Problemas Del Derecho Notarial y Registral
Problemas Del Derecho Notarial y Registral
Jorge Andrés Wyld De Nes
Universidad Francisco Marroquín
Facultad de Derecho
Guatemala, diciembre de 1999
A mi familia, mis profesores y amigos
Problemas actuales del Derecho notarial y registral guatemalteco
I. Importancia de la actividad notarial y registral en el Derecho guatemalteco
II. Problemas contemporáneos en el ejercicio del Notariado
III. Urgencia de la Reforma Registral en Guatemala
IV. Un nuevo ente fiscalizador del Notariado y registros
Introducción
Tanto los juristas como los usuarios de los servicios registrales y notariales en Guatemala se
quejan continuamente sobre la lentitud y el desorden que causan la falta de seguridad en los
actos y negocios de toda índole. Resulta pues de suma importancia escudriñar con detalle las
causas de esta situación. Mas sería apropiado no sólo estudiar las razones de la debacle, sino
también proponer soluciones concretas. Al tener estos tres elementos en mente (causas,
efectos y soluciones) se podrá realmente avanzar en cuanto a la problemática registral y
notarial. Así pues, se investigará la importancia de estas materias, los problemas que
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actualmente enfrentan, las soluciones que otros han propuesto, y la creación de un sistema
nuevo de fiscalización.
Primeramente se tiene que hacer la pregunta, ¿cuál es la importancia o relevancia de estas
dos formas de proveer seguridad jurídica? Podría concluirse que ni el notariado ni el sistema
registral tienen importancia que merezca su existencia, desde un punto de vista utilitarista. Sin
embargo, existe una prueba aún más sobresaliente a la utilidad de las instituciones, cual es si
éstas permiten que se dé la justicia; y en última instancia la libertad. Si la respuesta a
cualquiera de estas interrogantes fuere negativa, deberíamos detener la marcha y desechar la
institución del notariado y la del registro de nuestra normativa. El resultado de la investigación
fue que si bien el sistema actual adolece de muchas fallas, sí promovería la justicia y la
eficiencia si existiere un mecanismo de fiscalización administrativo. Durante todo el trabajo se
trató de mantener en mente tanto las consideraciones de utilidad, como las de justicia, para
complacer a practicantes y juristas. Por esto mismo se incluyó fallos de la Corte de
Constitucionalidad y la doctrina de los autores, así como propuestas propias del autor. Los
practicantes, tanto abogados, como notarios, encontrarán asideros interesantes y útiles para
llevar a cabo una práctica basada en principios fundamentales de estas ciencias del Derecho,
cuyo conocimiento resulta necesario, especialmente cuando se enfrenta casos complejos. Los
juristas podrán sentirse satisfechos con saber que el notariado y los registros sí promueven la
justicia, siempre que existan formas de fiscalizar estas actividades.
Los problemas y defectos que se encuentran y describen en este trabajo sólo se exponen con
la intención de proponer un debate doctrinario. No se toma en cuenta los avances loables que
recientemente se han dado en el tema registral. Esto se debe a que éstos no se han
encaminado a resolver los problemas de fondo, los cuales se tratan de esbozar en este
estudio. Cabe decir que dichos problemas de ninguna forma son fáciles de resolver, y que han
estado presentes desde hace mucho tiempo, lo cual se trata de probar con exposición de la
historia de las instituciones. Sin embargo, es impostergable sacar a luz y ver claramente cuáles
son los valladares para que el sistema notarial y registral mejore. Nada menos que la vida y el
patrimonio de muchos guatemaltecos está en juego cuando éste no funciona. También resulta
alarmante la falta de propuestas sensatas para acabar con los flagelos que agobian la práctica
y que, en última instancia, hace que la comunidad vea de menos a los profesionales de la
enoblecedora carrera de Derecho.
CAPÍTULO I
Importancia de la actividad notarial y registral en el Derecho guatemalteco
Introducción
Resulta de mucho provecho tanto para los juristas, como para los profesionales del Derecho,
entender los efectos y aplicar las consecuencias de la actividad notarial y registral en
Guatemala. Ambos surgen de la necesidad de seguridad jurídica respecto de la interacción
social. Los actos notariales y registrales se relacionan con los más variados aspectos del
Derecho, en algunos casos dándoles la vida misma. El interés al profesional práctico es que al
saber estos temas a profundidad, podrán planificar mejor su estrategia en procesos judiciales o
en la estructuración de una negociación. Asimismo, podrán encontrar más fácilmente fallas o
errores que hagan nulos muchos actos que sin saberlo podrían dejar pasar oportunidades de
ganar un juicio. Todo esto no en afán de rendir culto al formulismo o formalismo innecesario,
como tantos ignorantemente creen. Al mismo tiempo se resalta lo importante que resulta que el
notariado y la actividad registral se realicen conforme a la ley; de otra manera se estaría
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socavando el mismo fundamento del Derecho: la justicia.
1. La seguridad jurídica
1.1 Consideraciones de la Corte de Constitucionalidad
Sin tomar en cuenta los peligros que trae un sistema positivista y de constitución escrita –como
el nuestro–, cabe decir que la Constitución establece que es deber del Estado garantizar a los
habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo
integral de la persona[1]. Esto se debe a que es natural que los hombres se organicen para
proveerse de seguridad mutua; en un principio, la seguridad física, y una vez esa se ha
logrado, la seguridad de sus derechos, que es una derivación de su propia vida.
La Corte de Constitucionalidad se ha pronunciado respecto de la seguridad jurídica en varias
sentencias, especialmente en las de amparo[2]. Por ejemplo, en su primera sentencia de
inconstitucionalidad general[3], consideró que el Estado de Derecho requiere que exista
seguridad jurídica para la convivencia pacífica. Además ha dispuesto que una de las funciones
de la ley es crear seguridad jurídica, cuyo propósito es, entre otros, el de prevenir conflictos.
Las leyes existen para regular instituciones con normas precisas; las que dan certeza y
seguridad jurídica a las personas, a modo de evitar controversias innecesarias[4]. La Corte
sostiene claramente que la seguridad es uno de los principios contenidos en el artículo
segundo de la Constitución[5]. Este órgano jurisdiccional también considera un punto
interesante, –piedra angular de todo sistema jurídico, y posiblemente de vivir en sociedad–,
cual es que “la veracidad […] es base de la seguridad jurídica de la colectividad.”[6]. En un
voto razonado de Edmundo Quiñones Solórzano de la sentencia del 26 de octubre de 1988[7],
éste consideró que la Corte de Constitucionalidad debe defender el principio de seguridad
jurídica que garantiza la Constitución.
Es de suma importancia que la Corte de Constitucionalidad considere la seguridad jurídica con
un alcance tan amplio en nuestro ordenamiento normativo. La seguridad jurídica es un
elemento estructural de la urdimbre de nuestro sistema legal; porque en un sistema donde rige
el positivismo legislativo (contrapuesto a un sistema de precedentes judiciales), es a través de
la legislación que la seguridad toma vida. Si las leyes son ambiguas o no contemplan
instituciones que causan seguridad, no habrá seguridad, formalmente hablando. De aquí que
el análisis que se hace adelante sea mayoritariamente de normas y de exposiciones
doctrinarias.
2. Efectos del acto fedatario notarial
Como se ha visto, la Corte de Constitucionalidad considera la seguridad jurídica como un valor
o elemento indispensable del Estado de Derecho. Ésta da certeza a los actos y negocios
jurídicos, con lo cual las relaciones humanas se pueden dar en paz, haciendo más eficiente
todo tipo de empresa que desarrollan los hombres en libertad. Una de las manifestaciones
precisas de la seguridad jurídica se evidencia en la actuación notarial, siempre y cuando ésta
cumpla con los requisitos legales, y sea fiel reproductora de la verdad. Los efectos de la
actividad notarial son muy variados desde los que afectan los derechos a la personalidad,
hasta efectos sobre las relaciones con otras personas contractual y políticamente[8], debido al
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alcance (como plena prueba) que le otorga la legislación procesal. Así todo, los notarios
intervienen en casi todos los acontecimientos jurídicos de los individuos.
2.1 Efectos sobre los derechos a la personalidad
Uno de los principales efectos de la actividad notarial, respecto de los derechos de la
personalidad, es la posibilidad de efectuar el acto del matrimonio y unión de hecho[9] de un
hombre y una mujer. Esta función ha quedado plasmada en la Constitución, y ha permitido una
inherencia íntima en la vida de las personas, ya que muchas de ellas se casan ante notario.
Después que el matrimonio civil quedó permanentemente instituido en Guatemala, por el
triunfo de la Revolución Liberal en el siglo XIX[10], sólo los alcaldes podían realizar el acto del
matrimonio. Afortunadamente, la legislación permitió que los notarios lo pudieran celebrar
también, abriendo así la posibilidad de la desconcentración de la actividad administrativa. En
todo caso, los notarios autorizan la escritura pública donde constan las capitulaciones
matrimoniales y sus modificaciones. El notario también participa en el proceso de divorcio por
mutuo consentimiento, ya que la reconciliación se puede hacer constar en un memorial con
autenticación de firma o por testimonio de la escritura pública donde conste (artículo 432 del
Código Procesal civil y mercantil). La identificación de personas puede hacerse ante notario,
así como el reconocimiento de hijos, y otros procedimientos que se tramitan según la Ley
reguladora de la tramitación notarial de asuntos de jurisdicción voluntaria, Decreto 5477
del Congreso. La adopción en sede judicial también se establece por escritura pública (art. 239
Código civil), previa aprobación de las diligencias respectivas por el juez de Primera Instancia
competente, quien manda que ésta se otorgue.
2.2 Efectos en la constitución de derechos reales
Los artículos 531 y 559 del Código civil establecen que necesariamente se debe otorgar
escritura pública para la constitución del régimen de propiedad horizontal y el de su
administración. El artículo 808 del Código civil dispone que la falta de títulos constitutivos de
las servidumbres que no pueden adquirirse por prescripción, únicamente se puede suplir por
confesión judicial o reconocimiento hecho en escritura pública por el dueño del predio sirviente,
o por sentencia firme que declare existir la servidumbre. Por otra parte, los artículos 859 y 865
del mismo código establecen la necesidad de que se haga constar el contrato respectivo con
garantía hipotecaria, en escritura pública. Lo mismo ocurre con la constitución o cesión de
todos los demás derechos reales, en tanto éstos se deban inscribir en el Registro de la
Propiedad.
2.3 Efectos respecto de la contratación
La actuación notarial en la vida de los contratos es actualmente de importancia significativa, ya
que además de los efectos adjetivos (probatorios), supone, en ciertos casos, la existencia
misma del contrato. El documento notarial cumple el papel de presupuesto de la existencia y,
por consiguiente, de la validez del contrato. Tal es el caso de los contratos solemnes, pues sólo
cuando el documento ha sido otorgado, redactado y firmado puede decirse que el contrato ha
nacido a la vida jurídica y se perfeccionó. Entonces, el acuerdo de voluntades que no se
documente notarialmente, será nulo[11]. Así se puede ver la importancia toral que tiene el
hecho que el notario cumpla con los requisitos que manda la ley notarial, porque si no lo hace,
provoca que el negocio jurídico nunca exista.
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Los contratos solemnes son de dos clases[12]: la legal, cuando la propia ley manda que exista
una forma específica[13], y la consensual, cuando las partes se obligan a otorgar el documento
notarial. Ejemplos de la primera son: los diversos contratos de sociedad mercantil (art. 16
Código de Comercio), el contrato de fideicomiso (art. 771 Código de Comercio), el contrato de
mandato (art.1687 Código civil), el contrato de sociedad (1,729 Código civil), contrato de
donación[14] de inmuebles (art. 1,862 Código civil), el contrato de renta vitalicia (art. 2,122
Código civil) el contrato de transacción (art. 2,169 Código civil), y el contrato de promesa
cuando el contrato prometido deba constar en escritura pública (arts. 1,674 y 1,680 Código
civil).
El derecho a la libre asociación también tiene relación con la actuación notarial, ya que la
llamada “persona jurídica” que se tiene que hacer constar en escritura pública (art. 16 Código
civil). Las fundaciones también se constituyen por escritura pública (art. 20 Código civil). Una
obligación accesoria, como la expuesta en el artículo 1,683 del Código, relativa a la obligación
de escriturar también implica la actuación del notario, y en la doctrina se considera de suyo
como negocio jurídico[15]. La consecuencia de que el contrato no conste en escritura pública,
bien sea por culpa del notario o de hecho, en el caso de una escritura constitutiva de sociedad
mercantil, resulta en que la responsabilidad de los socios es como la de una sociedad
colectiva.
2.3.1 Renovatio contractus
Resulta también interesante escudriñar los efectos que tiene el otorgamiento de escritura
pública respecto de los contratos que ya se habían perfeccionado con el mero consentimiento
de las partes, esto es de los contratos consensuales. Este tema fue abordado por el
procesalista alemán Degenkolb hace poco más de cien años en su Die Vertragsvollziehung
als Vertagsreproduktion, en el cual asevera: “El estado corriente actual puede resumirse en
que se considera el documento de perfección reproductiva como documento probatorio, in
thesi, y como documento dispositivo in praxi.”[16]. Y es que el problema se suscita cuando
existe una manifiesta contradicción entre el primer convenio y el documento notarial. La
jurisprudencia alemana de entonces dispuso que la falta de concordancia era insólita, así como
las omisiones en dicho documento, pues las partes sólo querían lo que constaba en el
documento otorgado. De lo contrario, había que probar que la discordancia quiso mantenerse
viva en el momento del otorgamiento, y que tuviera valor junto con éste. Por lo tanto, el
documento notarial no posee meros efectos probatorios (ad probationem) y el acuerdo
preliminar es a posteriori un pacto in contrahendo: el convenio preliminar y el otorgamiento
del contrato son lo mismo que obligación y pago, respectivamente. Nuñez Lagos concluye de
lo dicho por Degenkolb que existe una renovatio contractus (aproximado a la novación),
cuando el notario redacta la escritura pública, porque moldea la voluntad de las partes de
conformidad con la tipicidad que la ley manda y que, además, las partes tienen que prestar su
consentimiento de nuevo ante éste.
Existen autores como Meyer que adoptaron una posición ecléctica en cuanto a la construcción
antes dicha. Para éste, “el documento reproductivo es probatorio en cuanto coincida con los
acuerdos primarios; dispositivo, en cuanto diverja.”. Para Carnelutti[17] la pregunta está mal
formulada, lo que se debería preguntar es si la declaración sucesiva es una declaración de
voluntad o es una declaración de verdad, pues pueden darse los dos casos; de esta manera, si
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los documentos son redactados por las mismas partes, la contratación sucesiva del mismo
contenido sólo varía en cuanto a la forma, y su eficacia es sólo probatoria. Sin embargo, estas
ideas de Carnelutti cuadran perfectamente respecto del documento privado, no así del
documento notarial.
Nuñez Lagos apunta que, en el derecho español, el acuerdo primario se puede tomar como la
causa del negocio de cumplimiento: la escritura pública (todo visto a posteriori, por supuesto).
Este autor lo resume así: “El otorgamiento de la escritura pública no supone, en cuanto a la
substancia contractual, un novum, sino un idem contractual, porque son las mismas
obligaciones del acuerdo primario que se absorben y embeben en un negocio de ejecución
como en el río confluente los afluídos [sic].”[18]. En el otorgamiento no se anula la primera
obligación, sino que se consume como pago; pues no se recogen los dos momentos (a lo que
a lo sumo se alude o se supone), y sólo se evidencia el otorgamiento como una unidad, de
efectos únicos y no alternativos.
Díez Picaso también encuentra consecuencias prácticas para este problema doctrinal,
especialmente cuando no existe absoluta concordancia entre el primer acuerdo y el documento
redactado posteriormente. Menciona este autor español, en concordancia con el sector
mayoritario de la doctrina, que[19]:
El problema de la renovatio contractus debe ser examinado, al menos desde dos puntos
de vista. El primero lo constituye la hipótesis de redacción de un documento en el que
plasma un anterior contrato verbal no documentado. En este caso entendemos que la
documentación constituye un nuevo contrato que asume respecto del anterior un papel
novatorio. La anterior reglamentación de intereses que quedó establecida verbalmente,
queda sustituida por la reglamentación de intereses plasmada en el documento. El
documento nova el acuerdo verbal. Si el contenido de uno y otro son idénticos, la
documentación constituiría un contrato meramente declarativo o un contrato de fijación. Si
la documentación modifica el acuerdo anterior nos encontraremos en presencia de un
negocio dispositivo respecto de la situación reglamentada.
El mismo autor comenta una sentencia del Tribunal Supremo español de 3 de noviembre de
1982[20], en la cual los actores primeramente habían suscrito un contrato de compraventa de
viviendas en documento privado. Luego, cuando se constituyó el régimen de propiedad
horizontal, el vendedor y los compradores otorgaron escrituras públicas de compraventa. Sin
embargo, había notables discrepancias entre lo que constaba en los documentos privados y en
las escrituras públicas. El Juzgado de Primera Instancia falló en contra del demandado, pero la
Audiencia revocó la sentencia, y lo absolvió. El Tribunal Supremo consideró que las escrituras
públicas deberían prevalecer por haber ocurrido novación expresamente pactada de lo
consentido originalmente en los documentos privados. De tal forma que resulta muy importante
la intervención del notario en la fase de captación de la voluntad de las partes para la
redacción del instrumento, porque éste será considerado como el contrato vinculante entre
ellas, y no el contrato primigenio.
2.4 Efectos extraterritoriales
2.4.1 Actuación de notarios en el extranjero
Los notarios guatemaltecos pueden realizar ciertos actos notariales en el extranjero. Éstos
también realizan actos relativos a los documentos provenientes del extranjero, tales como la
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protocolización de los documentos legalizados que deban ser presentados ante los registros
públicos y los mandatos o poderes (así como cualquier otro documento que se desee). Parece
ser que la posibilidad jurídica de cartular en el extranjero no la contemplan muchos otros
sistemas de Notariado[21]. La rapidez y la cantidad de negocios que se llevan a cabo en la
actualidad, y su diversidad; ha causado una explosión en esta actividad que otrora no fuera tan
frecuentemente realizada. La certeza de la realización de los actos que las partes requieren
(para protegerse en un juicio, por ejemplo) y que la ley manda, han causado que más y más
notarios viajen al extranjero para dar fe en los casos permitidos por la legislación
guatemalteca.
La historia de esta institución resulta interesante y da luz para entender algunos puntos
confusos del régimen actual. La primera vez que se reguló la actuación notarial en el extranjero
(aparte de la de los agentes diplomáticos o consulares) fue en el Decreto 1762 del Congreso
de la República[22], Ley del Organismo Judicial, en el artículo diecinueve. Preceptuaba esta
ley que las formas o solemnidades externas de cualquier documento en que se establecieran
derechos u obligaciones se regirían por las leyes del país donde se hubieren de otorgar. Sin
embargo, los guatemaltecos o extranjeros residentes fuera de Guatemala, podrían sujetarse a
los requisitos externos prescritos por las leyes guatemaltecas, en los casos en que los actos o
contratos se debieran ejecutar en este país. Actualmente se regula en el artículo 43 de la Ley
del Organismo Judicial, la cual no hace mención de las formalidades de los actos notariales.
Comparada con la ley anterior, fue peor cómo quedó regulada la forma en que se protocolizan
los documentos faccionados por el notario en el extranjero; ya que antes la protocolización se
efectuaba por medio de la fórmula “Por mí y ante mí”, y ahora no queda claro si se tiene que
usar ésta o las específicas que dispone el Código de Notariado en el artículo 63[23]. La
protocolación del documento faccionado por el notario podrá ser efectuada por cualquier otro
notario, no necesariamente por el notario que autorizó el documento en el extranjero[24].
2.4.2 Notarios que no sean cónsules o agentes diplomáticos
La Ley del Organismo Judicial vigente dispone que toda la actividad notarial en el extranjero se
hará en papel simple, y que los actos notariales ejecutados fuera del país surten sus efectos
desde que se protocolicen en Guatemala. La ley sólo les permite hacer constar hechos que
presencien y circunstancias que les consten y autorizar actos y contratos. Por ende, los únicos
documentos notariales (el medio exclusivo con que pueden actuar los notarios) que podrán
autorizar en el extranjero serán: actas notariales, legalización de firmas (en el caso de
contratos y otros actos), fotocopias, fotostáticas, y otras reproducciones elaboradas por
procedimientos análogos, siempre que éstas sean procesadas, copiadas o reproducidas del
original, en presencia del notario. No podrán redactar escrituras públicas en el extranjero,
porque éstas se plasman sobre papel especial para protocolos (la ley dice que solo se usará
papel simple); ni hacer constar contratos en acta notarial (ya que el acta tiene otros efectos).
Respecto de las firmas legalizadas, el notario deberá tomar razón en su propio protocolo
dentro del término de ocho días de haber realizado el acto. En cuanto a los documentos
legalizados, se deberá proceder a su protocolización, lo antes posible, para que surta los
efectos que las partes deseaban que tuviere.
La actuación en el extranjero no deja de tener sus peculiaridades, y provoca dudas, las cuales
serán resueltas con la investigación y por la jurisprudencia. Parecería bastar que el notario sea
hábil y colegiado activo, y que lleve su sello registrado ante la Corte Suprema de Justicia para
cartular en el extranjero. Se debe cumplir con lo que el Código de Notariado en general manda
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respecto de las actas, tal como la identificación de quienes intervengan con su pasaporte –bien
fueren guatemaltecos[25] o extranjeros[26]–; el uso del idioma español (juntamente con
intérpretes, si fuere necesario); y la asociación de testigos instrumentales que llenen los
requisitos que manda la ley[27]. Respecto de los contratos que la ley en Guatemala manda
que sean otorgados en escritura pública, bastará con que se plasmen en papel simple, las
firmas sean legalizadas o reconocidas y luego las hojas sean protocolizadas, de tal manera
que se deba entender que se ha cumplido con la obligación de que consten en escritura
pública, ya que la protocolación sustituye el defecto del papel simple, lográndose cumplir con la
solemnidad y asegurando su validez. Sin embargo, el notario debe ser cuidadoso en que sus
clientes redacten apropiadamente el contrato en documento privado para cumplir con los
juramentos que la ley manda. El notario no debe tomar en cuenta las reglas para formalidades
del lugar donde autoriza el acto o contrato, y deberá consignar los datos de identificación, así
como las representaciones que se ejerzan, como si estuviera en Guatemala[28]. Es importante
notar que el estado civil que se consigne será establecido según el estatuto personal de las
personas respectivas[29].
Nótese que la obligación tributaria establecida por la Ley del Impuesto al Papel Sellado y
Papel Especial para Protocolos, Decreto 3792 del Congreso y sus modificaciones, se
genera al momento de que los documentos provenientes del extranjero ingresan en el territorio
de Guatemala, y se debe liquidar y pagar antes de la protocolización. En el caso de todos los
documentos notariales autorizados en el extranjero, la situación es un tanto más compleja, ya
que la obligación tributaria es territorial, y –aunque el hecho generador se dé en el extranjero–,
ésta sólo nace hasta que el documento llega a Guatemala, por lo que se podría decir que la
obligación tributaria queda en suspenso. Por ende, los notarios no deben llevar ni timbres
notariales ni fiscales o papel especial para protocolos (los medios de pago del impuesto
documentario) al extranjero, cuando autoricen actos fuera de Guatemala. Es posible que no se
haya requerido el uso de papel sellado especial para protocolos, el antiguo papel sellado o el
uso de timbres fiscales (ni el uso de timbres notariales[30]), porque existe la duda si este acto
tributario que ejerce el Estado, por medio de su poder de imperio[31], viola o no viola la
soberanía del Estado donde se ejecuta el acto notarial que genera la obligación tributaria. Este
problema no ha sido resuelto aún por la jurisprudencia, ni la doctrina[32].
Lo mismo cabe preguntarse respecto de la propia actividad notarial en el extranjero, si se
considera a los notarios como funcionarios públicos, ya que son los facultados por el Estado
para ejercerla. ¿Será esta actividad una intervención ilegítima del Estado de Guatemala
respecto de otros Estados? Una posible forma de analizar el asunto es que la actividad notarial
es una extensión de las facultades de los agentes diplomáticos o consulares (funcionarios
públicos de un Estado que actúan legítimamente en otro), en cuanto a la posibilidad que el
Derecho internacional público les da para legalizar actos y documentos en el extranjero. Otro
planteamiento es que los notarios son profesionales particulares, que actúan por su propia
cuenta y no por la del Estado. Sin embargo, esta idea podría colisionar con normas de orden
público existentes en casi todo Estado, tales como las que requieren de colegiación antes del
ejercicio de la actividad fedataria[33]. Independientemente de estas consideraciones, en
Guatemala los documentos públicos autorizados por notario en el extranjero surten efectos
como si hubieran sido faccionados aquí. Se puede entonces concluir que la actividad fedataria
del notario tiene serias implicaciones aún en le ámbito internacional, y que urge su
fiscalización.
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extranjero que dispone la Ley del Organismo Judicial. Cabe recalcar que el protocolo se debe
entender que es del consulado (protocolo consular)[45], y que ahí debe permanecer, hasta que
la misión o agencia sea suprimida, o que por su antigüedad se deba enviar al Archivo de
Protocolos en Guatemala. El cónsul tendrá que enviar los testimonios especiales por conducto
del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el tiempo que manda la ley, y llenar los demás
requisitos[46] de los notarios del país.
Función registral de los cónsules
Además de las funciones notariales, los cónsules también están facultados[47] para llevar un
registro de los nacimientos, matrimonios, cambios de nacionalidad y defunciones de los
guatemaltecos residentes o transeúntes en los países en que ejerzan sus funciones. Sin
embargo, deben enviar una copia de las partidas que asienten al Registro Civil en la capital de
Guatemala, para que aquí se hagan las inscripciones que correspondan. Esto último se puede
interpretar de dos formas: la primera es que los cónsules sólo hacen una anotación
“preventiva” del acto registrable en los libros del consulado, y que luego éstos mandan copia al
Registro Civil para que formalmente se inscriba el hecho; otra posibilidad es que los registros
consulares son delegaciones del Registro Civil en el extranjero y que la inscripción queda
asentada efectivamente desde que se inscribe el hecho en el libro del registro del consulado; la
copia sólo se envía al Registro Civil de la capital para hacer las anotaciones marginales en
otras partidas por parte de cualquier registrador, cuando corresponda (v. gr. defunción o
matrimonio en la partida de nacimiento). Lo más probable es que la intención del legislador fue
que todos los actos susceptibles de registro que ocurran en el extranjero se concentren en el
Registro Civil del Municipio de Guatemala. La actuación registral en el extranjero demuestra la
afinidad natural que existe entre el Notariado y los registros públicos.
2.6 Efectos jurisdiccionales
El documento público se considera entre los medios de prueba de índole privilegiada. Una de
las ideas más importantes de esta investigación es el hecho de recalcar que el documento
notarial es una suerte de prueba preconstituida o anticipada[48]. Existen dos clases de
documento público: los documentos notariales y los hechos por funcionario o empleado
público[49]. La calidad de documento público con que gozan los documentos notariales son un
ejemplo de una prueba tasada, ya que producen fe y hacen plena prueba[50] en juicio, salvo el
derecho de las partes a redargüirlos de nulidad o de falsedad. El juez debe apreciar este medio
de prueba como que es verdad lo que en ellos está plasmado. Sin embargo, se debe entender
en cuanto a qué es lo que hace plena prueba, ya que se debe distinguir entre el documento en
sí mismo, su materialidad, y, por otra parte, respecto de su contenido[51]. Es en cuanto al
documento en sí mismo que se debe considerar dos elementos esenciales: que sea un notario
en el ejercicio de la profesión quien autorice, y que el notario siga las solemnidades que la ley
manda, en este caso el Código de Notariado[52].
