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Conducta Ejemplar en la Fe Cristiana

El documento enfatiza la importancia de que los cristianos practiquen lo que predican. Señala que es hipócrita recomendar un evangelio que no se vive abiertamente. Exhorta a los creyentes a ser ejemplos a seguir mediante una conducta ejemplar, de modo que su vida demuestre los beneficios del evangelio y persuada a otros a creer.

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Conducta Ejemplar en la Fe Cristiana

El documento enfatiza la importancia de que los cristianos practiquen lo que predican. Señala que es hipócrita recomendar un evangelio que no se vive abiertamente. Exhorta a los creyentes a ser ejemplos a seguir mediante una conducta ejemplar, de modo que su vida demuestre los beneficios del evangelio y persuada a otros a creer.

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CONDUCTA EJEMPLAR

I. INTRODUCCIÓN:
I. Recuerdo una ocasión en que fui a comprar un celular para mí; tenía dudas sobre
qué marca comprar, había leído que Huawei era una buena marca, pero me sonaba
mucho mejor la marca Samsung. El caso fue que al llegar a la sucursal de Claro, una
muchacha de las que atendían ahí estaba hablando maravillas del Huawei; daba mu-
chos elogios a esa marca, decía que venían mejorados, que la cámara era la mejor,
que la velocidad era la mejor, que la batería era la mejor, que en el mercado de celu-
lares estaba sobrepasando a muchas otras marcas reconocidas, en fin, Huawei era la
"súper-marca" para celulares. Yo, todavía con dudas le pregunté: "¿pero qué tal ha
salido esa marca de celular, lo has ensayado, lo has probado?; y ella respondió: "¡mi-
ra, la verdad no sé porque yo he usado Samsung toda mi vida!".
II. Este tipo de situaciones suele pasar en muchas áreas de nuestra vida; recomen-
damos lo que no tenemos, lo que no usamos, lo que no poseemos. Lastimosamente
este problema ha cobijado la cristiandad, pues muchos vienen recomendando un
evangelio que no practican, una fe que no profesan abiertamente y sin pena, un esti-
lo de vida que no viven ni ponen por obra.
III. La vida cristiana es una "empresa espiritual", somos los promotores de la iglesia,
el reino de Dios, esta le pertenece a Dios, y su cede principal es el cielo (cf. Luc. 2.43-
49)
1. Nosotros somos, por decirlo de cierta manera, los promotores del mejor pro-
ducto que esa empresa ofrece, ¡el evangelio!. Este producto "paga la deuda"
del pecado, nos da una gran herencia celestial, nos mejora la calidad de vida,
pues se nos ofrece cero enfermedad, cero dolor, cero muerte (Ap. 21.4)
2. Pero hay otra empresa, ¡la competencia!, el reino del pecado, "la potestad de
las tinieblas" (cf. Col. 1.13).
3. Pero lastimosamente muchos cristianos están ofreciendo el producto que no
usan, promueven el evangelio de boca nada más, pues sus vidas y conducta
no demuestran para nada que verdaderamente estén haciendo uso de eso
que promocionan.

