Solo Una Noche - Katy Kaylee
Solo Una Noche - Katy Kaylee
©Katy Kaylee
SOLO UNA NOCHE
Título original: Just one night
©2020 EDITORIAL GRUPO ROMANCE
©Editora: Teresa Cabañas
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Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, algunos lugares y situaciones son producto de la
imaginación de la autora, y cualquier parecido con personas, hechos o situaciones son pura
coincidencia.
Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente
prohibida, sin autorización escrita del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por
cualquier método o procedimiento, así como su alquiler o préstamo público.
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Índice
Prólogo
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
Capítulo 26
Capítulo 27
Capítulo 28
Capítulo 29
Capítulo 30
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Otros libros de la serie
Prólogo
Morgan
Sábado
Mi virginidad estaba en serio peligro, aunque no me importaba. De
hecho, hacía mucho tiempo que debía haberla perdido; sin embargo, no
había tenido oportunidad de hacerlo, al menos no con alguien interesante,
hasta ahora. No es que fuera fea, pero tampoco era el tipo de chica que
llamaba la atención. Sobre todo la de los hombres sexis como Kade Raven.
Las personas bienintencionadas decían que tenía una cara bonita y que sería
guapa si perdiera un poco de peso. Y creo que tenían razón, pero es que me
gustaba comer y no me importaban mis curvas.
La falta de oportunidades también influyó en mi celibato. Aunque
crecí entre ricos, no formaba parte de su mundo. Mi madre era el ama de
llaves de los McAdams, así que la mayor parte de mi tiempo lo pasaba con
los hijos de los otros empleados domésticos.
No es que los McAdams no fueran agradables, lo eran y, hoy en día,
Beth McAdams es mi mejor amiga. Pero no había forma de superar las
diferencias sociales. Además, tuve que trabajar desde muy joven para
ayudar a mi madre a llegar a fin de mes. Y ahora que ella sufría una
enfermedad crónica, tenía que trabajar aún más. Por lo tanto, lo de mi
virginidad pasó a un segundo plano.
Mi experiencia con el amor fue relegada a vivir indirectamente a
través de otros. Ahora mismo, a través de Beth y su príncipe azul, Ash
Raven, el hermano mayor de Kade. Como romántica empedernida que soy,
estaba a favor de que se dieran una segunda oportunidad y, por fin, lo
lograron. Hace treinta minutos, pronunciaron sus votos y se casaron, con la
niña más hermosa del mundo —su hija Hannah— a su lado.
La recepción fue mágica y me sentí honrada de que Beth me pidiera
ser su dama de honor y, así, compartir este día con ella. Me sentí como
Cenicienta, llevada a un mundo que no tenía los desafíos y las cargas de la
vida cotidiana. Por eso bailaba con el sexy Kade Raven, aunque estaba
segura de que él solo lo hacía por ser amable. Después de todo, era el
padrino y su papel incluía pasar un rato con la dama de honor.
Pero también tenía fama de conquistador y había muchas chicas
guapas en la fiesta, que eran más su tipo que yo. Así que el motivo de por
qué había pasado la última hora charlando y bailando conmigo, no tenía
sentido. Ya había cumplido con su obligación.
—Parece que en tu cabeza estás librando una guerra —dijo,
inclinándose hacia mí. Su colonia era tan intoxicante como el champán.
—Me preguntaba por qué sigues bailando conmigo —le respondí. No
tenía sentido ser tímida. Además, si se moría de ganas de encontrar a su
ligue para esta noche, no quería entretenerlo.
—Si no lo sabes, o tienes muy baja autoestima, o no lo estoy haciendo
bien.
¿Eh?
Me pasó un brazo por la cintura y me llevó fuera del salón de baile, a
un rincón tranquilo y sin gente.
—Quizás necesito ser más claro —dijo, poniéndome contra la pared
mientras me miraba con los ojos verdes más hermosos que jamás había
visto. Su mano acunó mi mejilla—. Detenme ahora si no deseas esto.
—¿Desear qué? —Mi mente parecía haber sufrido un cortocircuito.
Pensé que quería besarme, pero… no, era imposible.
Se rio, lo que me hizo sentir avergonzada.
—Eres tan jodidamente auténtica, Morgan. Me gusta eso de ti.
—Tú también me gustas.
—Entonces, voy a besarte.
Eso no podía ser verdad, excepto que lo era. Sus labios capturaron los
míos, y mi corazón, que ya latía rápido, se puso a mil por hora. Jadeé y,
luego, gemí mientras sus labios devoraban los míos en un beso ardiente que
sentí hasta la médula.
Me agarré a sus hombros, en parte para mantenerlo cerca y en parte
para evitar caerme allí mismo, ya que su beso me estaba derritiendo los
huesos.
Su lengua corrió a lo largo de la comisura de mi boca e,
instintivamente, separé los labios, invitándolo a entrar. Todo lo que él
deseara, lo tendría. Su lengua era caliente y húmeda, y tenía un sabor
divino. Lo más probable es que fuera el único beso que me diera Kade. Era
difícil pensar que alguien volvería a besarme de ese modo, así que decidí
aprovechar la oportunidad.
Incliné la cabeza, devolviendo el beso con el mismo fervor que él.
Kade gimió, rompiendo el beso para, a continuación, acariciarme la
garganta con sus labios, provocándome cosquilleos eléctricos en la
columna. Sus manos se deslizaron desde mis caderas hasta mis pechos. Sus
pulgares rozaron mis pezones, sensibles y doloridos, provocando que
gimiera. Debería detenerle porque, en cualquier instante, alguien podría
pillarnos. Pero Dios mío, era tan maravilloso...
—Te deseo, Morgan. —Presionó sus caderas contra mí, y yo jadeé al
notar su enorme erección—. Y casi siempre consigo lo que deseo.
«No me extraña», pensé.
—Tengo una suite arriba. Ven conmigo.
Me mordí el labio para controlarme y no soltar lo que estaba a punto
de decir antes de que pensara realmente en lo que estaba pasando. Kade
Raven, el soltero más sexi de Nueva York, me había besado, acariciado los
pechos y me pedía que subiera con él a su cuarto. ¿Se trataba de alguna
broma pesada? ¿Acaso no había visto a todas aquellas bellezas que asistían
a la fiesta?
Luego estaba el hecho de que era el cuñado de mi mejor amiga.
¿Había reglas sobre eso? Y, por último, ¿estaba de acuerdo con tener con él
una aventura de una noche? Porque eso era lo único que sería. Mientras que
los demás hermanos Raven habían sucumbido al amor de una buena mujer,
la reputación de Kade sugería que seguía siendo un picaflor.
Yo era una romántica empedernida, pero tampoco tenía tiempo para
mantener una relación, ni ocasión para hacerlo. Si quería perder mi
virginidad con un hombre que, sin duda, sabía cómo complacer a una mujer,
entonces esta era mi oportunidad.
Levanté la cabeza y vi sus ojos verdes que me miraban fijamente.
—Haré que te corras tanto, Morgan…
Tragué saliva, pensando que bastaría solo con que me mirara y me
hablara así para conseguirlo. Asentí y murmuré:
—Sí.
Su sonrisa lucía un toque pícaro y me besó de nuevo, antes de decir:
—Será el mejor polvo de tu vida.
Dejé escapar el aliento, sabiendo que después de esta noche, no sería
la misma; y lo esperaba con ansias.
Capítulo 1
Kade
Jueves
Llegué a la iglesia a tiempo. Casi. Aquel sitio era espectacular e ideal
para las próximas nupcias de mi hermano Ash con Beth, el gran amor de su
vida. De todos los Raven, Ash era el más romántico y poético. ¿Yo? Bueno,
yo nunca me casaría pero, de hacerlo, probablemente volaría con mi novia a
Las Vegas. No soy demasiado romántico ni sentimental. Pero Ash y Beth
han esperado mucho y una boda elegante parece lo más apropiado para
ellos.
Me acerqué al altar, donde mis otros hermanos ya estaban reunidos.
Chase —el mayor y el más pelota de todos con nuestro poderoso padre—
discutía la adquisición de la antigua empresa de Beth y su hermano Ben, el
exmejor amigo de Chase. McAdams Enterprises se estaba yendo a la
mierda y Ash, probablemente en un acto de amor, se las arregló para que
Industrias Raven la comprara y salvar a su prometida y a su hermano de la
bancarrota.
El viejo McAdams había tomado algunas pésimas decisiones en su
día y, luego, el capullo de su hijo había sido incapaz de solucionarlas tras la
muerte de su progenitor. Por supuesto, el hecho de que Ben estuviera
borracho la mayor parte del tiempo no ayudaba, y esa era la única razón por
la que yo había estado en contra de contratarlo para seguir dirigiendo el
negocio. La lealtad era importante, pero también lo era cumplir con el
trabajo, y Ben estaba demasiado pendiente de la botella para hacerlo. Solo
accedí cuando Ash dijo que él se haría cargo de todo.
—Hasta ahora, no estoy impresionado con Ben —dijo Hunter, mi
segundo hermano mayor—. El dolor, la bebida y el enfado por lo de su
hermana no son una buena combinación en los negocios, Ash.
—Me haré responsable de él —nos aseguró Ash.
—Esperemos que pueda controlarse en la boda —comenté yo. Una
cosa era permanecer encerrado en su oficina todo el día bebiendo, pero
montar un escándalo en la boda de su hermana sería un desastre mayúsculo.
—Dios te oiga —exclamó Ash—. Me siento fatal por haberle
traicionado, aunque si la caga con Beth, yo mismo le echaré a patadas.
Ash era el más tranquilo de todos, pero eso no significaba que, a
veces, no mostrara la volatilidad propia de los Raven. No hace mucho, Ash
apareció en el ático de nuestro padre y empujó a este contra la pared,
exigiendo saber si era el padre de Hannah, la hija de cinco años de Beth.
Nunca había visto a Ash tan enfadado. Cuando descubrí que mi padre
había mantenido a Ash y Beth separados y que, años después, mi hermano
se había enterado de que era padre, no pude culparlo por reaccionar así. Yo
también me enfurecería si alguien me hubiera alejado de un hijo mío.
Si estuviera en su lugar, no sé si sería capaz de perdonar no solo a mi
padre, sino también a Beth por su traición, por guardar un secreto como ese.
Sin embargo, Ash lo hizo. No es que no estuviera herido, pero supongo que
decidió que amaba a Beth y que quería formar la familia que una vez
planearon tener.
Por supuesto, yo nunca estaré en semejante tesitura porque no tendré
hijos. Esa elección significaría sacrificar mi herencia ya que mi padre había
establecido una nueva disposición por la que toda la herencia de sus hijos
iría a parar a sus nietos. Mi esperanza era que cambiara de opinión antes de
morir. Tenía tiempo, ya que tenía cincuenta años. Pero si no lo hacía, yo
contaba con mis propios intereses comerciales que me permitirían mantener
mi soltería de por vida.
—Ese es mi trabajo —respondió Hunter a Ash sobre lo de echar a
Ben de la boda si la situación se le iba de las manos.
Mi hermano se tomaba muy en serio su trabajo como jefe de
seguridad de Industrias Raven. Durante una época, parecía incluso ser una
obsesión para él. Menos mal que se tiró a su terapeuta porque ella fue el
catalizador que puso freno a sus demonios. No es que no lo entendiera o
culpara a Hunter por sus problemas, ya que estaba orgulloso por aquel
entonces de que estuviera en el ejército.
No obstante, la guerra le había afectado mucho, y hubo un momento
en que pensamos que íbamos a tener que echarlo del negocio. Por fortuna,
Grace apareció y menuda diferencia supuso el amor en su vida. El
matrimonio le sentó muy bien a Hunter. Y le ayudó a ser civilizado.
—Hola, caballeros —dijo Grace mientras se acercaba a nosotros. Fue
directamente a Hunter y le enderezó el cuello de la camisa. A mí me pareció
que estaba bien, así que sospeché que era solo una excusa para tocarlo.
Funcionó, porque él sonrió y la besó. Los enamorados eran jodidamente
raros.
Casi les había dicho que buscaran una habitación, pero Grace nos
acompañó a la entrada de la iglesia para empezar el ensayo de la boda de
Ash y Beth.
En el vestíbulo, la organizadora —un bombón de piernas largas— con
la que había considerado liarme cuando la conocí, nos decía dónde
colocarnos. La forma en que su mano rozó mi pecho sugería que aceptaría
mi oferta, si la hacía. Sin embargo, era la boda de Ash, y aunque me
gustaba irritar a mis hermanos, incluso yo entendía lo importante y sagrado
que sería aquel enlace. No quería arruinarlo. Así que, ella estaba fuera de
juego... por ahora.
La organizadora puso a Chase con su esposa, Sara, al frente de la fila.
Sentí lástima por mi cuñada, ya que estaba tan embarazada que parecía a
punto de estallar. Yo ni siquiera comprendía cómo aquella pobre mujer
podía seguir en pie. Chase le frotó distraídamente la espalda mientras le
preguntaba cómo se encontraba.
Ver el amor y la dulzura reflejados en la mirada de Ash no fue algo
inesperado, pero la primera vez que los vi en la de Chase respecto a Sara,
creí que los cerdos volaban y que el infierno se había congelado. De todos
nosotros, él siempre fue el más parecido a nuestro padre: impulsivo,
despiadado y distante. Hoy en día, en cambio, era tan ñoño como el resto de
mis hermanos.
Los siguientes en la fila fueron Hunter y Grace. Hunter, como de
costumbre, aprovechó la ocasión para tocarle el culo a su esposa.
—Kade —susurró la organizadora de bodas mientras enlazaba su
brazo con el mío y me movía detrás de mi hermano Hunter—.
Normalmente, el padrino espera junto al novio, pero Beth y Ash quieren
que acompañes a la dama de honor. —Entonces, agitó una mano y apareció
una mujer.
Había dos cosas en el mundo que me encantaban por encima de todo:
la comida y las mujeres. A menudo juntas. Y la impresionante belleza de
aquella me golpeó de lleno. Tenía el pelo negro como la noche, y los ojos
casi igual de oscuros. Sus increíbles curvas me decían que también le
gustaba la comida. Sus tetas eran grandes y mi mente inmediatamente se
imaginó follando esos maravillosos pechos. Me moví para intentar
recolocar mi polla. Lo último que necesitaba ahora era tener una erección.
—Hola, soy Morgan, la amiga de Beth —me dijo con una sonrisa
alegre.
Sus labios lucían llenos y rojos incluso sin lápiz labial, y mi
calenturienta imaginación comenzó a viajar. Tragué, porque ella había dicho
algo y yo estaba seguro de que debía responder.
—Kade —me las arreglé para contestar.
Ella sonrió.
—Sí. Lo sé.
Fruncí el ceño.
—Todo el mundo conoce a los Raven —dijo a modo de explicación.
—Y usted, señorita, se situará aquí mismo —le dijo la organizadora a
Hannah, mi sobrina de cinco años que, hasta hace unos meses, no sabía que
tenía.
—Beth, tú y Ben entraréis justo después.
La novia se colocó en su puesto, pero Ben no había ni aparecido.
Todos la miramos y Beth sonrió.
—Debe estar en medio de un atasco.
Estaba seguro de que se había perdido en el fondo de una botella.
—¿Quieres que lo sustituya? —le pregunté. Odiaba dejar de lado a la
voluptuosa amiga de Beth, pero se trataba de su boda y quería que todo
saliera bien, por ella y por Ash. Más tarde, pensaría en darle una buena
patada en el culo a Ben.
—No —exclamó Beth, negando con la cabeza—. Aprendí hace
mucho tiempo que, a veces, necesito hacer las cosas por mi cuenta.
—Ya no —dijo Chase—. Ahora nos tienes a nosotros.
Su sonrisa era encantadora, y me alegré por Ash.
Volví a mirar a mi belleza de pelo negro. Me sonreía como si yo fuera
una especie de dios. Me hizo sentir un poco incómodo, aunque una extraña
y poderosa sensación se extendió por mi pecho.
Mientras caminábamos juntos por el pasillo, Morgan inclinó su
cabeza hacia mí y murmuró:
—Gracias.
—¿Por qué? —pregunté, inhalando su olor, que me recordó a lavanda
y vainilla.
—Por ofrecerte a sustituir a Ben.
—Es un imbécil —exclamé sin pensar. Y, luego, me pregunté si no
habría metido la pata. No conocía a Morgan, pero sabía que su familia había
trabajado para los McAdams desde siempre. Probablemente le era leal.
—No solía serlo —dijo—. Pero sí, ahora lo es. Aunque estoy tan
contenta por Beth y Ash, que ni siquiera Ben puede arruinarlo. —Suspiró
de esa manera tan característica en que lo hacen las mujeres al pensar en
que algo es romántico.
Para alejar mi mente de pensamientos lascivos, miré a Ash de pie en
el altar para confirmar lo que Morgan estaba diciendo. Parecía feliz. Sus
ojos se centraron primero en su hija Hannah, y luego en Beth. Su expresión
exudaba un amor más allá de lo que jamás había sentido. Mis hermanos
contemplaban a sus esposas como si supieran cuál era el secreto de la
felicidad.
Resultaba un maldito misterio para mí cómo una mujer podía
convertirse en ese todo, en lo más importante para ellos. No lograba
imaginarlo. Yo era un soltero empedernido. La idea de pasar el resto de mi
vida con una mujer tenía tanto sentido como el estúpido plan de mi padre de
condicionar nuestra herencia a que nos casáramos y tuviéramos hijos.
Mis hermanos habían sido alcanzados por las flechas de Cupido, y
eso los hacía más soportables, excepto cuando se ponían sentimentales,
como ahora. Aún así, no pude evitar preguntarme cómo sería sentirse
enamorado y tener una mujer que me amara tan sinceramente como lo
hacían sus esposas.
Sabía que yo nunca había sentido ese tipo de amor, y que ninguna
mujer lo había sentido por mí. Claro que muchas juraban que sí, pero era mi
cuenta bancaria lo que ellas querían, no a mí.
Mientras continuábamos avanzando por aquel largo pasillo, miré a la
voluptuosa mujer que iba a mi lado. No era la primera que despertaba mis
hormonas, pero había algo en ella que me hizo olvidar por completo a la
organizadora de piernas largas. ¿Era así como empezaba el amor? ¿Mirando
a una chica de forma ligeramente diferente? ¿Era posible que Cupido
estuviera esperando su momento y que, de pronto, una mujer capturara mi
corazón como le había sucedido a mis hermanos? Me reí por dentro,
sabiendo que mis hermanos dirían que yo no tenía corazón.
Sin embargo, se equivocaban. Nunca me lo habían roto por culpa de
una relación, pero quedó devastado cuando mi madre murió. Conocía la
angustia. Conocí el rechazo, primero de mi padre, que se había dedicado a
los negocios mientras yo crecía, y que inculcó esa jerarquía de prioridades a
mis hermanos y eventualmente a mí. De niño, mi madre era la única
persona cálida de la casa. La única a la que le importaba algo más que hacer
negocios y amasar dinero.
Mi padre y mis hermanos decían que ella me mimaba, y tal vez lo
hacía pues era el pequeño. ¿No funcionaban así todas las familias? Lo que
no parecían entender era cuánto de ella formaba parte de mí. Mientras
estaban fuera practicando deporte o lo que sea que hicieran, mi madre me
enseñaba a cocinar, y luego me animaba a seguir mi pasión por la
gastronomía.
Mi padre pensaba que ser chef era para maricas. Afortunadamente, mi
madre lo convenció de que me pusiera al frente de los restaurantes del
imperio Raven. No era lo mismo que ser chef, pero me permitía dedicarme
a la cocina y al arte de su creación. Por supuesto, al ganar dinero, comencé
a comprar mis propios restaurantes, por lo que no sentía ninguna presión
por casarme y tener hijos ahora que mi padre había decidido imponernos
sus absurdas condiciones.
—Kade, tú cogerás el anillo que llevará Hannah y, luego, se lo
entregarás a Ash. —La voz de la organizadora de bodas me sacó de mi
ensimismamiento.
Simulé tomar el anillo de Hannah y entregárselo a Ash. Vi entonces
cómo Beth miraba a mi hermano mientras él fingía ponerle la alianza en el
dedo. Ella lo contemplaba como si fuera el centro de su universo. Me
emocionó esa bella escena. ¿Alguna vez me mirarían así?
No era la clase de tío que inspiraba esos sentimientos en las mujeres.
No era cruel ni grosero con ellas, pero siempre tuve claro que el sexo es
solo eso, sexo. Nunca entrarían en juego las emociones ni formalizaría una
relación con ellas. Como resultado, las mujeres me veían como yo a ellas:
como mera diversión. No había amor o reverencia en sus ojos.
Entonces recordé a Morgan, y cómo me miró después de que me
ofreciera a sustituir a Ben. No había sido el centro de su universo, pero
había algo que sugería que me veía como en realidad yo era.
Capítulo 2
Morgan
Jueves
Santo cielo, Kade Raven era espectacularmente guapo. La forma en
que sus ojos verdes me miraban cuando nos conocimos me robó el aliento.
Cuando se ofreció a sustituir a Ben, me enterneció la dulzura de su gesto.
No esperaba eso de él, sobre todo porque Ash siempre afirmaba que Kade
era malcriado, inmaduro y un poco egocéntrico. Pero había visto la
preocupación y el deseo de rectificar la ausencia de Ben en sus ojos.
Cuando nuestros brazos se entrelazaron mientras caminábamos por el
pasillo, pensé que me iba a desmayar. Él olía como solo un hombre tan sexy
debería hacerlo. Limpio. Fuerte. Poderoso. Era intoxicante. El calor de su
cuerpo hizo que mi sangre se calentara y se espesara en mis venas.
Que fuera virgen no significaba que no entendiera qué me ocurría o
que no me excitara nunca, pero solo por hallarme a su lado, podría tener un
orgasmo espontáneo. Decidí saborear ese instante, ya que era
probablemente lo más cercano que estaría de caminar por un pasillo como
aquel, y mucho menos con el soltero más sexy y deseado de Nueva York.
Mientras la organizadora de bodas nos hablaba de la ceremonia, yo
seguía distraída con Kade. Tenía la tonalidad verde de ojos más asombrosa
que había visto en mi vida. Era el único de su familia que los tenía de ese
color, ya que los de Chase eran grises, y los de sus otros hermanos más
avellanos. Su pelo era casi tan oscuro como el mío, y aunque lo llevaba
corto, tenía algunas ondas en las puntas.
Tendría que tener cuidado de no emborracharme cerca de él, o podría
empezar a atusarle el cabello. O perderme en esos labios sublimes que sabía
que habían besado a muchas mujeres. O poner esas grandes manos en mis
pechos. De pronto, mis pezones se tensaron al imaginarlo. Dios, esperaba
que no se me notaran bajo el vestido.
—Morgan.
Me fijé en Beth, que me daba unas flores falsas para que las guardara
durante el ensayo de la ceremonia.
—Oh, sí. Lo siento. —Cielos. Me preguntaba si todos se habían dado
cuenta de que estaba embobada con Kade. ¿Y él? Le miré y vi esos
penetrantes iris verdes sobre mí. Mis entrañas se calentaron. Luego, dirigió
su atención a Ash y Beth, y dejé escapar el aire que ni siquiera me había
dado cuenta que contenía. La mala noticia era que estaba completamente
abrumada por mi respuesta ante Kade. La buena noticia era que tendría una
fantasía espectacular para mis noches más solitarias.
Cuando terminó el ensayo de la ceremonia, volví a pasar mi brazo por
el de Kade. Esto fue lo más cerca que estuve de que me tocara, así que lo
saboreé. Recordaría su olor y su calor. Ojalá yo también le resultara
interesante, así descubriría de una vez por todas lo que era sentir que un
hombre me tocara.
Pero estaba siendo ridícula. Kade Raven era un multimillonario que
podía tener a cualquier chica del mundo que quisiera y, si reputación era
merecida, probablemente ya lo había hecho.
Era lógico que Beth conquistara a un hombre tan guapo como Ash.
Ambos crecieron en un ambiente acomodado y, además, ella era preciosa.
Encajaban como dos piezas de rompecabezas perfectas, y juntos habían
tenido una niña maravillosa, Hannah.
Yo, en cambio, era la amiga divertida, aquella de la que la gente
afirmaba que tenía mucha personalidad porque no podían decir que fuera
bonita. No es que me consideraran fea, pero las chicas de cierto tamaño
nunca son guapas. No era regia o agraciada como Beth, sino torpe y
desaliñada. Ni el maquillaje ni los tacones podrían encubrir ese hecho.
Cuando Kade me soltó el brazo al volver al vestíbulo, resistí el
impulso de agarrarme a él de nuevo y rogarle que se acostara conmigo. En
vez de eso, cogí a Hannah de la mano para mantenerla cerca de mí mientras
Beth hablaba con Ash y la organizadora de bodas.
—Mamá y papá son como una princesa y su príncipe —exclamó la
niña.
—Desde luego que sí. Y tú también —le dije, dándole un apretón.
Ya que lo de mi virginidad ni tenía perspectivas de cambiar, Hannah
era lo más cercano a una hija que tendría. Por mucho que quisiera conocer a
un hombre maravilloso con el que formar una familia, no parecía que estas
fueran mis cartas. Mi madre me decía que era demasiado joven para
preocuparme por eso. Teóricamente, tenía razón. Solo tenía 22 años. Pero
las exigencias de la vida eran tales que parecía poco probable que tuviera el
tiempo o la oportunidad de formalizar una relación con un hombre.
Beth se separó de Ash y de la organizadora de bodas para reunirse
con Hannah y conmigo.
—Oh, Dios, creo que nunca he sido tan feliz.
—Se nota, Beth. Los dos estáis radiantes de felicidad. Junto con
nuestra pequeña Hannah-Banana.
—Muchas gracias por cuidarla —dijo al recoger a la niña.
—Es un placer. Sabes que la quiero mucho.
—Oye, vamos a ir al restaurante para el ensayo de la cena. ¿Quieres
venir con nosotros?
—Si hay sitio… —No quise que fuera un desaire personal hacia mi
peso. Estaba más relacionado con el número de personas que podían caber
en el coche.
Beth frunció el ceño, pensando claramente que me estaba
menospreciando.
—Vamos en una limusina.
—¡Me encantan las limusinas! —exclamó Hannah—. Ven con
nosotros, Morgan.
—Vale, está bien. —Seguí a Beth y Ash, maravillada por la
encantadora estampa que formaban con Hannah. Me pregunté cuánto
tiempo pasaría antes de que decidieran ampliar su ya perfecta familia.
En el coche, Ash y Beth se sentaron juntos mirando al frente,
agarrándose de la mano. Hannah y yo nos sentamos mirando hacia atrás.
—Mira, Morgan —dijo la niña mientras abría una pequeña puerta—.
Es una nevera. ¿Quieres algo de beber? Puedo servirte yo.
Me reí.
—No, gracias, cariño.
—¿Y has visto esto? Hace que la ventana del techo se abra —me
explicó la cría, apretando un botón que hizo que el techo solar se retrajera.
Miré a Ash, que contemplaba a su hija con tanto amor que parecía
que le iba a estallar el corazón. Estaba tan contenta de que Beth y Hannah
lo hubieran encontrado de nuevo. Beth merecía ser amada y feliz; y
Hannah, un padre que la adorara. Ambas habían hallado eso en Ash.
El vehículo se detuvo ante un restaurante que todos en Nueva York
conocían, pero donde solo la élite de la élite podía permitirse comer. Ni en
un millón de años habría pensado que iríamos allí. Por supuesto, era uno de
los restaurantes de Kade Raven.
Ash mantuvo la puerta abierta para que todas entráramos. Me quedé
sin aliento ante la sofisticada elegancia de aquel establecimiento. La
decoración era una mezcla de art déco y tendencias modernas, lo que lo
hacía parecer clásico y lujoso al mismo tiempo. Se rumoreaba que allí
servían comidas de ocho a diez platos con un precio inicial de trescientos
dólares. Era un local apropiado en el imperio de la familia Raven.
Sabía que Kade era el hermano que dirigía los restaurantes, y me
moría por preguntarle sobre ello. Me gustaba comer, como atestiguaba mi
figura, y quería abrir un pequeño restaurante propio. Pero como no pude
formar un solo pensamiento coherente durante el ensayo en la iglesia, era
improbable que ahora fuera capaz de tratar el tema de la apertura de un
negocio gastronómico.
—Estás en tu casa —me dijo Ash—. El restaurante está cerrado,
excepto para nosotros.
Pasé toda la vida rodeada de ricos, ya que mi madre había sido el ama
de llaves de la familia de Beth antes de que la empresa de los McAdams se
fuera al garete. Pero incluso así, nunca dejé de maravillarme ante semejante
opulencia. ¿La gente acomodada sabía lo que era trabajar duro? Beth y Ben
sí, hasta cierto punto, pero no como mi madre o como yo.
Cuando Beth y Ben se vieron obligados a vender sus bienes, al
comenzar a desmoronarse el negocio de su padre, vivieron en una
multimillonaria casa cerca de Central Park, no en un pequeño apartamento
de Inwood como el que mi madre y yo compartíamos. No les envidiaba por
eso, claro, pero me hizo cuestionarme si realmente veían lo diferente que
era su mundo del mío. Ellos no sabían lo que era preguntarse si habría
suficiente dinero para pagar el alquiler o la luz porque la factura médica iba
atrasada.
—Morgan —me llamó Hannah, acercándose corriendo hacia mí—.
Siéntate conmigo.
Sonreí. Tuve que admitir que, a pesar de nuestras titánicas diferencias
socioeconómicas, Beth y Hannah —y, ahora, también Ash— me trataban
muy bien. Nunca me sentí relegada porque era como una más para ellos.
Se preocupaban por mí, y si mi madre y yo no fuéramos tan
orgullosas, seguro que nos ayudarían más económicamente. Mi madre
adoraba a Ben, Beth y Hannah, pero siempre me recordaba que tuviera en
cuenta cuál era mi sitio.
«Son muy buenos con nosotras, Morgan, pero no pertenecemos a su
mundo. No lo olvides», solía decirme.
—¿Dónde quieres sentarte? —le pregunté a Hannah.
—Con mami y papi.
Sonreí, me encantaba cómo adoraba a ambos. Yo quería quedarme
con la pequeña mientras Beth y Ash se iban de luna de miel, pero Beth
pensaba que eso era pedirme demasiado y, por lo visto, Chase y Sara
deseaban practicar cómo cuidar a un niño antes de que llegara su bebé.
Suponía que pronto vería cada vez menos a Hannah ya que Beth no
necesitaría mi ayuda.
Alejando la tristeza y sí, un poco de envidia, dejé que Hannah me
guiara hasta la mesa. Toda la familia estaba feliz y emocionada, como debía
ser.
La aparición de Cameron Raven, el patriarca, aumentó un poco la
tensión por parte de sus hijos, aunque enseguida se suavizó cuando el
hombre fue a tomarse una copa y empezó a hablar con Sara, con quien —
por lo que me dijeron— tenía una afinidad especial.
También llegó una mujer llamada Alex, la asistente de Cameron y
buena amiga de la familia. Empezó a parecerme en ese momento que los
Ravens eran como los McAdams en cuanto a sus relaciones con sus
empleados.
El único que no se presentó fue Ben. Miré a Beth, quien sonreía a Ash
y no dejaba que la ausencia de su hermano arruinara su boda. Me sentí fatal
por ella y me dieron ganas de estrangular a Ben. ¿Por qué no podía dejar de
beber ni siquiera un día para complacer a su hermana?
Sospechaba que su enfado con Ash se debía a haberse enamorado de
Beth, y, luego, la humillación de que su familia tuviera que rescatarlos del
desastre financiero, había empeorado las cosas. Pero aún así, me parecía un
idiota egoísta por dejar que eso se interpusiera en la felicidad de su
hermana.
Busqué a Kade con la mirada, estaba ocupado yendo de un lado a
otro, como asegurándose de que todo estuviera bien. Me pregunté si él
también se sentía mal, ahora que todos sus hermanos habían formado una
familia. O tal vez se tomaba en serio su trabajo, y quería asegurarse de que
todo fuera perfecto por Beth.
—Es muy guapo, ¿verdad? —dijo Alex, tomando asiento a mi lado.
—¿Quién? —pregunté, esperando no estar babeando por Kade.
—Kade Raven —me respondió ella con una sonrisa de complicidad.
Me encogí de hombros.
—Está bien.
Se rio.
—Cariño, no te avergüences. Muchas mujeres se han enamorado del
encanto de Kade.
—¿Tú lo has hecho? —le pregunté yo.
Alex se rio aún más.
—No. Pero eso es porque hay una política de “no tocar” en Industrias
Raven. Aunque no voy a negar que cuando empecé a trabajar allí, me fijé
en él. Mucho. Sin embargo, Kade arruina su imagen sexi cuando abre la
boca.
—¿En serio? —Lo miré otra vez—. Fue muy amable con Beth esta
noche cuando su hermano no apareció.
La cara de Alex se oscureció.
—Deberían echar a ese borracho inútil —exclamó—. Tienes razón,
Kade está un poco mejor que Ben. Aún así, es un mocoso malcriado al que
le gusta presionar a la gente y verlos explotar. Como si tuviera ocho años.
—Es el más joven, ¿verdad? —le pregunté.
—Sí.
—Supongo que son así los benjamines de las familias.
Se rio.
Me entraron ganas de defenderlo, pero como ella lo conocía más que
yo, no lo hice. Preferí aferrarme a la imagen de que era el hombre que se
ofreció a sustituir a Ben.
Sus ojos se entrecerraron mientras me estudiaba.
—Te lo presentaré, si quieres.
Negué con la cabeza.
—Nos conocimos en el ensayo. Además, no soy su tipo.
Alex soltó una risa gutural.
—Cariño, tienes tetas, eres su tipo. —Su expresión se volvió más
seria—. No esperes de él más que unos polvos. —Miró a Kade, que hablaba
con el camarero—. Ojalá algún día Cupido le lance una de sus flechas en el
culo, y yo esté allí para verlo. Me encantaría contemplar cómo Kade se ve
superado por el amor.
Capítulo 3
Kade
Jueves
Todo iba bien. Las bebidas estaban servidas. Los aperitivos,
preparados. Y en breve, la cena saldría de la cocina para ser degustada por
los invitados de Ash y Beth. Mi trabajo no había terminado, pero la parte
importante sí. Ahora podía relajarme y disfrutar de la fiesta.
Sin embargo, preferiría continuar con mi papel de restaurador antes
que con el de hermano y padrino del novio, aunque no es que no quisiera a
Ash o a mis otros hermanos. La verdad era que todos nos llevábamos mejor,
y sospechaba que las estúpidas reglas nuevas impuestas por mi padre tenían
algo que ver.
Dicho esto, me sentía más como un extraño que, incluso, al crecer.
Ser el más joven de la familia significaba que, a menudo, los demás me
ignoraban y se libraban de mí. Y, ahora, de adulto, mi padre y mis hermanos
tampoco me tomaban en serio.
Decían que era frívolo y demasiado sarcástico. Probablemente fuera
así, pero no iba a dejar que se salieran con la suya, ignorándome y
despreciándome. Conseguiría llamar su atención de una forma u otra. No
podía ni imaginar lo que mi cuñada Grace, la terapeuta, diría sobre eso.
Ahora, me sentía aún más apartado de mis hermanos. Estaban
casados. Ash tenía una hija y Chase estaba a punto de ser padre. No dudaba
de que no pasaría mucho antes de que Hunter y Grace tuvieran también un
hijo. Iba a tener que conformarme con ser el tío divertido de todos ellos. Es
decir, cuando estuviera cerca de ellos.
La vida de mis hermanos era tan diferente a la mía que no nos
veíamos mucho. Trabajaba más horas, a pesar de la iniciativa de Chase de
mantener un equilibrio entre la oficina y la vida privada. Mierda, me había
acostumbrado a pasar el rato con mi padre ya que mis hermanos estaban
ocupados con sus propias familias.
No es que no pudiera tener compañía cuando quisiera. Podía
conseguir una cita en cualquier momento y en cualquier lugar. Tenía
algunas amigas a las que llamaba cuando me apetecía, o simplemente iba a
un pub y enseguida había mujeres con las que podía divertirme un poco.
Algunas incluso insinuaban el que tuviéramos una relación, pero yo
no era estúpido. Sabía que cuando me miraban, veían el símbolo del dólar,
no a Kade Raven. Ese pensamiento me hizo pensar en la amiga de Beth,
Morgan. Ella hablaba en esos momentos con Alex, y las dos me miraban de
vez en cuando. Joder. Solo Dios sabía lo que Alex le estaba diciendo de mí.
Si Morgan tenía algo de sentido común, escucharía molesta la precisa
evaluación que haría Alex sobre mí y saldría corriendo.
—Kade, tío, muchas gracias —exclamó Ash dándome una palmada
en el hombro—. La comida es increíble, como siempre.
—Me alegro de que os guste. Son recetas nuevas.
—¿Usándonos como conejillos de indias? —me preguntó, aunque no
parecía molesto.
—Sí. Lo admito. Pero sabía que os gustarían.
La mirada de Ash se detuvo en Alex y Morgan al contemplar la sala.
—Dios mío. Me pregunto de qué le está llenando Alex la cabeza a la
pobre Morgan.
—De nada bueno, me imagino —dije—. Pero sospecho que estás a
salvo. Haces feliz a su amiga Beth. —Vi cómo Morgan se excusaba y
pasaba por delante nuestra, de camino al baño. Su trasero se balanceaba
bajo su vestido ajustado, haciendo que mi polla se moviera.
Ash sonrió como un bobo a Beth, y yo agradecí que no notara que
miraba lascivamente a la amiga de su prometida.
—Y ella me hace muy feliz a mí.
Me reí.
—Eres un tonto.
—Eso es lo que soy, hermanito, eso es lo que soy. —Sus ojos se
estrecharon ligeramente—. ¿Por qué te escondes aquí de la fiesta?
—No me estoy escondiendo. Solo me aseguro de que todo va bien.
—Te conozco, tío, te estás escondiendo. ¿Qué pasa?
Me encogí de hombros.
—Todos estáis casados y yo sigo soltero.
—Lo dices como si quisieras dejar de estarlo —comentó Ash,
estudiándome con atención.
Actué con indiferencia.
—No soy hombre de una sola mujer.
—Claro que sí. Algún día conocerás a tu chica ideal.
—Dios, hablas como mamá.
Sonrió.
—Era una persona inteligente. Y la única que te conocía y entendía de
verdad.
Giré la cabeza, como si estuviera revisando el restaurante, en lugar de
escondiéndome de las emociones que mi hermano intentaba infundir a
nuestra conversación.
—La cuestión es que conocerás a alguien que cambiará tu concepción
del amor.
Negué con la cabeza.
—Vosotros tuvisteis suerte. Las tías que conozco parecen cajas
registradoras gigantes cuando me miran. —Aún así, me preguntaba cómo
sería Morgan. La había sorprendido mirándome unas cuantas veces, pero no
era codicia lo que reflejaban sus bonitos ojos oscuros. A veces, creía ver
lujuria en ellos.
—Te entiendo, en serio. Parte del problema es dónde buscas a esas
chicas. Sin embargo, también debes arriesgarte. El amor requiere ser
vulnerable y confiado. Da mucho miedo. Pero si no lo haces, te perderás a
alguien tan perfecto como Beth.
—Eres un romántico sin remedio. —Puse los ojos en blanco.
—Esperanzado —respondió Ash.
—Aún así, creo que me quedaré con mis aventuras de una noche, y
evitaré las relaciones. Con la suerte que tengo, terminaría con una
cazafortunas.
—Para eso están los condones —me dijo un Ash sonriente.
En eso estábamos de acuerdo. Siempre tomaba precauciones. Era una
de mis reglas a la hora de acostarme con una mujer. Si dejaba a una
embarazada, no sabía lo que haría.
Bueno, la verdad es que sí. Haría lo correcto y cuidaría de ella y del
niño. Pero no podía imaginarme casándome con ella, sobre todo si sabía
que se había quedado embarazada para conseguir el dinero de los Raven.
—Ven y únete a nosotros —me pidió Ash con otra palmada en la
espalda—. No te escondas. Los hombres casados y sus esposas no muerden,
y no te contagiarás de lo que tenemos Chase, Hunter y yo.
Me eché a reír.
—¿Estás seguro que lo del amor no es contagioso?
—Seguro.
No queriendo arruinar la velada a Ash, dejé que me engatusara y fui
hasta la mesa.
—¿Cómo haces para que esta comida sea tan jodidamente buena? —
me preguntó Hunter.
—Hunter, hay una niña delante —le reprendió Grace—. Algún día
tendremos hijos. Debes aprender a no decir tacos.
Frunció el ceño.
—Lo siento. ¿Cómo haces para que esta comida esté tan sabrosa?
—Te lo diría, pero no estoy seguro de que un cabeza de chorlito como
tú lo entendiera —dije, burlándome de mi hermano.
—Luché por este país para que tú tuvieras derecho a hacer este tipo
de cosas. Lo menos que podrías hacer es contármelo, capullo.
Se produjo un «Oh» en la mesa por el comentario de Hunter. ¿Y qué
podía hacer yo? No había manera de negarle eso a un hombre que había
servido a su país.
—Trufas —respondí.
—¿Chocolate? —Su expresión era una mezcla de sorpresa e
incredulidad.
Intenté mantener una expresión seria.
—Hongos.
Los ojos de mi hermano se entrecerraron.
—¿Me has dado de comer… hongos?
—Las trufas son hongos —dijo Morgan, apareciendo como de la
nada.
—¿Por qué no llamarlos simplemente hongos, entonces? —preguntó
Hunter.
No respondí, ya que Ash ordenó a Morgan que se sentara a mi lado.
Mi piel pareció iluminarse mientras inhalaba su dulce aroma a lavanda y
vainilla.
—¿Te gustan las trufas? —le pregunté.
—Las de chocolate, sí. Estas, no estoy segura. Son un poco caras para
que pueda permitírmelas.
Una parte de mí se sintió mal por acentuar nuestras diferencias de
clase. Otra parte, en cambio, quería llevarla a la cocina y enseñarle todo lo
que había que saber sobre gastronomía. Al mismo tiempo, una alarma
interior me advirtió de que tuviera cuidado porque diablos, sí, la comida y
la seducción eran una mezcla perfecta.
Como no podía satisfacer mi libido y llevarla a la cocina, me acerqué
al pequeño plato en el que había un queso brie y trufas negras. Cogí un
trozo de pan, esparciendo el brie sobre él y añadiendo unas trufas.
—Prueba esto.
Mordió el pan y lo envolvió con esos fantásticos labios. Sus ojos se
cerraron y emitió un gemido que hizo que mi polla se moviera de nuevo.
—Es delicioso. —Sus ojos se tornaron un poco llorosos. ¿Iba a llorar?
—¿Estás bien? —Fue increíble conocer a alguien que tuviera una
respuesta tan emocional ante la comida.
Se dio la vuelta y se limpió los labios con la servilleta.
—Sí. Yo solo... bueno, nunca había probado algo tan maravilloso.
Sospecho que quiso decir caro, no maravilloso.
—¿No servían platos así en casa de los McAdams?
Negó con la cabeza.
—Comíamos allí a veces, pero no cosas así. Y no salgo mucho. Tu
restaurante es maravilloso.
De nuevo, esa palabra.
—¿Te gusta la comida?
Ella sonrió.
—¿No es obvio?
De pronto, me desconcertó; no estaba seguro de lo que quería decir.
—Desde luego que me gusta comer —dijo, haciendo un movimiento
con la mano para señalar su cuerpo.
Tomé aquello como una invitación para recorrer con la mirada cada
centímetro de su cuerpo. No iba a dejar escapar semejante oportunidad.
Después la miré a la cara y le dije:
—No lo entiendo.
Su rostro mostraba una mezcla de dolor y rabia.
—No estoy ciega. Sé el aspecto que tengo. ¿Intentas burlarte de mí?
Me sentí como si me hubieran abofeteado, pero no estaba seguro de
por qué.
—No. Es que no entiendo lo que me estás diciendo. No tengo
hermanas, así que... —Vale, eso fue algo más sarcástico de lo necesario,
pero no me gustó que me hicieran sentir como un gilipollas cuando no había
intentado actuar como tal.
—Tengo sobrepeso. O sea, que me gusta comer.
—Lo dices como si fuera malo. —Todavía estaba perdido.
Ella puso los ojos en blanco.
—Ja, y eso lo dices tú que sales con supermodelos que hacen dieta de
conejo.
Eso, a menudo, era cierto.
—Odio cuando hacen eso.
Sus ojos se entrecerraron.
—Adoro cocinar. Es enloquecedor preparar algo así y que una mujer
no se lo coma. Me gusta que tú lo hayas hecho. Me encanta que te guste
comer. —Miré hacia la mesa para asegurarme de que no nos estaban
vigilando. Me incliné un poco más cerca de Morgan—. Me gusta que tengas
curvas.
Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendidos. Me sentí triunfante.
—Ahora. Espero que me complazcas probando algunos de estos
entrantes que he creado con tanto esfuerzo. —Alcancé algunos otros y le
serví varios, explicándole qué eran y por qué los había creado.
Al principio, parecía reticente, pero luego se relajó y los probó. Cada
vez que lo hacía, Morgan cerraba los ojos y gemía de placer. Y yo quería
saber si aquella expresión y esos sonidos serían los mismos que tendría
durante el sexo.
Cuando llegó nuestra cena, le expliqué las recetas; la forma especial
en que fueron preparadas o los platos únicos que la formaban. Estaba atenta
y ansiosa por aprender. Hizo preguntas, y ni una sola vez me dijo que tenía
que vigilar su figura. Era un sueño hecho realidad para un hombre al que le
gustaba la gastronomía y las mujeres. Si me lo tomaba con calma, cuando
terminaran los festejos de la boda, quizás Morgan me dejaría mostrarle todo
lo que había que saber sobre comida. Si tenía más suerte aún, también
podría mostrarle otros placeres.
