Universidad Iberoamericana Puebla
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Revista Magistralis Número 10
“El trayecto de formación, los
enseñantes entre la teoría y la práctica”,
de Gilles Ferry
Robredo Uscanga, Juan Manuel
1996
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. .
LA FUNCIÓN DEL PROFESOR
_. tes El trayecto de formación,
los ensenan entre /,a teoría y /,a práctica .
., Gilles Ferry
Traducc1on de Ros� Eisemberg y Ma. del Pilar Jiménez.
México: Paidós/UNAM, 1990, 147 pp.
Este libro es un ensayo provocador, que nos hace reflexionar so
bre un tema crucial: ¿cuál es la función específica de los profeso
res y cómo se puede formarlos para que la realicen de mejor
manera?
Desde la terminología que utiliza cuestiona la labor docente.
Prefiere la palabra enseñante en vez de maestro, profesor o educa
dor, para señalar que la tarea docente no es una actividad científi
ca o especulativa, sino un oficio, una acción práctica.
Oficio como "embarrarse las manos", como actuar en un con
texto específico, donde no h ay leyes o normas universales, en don
de las acciones y decisiones dependen de cada situación concreta,
de cada grupo, de su problemática específica.
. También utiliza la palabra formación en lugar de educación, ins
trucción o capacitación, para conducirnos a una paradoja: quere
mos orientar, guiar a alguien para que adquiera una "forma"
preestablecida cultural, social o históricamente, pero a la vez que
remos formar sujetos autónomos, que adquieran su propia "for
ma" libremente.
En esencia, plantea que los enseñantes no sabemos nada definiti
vo, que nuestro reto principal es estar en un proceso continuo de
autoformación y, en esta tarea, contagiar a otras personas en el
interés de irse formando a sí mismos.
La enseñanza, en este sentido, es un acto de amor, un drama
donde está en juego todo nuestro ser, no un conjunto de reglas
instrumentales que nos lleven a l1 n �n defi,nido. -Retoro� a Sócra
tes ruando dice: "¿Qué puedo yo ensenarle? El no me ama. . (p. 59)
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Indica otra situación: En la sociedad actual, todos se siente -y
son, en cierta medida- enseñantes, porque poseen un saber, un
arte o una técnica que pueden transmitir.
Esto nos lleva a un problema: Entonces, ¿qué es lo específico
de un profesor?
Aquí sigue con la provocación: los enseñantes somos un poco
ínfanúles, nuestra actividad se desarrolla en situaciones similares a
aquellas donde nos formamos, no hemos salido totalmente al
mundo adulto, nos interesa seguir tratando con niños y jóvenes,
nuestro deseo es seguir aprendiend�, nos da cierto miedo enfren
tarnos como el mundo fuera de la escuela.
Pero quisiéramos ser como los abogados y los médicos " ...profe
sionales reconocidos por su competencia y por su pertenencia a
una corporación que detenta la exclusividad de una función". (p. 58)
La situación, entonces se presenta con dos facetas; por un lado,
el autor plantea que la sociedad actual, como colectividad, se ha
convertido en una soáedad pedagógica, todos necesitamos ser for
mados y todos somos formadores potenciales.
Después de reflexionar sobre la inevitable relación entre la edu
cación y los factores políticos e ideológicos qe la sociedad, indica
que la pedagogía se ha convertido en una especie de mito; se tie
ne fe en que la educación es el factor principal del cambio, que
producirá una ruptura con la noción del progreso evolutivo, me
cánico e inevitable. Señala que la educación implica la búsqueda
de nuevos caminos. "De la formación uno espera, definitivamente,
el dominio de las acciones y situaciones nuevas, el cambio social
que uno ya no espera de la transformación de las estructuras, el
remedio al desempleo, la democratización de la cultura, la comu
nicación y la cooperación entre los seres humanos, en fin, el naci
miento a la 'vida verdadera'." (pp. 45-46)
Por otro lado, el autor menciona la necesidad de replantear el
papel de los enseñantes profesionales y su formación específica
para cumplir dicho papel.
Afirma que el proceso de la pedagogía es indirecto, no se pue
de imponer al sujeto, así, lo que tiene que hacer un profesional de
la educación es estar inmerso en un proceso de autoformación, y
crear un discurso cuestionador, crítico y autocrítico de este proce-
so. "La pedagogía no estaría muerta si en lugar de convertirse en
la ejecutora de, por así decirlo, verdades 'científicas', desarrollara
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un discurso crítico, cuestionador y exploratorio, por medio del
cual surgi:ra la necesidad
_ de volver a la acción educativa." (p. 40)
_
La acc1on educativa no se limita a una técnica de transmisión
de conocimientos y valores; el oficio de enseñante es una práctica
relacional que implica tres racionalidades:
a) Conocimiento objetivo del hecho educativo.
b) Discurso nominativo, totalizante, que incluye una visión
prospectiva y valora}, además del conocimiento objetivo.
e) Análisis de la práctica educativa, un saber hacer reflexio
nando con un sentido transformador.
