UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO
FACULTAD de FILOSOFÍA y LETRAS
Colegio de Lengua y Literaturas Hispánicas
APUNTES Y EJERCICIOS PARA ESPAÑOL-1
Mtra. Fulvia María Colombo Airoldi
Tema 2. La Morfología
2.1. Morfología léxica y Morfología flexiva. 2.2. Unidades de análisis de la Morfología: el
Morfema. 2.2.1. Clases de morfemas. 2.2.1.1. Base léxica y raíz. 2.2.1.2. Morfemas
derivativos: a) Sufijos. b) Prefijos. c) Interfijos. 2.2.1.3. Morfemas flexivos: a) Género. b)
Número. c) Persona. d) Caso. e) Modo. f) Tiempo. g) Aspecto. 2.2.1.4. La Concordancia. 2.3.
Ejercicios de análisis.
2.1 MORFOLOGÍA LÉXICA Y MORFOLOGÍA FLEXIVA .
La Morfología, como ya mencionamos, es la parte de la Gramática que se ocupa de
investigar la manera como se forman las palabras a partir de la unión de morfemas (o
segmentos mínimos con significado). Es decir, da cuenta de la constitución o forma interna de
las palabras y de las variaciones que experimentan, así como de las reglas o pautas que rigen
estos procesos. Veamos.
Cada uno de los siguientes conjuntos constituye una familia de palabras:
1) conejo, coneja, conejera, conejal, conejito, conejuelo, conejuno;
2) estructura, estructurar, estructurado, estructuración, estructural, estructuralismo,
estructuralmente;
3) pastel, pastelero, pastelería, pastelazo, pastelote, pastelejo, pastelillo, pastelito, pastelón;
4) niño, niña, niñito, niñero, niñera, niñear, niñada, niñería, niñez;
5) sal, salero, salar, salado, salario, salitre, salsa, salmuera, ensalada;
6) colchón, colchonero, colchonera, colchonería, colchoneta;
7) fácil, facilidad, facilitar, fácilmente;
8) café, cafeína, cafeto, cafetal, cafetalero, cafetería, cafetera, cafetín, cafetucho, caficultor.
Las palabras que integran cada una de estas familias tienen una base léxica común (conejo,
estructura, pastel, niño, sal, colchón, fácil, café…), que sirve como punto de partida para la
realización del proceso morfológico conocido con el nombre de formación de palabras.
La base léxica (conejo, estructura, pastel, niño, sal, colchón, fácil, café…) proporciona la
raíz (o lexema) de la palabra. Esto es, el morfema portador del significado léxico.
El añadido de otros segmentos morfológicos a la raíz o a otro morfema recibe el nombre de
afijación. Este proceso permite la creación de nuevas palabras y, por tanto, de familias de
palabras, como las señaladas más arriba (café, cafe -ína, cafe-to, cafe-tal, cafe-tal-ero, cafe-
ter-ía, cafe-te-ra, cafe-tín, cafe-tucho, cafi-cultor).
Desde otra perspectiva, un mismo vocablo puede presentar variantes por las modificaciones
en su terminación o forma flexiva. Así, el vocablo niño tiene las variantes: niño, niña, niños,
niñas. Esto es, la raíz niñ- aparece unida a uno o más morfemas que aportan un significado
gramatical: un morfema gramatical de género (-o /-a) y un morfema gramatical de número
(-s). En la palabra canciones tenemos la base léxica canción + un morfema gramatical de
número (-es). En el vocablo comíamos hay tres morfemas: una raíz + un morfema gramatical
de modo-tiempo + un morfema gramatical de persona-número: com + ía + mos. Si aplicamos
al vocablo leer distintos morfemas que modifican su flexión, este presentará las siguientes
variantes en su forma para indicar significados gramaticales de modo-tiempo y persona-
número: leo, les, lee, leemos, leéis, leen; leí, leíste, leyó, leímos, leísteis, leyeron; leeré,
leerás, leerá, leeremos, leeréis, leerán; leía, leías, leía, leíamos, leías, leían; leería, leerías,
leería, leeríamos, leeríais, leerían; lea, leas, lea, leamos, leáis, lean; leyera, leyeras, leyera,
leyéramos, leyerais, leyeran; leyese, leyeses, leyese, leyésemos, leyeseis, leyesen, etcétera.
