LIBRETO DE SEMANA SANTA
I ESCENA:
(Luego de que Jesús se retira a orar a Getsemaní, los apóstoles se quedan dormidos y Judas se dirige hacia el pueblo
donde se encuentran reunidos con el consejo de ancianos. LA ESCENA INICIA CON LOS LA REUNIÓN DEL
CONSEJO DE ANCIANOS DONDE JUDAS ENTREGA A JESÚS)
NARRADOR 1: Los ancianos del pueblo se encuentran reunidos, buscando la forma de incriminar a Jesús tomando
como rumbo la blasfemia, pero lo que no sabían es que estaban cumpliendo los designios de Dios.
ANCIANO 1: ¿Qué haremos?
ANCIANO 2: ¿cómo lo buscamos y lo incriminamos?
ANCIANO 1: Nos indispone contra Roma.
JUDAS: Yo sé dónde se encuentra. Pero necesito saber que sólo hablaran con él.
ANCIANO 2: Galileo, ¡llévanos donde se encuentra y no te preocupes!
ANCIANOS: ¡Vamos!!!
NARRADOR 2: Mientras el pueblo sigue a Judas, Jesús se encuentra orando en el monte de los olivos.
En el monte de los Olivos…
NARRADOR 1: Judas se acerca donde Jesús, le da un beso y lo entrega al gentío. Mientras tanto los apóstoles se
despiertan con el alboroto generado y tratan de defenderlo.
JESÚS: ¡Basta! Ya se los había dicho, …. el momento ha llegado.
NARRADOR 2: Los apóstoles se quedan tras el gentío y corren despavoridos mientras el pueblo empuja a Jesús y lo
encamina hacia el sanedrín donde los sacerdotes se encuentran reunidos.
PUEBLO: ¡Lo tenemos!!! Justicia, justica, justicia…. Hacia el pueblo… SI… vamos al pueblo.
II ESCENA:
(LA ESCENA SE INICIA CON LA ENTRADA DEL PUEBLO, ENCABEZADOS POR EL SUMO SACERDOTE, ANAS Y
CAIFÁS, LLEVANDO COMO PRISIONERO A JESÚS Y ACLAMANDO JUSTICIA)
NARRADOR 1: Los ánimos están convulsionados, las voces del pueblo se oyen a lo lejos. El pueblo ya no se siente
seguro con el mesías entre ellos, pues las autoridades romanas amenazan con perseguirlos en algún
momento. Jesús es empujado entre ellos y sometido entre el gentío.
PUEBLO: ¡Justicia! ¡Queremos justicia! Este no es nuestro mesías. ¡Por piedad sacerdotes!, acudan a nosotros.
NARRADOR 2: Mientras tanto en el sanedrín el aún sumo sacerdote, Anás y Caifás – el sucesor del sacerdote- se
encuentran reunidos planeando qué hacer con Jesús.
En el Sanedrín….
ANÁS: ¡Oh gran Caifás!, todos esperan…. Los fariseos están preparados.
CAIFÁS: Todos sabemos por qué estamos aquí. Hay un problema en el que hemos de decidir.
SUMO SARCEDOTE: Jesús es un peligro que hay que eliminar.
ANÁS: Este nazareno es un peligro, quiere a todos revolucionar.
SUMO SACERDOTE: ¿Cómo le detendremos? Hay todo un pueblo que lo protege. Su fama crece cada día más.
CAIFÁS: ¡No más!!!, el pueblo está cansado. El pueblo se encuentra afuera y quiere entregarlo. Haremos lo mismo
que a Juan el Bautista.
NARRADOR 1: Los ancianos gritan y llevan a Jesús ante los sacerdotes.
ANCIANO 2: Helo aquí…. Aquí está el nazareno.
ANÁS: Así que Jesús, eres tú quien se dice el mesías.
JESÚS: Eso lo debes decir tú, porque si yo lo digo no me creerás.
ANCIANO 1: Es el que nos dice que destruirá el templo y lo reconstruirá en tres días.
