DECLARACIÓN DE FE
DE LAS
IGLESIAS QUE INTEGRAN LA
ASOCIACIÓN BAUTISTA
MISIONERA MEXICANA
ARTÍCULO DÉCIMO SÉPTIMO
DOCTRINA DE
“EL GOBIERNO CIVIL”
MAESTRO
VERSÍCULO CLAVE:
1ª a Timoteo 2:1-2. “1Exhorto ante todo, a que se hagan
rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por
todos los hombres, 2por los reyes y por todos que están en
eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda
piedad y honestidad”.
OBJETIVO:
Que cada creyente entienda que, entre las diversas instituciones
que el Señor estableció, hay dos muy importantes con las que
tiene estrecha relación: El gobierno y la Iglesia, cada una con
una función específica. Que entienda también que de su
relación con las mismas surgen derechos por ejercer y
responsabilidades por cumplir.
“EL GOBIERNO CIVIL”
“Creemos que el gobierno civil está puesto por Dios para el
bienestar y el orden de la sociedad humana (Éxodo 18:21-22; 2º
de Samuel 23:3; Romanos 13:1-7), y que debemos orar por los
magistrados, honrándoles en conciencia, y obedeciéndoles (1ª a
Timoteo 2:1-2; Tito 3:1; 1ª de Pedro 2:13-17), salvo en aquellas cosas
que sean opuestas a la voluntad del Señor, único dueño de la
conciencia (Hechos 4:18-20; 23:1-5), y que debe haber una
separación completa entre el Estado y la Iglesia, cada cual
siendo una cosa buena e importante en su lugar (Mateo 22:21;
Efesios 1:22).
INTRODUCCIÓN
Dios originalmente gobernó al hombre a través de una
comunión espiritual, personal e inmediata. Esta forma perfecta
de gobierno se vio radicalmente afectada a causa del pecado
del hombre, funcionando a partir de entonces en una manera
imperfecta. No obstante, esta forma de gobierno continuó hasta
que la maldad de los hombres fue tal en la tierra, y sus
pensamientos de continuo hacer el mal, que Dios decidió raer a
todos los hombres de sobre la faz de la tierra, excepto a Noé, y
a su familia, quien halló gracia delante de Dios.
En el principio, Dios no permitió al hombre vengar la muerte
de Abel (Génesis 4:15), y tampoco usó alguna agencia humana
para traer el Diluvio sobre la tierra. Pero después del Diluvio
universal, Dios hizo un cambio de gobierno del nuevo mundo,
dándole autoridad al hombre para ejecutar a los homicidas: “El
que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será
derramada porque a imagen de Dios es hecho el hombre”
(Génesis 9:6). Dios no estaba abdicando para permitir al hombre
tomar control del gobierno sino que estaba permitiéndole,
como Su representante sobre la tierra, ejercer una autoridad
que Él se había guardado para Sí mismo anteriormente.
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Después del incidente de la torre de Babel (Génesis 11), que fue
una rebelión contra Dios, Él esparció a los hombres sobre la faz
de la tierra conforme a Su plan original (Génesis 1:28-31). Dios
llamó a Abraham y lo hizo cabeza de una nación para
establecer Su gobierno y para establecer así la relación entre el
elemento divino y el elemento humano en el gobierno.
Al poblar la tierra prometida con su pueblo peculiar, le dio un
gobierno diferente de los demás pueblos: “. . . se levantaron
ancianos y jueces para dirigir al pueblo. . . pero el pueblo se
rebeló y pidió. . . un rey que lo juzgue” (1º de Samuel 8:7).
¿No es interesante, a la vez que obvio, que la raíz del gobierno
civil nazca en el terreno de la desobediencia y rebelión contra
Dios? Después de varios años de altibajos, Israel fue llevado
cautivo y se le formuló la pregunta: “¿Dónde está tu rey…?”
(Oseas 13:10).
Dios sigue permitiendo que estemos bajo la autoridad humana
por nuestra naturaleza, pero no debemos olvidar que, en el
análisis final, estamos bajo Su gobierno espiritual. (Romanos
13:1; Daniel 4:17)
I. EL ORIGEN DEL GOBIERNO CIVIL
1. ¿Cuál es la enseñanza de Jesucristo respecto a nuestra
ciudadanía, según Mateo 22:21?
