John William Cooke
Ecos de un pensamiento
Cristian Leonardo Gaude
(compilador)
John William Cooke
Ecos de un pensamiento
Roberto Baschetti, Felipe Bouilly,
Cristian Leonardo Gaude, Juan Giani,
Horacio González, Guillermo Korn, Miguel Mazzeo,
Julio César Melon, Darío Pulfer,
Aritz Recalde y Daniel Sorín
John William Cooke : ecos de un pensamiento / Roberto Baschetti ... [et al.] ;
compilado por Cristian Leonardo Gaude. - 1a ed . - Los Polvorines :
Universidad Nacional de General Sarmiento, 2020.
Libro digital, EPUB - (Política, políticas y sociedad ; 38)
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-630-469-6
1. Peronismo. 2. Militancia Política. 3. Movimiento Político. I. Baschetti,
Roberto. II. Gaude, Cristian Leonardo, comp.
CDD 320.5
© Universidad Nacional de General Sarmiento, 2020
J. M. Gutiérrez 1150, Los Polvorines (B1613GSX)
Prov. de Buenos Aires, Argentina
Tel.: (54 11) 4469-7507
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Corrección: Edit Marinozzi
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723.
Prohibida su reproducción total o parcial.
Derechos reservados.
Índice
Prólogo
Cristian Leonardo Gaude............................................................................... 9
Cooke siempre fue un sinónimo de resistencia
Roberto Baschetti......................................................................................... 15
El joven Cooke. Entre la gauchesca y el ritornello antimperialista
Guillermo Korn........................................................................................... 27
Los dos filos del periodismo.
John William Cooke y la prensa libre
Cristian Gaude............................................................................................ 37
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
Daniel Sorín............................................................................................... 59
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Julio César Melon y Darío Pulfer.................................................................. 91
John William Cooke y el nacionalismo económico
Aritz Recalde............................................................................................. 115
John William Cooke: pensamiento nacional
y pensamiento emancipador
Miguel Mazzeo.......................................................................................... 131
Tres nombres para Perón
Juan Giani................................................................................................ 149
Alicia Eguren, de boina a boina. Una semblanza
Felipe Bouilly............................................................................................ 169
La historia en papel carbónico
Horacio González...................................................................................... 179
Prólogo
“Yo viviré como recuerdo, durante el tiempo que me tengan en su memoria
las personas que de veras me han querido; y en la medida en que he dedicado
mi vida a los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en
la obra de los que continúen la militancia”.
Con estas palabras dirigidas a su compañera Alicia Eguren, John William
Cooke comenzaba a cerrar un ciclo de su vida (la de habitar un cuerpo de carne
y hueso) para abrir otro no menos importante: el de su mito.
Nos es sencillo imaginar esa permanencia como recuerdo entre quienes ca-
minaron el sendero de la lucha por la liberación nacional junto al Cooke de carne
y hueso, pero esa vida como recuerdo no se limitó a ellos. Cooke habitando la
memoria es, aun cincuenta años después de su muerte, un pensador con mucha
vitalidad. Es que al lado de quienes lo quisieron y palparon la materialidad del
mundo junto a él, existen no pocos que le profesan un sentimiento similar en
el que John vive más que como recuerdo.
¿Qué es vivir como recuerdo en la memoria de generaciones nacidas mucho
tiempo después de la muerte de Cooke? ¿Cómo es ese vivir? Y más importante
aún, ¿por qué esa insistencia en habitar en nuestra memoria?
La gran mayoría de nosotros conocimos a Cooke habitando un cuerpo
hecho de tinta y papel y moviéndose en forma de signos que le dan una voz
escrita, y aun así, sonora. Y ese Cooke de tinta, papel y letra es tan volumi-
nosamente real como lo fue el de carne y hueso. Nos es imposible comenzar
a hablar o escribir públicamente sin que lo veamos merodear por los rincones
de nuestra mente; a veces dándonos letra en voz baja.
La permanencia de Cooke no es difícil de explicar. No hace falta más que
leer sus palabras casi en cualquier instancia para descubrir que tras su desa-
parición física permanecieron (y permanecen) muchos de los problemas que
lo impulsaban a escribir y actuar. Cooke es una presencia fuerte en nuestras
conciencias porque todavía no hemos resuelto los problemas que él denunciaba
hace más de medio siglo.
9
Cristian Leonardo Gaude (compilador)
Ya en 1946, desde su banca como diputado nacional denunciaba el poder
desmedido de los monopolios y la capacidad de los grandes grupos económicos
de incidir en el rumbo económico nacional, ya sea presionando a los gobiernos,
o peor aún, en alianza con los gobiernos que los representaban a ellos y no
al pueblo. El conflicto entre el poder político y los poderes económicos, o la
alianza de ambos para expoliar al pueblo, sigue tan vigente hoy como ayer y es
todavía una lucha irresuelta.
Cooke habita nuestro recuerdo cuando pensamos en el endeudamiento
externo. No es ninguna novedad para nosotros que la deuda externa es utiliza-
da como herramienta por los grandes poderes financieros internacionales para
reducir la soberanía de los países latinoamericanos. Y no hizo falta aprenderlo
durante la década de 1990. Cooke lo advertía cada vez que tenía ocasión,
remarcando que los países endeudados eran como “arcilla” en manos de los
grandes consorcios financieros.
El autoabastecimiento energético y su historia no pueden ser pensados sin
referir a Cooke. Desde la revista De Frente, que dirigió durante los últimos años
del gobierno de Juan Domingo Perón, el problema del autoabastecimiento de
energía eléctrica y de exploración y extracción petrolífera tuvo un lugar central.
Para Cooke, el problema del autoabastecimiento energético era un problema
de soberanía nacional, y por ende, debía ser un asunto de injerencia pública.
Es difícil leer las notas publicadas en De Frente criticando a las empresas pres-
tadoras del servicio eléctrico por pretender cobrar sumas desmedidas al pueblo
argentino, sin prestar siquiera un servicio de calidad, y no pensar en nuestro
propio presente.
¿Cómo no recurrir a Cooke para pensar los problemas referidos a la ex-
plotación petrolífera y la participación de los capitales internacionales? Sería
mejor que no exista tal vinculación, creía John, pero, si existe por necesidad,
el Estado debe tener una conciencia clara de que debe ser firme con el capital
para que prime el interés público y no el de esas empresas. Algunos ministros
de energía recientes dan cuenta de que en algunos círculos no se lee a Cooke.
Resuenan las teclas de la máquina de escribir de Cooke cuando pensamos
en el problema de los medios de comunicación y su capacidad de incidir en
la construcción de “la realidad”. Son insoslayables sus reflexiones acerca de
cuál es el rol de la “prensa libre” y en qué consiste esa libertad. Ya sea como
diputado (en ocasión de defender la expropiación del diario La Prensa), ya
sea como periodista (en la larga campaña de la revista De Frente por obtener
nuestra propia agencia internacional de noticias), ya sea como conspirador de
un peronismo proscripto que ve desfilar presidentes apenas votados y militares
10
Prólogo
apenas tolerados (por ejemplo, en Peronismo y Revolución), Cooke siempre tuvo
en claro que los medios de comunicación eran un engranaje más del poder
económico, generando opinión pública contraria a los intereses populares y
propiciando una mentalidad liberal, a la que siempre definió como la menta-
lidad del imperialismo.
Sin duda, Cooke nos interpela directamente cuando leemos sus palabras de
denuncia frente a la “burocratización” y la pérdida del impulso revolucionario del
peronismo. Para él, la burocratización era el “germen interno” que podía derrotar
a la revolución, y en esa derrota inscribir el triunfo de las fuerzas reaccionarias.
Y es que la burocratización no solo implica la pérdida del impulso revolu-
cionario, sino que convierte todo acto vinculado a esa experiencia revolucionaria
(y discúlpeme si alguien se ofende por el uso y abuso del término “revolución”,
pero creo que esta también puede darse en pequeñas dosis) en un acto nega-
tivo por asociación. Para Cooke, el burócrata solo tenía una razón de ser que
impulsaba su acción: preservar su propio lugar de privilegio en el movimiento.
Esa “razón burocrática” como la llamaba Goldar, implicaba debilitar a la ex-
periencia política que acompañaban, contribuyendo a generar una percepción
negativa en el pueblo acerca de las virtudes del gobierno o la fuerza política
en cuestión. No pensar en los problemas internos que nos afectan a quienes
nos reconocemos involucrados en la causa de la “justicia social” y solo centrar
la crítica en quienes están en la vereda de enfrente (a dónde probablemente
debiéramos mandar a los burócratas) puede llevarnos a derrotas muy amargas,
como muy bien lo sabía (y lo sufrió) Cooke.
En fin, hablar de Cooke es hablar de libertad y es allí donde radica su carác-
ter revolucionario, su actitud incisiva, su pluma maldita, pues la libertad de la
que habla Cooke es bien diferente a la que estamos acostumbrados a escuchar.
La libertad en la que pensaba Cooke fusionaba la cuestión nacional con
la cuestión social. Cooke reconocía como atributo esencial de esa libertad la
necesaria igualdad para ejercerla. Es que para Cooke (y ahí radica su carácter
antiliberal) la libertad no era un atributo individual, sino que el sujeto de la
libertad era el pueblo. La libertad individual era un escalón inferior de la libe-
ración, pues solo liberaba a quienes tenían la capacidad económica de ejercer
esa libertad. Y en esa lucha (que no es atributo exclusivo de Cooke) por definir
la libertad, John (al igual que todos los que estaban embarcados en esa lucha)
perdió.
La libertad sigue definiéndose hegemónicamente en términos liberales.
Gobiernos con muchos méritos que mostrar pueden caer por “no dejarme
11
Cristian Leonardo Gaude (compilador)
comprar los dólares que yo quiera”, por no permitir ser “libres a las empresas
que controlan los medios”, etcétera.
Y es que aún sigue vigente el tema que desvelaba al revolucionario que nos
ocupa: la vinculación entre el imperialismo y la oligarquía para subordinar y
explotar al pueblo.
