ha resucitado de entre los
muertos?
4. En los versículos del 20 al 23 Pablo define a Jesús como las primicias o el “primer fruto” de la resurrección.
¿Qué intenta expresar al usar esta imagen?
5. ¿Cómo describirías nuestros cuerpos resucitados después de leer los versículos del 25 al 50?
6. Los versículos del 51 al 57 recogen la victoria definitiva que Jesús logró a través de su resurrección.
¿Por qué la resurrección de Jesús nos libra de la muerte?
7. ¿Qué implicaciones tiene para ti la enseñanza de este pasaje?
8. ¿Qué versículo o versículos te han impactado de forma especial? Escribe los versículos clave con tus propias
palabras 10. ¿Algún versículo te ha resultado especial?
2
III. LECTURA: “Hay esperanza” (Optativa)
Pablo veía el Evangelio como un tesoro que había sido depositado en él para que lo preservara intacto
como una herencia para la siguiente generación. Así, Pablo exhorta a Timoteo diciendo: “Guarda el buen
depósito que te ha sido encomendado” (2ª Timoteo 1:14). Cuando el dueño de ese tesoro le pidiera cuentas,
Pablo, como un buen mayordomo, quería asegurarse de que el mensaje del Evangelio se iba a entregar
exactamente con la misma forma con la que él lo había recibido. “Porque yo os entregué en primer lugar lo
mismo que recibí; que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó
al tercer día, conforme a las Escrituras” (1ª Corintios 15:3-4).
Las buenas nuevas son la muerte, la sepultura y la resurrección de Jesús. A través de la obra de Cristo
en la cruz y de su resurrección de entre los muertos somos redimidos de la condena de nuestro pecado y
nacemos a una vida nueva.
¿Por qué Jesús podía perdonar nuestros pecados?
Pablo escribió: “Cristo murió por nuestros pecados”. La primera objeción que nos podría venir a la mente
es: “¿Qué tiene que ver conmigo la muerte de Jesús en la cruz? ¿Qué tiene que ver él con mi pecado? ¡Yo
no le he pedido nada!”.
Cuando el rey David confesó su pecado por cometer adulterio con Betsabé y por matar a su marido para
encubrir el embarazo de ésta, dijo al Señor: “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus
ojos” (Salmo 51:4). Aunque David había pecado contra gente concreta, y es cierto que debía pedir disculpas
a los afectados, en última instancia todo pecado consiste en lo mismo: en desobedecer a Dios.
Dios entregó a Jesús como el sustituto que pagaría la condena por nuestro pecado. Él tenía las
cualidades para pagar por nuestro pecado porque no había habido en la tierra nadie como él: no tenía
pecado. ¿Cómo iba a servir como nuestro sustituto si se tuviera que haber preocupado de su propio
pecado? El autor de la Epístola a los Hebreos describe a Jesús como el Sumo Sacerdote definitivo, que
nos representa ante Dios. “Jesús no necesita, como aquellos sumos sacerdotes, ofrecer sacrificios diariamente,
primero por sus propios pecados y luego por los pecados del pueblo; porque lo hizo una vez para siempre, cuando se
ofreció a sí mismo” (Hebreos 7:27-28).
Dios envió a Jesús para ser el perfecto mediador por nuestro pecado. “Porque hay un solo Dios, y un solo
mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre” (1ª Timoteo 2:5). Jesús es el único que podía hacer
de mediador entre Dios y los hombres porque Él era Dios-hombre. Aquel hombre tenía las credenciales
para actuar por nosotros porque era divino, Dios hecho carne (Juan 1:14).
¿Qué evidencias hay de la divinidad de Cristo? En su libro Cristianismo Básico, John Stott recoge las
declaraciones que el propio Jesús hace sobre su deidad.1
Su enseñanza estaba centrada en sí mismo
La enseñanza de Jesús tan centrada en sí mismo contrasta con la enseñanza de otros líderes. Jesús
dijo: “Yo soy la verdad, seguidme”, mientras que otros dijeron “Hay una verdad un camino. Seguidlo”.
Jesús usaba con mucha frecuencia el pronombre personal “yo”.
– “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35).
– “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12).
– “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25).
– “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
– “Venid a mí,… y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).
Las palabras más sorprendentes de Jesús las encontramos en una discusión con los líderes religiosos.
Aquellos hombres se enorgullecían de que eran descendientes de Abraham, pero Jesús les dijo: “Vuestro
padre Abraham se regocijó esperando ver mi día; y lo vio, y se alegró” (Juan 8:56). Sorprendidos, los líderes
judíos respondieron: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”. A esto, Jesús respondió: “En
verdad, en verdad os digo: antes que Abraham naciera, yo soy” (Juan 8:57-58). Al referirse a sí mismo usando la
expresión “Yo soy”, Jesús estaba identificándose con Dios. Cuando Dios llamó a Moisés para que liberara a
los israelitas de la cautividad en Egipto, Moisés quería saber qué tenía que decir cuando los israelitas le
preguntaran quién le enviaba. Cuando Moisés le preguntó a Dios quién era, Dios le respondió: “YO SOY EL
QUE SOY. Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros” (Éxodo 3:14). Jesús está diciendo
claramente que Él es el mismo que el gran YO SOY que acompañó a Moisés y le dio poder.
