EL ACERTIJO
Hace mucho tiempo en el inka qhapaq suyu existió un inka muy sabio y rico el
cual decidió compartir toda su atipay. Este inka llevaba el nombre de
ANCASHUA, de wayna libró muchas maqanakuykuna y gracias a estas logró
acumular mucha atipay y a su vez yachay pues aprendió de cada suceso que
en su vida experimentó.
ANCASHUA siempre fue buena persona y más aún buen kamachikuq pues
veló todo tiempo por el bienestar de su llaqta. Sin embargo, este inka aun
cuando era wayna padeció un terrible suceso, una rara unquy laq’asqa su vida.
Un día mientras daba un rimay al llaqta en honor a las cosechas logradas, se
desmayó sin explicación alguna y el llaqta entro en crisis. Llapankutaq
mañakurqanku a los dioses para que su kamachikuq recuperase su salud, pero
no pudieron lograr nada.
Los mejores hampiqkuna de todo el imperio fueron llamados, pero ninguno
pudo hacerle frente a lo que padecía el kamachikuq. Viendo el inca su fin a la
vuelta de la esquina paymi chayta decidirqan repartir toda su atipay a quien
resolviera un acertijo el cual poseía la kichana de la habitación en la cual
estaba toda su riqueza. Así fue como tras achka tutakuna de pensar solo en su
recamara tarisqa un enigma a la talla de su atipay: “¿Qué es lo que siempre
esta delante de ti, pero nunca puedes ver?”
Del mismo modo que al reino acudieron hampiqkuna lo hicieron yuyyaysapa
runakuna de toda la pacha pues eran conscientes de toda la atipay que este
inka had. Sin embargo, manas pipas allichayta atirqachu e incluso chayta
suwayta munarqanku. El inka estaba angustiado porque nadie podía resolver
aquel acertijo y pensó que fue muy egoísta de su parte poner impedimentos
para dar su atipay por ello decidió cambiarlo, pero esto fue impedido por una
pequeña sipascha la cual vivía a las afueras del imperio, esta llegó a su
palacio diciendo saber la kutichiy de su acertijo y que necesita el botín pues su
mama estaba muy unpu. Los kamachikuna hicieron pasar a la sipascha hasta
habitación en la cual el inka se encontraba y esta le dijo: “Majestad es el futuro,
la repuesta a su acertijo es esa”.
El inka se sorprendió de la sabiduría de la sipascha y rápidamente ordenó
otorgar la kichana a la sipascha pues había sido ella la única en resolver el
enigma. Los kamachikuna obedecieron rápidamente la orden de su soberano y
fueron en busca de la kichana. Al volver a la habitación del inca solo hallaron a
la sipascha y esta les dijo que el inka se desvaneció luego de haber brillado
más que ningún otro astro. Y fue así como esta niña gracias a la obra de aquel
inka pudo salvar la vida de su mama y vivir feliz junto a ella.