En cuanto al contenido del documento notarial –respecto del tema que interesa ahora– sólo
cabe dar valor de plena prueba las declaraciones del notario respecto de actos ejecutados por
sí mismo o que hubieran ocurrido en su presencia. Se tendrá por auténtico lo relativo al lugar y
fecha del otorgamiento, quiénes son las partes[53], si son de su anterior conocimiento o no, el
hecho que las partes dijeron, reconocieron o manifestaron algo, y que se tuvo a la vista algún
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hecho o documento, la literalidad de las transcripciones que se hayan hecho. Resulta probado
el hecho de que alguien declaró un asunto específico, pero no que lo declarado sea verídico.
Es importante hacer ver que el contenido de las declaraciones hechas por las partes en un
documento público no tiene la calidad de plena prueba en sí mismo. Por eso es que Aguirre
Godoy cita[54] a Gómez Orbaneja y Herce Quemada, quienes apuntan que los documentos
públicos prueban, erga omnes, el contenido de la percepción del fedatario, que aparece
consignada en ellos, pero no el contenido de las declaraciones que él ha recogido (por
ejemplo, en el caso de la simulación). Respecto de las escrituras públicas donde se plasma un
contrato, ‘prueba contra los contratantes en cuanto a las declaraciones que hubiesen hecho
éstos, y prueba contra terceros lo que el Notario consigna como saber propio: el hecho que
motiva su otorgamiento y la fecha de este. En cambio, el documento privado en que se
incorpore el contrato, no prueba contra terceros, ni siquiera por lo que hace a su fecha’, por lo
que sólo prueba contra su autor.
Los documentos notariales se pueden presentar en original, en copia fotográfica, fotostática, o
fotocopia o mediante cualquier otro proceso similar. Cuando se trate de escrituras públicas, el
notario puede extender copia simple legalizada, por lo que no tiene que expedir testimonio, a
menos que la ley así lo requiera. Estas copias, si son fácilmente legibles, se tendrán como
fidedignas, salvo prueba en contrario. Sin embargo, el juez o el adversario en un juicio pueden
solicitar que se exhiba el documento original. En cualquier momento de un proceso el juez
puede, de oficio o a petición de parte, disponer que la copia se coteje con el original, ya sea
por el propio juez o por peritos. El Código procesal, como caso excepcional, permite al juez
ordenar que se lleven a su presencia los registros, archivos o protocolos. No obstante esto, el
Código de Notariado expresamente prohibe al Director del Archivo General de Protocolos que
éstos sean extraídos, aun con orden de autoridad judicial, los protocolos, testimonios y
documentos del Archivo, porque cualquier autoridad, tuviere que practicar alguna diligencia, la
tendría que verificar en el propio Archivo, en presencia del Director, quien firmaría el acta que
se levantare[55]. Un caso similar[56] es el de la prohibición de sacar los libros de la oficina del
Registro de la Propiedad, aunque sea por motivos de diligencias judiciales. En cuanto a los
notarios queda la duda si deben llevar el protocolo al juez o no, ya que el Código de Notariado
no se los permite expresamente, dado que los notarios guardan el protocolo en calidad de
depositarios[57], y sólo pueden ser desposeídos de él según circunstancias calificadas.
2.6.1 Auxiliares del juez
Los notarios pueden actuar como auxiliares[58] del juez dentro de los procesos, directamente.
De hecho, antiguamente había un escribano en cada tribunal como parte de los empleados
judiciales. Actualmente, existe la posibilidad de que los notarios notifiquen actos judiciales a
las partes interesadas en un juicio. El contenido de la cédula de notificación y el modo en que
debe procederse es de suma importancia, ya el acto de la notificación está vinculado con la
disposición constitucional del debido proceso (citación a juicio). Respecto de la fase probatoria
de un juicio, el notario interviene personalmente en el discernimiento del cargo de expertos, lo
cual en la práctica forense resulta difícil de llevar a cabo, con lo cual el notario puede ayudar
para agilizar las diligencias. Con motivo de la prueba de documentos, los notarios también
pueden actuar autorizando una transcripción de documentos en poder de terceros, sin
necesidad de que éstos comparezcan personalmente al juicio. Intervienen en la producción de
medios de prueba al poder certificar en actas la autenticidad de los medios científicos usados
para probar algún extremo. Sólo los notarios pueden ser partidores en los juicios de división de
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la cosa común. En la sustanciación del proceso ejecutivo el notario puede ejecutar el embargo
y el secuestro de bienes, y en la fase final del proceso, efectúa la escrituración de la traslación
de dominio del bien rematado. Dentro de las ejecuciones especiales se encuentra la de
escriturar, en la cual necesariamente interviene un notario. En el proceso de ejecución
colectiva también participa el notario, documentando en escritura pública los acuerdos del
concurso; así como en la quiebra, donde el notario ejerce funciones importantes como la de
ocupación de bienes, y la redacción de inventario (y en cualquier otro caso que se requiera
redactar un inventario) y avalúo de éstos. Finalmente, el notario por medio de una
autenticación de firmas interviene en el desistimiento a juicio de la parte que así lo desee.
2.6.2 Títulos ejecutivos
Otra función muy importante de los notarios es su intervención en la creación de títulos
ejecutivos para los procesos de ejecución. Este es otro ejemplo de cómo existe un vínculo
estrecho entre la actividad notarial y la procesal. En materia procesal mercantil, son títulos
ejecutivos las copias legalizadas de las actas de protocolación de protestos de documentos
mercantiles y bancarios. Asimismo son títulos ejecutivos en la vía de apremio los testimonios
de escrituras públicas donde se plasme el contrato de transacción, hipoteca o prenda, siempre
que traigan aparejada la obligación de pagar una cantidad de dinero líquida y exigible. También
interviene el notario en la escrituración después que se dicta el auto que aprueba la liquidación
en los procesos de ejecución. En el proceso ejecutivo[59] los testimonios de escrituras
públicas, actas de protocolización y actas notariales son títulos ejecutivos. Este efecto se debe
probablemente a que en sus orígenes el documento notarial provenía del juez, y que en cierta
forma dicho documento es una forma de prueba preconstituida.
2.7 Efectos cuasiprocesales: subastas, loterías, protestos
Según el Acuerdo Gubernativo del 9 de agosto de 1968 [60] se requiere de un notario para
hacer constar en acta notarial lo acontecido en loterías, rifas y eventos similares. El notario
también interviene en las subastas voluntarias, según el artículo 449 del Código procesal civil y
mercantil, según las condiciones que libremente fijen las partes. El artículo 791 del Código de
Comercio autoriza que en los fideicomisos de garantía, el fiduciario puede promover la venta
de los bienes fideicometidos en pública subasta ante notario, en caso de incumplimiento del
deudor, siendo nulo todo pacto que autorice al fiduciario a entregar los bienes al acreedor en
forma distinta. Se ha considerado que este artículo puede adolecer de inconstitucionalidad,
pues viola el derecho (que algunos consideran irrenunciable) al debido proceso ante tribunal
competente; pues el deudor es desposeído de su derecho de propiedad sin haber sido citado,
oído ni vencido en juicio. La Corte de Constitucionalidad así lo consideró en el caso del artículo
243 del Código Procesal civil y mercantil[61]. En un tema relacionado con el proceso ejecutivo,
cual es el protesto en los títulos de crédito, el notario también tiene una participación
primordial, precisamente levantando el acta notarial de protesto (art. 480 Código de Comercio).
2.8 Efectos tributarios
El Código tributario[62] faculta a los notarios designados por la Administración Tributaria para
notificar personalmente a los contribuyentes o responsables ante ésta. También podrán
hacerse estas notificaciones entregando la cédula en manos del destinatario donde quiera que
se le encuentre, inclusive en el extranjero, debido a que los notarios pueden actuar en el
extranjero. La Ley del impuesto de timbres fiscales[63] considera que los notarios por su
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“condición” de tales, gozan de los privilegios de los patentados, lo cual resulta un ingreso de
dudosa constitucionalidad.
2.9 Efectos registrales
El documento auténtico tiene un importante afecto en el área registral. Prácticamente todos los
documentos que se ingresan a los Registros de la Propiedad y al Mercantil tienen que haber
pasado ante los oficios de un notario. El artículo 1,576 del Código civil manda que los contratos
que tengan que inscribirse o anotarse en los registros, cualquiera que sea su valor, deberán
constar en escritura pública. Tal es el caso de las compraventas de inmuebles, ya que para
que se inscriba el título sobre el derecho real de propiedad adquirido por la compraventa se
requiere de escritura pública[64]. Sin embargo, los contratos que no se otorguen en escritura
pública (si no fueren contratos solemnes como el caso del fideicomiso) serán válidos y las
partes pueden compelerse recíprocamente al otorgamiento de ésta, si se establecieren sus
requisitos esenciales por confesión judicial del obligado o por otro medio de prueba escrita, lo
que implica un juicio. En el caso del Registro General de la Propiedad, los documentos
aceptables son los testimonios de escrituras públicas, lo mismo ocurre en el caso del Registro
Mercantil y el Registro de Poderes, así como los documentos que provienen del extranjero,
cuando tienen que ser presentados ante los registros. Este acto previo de parte del notario
ayuda a que el procedimiento registral sea más rápido y descentralizado, ya que de cierta
forma, éste empieza desde que las partes concurren ante el notario que autoriza el documento,
de tal forma que los interesados no tengan que ir personalmente ante un funcionario del
registro y hacer su trámite ante él.
Es de suma importancia que los documentos que se presenten sean faccionados con cuidado,
ya que pueden causar que las inscripciones no surtan efectos si se probare que éstos son
nulos o falsos. La Corte de Constitucionalidad considera que los documentos falsos que den
vida a un asiento registral no pueden ser motivo para violar el derecho de propiedad del dueño;
así se pronunció[65]:
[…] está [sic] Corte en sentencia del veintitrés de septiembre de mil novecientos
noventa y tres, Gaceta veintinueve, página ciento noventa y dos, consideró: "... estando
probada la falsedad e inexistencia de los títulos conque se operó la cuarta inscripción de
dominio sobre la finca relacionada, ésta resulta nula y jurídicamente inexistente,
deviniendo, en consecuencia también nula la quinta inscripción de dominio y cualquiera
otra posterior. De ahí se establece que, en el presente caso, se violó a la postulante su
derecho de propiedad pues la autoridad impugnada operó la cuarta inscripción de dominio
y subsiguientes con documentos falsos y de autenticidad aparente, contrariando el
principio de que las inscripciones registrales se operan sobre la base de la presunción de
autenticidad legítima de los documentos públicos que se presentan al Registro, con ello
se afectó a la postulante su derecho de propiedad garantizado por la Constitución y las
leyes,...". Tomando este fallo como premisa, esta Corte concluye que, en el presente
caso, también ha quedado demostrada la falsedad del documento que sirvió de base para
las inscripciones que se impugnan, especialmente con lo manifestado por el Notario […] y
con el acta notarial autorizada en esta ciudad por el Notario […], el quince de octubre de
mil novecientos noventa y tres; por lo que la protección que se solicita deviene
procedente, toda vez que se ha establecido la violación al derecho de propiedad como se
denuncia y así debe declararse.
Como se puede ver, la actuación notarial en los asuntos registrales puede ser la diferencia
entre la existencia o inexistencia de las inscripciones.
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3. Efectos de los actos registrales
Así como el ejercicio del Notariado tiene efectos en muchos aspectos de los actos y negocios
jurídicos, también los actos registrales tienen sus propios efectos encaminados a ofrecer
seguridad jurídica. En la mayoría de los casos, nuestro sistema registral no tiene efectos
constitutivos[66] (el sistema que más seguridad jurídica provee), sino declarativos; en parte
porque las fuentes del Derecho civil guatemalteco no confían los derechos a actos registrales.
Otra fuente histórica del porqué los registro en Guatemala no han evolucionado hacia mayor
protección de los derechos es que la Administración Pública nunca ha podido servir a la
mayoría de los administrados. El acceso a los registros está, de hecho, limitado a las personas
que tienen conocimiento de su existencia y, en muchas instancias, recursos económicos para
asumir el elevado costo del proceso registral.
Existe otra fuente, tal vez la más digna de discutirse, de la razón porqué algunas personas no
aceptan que el acto registral tenga un efecto constitutivo, o que éste sea necesario para la
existencia de los derechos: la libertad. Tal vez este problema se pueda solucionar con acotar
que no se trata de que los derechos registrados existan porque el Estado los constituye, sino
que frente a éste sólo se debe reconocer los derechos registrados. Esto quiere decir que en
cualquier tribunal u órgano administrativo se considerará válido y existente sólo el derecho que
esté inscrito. Y esto por lo mismo que la mayoría ha acordado que se maneje por el lado
derecho de las calles, o que debemos parar cuando el semáforo está en rojo; porque
proporciona seguridad.
3.1 Efectos respecto de los contratantes
El artículo 1,808 del Código civil establece una norma que apoya el sistema registral de
carácter constitutivo, ya que si la cosa vendida es inmueble o derecho real sobre inmuebles,
prevalece la venta que primero se inscriba en el Registro. Adicionalmente, el artículo 1,885 del
Código civil establece que cuando una misma cosa se ha arrendado a dos o más personas,
tiene la preferencia el primer contratante, y si los contratos son de la misma fecha, en que
tenga la cosa en su poder; pero, si el arrendamiento se debe inscribir en el Registro de la
Propiedad, la preferencia corresponderá al que primero que inscriba su derecho. Estas dos
normas se apartan de la tendencia general del Derecho guatemalteco, ya que el Código hace
nulo uno de los dos contratos coexistentes, desatando el vínculo creado por la manifestación
de voluntad de quienes no hayan sido prudentes y rápidamente hayan inscrito su derecho.
Como una excepción al principio general de los efectos que tiene el acto registral, porque
generalmente los tiene sólo declarativos, el artículo dieciocho del Código civil[67],
recientemente reformado, dispone que: “[…] la personalidad jurídica de las asociaciones civiles
es efecto del acto de su inscripción en el registro del municipio donde se constituyan. […]”.
Aunque se menciona el concepto de la personalidad jurídica, realmente lo que se indica es que
el contrato de asociación será válido hasta que éste sea inscrito en el Registro Civil.
3.2 Efectos frente a terceros
En el Derecho registral inmobiliario un tercero es la persona que no interviene como parte en
un acto o contrato determinado. En el sistema registral guatemalteco, únicamente perjudica a
tercero lo que aparezca inscrito o anotado en el Registro y lo que conste en certificación
expedida por el registrador[68]. Los títulos inscritos o anotados surten efectos contra tercero y
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aun contra los acreedores singularmente privilegiados, desde la fecha de su presentación
(“entrega” dice el Código) ante el Registro[69]. Este tema es discutido extensamente por la
doctrina, y resultó (en el caso de Guatemala) de haber seguido al Derecho español y, más aún,
al Derecho civil francés, al cual repugna la noción de la obligatoriedad de registro para
constituir derechos. Existen ejemplos del carácter declarativo que tiene casi todo el sistema
registral, tal como lo es el artículo 1,704 del Código civil, que dice: “El testimonio de la escritura
pública del mandato y el de la revocación debe presentarse al Registro de Poderes.” El
contrato de poder es válido entre las partes contratantes, pero sólo afecta a terceros desde
que queda inscrito en el Registro de Poderes y en el Registro Mercantil,[70] en algunos casos.
Lo mismo se puede decir del artículo 1,680, porque cuando la promesa se refiere a
enajenación de bienes inmuebles o derechos reales sobre éstos, el contrato debe inscribirse
en el Registro de la Propiedad, y sólo así será oponible frente a terceros. La Corte de
Constitucionalidad[71] ha considerado que: “ […] es jurisprudencia reiteradamente sostenida
por esta Corte que las inscripciones en el Registro de la Propiedad no tienen carácter de
notificación a las partes interesadas […]”; lo cual resulta interesante, pues pone un límite a lo
que debe entenderse por la publicidad registral, y cómo los administrados se notician de la
información que consta en el Registro. Aún frente al Estado el registro de derechos es de
trascendencia porque si los derechos que se tengan sobre un inmueble localizado en las áreas
de reserva de la Nación no están registradas con anterioridad al primero de marzo de
1956[72], éstos se consideran inexistentes.
3.3 Efectos procesales del acto registral
El artículo 1,129 del Código civil dispone que en ningún tribunal ni oficina pública se debe
admitirán escrituras ni documentos sujetos a inscripción, que no hubieran sido razonados por
el registrador. Esta norma resulta importante para analizar cuidadosamente todos los
documentos que se presentan ante el Registro, especialmente cuando se incluye documentos
como medio de prueba (testimonios de arrendamientos por más de tres años, promesas sobre
inmuebles) y los testimonios de poderes. También el artículo 45 del Código procesal civil y
mercantil establece que no se admitirá en los tribunales credencial de representación que no
esté debidamente registrada en la oficina respectiva. Entre los efectos del emplazamiento[73]
está el efecto material de hacer anulables la enajenación y gravámenes constituidos sobre
inmuebles objeto del proceso, con posterioridad al emplazamiento, el cual sólo se producirá si
se hubiera anotado la demanda en el Registro de la Propiedad. En cuanto embargo[74] de
bienes inmuebles o derechos reales, éste se debe anotar en el respectivo Registro de la
Propiedad para surtir su efecto procesal; así como cuando un crédito embargado esté
garantizado con hipoteca.
3.3.1 Medio de prueba tasado
El documento público registral es uno de los medios de prueba tasados por la ley procesal, ya
que producen fe y hacen plena prueba en juicio, salvo el derecho de las partes a redargüirlos
de nulidad o de falsedad. El juez debe apreciar este medio de prueba como que es verdad lo
que en ellos está plasmado. Sin embargo, se debe distinguir entre el documento en sí mismo,
su materialidad, y, por otra parte, su contenido. Respecto de la materialidad, los libros y
certificados no deben tener alteraciones, cortaduras ni raspaduras, lo cual causaría la nulidad
del asiento que así apareciere. En cuanto al contenido de los asientos se ha de tener en
cuenta: que sea el registrador quien haga el asiento, y que éste contenga los requisitos que el
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Código civil o el Código de Comercio, en su caso, manda.
El documento público expedido por el Registrador de la Propiedad se denomina “certificación”
(o “copia fotográfica legalizada por el Registrador”[75]), la cual se tendrán como fidedigna,
salvo prueba en contrario[76]. Sin embargo, el juez o el adversario en un juicio pueden solicitar
que se exhiba el documento original, en este caso los libros del registro. Aunque el Código
Procesal civil y mercantil, permite excepcionalmente al juez ordenar que se lleven a su
presencia los registros o archivos, hay prohibición expresa de sacar los libros de la oficina del
Registro de la Propiedad, aunque sea por motivos de diligencias judiciales; de tal forma que se
debe hacer en éste lugar[77].
4. Extinción de la calidad de documento público
El documento notarial y los documentos públicos emitidos por el Registrador de la Propiedad
tienen una gran trascendencia en el Derecho. El legislador procesal les ha dado calidad de
plena prueba, en tanto no se pruebe que son falsos o nulos. Sin embargo, estos extremos son
difíciles de probar en muchos casos, por lo que es importante que dichos documentos producto
de la fe pública que ostentan tanto notarios, como funcionarios públicos, representen fielmente
la verdad. Adelante se examina los procesos mediante los cuales se desnuda a los
documentos notariales y públicos de su autenticidad para mostrar cuanto el legislador los
protegió en pro de la fe pública y la celeridad en la contratación.
4.1 Documentos deteriorados
Los documentos notariales que han sufrido algún desperfecto material no gozan de la
presunción de plena prueba, esto para protección del público, porque se duda de la integridad
del documento. Es interesante notar, como lo hace Aguirre Godoy [78], que en el antiguo
Código procesal, se disponía que no producirían plena prueba el testimonio de testimonio, a no
ser en los casos de reposición de protocolo, disposición que ahora ya no existe; el documento
referente, si no se comprobaba existencia del referido, fuera nulo o fuera falso o del documento
que en su parte esencial estuviera roto, raído, con borrones o testaduras no salvadas. Las
normas procesales vigentes establecen que no hacen fe en juicio los documentos públicos
rotos, cancelados, quemados, o raspados en su parte sustancial. Desgraciadamente, el Código
actual utiliza el término “sustancial”, en vez de “esencial”, que lo hace más extenso, pero más
impreciso, ya que no se sabe exactamente qué es “sustancial”. El Código de Enjuiciamiento sí
disponía cuáles eran las partes esenciales del documento: los nombres y apellidos de los
otorgantes, testigos, y Notarios; la cosa o materia del documento; las cláusulas indispensables
para conocer su naturaleza y efectos; el lugar y fecha del otorgamiento; la suscripción de los
que intervienen en el acto, y el sello del Notario, cuando así fuera requerido por la ley. Por otra
parte, el Código de Notariado en el artículo 31 explica cuáles son los elementos esenciales del
instrumento notarial; por lo que al hacer una interpretación usando la historia fidedigna de la
institución e integrando con esta norma, se puede saber qué es un elemento “sustancial”.
4.2 La redargución de falsedad o nulidad de un documento público
La redargución es el procedimiento mediante el cual se desnuda a un acto, plasmado en un
documento, en el que intervino un agente fedatario, de la cualidad de plena prueba. Si el
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documento fuere redargüido y se considerare que existen indicios de criminalidad, lo deberán
denunciar al Ministerio Público y entregar dicho documento a las autoridades que realicen la
investigación criminalística[79]. El documento público notarial podría ser redargüído por dos
razones: por la nulidad del documento o por su falsedad. Cuando en juicio civil se declare que
un documento faccionado o autorizado por notario no es un documento público, por el propio
acto de desvanecimiento o denudación, ningún otro tribunal o entidad pública podrá
considerarlo como tal; contrario sensu del caso de la sentencia de la Corte Suprema de
Justicia en la cual se estableció que un documento privado reconocido en juicio produce
prueba en otro[80]. La declaratoria de nulidad o falsedad de un documento notarial podría
acarrear varias consecuencias: en el ámbito registral[81], podría caber la nulidad de las
inscripciones hechas con motivo de la presentación del testimonio de la escritura pública
redargüída en juicio, por ejemplo el caso de un contrato de sociedad mercantil o de donación
de bienes inmuebles. Y en el ámbito contractual causaría que no existiera contrato de
mandato, si la escritura pública en que se plasmó el poder fuere declarada nula o falsa por un
juez. La nulidad que se declara en este juicio es absoluta, por lo que nunca nace a la vida
jurídica el acto notarial o fedatario.
4.3 Indemnización por mal faccionamiento de un documento notarial:
responsabilidad civil de los notarios
Existirá culpa de parte del notario que haya autorizado el documento notarial que fuera
declarado nulo o falso en un proceso civil. La indemnización compensatoria responderá por el
incumplimiento del contrato de obra que requirieron sus clientes. El notario deberá responder
por el daño emergente y el lucro cesante que ocasione a las partes, dado que habrá
incumplido con el contrato de obra (no el de un contrato de servicios profesionales[82]), que le
obligaba a producir un documento que fuera perfecto desde el punto de vista, cuando menos,
técnico. La culpa sería fácil de probar[83]; ya que difícilmente el notario no sabría el lugar o la
fecha en la cual autoriza un documento notarial, por ejemplo. La culpa de un notario que: no
lleve a cabo las formalidades esenciales y especiales que las leyes le exigen, no se haga las
advertencias pertinentes, o no esté presente cuando firmen las personas que intervengan en
un acto notarial, es inexcusable. Podrá existir culpa (impericia, imprudencia o negligencia) en
cuanto a la identificación de las partes o quienes intervengan en el acto, si el notario no toma la
precaución de verificar que los documentos de identificación que le presenten son auténticos.
Cuando un notario se da cuenta que ha cometido un error en cuanto a asuntos enmendables
de forma contemplados en el artículo 93 del Código de Notariado, debe proceder a corregir su
falta lo antes posible ante juez de primera instancia, a sazón de que no incurrir en
responsabilidad por su negligencia, prueba de lo delicado que resulta cometer errores en el
ejercicio del Notariado.
5. Conclusión
Como se ha podido ver en el transcurso del presente trabajo, la actuación del notario al
producir el documento notarial y los actos registrales derivados de la actuación del Registrador,
tienen efectos fundamentales en el Derecho guatemalteco. En muchos casos el propio derecho
existe legalmente sólo si el documento notarial ha sido otorgado. Los efectos declarativos de
los actos registrales no son menos elementales, aunque no sean constitutivos de derechos.
Ambos actos jurídicos están investidos de una fuerza probatoria inusual, similar a la prueba
anticipada, gracias a la confianza que el pueblo ha delegado en los profesionales y
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funcionarios para hacer viable la seguridad jurídica que el Estado debe proveer.
Desgraciadamente, la falta de conocimiento –entre los notarios, los funcionarios y empleados
públicos y los usuarios– sobre sistema de fe pública registral y notarial, aunado a la casi total
falta de fiscalización de estas actividades, han causado el desplome y desprestigio de dichas
instituciones de la seguridad jurídica. Se espera que esta breve introducción al tema despierte
más interés entre los que en la práctica o desde la cátedra se encuentren con estas
instituciones, y les den el valor que les corresponde.
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CAPÍTULO II
Problemas contemporáneos en el ejercicio del Notariado
Introducción
El Notariado es una institución del Derecho que tiene hondas raíces en la cultura
guatemalteca. Pero es con cierto recelo o desdén que se le trata por casi toda la población,
salvo los propios notarios, y hasta éstos muchas veces miran de menos su función, y la
desempeñan sin lustre ni mérito, como algo que se tiene que hacer, porque sí. Incumbe al
jurista investigar y ponderar sobre su utilidad y, sobre todo, si la función notarial sirve para que
se haga (o no se haga) justicia, para mejorarla; o eliminarla, si causa pérdidas inútiles de
recursos escasos. De hecho, la función que desempeña el notariado respecto de la justicia se
manifiesta en los juicios, donde los documentos notariales sirven como una especie de prueba
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preconstituida, dándose a cada cual lo que le corresponde, de forma más celera y segura.
1. Razón de ser de la función notarial
La utilidad de la actividad notarial se manifiesta en varios aspectos: el contractual, el fiscal, el
procesal, el registral. La principal función de la actividad notarial es dar seguridad jurídica, que
se vea reflejada en la seguridad psíquica[84] de las personas que viven o invierten en
Guatemala. La fe pública por la cual queda investido un profesional en su actividad privada da
certeza a los actos que las partes o el público quiere que se dé certitud. Pelosi[85] considera
que una de las funciones del Notariado es la autenticadora, que resulta histórica y
tradicionalmente, el origen de la actuación notarial. Hay que tomar en cuenta que el Notariado
no se resume a una mecánica aplicación de fórmulas, porque también se tiene que añadir la
actividad intelectual, la cual se inicia con la indagación de la voluntad de las partes, y que
luego se trata de incorporar al mundo del Derecho, colocándola en un esquema de contrato
típico o conformándola a los principios generales de la ley. Por otra parte, Castán Tobeñas
considera en su Función notarial y elaboración notarial del derecho, que el notario tiene las
siguientes misiones: la labor formativa y la legitimadora (que comprende la función
calificadora); función de admisión y de redacción; y la labor documental o autenticadora, que
supone todas las demás y las comprende.
1.1 Fin de la actividad notarial: el documento público
La actividad notarial queda plasmada en un medio físico que se llama “instrumento
público”[86]. Los instrumentos públicos requieren de los siguientes elementos necesarios: a)
autoría por un sujeto titular de un órgano que tiene atribuida la fidei datio; b) acción de dar fe
por tal órgano; y c) forma escrita. También se exigen requisitos de validez, cuales son: a)
objeto idóneo; b) competencia del órgano; c) legitimación del órgano y del solicitante; d)
habilidad del solicitante; e) causa lícita; f) observancia de las formalidades no esenciales
(subsanables). Todo esto puede tener dos propósitos: el uno sustantivo (que crea el derecho
como en el caso de las sociedades mercantiles), y el otro de crear prueba para un futuro litigio,
donde servirá para asegurar los derechos de las partes, pues adjetivo.
