POLICÍA NACIONAL DEL PERÚ
DIRECCIÓN DE EDUCACIÓN Y DOCTRINA
ESCUELA DE EDUCACIÓN SUPERIOR TÉCNICO PROFESIONAL
TRABAJO MONOGRAFICO
TEMA : EL PARTO
AÑO : PRIMERO
SECCIÓN : “C”
ALUMNO : Juan Miguel, JIMENEZ SANTILLANA
TUMBES-PERÚ
2016
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EL PARTO
El parto, también llamado
nacimiento, es la culminación
del embarazo, el periodo de
salida del bebé del útero
materno. Se considera que una
mujer inicia el parto con la
aparición de contracciones
uterinas regulares, que
aumentan en intensidad y
frecuencia, acompañadas de cambios fisiológicos en el cuello uterino.
El proceso del parto humano natural se categoriza en tres fases: el borramiento
y dilatación del cuello uterino, el descenso y nacimiento del bebé y el
alumbramiento de la placenta. El parto puede verse asistido con medicamentos
como ciertos anestésicos o la oxitocina, utilizada ante complicaciones de
retraso grave de alumbramiento. Junto con la episiotomía (incisión quirúrgica
en la zona del perineo), todo esto no debe hacerse nunca de manera rutinaria,
ya que el parto más seguro es el que evoluciona espontáneamente y en el que
no se interviene innecesariamente. En algunos embarazos catalogados como
de riesgo elevado para la madre o el feto, el nacimiento ocurre por cesárea: la
extracción del bebé a través de una incisión quirúrgica en el abdomen.
TIPOS DE PARTO
Existen diversas modalidades por la que nace el bebé al final del término del
embarazo, o en algunos casos, antes de las 40 semanas o 9 meses de
gestación:
PARTO VAGINAL ESPONTÁNEO
En el parto natural, el bebé nace cruzando por la vagina de la madre, con la
asistencia de poca o ninguna tecnología y sin la ayuda de fármacos. En la
mayoría de los centros asistenciales el parto vaginal ocurre en una posición
ginecológica, con la gestante en posición decúbito dorsal, es decir, acostada
sobre su espalda y sus pies sostenidos a la altura de los glúteos con el objetivo
de favorecer la comodidad del personal médico.
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Se conoce con el nombre de posición de litotomía, y ha sido usada durante
años como rutina en el nacimiento. Sin embargo, es una posición controvertida,
pues el parto puede ocurrir naturalmente en posición vertical —por ejemplo
agachada— en el cual la gravedad ayuda a la salida natural del niño. En la
litotomía existe más probabilidad de descensos lentos, expulsivos prolongados,
sufrimiento fetal y desgarros perineales maternos. Idealmente, el entorno de la
madre en el momento del parto debería ser de tranquilidad, sin prisas, intimidad
y confianza.
PARTO VAGINAL INSTRUMENTAL
Ocasionalmente el parto vaginal debe verse asistido con instrumentos
especiales, como el vacuum (ventosa) o el fórceps (pinza obstétrica), que
prensan la cabeza del feto con la finalidad de asirlo y tirar de él fuera del canal
de parto. Se indica con poca frecuencia en ciertos partos difíciles.
PARTO ABDOMINAL
Cerca del 20% de los partos en países desarrollados como los Estados Unidos,
se realizan quirúrgicamente mediante una operación abdominal llamada
cesárea. No todas las cesáreas son por indicación médica en casos de partos
de alto riesgo, un porcentaje de ellos son electivos, cuando la madre elige por
preferencia que su bebé no nazca vaginal.
2.- Inicio del parto
Se espera que el parto de una mujer ocurra entre las semanas 37 y 42
completas desde la fecha de la última menstruación. El inicio del trabajo de
parto varía entre una mujer y otra, siendo las signos más frecuentes, la
expulsión del tapón mucoso cervical, la aparición de leves espasmos uterinos a
intervalos menores de uno cada diez minutos, aumento de la presión pélvica
con frecuencia urinaria, la ruptura de las membranas que envuelven al líquido
amniótico —con el consecuente derramamiento del voluminoso líquido— con
indicios de secreciones con sangre.
TRABAJO DE PARTO FALSO
La aparición de contracciones uterinas breves e irregulares —tanto en intervalo
como en duración— sin cambios cervicales se denomina trabajo de parto falso
o falsa labor.
