EL SUPERHOMBRE
La idea del superhombre deviene del
pensamiento filosófico de Friedrich
Nietzsche, quien define a este ser
como aquel individuo trascendental capaz
de crear y establecer su sistema de
valores individual.
La palabra superhombre se traduce del
término alemán empleado por
Nietzsche übermensch, el cual también
puede ser traducido como ‘suprahombre’.
La concepción del superhombre
propuesta por Nietzsche se refiere al
hombre capaz de superarse a sí mismo y a
su naturaleza.
Es decir, se trata de aquel ser humano que rompe con las tradiciones morales, impuestas por el cristianismo, a fin de
alcanzar la libertad de su esencia.
De esta manera, el hombre libre tiene la posibilidad de establecer sus propios valores y determinar aquello que
considere bueno o malo desde su percepción.
Esto puede conllevar al nihilismo y rompe con lo que Nietzsche denominó como “moralidad esclava” generada por
los valores tradicionales y, que desde su percepción, debilitan al ser humano.
Cuando el hombre se libera de todas las influencias y doctrinas que le han sido impuestas, y busca desde su estado
de pureza y voluntad establecer su propio proyecto de vida según sus valores, entonces le da origen al superhombre
y se descubre la verdad de la existencia.
Sin embargo, según Nietzsche para lograr este estado de superación y de transformación a superhombre se debe
experimentar una serie de metamorfosis espirituales y de la naturaleza del hombre a las que denominó de la
siguiente manera:
EL CAMELLO: simboliza al hombre europeo que
sigue la moral tradicional, por lo que soporta
grandes cargas. Por tanto, debe luchar y
alcanzar otros aspectos propios de la existencia
humana.
EL LEÓN: se refiere al hombre revolucionario
que se enfrenta a la esclavitud moral.
EL NIÑO: se refiere a la pureza desde la cual se
establecen los nuevos valores.
En este sentido, el superhombre es una representación del nihilismo, del hombre que se libera de toda doctrina y
sustituye a Dios por él mismo. Se trata de un ser que tampoco sigue los planteamientos morales y éticos propuestos
por los filósofos griegos Platón y Aristóteles.
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Nietzsche afirma la existencia de un comportamiento humano puramente sumiso e irreflexivo sobre los valores
dominantes de la civilización.
En la moral de rebaño lo que mueve al hombre es el hábito,
la costumbre. Se adquiere un modo de ser incorporado,
agregado por la civilización, por las exigencias que la
sociedad impone. Este tipo de comportamiento es, muchas
veces, aceptado por todos nosotros que lo recibimos y
practicamos sin reflexionar sobre ellos. Es recibido de fuera
a dentro, como algo dado; son contenidos que
incorporamos a la rutina, reverenciamos pasivamente y se
convierten en trabas al desarrollo personal y colectivo.
Nietzsche afirma que para que ciertos principios, como la
justicia y la bondad puedan actuar y enriquecer es necesario
que surjan como algo que obtuvimos activamente a partir
de la superación de lo que nos fue dado. Para esa conquista
Nietzsche enseña a combatir la complacencia, la templanza
de las posiciones adquiridas, que la comodidad intitula
moral, u otra cosa bien sonante que defina la moral de
rebaño.
Para él existe una vida que se opone a otra vida. Una que es anestesiada, enfermiza y frágil y otra vida que es
rebosante de alegría, sana y por ello fuerte, viril y noble. La primera es la vida del hábito, de la moral de rebaño, que
dice no a la vida y la segunda es la vida del ethos, donde no hay ningún contenido a priori que defina el modo de ser
del hombre, pero éste dirá a sí mismo cómo se siente a gusto o no dentro del camino que escoja en el mundo.