CAIFÁS: ¡BLASFEMO!!! (Caifás rasga sus vestiduras, empuja y escupe a Jesús).
SUMO SARCEDOTE: Jesús te has convertido en enemigo de nuestro pueblo.
ANÁS: Pero ya no más. Esto acabará aquí.
(LA ESCENA QUEDA CONGELADA MIENTRAS QUE EN LA PARTE BAJA SE DA EL ENCUENTRO DEL PUEBLO
CON PEDRO)
NARRADOR 2: Mientras tanto fuera del sanedrín Pedro se encuentra merodeando.
POBLADOR 1: ¡Hey tú! Yo te conozco…. Tu eres quién estaba con el nazareno.
PEDRO: No, no es así… te equivocas.
POBLADOR 2: Desde luego, tu eres el galileo que estaba en el monte.
PEDRO: Te equivocas, no lo conozco….
POBLADOR 3: Pero eres tú, estamos seguros…
PEDRO: Ya lo dije, no lo conozco… lo juro….
NARRADOR 1: Es ése preciso momento canta el gallo, validando lo que Jesús había predicho… Había sido negado
tres veces por Pedro antes del amanecer. Pedro llora y se va corriendo dejando atrás al gentío.
III ESCENA:
(LA ESCENA DEL SANEDRÍN SE DESCONGELA Y CONTINÚA…)
NARRADOR 2: El saduceo Caifás, su suegro Anás y el aún sumo sacerdote salen del sanedrín, se unen al pueblo que
se encuentra afuera, los guardias toman a Jesús y encabezan al tumulto llegando así donde Poncio
Pilatos, aclamando justicia desde la plaza.
PUEBLO: ¡Justicia! ¡Queremos justicia! Este no es nuestro mesías. ¡Que salga el Gobernador! ¡Que sentencie al
Nazareno!... ¡Justicia! ¡Queremos justicia! ¡Que salga el Gobernador! ¡Que se asome Poncio Pilatos!
PILATOS: ¡Pueblo! ¿Por qué vienes a interrumpir el dulce sueño de la mañana? ¿Por qué interrumpes a tu juez?
¿Qué es lo que quieren?
PUEBLO: ¡Justicia! ¡Queremos justicia! ¡La Cruz para el Nazareno!
PILATOS: Bien, ¿cuál es el delito que ha cometido este hombre?
CAIFÁS: ¡Blasfemia nuestro señor! Se autoproclama Mesías. Es una blasfemia que debe ser castigada con la
muerte.
PUEBLO: ¡Muerte para el Nazareno! ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!
PILATOS: ¿Blasfemia contra quien? ¿Contra su Dios?
CAIFÁS, ANÁS Y SACERDOTE: ¡Sí Señor!
PILATOS: Pero ese no es ningún crimen contra Roma.
CAIFÁS: Además de afirmar que es el Rey de los Judíos y nuestro salvador; niega el derecho de Roma sobre esta
tierra.
ANÁS: Niega el poder del Roma, usa palabras ambiguas e indispone a nuestro pueblo; poniendo en problemas y
apuros a todos nosotros.
PILATOS: ¡Caifás! No me hagas perder el tiempo. Llévenselo y júzguenlo según sus leyes.
CAIFÁS: Este delito, Señor, exige la sentencia de muerte. Y solo tú puedes dictar esa pena.
PILATOS: Pues entonces, acúsenlo de crímenes que merezcan la Cruz.
CAIFÁS: ¡Pilatos, con lo que hemos dicho, basta y sobra!
ANÁS: No podemos permitir que nos involucre con sus particulares creencias.
PUEBLO: ¡Muerte para el Nazareno! ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!
PILATOS: ¡Silencio! … Háganlo subir y déjenme a solas con él.
(EL PUEBLO QUEDA AFUERA EN SILENCIO Y CONGELADO, MIENTRAS JESÚS ES LLEVADO FRENTE A
PILATOS. ES SUJETADO POR SOLDADOS ROMANOS)
PILATOS: ¡Jesús de Nazaret! No pareces un criminal, llevas en tu rostro la belleza de tu alma. (PAUSA) ¿Eres tú
el “Rey de los Judíos”?