Capítulo 4
Morgan
Jueves
Me sentí como si estuviera en un barco en medio de una tormenta.
Mis emociones y hormonas luchaban contra los elementos, es decir, contra
Kade Raven. No podía creer la atención que me estaba prestando. Aunque
sabía que la comida podía ser sensual, nunca antes la había experimentado
así.
Los platos de Kade eran justo eso... Orgásmicos. La forma en que sus
ojos verdes me miraban mientras los probaba me hacía sentir como si fuera
el centro del mundo.
Pero todo esto contradecía lo que le había oído decir a Ash cuando
había ido al baño. No estaba interesado en encontrar el amor como sus
hermanos. No es que yo fuera la única a la que le gustaría que estuviera
interesado. Hice un examen mental de mi estúpido pensamiento.
Aún así, era difícil no dejarse engañar por un hombre tan sexi cuya
pasión por la comida igualaba la mía. Y no solo eso, sino que debido a su
riqueza, había experimentado con ingredientes con los que yo no podía ni
soñar. Oh, lo que haría para que me enseñara.
Durante mi infancia, las comidas especiales y de calidad eran algo
habitual en casa de los McAdams, pero mi madre tenía razón en que había
una línea entre esa familia y nosotras, a pesar de la amistad que me unía con
Beth.
Nunca había acudido a una de sus cenas o veladas elegantes. Puede
que hubiera robado una bruschetta o un champiñón relleno una o dos veces,
pero nunca había probado platos como los que Kade me ofrecía ahora.
Kade tenía reputación de inmaduro y de falto de seriedad, pero no
había duda de lo serio que era en cuanto a lo que a la gastronomía se refería.
Quería pensar que su atención hacia mí era porque también me encontraba
interesante, aunque lo cierto era que probablemente se debiera a que estaba
dispuesta a escucharle mientras me hablaba de su pasión por la alta cocina.
Éramos almas gemelas en ese sentido. Pero eso era todo.
El destello de calor en sus ojos verdes cuando le daba un mordisco a
cualquier manjar que me ofrecía era solo debido a su interés por conocer mi
reacción. El problema era que yo me mojaba de deseo, y no me refería a
que se me hiciera la boca agua, sino a que me mojara en otra parte de mi
cuerpo. Sentí que mi piel estaba en llamas, y no quería hacer ninguna locura
como tirarme encima de él.
—¿Morgan? —Miré hacia la organizadora de bodas—. Ya puedes
pronunciar tu discurso de dama de honor.
Asentí con la cabeza, contenta por el respiro de los tentadores ojos de
Kade.
—Disculpa —le dije.
—Por supuesto.
Me levanté de la silla, usando mis manos para alisar mi vestido,
esperando que no se me marcara demasiado la barriga. Levanté mi copa de
champán.
Kade golpeó suavemente su copa con una cuchara para llamar la
atención de todos.
—Se supone que debo hacer un brindis en honor a mi amiga Beth.
Conocí a Beth cuando tenía cinco años y tuve que acompañar a mi madre al
trabajo cuando, por causa de una fuerte nevada, suspendieron las clases en
el colegio. Me dijeron que debía quedarme en la parte de atrás y no
molestar a la familia. Sin embargo, nadie le dijo a Beth que no debía venir
hasta allí y molestarme a mí.
Todos rieron con complicidad.
—Me vio y, aburrida, me ordenó que jugara con ella.
Las mejillas de Beth se sonrojaron.
—Era muy mandona por aquel entonces.
—¿Solo por aquel entonces? —se burló Ash.
—Hemos sido amigas desde aquel día. Para mí, de hecho, ha sido
como una hermana.
Una lágrima cayó por la mejilla de Beth y dijo:
—Para mí tú también lo has sido, Morgan.
—Estoy tan contenta de que ella y Ash se hayan encontrado de nuevo.
Qué hermosa familia hacéis con mi encantadora Hannah-Banana.
—¡Esa soy yo! —exclamó Hannah, saltando en su silla.
—Me gustaría llevarme algo de mérito por vuestra felicidad. Estaba
deseando a que te la ganaras, Ash.
—Gracias —dijo con un guiño—. No fue fácil.
Me reí.
—Pero nunca tuve ninguna duda de que Beth te amaba. Siempre te
amó. Y sé que siempre te amará. Brindemos por Beth y Ash, y por que
finalmente tengan un final feliz.
—Chinchín —dijeron los demás invitados mientras sostenían sus
copas y luego bebían.
Después del discurso, necesitaba aire. No estaba segura de que mis
nervios pudieran soportar más a Kade Raven, aunque quería
desesperadamente pasar más tiempo con él. Me excusé y me dirigí hacia la
barra.
Una vez allí, decidí que necesitaba más un poco de aire fresco que
una copa. Al recordar la puerta lateral que había visto cuando había ido al
baño, decidí usarla en lugar de arriesgarme a caminar por el restaurante
hacia la puerta principal. No quería que nadie pensara que me iba.
Al salir, inhalé el aire cálido de la noche. Estábamos en la ciudad de
Nueva York, así que normalmente no era demasiado agradable, aunque
como me hallaba cerca de la cocina de Kade no estaba tan mal.
Mis nervios se calmaron hasta que la puerta se abrió y apareció un
hombre, con chaquetilla de chef, seguido de Kade.
Este se fijó en mí, inclinando la cabeza como si se sorprendiera de
encontrarme allí. Pero mantuvo su conversación con el chef.
—Tuvimos algunos problemas con el pescado esta noche, pero creo
que fue porque teníamos dos personas nuevas en el equipo —le explicó el
chef.
—¿Dos? ¿Esta noche? —El tono de Kade sugería que aquello no le
gustaba nada.
—Jer pensó que, como serían pocos los comensales, era una buena
oportunidad para ponerlos al día.
—Los que han venido hoy son los miembros de mi familia.
El chef hizo un gesto de dolor.
—Lo sé y ya se lo dije. ¿Ha habido alguna queja?
Kade puso las manos en sus caderas.
—No que yo sepa. Sin embargo, la próxima vez, preferiría no usar a
mi familia como conejillos de indias para los nuevos ayudantes de cocina.
—Por supuesto.
Kade apoyó la mano en el hombro del chef.
—Gracias por todo, Cap. Sé que no te gusta incorporar cambios en el
menú, pero si no cambiamos...
—Nos quedaremos atrás —terminó el chef por él, quien por lo visto
se llamaba, o se apodaba, Cap.
Kade sonrió, y fue impresionante.
—Me alegro de que estemos de acuerdo. Buenas noches.
Cap asintió y se dirigió de vuelta a la cocina. Esperaba que Kade lo
siguiera, pero en vez de eso se volvió hacia mí, sonriendo de nuevo. Esta
vez, sin embargo, había algo travieso en su expresión y aquello hizo que mi
columna vertebral se estremeciera con una dulce anticipación.
Caminó lentamente, pero con un propósito hacia mí hasta apoyar su
palma contra la pared que se hallaba justo a mi lado.
—¿Te estás escondiendo de mí?
—No. —Tal vez.
Alzó una ceja como si no me creyera.
—¿Estás segura?
—Bastante segura.
Se rio y fue la primera vez que creo que lo escuché reír de verdad.
Como si el auténtico Kade estuviera de pie delante de mí. Bloqueándome
contra la pared. En cualquier otro momento, podría encontrar aquello
preocupante. No obstante, en este instante, me gustaba estar cautiva ante
Kade.
—¿Lista para el postre? —Lucía un brillo en sus ojos, aunque no
estaba segura de si era por cualquier gloriosa creación culinaria que hubiera
preparado para el postre, o por una insinuación.
«No, no se te está insinuando, tonta. No eres su tipo», me dije.
—¿Qué es?
Su mirada se dirigió a mi boca y se lamió los labios. Vaya. Luego,
alzó la vista para encontrarse con mis ojos.
—Bueno, tienes varias opciones para escoger. Hay tarta de tiramisú,
pudín con salsa de whisky, tarta de manzana francesa o —Se inclinó más
cerca—… también puedes elegirme a mí.
«Oh, Dios; oh, Dios mío. A ti, a ti, a ti».
Inclinó la cabeza hacia un lado y me preguntó:
—¿Sabes qué quiero de postre?
Negué con la cabeza porque no podía ni hablar.
—Algo dulce y tentador.
Asentí. Eso sonaba delicioso.
—Tus labios se han burlado de mí como una dulce tentación desde el
mismo instante en que te conocí.
No podía creerlo, pero aún así no iba a discutir.
Sonrió como si supiera que me había sorprendido con la guardia baja.
—¿Puedo saborearte, Morgan?
Por supuesto. Asentí con la cabeza, observando cómo se tomaba su
tiempo para acortar la distancia entre ambos. Sus labios rozaron los míos, y
como un incendio forestal, un destello de calor atravesó todo mi cuerpo.
Hubiera esperado que alguien como Kade fuera agresivo a la hora de
besar, sin embargo, fue lento, suave y minucioso mientras devoraba mis
labios.
Finalmente, levantó la cabeza.
—Delicioso. —Me guiñó un ojo y, luego, volvió al restaurante.
Mientras, mis piernas se convirtieron en gelatina pura y me apoyé en
la pared.
—¡Vaya!
Capítulo 5
Kade
Viernes
Me preguntaba a quién se le ocurrió la idea de celebrar despedidas de
soltero. Para mí, no tenían sentido. Supongo que era un último desmadre
antes de atarte en matrimonio, pero tener una fiesta con mujeres
semidesnudas luciendo las tetas y frotando el culo en la entrepierna del
novio, no me parecía la mejor manera de pasar la noche antes de una boda.
Muchas cosas podrían salir mal. Las despedidas de soltero no eran un
pase para follar con otra antes de asentarte con tu esposa hasta que la
muerte os separara. Entonces, ¿por qué un tío se tentaría a sí mismo yendo a
una fiesta con mujeres poco vestidas? Celebrar un futuro matrimonio tenía
sentido, pero no hacerlo en un bacanal.
Chase fue lo bastante listo para saber que a Ash no le gustaban los
clubes de striptease o las mujeres desnudas que salían del interior de
pasteles gigantes. A él tampoco le gustaban, ya no. Ni a Hunter, el rey de
las aventuras de una noche.
La verdad es que la idea de acudir a un club de striptease tampoco me
interesaba mucho a mí. De hecho, nunca lo hizo. No es que no me gustara
ver bailar a mujeres semidesnudas, pero prefería verlas en mi dormitorio
donde podían acariciar mi polla hasta que estuviera lista para follarme, que
en el escenario rodeadas de un montón de tíos cachondos.
Así que terminamos en un pub de ligoteo. Vale, no era tan diferente.
Todavía había mujeres poco vestidas. Mujeres de las que apenas me di
cuenta porque, desde anoche, mi mente había estado centrada en Morgan.
No recuerdo haber pensado nunca en una mujer y esperar ansioso a
volver a verla desde que me enamoré por primera vez, en octavo, de mi
profesora de Inglés de 22 años.
El recuerdo de dar de comer a Morgan recetas de mi creación y ver
cómo las saboreaba y disfrutaba, quedó grabado en mi mente para la
posteridad. ¿Qué tenía ella que nuestro beso se repetía en mi mente en un
bucle? Solo que, en mi imaginación, no me detenía solo en un beso.
Anoche, me fui a la cama con ese beso enviándome endorfinas a través de
todo el cuerpo.
—Tierra llamando a Kade. —La voz de Chase rompió mi ensoñación.
—¿Qué? —Bebí un poco para enfriar la calentura que crecía en mis
pantalones.
Mi hermano me miró fijamente un momento, y luego señaló con la
cabeza a una de las camareras.
—Esa chica está tratando de llamar tu atención. ¿La conoces?
Fruncí el ceño.
—¿Por qué iba a conocerla? —Le eché un vistazo. No la conocía.
Pero hace unos días, lo habría hecho.
Chase juntó más las cejas.
—¿Por qué estás molesto?
—Hunter era el que se liaba con una chica diferente cada noche, no
yo.
Chase miró a Hunter y luego a Ash, quien se encogió de hombros.
—Tal vez sea por la dama de honor —dijo Hunter.
—¿Qué pasa con ella? —preguntó Chase.
—Kade le dio de comer, pero parecía un juego previo —comentó
Hunter, tomando un trago de su cerveza.
—Te equivocas —respondí, quizás demasiado rápido.
—¿En serio? —preguntó Ash. Después frunció el ceño—. Morgan es
una buena persona, Kade. No juegues con ella.
—¡Por Dios! —Me senté y miré a mis hermanos.
Chase se echó a reír.
—Creo que es la primera vez. Por fin hemos dejado a Kade sin
palabras.
Hunter también se rio. Ash, en cambio, me miró con expresión seria.
Una parte de mí quería mandarlos a la mierda. A saber qué opinaría Grace
sobre eso. Probablemente que Chase se aprovechaba de mis inseguridades.
No obstante, no me sentía inseguro. Ya no. Pero cuando empecé a
trabajar para mi padre, al principio, me pasé la mayor parte del tiempo
teniendo que demostrar mi valía ante mis hermanos. No sabría decir cuántas
veces me llamaron inmaduro y me dijeron que creciera. Lo hacían, además,
sin importar cuál fuera mi comportamiento.
Sin embargo, desde que mi padre nos comunicó su jodido plan sobre
la herencia, he visto cambios en mis hermanos. Primero en Chase, cuando
se enamoró de Sara. Y luego en Hunter, que es más tranquilo y feliz desde
que Grace entró en su vida. Y luego Ash, que había estado hecho polvo
desde que se graduó en la universidad, al parecer porque mi padre se había
interpuesto entre él y Beth. El amor, y no el loco plan de mi padre, es lo que
los había cambiado.
Se podría argumentar que el amor era el plan de mi padre, pero solo
Chase se había propuesto satisfacer las demandas de este, y su idea no
implicaba enamorarse, sino comprar una esposa. Lo del amor fue bastante
accidental.
El resto habíamos decidido esperar hasta que nuestro padre cambiara
de opinión, otra vez. Hunter se vio obligado a buscar ayuda profesional, a
través de la cual conoció a Grace. Ash, por su parte, se reencontró con Beth
cuando compró la parte de su hermano en el club Jet.
Hablando de Jet, y queriendo dejar el tema de las mujeres, pregunté:
—¿Por qué no vamos a Jet?
—Me preocupaba que Ben tratara de adivinar dónde estábamos —
dijo Chase.
La camarera apareció ante nuestra mesa, y se puso lo suficientemente
cerca de mí como para que pudiera oler su perfume barato, que no se
parecía en nada al aroma de lavanda y vainilla de Morgan.
—¿Otra ronda, chicos?
Chase asintió.
—Que sea doble. Así te ahorrarás otro viaje.
—No me importa —arrulló ella.
—Voy al baño —dijo Ash, levantándose de su silla. Mientras
caminaba hacia allí, una mujer se le acercó. Él le sonrió, pero la hizo señas
para que se fuera.
—En serio, ¿por qué estamos aquí? A ninguno de nosotros le interesa
ligar —dije—. A menos que la felicidad conyugal os deprima a los dos.
—A mí no —respondió Hunter, con una sonrisa que sugería que él y
Grace tenían unos hábitos de cama interesantes—. Tal vez a Chase sí. Tío,
¿cuánto tiempo hace que tú y Sara…?
Chase levantó la mano.
—Justo antes de venir.
Me quedé boquiabierto.
—Está a punto de tener al bebé y te la has follad… —Me detuve; no
quería faltarle el respeto a Sara usando esa palabra. En vez de eso, terminé
con—: Dale un respiro.
Chase se echó a reír.
—No soy yo. Es ella. Además, creo que leyó en algún sitio que el
sexo puede provocar el parto.
Hunter pareció reflexionar sobre eso, lo que me hizo preguntarme si
él y Grace no estarían intentando formar familia.
—Arg, demasiada información —bromeé.
—Tú preguntaste —dijo Chase.
—Lo hizo Hunter. —Negué con la cabeza y, luego, le di un trago a la
bebida que nuestra camarera me había puesto delante.
—¿Qué te pasa? —me preguntó Chase.
—¿Qué quieres decir? —Moví los hombros con ansiedad porque
estaba a punto de recibir un sermón.
—Pareces en baja forma. No es propio de ti dejar escapar a una chica
guapa. A diferencia de nosotros, eres libre como un pájaro.
Me encogí de hombros.
—No me interesa ninguna.
Hunter se inclinó hacia adelante y me miró fijamente.
—¿Cuándo fue la última vez que...?
—Hunter, ¿qué pasa, vas a preguntarnos a todos sobre nuestra vida
sexual? —exclamé.
Sonrió.
—Tienes las pelotas azules, ¿eh? —Se repantingó en su silla con una
sonrisa petulante.
Sí. Más o menos. El problema era que mis pelotas, o más mi polla,
solo querían a una mujer. Una mujer de la que Ash me sugirió alejarme.
—Solo estoy siendo más exigente. —Miré mi vaso mientras limpiaba
la condensación del borde.
Chase me puso una mano en la espalda.
—Creo que nuestro hermanito está creciendo.
Me quité de encima su brazo.
—Si es así, lo estoy haciendo antes que vosotros. Tú tenías más de
treinta, ¿verdad, Chase?
—Sigue siendo un imbécil —dijo Hunter con humor en su voz.
Chase se rio.
—Sin embargo, no está equivocado.
Ash se reunió con nosotros.
—¿Todo bien en el baño? —le preguntó Hunter—. Recuerda que
necesitarás fuerzas mañana por la noche.
Ash sonrió.
—Oh, funcionará bien. ¿Qué me he perdido?
—Pues resulta que nuestro pequeño Kade está creciendo —dijo
Hunter.
—Afirma que ha madurado antes que nosotros —añadió Chase.
—¿Cómo puedes saberlo? —preguntó Ash.
—Porque no está interesado en ninguna de las tías del pub —
respondió Chase.
—¿En ninguna? Esa de ahí está bastante bien. —Ash señaló a la
mujer que se le había acercado.
Los tres me miraron. Negué con la cabeza.
—Es por la dama de honor —dijo Hunter—. ¿Visteis cómo le daba de
comer anoche?
Miré a Ash, preguntándome si me iba a avisar de nuevo. Frunció el
ceño mientras me observaba.
—¿Qué pasa, Kade? ¿Se te levanta con la amiga de Beth? —me
preguntó Chase.
—Mi polla no es de tu incumbencia. —Tomé otro trago.
—Eso me suena a un sí —exclamó Hunter.
Ash se inclinó hacia mí.
—No voy a decirte cómo vivir tu vida.
—Sin embargo, estás a punto de hacerlo —murmuró Chase.
Ash le miró con desprecio y luego volvió su atención hacia mí.
—Si te gusta, no hay problema. Pero Morgan no es una tía con la que
pasar una noche loca.
—Cálmate, Ash —dijo Chase.
Ash se sentó y respiró hondo.
—No quiero que la lastimen. Tiene muchos problemas, debido a la
enfermedad de su madre, para llegar a fin de mes.
¿Su madre está enferma?
—Eres multimillonario, joder, ¿por qué no las ayudas? —pregunté yo.
—Lo hemos intentado, pero tanto su madre como ella son demasiado
tercas. No quieren nuestro dinero a menos que se lo ganen trabajando. Beth
y yo estamos tratando de encontrar alguna laguna jurídica para ayudarlas
sin que les parezca un acto de caridad.
—Hablando de caridad —dijo Hunter—. ¿Qué pasa con Ben?
Ash suspiró.
—Sigo esperando que vuelva a ser el de siempre.
—¿Sin soltar la botella? Porque su vida es una juerga perpetua —dije.
—La buena noticia es que no nos está retrasando —intervino Chase
—. Pero es como un peso muerto.
—Pensaré en ello. Pero esta es mi despedida de soltero, así que
prefiero no hablar de ello esta noche.
—Ya que no vamos a ligar, ¿por qué no nos vamos a otro sitio? —
propuso Hunter, sugiriendo un tranquilo bar del centro.
Todos estuvimos de acuerdo en que era una buena idea. Veinte
minutos más tarde, estábamos en un reservado dando cuenta de nuestras
bebidas y hablando tranquilamente. No hace tanto, no podía imaginarme
pasar una noche bebiendo con mis hermanos. Durante mucho tiempo, no
nos poníamos de acuerdo en nada.
Luego, poco a poco, Chase, Hunter y Ash fueron limando asperezas y
yo me sentí al margen, como un extraño. Pero esta noche no. Esta noche,
sentí que tenía su respeto y amistad. Todavía pensaba que el plan de mi
padre era una locura, aunque tuve que admitir que cambió la relación entre
nosotros cuatro. Dudaba que eso fuera lo que mi padre quería, pero fue un
buen resultado.
Más tarde, cuando me acosté, recuperándome de otro orgasmo gracias
a Morgan y a mi gran imaginación, recordé las palabras de Ash: «Si te
gusta, no hay problema. Pero Morgan no es una tía con la que pasar una
noche loca».
No había duda de que quería follar con ella, pero era más que eso.
Quería enseñarle todas las recetas que había ideado. Quería cocinar con
ella. Quería saber lo que le gustaba cocinar a Morgan. Quería ayudarlas a
ella y a su madre. Eso era más que desear ser amigos, ¿verdad?
En el pasado, había estado con mujeres interesantes, pero para ambos,
la meta era un orgasmo, o dos o tres. Yo deseaba tener un orgasmo con
Morgan, aunque eso no era todo lo que quería. ¿Qué significaba eso? ¿Y
sentía ella lo mismo por mí? Le gustaba probar mis platos y hablar de ellos.
Y estaba seguro de que el beso le había gustado tanto como a mí.
Había sido tan jodidamente difícil alejarme de ella. Ese beso fue como una
droga de acción rápida. Con probarla una vez, ya me había enganchado.
Pero estaba tan preocupado por haber ido demasiado lejos, y demasiado
rápido, que me alejé y, luego, me fui para evitar follarla en aquel callejón;
así que no presté mucha atención a su reacción.
Mañana era la boda. Tendría la oportunidad de verla de nuevo. De
comer con ella otra vez. Si tenía suerte, también de besarla. Joder, tal vez
tendría la oportunidad de verla desnuda. Cogí el móvil de la mesilla de
noche. En unos instantes, tenía reservada una suite en el hotel donde se
celebraría la recepción de Ash y Beth. Solo en caso de que el deseo se
descontrolara entre Morgan y yo. Nunca está de más estar preparado.
Mi polla estuvo de acuerdo y volvió a la vida al pensar en ver a
Morgan desnuda. Envolviendo mi mano alrededor de ella, comencé a
imaginar todas las cosas que quería hacerle, y todas las cosas que deseaba
que me hiciera hasta que me corrí. Tras limpiarme con un pañuelo de papel,
me dormí con una sonrisa en la cara.
Capítulo 6
Morgan
Viernes
No fue fácil planear una despedida de soltera, cuando una de las
invitadas estaba extremadamente embarazada. No es que Sara no pudiera
pasar el rato en un pub con nosotras, pero probablemente no sería tan
divertido para ella. Además, Beth se había vuelto muy sensible respecto a la
bebida, sin duda debido al problema de Ben.
Era difícil admitir que se había convertido en alcohólico. Deseaba
pensar que podría dejarlo cuando quisiera, pero no era así. O tal vez no
quería. Definitivamente había cambiado mucho mi opinión sobre él. No es
que no entendiera su adicción, pero me molestaba que, con ello, lastimara a
Beth.
Así que, en vez de ir a un pub, fuimos a cenar fuera; la idea se me
ocurrió por la lección que me dio Kade anoche. Empezamos con un
italiano, que sabía que era uno de los restaurantes favoritos de Beth. Le
puse una diadema brillante con una cinta rosa en la cabeza, en la que se leía
«Soy la novia», y la hice ocupar la cabecera de la mesa mientras nos
preparábamos para degustar aquella deliciosa pasta casera.
—Dios, me encanta este sitio —dijo Beth mientras se sentaba y se
frotaba la barriga—. Espero que me quepa el vestido mañana.
—Relájate. La noche acaba de empezar —exclamé—. Aquí está tu
primer regalo. —Le di un paquete.
Beth cogió la caja plana y arrancó el papel, con los ojos brillantes.
—Me encantan los regalos.
Quitó la tapa y miró dentro. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Oh, Morgan. —Cogió el delicado marco de plata que contenía un
dibujo de ella, Ash y Hannah, hecho por la pequeña—. Mi hija tiene tanto
talento y es tan dulce.
Sara y Grace exclamaron de gozo cuando Beth les mostró el dibujo.
—Es una niña muy feliz —dijo Grace.
Beth alzó una ceja.
—¿Estás evaluando psicológicamente el dibujo de mi hija?
Grace se echó a reír.
—Sí, aunque sin necesidad de hacerlo, te aseguro que es una niña
feliz.
Beth suspiró.
—No puedo creer que, por fin, vayamos a ser una familia de verdad.
—Se acercó y puso su mano sobre la mía—. Gracias por obligarme a
soltarme y a confiar en él.
No habría supuesto mucha diferencia por cómo resultaron las cosas,
pero sonreí.
—Ves, los cuentos de hadas se hacen realidad.
—Sí, desde luego —Sara estuvo de acuerdo.
—Sí —se sumó Grace también.
Tendría que creer en su palabra, aunque no parecía que ese fuera a ser
mi caso. Las tres eran tan inteligentes y guapas, que no era de extrañar que
los Raven se hubieran enamorado de ellas.
De todas, Sara era la que más se parecía a mí ya que ambas
procedíamos de familias humildes. Pero era preciosa, incluso con aquella
barrigota del tamaño de un balón de playa. Además, sus maridos las
miraban como si fueran el centro de su universo. Yo envidiaba su felicidad,
a pesar de que me alegraba mucho por ellas.
—Tú también tendrás el tuyo —dijo Beth, como si se percatara de
que yo era su única amiga soltera.
Sonreí porque no quería entristecerla con mis penas.
—Bien, sigamos, chicas —dije cuando terminaron.
Nuestra siguiente parada fue un local coreano que tenía las mejores
salas de toda la ciudad de karaoke.
—Oh, Dios mío, espero que no me pidáis que cante —exclamó Grace
mientras alguien destrozaba, con una pésima interpretación, una canción de
Whitney Houston.
—Tal vez una copa ayude —sugirió Beth.
Nos sentamos y pedimos unas copas, incluyendo una sin alcohol para
Sara, y alitas.
—Vamos —le dije a Beth, llevándola al escenario del karaoke. Sonrió
como una loca mientras Sara y Grace nos gritaban.
—¿Recuerdas la última vez que hicimos esto? —me preguntó Beth
mientras elegíamos nuestra canción.
—Acababas de graduarte en el instituto. —Su familia regresaba de los
Hamptons tras pasar allí el verano. Mi madre había tenido que trabajar
muchísimo para poner la casa a punto para el regreso de los McAdams. Me
alegraba de que mi amiga volviera a los Hamptons ese verano.
—Fue una época maravillosa. Perdí mi virginidad esas vacaciones —
me confesó Beth.
—Déjame adivinar, con Ash.
Ella sonrió.
—Sí. Dios, qué largo y duro camino hemos recorrido, pero mira
dónde estamos.
Sonreí feliz por mi amiga y la subí al escenario para interpretar juntas
nuestra canción favorita del karaoke de nuestra etapa como adolescentes,
Thank you for being a friend.
Cuando terminamos, Sara y Grace nos ovacionaron de pie.
—Vosotras deberíais dedicaros a esto —dijo Sara mientras
regresábamos a nuestros asientos.
Beth se rio.
—¿Qué opinas, Morgan? ¿Podemos ganarnos la vida con eso?
Negué con la cabeza.
—Creo que Ash y Hannah te echarían de menos si te fueras de gira.
—Tiene razón.
—Estas alas están increíbles —exclamó Sara lamiéndose los dedos.
—No están mal —dije, sentándome y tomando un sorbo de mi bebida
de limón.
—Deberías probar las de Morgan —comentó Beth—. Envidio todas
las maravillosas comidas que le has hecho a Hannah.
—Ella es mi ayudante de chef. —Sentí un poco de tristeza al recordar
que, probablemente, ya no volvería a cocinar con Hannah.
—Vi a Kade dándote a probar algunos de sus platos anoche —dijo
Sara—. ¿Qué pensaste de sus recetas?
—Creo que a Morgan le hubiera gustado más comérselo a él —
bromeó Grace.
Mis ojos se abrieron de par en par. Dios, ¿había sido tan evidente?
—¿Y quién no lo haría? —dijo Beth, sorbiendo su Cosmopolitan.
—Solo estuvisteis hablando, ¿no? —preguntó Sara—. Os juro que
este bebé me ha hecho menos consciente de lo que pasa a mi alrededor.
—No pasó nada entre nosotros —dije rápidamente.
Grace alzó una ceja.
—Debes tener cuidado con Kade —me pidió Beth, sus rasgos se
volvieron serios de pronto—. Es un ligón empedernido.
Le quité importancia con un gesto de la mano.
—No es nada. A los dos nos gusta la comida, eso es todo.
—Hmm, no sé yo. La comida puede ser algo muy sensual,
especialmente en la forma en que Kade te la daba —dijo Grace.
—No soy su tipo. —Había terminado mi copa, así que alcé la mano
para hacer venir a nuestra camarera y pedirle otra.
—¿Qué quieres decir? —inquirió Beth.
—Pues eso, que no soy su tipo. —Cuando llegó la camarera, le pedí
un refresco. Me apetecía algo más fuerte, pero necesitaba mantenerme
serena para proporcionarle a Beth una buena fiesta.
—Eres una tía y aficionada a la gastronomía. Cielo, creo que sí eres
su tipo —dijo Sara.
Fruncí los labios mientras miraba a Sara
—A las mujeres con las que sale no les gusta comer, por eso pesan
menos de 45 kilos.
—No subestimes la atracción que despierta en los hombres las curvas
femeninas —afirmó Grace.
—Ellas tienen razón —dijo Beth—. Pero yo tendría cuidado con
Kade.
Me quedé sin aliento, esperando cambiar de tema.
—En fin, ¿listas para ir al siguiente local?
—Dios, de verdad, no voy a caber en el vestido —exclamó Beth.
—Me encanta —respondió Sara—. Yo podría comerme un elefante.
Nuestra siguiente parada fue un puesto de tacos. Me preocupaba que
fuera poca cosa para ellas, pero Beth y yo a menudo disfrutábamos de la
infravalorada comida de estos puestos ambulantes.
—Oh, Dios mío. Tacos. Me estás malcriando, Morgan. Chicas, os van
a encantar —les dijo Beth a Sara y Grace—. No son tan buenos como los de
Morgan, pero servirán.
—¿También cocinas tacos? —me preguntó Grace cuando nos
acercamos a la furgoneta para hacer el pedido.
—Sí.
—Es la mejor cocinera del mundo. —Beth me rodeó con su brazo,
dándome un apretón—. Es decir, las recetas de Kade son buenas, pero son
más de alta cocina. Dudo que él haya comido nunca un taco, y menos de un
puesto ambulante.
—Dudo que ningún Raven lo haya hecho —bromeé yo.
—Ash se lleva a Hannah por perros calientes —dijo Beth.
—Es un nombre horrible —dijo Sara—. Pero están tan buenos…
—¿Alguna vez has pensado en dedicarte profesionalmente a la
cocina? —se interesó Grace mientras llevábamos nuestros tacos al parque y
nos sentábamos en un banco.
Me encogí de hombros.
—A veces he soñado con tener mi propio puesto de comida.
—¿Por qué no lo has hecho? —me preguntó Sara, colocando una
servilleta sobre su prominente barriga.
No era tan malo sentirme cohibida por estar con tres mujeres
hermosas y delgadas, a pesar del embarazo de Sara. Pero ahora tenía que
hablarles de mi situación económica.
—Se necesita dinero y tiempo y, lamentablemente, no tengo mucho
de ninguno de los dos.
—Morgan, gracias por no arrastrarme a un club de striptease
masculino. Esto ha sido maravilloso —dijo Beth, poniendo su mano en mi
muslo mientras cambiaba de tema, como si supiera que no quería revelar
más detalles a las esposas más ricas del país.
—¿Qué sentido tiene? Ninguno de esos chicos estaría más bueno que
tu prometido —dije.
—Tienes razón —Beth estuvo de acuerdo con un sugerente
movimiento de cejas.
—Apuesto a que los hermanos Raven podrían ganar otros mil
millones si posaran para su propia revista masculina —bromeé.
Beth se rio.
—Sin duda alguna.
—Yo prefiero que se desnuden en privado —dijo Grace.
Sara se carcajeó.
—Me gusta un buen striptease.
—Oh, chicas, demasiado información —exclamé con humor. Sin
embargo, me preguntaba cómo sería ver a Kade haciendo un striptease.
—¿Crees que ellos están en un club de striptease? —preguntó Grace.
—No, seguro que os tienen en la misma consideración que vosotras a
ellos. Preferirían un espectáculo privado vuestro —les aseguré.
—Mío no —dijo Sara—. Esta barriga no es nada sexi.
—Pero es preciosa. —Grace se acercó y la frotó como si Sara fuera
un Buda.
Sara se encogió de hombros.
—Al menos eso no me impide... bueno, ya sabéis.
Tanto Beth como yo nos quedamos boquiabiertas.
—¿Todavía tienes sexo? —preguntó Beth.
—Oh, sí. Por lo visto puede inducir el parto y estoy más que
preparada.
—¿Cómo? —pregunté.
—Encontramos la forma de hacerlo —me dijo Sara con un guiño.
—Al estilo perrito —ofreció Beth.
—Sí. Y hay otras maneras.
De cuántas maneras, deseaba preguntarle, pero ya era bastante malo
ser gorda y pobre. No necesitaban saber que también seguía siendo virgen.
—¿Adónde vamos ahora, Morgan? —se interesó Beth, y de nuevo me
alegré por su cambio de tema.
—A comer más.
—¡Yuju! —exclamó Sara—. Comer compulsivamente es el
equivalente a ir de bar en bar para una embarazada.
Las cuatro nos pusimos de pie y las llevé hacia nuestra próxima
aventura culinaria.
Cuando íbamos de camino, Beth me susurró:
—Gracias por todo esto, Morgan.
—De nada. Solo espero que sea lo bastante bueno para ti.
—Oh, cariño, lo es. Estoy tan feliz de pasar la noche previa a casarme
con el hombre más maravilloso del mundo con el grupo de amigas más
maravilloso. —Me abrazó—. Ahora, ¿qué hay de postre?
—Conozco un lugar que vende unas copas servidas en vasos de
chupito hechas con masa de galletas, y otros deliciosos dulces…
—Pues, venga, vamos allá —dijo Beth, uniendo su brazo al mío
mientras caminábamos por la acera.
Más tarde, llamé a un todoterreno que nos llevó a la casa en la que
vivía Ben.
—No está aquí, ¿verdad? —me susurró Beth cuando llegamos.
—Dijo que dormiría en otro sitio —le aseguré.
La casa había sido propiedad de la familia McAdams, pero Ben y
Beth tuvieron que venderla cuando el imperio de su padre comenzó a
derrumbarse. Afortunadamente, Ash la había comprado y se la había dado a
Beth, quien luego se la cedió al ingrato de su hermano. No tenía ni idea de
dónde estaba Ben, ni siquiera si se acordaría de mantenerse al margen para
que pudiéramos terminar nuestra noche de chicas.
—Sé que es malo no quererlo aquí, pero...
—Nadie te culpa por ello. Ya no es él mismo —le dije a Beth.
Una vez dentro, saqué algo para picar y unas bebidas sin alcohol que
había dejado allí antes. Cuando llamaron a la puerta, les dije a las chicas
que se reunieran en la sala de estar.
Abrí la puerta para dejar entrar a los recién llegados.
—Bienvenidas a la noche de spa —le dije a Beth y las demás—.
Podéis escoger entre masajes, tratamientos faciales, manicura, pedicura…
todo lo que queráis.
—Oh, yo me pido un masaje de pies —dijo Sara de inmediato.
—Pues yo lo quiero todo —exclamó Beth. Lucía una sonrisa tan
brillante que me confirmó que había tomado la decisión correcta. Había
sido difícil para mí acudir a Ash y decirle que quería regalarle a su novia
una noche de spa con servicio completo, pero que no tenía dinero suficiente
para costearlo. Fue muy amable al ofrecerse a pagarla él. Le agradecí su
generosidad, aunque envidiaba que aquel elevado precio apenas significara
una minucia para él, mientras que para mí, en cambio, equivalía a un año de
ingresos.
Alejé aquellas inseguridades de mi mente y me uní a la diversión.
—Tú sí que sabes cómo organizar una fiesta —me felicitó Sara,
suspirando mientras una de las masajistas le trataba los pies.
—Estaremos tan relajadas y guapas mañana… —dijo Grace—. Oh,
hablando de eso. Aquí está mi regalo. Es para la luna de miel. —Le dio a
Beth una caja.
Esta la abrió y se echó a reír. Dentro había un hermoso osito de
peluche.
—Tiene una ranura en la parte de atrás, por si tienes prisa para
quitártelo.
Beth se sonrojó.
—¿Y estos? —Sacó un montón de condones.
Esta vez, fue Grace la que se ruborizó.
—Hunter y yo hemos decidido que no los necesitamos.
—¿Porque tomas la píldora? —preguntó Sara.
Grace negó con la cabeza.
—¡Oh! —A Sara se le humedecieron los ojos.
—¿Tienes algo que contarnos? —preguntó Beth.
—Todavía no. Pero espero hacerlo pronto.
Vi a mi mejor amiga Beth tan feliz con sus futuras cuñadas. Les
estaba muy agradecida por haberme aceptado en su pandilla. Las tres
pertenecían a una clase social diferente a la mía pero, a la hora de tratarnos,
todas éramos iguales. Me limpié las lágrimas ante la suerte que tenía de que
formaran parte de mi vida. Puede que nunca tuviera mi cuento de hadas, sin
embargo, era difícil quejarse con amigas como las Raven.
Capítulo 7
Kade
Sábado
A una parte de mí le preocupaba lo ansioso que estaba por ver a
Morgan de nuevo. No era la primera mujer que me atraía, pero sí la primera
que parecía atormentarme. Eso resultaba desconcertante. Al mismo tiempo,
me sentía vivo por primera vez en mucho tiempo. Nunca había esperado
nada tanto como verla de nuevo en la boda.
En la iglesia, me quedé con mis hermanos mientras aguardábamos a
que las chicas terminaran de prepararse. Faltaban escasos minutos para
volver a ver a Morgan, y me sentía ansioso por ello.
—¿Qué te pasa? —me preguntó Hunter, frunciendo el ceño—. Actúas
como un novio nervioso.
—Vete a la mierda —exclamé.
Se echó hacia atrás y miró a Chase y Ash, que dejaron de hacer lo que
estaban haciendo para mirarme.
—Pensé que yo era el que debía estar atacado ya que es el día de mi
boda —dijo Ash.
Respiré hondo, sabiendo que estaba comportándome como un loco.
—Lo siento. Solo quiero asegurarme de que todo salga bien.
No estaba seguro de que se lo hubieran tragado, pero
afortunadamente, la organizadora de bodas llamó a la puerta para avisarnos
de que ya era hora de ocupar nuestros puestos.
Antes de salir, nuestro padre apareció. Considerando cómo había
mantenido a Ash y Beth separados durante tantos años, tenía muchas
pelotas para plantarse allí.
—Tu madre estaría orgullosa de ti —le dijo a Ash—. De todos
vosotros, chicos.
Ash se puso tenso, y me pregunté si iba a recordarle cómo casi
arruinó su vida y le impidió conocer a su hija. Como no quería que se
montara una escena antes de la boda, le di una palmada en la espalda a mi
padre.
—Es hora de ponerse en marcha, papá. ¿Por qué no sales y ocupas tu
asiento?
Asintió con la cabeza.
—De acuerdo. —Nos miró a cada uno de nosotros durante un
instante, y luego salió de la habitación.
—Bien hecho, Kade —exclamó Chase.
—Gracias, tío —repitió Ash.
—Solo cumplo mi deber como padrino. —Ansioso por llegar junto a
Morgan, les dije—: Deberíamos asegurarnos de que la boda sea genial,
¿no?
Ash sonrió.
—Rock and roll.
—Nos vemos en el altar —le contestó.
Chase, Hunter y yo nos dirigimos hacia el vestíbulo de la iglesia,
donde los invitados de Beth estarían esperando.
En cuanto vi a Morgan, mi corazón se detuvo. Dios, estaba preciosa.
Su vestido era de un intenso verde azulado que hacía que su piel pareciera
de porcelana. Todas tenían el mismo color de vestido, pero en un estilo
diferente. El de Morgan era, con mucho, el más impresionante. El escote
acentuaba sus pechos, se estrechaba en la cintura y abrazaba sus caderas,
resaltando sus magníficas curvas. Se me hizo la boca agua mientras
anhelaba quitarle la ropa y darme un festín con ella.
—¿Lista? —Me las arreglé para preguntarle cuando llegué a su lado.
Ella sonrió.
—Sí.
Tomé su brazo en el mío, sintiendo una sacudida de electricidad que
me atravesó mientras su dulce aroma a lavanda y vainilla amenazaba con
intoxicarme.
—Estás impresionante —le susurré mientras nos colocábamos detrás
de mis hermanos y sus esposas.
Un bonito tono rosado adornó sus mejillas.
—Gracias. Tú estás muy guapo, como siempre.
Sonreí, encantado de que pensara eso. Me reí interiormente de mí
mismo y de este loco enamoramiento.
La música de Pachelbel empezó a sonar, señalándonos que debíamos
avanzar hacia el altar. La iglesia estaba llena de gente, la mayoría de los
cuales probablemente solo querían ser vistos en el enlace de los Raven y los
McAdams. La unión de ambas familias, tanto en los negocios como en la
vida privada a través de aquel matrimonio, se consideraba algo importante.
Cuando llegamos al altar, no quise dejarla ir, pero no podía estar
conmigo al lado del novio.
—Papá, tengo los anillos —dijo Hannah, sosteniendo la pequeña
almohada que llevaba para mostrárselos a Ash. Era tan jodidamente
adorable que todos los invitados exclamaron un «¡Oh!» colectivo.
Ash sonrió, como el hombre más orgulloso del mundo.
—Muy bien, pastelito.
Hannah sonrió. La música cambió, dando paso a la marcha nupcial, y
Beth apareció del brazo de su hermano Ben en la entrada de la iglesia.
«Gracias a Dios que se presentó», pensé.
Ash jadeó, y no podía culparlo. Beth semejaba una visión. Lo miré, y
todo el amor que acababa de ver al contemplar a su hija brilló en los ojos
por Beth también. Su mirada se centró en la suya, y todos percibimos la
magia de su amor. Ash era un afortunado hijo de puta al tener una mujer
que lo amaba de esa manera. Igual que Chase y Hunter. Aunque nunca se lo
diría, por supuesto. Sería como admitir que, tal vez, el amor no fuera algo
tan tonto después de todo.
Eché un vistazo a Morgan. Estaba sonriendo ante aquella magia. Su
mirada se dirigió a mí. Al principio, parecía sorprendida de que yo la
mirara. Luego se sonrojó y apartó la vista. Me preguntaba si sus mejillas se
sonrojaban así también durante el sexo. Si tenía suerte, lo averiguaría esa
misma noche.
La ceremonia fue preciosa, en especial por la presencia de Hannah.
No solo se casaron Beth y Ash, sino que los tres se convirtieron en una
auténtica familia. Por fin, Ash pudo besar a su novia y nos alejamos del
altar. Esperaba no ser demasiado obvio mientras le ofrecía mi brazo a
Morgan.
—Ha sido todo tan bonito —dijo.
—Han tenido mucho tiempo para prepararlo.
—¿Crees en el amor? —me preguntó.
Me volví para mirarla. No solía hacerlo pero, al ver a mis hermanos
con sus esposas, se me hacía difícil negarlo. La pregunta era, ¿creía en él
para mí? El jurado aún no se había pronunciado sobre eso.
—Claro.
—Yo creo que solo es para algunas personas —dijo ella.
Fruncí el ceño.
—¿Para ti no? —Cualquiera sería tonto si no la amara.
—No sé. ¿Y para ti?
Suspiré.
—Yo tampoco lo sé.
Cuando llegamos al vestíbulo, la organizadora de bodas nos llevó en
tropel a hacernos las fotos. Cuando fue el turno de posar solo los hombres,
Ben se negó a salir con Ash.
—Cuidado, tío. No dejaré que arruines el día de la boda de Beth —le
advirtió Ash.
—Ya has jodido...
—¡Oye! —Me puse delante de Ben—. Ten un poco de respeto por tu
hermana. Joder, tu sobrina está ahí delante.
Ben pareció pensativo y se fue para la recepción.
—Déjalo —dijo Ash, mirando amenazadoramente a Ben.
Luego, todos nos subimos a las limusinas para ir a la recepción. Ash y
Beth se montaron en la suya y ya me los imaginé comenzando su luna de
miel en la parte de atrás. Yo habría hecho lo mismo con Morgan, si
estábamos solos en la nuestra, pero mis hermanos y sus esposas iban con
nosotros.
Cuando llegamos al salón de baile del hotel, tuvimos que hacer cola
para saludar a todos. «Las tradiciones de las bodas son extrañas», pensé,
pero era el día de Ash y Beth, así que me puse en la fila y les di la
bienvenida a todos.
Quería pasar tiempo a solas con Morgan, pero cuando llegó el último
invitado, vi a Ben sacando una petaca de su bolsillo y beber un sorbo. Por la
forma en que se balanceaba, aquel no era el primero.