RESPUESTA: El Señor Jesucristo estableció que el creyente
tiene dos ciudadanías: la ciudadanía del reino de los cielos y
la ciudadanía de esta tierra, con las cuales tiene ciertas
responsabilidades.
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2. Lea Filipenses 3:20 y responda: ¿Cuándo somos hechos
ciudadanos del cielo?
RESPUESTA: Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro
Salvador personal somos hechos ciudadanos del cielo, pero
todavía vivimos en este mundo y somos ciudadanos también
de algún país.
3. ¿Qué tenemos que reconocer respecto al origen del
gobierno civil, según Romanos 13:1-2?
RESPUESTA: Hay que reconocer que Dios lo ha establecido y
obra por medio de las autoridades.
4. ¿Qué enseña el profeta Daniel con respecto al gobierno
civil en Daniel 2:20-21?
RESPUESTA: El profeta Daniel expresa que el poder y la
sabiduría son del Señor. Él cambia los tiempos, pone y quita
a los reyes y da a los hombres sabiduría y entendimiento.
5. ¿Qué es lo que el Señor revela a Salomón en Proverbios
8:15-16?
RESPUESTA: El Señor le hace saber que es por Su autoridad
que los reyes gobiernan y determinan justicia; que por Él
dominan los reyes y es Él quien da la capacidad de juzgar a
los gobernantes.
6. ¿Qué expresó Jesucristo a Pilato respecto a la autoridad?
Juan 19:11
RESPUESTA: Qué él no tenía autoridad alguna, excepto la que
le era dada por Dios.
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Concluimos así que la bondad de Dios hacia el hombre se ve
en la doble provisión que Él hizo para gobernar, cuidar y
proteger al hombre: 1) en lo espiritual, por medio de la
iglesia; 2) en lo material, por medio del estado. La Biblia
enseña que la autoridad del gobierno civil y la autoridad de
la iglesia son ordenadas por Dios. Pablo lo expresó, diciendo
que “. . . no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que
hay, por Dios han sido establecidas” Romanos 13:2.
II. EL PROPÓSITO DEL GOBIERNO CIVIL
7. Al establecer el Señor el gobierno civil le dio varios
propósitos; menciónelos según los derive de cada uno de
los siguientes versículos:
a. 1ª a Timoteo 1:8-11.
RESPUESTA: El propósito del gobierno es castigar a los
transgresores.
b. Hechos 25:7-12.
RESPUESTA: Otro propósito es proteger de la violencia de
los malos a los que obedecen las leyes.
c. 1ª a Timoteo 2:1-2.
RESPUESTA: El gobierno civil debe proporcionar a los
ciudadanos una vida tranquila y pacífica con toda piedad
y dignidad.
8. ¿Qué otro propósito da Dios a quienes imparten justicia,
según el Salmo 82:3-4?
RESPUESTA: Defender al débil y al huérfano; hacer justicia
al afligido y al menesteroso; liberar al afligido y
necesitado de la mano del impío.
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III. EL CREYENTE Y EL GOBIERNO CIVIL
9. ¿Cuál es la responsabilidad del creyente en cuanto al
gobierno civil, según 1ª a Timoteo 2:1-2?
RESPUESTA: Hacer rogativas, oraciones, peticiones y
acciones de gracias por todos los hombres y por todos
los que están en autoridad, para que haya paz y
descanso.
10. ¿Cuál es la exhortación de Pablo para los creyentes de la
isla de Creta, con base en Tito 3:1?
RESPUESTA: Que los creyentes se sujeten a los
gobernantes y autoridades, que obedezcan y que
siempre estén dispuestos a hacer lo bueno.
11. ¿Cuál es la recomendación del apóstol Pedro respeto a
los gobernantes? 1ª de Pedro 2:13-17
RESPUESTA: Someterse a toda autoridad humana, a los
gobernantes.
12. Lea Hechos 5:29 y luego responda: ¿Hay algún límite en
cuanto a la sujeción a la autoridad civil?