JESÚS: ¿Lo dices porque lo sabes, o te lo han dicho ellos?
PILATOS: ¡Yo no soy Judío! Sin embargo, tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí.
JESÚS: Mi reino no es de este mundo. Si fuese de este mundo mis súbditos lucharían para que no fuera
entregado a los Judíos.
PILATOS: Entonces, ¿tú eres Rey?
JESÚS: He nacido para dar testimonio de la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz.
PILATOS: ¿De qué verdad me estás hablando?... ¿Sabes tú la verdad?... No, por supuesto que no, sería mucho
pedir. ¡Tráiganlo! (PILATOS BAJA Y SE DIRIGE AL PUEBLO) ¡Ningún delito hallo en este hombre!
CAIFÁS: ¡Este hombre está alborotando a nuestra nación, ha hecho en Galilea toda clase de sacrilegios!
PILATOS: ¿Jesús es de Galilea?
CAIFÁS: Si, de Nazaret.
PILATOS: Pues entonces llévenlo con Herodes. Yo no puedo juzgarlo.
CAIFÁS: ¡Pero Pilatos! ¡Señor!
PILATOS: Deja de preocuparte Caifás, esto es solo un juego.
IV ESCENA:
(EL PUEBLO QUE ESTABA CONGELADO DIRIGE A JESÚS DONDE HERODES)
NARRADOR 1: (MÚSICA) Jesús es llevado frente a Herodes, quien recibe con emoción al prisionero.
PUEBLO: ¡Justicia! ¡Queremos justicia! ¡Que sentencie al Nazareno!... ¡Justicia! ¡Queremos justicia!
CAIFÁS: ¡Ilustre tetrarca de Galilea, te traemos a Jesús de Nazaret!
HERODES: ¡Jesús de Nazaret! Hace mucho que la fama de tus milagros resuena en mis oídos. Deseo ver por mis
propios ojos uno de esos prodigios, muéstrame tus habilidades, confunde mi poca fe. ¡Vamos, has un
milagro!
(JESÚS GUARDA SILENCIO)
HERODES: ¿Eres mudo? ¡Los Reyes tienen que hablar! ¡Nunca ha existido un Rey mudo! (BURLÁNDOSE) ¡Mirad
al Rey mudo de los Judíos! ¡Nos entendemos perfectamente!... ¿Olvidas que soy tetrarca de Galilea y
que tu silencio te puede costar caro?
(JESÚS NO RESPONDE) (HERODES TRAE UNA COPA CON AGUA)
HERODES: ¡Quiero que conviertas esta agua en vino!
(MÚSICA) (HERODES PASA LA COPA POR EL ROSTRO DE JESÚS. BEBE EL AGUA Y LA ESCUPE CON ENOJO
AL DARSE CUENTA QUE NO ES VINO)
HERODES: ¡Miserable! Sin duda me crees inferior a ti y me desprecias. Estoy dispuesto a perdonarte y coronarte
si logras hacer un solo milagro.
CAIFÁS: Ilustre Señor. ¡Este hombre es un charlatán, tú le ofreces una corona por un milagro y no lo hace!
¡Charlatán!
HERODES: ¡Que Roma se ocupe de él! ¡Llévenselo a Pilatos!
V ESCENA:
(MÚSICA) (JESÚS ES TRASLADADO NUEVAMENTE FRENTE A PILATOS)
PUEBLO: ¡Justicia! ¡Queremos justicia! ¡Que sentencie al Nazareno!... ¡Justicia! ¡Queremos justicia!
PILATOS: ¡Basta! ¡Basta! ¡Silencio! Ya he interrogado a este hombre. ¡Mi conciencia me dice que Jesús es
inocente! (PROTESTAS DEL PUEBLO)
CAIFÁS: Roma debe juzgar a Nazaret, matar no existe en nuestra ley.
PILATOS: Háblame pues Jesús, te han traído a mí maniatado otra vez. Debes decirme… ¿quién eres? ¿acaso eres
rey? ¿dónde está tu reino?