—Joder —murmuré para mí—. Disculpe —dije en voz alta.
Le di un golpecito a Chase y a Hunter en el hombro y les indiqué con
la cabeza a Ben. Ellos también se excusaron.
—¿Por qué no lo distraes, Chase?, yo lo quitaré esa petaca —dijo
Hunter.
—¿Eres una especie de carterista ninja marino? —preguntó Chase.
—El ninja marino es un oxímoron. —Le sonreí a Hunter.
—Te lo demostraré, idiota —se rio Hunter.
Chase y Hunter se fueron a ocuparse de Ben, mientras que yo me
dirigí al bar y al jefe del personal de catering para avisarle de que no
sirvieran alcohol a Ben.
Miré hacia el salón de baile, y parecía que todo estaba bien. Beth y
Ash se miraban fijamente como si no hubiera nadie más, mientras todos los
invitados charlaban. La orquesta tocaba al fondo y algunas personas
comenzaron a bailar.
Escuché una conmoción en la sala, y vi a Ben tambalearse un poco al
enfrentarse a un camarero que le había quitado el champán. Ben entonces
comenzó a abrirse paso hacia el micrófono de la orquesta.
—Ah, mierda —murmuré. Me apresuré hacia él, y parecía que Alex
tuvo la misma idea ya que lo alcanzó antes que yo.
—Ben, todavía no es la hora de los discursos —le dijo mientras
enlazaba el brazo con el suyo y lo alejaba del micrófono.
—Tengo algo que decir. —Las palabras de Ben fueron mal
pronunciadas y me di cuenta de que estaba más borracho de lo que había
pensado.
—Claro que sí, pero aún es pronto para eso.
—No eres mi jefa. —Ben intentó, sin éxito, desenredar su brazo del
de Alex, pero ella lo había agarrado bien. Tendría que mencionarle a mi
padre que se merecía un aumento de sueldo por lidiar con esto.
Le hice señas a Chase para indicarle lo que estaba pasando. Asintió y
se inclinó hacia Hunter para decirle algo.
—Podemos encargarnos de esto, Alex —le dije.
—Tranquilo, yo me encargo, Kade. Ve a celebrar la boda de tu
hermano.
Con un firme apretón sobre Ben, lo sacó del salón de baile.
—¿Qué está haciendo Alex? —preguntó Hunter.
—Dice que puede manejarlo.
—Avisaré a seguridad para que los vigilen —dijo Hunter sacando su
teléfono.
Con Ben controlado, era hora de hacer lo que Alex me había
propuesto, celebrar la boda de mi hermano. Lo primero era encontrar a
Morgan y asegurarme de que ningún otro se acercara a ella. La busqué con
la mirada y la vi charlando con otros invitados. Me dirigí hacia ella con un
propósito claro. Esa mujer sería mía esa noche.
Capítulo 8
Morgan
Sábado
La boda fue tan hermosa, que no podría haber sido más feliz por Ash
y Beth, y, por supuesto, por Hannah. La ceremonia se hizo aún más
memorable por la atención que me dirigió Kade. Quería creer que era
verdadero interés, pero sospechaba que solo me trataba como su
acompañante, ya que yo era la dama de honor y él, el padrino.
El único problema era que cada vez que me tocaba, ya fuera en la
parte baja de mi espalda cuando me acompañaba a la mesa para comer, o
rozando mi mano mientras nos sentábamos uno al lado del otro, sentía una
descarga recorrerme de arriba abajo. Estaba hecha un manojo de nervios,
deseando ponerle las manos encima.
Una vez terminado el primer baile entre Ash y Beth, Ben debía sacar
a la novia para suplir a su difunto padre en el tradicional baile padre-hija,
pero no estaba. Entonces, Cam Raven dio un paso adelante.
—Me sentiría muy honrado si me permitieras bailar contigo —le dijo
a Beth. Ella miró a Ash, quien apretó los dientes pero asintió con la cabeza.
Me preguntaba cuánto tiempo tardaría en perdonar a su padre por
mantenerlos separados.
Mientras Beth bailó con él, vi que le hablaba y, por los respingos del
señor Raven, sospeché que le estaba reprendiendo para que se mantuviera al
margen de su relación a partir de ahora.
Apenas habían terminado, cuando noté el brazo de Kade en mi
espalda, llevándome a la pista de baile.
—Bailemos —me dijo, con su voz ronca. Incluso su voz hacía que mi
cuerpo se estremeciera. ¿Cómo lo hacía?
—No se me da bien bailar —le advertí, cohibida.
—Déjate llevar. Yo sí sé qué hacer —me susurró al oído mientras me
abrazaba. Una parte de mí se lo tomó como una insinuación y, por supuesto,
hubiera estado encantada de dejarme guiar por él en el dormitorio. «Sigue
soñando, Morgan», me dije.
A medida que el baile iba de una canción a otra, parecía que me
acercaba cada vez más. Me gustaba cómo mi cuerpo se sentía presionado
contra el suyo. La forma en que su colonia llenaba mis sentidos hasta que
estaba tan borracha como si hubiera bebido champán.
La recepción fue mágica y me sentí honrada de que Beth me pidiera
ser su dama de honor y, así, compartir ese día con ella. Me sentí como
Cenicienta, llevada a un mundo que no tenía los desafíos y las cargas de la
vida cotidiana.
Por eso, me encontraba bailando con alguien tan sexy como Kade
Raven y mi virginidad se hallaba en serio peligro. No obstante, no me
importaba. De hecho, hacía mucho tiempo que debería haberla perdido.
—Parece que en tu cabeza estás librando una guerra —dijo,
inclinándose hacia mí.
—Me preguntaba por qué sigues bailando conmigo —le respondí. No
tenía sentido ser tímida. Además, si se moría de ganas de encontrar a su
ligue para esta noche, no quería entretenerlo.
—Si no lo sabes, o tienes muy baja autoestima, o no lo estoy haciendo
bien.
¿Eh?
Me pasó un brazo por la cintura y me llevó fuera del salón de baile, a
un rincón tranquilo y sin gente.
—Quizás necesito ser más claro —dijo, poniéndome contra la pared
mientras me miraba con los ojos verdes más hermosos que jamás había
visto. Su mano acunó mi mejilla—. Detenme ahora si no deseas esto.
—¿Desear qué? —Mi mente parecía haber sufrido un cortocircuito.
Pensé que quería besarme, pero… no, era imposible.
Se rio, lo que me hizo sentir avergonzada.
—Eres tan jodidamente auténtica, Morgan. Me gusta eso de ti.
—Tú también me gustas.
—Entonces, voy a besarte.
Sus labios capturaron los míos, y mi corazón, que ya latía rápido, se
puso a mil por hora. Jadeé y, luego, gemí mientras sus labios devoraban los
míos en un beso ardiente que sentí hasta la médula.
Me agarré a sus hombros, en parte para mantenerlo cerca y en parte
para evitar caerme allí mismo ya que su beso me estaba derritiendo los
huesos.
Su lengua corrió a lo largo de la comisura de mi boca e,
instintivamente, separé los labios, invitándolo a entrar. Todo lo que él
deseara, lo tendría. Su lengua era caliente y húmeda, y tenía un sabor
divino. Lo más probable es que fuera el único beso que me diera Kade. Era
difícil pensar que alguien volvería a besarme de ese modo, así que decidí
que aprovechar la oportunidad.
Incliné la cabeza, devolviendo el beso con el mismo fervor que él.
Kade gimió, rompiendo el beso para, a continuación, acariciarme la
garganta con sus labios, provocándome cosquilleos eléctricos en la
columna. Sus manos se deslizaron desde mis caderas hasta mis pechos. Sus
pulgares rozaron mis pezones, sensibles y doloridos, provocando que
gimiera. Debería detenerle porque, en cualquier instante, alguien podría
pillarnos. Pero Dios mío, era tan maravilloso...
—Te deseo, Morgan. —Presionó sus caderas contra mí, y yo jadeé al
notar su enorme erección—. Y casi siempre consigo lo que deseo.
«No me extraña», pensé.
—Tengo una suite arriba. Ven conmigo.
Me mordí el labio para controlarme y no soltar lo que estaba a punto
de decir antes de pensar realmente en lo que estaba pasando. Kade Raven,
el soltero más sexi de Nueva York, me había besado, acariciado los pechos
y me pedía que subiera con él a su cuarto. ¿Se trataba de alguna broma
pesada? ¿Acaso no había visto a todas aquellas bellezas que asistían a la
fiesta?
Luego estaba el hecho de que era el cuñado de mi mejor amiga.
¿Había reglas sobre eso? Y, por último, ¿estaba de acuerdo con tener con él
una aventura de una noche? Porque eso era lo único que sería. Mientras que
los demás hermanos Raven habían sucumbido al amor de una buena mujer,
la reputación de Kade sugería que seguía siendo un picaflor.
Yo era una romántica empedernida, pero tampoco tenía tiempo para
mantener una relación, ni ocasión para hacerlo. Si quería perder mi
virginidad con un hombre que, sin duda, sabía cómo complacer a una mujer,
entonces esta era mi oportunidad.
Levanté la cabeza y sus ojos verdes me miraban fijamente.
—Haré que te corras tanto, Morgan…
Tragué saliva, pensando que bastaría solo con que me mirara y me
hablara así para conseguirlo. Asentí y murmuré:
—Sí.
Su sonrisa lucía un toque de pillería y me besó de nuevo, antes de
decir:
—Será el mejor polvo de tu vida.
Dejé escapar el aliento, sabiendo que después de esta noche, no sería
la misma; y lo esperaba con ansias.
—Necesito un minuto —le dije, queriendo reunir el valor antes de
perderlo de nuevo—. Sube tú primero. Te veré allí.
Gruñó de frustración.
—No me dejes plantado, Morgan. Mi polla va a explotar si no se mete
dentro de ti pronto.
Siempre pensé que era el tipo de mujer que prefería una charla
romántica, pero Kade me estaba demostrando que esa teoría era errónea.
—Estaré allí. Lo prometo.
Me dijo el número de la habitación, y me tomé un respiro mientras lo
veía alejarse. Caramba, el hombre era potente. Una vez que pude sentir mis
piernas de nuevo, fui al baño. Mis manos temblaban mientras la adrenalina
corría por mis venas.
«Quiero hacerlo», exclamé para mí cuando empecé a tener dudas. No
porque no quisiera perder la virginidad, sino porque pensaba que sabía lo
que estaba haciendo. Además, no podría ocultarlo llegado el momento. Si
mi falta de experiencia no se hacía evidente de inmediato, él lo sabría con
seguridad en el instante en que me penetrara.
No era una experta en relaciones, pero había aprendido muchas cosas
gracias a la lectura y conversando con otras chicas, y sabía que los hombres
tenían ideas extrañas sobre la virginidad. A algunos les excitaba, lo que
sugeriría que debería decírselo a Kade. Pero otros evitaban ser los primeros,
porque les preocupaba que la mujer en cuestión creyera que aquello era
algo más. Como si se estuvieran reservando para alguien especial, y no
querían ser considerados así. Kade me había dicho que no creía que fuera a
sentar la cabeza, así que temía que se molestara y se sintiera obligado
conmigo cuando supiera que era virgen.
—Solo explícale que es algo de una noche —me dije a mí misma,
intentando tranquilizarme. Miré a la mujer del espejo, preguntándome si se
vería diferente después de hacerlo—. Solo hay una forma de saberlo. —Me
volví a aplicar el lápiz de labios y me eché hacia atrás algunos mechones de
pelo que se me habían soltado mientras bailaba con Kade.
No estaba segura de cómo llegué del baño al ascensor y al piso que
Kade me indicó. Me movía como una autónoma. Respirando hondo, llamé a
la puerta.
Se abrió inmediatamente, y Kade me tomó entre sus brazos en un
suave movimiento que me robó el aliento. Sus labios estaban sobre los míos
al segundo siguiente.
—Tenía miedo de que no vinieras —susurró mientras sus labios
recorrían mi cuello.
—Dijiste que me harías venir por la fuerza.
Levantó la cabeza y se rio.
—Me encanta tu sentido del humor.
¿Estaba siendo graciosa? Sus manos comenzaron a desatar la parte
trasera de mi vestido.
—Espero que no quieras ir despacio. Estoy desesperado por verte, por
tocarte.
Sus palabras me impresionaron. Pero entonces recordé que tenía algo
que decirle primero:
—Una cosa, Kade.
Sus ojos brillaban con molestia.
—Esto será solo esta noche. Una vez.
Esa mirada molesta se transformó en alivio.
—No soy de los que se comprometen, aunque pienso tenerte más de
una vez antes de que acabe la noche.
Mi coño estaba gritando para dejar de hablar y empezar a desnudarse.
—Una noche.
—Empezando ahora. —Me arrastró con él al dormitorio, nuestros
labios se fundieron y nuestras manos se movieron locamente mientras la
ropa quedaba desperdigada por el suelo, dejando un rastro detrás nuestra.
Nunca había estado desnuda frente a un hombre, y cuando me acostó
en la cama y se tomó su tiempo para contemplarme, me sentí cohibida. ¿Le
gustaría? Tenía un cuerpo más suave y lleno de lo que él estaba
acostumbrado. Era todo en lo que podía pensar para evitar cubrirme con los
brazos.
—Me encantan tus tetas —dijo mientras se colocaba sobre mí—. He
fantaseado con ellas desde que te conocí.
No pude responder, porque me chupó el pezón, quitándome toda
capacidad de hablar. O de pensar. Chupó y tiró y lo sentí justo entre mis
piernas. ¿Me correría solo con eso? Dios, esperaba que no. Sería tan
vergonzoso.
—Antes de que terminemos esta noche, quiero follarlas. ¿Puedo?
Respondí con un gemido mientras chupaba el otro pezón y me
pellizcaba el primero.
—Pero antes... —Bajó por mi cuerpo, sus labios me besaban y lamían
mientras bajaban más y más. ¿Iba a poner su boca ahí abajo? Sabía qué era
sexo oral, pero siempre pensé que era algo que la gente hacía en otro
momento. Por otra parte, solo estaríamos juntos esta noche, así que tal vez
habría que aprovechar. Vía rápida a la felicidad.
—Ábrete para mí, nena. —Me separó los muslos y colocó sus
hombros entre ellos—. Estás mojada. —Me miró desde entre los muslos—.
Esto es por mí, ¿verdad?
Asentí con la cabeza.
Su dedo acarició ligeramente el nido de rizos que me cubría. Se chupó
el dedo en la boca. Estaba fascinado por sus malos modos y me excité
porque estaba segura de que me iba a quemar. O a derretirme.
Probablemente ambas cosas.
—Hueles genial. Esto es lo que he querido comer toda la noche. —Su
lengua recorrió los labios de mi coño y joder, la sensación fue como un rayo
que comenzó en mi centro y se disparó a cada célula de mi cuerpo. Grité y
mis caderas se alzaron de la cama.
—Tan sensible. Me encanta. No te contengas, Morgan. Hazme saber
lo que te gusta.
Como si tuviera elección. Estaba total y completamente bajo su
control. Me estaba aferrando a la vida mientras la presión aumentaba y
aumentaba hasta que pensé que iba a estallar en pedazos. Habiendo tenido
un orgasmo, conocía los signos reveladores de una liberación inminente.
Pero la masturbación era un agradable estallido de sensación. Esto, lo que
Kade estaba haciendo con mi cuerpo, amenazaba con deshacerme por
completo.
—Kade —murmuré, tratando de que se detuviera. No estaba dentro
de mí. Necesitaba correrme con él dentro de mí.
—Córrete en mi boca, Morgan. Quiero probarte.
—Oh, Dios; oh, Dios...
Su lengua estaba dentro de mí, lamiendo las sensibles paredes de mi
coño y no tuve elección. La presa se rompió y yo grité mientras el placer se
estrellaba y luego inundó mi cuerpo como un tsunami.
Gimió contra mí mientras yo alcanzaba el orgasmo con su boca en mi
clítoris. Completamente agotada, me desplomé en el suave colchón. Él
había licuado mi cuerpo. Estaba segura de que nunca volvería a caminar.
No me importaba. Había oído hablar de orgasmos así, pero hasta ahora,
siempre había pensado que eran un mito perpetuado por las revistas y las
novelas románticas.
Levantó la cabeza, mostrando una sonrisa de satisfacción.
—Sabes tan jodidamente bien. —Se movió sobre mi cuerpo y me
besó, entonces pude saborearme en sus labios. Antes hubiera pensado que
eso no me habría gustado, pero en este momento me pareció algo tan sexi y
erótico.
Mientras me besaba, cogió un paquete de papel de aluminio de la
mesilla de noche. Hizo palanca en sus rodillas y finalmente pude ver su
erección. Era larga y gruesa. Lo alcancé, acariciando un dedo a lo largo de
ella. Me sorprendió lo suave y aterciopelada que era la piel, mientras que
debajo lucía dura como una piedra.
Siseó.
—No hay tiempo para eso. —Se puso el condón. Todavía de rodillas,
sentado sobre sus talones, tiró de mis caderas hacia él. Tomó su polla en
mano y frotó la cabeza sobre mi clítoris.
Jadeé, sorprendida de que pudiera excitarme después del orgasmo que
acababa de tener. Colocó la cabeza en mi entrada.
—Te deseo tanto, joder. —Apretó los dientes mientras me agarraba
las caderas. Me preparé para su invasión, sabiendo que probablemente me
dolería. Pensé que era mejor que lo hicieran. Yo quería eso. Lo quería a él.
Se zambulló, tomando mi virginidad de un rápido y duro empujón que me
robó el aliento y me hizo llorar.
Dejó salir un gruñido frustrado.
—Ah, mierda, Morgan. Eres virgen.
Capítulo 9
Kade
Sábado
Mi polla estaba jodidamente feliz al entrar en ese coño apretado, hasta
que mi mente comprendió que yo era el primero. Me dije que debía
retirarme porque no deseaba arrebatarle su virginidad a Morgan. Sentí que
su cuerpo cedía mientras atravesaba aquella barrera. Su respiración
acelerada y su llanto no eran de placer, sino de dolor.
—Joder, joder, joder... —Estaba sin aliento mientras luchaba por
frenar el impulso de seguir empujando.
Había estado con una virgen solo en una ocasión. Aquella también
había sido mi primera vez. Fue igual que ahora; tuve la sensación de
atravesar algo y noté un apretón alrededor de mi polla que no era de placer
sino de dolor. La primera vez, cuando empecé a salir, ella me detuvo,
diciendo que tenía miedo de que me doliera más. ¿La penetración era como
la herida de un cuchillo? ¿Sería peor sacarla que empujar? No lo sabía, pero
como no quería hacerle daño, hice lo que me pidió, hasta que me dio
permiso para sacarla. Ninguno de los dos disfrutó aquella noche.
Después de eso, elegí solo chicas con experiencia. Morgan tenía unos
veinte años, así que parecía inconcebible que fuera virgen. Nunca se me
ocurrió preguntarle, sobre todo porque besarla había sido tan apasionado y
erótico.
Con los recuerdos de esa primera vez en mente mientras seguía
completamente inmerso en Morgan, intenté tranquilizarme y recuperar el
control. La estudié con atención, mientras su mirada se fijaba en mi cara. Se
mordió el labio inferior y su expresión me confirmó lo que ya había
adivinado; era su primera vez y estaba sufriendo.
—Cuando te relajes, voy a retirarme —le dije.
Negó con la cabeza.
—No. Quiero sentirte dentro de mí.
Bien, eso era diferente.
—No quiero hacerte daño. —«Demasiado tarde para eso, tío», me
dijo la voz de mi conciencia. Pero si ya no estaba mojada y lista, podía
acariciarla hasta que se me pusiera dura si continuaba, y no quería eso.
—No lo harás. —Se metió la mano entre los muslos y se frotó el
clítoris.
Era jodidamente erótico y gemí.
—¿Qué estás haciendo?
—Me distraje un instante, pero si me vuelvo a excitar...
—Deberíamos parar.
—¡No! Quiero hacerlo. La parte difícil ya está. Solo dame un minuto.
¿Puedes?
Me habría reído si mi polla no me doliera tanto. Pero si ella quería
seguir adelante, ¿quién era yo para detenerla?
—Déjame a mí —le dije mientras me lamía el pulgar y luego lo
rozaba sobre su clítoris. Si ella estaba de acuerdo, iba a asegurarme de que
disfrutara.
—¿Te gusta esto, cariño? —le pregunté cuando me levanté y me senté
de nuevo sobre mis talones. Apoyé mis caderas en ella.
—Sí. —Su palabra salió en un largo silbido.
Decidiendo que estaba lista, me retiré lentamente y luego volví a
entrar, mirando su cara mientras me movía, dentro y fuera. Ella jadeó y
suspiró y gimió, pero no fue dolor lo que vi en su rostro. No, estaba
disfrutando.
—Sí —dijo otra vez mientras yo le agarraba las caderas y empujaba
un poco más.
—¿Estás bien? —pregunté.
—Sí, no te detengas. Dios mío, Kade, es fantástico.
Parecía excitada, y yo estaba a punto de explotar. Necesitaba
moverme, rápido y fuerte. Me agarré a sus caderas y, luego, dejé ir la
necesidad que me recorría el cuerpo.
—Joder, sí, sí —empecé a balbucear, mientras sentía que mi orgasmo
se hacía más fuerte—. Vamos, Morgan. Córrete...
Sollozó de nuevo, pero no como la primera vez que la penetré. Era el
llanto de una mujer a punto de llegar al clímax. Me agaché y me sumergí en
ella como si mi vida dependiera de ello.
—¡Sí, joder, sí! —grité, y mi voz resonó por la habitación. No me
habría sorprendido que me oyeran hasta en el salón de baile donde se
celebraba la recepción de Ash y Beth. Continué empujando contra ella,
exprimiendo hasta la última gota de mi semen en ese orgasmo.
Me apoyé de nuevo con mis manos tan agotado, que apenas podía
sostener la cabeza. Pasaron varios minutos antes de que pudiera hablar.
—¿Por qué no me dijiste que eras virgen?
Me las arreglé para salir de su interior.
—¿Por qué debería hacerlo? Sabía lo que estaba haciendo.
—Esto supone mucha responsabilidad. Debería haberlo sabido. —Me
aparté, sin saber por qué estaba tan enfadado pero siendo consciente de que
estaba actuando como un imbécil.
—Mi vida sexual no es de tu incumbencia. —Se alejó y se cubrió con
la colcha.
—Sí cuando tenemos sexo. —Me quité el condón y até el extremo.
No estaba seguro de haber llenado tanto uno como esta vez.
—Dijiste que querías follarme. Yo deseaba perder la virginidad.
Ambos conseguimos lo que queríamos; todos ganamos.
—Te dije que no soy de los que se comprometen. Una mujer que
espera perder su virginidad lo hace por una razón.
Morgan estaba molesta conmigo, pero yo también con ella. Intentaba
ser fuerte, pero las lágrimas se acumularon en sus ojos. Odiaba lastimarla
pero, joder, había roto mis propias reglas. Un hombre necesitaba saber si la
mujer con la que iba a acostarse era virgen.
—No me conoces ni sabes por qué esperé. Tal vez es porque no he
tenido la oportunidad de hacerlo porque los hombres no me encuentran
atractiva.
—Bueno, sabemos que eso no es cierto —contraataqué.
—O quizá no he tenido tiempo. O, incluso, tal vez nadie me ha hecho
desearlo tanto como para tener sexo. Hay muchas razones para esperar.
Además, te dije que esto sería solo cosa de una noche antes de empezar. No
te quiero ni a ti ni a tu dinero, así que puedes dejar de preocuparte por eso.
Era un maldito canalla, pero no podía dejar de sentir que debería
haberlo sabido.
—¿No se te ocurrió que si lo hubiera sabido podía haber sido más
tierno contigo? ¿Ir más despacio? —Tal vez por eso estaba enfadado. La
había tomado como un perro en celo.
—O hubieras dicho que no —me respondió ella.
—No sé por qué habrías de pensar eso.
—Porque eres una buena persona, y me habrías dicho toda esta
mierda sobre por qué esperé y cómo debería esperar a alguien especial.
—Primero, eso no es una mierda, y segundo, me das demasiado
crédito. ¿No te has enterado? Soy un salido. —Dicho esto, podría haber
tenido razón. Era una posibilidad de lo que habría pasado de saber que era
virgen, porque tenía razón: merecía que alguien que la amara fuera el que
tomara algo que había atesorado durante tanto tiempo.
Sintiéndome malhumorado, salí de la cama.
—Voy a tirar esto. —Me dirigí al baño para deshacerme del condón.
Me lavé la cara con agua fría y miré a la imagen del hombre que se
reflejaba en el espejo. Kade Raven: joven, guapo, soltero y multimillonario.
Al menos, así me describían los medios de comunicación y me veían las
mujeres. Excepto Morgan. O eso era lo que yo pensaba. O buscaba más de
mí o solo quería una aventura para perder su virginidad.
Mientras me estudiaba en el espejo, me horrorizaba darme cuenta de
que no estaba seguro de qué era peor. ¿Realmente me utilizó para perder su
virginidad? Supongo que era un doble rasero que me molestaba por eso,
pero a solas con mis pensamientos, no tenía que preocuparme por ser
juzgado.
Me preparé para volver a la habitación, vestirme y acompañarla a la
recepción. Actuaríamos con normalidad. Como si nada hubiera pasado.
«Excepto el mayor orgasmo de tu vida».
Abrí la puerta y me encontré la cama vacía.
—¿Morgan? —Fui hasta la sala y solo mi ropa estaba tirada en el
suelo. De la suya no había ni rastro.
—¡Morgan! —La llamé de nuevo. Se había ido—. ¡Joder! —Recogí
mi ropa y me vestí, diciéndome a mí mismo que su marcha era algo bueno.
No importaba que, por dentro, me sintiera indefenso. Había disfrutado cada
instante que había pasado con ella en el transcurso de los últimos días. A
pesar de que creía que debería haberme dicho que era virgen, me
emocionaba saber que era el primero en estar con ella.
Mientras me abrochaba la camisa, me sentí abrumado por emociones
opuestas: culpa, anhelo, confusión, molestia... ¡Joder!
Me pasé los dedos por el pelo.
—Tranquilízate, Raven.
Ella tenía razón. Conseguí lo que quería, y ella también. Ya estaba.
Habíamos acordado una noche, y aunque esperaba tenerla toda para mí, no
podía negar que la única vez había valido la pena. Pero ahora se había
acabado. Era hora de seguir adelante.
Abrí la puerta y llamé al ascensor. Dentro de una semana, sería solo
un recuerdo y estos locos sentimientos se habrían disipado. Volvería a ser el
Kade de siempre, en busca de una nueva conquista. Me reí de mí mismo
cuando entré en el ascensor. ¿A quién pretendía engañar? Después de esta
noche, ¿qué mujer se compararía con el dulce éxtasis que Morgan me había
dado? Mierda, estaba jodido.
Capítulo 10
Morgan
Dos semanas después. Martes
—Dios, otra vez no. —Gemí de frustración al sacar del horno la
segunda hornada de galletas quemadas.
Llevaba todo el día tratando de hacer galletas de azúcar de limón y
vainilla para llevárselas a Beth y Ash, que me habían invitado a cenar
después de volver de su luna de miel. Estaba ansiosa por ver a Beth y
escucharlo todo sobre su viaje con su sexy marido.
Por supuesto, la cena con Beth no era la razón por la que se me
quemaban las galletas, sino que no dejaba de pensar en Kade. Habría creído
que, después de dos semanas, el recuerdo de aquella noche se habría
desvanecido, sobre todo porque no era particularmente bueno.
Todo fue perfecto hasta que se enfadó porque no le había dicho que
era virgen. Tal vez debería haberlo hecho, pero eso no significaba que
mereciera la forma en que me trató.
Cuando entró en el baño para deshacerse del condón, me levanté, me
vestí y salí corriendo de la habitación. Pero no había sido capaz de superar
mi humillación. Supongo que por eso la gente decía que había que esperar
para tener sexo con alguien especial. No esperaba rosas y poemas, pero
tampoco su repulsión.
Para empeorar las cosas, esperé que llamara. Tal vez se disculparía.
Joder, incluso creí que querría verme. Pero no había tenido noticias suyas.
No hacía falta ser un genio para saber que ahora, dos semanas después, no
estaba interesado en mí.
Me preguntaba si había encontrado a alguien más en la boda. Tal vez
tenía a otra en vista para esa misma noche. ¿Por qué desperdiciar una bonita
suite?
Gruñí de frustración y tiré el guante del horno al otro lado de la
habitación. ¿Por qué fui tan idiota? Los cuentos de hadas no eran reales. No
para gente como yo. Beth consiguió el suyo, pero eso era diferente. Ella y
Ash estaban cortados por el mismo patrón. Eran almas gemelas.
—¿Quemaste las galletas otra vez? —preguntó mi madre cuando
entró en la cocina.
Parecía exhausta, y me sentí culpable por no estar más disponible
emocionalmente para ella. Con el lupus, trabajar limpiando casas tenía que
ser una tarea hercúlea. Trabajamos juntas en nuestro pequeño negocio de
limpieza. Yo había terminado con mis clientes temprano, y si fuera una
mejor hija, habría ido a ayudarla con los suyos.
—Sí. —Puse la tetera al fuego—. Siéntate, te haré un poco de té. La
próxima hornada, saldrá bien y podrás tomar algunas.
—¿Qué te pasa, cariño? —Mi madre ocupó una silla.
—Solo estoy distraída. Han pasado muchas cosas últimamente.
—Ya. —Extendió su mano y fui a sentarme con ella—. Dime qué te
pasa.
—No quiero agobiarte.
—La única carga es no saber qué ocurre y no poder ayudar. Dime,
Morgan, ¿qué sucede? —Me atusó el flequillo como si fuera una niña.
—Se trata de un chico.
—Ah —exclamó con un guiño.
—Está fuera de mi alcance. No sé en qué estaba pensando.
—¡Oye! Ningún hombre está fuera de tu alcance. Me oyes. Eres una
persona maravillosa y cualquiera sería afortunado de tener tu amor. La
verdad es que no hay nadie que te merezca.
Le sonreí.
—Eres mi madre, no eres parcial.
—Eso no significa que me equivoque. Mira lo mucho que trabajas.
Cómo te preocupas por mí. Cuánto ayudaste a Beth y Hannah. Quiero a
Beth como a una hija, pero no habría superado la muerte de su padre y lo de
su hermano sin tu ayuda.
—Eso no es cierto. —Beth era una mujer fuerte y capaz que se sintió
abrumada por el alcoholismo de su hermano y la inminente ruina financiera.
Sí, mi madre estaba enferma, pero yo ya estaba acostumbrada y sabía cómo
hacer que un centavo durara lo máximo posible.
—Tiene suerte de tenerte en su vida.
—Y yo a ella. —Me levanté—. Ahora, déjame hacer una nueva tanda
de galletas. Estoy deseando que me cuente cómo le fue en su luna de miel y
ver a Hannah. —Saqué todos los ingredientes para preparar otras galletas
—. Al menos, alguien tiene un final feliz.
—No te preocupes por eso, peueña. Algún día encontrarás un hombre
que te aprecie. —Mi madre vio cómo empecé a mezclar los ingredientes—.
¿Has pensado en vender dulces?
—En realidad, no. Es decir, me gustaría tener mi propio puesto de
comida, pero no serán productos horneados.
—Me siento mal de que no puedas hacerlo, Morgan. Una chica de tu
edad debería cumplir sus sueños, y aquí estás, atrapada conmigo limpiando
baños. Soy una carga para ti.
Dejé la cuchara y me arrodillé delante de ella.
—No vuelvas a decir eso nunca más. —Tomé sus manos en las mías
—. Te quiero, mamá, y no eres una carga. No me importa limpiar. Es un
trabajo honrado.
—Pero no tu pasión. Esperaba hacerlo bien para que pudieras salir
adelante y convertirte en lo que quisieras ser.
—Solo quiero estar aquí, contigo —le dije. Por supuesto, tenía otros
sueños, pero no la culpaba por eso. Era una madre maravillosa, y lo
estábamos haciendo bien. Prefería vivir con ella, que tener una vida perfecta
sin ella.
—No estás siendo sincera.
—Sí lo soy. ¿Me gustaría tener más dinero? Claro. ¿Trabajar en el
mundo de la restauración? Sí. Pero soy feliz, mamá. Me gusta la idea de que
seamos tú y yo contra el mundo.
Sonrió, y una lágrima cayó por su mejilla.
—Me temo que ya no soy una buena luchadora.
—Entonces, yo lucharé por las dos. —Le apreté las manos—. Tú y
yo, mamá.
Ella asintió y murmuró:
—Tú y yo, pequeña.
Kade
Jueves
Trabajé como un desgraciado estas últimas semanas, tratando de no
sentirme culpable por cómo traté a Morgan. Sabía que le debía una
disculpa, pero en ese momento, verla solo haría que la deseara de nuevo, lo
que no parecía una buena idea.
Pero, joder, quería volver a verla. No recuerdo que nunca una mujer
me persiguiera no solo en sueños, sino también durante mis horas de vigilia.
Cada nuevo plato que preparaba, quería servírselo para ver qué pensaba.
Por la noche, su exquisito cuerpo venía a mí en sueños, lo que significaba
que cada mañana me masturbaba con ella en mente. Era enloquecedor.
Con Ash de vuelta de su luna de miel, Chase convocó una reunión
para revisar varios proyectos. Me sentía un poco malhumorado y
probablemente terminaría discutiendo con uno o todos mis hermanos. Sin
embargo, no se me ocurrió ninguna buena excusa para no asistir, así que
entré en la sala de juntas y tomé asiento.
Mis hermanos ya estaban allí. Los tres parecían relajados y felices.
Malditos fueran.
—¿Estás bien, Kade? —me preguntó Chase.
—Sí, solo tengo trabajo que hacer. ¿Podemos empezar con esto?
Chase nos dio una visión general de los proyectos de papá en Europa,
ya que no estaba allí, luego repasó su propio proyecto en Florida, que tuvo
un comienzo difícil, pero que ya parecía encauzado.
Hunter nos informó de que todas las propiedades habían mejorado en
seguridad, empezando por las de Nueva York. Y no tenía nada nuevo que
añadir; todos los restaurantes estaban ganando dinero. Fin del informe.
Como Ash había estado de vacaciones, pensé que podríamos irnos
pero, por lo visto, aún tenía algo que contarnos.
—Beth ha presentado una propuesta para un programa de Pequeños
Negocios de Industrias Raven para ayudar a las mujeres empresarias.
—¿Qué pasa con vuestras esposas, todas necesitan meterse en el
negocio de los Raven? —Ya era bastante malo que mis hermanos parecieran
felices; no necesitaba a mis cuñadas en la empresa.
—¿Qué te pasa? —me preguntó Hunter.
—Nada —dije a la defensiva—. No creo que la visión de papá fuera
poner la compañía al servicio de vuestras mujeres. Se supone que deberían
dedicarse a ser esposas y madres.
—Sabía que eras un imbécil, pero no que fueras un cerdo sexista —
exclamó Chase.
Joder.
—No lo soy. Estoy de acuerdo en que hagan lo que quieran, excepto
hacerse cargo de Industrias Raven.
—No se están haciendo cargo —dijo Chase.
—Y ya hemos comprado McAdams. ¿Por qué no concederle eso a
Beth y enviar a Ben a casa? —Ese tío era un inútil.
—Tiene razón —dijo Hunter. Finalmente, tenía un hermano de mi
parte—. Aunque la idea de ese pequeño negocio también parece buena. ¿No
sería parte de la fundación?
—Podría ser, supongo. Pero creo que la fundación es más para causas
benéficas. Esto consistiría más bien en un préstamo y un programa de
entrenamiento. Ya tenemos a la primera beneficiaria, Morgan Andrews.
¿Qué, qué? Me enderecé en mi silla.
—Es la amiga de Beth, ¿verdad? —preguntó Chase.
—Sí. Siempre ha querido abrir un servicio de comidas. Tiene buenas
ideas, y creo que tendría éxito —dijo Ash—. Puedo encargarme de ello con
Beth, así que ninguno de vosotros tiene que participar.
—Espera, soy experto en restauración. ¿No debería tener algo que
decir? —pregunté yo. No dejaría escapar aquella oportunidad. Y no fue la
idea del restaurante lo que hizo que mi estado de ánimo subiera. De repente,
la idea de trabajar con Morgan para diseñar un menú y abrir un local me
animó.
—¿Qué tipo de restaurante quiere abrir? —se interesó Chase.
—Quiere montar un puesto de comida.
—¿Qué? —Me acobardé—. No esperará ganar dinero con un carrito
ambulante. El dinero está en la alta cocina.
—Eso no es lo que ella dijo que quería —respondió Ash.
—Probablemente estaba pensando en pequeño porque no tenía
fondos. Con el apoyo de los Raven, puede tener los recursos que necesite.
—Supongo que no estaría de más preguntarle. Pero Morgan tendrá la
última palabra. Es su negocio.
—Puedo ayudarla con esto —insistí.
—Kade tiene razón. Si va a tener una oportunidad de éxito, tal vez él
necesite involucrarse —comentó Chase.
—No hay problema —dijo Ash—. Pero es su decisión.
Cuando salí de la reunión, mi estado de ánimo se elevó
significativamente. Al menos, hasta que Ash entró en mi despacho con la
mirada que dejaba a las claras que estaba a punto de soltarme un sermón.
—Aquí tienes la información que hemos recopilado hasta ahora sobre
las ideas del programa de Beth, así como el negocio de Morgan. —Ash me
dio dos archivos.
—Los revisaré ahora.
Ash se sentó en la silla frente a mi escritorio.
—¿Qué pasa entre tú y Morgan?
—Nada. —Eso era cierto. Habíamos acordado una noche, y aunque
no salió según lo planeado, terminó exactamente como habíamos deseado.
Si tan solo pudiera olvidarla y seguir adelante, mi vida sería mucho más
fácil.
—Lo que te dije aquel día iba en serio, Kade. No es alguien a quien
puedas follarte y, luego, dejar tirada.
Intenté no poner los ojos en blanco.
—¿A qué has venido exactamente? —Me preguntaba si Morgan le
habría contado algo a Beth y, después, esta a Ash.
—Pareces muy interesado en este proyecto. Morgan es la mejor
amiga de Beth, y no quiero que le hagas daño.
—No tengo que follarla para ayudarla a abrir un restaurante.
—No quiero que te la folles, y punto. Ella merece a alguien mejor que
tú.
Fue una estupidez lo mucho que dolió ese comentario.
—Entiendo. Crees que soy un capullo que no merece lo que vosotros
tenéis.
Se echó hacia atrás.
—No.
—Ah, sí, eso es lo que querías que dijera.
—Mereces ser feliz con una mujer si la quieres. Pero has sido muy
claro, en tus palabras y acciones, que te gusta la vida de playboy. Lo que no
quiero es que Morgan no se convierta en una más de tus aventuras de una
noche.
Demasiado tarde. Lo miré con desprecio.
—A menos que... dejases ese estilo de vida. ¿Te gusta Morgan?
Sí.
—No. Sé cómo controlar mi polla, Ash. No soy yo quien dejó
embarazada a una chica.
—Ten cuidado, chaval. Es de mi mujer y de mi hija de quienes estás
hablando.
—No les estoy faltando al respeto. Solo digo que no soy un
irresponsable. No voy por ahí dejando embarazadas a las mujeres, no me
acuesto con internas, ni con terapeutas a las que les suspenden la licencia.
Esa es cosa vuestra.
Ash se sentó y me estudió.
—Tal vez deberías. A los demás nos ha ido bien.
Me incliné hacia adelante.
—Si voy a encontrar la felicidad metiéndome en líos como vosotros,
¿no debería follarme a la amiga de mi cuñada? ¿La que recibirá el dinero de
los Raven? Eso rompe las reglas de la ética.
La mandíbula de Ash se tensó.
—Mantén tu polla lejos de Morgan. Lo digo en serio, Kade.
Me recosté hacia atrás.
—Tengo trabajo que hacer.
Se puso de pie, y me alegré de que aceptara que lo despidiera.
—Hazme saber lo que piensas de estas propuestas.
Dios. Suspiré hondo. ¿Qué coño iba a hacer? No quería hacer caso al
consejo de Ash. La verdad era que me estaba arrepintiendo de haber
aceptado lo del polvo de una noche. Una vez con Morgan no fue suficiente.
Ya no era virgen. Las cosas que podría enseñarle... Mi polla saltó solo de
pensarlo.
Al mismo tiempo, Ash probablemente tenía razón en que no debía
arriesgar el proyecto de Beth o el corazón de su amiga. Eso significaba que
tendría que comportarme. Ser profesional con Morgan mientras poníamos
en pie su restaurante, porque de ninguna manera iba a tener un puesto
callejero.
No sería fácil mantener mi polla a raya, pero podría hacerlo. En este
punto, me alegraba tener una excusa para ver a Morgan de nuevo.
Estudié el programa de préstamos para pequeñas empresas que Ash y
Beth habían creado. En principio, tenía buena pinta. En lugar de ver la idea
de Morgan, fui a mi ordenador e investigué lugares que serían un buen
emplazamiento para un nuevo restaurante.
Entonces recordé uno que habíamos comprado recientemente en la
Quinta Avenida, no lejos del embalse. Era del tamaño adecuado para un
restaurante para principiantes, sobre todo para esa zona.
El antiguo propietario no sabía cómo llevar un restaurante, y se estaba
ahogando en deudas cuando lo compramos. Ahora mismo, estaba vacío, lo
que no era nada inteligente para nosotros. Tuve suerte de que mi padre o
mis hermanos no me molestaran por ello.
Dibujé un plan con algunas ideas sobre las mejores opciones de
comida para esa zona. Se las envié por correo electrónico a Ash, y luego
tomé mi abrigo y me dirigí a revisar el local para obtener más ideas,
contratar limpiadores y ver qué era lo que había que arreglar o reemplazar.
Mientras caminaba, sentí que la vida se arrastraba dentro de mí. Podía
ver a Morgan y a mí probando la comida y el vino. Cerré los ojos,
recordando cómo saboreaba la comida cuando comía. Aquello fue una
experiencia tan sensual para ella como lo fue para mí. Me maldije por no
haberle prestado atención si ponía o no la misma cara cuando tenía un
orgasmo.
Solo esperaba que no me odiara, o que no dejara que lo que había
pasado se interpusiera en el éxito que podría tener. En un mundo ideal, ella
todavía me querría. O al menos, querría lo que yo pudiera darle.
Quería que yo fuera quien le quitara la virginidad. Tal vez quería que
fuera yo quien le mostrara todas las formas en que un hombre y una mujer
pueden darse placer mutuamente. Solo de pensarlo, mi polla volvió a
responder.
—Eres una pesada —le dije.
Pero esa noche, mientras estaba en la cama imaginando un restaurante
con Morgan al frente llenándose de clientes, y luego fantaseaba con ella
chupándome en ese mismo establecimiento vacío, no me importó mi
erección.
Hubiera sido mejor si Morgan estuviera allí en carne y hueso, pero yo
tenía muy buena memoria e imaginación. Se me puso dura enseguida.
Después de limpiarme, me dormí sintiéndome emocionado por este nuevo
proyecto y las posibilidades que se me presentaban con Morgan.
Capítulo 12
Morgan
Miércoles
Estaba emocionada y nerviosa mientras me dirigía al Upper East Side
de Manhattan. La Quinta Avenida, justo al otro lado del parque, no era lo
que había imaginado cuando se me ocurrió la idea del carrito de comidas,
pero no podía objetar mucho al respecto.
Lo que Ash y Beth hacían por mí era increíble, y no quería parecer
desagradecida quejándome de que quería un carrito y no un restaurante.
Además, Ash probablemente tenía razón. Si iba a ganarme la vida con esto
para mantenernos a mí y a mi madre, y pagar sus crecientes facturas
médicas, tendría que pensar a lo grande. El único problema era que eso
también significaba un préstamo mayor, y eso me asustaba.
Llegué al local y abrí la puerta. Ash y Beth estaban dentro hablando
con Kade. Mi corazón se detuvo al verlo. Llevaba traje, pero se había
quitado la chaqueta y las mangas de la camisa estaban arremangadas. Se
hallaba inclinado sobre una mesa plegable señalando algo en los papeles
que tenía allí.
—Oh, hola, ya estás aquí —dijo Beth—. Ven a ver los planos.
Kade se volvió, su mirada se encontró con la mía, y un anhelo me
atravesó con fuerza. Lo de pasar solo una noche juntos había sido idea mía,
pero había sido una tontería porque, al mirarlo, todo lo que quería era
arrancarle la camisa y acariciar cada centímetro de él. Ni siquiera el
recuerdo de que le repugnaba mi virginidad podía detener la ola de deseo
que corría por mis venas.
Sonreí.
—Este sitio está muy bien.
Beth se apartó para que pudiera ver los planos. Era solo uno, pero me
di cuenta de que era más elegante de lo que había imaginado. Escuché
mientras Kade repasaba los planos, señalando ocasionalmente algún detalle
para decirme dónde se ubicaría algo.
—¿Qué piensas, Morgan? —me preguntó Ash—. ¿Se ajusta a la idea
que tenías?
Tragué saliva mientras me tomaba un momento para decidir si seguir
adelante o ser sincera.
—Bueno, esto es más de lo que imaginé. Había pensado en un puesto
de comidas que ofreciera fusiones de sabores. Ya sabéis, tacos coreanos o
pollo frito peruano. Algo informal donde la gente normal pueda comer.
Algo bueno, pero asequible.
