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Capitulo Iii Método para Oír Con Fruto La Santa Misa

Este documento presenta tres métodos para asistir a misa con fruto. El primer método implica seguir las acciones del sacerdote con un libro y rezar las oraciones correspondientes. El segundo método implica una contemplación de la Pasión de Cristo durante la misa. El tercer método permite escoger entre los primeros dos o cualquier otro método piadoso.

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Capitulo Iii Método para Oír Con Fruto La Santa Misa

Este documento presenta tres métodos para asistir a misa con fruto. El primer método implica seguir las acciones del sacerdote con un libro y rezar las oraciones correspondientes. El segundo método implica una contemplación de la Pasión de Cristo durante la misa. El tercer método permite escoger entre los primeros dos o cualquier otro método piadoso.

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CAPITULO III MÉTODO PARA OÍR CON FRUTO LA SANTA MISA

A) Disposiciones generales con que se debe asistir al santo sacrificio de la Misa


1. Como indicamos ya en la instrucción precedente, fue opinión aprobada y confirmada por San
Gregorio Magno en su cuarto Diálogo, que cuando un sacerdote celebra la Santa Misa bajan
del cielo innumerables legiones de Ángeles para asistir al Santo Sacrificio. San Nilo, abad y
discípulo de San Juan Crisóstomo, enseña que mientras el Santo Doctor celebraba los
divinos misterios veía una multitud de esos espíritus celestiales rodeando el altar y
asistiendo a los sagrados ministros en el desempeño de su tremendo ministerio.
Siendo esto así, he ahí las disposiciones más esenciales para asistir con fruto a la
Santa Misa. ¿Cómo disponernos espiritualmente?

2. Leemos en el Antiguo Testamento, que cuando los israelitas ofrecían sus sacrificios, en los
que sólo se inmolaban toros, corderos y otros animales, admiraba el ver la atención, el
silencio y veneración con que asistían a aquellas solemnidades. Aunque el número de
asistentes fuese inmenso y los ministros y sacrificadores llegasen a setecientos, parecía, sin
embargo, que el templo estaba vacío; tanto era el cuidado con que cada uno procuraba no
hacer el más pequeño ruido. Pues bien; si tanta era la veneración con que se celebraban
estos sacrificios que, al fin, no eran más que una sombra y simple figura del nuestro,
¿con qué respeto, con qué devoción y religioso silencio no debemos asistir a la
celebración de la Santa Misa, en el que el Cordero sin mancha, el Verbo Divino se
inmola por nosotros? Muy bien lo comprendía San Ambrosio. Cuando
celebraba el Santo Sacrificio, según refiere Cesáreo, y concluido el Evangelio, se
volvía al pueblo, y después de haber exhortado a los fieles a un recogimiento
profundo, les ordenaba que guardasen el más riguroso silencio, y así consiguió que no
solamente pusiesen un freno a su lengua, no pronunciando la menor palabra, sino, lo
que aún es más admirable, que se abstuviesen de toser y de moverse con ruido.
Estas prescripciones se cumplían con exactitud, y por eso todos los que asistían a la Santa
Misa sentíanse como embargados de un santo temor y profundamente conmovidos, de
manera que conseguían muchos frutos y aumento de gracia.

B) Métodos diferentes para oír la Santa Misa. Primero y segundo


3. El objeto de este opúsculo es instruir, al que quiera leerlo bien, sobre el mérito del santo
sacrificio de la Misa, e inclinarlo a abrazar con fervor la práctica de asistir a ella
frecuentemente, siguiendo el método que me propongo trazar más adelante. Sin
embargo, como hay libros piadosos, difundidos con gran utilidad entre los fieles, que
contienen diversos métodos, muy buenos y provechosos, para oír la Santa Misa, de
ninguna manera trato de violentar el gusto de nadie; por el contrario, a todos dejo en
completa libertad para escoger aquél que juzgue más agradable y el más conforme a
su capacidad y a sus piadosas inclinaciones. Únicamente me propongo, querido lector,
desempeñar contigo el oficio de Ángel Custodio, sugiriéndote el que pueda serte más
provechoso, es decir, según mi pobre juicio, el que te sea más útil y menos molesto.
A este fin pienso reducirlos todos a tres clases o tres métodos en general.