La otra cara de la moneda de la certeza jurídica que crea la actividad notarial, es que el
documento notarial es una forma de preconstituir prueba de pleno valor, para la eventualidad
de que exista conflicto entre las partes contratantes. Los actos notariales gozan a priori de
autenticidad, por lo que los jueces quedan sustraídos de la comprobación de la veracidad de
los hechos, en tanto no se redargüian de falsedad o nulidad[87]. Así es como engarza la
actividad notarial con la jurisdiccional, y auxilia a la consecución de la justicia en nuestro
sistema jurídico. Como se puede ver, si uno de los contratantes no quiere cumplir con su
obligación, por ejemplo la proveniente de un contrato –violando el principio pacta sunt
servanda, lo cual es injusto para su acreedor–; la parte que ha cumplido puede presentar en
juicio la copia del documento notarial que suscribieron, y así razonablemente esperar que el
juez falle a su favor, si no hubiere otros puntos litigiosos que tuvieren mérito.
1.2 Notariado como arte
Un aspecto poco considerado por los propios notarios es el aspecto artístico de la profesión.
La redacción de los escritos notariales tiene su técnica propia; sin embargo, en muchos casos,
éstos son copiados sin más reflexión por el aprendiz[88], y así la obra literaria notarial puede
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ser muy defectuosa. Esto tiene su aspecto práctico, ya que cuando un escrito está mal
redactado puede causar grandes confusiones; por ejemplo, cuando se trata de leer el
documento en juicio, lo cual resulta en un mal servicio para el cliente. Resulta importante saber
qué quiere decir cada palabra utilizada, ser conciso, y reflejar perfectamente lo dicho por las
partes, con el vocabulario adecuado, y dar la forma que la ley manda y la gramática autoriza,
para plasmar la voluntad de las partes o los hechos que el notario haga constar.
Corre peligro quien critica la forma de escribir de los notarios de ser tachado de presuntuoso,
más que de audaz[89]; pero salta a la vista que muchos de ellos utilizan fórmulas sin saber
porqué lo hacen[90], y se limitan a copiar lo que otros han hecho. Algunos notarios
simplemente copian[91] el trabajo de otros, por no saber cómo redactar un instrumento, lo que
demuestra falta de conocimiento, no sólo del Derecho, sino de las elementales normas de la
Gramática y la Lógica. Se amparan en fórmulas, –como aquella de “vende, cede y traspasa” u
“otorga el más formal finiquito y eficaz carta de pago”–, sin que ni siquiera la ley lo disponga
así; ya que ésta da amplio margen para la actividad creativa del notario[92]: sus documentos
son producto de la rutina. El formulismo actual posiblemente se vio influido por las tendencias
históricas promovidas por las Partidas, las cuales traían incorporadas una serie de modelos
para diversos contratos. Y es que todos estos hechos no son excusa para que el notario no
redacte un documento a la medida de sus clientes, pues tiene la obligación contractual y legal
de hacerlo. A causa de estas razones, el público en general (y algunos notarios en lo
particular) ven con desdén y conceden poca importancia a la labor notarial, ya que se dan
cuenta de cómo los notarios usan los modelos que tienen guardados para faccionar los
documentos que requieren, una actividad que consideran –con razón– sin mayor valor
agregado.
De esta manera, no se aprecia el arte de concebir, con nuevas formas claras y precisas, la
traducción y representación de las relaciones jurídicas con vocabulario técnico y literario
apropiado. Así pues, no está bien que el notario se desvincule –pretextando falta de tiempo–
de la redacción de los documentos notariales, pues debe hacer un esfuerzo directo en hacerlo,
ya que las partes para eso lo contrataron. El buen notario será aquél que, además de cumplir
con los requisitos legales, emplee sus dotes artísticas, y así cree una obra literaria jurídica con
vocabulario y redacción superior, sistematizada y concisa, cuya lectura dé satisfacción, tanto a
la vista, como al oído: que sea evidencia de arte notarial.
Todo así, queda pues hacer una somera evaluación de la práctica notarial en Guatemala a
fines del siglo XX, presentando los problemas que saltan a la vista, evaluando las propuestas
de mejorarlos, y finalmente incluyendo posibles soluciones para éstos, basadas en el análisis
económico del Derecho y en la justicia.
2. Notariado en Guatemala en la postrimería del siglo XX
2.1 Consideraciones preliminares
Parece insólito el hecho de que pocas personas han tratado el tema de los problemas del
Notariado en Guatemala, ya que es uno de los que acosan al incipiente Estado de Derecho
que se instituye en el país. La forma que actualmente está organizado el sistema hay muchos
incentivos negativos para que las cosas se hagan mal. Parte del problema es que el sistema
funcionaba mejor cuando había menos notarios, pero las razones de fondo se puede decir que
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son tres: los incentivos perversos en la legislación vigente, una mala entendida solidaridad
gremial y un sistema judicial lento y complejo. Estos tres males se pueden resumir en uno, la
nula fiscalización de la actividad notarial. Prácticamente el único (aunque muy poderoso[93])
valladar al caos total, es la buena fe de la mayoría de los notarios en Guatemala.
2.2 Incentivos perversos en la legislación notarial positiva
2.2.1 Código de Notariado actual
Los inicios de la historia del Derecho notarial en Guatemala se remontan a la época colonial, y
estos a su vez en el Derecho medioeval español y europeo. La primera normativa moderna
respecto de esta tema es la Ley de Notariado del 20 de febrero de 1882, Decreto gubernativo
271 emitida por Justo Rufino Barrios, quien a su vez era notario. La materia notarial estaba
dispersa por varias leyes, inclusive el Código de Procedimientos Civiles, lo cual motivó a
que se emitiera la Ley de Notariado del 20 de agosto de 1934, Decreto gubernativo 1563, en
época de Jorge Ubico. Sin embargo, los legisladores consideraron que se debía codificar la
materia, y, por tanto, se emitió el Código de Notariado, Decreto 314 del Congreso, el cual se
mantiene vigente a pesar de que el conocimiento sobre el Notariado, los sistemas de
seguridad y la tecnología han avanzado grandemente en estos últimos años. Todo así, nos
encontramos con varias normas del Código que están vigentes, pero no son positivas. El
hecho de que no sea positivo se debe a varias razones, entre las cuales están: la falta de
estudio profundo del Derecho notarial en las Universidades; el desconocimiento de la
responsabilidad tanto contractual, como administrativa, por parte de los notarios; la escasa
fiscalización por parte de las autoridades que se ven aturdidas por la cantidad de nuevos
notarios y usuarios del sistema notarial.
Una de las normas que se viola muy a menudo es el hecho de estar presente mientras se firma
el documento, para poder imprimir la frase “ante mí” y el principio de la inmediación notarial. En
otros casos, la firma de los otorgantes se verifica en fechas diferentes a la que se hace constar
en la escritura. Más grave aún es el acto pernicioso de hacer escrituras en los espacios en
blanco que se dejan a propósito entre una escritura y la siguiente, en flagrante contravención
de la norma que obliga a no hacerlo. Esto se hace para evitar el pago en cierta fecha de un
tributo, y en otras instancias más graves, para disponer bienes o derechos con fecha anterior
al fallecimiento de una persona o para alzar bienes en fraude de acreedores. Raramente he
observado que algún notario lee lo escrito a los otorgantes[94]. No muchos notarios
acostumbran tomar razón de las legalizaciones de firma que hacen, no obstante que la ley es
taxativa en tal sentido y podría causar la nulidad del acto de legalización si no se hiciere la
toma de razón.
Como se puede ver, la forma en que se lleva el Notariado en Guatemala no puede seguir; si
queremos que no se viole la ley; especialmente usando el concepto “fe pública” tan
ligeramente. Se tiene la opción o de reformar el Código de Notariado para suprimir estas
obligaciones notariales que muy pocos cumplen, u obligar a que se cumplan implementando
formas que se puedan verificar fácilmente. De otra manera, los depositarios de la fe pública
seguirán mintiendo impunemente, amparados por la ley; idea que debería de ser repugnante a
cualquier amante de la justicia y de la libertad.
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2.3 Problema con la individualización de los comparecientes o requeridores
Parte de lo que el Código de Notariado exige es de dar fe del conocimiento de las personas
que intervienen en el acto notarial. Pondé[95] lo llama “fe de individualización”, y arguye que
realmente no es de “conocer”, que es lo que tradicionalmente se exige, sino de individualizar a
la persona, ya que lo que se requiere (como en un juicio) es tener certeza de quién
exactamente está compareciendo. En el sistema notarial guatemalteco el documento utilizado
para identificarse es la cédula de vecindad[96].
Aquí cabe hacer una digresión –debido a lo importante que resulta este documento para los
notarios– y anotar que el sistema de identificación vigente en Guatemala es totalmente
obsoleto, ya que no llena criterios mínimos de seguridad, es engorroso para el usuario, y da
muy poca información a quien necesita identificar al portador. El sistema de la cédula de
vecindad, tiene la doble función de documento acreditativo de la vecindad (pertenencia a un
municipio) y el de documento de identificación. Este documento de identificación se creó por
mandato de la Ley de la cédula de vecindad, la cual está vigente desde 1932, y sólo se ha
modificado una vez desde su promulgación. La ley dispone la existencia del número de orden y
el número de registro para cada cédula que se emita. Al número de orden corresponde una
letra seguida por un guión[97] y el número correlativo de la letra en el alfabeto. Cada
departamento de la República[98] tiene un número de orden establecido. El número de registro
es el específico que se le da a la inscripción de cada vecino o persona que se registra (en el
caso de los extranjeros domiciliados). Este hecho puede causar confusiones y falta de certeza,
porque todos los vecinos de los municipios del Departamento de Guatemala, por ejemplo,
tienen el número de orden “A1”. Se complica más el asunto cuando cada municipalidad va
dando el número de registro correlativo a cada vecino que se inscribe, por ejemplo: en el
Departamento de Guatemala es posible que existan hasta diecisiete[99] personas que tienen el
mismo número de orden y de registro; lo único que los diferencia (cuando se consigna bien) es
el nombre de la municipalidad que emite la cédula.
Aunque el reglamento de la Ley de cédula de vecindad manda que se renueve la cédula
cada diez años, la mayoría de la población no lo hace, por lo que su utilidad como documento
de identificación se reduce extraordinariamente[100]. Los materiales con que se fabrican los
cuadernillos son de muy mala calidad, y la caligrafía de quienes llenan el formulario muchas
veces es atroz; así que resulta difícil leer su contenido e identificar al portador. Existen varios
formatos para las cédulas según la municipalidad que las emite. Muchas personas cuando
cambian de vecindad no entregan la cédula que poseían para que se razone el cambio de
vecindad, y como consecuencia, cabe la posibilidad de que una persona tenga de hecho varias
cédulas que alguna vez le pertenecieron y cuyos datos fueron verídicos. Todo esto sin contar la
el número de cédulas falsas y falsificadas que deben existir por lo rudimentario del método de
su emisión y la inexistencia de controles mínimos por parte de las autoridades municipales.
A los notarios acuciosos sólo les queda investigar por sí mismos si la cédula ha sido realmente
extendida a la persona que dice el documento que presenta la persona que solicita sus
servicios profesionales. Otra opción es la de sacar fotocopia de la cédula y autenticarla,
insertándola como atestado, al fin del tomo donde encuaderne la escritura correspondiente. De
esta manera, si en un juicio posterior de nulidad o falsedad del documento notarial se alegare
que el notario no tuvo a la vista la cédula de vecindad, se tendrá a la mano el copia del
documento que fue presentado como cédula de vecindad y con lo cual se realizó la
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identificación que el Código de Notariado manda. Si se redargüiere de falsedad la escritura,
acta o razón, por consignar incorrectamente la identificación de una persona, bastará con que
el notario aporte al juicio la fotocopia autenticada de la cédula que se le mostró, que como
prueba tasada hará plena prueba en el juicio.
Cabe decir que mucha información pública y privada se basa en la presentación de la cédula
de vecindad: la petición de licencias para conducir vehículos (las cuales a su vez son utilizadas
para identificarse, por creerse más seguras que las propias cédulas), la apertura de cuentas
bancarias y pago de cheques, la inscripción como comerciante, la inscripción como
contribuyente, la inscripción de nacimientos, el matrimonio civil, la unión de hecho, la obtención
del pasaporte, la inscripción e identificación como ciudadano, la inscripción para prestar
servicios cívicos, la identificación ante los tribunales, las peticiones ante la Administración
Pública en general; y, además, la comparecencia ante notario o cuando se lo requiere, si éste
no conoce a la persona con anterioridad. Parte de dicha información, dado lo mal que se llevan
los registros de vecindad, puede ser errónea, caduca o falsa; lo cual dado el alto grado de
crecimiento de la población en los últimos veinte años podría causar un colapso en la
credibilidad del sistema de la cédula de vecindad. Salta a la vista que el sistema guatemalteco
de la identificación de personas es increíblemente desorganizado. Éste un ejemplo patente de
cómo el orden espontáneo[101] de la sociedad sí existe, y que la mayoría de las personas
normalmente actúan de buena fe. Un buen sistema de identificación de personas potenciaría el
actuar libre de las personas, dándoles seguridad a sus actos, lo cual no existe en Guatemala,
cuando menos actualmente.
2.4. La solidaridad gremial mal entendida: el Colegio de Abogados y Notarios de
Guatemala
Dejando muy de lado lo concerniente a la libertad de asociación, —que como bien entendió
Alexis de Tocqueville—, es un pilar fundamental de una sociedad de hombres libres, existen
problemas con la idea de “gremio”. El Colegio de Abogados ha tenido una actuación
importante durante los últimos ciento cincuenta años de vida nacional. Un representante del
Colegio firmó el Acta de Independencia, la cual fue redactada por un abogado, José Cecilio del
Valle. El Colegio y otras agrupaciones gremiales, tales como el Consulado de Comercio, por
muchos años controlaron el ingreso de personas a sus agrupaciones, discriminando sobre la
base de religión, raza, clase y capacidad económica; tan es así, que justo después de la
Revolución Liberal de 1871 el Colegio de Abogados fue abolido porque no era congruente con
los principios de aquella gesta, que, a grandes rasgos, propugnaba por la libertad de acción y
contratación. Sin embargo, la tradición estamental en Guatemala es poderosa, y más bien se
ha incrementado la actuación de personas buscando rentas por medio de gremios, de lo cual
no se han escapado los notarios.
Por muchos años los miembros del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala, con
honrosas excepciones, se han dedicado a buscar y mantener rentas económicas (rent
seeking y rent keeping) para sus agremiados, a costa del trabajo de otras personas y
gremios. La asociación no ha sido sólo para el mejoramiento intelectual y profesional de los
colegiados como lo manda la Constitución[102], sino para proteger y, más aún, para obtener
privilegios de parte del Estado. Por ejemplo, el timbre notarial es una clara violación a la libre
empresa por parte del Colegio, quien se defiende cabalmente con el argumento de la
solidaridad gremial. El timbre notarial conculca la libertad de los notarios que no quieren
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aportar ese porcentaje de su trabajo para que otros gocen de servicios y jubilaciones, sin
habérselo ganado ellos mismos (lo cual no es un acto de solidaridad). El timbre es una
exacción inmoral por parte del Colegio frente a sus agremiados, pues se basa en la coacción;
más aún, los fondos del timbre notarial realmente provienen de los gastos innecesarios que
tiene que pagar el usuario de los servicios notariales, lo cual lo hace todavía peor, pues crea
distorsiones en el sistema de precios. Se considera –equivocadamente[103]– como actos de
competencia desleal en el ejercicio de la profesión: el cobrar honorarios inferiores de los que
fija el arancel, sin que exista motivo que lo justifique y dar opinión desfavorable sobre la
competencia profesional de un colega. También se reputa desleal el gestionar directa o
indirectamente para obtener la dirección de un asunto patrocinado por otro colega o para
obtener el cargo que desempeña. Todo esto por ideas erróneas sobre la naturaleza de la
profesión liberal, la cual se cree que es diferente (y por encima en mérito) de la actividad
mercantil; cuando en realidad son lo mismo: la prestación de servicios por un precio. Sin
embargo, la presión que el conjunto de notarios hace sobre los que se dan cuenta que el
sistema es injusto; aunado con pronunciamientos de la Corte de Constitucionalidad[104]
respecto de este tema, hacen la lucha por suprimir privilegios y abusos gremiales muy difícil.
Otro error en nuestra legislación es que los propios agremiados (coactivamente) tienen que
decidir si se inhabilita a un notario acusado por el Tribunal de Honor de contravenir alguna
norma disciplinaria en su práctica profesional. El Código de Ética Profesional[105] confunde las
normas éticas, que son del fuero interno de cada persona, con asuntos contractuales y
cuestiones disciplinarias, o mejor bien dicho, la disciplina jurídicoadministrativa ejercida por el
Colegio. Esta mezcla confunde las normas éticas con las normas del Derecho, lo cual resulta
creando falsas expectativas de que las actuaciones que se consideran faltas de ética pueden
ser modificados, cuando en realidad, los asuntos puramente éticos no pueden ser juzgados, ni
mucho menos sancionados como los casos en los cuales se violan normas jurídicas. En todo
caso, el castigo disciplinario debe ser efectuado por un ente imparcial, de preferencia ajena al
gremio, para no ser juez y parte en el asunto.
Como se puede ver, los incentivos están colocados en el lugar equivocado, ya que los hay
para perjudicar a la competencia y los hay también para protegerse mutuamente, lo cual es
común y se puede entender, por temor a que se juzgue también los actos nocivos que los
demás están haciendo o por un mal entendido sentimiento de solidaridad. Todos estos
incentivos son perniciosos, y a la larga causan que todos los notarios se desprestigien ante los
ojos de la comunidad.
2.5 Nula fiscalización por entes administrativos o judiciales
2.5.1 El Archivo General de Protocolos
El Archivo General de Protocolos es una de las instituciones del Derecho notarial más
antiguas[106]. Sin embargo, por razones presupuestarias y del propio incremento natural de la
población, este órgano de la Presidencia del Organismo Judicial, no se da abasto con la
cantidad e documentos que tiene que procesar diariamente. Como en cualquier archivo
público, el personal debería estar capacitado especialmente para la delicada tarea de archivar
en un orden lógico y preestablecido los documentos que ingresan, tanto los testimonios
especiales de las escrituras públicas autorizadas por los notarios, como los expedientes
extrajudiciales de jurisdicción voluntaria, y los tomos de los protocolos que se depositen por
fallecimiento, impedimento o ausencia de un notario. Además de esta función archivadora, al
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Archivo también le corresponde el registro de poderes; lo cual no tiene ninguna razón
administrativa de serlo, sino simplemente histórica[107]. Adicionalmente, el local que tiene
asignado en el sótano del edificio de la Corte Suprema de Justicia no es el más apropiado; ni
en cuanto a su estado físico, ni en la seguridad que provee. Dicho local no tiene las
condiciones de humedad o ventilación necesarias para conservar papel.
Al Director del Archivo de Protocolos, según el artículo 100 del Código de Notariado, también
corresponde imponer multas a los notarios que no envíen los testimonios especiales, o no den
los avisos que mandan los artículos 38 y 39, dentro de los términos fijados al efecto, deben ser
penados con una multa de dos quetzales por infracción, los que se enteran ante la Tesorería
del Organismo Judicial, como fondos privativos de dicho Organismo. Dichas multas no son
aplicadas a menudo, de forma que no se crea el incentivo de cumplir la ley notarial a tiempo,
todo en desmedro de la seguridad de los documentos notariales.
2.5.2 La Inspección de Protocolos
El inspector de protocolos se dedica a verificar que los notarios cumplan con las normas de
Puede ser Inspector de Protocolos: el Director del Archivo General de Protocolos en el
Departamento de Guatemala, los jueces de primera instancia en el resto de los departamentos
de la República y los notarios colegiados activos[108] nombrados al efecto por el Presidente
del Organismo Judicial, quienes actúan en todo el país. Sin embargo, la gran cantidad de
notarios que actualmente existe dificulta la labor de cualquier inspector, por lo que no sólo no
se inspecciona la mayoría de los protocolos, sino que la inspección es superficial.
2.5.3 Fiscalización por los órganos que ejercen jurisdicción
Corte Suprema de Justicia
La Corte Suprema de Justicia y los tribunales del país tienen atribuciones disciplinarias y
administrativas respecto de la actividad notarial. La Corte Suprema de Justicia tiene varias
atribuciones[109], como órgano colegiado, pero también su presidente toma algunas
decisiones específicas. En el orden administrativo, se tiene el registro de los títulos o
incorporaciones y de las firmas y sellos de los notarios (art. 2); la imposición de multas a los
jueces que hayan cartulado innecesariamente (art. 6); la reglamentación de la forma en que se
debe realizar la microfilmación de los testimonios especiales para su conservación (art. 37). La
Corte designa al notario que debe extender los testimonios extranotariales de las escrituras en
protocolos depositados en el Archivo General de Protocolos cuando el Director no lo pueda
hacer (art. 68). Decide también sobre cómo se debe guardar los protocolos y los testimonios
especiales microfilmados, y su posterior incineración (art. 78). La Corte Suprema de Justicia
designa y reglamenta la actuación de los notarios inspectores de protocolos (art. 84), así como
la inspección extraordinaria (art. 86).
En materia disciplinaria, la Corte Suprema de Justicia tiene la potestad[110] de sancionar a los
notarios que cartulen siendo inhábiles, cuando hayan sido denunciados ante ésta por el
Ministerio Público o cualquier persona particular. El Tribunal, con intervención de uno de los
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fiscales de las salas[111], tramita la denuncia en forma sumaria con citación del notario
impugnado; y se ordena la práctica de las diligencias que se estime pertinentes, así como las
que proponga el notario. Contra la resolución que se dicte cabe el recurso de reposición ante la
propia Corte. Inclusive la Corte Suprema de Justicia, cuando por razón de oficio, tiene
conocimiento de que un notario ha incurrido en alguna de las causales de incapacidad para el
ejercicio de su profesión, lo debe saber a uno de los fiscales de las salas, para que proceda a
formalizar la denuncia. La Corte Suprema de Justicia también conoce del recurso
administrativo de reconsideración[112], el cual se interpone contra lo resuelto por el Director
General de Protocolos (sic), respecto de sanciones por incumplimiento de obligaciones
administrativas. Según el artículo 101 del Código, las demás infracciones a que se refiere éste
deben ser sancionadas por la Corte Suprema de Justicia, siempre que no constituyan delito, o
por el tribunal que conozca, en su caso. Se debe amonestar o censurar al notario infractor, o
imponerle multa, que no exceda de veinticinco quetzales. En caso de reincidencia, las multas
pueden ser hasta de cien quetzales, o suspensión de un mes hasta un año. La resolución se
debe dictar en auto acordado, con justificación de motivos.
La Corte Suprema de Justicia también interviene en el procedimiento de rehabilitación de
notarios, según el artículo 104 del Código de Notariado, cuando ésta se deba a la condena por
los delitos[113] especificados en el inciso 4 del artículo 3 de esa ley. Al efecto deben concurrir
las circunstancias siguientes: 1o. Que hubieren transcurrido dos años más del tiempo impuesto
como pena en la sentencia; 2o. Que durante el tiempo de la condena y los dos años más a que
se refiere el inciso anterior, hubieren observado buena conducta; 3o. Que no hubiere
reincidencia; y 4o. Que emitiere dictamen favorable el Consejo Superior de la Universidad de
San Carlos. El artículo 105 del Código dispone que el expediente de rehabilitación se tramita
ante la Corte Suprema de Justicia, y contra la resolución que ésta dicte no cabrá más recurso
que el de responsabilidad.
Jueces de Primera Instancia
Los jueces de primera instancia también tienen atribuciones administrativas, especialmente
aquéllos fuera del departamento de Guatemala, porque allí suplen al Archivo General de
Protocolos el cual sólo atiende directamente a los notarios de este departamento. En todos los
departamentos, menos en el de Guatemala, los protocolos de notarios fallecidos deben ser
entregados al juez jurisdiccional para que los traslade al Archivo General de Protocolos (arts.
23 y 24). Estos jueces también tienen que recoger los protocolos de notarios que sean
inhábiles. A ellos se les debe entregar los protocolos de los notarios que se ausentan de la
República por más de un año, y notificárseles cuando el notario sale de viaje por menos de un
año (arts. 26 y 27). En este último caso, el juez debe sellar la copia de la notificación que se le
hace para que los notarios puedan salir del país. Los jueces reciben los testimonios especiales
(art. 37) y extienden el comprobante de su recepción (art. 35), así como los avisos de
cancelación de escrituras pública y notificación trimestral del número y fecha de la última
escritura autorizada en dicho lapso (art. 37). Además de inspeccionar y revisar los protocolos
de los notarios domiciliados fuera del Departamento de Guatemala (art. 84), ante estos jueces
se debe denunciar la negativa del notario para realizar dichas diligencias. Si después de oírles
por causa de dicha acusación, el juez ordenará al notario a que permita hacer la inspección, y
ante la renuencia de éste, puede ordenar que se ocupe y extraiga el protocolo para ser
trasladado al Archivo General de Protocolos (arts. 86).
Asimismo, cuando un notario se niega a exhibir una escritura pública, el juez de Primera
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Instancia jurisdiccional, después de oírlo, debe dictar la resolución que lo obligue a mostrarla
(art. 22). Cualquier juez puede ordenar que se extienda un testimonio de una escritura que
haya autorizado el notario, después de oírlo respecto de su negativa; y si desobedece la orden
de extenderlo, aquél ocupará el protocolo y designa al notario de debe hacerlo (art. 74). Los
jueces donde haya Registro de la Propiedad, deben imponer multas de veinticinco quetzales a
los notarios que no envíen notificación de haber autorizado testamentos dentro del plazo de
quince días de la fecha de dicho acto (art. 45). El juez del domicilio del notario interviene en el
procedimiento de reposición de protocolo que haya sido perdido, destruido o deteriorado. Este
juez debe hacer las averiguaciones correspondientes para saber si se cometió un delito;
después solicita a la Corte Suprema de Justicia que se repongan las escrituras con los
testimonios especiales. Si éstos no aparecen por cualquier motivo, el juez tiene que citar a
todos los otorgantes para que vuelvan a realizar los actos respectivos, y solicitar al Registro de
la Propiedad copias de las escrituras que se hubieran enviado ahí (arts. 9094). Los notarios
tienen que acudir ante cualquier juez de primera instancia para enmendar los errores que se
hubieran cometido en escrituras públicas autorizadas por ellos (art. 96).
La falta de tiempo que tienen los jueces para la fiscalización de los notarios, y el sobrecargo de
trabajo, necesariamente perjudican la fiscalización de estos profesionales del Derecho. La
carencia de conocimiento técnico especializado sobre un aspecto ajeno a su formación judicial,
y vivencia profesional cotidiana, perjudica la diligencia y acuciosidad del desempeño de su
labor como fiscalizadores. La Corte Suprema de Justicia, el órgano jurisdiccional más
especializado en temas del Derecho, la cual resuelve los recursos extraordinarios de casación,
se ve empantanada en las obligaciones (posiblemente inconstitucionales) de administración
del Notariado en Guatemala. Sería más apropiado que los jueces se dedicaren a ejercer la
jurisdicción, y no a fungir como administradores.
3. Propuestas de cambio del sistema actual
3.1 Introducción
En congresos y simposios sobre temas notariales se ha tratado el tema de la crisis que existe
en el sistema notarial de Guatemala, y se han propuesto soluciones –las más congruentes con
la sociedad estamental en la que vivimos. La mayoría de propuestas giran alrededor de
disminuir por medio de la ley el número de notarios, y esto con un doble propósito: uno bien
intencionado, pero falaz; el otro perverso. El primer motivo es el de disminuir la cantidad de
notarios para que sea más fácil fiscalizarlos con la legislación vigente, disponiendo nuevos
requisitos para el ejercicio profesional. El propósito perverso es cerrar la posibilidad de que
más personas se dediquen a la profesión, para así crear escasez artificialmente, y
aprovecharse de las rentas que tal situación crearía.
3.2 Notariado del número
Algunos propugnan por volver a instituir el Notariado de número en Guatemala. El Notariado
de número implica poner un límite a la cantidad de notarios porque se establece que en cierto
lugar sólo puede haber cierto número de notarios. En la época Colonial en el Reino de
Guatemala existió el Notariado de número, cual cargo vendible, cuyos fondos los aprovechaba
la Corona. Aún después de la Independencia se siguió con el sistema de número [114], y no fue
sino hasta la Revolución liberal que se acabó este funesto sistema, carente de sensatez
económica. En este sistema cuando un notario fallece, se le inhabilita o deja de cartular, se
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abre la plaza y un nuevo notario puede acceder al ejercicio de su profesión; por lo que muchas
personas que desean ser notarios tienen que esperar su turno o trabajar para los viejos
notarios.