—Tienes que pensar a lo grande, Morgan —me dijo Kade—. La
fusión de sabores es una buena idea, pero será mejor con otro tipo de
público. Gente dispuesta a pagar por una experiencia gastronómica.
El sudor se acumulaba entre mis pechos mientras se intensificaba el
miedo a lo que estaba aceptando.
—No soy chef, ni rica. No sé cómo hacer eso. Me gusta la comida y
me siento segura de mis propios platos, pero esto... —Eché un vistazo al
local. Era grande pero, al mismo tiempo, sentí que me estaba asfixiando.
—Para eso me tienes a mí. —Sonrió, y por un momento deseé que
dijera que lo tenía de otra manera—. Tengo la experiencia y el
conocimiento de los que tú careces. Tú tienes las ideas. Yo puedo ofrecerte
guía y ayuda en la ejecución.
—¿Cómo? Tienes tus propios restaurantes, además de los de los
Raven.
—Soy experto en delegar y realizar múltiples tareas. Tengo un chef
que busca un cambio, y creo que esto le motivará. Contrataremos a un
gerente para que se encargue de la gestión general, lo que te permitirá crear
tus recetas y sorprender a los clientes, así como tener algo de tiempo libre
para tu vida privada.
Había un brillo en sus ojos al mencionar esto último. Quería creer que
deseaba que lo pasáramos juntos, pero eso era una estupidez. Si deseaba
verme, todo lo que tenía que hacer era coger el teléfono, no ayudarme a
abrir un restaurante. Solo estaba aquí porque era su especialidad.
—Esto es... es demasiado.
Beth me rodeó con su brazo.
—Sé que estás abrumada. Esto es más de lo que habías planeado,
incluyendo el dinero y el riesgo, pero, cariño, todos creemos en ti y en tu
idea.
Eso no era cierto. Aquello no era idea mía. Mi idea era más pequeña.
Pero no pude evitar sentirme emocionada por el potencial de aquel local. Y
tenía que creer que Kade no formaría parte del proyecto si no pensara que
podría funcionar.
—Estaré a tu lado en cada paso que des, Morgan —me aseguró Kade.
Mi corazón se estremeció en mi pecho. La idea de trabajar tan cerca
de él me excitaba y aterrorizaba. Quería verlo trabajar. Deseaba compartir la
pasión por la comida con alguien que la amara como yo. Quería tocarlo y
que me mostrara cómo podría ser entre un hombre y una mujer. La parte
que me asustaba era que me enamoraría de él. Más todavía.
—Sí, está bien —dije, esperando que el temblor de mi voz no les
hiciera dudar de mi capacidad para asumir esta tarea desalentadora—. Pero
puedo encargarme yo. No necesitamos gastar dinero contratando un
gerente. Necesito aprender de todos modos.
—Lo aprenderás, pero no tienes que hacerlo —dijo Kade—. La clave
del éxito, en cualquier cosa, es centrarse en lo que eres buena y delegar las
tareas necesarias en aquellos que son mejores que tú.
Pude comprender lo que me decía, pero pagar un gestor resultaría
demasiado caro.
—Ahorrarás a largo plazo —comentó Ash—, si es el dinero lo que te
preocupa.
—Siento que si delego todo, no habrá nada que pueda hacer.
—Hay mucho que hacer —exclamó Kade—. Crear recetas nuevas y
diseñar menús lleva mucho tiempo. En esencia, tú eres la experta.
—¿Eso no es cosa del chef?
—Los chefs son expertos en cocina, y pueden participar en la
planificación del menú. Sin embargo, al final, su trabajo es dar forma a tus
ideas. Para cumplir con tu visión.
Eso tenía sentido.
—La otra parte de este programa es que recibirás clases de
administración empresarial —dijo Beth.
—¿Quién será mi mentor?
—Yo. —Kade extendió sus manos.
—A menos que tengas algún problema con eso —dijo Ash.
Kade frunció el ceño.
—No. ninguno.
Kade miró a Ash mientras me rodeaba con su brazo.
—Morgan y yo vamos a dedicarnos a la gastronomía y ganar una
millonada juntos.
Sentir su cuerpo presionado contra el mío encendió cada una de mis
células. Si Beth y Ash no estuvieran delante, podría haberme lanzado sobre
él.
—Esto es asunto tuyo —continuó Ash—. Beth tiene razón, creemos
en ti, pero cuando todo está dicho y hecho, este será tu negocio. Ganar o
perder, éxito o fracaso, será tuyo.
—¡Cenizo! —Beth lo miró con desprecio—. No seas tan catastrofista.
—Si no está convencida, no debería hacerlo. Los negocios son lo
suficientemente difíciles como para tener éxito. Si no es tu pasión o tu idea,
es casi imposible.
No era el plan que yo esperaba, pero no podía rechazarlo. Mi mejor
amiga me ofrecía la oportunidad de mi vida. Y aunque no era lo que había
pensado, tampoco estaba tan lejos. La comida seguía siendo lo que yo
quería. Solo que era a mayor escala. Con la tutela de Kade, ¿cómo podía
perder? Tenía demasiado que ganar para no decir que sí.
—Muchas gracias a todos. No puedo deciros lo agradecida que estoy.
Prometo no decepcionaros.
—Escuchad, tengo que irme, pero planeemos reunirnos el martes,
Morgan. ¿Te parece bien? —me preguntó Kade.
—Sí.
—¿Qué tal aquí? —sugirió.
—Sí, de acuerdo.
—Excelente. —Me sonrió de un modo que casi me desmayo—. Te
veré en la oficina, Ash. Dale un abrazo a mi sobrina cuando la veas, Beth.
Kade salió, y yo dejé escapar un respiro. Era un hombre poderoso y
potente.
—¿Estás segura de esto?—me preguntó Ash.
—¿Por qué no iba a estarlo? —cuestionó Beth, estrechando los ojos.
—Kade puede ser... excesivo.
—Es entusiasta y apasionado. —Beth se volvió hacia mí—. ¿Tienes
algún problema con Kade?
Sacudí la cabeza.
—No.
—Lo único que debes tener en cuenta con Kade es su libido —me
advirtió Beth.
Me reí.
—No te preocupes por eso. No soy su tipo.
—Yo no estaría tan seguro —murmuró Ash.
Su comentario hizo que Beth le agarrara las solapas.
—Habla, Ash. ¿Qué sabes?
Levantó las manos para rendirse. Contuve la respiración mientras me
preguntaba qué diría.
—No sé nada. Solo parece interesado en Morgan.
—Bueno, ¿y por qué no? Es hermosa e inteligente. Y le apasiona la
comida, como a él.
—Cierto —estuvo de acuerdo su marido.
—Es por la comida —dije—. Compartimos el mismo interés por la
cocina.
—Ves —le dijo Beth a Ash—. Te preocupas demasiado.
La rodeó con un brazo y la acercó a él.
—Me vuelves loco.
Ella sonrió.
—Bien.
Me encantaba verlos juntos, pero a menudo, me sentía como una
carabina.
—¿Os dejo solos?
Beth se separó de él.
—No. Lo siento.
—¿Qué tal si pasamos por casa antes de que vuelva a la oficina? —
dijo Ash, con un brillo en sus ojos.
Sabía lo que eso significaba.
—Cof, cof. Sois adorables. Molestos, pero adorables. Tengo que irme
a casa y ver cómo está mi madre. Sois bienvenidos... no, en realidad, no.
Nada de sexo en mi restaurante.
Ash se sonrojó. Beth parecía intrigada.
—Tal vez podamos ir a Jet.
—Oh, Dios. Demasiada información. —Me dirigí a la puerta—.
Gracias. De verdad. Voy a hacer que os sintáis orgullosos de mí. —Al
menos, iba a intentarlo con todas mis fuerzas.
Capítulo 13
Kade
Martes
Llegué al restaurante temprano. Era vergonzoso lo ansioso que estaba
de ver a Morgan. Por alguna razón, el haberme reunido con ella la semana
pasada aumentó la obsesión que ya tenía. Ella no solo me perseguía ahora,
sino que era parte de mí. Era molesto, y aún así, emocionante.
Pasé las primeras semanas después de esa noche con ella tratando de
olvidarla. Eso resultó imposible. Así que satisfice mis impulsos, usando su
imagen cuando fuera necesario. Recordé lo apretado y lo jodidamente bien
que se había sentido estar dentro de ella. Me maldije a mí mismo por
arruinarlo todo porque si lo hubiera hecho bien, la habría tenido toda la
noche, y tal vez más veces después de aquella.
Tuve que controlarme. La asustaría si le dijera todas las imágenes
sucias que bullían en mi cabeza. Necesitaba ser profesional porque este
esfuerzo requería atención y cuidado. La buena noticia era que el proyecto
me permitiría explorar esa atracción, o lo que fuera. ¿Se terminaría con el
tiempo, o se cocería a fuego lento?
La puerta se abrió y ella apareció, sonriendo al verme. ¡Dios! Me
puse la mano sobre mi pecho. Morgan revisó el local, y yo aproveché para
tratar de recordar qué era lo que necesitaba decirle.
—¿Son esas las muestras de pintura? —me preguntó mientras
caminaba hacia la mesa de trabajo.
Oh, sí, íbamos a hablar del diseño de nuestro restaurante.
—Sí. —Me coloqué a su lado, inhalando su dulce aroma, y
preguntándome qué pensaría si me oyera referirme al local como «nuestro»
en vez de suyo.
—Había pensado en emplear maderas oscuras y colores terrosos,
como el oro. Ya que la fusión incluye alimentos extranjeros, estos tonos
serán fáciles para fusionar varias culturas.
Estudió los colores y asintió con la cabeza, aunque no estaba seguro
de que le gustaran realmente. No podía saberlo porque estaba distraído por
el calor que ella desprendía. Me picaban los dedos por tocarla otra vez.
—¿No crees que lo harán demasiado oscuro? Quiero algo que se
sienta suave y agradable. —Cuando no le respondí enseguida, giró la
cabeza, y esos dulces labios estaban ahí para tomarlos.
—Ah... esto es sofisticado, pero accesible —tartamudeé.
Tenía que saber que estaba cautivado por ella.
Sus mejillas se sonrojaron cuando se mordió el labio inferior, y eso
fue todo. Yo estaba en las últimas.
—Ah, joder, Morgan —dije, acercándola hacia mí—. Me moriré si no
te pruebo. —Cuando no me apartó, lo tomé como una señal. Mi boca cubrió
la suya en un beso que consumió todo y que causó fuegos artificiales en mi
mente. Cuando separó sus labios y me invitó a entrar, me pregunté si mi
cerebro seguía ahí, porque me dejó completamente alucinado.
La giré, presionándola contra la mesa. Le rocé el estómago con la
polla, esperando que me dejara tenerla de nuevo. Gracias a Dios que
cubrimos las ventanas con papel durante las obras. De lo contrario,
cualquiera que pasara por allí me vería encandilado por esta mujer.
—Te deseo —dije, sin ocultar la desesperación de mi voz mientras le
tiraba del lóbulo de la oreja con los dientes—. Dame otra oportunidad,
Morgan.
Ella jadeó, y sus manos se agarraron a mis hombros.
—Quiero estar en tu interior de nuevo.
—Yo también te deseo.
Gracias a Dios. Le bajé la cremallera del vestido y se lo bajé por los
hombros. En unos segundos, lo tenía alrededor de su cintura y el sujetador
tirado sobre la mesa.
Deslicé mis manos por sus muslos, tirando de la falda de su vestido.
—Puedo oler tu dulzura —dije, deslizando mi dedo sobre sus bragas
mojadas. Gruñí por lo empapada que estaba, y le bajé la ropa interior.
Sus dedos se centraron en mi cinturón y el botón, y me bajó los
pantalones y calzoncillos a la vez.
—Ven aquí, nena. —La senté sobre la mesa y le abrí los muslos—. Te
deseo tanto, pero haremos esto despacio. No quiero hacerte daño.
—No sé si importa ahora —dijo, pareciendo un poco vulnerable.
—Por si acaso. —Una ola de ternura me atravesó. Sostuve su cara
entre mis manos y la besé con suavidad.
Suspiró.
—Te deseo.
Tomé mi polla en la mano y presioné la cabeza contra su entrada. La
empujé hasta que estuve dentro de ella.
Morgan inclinó la cabeza hacia atrás.
—¿Estás bien?
—Quiero más, Kade.
Me mecí en cortos movimientos, avanzando un poco más con cada
empuje.
—Más, más, más —decía.
Me estaba volviendo loco tratando de tomarme tiempo porque me
juré que, esta vez, sería perfecto para ella. Sin dolor. Solo placer.
Finalmente, estaba en lo más profundo de mi ser. Su coño se contrajo
y me masajeó la polla y fue la sensación más deliciosa que jamás había
sentido.
—Haz que me corra, Kade.
La besé con fuerza, y luego le agarré las caderas. Me zambullí, gruñí,
la follé y fue perfecto.
—¡Oh, Dios! —gritó, y sus dedos se clavaron en mis brazos. Sus
caderas se doblaron y su coño se agarró tan fuerte a mi polla que, por un
momento, lo vi todo negro.
—Joder, me corro. —Impulsé las caderas como un maníaco en busca
del orgasmo hasta que finalmente alcancé el clímax—. ¡¡Joder!!
Incluso después de la primera explosión, mis caderas continuaron
moviéndose hasta que me desplomé sobre ella.
—¿Morgan?
—¿Hmmm?
—Mi cabeza sigue ahí.
Sus dedos recorrían mi pelo mientras soltaba una risa suave.
—Sí.
—Creo que no puedo sentir las piernas.
—Genial, porque yo tampoco.
Levanté la cabeza.
—Necesitaba tanto esto. ¿Sabes lo jodidamente distraído que estaba?
Su sonrisa era tan hermosa, que mi corazón se saltó un latido.
—Me haces sentir especial.
—Lo eres. —Me di cuenta de que al ser su primera experiencia
sexual, ningún hombre le había dicho lo hermosa y asombrosa que era. Era
un crimen. Al mismo tiempo, no quería que pensara que mi único interés en
ella era sexual. Me recriminé a mí mismo cuando me di cuenta de que
probablemente podría pensar eso. Después de todo, no la había llamado
después de la boda de Ash y Beth. Seguro que pensó que tenía lo único que
quería y que todo había acabado. Era un imbécil.
Me enderecé y la ayudé a levantarse.
—No quise que sucediera así la otra vez. No es que no quisiera,
pero... —Joder, ¿por qué no podía encontrar las palabras adecuadas?
—No me importó.
Le sonreí.
—Me encanta cómo te arriesgas con todo.
—La vida es para ser vivida. —Se volvió a poner el sujetador y metió
los brazos en las mangas del vestido.
—Solo quiero que sepas que no soy un puto salido.
Alzó una ceja.
—Ahora no. No contigo —le aclaré.
Sonrió, pero tuve la sensación de que no estaba segura de qué hacer
ante mi declaración. Sintiendo que lo estaba haciendo de pena
explicándome, decidí pasar a un nuevo tema.
—Ahora que hemos bautizado el local, ¿qué tal si resolvemos lo del
diseño?
—Para eso estoy aquí, pero esta bienvenida fue agradable. Liberó mis
jugos creativos.
Sonreí.
—Aún no has visto a los creativos.
Hubo un destello de pasión en sus ojos que me hizo sentir bien sobre
nuestras probabilidades de futuro. Mientras tanto, teníamos cosas que hacer.
Trabajamos con los materiales de diseño. Ella estaba de acuerdo con
los planes, pero no estaba seguro de que le gustaran las ideas que yo tenía.
Sin embargo, no la presioné para que compartiera sus pensamientos, ya que
mi papel era el de aconsejarla como experto. Sabía cómo abrir un
restaurante de éxito, y aunque la comida formaba parte de esa ecuación, la
atmósfera también era importante.
Recorrimos la cocina, donde había hecho que instalaran todos los
nuevos aparatos y áreas de trabajo. Habían terminado ayer, así que estaban
relucientes. Su expresión fue brillante como el sol cuando se adentró allí.
Estaba claro, sin embargo, que trabajar con ella sería una distracción.
—Deberíamos contratar a un gerente lo antes posible —dije.
—¿Por qué?
—Porque él hará más cosas que nosotros. —Diciéndome «qué
demonios», la tomé en mis brazos otra vez—. Podríamos trabajar ahora,
pero creo que mejor te besaré.
Me rodeó el cuello con sus brazos.
—¿Así es como empiezas todos tus restaurantes?
—No. —Me abalancé para capturar el dulce sabor de sus labios. No
me cansaba de ella—. Te deseo de nuevo —dije presionando mi polla
totalmente erguida contra ella.
—¿Dos veces en un día?
—Podemos ir por tres o cuatro si quieres. —Le levanté el vestido y le
bajé las bragas. Luego la senté sobre el mostrador y le abrí los muslos.
—Está frío —exclamó al notal el metal en el trasero.
—Déjame calentarte, nena.
No, no podía tener suficiente de esto. No quería tener suficiente de
ella. Me gustaba este anhelo, y me gustaba satisfacerlo.
Capítulo 14
Morgan
Martes
En el metro, de camino a casa, me sentí feliz, pero con cautela. Sabía
que podía enamorarme fácilmente de él, así que tenía que recordarme a mí
misma que el sexo no era amor. Éramos solo dos adultos que disfrutaban el
uno con el otro.
El beneficio añadido para mí era que estaba adquiriendo experiencia,
y descubriendo lo que hacía que mi cuerpo gritara de placer, y lo que hacía
que los hombres se volvieran locos. Lo que sea que pasara entre Kade y yo,
al menos, me daría eso.
Estaba casi tarareando cuando entré en el apartamento.
—¿Mamá? —La llamé para que supiera que estaba en casa. No me
respondió. Miré el reloj para comprobar la hora. Tal vez no había regresado
de su último trabajo todavía. Fruncí el ceño cuando me di cuenta de que ya
debería haber llegado—. Mamá —volví a llamarla mientras me dirigía a la
cocina.
Encendí la luz y jadeé.
—¡Mamá! —Me apresuré a verla en el suelo—. ¡Mamá!— Le di la
vuelta y le tomé el pulso. Agarré mi bolso y saqué mi teléfono para llamar a
emergencias.
—¿Morgan? —La voz de mi madre era débil, y sus ojos permanecían
cerrados.
—Ya estoy aquí, mamá. Estoy llamando a la ambulancia.
—Cama. Descanso.
—No, vamos al hospital. —Me preguntaba si había estado
escatimando sus píldoras para ahorrar dinero. La había pillado haciéndolo
una vez, y la regañé. Si lo hacía de nuevo, me tragaría mi orgullo y pediría
ayuda a Beth. Mi madre lo odiaría, pero no debería sufrir y, posiblemente,
morir porque fuéramos pobres.
En cuestión de minutos, llegó la ambulancia. De camino, les expliqué
a los enfermeros que padecía lupus y la medicación que estaba tomando. La
había dejado en casa, pero la tenía anotado en el móvil.
Cuando llegamos al hospital, la pusieron en una silla de ruedas
mientras yo me encargaba del papeleo y esperaba. Me dio tiempo para
pensar. Llegué a dos conclusiones: una, que quizás era hora de ver si tenía
una discapacidad médica; y dos, que tenía que conseguir que el restaurante
funcionara para tener dinero con el que cuidarla.
Aunque el restaurante que Kade estaba creando no era lo que yo había
soñado, él había dicho que sería de lujo, lo que significaba dinero. Si
alguien sabía cómo montar un restaurante de lujo, ese era él. Seguiría su
ejemplo, aprendería todo lo que pudiera, y luego trabajaría hasta que tuviera
éxito.
Kade
Viernes
Llegué al restaurante a primera hora de la tarde. Los diseñadores
habían hecho un gran trabajo. Las paredes y la decoración estaban listas, las
mesas y las sillas colocadas, y la barra había sido reformada.
Una ventaja de comprar un restaurante ya existente era la rapidez con
la que se podía dar la vuelta y reabrirlo, sobre todo cuando había fondos en
abundancia. Vale, esto se consideraba un préstamo, así que trabajamos para
ser comedidos como fuera posible sin sacrificar la calidad.
El único desafío era Morgan. Primero, estaba el hecho de que no
podía dejar de pensar en ella. Y segundo, lo distraída y distante que parecía.
Después de nuestro encuentro de hacía unos días, pensé que seguiríamos
viéndonos, pero desde entonces, apenas lo había hecho. Y cuando lo hice,
insistió en que nos reuniéramos al final de la tarde, y luego, una vez que
hablamos de negocios, se marchó corriendo.
Comprobé la hora, eran las tres en punto, la hora en que me había
citado para nuestra reunión de hoy. Pero no había llegado todavía. ¿De
verdad le interesaba el restaurante? Beth y Ash se habían esforzado mucho
por ella; lo menos que podía hacer era interesarse tanto como nosotros.
La puerta se abrió y Morgan entró corriendo. Parecía agotada. Tenía
ojeras y su pelo, recogido en una cola de caballo, lucía un poco
desordenado por el viento. Estaba muy sexy, pero no era el aspecto que
buscaba.
Llegó sin aliento.
—Ya estoy aquí. ¿Qué hay en la agenda de hoy?
—¿Estás bien? —le pregunté, haciendo un gesto para que se sentara
en un reservado en la parte de atrás.
—Sí. Solo que muy ocupada.
—¿Demasiado para preocuparte por la apertura de tu propio
restaurante? —Mi tono fue un poco más grave de lo que me hubiera
gustado.
Alzó la cabeza de golpe dejando a medio sacar una carpeta del bolso.
—No. Estoy aquí. Y revisé la lista de los candidatos para el puesto de
gerente como me pediste. —Puso la carpeta sobre la mesa.
—Este es tu restaurante, Morgan.
Sus ojos se entrecerraron y, por un momento, temí que me
contradeciría. En cambio, se mordió el labio como si fuera a llorar. ¿Qué
coño estaba pasando?
Negó con un gesto de cabeza.
—Tienes razón. Pero ya estoy aquí, y estoy lista. Todos estos
candidatos me parecen muy bien.
La miré por un momento y luego asentí con la cabeza. Molesto como
me sentía por su falta de dedicación al restaurante, todo lo que quería hacer
era cogerla entre mis brazos y besarla. Podría haberlo hecho, pero la puerta
se abrió y entró una mujer de mediana edad bien vestida.
Me levanté para saludarla.
—Soy Kade Raven.
Ella sonrió ampliamente.
—Es un gran honor conocerlo, señor Raven.
Morgan vino a mi lado.
—Ella es Morgan Andrews. Es la dueña de este establecimiento, y
sería su jefa.
—¿Oh? ¿Este no es un restaurante de Industrias Raven?
Noté cierta decepción en su voz.
—Es parte de nuestro nuevo programa para ayudar a pequeñas
empresas. Estoy ansioso por ver el éxito de la señorita Andrews. Y
buscamos gente que pueda ser parte de su equipo.
Como si se atrapara a sí misma, la mujer dijo:
—Eso es maravilloso. Soy Candace Gillian. —Alargó la mano y
estrechó la de Morgan.
Nos sentamos en el reservado, con Morgan cerca de mí mientras
Candace ocupaba el otro lado.
Yo estaba listo para tomar la iniciativa, pero Morgan se me adelantó.
—Señorita Gillian, ha trabajado en muchos establecimientos, pero la
mayoría de la gente no cambia tanto de empleo como usted. Me pregunto
por qué lo ha hecho, especialmente en los últimos tres años.
«Vaya, va directa al grano», pensé mientras la miraba. Candace debió
pensar lo mismo.
—Le aseguro que soy una buena trabajadora. Si llama a mis
referencias, le dirán...
—Estoy segura, pero necesito a alguien con quien contar a largo
plazo. Aunque no podemos saber qué nos deparará la vida, busco un
gerente que se comprometa a colaborar conmigo, no a alguien que
considere mi restaurante como... digamos… propiedad de los Raven.
Me mordí el labio para no sonreír con orgullo ante la postura directa
pero amable de Morgan. Continuó así con todos los candidatos hasta el
punto que me preocupaba que no encontráramos a ninguno que se ajustara a
ella.
El cuarto de los cinco candidatos a entrevistar era John Parker, a
quien me preocupaba que rechazara porque tenía experiencia en un
restaurante con estrella Michelin. Estaba seguro de que Morgan pensaría
que también estaba viendo aquello como un paso más en su carrera.
Era el más joven de nuestros entrevistados, probablemente de mi
edad. Vestía bien, y sospeché que parte de su éxito hasta ahora era que era
un tío guapo y con encanto. Seguro que podía hacer que los clientes se
sintieran importantes, lo que a su vez facilitaba su opinión positiva sobre su
experiencia gastronómica.
Como era de esperar, Morgan no perdió el tiempo en preguntarle por
qué se presentaba cuando claramente estaba tan calificado.
—Si quieres trabajar en un restaurante de los Raven, deberías solicitar
un puesto allí —terminó.
—Ya veo por qué piensas eso —comenzó con una sonrisa afable y
tuteando a Morgan. El hecho de que le hablara a ella, y pareciera ignorarme,
sería un buen comienzo para él—. La verdad es que, aunque tienen mucho
prestigio, me gusta trabajar en restaurantes nuevos y ayudarles a tener éxito.
Me encantan los desafíos.
Ella lo estudió un momento.
—¿Crees que mi local tendrá éxito?
—En parte, eso depende de ti. Yo trabajaría para ti, así que me
esforzaría por lograr tus objetivos. —Le echó un vistazo al restaurante—.
Por cómo está, diría que quieres atraer a gente rica. Competirás con muchos
otros establecimientos importantes, incluyendo los de los Raven.
Se inclinó hacia adelante.
—¿Crees que puedes hacer eso?
Se inclinó hacia ella, y hubo una pequeña conexión entre ellos que no
me gustó.
—Sé que puedo, señorita Andrews.
—Me gusta —dijo cuando terminó la entrevista.
—Apuesto a que sí —refunfuñé.
—¿Qué?
Me estremecí con esta extraña sensación.
—Tiene experiencia, y a tus clientes les gustará. Es una buena
elección.
—¿Pero? —Se giró para mirarme a la cara.
—No hay ningún pero. Trabajará contigo para ver tu visión, y te
ayudará a poner el restaurante en el mapa.
—¿Por qué creo que no te gusta?
—Solo quieres tener cuidado con tíos como él. Es brillante, como la
cera para suelos. Solo debes asegurarte de no resbalar.
Se carcajeó.
—O sea, ¿como tú?
Me eché para atrás.
—No soy brillante. Arrogante, confiado y, en ocasiones, tal vez un
imbécil, pero lo que ves es lo que soy. Y no estoy seguro de que ese sea el
caso de John Parker.
Morgan pareció pensar en eso.
—Puede que tengas razón. ¿Crees que no se ha mostrado sincero?
—No. Creo que sí le gusta el desafío que supone empezar de cero en
un proyecto como este. Tiene razón en que resulta emocionante. Solo ten
cuidado de que no se haga cargo de demasiadas cosas. Este es tu
restaurante, Morgan.
Me miró y parpadeó, y otra vez me dio la impresión de que iba a decir
algo, pero luego se dio la vuelta.
—¿Sabes cuál ha sido la parte más difícil de todo esto para mí?
—¿Cuál?
—Mantener mis manos y labios lejos de ti. —La acerqué a mí,
fusionando mis labios con los suyos. El deseo inundó mi cuerpo. Esto era lo
que me había estado perdiendo los últimos días. Esta conexión. Este calor.
Me emocioné cuando se derritió en mis brazos y me devolvió el beso.
El sonido de la puerta abriéndose, nos sobresaltó a ambos y maldije.
Un hombre mayor, de aspecto distinguido, entró.
—Soy Allan Barney.
—Señor Barney —dije poniéndome de pie y extendiendo la mano—.
Soy Kade Raven, y ella es Morgan Andrews.
Nos dio la mano y se sentó.
Morgan tomó un enfoque ligeramente diferente con el señor Barney.
Tal vez fue por su edad; debía tener al menos sesenta años.
—¿Qué le hace querer trabajar con nosotros? —le preguntó.
—He trabajado en el negocio de los restaurantes toda mi vida. A
pesar de lo que la gente me aconseja, no deseo retirarme. Pero tampoco me
interesa ascender rápido.
—¿No cree que este local pueda lograr eso? —le preguntó.
—Puede, sí. Pero ahora mismo, es un restaurante pequeño y
desconocido. Cuenta con el apoyo de los Raven, y eso la ayudará, pero
tendrá que probarse a sí misma. Soy una persona tranquila, lo que será una
ventaja mientras usted se preocupa por hacer crecer este negocio.
—¿Y luego qué? —le preguntó Morgan—. ¿Pasará a otro proyecto?
Se removió en la silla un poco.
—Le aseguro que me tomo mi trabajo en serio. Busco ser parte de un
equipo, no otro engranaje más. —Me miró y supuse que pensaba que mis
restaurantes eran más bien máquinas, y que no se tenía en cuenta al
personal. Ese no era el caso, pero sabía que ocurría en muchos restaurantes.
—No pretendía ofenderle —dijo Morgan—. Pero quiero a alguien
que desee quedarse conmigo. No a alguien que vea esto como un escalón
más en su trayectoria profesional o un trabajo a tiempo parcial.
—Yo tampoco lo veo así. Trabajaré hasta que me caiga porque me
gusta trabajar. La única razón por la que dejé mi último empleo fue porque
el dueño vendió el local, y la nueva dirección quería gente más joven.
—No parece inteligente deshacerse de la gente que ayudó a que un
restaurante tuviera éxito —dijo.
Se encogió de hombros.
—No todo el mundo es tan astuto como usted.
Terminamos la entrevista, y como era el último, lo acompañé afuera y
cerré la puerta. Tal vez si tuviera suerte, tendría algo de tiempo a solas con
Morgan.
—Me gusta —dije mientras me dirigía a ella. Estaba recogiendo sus
carpetas.
—Y a mí también. Pero sigo pensando que John es la mejor opción.
—¿John? ¿Ya le llamas por el nombre de pila?
Puso los ojos en blanco.
—El señor Parker. Tiene energía y ganas. Creo que la gente le
responderá.
—Para eso, debes estar en el restaurante. Planeas estar aquí, ¿no?
—Sí, por supuesto. —Se puso la correa del bolso sobre el hombro.
Iba a marcharse. Hoy no era mi día de suerte.
—A pesar de todo el entusiasmo que pones en la búsqueda de un
gerente, no pareces muy comprometida.
Se detuvo y me miró.
—Sí, lo estoy. Es que tengo muchas cosas que hacer en este
momento.
Suspiré.
—Morgan, no puedes hacer esto si no estás cien por cien dedicada a
ello. Lo que sea que tengas que hacer, puede esperar.
Su voz se volvió fría.
—No, no puede. —Miró su reloj—. Tengo que irme. Llamaré al señor
Parker y arreglaré todo el papeleo para contratarle.
Me encogí de hombros, sin saber qué hacer. Quería preguntarle qué
coño estaba pasando. Para calmar lo que sea que causaba que sus ojos
reflejaran tanto dolor. Pero también tenía mi orgullo. Si no iba a ser sincera
conmigo, entonces al diablo con todo. Me hice a un lado para dejarla
marchar.
Capítulo 16
Morgan
Dos semanas después. Jueves
En dos semanas, abriríamos el restaurante. Estaba emocionada, y sin
embargo, muy nerviosa. También estaba exhausta. Mi madre aún se
recuperaba del brote de lupus, así que tuve que encargarme de nuestro
negocio de limpieza para asegurarme de que tuviéramos ingresos hasta la
inauguración del restaurante. Pero también tenía que ocuparme de este. Lo
único que ayudó fue que mi madre insistió en que contratáramos a algunas
estudiantes universitarias, ella los entrenaría y supervisaría.
—Creo que podemos cobrar un poco más a nuestros clientes, y de
esta manera el trabajo se haría sin ti —dijo.
—Eso significará menos dinero inicialmente —argumenté.
—Si va bien, podemos aceptar más clientes y contratar más
empleadas, así sería un negocio más lucrativo.
—Eso es mucho, mamá.
—Es como lo hacen los Raven —dijo.
Le fruncí el ceño en la mesa, donde estábamos comiendo unos fideos.
—¿Qué quieres decir?
—Ninguno de esos chicos trabaja demasiado en su empresa.
Especialmente en el extranjero. Contratan a otros que puede hacer el trabajo
por ellos, y supervisan a esa gente. Apuesto a que incluso contratan
gerentes para que se encarguen de eso, y solo dirigen a sus gerentes.
Tenía razón. Y aunque me sentía agotada, John Parker había sido de
gran ayuda para mí. Gracias a él, no estaba tan preocupada como lo habría
estado.
—No sé, mamá.
—Quiero hacerlo, Morgan —me dijo mi madre en voz baja—. No
eres la única que desea hacer sus sueños realidad.
Me eché para atrás, sorprendida por su arrebato.
Suspiró.
—Lo siento. No quise sonar tan dura. Pero necesito algo que hacer.
No dejaré que el lupus me confine sin hacer nada. Tal vez no pueda limpiar,
pero sí decirle a la gente qué hacer.
Sonreí.
—Sí, claro que puedes.
—Ahora, háblame del restaurante.
—Va bien. El nuevo gerente ha resultado muy atento.
Mi madre arqueó una ceja.
—¿Cómo de atento?
—No de ese modo. —Fruncí el ceño—. Al menos, creo que no.
Alzó su otra ceja.
—Es muy entusiasta y halagador, aunque creo que son solo
imaginaciones mías.
—¿Pero? —dijo ella.
—Siempre está demasiado cerca, y pone su mano sobre la mía. A
veces pienso que podría estar coqueteando. Yo trato de ignorarlo.
—Tú eres la jefa. Tal vez debas decirle que pare. ¿Y si le hace eso a
una de tus camareras?
Mierda. De nuevo, tenía razón.
—No le he visto hacer eso, pero tienes razón. No sé. Creo que es
parte de su forma de ser.
Esa noche, me acosté en la cama, pensando en el modo de actuar de
John. ¿Estaba yo imaginando cosas que no eran o, de verdad, se me
insinuaba? Nunca actuaba así con Kade delante. Y si deseara hacerle la
pelota alguien, sería a Kade, pero no parecía tratar de impresionarlo. Solo a
mí.
Kade
Dos semanas más tarde. Viernes
La inauguración del restaurante era esta noche, y por una vez, no
estaba tan ansioso por lanzarme como lo había estado en el pasado. Les
había dado rienda suelta a Morgan y John estas últimas semanas, ya que
ambos parecían hacerlo bien y haber congeniado. Fue esto lo que me hizo
reacio a aparecer.
Era increíblemente molesto que se entregara a mí, dos veces, y luego
pasara a un tío nuevo. Dios, sentí que nunca había tenido una oportunidad.
Sí, acordamos una sola noche, pero estaba seguro de que el hecho de
habernos dejado llevar en la cocina del restaurante indicaba que estaba lista
y dispuesta a avanzar en nuestra relación. Aparentemente, ella no se había
dado cuenta o no le importaba.
Entré en el restaurante sobre las cuatro para encontrarme a John
dando ánimos a todos. Podía sentir la energía de los empleados, lo cual era
bueno. Capté la mirada de Morgan, y sonrió como si se alegrara de verme.
Tuve que recordarme que no era una sonrisa especial solo para mí.
Ella se abrió camino hacia mí.
—Hola. Has venido.
Le sonreí.
—No me lo perdería por nada del mundo.
—¿Quieres decirle algo al personal? —me preguntó.
Hubo un destello de molestia en los ojos de John, pero luego él
también sonrió y me animó a que dijera algo. Pero simplemente negué con
la cabeza y saludé con la mano.
—Sé que ambos lo tenéis bajo control. Todos lo harán muy bien esta
noche. ¿Hay algo que necesites que haga?
Dos de las camareras me miraron mientras se susurraban la una a la
otra. Reconocí el brillo de interés en sus ojos. Hace unos meses, yo también
habría estado interesado. Tal vez en las dos juntas. Es extraño, cómo una
mujer puede cambiar eso completamente. Y lo frustrante era que se trataba
de la única mujer que aparentemente no me deseaba.
—Estoy atacada esta noche —me dijo Morgan mientras todos se
dirigían a sus puestos.
—Tranquila, lo harás muy bien. Pero ¿no quieres estar en el comedor
para recibir a los clientes?
Sacudió la cabeza.
—No, estoy demasiado nerviosa. Además, John lo hará mejor que yo.
—Parece que te has encandilado con su encanto —dije mientras me
dirigía a la barra para pedir una copa. Todos estaban trabajando, pero yo no.
Además, necesitaba relajarme si iba a tener que soportar a mi rival en la
atención de aquella mujer.
—Es muy bueno en lo que hace —me aseguró ella, esperando
conmigo en el bar.
—Apuesto a que sí —murmuré. Cogí mi bebida y tomé un sorbo
cuando lo que realmente quería era tragármela de golpe.
—¿Qué? —preguntó.
—Tú y John. Hacéis buena pareja.
Sus ojos se entrecerraron de manera inquisitiva.
—Equipo, querrás decir.
—Claro.
Me miró fijamente un momento.
—Voy a la cocina. ¿Quieres acompañarme?
—Por supuesto. —Fue jodidamente molesto darme cuenta de que
quería ir con ella a cualquier parte. ¿Por qué me gustaba tanto? Tal vez era
porque quería tener algo que no podía conseguir. Excepto que la tuve, dos
veces. Y todavía la deseaba.
La seguí a la cocina y me quedé al margen cuando empezó a servir la
cena. Los comensales llegaron poco a poco al principio, pero eso estaba
bien. Era mejor dejar que los empleados se acomodaran con facilidad a sus
puestos, en lugar de golpearse unos a otros al salir.
Luego, volví al comedor, quedándome de nuevo en un segundo plano
para fijarme en John. Era bueno en su trabajo, y los clientes le respondían.
Llevó un par de platos a la cocina, lo que no era una buena señal, pero se
trataba del primer día.
Algo más tarde, fui a la oficina, donde me ocupé un poco de mi
propio negocio. También llamé a Ash, preguntándome si él y Beth iban a
venir.
—Morgan nos pidió que no lo hiciéramos el primer día —me dijo
Ash—. Supongo que antes quiere coger confianza.
—¿Qué tal le va a Morgan? —Escuché a Beth preguntar de fondo.
—Beth quiere saber cómo va todo —me preguntó Ash.
—Por ahora, todo bien.
—Gracias por ayudarla, tío. Le vendría muy bien un poco de suerte
en la vida.
Podría ser bueno para ella, y no me refería solo a la cama. Podría
resolver sus problemas financieros. Ayudarla con los cuidados médicos de
su madre. Joder, era un desastre.
—Probablemente debería ir a ver cómo está. —Colgué el teléfono y
volví a salir al comedor. Estaba lleno, y había mucha actividad.
Me reuní con John.
—Parece que las cosas mejoran. ¿Cómo va todo?
—Seguimos el ritmo —me dijo, pero había algo en su voz que me
hizo pensar que no estaba seguro.
—¿Seguro? No lo parece.
Se encogió de hombros.
—Estoy un poco preocupado por Morgan. No tiene experiencia y se
está poniendo nerviosa. Algunos de los pedidos no han salido bien, o están
fuera de lugar. He preparado la mesa veintitrés ya que sus platos parecían
haberse perdido.
Eso no era bueno.
—Algunos de los empleados me han dicho que están preocupados.
Les he dicho que es el primer día. Morgan se acostumbrará.
—Es tu trabajo hacerla quedar bien, John —le dije.
—Lo hago lo mejor que puedo.
Quería decirle que no fue contratado para intentarlo. Fue contratado
para tener éxito. En lugar de eso, volví a la cocina. Observé a Morgan y no
vi nada que pudiera preocupar a John o al personal. En ocasiones, parecía
un poco insegura, pero con el personal de cocina fue decisiva y clara. Le
respondían apropiadamente cuando llamaba a las órdenes de pedido o
preguntaba por una orden de espera.
La presentación de los platos era genial, y olía divinamente. Por lo
que pude ver, lo estaba haciendo muy bien, en especial para alguien que era
nuevo en esto.
—¿Señor Raven? —Una de las camareras se me acercó—. Hay una
mujer preguntando por usted.
—¿Por mí? —No sé por qué me fijé en Morgan. O por qué ella me
miró a mí. Por lo visto, ella y yo no éramos nada, así que ¿por qué una
mujer que preguntaba por mí sería un problema?
—Sí, señor.
—Bien. —Salí de la cocina y me dirigí al comedor. Me sorprendió
ver a la secretaria de mi padre, Alex, sentada sola al final de la barra—.
¿Alex? ¿Está bien mi padre?
—Hola, Kade. Sí. No estoy aquí por él.
Me senté en el taburete junto a ella, y pedí otra copa.
—¿Qué pasa?
—Tengo problemas con Ben.
Por dentro, refunfuñé. Ese tío era una patada en el culo.
—Escucha, si te está acosando, le dejaré claro que tiene que
comportarse.
Hizo un gesto con la mano.
—No necesito que pelees mis batallas, gracias. Puedo manejarlo.
Sonreí. Lo había hecho bastante bien con los hermanos Raven y con
mi padre los últimos años.
—Entonces, ¿qué ocurre?
—Tengo miedo de que pase algo malo.
Frunciendo el ceño, pregunté:
—¿Qué quieres decir?
Por supuesto, podían suceder un montón de cosas, todas ellas
relacionadas con su problema con la bebida. Podía caerse por las escaleras y
romperse el cuello, salir a la calle y ser atropellado por un autobús,
ahogarse en su propio vómito… A veces me preguntaba cómo llegaba al
trabajo todos los días con la forma en que la bebida se había apoderado de
su vida.
—Mi padre era alcohólico, y sé por experiencia que cuando caen en
picado pueden convertirse en un peligro para sí mismos.
—Ash y Beth están tratando de ayudarlo, pero no puedes forzar estas
cosas, Alex.
—Lo sé. Pero tenía que advertir a alguien, y no quería agobiar a Ash
a Beth o a tus otros hermanos. Están demasiado envueltos en sus vidas.
Genial. Alex había recurrido a mí porque no tenía vida propia.
—Esperaba que encontraras la forma de que fuera a rehabilitación
antes de que se haga daño.
—No puedo obligarlo —le dije—. Sin embargo, intentaré hablar con
él, pero si Beth no puede convencerlo, no creo que lo logre yo. Estoy
bastante seguro de que yo le gusto menos.
Me miró como siempre hizo, como si yo fuera una decepción.
—Solo quería que alguien lo supiera. —Abrió su bolso para pagar su
consumición.
—Yo me ocuparé de eso. ¿Quieres cenar algo? La comida es muy
buena.
Negó con un gesto de cabeza.
—No, tengo que irme a casa.
Por un momento, me pregunté qué hacía por las noches. Nunca pensé
en su vida privada porque toda mi experiencia con ella giraba en torno a mi
padre y el negocio. ¿Tenía vida privada? ¿Novio? ¿Gato?
—¿Te llamo un taxi?
Me dedicó una pequeña sonrisa.
—No. Gracias, Kade.
La acompañé hasta la puerta, deseando tranquilizarla pero sabiendo
que no podía. Sospechaba que Ben era una causa perdida. Era interesante
que se preocupara tanto por él, pero supongo que era la mamá gallina que
había en ella. Era joven, pero a menudo nos regañaba cuando nos
pasábamos de la raya e intervenía cuando era necesario. Ahora que Ben
formaba parte de la familia Raven, supuse que ella también lo adoptaría.
Cuando se fue, volví a centrar mi atención en el restaurante. El
comedor todavía tenía muchas mesas llenas, pero la frenética energía se
había disipado. Me dirigí a la cocina, y vi cómo Morgan aceleraba los
últimos pedidos.
John entró.
—¿Dónde está el pescado para la mesa doce?
Morgan frunció el ceño.
—No hay pescado en el pedido de la doce. —Comprobó el sistema
electrónico de pedidos que habíamos instalado. Se acabaron los días en los
que se intentaba descifrar los garabatos de los camareros.
John se puso detrás de ella, con su mano en el hombro mientras lo
verificaban.
—Eso es pescado —dijo.
—No, no lo es. Es el menú vegetariano.
—Dijeron que pidieron pescado.
—¿Por qué los atendiste tú? —le preguntó.
—Estábamos muy ocupados. Solo ayudaba.
Ella suspiró.
—Podemos cambiar el pedido. ¿Qué pescado querían?
John salió de la cocina y Morgan, un poco nerviosa, volvió a
comprobar los platos que estaban a punto de salir. Me alegró verla
concentrarse de nuevo, pero me preguntaba cómo se podía cometer un error
con un pedido. ¿Había introducido mal la orden?
Finalmente, el último plato salió, y el personal de la cocina comenzó
a limpiar. Una hora más tarde, el restaurante estaba cerrado, limpio y
preparado para el día siguiente. Morgan parecía cansada pero feliz. Revisó
el restaurante, y luego al personal. Nunca había visto tal mirada de
satisfacción y logro en la cara de nadie. Tenía todo el derecho de saborear el
momento. Lo había hecho bien. Y me di cuenta de que era un sueño hecho
realidad para ella.
—¿Salimos a tomar una copa para celebrarlo? —le preguntó John,
mientras que el resto del personal chocaba los cinco.
Al oírle se me pusieron los pelos de punta. No renunciaría a ella sin
luchar. O al menos, dejaría claro mi interés en Morgan.
—¿Qué tal si os invito yo a todos? —anuncié en alto.
—¡Sí! —exclamó el grupo. John no parecía muy contento, casi me
dio lástima. Casi.
Capítulo 18
Morgan
Viernes
Estaba nerviosa y agotada al mismo tiempo. Tuvimos pequeños
baches y cometí algunos errores pero, en general, la inauguración fue un
éxito. Esperaba que Kade pensara lo mismo. Agradecí mucho su apoyo
durante toda la noche. Sabía que estaba ahí y que me ayudaría si era
necesario. Al mismo tiempo, nunca se metió o se hizo cargo, respetando
que era mi local.