El conjunto de estas variantes constituyen el paradigma flexivo de una palabra.
La Morfología se divide en dos ramas de estudio: la Morfología flexiva y la Morfología
léxica o derivativa.
La morfología flexiva se ocupa de las variaciones de las palabras que aportan significados de
índole gramatical. Estas variaciones tienen, además, repercusiones sintácticas como la
concordancia, que consiste en la repetición de las mismas marcas flexivas entre ciertas
palabras que se relacionan en grupos sintácticos: La niña encantadora, Los niños traviesos,
El hombre honesto. En estos ejemplos se advierte la repetición y acuerdo de género y número
del artículo y adjetivo con el sustantivo al que acompañan. O bien, tratándose del verbo, un
acuerdo de persona y número de éste con el sujeto léxico: yo leía, tú leías, nosotros leíamos,
mis amigos y yo leíamos, mis primos leían, etcétera.
La morfología léxica o derivativa estudia la formación de palabras. Investiga los morfemas
y sus patrones y reglas de combinación, así como los procedimientos que se usan para la
creación del vocabulario: Derivación, Composición y Parasíntesis, que veremos más
adelante.
2.2. Unidades de análisis de la Morfología.
En el nivel morfológico, las unidades de descripción o análisis son el morfema y la palabra.
El concepto de morfema puede encontrarse en la bibliografía específica con varios
significados. Un significado usual es el que se proporcionó más arriba y repito nuevamente:
segmento o elemento lingüístico mínimo con significado. En este curso usaremos el
término morfema con esta acepción.
Hay autores que emplean el término lexema para referirse al morfema léxico o raíz; y llaman
gramema a la parte flexiva o variable de la palabra que aporta una información gramatical
(niñas: niñ-: lexema; -a, -s: morfemas flexivos de ‘género’ y ‘número’ o gramemas).
Nótese, por otra parte, que la delimitación o segmentación de los morfemas no siempre es fácil y
plantea varios problemas teóricos. Por ejemplo:
Se discute si el morfema, en tanto que “segmento mínimo con significado”, equivale a un
signo lingüístico. En tal caso, ¿cómo debemos llamar a la parte sensorial o perceptible de esta
unidad, correspondiente al significante, y cómo denominar la parte conceptual o nocional, el
significado? Algunos autores emplean el término morfo para el significante y semema para el
significado.
Hay ocasiones en que un solo significante o morfo, es decir, la parte sensorialmente
perceptible de la unidad mínima, se refiere a varios significados (o sememas), que se
manifiestan de manera conjunta o amalgamados (en sincretismo) en un único morfo. Por
ejemplo, en las formas del verbo cant-o, cant-as, cant-a, las flexiones -o, -as, -a expresan
varios significados cada una: los significados de ‘modo indicativo’ + ‘tiempo presente’ +
‘persona gramatical’ + ‘número’, concentrados en un único significante o morfo: -o, -as, -a.
Por el contrario, hay casos en que tenemos varias formas o significantes para designar el
mismo significado. Por ejemplo, para expresar la noción de ‘plural’ hay dos formas o
variantes: [-s] (niño-s, casa-s), [-es] (flor-es, camion-es). A estas variantes formales del
morfema plural, que podemos representar como /-S/, se les llama alomorfos.
Asimismo, en el caso del verbo dormir encontramos que, al conjugarse, el morfo o parte
perceptible del morfema léxico /dorm-/ se manifiesta con tres variantes o alomorfos:
1. [dorm-]: dorm-imos, dorm-iré, dorm-ido;
2. [duerm-]: duerm-o, duerm-es, duerm-a; y
3. [durm-]: durm-ió, durm-iera, durm-amos, durm-iendo.