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A menudo resulta conflictivo, en especial durante los días finales del embarazo,
decidir si se ha comenzado el trabajo de parto o la aparición de ciertos signos
es una falsa alarma, en especial si se sienten contracciones que no aumenten
en intensidad y frecuencia. Las contracciones leves previas a las verdaderas
contracciones del trabajo de parto son normales y llevan el nombre de
contracciones de Braxton Hicks. Además de ser contracciones leves, son
esporádicas, no tienen un patrón definido y tienden a desaparecer con el
descansar, cambiar de posición, baños tibios y la hidratación. Es importante
realizar un correcto diagnóstico del inicio de la fase activa del parto, ya que un
error en el mismo puede conducir a una serie de intervenciones en el parto que
no son necesarias.
3.- Etapas del parto
Se desconocen cuáles son las causas que precipitan el parto, pero se cree que
determinadas sustancias producidas por la placenta, la madre o el feto, y de
factores mecánicos como el tamaño del bebé y su efecto sobre el músculo
uterino contribuyen al parto. Por lo tanto los efectos coordinados de todos estos
factores son probablemente la causa de la aparición del trabajo del parto.
Se habla de inicio del parto cuando se conjugan varias situaciones como son
las contracciones uterinas, el borramiento (o acortamiento de la longitud del
cervix) y la dilatación del cuello uterino. La fase activa del parto suele iniciarse
a partir de los 4 cm de dilatación del cuello uterino.
Prodrómico o preparto
Es un periodo excluido del trabajo del parto el cual no tiene un inicio definido,
comienza con la aparición progresiva de un conjunto de síntomas y signos que
le servirán a la madre para darse cuenta que se aproxima el momento del
parto, aunque no siempre en forma inmediata. Este periodo puede durar hasta
dos semanas y finaliza con la dilatación del útero. No todas las embarazadas
perciben que están pasando por la etapa del preparto, por tanto, comienzan
directamente con las contracciones rítmicas características del trabajo de parto.
Durante este periodo se produce un incremento progresivo de la frecuencia e
intensidad de las contracciones, se expulsa a veces el tapón mucoso y se
incrementan las molestias a nivel de la pelvis.
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Dilatación
El primer período del trabajo de parto tiene como finalidad dilatar el cuello
uterino. Se produce cuando las contracciones uterinas empiezan a aparecer
con mayor frecuencia, aproximadamente cada 3 - 15 minutos, con una duración
de 30 segundos o más cada una y de una intensidad creciente. Las
contracciones son cada vez más frecuentes y más intensas, hasta una cada
dos minutos y producen el borramiento o adelgazamiento y la dilatación del
cuello del útero, lo que permite denominar a este período como período de
dilatación. La duración de este periodo es variable según si la mujer ha tenido
trabajos de parto anteriores (en el caso de las primerizas hasta 18 horas) y se
divide en: fase latente, fase activa y fase de desaceleración. La etapa termina
con la dilatación completa (10 centímetros) y borramiento del cuello uterino.
Usualmente entre la dilatación completa y la fase de nacimiento se da un corto
periodo de latencia en el que las contracciones desaparecen por completo.
Nacimiento o expulsión
También llamada período
expulsivo o período de pujar y
termina con el nacimiento del
bebé. Es el paso del recién
nacido a través del canal del
parto, desde el útero hasta el
exterior, gracias a las
contracciones involuntarias
uterinas y a poderosas
contracciones abdominales o
pujos maternos. En el período
expulsivo o segundo período
distinguimos dos fases: la fase
temprana no expulsiva, en la
que la dilatación es completa, y no existe deseo de pujar ya que la
presentación fetal no ha descendido y la fase avanzada expulsiva, en la que al
llegar la parte fetal al suelo de la pelvis, se produce deseo de pujo materno.
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Es deseable no forzar los pujos hasta que la madre sienta esta sensación, para
no interferir con el normal desarrollo del parto.
Alumbramiento
Comienza en la expulsión de la placenta, el cordón umbilical y las membranas;
esto lleva entre 5 y 30 minutos. El descenso del cordón umbilical por la vulva
después del parto es una indicación del desprendimiento final de la placenta,
cuanto más sale el cordón, más avanza la placenta hacia fuera de la cavidad
uterina. Ese movimiento natural del cordón umbilical proporcional al descenso
de la placenta se conoce con el nombre de signo de Ahlfeld.
El desprendimiento de la placenta ocurre en dos posibles mecanismos. El
primero el desprendimiento ocurre en el centro de la unión útero-placentaria,
mecanismo conocido como mecanismo de Baudelocque-Schultze y por lo
general son cerca del 95% de los casos. Menos frecuente es cuando la
placenta se desgarra inicialmente de los lados de la unión útero-placentaria,
conocido como el mecanismo de Baudelocque-Duncan. Las contracciones
uterinas continúan durante el descenso de la placenta, las cuales ayudan a
comprimir los vasos terminales del miometrio que pierden su utilidad después
del parto, proceso que se conoce en obstetricia como las ligaduras vivas de
Pinard.