Este proceso es el utilizado en países como España, Argentina y Chile. Sin embargo, en
Guatemala sería inconstitucional, por crear un privilegio a favor de unos en detrimento de las
demás personas que quisieren dedicarse a esta profesión. Además, Guatemala es un país tan
pequeño que, con buenas vías de acceso, se puede viajar rápidamente de un poblado a otro,
por lo que la prohibición de ejercer el Notariado en otras áreas no sería funcional, ya que sería
absurdo que un notario no pudiera ejercer su profesión por cuestiones de límites territoriales
imaginarios. Uno de los problemas que más salta a la vista es que existe la dificultad de saber
cuál es el número apropiado[115] de notarios que serviría a cierta población; quien se atreviera
a disponer el número estaría violando las leyes del mercado, pues son las personas que
utilizan el sistema las que continuamente establecen cuál es el número de notarios que una
comunidad necesita, en otras palabras se debe dejar en manos de las leyes de la oferta y la
demanda.
3.3 Requisitos académicos
Otra solución es la de poner requisitos académicos[116] adicionales al del grado de licenciado
para ejercer el Notariado. Esto querría decir que se necesita un título de maestría o de
doctorado para ser notario, pues actualmente sólo se requiere el de licenciatura en Derecho. El
esquema falla porque su presupuesto, el que a mayor educación universitaria[117], mayor
honorabilidad, o por lo menos costaría más caro serlo. Los beneficiados directamente por este
planteamiento son las universidades por una parte, y las personas que tienen tiempo y dinero
para poder seguir sus estudios de posgrado.
No hay ninguna relación de causalidad entre incrementar los requisitos académicos, y el
aumento en la honestidad de los notarios. Adicionalmente a esto, lo que invariablemente
ocurriría es que los programas de posgrado bajarían de calidad, para poder aceptar y graduar
a más aspirantes, ya que pocos optarían por ellos simplemente por el gusto o interés
académico, y los más por llenar otro requisito para ejercer la profesión[118]. El grado
académico que se posea, en las actividades fedatarias que realiza el notario es de escasa
importancia, por ejemplo. Especializaciones en cuento a nuevas formas de contratación y de
redacción de contratos complejos sí sería positivo; sin embargo estos casos no son la mayoría
de lo que actualmente causa problemas: la falta de honestidad. Será la demanda y la oferta de
estos servicios lo que establezca cuánto se invertirá en educación.
3.4 Requisito de edad
Aún otro sistema propuesto es de limitar la entrada a la profesión tomando en cuenta la
edad[119] de las personas. Desde que una persona es responsable legalmente por sus actos,
puede ejercer cualquier profesión, porque si realiza algún acto dañoso o perjudicial o si comete
un delito, podrá responder patrimonialmente frente al afectado, o penalmente con su libertad.
Esto es suficiente, desde el punto de vista de la justicia, si alguien daña a otro, pues tiene
cómo resarcirlo o cumplir la pena que se le imponga. Por otra parte, no se ha comentado sobre
los efectos de la senilidad en el Notariado, ya que esta condición sí puede ser muy perjudicial
para efectos de la seguridad jurídica. Los notarios que en otras épocas fueron profesionales
destacados y que transmitieron su conocimiento a generaciones de nuevos notarios, hoy día
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posiblemente ya no tienen la sagacidad, interés y cuidado necesarios para proteger los
intereses de sus clientes, al no poder cuidar bien de su protocolo. Actualmente, puede
fácilmente darse el caso que personas poco escrupulosas se aprovechen de notarios que
tienen sus habilidades mentales restringidas por su avanzada edad.
3.5 Consecuencias negativas de las soluciones antes planteadas
Por lo mismo que la actividad notarial implica generalmente erogaciones obligatorias de dinero,
la corrupción[120] que se generaría para establecer el número o disponer la región sería
fuerte. La restricción territorial crearía un monopolio, lo cual está prohibido por la Constitución.
El monopolio territorial de los notarios causaría que la calidad del trabajo notarial bajara, ya
que limita la competencia, y que el trabajo para cada notario aumentara, causando pérdida de
tiempo para los usuarios e incremento en las rentas[121] de los notarios privilegiados. Por lo
que ninguna de estas propuestas solucionan el problema del acceso a los servicios notariales;
ni producen su precio de mercado. Adicionalmente, se tiene que considerar el costo social
neto[122] que provocan los monopolios artificiales.
4. Propuesta para el cambio del Notariado en Guatemala
4.1 Modificaciones al Código de Notariado
El Código de Notariado deberá ser afinado en cuanto a las nuevas medidas de seguridad que
se debe de exigir a los notarios. Se debe suprimir la fiscalización directa del Notariado por
parte del Organismo Judicial, por ser contrario a la Constitución, ya que ésta sólo les autoriza
ejercer la jurisdicción. También se debe prohibir a los jueces que cartulen. Debe quedar muy
claro la extensión y efectos de la cartulación en el extranjero. También se detallarán
claramente los requisitos de los documentos públicos, y de las obligaciones administrativas
que deban tener los notarios. El nuevo código también deberá incluir normas regulando al
documento notarial electrónico[123] y la formación del protocolo electrónico. Los avances en la
tecnología deben ponerse al servicio del Notariado, ya que lo proveerían de una seguridad
considerable. Siguiendo el principio de legalidad, se deberá incorporar un nuevo catálogo de
sanciones para cada acto de incumplimiento de las obligaciones administrativas, así como un
nuevo arancel absolutamente supletorio a la voluntad de las partes contratantes. Dicho arancel
no se debe basar principalmente en el precio del negocio, sino más bien en tasas fijas
predeterminadas. En el cálculo de la tasa final quizá se pueda incluir un pequeño porcentaje
del precio para incorporar el factor de riesgo del notario autorizante.
Tal vez la reforma más importante será la de establecer que los notarios no son funcionarios
públicos[124], sino que concesionarios de servicios de fedación. Esto permitirá al Estado
revocar la concesión cuando el notario incumpla con sus obligaciones legales. La concesión
debería ser por períodos cortos, para asegurar que los notarios se mantengan al día en el
cumplimiento de sus deberes administrativos. La concesión será lo que faculta al notario para
impregnar de fe pública los actos en que intervengan. El Estado debe cobrar por el
otorgamiento de dicha concesión un porcentaje de las ganancias netas de los notarios; y como
contraprestación garantizará que los concesionarios puedan ejercer su profesión sin que
ninguna autoridad les deniegue acceso o intervenga en el ejercicio legítimo de ésta. Los
fondos provenientes de la concesión deben ser exclusivamente destinados a financiar el ente
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público fiscalizador del Notariado.
4.2 Educación continuada
Después que un estudiante de Derecho gana su examen técnicoprofesional[125], ya nunca
más se cuestiona su capacidad técnica y de conocimiento del Derecho vigente; lo que se
puede resolver con la certificación periódica de los notarios por el ente público estatal
regulador del ejercicio del Notariado –la Superintendencia del Notariado y Registros. Sería
apropiado que los notarios habilitados tuvieran que renovar su conocimiento del Derecho
vigente y de que poseen las habilidades mentales y físicas para ser confiados con la fe pública.
Esto se podría lograr por medio de exámenes administrados por el ente regulador que
ayudarían a preparar conjuntamente el Colegio de Abogados y Notarios y las universidades;
todos los notarios se someterían cada cinco años a dicho examen. De esta forma la
habilitación profesional no sólo estaría condicionada al pago de una cuota pecuniaria
simbólica, sino a la certificación periódica de que los colegiados están al tanto de los cambios
en la legislación pertinente, de la técnica notarial actualizada. Esto sería un incentivo al
estudio del Notariado y del Derecho en general, mejoraría la actividad de investigación y
publicación de literatura relacionada con estos temas, lo cual actualmente se hace tan
pobremente en nuestro país.
4.3 Acreditación de la habilidad para ejercer la profesión
Aprovechando que el proceso de certificación del conocimiento que deban tener los notarios,
se podría solicitar que el notario presente constancias del Registro Civil probando que no es
civilmente incapaz. Asimismo, los notarios deberían probar que no son ebrios o toxicómanos
habituales, que no padecen enfermedad mental que reste agudeza para el ejercicio de la
profesión y que, además, no tengan dificultad para ver, oír, hablar o escribir; todo por medio de
exámenes médicos. Los aspirantes a ser comisionados deberían presentar certificación de las
autoridades judiciales de que no han sido condenados por cometer los delitos que le impiden
ejercer su profesión. De esta forma se harían vigentes las disposiciones que establecen cuáles
son los impedimentos absolutos para ejercer el Notariado que sobrevengan al profesional que
pretenda ser comisionado, y daría mayor certeza a la ciudadanía que el notario que contrata
actúa en la legalidad y posee habilidades físicas y mentales necesarias para cartular.
4.4 Ampliación de la actividad fedataria
Más allá que restringir el número de notarios, lo más aconsejable sería disminuir las trabas al
ejercicio profesional por parte del gremio y extender la posibilidad de la participación de más
personas en la actividad fedataria. Por ejemplo, se debería permitir la actuación de personas
que al pasar ciertos exámenes de conocimiento general y carencia de antecedentes policiacos
y penales, previo pago de una fianza, puedan ejercer la función fedataria[126]. La
honorabilidad, honestidad y perspicacia no la otorga, necesariamente, un título universitario. La
actividad fedataria en el caso de la legalización de firmas o fotocopias consiste en estar
presente y atento cuando una persona que muestra su documento de identificación imprime su
firma o su huella digital. También es necesario no dejarse manipular o cohibir por personas que
necesitan hacer sus trámites rápidamente o que están dispuestas a saltarse los pasos que
requiere la forma para dar seguridad. Los fedatarios deberán contratar una fianza para
responder frente al Estado de la violación de su contrato de concesión de dar fe. No será pues
extraño que, en el futuro haya personas, con el título de secretaria o bachiller, que se dediquen
a la legalización de firmas y legalización de fotocopias, como negocio aparte. Todo esto
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favorecerá a las compañías donde se tiene que producir muchas legalizaciones, así como en
los pueblos y aldeas alejados de donde hay notarios, además que daría seguridad a los
interesados. Por supuesto, se tendría que fiscalizar preventivamente a los fedatarios, y
hacerles saber específicamente que son responsables de todas las legalizaciones que
efectúen.
4.5 El Notariado centroamericano y la integración
Otra forma de ampliar la actuación notarial, y estimular la competencia a esta profesión, es la
de crear el Notariado centroamericano, de tal cuenta que un notario, al saber las leyes de otro
país, o eventualmente el Derecho que nazca de la unión de Centroamérica como un sólo
Estado federado, pueda cartular en cualquiera de los estados que la conformen. Existirá un
protocolo especial, con el escudo de la Federación, donde se harán constar contratos que
surtan efectos en todo el territorio nacional. La facilidad de contratación impulsará y facilitará la
forma de hacer negocios a gran escala, lo que redundará en beneficios para toda la población
abaratando los precios.
5. Conclusión
Como se ha podido constatar los problemas que enfrenta el Notariado en Guatemala se deben
a varias causas. Una de las más importantes es la falta de fiscalización por un ente
especializado que constantemente vele porque los notarios cumplan con sus obligaciones
administrativas. Muchas de las soluciones que se han dado hasta la fecha probablemente
exacerben los males existentes y desprestigien a la profesión. De hecho, el análisis económico
de las instituciones notariales comprueba que los incentivos para la práctica del Notariado no
están dirigidos hacia la competencia, la cual produce riqueza, sino más bien hacia restringirla,
lo que produce rentas y pérdidas sociales netas. La apertura a la competencia, la educación
continuada, de donde los notarios se darán cuenta de las ricas tradiciones y aspectos
fascinantes del Notariado, y la fiscalización por parte de un ente especializado, darán más
seguridad a los clientes, y al público en general; pero también lograrán algo que pocos ahora
estiman: las posibilidades artísticas de esta bella profesión.
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Corte de Constitucionalidad
Gaceta Jurisprudencial No. 21
Gaceta Jurisprudencial No. 35
“Claridad y precision en sus constancias, fácil acceso para todo el que
quiera consultarlo, intelijencia y moralidad en los encargados de
llevarlo: he aquí lo que acerca de él debe procurarse á fin de que no se
convierta en una decepcion para los interesados que han de confiarle
sus derechos.”
Manuel Ubico, Informe.
1873
CAPÍTULO III
Urgencia de la Reforma Registral en Guatemala
Introducción
La titularidad con que se ejerce la posesión de las tierras ha sido durante la historia de
Guatemala uno de los temas que más han apasionado a estudiosos de la Política, el Derecho,
y las demás ciencias sociales. Tal vez la belleza, o la escasez de la tierra buena, caldean tanto
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los ánimos por ella, que personas sensatas se han batido a muerte por decidir quién ha de ser
o no ha de ser su señor. No obstante, el jurista ve estos asuntos desde otra perspectiva, vela
porque no exista la injusticia, a la vez que busca los medios más eficientes de proveer la
seguridad de los derechos legítimos respecto de la tierra. Así pues cuando el amante del
Derecho analiza el estado actual del sistema registral guatemalteco, clama con profundo
lamento la urgencia de su reforma.
Un breve paseo por la historia del sistema registral y de sus antecedentes, echará luz sobre los
problemas que ha enfrentado este pueblo desde hace tantos siglos. Políticas bien
intencionadas, pero erróneas, provocaron que el mecanismo ideado para dar seguridad
jurídica, de hecho causa inseguridad y zozobra. La tendencia doctrinaria que nuestro Derecho
registral ha seguido es otra de las razones de fondo que causan los problemas que afectan a
los usuarios del Registro. Pero hay que decir que no todo está perdido; la tecnología, tanto
jurídica, como la material, pueden facilitar la salida del embrollo en que nos hallamos. Para
empezar a echar luz sobre los asuntos aquí expuestos, vayamos al principio.
1. Historia del Registro de la Propiedad
1.1 Prenociones importantes
Varió mucho la forma en que la tierra fue otorgada desde el inicio de la Colonia hasta la
Independencia. Algunos títulos sobre extensiones grandes de tierra y sobre las tierras en
general conquistadas, al principio fueron de algún conquistador, pero luego revirtieron al Rey.
No se dio en la América española lo mismo que por tantos siglos se vivió en Europa entre
señores y vasallos respecto de las tierras: el sistema feudal[127]. Los reyes eran los dueños de
toda la tierra no ocupada (por eso se llaman realengas), y de la que fuera luego
desocupada[128]. El proceso comenzaba por la ocupación de tierras que en ciertos casos
estaban desiertas por la disminución en la población que se dio durante el siglo XVI debido a
pestes. Luego el poseedor componía la tierra, la cual finalmente era confirmada por los
administradores locales del Rey. En este caso se otorgaban los títulos a las tierras para que
fueran válidos mediante un proceso de titulación. Esto se dio especialmente en las épocas en
que la Corona necesitaba fondos, pues no le interesaba tanto tener las tierras como tener
tributarios, o ingresos de cualquier otra naturaleza.
Un concepto errado, que algunos sustentan actualmente, es que los españoles quitaron todas
las tierras a los indios. Los indios fueron la mayoría de la población hasta este siglo; por lo que
se hubiera requerido de inmensos ejércitos para controlar tal usurpación, si se hubiera dado.
Por el contrario, los indígenas generalmente[129] convivieron, comerciaron y en muchos casos
se procrearon con los españoles y negros que se asentaron aquí. Guatemala fue conquistada
por España antes que en el mundo occidental –al cual se pertenece– se desterrara la
conquista como título legítimo de ocupación de la tierra. Por ende, dicha conquista fue y es
plenamente legítima[130], y así fue como los reyes de España otorgaron títulos de tierra a sus
súbditos indios durante el transcurso de toda la Colonia, cuidando por lo menos formalmente
que no se les molestara su derecho de propiedad. La propia Audiencia amparó en la posesión
en varias ocasiones indios que estaban siendo perturbados. Lo que realmente ha ocurrido
durante estos últimos cuatrocientos setenta años, y aún muchos siglos atrás, es una serie de
acomodamientos, en ciertos casos violentos, entre diversos grupos; ya que todos los humanos
que viven hoy aquí o sus antepasados, vinieron de alguna otra parte.
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1.2 Los títulos ante la Historia
1.2.1 Tierras de los súbditos españoles
Antes de analizar propiamente los aspectos históricos de la actividad registral conviene
analizar someramente los regímenes de tenencia de la tierra en Guatemala según los diversos
títulos que se ejercían. Una vez terminó la conquista de los señoríos indígenas, empezó el
proceso de colonización de las tierras que no eran usadas intensivamente por los
conquistados. Los títulos según los cuales se ejercía los derechos sobre la tierra siempre
fueron importantes, especialmente cuando surgían conflictos, de ahí que se tomara cuidado de
resolver qué autoridad los repartía. Una de las recopilaciones de títulos sobre tierras más
antiguas que se conoce es la repartición del área de Almolonga (San Miguel Escobar,
Sacatepéquez) en el acto de fundación de Santiago de los Caballeros de Guatemala. El
otorgamiento de los títulos fue llevado a cabo por el cabildo[131]; lo cual consta en el llamado
Libro Viejo de la Fundación de Guathemala[132]. También hubo títulos que daba el rey
directamente, como el que dio al Adelantado don Pedro de Alvarado, y a los otros
conquistadores, así como a los pueblos del rey. Respecto del Libro Viejo, cabe decir que ahí
se asentó los primeros títulos de propiedad sobre tierras urbanas y suburbanas de
Guatemala[133] desde 1527. Sin embargo, para abril de 1528, había una gran confusión en
cuanto a quién pertenecía qué inmueble, y el Cabildo mandó: “[…] si algo hasta el día de hoy
sobre este caso estaba hecho y mandado e ordenado; que lo revocaban e derogaban, e
revocaron e derogaron.”[134] Se instruyó posteriormente: “en nombre de su majestad e por
virtud de su provisión real les daban, e dieron, de juro e de heredad, para ellos, e para sus
sucesores e descendientes, para que, ahora, e para siempre jamás, fuese su propia hacienda
y heredad, e la pudiesen vender, e trocar, e enajenar, e hacer della lo que mejor les estuviese:
por los servicios que en estas partes a sus majestades, cada uno ha hecho.”[135] Quedó
establecido que a cada vecino se le daría un título o cédula según los Reyes de España
mandaban que se tuviera en los asientos de las tierras nuevas.
El procedimiento de asentamiento de los títulos parece ser que involucraba al escribano de
cabildo, quien tenía que estar presente durante las mediciones de los terrenos. Éste luego lo
asentaba en los libros del Cabildo. Para 1530 el procedimiento cambió, ya que el Cabildo
decidió que un diputado por parte de éste anotaría las medidas y que luego se las pasaría al
escribano para que lo pasara en limpio. Así se pretendía agilizar la repartición de
heredades[136]. En el manuscrito del Libro Viejo, luego siguen once folios en los cuales
constan las asignaciones (algunas de ellas dicen las medidas y colindancias de los terrenos),
que van desde 1528 a 1538, tres años antes del desastre que obligó al traslado de la ciudad al
Valle de Panchoy[137]. A finales del siglo XVI, el Rey permitió que fuera la Audiencia quien
repartiera la tierra en nombre de él[138]. En el transcurso de la dominación española hubo
varios métodos de conceder título a la tierra y de establecer cuál título tenía preeminencia
sobre otro, para lo cual se estableció el Juzgado Privativo del Real Derecho de Tierras.
1.2.2 Tierras de los súbditos indios
La tierra poseída por los indios también tuvo un gran cambio durante el período colonial. Se
sabe poco –a ciencia cierta–, cómo era el sistema de posesión de la tierra en tiempos
precolombinos. Algunos, como Hill y Monaghan, creen que en el período histórico (14001521)
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los indios poseían su tierra en la forma del chinamit[139], o de grupos de chinamitales
llamados amaq’, los cuales sobrevivieron la Conquista y se convirtieron en el sistema de las
parcialidades o barrios, los cuales llegan hasta el día de hoy en algunos pueblos del Altiplano.
Esto es importante tomar en cuenta porque durante la Colonia, los indios hacían mención de
sus territorios ancestrales en los relatos de sus títulos[140]. El chinamit o la parcialidad es una
forma comunal de posesión de la tierra y de agrupación social que se dio entre los indios[141].
Los linderos en estas épocas estaban mal marcados, en parte porque esta era una nueva
institución[142] traída a América. Se utilizaba marcadores naturales como árboles grandes
(amates, ceibas), piedras, ríos, zanjas, zanjones, barrancos, cumbres o monumentos (cruces
de piedra) para marcar las lindes entre terrenos.
Hubo muchos problemas con la tierra en el período Colonial, la mayoría de las veces entre
comunidades indígenas. El Juzgado Privativo tuvo que resolver una gran cantidad de litigios
entre comunidades, o comunidades y personas particulares. A diferencia de la época antes de
la Conquista, durante la pax hispanica, los conflictos se resolvían ante las autoridades
administrativas (corregidores) o ante la Audiencia; por lo que las guerras ancestrales cesaron
entre los diversos grupos indígenas, algo que resulta importante notar, y que pocos reparan en
ello. Sin embargo, en Sacapulas se sabe que una vez que las autoridades españolas se
involucraron en el asunto, el conflicto se complicó aún más y éstas fueron incapaces de
imponer una solución[143]. Ese conflicto en particular causó fricciones entre dos de las
parcialidades de Sacapulas desde 1739 hasta 1810[144]. A los indios les era muy difícil
realizar los trámites ante las oficinas gubernamentales, no sólo por lo lejos que quedaban las
oficinas, sino por lo costoso de contratar a los conocedores de la burocracia colonial.
Otra fase importante en las relaciones y conflictos por la titularidad de la tierra se inició cuando
españoles y criollos formaron las haciendas para la exportación a escala mundial de bienes
tales como el añil, grana y, después, café. Éstos desplazaron o invadieron los terrenos
comunales de los pueblos de indios, en algunos casos se empezó por arrendar las tierras
comunales, luego a comprarlas o a poseerlas de hecho. Sin duda, la falta de un buen sistema
de publicidad que fuera común para ambas poblaciones (las cuales a menudo vivían en sitios
distintos) causó conflictos, algunos de ellos bien avanzado el siglo XX.
1.3 Desorden en cuanto a la titularidad de la tierra
La falta de un catastro[145] o un registro confiable hacía que los conflictos por tierras
abundaran y que se causara fricción entre los pobladores de Guatemala. Sin embargo, se
debe mantener en cuenta que los conflictos se generaban indistintamente por los grupos
raciales o étnicos, colectivos o particulares, ya que el estado de la titularidad de la tierra era
sumamente precario en casi todo el territorio de Guatemala. Los libros de capellanía de la
Iglesia eran un medio de control de los derechos sobre las tierras que se le había donado o
que tenía por título real. Los censos[146] enfitéuticos eran primordialmente utilizados por los
pueblos para disponer de sus ejidos. Si bien los ejemplos mencionados anteriormente pueden
considerarse sistemas para verificar quién tenía título sobre alguna tierra (publicidad), no se
llevaba ningún sistema catastral medianamente ordenado, menos aún un registro de
inmuebles. Otro problema era el múltiple sistema de medidas[147] que existía en diferentes
partes del Reino. Aunque en las ciudades probablemente no fue tan conflictivo el asunto, por
tener los ayuntamientos cerca; mas en las zonas rurales la falta de certeza sí causaba
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guatemalteco después de la Reforma Liberal, se debe a que durante la época relativamente
tranquila bajo Carrera, se cimentaran las bases para el alumbramiento de las instituciones
jurídicas que se creen liberales.
La Sociedad Económica propició la primera reforma registral en Guatemala con un concurso
para que jurisconsultos presentaran proyectos para una ley hipotecaria, lo cual no tuvo el éxito
deseado. Asimismo en la Asamblea Legislativa se empezó a fraguar la idea de la reforma del
sistema hipotecario, con motivo de cambios menores en la regulación de los oficios de
hipotecas. La Corte Suprema y el Gobierno estuvieron de acuerdo con el cambio, y así fue
como nació la comisión que redactaría una ley hipotecaria. En febrero de 1871 el gobierno
encomendó al licenciado Manuel Ubico la elaboración del proyecto de ley. Éste junto a los
letrados Salvador Falla y Ricardo Casanova propusieron muchas normas que están vigentes,
con algunas modificaciones, hasta el día de hoy. El proyecto, y el informe de 105 folios, fue
mandado a revisar por la Corte Suprema de Justicia, el Colegio de Abogados, la Sociedad
Económica y el licenciado Arcadio Estrada, Consejero de Estado, al efecto de que
dictaminaran sobre aquél[158]. En una misiva de Ubico al Ministro de Gobernación y Justicia
de fecha 29 de abril de 1873, el jurista explicaba que aunque algunas de las disposiciones
parecieren abstrusas, esto se debía a que el desarrollo del sistema registral era desconocido
en Guatemala, donde no se aplicaba rigurosamente el principio de publicidad. En el informe
que rindió Ubico menciona que se adoptaba el sistema germánico; aunque cabe anotar que
realmente se implementó el sistema declarativo español. Las leyes de España[159], Bélgica,
Prusia, Suiza y Chile se tomaron en cuenta para la redacción del proyecto[160]. Finalmente, el
Código civil de 1877 creó el Registro de la Propiedad con muchas de las ideas concebidas por
la comisión dirigida por Manuel Ubico, ya que este proyecto nunca se convirtió en ley, ni se
adoptó[161] íntegramente.
1.4 El Registro de la Propiedad desde 1877 hasta 1999
Como se ha expuesto, se creó un sistema registral basado en el sistema español. De ahí que
este trabajo proponga que el sistema registral guatemalteco se basa en sistema declarativo
español y no en el francés, como algunos pudieren creer. Se podrá preguntar por qué en
España existió una ley hipotecaria antes que el Código civil, dado que en Guatemala ocurrió lo
contrario. En España, por problemas de índole político relativos a las regiones que todavía
poseían sus propios fueros (Derecho foral), la entrada en vigencia del código civil nacional se
retrasó mucho, aunque hubo varios proyectos. La situación de las hipotecas era tan
apremiante que se decidió emitir esta ley antes que el Código, y por eso se promulgó la Ley
Hipotecaria en 1861. En Guatemala, los primeros intentos de codificación del Derecho se
dieron en la primera época liberal después de la Independencia, pero no tuvieron éxito sino
hasta el segundo gobierno liberal en tiempo de Barrios. No hubo necesidad de tener una ley
hipotecaria independiente del Código civil, puesto que el proyecto de ésta sirvió para formular
la regulación hipotecaria y registral de éste.
Todo así, el conocimiento sobre la materia hipotecaria, prendaria y registral fue creciendo tanto
en la doctrina, como en la jurisprudencia, lo que motivó a la derogación del Código civil
original, específicamente en esta área. El Decreto número 1656 de la Asamblea Legislativa de
fecha 30 de mayo de 1930, a propuesta del presidente Lázaro Chacón, llamada “Ley de
Hipoteca, Prenda y Registro de la Propiedad”, introdujo cambios respecto de las tres
materias y de la inscripción de derechos sobre los ferrocarriles. Dicha ley estuvo vigente por un
corto tiempo, ya que el Código civil de 1933 reguló completamente de nuevo la materia. A su
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vez, el Código civil vigente derogó a este último[162], aunque tomando elementos de todos los
códigos, leyes y reglamentos anteriores.
