Logoterapia de Viktor E.
Frankl
El Dr. Viktor Emil Frankl nació en Viena, Austria, el 26 de marzo de 1905 y
falleció el 2 de septiembre de 1997.
Es conocido como Viktor Frankl y fue un neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco,
fundador de la Logoterapia y Análisis Existencial. También fue un amante de las alturas,
por lo que dedicó gran parte de su vida al alpinismo y posteriormente se convirtió en piloto.
Caracterizado por su gran sentido del humor el cual utilizó dentro de la terapia, pero
también en su vida personal, así como el amor que profesó hacia su segunda esposa, Elly
Frankl, la cual el aseguró que salvó su vida.
Sobrevivió a cuatro campos de concentración nazis como Auschwitz y Dachau
desde 1942 hasta su liberación en Turkheim el 27 de abril de 1945. En estos perdió gran
parte de su familia entre ellos su primera esposa con la cual solo llevaba meses de
matrimonio.
Según Frankl, la vida por si misma posee un significado, y las personas tienen la
capacidad descubrir un sentido que resulta único e irrepetible, independientemente de las
circunstancias en que nos encontremos; esta búsqueda de significado constituye la principal
motivación vital.
Además, siempre tenemos un cierto grado de libertad, puesto que podemos decidir
al menos qué actitud adoptamos ante la adversidad.
Logoterapia
Tanto la teoría como la terapia de Víctor Frankl se desarrolló a partir de sus
experiencias en los campos de concentración nazis. Al ver quien sobrevivía y quién no (a
quién se le daba la oportunidad de vivir), concluyó que el filósofo Friederich Nietszche
estaba en lo cierto: Aquellos que tienen un por qué para vivir, pese a la adversidad,
resistirán”. Pudo percibir cómo las personas que tenían esperanzas de reunirse con seres
queridos o que poseían proyectos que sentían como una necesidad inconclusa, o aquellos
que tenían una gran fe, parecían tener mejores oportunidades que los que habían perdido
toda esperanza.
Su terapia se denomina logoterapia, de la palabra griega logos, que significa estudio,
palabra, espíritu, Dios o significado, sentido, siendo ésta última la acepción que Frankl
tomó, aunque bien es cierto que las demás no se apartan mucho de este sentido. Cuando
comparamos a Frankl con Freud y Adler, podemos decir que en los postulados esenciales
de Freud, (éste consideraba que la pulsión de placer era la raíz de toda motivación humana)
y Adler (la voluntad de poder), Frankl, en contraste, se inclinó por la voluntad de sentido.
Frankl también utiliza la palabra griega noös, que significa mente o espíritu. Sugiere que en
psicología tradicional, nos centramos en la “psicodinámica” o la búsqueda de las personas
para reducir su monto de tensión. En vez de centrarnos en eso; o más bien, además de lo
anterior, debemos prestar atención a la noödinámica, la cual considera que la tensión es
necesaria para la salud, al menos cuando tiene que ver con el sentido. ¡A las personas les
gusta sentir la tensión que envuelve el esfuerzo de un meta valiosa que conseguir!.
No obstante, el esfuerzo puesto al servicio de un sentido puede ser frustrante, la cual puede
llevar a la neurosis, especialmente a aquella llamada neurosis noogénica, o lo que otros
suelen llamar neurosis existencial o espiritual. Más que nunca, las personas actuales están
experimentando sus vidas como vacías, faltas de sentido, sin propósito, sin objetivo
alguno..., y perece ser que responden a estas experiencias con comportamientos inusuales
que les daña a sí mismos, a otros, a la sociedad o a los tres.
Una de sus metáforas favoritas es el vacío existencial. Si el sentido es lo que buscamos, el
sin sentido es un agujero, un hueco en tu vida, y en los momentos en que lo sientes,
necesitas salir corriendo a llenarlo. Frankl sugiere que uno de los signos más conspicuos de
vacío existencial en nuestra sociedad es el aburrimiento. Puntualiza en cómo las personas
con frecuencia, cuando al fin tienen tiempo de hacer lo que quieren, parecen ¡no querer
hacer nada! La gente entra en barrena cuando se jubila; los estudiantes se emborrachan cada
fin de semana; nos sumergimos en entretenimientos pasivos cada noche; la neurosis del
domingo, le llama.