De aquí deriva que la formación del enseñante debe ser triple:
Por un lado, se requiere una formación científica que permita
la capacitación en la observación, el análisis y el dominio de los
contenidos de enseñanza. Un manejo de la instrucción basada en
el saber.
Una formación profesional, encaminada al saber hacer, que in
cluya aspectos didácticos (comunicación, uso de tecnologías, ani
mación grupal, etc.), de orientación, de concertación, de gestión
curricular y de inserción institucional.
Asimismo, y de manera principal, una formación humana, que
implica un trabajo constante sobre sí mismo y un análisis de las si
tuaciones concretas que se presentan; un trabajo de "desestructu
ración -reestnJCturación del conocimiento de la realidad" (p. 77).
Esta postura no es exactamente aprender a aprender, sino "apren
der a decidir qué es lo que conviene enseñar". (p. 77)
Esta dimensión pedagógica puede caracterizarse en términos de
procesos: "analizar las situaciones implicadas es obligarse a tomar
distancia en relación con ellas, a desprenderse, a analizar sus pro
pias reacciones; es imponerse una distorsión que consiste en ob
servarse como si se fuera otro; en concreto, es jugar el doble jue
go del actor y el observador. Proceso privilegiado, porque este
hábito, una vez adquirido, da lugar a_ la continuación de. otros
procesos". (p. 77).
Dicho de otra forma, el autor propone una formación funda
mentada en "una articulación entre la teoría y la práctica" (p. 79),
regulada en un ir y venir entre ambas, con un ·sentido transforma
dor que parte, por un lado, de los hechos concretos y, por otro,
en un proceso instituyente, creador y crítico, con un fin transfor-
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mador a partir de propuestas valorativas basadas en reflexiones
teóricas sobre el por qué y para qué de la educación.
Todo acto formativo, según el autor, estaría configurado, en
tonces, por la adquisición de saberes, de "saberes-hacer", y de una
reflexión analítica, teórica y crítica sobre esto.
Plantea la necesidad de una formación que considere la prácti
ca actual, pero que no esté amarrada a ella, sino que permita la
entrada de "la ficción, el libre curso de la especulación, en una in
certidumbre necesaria". (p. 83)
"El campo así abierto a las hipótesis, a las construcciones az�ro
sas y a las simulaciones, se interpone entre las prácticas probadas,
conocidas e instituidas, y las prácticas futuras, aún indiscernibles y
apenas imaginables, las cuales a su tiempo llevarán a cabo un pro
ceso instituyente." (p. 83)
El autor presenta una caracterización comparativa de tres mo
delos pedagógicos subyacentes en cualquier proceso de formación:
El primero centrado en la adquisición de conocimientos, habili
dades y comportamientos específicos que el enseñante debe po
seer para lograr con eficacia cierto tipo de aprendizajes en sus
alumnos. Se busca que el profesor conozca, comprenda y ma11eje
ciertas técnicas predefinidas por las teorías pedagógicas, sin cues
tionar las núsmas, sino buscando efectividad en el hecho educativo.
Es una postura ecléctica e instrumentalista, centrada en el logro
de resultados. El segundo modelo se enfoca a que el enseñante re
flexione sobre su proceso, sobre sus prácticas concretas, y de ahí
vaya derivando principios orientadores (no necesariamente gene
ralizables) para mejorar su quehacer. Parte de un principio de au
toapropiación del enseñante, como sujeto único e integral, por lo
que debe reflexionar sobre sus comportamientos, sus conocimien
to y sus sentinúentos al relacionarse con un grupo de aprendizaje,
a fin de ir descubriendo su "estilo" propio e irlo mejorando.
Es una postura de enfoque más bien clínico, en el que se da un
proceso de autodescubrimiento.
El tercer modelo, que el autor considera más adecuado, está
centrado en el análisis de situaciones educativas concretas, funda
do en la teoría y que regresa a ella enriqueciéndola con los datos
de las nuevas experiencias. "Dicho de otra forma, la pedagogía
centrada en el análisis fundamenta su formación en una <,1rticula
ci6n entre la teoría y la práctica, donde el beneficio que aporta es
la regulación." (p. 79)
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El autor concluye que, en todo caso, lo importante de cualquier
proceso de formación de los enseñantes radica en promover un
proyecto con metas transformadoras de la realidad, a partir de un
análisis objetivo y completo de las variadas situaciones que ocu
rren en el hecho educativo, considerando, principalmente, el de
venir de los actores principales en la educación, desde su punto
de vista, los enseñantes.
Como corolario, el autor hace una aportación desacostumbrada,
pues nos regala una bibliografia comentada sobre lo que se está
haciendo en formación de profesores en Europa, particularmente
en Francia. Este apartado puede ayudar de manera importante a
los investigadores de la educación que pretenden tener una mira
da más amplia sobre lo que acontece en el mundo pues, como se
sabe, la mayor parte de la literatura. especializada que se consulta
en México tiene un origen anglosajón.
Juan Manuel Robi:-�?º Uscanga.