RESPUESTA: El único límite impuesto a la sujeción a las
autoridades civiles existentes lo constituye el hecho de
que el cristiano debe obediencia absoluta a Dios antes
que a los hombres.
La forma particular de gobierno establecida no es de
importancia esencial para la responsabilidad del cristiano, el
principio o la regla de obediencia permanece intacta en lo
que respecta a los hombres. El cristiano está obligado por
este precepto a rendir obediencia y honor al poder
gobernante, sin importar su calidad. Este mismo deber de
obediencia se aplica a todas las autoridades subordinadas.
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Como ya se dijo, si se diera el caso que el cristiano se viera
obligado a no obedecer a las autoridades, él no debe sin
embargo resistirlas. Resistir a la autoridad, es resistir a lo
establecido por Dios (Romanos 13:2). La alternativa para el
cristiano que no puede obedecer un mandamiento humano
que implica la desobediencia a la voluntad de Dios es
soportar, no resistir.
IV. LA IGLESIA Y EL GOBIERNO CIVIL
Entendemos que debe haber una separación entre la
iglesia y el Estado. El ideal es una iglesia libre dentro de
un Estado libre. Este principio aboga por una iglesia libre
de la autoridad y coerción del Estado, con creyentes que
ejercen su derecho de libertad religiosa y que por
voluntad propia, no por imposición de las autoridades
civiles, integran la iglesia que sus conciencias les dicten, y
que el Estado no tenga un poder absoluto. Creemos que la
iglesia y el Gobierno Civil tienen distintas esferas de
operación y que cada uno debe operar en su propia esfera
sin interferencia o coerción del otro.
Charles L. Neal, afirma en su libro “Los Bautistas a través
de los siglos”, pp. 339-340: “Ni el Estado debe estar sobre
la iglesia, ni la iglesia sobre el Estado, sino que el Estado y
la iglesia deben estar completamente separados. Cada uno
tiene su propio hemisferio, el uno no puede traspasar el
hemisferio del otro. El Estado no tiene derecho de dictar
cómo el hombre debe adorar a Dios, ni la iglesia tiene
derecho de dictar qué clase de economía debe hacer el
Estado”
Iglesia Bautista Berea de Monterrey, A. R. 7
La iglesia y el Estado deben estar separados porque hay
muchas diferencias entre ellos,
a. Tienen razón de ser distintas. La iglesia está para
predicar el Evangelio. El Estado para administrar justicia.
b. Tiene pueblos distintos. La iglesia se compone de
creyentes. El Estado de todos los que nacen en su área de
jurisdicción.
c. Tiene métodos distintos. La iglesia usa la persuasión
de las Escrituras. El Estado la ley y la coerción.
d. Tienen administraciones distintas. La iglesia bajo el
Señorío de Cristo viviente. El Estado bajo el principio de la
autoridad elegida.
e. Tienen fuentes de sostén distintas. La iglesia los
diezmos y las ofrendas voluntarias. El Estado los
impuestos obligatorios.
f. Tienen programas de educación distintas. La iglesia
un programa doctrinal basado en la Palabra de Dios. El
Estado un programa público con el fin de promover la
preparación intelectual de la ciudadanía.
g. Tienen propósitos distintos. La iglesia bajo la
dirección de Dios y la luz de la Palabra de Dios procura
dirigir al hombre en su vida personal. El Estado tiene
leyes para el hombre secular. La iglesia es para el
bienestar del hombre interior. El Estado para el bienestar
del hombre exterior.
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V. APLICACIÓN
1. ¿Qué debe hacer el creyente respecto a las autoridades
civiles?
RESPUESTA: Orar por ellas, obedecerlas sujetándose a las
leyes civiles, pagar sus impuestos y honrándolos en
conciencia.
2. ¿En qué casos podemos negarnos a la sujeción de la
autoridad civil?
RESPUESTA: (En aquellos casos en que sean opuestos a la
voluntad del Señor, único dueño y Príncipe de los reyes de la
tierra)
3. ¿A quién debe su razón de ser el gobierno civil?
RESPUESTA: (El gobierno civil existe por disposición divina
para los intereses y el buen orden de la sociedad humana)
4. ¿Por qué debe haber separación del Estado y la iglesia?