De manera que intentamos llenar nuestros vacíos existenciales con “cosas” que aunque
producen algo de satisfacción, también esperamos que provean de una última gran
satisfacción: podemos intentar llenar nuestras vidas con placer, comiendo más allá de
nuestras necesidades, teniendo sexo promiscuo, dándonos “la gran vida”. O podemos llenar
nuestras vidas con el trabajo, con la conformidad, con la convencionalidad. También
podemos llenar nuestras vidas con ciertos “círculos viciosos” neuróticos, tales como
obsesiones con gérmenes y limpieza o con una obsesión guiada por el miedo hacia un
objeto fóbico. La cualidad que define a estos círculos viciosos es que, no importa lo que
hagamos, nunca será suficiente.
Igual que Erich Fromm, Frankl señala que los animales tienen un instinto que les guía. En
las sociedades tradicionales, hemos llegado a sustituir bastante bien los instintos con
nuestras tradiciones sociales. En la actualidad, casi ni siquiera eso llegamos a tener. La
mayoría de los intentos para lograr una guía dentro de la conformidad y convencionalidad
se topan de frente con el hecho de que cada vez es más difícil evitar la libertad que
poseemos ahora para llevar a cabo nuestros proyectos en la vida; en definitiva, encontrar
nuestro propio sentido.
Entonces, ¿cómo hallamos nuestro sentido? Frankl nos presenta tres grandes
acercamientos: el primero es a través de los valores experienciales, o vivenciar algo o
alguien que valoramos. Aquí se podrían incluir las experiencias pico de Maslow y las
experiencias estéticas como ver una buena obra de arte o las maravillas naturales. Pero
nuestro ejemplo más importante es el de experimentar el valor de otra persona, v.g. a través
del amor. A través de nuestro amor, podemos inducir a nuestro amad@ a desarrollar un
sentido, y así lograr nuestro propio sentido.
La segunda forma de hallar nuestro sentido es a través de valores creativos, es como
“llevar a cabo un acto”, como dice Frankl. Esta sería la idea existencial tradicional de
proveerse a sí mismo con sentido al llevar a cabo los propios proyectos, o mejor dicho, a
comprometerse con el proyecto de su propia vida. Incluye, evidentemente, la creatividad en
el arte, música, escritura, invención y demás. También incluye la generatividad de la que
Erikson habló: el cuidado de las generaciones futuras.
La tercera vía de descubrir el sentido es aquella de la que pocas personas además de Frankl
suscriben: los valores actitudinales. Estos incluyen tales virtudes como la compasión,
valentía y un buen sentido del humor, etc. Pero el ejemplo más famoso de Frankl es el logro
del sentido a través del sufrimiento. El autor nos brinda un ejemplo de uno de sus
pacientes: un doctor cuya esposa había muerto, se sentía muy triste y desolado. Frankl le
preguntó, “¿Si usted hubiera muerto antes que ella, cómo habría sido para ella?. El doctor
contestó que hubiera sido extremadamente difícil para ella. Frankl puntualizó que al haber
muerto ella primero, se había evitado ese sufrimiento, pero ahora él tenía que pagar un
precio por sobrevivirle y llorarle. En otras palabras, la pena es el precio que pagamos por
amor. Para este doctor, esto dio sentido a su muerte y su dolor, lo que le permitió luego
lidiar con ello. Su sufrimiento dio un paso adelante: con un sentido, el sufrimiento puede
soportarse con la dignidad.
Frank también señaló que de forma poco frecuente se les brinda la oportunidad de sufrir
con valentía a las personas enfermas gravemente, y así por tanto, mantener cierto grado de
dignidad. ¡Anímate!, decimos, ¡Sé optimista!. Están hechos para sentirse avergonzados de
su dolor y su infelicidad.