2. Doctrina y jurisprudencia
El sistema legal español tiene –como el guatemalteco–, una gran limitante respecto del
Derecho registral, cual es que sigue, en general, las instituciones obligacionales del Código
civil francés. El título y el modo de transmisión de obligaciones son la base de estos dos
sistemas[163]. La noción de que el simple consentimiento[164] es suficiente para crear
obligaciones, se resiente ante la intromisión de la idea de que se tiene que subordinar al acto
registral, para que éstas surtan sus efectos. Este fundamento del Derecho guatemalteco,
aunque atenuado en cuanto al aspecto de la tradición, es el más impenetrable valladar; el cual
no permite que el registro de la propiedad funcione plenamente, pues no le concede tener
efectos constitutivos. Sin embargo, en tanto la mayoría de las personas no concurran a
inscribir sus derechos al registro, éste no tendrá la información necesaria para proporcionar
seguridad jurídica para todos; haciéndole, cuando va bien, poco confiable, y cuando va mal,
una fuente del error en la contratación
Como se puede apreciar, el punto toral del Derecho registral es si éste sigue la tendencia de la
función declarativa o por el contrario, francamente opuesta a ésta, una función constitutiva de
derechos. Roca Sastre expone que: “la inscripción es declarativa cuando la mutación jurídico
real inmobiliaria se opera independientemente del Registro, y es constitutiva cuando, además,
el Registro interviene como factor o elemento, unido a otros, para que la mutación se
produzca.”.[165] En España, inspiración de nuestro sistema registral, para 1909 se daba como
argumento en contra del efecto constitutivo (tal vez el más importante desde el punto de vista
filosófico), que éste atacaba la libertad de contratación, que era repugnante al concepto de
propiedad como derecho subjetivo y, sobre todo, que el Estado no debía forcejear en la vida de
los derechos privados.
El gran Roca Sastre expone los siguientes contrargumentos, con los cuales estoy de acuerdo,
respecto del problema de la libertad. Los efectos constitutivos no atacan a la libertad, por lo
mismo que los requisitos ad solemnitatem de autenticación para actos de trascendencia
social, ni tampoco la agredía la traditio, en el derecho antiguo. Estas instituciones
evolucionaron de ser costumbres inveteradas a constituir el Derecho, cabalmente porque
sobrevivieron las exigencias del tiempo siendo útiles para los hombres. La inscripción
realmente no se exige tanto respecto de la obligación, sino que del derecho real. A lo sumo no
se pretendería que la falta de inscripción haga nulo el negocio traslativo, más bien se podría
decir que se suspendan los efectos en cuanto al Derecho de cosas, en tanto éste no se
inscriba. Al contrario, dice Roca Sastre, porque: “Lo que ataca a la contratación es
precisamente el pretendido sistema de inscripción declarativa, ya que perturba la normalidad
del tráfico jurídico al dar lugar […] a una propiedad relativa al lado de una propiedad absoluta,
hacer posible que un sujeto sea dueño para unos y no para otros, o sea que existan dos
dueños incompatibles de una misma cosa.” Y agrega que: “Esta dualidad complicadora, resta
seguridad jurídica y, por tanto, ataca a la contratación.”[166]. Aunque los tratadistas españoles
antes de la reforma hipotecaria de 1944 consideraban, casi en su totalidad, que el Registro
debería tener efectos constitutivos, el legislador continuó con la tendencia de darle únicamente
efectos declarativos. Argumentaron a la fecha todavía el sesenta por ciento de la propiedad no
había ingresado al Registro; por lo que no se podía dejar desamparados a estos
propietarios[167]. Es muy probable que lo mismo dirían los legisladores en Guatemala, sin
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darse cuenta que la seguridad que provee el sistema registral constitutivo es muy atractivo
para todos los propietarios[168]. Probablemente las causas de fondo para no instaurar un
sistema constitutivo son de índole financiera y administrativa, ya que la inversión para construir
la infraestructura de los registros que se necesitan es grande; además que se necesitaría de
personal capacitado para operar la tecnología avanzada que permitiría tener un buen servicio.
La Corte de Constitucionalidad también se pronunció sobre los efectos de las inscripciones
registrales. En sentencia la Corte afirmó que el sistema registral que existe en Guatemala es el
declarativo. El tribunal constitucional resolvió que: “en materia registral, vale el principio citado
por las partes en el amparo, y que está contenido en el artículo 1148 del Código Civil, el cual
dice ‘Únicamente perjudicará a tercero lo que aparezca inscrito o anotado en el Registro’”. La
Corte consideró que acceder a la pretensión de dejar sin efecto el remate, significaría una
transgresión a los derechos de otros interesados, en perjuicio de la seguridad jurídica de los
actos judiciales, de los principios registrales y en desmedro de la eficacia del embargo.[169] De
esta manera confirma que el sistema registral inmobiliario guatemalteco es de carácter
declarativo y no constitutivo.
Existe una excepción, de carácter histórico, de una disposición que dio efectos constitutivos a
una inscripción registral. El artículo 3 del Acuerdo Gubernativo del 30 de noviembre de 1912 de
Estrada Cabrera dispone que no tendrán valor los contratos o concesiones que no se
inscribieran en los libros especiales donde se inscribía los bienes del Estado, dicho artículo
dice: “Cualquier modificación que se efectúe en dichas propiedades ya por contratos,
concesiones, destrucción de aquellas o por otra causa, deberá hacerse constar en la
respectiva inscripción, requisito sin el cual no tendrán valor alguno los contratos o concesiones
que se lleven a cabo respecto de ellos en favor de particulares, ni aún en el caso de que éstos
inscriban dichas concesiones o contratos en los otros libros del Registro.”. El Estado
necesitaba seguridad en cuanto a sus contrataciones, por lo que implementó esta norma;
dejando evidencia de lo útil del carácter constitutivo de las inscripciones registrales.
3. Algunos problemas actuales del Registro de la Propiedad
Existen varios problemas con el sistema registral inmobiliario guatemalteco en la actualidad.
Algunos de ellos se deben a la tendencia centralizadora que sobrevino en casi toda la
administración pública; así como a normas obsoletas o que sólo benefician a la burocracia en
perjuicio de los usuarios. El principal obstáculo resulta, no obstante, la falta de fiscalización de
la actividad registral por parte de un ente especializado en la materia. Estos graves asuntos,
dejados en su mayoría al tiempo, son un campo fecundo donde se gestan actos arbitrarios,
corrupción, e ineficiencia; lo que resulta (irónicamente) en inseguridad, y eventualmente
provoca injusticias.
3.1 Centralización de los servicios registrales
Se han establecido varias oficinas del Registro de la Propiedad desde que éste fue instituido
por el Código civil de 1877. Desde el inicio de la legislación registral inmobiliaria entre los
pueblos hispánicos se ha tratado que toda la población tenga acceso al registro. Sin embargo,
pareciera que por problemas financieros o por el control centralizado que también ha
caracterizado la mayoría de los regímenes patrios, la cantidad de oficinas registrales ha sido la
mínima posible. Por acuerdo del 19 de junio de 1877 (dos meses antes de que entrara en
vigencia el Código civil) se organizaron las tres primeras oficinas del Registro: la primera en la
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Ciudad de Guatemala, la segunda en Jutiapa y la tercera en Quetzaltenango. El primer
registrador de la oficina de Guatemala fue el licenciado Enrique Martínez Sobral. Se estableció
otra oficina en San Marcos el 31 de mayo de 1892 y el 23 de julio del mismo año, otra en
Retalhuleu para servir a ese departamento y a Suchitepéquez; sin embargo, el Ejecutivo volvió
a reducirlas a tres, con asiento en Guatemala, Jalapa y Quetzaltenango, por acuerdo del 1 de
noviembre de 1897. Un acuerdo de 30 de abril de 1898 creó oficinas con sede en Guatemala,
Quetzaltenango, Jalapa, Zacapa, Cobán y San Marcos, con su respectiva numeración. Este
acuerdo de Estrada Cabrera fue el que logró la mayor descentralización de los servicios
registrales inmobiliarios en la historia; aunque el acuerdo de 8 de abril de 1913 suprimió el
Cuarto Registro y lo añadió al Primero. En tiempos de Jorge Ubico, comenzó de nuevo la
centralización, el acuerdo de 10 de julio de 1933 redujo el número de oficinas a cuatro:
Guatemala, Quetzaltenango, Cobán y Jalapa, y llamó por primera vez Registro General de la
Propiedad Inmueble a la oficina en Guatemala. La centralización siguió por acuerdo de 28 de
julio de 1933 cuando se anexó el Cuarto Registro al Registro General en Guatemala; por
acuerdo de 12 de junio de 1934 se anexó Sololá al General, y por acuerdo de 1 de junio de
1936 se anexó el Tercer Registro. Finalmente, un acuerdo de 29 de noviembre de 1951 agregó
los departamentos de Suchitepéquez, Retalhuleu y Sololá al Segundo Registro, al segregarlos
del Primero.
Por virtud del art. 1216 del Código civil, actualmente el Registro de la Zona Central[170] tiene
competencia administrativa sobre: Petén, Izabal, Chiquimula, Zacapa, Jalapa, Jutiapa, Santa
Rosa, Escuintla, Sacatepéquez, Chimaltenango, Guatemala, El Progreso, Baja Verapaz y Alta
Verapaz. La competencia territorial del Segundo Registro de la Propiedad abarca los
departamentos de: El Quiché, Huehuetenango, Quetzaltenango, Totonicapán, Sololá,
Suchitepéquez, Retalhuleu, y San Marcos. Recientemente, se abrió una oficina en Petén,
aunque hasta ahora sólo sirve para recibir y entregar documentos. Es posible que la
centralización haya ocurrido porque las administraciones pasadas desconfiaban del manejo de
la información en las antiguas sedes registrales. La debilidad de muchos regímenes a causa
de varias revoluciones, levantamientos y asonadas pudo acelerar este proceso. Otra razón de
índole económica es que los grandes terratenientes emigraron del campo a las ciudades en el
transcurso de los últimos cien años, y para conveniencia de ellos y de los bancos y
acreedores, las oficinas se localizaron en las dos ciudades más importantes del país (en
detrimento de todos los pequeños propietarios en otras áreas); lo cual ejemplifica bien la
función originaria de nuestro sistema registral tal y como es el ser registro de hipotecas. Sin
embargo, la corriente actual en el Derecho registral es la descentralización de los servicios, y
la unificación de información, para bien de todos los propietarios en cualquier parte de
Guatemala.
La forma en que está dividida la competencia territorial de las oficinas del Registro General de
la Propiedad colisiona con los preceptos que sobre esta institución contiene la Constitución.
Según ésta, toda persona tiene el derecho de conocer lo que de ella conste en los registros
estatales, y la finalidad a que se dedica esta información, así como a que ella sea correcta y
actualizada, por lo que de no serlo deberá ser rectificada.[171] La Constitución Política de la
República también dispone que el Registro General de la Propiedad deberá ser organizado a
efecto de que en cada departamento o región, que la ley específica determine, se establezca
su propio registro de la propiedad y el respectivo catastro fiscal; precepto que no se cumple. La
Constitución manda que sea el Congreso a través de una ley específica la que disponga
cuáles regiones se establecerán, en tanto que hoy en día las dos regiones están determinadas
por acuerdos gubernativos, lo cual resulta inconstitucional[172]. La forma en que se establece
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la competencia territorial de los dos registros existentes en Guatemala está reservada para que
la ley la disponga. Además, dividir al país en dos regiones va en contra del espíritu de la norma
constitucional, la cual tiende hacia la descentralización de los servicios registrales.
Es interesante notar que Ojeda Salazar, en su Exposición de Motivos, ya notaba que la
administración de los registros era poco eficiente aun en sus días. Dice el redactor de la
Exposición[173]:
Es indudable la conveniencia de descentralizar la administración pública, y aún más,
tratándose del Registro de la Propiedad, por lar diarias operaciones que sobre inmuebles
se realizan en los departamentos, viéndose obligados los notarios a buscar intermediarios
en la capital con el innecesario aumento de gastos para los interesados.
Podría establecerse cuatro registros por ahora: el central, el de occidente el de oriente y el
del norte. Ya existieron los dos últimos pero fueron suprimidos y absorbidos por el central,
que se convirtió en Registro General. Para la debida organización y funcionamiento de las
nuevas oficinas registrales, podría encargarse el Registro Central de su debida instalación
y conservar su inspección y vigilancia, dados los elementos y personal capacitado con
que cuenta, que bien podría proporcionar lo indispensable para ponerlas en marcha y
obtener un resultado satisfactorio.
Mientras esta aspiración se realiza, el Registro Central, queda encargado de las zonas
que no tengan Registro propio.
Resulta vergonzoso hacer notar que esas palabras fueron escritas hace más de treinta y cinco
años; y que aunque el volumen de trabajo en los registros ha aumentado considerablemente,
todavía sólo hay dos registros atendiendo a todos los guatemaltecos. El problema, cabe decir,
no es tanto de índole jurídica, sino más bien política, ya que la administración de los registros
ha sido generalmente mala, con excepciones loables.
Desde un punto de vista práctico, los interesados en investigar una finca, en alguna pequeña
aldea en Chiquimula, por ejemplo, tienen que perder prácticamente todo el día sólo en viajar a
la capital para realizar su cometido. Esto causa graves gastos económicos para todos los que
tienen derecho a saber qué es lo que consta en los registros estatales sobre sus bienes; pero
más aún resulta de sobremanera injusto que los guatemaltecos que no tienen la suerte de vivir
en las dos ciudades más grandes, no puedan tener acceso fácilmente a la información sobre
sus derechos.
3.2 Legislación que no ha sido actualizada
Uno de los problemas de fondo más importantes es que la legislación registral no ha sido
reformada frente a los cambios en tecnología y en la doctrina. La labor de nuestros antiguos
juristas, entre ellos Manuel Ubico y Federico Ojeda Salazar, no ha sido siquiera igualada
en los últimos años. Nuestra legislación registral está plagada de conceptos superados en
otras legislaciones. Especialmente anacrónica es la referencia a los libros que se hace en
nuestro Derecho registral. Y es que cualquier reforma tecnológica que se implemente en el
Registro debería necesariamente estar respaldada por una reforma en la legislación.
3.2.1 El folio real
El Reglamento del Registro General de la Propiedad dispone que en las operaciones
registrales se seguirá el sistema del folio real, ya sea que éstas se hagan en forma manual o
por medios electrónicos[174]. El sistema del folio real, cuya base es la finca y no el propietario,
tiene beneficios como lo es que todos los gravámenes persiguen a la propiedad siempre
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(principio de indivisibilidad), y en general, tiene una función importante respecto de los demás
derechos reales. Este principio puede tener, en algunos casos, una aplicación exagerada,
cuando se subdividen fincas en lotes pequeños, y existe alguna servidumbre de paso o de
acueducto en la finca matriz. Cuando esto sucede, las fincas filiales se les transcribe
indiscriminadamente las servidumbres que tenía la finca original, sin importar que sobre las
nuevas fincas, de hecho, no pese ninguna de éstas. Esto causa confusión entre los usuarios e
induce a cometer errores. Sin embargo, la falla principal y más peligrosa de un sistema de folio
real puro, es la dificultad de saber quién es el propietario, especialmente si no se lleva un libro
diario donde se hace constar los nombres de los propietarios en forma alfabética, como manda
la ley.
3.3 Información difícil de encontrar
Todos los días se ve en las oficinas del Registro de la Zona Central personas perdidas en la
maraña de libros viejos, filas de personas y copias. Se podría decir, sin miedo a mentir, que
una persona cualquiera no podría encontrar su casa en el Registro. Algunos propietarios
prefieren contratar a alguien que ha tenido experiencia en la tramitación y búsqueda de
información para que les encuentre alguna finca registrada; y la mayoría de las veces al notario
autorizante se le encarga registrar los títulos en que él intervino, porque los procesos de
registro son demasiado engorrosos. El concepto de registro accesible al público se traspapeló
en algún punto lejano de nuestra historia.
En el sistema actual, si no se tiene el número de la finca, folio y libro correctos, es
prácticamente imposible encontrar una finca. Se podría perder el derecho a la propiedad en el
Registro, (si el dueño desaparece o fallece sin que nadie sepa los datos registrales, o si no
existen copias o testimonios razonados por el Registro de la Propiedad) aunque la finca
estuviera inscrita, pues alguien más podría titularla supletoriamente a su favor. Entonces, de
hecho, habría en el sistema un inmueble con dos inscripciones registrales diferentes, lo que
podría llevar a confusión, pues no se habría cancelado la primera inscripción. La legislación
actual suple este problema estableciendo que la inscripción que prevalece es la que resultó de
la titulación supletoria[175], lo cual groseramente priva de su propiedad al dueño o a sus
sucesores.
El único método poco más o menos confiable que se utilizó para saber los haberes
inmobiliarios de las personas era la investigación en los archivos matriculares del Ministerio de
Finanzas Públicas. Cuando tal sistema se computarizó, fue finalmente el único sistema viable
para buscar los bienes que una persona era propietaria, este era un sistema de folio personal.
Además de saber quién era el dueño de un inmueble, se podía averiguar quienes habían sido
sus dueños y a qué título los habían trasmitido. En teoría esto también se podría lograr en el
Registro de la Propiedad, si se llevare el libro de índices de nombres y apellidos de los
propietarios y poseedores de inmuebles. [176].
3.4 Nula fiscalización
Se ha dado el problema que, aunque los operadores del Registro razonaran los testimonios
presentados, éstos realmente no hacían la inscripción correspondiente. Esto resulta grave
pues es la inscripción en los libros la que produce efectos contra tercero. Este problema
ocurría en parte porque la fiscalización administrativa es casi nula, aparte que ésta en última
instancia está atribuida por el Código civil a los jueces. La fiscalización por los jueces se sugirió
originalmente en el proyecto Ubico y se normó en el primer Código civil de Guatemala. Sin
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embargo, la práctica adolece de inconstitucionalidad, ya que a los jueces les corresponde con
exclusividad ejercer la jurisdicción[177].
El artículo 1,217 del Código dispone que la inspección de cada Registro la tendrá a su cargo el
juez de Primera Instancia de lo Civil. La inspección se debe hacer por medio de visitas al
Registro de su jurisdicción, para darse cuenta de la marcha de la oficina, del estado en que se
encuentren los libros y archivos del Registro y de la actividad y competencia del personal. El
juez debe extender un acta en que hace constar sus observaciones y si el despacho se
encuentra al día o si sufre retraso. Luego debe enviar copia del acta a la Corte Suprema de
Justicia para que, si fuere del caso, se dicten las medidas que ésta estime convenientes (art.
1,218 del Código civil). Si los jueces notaren alguna falta de formalidad por parte de los
registradores en el modo de llevar el Registro, o en el arreglo de los documentos que a él
corresponda, deben dictar las disposiciones necesarias para corregirla y, en su caso, sancionar
a los registradores en la forma que establece el Código (art. 1,219 del Código civil). Los jueces
también intervienen en materia registral autorizando a los registradores para que puedan
reponer los libros que se encuentren destruidos o deteriorados de tal manera que sea difícil su
consulta (art. 1,224 del Código civil).
Según el artículo 1,238 del Código civil, las infracciones de la ley o de los reglamentos relativos
al Registro, cometidas por los registradores, aunque no causen perjuicio a tercero, ni
constituyan delito, deben ser castigadas con multas de cinco a cincuenta quetzales, las que
son impuestas por el juez del departamento a que corresponda el Registro, sin más trámite
que las diligencias necesarias para averiguar el hecho. El importe de las multas ingresa a los
fondos de justicia, lo cual resulta extraño, pues realmente se está ante una multa de carácter
administrativo. El artículo 1,164 del mismo código establece que cualquier persona interesada
que no estuviere conforme con la denegatoria, suspensión de la anotación, cancelación o
inscripción de los documentos presentados al Registro, puede ocursar en la vía incidental al
registrador ante Juez de Primera Instancia del ramo civil de la circunscripción departamental
donde tenga su sede el Registro. La actuación de los jueces en estos casos cuando no se ha
planteado una acción va en contra de la tendencia del Derecho procesal administrativo
moderno, ya que los medios de impugnación como el ocurso se interponen ante la autoridad
superior y no ante un tribunal. Todos estos preceptos jurídicos en que se atribuyen potestades
al Organismo Judicial, causan confusión, puesto que el art. 1216 dispone que el Registro de la
Zona Central, por ser el Registro General, tiene el control y la vigilancia de los demás registros
que se establezcan. Al final, no existe una línea clara de división entre lo que corresponde al
Judicial y al Ejecutivo, respecto de los registros.
3.5 Graves consecuencias del sistema actual
El sistema registral inmobiliario guatemalteco eleva los niveles de violencia y autocomposición,
porque no da seguridad. La inseguridad provoca desconfianza en los usuarios. Ni aún las
personas que poco más o menos conocen el sistema registral tienen seguridad de no cometer
errores basándose en la información que consta en el registro, pues éste no está bien
organizado y los trámites son lentos y complicados. No es una idea descabellada que una
persona que no conoce la forma en que opera el registro sea defraudada, especialmente si se
trata de personas que no saben leer o a quienes culturalmente les es difícil entender la idea del
registro como está actualmente planteada. Además, estas circunstancias se prestan para que
haya posibilidad de actos de corrupción; independientemente de todas las buenas y loables
intenciones que hasta ahora se han realizado para mejorar los servicios registrales, con la
legislación vigente. También en el sistema actual resulta difícil deducir responsabilidad a los
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funcionarios y empleados del Registro, aunque causen graves daños y perjuicios por sus
actuaciones ilegales.
Todos estas consecuencias de la forma en que se regula y administra el Registro de la
Propiedad causan que los administrados (propietarios, acreedores, terceros) no sientan
confianza en el sistema, por lo que en el mejor de los casos se dejan de hacer muchas
inversiones. Adicionalmente, el costo social de la propia inseguridad que da el mecanismo para
crear seguridad es económicamente importante. El fracaso de los mecanismos para obtener la
titulación de tierras supletoriamente ha causado conflictos que se han tornado violentos. Por
las mismas razones, se ha propiciado el deterioro del medio ambiente, porque el derecho de
posesión sobre las tierras sin título es sumamente precario, lo que causa la explotación
desmedida y rápida de los recursos naturales. Además, y sobre todo desde el punto de vista
del jurista, resulta injusto un sistema en el cual las personas pueden ser fácil e impunemente
despojadas de sus derechos. Lo que se requiere entonces es una ley con preceptos claros,
generales, imparciales, que pongan los incentivos para que las personas tengan más
seguridad de la publicidad registral.
4. Propuesta para resolver los problemas antes mencionados
La solución a los problemas de nuestros sistemas de publicidad debe contener por lo menos
dos elementos: no constituir incentivos para complicar los procedimientos, lo cual engendra
corrupción y confusión; y aprovechar la tecnología moderna para facilitar el acceso y manejo
de la información. Las reglas del sistema registral deben disponerse en una forma ordenada y
clara, prácticamente sólo con principios. La descentralización coadyuvará para que los
servicios lleguen a la mayor parte de la población que sea posible; asimismo, la posibilidad de
que el servicio registral se concesione a personas privadas abrirá el sistema a la competencia,
que a su vez redundará en mayor eficiencia. Todo esto posiblemente requiera que se renueve
completamente todo el sistema registral, para poder contar con información verídica y
actualizada.
4.1 Código Registral
Se propone la creación de un Código registral que norme el funcionamiento de todos los
registros en Guatemala que permita la Constitución. La legislación registral se debería codificar
para que todos los principios de la materia sean congruentes unos con otros. El Código
registral, (el cual tendría que estar aparte del Código civil, por ser este Derecho privado, y
aquél público[178]), debería ser una normativa clara, general, consistente y basada en
principios. Sería un medio de hacer más potente al orden espontáneo del mercado, al delimitar
los derechos de propiedad con gran precisión. El Código es una clara respuesta a quienes
creen que el Derecho administrativo no se puede codificar, porque consideran que la
administración pública es muy variable, casuística y que, además, se debe dejar margen para
actuar (discrecionalidad). Cabalmente con la codificación del Derecho administrativo se logra
sobrepasar estos valladares, los cuales realmente son opuestos a las bases del Estado de
Derecho.
4.1.1 Parte dogmática
Se tiene que decidir qué sistema se quiere optar, el constitutivo o el declarativo. Como se ha
visto antes, el sistema declarativo no funciona, pues es un término medio entre la tendencia
llamada germánica, y el sistema de título y modo, llamado francés. El Código debe empezar
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por establecer los principios registrales. La doctrina ha avanzado mucho en cuanto a
establecer cuáles son éstos principios; por lo tanto se requerirá que algunos estudiosos del
Derecho registral inmobiliario los plasmen en forma clara y precisa. En general, los principios
registrales deben estar encaminados a proteger la seguridad de los derechos de las personas,
y no a facilitar la forma en que la Administración lleve los registros. Se deben normar
especialmente los aspectos de calificación de los títulos, ya que esto es uno de los asuntos
administrativos que más problemas causa en la actualidad.
4.1.2 Parte orgánica
La parte orgánica del Código establecerá cómo se ordenan y unifican todos los registros de la
administración. Actualmente casi todos los ministerios tienen a su cargo más de algún registro.
No se sigue ningún tipo uniforme en cuanto a cómo se debe acceder a la información, ni los
efectos registrales. Los registros se pueden unificar según los siguientes criterios generales:
registro de personas, registro de bienes, y registro de negocios. El Registro de Personas
incluiría los derechos personales y civiles, la identificación tanto para menores, como para
adultos, la vecindad y la extranjería. El Registro de Bienes abarcaría los derechos reales sobre
inmuebles, muebles identificables de cualquier clase, las aguas, las frecuencias
radioeléctricas, los títulos valores, la propiedad intelectual, la propiedad del Estado y las
municipalidades. El Registro de Negocios se encargaría de registrar poderes, los contratos de
sociedad, asociación y demás personas jurídicas, los testamentos,[179] los arrendamientos,
concesiones y otros contratos que las partes solicitaren que se registren.
Debe existir intercomunicación entre estos tres registros, de tal forma que bastaría ingresar
cambios en uno de ellos para que todos los demás se actualicen al mismo tiempo. Así cuando
el régimen económico del matrimonio sea cambiado en el Registro de Personas, el cambio
también aparecerá en el Registro de Bienes; cuando se inscriba la quiebra en el Registro de
Negocios, se congelarán los bienes automáticamente en el Registro de bienes. También sería
apropiado que los registros tuvieran contacto con los registros de ciudadanos, contribuyentes y
de otros derechos políticos y cívicos. La parte operativa del registro debe ser normada en el
reglamento, de tal forma que en la ley sólo dé los lineamientos generales.
4.2 Descentralización y arancel bajo
El servicio público de registros debe ser ofrecido en cada municipio de la República, y
concesionado a la iniciativa privada. Los aranceles para el servicio público no deberán basarse
en el valor del contrato[180], sino en tasas fijas, más un recargo mínimo por la cantidad de
trabajo que implique el asiento. Los servicios se deben prestar en cada municipio de la
República, mas absolutamente todas las oficinas deben estar interconectadas
permanentemente por medio de redes de computadoras en línea. El servicio debe ser
descentralizado, pero la información registrada tiene que estar unificada. La unificación se
logrará con el Sistema Registral Nacional, gracias a los adelantos de la tecnología moderna. El
hecho que cada municipio cuente con una oficina del Registro de la Propiedad, cuando menos,
no riñe con la Constitución, pues el territorio municipal será la región que ésta permite como
división de la competencia administrativa.
Ningún registro debe estar a cargo de las corporaciones municipales, porque se necesita
unificación de criterio y de información a escala nacional. Se tiene experiencia en cuanto a que
las municipalidades sean quienes se encarguen del Registro Civil, y ésta no ha sido positiva
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por varias razones. Entre ellas está la falta de comunicación entre las oficinas del registro, la
diversidad de criterios de cómo hacer las operaciones registrales, en el personal técnico que
puede contratar, en las instalaciones y nivel de protección que se le puede dar a la
información. Esto no implica que las municipalidades no tengan inherencia en los asuntos
registrales, pues podrán ayudar a poner en funcionamiento el Sistema Nacional de Registros,
donando los inmuebles para instalar las oficinas registrales y, además, promoviendo la
inscripción de los bienes y contratos para mayor seguridad de sus vecinos. De esta forma,
nadie tendrá que viajar muy lejos para buscar información sobre sus propiedades, presentar su
testamento o inscribir una sociedad mercantil. Todo asiento se podrá solicitar en cualquier
oficina, aunque el bien o el derecho no se haya constituido ahí, lo que logrará un mayor grado
de competencia entre oficinas, ya que la que tenga más solicitudes tendrá mayores ingresos.