Para muchos autores en el alumbramiento termina el período del parto, pero
otros consideran un cuarto periodo que sería el de recuperación inmediata y
que finaliza dos horas después del alumbramiento. En este período
denominado "puerperio inmediato", la madre y el niño deben estar juntos para
favorecer el inicio de la lactancia, la seguridad del niño y su tranquilidad. En
este sentido, se emplea el concepto "alojamiento conjunto" para designar la
permanencia del bebé en el mismo cuarto que su progenitora, mientras se
encuentran en el hospital o lugar del alumbramiento. Para favorecer ese
"alojamiento conjunto" e instaurar una lactancia exitosa es de vital importancia
el descanso y la tranquilidad de la madre y el recién nacido, por lo que se
deberían reducir en número y duración las visitas por parte del entorno durante
los primeros días.
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Mecanismo del parto
Durante la mecánica del parto, los diámetros menores del feto pasan por los
diámetros mayores de la pelvis materna. Con el fin de no quedar encajado en
algún punto durante su trayectoria fuera del útero, el neonato pasa por una
serie de movimientos naturales que constituyen el mecanismo del parto.
Descenso: ocurre por acción de la gravedad una vez dilatado el cuello uterino,
así como de las poderosas contracciones uterinas y de los músculos
abdominales maternos. El descenso tiende a ser lentamente progresivo basado
en la estructura pélvica materna.
Flexión: la cabeza del feto se flexiona, de modo que el mentón fetal hace
contacto con su pecho, al encontrarse el primer punto de resistencia del piso
pélvico.
Encajamiento: el diámetro de la cabeza del feto que va desde un hueso
parietal al opuesto, llamado diámetro biparietal, alcanza el estrecho superior de
la pelvis a nivel de las espinas isquiáticas. Por lo general ocurre en la fase
tardía del embarazo, justo al iniciarse el trabajo de parto.
Rotación interna: ocurre en el estrecho medio de la pelvis, cuando el feto, al
continuar su descenso, hace una rotación de 90º en el sentido contrario a las
agujas del reloj, de modo de adaptarse a la configuración romboidal de los
músculos del piso pélvico, entre el músculo elevador del ano y los ileocoxígeos.
Así, la cara del bebé está dirigida mirando hacia el recto materno.
Extensión: la cabeza del feto atraviesa el canal del parto, se extiende de tal
manera que la frente se desplaza primero por el orificio vulvar. La cabeza está
por debajo de la sínfisis púbica y ha distendido al máximo el perineo.
Rotación externa: una vez que ha salido la cabeza, se gira 45º para restaurar
su posición original antes de la rotación interna y quedar en posición normal en
relación con los hombros. Se denomina por ella la restitución, haciendo el paso
de los hombros más factible.
Expulsión: el hombro púbico tiende a salir primero, seguido por el hombro
perineal. El resto del cuerpo sale por sí solo con una leve impulsión materna.
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Estos movimientos son todos debido a la relación que existe entre la cabeza
ósea y hombros del feto y el anillo óseo de la pelvis materna.
Fisiología del parto
El inicio de las contracciones uterinas puede que se deba a un aumento de la
concentración de ciertas prostaglandinas y del aumento en el número de
receptores para la oxitocina. Los amnios y el corion producen fosfolípidos que
son metabolizados en ácido araquidónico, del cual se sintetizan los
eicosanoides prostaglandina I (PGI) y F (PGF), los cuales aumentan durante el
parto humano. En total, los cambios bioquímicos que anteceden al trabajo de
parto tienen como finalidad liberar al miometrio de los elementos inhibitorios
presentes durante el embarazo, como la progesterona, prostaciclinas, relaxina,
lactógeno placentario humano y el óxido nítrico. A su vez, el útero es activado o
estimulado por otras proteínas asociadas a la contracción muscular, como la
oxitocina y otras prostaglandinas estimuladoras.
Control del trabajo de parto
Los centros asistenciales equipados con salas de parto tienen diferentes
procedimientos y protocolos en la atención del parto. Entre los más frecuentes
usados para el monitoreo de la madre y su bebé, están:
Auscultación: de la frecuencia cardíaca fetal (FCF) usando un estetoscopio o
con ultrasonido. En algunos centros se acostumbra imprimir el control de los
latidos del feto, y en otros son apuntados en un partograma por el personal de
atención al parto. Se recomienda auscultar la FCF de forma intermitente,
durante 60 segundos como mínimo, cada 15 minutos en el periodo de
dilatación y cada 5 minutos en el periodo de expulsivo. La auscultación
intermitente deberá interrumpirse y sustituirse por la monitorización continua
cuando aparezcan alteraciones en la FCF o en la evolución del parto.