II. NO PODEMOS PROMOVER ALGO QUE NO ESTAMOS


PRACTICANDO:
I. Jesús comparó este tipo de situación con una persona que asiste a una reunión
importante sin vestir adecuadamente (cf. Mat. 22.8-14).
1. La parábola de las bodas llama la atención por aquel hombre que entró a las
bodas sin usar un traje adecuado para la ocasión. ¡Así es el cristiano que pre-
gona la Biblia sin practicarla!
2. Él cree que está haciendo bien las cosas, cree que nadie lo nota, que puede
estar en esa situación y pasar desapercibido, pero la realidad es que las per-
sonas que le conocen bien (cónyuge, hijos, familiares, amistades más íntimas)
sí lo notan, sí se dan cuenta, y en caso de haber alguna disputa no dudarán en
reprocharle "¡usted predica pero no aplica!" (cf. Luc. 14.27-30).
3. De hecho, esas personas no se convierten porque no ven que la persona que
les predica el evangelio viva acorde a lo que predica, ¡no ven cambio alguno
en los productos que tienen!. Y en cierto modo tienen la razón, ¿o acaso us-
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ted compraría ese Huawei?, ¿acaso usted no dudaría de alguien que te ofrez-
ca algo que él ni siquiera usa?
II. Todo cristiano, al predicar el evangelio, espera que la persona que le oye se con-
venza y reciba el evangelio de salvación. Pero para poder persuadir a los demás
debemos usar el producto, debemos mostrar en nuestra conducta que ese evangelio
es verdaderamente un producto mejor que el que tiene "la competencia".
III. Pero para poder persuadir a otros a que crean, el cristiano mismo debe ser un
creyente excelente:
2 Corintios 4:13: "Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está es-
crito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también
hablamos"
IV. ¿Puede usted recomendar a otros la clase de vida que usted lleva?, ¿es su vida un
ejemplo para otros?, ¿usted puede aconsejar a otros poniendo de ejemplo su con-
ducta?, ¿es su matrimonio ejemplar?, ¿es su conducta ejemplar?.
Santiago. 1:22-25: "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores,
engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no
hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su ros-
tro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo
era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera
en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado
en lo que hace"
V. Alguno se sorprenderá que Santiago dijera que el que se mira en un espejo, se va
y luego se le olvida cómo era. Pareciera un argumento absurdo y lejos de la realidad.
Pero para esto hay una muy razonable explicación:
1. Los espejos antiguos eran de metal, no de vidrio, así que para verse bien se
necesitaba buen tiempo y esfuerzo visual para notar los rasgos del rostro con
detalle. Una mirada ligera en el espejo, para arreglarse y salir, no podía tomar
en cuenta imperfecciones en el arreglo.
2. El ejemplo que pone Santiago es de una persona que se mira ligeramente en
el espejo, y luego se va y olvida los detalles que tenía que arreglar de sí mis-
mo.
3. Asimismo es el que oye ligeramente la Palabra, solamente tiene una idea lige-
ra de lo que es ser cristiano, pero no se ha ocupado en los detalles o
imperfecciones de su vida con profundidad y diligencia, y por eso cuando sale
y se va del servicio, olvida lo importante del mensaje y no lo practica.
4. Vs. 25. "…más el que mira ATENTAMENTE en la ley de la libertad… hacedor de
la obra…"
VI. Es triste que como cristianos, exijamos y promovamos algo que no practicamos; a
ese tipo de conducta fue lo que nuestro Señor llamó "hipocresía" (cf. Mat. 23.1-3, y
vs. 13).
VII. Los cristianos hoy día tenemos muchos casos y ejemplos de mala conducta e hi-
pocresía cuando predicamos lo que no practicamos, ejemplos:
1. A veces sucede que los padres les pegan a sus hijos porque el niño dijo una
grosería; pero lo irónico del asunto es que fue precisamente de sus padres
que el niño aprendió a decirlas.
2. Madres que regañan y le pegan a sus hijos porque son muy rebeldes, ¡pero
esa rebeldía la aprendieron de ella!, porque ven que ella es rebelde con su
esposo y no se le sujeta. En el hogar Dios ha establecido un modelo a seguir
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para los hijos, los padres son el modelo de los hijos, y en el caso de inculcar
obediencia y respeto, tal papel le corresponde mayormente a la madre, ya
que a ella es a quien Dios le manda "a estar sujeta" y luego se le ordena "en-
gendrar hijos" (cf. Ef. 5.22-24; 1 Tim. 2.15).
3. Unos hijos que no se sujetan a sus padres, que son rebeldes, que constante-
mente son desobedientes, reflejan la mala crianza de sus padres, y
especialmente, el mal ejemplo de rebeldía de su madre (cf. Prov. 29.15).
4. ¿Cómo podremos motivar a nuestros familiares, esposa, esposo, hijos, etc., a
que lea y estudie las Escrituras, cuando nosotros no lo hacemos porque nos
da pereza, o porque reemplazamos la lectura de la Biblia por cosas vanas?.
5. Invitamos a las personas a que asistan a las reuniones, pero ¿asistimos fiel-
mente y puntualmente nosotros a todas las reuniones?, Una vez vino un
visitante el jueves por la noche, cuando le pregunté sobre quien le invitó, me
nombró el hermano, pero el detalle: ¡ese jueves ese hermano que le invitó no
asistió al servicio de estudio!.
6. ¿No es ese tipo de conducta el común denominador del mundo?. Dicen algu-
nos “yo fumo pero no quiero que mis hijos fumen", otros dicen “yo bebo pero
no quiero que mis hijos beban"; la realidad es que la gente del mundo hoy
día no puede recomendar su conducta a otros como ejemplo o modelo a se-
guir e imitar.

III. CONCLUSIÓN:
I. Pablo llevó a cabo la vida cristiana con sinceridad, a tal punto que dijo: "Sed imi-
tadores de mí, así como yo de Cristo" (1 Cor. 11.1).
II. Usted hoy ha aprendido a valorar el testimonio, la conducta ejemplar, tal virtud es
demasiado valiosa; de ella depende que la gente hable bien o mal de la iglesia (cf.
Rom. 2.24).
 Si el ejemplo no fuera algo importante en la sociedad, en las buenas empre-
sas y buenos empleos, o bancos, no pedirían que como requisito que se
adjunte a la hoja de vida o a los datos personales "la carta de recomenda-
ción".
III. ¿A quién recomienda usted cuando predica el evangelio?, uno teme recomendar
otras personas, "porque nos pueden hacer quedar mal". ¿A quién debemos reco-
mendar entonces?. La carta de recomendación de todo cristiano debería ser, según
las Escrituras, uno mismo; pues al usted recomendar el evangelio, usted recomienda
a Cristo. ¿Cómo está recomendando usted a Cristo?, ¿qué tan bien o mal le está ha-
ciendo quedar?. Si usted queda mal recomendado, con mal testimonio, pero
pregonó ser cristiano, y si se mostró como miembro de la iglesia de Cristo, la gente
no dudará en atribuir su mala imagen a toda la iglesia, pues está escrito:
2 Corintios 3:2-3: "Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones,
conocidas y leídas por todos los hombres; 3 siendo manifiesto que sois carta de
Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no
en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón"

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