Hay también casos en que se habla de morfemas vacíos, porque a los hablantes no nos resulta
claro cuál es el significado de un morfema, como sucede con el componente -iz, del vocablo
puntual-iz-ar, o las terminaciones -ar,-er, -ir, que caracterizan a los verbos en su forma de
infinitivo (amar, temer, partir). O bien, en palabras como comprar, comparar, conservar y
controlar, a lo sumo podemos tener conciencia de que se componen de algún alomorfo (com o
con) de la preposición latina cum, y de la desinencia verbal de infinitivo –ar, pero
desconocemos el valor de los morfemas: -pr-, -par-,-serv-, -trol-.
A veces el morfema coincide con una palabra, puesto que ya no puede dividirse en segmentos
menores con significado. Por ejemplo: pan, lápiz, flor, cárcel, camión, sal, papel. Y, como ya
vimos, sirve de base léxica para formar otras palabras: pan-adero, pan-adería; sal-ero, en-sal-
ada; lapic-ero; en-carcel-ar; flor-ero; camion-ero, camion-eta; papel-ero, papel-eta; así como
para formar los correspondientes plurales (pan-es, lápic-es, flor-es, sale-s, papeles), o bien,
sus diminutivos (camion-cito, lapic-ito, pan-ecillo, flo-recita ) y aumentativos (papel-ote,
lapiz-ote, camion-zote,...).
Por el contrario, ciertas palabras gramaticales como los artículos (el, la lo, los, las), los
pronombres personales átonos o “clíticos” (me, te, lo, la, le, les, se, nos...), o las preposiciones
(a, con, de, en, por, para, sin...) son consideradas morfemas por algunos estudiosos, porque no
pueden usarse por sí mismas, aisladamente, en un enunciado, sino que siempre aparecen
junto a otras clases de palabras. Por ejemplo, artículo + sustantivo (el hombre, la joven, las
tesis, los análisis); pronombre + verbo (me lo dijo ayer; entregándomelo); preposición + su
término (de madera, a las siete, con ella, para trabajar). Además, estas palabras gramaticales
son partículas que pertenecen a un paradigma cerrado, o sea, tienen un inventario
determinado de formas, y de ellas no es posible derivar otras. Algunos autores se refieren a
tales clases de palabras como morfemas libres para distinguirlas de los morfemas ligados, que
suelen ir unidos a otros morfemas. De modo que en los segmentos: los análisis o las tesis, los
artículos funcionarían como morfemas libres que indican el género y el número de las
palabras tesis y análisis. Mientras que en casas y gatos, estos significados gramaticales —de
género y número— se expresan mediante los morfemas ligados –a, -s y –o, -s.
2.2.1. Clases de morfemas
2.2.1.1. Base léxica y raíz
Como se indicó más arriba, la base léxica es el morfema portador del significado léxico y
proporciona la raíz de la palabra.
La raíz se obtiene suprimiendo la desinencia o morfema gramatical de un vocablo (conej-o,
niñ-o, estructur-a). Sin embargo, si la base léxica termina en consonante (pastel, sal,
colchón, fácil…) o en vocal tónica (café), la raíz y la base léxica coinciden: café, cafe-ína,
cafe-tería, cafe-to, cafe-tal, cafe-talero,…; pastel, pastel-ería, pastel-ero, pastel-ito,..
2.2.1.2. Morfemas derivativos: a) Prefijos. b) Sufijos. c) Interfijos
Los morfemas que se unen a la base léxica o a otro morfema para formar nuevas palabras
reciben el nombre general de afijos. Y el proceso de añadir algún segmento morfológico a la
raíz o a otro morfema se denomina afijación, como ya se indicó. Teniendo en cuenta el lugar
de colocación de los afijos en relación a la base léxica o raíz, estos se clasifican en prefijos,
sufijos e interfijos.
Llamamos prefijos a los morfemas que se colocan antes de la base léxica. Por ejemplo: a-
teo; con-vivir; re-vivir; extra-oficial; sub-suelo; super-visión; sub-índice; ultra-mar; post-
guerra. Muchos de los prefijos que usamos en español son preposiciones de origen griego y
latino.
Los sufijos son morfemas que se añaden después de la base léxica o de otro morfema: mañ-
oso, cel-oso, lech-oso; lech-ero, niñ-ero, lapic-ero; alt-ivo, alt-eza, alt-ura, cafe-ína, conej-o,
niñ-a, etcétera.