Imperialismo y oligarquía parecen ser términos llenos de polvo, más bien
apelaciones de nostálgicos, antes que intentos serios de reflexionar sobre nuestra
realidad. Sin embargo, podemos cambiar las palabras, podemos nombrar las
cosas con otros nombres, pero los problemas irresueltos permanecen. Lo cierto
es que las palabras de Cooke aún tienen vigencia, los problemas que denuncia-
ban todavía nos aquejan y por eso vive en la memoria como recuerdo incluso
después de medio siglo de su muerte.
En un presente convulsionado por cuestiones sin resolver es inevitable que
resuenen como ecos las voces de quienes pensaron ya estos problemas. Los ecos
no habitan el pasado, sino que están en contacto permanente con nuestro pre-
sente y nuestras propias voces que, a veces sin siquiera notarlo, les responden
y dialogan con ellos. Es necesario reconocer esos ecos y procurar ampliar sus
alcances para que más oídos puedan escucharlos.
Muchos de los artículos que componen esta compilación fueron presentados
en las Jornadas “John William Cooke” realizadas en ocasión de la conmemora-
ción del cincuentenario de su muerte, en septiembre de 2018, en la Universidad
Nacional de General Sarmiento. No existe una única manera de acercarse al
pensamiento de Cooke y lo deja en evidencia lo diverso de los artículos y las
preguntas que motivan a cada autor, que encuentran sus distintas fuentes de
indagación en temas tan dispares como importantes. En esas jornadas el tenor
de las exposiciones dio cuenta de la variedad de lugares que ocupó Cooke en el
peronismo, tal como queda expresado en la semblanza de su vida que nos presen-
ta Roberto Baschetti. Pero, aunque ocupó diferentes espacios en el movimiento
peronista, su pensamiento mantuvo un núcleo central que se expresaba en su
particular modo de comprender las tres banderas del peronismo. El trabajo de
Daniel Sorín analiza muy acertadamente el modo en que Cooke refería a las tres
banderas (la justicia social, la soberanía política y la independencia económica)
desde los diferentes lugares que ocupó en el movimiento peronista.
Juan Giani nos presenta una reflexión muy aguda acerca del modo en
que Cooke se refería a Perón y las implicancias de esos modos de referenciar
al máximo dirigente de la revolución peronista; con una pluma magistral nos
muestra tres definiciones (caudillo, general y mito) que Cooke realiza sobre
Perón en distintas instancias del devenir del peronismo.
12
Prólogo
La permanencia del pensamiento de Cooke queda patente en el artículo
de Aritz Recalde acerca del “nacionalismo económico” del primer delegado de
Perón tras la “Revolución Libertadora”. En un análisis certero acerca de lo que
Cooke entendía como la liberación nacional en clave económica, Recalde nos
lleva por un repaso por las principales referencias de Cooke a la falta de libertad
económica que sufre la Argentina, en un texto de una actualidad sorprenden-
temente atroz en los tiempos que nos tocan vivir.
Por mi parte, presento una reflexión acerca del papel que Cooke atribuía
a los medios de comunicación en la lucha por la liberación, mostrándonos
dos lados de una misma moneda que puede caer para el lado de la generación
de conciencias que se liberan o para el lado de conciencias atrapadas por la
construcción de una opinión pública mediada por el interés particular de los
poderes económicos.
Como destaca Mazzeo en su artículo, Cooke es un pensador maldito, siem-
pre desplazado por incómodo e imposible de incorporar plenamente dentro
del peronismo hegemónico, en el que lo nacional y popular adopta, también,
la posibilidad de una forma de la inmovilidad. Mazzeo nos presenta distintas
variantes de definir lo nacional-popular, y la potencia de cada definición para
producir fenómenos políticos emancipadores. En Cooke, lo nacional-popular
es reconocimiento de la cuestión nacional y la cuestión social como parte de un
mismo proceso de liberación. No existe posibilidad de completar la liberación
nacional sin, en el mismo proceso, superar la dominación social que padece
el pueblo.
Dario Pulfer y Julio Melón Pirro presentan un interesante trabajo de in-
vestigación muy minuciosa que pone el foco en las causas del debilitamiento
de la figura de Cooke como representante de Perón tras el exilio del depuesto
presidente, frente al movimiento y frente a Perón mismo. El artículo incluye
documentos inéditos del Cooke de la resistencia.
Felipe Bouilly, por su parte, reflexiona acerca de la figura de Alicia Eguren
y el binomio revolucionario que formaba junto al Bebe, mostrándonos retazos
de un vida militante y rebelde entregada a la causa de la liberación nacional.
La correspondencia entre Perón y Cooke es sin duda uno de los intercam-
bios epistolares más importantes de nuestra memoria colectiva; en ella están
condensados el espíritu y las contradicciones de una época. Horacio González
nos entrega una reflexión acerca de lo que significa escribir para la posteridad.
Nos muestra un Cooke que sabe estar “escribiendo la historia” en cada palabra
y el especial sentido que adquiere una escritura con esa conciencia.
13
Cristian Leonardo Gaude (compilador)
“Ha pronunciado un nuevo ritornello antiimperialista” rezaba algún rotativo
acerca de las palabras de Cooke en la Cámara de Diputados, en tono de crítica
cansada a alguien que dice lo que de él se espera que diga. Esa acusación sirve
de excusa al artículo de Guillermo Korn, que nos lleva a conocer a un Cooke
menos referenciado, un Cooke adolescente, ya lector del Martín Fierro, para
mostrarnos la evolución de Cooke hacía sus posiciones más latinoamericanistas.
Creo que la acusación que le realizaban a Cooke sirve para graficar el espí-
ritu general de este libro. Con orgullo y con un Cooke habitando en nuestra
memoria, casi sin querer, hemos escrito un nuevo ritornello antiimperialista.
Cristian Gaude
14
Cooke siempre fue un sinónimo
de resistencia
Roberto Baschetti
John William Cooke nació en La Plata el 14 de noviembre de 1919. Su abuelo
Genaro fue el primer odontólogo diplomado de esa ciudad. Su padre, Juan Isaac
Cooke, fue diputado nacional, ministro de Relaciones Exteriores, profesor de
Derecho Constitucional Argentino y Comparado en la Facultad de Derecho de
la Universidad de Buenos Aires y embajador de la Nación Argentina ante Brasil.
John El Bebe Cooke, que recibe ese apodo debido a la tersura de su piel,
estudia derecho como su padre y se recibe de abogado en 1943. Tres años más
tarde, en 1946, es diputado nacional por el peronismo.
Comienza a transitar un brillante camino como intelectual y político.
En el ámbito del Congreso Nacional es elegido presidente de la Comisión de
Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados y presidente de la Comi-
sión Redactora del Código Aeronáutico, como así también de la Comisión de
Protección de los Derechos Intelectuales. Inserto de lleno en la militancia del
partido y debido a sus aptitudes, es nombrado secretario del bloque peronista.
Mantiene una relación directa y privilegiada con Eva Perón.
Hombre íntegro y de principios, Cooke no entiende la “lealtad a Perón”
como servilismo o solo en levantar la mano en la bancada, obedientemente,
cada vez que se lo requieran. Más de una vez enfrenta a la cúpula partidaria, si
esta colisionaba con sus convicciones.
El 30 de agosto de 1946, con otros seis parlamentarios peronistas, vota
contra la ratificación del Tratado de Chapultepec, monitoreado por Estados
Unidos. Argumentó su postura con un vibrante discurso en el que indicaba que
Roberto Baschetti
la soberanía nacional no podía ser solamente garantizada por actas internacio-
nales que no eran otra cosa que una real amenaza para la soberanía argentina;
una soberanía que solo podía y debía ser defendida por nuestro presidente y por
el ministro de Relaciones Exteriores, a través de medidas prácticas y estrechas
relaciones de solidaridad con otros movimientos de liberación.
En otro plano, su proyecto de ley sobre “Represión de Monopolios” y su
denuncia pública sobre los intereses oligárquicos del diario La Prensa le valie-
ron odios y enconos de liberales, oligarcas y peronistas “light”, lo que influyó
para que no fuera elegido convencional constituyente en 1949 (pese a que su
proyecto de reforma a la Constitución Nacional fue uno de los mejores y más
completos), ni reelegido como diputado nacional.
Imagínense que un hombre como Cooke, que decía públicamente: “La
economía no ha sido nunca libre: o se la dirige y controla por el Estado en
beneficio del pueblo o la manejan los monopolios en perjuicio de la Nación”,
debía necesariamente generar escozor en el “establishment”.
En la misma línea, ya no como diputado, pero sí como hombre del mo-
vimiento peronista, en 1954 fue un crítico implacable a los contratos con la
“Standard Oil” de California, que le permitía a esta explotar los pozos petroleros
nacionales. Consideraba que no solo era un mal precedente, sino que no era
el camino adecuado para lograr autoabastecimiento, con el agravante de que
podía desviar al peronismo de su profundo contenido revolucionario.
Contenido revolucionario que con una oratoria brillante había puesto de
manifiesto en las sesiones del Congreso Nacional, donde se discutía una licencia
a Perón en su cargo de presidente, para que pudiera presentarse como candidato
a la reelección de 1952. Allí dijo de cara a sus compañeros y enfrentado a la
oposición, quién era Perón y qué era el peronismo para la Argentina:
Nosotros necesitamos asegurar la reelección del Presidente de la República.
Cualquier revolución puede triunfar en el primer momento, porque la
propia fuerza de la dinámica revolucionaria puede llevarla a conquistar
las posiciones de gobierno; pero es difícil a toda revolución triunfar en
el segundo momento. Esto le pasó al Radicalismo, que después de haber
conquistado el poder en 1916 no pudo cambiar el armazón y el engranaje
económico y la oligarquía se refugió en sus reductos, que fueron verdaderas
fortalezas del privilegio, de los cuales no pudo ser desalojada. Y este es
entonces el valor de nuestra revolución.
Porque hemos destrozado todo un dispositivo económico que estaba apun-
tado a los centros vitales de la Soberanía Nacional, para transformarlo en
16
Cooke siempre fue un sinónimo de resistencia
un mecanismo eficaz que defienda nuestra vida social y política y preserve
nuestra soberanía en lo económico.