Dinámica uterina: el control de las contracciones uterinas puede ser realizado
de manera mecánica, usando un manómetro y ocasionalmente un catéter de
presión intrauterino el cual brinda lecturas más precisas de las contracciones
uterinas y de los latidos fetales.
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Control de signos vitales: tales como el pulso, la Presión arterial y la
frecuencia respiratoria de la madre durante el trabajo de parto. Todos estos
valores son registrados en un partograma que dura mientras dure el trabajo de
parto.
El tacto vaginal es el método más aceptado para valorar el progreso del parto.
El número de tactos debe limitarse a los estrictamente necesarios. Éstos
suelen ser experimentados por las mujeres como una fuente de ansiedad, ya
que invaden su privacidad e intimidad. Siempre que sea posible deben ser
realizados por la misma matrona, ya que se trata de una medida con un
componente de subjetividad.
La vigilancia clínica de la evolución del trabajo de parto puede prevenir,
detectar y manejar la aparición de complicaciones que pueden desencadenar
daño, a veces irreversible o fatal para la madre y el recién nacido. El estudio de
la frecuencia cardiaca fetal constituye el método más utilizado actualmente
para conocer el estado de oxigenación del feto. El control de la frecuencia
cardiaca fetal (FCF) durante el parto puede realizarse de manera intermitente
mediante el estetoscopio de Pinard o utilizando ultrasonidos (Doppler) en las
mujeres de bajo riesgo y con una evolución normal del parto.
Lesiones del canal blando del parto
En el momento del parto es frecuente que la zona perineal sufra daños que
pueden ser más o menos importantes. Existen una serie de factores que
pueden influir en su aparición: el masaje perineal prenatal, la paridad, la
posición en el expulsivo, el profesional que asiste el parto, la práctica o no de
episiotomía, la macrosomía fetal, el tiempo de duración del expulsivo y la
analgesia epidural. También son más frecuentes las lesiones si se trata de un
parto instrumental, particularmente si se usan fórceps. La posición en el
expulsivo determina en gran medida el posible trauma perineal:
En la posición lateral se consiguen más perinés intactos (66,6%).
Se practican más episiotomías en la posición semisentada o en decúbito
supino que en cualquier otra posición, sobre todo en mujeres nulíparas.
En las posiciones verticales (de pie y cuclillas) se producen menos
episiotomías, aunque esto se encuentra contrarrestado, en parte, por un
aumento de los desgarros perineales de segundo grado, así como de
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laceraciones y desgarros labiales. Asimismo, se producen escasos desgarros
de tercer grado, y de los que aparecen, existe una incidencia siete veces mayor
en posiciones verticales sin apoyo (cuclillas, rodillas o de pie) que en las
verticales con apoyo (taburete o silla de partos).
Una mayor cantidad de traumatismos perineales (>53%) y la tasa más baja de
perinés intactos (<42%) se dan en la posición de cuclillas para las nulíparas.
También en nulíparas se produce la tasa más alta de desgarros de tercer grado
(3,2 comparado con el 0,9% del total).
Por tanto, las posiciones menos lesivas para el periné en el expulsivo son la
posición lateral o las posiciones verticales con apoyo. Sin embargo, puesto que
en las revisiones efectuadas los resultados no son concluyentes, se debe dejar
a la mujer elegir la postura en la que se encuentre más cómoda. La episiotomía
Según la OMS (1996), el uso indiscriminado de episiotomías tiene efectos
perjudiciales y, por tanto, se aconseja su uso restringido en el parto normal. Un
porcentaje del 10% de episiotomías sin que se produzcan lesiones en la madre
o el bebé sería un buen objetivo a alcanzar. Entre los beneficios de esta
práctica se encuentra el hecho de que previene el traumatismo perineal de la
zona anterior, y entre sus inconvenientes:
Mayor lesión perineal y sus secuelas.
No previene la debilidad de la musculatura del suelo pélvico y sus secuelas.
No protege al feto de la asfixia intraparto.
Aumenta la pérdida sanguínea de la mujer.
Incrementa la profundidad media de los desgarros perineales posteriores.
Aumenta el riesgo de lesión al esfínter anal.
Incrementa los problemas de cicatrización y el dolor en los primeros días
posparto.
En función de los datos anteriores, se recomienda el uso restrictivo de la
episiotomía únicamente en las indicaciones maternas o fetales siguientes:
• Riesgo de pérdida del bienestar fetal.
• Parto vaginal complicado.
• Cicatrices de mutilación de los genitales femeninos o de desgarros de tercer o
cuarto grado anteriores mal curados
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