4. El primero consiste en seguir con la mayor atención y con el libro en las manos, todas
las acciones del sacerdote, rezando a cada una de ellas la oración vocal
correspondiente contenida en el libro, de suerte que se pase leyendo todo el tiempo de
la Misa. Si a la lectura se une la meditación de los santos ministerios que se celebran
sobre el altar, es indudable que se asiste al adorable Sacrificio de un modo excelente y
además muy provechoso. (Este método que indica aquí San Leonardo era usado en
aquellos tiempos en que la Misa se decía en latín y la gente tenía que llevar
misales en castellano para enterársele las lecturas y poder seguir las oraciones.
Pero ahora que ya la Misa se celebra en las lenguas de cada país, y que mediante el
uso de los micrófonos todo el mundo se puede enterar de lo que dice el sacerdote,
sobran los libros, y la mejor manera de oiría es estando con atención a todas las lecturas
y siguiendo las oraciones con el sacerdote).

5. El segundo método para asistir con fruto a la Santa Misa se practica no por medio de la
lectura, ni aun durante el tiempo del Sacrificio, sino contemplando con los ojos de la fe a
Jesucristo clavado en la cruz, a fin de recoger en una dulcísima contemplación los frutos
preciosos que caen de ese árbol de vida. Se emplea, pues, todo el tiempo de la Santa
Misa en un profundo recogimiento interior, ocupándose en considerar
espiritualmente los divinos misterios de la Pasión y muerte del Salvador, que no
solamente se representan, sino que también se reproducen místicamente sobre el altar. Los
que siguen este método es indudable que, si tienen cuidado de conservar unidas a Dios las
potencias de su alma, lograrán ejercitarse en actos de fe, esperanza, caridad y de todas
las virtudes. Esta manera de oír Misa es más perfecta que la primera, y al mismo
tiempo más dulce y más suave, según lo experimentó un santo religioso lego, el cual
acostumbraba decir que oyendo Misa no leía más que tres letras. La primera era
negra, a saber, sus pecados, cuya consideración le inspiraba afectos de dolor y
arrepentimiento, y éste era el punto de su meditación desde el principio de la Misa hasta el
Ofertorio. La segunda era encarnada, a saber, la Pasión del Salvador, meditándola
desde el Ofertorio hasta la Comunión, sobre la preciosísima Sangre que Jesús derramó
por nosotros y la muerte cruel que sufrió en el Calvario. La tercera letra era blanca, a
saber, la Comunión espiritual, que jamás omitía en el momento que comulgaba el
sacerdote, uniéndose de todo corazón a Jesús, oculto bajo las especies sacramentales;
después de lo cual permanecía abismado en su Dios y en la consideración de la gloria, que
esperaba como fruto de este Divino Sacrificio. Este pobre religioso, a pesar de no
tener instrucción, oía la Misa de una manera muy perfecta, y yo quisiera que
todos aprendiesen en su escuela una ciencia tan profunda.

CUESTIONES DE ORDEN PRÁCTICO


La forma en que vestimos refleja cuanto respetamos al anfitrión y la dignidad del evento. Es por eso,
por ejemplo, que nos presentamos bien vestidos a una entrevista de trabajo, a un banquete de gala,
a una boda o un funeral.

Si los católicos comprendiesen el significado sublime de la Santa Misa, deberían manifestar el mayor
respeto en la forma que se visten.

Si vamos a misa vestidos como si fuéramos a cualquier evento, sin estamos descuidando la forma de
vestir en la iglesia, hacemos mal. Recordemos que somos unidad de cuerpo y alma. Todo nuestro ser
debe prepararse para la gran celebración que es la misa dominical. Todo lo visible ayuda a elevarnos
al Dios invisible: La arquitectura, la música, las vestimentas del sacerdote, las imágenes sagradas, los
utensilios sagrados, en fin, todo, debe manifestar la sublime importancia de la Santa Misa.

Aun si somos pobres, llevemos lo mejor que tenemos. Lo importante es la actitud que representan
nuestros actos. He podido constatar muchas veces como los campesinos pobres van a la Santa Misa
bien arreglados. No tienen ropa de lujo pero visten lo mejor que tienen. Hay un ambiente de respeto
que manifiesta que la Misa es lo mas importante en la semana.
Si no vestimos la mejor ropa para la Santa Misa, ¿para quien la reservamos?. Recordemos que no solo
se habla con las palabras sino también con el lenguaje de nuestras actitudes externas. Es por eso que
Jesús nos enseña en el Evangelio de San Mateo:

«Entró el rey a ver a los comensales, y al notar que había allí uno que no tenía traje de boda, le
dice: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?" El se quedó callado. Entonces el rey dijo a
los sirvientes: "Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el
rechinar de dientes." -Mateo 22,11-13

Evidentemente no se trata de un pobre que no tenía otra cosa que vestir, pues entonces aplicaría el
pasaje de Santiago expuesto arriba. Se trata de una falta de respeto que no se puede justificar.