No me gustaba mucho saber que se había reunido con una mujer allí,
pero no tenía ningún derecho sobre él. Era atento profesionalmente, pero
excepto por unos pocos momentos robados, no parecía tener ningún interés
en mí. John era el único cuyos sutiles avances se estaban haciendo más
evidentes. Tendría que decirle que lo dejara, pero no podía hacerlo delante
de todos.
—¿Te apetece ir de fiesta? —me susurró John, mientras los demás
cogían sus abrigos y yo me disponía a cerrar—. O lo celebramos por
nuestra cuenta.
Miré por encima del hombro a Kade. Sus ojos verdes nos observaban
a John y a mí, y tuve la sensación de que no le gustaba lo que veía. Sabía
que Industrias Raven tenía una regla de no fraternización que John parecía
ignorar. Por supuesto, yo no formaba parte de la empresa de su familia, pero
sí de su programa de ayudas, por lo que tenía sentido que extendiera sus
políticas en mi negocio.
—Esto fue un esfuerzo colectivo, John. Tenemos que celebrarlo con
todos.
Cuando cerré la puerta, Kade esperó conmigo.
—Hay un bar a la vuelta de la esquina al que he enviado a todos.
—Eres muy amable, Kade.
—¿Bromeas? Hiciste un magnífico trabajo hoy. Todos lo hicisteis. Os
lo merecéis.
Sonreí, pero me pregunté qué pensaría cuando pidiera una bebida sin
alcohol. Cuando entramos en el bar, mis empleados ya ocupaban varias
mesas y todos charlaban con entusiasmo. John estaba en la barra con el
chef.
—Cogeré aquella mesa —le dije señalando una con la cabeza, al
fondo.
Kade fue a la barra, y un par de mis camareras se le acercaron
corriendo. No podía culparlas. Kade era el sueño de toda mujer hecho
realidad. Amable. Apuesto. Rico.
—Estás preciosa esta noche —dijo John tomando asiento a mi lado.
Ni siquiera me había dado cuenta de que se acercaba.
—Pelota. Sé que estoy demacrada.
—Pareces cansada, pero aún así estás preciosa. Eres una verdadera
tentación. —Miró su bebida como si estuviera nervioso por confesármelo.
Sin embargo, por alguna razón, no le creí.
—Te estás pasando un poco, ¿no? —pregunté.
Me sonrió con amabilidad y se inclinó hacia mí.
—Sé que no debería, pero no puedo evitarlo.
Me aparté porque no me gustaba su cercanía. Miré a Kade,
preguntándome si se iba a unir a mí. Estaba inmerso en una conversación
con el chef.
Me levanté de la silla.
—Voy a agradecerle a todos su trabajo de esta noche. —Me dirigí a
donde estaban sentados varios de los camareros y me uní a ellos.
Charlamos, y aunque al beber se pusieran contentos, mi refresco de
limón no surtió el mismo efecto conmigo. Estaba hecha polvo.
—Déjame sacarte de aquí. —Miré los preciosos ojos verdes de Kade.
Asentí con la cabeza, demasiado cansada para hacer otra cosa.
Me acompañó a la puerta del bar.
—Me marcho, pero las bebidas corren por mi cuenta —le dijo al
camarero.
De pronto, se oyó un fuerte «¡Sí!» en el bar.
Tenía su mano en la parte baja de mi espalda mientras me guiaba por
la puerta y hacia la acera, donde su conductor esperaba fuera del coche. Me
ayudó a sentarme en el asiento trasero, y luego se deslizó a mi lado.
—Menuda noche. —Apoyé la cabeza sobre su hombro, dejando que
mis ojos se cerraran.
—Lo hiciste muy bien, Morgan. —Sus labios besaron mi coronilla, y
me hizo sentir caliente por dentro.
Entonces fruncí el ceño.
—Ese pedido de pescado no estaba mal.
—¿Qué?
—El pedido de pescado de John. No me confundí.
Se puso tenso.
—Lo solucionaste. Tú y John trabajáis bien juntos.
Resoplé.
—¿Por qué dices eso?
—No le pasa lo mismo conmigo.
—¡Oh! —El brazo de Kade me rodeó y me acurruqué a su lado. Olía
tan bien. Era tan fuerte y cálido. Quería estar así para siempre.
—¿Sientes este cansancio cada noche?
Kade se rio.
—No. Aunque con las primeras aperturas, sí. Ahora, no tanto.
—Debe ser agradable ser tú.
Se estremeció.
Lo miré.
—No lo digo en el mal sentido. Solo pienso... que eres muy guapo.
Tienes la oportunidad de perseguir tus sueños y dar rienda a tu pasión. Eres
una buena persona. Estás viviendo tu vida como deseas.
—Quiero que tú también disfrutes de la vida, Morgan.
—Esta noche, lo hice. Casi. —Mi vida sería mejor no solo
cumpliendo mi sueño, sino si mi madre recibiera la ayuda que necesita. Y
tener amor. Tener a Kade.
—¿Casi?
Apoyé mi cabeza en su hombro.
—La pasión por la cocina haría que mi vida fuera mejor.
—¿Y algo más? —me preguntó, frotándome el brazo.
—¿Ahora mismo? No.
Nos detuvimos junto a la acera, pero no ante mi apartamento. Aquel
era un elegante edificio del lado oeste.
Kade salió del coche y me tendió una mano. Me estaba llevando a su
casa. Tan cansada como estaba, era sorprendente que mis hormonas se
despertaran. Pero lo hicieron. Empezaron a zumbar. Tomé su mano y dejé
que me llevara a su apartamento.
No sabía qué significaba todo aquello, pero no iba a cuestionarlo.
¿Qué mejor manera de terminar una noche perfecta que con él?
Entramos en su apartamento, y fue exactamente como yo imaginaba
que sería. Grande y abierto. La cocina estaba equipada como la de un
restaurante y tenía un enorme espacio de trabajo. Una cristalera del suelo al
techo dejaba que la luz de la luna proyectara un brillo romántico por la
estancia.
Me tomó la mano y me llevó a su dormitorio. Su cama era enorme.
¿Cómo podía haber una tan grande?
Se detuvo frente a mí y acunó mi cara con las manos.
—No comparto, Morgan.
—¿Eh...?, vale.
—John...
Me eché a reír.
—No estoy interesada en él.
Entonces sus labios se posaron sobre los míos, y me sentí en el cielo.
Sabía a Kade y a whisky. Agarré las solapas de su chaqueta para asegurarme
de que no se alejara de mí. Así sucedía a menudo; se acercaba, pero luego
se alejaba de mí. Supuse que lo permitía estando siempre dispuesta a dejar
que me tocara, sabiendo que para él solo era sexo. Arruinaría todo aquello
cuando le dijera lo del bebé. Él no quería eso. No me quería, salvo en
momentos como este.
Por supuesto, tendría que decírselo en algún momento, pero no tenía
que ser ahora. Ahora solo quería disfrutar de él. Rodearme de su calor y su
aroma. Tocarlo y dejar que me tocase.
Se tomó su tiempo para acariciar y saborear mi piel. Estaba
impaciente por quitarle la camisa para sentir la dura fuerza de su pecho.
Deposité un beso sobre su corazón, antes de lamerle el pezón.
Él siseó.
—Morgan. —El anhelo de su voz hacía eco de mis propios
sentimientos. Deseaba que incluyera amor pero, por ahora, tomaría esto;
porque cuando me tocaba, sentía que yo era la única del mundo para él.
Me situé ante él completamente desnuda mientras su mirada recorría
mi cuerpo. Me sentí cohibida porque no era una delgada, sin embargo, el
deseo que reflejaban sus ojos me confirmó que le gustaba lo que veía.
—Eres tan hermosa —dijo mientras me tomaba el pecho, rozando con
su pulgar mi pezón adolorido.
—Kade —murmuré.
Se inclinó hacia adelante, chupando mi pezón, haciendo que mi
cuerpo se inundara de calor.
—Me voy a tomar mi tiempo esta noche —dijo—. Siempre
terminamos demasiado rápido.
Asentí con la cabeza.
—Yo también lo deseo eso.
Me llevó a su enorme cama y me acostó.
—Voy a adorar cada centímetro de ti.
Mis caderas se balanceaban, buscando el contacto con él.
—Te necesito.
—Estoy aquí. —Me besó de nuevo, un poco más firme, con un poco
más de desesperación que antes. Pero su lengua fue minuciosa al pasar por
mi boca, caliente y húmeda. Sus manos recorrieron mi cuerpo, seguidas de
su boca. No estaba bromeando. Me adoraba de pies a cabeza.
Estiró la mano para coger un preservativo del cajón de su mesilla de
noche.
—No necesitas eso —dije, desesperada por tenerlo sin barrera alguna.
Además, ya estaba embarazada, así que no había necesidad de utilizar
condones.
—¿Estás segura? —preguntó.
—Sí. —Lo alcancé, envolviendo mi mano alrededor de su polla y
acariciando.
Gruñó.
—Joder, Morgan. —Se movió sobre mí otra vez, descansando sus
caderas entre las mías—. ¿Seguro, nena?
—Sí. —Me arqueé, queriendo olvidar lo que significaba que él
insistiera en que estuviera segura. No quería tener un hijo, eso estaba claro.
Puso sus manos sobre las mías, deslizándolas sobre mi cabeza.
—Dime que me deseas.
Abrí los ojos y miré fijamente sus iris verdes, llenos de pasión.
—Te deseo.
—Solo a mí —gruñó.
—Solo a ti, Kade. Solo a ti —dije, arqueándome de nuevo y sintiendo
su punta húmeda deslizarse por mi interior.
—Sí —grité, mis dedos agarrando los suyos, y mis piernas
envolviendo sus caderas. Quería tenerlo ahí para siempre.
—Tan bueno. Tan, jodidamente bueno, Morgan. ¿Sientes esto?
—Sí. —Mis caderas se movían con las suyas, mientras él se deslizaba
dentro y fuera.
—Solo nosotros tenemos esto.
—Sí —dije en un gemido. Me perdí en la sensación. Su olor llenando
mi nariz. Su calor envolviéndome.
—Abre las piernas, nena —me pidió.
Levanté mis rodillas y las abrí. Se sumergió y Dios mío, fue como si
se hubiera adentrado más. Estaba dentro de mí. Era parte de mí. Éramos
uno en este único y glorioso momento.
—Ah, joder, sí, Morgan. —Me soltó las manos, poniendo las suyas en
la cama a mi lado y haciendo palanca. Aceleró el ritmo, empujando más
fuerte, más rápido. Me dejé llevar, dejando que me llevara cada vez más
alto.
—Voy a correrme... joder, Morgan... córrete conmigo, nena.
Incliné mis caderas, y él se hundió en mí golpeando en ese punto
glorioso. Mi aliento se recuperó mientras todo mi cuerpo explosionaba por
un instante antes de que el placer se extendiera a todas mis neuronas.
—¡Kade!
Dejó escapar un gruñido salvaje mientras entraba y salía, girando las
caderas antes de volver a golpear dentro de mí. El calor de su semilla llenó
mi cuerpo. La misma que me había dado a su hijo. Esta vez saboreé su
sensación, la magia de una parte de él fusionándose con mía para crear vida.
Tenía ganas de decírselo. De contarle que íbamos a tener un niño.
Antes de que pudiera hacerlo, sus labios estaban sobre los míos, besándome
mientras nuestros cuerpos se mecían un poco más. Cuando el beso terminó,
me acurrucó en sus brazos y la realidad regresó de golpe. Esto era solo
sexo. No amor. Le contaría lo del bebé pronto, pero ahora, quería vivir en
esta realidad alternativa. Una en la que pudiera fingir que me amaba. Donde
pudiera sentirme segura y protegida entre sus brazos.
Capítulo 19
Kade
Viernes por la noche
No sabía qué era lo que me hacía sufrir por ella, no solo físicamente,
sino también emocionalmente. Era enloquecedor, excitante, aterrador y
emocionante; todo estaba enrollado en un paquete confuso.
Acababa de tener relaciones sexuales sin protección. Nunca lo había
hecho sin condón. Nunca. Sabía desde el principio que, por mucho que
fuera placentero, no iba a arriesgarme a dejar embarazada a una mujer. No
estaba hecho como mis hermanos, con ese tonto gen del amor. Iba a tener
un montón de sobrinos, así que no necesitaría tener hijos.
Tampoco iba a dejar que una mujer que deseara el apellido Raven o
nuestro dinero usara a un niño para conseguirlo. Muchas me habían dicho
que tomaban la píldora, pero no me importaba. No iba a correr el riesgo.
Y aún así, con Morgan, mi única preocupación había sido ella.
¿Estaba segura de querer arriesgarse? Lo estaba. En cierto modo era un
alivio porque ya rompí mi regla, de usar siempre condones, con ella hace
unas semanas. Supuse que estaba tomando la píldora. Tal vez la tomó
después de perder la virginidad. Gracias a Dios; de lo contrario, podría estar
embarazada.
Pero incluso mientras pensaba eso, pasé una mano por su vientre
preguntándome cómo sería que un hijo mío creciera en ella. ¿Veis? Estaba
total y completamente jodido en lo que respecta a esta mujer.
—Era la forma perfecta de terminar una noche perfecta —murmuró
mientras se acurrucaba cerca de mí.
—Me alegro de que pienses así. —No quería decir lo siguiente, pero
no podía detenerme—: ¿Te alegras de haberme elegido a mí en vez de a
John?
Inclinó la cabeza hacia arriba para mirarme.
—¿Estás celoso?
—No si no hay motivos. —Mierda, sí, estaba celoso. Tampoco me
gustaba ese sentimiento.
—No hay nada entre John y yo. Además, no pensarás que podría estar
atrapada entre dos hombres.
—¿Por qué no? Eres inteligente, divertida, sexy... No es que quiera
que lo hagas, pero podría suceder. —Al menos lo que había pasado entre
ellos había terminado. ¿También se lo folló sin condón? Ah, joder, Kade,
para.
—Aquí es donde quiero estar. Contigo.
Sonreí.
—Es bueno saberlo. —Pasé mi pulgar sobre sus ojeras—. ¿Te
quedarás?
Su aliento se recuperó, y sus ojos se veían un poco aturdidos. ¿Por
qué la sorprendería eso?
—Aún no he terminado contigo, pero pareces agotada. Debería
dejarte descansar —dije.
El brillo de sus ojos se desvaneció un poco, y odié haber dicho algo
para que desapareciera. ¿Qué había dicho? ¿No le gustaba que la quisiera?
Cuando la escuché soltar un suspiro fue evidente su agotamiento y
tras sonreír la besé en la frente.
—Duerme, preciosa mía. —La observé dormir un momento,
pensando que era un tonto por hacerlo, y sin embargo, fui incapaz de
quitarle los ojos de encima. Era tan dulce y encantadora. Encajaba a la
perfección en mis brazos. En mi cama. En mi vida.
Sintiéndome cansado, cerré los ojos y me dispuse a dormir. Las
imágenes de una gran casa en la costa surgieron en mi mente. Reconocí la
casa como la que mi familia tenía en los Hamptons. Había mucho bullicio,
y en el comedor estaban mis hermanos con sus esposas e hijos y la mesa
llena de comida. Sus hijos.
Era el tipo de escena de la que me burlaría, y aún así, resultaba
agradable. Transmitía amor y alegría. La única tristeza era que mi madre no
estaba allí para verlo.
Mientras lo presenciaba, me di cuenta de que yo no formaba parte de
ese instante de alegría, y esos viejos sentimientos de abandono y rechazo
empezaron a embargarme de nuevo. Estaba allí con ellos, pero me sentía
excluido.
Desde el otro lado de la estancia, Morgan apareció tendiéndome la
mano. Me acerqué a ella, sintiendo la conexión que nos unía. Me gustaba
que mi corazón estuviera de alguna manera atado al suyo. La alcancé,
tomando su mano en la mía, y me movió con ella hacia mis hermanos y sus
familias.
Puse mis brazos alrededor de ella, como si fuera una especie de
salvavidas. Mientras la abrazaba, me besó la mejilla y luego miró hacia
abajo. Su vientre abultado se hallaba lleno de vida. La miré, preguntándome
qué estaba pasando. Tomó mi mano, poniéndola en su vientre. Sentí el
movimiento, y mi corazón se abrió de golpe. La emoción me atravesó, y
estaba seguro de que iba a llorar como un bebé.
—¿Es real? —le pregunté, rodeándola con una mano mientras la otra
permanecía firmemente plantada en su vientre.
—Si quieres que lo sea, sí.
Me desperté sobresaltado. Respiré hondo mientras miraba mi
habitación. Todavía era de noche. La mujer con la que había soñado todavía
estaba en mis brazos. La acerqué más a mí y la besé en la cabeza. De
pronto, mi mente lo comprendió todo.
Esto es lo que quería. Morgan era la pieza que faltaba en mi perfecta
vida. Aquí en mis brazos, estaba exactamente donde la quería para esta
noche, la de mañana y todas las noches de mi vida.
Me reí de mí mismo y me pregunté qué clase de pullas me lanzarían
mis hermanos. No me importaba. Quería a Morgan. Y mañana, iba a hablar
con ella sobre tener una relación de verdad, no solo follar cuando nos
apeteciera.
Quería oírla decir que yo era el único hombre importante para ella, y
asegurarme de que John lo supiera. Morgan era mía. Y lo que es más
aterrador, yo era suyo. Mi corazón se saltó un latido por una mezcla de
terror y excitación. Nunca me había entregado emocionalmente a una
mujer. No de esta manera. Me asusté mucho, y aún así, quería despertarla
ahora mismo y decírselo porque no podía esperar ni un segundo más a que
comenzara la siguiente fase de nuestras vidas.
Pero estaba profundamente dormida. Sus ojeras lucían menos
marcadas, pero aún las veía. La dejaría dormir y, por la mañana, pondría
todas las cartas sobre la mesa.
Recordé el final del sueño con nitidez:
—¿Es real?
—Si quieres que lo sea, sí.
—Quiero que lo sea —susurré, mientras cerraba los ojos, y me volví a
dormir.
Capítulo 20
Morgan
Sábado
Me desperté sintiéndome maravillosamente descansada. Hacía tiempo
que no dormía tan bien. Pero enseguida me di cuenta de que no estaba en
casa. Giré la cabeza. Santo cielo. Estaba en la cama de Kade. La enorme,
suave y cálida cama de Kade.
—Aún no —murmuró volviéndose hacia mí y poniendo su brazo
sobre mi vientre—. Duerme.
No quería dormir. Estaba muy despierta con la maravillosa sensación
de despertarme en la cama de Kade. No podía dejar de sonreír por la
espectacular jornada que había tenido ayer y la noche aún más espectacular
que había pasado con él. Me había pedido que me quedara. Y aquí estaba
yo, a su lado.
Su mano acarició mi vientre sobre la sábana y la realidad se hizo
presente. Oh, Dios. No le había contado lo del bebé. Y debería decírselo.
Ahora.
Pero entonces su mano siguió con sus caricias, subiendo por mi
pecho. Inmediatamente mi cuerpo se ruborizó con la excitación.
—Vamos a tener sexo de mañana con algo de sueño —dijo, rozando
su pulgar sobre mi pezón—. ¿Estás de acuerdo? —Sus ojos aún estaban
cerrados, pero tenía una sonrisa sexi en sus labios.
—¿Es diferente al sexo nocturno? —pregunté, contenta de que mis
náuseas matutinas no nos hubieran arruinado esta encantadora mañana.
—Averigüémoslo. —Sus ojos se abrieron, mientras me arrastraba
debajo de él y se deslizaba dentro de mí.
Gemí mientras me llenaba. No solo en mi interior, sino todo mi ser.
¿Qué iba a decir cuando le dijese lo del bebé? Sí, me pidió que me quedara
a pasar la noche con él. Aunque, eso no significa que me ame, o que quiera
formalizar una relación conmigo.
Por supuesto, yo lo sabía, pero no soportaba perderlo ahora mismo.
Tal vez, esperara. Tal vez intentaría mostrarle lo bien que podríamos estar
juntos. ¿Cómo convencerlo de que podría amarlo como Beth amaba a Ash?
Mi corazón dio un vuelco al darme cuenta de que estaba enamorada
de él. No se trataba de un ligero enamoramiento, sino un amor pleno.
—Deja de pensar —me murmuró mientras me chupaba el pezón.
Jadeé, dejando de lado todos mis pensamientos. En este momento,
solo sentiría. Sentir su cuerpo dentro del mío. Sentir mi amor
envolviéndolo. ¿Sentiría eso él?
Continuó entrando y saliendo, pero no al ritmo frenético que solíamos
tener. Era firme y dulce, y de repente yo estaba allí, al borde del placer.
—¡Oh! —gemí mientras me inclinaba hacia el borde del más dulce
orgasmo.
Él gimió, y luego se dejó llevar, llenándome de nuevo con su esencia.
Si tan solo incluyera su amor.
Cuando nuestras respiraciones volvieron a la normalidad, me abrazó,
y casi lloré con el anhelo de que esta fuera mi vida.
—Tengo hambre —dijo—. Déjame prepararte el desayuno.
—¿Un desayuno privado del renombrado restaurador Kade Raven?
Creo que me voy a desmayar.
Sonrió.
—Me encanta hacer que te desmayes. —Se inclinó y me chupó el
pezón.
—Oh, Dios... sabes que no te dejaré salir de esta cama si sigues así.
—Necesitamos el desayuno. —Se levantó y agarró una bata, que me
tiró. Luego, se puso unos pantalones de chándal—. ¿Quieres cocinar
conmigo?
—¿No acabamos de hacer eso?
—Me encanta tu mente sucia. —Se inclinó y me besó—. Te espero en
la cocina.
Cuando me levanté y me cubrí con la bata, me entraron náuseas y me
alegré de que Kade hubiera salido de la habitación. Me encerré en el baño,
vomité, usé su pasta de dientes para lavarme la boca y luego fui a la cocina,
guiada por el aroma a tocino.
Lo observé desde la puerta un momento. Los fuertes músculos de su
espalda se movían mientras trabajaba en la cocina. El chándal le colgaba
sobre sus caderas, y yo tenía ganas de bajárselo y agarrar su culo desnudo.
—¿Vas a unirte a mí? —preguntó por encima de su hombro.
—¿Tienes ojos en la nuca? —Terminé de entrar a la cocina.
—Siempre hay que estar al tanto de lo que pasa en la cocina —dijo.
—¿Vendrás al restaurante esta noche? —le pregunté.
—Ojalá pudiera. Por desgracia, tengo que ir a otro sitio.
Estaba decepcionado, pero lo entendí.
—¿Qué estás haciendo? —Miré la licuadora que había llenado con
huevos, leche y harina.
—Tortitas alemanas con melocotones y crema fresca.
—Mmm, suena delicioso. Los llamamos bebés holandeses.
—Sí, bueno, eso es algo morboso si lo piensas. Quiero decir, los
bebés son bastante monos, pero ¿cocinarlos? —bromeó.
—¿Crees que los bebés son monos? —La culpa se apoderó de mí.
Se encogió de hombros.
—Claro. Supongo que lo averiguaré pronto, ya que Sara está a punto
de tener uno.
—¿Quieres uno? —Mi estómago se apretó mientras esperaba su
respuesta.
Volvió la cabeza, mirándome directamente a los ojos.
—Tal vez. Algún día.
Un escalofrío subió por mi columna vertebral por la intensidad de su
mirada.
—¿Y tú?
—Sí. —Ahora era el momento—. De hecho...
Le sonó el teléfono. Lo sacó de su bolsillo y al mirarlo, frunció el
ceño.
—Tengo que contestar. Es de uno de los restaurantes.
—Sí, por supuesto. ¿Quieres que lo mezcle y lo ponga en el horno?
—Eso sería genial. La mantequilla ya se está derritiendo en el horno.
—Salió y el alivio me inundó. ¿Qué decía de mí que prefería mantener lo
del bebé en secreto que contárselo?
Vertí la masa, metiéndola luego en el horno. Giré el tocino, y encontré
unas bolsitas de té ya que el café había perdido su atractivo desde que me
quedé embarazada. Volvió unos minutos más tarde mientras yo estaba
sentada en su comedor, bebiendo mi té y disfrutando de la vista de la
ciudad.
—Lo siento. —Puso el móvil sobre la mesa—. Supongo que lo tienes
todo controlado en la cocina.
—Será mejor que lo revises tú mismo. Eres el maestro.
Rodó los ojos.
—¿Quieres un zumo de naranja?
Me tragué la bilis que me amenazaba. Por alguna razón, pensar en un
simple zumo me revolvió el estómago.
—No, gracias.
—Déjame preparar la crema y servirte, entonces. —Me dejó y se
dirigió a la cocina.
Volví a mirar por la ventana, preguntándome si Kade realmente se
daba cuenta de lo que el dinero de su familia le había dado. Es cierto que
una casa lujosa no era la clave de la felicidad, ni el dinero, pero podía
ayudar mucho a aliviar una enfermedad como el lupus o el estrés de
preguntarte cómo ibas a comprar comida. Ojalá el restaurante fuera un éxito
para poder, al menos, aliviar la carga financiera que mi madre y yo
teníamos.
El móvil de Kade pitó, y la pantalla se iluminó con un texto. Le eché
un vistazo porque estaba haciendo un ruido. No tenía intención de leer el
mensaje, y sin embargo, lo hice. Lo que leí hizo que mi corazón se partiera
en dos.
«Regreso esta noche. Compré lencería nueva en París. Y aprendí
algunos trucos. No puedo esperar a desnudarme y mostrártelos».
El mensaje era de una tal Jolie, su nombre significaba bonita en
francés. Le quedaba como anillo al dedo porque, aunque la foto que
aparecía enmarcada en aquel círculo rojo era pequeña, se distinguía que era
una rubia bronceada y delgada.
Me sentí mal, pero esta vez no era por las náuseas matinales. Le dejé
follarme sin condón, y todavía estaba con otras.
«Claro, qué esperabas», me lo dijo mi lado práctico. Los Kade
Ravens del mundo eran playboys que iban de flor en flor. Pero ahora estaba
embarazada de él. No tenía dudas de que se haría cargo del niño, pero
también sabía que sería infeliz.
Cuando le pregunté, su respuesta fue «tal vez», lo que en
retrospectiva fue probablemente para que no le hiciera más preguntas al
respecto. Los hombres como Kade sabían cómo conquistar a las mujeres
para mantenerlas enganchadas sin comprometerse.
Era una idiota. Corrí a su habitación y me vestí, decidiendo que me
ducharía para lavar su rastro cuando llegara a casa. Le oí llamarme, pero no
respondí.
—¿Qué pasa? —me preguntó mientras terminaba de vestirme.
—Necesito irme a casa —dije, tratando de evitar que viera que estaba
a punto de llorar.
—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
—Me acabo de dar cuenta de que no le dije a mi madre dónde estaba.
—Oh, pues llámala. El desayuno está listo.
—No puedo. —Pasé por delante de él—. Me necesita ahora.
—¿Qué? —Me siguió hasta la puerta.
No quería ser descortés, lo cual era extraño considerando que estaba
enviándose mensajes con otra mientras estaba conmigo, pero no podía
evitarlo.
—Gracias por esta encantadora velada, Kade.
—Morgan, ¿ha ocurrido algo?
—No. Lo siento... tengo que irme. —Abrí la puerta y me apresuré a
llegar al ascensor, esperando que no me siguiera.
Le eché un vistazo y me miraba con extrañeza. La puerta del ascensor
se abrió y entré. Cuando la puerta se cerró, me eché a llorar.
Afortunadamente, cuando llegué a casa, mi madre estaba
descansando. Me duché y me metí en la cama para revolcarme en mi dolor
hasta que llegó el momento de ir al restaurante. Cuando me levanté más
tarde y me preparé para el trabajo, me sentí lo bastante fuerte como para
enfrentarla sin revelar mi total desesperación. En vez de eso, me concentré
en la inauguración y en lo bien que fue. Necesitábamos hacer algunos
ajustes en nuestros procesos y sistemas, pero en general la gente parecía
disfrutar de la comida, y no hubo grandes desastres.
Ella me abrazó, diciéndome que sabía que sería un éxito y lo
orgullosa que estaba de mí. Espere hasta que tuve que decirle que estaba
embarazada.
En el restaurante, estaba concentrada en el trabajo que tenía entre
manos. Hablé con la autoridad y, aunque escuchaba al personal, no dejé que
me desviaran de mi propósito.
—¿Por qué hablas con los clientes esta noche? —me preguntó John
—. Tuvimos algunos problemas.
—Estoy ocupada —dije más escuetamente de lo que quería. Lo
último que necesitaba era hacerles la pelota a nuestros invitados.
Levantó las manos en señal de rendición.
—Solo intento ayudar.
—Puedes hacerlo manteniendo a los comensales contentos. —
Sabiendo que estaba a punto de perder el control de nuevo, me dirigí a la
oficina y cerré la puerta.
No quería llorar, así que en vez de eso cogí una botella de agua de la
mini nevera y traté de respirar hondo. Cuando sonó el teléfono, pensé en
ignorarlo, pero como todos estaban trabajando, decidí que lo menos que
podía hacer era contestar.
—¿Morgan? Soy Beth.
—Ah, hola. ¿Qué tal?
—Quería saber cómo te fue anoche. Ash, Hannah y yo nos morimos
de ganas por venir.
—Dame un par de noches más, ¿vale? —Me pellizqué el puente de la
nariz mientras las lágrimas amenazaban de nuevo.
—¿Estás bien?
—Sí. Solo ocupada.
Hubo una pausa.
—Dime qué pasa, Morgan —lo dijo como lo haría una madre, lo que
supuse que tenía sentido porque lo era. ¿Algún día yo sonaría así?
Necesitaba liberarme de este horrible dolor, y lo solté.
—Estoy embarazada.
—Oh, vaya. No me di cuenta de que tú y Kade...
—¿Qué te hace pensar que es de Kade? —Nunca habíamos salido, así
que ¿cómo iba a saberlo?
—Solo creí que... ya que tú y él habéis pasando tanto tiempo juntos...
Mira, quien sea, ¿acaso no se lo tomó bien?
—No se lo he dicho. —Esperaba que descartara la idea de que fuera
de Kade, aunque no sé por qué. Como él, al final se enteraría.
—¿Por qué?
—Porque probablemente no querrá al niño. Y pensará que lo he
hecho a propósito para atraparlo.
—Aunque dijera eso, no importa. Tiene derecho a saberlo. Si hay algo
que aprendí, es que está mal ocultar ese tipo de información. Recuerdo
claramente que tú me dijiste eso.
—Tu relación con Ash es diferente. Vosotros os amáis el uno al otro.
Yo solo soy una más. De hecho, ya planeaba una cita cuando desayunaba
con él.
—¿Qué?
—Le va a mostrar su nueva lencería francesa y los nuevos trucos
sexuales que aprendió en París.
—Oh, joder. Morgan, lo siento. Entiendo por qué no quieres
decírselo, pero cariño, debe saberlo. Tiene derechos. Y tendrá
responsabilidades, con las que necesitarás que te ayude. Empezar un
negocio y ser madre soltera será difícil.
—No te fallaré, Beth. —Sentí que me iba a desmoronar. Me había
dado tanto, y yo lo estaba estropeando todo.
—No te preocupes por mí. Estuviste a mi lado y en el de Hannah, así
que puedes apostar que nosotras te apoyaremos a ti. Pero no subestimes a
este hombre. Tal vez tu historia con él no sea un cuento de hadas, pero
podría dar un paso adelante por ti y por el bebé.
—No estoy preparada. Por favor, no se lo digas a nadie.
Calló de nuevo, y me pregunté si sería capaz de guardarme el secreto.
—Está bien. Pero no esperes demasiado, Morgan. Ahora, lo primero
es ese bebé.
Tenía razón, por supuesto. Mamá y yo apenas nos las arreglábamos.
Estaba cansada de intentar ayudarla con su negocio y empezar el mío
propio. Añadir un bebé a la ecuación seguramente sería un desastre.
Mi parte mezquina pensó en aparecer en casa de Kade mientras Jolie
le enseñaba su lencería para contarle lo del niño. Pero ya me imaginaba la
sonrisa de ella, preguntándome cómo iba a conseguir un hombre como él. Y
no sabía si él se horrorizaría o se enfadaría por atraparle con lo del niño.
—Morgan. —Escuché la voz de John al otro lado de la puerta—. La
cena está a punto de empezar.
—Ya voy. —Me limpié las lágrimas y tomé un gran sorbo de agua.
Presioné las manos sobre mi vientre—. Pase lo que pase, cariño, te querré y
te cuidaré siempre.
Con la cabeza en alto, salí de la oficina y me dirigí a la cocina, justo a
tiempo para el primer pedido.
Capítulo 21
Kade
Lunes
Dos días después, todavía no podía entender qué coño le había pasado
a Morgan aquella mañana. No importaba cuántas veces lo repasara en mi
mente, no lograba averiguar por qué se fue así.
Nos despertamos y tuvimos una dulce sesión de sexo. Empezamos a
hacer el desayuno juntos. Hablamos de críos. No me asusté, así que no
podía tratarse de eso. Tuve que contestar una llamada de uno de los
restaurantes. ¿Se enfadó acaso por ese motivo?
Cuando regresé, estaba en la mesa del comedor, feliz, bebiendo un té.
Se sintió lo bastante cómoda como para ir a la cocina a prepararlo y parecía
contenta. Y minutos después, de pronto, se había vestido y salía corriendo
por la puerta. No creí que fuera por su madre, y sigo sin creerlo ahora, ya
que no respondió a ninguno de mis mensajes.
Llamé al restaurante el sábado para ver cómo estaba.
—Esta noche muerde —dijo John.
—¿Qué quieres decir?
—No piensa más que en el negocio, aunque no te hagas ilusiones...
creo que está asustando incluso a algunos de los camareros.
No me preocupé por eso. Todavía se estaba adaptando a su papel, y
con los problemas de la primera noche, por poco que fueran, era normal que
reaccionara con fuerza para compensarlo.
Sin embargo, John estaba tan cerca como yo de saber qué le pasaba.
¿Salía con él y se sentía mal por haberse acostado conmigo? Ella me había
dicho que no era así, pero tal vez me mintió.
Lo último que se me ocurrió para explicar su abrupta partida fue que
viera el mensaje de Jolie. Pero no estaba seguro de si había llegado antes o
después de que Morgan se fuera. De cualquier manera, todo lo que tenía
que hacer era preguntarme por ello.
Cuando leí el mensaje, estaba tan enfadado por su marcha que pensé
en decirle a Jolie que viniera después de cerrar esa noche. Solo había dos
problemas. Primero, era de imbéciles actuar así. Segundo, no habría sido
capaz de seguir adelante. La única mujer que quería en mi cama era
Morgan. Hasta que ese deseo desapareciera, estaba jodido.
Decidí que quería ver adónde llegaría lo nuestro, lo que significaba
que mi deseo por ella podía durar un tiempo. Eso es lo que yo quería.
¿Había alguna manera de dejar de querer a alguien?
La alarma de mi reloj sonó, señalando que debía reunirme con Beth y
Ash para hablar sobre el restaurante y el proyecto del pequeño negocio.
Bajé por el pasillo hasta la oficina de Ash.
—Sí, cariño, está bien. Puedo encargarme de la reunión —dijo Ash.
Esperé fuera para no interrumpir su llamada con Beth.
—Tenemos que decírselo, Beth. El hecho de que Morgan esté
embarazada va a afectar al restaurante. Necesita hacer planes, y Kade es el
mejor para ayudarla.
De pronto, la cabeza me daba vueltas y se me debilitaron las rodillas.
¿Morgan estaba embarazada? ¿Fue por eso que se marchó? No, negué con
la cabeza. No lo habría sabido en una noche. Pero ¿fue por eso que dijo que
no necesitábamos usar un condón? ¿Sabía que estaba embarazada? ¿Por qué
no me lo dijo? ¿Iba a ser padre?
Me pasé los dedos por el pelo, tratando de contener mis acelerados
pensamientos. No, no podía ser el padre. Ella me lo habría dicho. Por muy
loca que fuera su partida del otro día, no podía imaginar que fuera el tipo de
persona que le ocultara esa información al padre de su hijo.
Quizás John era el padre, y ella se sentía rara al día siguiente al estar
conmigo. O joder, tal vez sí quería ver cómo estaba su madre. O tal vez fue
una combinación de todo eso.
—¿Kade? —Ash sacó la cabeza por la puerta—. ¿Me estás
esperando?
Tragué saliva.
—Sí. ¿Listo?
—Sí. Beth no puede venir, pero creo que podemos encargarnos de
todo sin ella.
Asentí con la cabeza, sintiéndome como si estuviera en otro mundo
paralelo. Aquí, pero no exactamente aquí.
—¿Estás bien?
Me di una bofetada mental.
—Sí. Lo siento. Hoy tengo muchas cosas en la cabeza.
—Revisé los informes que me diste y lo que John Parker envió.
Me asqueaba escuchar el nombre de John. Quería arrancarle la cabeza
de cuajo por haberme quitado a mi mujer.
—¿Kade?
—Sí. Todo va bien. Aunque solo han pasado unos pocos días. Cuando
la novedad desaparezca, empezará la verdadera prueba.
Ash descansó sus antebrazos en el escritorio.
—Hay algo que debes saber. Tiene que quedar entre nosotros.
—¿Hmm?
Me estudió como si no estuviera seguro de poder confiar en mí. Eso
me molestó.
Sintiéndome malhumorado, dije:
—¿Es por el bebé de Morgan?
Su cabeza se sacudió con sorpresa.
—¿Lo sabías? —Luego sus ojos se entrecerraron—. Dios, tú no...
—¿Por qué siempre piensas lo peor de mí? Yo no fui el que dejó
embarazada a una chica. Fuiste tú. —Me levanté mientras la tensión
recorría mis venas.
Ash alzó las manos.
—Lo siento. Tienes razón. Lo que pasa es no está claro si se va a
casar o a tener ayuda. Debemos hacer los ajustes necesarios para eso.
—Ya estoy en ello —dije, aunque no tenía ni idea de lo que iba a
hacer—. Subiremos los beneficios, invertiremos en buenos trabajadores y
en marketing. El local puede funcionar casi sin ella.
—Nueve meses no es mucho tiempo.
—En el peor de los casos, lo convertiremos en uno de los restaurantes
de Industrias Raven.
Ash frunció el ceño.
—No creo que Morgan desee eso, y sé que Beth no querrá que se lo
quitemos.
Realmente necesitaba un momento a solas.
—Déjenme estudiar algunas ideas. Me pondré en contacto contigo.
—Tú eres el experto.
De regreso a mi despacho, escuché un alboroto proveniente de la
oficina de Ben. La puerta estaba abierta, así que me asomé.
—Deja de molestarme —le gritaba Ben a Alex.
—Entonces deja de hacernos perder el tiempo —respondió esta.
Pensé en marcharme; no obstante, los dos estaban de pie como si aquello
fuera un duelo. Normalmente, Alex se las arreglaría sin problemas, pero no
me fiaba de Ben, podría hacer una locura.
—Métete en tus propios asuntos —le gritó él.
—Tú eres asunto mío, imbécil. Te estás ahogando en alcohol, y si no
espabilas, vas a perder la mejor oportunidad que tienes de salvar el legado
de tu padre y tu propia vida. —Alex tenía razón.
—¿Y quién dice que quiero vivir? Tal vez lo que deseo es ahogarme.
—Estoy tratando de empatizar contigo, pero eres un cabrón egoísta.
—Por fin lo entiendes —respondió él burlón—. ¡Ahora vete! —Se
inclinó hacia ella. Lo suficientemente cerca como para que no pudiera
arriesgarme a que la lastimara.
Entre en su despacho.
—Bien, apartaos.
Alex lo miró con desprecio, y luego pasó corriendo por la puerta.
—Que te vaya bien —exclamó Ben.
—Sabes, tiene razón —le dije, viendo cómo se balanceaba para
sentarse ante su escritorio—. Alex rara vez se equivoca en asuntos
importantes.
—Todos vosotros podéis recibir órdenes de esa niñata, pero no me
interesa.
—¿Niñata? Alex es mayor que Beth. Y, desde luego, mucho más
madura que tú.
—¿Qué quieres, Raven?
—Realmente, que te organices. Pero si no vas a hacerlo, al menos no
hagas miserable la vida de los demás que están a tu alrededor.
—Márchate —me gritó.
Sabiendo que no me iría mejor que a Alex, me fui. Tenía mi propia
mierda que resolver.
Fui a mi oficina y cerré la puerta. Me acosté en el sofá y traté de
averiguar qué coño hacer. Morgan estaba embarazada de otro hombre. ¿Ese
tío estaba en su vida? ¿Iba a formalizar su relación? Una parte de mí quería
usar los puños para que hiciera lo correcto, pero otra esperaba que se
hubiera ido hace tiempo. Porque, maldita sea, yo quería ocupar su lugar.
Pero no entendía a Morgan. Pensé que le gustaba y que podíamos ver
adónde iría lo nuestro. Sin embargo, al instante siguiente, estaba huyendo
de mí y me ignoraba.
Un golpe en mi puerta me hizo sentarme.
—Pasa.
Alex entró.
—No necesitabas intervenir con lo de Ben.
¿Qué coño…? Esto era lo último que deseaba discutir.
—La próxima vez no lo haré. —Me levanté y fui a mi escritorio.
Cuando todavía estaba allí de pie, pregunté—: ¿Qué?
Se encogió de hombros.
—Nada.
—Me pediste ayuda, lo intenté. Ahora me dices que me mantenga al
margen, Alex. Por una vez, estaría bien que la gente supiera qué demonios
quiere.
—¿La gente?
—No importa. ¿Algo más?
—No. —Se dio la vuelta y se fue, dejándome con la duda de qué es lo
que está mal en el mundo.
Decidiendo que necesitaba un café para ayudarme a terminar el día,
me dirigí a la sala de descanso. Hunter estaba allí maldiciendo en la
máquina de café.
Me quedé a su lado, esperando a que hiciera café o se rindiera.
—¿Qué? —gruñó—. Sin comentarios sarcásticos.
—Para hoy ya no me quedan. Vuelve mañana.
Me frunció el ceño.
—Esta máquina fue idea tuya, ¿verdad? Tal vez puedas hacerme una
taza de café.
Asentí con la cabeza y me acerqué a la cafetera mientras él se sentaba
a esperar. Nos preparé una taza y me senté con él.
—Ben la está cagando —comenté.
—Menuda novedad.
—¿Crees que podría ponerse violento? Él y Alex se calientan bastante
—le dije, al tiempo que vertía un montón de crema en su café.
—Supongo que depende de cuán bebido vaya. Haré que alguien lo
vigile. Grace ha tratado de animarlo a buscar ayuda, pero nada le importa
una mierda. Ni siquiera él mismo.
Asentí.
—Le dijo lo mismo a Alex. —Nos tomamos un momento. El mundo
debía estar a punto de desmoronarse porque, luego, me oí decir—: Acabo
de enterarme de que una mujer que me gusta está embarazada.
Sus cejas se levantaron.
—¿Al final, sucedió? Llamaste a la puerta...
—Joder, no. Dios, ¿alguno de vosotros me respeta?
Me estudió en silencio un segundo.
—Claro. Te tengo mucho respeto, hermanito.
Puse los ojos en blanco ante el comentario del hermano pequeño.
—No importa.
—Lo siento. —Se inclinó hacia adelante—. Así que te gusta una
chica que está embarazada. Supongo que el padre no está con ella.
—No —dije, aunque no lo sabía con seguridad. Todo lo relativo a
Morgan era un enigma para mí. Había sido virgen, así que era raro pensar
que empezaría a acostarse con alguien. Al principio, habíamos acordado
pasar una sola noche juntos y yo había reaccionado fatal, así que, por
supuesto, ella habría seguido adelante. Pero ¿por qué no usó condón?
Recordé que no lo había utilizado aquella noche en el restaurante. Y no
había dicho nada. ¿Ya estaba embarazada entonces?
—Creo que tienes que decidir si te gusta de verdad. Si solo quieres
follarla...
Empecé a negar que no era así, pero él continuó:
—No digo que sea así, o que seas incapaz de amar. Todo lo que digo
es que una mujer con un niño necesita estabilidad. No se puede jugar con
alguien así. No podemos predecir el futuro, por supuesto, pero si no puedes
verte a su lado a largo plazo, entonces deberías dejarla ir.
—¿Eso es lo que os ocurrió a Grace y a ti?
Asintió con la cabeza.
—Se me acercó sigilosamente, pero sí. No podía imaginar mi vida sin
ella.
—Gracias.
Me levanté y me dirigí a mi oficina. Me senté ante mi escritorio,
bebiendo el café y repasando las palabras de Hunter. ¿Podría verme a largo
plazo con Morgan? ¿Podría criar al hijo de otro hombre? La respuesta tenía
que ser sí, porque una cosa que sabía con seguridad, tan segura como que el
sol saldría mañana, era que no podía alejarme de ella.
Capítulo 22
Morgan
Jueves
Cerré las puertas del restaurante, sintiéndome exhausta pero alegre.
Esto era lo que estaba destinada a hacer. ¿Era mi verdadero sueño? No.
Estaba dispuesta a renunciar a mi idea del puesto de comida porque Kade
tenía razón, había más seguridad financiera en un restaurante. Y más riesgo.
Pero si pudiéramos mantener el local lleno todas las noches, lo
haríamos genial. Las recetas todavía no eran lo que yo quería, sin embargo,
me resistía a cambiarlas ya que lo que estábamos haciendo ahora
funcionaba.