Frente a los 100 años en los que existió el mito de nuestra incapacidad como
navegantes, el Presidente Perón creó la Flota Mercante; frente a nuestra
eterna condena a ser un pueblo pastoril, el Presidente Perón movilizó las
fuerzas potenciales de nuestra riqueza y de nuestra industria; frente a un
pueblo sumido en el infra consumo, el Presidente Perón le dio primero
categoría ciudadana, permitiéndole la expresión de la libre voluntad,
transformando a las masas proletarias en actores del drama argentino y
luego le devolvió en salarios reales lo que antes constituía una plusvalía
que iba a enriquecer los dividendos de las compañías capitalistas; frente a
la supuesta incapacidad nacional para administrar los servicios públicos, el
Presidente de la República incorporó los teléfonos, el gas y los ferrocarriles
al patrimonio nacional; frente al mito del manejo de las finanzas por los
expertos extranjeros de los bancos de Estados Unidos e Inglaterra, nuestro
Presidente transformó el Banco Central de la oligarquía en un instrumento
pujante de nuestra propia política económica. Además, al nacionalizar el
crédito y los depósitos bancarios y luego al llevar a cabo su Plan Quin-
quenal, movilizó todo el potencial de la riqueza argentina e impidió que
nuestro patrimonio fuese como un río que atravesase fugazmente nuestro
territorio, para irse a sumir en el océano de la riqueza imperialista.1
Pero ya en 1955 el peronismo se había quedado solo. Los diferentes actores
sociales que le habían dado su apoyo, poco a poco y por diferentes razones se
habían distanciado. Muchos militares, los sectores nacionalistas, la Iglesia, el
empresariado “nacional” tomaban distancia o pasaban a la oposición. Solamente
la clase obrera seguía fiel, incólume, pétrea, alrededor de su líder.
Luego de los bombardeos de junio de 1955, en el mes de agosto, Cooke es
nombrado interventor del Partido Peronista en Capital Federal y paralelamente
escribe y dirige la revista De Frente, en la que deja bien sentado que la revolución
peronista debe profundizarse o será derrotada. Y si se decide profundizarla hay
que tomar los recaudos necesarios para aniquilar la respuesta oligárquica. Él
está convencido –y los hechos le darán la razón– de que las Fuerzas Armadas
no son confiables para aplastar una sublevación. Sugiere a Perón reflotar el tema
de las milicias obreras armadas como única garantía de triunfo.
Por supuesto que esta movida encuentra resistencia en los militares pero-
nistas (con cierta lógica castrense se decían: “uno les da las armas a los obreros,
1
Cámara de Diputados, 11/10/1951.
17
Roberto Baschetti
¿pero después cómo se las saca?”) y también resistencia en el propio Perón.
Según cuenta una anécdota relatada por Cooke, tras entrevistarse con Perón
para convencerlo de armar al pueblo en defensa de la Revolución, el presidente
lo envió a hablar con el mayor Cialceta, en ese momento interventor en la
Confederación General del Trabajo. En el encuentro con el mayor, se enteró
de que este tenía instrucciones de Perón de que el plan de Cooke no prosperase
y que de ser necesario fuera “demorado”.
Entonces, no hay defensa armada consistente y el gobierno peronista cae.
Dirá Cooke:
En septiembre de 1955 el Gobierno Popular cayó porque la clase traba-
jadora, que era la que sostenía el régimen y la que contaba con fuerzas
para un salto hacia la intensificación de las tendencias revolucionarias, no
participó en la lucha en que se resolvió su suerte y la del país entero du-
rante un largo período histórico. El 17 de Octubre de 1945 fue un hecho
de masas; el 16 y 21 de septiembre de 1955, las masas se enteraron por
la radio que habían perdido una guerra sin llegar a pelear en ella (Cooke
en Duhalde, 2007: 22).
Luego del golpe militar que desaloja del gobierno a Perón, Cooke pasa a ser
un referente obligado de los primeros núcleos resistentes. En la casa del histo-
riador José María Rosa –que le brindó refugio– es detenido el 21 de octubre y
enviado a la penitenciaría nacional de Avenida Las Heras y de allí a la helada
cárcel de Río Gallegos, junto con otros notables del peronismo, como Héctor
J. Cámpora y Jorge Antonio.
El 2 de noviembre de 1956, desde el exilio de Caracas, Perón lo nombra
su heredero político, cosa que no hizo nunca antes ni después con ninguna
otra persona:
Por la presente autorizo al compañero Doctor Don John William Cooke,
actualmente preso en el Sur por ser fiel a su Causa y a nuestro Movimiento,
para que asuma mi representación en todo acto o acción política. Su deci-
sión será mi decisión, su palabra, mi palabra. En él reconozco al único Jefe
que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas
organizadas en el país y en el extranjero y, sus decisiones, tienen el mismo
valor que las mías. En caso de mi fallecimiento, en él delego el mando.2
2
Carta de Perón a Cooke, 2 de noviembre de 1956. Correspondencia Perón-Cooke, 2007b: 646.
18
Cooke siempre fue un sinónimo de resistencia
En abril de 1957, Cooke se escapa a Chile con otros presos políticos. Se suma
nuevamente, a la Resistencia Peronista.
El 23 de febrero de 1958 hay elecciones en el país para presidente y vice.
El peronismo está proscrito. Perón efectúa una alianza con Frondizi y este, con
casi cuatro millones de votos peronistas (3.983.478, para ser exactos) asume la
primera magistratura. Frondizi debe cumplir, a cambio de los votos obtenidos,
compromisos de máxima y mínima; en la negociación de los cuales estuvo
Cooke representando a Perón y Rogelio Frigerio a Frondizi.
Frondizi no cumple. Y además, siguiendo los dictados del Fondo Monetario
Internacional (fmi) enajena el patrimonio nacional. Se intensifica la Resistencia
Peronista. Paradigma de estas luchas es la toma, por parte de los trabajadores,
del frigorífico Lisandro de la Torre para evitar su privatización en beneficio
de la Corporación Argentina de Productores de Carne (cap), organismo que
nuclea a la oligarquía vacuna. La lucha adentro del frigorífico se generaliza en
todo el barrio de Mataderos y zonas aledañas.
John William Cooke no solo está ahí presente, sino que es el encargado
de redactar el 17 de enero de 1959 la proclama que organiza una huelga na-
cional revolucionaria en apoyo a los trabajadores del frigorífico. En parte de
la proclama afirma:
Los agentes del imperialismo, desde los cargos oficiales utilizan el monopo-
lio de la propaganda para atribuir al paro general, los móviles más aviesos
y las complicidades más absurdas. Basándose en la tesis reaccionaria, de
que las agrupaciones gremiales solo deben discutir temas específicos de
cada gremio, dan la calificación de política a la huelga general que se está
cumpliendo con éxito total. De esta manera la oligarquía argentina se
reserva el derecho a decidir cuál huelga es lícita y cuál debe ser reprimida
con las fuerzas pretorianas. Esta huelga es política, en el sentido que obe-
dece a móviles más amplios y trascendentes que un aumento de salarios
o una fijación de jornada laboral. Aquí se lucha por el futuro de la clase
trabajadora y por el futuro de la Nación. [...] Si los medios de lucha que
ha usado no son del agrado de los personajes que detentan posiciones
oficiales, les recordamos que los ciudadanos no tienen posibilidad de ex-
presarse democráticamente y deben alternar entre persecuciones policiales
y elecciones fraudulentas. No es posible proscribir al Pueblo de los asuntos
nacionales y luego pretender que acepte pasivamente el atropello de sus
libertades, a sus intereses materiales y a la soberanía argentina (Cooke en
Duhalde, 2010: 117-118).
19
Roberto Baschetti
Una vez sofocada la revuelta popular, los dirigentes más representativos son
perseguidos y encarcelados. Cooke se refugia en Montevideo.
A mediados de 1959, con otros militantes peronistas y cierto apoyo parti-
dario, organiza la primera guerrilla de ese signo, que será de origen rural. Los
Uturuncos (hombres-tigres en lengua quechua) serán unos 20 hombres con
escaso armamento y un gran espíritu voluntarista que se instalan en los cerros
de Cochuna y El Calao en el extremo noroeste de la provincia de Tucumán.
Si bien nunca existió una proclama como tal, con la acción directa em-
prendida se buscaba derrocar a Frondizi, entregarle el poder a Perón, anular
los contratos petroleros, devolver la cgt y los sindicatos a los obreros, liberar a
todos los presos políticos y gremiales, permitir la libre impresión y circulación
de los diarios peronistas y de izquierda que estaban clausurados y sus directores
encarcelados.
La primera y única operación armada (firmada) de Uturuncos fue la toma
de la comisaría del pueblo de Frías en la Nochebuena de 1959. En las mangas
de sus camisas usan un brazalete con las siglas mpl (Movimiento Peronista de
Liberación).
Pero el futuro del grupo armado se juega a muchos kilómetros de ahí, en
Buenos Aires. En el seno del peronismo se enfrentan dos posturas. Los políticos
del partido usufructúan la acción armada acaecida como chantaje al gobierno
frondizista, para lograr, para conseguir, un espacio legal para el Partido Justi-
cialista (pj).
Cuando los sectores revolucionarios del peronismo, con Cooke a la cabeza,
pretenden ligar la guerrilla con fines políticos y sociales, la ayuda recibida desde el
aparato es cortada de plano. Es significativo al respecto la propia declaración del
pj despegándose: considera a los guerrilleros de su partido como “representantes
de ideologías extrañas a la tradición cristiana de nuestro Movimiento”. Es el
fin de la experiencia y Cooke, lapidariamente, dirá que: “Nuestro problema, el
problema del Peronismo, lo constituyen sus cuadros dirigentes que en lugar de
ser la vanguardia de la lucha revolucionaria, son solo engranajes que participan
del régimen general que gobierna al país”.
La servidumbre de Frondizi va en aumento, las luchas obreras también.
