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Guía Completa sobre Pelvimetría

La pelvimetría incluye técnicas para medir la pelvis, como la pelvimetría externa e interna. La pelvimetría externa mide diversos diámetros de la pelvis utilizando un pelvímetro y proporciona información sobre posibles malformaciones. La pelvimetría interna es más valiosa y estudia aspectos como el diámetro promontosubpúbico mediante exploración vaginal. La radiopelvimetría aporta mayor precisión sobre la forma y diámetros pélvicos que la explor

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Guía Completa sobre Pelvimetría

La pelvimetría incluye técnicas para medir la pelvis, como la pelvimetría externa e interna. La pelvimetría externa mide diversos diámetros de la pelvis utilizando un pelvímetro y proporciona información sobre posibles malformaciones. La pelvimetría interna es más valiosa y estudia aspectos como el diámetro promontosubpúbico mediante exploración vaginal. La radiopelvimetría aporta mayor precisión sobre la forma y diámetros pélvicos que la explor

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PELVIMETRÍA

Como su nombre indica es el conjunto de técnicas empleadas para medir la pelvis.

Pelvimetría externa
Actualmente no se le concede valor clínico aunque no deja de llamar la atención su utilidad para el
diagnóstico de ciertas malformaciones y otras lesiones pélvicas importantes.

Para realizarla se utiliza el pelvímetro de Budin o el de Baudeloque. Se pueden medir los siguientes
diámetros:

- Anteroposterior, de Baudeloque o conjugado externo: desde la apófisis espinosa de la quinta lumbar


hasta el vértice de la sínfisis del pubis. Suele medir 20 cm.
- Biespinoso anterior: desde una espina ilíaca anterosuperior a la otra. Es muy variable (Testut lo cifra
entre 23 y 24 cm).
- Biespinoso posterior: entre las dos espinas ilíacas posteriores y superiores. La media es entre 8 y 10 cm.
- Bicrestal: entre las partes más alejadas de las crestas ilíacas. Mide 28 cm aunque es muy variable.
- Bitrocantéreo: distancia entre los dos trocánteres femorales. Mide 32 cm. Para medirlo es preciso que la
mujer junte los muslos y los talones.
- Biisquiático: se recomienda realizarlo según el método de Varnier que utiliza una cinta métrica
deprimiendo con los pulgares el tejido que cubre las espinas isquiáticas. Mide 11 cm.
- Anteroposterior: Entre el pubis y el cóccix. Mide 11 cm.
Además se puede explorar el arco púbico con los pulgares en la sínfisis y con el resto de los dedos
recorriendo el pubis, el cual es muy agudo, como un arco gótico, en las pelvis masculinas y en las
femeninas del tipo antropoide y androide, y obtuso, semejante a un arco romano, en las pelvis femeninas
del tipo ginecoide y platipeloide.
- El rombo de Michaelis. Se dibuja en la espalda, con la mujer de pie, un rombo cuyos vértices serían la
apófisis espinosa de la L-5, las dos espinas ilíacas superoposteriores y la bifurcación superior del pliegue
interglúteo. En este rombo se distinguen dos mitades (superior/inferior; derecho/ izquierdo) de tal manera
que si la altura del triángulo superior es corta se puede suponer una pelvis plana y si hay asimetría entre
los ángulos laterales se habla de pelvis oblicua.

Pelvimetría interna o vaginal


Creemos que tiene más valor que la anterior. Se llama así porque los datos son aportados por la exploración
vaginal que realiza el tocólogo. Además de estudiar la proporcionalidad entre la pelvis materna y la
presentación fetal se pueden obtener los siguientes datos:
- Diámetro promontosubpúbico o conjugado diagonal: se localiza el promontorio con la punta de los
dedos 2º y 3º y estando éstos extendidos se marca en ellos con la otra mano el borde inferior de la sínfisis
del pubis. Midiendo posteriormente esta distancia con un compás obtenemos el conjugado diagonal al
cual restándole 1,5 cm (2,5 cm en sínfisis elevadas y enderezadas y 0,5 cm si ocurre al revés)
estimaremos el conjugado obstétrico.
- Morfología del sacro y el promontorio.
- Características anatómicas de las espinas ciáticas, las cuales son prominentes en la pelvis androide y
antropoide mientras que son poco marcadas en la pelvis ginecoide y platipeloide.
- La profundidad y altura de la pelvis.
- El ángulo púbico.
- Las paredes laterales, valorando su inclinación (paralela, convergente y divergente).

Radiopelvimetría
El examen clínico de la pelvis tiene sus limitaciones por lo que se intentó conocer la forma y los diámetros
pélvicos asistidos por la radiología, lo cual le confiere una precisión que no disponen las técnicas
anteriormente descritas.
La radiopelvimetría que se realiza al final del embarazo no tiene repercusión ni sobre la madre, ni sobre el
feto, dada la escasa radiación que reciben, no obstante se acepta la recomendación de limitar su uso, debido a
que generalmente no es necesaria ni útil para tomar decisiones obstétricas y no presentar un aceptable valor
predictivo en el desarrollo y en la finalización de un parto. Por tanto sólo debe utilizarse en casos concretos,
en los que el médico considere que esta exploración contribuirá a una mejor asistencia. Siguiendo esta
corriente, y sin olvidar que todavía existen escuelas que discrepan de esta opinión, las indicaciones médicas
de la radiopelvimetría son cada vez más excepcionales como en los partos vaginales con una cesárea previa o
presentación podálica y malformaciones pélvicas.
Existen numerosos métodos para realizar la radiopelvimetría, sin embargo, el más usado es el propuesto por
Thoms. Con dicho método se obtienen dos clichés: uno anteroposterior y otro lateral.