JESÚS: Tú lo has dicho… mi reino no es de este mundo.
PILATOS: Es costumbre que por Pascua yo libere a un prisionero. ¡Traigan a Barrabás!
(LOS SOLDADOS LLEVAN A BARRABÁS FRENTE AL PÚBLICO)
PILATOS: ¿Quieren que libere a Jesús o a Barrabás?
PUEBLO: ¡A Barrabás! ¡A Barrabás! ¡Liberen a Barrabás!
PILATOS: Si ustedes lo piden, ¡liberen a Barrabás y azoten a este Nazareno!
(MÚSICA) (RUTINA DE AZOTES) (JESÚS CON BRAZOS ESTIRADOS RECIBE LOS AZOTES, LUEGO LO
ARRODILLAN CON MANOS HACIA ATRÁS PARA COLOCARLE SOLEMNEMENTE LA CORONA Y EL MANTO)
(JESÚS LUEGO DE SU CRUEL CASTIGO ES PRESENTADO NUEVAMENTE POR PILATOS) (LOS SOLDADOS SE
FORMAN)
PILATOS: ¿Y qué quieren? ¿Matar a vuestro rey?
PUEBLO: No hay más rey que el CÉSAR. ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!
PILATOS: ¿Quieren que crucifique a su Rey? ¡He aquí el “Rey de los Judíos”!
PUEBLO: ¡Siiiii! ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo!
PILATOS: ¿Dime Jesús, eres tú a quien debo matar? Defiéndete.
PUEBLO: Oh señor, debes obedecer la ley del CÉSAR.
PILATOS: ¡Tomo al cielo por testigo que soy inocente de la muerte de este justo! ¡La cólera celeste caiga sobre
sus verdugos! (SE LAVA LAS MANOS FRENTE A TODOS)
CAIFÁS: ¡Así sea! Y así será.
NARRADOR 2: (MÚSICA) Y así Pilatos entrega a Jesús para que sea crucificado. Los soldados romanos se lo llevaron
camino al calvario. (ENTRAN CRUCES Y LADRONES)
VERDUGO: ¡Cúmplase la sentencia!
VI ESCENA:
(LOS SOLDADOS LLEVAN A JESÚS A UN COSTADO Y LE PONEN LA CRUZ EN EL HOMBRO. ENTRAN LAS
LLORONAS)
VERDUGO: Ya que tú eres hijo de Dios, lleva solo la carga y has un milagro para que no te sea tan pesada.
(SOLEMNE) ¡Salud al Rey de los Judíos! ¡Camina, no dices que eres hijo de Dios, libérate de esto!
(AL PÚBLICO) ¡Abran paso! ¡Saluden al condenado! ¡Saluden al Nazareno! ¡Vean al Rey de los
Judíos! (A JESÚS) ¡Camina! ¡Anda miserable!
PUEBLO: (ACOMPAÑANDO LAS PALABRAS DEL VERDUGO) ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!...
¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!... ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!
(JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ. MARÍA SE ABRE PASO ENTRE LA MULTITUD Y VA AL ENCUENTRO DE SU
HIJO)
MARÍA: ¡Estoy aquí! ¡Estoy aquí hijo! ¡No voy a abandonarte! (LE DA UN BESO EN LA FRENTE)
JESÚS:(DESFALLECIENDO) ¿Ves, madre? Yo hago nuevas todas las cosas. (CON MUCHO ESFUERZO) ¡Salud
madre mía!
VERDUGO: ¡Arriba! ¡Levántate miserable! (A MARÍA) ¡Galilea, ahí tienes el presente de muerte que te hace tu hijo!
PUEBLO: ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!... ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!...
¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!
(MARÍA SE QUEDA ARRODILLADA Y ES CONSOLADA POR M. MAGADALENA. LAS SANTAS MUJERES Y JUAN
LA RODEAN) (JESÚS AVANZA CON LA CRUZ A CUESTAS) (CAE POR SEGUNDA VEZ) (LOS SOLDADOS LO
AZOTAN PARA QUE SE PARE)
VERDUGO: ¡Paren ya! Si el Nazareno muere camino al calvario, nosotros estaremos en problemas. (BUSCA
ENTRE LA MUCHEDUMBRE Y ENCUENTRA A SIMÓN, EL CIRENEO) ¡Tú! ¡Sí Tú, ven acá!