Los sufijos suelen dotar al lexema de su clase gramatical. Es decir, convierten un verbo en
sustantivo: comer >comedor, lavar> lavadora; un adjetivo en adverbio: fácil> fácilmente;
mala > malamente; un adjetivo en verbo: puntual> puntualizar; un sustantivo en verbo:
obstáculo> obstaculizar; un verbo en adjetivo: defender > defendible; etcétera.
Los prefijos y sufijos admiten con frecuencia una paráfrasis o explicación para dar cuenta
de su significado. Por ejemplo, el significado del sufijo -oso, en cel-oso, cautel-oso, temer-
oso, puede interpretarse como ‘el que tiene...’ celos, cautela, temor. El prefijo a-, an- en las
palabras a-teo, an-arquista o a-vitaminosis, significa ‘privación o carencia de’... Dios, del
Estado, de vitaminas’.
Se llaman interfijos los segmentos morfológicos que se intercalan entre la base léxica y el
sufijo para servir de enlace entre ambos; por lo general no tienen significado, como sucede con
el componente -iz-, del vocablo puntual-iz-ar; o -ar- en polv-ar-eda y hum-ar-eda.
Derivación
Recibe el nombre de derivación el recurso lingüístico que por medio de la adición de afijos a la base
léxica da lugar a la formación de nuevas palabras ( sal, salero, salar, salado, salario, salitre, salsa,
ensalada, ensaladera, ensaladilla,…)
La derivación por prefijación y, sobre todo, por sufijación es el procedimiento más empleado para
formar nuevas palabras en español. Nuestra lengua tiene más de 200 sufijos, cuya productividad es
variable.
Composición
Es otro procedimiento para la formación de palabras. Por composición se entiende la unión de dos o
más bases léxicas que al combinarse dan lugar a un nuevo vocablo. Por ejemplo: portaequipaje,
pelirrojo, ojinegro, ferrocarril, bocacalle, camposanto, doscientos, veinticuatro, nomeolvides,
nitroglicerina, quitapón, lavacoches, pésame, antepasado, sobrecama, bicentenario, pararrayos,
etcétera.
Parasíntesis
Tradicionalmente se ha denominado Parasíntesis a un tercer procedimiento de formación de palabras
en el que participan, simultáneamente, la prefijación y la sufijación unidas a una base léxica:
a-clar-ar, en-grande-cer, a-monton-ar, por-dios-ero, por-dios-ear, a-sal-ari-ado, en-sal-ada,
a-naranja-do, con-viv-ir, in-volunt-ario, a-boton-ar, en-dulz-ar,… También se consideran
parasintéticos derivados de palabras compuestas: picapedr-ero, ferrocarril-ero, todopoder-oso,
quinceañ-era, centrocamp-ista, aguardente-ría, aguardent-ero, aguardent-oso, aguamel-ar, etcétera.
Teniendo en cuenta la constitución interna de las palabras, éstas pueden clasificarse en primitivas,
derivadas, simples y compuestas.
Se llaman primitivas las palabras que no proceden de otro vocablo y no pueden dividirse en unidades
menores: sal, cárcel, azul, gris, sol, luz, papel, pan, flor, bondad, camión,... Estas palabras sirven de
base léxica para la derivación de nuevas palabras.
Son derivadas las palabras que se forman a partir de una raíz o palabra primitiva a la que se añaden
prefijos, sufijos o ambos. Por ejemplo, teniendo como base léxica frut(a) + sufijos, se forman los
derivados: frutal, frutaje, frutería, frutilla, frutillar, fruto, frutero. De camión, los derivados:
camionero, camioneta, De sal: salero, salitre, salario, salsa, ensalada, ensaladera, asalariado, etcétera.
Del prefijo re + pel(o) + sufijos se forman las derivadas: repelar, repelón, repelo, repeloso.
Se definen como simples las palabras que contienen en su forma interna una sola base léxica o
lexema de la lengua; por ejemplo, campo, casa, santo, boca, calle, plumas, hierro, carril, sobre, todo,
costa, guarda, limpiar, botas, girar, agua, nieve, tonto, peso, natural, correr, camino, tejer, manejar,
etcétera.