Si visitamos las basílicas de Roma encontraremos que allí no permiten pantalones cortos, vestidos sin
mangas o escotes provocativos. El pudor y el respeto nos deben guiar. No abogamos tampoco por
hacer de la ropa el centro de la atención. Pero hoy día nos hemos ido al otro extremo y olvidado que
vestir respetuosamente si tiene su importancia.

La modestia en el vestir es: Es una virtud que tiene por objeto guardar el debido orden de la razón en
el arreglo del cuerpo y del vestido y en el aparato de las cosas exteriores.

¿Qué debemos evitar vestir cuando vamos a Misa?


1. Camisas deportivas (equipos de fútbol)
Si quiero ir al estadio a ver fútbol, permitido. Si quiero pasear por el parque, permitido. Pero, ¿para ir
a encontrarme con el Señor? Imagínense una exhibición de camisetas deportivas en la Iglesia, colores
y equipos por doquier, viendo a “Messi” o “Vidal” decenas de veces cuando miro hacia el altar
porque están en las espaldas de mis hermanos. Esto puede crear rivalidad, disgusto, distracción o
molestias en la asamblea. Además es bien sabido que una prenda deportiva se usa en un ambiente
deportivo, por ende debemos evitar llevarlo a Misa.

2. Short muy corto o minifalda


Para la playa está bien. El sol cuando calienta puede ser insoportable, pero ¿en la iglesia? El calor no
es excusa para vestir como queramos, es más, si tenemos calor, podremos ofrecerlo al Señor como
muestra de amor por Él. Un short o una minifalda (en el caso de una dama) es una prenda que llama
bastante la atención en un grupo humano, ¡cuánto más dentro de la iglesia! Ya me podrán decir
ustedes sobre diseños, tamaños o colores, eso no importa tanto. Vestir una falda esta bien, pero una
mini-falda, no.

3. Chanclas de playa
Aunque muchos no lo crean, sucede. Sobre todo en ambientes veraniegos donde ir a Misa está de
paso entre mi casa y la playa. ¡Siempre dignos! No lo olvidemos. Aunque me lleve más tiempo
cambiarme de ropa y calzado, lo haré por amor al Señor. Las chanclas de verano son para la playa, no
para la iglesia. Te pones un calzado más discreto para ir a Misa y luego te los quitas para ir a la playa,
¿cuál es el problema? Que la pereza o la comodidad no intervengan en la dignidad y sobriedad que
predomina en un templo católico.

4. Sombreros o gorras
Mi madre decía: «dentro de la casa no se usa gorra», y ahí va de nuevo, ¡cuánto más en la casa de
Dios! Además de evitar tapar la vista a los demás hermanos es un gran signo de respeto. Cuando se
está con alguien importante nos sacamos el sombrero o la gorra y saludamos, por lo menos así era
antes y es algo que no podemos perder. Los sombreros son para protegerse del sol, pero dentro de
una iglesia, ¿de qué querríamos protegernos? Es mejor evitarlo. Te lo puedes quitar y dejarlo a un
lado de tu asiento o bajo el reclinatorio. Llevarlos a la iglesia está bien, usarlos dentro es inapropiado.

5. Escotes o camisas abiertas


Esto es parte de la moda de este siglo. Al parecer la premisa es que «mientras más muestres tu
cuerpo, mejor». No es así entre cristianos. Sabemos que el cuerpo es un don de Dios, es el templo del
Espíritu Santo, por lo tanto lo protegemos con cautela. No andamos mostrándonos a todo el mundo,
esto podría incitar distracción y provocación en los demás. Sinceramente disgusta un poco ver por la
calle desfiles de jóvenes vestidos así, ¡cuanto más en la iglesia!. Vamos bien arreglados, pero dignos.
Ropa abierta, medio transparente, es mejor dejarla en casa. Nuestra premisa es «mientras más
dignos, mejor».