CIRENEO: ¿Qué quiere de mí?
VERDUGO: Este criminal ya no puede llevar la cruz solo. ¡Tú lo ayudarás! ¡En marcha!
CIRENEO: ¡No es asunto mío! ¡Pídeselo a otro!
VERDUGO: ¡Obedece al César!
CIRENEO: ¡Está bien! ¡Pero recuerden que soy un inocente, obligado a cargar la cruz de un condenado!
(SIMÓN CARGA LA CRUZ Y AVANZA JUNTO A JESÚS)
PUEBLO: ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!... ¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!...
¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Que muera por blasfemia!
(JESÚS CAE POR TERCERA VEZ) (LOS SOLDADOS Y EL PÚBLICO APROVECHAN PARA INSULTARLO Y
GOLPEARLO) (SIMÓN SE DESEPERA TRAS LA ESCENA)
CIRENEO: ¡Bastaaaa! ¡Bastaaa! Si no paran, no cargare esa cruz un paso más.
VERDUGO: (A LOS SOLDADOS) ¡No golpeen más al Nazareno! (AL CIRENEO) Está bien, cállate y carga esa
cruz.
(JESÚS QUE QUEDÓ LEJOS DE LA ESCENA, ES SOCORRIDO POR SERAFIA)
SERAFIA: ¡Señor mío, Jesús, permite que te seque el rostro con este lienzo!
JESÚS: ¡Serafia, deja tu nombre y toma el de Verónica… pues entre tus manos dejo mi verdadera imagen!
(EL VERDUGO INTERRUMPE LA ESCENA Y APARTA A SERAFIA DE JESÚS)
VERDUGO: ¡Quién te has creído, mujer! ¡Fuera de mi vista! (A SUS SOLDADOS) ¡Avancen!
(SERAFIA, CONFUNDIDA ENTRE LA MUCHEDUMBRE, REVELA SU LIENZO GRITANDO)
SERAFIA: ¡Milagro! ¡Milagro! ¡Miren el rostro del Nazareno en mi lienzo! ¡Es el hijo de Dios! ¡El hijo de Dios!
VII ESCENA:
(LAS MUJERES SANTAS LA RODEAN) (JESÚS AVANZA HASTA LLEGAR AL CALVARIO)
NARRADOR 1: ¡Sobre la afrentosa cumbre donde mueren los malhechores, sobre la tierra! ¡Donde arrojan a los
perros, desnudo te hallo a ti Jesús mío, ¿Qué daño hiciste tu a los hombres, lirio del valle, flor de
pureza, para que el hombre te maltrate de este modo?
(CRUCIFICAN A JESÚS) (LAS MUJERES SANTAS Y JUAN LLEGAN AL PIE DE LA CRUZ)
JESÚS:¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!
NARRADOR 2: Sabiendo o no sabiendo lo que hacemos, sabemos que nos amas, porque ya hemos visto tus maneras
en los ojos y en la boca de tu Hijo Jesús. Ya no eres más para nosotros el Dios terrible. ¡Sabemos que
eres Amor! Sabemos que no sabes castigar... Tú eres un Dios vencido en la ternura. Tú esperas
siempre, Padre, y acoges y restauras la vida hasta de los asesinos de tu Hijo (que somos todos
nosotros).
¡Perdónalos! ¡Perdónanos! Atiende este pedido de tu Hijo en la cruz, prueba mayor de tu amor de
Padre.
GESTAS: ¿No que eres Dios?, ¡Bájate de esa cruz! ¡Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y sálvanos a
nosotros!
DIMAS: ¡Gestas, no blasfemes, no dudes del poder de Dios! ¡Nosotros, la verdad, aquí estamos sufriendo el
castigo afrentoso de la cruz con justicia, pues pagamos la pena que merecen nuestros delitos! ¡Más
Jesús no ha hecho daño a nadie! Señor, acuérdate de mí, cuando estés en tu santo reino.