Las palabras compuestas se forman con dos o más bases léxicas: girasol, aguanieve, guardapolvos,
guardacostas, camposanto, ferrocarril, sobretodo, cubrecama, nomeolvides, sobrepeso, sobrenatural,
abrelatas, correcaminos, tejemaneje, tontiloco, sordomudo, portaviones, veintiséis, decimoquinto,
aguardiente, aguaviento, aguamarina, aguamansa, aguamiel, etcétera.
2.2.1.3. Morfemas flexivos: a) Género. b) Número. c) Persona. d) Caso. e) Modo. f) Tiempo.
g) Aspecto.
Los morfemas o afijos flexivos (también llamados desinencias o gramemas) son segmentos
mínimos que se colocan después del lexema (base léxica o raíz) modificando, así, la forma
de la palabra y añadiendo con ellos información de naturaleza gramatical (género, número,
tiempo, modo, persona, etcétera): niñ-o,-a, niño-s, niña-s; am-o, am-as, am-a, am-amos, am-
ais, am-an,…
A esta variación que experimentan las palabras en su terminación por medio del añadido de
desinencias (o gramemas) se le conoce con el término de flexión (o accidente gramatical).
Teniendo en cuenta el hecho de que hay palabras que se flexionan y otras que no lo hacen,
ellas se ordenan en dos grupos: palabras variables y palabras invariables (o no variables).
Son variables los nombres o sustantivos (niño, cuaderno, flor, papá, bondad, coche,…); los
adjetivos (blanco, rayado, bueno, mexicano, delgado,…); los artículos (el, la, los las; un, una,
unos, unas); los pronombres (yo, tú él, ella, nosotros; ese, esa eso, este, esta, esto; mío, tuyo,
suyo; quien, cual, cuyo, etcétera.) y los verbos (amar, cantar, leer, tejer, partir, salir, ser, estar,
haber, etc.).1
Los sustantivos, adjetivos y artículos presentan en su flexión variaciones para la expresión de
‘género’ y ‘número’: niñ-o,-a,-os, -as; alumn-o,-a,-os,-as; mesa-s, bondad-es, camion-es.
Buen-o,-a,-os,-as; mexican-o,-a,-os,-as; interesante-s, fácil-es. El, la, lo, los, las; un, un-a,
un-os, un-as.
Los pronombres personales tienen distintas formas para indicar persona, número, género y
caso: yo, tú, usted, él, ella, ello, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, ustedes, ellos, ellas;
me, te, lo, la, le, nos, os, los, las, les, se; mí, ti, sí, conmigo, contigo, consigo, etcétera.
Los verbos cambian su terminación para expresar modo, tiempo y aspecto, así como persona
y número. Por ejemplo, de cantar: cant -o,-as, -a,-amos, -áis, -an; -é, -aste, -ó, -ásteis, -aron;
-aba, -abas, -aba, -ábamos, -ábais, -aban; cantar-é, -ás, -á, -emos, -éis, -án; -ía, -ías, -ía,
-íamos, -íais, -ían, etcétera.
El conjunto de variantes de una clase de palabra constituyen su paradigma flexivo.
A continuación atenderemos al contenido gramatical que aportan los morfemas flexivos y a
algunas observaciones sobre las flexiones correspondientes.
a) El género.
Es una propiedad gramatical de los sustantivos que permite clasificarlos en masculinos y
femeninos. Esta distinción, en algunos casos, cuando se trata de seres animados, coincide con
el sexo (profesor / profesora, niño / niña; gato /gata, pato / pata, león / leona,…); pero en
general, y sobre todo tratándose de entidades inanimadas, el género gramatical es una mera
convención (silla, sillón; café, leche; camisa, camisón,…). En algunos casos, sin embargo, la
distinción de género cambia el significado del sustantivo (el cólera / la cólera, el cura / la
cura, el órden / la órden,…); en otros la diferencia alude al nombre del árbol y del fruto
(manzano / manzana, guayabo / guayaba, cerezo / cereza, naranjo / naranja,…); en algunos
más alude a una diferencia de tamaño (canasto / canasta, barco / barca, portón / puerta…),
etcétera.