No obstante, al final, estos valores actitudinales, experienciales y creativos son meras
manifestaciones superficiales de algo mucho más fundamental, el suprasentido. Aquí
podemos percibir la faceta más religiosa de Frankl: el suprasentido es la idea de que, de
hecho, existe un sentido último en la vida; sentido que no depende de otros, ni de nuestros
proyectos o incluso de nuestra dignidad. Es una clara referencia a Dios y al sentido
espiritual de la vida.
Esta postura sitúa al existencialismo de Frankl en un lugar diferente, digamos, del
existencialismo de Jean Paul Sartre. Este último, así como otros existencialistas ateos,
sugieren que la vida en su fin carece de sentido, y debemos afrontar ese sin sentido con
coraje. Sartre dice que debemos aprender a soportar esta falta de sentido; Frankl, por el
contrario, dice que lo que necesitamos es aprender a soportar nuestra inhabilidad para
comprender en su totalidad el gran sentido último.
“Logos es más profundo que la lógica”, decía, y es hacia la fe adonde debemos inclinarnos.
Aspectos clínicos de la logoterapia y algunas técnicas
Víctor Frankl es casi tan bien conocido por ciertos detalles clínicos de su
acercamiento como por su teoría en general. Tal y como mencionamos antes, él cree que el
vacío existencial se llena con frecuencia de ciertos “círculos viciosos” neuróticos. Por
ejemplo, ahí está la idea de ansiedad anticipatoria: alguien puede estar tan asustado de
sufrir ciertos síntomas relacionados con la ansiedad, que llegar a tener esos síntomas se
forma inevitable. La ansiedad anticipatoria causa aquello mismo de lo que la persona está
asustada. Los tests de ansiedad son un ejemplo obvio: si tienes miedo de fracasar en los
exámenes, la ansiedad llegará a prevenirte de hacer bien los exámenes, conduciéndote a
tenerles siempre miedo.
Una idea similar es la hiperintención, que sugiere el esfuerzo en demasía, lo cual en sí
mismo te previene de tener éxito en cualquier cosa. Uno de los ejemplos más comunes es el
insomnio: muchas personas, cuando no pueden dormir, continúan intentándolo, siguiendo
las instrucciones al pie de la letra de cualquier libro. Por consiguiente, al intentar dormirse
se produce el efecto contrario; es decir, previene de dormirse, de manera que el ciclo se
mantiene indefinidamente (paralelamente, y de forma incidental, la forma en que hoy se
usan de forma excesiva las pastillas para dormir, ¡provoca el efecto contrario!). Otro
ejemplo sería la manera en la que nos sentimos en la actualidad con respecto a ser el
amante perfecto: los hombres sienten que deben tardar más, las mujeres se sienten
obligadas no sólo a tener orgasmos, sino múltiples orgasmos y así sucesivamente.
Demasiado preocupación en este campo, traerá consigo, inevitablemente, la inhabilidad de
relajarse y disfrutar de la experiencia.
Una tercera variante sería la hiperreflexión. En este caso se trata de “pensar demasiado”. A
veces estamos esperando que algo pase, y efectivamente pasa, simplemente porque su
ocurrencia está fuertemente ligada a las propias creencias o actitudes; la profecía del
autocomplete (profecía autocumplida). Frankl menciona a una mujer que pese a haber
sufrido de malas experiencias sexuales en su niñez, desarrolló una personalidad fuerte y
sana. Cuando tuvo la oportunidad de acercarse al mundo de la psicología, se encontró con
que en la literatura se mencionaba que tales experiencias dejaban a la persona con una
inhabilidad para disfrutar de las relaciones sexuales; a partir de aquí, ¡la mujer empezó a
tener estos problemas.