El 13 de marzo de 1960 el presidente decreta el Plan Conintes (Conmoción
Interna de Estado). Sospechosamente, un mes antes, en febrero, había estado de
visita en Mar del Plata con una numerosa corte de asesores y espías, el primer
mandatario de Estados Unidos, el general Dwight David Eisenhower. Cooke
le envía una carta abierta que es herméticamente ignorada por la prensa del
sistema. En uno de sus largos párrafos le dirá al visitante gringo:
20
Cooke siempre fue un sinónimo de resistencia
Como nuestro enfoque es diametralmente opuesto, me temo que lo más
cómodo para usted sea refugiarse en la leyenda negra que sobre el peronis-
mo han difundido los diarios de su patria. Para descartar estas opiniones
como inspiradas en torvas doctrinas totalitarias sería de desear que desdeñe
el subterfugio escapista de descalificar apriorísticamente las voces de la
rebeldía y de la angustia (Cooke en Duhalde, 2009: 17).
Luego continúa:
Ustedes necesitan que el Hemisferio responda a los cálculos de sus estrategos
y de sus planificadores económicos; nosotros confiamos en que llegaremos
a integrarnos con nuestros hermanos de Latinoamérica para consolidar la
unidad que soñaron Bolívar, San Martín y los grandes próceres. Desde
1776, Estados Unidos se anexó más de 8 millones de kilómetros cuadrados,
nosotros solo queremos ser dueños de nuestro suelo y nada más. [...] No
nos impulsa ningún oscuro rencor antiyanqui. Si alguna vez los cañones
norteamericanos arrasaron las instalaciones de las Islas Malvinas cuando
estaban en poder de sus legítimos dueños, los argentinos, queremos que
ese incidente quede sepultado en el fondo de la historia. Lo que tenemos
obligación de no olvidar es que la nación que usted preside es factor pri-
mordial de nuestra recolonización a partir de 1955 (Cooke en Duhalde,
2009: 18-19).
En noviembre de 1960 Cooke ya se encuentra en Cuba defendiendo la revo-
lución, recibiendo ataques de la burocracia prosoviética que solía acusarlo de
trotsquista infiltrado, y explicando a los cubanos qué es el peronismo y desha-
ciendo malos entendidos al respecto.
El 17 de abril de 1961, codo a codo con los revolucionarios, pelea contra
yanquis y “gusanos” en el combate de Playa Girón. Un combate en el que se
juega la suerte de la Revolución cubana. Triunfan.
En septiembre de ese mismo año se conoce en Buenos Aires bajo el título
de “El Peronismo y la Revolución Cubana”, una entrevista que le hicieron en
Cuba y en la que aprovecha para desmitificar el concepto de nacionalismo y
recuperarlo en la figura de Fidel:
Ocurre que Castro, a la cabeza de los hombres de la tierra, derrotó a
puro coraje al ejército armado y entrenado por los yanquis para proteger
a la satrapía batistiana; y que cuando los gringos quisieron llevárselo por
delante, los echó de Cuba y les quitó hasta el último dólar; más de mil
21
Roberto Baschetti
millones que tenían invertidos en centrales azucareras, fábricas, empresas,
bancos etc. ¡Qué manera de apagar faroles! Sin embargo, parece que Fidel
no es “nacionalista” porque nunca se dedicó a predicar el exterminio de
estudiantes semitas ni a delatar herejes incursos en el crimen del marxismo
(Cooke en Duhalde, 2009: 83).
También contemporáneamente (1961), en su trabajo “Aportes a la crítica del
reformismo en la Argentina” apoya la línea insurreccional al ver condiciones
propicias para su desarrollo en nuestro país. Enumera:
1- Empobrecimiento de la clase trabajadora y desconocimiento de sus
derechos como tal,
2- proscripción de los partidos peronista y comunista,
3- concentración de la riqueza en los sectores agropecuarios e industriales
vinculados al imperialismo,
4- inmoralidad administrativa,
5- resentimiento nacional ante el sometimiento de las potencias anglo-
sajonas,
6- falta de confianza en los partidos tradicionales,
7- quiebra del orden institucional por las continuas interferencias del
ejército, etcétera.
Afirma:
Todo lo cual configura un cuadro propicio para las soluciones revolucio-
narias, que cuentan con el elemento básico de un proletariado numeroso,
combativo y antiliberal y una clase media políticamente desilusionada en
su parte conservadora y entusiasmada por la revolución cubana en sus
sectores más avanzados (Cooke, 1973: 373).
Seguirá diciendo:
Estas son, aun superficialmente enumeradas, las condiciones que objeti-
vamente autorizan la licitud del planteo insurreccional. La función de la
vanguardia es incrementarlas, dar cohesión al esfuerzo popular, ofrecerle
una salida, buscarle los medios de dar la lucha. Que se acierte o no en esa
labor, es otra cosa (Cooke, 1973: 401).
En 1964, Cooke vuelve al país, al decretar el gobierno de Arturo Illia una nueva
amnistía política. Pero ese será un gobierno que nace débil (con solo el 23% de
22
Cooke siempre fue un sinónimo de resistencia
los votos emitidos) y morirá víctima de sus propias contradicciones encarnadas
como siempre en el peronismo, ese peronismo que decía Cooke, era “el hecho
maldito del país burgués”.
Los radicales habían prohibido el retorno de Perón en diciembre de 1964. En
Mendoza hay elecciones que gana el candidato peronista, Corvalán Nanclares,
sobre el “delfín” vandorista (Serú García), con lo que se borran de un plumazo
las ilusiones de dividir al peronismo, y por delante esperan, nada menos, las
elecciones de Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Las Fuerzas Armadas, verdadero poder detrás del trono, no quieren que se
repita la historia del 18 de marzo de 1962 (ganó Framini y le desconocieron
el triunfo electoral) y que luego tengan que salir a anular el comicio. Cortan
el problema de raíz y derrocan al gobierno radical. Eso sí, prometen a la ciu-
dadanía idílicos destinos de paz y prosperidad. Y hay que decirlo: en parte de
esa sociedad hay consenso para que gobiernen los militares.
John William Cooke, una vez más, se adelanta al resto de los observadores
políticos, ve bajo el agua, es didáctico y previene en su trabajo El peronismo y
el golpe de estado –informe a las bases del movimiento que:
En 1955 el bloque de las clases privilegiadas recurrió a la corporación
militar, como su brazo armado, como violencia pura para que se derribase
a Perón y luego como puntal de la semi-legalidad. Pero hoy el sistema
democrático tampoco asegura la hegemonía burguesa en el Estado, como
en los capitalismos avanzados, así que hay que suprimirlo. Para eso se ha
recurrido nuevamente a las [Link]. para que despoliticen. En realidad no ha
ocurrido otra cosa que una aceleración y agudización de la política bajo la
forma mistificadora de la apoliticidad [...] ahora en nombre de la libertad,
las [Link]. nos quitan la libertad a todos (Cooke, 1966).
Por la gestión y empuje de J. W. Cooke nace y se desarrolla una pequeña
organización, Acción Revolucionaria Peronista, a la que definirá como: “Una
organización que al tiempo de elegir la vía que conocemos (la revolucionaria),
se reclama integrante del movimiento de masas peronistas” (Cooke, 1966).
Con Acción Revolucionaria Peronista crea el fermento ideológico que
renovará totalmente al peronismo en su lucha antidictatorial, a punto tal de
que será uno de los factores aglutinantes de lo que luego se conocerá con el
nombre de Tendencia Revolucionaria del Peronismo y lo hermanará con otras
organizaciones revolucionarias.
23
Roberto Baschetti
Por eso, Cooke dice: “Así como no concebimos la revolución sin el Pero-
nismo, tampoco creemos que sea misión que nos incumba exclusivamente a
los peronistas” (Cooke, 1966).
En La Habana, Cuba, entre julio y agosto de 1967 se realiza la Primera
Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (olas), siendo
Cooke el presidente de la delegación argentina, y en carácter de tal pronuncia
un discurso revolucionario, no exento de optimismo y voluntarismo, como
cuadraba en aquella época:
La unidad exige un claro propósito y una estrategia común variada en
su aplicación pero no aguada por malabarismos palabreros. Es, a nuestro
juicio, lo mínimo que podemos ofrecer a los pueblos de América Latina,
porque solo ganan las batallas los que participan en ellas y solo caen las
correlaciones abrumadoras de fuerzas si, como punto de partida, existió
el propósito inquebrantable de vencer (Cooke en Duhalde, 2009: 262).
Cuando vuelve a Buenos Aires, a causa de su participación en Cuba y a sus
declaraciones, le abren un nuevo proceso.
John William Cooke fallece en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires,
víctima de un cáncer, el 19 de septiembre de 1968. Parecería que antes de mo-
rir, quiso dejar la posta. Exactamente ese mismo día se conocen las actividades
guerrilleras de las Fuerzas Armadas Peronistas (fap) en el monte tucumano,
en Taco Ralo.
Sus amigos cubanos le habían ofrecido a Cooke que tratara su enfermedad
en una clínica avanzada de Europa Oriental, pero él ya sabía que no se podía
hacer nada al respecto y decide esperar la muerte en su patria.
Con el tiempo se conoce una última carta a su compañera de siempre, Alicia
Eguren (secuestrada-desaparecida luego, por la última dictadura militar, el 26
de enero de 1977) con precisas y puntuales directivas a cumplir:
Que si entra en estado comatoso, bajo ningún pretexto ni artimañas se le
acerque personal eclesiástico, monjas, etcétera. Menos aún que se le adminis-
tren sacramentos, exorcismos, escapularios, etcétera. La prohibición incluye a
sacerdotes que sean sus amigos personales. Es que desea mantener intacto su
“buen nombre y honor” de ateo y materialista consecuente y no desea, por lo
tanto, confusiones, leyendas sobre arrepentimientos “in extremis” y otras fábu-
las producto de la propaganda –o a veces– de la buena intención de la gente.
