¿SOMOS BUENOS O MALOS?
Thomas Hobbes (5 de abril de 1588-4 de diciembre de 1679) fue un
filósofo inglés cuya obra Leviatán (1651) influyó de manera importante
en el desarrollo de la filosofía política occidental. Es el teórico por
excelencia del absolutismo político.
EL HOMBRE ES UN LOBO PARA EL HOMBRE (HOMO HOMINI
LUPUS)
Es una frase utilizada por el filósofo inglés del siglo XVIII Thomas
Hobbes en su obra El Leviatán (1651) para referirse a que el estado
natural del hombre lo lleva a una la lucha continua contra su prójimo.
La frase fue extraída por Hobbes de la obra dramática Asinaria, del
comediógrafo latino Plauto (250-184 a. de C.). Allí, Plauto afirmaba "lobo es el hombre para el hombre" (en
latín, lupus est homo homini).
La frase de Hobbes, en ese sentido, se convierte en la metáfora del animal salvaje que el hombre lleva por
dentro, siendo capaz de realizar grandes atrocidades y barbaridades contra elementos de su propia especie.
Algunas de esas acciones son dirigir guerras, practicar exterminio contra un grupo social, realizar atentados,
asesinatos y secuestros, someter a otros individuos a la esclavitud, tráfico ilegal de personas, etc.
No obstante, Thomas Hobbes indica que la paz y la
unión social pueden ser alcanzadas cuando son
establecidas en un contrato social, en el que se define
un poder centralizado que tenga la autoridad absoluta
para proteger a la sociedad, creando una comunidad
civilizada.
Es de considerar que el hombre puede presentar una
conducta buena e intachable, pero también
destructiva y egoísta, específicamente cuando se
mueve por sus propios intereses, por ejemplo, un ascenso en el trabajo.
La frase opuesta a "el hombres es un lobo para el hombre" es aquella que sentencia que "el hombre es bueno
por naturaleza", de Jean-Jacques Rousseau, quien, contrariamente a Hobbes, sostenía que los seres humanos
nacen buenos y libres, pero el mundo los corrompe.
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Según Hobbes, el estado natural de los seres humanos es el de las confrontaciones de unos con otros,
generando acciones violentas, crueles y salvajes. Esto supone que todas las amenazas que afronta un ser
humano son generadas por otros seres humanos, por lo que se puede concluir, a juicio de Hobbes, que el
hombre es un depredador del propio hombre. Generalmente, en la mayoría de los supuestos de hecho, el
individuo más fuerte explota o maltrata al más débil, cuando lo correcto es que el fuerte proteja al débil.
Como la especie humana no posee tal comportamiento, Hobbes presenta el contrato social para lograr una
convivencia armoniosa, equilibrada y en paz entre los ciudadanos de una sociedad.
Pero, ¿en qué consiste el contrato social? El
contrato social es diseñado con la intención de
establecer una autoridad, normas morales y
leyes a las que están sometidos y deben
cumplir los individuos. Este contrato otorga a
cada individuo derechos y deberes, a cambio
de abandonar la libertad que posee en el
estado natural, para asegurar su sobrevivencia
en la sociedad.
No obstante, los términos establecidos en el
contrato social pueden cambiar con la
condición de que todos los intervinientes estén de acuerdo y así lo expresen.
EL HOMBRE ES BUENO POR NATURALEZA
Jean-Jacques Rousseau nació en Ginebra, en 1712. Fue un influyente
escritor, filósofo, botánico, naturalista y músico de su época. Es considerado
uno de los grandes pensadores de la Ilustración. Sus ideas influyeron en la
revolución francesa, en el desarrollo de las teorías republicanas, en el
desarrollo de la pedagogía, y se lo considera precursor del romanticismo.
Entre sus obras más importantes destacan El contrato social (1762), las
novelas Julia o la nueva Eloísa (1761), Emilio o de la educación (1762) y de
sus memorias Confesiones (1770). Murió en Ermenonville, Francia, en 1778.
Qué es El hombre es bueno por naturaleza:
La frase “el hombre es bueno por naturaleza” es una afirmación autoría del
eminente escritor e intelectual del periodo de la Ilustración Jean-Jacques
Rousseau en su novela Emilio o de la educación, publicada en 1762.
