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Desigualdad de Género y Trabajo Social

El documento trata sobre la desigualdad de género y el papel del trabajador social. Explica que la desigualdad de género ha sido un problema fundamental en las sociedades desde sus inicios y aún persiste en muchas partes del mundo. Señala que en el Perú existen brechas de género significativas especialmente en zonas rurales. Finalmente, destaca el importante papel del trabajador social en promover el empoderamiento de las mujeres y lograr la igualdad de género a través de estrategias como el acompañamiento y for

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Desigualdad de Género y Trabajo Social

El documento trata sobre la desigualdad de género y el papel del trabajador social. Explica que la desigualdad de género ha sido un problema fundamental en las sociedades desde sus inicios y aún persiste en muchas partes del mundo. Señala que en el Perú existen brechas de género significativas especialmente en zonas rurales. Finalmente, destaca el importante papel del trabajador social en promover el empoderamiento de las mujeres y lograr la igualdad de género a través de estrategias como el acompañamiento y for

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN AGUSTÍN

FACULTAD DE CIENCIA HISTORICO SOCIALES

ESCUELA PROFESIONAL TRABAJO SOCIAL

CURSO PROMOCION SOCIAL

DOCENTE
ORTEGA PAREDES, GIANNY CAROL

ELABORADO POR:

KIMBERLY DIAZ GONZALEZ

AREQUIPA- PERÚ2023

1
DESIGUALDAD DE GÉNERO Y EL PAPEL DEL TRABAJADOR
SOCIAL

Desde inicios de las sociedades, la desigualdad de género, principalmente


caracterizado por la desventaja de la mujer, ha sido uno de los problemas
fundamentales de la humanidad. Hoy en la actualidad existen naciones, como las
del medio oriente, donde los derechos fundamentales están restringidos para las
mujeres, tal como sucedía en la antigüedad donde ellas eran percibidas como
propiedad del hombre y sólo debía centrarse en labores domésticas y al cuidado de
su familia.
Esta situación depende mucho del contexto cultural y temporal en que la mujer
interactúa con la sociedad, por ello es conocido que la desigualdad de género es
un problema heterogéneo.
Según análisis, permite dar cuenta sobre el avance en la reducción de inequidades
que atentan no solo contra el desarrollo de las personas y sus familias, sino
también que impiden la generación de dividendos económicos importantes
relacionado a ciertas situaciones y desafíos específicos que cada país debe
afrontar (World Economic Forum, 2017).
El Perú no es ajeno a esta problemática mundial, ya que constantemente se ubica
en la mitad de los rankings mundiales de desigualdad de género, ya sea en la lista
de los Informes de Desarrollo Humano como en los Informes de Brecha de Género
a nivel Global (PNUD, 2018) y (Haussman R., Tyson L. y Zahidi S. (2018).

Además, es importante destacar que, a nivel de las diferencias territoriales y


geográficas, la desigualdad de género es distinta al interior del país, dado que las
brechas de género en: educación, salud, participación económica y participación
política son más amplias en zonas rurales de sierra y selva de nuestro país. Pero
más allá de ello, independientemente del lugar donde vivamos, la igualdad de
género es un derecho humano fundamental.
Promover la igualdad de género es esencial en todos los ámbitos de una sociedad
sana: desde la reducción de la pobreza hasta la promoción de la salud, la
educación, la protección y el bienestar de las niñas y los niños.
Surge entonces la pregunta ¿Qué sucede si la igualdad de género no está
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garantizada? Las desigualdades a las que se enfrentan las niñas puedan empezar
en el momento de su nacimiento y perseguirles durante toda su vida. En algunos
países, las niñas se ven privadas de acceso a asistencia sanitaria o a una nutrición
adecuada, lo que conlleva una mayor tasa de mortalidad. ¿Por qué? Las mujeres y
las niñas representan la mitad de la población mundial y también, por tanto, la
mitad de su potencial. Sin embargo, la desigualdad de género persiste hoy en todo
el mundo y provoca el estancamiento del progreso social. A medida que las niñas
entran en la adolescencia, las disparidades entre los géneros se incrementan. El
matrimonio infantil afecta a las niñas mucho más que a los niños. A nivel mundial,
casi 15 millones de niñas menores de 18 años contraen matrimonio cada año, esto
es, unas 37.000 al día las cuales son cifras realmente alarmantes. Casarse jóvenes
también afecta a la educación de las niñas. Aproximadamente un tercio de los
países en desarrollo no ha logrado la paridad entre los géneros en la enseñanza
primaria. Las niñas de África Subsahariana, Oceanía y Asia Occidental siguen
teniendo dificultades para matricularse tanto en la escuela primaria como en la
escuela secundaria.