Que una vez fallecido se donen sus ojos, su piel, etcétera. Si esto es factible,
dice:
24
Cooke siempre fue un sinónimo de resistencia
Cumpliría un doble objetivo. Ya que no he podido, por medio de una
muerte heroica contribuir a la solución revolucionaria de nuestro drama
americano, al menos podré ayudar a resolver algún problema individual,
servir para la práctica de estudiantes de medicina y al mismo tiempo,
quedaría eliminado el problema de disponer de mis restos mortales, con
el consiguiente alivio en materia del orden establecido en lo referente a
velorio, entierro, etc. (Cooke en Duhalde, 2009: 263).
Para el caso de que no hubiera sido posible disponer íntegramente de su cadáver
por medio de la donación, entonces, pide que lo cremen. Y que las cenizas no
se conserven ni se depositen:
Dispersálas poéticamente al viento, tirálas al mar (transo con que las tires
al Río de la Plata, lo mismo da cualquier río y aún una laguna)... Yo viviré
como recuerdo, el tiempo que me tengan en la memoria las personas que
de veras me han querido; y en la medida que he dedicado mi vida a los
ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra de
los que continúen esa militancia (Cooke en Duhalde, 2009: 264).
Una Unidad Básica peronista que llevaba su nombre, a principios de 1973,
propuso que todos los 19 de septiembre (fecha de su deceso) fueran declara-
dos y conmemorados como el Día de la Resistencia. Fundamentó su pedido
recordando que Cooke “en el lapso de 23 años cumplió con todos los papeles
posibles que puede desempeñar un político, salvo el de burócrata y corrupto”.
Fue:
Diputado nacional
Profesor universitario
Periodista
Prisionero
Prófugo
Exiliado
Clandestino
Conductor máximo del Movimiento por expresa voluntad de Perón
Activista revolucionario
Guerrillero combatiente y
Teórico fundamental.
Hasta aquí una sucinta reseña de la vida y obra de John William Cooke.
25
Roberto Baschetti
La mejor definición sobre su persona la dio la ya mencionada Alicia Eguren
en el periódico Con Todo (dirigido por Bernardo Alberte), de septiembre de
1968 con motivo de su fallecimiento: “Hay épocas en que la dignidad de los
pueblos enteros reside en el coraje desesperado de unos pocos, cuyos atormen-
tados sueños de justicia preforman las leyes de una humanidad nueva. Cooke
perteneció a esa minoría predestinada y se expuso sin retaceos”.
Bibliografía
Cooke, John W. (1966). El peronismo y el golpe de estado –informe a las bases del
movimiento–. Buenos Aires: Acción Revolucionaria Peronista.
—— (1973). “Aportes a la crítica del reformismo en la argentina”. Pasado y
Presente (2-3), julio-diciembre, Nueva Serie, año iv, pp. 373-401.
Duhalde, Eduardo Luis (comp.) (2007a). John William Cooke. Acción Parla-
mentaria. Obras completas, Tomo I. Buenos Aires: Colihue.
—— (2007b). John William Cooke. Correspondencia Perón-Cooke. Obras Com-
pletas, Tomo II. Buenos Aires: Colihue.
—— (2009). John William Cooke. Artículos periodísticos, reportajes, cartas y
documentos, Obras completas, Tomo III. Buenos Aires: Colihue.
—— (2010). John William Cooke. Artículos periodísticos, reportajes, cartas y
documentos, Obras completas, Tomo IV. Buenos Aires: Colihue.
26
El joven Cooke. Entre la gauchesca
y el ritornello antimperialista
Guillermo Korn
Los primeros palotes
1934. El pibe mayor de los Cooke –Johncito– pasó en los años de secundaria
por las aulas del Colegio Rafael Hernández, que en 1905 había sido incorpo-
rado a la Universidad Nacional de La Plata. La versión platense del colegio al
que Miguel Cané impregnó de aires literarios y el paso del tiempo de elitistas
prestigios, guardaba un singular naipe en la manga para ser esgrimido a su
favor, en el paralelo con el porteño: su acreditación de reformista. 1934 es
recordado por un hecho de masas: el Congreso Eucarístico. Pero no solo. Den-
tro del radicalismo esa fecha signó el momento de debates entre las corrientes
abstencionistas y concurrencistas. En el ámbito del Nacional de La Plata, 1934
significó el pasaje entre dos rectorados: el que terminaba José Serra Renón y el
que comenzaba Alfredo Calcagno.
1934, para el nombre que nos convoca, es el año en el que debe consignarse
la aparición –fortuito hallazgo– del primer escrito publicado de John William
Cooke. Las páginas que acogieron aquel trabajo son las de un periódico, tamaño
sábana, que tenía un título no menor al de sus dimensiones: Martín Fierro. En
el centenario de José Hernández. Esta publicación de pocas páginas, se abocó
durante 19 números a recopilar datos, referencias, imágenes y anécdotas sobre el
corpulento escritor y su obra. Existen muy pocas menciones sobre este periódico.
Entre las pocas, las menos le adjudican la pertenencia a la propia universidad.
27
Guillermo Korn
Las restantes, al grupo Martín Fierro de La Plata. Más preciso sería cargar las
tintas sobre el tesón de un profesor de ese colegio, conocedor del poema nacional
como pocos y que llegó a sostener –en debate con los puristas de la lengua– que
“nada hay en todo el ejercicio del castellano, del ‘siglo de oro’ acá, que alcance
la expresividad, el lirismo, el dramatismo, la epopeya, la hermosura de Martín
Fierro”. Estamos hablando del escritor José Gabriel, director del periódico
literario. Español de origen y radicado desde pequeño en este país. Gabriel era
periodista del diario Crítica, cultivaba la crítica cultural y las crónicas de fútbol.
El diario de Botana aportó las tipografías para la aparición de Martín Fierro. En
el centenario de José Hernández. Su financiamiento difería número a número.
Entre los mecenas estuvieron Raúl Oyhanarte, Ricardo Levene, el mencionado
Calcagno, Alejandro Korn, Enrique Larreta e instituciones como la Biblioteca
Popular Bernardino Rivadavia o los Talleres Rosso. En un recuadro del sexto
número se decía que concluía la publicación de trabajos de los estudiantes de
4to año, del curso de Literatura. Como aquel que comenzaba así:
La filosofía de Martín Fierro, demás está decirlo, es una filosofía de la
experiencia. Casi podría decirse que todas las palabras, todos los actos del
personaje en el curso del poema responden a una filosofía, esto es, a una
concepción total de la vida; y a una concepción, desde luego, congruente:
todos los hombres sustanciales poseen una organización mental férrea.
El breve artículo buscaba “señalar algunos indicios cardinales de la doctrina
martinfierresca”. Y marcar las diferencias entre la primera y la segunda parte del
poema: la actitud social del protagonista, más rebelde y activa en la primera; y
más resignada y razonada en la segunda. “Pierde en esplendidez épica” lo que
“gana en serenidad filosófica”. Repasaba la payada con el Moreno y los consejos
a los hijos. De ahí a las conclusiones. Este breve escrito que se titula “El filóso-
fo” concluía con una firma que aglutinaba varios nombres. Los dos primeros
llevaban mayúsculas en el nombre y apellido. Los demás no. El primero de la
lista era John W. Cooke.
Paralelas y diagonales
1940. El docente, polemista tenaz, cuestiona a un académico que hace una
comparación en la que el Martín Fierro lleva las de perder. José Gabriel levantará
la apuesta cuando dice: “... la Eneida es un problema artístico al servicio del
imperialismo de una clase, Martín Fierro es un problema humano al servicio de
28
El joven Cooke. Entre la gauchesca y el ritornello antimperialista
una nación”. Seis años después, en un discurso parlamentario, Cooke enumera
las características del “hijo de la tierra” y menciona, entre ellas, el desinterés por
la ley: “En cuanto a esta última característica, basta leer Martín Fierro con el
auténtico espíritu de la interpretación argentina, y no con el que lo compara
con los romances del Medioevo, para darse cuenta del origen y las causas de
dicho desprecio”.
En un par de años, aquel alumno de nombre irlandés, el que encabezaba
el listado de los noveles colaboradores de la publicación hernandiana, vuelve
a tomar contacto con su viejo profesor. El cultor de Carriego y de Whitman
estaba tentado de incorporarse a las filas del peronismo y el diputado Cooke
le ofrece argumentos a favor de esa decisión. Al parecer, también le facilita el
retorno a la Argentina, país del que José Gabriel había partido en 1943, luego
de estar encarcelado bajo el gobierno de Rawson-Ramírez, por combatir contra
el comisariato oficial del idioma, lo que lo llevó a emprender un exilio de seis
años, entre Montevideo y Lima.1
Desde entonces hasta 1957, año de la muerte del profesor, ambos com-
parten las mismas banderas políticas. Las que corresponden al movimiento
de masas, como solía decirse en referencia a la fuerte presencia popular en los
actos de convocatoria oficial. Cooke y Gabriel coincidirán en otra plaza, no
tan concurrida. Precisemos la fecha: junio de 1955. Precisemos un poco más:
el jueves 16. Desde el mediodía hasta pasadas las 17 horas, los cazas Gloster
Meteor de la Armada bombardearon Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno, el
Departamento Central de Policía y la residencia presidencial (en donde está la
actual Biblioteca Nacional). En el viaje en tren que lo traslada desde su barriada
obrera al centro de la ciudad, José Gabriel escucha comentarios de todo tipo.
Que Perón ha muerto, que está todo controlado, que las fuerzas armadas viajan
en tren de guerra hacia la Capital. El escritor deja su testimonio:
Desembocamos de repente en el foco bélico, entre cisco de vidrio, charcos
de sangre, desparramo de restos humanos, vehículos deshechos, soldados
alerta, artillería emplazada, estampidos de morteros, tableteo de ametra-
lladoras, humo, polvo y pueblo, pueblo, pueblo… Veteranos en estos
nudos sociales –a seis revoluciones armadas hemos asistido ya, en distintos
pueblos– el hábito no nos ha inmunizado contra el miedo, pero nos ha
infundido prudencia.2
1
Sobre la trayectoria de José Gabriel, ver Korn, 2017.
2
José Gabriel, “Llenos de miedo y de coraje”, en revista Línea, Nº 11, junio de 1981[1955].