4.2.1 Concesión de los servicios registrales
La idea de que los servicios registrales pueden concesionarse es una idea novedosa y apoya
al proceso de descentralización. Es de notar que la Ley para la protección del patrimonio
cultural de la Nación[181] ya lo contempla en cuanto a entidades no lucrativas, las cuales
pueden cobrar por los servicios registrales. La idea del beneficio propio (lucro) provocará una
eficiencia nunca antes vista en los sistemas registrales guatemaltecos, y logrará que disminuya
la tremenda afluencia de usuarios exclusivamente a una oficina. Por supuesto, los
concesionarios deben ser fiscalizados continuamente, y penalizados si cometen errores; lo
cual no sería distinto de lo que se recomienda para las oficinas públicas. No hay ninguna
diferencia real entre los empleados de una concesionaria y los empleados públicos en cuanto a
la honradez, aunque será importante equiparar a aquéllos con los empleados públicos para los
efectos de la ley penal. La información registral en línea también debe ser accesible a
cualquier persona que tenga interés en adquirir el servicio; así como la posibilidad de que en
las oficinas de los notarios exista comunicación con el registro para hacer consultas, y
anotaciones e inscripciones preventivas.
4.3 Responsabilidad del Registro y los funcionarios
El Registro debe ser responsable por los actos u omisiones administrativas que por culpa de
sus funcionarios[182] y empleados causen daños o perjuicios a los usuarios. Si bien el
principio de inscripción constitutiva puede potenciar poderosamente los sistemas de seguridad
jurídica, también puede ocurrir que por negligencia, ignorancia o impericia se cometan errores
que perjudiquen gravemente a alguna persona en particular. En Australia del Sur [183], donde
se implementó el sistema Torrens, se contrata un seguro para indemnizar pecuniariamente a
las personas que sin culpa ni excepción legal son privadas de sus derechos por el juego del
sistema. También se debe contratar fianzas de fidelidad para los trabajadores del registro, así
como hipoteca u otra garantía especial para el registrador, a efecto de que el Registro no sea
perjudicado por los actos culposos o dolosos de éstos.
V.
VI. 4.4 Tabula rasa
Tal vez una de las soluciones más innovadoras que se plantea ahora es la depuración de la
información que actualmente está registrada. Como se ha visto, la historia registral de
Guatemala ha pasado por sus altibajos; han habido cambios de intensidad de actividad
registral, mutación del sistema de medida de tierras, amén de los fraudes y falsedades que por
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descuido o negligencia se han dejado pasar. También la tecnología usada en la agrimensura
se ha mejorado mucho en los últimos treinta años. Así pues, todo apunta a que convendría
empezar el registro de nuevo; tal y como se hizo sin ninguna revolución o derramamiento de
sangre hace poco más de cien años. El Código registral deberá regular un procedimiento ágil,
público, oral y sencillo de titulación supletoria, el cual se ha de llevar ante notario o el propio
registrador. Cualquier exceso de las tierras medidas deberá titularse a favor de quien los posea
sin ningún costo más que el del proceso.
4.5 Registro y catastro
El Sistema Nacional de Registros deberá estar ligado a los Catastros Municipales. Cada
municipalidad debe tener su propio catastro, lo cual facilitaría el cobro de los arbitrios
territoriales (lo que se denomina actualmente como impuesto territorial). El cobro de tributos
sobre la extensión de las tierras siempre ha tenido un efecto positivo sobre la cantidad de tierra
que se inscribe en los registros, pues a los entes públicos les resulta importante tener
información sobre su extensión para cobrar más. Combinado con el catastro se debe hacer un
plano detallado de todas las fincas en el territorio municipal. Las mediciones se podrán hacer
con la ayuda de satélites (sistema GPS) en las áreas rurales, y con los otros métodos
existentes cuando la medida deba ser más precisa. Cada mojón deberá ser un punto único en
el plano que se levante; de esta forma no habrán traslapes, faltantes o excesos en ninguna
finca, ni fincas con doble registro.
Sin duda la propia definición de los límites entre los municipios hará que afloren los conflictos
ancestrales sobre los límites entre comunidades, mas no los causará. Por otra parte, si ya se
tiene esto previsto y existe un proceso regulado con leyes justas y el personal apropiado, no
deberá pasar más allá de que las partes tengan que acudir a juicio. Cuando se logre delimitar
bien los linderos de los municipios, habrá acontecido un gran avance en pro de la paz y
seguridad; pues se dejará atrás una de las causas que innecesariamente han dividido y
confrontado, a veces a muerte, a miles de guatemaltecos por cientos de años.
5. Conclusión
Después de recorrer por la historia del Derecho registral guatemalteco, se hacen más patente
algunas de las causas de porqué tanto nuestra legislación, como la propia institución, han
llegado al grado de desorden que tienen hoy en día. Parece obvio que no se podrá seguir el
mismo camino que hasta hoy se ha llevado; sin llegar a las tremendas consecuencias de un
colapso total. Las soluciones consideradas no han sido propuestas sin una honda reflexión,
sobre la doctrina extranjera, los principios de la libertad, y algún concepto de cosecha propia.
Tal vez lo más importante de estas sugerencias sea, en todo caso, abrir la discusión del tema
registral sin los atavismos de la legislación vigente, y permitir que entre aire fresco, para que se
busque los nuevos senderos que conduzcan a un sistema donde las injusticias e ineficiencias
sean cosas del pasado.
Para finalizar será apropiado transcribir, por su elocuencia y veracidad perdurable, las palabras
con que Manuel Ubico presentó en su Informe sobre el proyecto de ley hipotecaria que él
concibió:
Ya lo ha indicado la comisión: el rejistro reasume el sistema, atrayendo, conteniendo y
denunciando todos los actos que se refieren á la constitución y estado civil de los
inmuebles: es bajo este concepto, un depósito sagrado de los derechos sobre la
propiedad estable, transmisibles á las jeneraciones venideras. Conviene por tanto que en
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su organización asuma condiciones que sean otras tantas garantías a favor de esos
derechos para corresponder plenamente á los grandes objetos con que es instituido.
Claridad y precision en sus constancias, fácil acceso para todo el que quiera consultarlo,
intelijencia y moralidad en los encargados de llevarlo: he aquí lo que acerca de él debe
procurarse á fin de que no se convierta en una decepcion para los interesados que han de
confiarle sus derechos. Sin la claridad, el rejistro seria un caos, introduciria la confusion
en la propiedad en vez de definirla: dejaria de presentar el estado civil de los inmuebles,
contrariando así el principio fundamental de todo el sistema y el objeto de sus tendencias,
porque no podria llamarse ni ser público lo que no se diese á conocer á la comprension
comun.
Las bellas y proféticas palabras de este astuto jurisconsulto guatemalteco resuenan en el
tiempo como vetustas campanas de una iglesia antigua que nos llama a reflexionar sobre si
aquellos anhelos se han hecho realidad, o si más bien su trágica premonición se ha cumplido.
Bibliografía
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Cabezas Carcache, Horacio. Santiago de Guatemala en Almolonga. Editorial Amigos del
País, Guatemala: 1999. Un agradecimiento muy especial y merecido para el licenciado
Cabezas Carcache, a quien gracias a su conocimiento y gentil ayuda pude afinar algunos
detalles de este trabajo y corregir errores sobre datos históricos. También un agradecimiento al
arqueólogo Oswaldo Chinchilla por sus valiosos comentarios.
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Cagcoh San Cristóbal Verapaz. Facultad de Arqueología de la Universidad del Valle de
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Corte de Constitucionalidad
Gaceta Jurisprudencial Nº 8
Gaceta Jurisprudencial Nº 23
Gaceta Jurisprudencial Nº 32
Entrevistas
Licenciado Horacio Cabezas Carcache, agosto 1999.
Documentos
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AGCA, A1, Leg. 6021, Exp. 53,083.
AGCA, A1. 45, Leg. 2924, Exp. 27,326.
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AGCA, A.23, Leg. 4610.
AGCA, A.3, Leg. 812, Exp. 14,914.
AGCA, A.3, Leg. 2794, Exp. 40,431.
AGCA, A3.30, Leg. 2863, Exp. 41,693.
AGCA, B12.6, Leg. 212, Exp. 4,787.
Ley Reglamentaria de Ingenieros Topógrafos, Arancel y Acuerdo Respectivo. Tipografía
Nacional, Guatemala: 1925.
Código civil de la República de Guatemala 1877. Imprenta de “El Progreso”, Guatemala:
1877.
[1] Art. 2 de la Constitución Política de la República de Guatemala. En la historia constitucional de Guatemala, esta
disposición se encuentra en: el art. 4 de la Constitución Política de la Monarquía Española de 1812 (Constitución dictada
por las Cortes en Cádiz); art. 1 de las Bases para la Constitución Federal de 1823; el preámbulo y el art. 2 de la Constitución
Federal de 1824; el art. 28 (también arts. 16 y 20) de la Constitución del Estado de Guatemala de 1825; el art. 4 del Decreto
67 de la Asamblea Constituyente del Estado de Guatemala, Ley Constitutiva del Supremo Poder Ejecutivo del Estado de
Guatemala de 1839; art. 4 de la Declaración de los Derechos del Estado y sus Habitantes de 1839 (normativa muy interesante
y poco conocido en la Historia del Derecho guatemalteco); el art. 16 de la Ley Constitutiva de la República de Guatemala de
1879; el art. 23 de la Constitución de la República de Guatemala de 1945; el art. 1 de la Constitución de la República de
Guatemala de 1956; el art. 1 de la Constitución de la República de Guatemala de 1965. De todo esto se coligue que se ha
considerado importante, cuando menos formalmente, el hecho que el Estado provea de seguridad a los individuos.
[2] “Tal requisito, como se ha externado [sic] en anteriores decisiones, obedece en nuestro sistema al valor seguridad jurídica
que consagra la Constitución Política de la República y no a un mero detalle procesal, a fin de dar certidumbre a los actos
jurídicos […]”. Sentencia del 2 de agosto de 1990 en Gaceta Jurisprudencial No. 17. Apelaciones de Sentencias de
Amparos. Expediente No. 16490.
[3]Sentencia del 17 de septiembre de 1986 en Gaceta Jurisprudencial No. 1. Inconstitucionalidades Generales. Expediente
No. 1286, p. 1 y ss.
[4]Sentencia del 24 de junio de 1992 en Gaceta Jurisprudencial No. 28, p. 29 y ss. Expediente No. 8492.
[5]Sentencia del 25 de enero de 1996 en Gaceta Jurisprudencial No. 39. Inconstitucionalidades en Caso Concreto.
Expediente No. 61795.
[6]Sentencia del 20 de enero de 1989 en Gaceta Jurisprudencial No. 11. Inconstitucionalidades Generales. Expediente No.
30988, p. 1 y ss. Este principio es importante recordarlo en el proceso de faccionamiento de los documentos notariales, ya
que sin él todo el edificio jurídico se derrumba.
[7] Gaceta Jurisprudencial No. 10. Inconstitucionalidades Generales. Expedientes acumulados Nos. 488 Y 2288, p. 13 y
ss.
[8] La Ley Electoral y de Partidos Políticos da un papel preponderante a la actividad notarial.
[9] Resulta interesante notar que la declaración de cesación de la unión de hecho por mutuo consentimiento la puede declarar
un notario (art. 183 Código civil), misma idea que se trató de seguir en el proyecto de la Ley reguladora de la tramitación
notarial de asuntos de jurisdicción voluntaria, pero no se consiguió; probablemente porque se creía que resultaría muy fácil
disolver el matrimonio si se hiciere más expedito el trámite para conseguirlo (lo cual es una idea equivocada, ya que no se
promoverían más problemas en una relación fallida).
[10] La reglamentación de las formalidades de la ceremonia del matrimonio civil data del 21 de noviembre de 1879, según el
Decreto gubernativo 250, substituido por el número 272 de 20 febrero de 1882. Dicho reglamento probablemente está
vigente y, aunque no se aplica en la práctica, sería conveniente hacerlo positivo porque sus elementos formales darían mucha
solemnidad al acto.
[11] No es anulable, porque el art. 1518 del Código civil manda taxativamente que: “Los contratos se perfeccionan por el
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simple consentimiento de las partes, excepto cuando la ley establece determinada formalidad como requisito esencial para su
validez.” Esta norma se debe interpretar e integrar con el art. 1,577 del mismo Código, donde se dispone que la propia
validez de los contratos solemnes depende del otorgamiento de escritura pública. También se debe contraponer a la norma
del art. 1,576, en la cual se establece que en los contratos consensuales o reales que se deban inscribir en el registro son
válidos y las partes se pueden compeler recíprocamente al otorgamiento de escritura pública, si se establecen sus requisitos
esenciales por confesión judicial o por otro medio de prueba escrita.
[12] Santos Cifuentes, Negocio jurídico. Editorial Astrea de Alfredo y Ricardo Depalma, Buenos Aires: 1994. p. 200.
Primera reimpresión.
[13]El art. 1,577 del Código civil imperativamente dispone que: “Deberán constar en escritura pública los contratos
calificados expresamente como solemnes, sin cuyo requisito esencial no tendrán validez.” En general las formas de
contratación en nuestra legislación según el art. 1,574 del Código civil: “Toda persona puede contratar y obligarse: 1o. Por
escritura pública; 2o. Por documento privado o por acta levantada ante el alcalde del lugar; 3o. Por correspondencia; y 4o.
Verbalmente.”. La modalidad del acta levantada ante el alcalde es una de las más acostumbradas en los pueblos alejados de la
Ciudad de Guatemala, donde no haya notarios, lo cual se viene dando desde tiempos coloniales. Otra formalidad poco
conocida es la del contrato de mandato, el cual se puede hacer constar ante el juez local, quien también levanta el acta
respectiva, según el art. 1683 del Código civil. El art. 1575 del Código establece que el contrato cuyo valor exceda de
trescientos quetzales, debe constar por escrito; y si el contrato fuere mercantil puede hacerse verbalmente si no pasa de mil
quetzales; sin embargo, este es un requisito ad probationem, no un elemento ad solemnitatem. Vea Federico Ojeda Salazar,
Exposición de motivos del Código civil. Casa editora Gomes Robles, Guatemala: s.d. p. 150.
[14] Ernesto Viteri no considera que este sea un contrato solemne, sino que la escritura es parte de la forma del contrato.
Ernesto R. Viteri, Los contratos en el Derecho civil guatemalteco (Parte especial). Serviprensa Centroamericana,
Guatemala: 1992. pp 249250. La Exposición de motivos del Código civil sí considera al contrato de donación de inmuebles
como un contrato solemne. Históricamente el contrato de donación de inmuebles siempre ha requerido de más formalidades
que otros contratos. La Exposición también considera contratos solemnes los de hipoteca y prenda registrable. Federico
Ojeda Salazar, Exposición de motivos del Código civil. Casa editora Gomes Robles, Guatemala: s.d. p. 150.
[15] Rafael Núñez Lagos, Estudios sobre el valor jurídico del documento notarial. Imprenta Talleres Penitenciarios, Alcalá
de Henares: 1945. pp. 2833.
[16] Citado por Rafael Nuñez Lagos, op. cit., p. 16.
[17] Citados por Rafael Nuñez Lagos, op. cit., pp. 1923.
[18] Ibid, p. 37.
[19] Luis Díez Picaso, Fundamentos del Derecho civil patrimonial. Volumen I. Editorial Civitas: Madrid, 1993. p. 260.
Cuarta edición.
[20] Ibid., p. 261
[21] La ley de notariado de Nicaragua de 7 de noviembre de 1905 permitió a los notarios a cartular fuera del territorio
nicaragüense, siempre que los efectos surtieren ahí.
[22] La Ley del Organismo Judicial anterior a la actualmente vigente es de fecha 2 de julio de 1968. Fue publicada en el
Diario Oficial el 26 de julio del mismo año, tomo CLXXXIII, No. 14. También fue publicada en la Recopilación de Leyes de
la República de Guatemala, Tomo LXXXVII, p. 98.
[23] El acta de protocolación tendrá el número del instrumento, el lugar y la fecha en que se hizo la protocolización, los
nombres de los solicitantes, la mención del documento proveniente del extranjero, y el lugar en el orden del protocolo; y
deberá ser firmada por sí y ante sí, por el notario en el caso de la protocolación del documento legalizado, según el art. 63 del
Código de Notariado, inciso primero, ya que la Ley del Organismo Judicial art. 38, establece que se debe protocolizar y
cómo se debe hacerlo. Lo mismo se ha de hacer cuando sea un acta notarial o una legalización de fotocopia, por virtud de que
el art. 43 remite al art. 38 de la Ley. Otra interpretación es que, en el caso de la legalización de firmas bastará con que se haga
la toma de razón dentro de los ocho días después del acto notarial. Sería diferente en el supuesto de los documentos privados
con firmas autenticadas o legalizadas donde consten contratos, ya que en el acta de protocolación deberá comparecer la
persona a cuyo favor se suscribió el documento (inciso segundo del art. 63 del Código de Notariado). El testimonio que se
extienda será del acta de protocolación, la cual tendrá un número correlativo como el de las demás escrituras públicas o
razones de legalización. Los documentos protocolados se considerarán como parte de las escrituras respectivas (art. 71 del
Código de Notariado), supliendo así la necesidad de la escritura pública en los casos que la legislación guatemalteco así lo
exija para su validez (mandatos, sociedades, sociedades mercantiles).
[24] Esto según el dictamen emitido por el licenciado Jaime A. Valencia, aprobada por la Junta Directiva del Colegio de
Abogados de Guatemala, en sesión de fecha 9 de noviembre de 1971. Dicho dictamen, por cierto muy interesante, tiene
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relación con la materia tributarianotarial que se trata más abajo. Registro. Órgano oficial del Registro de la Propiedad de
Guatemala. Segunda Época. No. 3. Volumen I. Diciembre 1971. pp. 1920.
[25] La Ley de Migración, Decreto 9598 del Congreso, en su art. 50 establece que el pasaporte constituye, en el extranjero,
el documento de identidad de los guatemaltecos. Sin embargo, este extremo es discutible, ya que la ley específica es la de
Notariado, para la aplicación de las formalidades del acto notarial, por lo que también se podría utilizar la cédula de
vecindad como documento de identificación (no “identidad” como equivocadamente dispuso el legislador en la Ley de
Migración).
[26] Es importante mencionar que el art. 1 del Convenio de Munich de 5 de septiembre de 1980 dispone que el nombre y
apellidos de una persona se determinan por la ley del Estado del cual dicha persona sea nacional. Esto tiene importancia no
sólo para la actuación notarial en el extranjero, sino que también para su actuación en Guatemala. Por ende, si en el pasaporte
sólo consta un apellido, éste será el que se consignará en el documento notarial.
[27] Vea arts. 51, 52, 53 del Código de Notariado.
[28] Esto es una excepción atrevida del principio de locus regit actum, y del de lex loci celebrationis (arts. 28 y 29 de la Ley
del Organismo Judicial), en la Ley del Organismo Judicial anterior (Decreto 1762 del Congreso) hacía más claro la
excepción a este principio. Vea Corte de Constitucionalidad, Gaceta Jurisprudencial No. 5. Amparos en Unica Instancia.
Expediente No. 12187. De Erice y O’shea considera que en el caso del cónsulnotario se sigue el principio locus regit
actum, ya que la actividad notarial se realiza en la sede del consulado, la cual se considera como parte del territorio nacional.
Sin embargo, en el caso de los notarios que no cartulen en el consulado, también deben seguir las formalidades que
establecen las leyes de Guatemala, rompiendo con el principio al cual se ha hecho alusión. Todo así, se debe tomar en cuenta
que dichos actos notariales sólo serán válidos en Guatemala, y esta es la razón para hacer la excepción al principio. Derecho
Diplomático, Tomo II. p. 167.
[29] El estado y la capacidad de las personas y las relaciones de familia se rigen por las leyes de su domicilio (art. 25 de la
Ley del Organismo Judicial), la cual aquí sí se aplica a diferencia de los dos principios antes mencionados (vea anterior
llamada) porque la propia Ley del Organismo Judicial así lo dispone. Esta norma es aplicable tanto para la actividad notarial
en el territorio de Guatemala, como para la actividad notarial en el extranjero. Es pues, un ejemplo de la aplicación del
Derecho extranjero por parte del notario guatemalteco, un juicio que éste tiene que hacer lo podrá realizar siguiendo el
procedimiento establecido en el art. 35 de la Ley del Organismo Judicial, por integración (ya que no hay otra norma
específica o especial respecto del Derecho extranjero y la administración pública o la actuación notarial).
[30] Según Giuliani Fonrouge los colegios profesionales carecen de potestad tributaria, pero son sujetos de las obligaciones
tributarias (sí son de naturaleza tributaria) de las cuales son titulares por autorización estatal, por virtud de ley; y se les
denomina sujetos parafiscales. Carlos Giuliani Fonrouge, Derecho financiero, volumen I, p. 402. De igual forma los
identifica Fernando Pérez de Hoyo, p. 114 Derecho financiero y tributario, parte general, quien también les reconoce
calidad de tributos.
[31] Carlos Giuliani Fonrouge, Derecho financiero, volumen I, p. 283 y p. 297.
[32] No se trata de una discusión de lo que es llamado Derecho tributario internacional, el cual trata de la doble imposición o
los tratados comerciales (Héctor B. Villegas, Curso de finanzas, derecho financiero y tributario. p. 481.), sino más bien del
ámbito espacial de aplicación de la ley tributaria. Vea también en Francisco José Carrera y Raya, Manual de Derecho
financiero, volumen II, p. 23. El principio general en nuestra legislación tributaria es el de la territorialidad (caso del
Impuesto Sobre la Renta (“fuente guatemalteca”) y el Impuesto al Valor Agregado (“la internación” y “la exportación”)),
principio respaldado por Giuliani Fonrouge; el cual Martín y Rodríguez Usé creen que va evolucionando, de tal forma que
dicho principio resulta alterado (José María Martín y Guillermo F. Rodríguez Usé, Derecho tributario general, pp. 7386.)
por tres criterios de imposición: el de la ubicación territorial de la fuente productora, el del domicilio o residencia del
beneficiario de las utilidades, y el de la nacionalidad de éste. Ninguno de estos criterios casa cuadradamente respecto de
nuestro tributo documentario. En el procedimiento de legalización de documentos provenientes del extranjero, el hecho
generador es la internación del dicho documento en el territorio nacional. De esta forma, el hecho generador sí ocurre en
Guatemala y debe liquidarse y pagarse aquí, en el tiempo requerido para no caer en mora y acreditarse una multa. Un caso un
tanto más complejo es la actividad notarial en el extranjero, porque el hecho generador es la existencia del documento
notarial creado por la propia actividad notarial (art. 5, numerales 5, 6 y 7). La Ley del Organismo Judicial dispone que el
escrito de los notarios surte sus efectos (qua documento notarial) desde su protocolización en Guatemala. La Ley del Timbre,
Decreto 3792 del Congreso (art. 16, numeral 2) manda a que se pague el tributo antes que éstos se les protocolice (aunque
cabe decir que esta norma estaba realmente dedicada para el proceso de legalización de documentos). Se podría decir
entonces que el efecto de la actuación notarial queda en suspenso hasta que el documento llega a Guatemala, y que el tributo
se debe pagar en el proceso por el cual éste se convierte en documento notarial. Lo mismo ocurre en el caso del timbre
notarial. Tal vez la única excepción al principio de territorialidad es el numeral 2 del art. 5 de la Ley del Timbre, ya que tanto
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el hecho generador como el momento de pago ocurren en el extranjero. También vea un dictamen interesante sobre esta
materia en el boletín denominado Registro. Órgano oficial del Registro de la Propiedad de Guatemala. Segunda época. No.
3. Volumen I. Diciembre 1971. pp. 1920.
[33] Antonio Boggiano, Curso de Derecho internacional privado. AbeledoPerrot, S.A. E. e I., Buenos Aires, Argentina:
1993. P. 248. También vea Mario Aguirre Godoy. Derecho procesal civil, Tomo I. p. 221.
[34]Vincenzo Solombrino Orozco, El Ministerio de Gobernación de Guatemala. Tipografía Nacional, Guatemala, 1977. pp.
192193.
[35] Recopilación de Pineda de Mont, Tomo II, p. 263.
[36] Decreto gubernativo 1728 emitido por Jorge Ubico el 24 de junio de 1935, art. 1, literal j), luego por el art. 23, literal h)
del Decreto 47 de la Junta Revolucionaria de Gobierno el 27 de diciembre de 1944; el Decreto 93 del Congreso de la
República de 25 de abril de 1945, art. 19, inciso 1, literal g). Últimamente quedó regulado en la Ley del Organismo
Ejecutivo, Decreto 11497 del Congreso de la República, art. 36, literal f).
[37] Decreto 5792 del Congreso de la República, reformado por el Decreto 2097, arts. 49 y 93.
[38] Art. 76 del Decreto 10097 del Congreso de la República; art. 26 del Decreto 2574 del Congreso de la República (lo
llama “Escribano de Cámara”); art. 29 de la Ley de Expropiación, Decreto 529 del Congreso de la República; art. 103 de la
Ley de Transformación Agraria Decreto 1551 del Congreso de la República; art. 2 del DecretoLey 14185, y el art. 2 del
Acuerdo Gubernativo 69493 (lo llama “Escribano de Cámara del Gobierno”).
[39] Inciso 2 del art. 6, el cual es una excepción al principio general de que los funcionarios y empleados del Organismo
Ejecutivo que devengan sueldo del Estado tienen prohibido ejercer el Notariado; en el caso de los cónsules ad honorem,
tampoco aplica esta restricción, ya que no reciben salario del Estado, y son cónsules. La norma anteriormente citada se
complementa con el art. 43 de la Ley del Organismo Judicial en cuanto a la facultad de autorizar contratos, y se apoya en el
art. 976 del Código civil. El art. 9 de la Ley de Notariado (antecesora del Código de Notariado), también permitía que
cartularen los cónsules y agentes diplomáticos que fueran notarios.
[40] Art. 5, Convención sobre Relaciones Consulares, suscrita en Viena el 26 de abril de 1963. Es interesante notar que el
Reglamento para las Misiones Diplomáticas guatemaltecas no dispone nada respecto de la actividad notarial en el extranjero.
[41] Todo lo referente a la legalización de documentos provenientes del extranjero está regulado en la Ley del Organismo
Judicial, algo que ahora resulta de mala técnica legislativa, ya que realmente su naturaleza es materia del de Notariado, que
por ser código, debe estar todo recopilado allí. Puede ser que se le haya dejado allí debido a que antiguamente el
procedimiento de legalización contemplaba el “pase de ley” por la Corte Suprema de Justicia, el cual fue suprimido en los
años sesenta (DecretoLey 268), de cuenta que hoy en día es incorrecto referirse al procedimiento antes descrito como “pases
de ley”, porque lo que existe en la actualidad es una “cadena de legalización”. Este es otro ejemplo de la intromisión –ahora
corregida– del Organismo Judicial en el ámbito constitucional del Ejecutivo.
[42] Según el art. 10 del Código de Notariado, sin perjuicio del impuesto fiscal correspondiente, adhiriendo timbres. En las
actas notariales y demás documentos que no sean escrituras públicas también se adherirán timbres notariales, ya que la
exención a este tributo sólo aplica a los contratos autorizados por el Escribano de Gobierno (art. 1 del Decreto 8296 del
Congreso de la República).
[43] Norma que se acarrea de la Ley de Notariado de 1934, Decreto presidencial No. 1563, arts. 63 y 64.
[44] Para De Erice y O’shea el cónsulnotario debe seguir el principio locus regit actum (modificado), porque la actividad
notarial se realiza en la sede del consulado, la cual se considera por algunas tendencias del Derecho internacional público
como parte del territorio nacional. Derecho Diplomático, Tomo II. p. 167.
[45] Queda la duda de qué ocurre cuando en el consulado no haya ningún notario para que extienda los testimonios de las
escrituras públicas que conformen el protocolo consular, ya que sería extraño que cualquier funcionario público, sin
conocimiento del Derecho notarial, ni habilitación, los pudiere compulsar. También pudiera ser que el protocolo sea el del
notario, y que éste se lleve los tomos consigo a donde resida.