Una parte de la logoterapia utiliza así mismo estos términos: la intención paradójica es
desear precisamente aquello de lo que tenemos miedo. Un hombre joven que sudaba
profusamente cuando se encontraba en situaciones sociales, recibió la instrucción de Frankl
de que pensase en desear sudar. Parte de sus instrucciones decían: “¡Sólo he sudado un
cuarto de tiempo antes, pero ahora lo haré al menos por diez cuartos del tiempo!”.
Obviamente, cuando se puso en ello, no pudo realizarlo. Lo absurdo del planteamiento
rompió su círculo vicioso.
Otro ejemplo lo podemos encontrar relacionado con los trastornos del sueño: siguiendo a
Frankl, si sufres de insomnio, no te pases la noche dando vueltas, contando ovejas,
moviéndote de un lado a otro para conciliar el sueño, ¡levántate! ¡Trata de mantenerte
despierto lo más que puedas! Con el tiempo te verás cayendo como una roca en la cama.
Otra técnica es la dereflexión. Frankl cree que muchos problemas tienen su raíz en un
énfasis excesivo sobre el mismo. Con frecuencia, si te alejas un poco de ti mismo y te
acercas más a los demás, los problemas suelen desaparecer. Si, por ejemplo, tienes
dificultades con el sexo, trata de gratificar a tu compañero sin buscar tu propia satisfacción;
las preocupaciones sobre erecciones y orgasmos desaparecen y las realidades reaparecen. O
simplemente, no intentes complacer a nadie. Muchos terapeutas sexuales sostienen que una
pareja no hace más que “besuquearse y tocarse”, evitando el orgasmo a “toda costa”. Estas
parejas sencillamente duran un par de noches antes de que aquello que consideraban un
problema, definitivamente se resuelva.
De todas maneras, por más interés que estas técnicas hayan suscitado, Frankl insiste en que
al final los problemas de estas personas son realmente una cuestión de su necesidad de
significado. Por tanto, aunque estas técnicas sean un buen comienzo a la terapia, no son
bajo ninguna circunstancia la meta a lograr.
Las sesiones
Las personas que llegan a pedir ayuda a un especialista en logoterapia suelen tener
conflictos psicológicos como miedos, fobias, depresión, estrés, ansiedad, angustia o
problemas de autoestima. Frente a estos se plantean dos alternativas: o nos paralizamos o
avanzamos y salimos de esta situación.
Para ayudar en ese proceso de salida, los logoterapeutas actúan con calma, sin
técnicas invasivas ni agresivas. Los procesos son más lentos que en otras técnicas. Lo
primero que se intenta es que la persona aprenda a aceptarse para posteriormente incidir
en lo espiritual con el fin de que el paciente se descubra a sí mismo y trabaje en lo
relacionado con el sentido de la vida.
Hay dos tipos de sesiones de logoterapia:
- Espacio de consejería personal: En este tipo, las sesiones duran
aproximadamente una hora. En ellas se hacen técnicas de relajación, música y lectura para
que el paciente desconecte. Posteriormente se produce el encuentro con el terapeuta y éste
se graba para que tranquilamente en casa se trabaje y reflexione con las ideas tratadas.
- Espacio de consejería de grupos: Son sesiones grupales de 5 ó más personas que
trabajan sobre un tema con el acompañamiento del logoterapeuta. Los pacientes trabajan
entre ellos utilizando distintas técnicas con la monitorización del especialista.
En los dos tipos de sesiones se parte de la idea de que lo primero que necesita una
persona con este tipo de problemas es ser escuchado con atención, para posteriormente
empezar a introducir sugerencias que haga que la vida de estos pacientes pueda mejorar. No
obstante, la mayoría de las veces que una persona acuda a la logoterapia buscando recibir
una receta a corto plazo que le solucione sus males, estará perdiendo el tiempo, ya que la
base de esta terapia es que la persona decida ser el dueño y protagonista de su propia
vida y sólo cuando tome conciencia de ello y empiece a actuar en consecuencia, sus
problemas empezarán a mejorar y a encontrar solución.