La vida era agradable. Por una vez, estaba haciendo el trabajo que me
apasionaba, y resultaba increíble el sentirme tan fuerte y segura. Me sentía
como la líder del equipo. No tuve ningún problema en advertir al personal
cuando creí que se estaban quedando cortos, y estuve ahí para decirles que
también estaba contenta con su trabajo.
Durante unos días, noté cierta tensión por parte de algunos camareros
y del personal de cocina, pero una vez que me acomodé un poco en mi
papel de jefa, eso disminuyó. John seguía siendo demasiado atento para mi
gusto, aunque pude soportarlo.
Era mi vida personal la que no alcanzaba la perfección, y tuve que
aceptar que en parte era culpa mía. Había abandonado a Kade sin ninguna
explicación. En ese momento, parecía justificado. Cuando llegó su primer
mensaje después de que me fuera de su casa, pensé que tenía mucha cara
para preguntarme qué pasaba.
Con los siguientes, pensé que probablemente no veía ningún
problema en su comportamiento. Él era Kade Raven, un conocido playboy.
Fui idiota al pensar que quizá significaba algo para él como para ser
monógamo.
Y luego estaba lo del bebé. Necesitaba decírselo, pero no sabía cómo.
En el peor de los casos, retiraría su apoyo al restaurante, y tal vez
convencería a Ash y a su familia de cancelarme el préstamo. El mejor
escenario sería que nos ofreciera a mí y al bebé un apartamento elegante y
visitas de fines de semana para ver al niño, si no trataba de hacerse con la
custodia.
Mi sueño, por supuesto, sería que me dijera que me quería, que nos
quería a los dos. Rodé los ojos. «Contrólate, Morgan», me reprendí.
Aparté los pensamientos de Kade, y en su lugar me centré en lo
importante. Mi trabajo. Con una sonrisa, abrí la puerta de mi apartamento e
inmediatamente mi gesto vaciló.
—¿Mamá? —Estaba en el sofá, retorciéndose de dolor. Dejé caer el
bolso y fui hacia ella—. ¿Qué puedo hacer? ¿Dónde está tu medicina?
—Ya la he tomado.
Me senté con ella en el sofá y la abracé.
—¿Qué pasa? ¿Esto es nuevo?
—Creo que es el curso natural —dijo, y apoyó su cabeza en mi
regazo.
—Lo siento mucho, mamá. —Le atusé suavemente el pelo—. Te
conseguiré ese tratamiento pronto, lo prometo.
Empezó a llorar.
—Soy una carga. Deberías salir a divertirte. Ir de compras con tus
amigos en vez de estar preocupándote por mis tratamientos.
—¡Basta! Trabajaste muy duro para apoyarme. Ahora es mi turno. Te
quiero, mamá.
Se quedó quieta en mi regazo.
—No deseo esto para ti.
—¿No quieres que tenga a mi madre? —Me preguntaba si contarle lo
del bebé la animaría o la estresaría más.
—Estás tergiversando mis palabras.
—Tus palabras son retorcidas. Vamos, te llevaré a la cama. —La
ayudé a levantarse, y lentamente nos dirigimos a su dormitorio. Le puse el
camisón y la metí en la cama—. ¿Necesitas tu última píldora para la noche?
Ella asintió.
—Sí. Está ahí, en mi mesita de noche.
Le di la píldora y le traje un poco de agua. Cuando se la bebió, le
quité el vaso.
—Descansa un poco, mamá.
—Gracias, cariño.
Apagué su luz y cerré la puerta. Estaba agotada, pero aún me sentía
un poco nerviosa, así que decidí darme un baño. Llené la bañera y encontré
un jabón corporal de lavanda para usar como baño de burbujas. Se suponía
que la lavanda debía calmar y relajar. Me vendría bien algo de eso en mi
vida.
Probé el agua, recordando que las mujeres embarazadas debían evitar
el agua caliente en la bañera. Decidí que así era seguro, me desnudé y me
metí, bajando hasta que la parte superior de mi cuerpo estuviera en el agua.
Cerré los ojos y traté de ralentizar el ritmo de mi respiración.
Por supuesto, lo primero en lo que pensé fue en Kade. No había
meditación o relajación posible con imágenes de él pululando por mi mente.
Parecía haber perdido interés por mí, lo cual me entristeció, porque hasta
que vi el mensaje de Jolie, todo había sido perfecto. La gentileza y cuidado
con los que me había tratado la noche anterior, cuando me tocó e hizo que
mi cuerpo ardiera por él. Y, por la mañana, había sido lo mismo, lento y
dulce.
Me froté la barriga.
—Kade —susurré.
Me sentí sola y patética. No tardé mucho en salir del agua, me sequé,
me puse unos pantalones cortos y una camiseta para dormir, y luego me
metí bajo las sábanas. Quería llorar, pero no me lo permitía. ¿Qué
conseguiría? ¿Traería a Kade de vuelta? No. ¿Haría que mi madre sanara?
No. ¿Me daría la seguridad que necesitaba para cuidar de mi bebé? No.
Entonces ¿de qué servía llorar?
Me di la vuelta, e intenté vaciar mi mente. Sabía que las cosas se
verían mejor por la mañana. Sola, por la noche, en la oscuridad, todo parece
más sombrío. ¿Cómo era el dicho? «Siempre estaba más oscuro antes del
amanecer». El que lo acuñó tenía razón. Ahora mismo, estaba bastante
oscuro. Peor aún, no parecía que fuera a ver el amanecer.
Capítulo 23
Kade
Jueves
Su olor todavía perduraba en mi cama. Era tan patético que no había
dejado que mi ama de llaves lavara las sábanas.
Cogí la almohada que Morgan había usado e inhalé su dulce aroma de
lavanda y vainilla. Iba a hacer un bollo con vainilla de lavanda y llamarlo el
bollo de Morgan. Sí, me había convertido en un cursi. Mis hermanos se
divertirían mucho cuando lo supieran.
Pero no era solo en Morgan en lo que tenía que pensar. Iba a tener un
bebé. Era una mujer fuerte y capaz, pero Ash tenía razón, necesitaría ayuda.
Llevar un restaurante requería largas horas, normalmente de noche. Podía
contratar a una niñera, pero no imaginaba a Morgan dejando el cuidado de
su bebé a una tercera persona.
No, ella era de las que se ataban al niño a la espalda para acelerar los
pedidos. O tal vez trabajaría de cara al público por una vez, dejando que los
clientes vieran a su precioso niño. Eso podría ser un poco informal y
campechano para el tipo de restaurante que tenía. Recordé que
originalmente quería un local más orientado a las familias. Tal vez debería
haberla ayudado con eso.
Joder, quería ayudarla con todo, con su sueño. Su felicidad. Su bebé.
La pregunta era, ¿me querría ella a mí?
A la noche siguiente, no pude alejarme más. Era viernes, así que el
restaurante debería estar lleno, pero fui de todos modos. Morgan estaba a
cargo de todo, y John tenía razón, estaba al mando, pero eso no significaba
que ella y el equipo de cocina no sintieran los efectos de un local lleno de
gente.
—Un montón de clientes llegaron a la vez —me dijo John mientras
yo miraba a Morgan desde la esquina de la cocina—. Tenemos un par de
quejas por la espera. Lo hace muy bien cuando el flujo es constante, pero no
cuando estamos hasta arriba. Otro chef podría ayudar. Conozco a uno con el
que he trabajado en el pasado.
Pensé en ello, intentando centrarme en la parte profesional de la
conversación y no en preguntarle si se tiró a Morgan y la dejó embarazada.
Al considerar sus palabras, tuve que plantearme si Morgan estaba haciendo
más de lo que estaba preparada para hacer. Además, estaba embarazada.
Recordé a Sara al principio de su embarazo. Se encontraba exhausta.
Joder. Debería hacer que Morgan se acostara y descansara, no que hiciera
varias cosas a la vez como una loca dando órdenes, embellecer los platos y
enviarlos.
—¿Kade?
Me di vuelta y vi a un crítico gastronómico local. Esperaba que no
fuera uno de los que se habían quejado.
—Yo me encargaré de esto —dijo John.
Estaba a punto de dejarlo, pero luego negué con la cabeza.
—No. Déjame a mí.
—Lyle, ¿cómo estás? —le saludé, caminando hacia él—. ¿Tienes
mesa?
—Sí, en la esquina.
—¿Te traigo una copa? —le pregunté. No hay nada como el alcohol
para ayudar a mejorar una crítica.
—No, gracias. Aunque quería aprovechar la oportunidad de hablar
contigo.
—Encantado. —Caminé con él a su mesa y me senté.
—¿Este es un restaurante de los Raven? —me preguntó Lyle antes de
sacar su cuaderno. Ya había cenado, y yo fruncí el ceño porque sus platos
aún estaban en la mesa.
Levanté una mano para llamar la atención de John y señalé los platos.
En su honor, se acercó él en vez de enviar un camarero.
—Para responder a tu pregunta, no exactamente. Industrias Raven
acaba de iniciar un nuevo programa para financiar pequeñas empresas
dirigidas por mujeres. Este es nuestro primer proyecto. ¿Qué opinas?
—La comida está bastante bien. Pretende ser una fusión, pero no lo
consigue.
Joder. Eso no era bueno.
—En realidad, fue sugerencia mía que las cosas sean más
tradicionales.
—Hmmm. —Hizo otra anotación en su cuaderno—. El servicio fue
un poco lento.
Asentí y me planteé la posibilidad de inventar una excusa, pero decidí
que si lo hacía lo que lograría es que Morgan pareciera no estar preparado.
—Se lo diré a la dueña. ¿Algún otro comentario en el que pueda
ayudarla?
Entrecerró los ojos como si le sorprendiera mi respuesta.
Normalmente era más agresivo defendiendo mis restaurantes, pero este no
era mío, por mucho que quisiera que fuera un éxito.
Continuamos charlando durante otros quince minutos. Cuando se fue,
volví a la cocina para ver cómo estaba Morgan.
El chef y su equipo seguían trabajando, pero Morgan se encontraba de
pie con la cabeza gacha limpiándose la frente. John estaba frente a ella. Le
puso una mano en la mejilla.
—Está bien. Todos nos ponemos un poco nerviosos.
Al menos, eso es lo que pensé que dijo. No podía estar seguro porque
la rabia me resonaba en los oídos al verle tocarla.
—Morgan. —Mi voz fue más aguda de lo que hubiera querido, pero
fue una suerte que no lo hiciera papilla allí mismo.
Él contestó por ella:
—Solo necesitaba algo de apoyo.
—No te metas —le advertí.
—Yo puedo...
—Tenemos que hablar —la interrumpí.
—¿Quién se encargará del comedor? —preguntó John.
—¡Tú! —Llamé a uno de los camareros—. ¿Este es tu primer trabajo
en un restaurante?
—No, señor —dijo el joven.
—Bien. Te encargarás de vigilar el comedor hasta la hora de cerrar.
¿Puedes hacerlo?
—Sí, por supuesto, señor Raven.
—¿Qué pasa con sus mesas? —inquirió John.
—Puedo hacerlo —dijo el camarero.
—Vamos a tu oficina —le dije a Morgan.
Parecía un poco preocupada y molesta, pero me siguió. Cuando
entramos, se sentó ante su escritorio. Cerré la puerta.
—Lo primero es lo primero, ¿qué coño te pasó para que salieras
corriendo de mi casa la otra mañana como si tuviera piojos?
Ella frunció los labios.
—Ya te lo dije, mi madre...
—Mentira. —Agarré una silla y me senté frente a ella—. Dime la
verdad, Morgan. ¿Hice algo mal? ¿Lo hiciste tú?
—¿¡Yo!? —Sonaba incrédula pero luego su cara se transformó en
culpa. Ella hizo algo—. ¿Cómo te fue tu cita con Jolie?
Me apoyé en el respaldo de la silla. Así que fue eso. Saqué el móvil
del bolsillo y abrí los mensajes de Jolie, empezando por aquel en el que me
decía que quería mostrarme su lencería. Sostuve el teléfono ante Morgan
para que los leyera.
—No necesito saber lo qué le dices a otras mujeres.
—Léelo —gruñí.
Susurró algo que me sonó a un «vale». Sus ojos se abrieron de par en
par en el mismo instante en el que llegó a la parte en que le decía a Jolie
que no la vería más porque había conocido a alguien.
Su mirada se dirigió hacia mí.
—Todo lo que tenías que hacer era preguntar, Morgan.
Ella tragó con fuerza.
—Lo siento.
—¿Fue la única razón por la que te fuiste?
Ella asintió.
—¿Qué pasa con el bebé?
Sus ojos se abrieron aún más que antes.
—¿Quién...?
—Mira, me importa una mierda que hayas estado con otro desde que
yo... bueno, eso no es cierto, me importa, joder. Me vuelve loco imaginar
que alguien más te toque. Pero te quiero a ti, Morgan. No puedo dejar de
quererte. Y quiero a tu bebé. Si es de John y todavía está interesado en ti...
entonces él y yo vamos a tener un problema. —Sacudí la cabeza, porque
eso había sonado fatal. ¿Y si a ella le gustaba?—. A menos que tú le
quieras. Dime, Morgan. ¿Es John el hombre al que quieres?
—No —dijo ella y la miré de cerca queriendo ver si era verdad.
Le tendí la mano, y ella vino hacia mí voluntariamente, dejándome
que la sentara en mi regazo hasta que se puso a horcajadas.
—Dime que has terminado con él.
—Solo está coqueteando.
Sacudí la cabeza porque eso no era lo que quería oír.
—Dime que no es nada para ti. —Por supuesto, si él fuera el padre de
su bebé, eso sería jodido, pero no me importaba. Necesito que esté fuera de
su mente, aunque no pueda sacarlo de su vida.
—Él no es nada para mí. Pero este restaurante sí, Kade.
—¿Y yo? —Odiaba preguntar eso, así que no dejé que me
respondiera. En vez de eso, capturé sus labios con los míos, sintiendo que
tenía que besarla o me desvanecería. Eso es lo que era ella. Morgan era
como un elixir, me llenaba de alegría. Sentí que todo lo que era o sería
alguna vez partía de este momento. Tenía que convencerla de que podía ser
el hombre que ella quería. Podría ser el padre de su hijo. Juntos, podríamos
hacernos los dueños del mundillo de la restauración de Nueva York.
Pero como no era tan bueno con las palabras, usé mis labios y mi
lengua de manera diferente, sonsacándole un gemido mientras le apretaba el
culo y la acercaba hasta que su coño se frotó contra mi polla.
—Quiero follarte aquí y ahora, Morgan.
Gimió mientras me desabrochaba la hebilla del cinturón. «Al menos
podríamos hacer esto bien», pensé. Cuando estábamos desnudos, y solo
nuestros cuerpos hablaban, hablábamos en perfecta armonía. ¿Por qué no
pudimos hacerlo bien en los demás momentos en que estuvimos juntos?
Capítulo 24
Morgan
Viernes
Sabía que Kade estaba en la cocina vigilándome esta noche, pero lo
ignoré. Primero, porque todavía me dolía lo del mensaje de Jolie, pero
también porque el restaurante estaba lleno, y apenas lograba cumplir con
los pedidos. En un momento dado, antes de que Kade llegara, el chef y yo
casi nos gritamos.
John había estado allí para intervenir. Me dio un respiro para que
pudiera tomar un poco de agua y calmarme. Pero entonces me enfadé
conmigo misma por desmoronarme. Este era mi restaurante, y por mi madre
y mi bebé, tenía que hacer que funcionara. Yo, no John. No Kade.
Pero no podía negar que sentía una presión extra con Kade
vigilándome. Me preguntaba qué le decía John. Probablemente que estaba
estresada. Era un pelota conmigo, pero no dudaba de que me tiraría ante un
autobús para llegar a Kade si pensaba que eso ayudaría a su posición.
Cuando Kade salió de la cocina, respiré de alivio y me concentré en
las últimas órdenes de salida. Eso no quiere decir que no tuviéramos menos
pedidos, pero su cantidad se redujo a un número manejable.
Me detuve a tomar un respiro y a limpiarme la frente cuando John
llegó, para darme su habitual charla de «puedes hacerlo» que no estaba
segura de que él mismo se creyera. Presionó su palma contra mi mejilla,
pero estaba demasiado cansada para apartarlo. Fue la mirada amenazadora
que Kade le lanzó lo que finalmente hizo que me dejara.
Cuando Kade empezó a decirnos qué hacer, quise negarme, pero de
nuevo, estaba demasiado cansada para discutir. Pensé que lo escucharía, le
diría lo que pensaba y luego terminaríamos con esto de una vez por todas.
Bueno, excepto por el asunto de nuestro bebé.
No quise decir que sabía lo de Jolie, pero entre mi cansancio y mi ira,
se me escapó. Me miró como si fuera idiota. Cuando leí los mensajes que
me mostró, descubrí que lo era.
JOLIE: Regreso esta noche. Compré lencería nueva en París. Y
aprendí algunos trucos. No puedo esperar a desnudarme y mostrártelos.
KADE: Espero que hayas tenido un buen viaje. No puedo. He
conocido a alguien.
JOLIE: ¿En serio? Debe ser especial para apartarte de la
circulación. ¿Es algo serio?
KADE: No estoy seguro, pero quiero averiguarlo.
Una mezcla de culpa y felicidad se enredó en mi estómago. Tenía
razón, debería haberle preguntado. Se había interesado por mí. ¡Por mí! La
forma en que me exigió que le dijera que John no era nada me dejó claro
que estaba celoso, lo que solo podía significar que todavía me quería.
Cuando mencionó al bebé, casi me caigo de la silla. Lo único que
podía pensar era en que Beth me había traicionado. Se lo había dicho a Ash,
quien probablemente se lo dijo a Kade. Aunque no podía culparla por
decírselo a su marido; estaba segura de que me había superado en cuanto a
lealtad.
También comprendía por qué Ash se lo dijo a Kade. Seguramente,
estaría preocupado por mi capacidad para continuar con el restaurante.
Estaba decidida a hacer que esto funcionara, y lo que tuviera que hacer para
probarlo, lo haría.
Ahora era el momento de contarle lo del bebé, especialmente porque
parecía que quería involucrarse. Pero entonces sus labios cubrieron los
míos, todo lo que podía hacer era sentir las dulces endorfinas inundar mi
cuerpo. Esto era lo que quería. Que me tocara como si fuera la única del
mundo para él.
En realidad, fui una cobarde, que seguía posponiendo lo que
necesitaba decirle. No había aprendido nada del calvario de Beth y Ash, o
del más reciente por el mensaje de Jolie. Hablar era crucial para el éxito de
una relación, pero era demasiado cobarde para arriesgar este momento.
—Me vuelves loco, Morgan.
Quería leer todo tipo de cosas en esa afirmación, pero incluso después
de todo lo que habíamos hablado y hecho, no estaba segura de lo que
quería. Claro, no se veía con Jolie, y no quería que yo saliera con John. No
parecía importarle que estuviera embarazada. Pero no creía que él se
imaginara un futuro conmigo.
Un hombre como Kade, al final, se cansaba de las mujeres. Tal vez
duraríamos más, pero en cuanto mi embarazo se hiciera más evidente, me
dejaría. Incluso después de decirle la verdad, no se quedaría. Él mismo
había dicho que no se veía a sí mismo estableciéndose.
Un golpe en la puerta me hizo quitarme de encima de él y cubrirme
con la ropa.
—¿Qué? —ladró Kade.
—La cocina acaba de servir la última cena —dijo Manny, el camarero
que Kade había puesto a cargo del comedor, a través de la puerta.
—Ahora mismo salgo —contesté. Dios, esperaba que nadie nos
hubiera escuchado—. Necesito ayudar a cerrar.
—Te dejo con ello. No me necesitas aquí.
Lo miré fijamente, preguntándome qué quería decir.
—Puedes hacerlo.
Era lo mismo que me había dicho John, y como John, no podía estar
segura de que Kade creyera lo que decía.
Kade
Lunes
Justo cuando creía que estaba poniendo las cosas en marcha con
Morgan, tuve que dejar la ciudad para ocuparme de nuestro nuevo
restaurante en los Hamptons. Maldito Ben. Lo menos que podía hacer era
encargarse de sus propiedades.
Llegué demasiado tarde para verla anoche, cuando regresé, y esta
mañana tuve una reunión con Chase, Hunter y Ash para ponerlos al tanto de
lo que pasaba con las propiedades de los McAdams en Long Island.
Luego, fui a mi despacho, pensando en hablar con Morgan. Sin
embargo, antes quería revisar mis mensajes por si acaso me había llamado
ella. El único mensaje de voz que tenía era de John, de anoche:
—Me disculpo por cualquier malentendido que pudiera haberse
producido la otra noche, señor Raven. Siento una gran pasión por este
restaurante y sé que puedo hacer que sea un éxito. Pero necesitamos un
líder más experimentado. Ya vio a Morgan. Cuando se atasca, se ahoga. Y
todo el mundo en la cocina se ahoga por su culpa.
»Sé que es uno de sus proyectos favoritos, pero necesitamos a alguien
con más experiencia para que esto sobreviva. Llámeme cuando reciba este
mensaje. Estoy deseando discutir algunas ideas que tengo. Sé que le
gustarán.
Fruncí el ceño al apretar el botón para repetir el mensaje. ¿Qué
coño…? Tiré el teléfono sobre mi escritorio y me paseé de un lado a otro
por la oficina. ¿Qué estaba haciendo John? Le ponía las manos encima a
Morgan y, al minuto siguiente, me llamaba para decirme que era una
incompetente. ¿Ella lo sabía? ¿Fue, por eso, que terminó con él? ¿Por qué
no le despidió?
Entonces me di cuenta de que si Morgan se había acostado con él, y si
era el padre de su bebé, despedirlo podría ser un desastre legal.
—Vas a desgastar la alfombra como sigas paseándote así. Tal vez
deberías cambiar de rumbo —me dijo Alex al entrar en mi despacho.
Queriendo una segunda opinión, le pedí:
—Escucha este mensaje. —Levanté el teléfono y reproduje la
grabación de voz, mientras Alex se detenía frente a mi mesa.
—¿Trabaja para ella? —preguntó después de oír el mensaje.
—Sí.
—Sin embargo, cree que tú eres el que dirige el cotarro.
Sabía que Alex estaba al tanto de los detalles del nuevo proyecto de
Beth y Ash, pero se lo recordé:
—Soy una especie de mentor. Pero ese restaurante es de Morgan.
Se encogió de hombros.
—En mi opinión, está tratando de socavarla para llegar a ti.
Como una pieza de rompecabezas, encajó en su lugar.
—Tienes razón. —John probablemente estaba usando su encanto para
manipularla, mientras que al mismo tiempo la apuñalaba por la espalda.
Morgan era inteligente y valiente, pero había sido muy ingenua con los
hombres, así que le habría sido fácil—. Voy a arrancarle la cabeza a ese
cabrón —gruñí.
Los ojos de Alex se abrieron de par en par.
—Tal vez ella podría despedirlo.
Asentí con la cabeza, pero sabía que era una situación difícil si se
había acostado con él. Sin duda, John lo usaría en su contra. Tal vez incluso
contra Industrias Raven.
—Gracias, Alex. —Entonces me di cuenta de que probablemente vino
a verme por otra cosa, y le pregunté—: ¿Necesitas algo?
—Quería decirte que envié por correo electrónico algunas
especificaciones que tu padre quería que te reenviara al restaurante de
Bucarest.
—Les echaré un vistazo. Gracias.
Asintió y se fue. Esas especificaciones tendrían que esperar, sin
embargo. Llamé a John y le pedí que se reuniera conmigo en mi despacho.
Mientras esperaba que apareciera, revisé el informe de Bucarest e
hice una lista de cosas que necesitaba revisar. En algún momento, tendría
que volar y ver ese local en persona. Me preguntaba si podía convencer a
Morgan de que me acompañara. ¿Podrían volar las mujeres embarazadas?
John apareció diez minutos antes de nuestra reunión, probando la
teoría de que estaba ansioso por ganarse un puesto en un restaurante de
Industrias Raven. ¿Por qué no solicitó el puesto? No lo sabía. A menos que
estuviera buscando un cargo de gerente. Casi siempre concedíamos la
gerencia a alguien de dentro. Prefería contratar a gente que tuviera
experiencia en mis restaurantes.
—Gracias por venir con tan poco tiempo de antelación —le dije,
haciéndole señas para que se sentara en una de las sillas frente a mi
escritorio. Me quedé de pie, apoyándome en mi escritorio.
—Gracias por recibirme. Estaba preocupado por cómo podría tomarse
mi llamada. Pero sinceramente, veo tanto potencial en el restaurante que
quiero que sea un éxito.
—¿Y crees que la inexperiencia de la señorita Andrews lo está
impidiendo?
—Sí. Trabaja mucho, no hay duda. Pero es un poco desigual; algunas
noches es dura y otras, demasiado laxa. Anoche le dijo al chef que cambiara
el menú. Así, sin más, pese a que se trata de un restaurante que aún intenta
abrirse camino. Estoy seguro de que el chef está nervioso. Acaba de
acostumbrarse al menú que teníamos.
—¿Cambió el menú? —pregunté, queriendo asegurarme de que lo
había oído bien.
—Sí.
Cambiar un menú no era para tanto. En cada uno de mis restaurantes
teníamos unos cuantos productos básicos, sin embargo, los clientes
habituales podían contar con que, cuando vinieran, ofreceríamos platos
nuevos de vez en cuando.
El truco era no cambiar mucho demasiado rápido, especialmente en
un restaurante nuevo. Sin clientes habituales, cambiar un menú demasiado a
menudo podría dar la impresión de que el restaurante era un desastre.
—Le preocupaba la crítica que decía que estábamos intentando ser un
local de fusión pero sin llegar a ello —añadió John.
Joder. Había olvidado revisar la crítica de Lyle.
—Este programa trata de ayudar a convertir un restaurante en un
éxito, y eso no siempre será un camino de rosas. ¿No crees que Morgan se
adaptará y hará que funcione?
Juré ver las ruedas girando en su cabeza, mientras elaboraba la
respuesta que creía que más me convencería.
—Tal vez. Sé que este es un programa para ayudar a los empresarios,
pero también que Industrias Raven no está en el negocio para tirar el dinero.
—No. Pero hasta ahora, no he visto nada que sugiera que estamos
perdiendo dinero.
Asintió con la cabeza.
—Sí, lo entiendo. Aunque ya sabe cómo es el estrés. Se puede
acumular lentamente. Estamos avanzando, pero si seguimos teniendo
noches en las que se agobie, aparecerán grietas.
—Y, ¿cuál es la solución que propones? —le pregunté, con curiosidad
por su objetivo final.
—He trabajado en un restaurante como este antes, y ayudé a darle la
vuelta. Conozco a un gran chef que podría ayudarnos.
Fruncí el ceño.
—Como gerente, ¿no te hemos contratado ya para hacer eso? ¿Qué
me está pidiendo exactamente?
Parpadeó.
—Hacerme cargo del restaurante de Industrias Raven.
—¿Y qué hacemos con la señorita Andrews?
Se encogió de hombros.
—Ella quería un puesto ambulante de comida. Tal vez debería
empezar con eso.
—Ya veo...
De pronto, Morgan entró en mi oficina y, con los ojos ardientes, nos
miraba a John y a mí.
—Es mi nombre el que figura en el contrato de arrendamiento. No
puedes quitármelo así como así.
—Morgan. —Me enderecé esperando que ella no pensara que
realmente iba a darle su restaurante a este idiota.
—No. No necesito a ninguno de los dos para hacer que esto funcione.
—Miró a John—. Estás despedido.
Oh, mierda. Esperaba que él no nos presentara una demanda. Ya veía
los titulares de la prensa: el nuevo proyecto de Industrias Raven manchado
por una demanda de acoso sexual contra una mujer.
Ella me miró, con el mismo desprecio.
—La ciudad no necesita otro restaurante para los ricos. La gente
humilde como yo también disfruta, a veces, comiendo fuera.
Se dio la vuelta para irse.
—Morgan, espera. —Empecé a seguirla.
—No puede hacer eso, ¿verdad? —preguntó John.
—Claro que puede y lo ha hecho. Estás despedido. —La seguí hasta
el pasillo de mi oficina, vagamente consciente de que algunos de nuestros
empleados estaban allí—. ¡Morgan!
Se dio la vuelta.
—¿También me estabas manipulando?
—No. Dios, no. Me preparaba para despedirlo, pero temía que
intentara demandarnos, ya que tú y él...
—Déjalo. —Puso una cara como si no me soportara y se giró de
nuevo, dirigiéndose al ascensor.
—Morgan —la llamé, siguiéndola otra vez. Ahora estábamos frente a
los despachos de Ash y Chase—. Estoy de tu lado, de verdad.
Tenía unos veinte pisos para convencerla de que no le iba a quitar su
restaurante.
—Vuelve a mi oficina para que hablemos.
—¿Por qué? ¿Para que puedas volver a follarme?
Alcé las cejas por la sorpresa. Estaba enfadada.
—No. Así puedo disculparme por lo que parecía, y explicarte mis
verdaderas intenciones.
—Conozco tus intenciones. Sigo cayendo en ellas. —Sacudió la
cabeza y en voz baja murmuró—: Idiota.
No estaba seguro de si se refería a mí o a ella.
—No me lo vas a poner fácil, ¿verdad?
Finalmente se giró para mirarme.
—¿Por qué debería hacerlo? Solo porque todo en tu vida te ha
resultado fácil, tal vez es hora de que aprendas a trabajar por algo.
El fuego me quemó las tripas.
—¿No crees que trabajo? —Me rompí el culo por esta empresa. Por
su restaurante—. ¿O estás enfadada porque soy rico?
Hizo una cara de asco.
—No me molesta tu riqueza, Kade. Y no dudo de que trabajes de
verdad. Pero sé que nunca te has dedicado a un trabajo por el que
dependiera toda tu vida. Si algo sale mal, no pasa nada. Tienes una abultada
cuenta bancaria o el dinero de papaito para evitar que pierdas tu casa y
pases hambre. El resto del mundo... la mayor parte del mundo no tiene un
fondo fiduciario de mil millones de dólares al que recurrir si algo sale mal.
Así que no, no creo que realmente sepas lo que es trabajar como si tu vida
dependiera de ello.
Se dio la vuelta cuando se abrieron las puertas del ascensor. Salió por
ellas, y yo casi lo hice también, pero levantó una mano para detenerme.
—Me encargaré de esto a mi manera. Si fallo, será culpa mía. Pero no
voy a fallar por culpa tuya o por la de John. —Las puertas se cerraron.
—Vaya.
Cerré los ojos cuando escuché la voz de Alex detrás de mí.
—Bonito discurso. Y muy acertado —dijo.
Me volví hacia ella.
—Iba a despedirlo. Lo sabes, ¿verdad?
Ella asintió.
—¿Por qué la dejaste entrar en mi oficina? —Tenía que culpar a
alguien por semejante espectáculo de mierda. ¿Por qué no a Alex?
Sus ojos se entrecerraron.
—Veamos... no trabajo para ti. O tal vez fue porque estaba tratando de
hacerle un café a Ben. —Ella se alejó.
Me quedé sin aliento, decidiendo que me disculparía más tarde.
Me dirigí a mi despacho cuando vi a Chase y a Ash aparecer del de
Chase. Joder.
—¿Nos has contado todo lo que está pasando con este proyecto? —
me preguntó Chase.
—Sí. —Me quedé sin aliento—. Esto surgió esta mañana.
—Ella tiene razón en que el local es suyo. No puedes quitárselo.
—¿¡Qué!? No quiero quitárselo, Ash. Iba a despedir a ese capullo,
pero antes me irrumpió Morgan. —Hablando de Parker, ¿adónde se habría
ido John?
—¿Por qué ibas a despedido? —se interesó Chase.
—Estaba socavando su autoridad, y manipulándonos a ella y a mí
para tratar de conseguir el restaurante y dirigirlo como un establecimiento
de Industrias Raven.
—Cabrón —exclamó Ash.
Estuve de acuerdo.
—¿Hay alguna posibilidad de que pueda volverse esto en nuestra
contra? —me preguntó Chase.
Me encogí de hombros.
—No lo sé. Ella se encuentra en una situación personal de la que él
podría ser parte.
Ash levantó las cejas y me pregunté si había considerado que John
podría ser el padre del bebé de Morgan.
—¿Qué clase de situación personal? —me interrogó Chase.
—Creo que tenemos que esperar y ver lo que hace —dijo Ash.
Chase lo miró.
—Prefiero saber a qué nos enfrentamos.
—No nos dedicamos a meternos en la vida privada de la gente —
argumentó Ash.
—Sí, si eso puede perjudicar a la empresa.
—Déjame hablar con Morgan, primero —le pedí—. De todos modos,
necesito encontrarle un nuevo gerente.
Volví a mi oficina, necesitando un momento para reorganizarme. John
había desaparecido y tenía la esperanza de que no hiciera ninguna
estupidez. Podría tener que contratarlo en otro restaurante solo para
mantenerlo callado y que dejara a Morgan en paz. Eso me molestó. Tal vez
podría hacer que Ash lo llevase a uno de los clubes en su lugar. O mejor
aún, enviarlo a Bucarest para que dirija el restaurante de allí.
Mientras me sentaba aturdido, empecé a preguntarme si John
realmente podría ser el padre del bebé de Morgan. Ella no actuó como si lo
fuera. John no dijo nada, pero tal vez ella no se lo había dicho. Me pregunté
si se lo estaba guardando para sí misma porque había descubierto su nefasto
plan y no quería tener que criar a un niño con él. No podía culparla. Por
mucho que pensara que los hombres deben saber que iban a tener un hijo,
John no parecía un buen padre.
¿Lo era? Eso esperaba. Aunque había chocado con otro obstáculo en
esta loca relación con ella, la seguía queriendo. Quería ayudarla con su hijo.
Tenía razón en que no sabía lo que era tener que trabajar para salir adelante.
Sabía que el dinero podía resolver muchos problemas. Estaba dispuesto a
compartir mi fortuna para ayudarla, para que no estuviera tan desesperada
ni trabajara tanto.
—Tu padre ha llamado y quiere el informe sobre lo de Bucarest esta
noche —me dijo Alex, asomando la cabeza a mi puerta.
—¿Esta noche? Acabo de recibir sus datos.
Se encogió de hombros.
—Yo solo soy la mensajera.
Abrí los documentos del proyecto de mi padre. No podía lidiar con
Morgan en este momento, pero tal vez eso era algo bueno. Quizás darle un
día o dos la tranquilizaría para que pudiera hablar con ella. Tal vez.
Capítulo 26
Morgan
Miércoles
Sin un gerente, mi carga de trabajo aumentó sustancialmente. Me era
difícil ayudar a mi madre, lo que me hizo sentir culpable. Pero cuando el
restaurante se estableciera y tuviera unos ingresos constantes, ella podría
retirarse. El hecho de dejar de trabajar probablemente disminuiría sus
brotes. Si tan solo pudiera pagar sus tratamientos.
No contar con John también significaba que tenía que venir temprano
para ocuparme del inventario y otros asuntos de los que él se había
encargado. Me di cuenta de que había codificado mal algunos de los platos
en nuestro sistema digital de pedidos, por lo que teníamos algunos
inexactos. No solo me estaba socavando, había tratado de sabotearme. Y
Kade había caído en la trampa.
La traición de John me molestaba, pero la de Kade me había dolido.
Pensé que confiaba en mí. Estaba segura de que confiaba en mis
habilidades, o al menos en mi voluntad de aprender. Escucharle preguntarle
a John qué quería fue como una patada en el estómago. Me alegré de que el
chef escuchara a John citarse con Kade porque, así, pude pillarlos. Me había
sentido bien. Aunque, después, me asusté mucho porque sabía que estaba
realmente sola en este restaurante.
—¿Morgan? —El chef asomó la cabeza por la puerta de mi despacho.
—¿Sí?
—Tengo esas nuevas ideas para ti. —Me dio una lista de nuevos
platos de cocina fusión que podríamos utilizar—. Además, tienes compañía
fuera.
—¿Compañía?
—Creo que es el nuevo gerente.
Por mucho que necesitara un nuevo gerente, no iba a aceptar ninguna
de las recomendaciones de Kade. Entonces recordé que yo había insistido
en contratar a John. Quizás estaba demasiado verde para hacerlo sola.
—Gracias. Miraré esto cuando termine con mi invitado.
Asintió con la cabeza y desapareció. Me levanté del escritorio, y me
eché para atrás los mechones que se me habían soltado de la coleta. Mi
peinado puede que no fuera tan chic como los Raven, pero era práctico para
trabajar en un restaurante.
Entré en el comedor y me detuve cuando vi a Kade. Quería arrancarle
sus bonitos ojos verdes. Me agarré las manos a la espalda para no ceder a la
tentación.
—Morgan. —Su mirada estudió la mía como si estuviera midiendo
mi reacción.
—Señor Raven.
Suspiró.
—Te presento a Pat Crowly —me dijo, poniendo la mano en el
hombro de la mujer de mediana edad—. Es subdirectora de restaurante,
pero se ha ganado un ascenso. Espero que puedas entrevistarla para la
gerencia.
Sonaba como si me lo estuviera pidiendo, no ordenando. Eso suponía
un cambio.
La mujer me tendió la mano.
—Encantada de conocerla. He traído mi currículum. —Metió la mano
en su bolso, sacando un papel—. Espero que el respaldo del señor Raven
me ayude, pero él me ha comentado que tal vez sea lo contrario.
Le eché un vistazo.
—Le aseguro que no estoy en su contra. —Le indiqué con un gesto
mi oficina—. Por favor, sígame. Puedo entrevistarla ahora mismo.
Odiaba admitirlo, pero Kade tenía razón. Pat estaba preparada para el
cargo y tenía experiencia. Pero también escuchó mi visión sobre el
restaurante e incluso añadió algunas ideas.
—¿Cuándo puede empezar?
—Me han dicho que si le gusto, el señor Raven me liberará del bistró
inmediatamente. Puedo empezar ahora. —Sonrió, y me gustó la idea de
trabajar junto a otra mujer fuerte.
Le mostré el restaurante y le presenté al chef. Mientras tanto, Kade se
sentó en un rincón del comedor a trabajar. Dejé a Pat para que empezara y
me dirigí a él.
—Gracias —le dije manteniendo la compostura—. Creo que será
perfecta para el puesto.
Me sonrió y mi corazón dio un brinco. Le dije que se calmara. No
caería más ante hombres encantadores en los que no podía confiar.
—Me alegro. ¿Hay alguna posibilidad de que puedas pasar algo de
tiempo conmigo hoy?
No. No va a suceder.
—¿Por qué?
—Quiero explicarte por qué me reuní con John. Sé que piensas que
me estaba engatusando, pero no era así. De hecho, no me gustaba. Nunca
confié en él, ni siquiera al principio.
Yo fruncí los labios.
—¿Por qué no me lo dijiste? Era asunto mío despedirlo.
Asintió con la cabeza.
—Tienes razón. Me equivoqué. Lo siento. —Se puso de pie y se
acercó a mí. Mi mente me ordenó que retrocediera, pero como la idiota que
era, me quedé quieta, sintiendo su calidez mientras me tocaba suavemente
el brazo—. Pasa unas horas conmigo. Pat se instalará rápidamente. Puede
volver antes de la cena. Deja que te invite a comer.
Lo miré fijamente.
—¿Puedo elegir el sitio?
—Por supuesto, iremos donde tú quieras. Incluso a París.
Me dio un ataque de nervios, me molestó que alardeara de su dinero,
aunque la idea de ir a París me excitaba.
—Creo que me perdería si fuéramos a París.
—Nueva York, entonces. Tú eliges.
Agarré mi bolso y lo llevé al metro.
—Tengo coche.
—El metro es más rápido. —Era hora de que Kade entendiera cómo
era mi mundo de una vez. Si iba a ser un padre para mi hijo, quería que
supiera cómo era la vida real. No quería que mi hijo creciera entre
algodones y caprichos—. Pero guarda tu cartera en el bolsillo delantero del
pantalón.
—Ya he viajado en metro antes —exclamó.
—¿En serio? ¿Cuándo?
—Solíamos utilizarlo desde los Hamptons cuando éramos
adolescentes.
Puse los ojos en blanco.
—¿Por qué no en coche? Seguro que teníais chófer.
Su mirada me sugería que no me gustaría su respuesta.
—Lo considerábamos como una aventura.
—Sí, los barrios pobres son muy divertidos.
Fuimos hasta la parte baja de Manhattan y caminamos hacia Central
Park. Le señalé con la mano un puesto de comida ambulante que servía
comida fusión del sur.
Kade hizo una mueca.
—¿Aquí?
—Aquí —dije—. ¿Temes que la comida de verdad arruine tu paladar?
—Más bien tengo miedo de enfermar.
Rodé los ojos.
—Tienen que pasar las mismas inspecciones sanitarias como todos
los demás locales de comidas. —Me acerqué al puesto y pedí dos tacos de
gofre de camarones y mango. Iba a pagar, pero Kade se me adelantó con un
billete de veinte dólares, diciéndole al vendedor que se quedara con el
cambio.
Caminamos hasta el parque y nos sentamos cerca de la fuente.
—Bon appetit —le dije dando un mordisco al taco.
Kade estudió su comida un momento. Finalmente, se encogió de
hombros y dio un mordisco.
—Joder, qué bueno está.
—¿Verdad? —dije, complacida de que pudiera apreciar algo que no
costara cincuenta dólares el plato.
Me miró.
—¿Es este el tipo de cosas que quieres hacer? ¿Tacos de gofre?
—Tal vez no tacos, sino alimentos que combinen culturas en un
nuevo sabor delicioso. Y aunque no quiero echar a los ricos de mi
restaurante, me gustaría que fuera asequible también para la gente
trabajadora.
—¿Por eso cambiaste tu menú?
Lo estudié, preguntándome qué le había dicho John.
—Empezamos con un cambio. Un aperitivo, pero estamos analizando
el incorporar nuevos cambios, sí.
—¿Solo uno? —Sacudió la cabeza—. Me dijo que cambiaste el
menú.
—No soy idiota, Kade.
Tuvo la decencia de parecer disgustado.
—No. Lo sé. —Terminamos nuestros tacos y me sorprendió
pidiéndome que le enseñara otras opciones de fusión.
—Sabes, me sorprendí cuando me enteré que Ash llevaba a Hannah a
comer perritos calientes —admitió mientras comíamos un cucurucho de
helado americano, después de degustar unas patatas fritas asiáticas.
—¿Por qué? Están muy buenos. Y es algo típico de los neoyorquinos.
—La idea es repulsiva. —Hizo una cara de asco.
—Snob —dije, riendo.
Miró hacia abajo, y me pregunté si había herido sus sentimientos.
—Sé que no sé lo que es vivir como la mayoría de la gente, pero no
soy inmune a las dificultades, sufrimientos y desafíos de la vida.
Sabía que había perdido a su madre. Yo tenía suerte de conservar
todavía a la mía.
—Fuimos criados, sin embargo, para ignorar los sentimientos. Bueno,
de eso se encargó mi padre. Mi madre era genial. Me enseñó a cocinar,
aunque él solía decirle que dejara de enseñarme cosas de maricas.
Hice un gesto de dolor.
—Kade, eso es... —Quería decir terrible, pero tal vez eso era
demasiado.
—Ahora me rio de ello. Los restaurantes se me dan muy bien.
—Pero no cocinas en ellos. ¿Es esa tu pasión?
—Me gusta cocinar en casa. O para la familia, en ocasiones. Una vez
cuidé a Hannah y me dijo cómo cocinas con ella.
Sonreí.
—Es mi ayudante de chef.
—Está claro que todavía tengo cosas que aprender. Espero que tengas
paciencia conmigo.
No estaba segura de lo que estaba pidiendo, pero asentí de todas
formas. Mi ira y hostilidad habían desaparecido. Era hora de contarle lo del
bebé.
—Kade, yo... —Mi teléfono sonó con el tono de mi madre—. Lo
siento, es mi madre. Tengo que contestar.
Asintió con la cabeza.
—Sí, por supuesto.
—¿Mamá? —respondí.
—Oh, Morgan. —Sonaba tan débil, y era la voz que tenía cuando
había estado llorando.
—Mamá, ¿qué pasa?
—Tengo dolor y no puedo encontrar mi medicación. O los
analgésicos.
—Voy de camino. No te muevas de ahí —le dije mientras me
levantaba. —Tengo que irme, Kade. Lo siento. —No podía perder tiempo
con explicaciones, y simplemente regresé hacia la estación de metro.
—¿Qué pasa? —Me acompañó, caminando a mi lado.
—Es mi madre. Tiene lupus; ha ido empeorando progresivamente. —
No estaba segura de por qué le estaba contando esto. Tal vez fuera para
mostrarle cómo eran los desafíos de la vida real.
—¿Puedo ayudar en algo?
Negué con la cabeza.
—Necesito recoger un analgésico y volver a casa.
Me cogió del brazo para detenerme, mientras levantaba el otro brazo
y soltaba un silbato agudo.
—Toma un taxi, será más rápido.
Un taxi amarillo se detuvo junto a la acera y me abrió la puerta.
Cuando se subió a mi lado, le dije:
—No tienes que venir conmigo.
Me miró con atención.
—Si no quieres que vaya, Morgan, solo dímelo.
—No es eso —le conteste, sintiéndome fatal. Me senté y cerré los
ojos—. Es que es tan difícil verla así y no poder pagar el tratamiento para
ayudarla. Por eso este restaurante tiene que ser un éxito. Las facturas
médicas se acumulan, pero no puedo darle la única cosa que realmente
podría hacer su vida más fácil. —No iba a llorar, pero era muy complicado
evitar que las lágrimas.
