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Luna

La Luna se siente perturbada por una niña misteriosa que observa cada noche. A través de objetos que la niña deja, la Luna descubre pistas que la llevan a un hospital, donde encuentra a una niña en estado vegetativo. Al verla, la Luna recupera recuerdos perdidos y comprende que la niña es su otra mitad. La niña fallece en paz, liberando a la Luna para que pueda sonreír para siempre.

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Luna

La Luna se siente perturbada por una niña misteriosa que observa cada noche. A través de objetos que la niña deja, la Luna descubre pistas que la llevan a un hospital, donde encuentra a una niña en estado vegetativo. Al verla, la Luna recupera recuerdos perdidos y comprende que la niña es su otra mitad. La niña fallece en paz, liberando a la Luna para que pueda sonreír para siempre.

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Media Luna, un cuento fantástico

En un tiempo sin tiempo, en un lugar impreciso, existía una Luna. Esa simpática Luna, siempre se
llevaba bien con los seres humanos, los astros, los espíritus; incluso hasta con el brillante,
imponente y lejano sol. Esa relación, entre el sol y la luna, se dio desde que ella pudo sentir su
acogedora radiación solar.

Todos adoraban a la Luna y cada vez que ella salía, los humanos se sumergían directo al lugar de
los sueños; y los espíritus escondidos y olvidados podían salir a sentirse vivos de nuevo.

Un día cualquiera en una semana muy fría, la Luna observaba todas las acciones de los seres
humanos, los astros y los espíritus; todos los actos comunes y los extraños. De repente, se sintió
perturbada por “ella”, una niña sombría que se encontraba sentada en los peldaños de una escalera
malgastada. La niña la miraba sin expresión alguna y la Luna dudaba si era realmente humana o
simplemente un alma desamparada. Si bien podría haber pensado en otras teorías a cerca de aquella
extraña niña, solo pasó por sus pensamientos esa duda. Esa situación la hacía sentir muy nerviosa,
le causaba una terrible sensación de incomodidad por lo que decidió ignorarla. Aunque optó mirar
para otro lado no pudo quitarse esos ojos profundos y oscuros de encima.

Los días transcurrían y la luna seguía mirando a la niña como buscando una respuesta. Sin saber que
hacer para quitarse esa sensación de incomodidad causada por la intrusa, la Luna decide esperar el
anochecer y enfrentarla. Cuando el día cayó, se dispuso a buscarla, subió a los acostumbrados cielos
y la encontró rápidamente en el mismo dichoso y habitual sitio en el que la había visto por primera
vez. Casi tartamudeando, tratando de no enredarse con la situación, yendo directo al grano y evitar
arrepentirse ,la Luna le preguntó qué deseaba. Lo único que recibió por respuesta fue silencio, un
desolado y escalofriante silencio que la estaba asustando. Sin embargo, a pesar del miedo que la
atravesaba, los ojos de esa niña que eran como profundos pozos no dejaban de atraerla. Como si
estuviera hipnotizada, envuelta en un hechizo, la Luna permaneció allí hasta el amanecer y la figura
de la niña se desvaneció como arena en el desierto.

Aunque esa situación le resultaba muy confusa, y en sus años lunares nunca había vivido un
desconcierto tan grande, decidió seguirla, porque tuvo una corazonada, un presentimiento muy
fuerte. Todas las noches la niña dejaba objetos a la Luna que le resultaban familiares, como un
descuidado peluche, maltratados dibujos infantiles y viejas fotos. Estos objetos la niña los utilizaba
como pistas para que la Luna descubriera algo.

Una noche la Luna no encontró a la niña en el sitio que solía encontrarla, pero descubrió en su lugar
una foto verdaderamente extraña, de ella misma, más brillante y más sonriente. Al verla, la Luna
sintió un repentino y gran dolor en su cabeza, como si fuese un mensaje de algo muy importante,
una alarma, un llamado de atención. Otra vez amaneció, dejando a la luna sola, desconcertada, con
interrogantes inexplicables.

La Luna estaba ansiosa por volar por los cielos y oscurecerlos y aunque tenía un presentimiento que
le deja un mal sabor de boca, volvió al lugar donde debería estar la niña sentada, observándola. Sin
embargo “ella” estaba allí pero cuando la Luna apareció comenzó a caminar y caminar y caminar y
siguió caminando. La Luna le pisaba los talones hasta que de pronto, la niña se detuvo frente a un
sitio que aparentaba ser un hospital y allí murmuró una frase...habitación 15 y se desvaneció en la
oscuridad. La Luna tuvo una sensación de estar unida a “ella” de alguna forma y deseaba continuar
descubriendo el misterio pero el hospital estaba cerrado durante las noches. Sabiendo que ella solo
podía llegar a los acostumbrados cielos en la noche, comenzó a enloquecer y en su locura se le
ocurre solicitarle ayuda al Sol. El Sol y la Luna eran grandes amigos y él no dudó en ayudarla. La
Luna estaba tan desconcertada y ansiosa que no tenía idea como su amigo podía ayudarla pero al
Sol se le ocurrió una idea: alinearse y formar un eclipse.

Ese mismo día el Sol permaneció quieto, sin movimiento alguno y la Luna se fue acercando hasta
que lo ocultó totalmente y quedó rodeada con los rayos del Sol, iluminada y radiante. Bella y
expectante se dirigió al hospital donde se encontró con un gran ventanal. La Luna, iluminada por
sus rayos, buscó la habitación número 15 y cuando la encontró se sorprendió; su mirada fue hacia
una niña recostada en la cama del hospital muy parecida a la niña de los peldaños. “Ella” estaba
internada, inmóvil, conectada a un aparato que no paraba de sonar. En el instante que la Luna
descubrió que aquella niña estaba en estado vegetativo se inundo de recuerdos que nunca antes
había tenido, que parecían haber permanecido enterrados.

Fue en aquel momento cuando la Luna pudo descubrir por qué sentía que le faltaba una parte de su
historia, de su vida, por que se sentía incompleta y decidió marcharse. Cuando La luna se alejaba
hacia su familiar y nublado cielo, escucha el murmullo de aquella niña que había aparecido como
un espejismo del destino. La niña atinó a susurrar algunas frases que quedaran en el recuerdo de La
Luna para siempre: Ahora sabes la verdad , soy tu otra mitad, puedo irme en paz.

La Luna emprendió el camino de regreso a casa y sobre su rocoso rostro se deslizaron algunas gotas
de lluvia.

“Ella” liberó los peldaños de la malgastada escalera y La Luna ilumino su cara con una inmensa
sonrisa para siempre.

Autor: Dorado Carolina

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