1
John R.W. Stott, “Las pretensiones de Cristo”. Capítulo 2, en Cristianismo Básico (Colombia: Ediciones Certeza, 1997, 3ª ed.).
3
El título que más usó Jesús para referirse a sí mismo era el de “Hijo del Hombre”. Muchas veces se hace
un contraste entre ese título, y el de “Hijo de Dios”, como si “Hijo del Hombre” hiciera referencia a su
humanidad, el “Hijo de Dios”, a su divinidad. De hecho, “Hijo del Hombre” era el título para el Mesías sacado
del libro de Daniel. Daniel tuvo una visión de una figura que descendía del Cielo para instaurar su reino
sobre la Tierra. “Seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, con las nubes del cielo venía uno como un Hijo
de Hombre… Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran”
(Daniel 7:13-14). Así que cuando Jesús se refirió a sí mismo como el Hijo del Hombre, estaba diciendo que
Él era el que vendría de fuera de este mundo y al que todos servirían.
Como vimos en la lectura sobre la Trinidad en el capítulo 7, Jesús entendía que era Dios y que tenía una
relación transparente y estrecha con su Padre celestial.
¿Qué logró Cristo con su muerte en la cruz?
Cuando Cristo murió en la cruz, Dios mismo estaba pagando por la condena de nuestro pecado. Pablo
escribe: “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de
Dios en Él” (2ª Corintios 5:21).
La imagen que mejor ilustra la obra sustitutoria de Cristo en la cruz es la del Cordero de Dios. Cuando
Juan el Bautista vio a Jesús venir por el camino, dijo: “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del
mundo” (Juan 1:29). La imagen del Cordero de Dios es una combinación del cordero pascual y de la
ofrenda relacionada con el Día de la propiciación.
El cordero pascual. Pablo escribe: “Cristo, nuestra Pascua [o nuestro cordero pascual], ha sido sacrificado”
(2ª Corintios 5:7). Cuando los israelitas estaban cautivos en Egipto, la última de las plagas que Dios envió a
los egipcios fue la muerte de todos los primogénitos. Dios le dijo a Faraón que enviaría al ángel de la
muerte para que pasara por todo el país. Los israelitas recibieron la instrucción de sacrificar un
cordero de un año, sin defecto, y tenían que coger parte de la sangre para ponerla en el marco de la puerta
de sus casas. Aquella noche, cuando el Señor vino a herir a todos los primogénitos, pasó de largo de las
casas que estaban bajo la protección de la sangre (Éxodo 12). La sangre era un símbolo del sacrificio
sustitutorio.
El Día de la Propiciación. Cuando la imagen del cordero pascual se combina con el sacrificio
sustitutorio del Día de la Propiciación, tenemos una sublime expresión de lo que fue la obra de Jesús. Cada
año, en el Día de la Propiciación (Yom Kippur) el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo del templo,
el lugar donde se podía encontrar con la gloria del Dios santo. Ningún otro ser humano se atrevía a entrar
allí, así que el sumo sacerdote llevaba consigo la sangre de un macho cabrío que había sido sacrificado por
los pecados del pueblo. Con la sangre rociaba el propiciatorio como un acto de expiación. Ese sustituto
aplacaba la ira de Dios contra los pecados del pueblo. Hay otra imagen que también tiene mucha fuerza:
cuando el sumo sacerdote coloca la mano sobre la cabeza del macho cabrío expiatorio y confiesa los
pecados del pueblo, y luego lo envía al desierto. “El macho cabrío llevará sobre sí todas sus iniquidades” (ver
Levítico 16).
La muerte de Cristo en la cruz satisfizo la justicia de Dios y alcanzó misericordia para nosotros. La
justicia exige que se pague por el pecado cometido. Muriendo en nuestro lugar, Jesús aceptó la condena
que nosotros merecíamos para que pudiéramos tener acceso a la misericordia que no merecíamos. Hizo
que la furia de Dios cayera sobre el pecado en la cruz y allí sufrió la separación de su Padre. En el
momento en que Jesús gritó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Marcos 15:34), el Padre
apartó la mirada del Hijo, que estaba cargando con nuestro pecado. El precio quedó saldado. Cuando
reconocemos nuestra necesidad de perdón a través del arrepentimiento y creemos en el sacrificio de
Cristo, recibimos el regalo de la misericordia.
¿Por qué fue necesaria la resurrección física de Jesús?
El símbolo que caracteriza nuestra fe es una cruz vacía. Es una señal de que no buscamos entre los
muertos al que vive. Cristo está vivo. Pero, ¿qué hubiera pasado si no hubiera resucitado? ¿Por qué fue
necesaria la resurrección para completar nuestra redención?2
2
En “La resurrección de Cristo”, capítulo 4 de Cristianismo Básico. Stott recoge un excelente resumen de las evidencias de la resurrección. La
resurrección física de
Jesús es un hecho histórico bien documentado. Se puede ser fiel a la razón y creer en la resurrección.
