¿Se debe regular o abolir la prostitución?
Nombre: Melanie Verdugo Velásquez.
Profesor: Gabriel Canihuante.
Asignatura: Expresión oral y escrita.
Fecha: 04 de julio del 2022.
La Serena, Chile.
2022
¿Qué es la abolición?
Por abolición se entiende a la acción y a la consecuencia de abolir. Este verbo, de acuerdo a
la Real Academia Española (RAE), describe el hecho de dejar sin vigencia, invalidar,
cancelar o derogar una costumbre, un precepto o una ley.
Desde sus orígenes la prostitución ha sido cuestionada socialmente existiendo, en la
actualidad, 4 modelos de regulación del ejercicio de la prostitución, los cuales son:
Modelo Prohibicionista
Tiene como objetivo erradicar totalmente la prostitución, ya que, según este modelo todo
acto relacionado con la prostitución se realiza de forma forzada y bajo amenaza,
entendiendo con ello, que es imposible que este ejercicio pueda darse de forma libre y por
propia elección.
Este modelo considera a las trabajadoras sexuales como delincuentes, por lo tanto, no
ofrece alternativas de mejora hacia ellas con respecto al ejercicio que realizan, sino que
intenta eliminar su presencia en la sociedad, especialmente, en las calles.
De todos los modelos que se mencionaran, este sin duda es el más represivo y sancionador.
Modelo abolicionista
Este modelo reconoce el ejercicio de la prostitución como una vulneración de los derechos
humanos y una forma de dominación total del hombre hacia la mujer, por lo tanto, desde
este se ve a la mujer prostituta como víctima la cual necesita ayuda para salir de esa
situación, y debido a esto, este modelo despenaliza al ejercicio realizado por trabajadoras
sexuales, pero hace caer su responsabilidad a los que rodean esta práctica, ya sean los
clientes o los proxenetas.
Un modelo abolicionista pretende la desaparición total de la prostitución, ya que se niega a
diferenciar entre prostitución forzada y voluntaria, puesto que entiende que cualquier acto
sexual a cambio de un pago, es realizado bajo la explotación y el abuso.
Países como Suecia y Francia mantiene este modelo hasta la actualidad.
Modelo Reglamentarista
Este modelo considera la prostitución como un mal menor, el cual es imposible erradicar,
por lo que es mejor “regular”.
“Desde este modelo, se da una cierta “tolerancia” de la prostitución, delimitando normas
para regular su ejercicio, así como especificando lugares públicos y privados concretos
donde puede o no llevarse a cabo su práctica, horarios en los que se permite y las
características de los sitios en los que puede practicarse. Asimismo, las personas dedicadas
a la prostitución tienen la obligación de estar registradas para su mejor identificación y, de
someterse a revisiones y controles médicos.” (Santoyo S. cita a Corbera, 2008).
Modelo legalizador
En este modelo se refiere a la prostitución como un trabajo legítimo, el cual les concede
derechos y obligaciones a todas las personas que se encuentren dentro de la industria del
sexo (incluyendo a los proxenetas), Por otro lado, al poder diferenciar la prostitución
voluntaria y forzada, en este modelo se penaliza de forma severa la no consentida, al cual
considera un delito y forma de abuso o explotación sexual que debe ser penado por la ley.
Desde este modelo se pueden ofrecer mejores condiciones laborales, mejores políticas
públicas, seguros sociales y de salud.
Alemania y Holanda son países que adoptaron este modelo logrando legalizar el trabajo
sexual.
La prohibición de la prostitución consentida, logra impedir que las mujeres puedan ejercer
esta práctica, debido que el sancionar a los clientes, disminuye gradualmente los ingresos
de estas trabajadoras sexuales, lo cual las orillaría a realizarlo de forma clandestina y de
cierta forma ilegal, con lo cual conllevaría a un sinfín de riesgo para ellas.
Con base a este argumento, se ve reflejado que los modelos abolicionistas y prohibicionista
no son nada efectivos para las mujeres que, si desean ejercer la prostitución, por el simple
hecho de encontrarse en constante peligro o situaciones deplorables, debido a la falta de
derecho laborales ya sea sueldos dignos, seguros sociales y de salud.
Desde el lado de estos modelos las trabajadoras sexuales se encuentran mucho más
desprotegidas, en tanto que ni siquiera se sabe quién está ejerciendo la prostitución, porque
no se encuentran registros laborales con los cuales se pueden llegar a ubicar en caso de
desaparición
“Las trabajadoras sexuales no vivimos de demagogia, ni de medallitas otorgadas entre
amiguitas, vivimos de nuestro trabajo. Con él pagamos nuestras facturas, criamos a
nuestros hijos y mantenemos un nivel de vida adecuado para nuestras familias en nuestros
países de origen. No somos víctimas y no somos delincuentes. Somos trabajadoras sin
derechos, pero esto más pronto que tarde lo vamos a parar.” (Por Conxa Borrell, secretaria
general del sindicato Las Otras, junio 2022)
Como segundo argumento y a modo de complementar el primero, se afirma que es
preferible el instaurar el modelo reglamentarista o legalizador, ya que estos tienen la
capacidad de diferenciar entre prostitución consentida y forzada, les brinda los derechos
exigidos, ya sean laborales o sociales con el apoyo de políticas públicas a su favor.
La prostitución no es diferente a la prestación de un servicio, lo único que cambia es el tipo
de labor que se ofrece. Hay personas que venden sus conocimientos o habilidades para
efectuar determinadas tareas ya sea un psicólogo, un constructor e incluso una asesora de
hogar, y al igual que ellos las prostitutas venden su capacidad y sus destrezas, pero en este
caso, para dar placer sexual.
Se debe garantizar los derechos de las trabajadoras sexuales, para que trabajen de forma
autónoma, y no depender de proxenetas que en su mayoría explotan sexualmente a las
prostitutas, obligándolas a realizar esta labor de manera forzada.
“Se legalizó porque pensamos que es una oportunidad para que la mujer que la ejerce sea
independiente. Es un hecho histórico en el centro urbano, pero se analiza desde un punto de
vista moralizante, o bien a base de discusiones muy polarizadas. Hablar con todo el mundo
y alcanzar un consenso es necesario, aunque la decisión final compete al Ayuntamiento. Yo
animo al debate”, ha declarado la alcaldesa de Ámsterdam, Halsema al rotativo local Het
Parool
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