JESUS: ¡Dimas!... En verdad te digo... que hoy estarás... conmigo en el paraíso.
NARRADOR 1: Tu corazón sin puertas, siempre abierto, ¡qué fácil es robarte el Paraíso! Bandidos todos nosotros,
depredadores del Cosmos y de la Vida, sólo podemos salvarnos asaltándote, Cristo, en nuestro «hoy»
diario- esa Misericordia que chorrea en tu sangre... Tu blando silbo de Buen Pastor nos llama. Tu
corazón reclama, impaciente, a todos los marginados, a todos los prohibidos. ¡Tú eres el Camino y la
Llegada!
MARIA: ¡Nada podemos hacer, lo torturan, lo martirizan, cuánto dolor!, ¡Oh, Dios!, ¡Que amargo es el cáliz, que
me has dado a beber!
JUAN: ¡Señora y madre del salvador, quisiera consolarte y mis lágrimas no me dejan hablar y auxiliarte!
MARIA: ¡Hijo mío! ¡Señor mío! ¡Por qué nos abandonas!
JUAN: ¡No nos dejes solos!
JESUS: ¡Mujer... ahí tienes a tu hijo... ¡Juan, ahí tienes a tu madre!
NARRADOR 2: ¡Tú eres la bendita entre todas las mujeres! Madre de todas las madres, dulce Madre nuestra, ¡por
causa de ese Hijo, hermano de todos! ¡Hagamos casa, pues, oh Madre! ¡Hagamos la familia de todas
las familias de todas las naciones! A cuenta de esa Carne, hermana de toda carne, destrozada en la
cruz, Hostia del mundo.
En ese cambio de hijos, tú sabes bien, María, que nos ganas a todos y no pierdes el Hijo ya de vuelta
a su Padre, para esperarnos en el paraíso.
JESÚS:Dios mío, Dios, mío, ¿por qué me has abandonado?
NARRADOR 1: Todos nuestros pecados se hacen hematoma en tu Carne. Todos nuestros rictus te deforman el
Rostro. En tu soledad se refugian todas las soledades de la Historia Humana... Oh Jesús, todos
nuestros gritos ahogados, todas nuestras blasfemias... -Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?
Es la hora de las tinieblas, del silencio del Padre para su Hijo. Es la hora de la fe, oscura y desnuda,
del silencio de Dios, para todos nosotros...
JESÚS:¡Tengo Sed!, Dios mío… ¡Tengo Sed!,
NARRADOR 2: En el manantial quebrado de tu Cuerpo los ángeles se sacian. Y todos los humanos bebemos en tus
ojos moribundos la luz que no se apaga. Sabemos, sin embargo, que será de esa boca, reseca por la
sed, de donde nos vendrá el Himno de la Alegría, el Vino de la Fraternidad, ¡la crecida jubilosa de la
Tierra Prometida!
¡Danos sed de la sed! ¡Danos la sed de Dios!
JESÚS:¡Todo está consumado!
NARRADOR 1: De Tu parte, ¡sí ¡
De nuestra parte, nos falta aún ese largo día a día de calvario y redención. El Padre te dio un Cuerpo de
servicio y Tú has rendido el ciento por ciento, hasta el infinito.
Todo está consumado, en el Perdón y en la Gloria. Todo puede ser Gracia; en la lucha, en el camino.
En la cruz encontramos la gracia y la redención.
JESÚS: ¡Padre, en tus manos entrego mi Espíritu!
(MÚSICA)
NARRADOR 2: ¡Gloria de su Gloria, Dios de Dios!
La Muerte ha sucumbido en tu Muerte como un fantasma inútil, para siempre. Y en tus Manos reposan
nuestras vidas, vencedoras de la muerte, a su hora. En tu Paz descansa esperanzada nuestra agitada
paz. Descansa en Paz, por fin, en la Paz del Padre. Tú que eres ¡nuestra Paz!