RESPUESTA: (Porque cada una tiene propósitos distintos y
cada cual útil e importante en su lugar)
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APÉNDICE PARA EL MAESTRO
El principio de la separación Estado-Iglesia es un Principio
Bíblico. Nació de la interpretación bíblica aplicada a la política.
Emana al considerar verdades bíblicas.
a. La enseñanza bíblica en cuanto al gobierno civil. La
Biblia claramente presenta la ley y el orden como partes del
designio de Dios para el bienestar del hombre, por eso el
Estado debe ser, cuando está en su órbita correcta, un
instrumento para servir al propósito divino (Romanos 13:1-7; 1ª
de Pedro 2:13-14). Las Escrituras reconocen la existencia del
Estado y animan a los creyentes a respetar, obedecer, sostener y
orar por el Estado (1ª a Timoteo 2:1-2). Nuestro Señor Jesucristo
reconoció el Estado (Mateo 22:21), pero distinguía
cuidadosamente entre una ciudadanía celestial y otra terrenal.
b. La enseñanza en cuanto a la Soberanía de Dios (Mateo
18:18). Creemos que el César tiene su autoridad, pero que es
una autoridad limitada por la de Dios. El estado que sale de su
esfera asignada y usurpa la autoridad de Dios, no puede contar
con el apoyo del verdadero creyente. “Dad a Dios lo que es de
Dios. . .” Es nuestra lealtad suprema.
c. La enseñanza de la pecaminosidad de la naturaleza
humana (Romanos 3:23). El hombre es falible. Y este estado
pecaminoso humano hace sospechar sobre la conveniencia que
tenga todo el poder. Creemos que un poder sin límites en el
hombre termina rebelándose contra Dios.
d. La enseñanza de la naturaleza del reino de Cristo (Juan
18:36). El reino de Cristo no es de este mundo. No tiene trono
visible o terrenal. No obstante su reino es universal,
comprendiéndolo todo, porque a Él le es dada toda potestad en
el cielo y en la tierra. Reina con el cetro de la soberanía
universal. Todas las potestades del mundo, sean tronos,
señoríos, principados y potestades, le están sujetos y cumplen
sus mandatos. Todas las fuerzas del universo material y
espiritual son gobernadas por su autoridad. Él es el Rey de
reyes y Señor de señores.
10 Iglesia Bautista Berea de Monterrey, A. R.
e. La enseñanza del sacerdocio del creyente (Efesios 2:5-10).
Hay unos principios inherentes a la doctrina del sacerdocio de
los creyentes. Debido a que su fidelidad es solamente a Dios,
los cristianos son sacerdotes de Dios y de Cristo, no son
sacerdotes del Estado. El “nacionalismo”, en cualquier país, no
puede llegar a ser “Dios”. Si así fuera, el cristiano solo sería un
ciudadano mediocre, y con un discipulado herético. Para el
verdadero creyente el Estado siempre estará subordinado al
Señorío de Cristo.
f. La enseñanza de una iglesia local y espiritual (Mateo
16:18). Es decir, el principio de la libertad religiosa; una iglesia
cuyos miembros tengan libertad de conciencia, libertad de culto
y libertad de propagación de su fe. Estos rasgos no se dan si la
iglesia está sujeta al Estado.
g. La enseñanza de la doble ciudadanía del creyente
(Mateo 22:21). Nuestro Señor Jesucristo reconoció la existencia
del César. Sabemos que el gobierno civil existe por disposición
divina; por esto debe ser honrado en conciencia y obediencia.
Debemos estar sujetos a las autoridades superiores como
excelentes ciudadanos. El Señor enseñó: “Dad al César lo que
es del César. . . “. Pero el creyente también es ciudadano del
reino de los cielos (Filipenses 3:20), por eso el Señor también dijo:
“. . . y a Dios lo que es de Dios”.
Por todo lo anterior, del César el creyente pide libertad de
conciencias para todos. Al César, el creyente ofrece una
ciudadanía responsable y ante César, el creyente afirma
solamente un soberano: El Señor Jesucristo.
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