[46] Laudelino Moreno, Derecho consular guatemalteco. Tipografía Nacional, Guatemala: 1946. pp. 287354. Un libro
sumamente interesante, muestra del nivel de los guatemaltecos estudiosos de hace cincuenta años, infortunadamente la
legislación notarial cambió luego de haberse publicado la obra, por lo que muchas de sus nociones no son aplicables
actualmente.
[47] Art. 374 del Código civil.
[48] La investidura de la fe pública que ejercen los notarios posiblemente se dio por la íntima relación profesional que tenían
antiguamente los notarios en los tribunales, en donde probablemente acompañaban al juez cuando judicaba ciertos actos. La
evolución posterior segregó, por efectos de la versatilidad y funcionalidad, al notario del tribunal, pero este salió llevándose
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la fe pública investida en el juez. Es importante notar que los actos notariales se deben conformar a la solemnidad y rigor de
un proceso judicial, especialmente en cuanto al acto de la identificación de los intervinientes, tal y como sucede en el
proceso. Un ejemplo para confirmar esta propuesta es la norma del art. 1,576 (y el art. 808) del Código civil, en la cual se
establece que en los contratos consensuales o reales que se deban inscribir en el Registro de la Propiedad son válidos y las
partes se pueden compeler recíprocamente al otorgamiento de escritura pública, si se establecen sus requisitos esenciales por
confesión judicial o por otro medio de prueba escrita. Esta idea también la patentiza Nuñez Lagos en su Estudios sobre el
valor jurídico del documento notarial. Imprenta Talleres Penitenciarios, Alcalá de Henares: 1945. Algunos de los primeros
notarialistas fueron procesalistas.
[49] Anteriormente, el Código de Enjuiciamiento distinguía entre los instrumentos notariales (que les llamaba documentos
públicos), y los documentos auténticos, los que eran hechos por funcionarios públicos.
[50] Plena prueba quiere decir que no hay necesidad de probarlo en el proceso, sin embargo, no quiere decir que al ser el
documento público apreciado por el juez, éste lo tiene que aceptar en vista de otros medios de prueba más contundentes, y
destruir su eficacia probatoria, ya que en nuestro sistema no existe preeminencia entre éstos. Vea Mario Aguirre Godoy.
Derecho procesal civil, Tomo I, p. 723.
[51] Oscar A. Salas, Derecho notarial de Centroamérica y Panamá. Editorial Costa Rica. pp. 228233.
[52] Arts. 29 y 31 del Código de Notariado.
[53] No es técnicamente apropiado mencionar en las escrituras públicas que el otorgante “dice ser de las generales”, porque
es labor (y responsabilidad) del notario precisamente identificar plenamente a las personas, como en un juicio. Vea cita al pie
número 47.
[54] Aguirre Godoy. Derecho procesal civil, Tomo I, pp. 703704.
[55] Art. 81 Código de Notariado, inciso 10.
[56] Art. 1,222 del Código civil.
[57] La función depositaria implica el guardar y custodiar los documentos que componen el registro notarial que el notario
forme, el cual no le pertenece, ni a él, ni a las partes o sujetos que intervengan en su creación, sino al Estado, quien es su
propietario por ser bien nacional de uso no común, al estar al servicio de éste y formar parte de su patrimonio. Un caso similar
es el de los expedientes judiciales, ya que ni las partes ni el abogado se pueden quedar con los autos. La función de
depositario se manifiesta en varias ocasiones; v.g. art. 86 Código de Notariado, y en sentido amplio, el art. 27 del mismo
código.
[58] La actividad de auxiliar del juez y, en cierta forma también de las partes de un proceso; se tiene, por ejemplo, en los
siguientes artículos: 71, 72, 33, 181, párrafo primero; 192, párrafo primero; 220, 298, 324, 349, 381, párrafo final; 396, 382,
384, 555 a 567, 585. Vea Mario Aguirre Godoy, Derecho procesal civil. pp. 223227. Esta tradición judicial proviene de la
época colonial, cuando había un escribano en cada juzgado.
[59] El notario también crea títulos ejecutivos según la Ley de bancos arts. 51 y 112.
[60] El acuerdo de la Corte Suprema de Justicia número 202 del 19 de julio de 1968 prohibió a los jueces de paz asistir a
legalizar la realización de loterías, rifas, remates o subastas, pues su actuación en esas actividades era ajena a la función
jurisdiccional. Además, vea arts. 2 y 5 del Decreto número 1610 del Congreso, y art. 8 del Acuerdo Gubernativo del 18 de
mayo de 1956 de Castillo Armas.
[61] Ida Rebeca Permuth Ostrowiak, “El subarrendamiento y el debido proceso”. Revista de la Facultad de Derecho.
Universidad Francisco Marroquín. pp. 2167. Año VIII. No. 15. Segunda época. 1998.
[62] Arts. 133 y 134 del Código tributario, Decreto 691 del Congreso según fue aquél reformado por el art. 34 del Decreto
5896 de Congreso, vigente a partir del 15 de agosto de 1996.
[63] Art. 27 del Decreto 3792 del Congreso, cuya redacción es equívoca, ya que considera al Notariado como una
“condición”, y además les otorga “privilegios”, cuando la Constitución los prohibe expresamente en el art. 130. Hay
personas que creen que cuando la Ley del impuesto al valor agregado menciona que ese tributo se puede pagar adhiriendo
timbres fiscales, que es un acto tributario que se rige por la Ley de timbres fiscales. Esta postura es incorrecta, ya que lo que se
permite es que en vez de pagar en efectivo se pague con timbres fiscales, lo cual es permitido por el propio Código tributario
en el art. 9: “Tributos son las prestaciones comúnmente en dinero que el Estado exige en ejercicio de su poder tributario, con
el objeto de obtener recursos para el cumplimiento de sus fines.” . Por ende, en el caso de pagar el impuesto al valor agregado
con timbres, el acto no se debe regir por la Ley del timbre fiscal, sino por la Ley al impuesto al valor agregado.
[64] Una normativa, –de las más antiguas respecto de este tema para Guatemala– es la Real Cédula del 1 de noviembre de
1591 donde obligaba a que las ventas, trueques, empañamientos que se hicieren de cualquier bien raíz, mueble o semoviente
se hiciera ante escribano del número. AGCA, A3.5. Exp. 1,295. Leg. 67. Fol. 5, la cual no apareció cuando la busqué
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físicamente en el Archivo. Después de la Independencia, por disposiciones del 14 de enero y 28 de agosto de 1832 exigían la
escritura pública para acreditar las convenciones sobre enajenación de bienes raíces. Todo esto cambió por virtud del decreto
de 28 de octubre de 1843, en es cual se dispensaba de la obligación de la escritura pública. Este decreto a su vez fue
derogado por el art. 2066 del Código civil de 1877, según se coligue de lo informado por la comisión de reforma hipotecaria
llevada a cabo por Manuel Ubico a finales del siglo XIX. Informe y Proyecto de Ley. Tipografía Nacional, Guatemala: 1932.
Segunda edición. p. 70.
[65] Sentencia del 15 de junio de 1994 en la Gaceta Jurisprudencial No. 32. Apelaciones de Sentencias de Amparos. Exp.
No. 56193.
[66]El art. 24 del Decreto 10097 del Congreso, Ley de Aviación Civil, establece un registro aeronáutico nacional, el cual
dispone expresamente que: “no tendrá carácter constitutivo de derecho.”.
[67] Reformado por el artículo 53 del Decreto 11497 del Congreso, vigente desde el 20 de diciembre de 1997.
[68] El art. 1,181 del Código civil obliga al registrador a que haga mérito en la certificación de cualquier título que estuviere
presentado solamente, pero que tenga relación con el asiento certificado. Se debe deducir entonces que si se tiene a la vista
una certificación en la cual no se ha hecho mérito de la presentación de otros títulos, si éstos de hecho se hubieran
presentado, no afectarán a tercero, pues no constarían en la certificación. Esta consideración es importante hacerla, ya que
actualmente los registradores se tardan mucho en hacer las inscripciones.
[69] Art. 1,148 del Código civil
[70] El art. 338 del Código de Comercio establece que: “Aparte de los hechos y relaciones jurídicas que especifiquen las
leyes, es obligatorio el registro de los siguientes: 1o. El nombramiento de administradores de sociedades, de factores y el
otorgamiento de mandatos por cualquier comerciante, para operaciones de su empresa.”. Esta es la razón por la cual los
poderes especiales judiciales no deben ser inscritos en el Registro mercantil, ya que éstos no son necesarios para la operación
de la empresa, ya que la comparecencia a juicio nunca podrá ser el giro ordinario ni extraordinario de una empresa mercantil,
sino el ejercicio del derecho al debido proceso.
[71] Sentencia del 11 de febrero de 1992 en Gaceta Jurisprudencial No. 23, Apelaciones de Sentencias de Amparos, Exp.
28791.
[72] Art. 122 de la Constitución Política de la República de Guatemala.
[73] Literal “e” del art. 112 del Código procesal civil y mercantil.
[74] Art. 308 y 304 del Código procesal civil y mercantil.
[75] Arts. 1,183 y 1,179 del Código civil.
[76] El art. 1,184 del Código civil dispone que cuando las certificaciones que expida el registrador no fueren conformes con
los asientos a que se refieren, se estará a lo que de éstos resulte, salvo la acción del perjudicado por aquéllas para exigir la
indemnización correspondiente del registrador que hubiere cometido la falta.
[77] Art. 1,222 del Código civil.
[78] Mario Aguirre Godoy, Derecho procesal civil, tomo I, pp. 705 y 706.
[79] El documento se convertiría en el objeto material del delito, el cual tendría que pasar a formar parte de los medios de
prueba en el juicio penal correspondiente.
[80] Mario Aguirre Godoy, Derecho procesal civil, tomo I, p. 707, nota al pie número 17.
[81] La calificación que hace el registrador mercantil no impide ni perjudica el juicio que pueda seguirse en los tribunales
sobre la nulidad de un documento notarial presentado en el Registro Mercantil, pues se entiende limitada para el efecto de
negar o admitir su inscripción o anotación; siguiendo el principio que el asiento registral no convalida los actos nulos. Art.
346 del Código de Comercio.
[82] Hay quienes consideran –equivocadamente– que el contrato por el cual el notario presta sus servicios es el de servicios
profesionales. La realidad es que el contrato de obra, un contrato de fines, y no uno de medios, como lo es el de servicios
profesionales, obliga al notario a producir un documento por el cual se protege la seguridad jurídica de quien lo contrata o de
las partes que se ven afectadas por el documento notarial (en este caso la responsabilidad del notario frente a la parte que no
pagó los servicios notariales es de naturaleza extracontractual). Si el documento faccionado no produce esa seguridad
jurídica, habrá responsabilidad del notario, y se le podrá exigir el pago de daños y perjuicios. La diferencia entre un contrato
de medios y uno de fines es que, en éste sólo se exige que el deudor haga sus mejores esfuerzos con el conocimiento que ha
adquirido, razonablemente, tanto en la universidad, como en la vida profesional; mientras que en aquél lo importante es que
la cosa sirva al acreedor para lo que ordinaria y legalmente ésta sirviere.
[83]Manuel Bejarano Sánchez, Obligaciones civiles. HARLA, S.A. de C.V., México: 1984. pp. 234235. Tercera edición.
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[84] Según el Diccionario de la Real Academia perteneciente o relativo al alma que proviene del latín “psychicus”, y éste de
la palabra griega que quería decir “alma”.
[85] Carlos A. Pelosi, El documento notarial. Editorial Astrea de Alfredo y Ricardo Depalma, S.R.L., Buenos Aires: 1992. p.
81.
[86] Pelosi cita a Henoch Aguiar, quien dice: “Instrumento público es el documento que hace fe por sí mismo respecto de un
acto jurídico emanado, autorizado o pasado ante un funcionario público o una persona particular, que, por imperio de ley,
en casos especialmente previstos, desempeñan una función pública, dentro del territorio que la misma le ha fijado para el
ejercicio de sus funciones y con relación a las personas en cuyos asuntos no le hubiesen prohibido intervenir.” Pelosi, op.
cit., pp. 100 y 108.
[87] Pelosi, op. cit., p. 90.
[88] No importa la edad o los años de labor en la actividad notarial para ser aprendiz de notario, bien puede serlo quien se
acaba de graduar como quien sin pena ni gloria la ha desempeñado por mucho tiempo, pues no es la cantidad de tiempo lo
que hace al maestro, sino la calidad de la obra, que lo diferencia al maestro del aprendiz.
[89] Lucio V. López, un notario argentino que deseaba que la redacción notarial fuera menos prosaica –aun se podría decir
menos gongorina–, citado por Neri, se expresa de la siguiente manera respecto de la reforma notarial argentina del siglo
pasado: “‘Yo vería surgir con júbilo un escribano que iniciara una reforma sustancial del estilo escriturario; que lo hiciera
más humano, más breve, más claro, más técnico, más simple, en una palabra’”. Argentino I. Neri, Tratado teórico y práctico
de Derecho notarial. Ediciones Depalma, Buenos Aires: 1980. Volumen 1. p. 582.
[90] Toda la exposición sobre el arte notarial se toma de este autor, quien lo hace de forma extensa, más profundamente que
cualquier otro jurista consultado. Neri, op. cit., vol. 1. pp. 582600 y 633.
[91] Muchos notarios en el afán de hacer más rápidamente el trabajo encomendado o los que relegan en asistentes que no
tienen el conocimiento adecuado ni del Derecho, ni del Notariado, utilizan muy a menudo los machotes, razón por la cual a
los primeros se les denomina vulgarmente “machoteros”. Según el Diccionario de la Real Academia Española, “machote”
proviene del nahua “machiotl”, que quería decir “señal, comparación, ejemplo, dechado”, de tal forma que es una palabra de
abolengo muy indiano; que se acopló bien a las necesidades léxicas de los usuarios del sistema de Derecho español en
América. En Centroamérica y México “machote” quiere decir: “dechado, modelo” y también “formulario con espacios en
blanco para rellenar”. Lisandro Sandoval también es de la opinión que “machote” se deriva de la voz mejicana “machiotl” o
“machiot”. Lisandro Sandoval, Semántica guatemalense o Diccionario de guatemaltequismos. Tipografía Nacional,
Guatemala: 1942. Tomo II. p. 45. En los documentos de la época colonial también se utiliza esta voz con frecuencia.
[92] Salvo, tal vez, las expresiones: “Por mí y ante mí” y “Ante mí”, que provienen de las Partidas. La frase “doy fe” se
remonta a las disposiciones del Ordenamiento de Alcalá. Todas estas cláusulas tienen una vigencia de más de seiscientos
años, y son parte de nuestra cultura hispánica. Argentino I. Neri, Tratado teórico y práctico de Derecho notarial. Ediciones
Depalma, Buenos Aires: 1980. Vol. 1.
[93] Aquí cabe mencionar que el orden en la sociedad se da naturalmente, lo cual fue descrito por Mandeville en The Fable
of the Bees; también en el pasaje de “la mano invisible” de la Riqueza de las Naciones de Adam Smith; todo esto hábilmente
destilado por Friedrich Hayek en su idea de “orden espontáneo” en Fundamentos de la Libertad. No se debe dejar de decir
que, a pesar de todo lo dicho en este artículo, ni la sociedad guatemalteca, ni el sistema de Derecho guatemalteco, van a
colapsar en el futuro próximo a causa de los problemas aquí expuestos. Lo que se trata de explicar es que nuestro sistema
actual causa costos innecesarios y da pie a que se cometan injusticias. La fe pública registral o notarial bien entendida y
fiscalizada, únicamente sirve como contrafuerte del orden espontáneo que de hecho existe, por lo que acrecienta las
posibilidades de crear riqueza y progresar, porque dan seguridad. El progreso, por supuesto, no es ni constante, ni inevitable;
por el contrario, en ciertos casos, se puede dejar de progresar. Sin embargo, se ha podido observar que en situaciones como
los golpes de Estado o el tránsito de automóviles en la Ciudad de Guatemala, la mayoría de las personas normalmente actúan
de buena fe y se respetan los unos a los otros.
[94] Históricamente existió una excepción llamada de “schaedula non lecta”, que podía interponer el afectado cuando el
notario no hubiera leído la escritura a los comparecientes. Rafael Nuñez Lagos, Estudios sobre el valor jurídico del
documento notarial. Imprenta Talleres Penitenciarios, Alcalá de Henares: 1945. p. 83.
[95] Pelosi, op. cit., p. 207.
[96] Decreto 1735 de la Asamblea Legislativa de Guatemala de fecha 30 de mayo de 1931, y su reglamento en Acuerdo de
fecha 5 de agosto de 1931, reformado por Acuerdos Gubernativos de fecha 16 de julio de 1936, 7 de marzo de 1957 (se
reafirma la numeración), 13 de febrero de 1958, 20 de mayo de 1960, 19 de septiembre de 1961.
[97] En la práctica notarial se acostumbra poner en letras la palabra “guión” por no poner el símbolo ““, lo cual resulta
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totalmente absurdo e innecesario, puesto que la ley sólo manda que las cifras se escriban en letras. Si se siguiere a pie de la
letra el argumento que antes expuse, se debería poner la palabra “punto” en vez del símbolo “.”.
[98] Acuerdo Gubernativo del 7 de marzo de 1957. Es interesante notar como nunca dio un número de orden a Belice, en
congruencia con las reclamaciones territoriales de Guatemala sobre ese país independiente; lo cual demuestra como ésta no
tiene ni tuvo poder soberano sobre esa nación, al no realizar actos administrativos ni jurisdiccionales respecto de su
población.
[99] Esto se debe a que hay diecisiete municipios en el Departamento de Guatemala; sin embargo, en el Municipio de
Guatemala los números de registro tienen más cifras que los demás del país.
[100] Durante un proceso electoral, tuve la oportunidad de ver una cédula de vecindad emitida en los años treinta, no es decir
de más que la persona fotografiada había cambiado mucho de aquel entonces para ahora.
[101] Vea Friedrich Hayek, Fundamentos de la Libertad, y Ludwig von Mises, La acción humana. En honor al orden
espontáneo y a la libertad, cabe ahora decir que en los Estados Unidos de América y en el Reino Unido no existe documento
oficial de identificación, y a todas luces queda demostrado que no es indispensable para que una sociedad abierta funcione.
Sin embargo, esto no quiere decir que no exista la necesidad de identificar a las personas, y que aun en estos países se pide
que las personas se identifiquen, v.g. con el número del Seguro Social o la licencia para conducir, en el caso de los Estados
Unidos. En Inglaterra algunos creen que la designación oficial de un número para cada persona es una intrusión injustificada
en la vida privada de los ciudadanos; lo cual llevado a un extremo –como el de tatuar números en los brazos de los judíos
esclavizados por los nazis durante la última Guerra Mundial–, deja en qué pensar.
[102] La Constitución permite que exista una excepción al principio de libertad de asociación, al obligar a los profesionales
a que se colegien. Sin embargo, esta desafortunada idea ha sido tergiversada, y los colegios sirven como grupos de presión en
vez de ser promovedores del mejoramiento intelectual y profesional de los colegiados. ARTICULO 34. Derecho de
asociación. Se reconoce el derecho de libre asociación. Nadie está obligado a asociarse ni a formar parte de grupos o
asociaciones de autodefensa o similares. Se exceptúa el caso de la colegiación profesional. ARTICULO 90. Colegiación
profesional. La colegiación de los profesionales universitarios es obligatoria y tendrá por fines la superación moral,
científica, técnica y material de las profesiones universitarias y el control de su ejercicio. Los colegios profesionales, como
asociaciones gremiales con personalidad jurídica, funcionarán de conformidad con la Ley de Colegiación Profesional
obligatoria y los estatutos de cada colegio se aprobarán con independencia de las universidades de las que fueren
egresados sus miembros. Contribuirán al fortalecimiento de la autonomía de la Universidad de San Carlos de Guatemala
y a los fines y objetivos de todas las universidades del país. En todo asunto que se relacione con el mejoramiento del nivel
científico y técnico cultural de las profesiones universitarias, las universidades del país podrán requerir la participación
de los colegios profesionales.
[103] Anne Krueger, “La economía política de la sociedad buscadora de rentas”. Información Comercial Española. Número
557, enero 1980. p. 87.
[104] Por ejemplo, sentencia del 23 de febrero de 1995 en Gaceta Jurisprudencial No. 35 Inconstitucionalidades
Generales, expediente No. 52794; y sentencia del 6 de agosto de 1991 en Gaceta Jurisprudencial No. 21
Inconstitucionalidades Generales, expediente No. 3491.
[105] Aprobado por el Colegio de Abogados y Notarios el 30 de agosto de 1994.
[106] Una Ordenanza que para la administración de la justicia dictó el Visitador Francisco Tello de Sandoval en 1544 para
todas las provincias del Virreinato de la Nueva España (México y Centroamérica), se menciona el Archivo de la Ciudad
donde se tenía que depositar los procesos, registros, y escrituras faccionadas por escribanos, la cual puede ser una de los
primeros archivos de protocolos en América. Carlos Alfonso ÁlvarezLobos Villatoro y Ricardo Toledo Palomo, eds. Libro
de los Pareceres de la Real Audiencia de Guatemala 15711655. Biblioteca Goathemala, Volumen XXXII. Academia de
Geografía e Historia de Guatemala, Guatemala: 1996. p. xxiv.
[107] Es importante hacer notar que según el inc. 8 del art. 81 del Código de Notariado una de las funciones del Archivo de
Protocolos es: “Registrar los poderes y toda modificación o revocatoria de los mismos, en riguroso orden cronológico, para lo
cual llevará un libro especial.”. Esto se contrapone a lo dispuestos por el artículo 1 del Decreto 6897 del Congreso, vigente
desde el 25 de octubre de 1997, que reforma al art. 78 del Código de Notariado, pues ahí sólo atribuye el registrar mandatos
judiciales. Una interpretación exegética y de validez de las leyes en el tiempo podría llevar a la conclusión que de desde el
25 de octubre de 1997 ya no se debe inscribir los demás tipos de poderes (generales, especiales o especialísimos) en el
Archivo General de Protocolos. Sin embargo, una integración prudente nos remitiría al Código civil para aclarar que los
mandatos aún se deben inscribir en el Registro de Poderes. Tal vez los legisladores que reformaron el art. 78 no quisieron
hacer esta derogatoria, y causar esta confusión, lo cual provoca inseguridad.
[108] Adicionado al artículo 84 del Código de Notariado, por el DecretoLey 11383 del Jefe de Estado.
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[109] Una fuente histórica de esta tendencia fue la Ley de Notariado española de 1862, la cual influyó a muchas
legislaciones en Latinoamérica; por otra parte, también se debe considerar que aún después de la Independencia, la Corte
Suprema de Justicia examinaba a los aspirantes a ser notario. Como se puede ver, los órganos jurisdiccionales y los notarios
tienen una larga tradición de estar relacionados.
[110] Arts. 98 y 99 del Código de Notariado. El licenciado Nery Roberto Muñoz considera que estas normas no son
realmente positivas. Nery Roberto Muñoz, Introducción al estudio del Derecho notarial. p. 83.
[111] Este tipo de fiscal ya no existe en nuestra legislación vigente, por lo que la tramitación debe ser directamente ante la
Corte Suprema de Justicia. Tal vez se refería a los Fiscales de las Salas que regula el art. 4 del Decreto 512 del Congreso el
cual establecía que: “Son funcionarios auxiliares del Ministerio Público los fiscales y procuradores de las Salas de
Apelaciones, procuradores de los pobres, los abogados consultores de los ministerios y dependencias del Organismo
Ejecutivo, y los síndicos municipales. Sin embargo, el Decreto Presidencial número 585, suprimió estos cargos. Cabe
también agregar que la Ley orgánica del Ministerio Público, Decreto 512 del Congreso contiene normas que fueron vigentes
después de decretado el Código de Notariado. La Ley del Ministerio Público, Decreto 1618 de la Asamblea Legislativa era la
vigente cuando se promulgó el Código de Notariado, que a su vez abrogó el decreto 924, Ley del Ministerio Público donde
sí se menciona explícitamente al Fiscal de la Corte como un cargo público (art. 7).
[112] El art. 100 del Código de Notariado es un caso interesante de un recurso administrativo en el ámbito de las funciones
de la Corte Suprema de Justicia.
[113] La Secretaría de la Corte Suprema de Justicia debe llevar un libro en el que se asientan las resoluciones que sancionen
las infracciones en que incurran los notarios, o copia de las que dicten otros tribunales.
[114] El decreto del Gobierno de 30 de marzo de 1854 confería al Presidente la potestad de fijar el número de notarios y
fijaba límites territoriales para ejercer el notario a la circunscripción departamental donde tuvieran su domicilio; además, le
correspondía dar el fiat a los escribanos que reunieran las calidades que requerían las leyes. Manuel Pineda de Mont,
Recopilación de las leyes de la República de Guatemala. Imprenta de la Paz en el Palacio; Guatemala: 1871. Tomo II. p. 89.
[115] Este problema ocurre en la Argentina, donde políticamente se tiene que decidir el número de notarios, lo cual crea
incertidumbre y provoca corrupción.
[116] La Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala decretó el 27 de noviembre de 1834 los requisitos que debían tener
los escribanos para poderse recibir y ejercer su oficio en el Estado. En dicho decreto se establecían rigurosos exámenes tanto
al nivel de la municipalidad, como posteriormente ante la Corte Suprema. Pineda de Mont, op. cit., pp. 8486.
[117] Vea art. 16 de la Ley de la Superintendencia de Administración Tributaria, Decreto 198 del Congreso.
[118] Anne Krueger, “La economía política de la sociedad buscadora de rentas”. Información Comercial Española. Número
557, enero 1980. p. 87. Originalmente se publicó como: “The political economy of the rent seeking society”. American
Economic Review, Vol. 64 (junio 1974), pp. 291303.
[119] Cabe hacer notar que esta idea no es reciente, ya que la Asamblea Legislativa del Estado de Guatemala el 28 de
noviembre de 1829 decretó que para recibirse de escribano receptor bastaba tener la edad de veintidós años y que precedieran
las demás calificaciones que se requirieran para ejercer ese cargo. Pineda de Mont, Tomo II, p. 83.
[120] N. Sánchez y A. R. Waters, “ El control de la corrupción en África y América Latina”. Información Comercial
Española. Número 557, enero 1980. pp. 121130.
[121] El término “renta” aquí se utiliza en su acepción técnica en Economía, esto es, una ganancia que se obtiene no por la
satisfacción de una necesidad proveniente de la voluntad de una persona, sino generada por la legislación reguladora, u otra
forma de coacción ilegítima e injusta. El término “renta” se contrapone a “precio”, ya que en éste se da la concurrencia libre
de voluntades, que lo hace justo. No es de más decir que todos los precios son justos, y que todas las rentas son injustas, y
provocan distorsiones en la distribución de recursos escasos. Las transacciones voluntarias producen riqueza para ambas
partes contractuales, en la proporción que fuere; mas las rentas no sólo producen pérdida a quien debe pagarlas, sino es que es
una pérdida de riqueza neta para toda la sociedad.
[122] Estos temas son tratados por la disciplina del Análisis Económico del Derecho (“Law and Economics”), fue propuesto
por autores como Gordon Tullock, Robert Tollison, James Buchanan, quienes han hecho un aporte importante hacia el
entendimiento del costo de la regulación y los monopolios.
[123] Ana María Kemper, “Seguridad jurídica en la contratación por medios electrónicos. Documento electrónico.”. Registro
General de la Propiedad, Registro General de la Propiedad, diciembre de 1997. p. 45.
[124] La Constitución no permite que sean funcionarios públicos puesto que trabajan para los particulares y de éstos recibe
sus honorarios, todo lo contrario de la naturaleza de la relación entre el Estado y los funcionarios.