1
En cambio, no modifican su terminación y por consiguiente son invariables:
Los adverbios: hoy, ayer, ahora, siempre, nunca, sí, no, muy, mucho, poco, bastante, casi, quizá,
acaso, así, antes, después, últimamente, necesariamente, entre otros muchos.
Las preposiciones: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según,
sin, sobre, tras,...
Las conjunciones: y, ni, pero, empero, sino, o, conque, pues,...
Las interjecciones: ¡Eureka! ¡Uf! ¡Bah! ¡Ah! ¡Zas! ¡Oh! ¡Ole! ¡Ojalá! ¡Uy!,...
Las flexiones características de género son /-o/ para masculino y /-a/ para femenino. Sin
embargo, hay excepciones: sustantivos que terminan en -o y son femeninos (la mano, la
libido, la foto, la moto,…); o terminan en -a y se consideran masculinos (el esquema, el
clima, el dogma,…; el lila, el fucsia,…). Los sustantivos también pueden acabar en otras
vocales (coche, leche, café, rubí, bambú, tribu,…) o en consonante (flor, amor, color;
análisis, tesis, diálisis; sal, sol, col, farol; nuez, pez, paz, rez; ardid, virtud, bondad, ciudad;
camión, canción; reloj,…) y se clasifican unos como masculinos y otros como femeninos.
Algunos, aunque presentan una solo terminación, admiten uno y otro género señalado con el
artículo (el/la testigo, el /la pianista, el /la artista, el/la portavoz, el /la estudiante…). Hay
sustantivos que indican el género con palabras diferentes (yerno / nuera; caballo / yegua;
toro / vaca; hombre / mujer...) o con flexiones distintas (gallo /gallina; rey /reina;
emperador /emperatriz, actor/ actriz; instructor / institutriz; duque /duquesa, marqués,
marquesa,…) Etcétera.
Asimismo, el género del sustantivo impone la repetición correspondiente de marcas de
género a artículos y adjetivos, cuando se combinan con él para formar grupos sintácticos: el
niño tranquilo; el hombre orgulloso; la mujer sabia; la hoja rayada; un cuarto oscuro; esa
pared sucia; algún cuadro moderno; mucha felicidad; poco esfuerzo,… En este sentido, la
flexión de género en artículos y adjetivos no cumple una función informativa, sino que
manifiesta el fenómeno sintáctico de concordancia, o acuerdo en la flexión de género de los
modificadores del sustantivo con él (la ventana rota, el alumno inteligente, la alumna
aplicada, un asunto peligroso,…). De hecho, en algunos grupos sintácticos, el género del
sustantivo se identifica gracias a la concordancia con artículos y adjetivos (El mapa antiguo;
el /la paciente; la nuez, el pez; la col / el farol,…)
El género también se presenta en algunos pronombres personales (él/ ella/ ello; nosotros/as;
vosotros/as,…).
En el artículo y el pronombre se distinguen, además, formas específicas para indicar el género
neutro (el / la/ lo; él / ella /ello; este /esta /esto; ese /esa/ eso; aquel/ aquella /aquello,…). 2
b) El número
Expresa la distinción singular / plural, que atañe a las nociones de ‘unidad’ vs.
‘multiplicidad’ (o ‘mas de uno’) en los sustantivos (hombre / hombre-s; trabajo / trabajo-s;
silla / silla-s; canción /cancion-es; flor/flor-es;…) y en algunos pronombres (ella / ella-s, usted
/ usted-es; aquel /aquello-s; alguno /algun-os; quién /quién-es,…).
Asimismo, el artículo, el adjetivo y el verbo presentan flexión de número para concordar con
sustantivos y pronombres cuando forman grupos sintácticos con ellos: La hermosa flor / Las
hermosas flores, El caballo árabe / los caballos árabes. El perro correteó a mi primo / Los
perros corretearon a mis primos; Usted trabaja / Ustedes trabajan: ¿Quién llegó? /¿Quiénes
llegaron?
