Canal 2
#Reflexión CICATRICES DE AMOR
En un día caluroso de verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar en la laguna
detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz.
No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba.
Su mamá desde la casa miraba por la ventana, vio con horror lo que sucedía. Enseguida
corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el niño se alarmó y viró
nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. Desde el muelle la mamá agarró al
niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba
determinada, con toda la fuerza de su corazón. El cocodrilo más fuerte pero la mamá era
mucho más apasionada y su amor no lo abandonaba.
Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al
cocodrilo.
El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aun pudo llegar a caminar.
Cuando salió del trauma un periodista le preguntó si le quería enseñar las cicatrices de sus
pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango
las mangas y señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: "Pero las que usted debe
ver son estas". Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con fuerza.
"las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida".
Nosotros también tenemos las cicatrices de un pasado doloroso. Algunas son causadas
por nuestros pecados, pero algunas son la huella de Dios que nos ha sostenido con fuerza
para que no caigamos en las garras del enemigo asesino.
Algunas veces nos conducimos tontamente en algunas situaciones peligrosas. La vida está
repleta de riesgos y nos olvidamos que el enemigo nos espera para atacarnos. Ahí es
cuando empieza la lucha de halar y tirar. Si tienes las cicatrices de Su amor en tus brazos,
se muy, pero muy agradecido. El no te soltó y no te dejará ir.