—Puedo permitírmelo. Joder, y Beth y Ash también —me aseguró—.
¿Por qué no nos lo has dicho antes? Dios, ¿cuánto es? Te lo daré ahora
mismo.
Me di la vuelta sabiendo que debía sentirme agradecida, pero en
cambio me sentí como si estuviera recibiendo caridad.
—Mira, sé que piensas que soy un capullo insensible y con derecho,
pero por una vez, mi dinero puede servir para algo.
Me volví hacia él.
—No quiero que ni tú ni nadie me salve.
—¿Ni siquiera si eso ayudará a tu madre?
La culpa me golpeó las tripas. Y luego la rabia de que me desafiara
así.
—Te diré algo, Morgan, si alguien me ofreciera la oportunidad de
ayudar a mi madre, me lanzaría a ello y me tragaría el orgullo.
—No lo entiendes.
—No, no lo hago. —Me miró fijamente y pude ver el juicio en sus
ojos.
—Ella no quiere.
—¿No quiere qué?
Suspiré.
—No quiere que Beth pague su tratamiento. Habría aceptado la
ayuda, pero es una mujer orgullosa.
—No es la única —exclamó.
El taxi se acercaba a una farmacia.
—¿Puede parar aquí un momento y esperar? —le pregunté.
—El taxímetro seguirá corriendo.
—Te pagaré cien extra por esperar —dijo Kade.
—Esperaré.
Corrí a la farmacia con Kade detrás. Compré la medicina, sin poder
pagar porque Kade volvió a tirar billetes en el mostrador, sin preocuparse
por el cambio. Me llevó al taxi, y nos pusimos en camino de nuevo.
Cuando nos acercamos a mi apartamento, me asusté un poco de que
Kade fuera a ver dónde vivía. Cómo vivía. No estábamos en la miseria,
pero nuestra casa era pequeña. Estaba limpia y ordenada, pero no podíamos
permitirnos muchas cosas bonitas o nuevas. Sin embargo, al salir del taxi,
no me preocupé por lo que pensaría de mi casa. Mi primera preocupación
era ayudar a mi madre.
Capítulo 27
Kade
Miércoles
La actitud de Morgan me dejó atónito y me hizo daño. Me
desconcertó el hecho de que no utilizara ningún medio a su disposición para
ayudar a su madre. ¿Valía la pena soportar el dolor por orgullo? Pero
también me molestaba que sintiera que no podía confiar en mí.
La seguí dentro de su apartamento. Su madre estaba en el sofá,
parecía una cáscara de mujer. Debía tener unos cuarenta o cincuenta años,
pero parecía tener más de ochenta.
—Mamá, ya estoy aquí. —Morgan corrió a la cocina a buscar un vaso
de agua y se apresuró a volver con su madre—. Aquí tienes el analgésico.
Voy a por tu medicación ahora, ¿vale?
Su madre asintió con la cabeza, sus ojos cansados me miraban.
—Este es Kade, mamá. ¿Te acuerdas de él? Es el hermano de Ash.
—Te puedo preparar un té si te apetece —me dijo.
—No, mamá, necesitas descansar.
—¿Dónde están tus modales, Morgan? —le reprochó su madre.
—No se moleste, señora Andrews. Pero gracias.
—Lo siento, estoy hecha un desastre...
—Mamá, no te preocupes por eso. Déjame ir a por tu medicación y te
llevaré a la cama. —Miró a su madre y luego a mí, como si no quisiera
dejarnos solos. Al final, decidió que no tenía elección, y se fue por un
pequeño pasillo.
—¿La estás ayudando con su restaurante? —me preguntó su madre.
—Sí. Va a tener mucho éxito. —Yo me aseguraría de ello.
—Yo la frené.
—Es una hija cariñosa. También es fuerte.
Su madre sonrió.
—Y con fuerte voluntad. Supongo que lo heredó de mí. No lo parece
viéndome ahora, pero yo solía ser bastante franca.
—Veo el fuego en sus ojos, señora Andrews.
—Vale, mamá, aquí está tu medicación. —Morgan entró corriendo en
la habitación, dándole a su madre una pastilla—. ¿Por qué te llevo a la
cama?
—¿Puedo ayudar? —pregunté yo.
—No hace falta, gracias —dijo Morgan ayudando a su madre a
levantarse.
—Las mujeres de Andrews pueden ser difíciles —me dijo su madre.
—Sí, ya lo veo.
—Solo tienes que ser persistente.
—¡Mamá! —Morgan puso los ojos en blanco. Vi cómo se llevaba a
su madre de la sala.
Sonreí, disfrutando del intercambio. ¿Se dio cuenta su madre que
sentía algo por Morgan? ¿O Morgan le había hablado de nosotros?
Mientras observaba su pequeño apartamento, me di cuenta de que ella
y su madre habían trabajado mucho. Sospeché que con la enfermedad de su
madre, Morgan tenía que trabajar el doble.
Era un milagro que no albergara más resentimiento hacia nosotros y
los McAdams. Su madre había trabajado para la familia de Beth y Ben
desde siempre. Recuerdo haberla visto a ella y a Morgan en la casa de los
McAdams en los Hamptons cuando iba con Ash a jugar o a pasar el rato
con Ben.
Vieron de primera mano, una vida de lujos y, sin embargo, no eran
realmente parte de ella. Qué duro debió ser que se ocuparan de ellos, para
luego echarlas cuando la empresa empezó a tener problemas.
¿Dónde coño había estado Ben entonces? ¿Por qué no las ayudó?
Maldito perdedor.
—Se ha quedado dormida como un tronco —me dijo Morgan, al
entrar en la pequeña sala de estar—. Siento haber tenido que interrumpir
nuestro almuerzo. —Miró el reloj y sospeché que lo hizo para averiguar
cuánto le quedaba antes de volver al restaurante.
—No importa. Me gusta conocer más facetas de tu vida.
Miró su pequeño apartamento, y me sorprendió que no hiciera ningún
comentario sobre mi visión de él.
—¿Morgan?
—¿Hmm? —Ella me miró.
Me acerqué a ella.
—Déjame ayudar a tu madre.
Su cabeza negaba antes siquiera de terminar la frase.
—No puedo aceptarla.
—Puedes. No tienes que seguir viviendo así.
—Estoy bien.
Presioné con suavidad un dedo sobre sus labios, quitándolo
inmediatamente cuando el fuego encendió sus ojos.
—Por favor, déjame terminar. No te estoy juzgando. Estás haciendo
un trabajo increíble con todo, pero te vas a quedar sin fuerzas. No está mal
aceptar ayuda. Necesitas estar concentrada para dirigir el restaurante y no
puedes hacerlo si estás preocupada por tu madre y el dinero. —Ella no lo
negó, así que continué—: Tienes razón. Mi vida es fácil. Déjame usar mi
dinero para ayudarte a hacer la tuya también más fácil. Y la de tu madre.
Nadie debería sufrir por orgullo.
Pude ver en sus ojos que su convicción era vacilante.
—Te lo devolveré.
Resoplé.
—No es necesario, pero si así aceptas mi ayuda, está bien.
Ella asintió.
Alcé su barbilla con el dedo.
—Morgan, imagina el no tener que preocuparte por las facturas. —
Quería que la sensación de alivio y seguridad se infundiera en su alma para
que no cambiara de opinión.
Sonrió, y mi corazón dio un salto. Sí, estaba enamorado de ella.
Quería ofrecerle el mundo, pero conociéndola, se quejaría y discutiría. ¿Era
parte de su naturaleza, o su resistencia se dirigía específicamente a mí?
Ahora mismo, me centraría en hacer su vida más fácil. Me ocuparía
de las necesidades médicas de su madre y me aseguraría de que el
restaurante tuviera todo lo que necesitaba para que cumpliera su sueño.
Desde luego, lo había enfocado en una dirección equivocada. Estaba
orgulloso de ella por enfrentarse a mí y a John. Me gustó que me llevara al
puesto de comida para ayudarme a entender lo que quería. Ahora, iba a dar
rienda suelta a su idea.
Puse mis manos sobre sus hombros, que aún estaban tensos.
—Necesitas relajarte.
Puso los ojos en blanco.
—Tengo demasiado trabajo como para relajarme.
Alcé una ceja.
—Debes descansar o acabarás enfermando. Deja que me ocupe de ti.
Me miró con sospecha.
—No sé si que te ocupes de mi me ayudará a relajarme.
—Tienes una mente sucia. Estoy hablando de ayudarte con el trabajo,
aunque estoy abierto a algo más si así lo quieres
No dijo nada durante mucho tiempo, y pensé que tal vez no me había
escuchado o quizás entendido.
—Pensé que solo querías algo informal.
—Pero ahora quiero más. —Deslicé mis dedos por su mejilla
deseando poder besarla.
—Kade. —Su tono era necesitado y me dedicó una radiante sonrisa.
Sentí una pequeña punzada de tristeza cuando pensé que el bebé que
crecía dentro de ella no era mío. Aparté ese pensamiento, al no querer
profundizar en ello.
Quería quedarme a su lado, ayudarla en cuanto necesitara. Ser alguien
en quien ella confiara, así como su amigo, su amante y su confidente.
Pero por el momento me conformaba con estar con ella, en su vida,
Capítulo 28
Morgan
Miércoles
Estaba completamente feliz. Mi príncipe había venido a salvarme. Me
permití soñar con eso un solo instante, pero sabía que no podía creer en
semejante cuento de hadas.
—Lo que dije fue en serio. Quiero algo más que una aventura
contigo.
—Me encanta que pienses eso, pero las cosas son muy complicadas.
¿Qué pasa con el bebé? —Me sentía culpable no solo por no decírselo, sino
por dejarle creer que podría ser de otro.
—¿Qué pasa con eso? —Su mano siguió acariciando mi rostro—. Lo
que necesites, te lo proporcionaré. Si me dejas, lo criaré como si fuera mío.
Oh, Dios. La culpa iba a aplastarme. Pero junto con eso había una
poderosa emoción. Si no estuviera ya enamorada de él, le habría amado en
ese momento. Era hora de decir la verdad.
—Kade, necesito decirte... —En el pasillo, oí a mi madre.
Me besó en los labios.
—Podemos terminar esta conversación más tarde. —Me asomé por la
puerta justo a tiempo para ver la de la habitación de mi madre cerrarse de
nuevo. Debió haber ido al baño.
Me volví hacia Kade, poniendo el dedo índice sobre mis labios para
que guardara silencio, y luego salímos al pasillo. Lo acompañé hasta la
puerta principal.
Cuando llegamos, tenía una sonrisa infantil en la cara.
—Salir a hurtadillas del dormitorio de una chica. Hace mucho que no
hacía esto.
Me reí.
—Pues, para mí, es la primera vez que tengo que sacar a escondidas a
un chico.
Me rodeó la cintura con los brazos y me acercó más a él.
—Me gusta ser parte de tus primeras experiencias.
Fue dulce y sexy, y me recordó que no lo merecía.
—Piensa en lo que te dije, Morgan. Esto es más que una aventura
para mí.
Quería decirle que sí. Que para mí también lo era. Quería contarle lo
del bebé y que estuviera tan contento que me alzara en alto dando vueltas
de alegría. Quería que me librara del estrés no solo de mi vida, sino también
de la de mi madre. Pero los cuentos de hadas no se hacían realidad para
gente como yo, así que asentí con la cabeza.
Cuando se marchó, me fui a la cocina. Disponía aún de unos minutos
para prepararle algo a mi madre, para que comiera más tarde, antes de
volver al restaurante para la cena.
Le estaba haciendo arroz con verduras cuando sonó el teléfono. El
identificador de llamadas decía que era Beth.
—Hola, Beth —respondí.
—Hola. Hace tiempo que no sé nada de ti. ¿Estás bien?
—Sí, solo ocupada. —Terminé de poner las verdura y le puse la tapa.
—¿Qué ha sido ese gran enfrentamiento del que he oído hablar en la
Novata? —me preguntó, refiriéndose al edificio de oficinas de Industrias
Raven.
—No fue ninguna confrontación. Despedí a mi director general por
ser un gilipollas conspirador y le dije a Kade que iba a hacer lo que
quisiera.
Se rio.
—Dios, me hubiera encantado verlo.
—No estuvo mal —admití—. No te decepcionaré, Beth. Te lo
prometo.
—Sé que no lo harás, cariño, pero escucha. Hay que ir haciendo
planes para el bebé. Confía en mí, será difícil levantar un negocio con un
niño pequeño de por medio.
—Tengo una nueva gerente —le dije, tratando de evitar sonar a la
defensiva. A lo largo de la historia, las mujeres habían trabajado y cuidado
de sus hijos al mismo tiempo.
Ella se quedó callada un momento, y temí lo que intentaba decirme.
—Hunter le dijo a Ash que Kade le había pedido consejo. Parece ser
que está enamorado de una mujer embarazada.
Oh, Dios.
—Ash quería saber si eras tú. Le dije que no lo sabía, y no lo sé, por
eso llamo, pero sospecho que sí.
No le contesté nada.
—Y sospecho que es el padre de dicho bebé y no lo sabe.
—¿Por qué piensas eso? —Mi voz era inestable.
—Escucha, los hombres pueden ser un poco lentos a la hora de
asimilar cosas como esta. Creo que se debe a su capacidad de vivir mucho
en un estado de negación. Pero, al final, incluso ellos se dan cuenta. A
menos que nunca te hayas acostado con Kade, antes o después él sumará
dos y dos. Y créeme, enterarse así no es agradable.
Todavía no era capaz de hablar.
—Kade puede ser un poco brusco, pero es un buen tío. Hará lo
correcto. E imagino que si te has acostado con él, es porque tú piensas lo
mismo.
—Tal vez sea de otra persona.
Escuché un «Tsk» de Beth.
—Cariño, te conozco. No tienes lo que hay que tener para acostarte
con cualquiera. Y siendo sincera, estoy un poco decepcionada de que no me
hayas dicho que finalmente perdiste tu virginidad. Solíamos hablar más.
—Te ibas a casar y a tener tu propia vida. —Me limpié las lágrimas
que había empezado a derramar casi sin darme cuenta.
—Eso no significa que no seamos amigas o que no tenga tiempo para
ti. —Cuando no le respondí, me preguntó—: ¿Lo amas? ¿O al menos le
tienes cariño?
—Sí.
—¿El bebé es suyo?
Cerré los ojos, sin querer decir la verdad en voz alta. Eso haría que mi
engaño fuera más real y atroz.
—Sí.
Esperé a que me diera un sermón o que dijera que la había
decepcionado.
—¿Cuándo se lo dirás? Cuanto más esperes, peor será.
—No sé cómo. Dijo que quiere estar conmigo y criar al bebé.
—Bueno, eso es una buena señal.
—Pero todavía no se lo he dicho, y ahora es demasiado tarde. No
puedo seguir adelante con una mentira, pero la verdad hará que se vaya. —
Cogí un pañuelo de papel para secarme las lágrimas.
—Eso no lo sabes. Ash no lo hizo. Me perdonó. Además, no importa
cómo responda. Merece saberlo, Morgan. Y lo sabes.
Asentí con la cabeza, olvidando que no podía verme por teléfono.
—Estoy asustada.
—Lo sé, cariño. Pero estoy aquí.
Terminamos la llamada. Me sentía tan agotada, y también me sentía
aplastada bajo el peso de mi mentira.
—¿Todo bien, cariño? —me preguntó mi madre desde la puerta de la
cocina.
—Sí, mamá. —Inspiré hondo, esperando que no fuera capaz de
decirme que había estado llorando.
—¿Se ha ido el señor Raven? —Cogió la tetera, la llenó de agua y la
puso al fuego.
—Sí.
—Me gusta. ¿Es especial para ti?
Cerré los ojos mientras me preparaba para hacerle saber la verdad.
—Sí. Y tenías razón en otra cosa.
—¿Hmm? —Se volvió hacia mí, apoyándose en el mostrador.
—Estoy embarazada.
Su cara palideció durante un instante. Era como si no pudiera decidir
si eran buenas o malas noticias.
—¿Estás bien?
Asentí con la cabeza.
—Sí. Me encuentro bien. Bueno, cansada, pero aparte de eso, bien.
—¿Y el padre? —Sus cejas se alzaron aún más mientras sumaba dos
y dos—. ¿Es el señor Raven el padre?
—Sí, pero... —Agaché la mirada, porque estaba demasiado
avergonzada de mi comportamiento para mirarla—. No lo sabe.
—¿Por qué no?
—No se lo he dicho. En realidad, sabe que estoy embarazada, pero no
que él es el padre.
—Oh, Señor. —Se movió y se sentó a mi lado—. ¿En qué estabas
pensando, Morgan?
—En ese momento, pensé que no nos querría ni a mí ni al bebé. O
que me acusaría de haberlo hecho para atraparlo.
Me cogió las manos.
—¿Y qué? Eso no significa que no tenga derecho a saberlo. Y vas a
necesitarlo, cariño. Confía en mí. No es fácil criar a un niño por tu cuenta,
especialmente en Nueva York.
—He esperado demasiado, y le dejé creer una mentira. Quiero estar
con él, pero esto hará que me odie.
Me apretó las manos.
—Tal vez, y si no puede perdonarte, será una tragedia. Pero no hay
otra salida que decírselo.
—Lo sé. Solo desearía encontrar una manera de solucionarlo todo.
—Si es una buena persona, entonces entrará en razón. Mira a Ash.
Estuvo alejado de Hannah durante cinco años, y perdonó a Beth.
De pronto, otra bombilla pareció encenderse en su mente:
—Si tú y Kade os casáis, tú y Beth seréis cuñadas. ¿Qué te parece?
Traté de sonreír pero, por dentro, se me rompía el corazón. Kade dijo
que quería algo más que una aventura y que criaría al bebé, pero eso no era
una propuesta de matrimonio. Una vez que la verdad saliera a la luz,
cualquier posibilidad de convertirme en su esposa desaparecería.
—Eso estaría genial. —Le serví el té a mi madre y le dije que tenía la
cena preparada, luego me dirigí al restaurante.
Por lo menos, una cosa iba bien. Pat lo tenía todo bajo control.
—¿Sabía que algunos de los platos del menú no fueron introducidos
en el sistema? —me preguntó—. Y algunas bebidas del bar tampoco.
—Por eso el último gerente fue despedido.
—Bueno, ya está todo arreglado. El chef tiene algunas ideas nuevas
que le gustaría comentarle, y diseño algunas basadas en lo que le dijo que
quería. —Ella ladeó la cabeza. —Está un poco pálida. ¿Se encuentra bien?
Asentí con la cabeza.
—Solo un poco cansada. Pero tuteémonos, por favor.
Sonrió conforme.
—Puedo encargarme de todo esta noche —me dijo. Como era
miércoles, no habría mucha gente, pero sabía que no estaba de humor para
charlar con los clientes. El bullicio mantendría mi mente ocupada y alejada
de mis problemas.
—Preferiría ocuparme yo, si te parece bien.
Se rio.
—Es tu restaurante.
Fui a la cocina donde el chef me enseñó algunas muestras de las
opciones de cocina fusión que pensábamos agregar al menú. Fue difícil
decidir, ya que mis papilas gustativas parecían haber dejado de funcionar.
—¿Han probado algo los camareros o Pat?
—Pat, sí. Le gustaron todos excepto la bruschetta de cerdo con
chipotle.
—Hagamos una prueba durante el almuerzo. ¿La semana que viene?
Asintió con la cabeza.
—Muy bien.
Durante la cena estaba tan ocupada que mi mente no tuvo un segundo
para pensar en Kade, pero en cuanto las cosas se calmaron, él volvió a mi
mente.
Cuando cerramos, me encerré en la oficina mientras el personal se
encargaba de la limpieza y de recoger. Me senté a mirar el teléfono,
dispuesta a llamar a Kade y quedar con él para decirle la verdad. Pero no
pude.
De pronto, el teléfono sonó, sorprendiéndome. El nombre de Kade
apareció en el identificador de llamadas. Era como si el universo me
estuviera diciendo qué hacer.
—Hola.
—Hola. Pareces cansada. ¿Mucho lío esta noche? —me preguntó.
—Bastante. —Respiré hondo y me preparé para pedirle que viniera
esta noche.
—Escucha, tengo que salir a Rumania esta noche.
¿Eh?
—Mi padre compró algunos centros turísticos en Rumania y Letonia,
y necesito visitar el de Bucarest. Me está fastidiando los planes y no puedo
retrasarlo más.
—El deber te llama. —¿Debería decírselo por teléfono? No lograba
decidirme.
—Lo siento.
—No. Está bien. Es tu trabajo. Es importante.
—Tú también, Morgan. Eres importante para mí.
Mi corazón se derritió y se rompió. Fui una idiota por arriesgarme a
perderle.
—Debería volver el sábado, tal vez el domingo. Te llamaré entonces
—dijo.
—Está bien.
—O tal vez te llame cuando me sienta solo en la cama en Bucarest.
Puedes animarme con un poco de sexo telefónico.
Me reí, aunque lloraba por dentro.
—¿Cuál es la diferencia horaria? Cuando estés en la cama, puede que
esté trabajando.
—Eso me excita, nena.
Dios, era perfecto.
—Hablaremos pronto.
—Buen viaje. —Colgué el teléfono con sentimientos encontrados. Iba
a posponer decirle la verdad y eso solo empeoraría las cosas. ¿Cómo iba a
salir de este lío y seguir teniendo al hombre de mis sueños?
Capítulo 29
Kade
Domingo
Me gustaba viajar. En el pasado, cuando visitaba nuestras propiedades
en otros países, disfrutaba de la comida, de la cultura y quizás encontraba
una mujer cálida dispuesta a mostrarme el lenguaje del amor de su país.
Esta vez, lo único que podía hacer era pensar en Morgan. Nos enviamos
unos cuantos mensajes, pero entre mis jornadas de trabajo de dieciséis a
dieciocho horas para volver antes a casa, la diferencia horaria y el trabajo
de Morgan, teníamos poco tiempo para charlar.
Pude confirmar que su madre había comenzado el tratamiento. Estaba
seguro de que todo eso estaba arreglado antes de irme. También había
empezado a buscar un nuevo apartamento. Uno que tuviera espacio propio
para la señora Andrews, y que fuera lo suficientemente grande para un niño.
Me preguntaba si Morgan pensaría que estaba yendo demasiado
rápido. Había aceptado ir más allá de una simple aventura, pero pedirle que
viviera conmigo podría ser más de lo que quería. Aún así, yo era un hombre
que perseguía lo que quería, y la mayoría de las veces lo conseguía. Tendría
que ser paciente con Morgan, pero al final la convencería.
Llegué a casa temprano por la mañana. Quería ver a Morgan, pero
aún tenía trabajo que hacer, y luego tuve que acudir a una cena familiar, esta
vez en casa de Hunter y Grace, porque Sara estaba demasiado embarazada
para ejercer de anfitriona. Había pensado en invitar a Morgan pero, de
nuevo, me preocupaba que no estuviera preparada para incluirla en
reuniones familiares oficiales. Así que trataría de verla más tarde, esa
misma noche.
Toda la familia seguía igual que siempre. Chase estaba encima de
Sara, que parecía que daría a luz en cualquier momento. Hunter le tocaba el
culo a Grace mientras esta servía los aperitivos que yo había traído del
bistró. No parecía correcto asistir a una velada familiar y no llevar comida,
considerando que yo era el cocinillas de la familia.
Solo Ash y Beth parecían extraños. Mantenían una acalorada
discusión en un rincón. En ocasiones, Beth me miraba, lo que me ponía un
poco nervioso. ¿Sabía que me tiraba a su amiga? ¿Estaba molesta por eso?
¿O lo estaba Ash? Fue él quien me advirtió que me mantuviera alejado de
Morgan. Tal vez pensaron que yo era el padre de su bebé. Considerando lo
firme que fue Ash en cuanto a que no la tocara, si pensara que la había
dejado embarazada, se enfadaría.
Me senté y observé todo desde afuera, como siempre había sido.
Como el más joven, era difícil que me incluyeran. Tardé una eternidad en
que mis hermanos me tomaran en serio. Incluso ahora, sentía que a menudo
rechazaban mis ideas.
—Bien, los aperitivos están servidos —dijo Grace al poner la fuente
en la mesa—. La cena estará lista enseguida. Por cierto, chicos, nada de
charla de negocios, ¿de acuerdo?
Hunter se inclinó y le susurró algo.
—¿Ahora? —preguntó ella, mirándolo.
—Oh, por favor —gemí—. Seguramente puedes esperar hasta que no
tengas compañía para cumplir con tus deberes maritales.
—Cállate, Kade —exclamó Hunter.
—Tú eres el que le está tocando el culo.
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Por qué miras a mi esposa?
Vale, eso resultaba vergonzoso.
—Por mucho que me gustaría tener relaciones maritales, no se trata
de eso —dijo Hunter. Él se dirigió a su esposa, que le devolvió el golpe.
—Vamos a tener un bebé —estalló.
—¡Oh, eso es maravilloso! —Sara se acercó a ellos, fue la primera en
abrazarlos a ambos.
Chase siguió su ejemplo, y Ash y Beth también. Finalmente, yo tomé
la retaguardia, como de costumbre, sintiéndome feliz por ellos y al mismo
tiempo triste por mí. «Podría tener eso», pensé. «Si tan solo Morgan me
aceptara. Vale, el bebé que esperaba no era biológicamente mío, pero podría
adoptarlo. Eso lo haría mío».
La cena siguió como de costumbre, o como era habitual desde que
Chase se casó con Sara. Antes, mis hermanos y yo apenas nos
soportábamos. Mi padre se aseguró de que trabajáramos mucho y
ganáramos lo que obtuviéramos con la empresa, y eso significaba competir
entre nosotros. Luego cambió las reglas, diciendo que teníamos que
casarnos porque iba a dejar su herencia a nuestros hijos. Esperaba que
considerara al hijo de Morgan como mío cuando llegara el momento. Si
llegaba el momento.
Ayudé a recoger los platos, notando de nuevo que Beth y Ash
chuchiqueaban muy serios entre sí.
—¿Qué les pasa? —le pregunté a Grace.
Ella echó un vistazo.
—No lo sé.
—Parece serio, ¿no?
—Tal vez la luna de miel ha terminado.
—Hablando de lunas de miel, hay un rumor circulando por ahí de que
una mujer ha capturado tu corazón. Me muero por preguntarte sobre ello.
Guardé la sartén seca en el armario.
—No hay mucho que contar. La amo. No obstante, ella no está segura
de quererme.
—¿Cómo es posible? —Me pasó una olla para que la secara.
—Ni idea. Soy un buen partido. —Sonreí.
—Podría ser por tu engreimiento —bromeó.
Me reí.
—Tal vez.
—En serio, Kade, ¿es algo especial?
—Creo que sí, pero resulta complicado. Está embarazada.
Su rostro palideció.
—No es mío —dije rápidamente—. Pero lo aceptaré como mío.
Su sonrisa se amplió.
—Eso es encantador. ¿Y ella no quiere?
—No estoy seguro de lo que quiere. A veces creo que estamos tan
bien, ¿sabes? Como si tuviera claro como el día que estamos juntos. Y
entonces, se vuelve distante. Me imagino que la convenceré.
Se rio.
—Sin duda. Pero tienes que saber con seguridad si la quieres. Con un
niño de por medio, puede que ella esté indecisa.
Asentí con la cabeza.
—Eso es lo que dijo Hunter.
Su sonrisa era melancólica mientras lo miraba.
—Es un hombre muy inteligente.
Puse los ojos en blanco.
Más tarde, todas las parejas estaban charlando, lo que me hizo
extrañar a Morgan. Decidí enviarle un mensaje para ver si podía pasar a
verla más tarde. Salí a la terraza con mi vino y mi teléfono.
Por un momento, observé la ciudad, preguntándome cómo estaría
Morgan. ¿Pensaría en mí? Tuve un momento de duda al considerar que
probablemente no pensaba en mí tanto como yo en ella.
—Ash, ahora no es el momento —dijo Beth detrás de mí.
Me volví y vi a Ash salir a la terraza con Beth pisándole los talones.
—No hay un mejor momento, Beth. Necesita saberlo.
Mis tripas se apretaron. ¿Qué necesitaba saber? ¿Se había quemado
uno de mis restaurantes? ¿Ben había muerto en un accidente por conducir
ebrio porque no ayudé a Alex a meterlo en rehabilitación?
Ash se detuvo frente a mí, las emociones bullían en su cara. ¿Qué
coño estaba pasando?
—Ash, no nos corresponde a nosotros decir...
—Tiene derecho a saberlo. No le dejaré pasar por lo mismo que yo.
—Dale tiempo —le suplicó.
—Ella tuvo su oportunidad. Ella puede traicionarlo, pero yo no lo
haré, Beth. No me pidas que lo haga.
La tristeza cubrió su rostro. Parecía como si estuviera atrapada entre
la espada y la pared. Al final, se puso del lado de su marido, mientras
asentía con la cabeza.
—Sí, está bien.
Ash dirigió su atención hacia mí.
Inspiré hondo, preparándome para la mala noticia que me fueran a
dar. Porque fuera lo que fuera, no podía ser bueno si creaba tal tensión entre
ellos.
—Kade... —Ash tomó aliento, como si necesitara un momento
también.
—¿Ash? —Miré a ambos.
—El bebé de Morgan…
—¿Qué pasa al bebé de Morgan? —Dios, ¿lo perdió?
—Tú eres el padre.
Tardé un momento en asimilar aquellas palabras. Simplemente
parpadeé.
—No. Ella me lo habría dicho. —Busqué a Beth, la mejor amiga de
Morgan, para confirmar que me lo hubiera dicho.
La cara de Beth me contó una historia diferente.
—¿Qué coño…?
Ash me puso una mano en el hombro.
—Mira, sé cómo te sientes. Por eso tenías que saberlo. No quiero que
te pierdas parte de la vida de tu hijo.
No podía respirar. ¿Por qué me mentiría?
—Si amas a Morgan, podrás afrontarlo —dijo.
—¿Cómo? ¿Cómo se supera que una mujer quiera alejarte de tu hijo?
—Mi cuerpo no podía decidir con qué emoción ir. ¿Rabia? ¿Desesperanza?
¿Dolor?
—Los motivos de Morgan son probablemente erróneos, pero estoy
segura de que no lo ha hecho con malicia —murmuró Beth—. Ella te ama,
Kade...
—No, no lo hace. ¿Cómo podría amarme y ocultarme esto?
—Es complicado.
—No. No lo es. Dios. —Me pasé los dedos por el pelo—. Le dije que
lo criaría como si fuera mío. Tantas veces, que podría haberme confesado la
verdad y no lo hizo. Nunca iba a decírmelo, ¿verdad?
—Sí que te lo diría —insistió Beth—. Sé que lo haría.
—Pero no lo hizo. —Incluso en el exterior de la terraza, el aire
parecía insuficiente. Tenía que marcharme—. Debo irme.
—¿Adónde vas? —me preguntó Ash.
Lo miré con una expresión de «estás bromeando».
—Tal vez deberías esperar hasta que te hayas calmado —dijo.
—¿Tú lo hiciste? —exclamé.
Puso sus manos en sus caderas.
—No. Pero me di cuenta cuando estaba con ella.
—Kade, por favor. —Beth dio un paso adelante—. Sé que esto es
malo, pero por favor, dale una oportunidad. Esto se le escapó de las manos
y no supo qué hacer.
—¿«Kade, estoy embarazada de un hijo tuyo» es muy difícil de decir?
—Sí.
—No me lo está ocultando —grité.
—Ella no quiere. De verdad, Kade. Quiere que las cosas funcionen
entre vosotros —dijo Beth.
Me burlé.
—No puedo creerlo. —Pasé por delante de ellos y, sin decir una
palabra a los demás, salí por la puerta. Tenía al chófer allí, pero decidí
caminar un poco, para pensar en lo que acababa de suceder. Me había
enamorado de una mentirosa. Que había mantenido a mi hijo en secreto.
¿Quién haría eso?
Saqué el teléfono y llamé al restaurante.
—Se ha tomado una merecida noche libre —me dijo Pat cuando
pregunté por Morgan—. Todo va bien por aquí, y he estado trabajando con
Manny en el aprendizaje de los deberes de gerente general. Sería un buen
asistente. Estamos hasta arriba esta noche y lo está haciendo bastante bien.
—Bien. Genial. —Colgué, incapaz de ocuparme de una charla de
negocios.
Le envié un mensaje a mi chófer y cuando llegó, le pedí que me
llevara al apartamento de Morgan. El trayecto me dio tiempo para
reflexionar sobre todas las veces que podría habérmelo dicho pero no lo
hizo. La primera vez que pregunté por el bebé. Durante el almuerzo. Las
veces que habíamos hecho el amor. No solo no me lo había dicho, sino que
me hizo creer que otro era el padre. ¿Creía que otra persona podía ser el
padre?
Me pasé la mano por la cara, odiando el dolor y la confusión que
sentía.
Cuando llegué a su casa, llamé a la puerta. No hubo respuesta, así que
llamé más fuerte.
—¡Morgan!
No hay respuesta.
—Han salido —me dijo la vecina del otro lado del pasillo medio
oculta tras la puerta.
Joder. ¿Dónde estaba? La llamé al teléfono.
—¿Dónde estás? —le pregunté cuando me lo cogió. No podía ocultar
la ira en mi tono de voz.
—Estoy cenando en uno de tus restaurantes. Estudiando a la
competencia. ¿Estás de vuelta?
No tenía tiempo para bromas.
—Estoy en tu casa. Tenemos que hablar.
—Vale. Voy a cenar con mi madre. Su tratamiento ha ido bien, Kade.
Muchas gracias.
Apreté los dientes. Ya. Muy agradecida, pero me había mantenido
alejado de mi hijo.
—Necesito verte ahora, Morgan.
Hubo una pausa que me hizo pensar que tal vez ella se estaba dando
cuenta de que no estaba de humor.
—Tal vez acepte si controlas tu actitud. ¿Qué te pasa, Kade?
Dejé escapar un gruñido.
—No tienes derecho a sermonearme. Estoy en tu casa. Reúnete
conmigo aquí ahora. —Colgué, no quería hablar por teléfono. Salí a la
calle, caminé un poco, y luego me senté en la entrada para esperarla.
Tuve que admirar la habilidad de mis hermanos por entregar sus
corazones tan libremente. ¿Yo? Cuando me arriesgué, me lo aplastaron
como a un insecto. No dejaría que eso volviera a suceder.
Capítulo 30
Morgan
Domingo
¿Estaba enfadado porque me había tomado un día libre? Eso es lo que
intentaba decirme a mí misma mientras petrificada seguía en mi silla en el
pequeño restaurante donde mi madre y yo estábamos cenando. Desde que
había empezado el tratamiento, parecía tener más energía, así que habíamos
pasado la tarde comprando artículos para bebés en tiendas de segunda
mano.
—Sabes, me imagino que el señor Raven ayudará con todo esto —me
dijo mi madre mientras yo miraba un columpio para bebés y me preguntaba
cómo quedaría en nuestro pequeño apartamento. Tenía razón, pero era
importante para mí cuidar de mí y de mi hijo, por si acaso se libraba de los
dos cuando le dijera la verdad. El viernes, en mi cita con el médico, el bebé
se hizo más real, al escuchar los latidos de su corazón y ver su forma en la
ecografía. Me hizo comprender lo importante que era decirle la verdad lo
antes posible.
Pero ahora, sospechaba que ya la sabía. Era la única explicación de lo
baja y oscura que había sonado su voz. Lo abrupto y exigente que había
sido.
—¿Estás bien, cariño? —Mi madre se acercó y me dio una palmadita
en la mano.
—Era Kade. —Levanté mi mirada hacia ella—. Creo que lo sabe.
Sus cejas se levantaron.
—¿Oh? ¿Qué dijo?
—Dijo que estaba en nuestro apartamento y que tenía que verme
ahora.
Su expresión se suavizó.
—Probablemente solo te echa de menos.
Sacudí la cabeza.
—No. Lo dijo enfadado.
—Supongo que ya es hora, ¿no? Estaré allí para apoyarte.
No estaba segura de querer que ella escuchara lo que se iba a decir. Al
mismo tiempo, no creía poder enfrentarlo sola. No me sentía insegura. No,
todo lo que sentí fue vergüenza y arrepentimiento.
Pagué y, luego, llamé un taxi para que ella no tuviera que tomar el
metro. Nos bajamos cerca de casa y caminamos unas cuantas calles hasta
nuestro apartamento. Cuanto más nos acercábamos, más se me revolvía el
estómago.
—Puedes hacerlo, Morgan. Eres una chica fuerte. Sabes enfrentar tus
miedos y, ahora, tienes que enfrentarte a tu error. —Mi madre enlazó su
brazo con el mío mientras doblábamos la esquina hacia nuestro edificio.
Kade estaba sentado en la entrada, y me dolió el corazón al verlo.
Tenía la cabeza gacha, y parecía herido. Yo le había hecho eso. Mi madre
tenía razón. Necesitaba enfrentarme a él y soportar su ira.
Alzó la cabeza de pronto, y sus ojos se oscurecieron cuando me vio.
Se puso de pie y pareció controlar su expresión cuando reparó en mi madre.
—Señor Raven. —Mi madre extendió la mano y le cogió las suyas—.
Le agradezco mucho lo que ha hecho por mí. Soy una mujer orgullosa, así
que aceptar tu ayuda es difícil, pero siento que me ha devuelto mi vida. Hay
tanto por lo que vivir, y estoy deseando hacerlo.
Mi madre era dulce e inteligente. Kade tal vez no lo supiera, pero
intentaba recordarle que el futuro nos traería un hijo. Este momento, por
muy duro que fuera, pasaría. En el futuro, la alegría nos esperaba.
—Por favor, llámeme Kade, y ha sido un placer, señora Andrews. —
Consiguió sonreír, pese a lo difícil que resultaba para él.
—Por favor, llámame Lola. Ahora somos como una familia.
Se estremeció y me miró. Podía imaginar que estaba molesto porque
ella lo sabía y él, en cambio, no.
Kade nos siguió al edificio y a nuestro apartamento.
—Voy a hacer un té. O prefiere tomar un café, señor Rav... ah, Kade.
—No, no me apetece nada; gracias, Lola.
Mi madre se dirigió a la cocina. Kade esperó hasta que ella
desapareciera, pero no importaba. Lo escucharía todo. Y los vecinos
también, probablemente.
—¿Es cierto? —Se acercó a mí, manteniendo la voz baja. Creo que
intentaba evitar que le oyeran, pero eso le hacía parecer aún más siniestro
—. El bebé. ¿Es mío?
Asentí con la cabeza. No pude articular un «sí».
—¿Cómo te enteraste?
—No por ti. Confié en ti, Morgan. Estaba dispuesto a hacerme cargo
de ti y del hijo de otro hombre.
Cada palabra era como una puñalada en el corazón. Y era por culpa
mía. Era lo justo que sintiera su dolor tan intensamente como él parecía
estar sintiéndolo.
—¿Hubo otro hombre? ¿John?
—No. Solo tú.
—¿Por qué, Morgan? —El dolor de su voz amenazaba con
deshacerme—. ¿Qué hay de malo en mí que no pudiste aceptarme en tu
vida?
—Nada, Kade. Absolutamente nada. Eres perfecto, y... —Me esforcé
por saber qué decir—. No íbamos en serio. Lo nuestro era una aventura.
—Solo para ti, Morgan. Tú eres la que ha mantenido las distancias.
—Temía que pensaras que trataba de atraparte. Que era una
cazafortunas.
Se rio con burla.
—¿De verdad crees que me lo creería, después de lo difícil que fue
conseguir que me dejaras ayudar a tu madre? Joder, Morgan, ¿estábamos
siquiera viviendo en la misma realidad? —Se dio la vuelta y dio unos pasos
mientras inspiraba.
—Te oí decirle a tu hermano que nunca sentarías cabeza, porque no
podías saber si una mujer te quería a ti o a tu dinero.
—Pues resulta que tú tampoco me querías.
—Eso no es cierto. Yo te quería, te quiero. Pero tenía miedo de que te
enfadaras por lo del bebé.
—Lo que sugiere que piensas que soy el tipo de hombre que
abandona a una mujer y a un niño.
Dios. Esto iba de mal en peor. ¿Por qué mi razonamiento no tenía
sentido en aquel momento? Sus refutaciones me hacían parecer ridícula e
insensible.
—Ni en un millón de años habría pensado que harías algo así. No
entiendo por qué tomaste una página del manual de Beth. Ash se perdió
cinco años de la vida de Hannah. ¿Cuántos me iba a perder yo, Morgan? ¿O
ibas a dejar que te ayudara a criar al bebé sin saber que yo era su verdadero
padre?
—Iba a decírtelo. Empecé a...
—No te creo. Dios, ¿quieres estar conmigo?
—Sí. Sí, Kade. Todavía lo hago.
Se burló:
—Bueno, eso ahora ya no va a pasar, ¿verdad? Si no puedo confiar en
ti, ¿qué tenemos? No podemos construir algo con mentiras.
—Nunca dijimos que...
—¿Dónde estabas cuando te dije que quería algo más? ¿Lo has
olvidado? Tú eras la que siempre me apartaba. Debí haberte escuchado
entonces. Debí dejar que Ash se hiciera cargo del proyecto en mi lugar.
Mi mente estaba hecha un lío y no podía pensar con claridad.
—Cometí un pequeño error.
—¿Un pequeño error? —Su voz subió un decibelio completo—. Esto
no fue una mentira piadosa. No me dijiste que era el padre de tu hijo.
¿Creíste que no me importaría? ¿Creíste que iba a perder interés en ti y
seguir adelante? ¿Habría perdido mis derechos si lo hacía?
—No sé por qué estás conmigo. —Eso sonó poco convincente, pero
fue todo lo que se me ocurrió.
Se inclinó más cerca.
—Porque te amaba, por eso. Te amé y me rompiste el corazón.
Jadeé mientras la magnitud de lo que había perdido me golpeaba con
fuerza.
—Kade, yo...
—¿Cuál era el plan, Morgan? ¿Realmente ibas a fingir que este niño
era de otro?
—No, iba a decírtelo, pero no encontré el momento adecuado.
—Mentira. Tuviste mucho tiempo. —Negó con la cabeza—. No ibas
a decir ni una palabra.
—Eso no es verdad. —Me sentí desesperada, y tendí la mano para
agarrarlo. Si pudiera tenerlo cerca, le convencería de que planeaba
decírselo.
No obstante, se apartó.
—Sé que es verdad porque no te has disculpado. Ni una sola vez.
Fue hacia la puerta y la abrió.
—Solo para que quede claro. Seré parte de la vida de este niño.
Cualquier paso legal que deba dar para ello, lo haré. No vuelvas a intentar
alejarme de mi hijo otra vez. —Luego se fue, y yo me quedé hecha una
mierda en el suelo.
Capítulo 31
Kade
Domingo
Salí del apartamento de Morgan sintiendo más rabia y dolor que
nunca. Lo más parecido fue cuando mi madre murió. Siempre había sido mi
aliada, y sin ella, sentí que había perdido una parte de mí. Ahora, con lo de
Morgan y el bebé, no es como si hubiera perdido algo, sino que algo entre
nosotros había muerto. Fui un idiota al pensar que tal vez podría tener lo
mismo que mis hermanos.
Mientras hablaba con Morgan, la miré, la miré de verdad, para
intentar averiguar lo que me había perdido. Parecía tan dulce e inocente.
Nunca se me ocurrió que el hecho de que quisiera mantener las distancias
conmigo fuera para esconderme a mi hijo. ¿Qué clase de idiota era yo que
ni siquiera se me había ocurrido que el niño fuera mío? Por una vez, confié
en una mujer, y me salió el tiro por la culata.
Eso me recordó por qué había decidido ser soltero. Lo de Morgan
siempre me recordaría por qué debía renunciar al amor. Nunca olvidaría esa
lección.
Durante mi charla con ella, me sonó el móvil varias veces. Ahora en
la calle, lo saqué por si era importante. Un incendio en la cocina o una pelea
en un restaurante sería una buena distracción. Desafortunadamente, era
Ash.
ASH: Hola, hermano, ¿dónde estás? ¿Estás bien?
No.
Unos minutos más tarde, llegó otro.
ASH: ¿Quieres emborracharte?
Le contesté.
KADE: Sí. Voy de camino a casa.
ASH: Nos vemos allí. ¿Glenfiddich o Joven?
Me parecía un desperdicio malgastar una botella de tequila de
trescientos dólares como Joven ahogando las penas. Por otra parte, no
habría nada mejor para un corazón roto, ¿no?
KADE: Joven.
Respondió casi inmediatamente.
ASH: Voy para allá.
Subí al coche y le pedí al conductor que me llevara a casa. Ya me
había aflojado la corbata durante la cena con mi familia, pero ahora me la
he quitado. Al llegar, me metí en la ducha y abrí solo el agua fría. Cuando
salí, me puse ropa cómoda.
Unos minutos después, llamaron a mi puerta.
—Está abierto —grité mientras abría las puertas de la terraza.
—No estarás pensando en saltar, ¿verdad? —me preguntó Ash, quien
llevaba una caja azul que contenía una botella de tequila.
—No. ¿Recuerdas cuando apareciste en casa de papá dispuesto para
darle un puñetazo?
—Como si fuera ayer. A veces todavía quiero darle un puñetazo. —
Ash fue a mi bar, y sacó unos vasos.
—¿Fue entonces cuando te enteraste de lo de Hannah?
—Sí. Es una mierda, ¿no? —Nos sirvió a cada uno dos dedos de
tequila.
—Es peor que eso. —No estaba seguro de querer abrir mi corazón a
mi hermano, pero él era el único que podía entender lo que me pasaba como
para decirme qué hacer. No con Morgan; ese barco ya había zarpado. Pero
sí con este dolor. Y cómo seguir adelante, ya que sería un padre resentido
con la madre de su hijo.