El número singular carece de una flexión particular para su marcación. El plural se indica
con [-s] o [-es]. Se añade [-s] cuando sigue a una vocal átona (ideas, burlas, perros, libros,
hombres, naves, tribus,…) o a las vocales -á, -é, -ó tónicas (papás, sofás, cafés, bebés, burós).
Se emplea [-es] si termina en consonante (flores, cañones, sales, mujeres, actrices, lápices,
amistades, instructores,…) o vocal -í, -ú tónicas (borceguíes, alhelíes, rubíes; hindúes,
2
Se entiende por género neutro ‘lo que no es ni masculino ni femenino’.
ñandúes). En los sustantivos terminados en -s, la forma no cambia si la vocal anterior es átona
(el viernes /los viernes); si la vocal precedente es tónica, el plural se forma añadiendo –es ( el
as /los ases, el mes /los meses, el marqués /los marqueses ). En sustantivos como análisis,
tesis, crisis, diálisis, la concordancia con el artículo y el adjetivo permite identificar el
número:
El análisis sanguíneo / los análisis sanguíneos, la novedosa tesis / las novedosas tesis,…
c) Las personas gramaticales
Indican a cada uno de los participantes en el acto comunicativo: la persona que habla (yo), o
primera persona; la persona a quien se habla (tú, usted), o segunda persona, y la persona o
cosa de que se habla (él, ella, ello), o tercera persona. Cada una de ellas consta de formas
correspondientes en plural (nosotros, -as; vosotros, -as, ustedes; ellos, ellas). Esta categoría
se manifiesta en el pronombre personal; también en los posesivos (mi, mis; tu, tus; su, sus,
…). En la flexión del verbo (amo, amas, ama, amamos, amáis, aman) se presenta por
exigencias de la concordancia.
d) El caso
Con la flexión de caso se marcan las funciones sintácticas que desempeñan en la oración
ciertas clases de palabras.3 En español, esta categoría se conserva sólo en algunos pronombres
personales, donde el cambio de forma indica cambio de función, como en yo, tú, él, ella,…
(caso nominativo o sujeto: Yo trabajo, Tú juegas, Él estudia ); mí, te, sí, (caso oblicuo o
término de preposición: piensa en mí, se refirió a ti; habla para sí); me, te, lo, la,… (caso
acusativo o complemento directo: Juan me / te vio, Su papá lo / la regañó); me, te, le,…
(caso dativo o complemento indirecto (Juan me / te / le regaló un libro).
e) El modo
Categoría que se presenta en la flexión de los verbos e indica la actitud del hablante con
respecto a la acción que se enuncia. Se distinguen fundamentalmente tres modos:
Indicativo, Subjuntivo e Imperativo.
El modo indicativo manifiesta la acción designada por el verbo como un hecho real: Vive
lejos de la Universidad. Tengo mucha sed. No compré el libro. Llegaremos mañana. Dijo
que está contento. Esa película nos gustó mucho. Estudiaremos todo el fin de semana. Las
elecciones fueron en julio.
El modo subjuntivo alude a acciones irreales o hipotéticas porque son presentadas como
inciertas, dudosas, deseables o condicionadas: No sé si venga. Tal vez no ocurra nunca. Es
posible que lo haya visto. Ojalá haya aprobado el examen. Deseamos que seas muy feliz.
Temen que vuelvas. Si tuviera dinero, me compraría un coche.
El modo imperativo expresa una orden, mandato, exhortación o ruego: ¡Habla! ¡Pórtate
bien! ¡Estudiad! Consta solamente de dos formas: la segunda persona de singular (trabaja,
come, estudia, regresa temprano,…) y la segunda de plural (trabajad, comed, estudiad,
3
En lenguas como la latina, sustantivos, pronombres y adjetivos se declinan; es decir, varían la
forma de sus terminaciones -o desinencias- para marcar el tipo de relación que el sustantivo
establece con el verbo y distinguir, así, el sujeto o agente de la acción (caso nominativo) del
objeto o paciente (caso acusativo); el destinatario o receptor (caso dativo), o la expresión de
alguna circunstancia de la acción (caso ablativo), o bien, si funciona como determinante de otro
sustantivo (caso genitivo). La naturaleza casual del vocativo es cuestionada en la actualidad .