29
Guillermo Korn
Quien fuera cronista de la Guerra Civil española pondera el cuidado por sobre
el sacrificio heroico. Avanza parapetándose en árboles y postes “…dando ro-
deos, admirando a los valientes que avanzaban por el medio, a pecho franco,
aunque sin dejarnos tentar por su ejemplo”. Y se pregunta: “¿A dónde íbamos,
con el viejo impermeable por coraza y las manos limpias? No lo sabíamos. Pero
sentíamos que nuestro puesto estaba en el lío”. John William Cooke también
estuvo en el lío. Sus biógrafos lo sitúan pistola en mano, parapetado detrás
de la estatua de Belgrano, con una 45 en mano. Algunos dicen que vació dos
cargadores. Tres, corrigen otros, como si el número agigantara la prueba de
valor. Los relatos coinciden en su proximidad a las fuerzas armadas leales que
combatían a los insurrectos. Y en atribuirle un pedido a Perón: la creación de
milicias obreras. El presidente le ofrece, en esos días, la Secretaría de Asuntos
Técnicos. El director de la revista De Frente argumenta su rechazo al cargo
diciendo que “no es el momento de la técnica sino de la política”. No sería
improbable que el docente, devoto del poema de Hernández, haya recordado
estos versos: “A naides le dieron armas/, pues toditas las que había/ el Coronel
las tenía,/ sigún dijo esa ocasión,/ pa repartirlas el día/ en que hubiera una
invasión”. Respecto del requerimiento de su exalumno puede establecerse un
diálogo con la crónica de los bombardeos escrita por Gabriel: “¡Armas, armas!
También nosotros las habíamos reclamado”. Sin embargo, su demanda no lo
inhibe de prevenir:
... no olvidemos que en la Argentina hemos sobrepasado ya, evolutiva-
mente, la revolución democrático liberal, y que, por ende, si el pueblo
toma las armas, solo puede ser para emprender una etapa más avanzada.
Ahora bien: ¿Quiere el pueblo argentino una revolución bolcheviche?, ¿la
quiere Perón?, ¿la quieren ustedes, compañeros?, ¿la queremos nosotros?
Entonces: no demos saltos en el vacío. Las etapas se aceleran, no se saltan.
Observar la coyuntura, plantear dudas y señalamientos, imaginar qué vendrá:
esa es la tarea que el lector de Trotsky asume por entonces. El joven Cooke,
en cambio, advertido del peligro venidero, busca torcer el rumbo de las cosas.
El exprofesor y el exalumno conservarán ciertas semejanzas aún en sus
decisiones finales. Gabriel al pedir que se aventen sus cenizas después de ser cre-
mado. Cooke, en una humorada extrema, instando a que las suyas se dispersen:
... poéticamente al viento, tíralas al mar (transo con que las tires al Río de
la Plata; lo mismo da cualquier otro río y aún una laguna). Yo viviré, como
30
El joven Cooke. Entre la gauchesca y el ritornello antimperialista
recuerdo, durante el tiempo que me tengan en su memoria las personas
que de veras me han querido; y en la medida que he dedicado mi vida a
los ideales revolucionarios de la libertad humana, me perpetuaré en la obra
de los que continúen esa militancia.
Vivo en muchos momentos, fantasma en otros, el nombre de Cooke no ha
quedado en el olvido.
Del adolescente al Bebe. Economía y literatura nacional
1946. Aquel joven, otrora militante de la Unión Cívica Radical, se hacía oír en
los acalorados debates de la Cámara de Diputados. Afila su contundencia en
la fundamentación del voto contrario a aquello que se conoció como el Acta
de Chapultepec. Cooke apelaba a sostener un principio soberano y solidario
fundamentado en el mutuo respeto entre los países latinoamericanos, por fuera
del principio económico esgrimido por los Estados Unidos. La igualdad de los
Estados es una afirmación meramente jurídica, que no revierte las desigualdades
materiales, dijo. Ni los argumentos esgrimidos por el canciller Bramuglia, ni
el santo y seña del presidente de la República alcanzaron para convencer a los
siete diputados oficialistas que votaron por la negativa. Esta posición, explicaba
el parlamentario, no es señal de desconfianza hacia quienes llevan a cabo las
relaciones exteriores. Aunque era, claro está, una disidencia. Alicia Eguren dirá
que Cooke fue “un joven jacobino solitario en un parlamento tímido y hetero-
géneo que representa la retaguardia de las masas que acaudillan Eva y Perón”.
El argumento del diputado Cooke y del pequeño bloque oficial disidente debe
entenderse –explica Fermín Chávez– desde su aproximación al nacionalismo y
no al socialismo (1998). Para eso, en su caso, falta tiempo.
Un año más tarde de aquella intervención parlamentaria, Cooke ofrecerá
tres conferencias, como parte del ciclo auspiciado por el Centro Universitario
Argentino.3 El ciclo de charlas de Cooke formó parte de la serie llamada Eco-
nomía Nacional. No es llamativo que hablase de economía nacional, dado que
el diputado dictaba clases de Economía Política en la Facultad de Derecho.
Puede aventurarse que este gentilicio –tan abstracto como concreto– añadido
a las cuestiones económicas fue parte de la “sideral” distancia que, según José
Luis de Imaz, había entre Cooke y los otros docentes de la cátedra (1977).
3
Espacio dirigido por Ricardo Guardo, quien fue presidente de la Cámara de Diputados entre
junio de 1946 y mediados de 1948, cuando es reemplazado por Héctor Cámpora.
31
Guillermo Korn
La primera de esas conferencias –“El proceso histórico económico de las
ciudades a los imperios”– estaba prevista para el martes 18 de noviembre de
1947. La segunda, la del viernes 21, llevaba por título: “El proceso económico
argentino, desde la conquista hasta nuestros días”. La última, la del jueves 27, fue
“El proceso económico argentino, de la economía nacional a la internacional”.4
El sitio donde el diputado disertaba quedaba en el centro porteño. El solar,
sito en Florida 334, había servido como sede del Club Argentino –mascarón
institucional de forja en 1944 y redacción de La Víspera–. Ahora alojaba a la
entidad organizadora: el Centro Universitario Argentino. Reponer estos datos
es apenas una fallida intentona de reconstruir lo que no se sabe: quiénes asistían
a esas conferencias, qué recepción tuvieron sus palabras, cuál fue el contenido
de las charlas no publicadas. Por cercanía temática podríamos arriesgar que
guardaron cierta familiaridad con los artículos que Cooke publicó, entre oc-
tubre de 1947 y abril de 1948, en la revista Hechos e Ideas.5 Esos escritos –“La
realidad económica política” y “Perspectivas de una economía nacional”– son
bien distintos. Si el peso del primero está en lo político-jurídico, en el segun-
do está en la interpretación. Abundantes y densas comparaciones jurídico-
legislativas sirven, en “La realidad económica política”, para comprender la
realidad argentina a partir de los efectos de los grandes procesos del mercado
mundial y la inserción geopolítica del país. Algunos párrafos resuenan similares
a los enunciados, un par de años atrás, en el recinto parlamentario por parte
del diputado en la discusión sobre el combate contra los monopolios.6 Es un
registro que, a poco de comenzar, se torna técnico, formal, de coyuntura. Allí
sostiene que el país exige un plan de acción esencialmente práctico, factible y de
inmediata ejecución, encuadrado en “los auténticos medios y posibilidades del
Estado” y con respeto de los principios constitucionales y el orden jurídico. La
propuesta es realizar una labor parlamentaria activa que defienda los intereses
nacionales y la formación de una opinión pública: “La Nación necesita una
conciencia pública económica”. Reclama dirigentes a la altura de las circuns-
tancias, a sabiendas que la diferencia de los que se forjan en los países coloni-
zados y quienes surgen de las usinas imperialistas es abrumadora: es una lucha
4
El programa de conferencias aparece publicado en la Guía Quincenal de la actividad intelectual
y artística argentina, Nº 15, segunda quincena, noviembre de 1947.
5
John William Cooke, “La realidad económica argentina”, en Hechos e Ideas, N° 44 (octubre
de 1947) y Nº 45 (noviembre-diciembre de 1947); y “Perspectivas de una economía nacional”,
en Hechos e Ideas N° 48 (marzo de 1948) y N° 49 (abril de 1948).
6
En “Represión de actos de monopolio o tendientes al monopolio” (29/8/1946) (Cooke en
Duhalde, 2007).
32
El joven Cooke. Entre la gauchesca y el ritornello antimperialista
tan desproporcionada como un combate con arcos y flechas frente a armas de
fuego. El resto pasa por la búsqueda de argumentos para las dos tesis centrales:
que el diagnóstico requiere entender la gravitación de lo internacional sobre lo
nacional y la primacía de lo económico sobre lo político. La carencia de una
conciencia económica, o la persistencia de una economía dirigida desde afuera,
exige soluciones que superen una idea geográficamente restringida: se necesita
una “visión continental” por sobre una “encerrada en las propias fronteras”. Así
es el punto de partida de este trabajo, lo que sigue in extenso es la distinción
entre los monopolios y los trust, con legislaciones comparadas inclusive, entre
los países imperialistas y los coloniales.
El argumento de “Perspectivas de una economía nacional”, escrito que se
publica en dos partes en la revista Hechos e Ideas, parte de una fuerte concepción
americana.7 Su prosa ensayística, y poética por momentos, lo sitúa a leguas de
distancia del trabajo previamente citado. No hay alusiones a referencias legis-
lativas, sino apelaciones a autores de variopinta procedencia: de Keyserling a
Echeverría, de Belgrano a Lenin, de Virgilio a Scalabrini Ortiz. El binomio
espacio-tiempo aparece como cauce de contención para una lectura económica
que privilegia la interpretación por encima del dato. Cooke no desdeña del
nacionalismo con aires telúricos, ni de la historia en diálogo con el presente.
