El ñandutí (en guaraní, tela de araña) es un encaje de agujas que se teje sobre bastidores en
círculos radiales, bordando motivos geométricos o zoomorfos, en hilo blanco o en vivos
colores, que imita el diseño de la telaraña.[1] Preferentemente se realizan detalles para
vestimentas, ornamentos religiosos, sombreros, abanicos, todo tipo de artículos ornamentales.
Es el símbolo de la ciudad de Itauguá, y es considerada como la reina de toda la artesanía del
Paraguay.[2]
Etimología
Aún no se ha llegado a un consenso respecto al significado de la palabra ñandutí. En su
Enciclopedia Paraguaya,[3] el historiador Luis Verón menciona tres propuestas:
Origen
Algunos investigadores lo definen como “tejido blanco de araña”, por el color de las fibras
producidas por estos arácnidos.
Otros, entre ellos Josefina Plá, afirman que el nombre antiguo era ñandu tini, que significa
“aureola de araña”, por su urdidumbre de rayos concéntricos.
Hay quien lo define como ñandu ty “lugar donde hay montón de arañas”.
Según la RAE, la palabra proviene del guaraní “ñandutĩ
Se trataba de “paños de manos”; unas toallas de hechura doméstica que se hicieron populares
con el tiempo. Esto demuestra que, aun en medio de las penurias, los conquistadores no
renunciaron al servicio de “aguamanos” aunque fuese en rústicos utensilios de mano indígena.
Por su parte, Josefina Plá[3] sostiene que el ñandutí proviene de un encaje originario de las
islas Canarias (los soles de Tenerife), que habría llegado a la región con la expedición pobladora
de doña Mencía Calderón de Sanabria. Según dice, su aclimatación y difusión fue posible
gracias a los talleres de las Reducciones Jesuíticas, en donde se confeccionaban los encajes
para manteles de los altares. Ahora bien, todavía resulta enigmático el trayecto que recorrió
este encaje español desde las reducciones hasta el lugar que sería su meca: el pueblo de
Itauguá.
Las primeras décadas libertarias del siglo xix alentaron el apogeo de las actividades artesanales
y el afán del pueblo hacia su autoabastecimiento. Por demás, las respuestas populares al
régimen de austeridad del Dr. Francia, fueron dadas con la movilización de los artesanos, en su
iniciativa e ingenio; para la producción de bienes útiles y necesarios, dando lugar al nacimiento
y promoción de muchas manualidades.
El enclaustramiento que vivió el Paraguay durante el régimen francista hizo que las mujeres
mestizas, al privarse durante largo tiempo de los bordados y encajes importados, produjeran
para el aliño a la usanza de sus vestidos de tenida, entre otros, el ao po’i, el encajeyú y el
ñandutí. Estas hermanas “trillizas” de la artesanía nacional, nacieron en la misma época, pero
en distintos lugares:
El ao po'í, prenda originaria de Yataity, es un bordado sobre tela nativa, como panal de abejas.
El encajeyú es de factura humilde y origen cordillerano según la tradición. Está hecho con el
auxilio de una varillita guía.
El ñandutí es ideado y ejecutado, como tela de araña, en Itauguá y otras localidades.
En su libro “Letters from Paraguay” los hermanos John y William Robertson hacen por primera
vez mención del encaje, cuando en Tapua’mí (hoy Mariano Roque Alonso) recibieron el
obsequio de una valiosa pieza de ñandutí, por parte de la Sra. Juana de Esquivel. Corría el año
1839, ya en el ocaso el Dictador Perpetuo, tiempo en cual se puede afirmar ya estaba
consumada la aculturación de los soles de Tenerife hacia una artesanía de contenido
netamente criollo. A continuación, Robertson señala que es “tejido por las mujeres del pueblo
y es famoso por su belleza y alto precio”.
Características
Si bien el ñandutí fue importado de ultramar, las artesanas locales lo enriquecieron con nuevas
variantes e hicieron de él un elemento representativo y entrañable.
Se trata de un encaje de agujas, que se teje en bastidores en círculos radiales perfectos. Su
trama es abierta, cuya base la forman las características ruedas tenerifeñas, de entretejidos
radios (soles) que figuran también en encajes típicos de otras regiones sudamericanas. Estas
ruedas de son muy parecidas en su forma y proceso elemental a las que teje la araña Nephila
clavipes fasciculata, que habita en los bosques y jardines de cuatro continentes. Precisamente
eso dio origen al nombre guaraní del encaje: ñandutí o “tejido de araña”.
Esta trama se asemeja a la red de una araña, se estructura sobre la base de pequeños móduos
circulares, cuadrados o rectangulares que se unen entre sí. En el centro se incluye un diseño
muy esquemático de flores propias de la vegetación local. Entre las más conocidas se
encuentran la flor del guayabo y la flor del mburukuja (pasionaria).
Por lo general, se bordan motivos geométricos o zoomorfos, en hilo blanco o en vivos colores.
Preferentemente se realizan detalles para vestimentas, ornamentos religiosos, sombreros,
abanicos y todo tipo de artículos ornamentales.