LEYENDA DE SAN BARTOLOMÉ
La gente antigua cuenta que en la época colonial los indígenas después de casarse y
comprendidos entre los 18 y 50 años de edad por obligación iban a la mina de Potosí en
Bolivia, para cumplir con la mita; sistema de trabajo forzado y adoptado por los
españoles.
En aquel tiempo, uno de los pobladores de Tinta llamado Antonio Llalla, después de
casarse fue llevado a la mina de Potosí junto con mujer que se encontraba ya
embarazada. La mina quedaba muy distante de Tinta; por lo mismo, llegaban en mucho
tiempo, trabajaban dos a tres meses y allí unos morían y otros sobrevivían. En ese
contexto, Antonio después cumplir el trabajo de la mita quiso volver a Tinta con su
esposa. Sin embargo, antes de salir de Potosí a la mujer se le vino el dolor del parto,
quien entre gritos y retorcimientos dio a luz un bebé. Pero, por extraña razón la mujer
murió; mientras la criatura sobrevivió.
Al día siguiente, Antonio cargado de su bebé y sobreponiéndose ante la adversidad,
resignado y con el apoyo de alguna gente humanitaria enterró a la extinta en Potosí.
Pues, para él los momentos de angustia y desolación fueron interminables por aquellos
días.
Después del entierro, el viudo apenado y preocupado con su hijo entre los brazos estuvo
sentado a la salida de Potosí para venirse a Tinta. En el instante se le presentó un
hombre blanco y barbudo elegantemente vestido. Éste al mirarle le dijo:
- Hijo, no estés triste, yo también voy a Tinta, hoy empieza una gran fiesta.
Antonio le escuchó muy asombrado y, a la vez alegre en sí. Enseguida, entrando en
confianza le contó a dicho caballero detalladamente sus infortunios. Y, cuando concluyó
el hombre le manifestó:
- Adelántate por el camino que conoces, ahí vengo y te llevo a Tinta.
Al oír el mensaje, Antonio empezó a andar con su hijo a la espalda. Y en el recorrido al
notar que el caballero no venía tan pronto; para sí, manifestó sus dudas y se dijo: -creo
que en vano me hace caminar ese caballero-. Pero, al instante el hombre barbudo
apareció cabalgando un caballo brioso de color blanco. Y Antonio, habiéndolo visto y
teniendo a su disposición quedó tranquilo y contento. Pues, el caballero esta vez le
indicó:
- Sube a mi caballo, agárrate bien a mí y cierra por un momento los ojos y no lo abras
por ningún motivo.
Antonio obedeció la orden y cuando ya estuvieron cómodos con su hijo en el lomo de la
bestia éste corrió muy veloz. Y, en el término de 5 minutos el caballero anunció:
- ¡Hijo ya hemos llegado a Tinta! Baja rápido; conmigo nos encontramos en la puerta de
la iglesia.
Antonio bajó; mientras el hombre blanco montado sobre el caballo se perdió entre los
remolinos de un viento polvoriento. Y ellos aparecieron en la hoya de Wanu Wanu, hacia
el sur y muy cerca de la localidad de Tinta.
Después, en una caminata corta Antonio llegó a la plaza de Tinta, momentos en que los
cohetes en castillos empezaban a detonar y los albazos montados a caballo giraban en
torno a la plaza. Pues, el viajero ya estuvo en el inicio de la fiesta de San Bartolomé que
es el veintidós de agosto. Luego, Antonio fue a buscar a su benefactor para agradecerle
del favor que le hizo. Se aproximó a la puerta de la iglesia y le buscó entre la multitud y,
no lo encontró. Por el contrario, en ese instante sacaban de la iglesia en andas a la
estatua de San Bartolomé y cuando Antonio observó con detenimiento, éste tenía los
rasgos físico-fisonómicos idénticos al caballero que le trajo desde Potosí.
Narrador en Versión quechua: Juan Bautista Ccaritaine C. (85 años)
Fecha de entrevista y recopilación: 2016
Recopilador y traductor: León Huancachoque Quispe