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En esta novela, donde Rousseau expone sus teorías de la educación que tanto influirían posteriormente en el
desarrollo de la pedagogía moderna, se explica que el ser humano está orientado naturalmente para el bien,
pues el hombre nace bueno y libre, pero la educación tradicional oprime y destruye esa naturaleza y la
sociedad acaba por corromperlo.
Recordemos, también, que Rousseau se apoyaba en la tesis del buen salvaje, según la cual el ser humano, en
su estado natural, original y primitivo, es bueno y cándido, pero la vida social y cultural, con sus males y sus
vicios, lo pervierten, llevándolo al desorden físico y moral. De ahí que considerase que el hombre en su estado
primitivo fuese superior moralmente hablando al hombre civilizado.
Sin embargo, esta afirmación de que el hombre fuera
bueno por naturaleza se oponía a otra idea,
diametralmente opuesta, esgrimida el siglo anterior, en el
tiempo del nacimiento de los Estados nacionales, por
Thomas Hobbes, según la cual el hombre, en cambio, era
malo por naturaleza, pues siempre privilegia su propio bien
por encima del de los demás, y, en un estado salvaje, vive
en medio de continuas confrontaciones y conspiraciones,
cometiendo crueldades y actos violentos para asegurarse la
supervivencia.
Hobbes, entonces, sostenía que el hombre era un depredador, “un lobo para el hombre”, y que la única forma
de salir de ese estado primitivo estribaba en la construcción de un Estado nacional, con un poder político
centralizado, de corte absolutista y monárquico, que permitiera al hombre agruparse para sobrevivir, pasando
de ese estilo de vida salvaje a uno de orden y moral, superior y civilizado.
No obstante, se ha criticado el que se afirme
que la bondad o, en su defecto, la maldad,
puedan ser naturales, pues desde un punto de
vista moral ni bondad ni maldad son
propiedades naturales. La bondad y la maldad, el
bien y el mal, son categorías morales que
tienen su raíz en el pensamiento religioso
judeocristiano, según el cual los seres humanos
son creados por Dios a su imagen y semejanza, y,
por lo tanto, buenos por naturaleza, a
semejanza divina. De modo que decir que el
hombre es bueno o malo por naturaleza es
moralizar a la naturaleza.
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Más bien, se podría sostener que el ser humano no nace bueno ni malo, puesto que en sus etapas más
tempranas de desarrollo el individuo está desprovisto de referencias culturales, informaciones o experiencias,
que lo doten de intenciones o finalidades buenas o malas.
Por otro lado, una interpretación marxista de la frase de Rousseau, readaptaría su contenido para explicar que
el hombre, que en esencia es un ser social, que depende del conjunto de las relaciones sociales que establece
con otros, en realidad es corrompido por la sociedad capitalista, cuyo sistema, erigido sobre la explotación del
hombre por el hombre, y donde cada individuo debe luchar
encarnizadamente para mantener sus privilegios y posesiones, es
fundamentalmente egoísta, individualista e injusto, y contrario a la
naturaleza social del ser humano.
En conclusión, la frase “el hombre es bueno por naturaleza”,
arraigada en un sistema de pensamiento propio de la Ilustración y
en un contexto histórico en el cual el hombre europeo se
encontraba en una fase de revisión moral en relación con su forma
de ver y entender al hombre no europeo (americano, africano,
asiático, etc.), en condiciones de vida comparativamente primitivas,
guardaba cierto recelo hacia la pureza moral del hombre civilizado,
visto fundamentalmente como producto de una sociedad
corrompida por los vicios y la ausencia de virtud. Es, pues, una visión
idealizada del hombre en su estado originario.
ACTIVIDAD:
1- Teniendo en cuenta los aportes de Hobbes y Rousseau, ¿cómo podrías definir la sociedad Argentina?
2- ¿Cuál de las dos afirmaciones te parecen más objetivas para definir a la persona?
3- Según tú criterio, ¿qué función cumplen los Estados Políticos en ambas concepciones?
4- Realiza un cuadro comparativo entre ambas concepciones.