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La Agonía de Rasu

Este libro de José María Arguedas contiene tres relatos cortos que exploran costumbres andinas. El primer relato narra la última danza de un bailarín tradicional que prevé su muerte inminente. El segundo relato sigue a un hombre con discapacidad intelectual que es abandonado por su familia pero encuentra un nuevo hogar. El tercer relato describe la vida extravagante de un terrateniente que mantiene varias amantes hasta que asesina a un músico inocente, lo que provoca un cambio en su comportamiento.

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La Agonía de Rasu

Este libro de José María Arguedas contiene tres relatos cortos que exploran costumbres andinas. El primer relato narra la última danza de un bailarín tradicional que prevé su muerte inminente. El segundo relato sigue a un hombre con discapacidad intelectual que es abandonado por su familia pero encuentra un nuevo hogar. El tercer relato describe la vida extravagante de un terrateniente que mantiene varias amantes hasta que asesina a un músico inocente, lo que provoca un cambio en su comportamiento.

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La agonía de Rasu-Ñiti; Serie Populibros Peruanos; José María Arguedas, Perú.

Este libro no trae el año en que fue editado; parece antiguo.


Aquí están reunidos tres relatos de Arguedas, comenzando por el cuento que da nombre al libro, escrito en 1962. También están
“Diamantes y pedernales” de 1954, y “Orovilca” que es del mismo año. Como en el libro anterior de este autor, “Los ríos profundos”,
los diálogos de sus personajes están llenos de palabras quechuas, con su traducción a pie de página. Sus obras fueron escritas en
aquella lengua, nuestro idioma nativo, y luego traducidas al español por el mismo autor.

En el primer relato estamos en los momentos previos a la muerte del gran dansak’ (“bailarín”, en quechua) Pedro Huancayre, o Rasu-Ñiti
(“que aplasta la nieve”), como se le conocía en todas las fiestas en pueblos aledaños. Él, un “danzante de tijeras” -ver infografía-, que
previendo su muerte, y sintiendo en su corazón al “Wamani” (“Dios montaña que se presenta en forma de cóndor”) hablarle, se viste con
su traje y sus guantes con tijeras de acero para realizar su última danza, rodeados por su mujer, el violinista Don Pascual y el arpista
Lurucha llamados por sus hijas que también asisten; con ellos llegó también Atok’ Sayku (“que cansa al zorro”), dansak’ discípulo de
Rasu-Ñiti, vestido también para la ocasión pero sin tocar sus tijeras, triste y melancólico, futuro heredero y receptor del Wamani, y
encargado de continuar la tradición; también los pobladores vecinos son asistentes de la ceremoniosa danza.
En la novela “Los ríos profundos” encontramos musicalidad en la realidad andina: entonaban alegres huaynos celebrando algún evento,
y cantaban huaynos tristes en los últimos momentos de vida, previos a la muerte causada por el tifus; aquí, la música y danza en la
agonía es un ritual, de despedida y, antes de partir, dejar en su discípulo el espíritu del Wamani. La esposa e hijas no parecen tristes.
Parece que esto es lo que todo danzante de tijeras espera: morir realizando su danza y dejar un sustituto.
Arguedas recoge y transmite esta costumbre de los pueblos andinos, detallando al máximo la escena, los cambios de ritmos del dúo
musical que acompañan al danzak’ entonando el “jaykuy” (entrada), siguiendo por el “sisi nina” (“fuego hormiga”), el “waqtay” (“la lucha”)
y concluyendo con el “yawar mayu” (ríos de sangre), cada una de estas etapas en la danza con diferentes movimientos acrobáticos
ejecutados por el danzak’ durante su agonía, para que al expirar sea Atok’ Sayku quien continúe con la danza y no dejar que la tradición
muera.

En “Diamantes y pedernales” encontramos al “upa” (en quechua “el que no oye”: en los andes llaman así a los idiotas) Mariano, quien
fue rechazado y abandonado por su hermano mayor, Antolín, un próspero comerciante, taimado, quien se avergonzaba de él y coincidía
con el resto de sus hermanos en la condición humilde, media boba de Mariano. Así, este partió tan sólo acompañado por su arpa y su
“killincho” (cernícalo) quien se aferraba a su hombro: juntos cruzaron la cordillera en busca de un nuevo pueblo como destino. Llegan a
residir en uno donde la mayor parte de las tierras pertenecen a una señora importante de un distrito vecino, quien llegaba al pueblo con
su joven hijo, Don Aparicio, un mujeriego ricachón educado en Lima, que por su condición adinerada hacía y deshacía en el pueblo. Don
Aparicio percibió el profundo sentimiento de Mariano al tocar el arpa, y lo contrató inmediatamente brindándole alojamiento y ropa. Los
pobladores se sorprendían que alguien con tanto poder llamase de “Don” al “upa” Mariano atribuyéndole dotes de “illa” (“ser que
contiene virtudes mágicas”).
Don Aparicio tenía un concepto particular de la vida: fiestas, vida extravagante, entre las que estaban sus queridas: Irma entre ellas, la
ocobambina que interpretaba huaynos, a quien había raptado hace algún tiempo con promesas de amor y ahora era una entre varias,
aunque ella tenía momentos en que se sentía bien por saber que era la preferida. Todas quedaron eclipsadas al llegar al pueblo una
costeña, viuda de un músico italiano, acompañada de su hija Adelaida, una hermosa rubia de finos trazos. Don Aparicio hizo de todo
para tenerla también, paseando con su brioso potro negro llamado “Halcón”. Adelaida se dejaba impresionar por la hermosura del corcel.
Irma, celosa por los desaires llega a invitar a su casa a Don Mariano, quien va inocentemente para entonar su arpa, siendo encontrado
ahí por Don Aparicio y luego asesinado. A partir de ahí la vida de Don Aparicio tendrá un cambio radical, asumiendo incluso éste el
“killincho” de Mariano antes de huir, y alimentándolo con un pedazo de la carne de su corcel, sacrificando así parte de algo muy cercano
y querido por él para crear un vínculo con el animal de compañía de su vn

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