Eso no inhibe de dejar un lugar para la ironía:
La oligarquía parece que en materia económica sólo ha tenido torneos
de oratoria y guitarreros de oído. Pero gente seria, jamás. La mentalidad,
creada durante años y años, sobre la conducción del país, puede describirse
simplemente como un vano alarde de retórica en torno de asuntos que
no tenían ninguna importancia, pero a los cuales se les daba categoría de
fundamentales (Cooke en Duhalde, 2010: 42).
Más que juzgar estos escritos como etapas o bajo el juego de pares evolución/
involución de un pensamiento, nos resulta más convincente pensarlos como
parte de un entramado cultural y político. A la consabida participación de
Cooke en el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas,
del que llegó a ser vicepresidente, hay que sumarle su intervención dentro del
importante núcleo de hombres y mujeres que aportaron lo suyo al ya men-
cionado Centro Universitario Argentino. Así lo demuestran las páginas de
7
Existe una modificación entre el título de la conferencia que anunciara la Guía Quincenal y
su posterior publicación. En la versión publicada por Tribuna de la Revolución aparece con un
par de líneas más.
33
Guillermo Korn
Tribuna de la Revolución (VV. AA., 1948). Luego del prólogo del director del
Centro, el libro continúa con una conferencia del presidente Perón sobre del
pronunciamiento del 4 de junio de 1943. El resto de los temas se liga más a lo
educativo, lo económico y lo cultural. Así puede leerse en la transcripción de
las conferencias del propio Cooke, Guardo, Ernesto Palacio, Joaquín Díaz de
Vivar, Arturo Jauretche, Vicente Sierra, Guillermo A. Borda, Pilar de Lusarreta
y Carlos Astrada. El libro coincidió con la aparición de otros tres títulos: El
mito gaucho, de Astrada, Muerte y transfiguración del Martín Fierro, de Ezequiel
Martínez Estrada y el Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal. En todos ellos,
como en la lectura de los jóvenes del Colegio Nacional, se buscaba en el poe-
ma fundacional los hilos para la comprensión del país. En estos casos desde el
mito, las fronteras y las persistentes injusticias y en la recreación del cielo y el
infierno marechaliano.
Frente/perfil. Herencias y vacíos
1954. La última entrada se da en el año en que se suceden dos acontecimientos:
la muerte de Manuel Ugarte y el comienzo de la revista De Frente. La semblanza
que la revista le dedica al escritor radicado en Ginebra hilvana ambos hechos.
Ugarte, en 1901, había señalado en “El peligro yanqui” que los Estados Unidos
eran “el único y verdadero peligro que amenaza a las repúblicas latinoameri-
canas”. Tal predicción, cada vez más, se fue convirtiendo en certeza. Como lo
demostraba el derrocamiento de Arbenz, en Guatemala, sobre el que Cooke dirá:
“... la militancia antiimperialista es cosa de todos los días y todas las horas”.8
La última vez que Manuel Ugarte estuvo en el país fue en noviembre de
1951. El escritor y dirigente socialista votó por la reelección del presidente Perón.
A los pocos días, el 2 de diciembre, fallecía en Niza. En 1946 había regresado
al país y conocido a Perón por la mediación del escritor y diputado Ernesto
Palacio. En distintas entrevistas manifestó su entusiasmo por el nuevo proceso
político. En ese año fue nombrado embajador extraordinario y plenipotenciario
en México. Nicaragua y Cuba fueron las siguientes sedes diplomáticas hasta que
el cambio del ministro de Relaciones Exteriores –y un entredicho– lo llevan a
renunciar, sin quitarle su apoyo al gobierno.
En noviembre de 1954, sus restos llegan a Buenos Aires. Hubo una Comi-
sión de Homenaje que integraron Manuel Gálvez, Juan José Hernández Arregui
y Elías Castelnuovo, entre otros. Anclados en una tradición que ya no se usa,
8
En “Guatemala avasallada”, De Frente, Nº 18, 8 de julio de 1954.
34
El joven Cooke. Entre la gauchesca y el ritornello antimperialista
hubo algunos oradores en ese funeral cívico: Carlos María Bravo, Rodolfo
Puiggrós, Jorge Abelardo Ramos y John William Cooke. “Salvo el Presidente
Perón, que envió un telegrama de adhesión, ni el gobierno ni el peronismo
oficial se hicieron presentes. Y, va de suyo, nadie de la ‘inteligentzia’ llamada ar-
gentina”, recordará Ramos, el primer editor de Ugarte en Argentina. Sumemos,
como mención al paso, otras palabras dedicadas a la memoria del autor de La
patria grande. En Radio del Estado se escuchó a Hernández Arregui hablar del
“Educador de la juventud hispanoamericana, profeta del porvenir de la Amé-
rica Latina y escritor de primera magnitud que […] combatió la penetración
imperialista disolvente de la originaria unidad histórica, étnica y cultural de
Hispanoamérica” (Galasso, 1986). César Tiempo decía, en Radio Belgrano,
haber compartido “con Ugarte no pocas luchas, no pocos sueños, y siempre se
nos apareció, no obstante su vecindad, como un personaje de leyenda, como
un hombre de otros tiempos, mezcla de Casanova y D’Artagnan, de Cyrano
y Quijote”.9 La heterodoxa mezcla entre aventura, utopía y arte caballeresco
no omite la idea del “que vio desfilar al pueblo como al porvenir y se sintió
pueblo, previendo su gloria y grandeza de hoy”.
Manuel Ugarte fue el antecesor de los antiimperialismos de la hora, el
que impregnó la zona donde se dirimían distintos problemas tramados entre
las hendijas de la izquierda y la idea de nación. La revista De Frente tenía una
sección en la que pasaban revista, número a número, a las estatuas porteñas. Un
modo más sugerente –con cierta dosis de insolencia– de repensar la pedagogía
de las estatuas, incluida entre los postulados de la educación cívica que había
propuesto Ricardo Rojas. Aquellas entrevistas imaginarias a los homenajeados
por las esculturas de los espacios públicos buscaban ofrecer un acercamiento
más amable al lector. Allí había cuestiones alusivas a la memoria, a la realiza-
ción del monumento, a la historia que protagonizó la figura en cuestión y a
temas de coyuntura. Pero es sabido: ni Ugarte ni Cooke tienen estatuas. Menos
homenajes que insistencias en la soledad del crítico.
Cooke piensa al autor de El porvenir de América Latina como un “precursor,
que exponía (exponiendo) en la soledad sin remedio su mensaje sin destinata-
rios”, alguien que ejerció una ‘cátedra’. “Una lección de moral en un medio de
mercaderes indignos. Una voz diciendo cosas fundamentales, acallada por la
vocinglería de los vanos prestidigitadores de la palabra y las ideas”.10
9
César Tiempo, “La piel de los hechos y los días”, Circa, 10/11/1954 (Subfondo CT - Fondo
cen-bn).
10
En “Manuel Ugarte: el coraje solitario”, De Frente, Nº 35, 8 de noviembre de 1954.
35
Guillermo Korn
El diagnóstico no es tan distante, ni tan distinto para quien fuera acusa-
do de pronunciar nuevos ritornellos antiimperialistas. Alguien que –hasta su
muerte en 1968– hizo lo imposible por llenar, una y otra vez, aquella cátedra
con nuevos contenidos.
Bibliografía
Chávez, Fermín (1998). “John William Cooke”. Prólogo a John William Cooke.
El diputado y el político. Buenos Aires: Círculo de Legisladores de la Nación
Argentina.
De Imaz, José Luis (1977). Promediados los cuarenta. Buenos Aires: Sudame-
ricana.
Duhalde, Eduardo Luis (comp.) (2007). John William Cooke. Acción Parlamen-
taria. Obras completas, Tomo I. Buenos Aires: Colihue.
––– (2010). John William Cooke. Artículos periodísticos, reportajes, cartas y do-
cumentos, Obras completas, Tomo IV. Buenos Aires: Colihue.
Galasso, Norberto (1986). J. J. Hernández Arregui: del peronismo al socialismo.
Buenos Aires: Ediciones del Pensamiento Nacional.
Korn, Guillermo (2017). Hijos del pueblo. Intelectuales peronistas: de la Inter-
nacional a la Marcha. Buenos Aires: Las Cuarenta.
VV. AA. (1948). Tribuna de la Revolución. Buenos Aires: Nueva Argentina.
36
Los dos filos del periodismo.
John William Cooke y la prensa libre
Cristian Gaude
Tras cumplir su mandato como diputado nacional, entre 1946 y 1952, Cooke
no ocupa ningún cargo en el gobierno de la revolución peronista. Se dedica al
dictado de las cátedras de Economía Política en Derecho Constitucional en la
Universidad de Buenos Aires. Cuando finalmente vuelve a la escena pública lo
hace desde una nueva posición: como periodista y director del semanario De
Frente, cuyo lema es ser un Testigo insobornable de la realidad mundial.
¿Por qué elige el periodismo como lugar desde el cual expresar su voz pú-
blica? ¿Qué significación le da a su acción como periodista? ¿Cuál es la opinión
que le merece la labor periodística en general? ¿Por qué necesita aclarar que es
un testigo insobornable? ¿Quiénes lo pueden sobornar?
Estas preguntas encuentran respuestas fuertemente vinculadas con el pen-
samiento nacionalista, antiimperialista y antiliberal de Cooke. El problema de
la “prensa libre” (para John esa conjunción carece de sentido) atraviesa toda su
vida política e intelectual. Las respuestas a las preguntas que anteceden a estas
palabras encuentran una compleja trama de interacciones que nos presenta una
definición dual acerca de las características de la prensa y la labor periodística.
Pues, en la lucha por la liberación, el periodismo es una espada de doble filo,
que puede cortar por el lado de la libertad, pero que suele cortar por el de la
dominación.
En 1952, decidida la suerte del más joven de los diputados del bloque
oficialista (no será candidato a renovar su banca), Eva Perón le ofrece a Cooke
continuar su militancia en la revolución peronista como director del diario
37
Cristian Gaude
Democracia, una de las publicaciones bajo la dirección del gobierno. Cooke
se niega (dice la leyenda) sosteniendo: “No quiero terminar peleándome con la
corte de obsecuentes”.