6. Joyas, lujos y anillos exuberantes


Esto casi no habría que explicarlo. Sabemos todos que a la iglesia no vamos a exhibir nuestros bienes
o a aparentar un cierto status social. ¡Nosotros vamos a encontrarnos con Jesús! por ende todas las
joyas y ornamentos exuberantes sobran en la Misa. Mientras más sobrios mejor. Algunos me dirán:
«para Dios lo mejor», claro que sí ¡pero para Dios!, no para que tú hagas alarde de tus posesiones. Es
admirable ver cómo grandes empresarios van a Misa, a veces, incluso pasando desapercibidos por su
forma de vestir o de tratar a los demás. Tener o no tener dinero no te va llevar al cielo. La caridad con
los hermanos y el amor a Dios ¡eso sí!. Así que ya sabes, las joyas en la casa bien guardadas. Así,
además de evitar posibles robos, nos hacemos uno más en la asamblea de Dios, donde nadie tiene
preferencias, todos somos hijos de Dios. Santiago, en su carta, nos da más luz acerca de este punto:
«Supongamos que entra en vuestra asamblea un hombre con un anillo de oro y un vestido
espléndido; y entra también un pobre con un vestido sucio; y que dirigís vuestra mirada al que lleva
el vestido espléndido y le decís: «Tú, siéntate aquí, en un buen lugar»; y en cambio al pobre le decís:
«Tú, quédate ahí de pie», o «Siéntate a mis pies». ¿No sería esto hacer distinciones entre vosotros y
ser jueces con criterios malos?» (Santiago 2,2-4).

7. Zapatos de fútbol
Todos sabemos el concepto de calzado deportivo. Aquí vamos de nuevo, es deportivo. Como ya
sabemos lo deportivo se usa en un contexto de deporte, pero ¿en la iglesia?, ¿para qué? Cuando
organicemos un partido de fútbol parroquial, permitido. Pero para la santa misa es inadecuado.
Mejor usar calzado formal y discreto. Porque ir con zapatos de montaña a jugar fútbol es inútil, lo
mismo en la iglesia, asistir a Misa con zapatos deportivos es inútil.

Estas medidas no son para “encajar en un ambiente social”, como muchos podrán creer, sino para
hacer de la Santa Misa un verdadero encuentro con el Señor, un lugar digno de recibirle, un lugar
santo. Como cristianos y católicos estamos llamados a buscar la perfección, por ende el vestido no
debería constituir ocasión para retroceder en la virtud y en la identificación con Cristo. La limpieza, el
decoro, los modales y la distinción son hábitos básicos que debemos ir inculcando a las futuras
generaciones, más aún en un mundo muchas veces permisivo.

«Cada Santa Misa tiene un valor infinito, inmenso, que nosotros no podemos comprender del todo:
alegra a toda la corte celestial, alivia a las pobres almas del purgatorio, atrae sobre la tierra toda
suerte de bendiciones y da más gloria a Dios que todos los sufrimientos de los mártires juntos, que
las penitencias de todos los santos, que todas las lágrimas por ellos derramadas desde el principio del
mundo y todo lo que hagan hasta el fin de los siglos» (Santo Cura de Ars).

Consejos para vestirse adecuadamente


1. Tu vestido debería requerir un esfuerzo
Cuando decides qué ponerte para ir a Misa, no busques lo más confortable o cómodo. Intenta estar
un poco incómodo. Haz un esfuerzo y un pequeño sacrificio.

2. Tu vestido debería estar por encima de lo casual


Cada uno vive en un lugar, y nuestra cultura tiene mucho que ver con lo que representa un vestido
respetuoso. Pero, independientemente de donde vivamos, deberíamos tener “vestidos de domingo”,
más bonitos que los que llevamos todos los días. Si para ir a Misa te pones lo mismo que para ver la
tele, entonces tienes un problema.

3. Hazlo por amor


Lo más importante es que nuestra motivación debe ser el amor. En el momento en que hacemos las
cosas por otras razones, estamos perdiendo el tiempo.

He oído a muchos decir: “Dios mira al corazón, ve que le quiero aunque no me vista bien”. ERROR. El
amor se manifiesta siempre externamente con actos de donación de uno mismo.

El amor no es un sentimiento, sino una elección de sacrificarse uno mismo o algo a lo que se da valor,
por otro. Como dije antes, vestirse bien es un pequeño sacrificio. Cuanto menos te apetece, más
precioso será a los ojos de Jesús este gesto.

Aunque el mundo te diga que no vale la pena vestirse bien por nada, un caballero católico no debe
pensar así. Debemos mostrar respeto por nosotros mismos y por los demás haciendo un esfuerzo.

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