Década de 1960
El cambio social operado en la década de 1960 fue el resultado del crecimiento con estabilidad
macroeconómica, bajo inflación y un tipo de cambio estable iniciado durante el gobierno de
Adolfo Ruiz Cortines (1952 a 1958) y consolidado en el período de Adolfo López Mateos,
sexenio durante el cual el crecimiento del PIB anual promedio fue de 6.73% con una inflación
de 2.28% condiciones de crecimiento que se sostienen durante el gobierno de Gustavo Díaz
Ordaz en el cual el PIB creció 6.84% el más alto en la historia del país con una inflación de solo
267 y un tipo de cambio nominal de 12.50 por dólar y que se mantendría por durante 12 años.
¿Qué acontecimientos políticos y sociales se vivieron en la década de 1960?
La década de 1960 se vivieron globalmente fenómenos como la revolución urbana sexual y
feminista, la guerra fría, la cultura mediática, la contracultura y el consumo de drogas y música
psicodélica, el aumento demográfico, la lucha por los derechos civiles, la segunda década
gloriosa del capitalismo, crecimiento económico acelerado y el incremento de brecha
tecnológica.
¿Cuáles fueron los principales hechos políticos de la década de 1960?
8 de junio se realiza el Octavo Censo General de Población.
27 de septiembre el presidente Adolfo López Mateos nacionaliza la industria eléctrica.
20 de noviembre con motivo de la celebración del 50 aniversario del inicio de la Revolución
Mexicana, los restos de Francisco I Madero.
¿Qué hechos importantes pasaron en 1960?
El movimiento hippie marco los años 60 bajo los permisos del Amor libre y el pacifismo, pero
también fue una década de música psicodélica drogas y Revolución sexual.
Estos fenómenos representan la lucha por la libertad de las distintas sociedades y las distintas
modalidades que esa libertad le dieron los distintos contenidos a la década, pero el común
denominador es la necesidad social y la psicología del ser libre.
Otro suceso que es muy mencionado en esta década, es el movimiento estudiantil que sucedió el
2 de Octubre de 1968.
En la Ciudad de México se suscitó una terrible matanza ocurrida en Tlatelolco, en la Plaza de
las Tres Culturas, provocando la muerte de más de 300 personas.
El movimiento estudiantil tuvo su origen aparente el 22 de julio por un pleito entre estudiantes
de escuelas vecinas, las Vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional (IPN), y la
Preparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la Universidad Nacional Autónoma de México
(UNAM).
Pandillas de la zona armaban escaramuzas desde hacía tiempo, sin que la policía actuara para
detenerlas. En esta ocasión la autoridad llamó a los granaderos que no se limitaron a detener el
enfrentamiento, sino que agredieron a los estudiantes con saña, invadiendo incluso los edificios
escolares.
Muchos se podrían preguntar por qué marchaban los estudiantes, pues, se dice que fue
manifestación contra la represión a sus compañeros y profesores y por la desocupación de
ambas vocacionales.
El movimiento "ayudó a que el país se empezara a democratizar y que, más adelante, hubiera
una alternancia política", que se concretó en el 2000, con la primera derrota presidencial del
hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Por último presentaremos una entrevista, la cual fue realizada a un exdirigente de este
movimiento (Jesus Martin del Campo) y fue realizada hace 4 años.
– ¿Qué reflexión hace a 50 años del movimiento?
–Aunque se trata de un tiempo considerable, los recuerdos vuelven muy vívidamente. Se
mezclan las sensaciones: la alegría y la emoción por lo que fue aquel conjunto de ideales y
acciones que realizamos durante dos meses y medio, pero a la vez la sensación de enojo que
daba la participación de la policía y el Ejército persiguiendo y deteniendo a jóvenes estudiantes.
El propio rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, cuestionó la actitud autoritaria del
presidente. Los estudiantes éramos los mayores representantes del malestar social contra el
gobierno, contra un régimen que comenzaba su decadencia y que deseábamos transformar.
–¿Se logró?
–Creímos que la revolución que soñábamos estaba a la vuelta de la esquina, pero con el paso de
los años algunos compañeros hemos coincidido en afirmar que nos alargaron la calle, no
llegábamos a la esquina para consumar una nueva sociedad democrática, sin un gobierno
autoritario, en la que se pueda expresar cualquier tipo de crítica y todos los aspectos simbólicos.
–Se dice que en el 68 se sentaron las bases para ciertos cambios en el país. ¿Así lo cree?
–Ha habido procesos de cambio en la alternancia del poder y en lo político se ha avanzado, no
se puede negar, pero hoy vemos que los gobiernos vuelven a las viejas prácticas autoritarias.
Hoy hay crímenes de Estado horrendos, el más representativo es sin duda la desaparición de los
43 normalistas de Ayotzinapa. En el campo democrático, el resultado de la reciente elección
representa la gran indignación social contra los resultados de las políticas y es expectativa de
cambio.
–¿Cómo vivió ese 2 de octubre?
–Cuando iniciaron los disparos y entraron los soldados. Se produjo la confusión; algunos
lograron escapar, como mi hermano Edmundo. Otros intentamos protegernos en la iglesia, pero
no nos abrieron la puerta. De repente empezaron a caer compañeros, justo donde yo estaba.
Hubo gritos de angustia, fueron minutos terribles y nos empezó a invadir el miedo. Nos
sentamos y cuando intentamos levantarnos un soldado nos gritó: Tírense, agáchense.
Gritábamos que había un compañero herido, intentamos auxiliarlo y nos manchamos de sangre.
Cuando nos llevaron a la cárcel dijeron que nosotros habíamos disparado porque teníamos
sangre en las manos. Por la noche comenzó la humillación, a algunos nos quitaron los zapatos y
el pantalón, nos gritaban y se burlaban. Logramos ver cómo recogían los cuerpos, incluso de
gente que no estaba muerta, los lanzaban a camionetas de la policía y del Ejército. Nos dio
rabia. Nos obligaban a callar y no ver. Eso sí fue terrible.
–¿Está pendiente la justicia?
– Formalmente sí. Es por eso que seguimos insistiendo en que la investigación (delito pasado)
se vuelve a abrir y que se logra la demostración de responsabilidad. Los casos (Tlatelolco) son
juzgados por la población, en la conciencia histórica: todos sabemos quién es responsable del
crimen de este país. No se olvida que Díaz Ordaz es el principal asesino, y Echeverría, que
todavía está vivo, es responsable. Es muy importante mantener reclamos y perseguirlo en la
vida. El 2 de octubre nos presionaron, pero no nos derrotaron. Nuestra victoria es moral, a pesar
de que el costo es muy alto.
–¿Cómo definiría a la generación del 68?
– Fue una generación pionera, con la posibilidad de despliegue con una gran cantidad de energía
y falta de respeto. Esta es una generación importante y heroica, martirio. Luego, algunos
eligieron el camino de las organizaciones revolucionarias secretas armadas, otros recurrieron a
los procesos democráticos a través del contacto con sindicatos, empleados, organizaciones
públicas, campesinos y pueblos indígenas.