Ash me dio un vaso.
—No es un sentimiento que quiera volver a tener. —Salimos a la
terraza. Sentí que necesitaba espacio para respirar.
—¿Cómo lo hiciste? Te perdiste cinco años, joder. ¿Cómo le
perdonaste eso?
Suspiró mientras hacía girar la bebida en su vaso.
—Al principio fue difícil. Lo cierto es que pensé que no lo haría.
Sentí que no conocía a la auténtica Beth. Le había entregado mi corazón.
Así que, cuando lo descubrí, me sentí como si me hubieran engañado. O
que no podía confiar en mi corazón.
Asentí. Eso era exactamente lo que me ocurría a mí.
Me senté en una de las sillas y Ash tomó la otra, frente a mí.
—El problema era que Hannah no me conocía. No quería asustarla
haciendo que pasara tiempo conmigo. Tenía que conocerla de una forma
que resultara segura para ella. Eso significaba que Beth debía estar presente.
Cuanto más estaba con ella, más veía lo que podíamos llegar a ser. Entendí
su punto de vista, aunque no estuviera de acuerdo con él. Y comprendí que
ella lo sentía y se arrepentía.
Me burlé.
—Y no recibí una disculpa.
—¿Qué? —La expresión de Ash mostró sorpresa.
—Me explicó sus motivos, pero no se disculpó.
—Eso no es típico de Morgan.
Me encogí de hombros, dando un largo trago de tequila.
—Resulta que no es cómo pensábamos.
Su cabeza se inclinó de lado a lado.
—¿No me crees?
—Lo que creo es que no se disculpó, pero imagino que lo siente.
Probablemente también esté avergonzada y molesta, y que no fue capaz de
expresarlo.
Apoyé la cabeza en la silla.
—Tienes más fe en ella que yo.
—¿La amabas?
—Sí. Joder. —Me pellizqué el puente de la nariz—. La primera vez
que se lo dije fue cuando le estaba diciendo cómo me rompió el corazón.
—Así que, ella quizás pensó que no te importaba.
Mi cabeza se rompió.
—No. Le dije que quería algo más. Ella era la que se resistía a una
relación. Ahora sé que era para evitar que conociera a mi hijo. Dios, incluso
me dejó creer que era de otro.
Ash hizo un gesto de dolor. Bebimos en silencio durante unos
minutos.
—No conozco cómo fue vuestra relación, Kade, pero sé que yo no fui
completamente inocente en mi caso. Eso no exculpa a Beth, pero a veces las
razones en las que la gente se basa para actuar son falsas suposiciones.
—Tal vez. —No tenía ni idea de a dónde quería llegar, excepto que
Morgan dijo que pensaba que yo evitaba las relaciones porque no podía
confiar en las mujeres. Resultó ser una suposición correcta—. Dijo que me
oyó decir que nunca me casaría y tendría hijos como vosotros porque no
podía estar seguro de si una mujer me querría a mí o a mi dinero.
—¿Ves? Ella creyó que pensarías que lo había hecho para pescarte.
—Al final, demostró que tenía razón.
—¿Por qué? ¿Te pidió dinero?
Negué con un gesto de cabeza.
—No hacía falta. Me encargué de que su madre recibiera la atención
médica necesaria. Y ella me demostró que no puedo confiar en las mujeres.
O confiar en mí mismo para elegir una.
Mi hermano me miró con lástima.
—¿Sabes qué fue lo que me convenció para volver con Beth? —me
preguntó.
—¿Qué?
—Tuve que decidir si podría vivir sin ella. La vería porque soy el
padre de Hannah, pero no estaría conmigo. No creí que pudiera hacerlo.
Especialmente no me gustaba pensar que podría encontrar otro hombre.
Beth es una buena mujer que tomó una mala decisión.
—Morgan trató de decirme que fue un pequeño error.
Sacudió la cabeza.
—No es poco, pero ¿es imperdonable? Sabes, Beth y yo teníamos una
historia previa. La amaba desde los veintiún años, así que no puedo
compararnos contigo y Morgan. Y puse algunas condiciones cuando le dije
que quería intentarlo de nuevo. No iba a dejarlo todo. Pero también sabía
que cuando estaba con ella, era fabuloso y valía la pena luchar por eso.
Terminé mi bebida mientras dejaba que sus palabras se filtraran en mi
mente. No obstante, no pudieron superar el dolor.
—No sé, tío.
—Bueno, te recuerdo que no tienes que decidirte ahora, ni siquiera
mañana. Tienes tiempo.
—Vive en un pequeño apartamento con su madre. Mi hijo no puede
vivir allí.
—No hay problema. También tienes tiempo para eso. —Me estudió
un instante—. ¿Estás seguro de que es tuyo?
Me reí.
—Tal vez no debería, pero sí, es mío.
—¿Cómo te pillaron sin condón?
Fruncí el ceño, diciéndole que él debería saberlo, ya que le había
pasado lo mismo.
—Probablemente no fue muy diferente a cuando te ocurrió a ti.
—Ya, pero yo tenía veintiún años, estaba cachondo y enamorado. Tú,
en cambio, tienes veinticinco y eres más cuidadoso.
Me encogí de hombros mientras miraba mi vaso vacío.
—Estaba caliente, y... entonces no sabía nada sobre el amor, pero
definitivamente sentí algo diferente. —Tal vez, por eso, esto me dolía tanto.
Se había unido a mi corazón. Esa fue la atracción que sentí. Y ahora me la
han arrancado de cuajo—. Yo fui el primero.
Ash alzó las cejas.
—¿En serio? Esperó mucho tiempo. Eso normalmente significa algo.
Sacudí la cabeza.
—No según ella. Te diré, Ash, no la entiendo la mayoría de las veces,
así que ¿por qué me siento tan atraído por ella?
Dejó escapar una fuerte carcajada.
—Dios, si pudiera explicar a las mujeres, sería un hombre rico.
—Tío, eres rico.
—Entonces, sería el más rico del mundo. —Se puso de pie—. ¿Listo
para otra copa? Podemos hablar de otra cosa, si quieres. Como, por
ejemplo, ¿cómo crees que le irá a Hunter como padre?
Asentí con la cabeza.
—Creo que estará bien.
Ash regresó al bar y nos sirvió más tequila.
—Tu hijo y el suyo tendrán más o menos la misma edad.
No había pensado en eso. Su hijo tendría a su madre y a su padre todo
el tiempo. Al igual que el de Chase y Sara, y como Hannah ahora.
—¿Beth y tú planeáis tener más hijos?
—Sí —dijo con una sonrisa lasciva mientras me tendía mi copa.
—¿Pronto?
Se encogió de hombros.
—Ya te avisaré.
—Tal vez no deberíamos hablar de vuestras perfectas esposas e hijos
—dije.
—Bien. Lo siento.
—Hablemos de Ben, y qué coño hacer con él.
Ash levantó su vaso.
—Salud por hablar de ese cabrón.
Me reí.
—En serio, Ash. ¿Por qué lo mantienes en la empresa?
Su sonrisa se desvaneció.
—Era mi mejor amigo, y la vida le había dado una patada en el culo.
—No quiere ayuda, colega. Si Alex no puede reformarlo, es una
causa perdida.
—¿Alex?
—Sí. Es su proyecto benéfico particular. Supongo que porque su
padre tuvo un problema con la bebida. Ella es una rompepelotas y él,
completamente impermeable.
Tomó un largo trago de su bebida.
—Ahora es de la familia. No puedo pasar de él. Pero si necesito
despedirlo, lo haré. No dejaré que perjudique a Industrias Raven.
—Sé que no lo harás. Eres un buen amigo.
—Gracias. A nosotros, a mí, a Chase y a Hunter nos gusta tomarte el
pelo, pero te queremos. Lo sabes, ¿verdad?
Me encogí de hombros, porque hasta este momento, habría pensado
que me eran leales porque era su hermano, pero no estaba seguro de que
hubiera descrito nuestra relación como de cariño.
—Solíamos estar tan celosos de ti por la forma en que mamá te
mimaba. Supongo que eso se nos quedó grabado, sobre todo porque eras el
único al que parecía conocer al final.
No lo había pensado así.
—El niño de mamá.
—Hiciste que su vida fuera mejor al final. Toda la comida que
preparaste para ella. Incluso cuando no podía comerla. Nunca te lo dijimos,
pero todos te agradecimos mucho por hacer eso.
—Gracias. No lo sabía.
Sonrió y parecía apenado.
—No, supongo que no. Lo siento. No puedo hablar por Chase o
Hunter, pero intentaré hacerlo mejor a partir de ahora. La verdad es, Kade,
que eres muy bueno en tu trabajo. Puedes ser un grano en el culo, pero
supongo que todos lo somos a veces.
—Creo que ese es el ADN de los Raven.
Levantó su vaso.
—Por el maldito ADN de los Raven.
—Salud. —Brindé con él.
Mientras charlaba con Ash, me di cuenta de que era la primera vez
que realmente pasaba tiempo con él. Al menos así. Hablando de verdad. Me
gustó la sensación.
Capítulo 32
Morgan
Jueves
No sabía cómo lo soportaba día a día. De hecho, ¿qué día era?
¿Miércoles? ¿Viernes? No, jueves. Lo sabía porque ayer mi madre tuvo
tratamiento. El que Kade seguía pagando, incluso después de lo que le
había hecho.
—Volverá —me dijo mi madre mientras se sentaba en el suelo
conmigo mientras yo lloraba aquella primera noche después de que él se
fuera.
No podía hablar, pero si pudiera, le habría dicho que no lo creía.
Había destruido todos los sentimientos que tenía por mí.
«Te amaba, y me rompiste el corazón». Esas palabras me perseguirían
hasta el día de mi muerte.
Ahora, cuatro días después, la pena y el arrepentimiento eran tan
fuertes como cuando Kade se fue. La forma en que pasaban las jornadas
eran todo un misterio. Supongo que esperaba que fuera al restaurante, que
apareciera por allí. Pero no lo hizo.
Los de Industrias Raven venían a ver cómo iban las cosas. Pero nunca
era Kade. Ni Ash. No podía culparlo. Por supuesto, apoyaría a su hermano.
Beth admitió que se lo había dicho a su marido, y él se sintió obligado de
decírselo a Kade. Tuve varias oportunidades de confesárselo yo y no lo
hice, así que me lo merecía.
—Cariño, ¿estás enferma o embarazada? Porque estás hecha polvo —
me dijo Pat mientras permanecía sentada mirando a la nada en mi oficina.
—Estoy teniendo una crisis personal —admití.
—¿Es por el restaurante? Porque yo diría que lo estás haciendo muy
bien. Esos cambios que tú y el chef hicisteis son un éxito.
—No. El restaurante es la única cosa buena de mi vida.
Pat sacó una silla y se sentó.
—Sé que no es asunto mío, pero no se nos ha escapado que el señor
Raven no ha venido esta semana. Eso, junto con tu abatimiento, nos hace
pensar que tal vez algo salió mal en vuestra pequeña aventura amorosa.
—¿Sabías que estábamos juntos?
Frunció los labios como si estuviera ofendida.
—Todo el mundo lo sabía, cielo. La forma en que lo mirabas como si
fuera un dios, y el modo en que te miraba él...
—¿En serio? ¿Me miraba?
Se sentó y me observó como si hubiera dicho algo estúpido.
—Sí. ¿No te diste cuenta?
Negué con la cabeza.
—Nunca entendí por qué estaba interesado en mí.
—¿Por qué?
Me encogí de hombros.
—No soy como las otras mujeres.
—Bueno, ahí tienes tu respuesta. No quería lo mismo. Te quería a ti.
Una chica inteligente, creativa con la comida, dispuesta a enfrentarte a él…
Todos nos enteramos cómo entraste en las oficinas de Industrias Raven y le
diste la patada al antiguo gerente y al señor Raven.
Sonreí ante ese recuerdo, ahora agridulce.
—¿Os enterasteis también de eso?
—Claro. Y te ganaste el respeto del personal. Bueno, a ver, ¿qué
pasa?
No iba a entrar en detalles, pero le dije:
—Le engañé.
Pat frunció el ceño.
—¿Le has engañado con otro?
—No. Pero fue una traición de todos modos. Está herido, y lo que
teníamos se ha ido a la mierda.
—¿Te has disculpado?
Cerré los ojos cuando las últimas palabras de Kade volvieron a mi
mente. «No te has disculpado. Ni una vez».
—No, en ese momento trataba de explicarme y estaba frustrada, así
que no pude decir las palabras.
Se dio una palmada en los muslos.
—Bueno, entonces, ¿por qué no empiezas por ahí?
—Creo que es un poco tarde para un «Lo siento».
Ella frunció el ceño.
—¿Le amas?
—Sí.
—Yo no estoy tan segura. Si le amaras, si realmente le quisieras, no te
detendrías ante nada para recuperarlo. Puede que lleve tiempo, pero no
puedes ceder.
—No quiero molestarlo.
Se puso de pie y me miró con decepción.
—Sin disculpas, y sin esfuerzo por arreglar las cosas. No es de
extrañar que se vaya.
Sentí sus palabras como una puñalada en el pecho. Quería
defenderme, pero no pude. Ella tenía razón. Al menos, necesitaba
disculparme. No para excusarme, sino para decirle lo profundamente
avergonzada que estaba.
Me puse de pie.
—Tienes razón. —Agarré el bolso—. Te encargas de esto, ¿verdad?
Ella sonrió.
—Manny y yo nos ocuparemos de todo si no has vuelto a la hora de la
cena.
—Gracias, Pat.
—De nada.
Salí corriendo y llamé un taxi, dándole la dirección de la Novata. El
tráfico no era probablemente diferente del habitual, pero a mí me parecía
que tardábamos una eternidad en llegar.
Pagué al conductor y corrí hacia el edificio, cogiendo el ascensor para
ir hasta la planta de los ejecutivos. Caminé a toda velocidad hasta su
oficina, irrumpiendo en ella.
—Lo siento... —Su despacho estaba vacío. Me embargó la decepción.
—¿Buscas a Kade? —Me di la vuelta y vi a Alex.
—Sí.
Me miró detenidamente, por lo que supe que estaba enterada de todo.
Esperaba que me regañara, ya que tenía reputación de ello.
En lugar de eso, me dijo:
—Está con sus hermanos. En la sala de conferencias, al final del
pasillo.
—Gracias.
—No le digas que te lo he dicho. Ha estado de mal humor toda la
semana.
—Entonces ¿por qué me lo dices?
Se encogió de hombros.
—No puede empeorar mucho más, y tal vez tú logres tranquilizarlo.
Dios, eso esperaba. Fui a la sala de conferencias. Pude oírlos dentro,
hablando.
—¿Qué pasa con el proyecto de esa pequeña empresa? —Escuché a
un hombre que pensé que era Chase.
—Va yendo. —Sabía que era Kade. Reconocería su voz en cualquier
sitio. Sonaba abatido.
—El nuevo gerente lo está haciendo bien —dijo Ash—. Y ha habido
algunos cambios en el menú que a los clientes parecen gustarle mucho.
—Vaya, o sea que resulta que Morgan sabía más que tú, ¿eh, Kade?
Menos mal que os despidió a ti y al gerente.
—Vete a la mierda, Chase —exclamó Kade.
—Oye, ¿qué pasa?
Yo sabía lo que estaba ocurriendo. Abrí la puerta y entré en la sala.
—Ah, señorita Andrews. Estábamos hablando de su restaurante —
dijo Chase.
Mi atención estaba puesta en Kade. Tenía tan mal aspecto que me
destrozó saber que aquello era culpa mía.
—Lo siento.
—Está bien. Tal vez puedas responder algunas...
—Chase —interrumpió Ash—, no está aquí por eso.
—Entonces, ¿para qué ha venido?
¿No lo sabía? ¿Ninguno de sus hermanos, salvo Ash, lo sabía?
Kade me miró, pero no había nada en sus ojos.
—Lo siento —dije otra vez—. Estoy avergonzada y me arrepiento de
lo que hice. En su momento, pensé que estaba haciendo lo mejor, pero te
lastimé, y me odio por ello.
—¿De qué está hablando? —preguntó Chase.
—Por favor, Chase —dijo Hunter—, déjala terminar.
—Tal vez, deberíamos dejarlos a solas —intervino Ash.
—No. —La voz de Kade sonaba tan muerta como sus ojos—. No
hace falta que os vayáis.
Tragué saliva, deseando encontrar las palabras para hacerle entender
lo mucho que lo sentía. Para que me perdonase y me diera una segunda
oportunidad. No sabía cuáles eran esas palabras, así que hablé con el
corazón.
—Te quiero, Kade. —Me quedé sin aliento al oírme en voz alta—.
Siempre lo he hecho, pero no podía entender por qué te interesabas por mí.
Seguía pensando que te aburrirías y seguirías adelante. Especialmente una
vez que este proyecto se haya realizado.
—¿Por qué piensas eso? —me preguntó.
—Porque soy muy insegura, supongo. Quiero decir, Dios... eres Kade
Raven. Multimillonario. Has salido con súper modelos y estrellas de cine.
Yo, en cambio, solo soy Morgan Andrews. Hija de un ama de llaves.
—Eso no es razón suficiente para alejarme de mi hijo.
—¿Has dicho «hijo»? —exclamó Chase asombrado.
—Joder, ¿es tuyo? —preguntó Hunter.
No les respondí, y tampoco lo hizo Kade.
Negué con la cabeza.
—No, no lo es. Si pudiera volver atrás y cambiar el pasado, lo haría.
Si hubiera algo que pudiera hacer ahora para que comprendieras lo mal que
me siento por hacerte daño y calmar tu dolor, lo haría. Si hay algo, Kade,
dímelo y lo haré. Sea lo que sea.
Cerró los ojos, y esperé.
—Dime la verdad. ¿Ibas a decírmelo?
—Sí. Intenté decírtelo en el parque, pero mi madre me llamó al móvil.
Iba a decírtelo en mi casa, pero tenía miedo de que nos pillara en la cama.
Hubo muchas ocasiones, pero siempre nos interrumpían o me acobardaba.
Tenía tanto miedo de que pensaras que intentaba atraparte con el embarazo,
pero no fue así, te lo juro. Me prometí a mí misma contártelo cuando
volvieras de Rumanía. Dijiste que querías algo más. Y yo también. Así que
sí, iba a decírtelo. Kade, te quiero. No a tu dinero, a ti. Solo a ti.
—Siento interrumpir, chicos. —Alex asomó la cabeza por la puerta
—. Vuestro padre está al teléfono.
Esa era la señal de que debía salir de allí. Me limpié las lágrimas. Mis
palabras no habían funcionado. Pero, al menos, se lo había dicho.
—Tengo una cita con el médico la semana que viene, por si quieres
venir. —Miré a todos. Chase parecía confundido, Ash observaba
preocupado a Kade, Hunter me miraba con lástima. Me giré hacia Kade,
quien aunque me miraba, no creí que me viera realmente—. Te enviaré un
mensaje con la dirección.
Salí de la sala de juntas y corrí hacia el ascensor. Cuando llegó,
agradecí que estuviera vacío para llorar a solas. Tomé un taxi para ir a casa,
necesitaba algo de espacio. Cuando entré, vi a mi madre —que estaba
mucho más activa y vital de lo que había visto en mucho tiempo— sentada
a la mesa con un portátil y un teléfono, concertando citas para su empresa
de limpieza. Ya no limpiaba ella misma, sino que dirigía un equipo de
empleados que trabajaban para ella. Estaba tan contenta por su éxito,
aunque mi mundo se desmoronara a mi alrededor.
Fui a la nevera, cogí un cartón de leche y me serví un vaso. Cuando
cerré la puerta, vi la pequeña ecografía de nuestro hijo que me dieron en la
consulta de la semana pasada. ¿Por qué no se la había llevado? Dios, ¿por
qué no podía hacer nada bien?
—¿Cariño? —me llamó mi madre.
—No me dejes, mamá.
Se puso de pie y me rodeó con sus brazos.
—Nunca, nena. nunca.
Capítulo 33
Kade
Lunes
—¿No vas a ir tras ella? —me preguntó Hunter.
Negué con la cabeza. Quería hacerlo. Dios sabía que quería hacerlo.
Pero no confiaba en ella ni en mí mismo. No iba ser vulnerable de nuevo.
Ni con ella, ni con nadie.
—¿De qué estaba hablando? —cuestionó Chase—. ¿Está
embarazada?
—Joder. ¿Desde cuándo eres tan lento? —exclamó Ash—. Sí, está
embarazada y Kade es el padre.
—Dios. Nos demandará.
—Cállate, Chase y escucha. O, por lo menos, mira a tu hermano, a
ver si así te das cuenta de que está sufriendo. ¿No reconoces los síntomas?
Tú estabas igual cuando Sara desapareció —le reprendió Ash.
Chase palideció, pero me miró.
—¿Estás enamorado de ella?
—Estaba. Estaba enamorado de ella.
Hunter se rio un ironía.
—No hables en pasado, hermanito. Todavía lo estás. Por eso duele
tanto, joder.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Ash.
—No soy inmune a la angustia. Sin embargo, yo fui lo bastante
inteligente como para perseguir a mi mujer.
—No es lo mismo —respondí yo. Me sentía tan cansado que solo
quería meterme en un agujero y esconderme para siempre.
—¿Por qué no? —dijo Hunter.
—No le dijo lo del bebé. De hecho, le hizo creer que era de otro —
explicó Ash.
—Joder —murmuró Chase—. Mi antiguo yo te diría que podríamos
revocarle el préstamo. En cambio, mi nuevo yo dice que no podemos jugar
tan sucio.
Sacudí la cabeza.
—No quiero tomar represalias.
—¿Qué es lo que quieres? —me preguntó Ash.
Que mi maldito corazón comenzara a latir de nuevo.
—Lo que quiero es imposible. La opción murió cuando me enteré de
que no me iba a contar lo del bebé.
—Vale, Morgan metió la pata hasta el fondo, sí, pero la chica que
acaba de estar aquí se arriesgaría a cualquier cosa con tal de arreglarlo
contigo. ¿Estás seguro de que vas a dejarla escapar? —me cuestionó
Hunter.
Lo miré.
—¿Cómo puedo superarlo?
Se encogió de hombros.
—Tú eliges. Puedes pasarte la vida como el maldito capullo que
eres...
—Joder, Hunter —le gritó Ash.
—O ser feliz con la mujer que amas. A mí me parece una elección
bastante fácil.
En el pasado, le habría dicho que era un cabeza de chorlito, pero no
tenía fuerzas ni siquiera para eso.
—Tío, estás hecho una mierda —dijo Chase.
—Pero ¿qué os pasa a vosotros dos? —les preguntó Ash—. Chase, tú
estuviste mucho peor con lo de Sara...
Los ojos de Chase se entrecerraron.
—Su vida estaba en peligro.
—Una pérdida es una pérdida. Dios, ¿es que no tienes compasión? Y
tú —le dijo, mirando a Hunter—. Si Grace estuviera aquí, te daría una
patada en el culo por machacarle. No necesita que un par de cabrones como
vosotros le molesten. Necesita que su familia, sus hermanos, le apoyen. Por
una vez.
—¿Qué significa eso? —intervino Chase, indignado.
—Tiene razón —dijo Hunter.
—¿¡Qué!? ¿Crees que no apoyo a Kade?
—Siempre has estado resentido con él —respondió Ash—. Todos lo
estuvimos, un poco. Pero es un Raven. Todos conocemos la soledad y la
amargura, pero no debemos olvidar que tenemos una familia que nos apoya.
—Él también la tendría, si perdonara a Morgan —opinó Hunter.
Me levanté, preguntándome por qué estaba allí. No necesitaba que
hablaran de mí como si no lo estuviera delante.
—Me voy a trabajar. —Eché a andar para salir de la sala de
conferencias.
—Kade.
Me detuve en la voz de Chase.
—Siento que te haya hecho daño, tío. De verdad. Yo... si puedo
ayudarte, dímelo. Lo que sea.
—Gracias.
Me dirigí a mi despacho, cerré la puerta y apagué el teléfono. Luego
me senté, tratando de averiguar si podía vivir así o si tenía las agallas para
arriesgarme una vez más.
No obstante, no lograría nada escondiéndome en mi oficina. Salí del
edificio y me dirigí al coche. Me encantaba vivir en la ciudad de Nueva
York, pero últimamente era demasiado ruidosa para mí.
—Cuando llegue a casa, voy a hacer las maletas y luego necesitaré
que me lleves a la casa de los Hampton —informé al chófer.
—Sí, señor.
Llamé a Ash, diciéndole que necesitaba salir de la ciudad pero que
revisaría las propiedades de los Hamptons mientras estaba fuera.
—Tómate un tiempo —me dijo.
Eso es exactamente lo que necesitaba. No respiraba tranquilo desde
que supe lo del niño. Hice las maletas y volví al coche quince minutos
después, y dos horas más tarde, llegamos a la casa de la playa de mis
padres.
Cuando era niño, me encantaba venir, probablemente por la misma
razón que ahora. Me gustaba la sensación de espacio abierto y tranquilidad.
«Tal vez me quede aquí», pensé mientras abría la casa. Fui a la bodega, abrí
una botella de tinto, me serví un vaso, y luego salí a la terraza. El sol se
había puesto, pero la luna brillaba en el agua.
Mi teléfono vibró, era un mensaje. Lo cogí para mirarlo, pero luego
decidí que no quería saber nada. Al menos por una noche. Apagué el móvil
y me senté, dejando que el sonido de las olas me relajara. No tenía una
respuesta para mi vida. Ni siquiera podía pensar en cuál sería mi siguiente
paso. Pero sentado allí, no tenía que hacerlo.
Otra copa de vino más tarde, me senté en el salón, con los ojos
cerrados, disfrutando del ligero zumbido del vino. No tenía ni idea de la
hora que era y no me importaba. Cuando llamaron a la puerta, lo ignoré. No
iba a dejar que nada invadiera este pequeño trozo de paz. El único problema
era que quienquiera que fuese no tenía ni idea de que no iba a responder.
Después de unos cuantos golpes, llamó al timbre.
—¡Qué mierda! —Me levanté y, a grandes zancadas, fui hacia la
puerta para mandar a quien fuera a paseo. Abrí la puerta de golpe—. ¿Es
que no captas una indirecta…? —Me detuve cuando vi a Morgan.
Sus ojos se abrieron de par en par y tragó saliva.
—Lo siento, lo siento.
Cerré los ojos y me tranquilicé.
—Lo siento —murmuré yo también—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Ella me entregó algo.
—Vine a traerte esto.
Cogí el sobre, preguntándome si era algún documento legal. Volví a
entrar en la casa, sin invitarla a pasar, pero sin despedirla tampoco. Cuando
llegué a la sala de estar, lo abrí, tratando de discernir qué era.
Se trataba de una especie de imagen de rayos X, con muchos tonos
oscuros y grises.
Morgan entró, pero se quedó en el vestíbulo.
—Es nuestro hijo.
Me quedé sin aliento. Tracé con el dedo el contorno de una línea gris,
sin saber si era el niño, pero necesitaba tocarlo. Mi hijo.
—Te envié un mensaje con la siguiente cita. Le pregunté al médico si
podíamos oír los latidos del corazón y hacer otra ecografía.
Mi cabeza se movió en su dirección.
—¿Los latidos?
Asintió, con una expresión que todavía parecía aprensiva.
Volví a mirar la imagen de la ecografía.
—No consigo distinguir nada.
Morgan se acercó a mí.
—Este es el cuerpo, y aquí, esta es la cabeza. ¿No es precioso?
Fue jodidamente increíble.
—¿Es niño o niña?
—No lo sé. Dijo que era demasiado pronto para saberlo. —Se movió
desplazando su peso de un lado a otro como si estuviera nerviosa—. ¿Irás?
—Sí. Sí, por supuesto. —La miré—. Cualquier cosa que necesites,
Morgan, la tendrás para ti y para el bebé.
Me sonrió con timidez.
—Lo sé. —Se aclaró la garganta—. Yo... debo irme.
Le devolví la foto, pero ella negó con un gesto de cabeza.
—No. Quédatela.
Fruncí el ceño cuando me di cuenta de que Morgan había venido
hasta los Hamptons. ¿Cómo sabía que estaba aquí?
—¿Qué estás haciendo aquí?
—Yo, eh... quería darte esto. Fui a tu casa, pero como no estabas, le
pregunté a Beth y me dijo que Ash le contó que estabas aquí.
—¿Cómo llegaste? —No tenía coche, y no creía que ningún
transporte público llegara tan tarde desde Manhattan.
—Con Uber.
Dios, me preguntaba cuánto le habría costado.
—El conductor está fuera.
Para cuando volviera a la ciudad, sería casi medianoche. Puede que
no quisiera una relación, pero no era un completo imbécil.
—¿Por qué no te quedas esta noche? Tenemos habitaciones de sobra y
te llevaré por la mañana.
Negó con la cabeza.
—No quiero molestarte. Solo... quería que tuvieras eso. Yo... había
planeado dártela cuando te lo dijera. —Agachó la mirada un momento—.
Lo siento mucho, Kade. Sé que sirve de poco y que es demasiado tarde,
pero me carcomía la culpa por el daño que te he hecho. Haría lo que fuera
para que todo volviera a estar bien entre nosotros.
La miré a los ojos y vi que decía la verdad. Era sincera.
—¿Crees que seré un buen padre?
—Sí, absolutamente. —Ella sonrió—. Eres bueno en todo.
—No en todo. No conseguí hacerte entender lo que sentía por ti.
Su sonrisa vaciló.
—Eso fue culpa mía. Yo... nunca me había amado nadie. Quería lo
que Beth y Ash tienen, pero no podía creer que eso se hiciera realidad en mi
caso.
—¿Porque nunca tuviste relaciones sexuales? —Era virgen cuando
nos conocimos pero, seguramente, habría tenido novios.
—Bueno, sí, nunca había tenido una cita. También era virgen en eso,
supongo. He aprendido mucho contigo, Kade. No solo sexualmente, sino
cómo es una relación, y lo importante que es decir cómo te sientes aunque
te asuste.
—¿Cómo te sientes, Morgan?
—Te amo.
Sus palabras me calentaron como una manta. Quise envolverme en
ella, pero en mi mente resonaron unas campanas de advertencia. Esta era la
mujer que me había mentido. No había excusa para eso.
—Yo también era virgen.
Alzó una ceja y frunció los labios.
—Sé que eso no es verdad.
—Me refiero en cuanto a mantener una relación. Nunca he amado a
una mujer antes —le aclaré.
Su aliento se aceleró, y vi la esperanza cobrar vida en sus ojos.
—Supongo que no hice un buen trabajo diciéndote eso. Aunque creí
que lo había hecho. Me sentía como un cachorrillo enfermo de amor, por la
forma en que encontraba excusas para estar cerca de ti. Pero creo que no te
dije, de forma explícita, cómo me sentía.
—Fuiste claro cuando me dijiste que deseabas algo más que una
aventura. Y cuando te ofreciste a cuidar del bebé a pesar de pensar que era
de otro. —Se le cortó la voz, la culpa la abrumaba de nuevo—. Eso fue una
atrocidad por mi parte. No puedo vivir sabiendo que te hice esto.
—Morgan, si pudieras tener cualquier cosa, ¿qué querrías?
—A ti y al bebé. Y a mi madre. Todo lo que necesito es una familia y
que todos estén sanos. Si tuviera eso, sería la mujer más afortunada del
mundo.
—¿De verdad?
—Oh, sí. Crecí entre ricos. Sé que la mayoría de ellos eran
miserables. Mi madre y yo no teníamos casi nada, pero éramos felices.
Cuando no tienes todo esto —dijo, señalando la opulencia de la casa de la
playa—, tienes que encontrar la satisfacción en ti mismo y en los que te
rodean. Mi madre y yo cocinábamos juntas. Probábamos cómo hacer que
los frijoles y el arroz fueran algo diferente. Dándoles un toque mexicano,
caribeño, italiano… Apuesto a que sé más formas de hacer frijoles y arroz
que nadie.
—Fusión.
Sonrió.
—Eso también.
—Yo también cocinaba con mi madre.
Su sonrisa se volvió más brillante.
—Entonces sabes de qué estoy hablando. Te llevabas muy bien con tu
madre. Apuesto a que tus recuerdos más felices son con ella. No con tus
juguetes, viajes o dinero.
Tenía razón. Y en los últimos meses, mis recuerdos más felices eran
con Morgan. Y también el peor. La pregunta era, ¿permitiría que un paso en
falso se interpusiera en nuestra felicidad?
Mi mente evocó a mi madre muy enferma, muriendo de cáncer. Había
cocinado crepes para ella, ya que eran su plato favorito. Tuve que darle de
comer como si fuera una niña.
—Apuesto a que desearías que fuera un Adonis el que te diera de
comer —le dije de broma.
Su sonrisa era débil, pero no así el brillo de sus ojos.
—No se lo digas a tu padre, pero planeo buscar uno nada más llegar
al cielo.
Odiaba oírla hablar de su muerte, pero intenté sonreír.
—Kade, cariño, prométeme que no dejarás que tu padre te manipule.
—Te lo prometo, mamá.
Su mano se acercó y se agarró a la mía.
—No seas condescendiente conmigo. Quiero a todos mis hijos por
igual, pero he visto lo que le ha hecho a Chase. Hunter se fue a la guerra.
Ash es un obús de sí mismo por haber perdido a la hija de los McAdams.
Pero tú... tú sigues aquí. —Me puso la palma de la mano en la cara—. Estás
lleno de vida y amor. Sabes lo que es importante. Esto, aquí y ahora, es
importante.
Presioné mi mano sobre la de ella.
—Es lo más importante, mamá.
—No lo olvides. El dinero, el prestigio… no son nada sin amor.
Unos días después, se había ido.
De pronto, me di cuenta de que le había fallado. Me había perdido, al
igual que les ocurrió a mis hermanos. Pero ellos habían encontrado el
camino para reencontrarse a sí mismos. No gracias al absurdo plan de mi
padre para forzarlos a casarse, sino por el amor de una mujer.
Recordé el sueño que tuve hace semanas, la noche después de la
inauguración del restaurante. En él, yo estaba aquí, en la casa de la playa,
rodeado por la familia. Al principio, me había sentido apartado de mis
hermanos y sus esposas e hijos. Y, luego, Morgan había aparecido
embarazada de mi hijo. Mi hijo.
Miré a Morgan. Sí, quería que aquello se convirtiera en realidad.
Podría serlo. Era real. Estaba aquí, en la casa de la playa. Mi hijo crecía en
su vientre. Todo lo que tenía que hacer era extender la mano y alcanzar la
felicidad que el sueño me mostraba.
Morgan dio un paso hacia atrás.
—Debería irme.
Extendí la mano y la tomé del brazo, tirando de ella hacia mí. Le
acuné el rostro. Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendidos, y luego se
cerraron, como si estuviera saboreando la sensación de mis manos en sus
mejillas. Sí, ella sabía lo que era importante.
—Te perdono. —Me incliné hacia ella, dibujando mis labios sobre los
suyos suavemente.
Su aliento se entrecortó y sus dedos se agarraron a mi camisa.
Cuando me alejé, ella soltó un pequeño sollozo.
—Kade.
—Admitiste tu error. Sé que fui parte del problema. Cuando me oíste
hablar de mis preocupaciones por no saber si las mujeres me querían por mí
o por mi dinero, eso solo se produjo después de conocerte. Estaba contento
de vivir de ese modo. Y entonces apareciste tú, tan encantadora y oliendo a
lavanda y vainilla.
Usé mis pulgares para secar sus lágrimas.
—Algo se movió dentro de mí. Como si mi corazón se aferrara
inmediatamente a ti, y no se soltara. No lo entendía. Me asustó mucho, y
aún así, quería estar contigo. Me volvía loco cuando me evitabas, eso
supongo que contribuyó a mi miedo.
—Lo siento, Kade. No quería alejarte. Quería aferrarme a ti y amarte
desde el mismo instante en que te conocí. Pero creí que no estaba a tu
altura. Decidí conformarme con ser una más en tu cama solo por tener la
oportunidad de estar contigo. Pero cuanto más te acercabas, más difícil era
mantener mis sentimientos bajo control. Cuando supe que estaba
embarazada, me asusté. Sabía que tenía que decírtelo, pero... no hay excusa.
En ese momento tenía sentido, pero ahora me doy cuenta de que solo estaba
siendo egoísta. —Me miró—. Todavía no entiendo por qué te gusto.
—Te amo, Morgan.
Se mordió el labio mientras nuevas lágrimas se deslizaban por sus
mejillas.
—Te amo porque eres dulce, encantadora, divertida, atrevida, creativa
y sexy. Realmente, yo lo único que tengo es dinero y una cara bonita.
Se echó a reír.
—No, tienes mucho más. Mucho más.
Se lanzó en mis brazos y luego se alejó, con una expresión aprensiva.
—Esto significa que tengo otra oportunidad, ¿verdad?
—Sí, nena. Ambos tenemos otra oportunidad.
Capítulo 34
Morgan
Lunes
Si esto era un sueño, no quería despertar jamás. Kade me sostenía
como si nunca fuera a dejarme ir. Me aferré a él para asegurarme de que no
lo hiciera nunca.
—Te amo. Lo siento. Te quiero. Lo siento. —Esas palabras salían de
mi boca como un cántico, tenía tanto miedo de que cambiara de opinión.
—Déjame despedir a tu chófer —me pidió, con un beso en mi mejilla
—. Empezaremos de nuevo.
Asentí, sintiéndome un poco como en una montaña rusa de
emociones, pero feliz. Absolutamente feliz.
Salió, y unos minutos después regresó.
—Ahora. ¿Dónde estábamos? —Me abrazó y me besó hasta dejarme
sin aliento.
—Me encanta cuando haces eso —dije cuando sus labios se
arrastraron por mi mandíbula hasta mi oreja.
—¿Hacer qué?
—Besarme. Tocarme.
—¿Follarte?
Sonreí.
—Sí, eso también.
Me sonrió mientras me cogía de la mano.
—Déjame mostrarte nuestra habitación.
Nuestra. Usó la palabra «nuestra». El corazón me dio un salto en el
pecho. O era mi estómago, que gruñía de pronto.
Kade se detuvo.
—¿Tienes hambre? ¿Necesita comer el niño?
Me mordí el labio inferior.
—Es que no he cenado.
Cambió de dirección y me llevó a la cocina.
—Sabes, todavía no hemos cocinado juntos. Y este parece un buen
momento para empezar. ¿Qué es lo que te apetece? ¿Huevos? ¿Tortitas?
—Hago unas muy buenas —le dije.
—Tortitas, entonces.
Trabajamos codo con codo, mezclando la masa y haciéndolas en la
plancha. Tardamos un poco más de lo habitual, y quemamos algunas porque
nos distrajimos besándonos.
Luego, nos sentamos a la mesa con vistas al mar con un gran plato de
tortitas y sirope caliente.
—Vale. A ver cómo están. —Le dio un mordisco y dejó escapar un
gemido que me recordó a cuando tuvimos sexo—. Tú ganas. Están
fantásticas.
Sonreí. Kade Raven, famoso restaurador, había dicho que mis tortitas
estaban fantásticas.
—Deberíamos abrir un restaurante de tortitas.
Me reí.
—¿No es demasiado bajo para ti?
Me sonrió vergonzoso.
—Siento haber sido tan pomposo. Sé lo que sé, pero no lo sé todo.
Debí haber apoyado en tu idea y confiado en tus instintos.
—Mi idea era un puesto ambulante de comida y mi instinto me hizo
contratar a John Parker.
Kade gruñó.
—Dios, quería arrancarle la cabeza.
Puse mi mano sobre la suya.
—Nunca tuvimos nada, te lo prometo. Nunca. Jamás.
Se llevó mi mano a sus labios.
—Bien. Lo dejaré vivir entonces.
Seguimos comiendo y hablando, y supe que nunca había sido tan feliz
como en ese instante.
—Tienes un poco de sirope en la barbilla —le dije, acercándome para
limpiarla.
Me agarró de la muñeca y me la llevó a su regazo.
—¿Por qué no lo lames?
Todas mis partes femeninas cobraron vida. Me puse a horcajadas en
su regazo, lo rodeé con mis brazos y le lamí la barbilla.
—Mmm, sabes dulce, Kade Raven.
Sonrió mientras pasaba el dedo por el sirope de su plato. Cubrió mis
labios con el dulce y, luego, pasó su dedo por mi barbilla y mi cuello.
—Yo también quiero probar.
Instintivamente, mi coño se apoyó en su dura polla mientras me
besaba el sirope de mis labios y deslizaba su lengua por mi cuello.
—Tan dulce —murmuró. Me sacó la camisa por la cabeza y
rápidamente me desabrochó el sujetador—. Quiero más. —Se cubrió el
dedo de nuevo, y esparció el sirope sobre mis pezones. Jadeé al sentir la
sustancia caliente y pegajosa en mi pecho. Grité cuando sus labios chuparon
uno, y luego el otro pezón.
—Creo que es hora de desnudarnos y ensuciarnos —dijo.
No podría estar más de acuerdo. Nos desnudamos y me sentó sobre la
mesa, cubriendo partes de mi cuerpo con el sirope. Era sexy, divertido y
dulce. Tras cubrir mi cuerpo y lamerme por todas partes, mi necesidad de él
aumentó hasta hacerme perder la cabeza.
Cuando mis ojos recayeron en los suyos, supe que un deseo similar se
había apoderado de él.
—Kade.
Me levantó, me agarró la mano y tiró de mí para que le acompañara.
—¿Adónde vamos? —pregunté mientras me llevaba por una gran
escalera, y luego por un largo pasillo.
—A la ducha. Tengo que follarte, nena. —Entramos en una gran
habitación iluminada solo por la luna. No tuve tiempo de admirarla, ya que
me llevó al baño. Encendió la ducha, y luego su boca estaba sobre mí otra
vez.
Incluso cuando me besó, metió la mano en la ducha para comprobar
la temperatura del agua.
Me guió bajo el chorro mientras buscaba el jabón. Se enjabonó las
manos y luego las usó para limpiar el sirope. Yo me enjaboné las manos y
lo lavé también, aunque la mayoría de las veces solo quería tocarlo.
—Necesito estar dentro de ti. —Me giró, presionándome contra las
baldosas frías. Su polla estaba preparada.
Levantó mi pierna, enganchándola sobre su cadera.
—Sujétate a mí.
Envolví mis brazos alrededor de sus hombros.
—Mírame, Morgan.
Centré mi mirada en sus preciosos ojos verdes.
—Espero que nuestro bebé herede tus ojos —dije.
La emoción llenó sus iris verdes.
—Te quiero, joder.
Antes de que pudiera responder, se deslizó dentro de mí y no paró
hasta que me llenó hasta la empuñadura.
—Perfecta, eres tan perfecta —dijo como en una ensoñación.
—Sí —jadeé—. Te quiero, Kade. Más de lo que crees.
Sus labios se unieron con los míos mientras me sujetaba a él, su
cuerpo dentro del mío, era una parte de mí. En ese momento, comprendí lo
que era el amor. No solo un sentimiento, sino algo profundo que conectaba
el alma de dos seres humanos. Sentí que su corazón se había unido al mío.
Como si yo fuera irrevocablemente una parte de él, y él una parte de mí.
Empezó a moverse, y el placer inundó mi cuerpo. Juntos buscamos el
clímax. Pero no era solo la lujuria lo que nos impulsaba en ese baile
perfecto. Era el amor.
Apoyó una mano contra los azulejos mientras con la otra sostenía mi
pierna sobre su cadera.
—Dime que estás cerca, nena. Dime que vas a correrte.
—Sí —jadeaba mientras la fricción me llevaba cada vez más alto—.
Tan cerca... oh, Dios... —Y entonces ocurrió. Una ola de placer me
atravesó. Mis caderas giraron, buscando una gloriosa liberación.
Gruñó.
—Sí... joder, me encanta. —Entonces se agachó y empujó,
llenándome con su semilla. Nos sostuvimos el uno al otro durante unos
momentos mientras nuestras respiraciones volvían a la normalidad.
—Nunca podré volver a mirar unas tortitas sin tener una erección —
me dijo.
Me reí.
—Ni yo tampoco.
Me miró.
—A las chicas no se les pone dura.
—Claro que sí. Mi clítoris se hace grande y duro.
Gruñó.
—¿Por qué me pongo duro cuando hablas así?
—¿Cómo...?
Se rio y luego me besó hasta que me quedé sin aliento.
1º libro de la serie
Consíguelo en:
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Hunter Raven: Una fuerza de la naturaleza, un hombre
enigmático y dominante que me vuelve loca de deseo.
Como su terapeuta se ha convertido en todo un desafío, sobre todo
debido a la atracción que surge entre nosotros.
Pero todo en esta relación está mal.
Hunter es un ex-militar, huyendo de los demonios de su pasado y se
supone que debo tratarlo.
Sé que no deberíamos pero… no puedo evitarlo.
Le entregué mi inocencia a pesar de saber que lo nuestro no puede
funcionar.
2º libro de la serie
Consíguelo en:
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Nunca te olvidé, ni la forma en que me hiciste sentir la primera vez.
Eras el mejor amigo de mi hermano, y estaba enamorada...
Pero a pesar de haber transcurrido seis años desde que te fuiste sin decir
adiós, y de no esperar a volver a verte, aquí estamos...
Nunca pensé que nuestra relación tuviera una segunda oportunidad.
Beth McAdams, madre de tu hija, el milagro que creamos hace seis años, y
lo mantuve en secreto.
Dios mío... ¿Eso me convierte en una persona terrible?
3º Libro de la serie
Consíguelo en:
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