Adicional a ello ¿Hay otros problemas relacionados con el género? Sí. El 35% de
las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual a manos de sus
parejas o a manos de otras personas.
Unos 133 millones de niñas y mujeres han sufrido alguna forma de la mutilación
ablación genital femenina en los 29 países de África y el Oriente Medio, donde esta
nociva práctica es más habitual, con un alto riesgo de hemorragia, infección
prolongada (incluido el VIH), complicaciones en el parto, infertilidad y muerte.
En 2016, se evidenció que la mortalidad materna en el país fue elevada, situándose
en valores de 68 muertes maternas por cada 100 000 nacidos vivos; así también, la
maternidad adolescente fue alta, reportando que 60 de cada 1 000 partos
correspondían a adolescentes entre 15 a 19 años18.
Ciertamente, entre los factores que determinan la mortalidad materna se encuentra
el embarazo o maternidad precoz, considerando como tal, a las mujeres dentro del
intervalo etario de 10 a 19 años, edad que constituye un problema de salud pública,
porque compromete no solo el desarrollo físico y la salud de la madre, sino también
la del recién nacido (INEI, MIMP, UNFPA, 2016)19.
La incidencia del embarazo adolescente se concentra en grupos que presentan
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bajos niveles de escolaridad, situación socioeconómica precaria o pertenencia a
grupos indígenas (MINSA, 2013).
En este sentido nuestro papel como futuros trabajadores sociales debe estar
motivado por nuestro papel vertebrador en los procesos de acompañamiento y
empoderamiento de las personas desde el sector en el que estemos insertos, ya
que cuando hablamos de empoderamiento social nos referimos al logro de mayor
autonomía para las mujeres, a su reconocimiento y la visibilidad de sus
aportaciones para construir referentes. Asimismo, es clave el acceso en igualdad
de oportunidades a los recursos sociales, políticos y económicos, lo que implica
participar en las diferentes esferas de poder, entendidas como ámbitos de toma de
decisiones.
Para lo que hace falta el conocimiento, la información, la participación, el
reconocimiento, la captación y la presencia. Todos estos elementos pueden
favorecerse gracias a la promoción del empoderamiento grupal. El
empoderamiento grupal es más que la mera suma de empoderamientos
individuales y, de hecho, puede alcanzarse sin necesidad de que exista un
empoderamiento individual previo, ya que permite generar estrategias de
afrontamiento a través de redes de cuidado, de la creación de espacios seguros
frente a la violencia contra las mujeres o frente a otro tipo de agresiones o
situaciones de discriminación.
El énfasis no debería estar en tratar de saber cuáles diferencias entre hombres y
mujeres son reales y cuáles son falsas ni cuáles son biológicas o construidas por el
género, sino que “debemos concentrarnos en crear una igualdad de resultados
para todas las personas que parta, precisamente, de que hoy por hoy las personas
vivimos con grandes desigualdades y que esas desigualdades deben ser el punto
de partida y no de llegada de las leyes”. Llenar de contenido real el principio de
igualdad debe ser un reto que dé como resultado la construcción de una sociedad
más justa e igualitaria basada en relaciones simétricas entre hombres y mujeres. El
verdadero sentido de este principio no es el de servir de freno a las acciones
tendientes a hacer valer los derechos de las mujeres, que – según algunos- son
innecesarias debido a que la igualdad ya está formalmente enunciada. Desde la
perspectiva de género, la igualdad requiere de la deconstrucción personal y
colectiva de la socialización patriarcal y del reconocimiento de los derechos de las
mujeres como Derechos Humanos.
4
Bibliografía
 Aguilar (2008). El Sistema Sexo-Genero en los movimientos feministas.
Revue de Civilisation Contemporaine de Université de Bretagne
Occidentale. París - Francia.
 Aguinaga M.,Lang M., Mokrani D. y Santillana A. (2011). Pensar desde el
feminismo: Críticas y alternativas al desarrollo, pp 55-82. En: Más allá del
desarrollo (varios autores). Fundación R. Luxemburg y AbyaYala, Quito
 De la Cruz C. (2007). Género, Derechos y Desarrollo Humano. PNUD
(América Latina Genera / Escuela Virtual de Desarrollo Humano). El
Salvador. 2007
 CEPLAN. (2017). Perú 2030 : Tendencias globales y regionales, Primera,
1–58.
 CEPLAN. (2016). Fase de Análisis Prospectivo para Sectores.

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