- Cliché anteroposterior:
La embarazada está sentada sobre la mesa de rayos X y su espalda forma un ángulo de 45° con la horizontal.
Los datos que aporta el cliché anteroposterior son la forma del estrecho superior y sus diámetros.

- Cliché de perfil
La embarazada se coloca de pie, juntando los talones, para que aparezcan superpuestos en la película las
cabezas de ambos fémures. En este cliché obtendremos el conjugado obstétrico y, además, la forma del sacro
y su longitud así como si existe una lumbarización de la primera vértebra sacra o sacralización de la quinta
vértebra lumbar. Si el parto está avanzado podemos valorar también la radioproporcionalidad que es la
relación entre el tamaño de la cabeza fetal, insinuada, y el de la pelvis.
Otras proyecciones de interés en obstetricia son:

 Proyección de Fernstron: sirve para conocer la morfología y diámetros del estrecho inferior. La mujer se
sitúa en decúbito supino con las piernas semiflexionadas y en abducción moderada, se coloca la placa
bajo los glúteos y el haz se coloca paralelo y equidistante entre los fémures. Esta proyección sirve para
medir el diámetro biisquiático y conocer la forma del ángulo púbico.
 Radiografía simple de embarazo: con la embarazada en decúbito supino se centra el haz de rayos a 8 cm
por encima del pubis. Se usa en partos de presentaciones podálicas y en partos de embarazos gemelares,
para conocer la actitud, posición, situación y presentación fetal.

Tomografía computerizada
Tiene las ventajas de reducir la exposición a las radiaciones ionizantes y de tener una mayor precisión con lo
que salen beneficiados la explorada, el feto y el obstetra. No obstante la limitación técnica conduce a una
aplicación clínica aún poco frecuente.

Ecopelvimetría
A pesar de los avances de esta técnica todavía se duda de la precisión de las medidas conseguidas por la
ecografía. En la actualidad tiene poca vigencia.

Resonancia Magnética
Esta es sin duda la técnica más segura y precisa para la evaluación de la pelvis ósea y de las partes blandas del
canal de parto. Su problema radica en su el elevado coste y en el tiempo que se requiere para un estudio
adecuado.

DIFERENCIACIÓN SEXUAL DE LA PELVIS


Estudios radiológicos minuciosos hechos por Borrel y Fernströn durante los últimos meses de embarazo y en
recién nacidos, han puesto de manifiesto que ya durante la vida fetal, existe una diferenciación sexual en la
forma de la pelvis. Los fetos masculinos, tienen un estrecho superior de forma androide con un diámetro
transversal desplazado hacia atrás, las paredes laterales convergen hacia un punto distal, la distancia entre las
espinas ilíacas es corta y el arco púbico es estrecho y alto. Los fetos femeninos por el contrario muestran un
estrecho superior de forma oval. El sacro, independientemente del sexo, tiene forma cóncava y las paredes
laterales de la pelvis no convergen, son paralelas.
En el recién nacido la pelvis se compone de cartílago y hueso. El ilion, isquion y pubis están enlazados por
tejido cartilaginoso. La osificación se produce en diversos momentos del crecimiento.
Cuando el niño comienza a permanecer en pie, la pelvis sufre unas modificaciones características, como
consecuencia de la posición y sobrecarga por el tronco y las piernas. Marton, Hayden y Thoms, en 59 niños
entre los cuatro y quince años, encontraron un tipo de pelvis oval longitudinal en más del 70% de los casos.
Este tipo, que no se encontraba en los recién nacidos, es debido a cambios experimentados por la sobrecarga
de la pelvis en posición sentada y de marcha. Otra característica de la pelvis infantil es que los acetábulos
hacen prominencia en la cavidad pélvica. Las acciones de levantarse y sentarse, hacen que el promontorio
experimente una sobrecarga mayor, lo cual produce un desplazamiento en las articulaciones ileosacras. La
porción superior del sacro es impulsada hacia delante y se aproxima a la sínfisis, mientras que la porción
inferior es dificultada en su desplazamiento hacia atrás, por los recios ligamentos sacroisquiáticos. Este hecho
hace que se pronuncie más la concavidad sacra. La profundidad máxima corresponde a la S-3. Esta
transformación se completa a los 8-9 años de edad.
Durante la pubertad también ocurren transformaciones que hacen que el estrecho superior tenga una forma
oval transversal en vez de longitudinal. El acetábulo, no hace ya prominencia en la pelvis, y el ángulo del
pubis se amplía al distanciarse las cabezas femorales. Este proceso se ha podido demostrar radiográficamente
que se produce en un año y medio y que la madurez sexual anticipada acelera el proceso.
De todo lo anterior se deduce que en la morfología definitiva de la pelvis influyen muchos factores: genéticos,
mecánicos, hormonales, metabólicos, alimentarios... Del buen desarrollo entre unos y otros hace que se
desarrolle una pelvis normal o no, tan importante a la hora del parto.
La mejoría en la alimentación y en la forma de vida ha hecho desaparecer las grandes desproporciones
pélvicas y en la actualidad observamos sólo pequeñas desviaciones morfológicas.

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