4
Sin la resurrección tendríamos compasión sin victoria. La cruz es la demostración del amor de
Dios hacia nosotros (Romanos 5:8), pero necesitamos algo más que la compasión de Dios. En medio del
dolor queremos que alguien que nos ama se acerque a nosotros, pero además de eso necesitamos que
sea alguien que lo haya vencido y que nos muestre cómo deshacernos de él. La esperanza no consiste en
encontrar a alguien que nos acompañe en la oscuridad, sino encontrar a alguien que además nos saque de
ella y nos lleve a la luz.
Satanás habría vencido. Según Pablo, la cruz fue una trampa en la que Satanás calló. Como su
conocimiento es limitado, Satanás no podía ver que el plan de Dios era usar la cruz para la redención o
para dar paso a la resurrección. “La sabiduría de ninguno de los gobernantes de este siglo ha entendido [la
sabiduría de Dios], porque si la hubieran entendido no habrían crucificado al Señor de gloria” (1ª Corintios 2:8).
Satanás usó a los gobernantes de este siglo para que condenaran a Jesús y, al hacerlo, encontró su
propia muerte. “Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando
sobre ellos por medio de Él” (Colosenses 2:15).
La muerte seguiría siendo nuestro enemigo final. La muerte es el último obstáculo con el que
nos enfrentamos. Jesús se hizo hombre “para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de
la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la
vida” (Hebreos 2:14-15). Gracias a su victoria sobre la muerte, Jesús le ha quitado a la muerte el poder para
causar temor y para matar de forma definitiva. Por medio de la resurrección “devorada ha sido la muerte en
victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?” (1ª Corintios 15:54-55).
No habría vida nueva. La cruz brinda el perdón de los pecados, pero la resurrección ofrece vida
nueva. Pablo explica que el acto del bautismo por inmersión recoge los dos momentos, el de la muerte y el
de la resurrección. Cuando nos sumergimos bajo el agua, es como si fuéramos enterrados en un sepulcro.
Con ese acto nos identificamos con la muerte de Cristo en la cruz, y dejamos nuestro pecado en el madero.
Ya no pesa sobre nosotros ninguna condena, pues Cristo se ha entregado en nuestro lugar. Cuando
salimos del agua dejamos la vida vieja en el sepulcro y recibimos una vida nueva. “Las cosas viejas
pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas” (2ª Corintios 5:17). “Por tanto, hemos sido sepultados con Él por
medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así
también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4).
Abriendo el camino
Un misionero fue al Brasil a servir en medio de una tribu en un remoto lugar de la selva. Después de un
tiempo, una enfermedad muy contagiosa empezó a cobrarse vidas, poniendo en peligro a aquella
población. El misionero vio que la única esperanza era llevar a toda la tribu a un hospital que había en otra
parte de la selva, para que les pudieran dar el tratamiento adecuado. Para llegar al hospital, había que
cruzar un río muy ancho. Pero la tribu se negaba a cruzar el río porque creían que las aguas estaban
habitadas por espíritus malignos.
El misionero les explicó que él había cruzado aquellas aguas y no le había pasado nada, pero la gente
no le escuchaba. Luego los llevó a todos hasta la orilla, y metió una mano en el agua. Pero la gente seguía
asustada. Entró hasta que el agua le cubrió las rodillas y empezó a salpicar, pero seguían sin moverse. Por
fin, se sumergió, y buceó hasta que llegó al otro lado. Cuando salió del agua, se volvió hacia la tribu, y
saludó enérgicamente en señal de victoria. Entonces la expresión de sus caras cambió radicalmente,
empezaron a oírse gritos de alegría, y todos se echaron al agua para unirse a él en la otra orilla.
Jesús salió de una tumba que representaba el miedo a la muerte y la culpa del pecado, la resurrección
le permitió alzar el puño en señal de victoria, y un día nos llamará para que todos le sigamos. Él ha abierto
el camino, y es un camino seguro.
Preguntas de la lectura para diálogo (optativo)
1. ¿Por qué la deidad de Cristo es un requisito indispensable para que Jesús lograra lo que hizo en la cruz?
2. De las declaraciones sobre la divinidad de Cristo, ¿cuál te parece la más fascinante?
3. ¿Qué fue lo que Cristo logró muriendo en la cruz?
4. ¿De qué forma la muerte de Cristo satisface la justicia de Dios y nos permite acceder a su misericordia?
5. ¿Qué beneficio de la resurrección te da mayor esperanza?
6. ¿Hay preguntas sobre la lectura?
Lectura recomendada: Stott, John R. W. “Las pretensiones de Cristo”, Capítulo 2; “La resurrección de Cristo”, Capítulo 4;
“La muerte de Cristo”, Capítulo 7, en Cristianismo Básico (Colombia: Ediciones Certeza, 1997, 3ª ed.).
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