[125] Un auto acordado de la Corte Suprema de Justicia del 4 de marzo de 1846 dice lo siguiente, lo cual se puede considerar
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como aplicable hasta en estos días; no sólo a los examinadores, sino a los propios catedráticos de Derecho: “[…] siendo asi
que la falta de instruccion de los propios escribanos se originan muchas veces tan grandes como irreparables daños á las
familias, las cuales descansan, con buena fé, en la capacidad de aquellos, por haber obtenido aprobacion para ejercer sus
oficios; de suerte que los que otorgan esta aprobación se hacen cómplices, en cierta manera, de las faltas en que incurren los
mismos escribanos cuando son aprobados sin merecerlo […]”. Pineda de Mont, op. cit., tomo II, p. 110.
[126] Este sistema es el utilizado, con variantes, en algunos estados de los Estados Unidos de América.
[127] Fuentes y Guzmán en su Recordación florida hace algunos comentarios interesantes al respecto de este tema,
nostálgicamente sugiriendo que hubiera sido mejor que la tierra dada a los conquistadores originalmente por el rey se hubiera
quedado en manos de aquéllos y no de éste. Cabe recordar que Fuentes y Guzmán era descendiente de gran cronista de la
Conquista, Bernal Díaz del Castillo.
[128] Vea la Real Cédula de 1 de noviembre de 1591, 444 años de legislación agraria. Revista de la Facultad de Ciencias
Jurídicas y Sociales de Guatemala. Época VI. Enero a diciembre de 1960. Nos. 9 al 12. pp. 19. AGCA A1.23, Leg. 4610,
Fol. 292v.
[129] Al principio de la Colonia el interés por la tierra no parece haber sido tan importante para los españoles, quienes venían
en muchos casos a hacer la América solamente. Tampoco toda la tierra tuvo el mismo valor para ellos. Los colonos (tanto
legos como los religiosos) se interesaron más por la tierra de la Costa escuintleca y el Oriente guatemalteco así como ciertas
regiones de Honduras, El Salvador y Nicaragua. En dichas tierras pudieron adentrado los años, sembrar xiquilite, caña de
azúcar y tener ganado, cuando el proceso de colonización y asentamiento permanente se empezó a dar. En contraposición a
esto, el Altiplano no fue tan apetecido, por lo que los indios lograron mantenerse en posesión de estas tierras por más tiempo,
en algunos casos hasta el día de hoy. Conversación personal con el licenciado Horacio Cabezas Carcache, agosto 1999. Se
está consciente que existió un sistema perverso de esclavitud y de esclavitud solapada (repartimientos) durante ciertos
períodos de la época colonial. También es de notar que algunos españoles trataron muy mal a algunos indios; lo cual no se
puede hacer extensivo a toda la población española o sus descendientes, como quisieran hacer los proponentes de la Leyenda
Negra.
[130] Existe mucha discusión en cuanto al título original para que los españoles poseyeran tierras en América. De Vitoria
consideraba que era derecho natural de todo hombre asentarse donde tuviere a bien, en cualquier parte de la Tierra. Fray
Bartolomé de las Casas sugería devolver las tierras ocupadas por los españoles a los indios. En cuanto a los títulos de los
indios, es interesante mencionar que en el Popol Vuh, y el Título de Totonicapán, los antiguos expresan como les “amaneció
el día” a su respectivo grupo aquí en Guatemala; como que fueran naturalmente de estos lares. Sin embargo, queda claro en
sus propios escritos que migraron de otras partes (Tula) hacia estas tierras, salvo el Título de los Señores de Cagcoh (San
Cristóbal Verapaz). Mario Crespo M., “Algunos títulos indígenas del Archivo General del Gobierno de Guatemala”. Tesis de
licenciatura. Universidad de San Carlos de Guatemala: 1968. También vea Recopilación de leyes de los Reynos de las
Indias, mandadas imprimir y publicar por la Majestad Católica del Rey Don Carlos II, en 444 años de legislación agraria.
Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de Guatemala. Época VI. Enero a diciembre de 1960. Nos. 9 al 12.
pp. 818.
[131] En el acta del 27 de octubre de 1527 (a pocos años del sometimiento de los quichés de Cumarcaj y mientras estaban
combatiendo con sus exaliados cakchiqueles) el cabildo presidido por el Capitán General Jorge de Alvarado (porque Pedro
de Alvarado iba rumbo a España donde sería nombrado “Adelantado”) mandó a que se “ […] trace el pueblo, e se den
vecindades e solares e caballerías a los que della quisieren ser vecinos, y que se requieren, […]”. Luego se discutió sobre
dónde se debía asentar el pueblo: el valle de Chimaltenango, en el “Tianguecillo” que quiere decir “mercado” en náhuatl
(cerca del actual San Lucas Sacatepéquez, una zona franca entre los territorios de los cakchiqueles de Iximché y los
Sacatepéquez) o el sitio de Almolonga. Finalmente ganaron los partidarios del asentamiento a las faldas del volcán que luego
nombrarían “Agua”. La forma en que los españoles se hicieron posesores del sitio resulta interesante, además de su valor
como la historia de todos los guatemaltecos, como muestra de las formas de publicidad y solemnidad que se utilizaron
entonces. Jorge de Alvarado, Teniente de Gobernador y Capitán General de la Provincia de Guatimala, mandó “asentá
escribano”, por lo cual se faccionó el acta de fecha 26 de noviembre de 1527, que dice:
E visto e leido por mí el dicho escribano el dicho testimonio, el dicho señor capitán dijo e mandó a mí el dicho
escribano que así lo asentase, e que él en nombre de su majestad, si necesario era, tomaba e aprehendía, e tomó
e aprehendió la posesión real, actual, “vel cuasi” de la dicha ciudad, e desta provincia, e de las otras a ella
comarcanas. E en señal de posesión echó mano de un madero, que hizo hincar en el dicho sitio, e dijo que por
ahí aprehendía la dicha posesión.
Después sigue una gran lista de quienes pedían vecindad. Carmelo Sáenz de Santa María, ed., Libro Viejo de la Fundación
de Guatemala. Academia de Geografía e Historia y Comisión Interuniversitaria Guatemalteca de Conmemoración del
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Quinto Centenario del Descubrimiento de América, Guatemala: 1991.
[132] Este es uno de los documentos coloniales más antiguos que existe, aunque no es el original. La investigación
documental de la época temprana de la Colonia es sumamente difícil, porque muchos de los documentos han desaparecido
(por hurto, descuido o desastres naturales) a lo largo de los años. Por esto, se menciona dicho documento, aunque no sea
característico de la práctica de aquellos tiempos ni de todas las regiones del Reino.
[133] En los folios 17, 26v, 27, 27v y siguientes del Libro Viejo se repartieron solares dentro de la traza de la ciudad de
Santiago. Hubo problemas al principio de la colonización, tanto así que el Cabildo en abril de 1528 mandó que se quitarían
los solares y revocarían los repartimientos de indios pertenecientes a las personas que no cultivaran sus tierras (folio 28).
[134] Ibid., 55.
[135] Ibid., p. 56.
[136] Ibid., p. 179.
[137] En estos folios se encuentra la repartición de los valles de Almolonga, Panchoy, Guacalate, del camino a Petapa, la
región de la laguna y la de Quilicinapa. Ibid., p. 182
[138] Se encontró dos hojas de lo que probablemente fue un libro donde se iba asentando las tomas de razón de los títulos
expedidos por la Real Audiencia en 1556. Este puede ser uno de los antecedentes más antiguos de un sistema donde se
transcribía parte del título otorgado a modo de un precario registro de concesiones de títulos. AGCA. A3.30 Leg. 2863, Exp.
41,693. Asimismo, existe un libro de mucho interés histórico, que sirvió para tomar razón de los títulos de tierra desde 1771 a
1777 (cuando ya se había trasladado la Audiencia al Valle de la Ermita). Al propio libro se le denomina como “de toma de
razón”, al estilo del sistema francés. AGCA. A.3 Leg. 812, Exp. 14,914. Fol. 166203. También existe un expediente donde
se tiene instrucciones y machotes para la expedición de títulos de tierra en el siglo XVIII. AGCA. A.3, Leg. 2794, Exp.
40,431.
[139] El chinamit eran una agrupación, que originalmente pudo haber sido familiar, en que los indios se organizaban para su
vida en sociedad. La tierra la poseía la comunidad y su explotación se cree que era comunal, aunque en algunos casos se
hacía privadamente. Robert M. Hill y John Monaghan, Continuities in Highland Maya Social Organization: Ethnohistory
in Sacapulas, Guatemala. University of Pennsylvania, Philadelphia: 1987. Económicamente no era la mejor forma de
posesión de la tierra por los problemas que trae el uso en común (explotación desmedida de los recursos de los demás,
dificultad de fiscalizar a los explotadores, dificultad de hacer de uno las mejoras introducidas en forma particular, conflictos
entre copropietarios). Sin embargo, se puede comprender porqué los indios se agruparon de esta manera para protegerse, ya
que ante la cultura de privilegios e inseguridad física que en general se vivía en esas épocas, las personas naturalmente crean
su propio sistema de protección, aunque a largo plazo sea menos eficiente que la propiedad privada.
[140] Vea varios ejemplos en Mario Crespo M., “Algunos títulos indígenas del Archivo General del Gobierno de
Guatemala”. Tesis de licenciatura. Universidad de San Carlos de Guatemala: 1968; y Alejandra Colom et al eds. Testamento
y título de los antecesores de los señores de Cagcoh San Cristóbal Verapaz. Facultad de Arqueología de la Universidad del
Valle de Guatemala, Guatemala: 1999. p. ix.
[141] La institución parece no haber sido muy bien aceptada por las autoridades españoles, ni reconocida en las Leyes de
Indias. Así pues, cuando las autoridades eclesiásticas y gubernamentales trataron de hacer las reducciones o congregaciones,
algunos de los pueblos que se formaron, realmente no tenían la cohesión que los españoles pensaban que tenía el concepto
típico del “municipio” o aún del “pueblo”, ya que si bien las parcialidades vivían pegadas unas a otras en barrios, cada una
era diferente que las otras. Cada parcialidad tenía sus tierras “comunales”, y este hecho causó problemas cuando se crearon
las tierras ejidales, las cuales eran comunes a todo el “pueblo”. Robert M. Hill y John Monaghan, Continuities in Highland
Maya Social Organization: Ethnohistory in Sacapulas, Guatemala. University of Pennsylvania, Philadelphia: 1987.
[142] Los linderos demarcados de forma precisa resultan indispensables cuando las tierras empiezan a escasear (se acerca el
horizonte de escasez). En Guatemala esto ocurrió cuando comenzó a crecer la población y también cuando otras
comunidades o los propios españoles colonizadores trataron de cultivar más tierra. Hay que tomar en cuenta que en
Guatemala la tierra fácilmente cultivable es muy escasa y siempre ha sido escasa, la tierra sólo se multiplicó a partir de la
introducción de mejores técnicas agropecuarias y de los fertilizantes en el siglo XX. La introducción de ganado en
Guatemala después de la Conquista causó problemas a los indios, ya que éste se pasa a los terrenos adyacentes fácilmente.
Este hecho creó una nueva contingencia para los indios respecto de la propiedad, la cual se superó con el cercado de las
heredades. Vea Henri Lepage, Por qué la propiedad. Instituto de Estudios Económicos, Madrid: 1986.
[143] Robert M. Hill y John Monaghan, Continuities in Highland Maya Social Organization: Ethnohistory in Sacapulas,
Guatemala. University of Pennsylvania, Philadelphia: 1987. p. 103.
[144] AGCA, A1, Leg. 6021, Exp. 53083:330 y A1. 45, Leg. 2924, Exp. 27326: 120v, citado por Robert M. Hill y John
Monaghan, Continuities in Highland Maya Social Organization: Ethnohistory in Sacapulas, Guatemala. University of
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Pennsylvania, Philadelphia: 1987.
[145] Se trató de implementar un catastro desde que se emitió el decreto del 15 de julio de 1832, cuyo reglamento mandaba
que se emitiera matrícula para cada finca sujeta a la contribución de tierras. Manuel Pineda de Mont, Recopilación de las
leyes de la República de Guatemala. Imprenta de la Paz en el Palacio, Guatemala: 1869. Tomo I. p. 668. En la Escribanía de
Cámara (de Hacienda) se formó un archivo de expedientes de tierras para efectos fiscales según el Acuerdo del Gobierno de
24 de abril de 1866; y para 1874, según Decreto 12 del 6 de febrero, se había mandado a matricular todas las tierras para un
nuevo tributo sobre éstas. 444 años de legislación agraria. Revista de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de
Guatemala. Época VI. Enero a diciembre de 1960. Nos. 9 al 12. pp. 121y 125132. Aunque no fue un registro de la
propiedad, si fue un registro de títulos el que se implementó por estas disposiciones, las cuales son el antecedente al sistema
de matrículas actualmente en existencia
[146] La existencia de los censos se llevaba en los libros de los ayuntamientos. No existían ni el censo reservativo ni el
consignativo, los cuales eran tratados en la legislación española por la peculiar forma de tenencia de la tierra en la Península.
Manuel Ubico, Informe y Proyecto de Ley. Tipografía Nacional, Guatemala: 1932. Segunda edición. El censo fue suprimido
de nuestra legislación por el Decreto 170 del 8 de enero de 1877, probablemente a causa de la actividad desvinculadora y
desamortizadora que promovió la Reforma Liberal.
[147] El pie era la unidad lineal que se utilizaba para la designación de terrenos según la ley 1, título 12, libro 4 de la
Recopilación de Indias, y equivalía a una tercia de vara. La vara se dividía en dos medias, tres tercias o pies, cuatro cuartas o
palmos, seis sesmas, ocho ochavas, treinta y seis pulgadas, cuarenta y ocho dedos; dándose a la pulgada doce líneas, y al
dedo tres pajas o cuatro granos. La vara castellana tenía 853,267 millonésimas de metros, lo cual fue comprobado por el
arquitecto Manuel Rivera Maestre en 1839, según encomienda que le había hecho Mariano Gálvez. El paso de Salomón fue
otra medida agraria que contenía cinco tercias de vara allá por el año 1571, sin embargo el Presidente de la Audiencia,
Antonio González, cuando ingresó al gobierno declaró que se consideraría de una vara. La braza se reputaba de tres varas
menos una ochava. La cuerda tenía 50 varas y la legua tuvo desde 1618, 4,000 pasos de cinco tercias cada uno, o 20,000
pies, o 6,666 2/3 varas, pero que después de la reforma del Oidor Zubiria se redujo a 5,000 varas. La caballería de tierra tenía
22 cuerdas, 36 ¼ varas de largo, y 11 cuerdas 18 ¼ varas de ancho, cada cuerda de 50 varas castellanas. Los sitios de ganado
mayor o estancias tenían 3,000 pasos de largo y 1,500 de ancho, siendo cada paso de una vara castellana según auto de 6 de
mayo de 1574; los sitios de ganado menor o labores tenían 1,500 varas de largo y 750 de ancho o cabezada. Un solar era un
paralelogramo de cien pies de largo y cincuenta de ancho, según la ley 1, título 12 libro 4 de la Recopilación de Indias, y
tenía 555.555 varas cuadradas, la peonía estaba compuesta de un solar, 100 fanegas de labor de trigo, diez de maíz, dos
huebras para la huerta y ocho para otras plantas, tierra de pasto para diez puercas de vientre, veinte vacas, cinco yeguas, cien
ovejas y veinte cabras. Estos requisitos no eran iguales para todas las regiones del Imperio, ya que en Castilla comprendía
100 estadales, o sea, 9,216 varas y en México las siembras de maíz eran de 376 varas de largo y 184 de ancho, o sea, 50,184
varas cuadradas. En Ávila, España la huebra constaba de 3,200 varas. La manzana, un cuadrado de 100 varas por lado, se
comenzó a usar como medida por el año de 1830, cuando se incrementó el cultivo de los nopales para la producción de
grana. Los patrones de las medidas se conservaban en los ayuntamientos y no eran iguales en todas partes. Cayetano Batres,
Tratado de agrimensura legal. Imprenta de las Novedades, Nueva York: 1884. pp. 116119, 128135. En el Oriente de
Guatemala, aún en el año de 1925, se utilizaba la fanega y el almud o medio, dándose a la primera veinticuatro medios o
almudes y a éstos, cinco tareas de treinta por treinta varas cada uno. Por acuerdo gubernativo del 17 de febrero de ese año, en
el art. 52, se dispuso que computaría la vara castellana de 0.83590575 metros hasta el 30 de julio de 1878; de 0.835 metros
desde esa fecha hasta la promulgación del Código Fiscal, 15 de septiembre de 1881, y otra vez aquélla medida desde esa
fecha en adelante. Publicación de la Ley Reglamentaria de Ingenieros Topógrafos, Arancel y Acuerdo Respectivo.
Tipografía Nacional, Guatemala: 1925. La Ley Reglamentaria para trabajos de agrimensura vigente, Decreto presidencial
1786 de 14 febrero de 1936, art. 343, dispone que a partir del 17 de febrero de 1925 en adelante la vara se computará de
0.835906 metros.
[148] Como se puede ver en la Instrucción del Oidor Juez privativo de tierras Juan José de Zubiria el 29 de agosto de 1782.
Cayetano Batres, Tratado de agrimensura legal. Imprenta de las Novedades, Nueva York: 1884. p. 113.
[149] Ramón María Roca Sastre, Derecho hipotecario. BOSCH, Casa Editorial, Barcelona: 1968. tomo 1. p. 23.
[150] En el protocolo del Escribano Real Pedro de Caviedes existe una escritura pública de fecha 2 de noviembre de 1618,
por medio de la cual se hipotecó una casa en Santiago de los Caballeros de Guatemala (hoy Antigua Guatemala). Juan José
Falla, Extractos de escrituras públicas. Volumen I. Editorial Amigos del País, Guatemala: 1994. p. 298. La Asociación de
Amigos del País es descendiente directa de la Sociedad Económica de Amigos del País fundada en el siglo XVIII, ésta tuvo
una participación directa en la reforma del sistema hipotecario y registral en Guatemala, tal y como se indica más abajo.
[151] La hipoteca general se contrapone a la hipoteca especial. En la costumbre notarial actual se redacta una cláusula en las
escrituras en las cuales se constituye hipoteca que dice: “la primera, única y especial hipoteca”, lo que es un resabio de
cuando las hipotecas podían ser generales, lo cual ahora no se permite por la ley (debido al principio de especialidad, art. 823
http://www.tesis.ufm.edu.gt/derecho/62295/tesis.htm#_ftn1 63/66
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del Código civil).
[152] Las hipotecas legales que todavía existen en nuestro sistema son: art. 57 (garantía de la administración de los bienes
del ausente); art. 292 (garantía de la prestación de alimentos); art. 325 (garantía para ejercer la tutela); art. 1225 (garantía que
deben prestar los registradores), complementado con el art. 1228 y el art. 1230 (excepción al principio general del art. 823 del
Código civil), todos del Código civil. También existen otras normas donde se crean hipotecas legales tales como: los arts. 65
al 70 de la Ley de Contrataciones del Estado, Decreto 5762 del Congreso; art. 56 de la Ley Forestal, Decreto 10196 del
Congreso; art. 63 (donde se expone expresamente que es una hipoteca legal), art. 138, art. 196 de la Ley del INTA, Decreto
1,551 del Congreso; arts. 513 y 533 del Código Procesal Civil y Mercantil; arts. 27, 264, 264 bis del Código Procesal Penal;
y arts. 80, 89, 146 de la Ley de Alcoholes, Decreto 536 del Congreso.
[153] José Eduardo Girón. El notario práctico. Tipografía Nacional, Guatemala: 1900. pp. 161162. La trascendencia de este
asiento es notable e interesante por ser el primero, y conviene transcribirlo:
Vn real.
Sello tercero. Vn real.
Años de mil setecientos setenta y seis y setenta y siete.
Partida 1ª
Dn. Mariano Sologaistoa, Vco. de esta ciudad otorgó Esctª de oblign. Del Acarreo de Carnes del Rastro á
las Carnecerías, por cantida de 700 ps. Ante el Notrio. Dn. Anto. Sta. Cruz en 19 de Abril de 777, y á su
cumplimiento hipotecó Dos casas, qe. . posée en esta Capital, citas, en la Calle qe. Ba pª los muros de Sta.
Clara, contigua á la de Dn. Bartholomé Deu, y á mas la Boyada, y carros en que lleva las carnes y
Afianzando igualmte. con dho. Dn. Barth.
Nueva Goata y Abril 24 de 1777, años.
(f.) Carlos Morales
[154] José Eduardo Girón. El notario práctico. Tipografía Nacional, Guatemala: 1900. p. 162. Además, existió otra real
cédula de 23 de mayo de 1791, confirmando los plazos para hacer las tomas de razón que había decretado la Audiencia de
Guatemala, todo esto se coligue del auto acordado de la Corte Superior de Justicia de 12 de noviembre de 1862. Pineda de
Mont, op. cit. tomo II, pp. 259260.
[155] Pineda de Mont, op. cit., Tomo II. p. 60.
[156] AGCA, B12.6, Exp. 4787, Leg. 212. Es un documento muy interesante en el cual se menciona al Anotador de
hipotecas y cómo había comprado el oficio vendible.
[157] En esta época del régimen hipotecario y preregistral, el acto administrativo constituía la toma de razón y no
propiamente la inscripción del título sustantivo.
[158] Informe de la Comisión Codificadora al señor Presidente de la República en el Código civil de la República de
Guatemala 1877. Imprenta de “El Progreso”, Guatemala: 1877. p. LXII.
[159] Tan importantes son las leyes hipotecarias (registrales) españolas para nuestro sistema, que hasta en la Exposición de
Motivos del Código vigente (DecretoLey 106) se hace mención de ellas y de los autores que las han comentado. Federico
Ojeda Salazar, Exposición de motivos del Código civil. Casa editora Gomes Robles, Guatemala: s.d. pp. 93
[160] Manuel Ubico, Informe y Proyecto de Ley. Tipografía Nacional, Guatemala: 1932. Segunda edición. p. 18 y ss.
[161] Vea Informe de la Comisión Codificadora al señor Presidente de la República en el Código civil de la República de
Guatemala 1877. Imprenta de “El Progreso”, Guatemala: 1877. pp. LXII y LXIII.
[162] Federico Ojeda Salazar, Exposición de motivos del Código civil. Casa editora Gomes Robles, Guatemala: s.d. pp. 93.
[163] Carlos Enrique Peralta Méndez, “El Registro de la Propiedad”. Septem Partitarum. Año V. No. 26 (mayo 1970). p. 15.
[164] Proveniente de fuertes influencias del Derecho romano justinianeo tan popular entre los jurisconsultos que crearon los
Códigos en todo el mundo latino.
[165] Roca Sastre, op. cit., tomo 1, p. 214.
[166] Ibid., p 278.
[167] Ibid., p. 281.
[168] Existe una aversión al principio de inscripción constitutiva entre los legisladores criollos, hasta en los contemporáneos.
En el art. 24 del Decreto 10097 del Congreso se crea el Registro Aeronáutico Nacional. Se dispuso que el Registro será
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12/6/2016 Introducción
público y por ende toda persona tendrá libre acceso a él, y que solamente surtirá efectos frente a terceros lo inscrito en el
mismo, pero que el Registro no tendría carácter constitutivo de derecho. Además, recetaron que no será obligatorio que
consten en escritura pública los actos o contratos que se inscriban en el Registro. No queda claro si este nuevo registro
deroga el art. 1,207 del Código civil que mandaba a que las naves aéreas, y los derechos reales que los afectaren, se
inscribirían en el Registro Central de la Propiedad en los libros destinados a tales bienes.
[169] Sentencia del 23 de mayo de 1988 en la Gaceta Jurisprudencial No. 8. Apelaciones de Sentencias de Amparos
Exp. No. 188.
[170] El reglamento del Registro General de la Propiedad vigente, Acuerdo Gubernativo 35987, así lo llama, ya que le art.
1216 del Código civil dispuso que así se le denominaría el que estuviera establecido en la capital de la República.
[171] Art. 33 de la Constitución Política de la República.
[172] Esto si se interpreta el art. 1216 del Código civil en forma restrictiva. Federico Ojeda Salazar, Exposición de motivos
del Código civil. Casa editora Gomes Robles, Guatemala: s.d. p. 93.
[173] Federico Ojeda Salazar, Exposición de motivos del Código civil. Casa editora Gomes Robles, Guatemala: s.d. pp. 93 y
94.
[174] Art. 3 del Acuerdo Gubernativo 35987, el cual fue reformado por el art. 1 del Acuerdo Gubernativo 12196, vigente
desde el 27 de abril de 1996.
[175] El art. 637 del Código civil dispone que: “La posesión registrada de un inmueble, una vez consumado el término de
diez años desde la fecha de la inscripción del título en el Registro de la Propiedad, se convierte en inscripción de dominio y
puede oponerse a cualquiera otra inscripción de propiedad relativa al mismo bien. Sin embargo, el usucapiente puede
entablar juicio para que se le declare dueño aun antes del tiempo señalado en el párrafo anterior, y la sentencia que así lo
declare, es título para la inscripción de la propiedad y para cancelar el asiento a favor del antiguo dueño.”. Esto se debe
posiblemente a que el legislador prefiere que la tierra se use por quien tiene posesión de ella, y que el propietario tiene que
mantenerse en la posesión para considerarse propietario.
[176] Según el art. 1,220 modificado por el art. 15 del DecretoLey 12485, vigente desde el 10 de diciembre de 1985: "En
los registros es obligatorio llevar los siguientes libros principales: 1o. De entrega de documentos; 2o. De inscripciones; 3o.
De cuadros estadísticos; y 4o. De índices por orden alfabético de apellidos de los propietarios y poseedores de
inmuebles.”
[177] En los arts. 1,245, 1,247 1,248, y 1,249 del Código civil se delimita correctamente la función del juez a resolver
asuntos donde hay contención; aunque es posible que sea mejor que dichos asuntos, si son meramente administrativos, se
ventilen en la vía administrativa primero.
[178] Así también lo considera Alfonso Brañas, Manual de Derecho civil. Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales,
Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad de San Carlos, Guatemala: s.d. p.378.
[179] El art. 460 del Código Procesal Civil y Mercantil menciona un “Registro General de la República” establecerá la
forma de llevar el Registro de Testamentos; sin embargo, no se sabe si lo que se trató de decir fue que el Registro
General de la Propiedad establecería dicho registro, o si realmente se esperaba crear una nueva oficina registral.
Actualmente el Registro General de la Propiedad recopila (no se puede decir que se registran) todas las notificaciones
notariales sobre otorgamiento de testamentos, según el art. 1,193 del Código civil.
[180] No cabe duda que una de las razones porqué actualmente no se registran muchos derechos es debido a que se paga
sobre el valor de los contratos, lo cual no tiene ningún sentido en el Derecho público. Otra razón que da qué pensar a las
personas es el hecho que el fisco se puede enterar del valor de la transacción o que una transacción ha ocurrido, lo cual podría
inducir a la Administración tributaria a investigar si se pagó el tributo correspondiente. Obviamente, en cualquier sistema
que se implemente, la información sobre las transacciones debe estar compartida entre la autoridad tributaria y la registral.
[181] El art. 23 de la Ley para la protección del patrimonio cultural de la Nación, Decreto 2697 del Congreso, reformado por
el artículo 13 del Decreto 8198 del Congreso, vigente desde el 31 de diciembre de 1998 establece que: “Las instituciones
culturales no lucrativas que se encuentren debidamente inscritas, podrán realizar las funciones del Registro de Bienes
Culturales, por delegación del Ministerio de Cultura y Deportes, la cual se autorizará mediante acuerdo gubernativo, que
deberá publicarse en el diario oficial. Las delegaciones se denominarán Registros Alternos de Bienes Culturales, pudiendo
efectuar cobros por los servicios que preste. La Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural supervisará y fiscalizará
el funcionamiento de estos registros.".
[182] El art. 1,184 del Código civil lo contempla al disponer que cuando las certificaciones que expida el registrador no
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fueran conformes con los asientos a que se refieren, se estará a lo que de éstos resulte, salvo la acción del perjudicado por
aquéllas para exigir la indemnización correspondiente del registrador que hubiere cometido la falta. Por esto los registradores
tienen hipoteca legal sobre alguno de sus bienes muebles para responder por su responsabilidad administrativa.
[183] Roca Sastre, op. cit., tomo 1, pp. 191192.
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