regresad temprano,…). Sin embargo, en México, la forma plural de imperativo (Trabajad) no
se usa porque vosotros ha sido reemplazado por ustedes. Para el imperativo de esta y otras
personas gramaticales, se emplea el presente de subjuntivo (¡Estudien! Regresen temprano,
¡Trabajemos!…), así como para su negación (¡No hables! No llegues tarde. No contaminen
el medio ambiente)
f) El Tiempo
También es una categoría que se presenta en la flexión de los verbos. Es de naturaleza
deíctica. Es decir, que remite al acto comunicativo. Expresa la anterioridad, simultaneidad
o posterioridad de un hecho respecto del momento en que se habla. Así, en los siguientes
enunciados:
Los niños estuvieron en el jardín, la estancia de los niños en el jardín es anterior al
acto de hablar.
Los niños están en el jardín, la permanencia de los niños en el jardín coincide o es
simultánea con el momento en que se habla.
c) Los niños estarán en el jardín, la situación se manifiesta como posterior al
momento de hablar.
Teniendo en cuenta el punto de referencia -o de anclaje- se distinguen dos grupos de tiempos:
los absolutos, que miden su significación directamente con el momento de hablar, como
ocurre en los ejemplos mencionados.
Y los relativos, cuya significación se obtiene vinculando de manera indirecta la situación
descrita por el verbo con el momento del habla, según se puede apreciar en los enunciados
que siguen:
La mujer dijo que los niños jugarían en el parque por la tarde, la acción de “jugar
por la tarde en el parque” es posterior al hecho de decir, que a su vez es anterior al
momento de hablar.
La mujer dijo que los niños habían jugado en el parque por la tarde, la acción de
jugar se manifiesta como anterior a decir, la cual es a su vez anterior al acto de
hablar.
g) El aspecto
Es una categoría asociada al verbo. Se refiere a distintas perspectivas desde las que se puede
considerar el desarrollo de una acción (el inicio, la continuidad, la conclusión, la reiteración,
etcétera). Atendiendo a su forma de expresión se distingue entre aspecto gramatical
(morfológico y sintagmático) y aspecto léxico (o inherente).
El aspecto morfológico se manifiesta a través de la flexión verbal y distingue entre tiempos
perfectivos y tiempos imperfectivos. Fundamentalmente esta distinción se aprecia en la
oposición del pretérito perfecto simple (canté) y el pretérito imperfecto (cantaba). Ambos se
refieren a un tiempo pasado, pero difieren en cuanto a la manera como enfocan la acción. El
primero presenta el aspecto perfectivo, que permite visualizarla como un hecho concluido
(María escribió un cuento. Hasta hace poco vivió en Coyoacán) o haciendo referencia a su
inicio (El bebé caminó a los diez meses. En ese momento lo supe).
El segundo manifiesta el aspecto imperfectivo y enfoca la acción viéndola en su desarrollo,
de manera inacabada, y sin consideración de su inicio o de su fin (María escribía un cuento.
Hasta hace poco vivía en Coyoacán. El bebé caminaba a los diez meses. En ese momento lo
sabía).
2.2.1.4. La Concordancia.
Por último, recapitulando lo que hemos dicho sobre la concordancia en diversos apartados,
podemos definirla como “la congruencia o repetición de marcas flexivas que se establece
entre dos o más elementos que se hallan relacionados sintácticamente” (Real Academia
Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Nueva gramática básica de la
lengua española, México, 2011, Editorial Planeta Mexicana, p. 5)
Y distinguir dos ocurrencias particulares:
1. La concordancia de género y número entre el sustantivo y los determinantes (artículos,
demostrativos, posesivos), adjetivos y participios con los que establece relación sintáctica:
Nuestras primeras nietas eran muy lindas.
2. La concordancia en número y persona entre el sujeto y el verbo con el que forma oración:
Ellas tenían un don especial; Nosotros ya lo sabíamos. (Ibid.)