Esta negativa a ejercer el rol periodístico como parte de la estructura del
gobierno contrasta con su accionar menos de dos años después. En diciembre
de 1953 aparece el número 0 del semanario De Frente bajo su dirección, publi-
cación que se extenderá hasta el final del segundo gobierno peronista teniéndolo
como director, y que luego, con Cooke prófugo y finalmente preso, tras algunos
números más será cancelada.
Es que la negativa de Cooke a aceptar la dirección del diario Democracia
no respondía a su poca voluntad de pelearse con la corte de obsecuentes; todo
lo contrario, era su intención continuar la militancia revolucionaria luchando
(entre otros enemigos) contra ellos.
Como periodista toma una posición de apoyo crítico al gobierno, señalando
aciertos y errores y denunciando, mediante lo que denomina las “campañas” de
la revista, los problemas del pueblo que el gobierno no puede ver, justamente
por la acción de los obsecuentes convertidos en burócratas. Nunca las culpas
serán achacadas a Perón sino a su entorno (una temprana teoría del cerco si
se quiere), que con la lisonja no le permite ver con claridad o que con sus
acciones desvirtúan las palabras del líder de la revolución, pero este es tema
de otro trabajo.
Cooke tiene una forma muy particular de entender la labor periodística
y el lugar que ocupa la prensa en la construcción de la identidad nacional de
los pueblos.
La labor periodística. La palabra en grilletes o la voz sin
cadenas
Cooke presentaba al público la revista De Frente con las siguientes palabras
editoriales:
Nos proponemos ser un ágil y ameno reflejo de la actualidad nacional
y del mundo a través de planteos objetivos y de jerarquía. Por objetivi-
dad entendemos la exposición de los hechos, sin retacear información
ni distorsionar conclusiones. Pero eso no implica, necesariamente, que
seamos imparciales frente a los problemas. No creemos que pueda existir
imparcialidad periodística. Por el simple hecho de estar ubicado en una
determinada latitud geográfica, de participar de un determinado medio
38
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
social y político, el periodista adquiere peculiaridades que demuestran el
absurdo de suponerlo capaz de planteos que pueden ser iguales en Londres
que en Tombuctú, en Buenos Aíres que en Helsinki. Todo ser humano sufre
la gravitación del medio ambiente. No escapa a esa ley los que redactan
órganos periodísticos. Nosotros, por nuestra parte, nos comprometemos a
brindar un punto de vista argentino; haciendo pasar por el meridiano de la
sensibilidad nacional los diversos acaeceres del mundo contemporáneo.1
Cooke parte de tres premisas con respecto al periodismo. En primer lugar, acepta
que no existe el “periodismo objetivo”, que se limita a trasmitir la información
acerca de los hechos acaecidos. Muy pobre sería la labor periodística si se limitase
a ello y estaría desprovista de humanidad. Los seres humanos no son objetivos,
pues el mundo los afecta, la noticia es interpretación del mundo y una forma
de abordar su comprensión.
En segundo lugar, Cooke descree del autodenominado “periodismo inde-
pendiente”. Al igual que la objetividad, la independencia periodística es falsa por
dos razones. La primera, afirma, es que el periodismo se mueve en el contexto
de los medios de comunicación, de la prensa, y la prensa funciona como una
empresa capitalista que se organiza en función de la rentabilidad y las ganancias.
La prensa, y los periodistas a ella atados, dependen de los auspiciantes. Pero aun
aquellos periodistas que están al margen de los grandes medios y encaran sus
propias publicaciones, planteándose no claudicar frente a los auspiciantes (en
el Nº 1 de De Frente Cooke afirma que venden espacios, no sus conciencias),
tampoco son tan independientes como quieren creer, más aún, plantearse
independientes es caer en la trampa argumentativa de las grandes empresas
periodísticas. Cooke se reconoce no independiente, ya que se siente enrolado
en la revolución peronista y afirma depender, no de los hombres que la llevan
adelante, pero sí de las ideas que la impulsan.
Finalmente, y vinculado a lo anterior, Cooke señala a la “prensa libre” como
una conjunción imposible. La prensa no es libre, debiera serlo, pero en la ma-
terialidad del mundo y los avatares de la Guerra Fría, no existen posibilidades
de que lo sea. Plantear la libertad de prensa es, para él, una más de las mentiras
del liberalismo, que pretende hacerle creer al mundo que los individuos son
libres e iguales, cuando en realidad esa libertad y esa igualdad contrastan con
las posibilidades de ser ejercidas por la desigualdad de las relaciones mercantiles
que expresan al capitalismo.
1
De Frente, Nº 0, 25/12/1953.
39
Cristian Gaude
El periodismo, entonces, tiene una doble faz. Por un lado, su deber ser, es el
de la libertad de prensa y la independencia periodística (Cooke no está contra
la “libertad de prensa”, la admite como un ideal a defender, pero afirma que no
existe tal cosa en la prensa real). Por otro lado, el ser real de la prensa, nacional
e internacional, es el de la empresa capitalista, vinculada a los intereses parti-
culares de unos pocos, trasmisora de la ideología imperialista (el liberalismo),
órgano de presión sobre los gobiernos para mantener el carácter represivo del
Estado, y “cárceles sin rejas” para los periodistas.
En marzo de 1951, en el recinto de la Cámara de Diputados se discutía
la expropiación del diario La Prensa por parte del Estado. Lo que había co-
menzado como un conflicto gremial se convirtió rápidamente en una cuestión
política ante la muerte de uno de los huelguistas, asesinado en un confuso
episodio en las puertas de las oficinas del diario. El gobierno culpó al diario
y su “seguridad privada”; la oposición y los diarios no alineados al gobierno
culparon al peronismo del asesinato, asegurando que el gobierno mismo lo
había ordenado para tener una justificación para expropiar La Prensa, órgano
periodístico antiperonista.
En ocasión de discutir la expropiación, Cooke pronuncia un encendido
discurso acerca de cuál es la naturaleza de la prensa en general y de La Prensa
en particular. Al respecto del diario en cuestión, dice:
Nosotros estamos con los obreros y contra La Prensa porque La Prensa,
por supuesto, siempre estará, como lo ha estado hasta ahora, contra los
obreros y contra nosotros.
Este es el planteo revolucionario con respecto al problema de La Prensa.
Nosotros con los nuestros, La Prensa con los suyos y con sus aliados de
dentro y fuera del país y con todos aquellos que, sin estar complicados en
las maquinaciones de los diarios capitalistas, creen que están defendiendo
los intereses de la prensa libre y de la libertad de prensa (Cooke en Du-
halde, 2007: 397).
La base de la argumentación de Cooke respecto a la expropiación se separa del
hecho concreto que llevó a la discusión (la muerte de uno de los manifestantes)
y va más allá. Para Cooke, La Prensa es uno de los ejemplos más cabales de
reproducción ideológica de los intereses del imperialismo y sus socios nativos
(apelativo reiterado desde su banca de diputado para referirse a la oligarquía)
y, por ende, un enemigo de la liberación nacional. Cuando dice “Nosotros con
los nuestros, La Prensa con los suyos” está señalando a la revolución como la re-
40
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
presentante del pueblo (y como tal el actor del proceso de liberación nacional)
y al diario como su antítesis.
Luego de vincular a La Prensa con las agencias noticiosas internacionales y
sus lógicas, señalándolas como parte del problema que condena a los países de
Latinoamérica a una posición colonial o semicolonial, y especialmente como
aparato de presión para evitar la expansión de derechos laborales. Al respecto,
dice:
Si fuera cierto que está en juego la libertad de prensa, ninguna voz se
levantaría contra este principio fundamental de los derechos humanos;
pero esto no es la libertad de prensa. La libertad de prensa es una cosa
auténtica, que se está mancillando a través del plan distorsionado que se
está siguiendo en este asunto. Nosotros creemos en la libertad de prensa,
de la prensa independiente y la ideológica, de la equivocada y de la que
está en la verdad; pero en lo que no creemos es en el derecho de estas em-
presas mercantiles y capitalistas para procurar que los resortes del Estado
se pongan al servicio de sus intereses cada vez que hay cuestiones gremiales
en juego (Cooke en Duhalde, 2007: 398).
La libertad de prensa y la independencia periodística parecen ser en estas
palabras de Cooke cosas reales, no simple falsedad discursiva del liberalismo.
Sin embargo, casi a renglón seguido se desmiente a sí mismo, mostrando que
está hablando del ideal a perseguir, no de una real existencia de la libertad de
prensa. Continúa diciendo:
Desgraciadamente, a través de los procesos históricos de la humanidad, la
libertad de prensa, junto con otras libertades que he mencionado, ha venido
a constituir un instrumento más de aherrojamiento, de sometimiento de
los pueblos coloniales y semicoloniales.
¡Que nos vienen a hablar de libertad de prensa! El propósito es querer em-
baucarnos con una supuesta igualdad jurídico-formal, que es el punto de
arranque de la exacerbación de la desigualdad social y económica (Cooke
en Duhalde, 2007: 399).
La libertad de prensa es análoga a la libertad de comercio, la libertad de contra-
tación, la libertad de navegación; son falsas libertades que sostienen la desigual-
dad entre las naciones mediante aquel “peligroso axioma” que denunciara en
ocasión de votar negativamente por la ratificación de las Actas de Chapultepec,
el de la igualdad entre las naciones. La libertad de prensa, al igual que las otras
41
Cristian Gaude
libertades mencionadas, es en el pensamiento de Cooke una libertad para
el imperialismo y una niebla que esconde la desigualdad y la subordinación
colonial de los Estados latinoamericanos. La igualdad formal que supone las
libertades individuales es la trampa discursiva que permite la reproducción y
aceptación de las desigualdades económicas, que impiden ejercer esas libertades.
Pero, si en rasgos generales, el periodismo es un engranaje de la prensa, y
esta es un aparato de propagación doctrinaria del liberalismo, estando los pe-
riodistas prisioneros en prisiones sin rejas que mantienen atadas sus palabras,
existe otra manera de ejercer la profesión periodística.
Si la labor periodística solo fuese un engranaje de la lógica empresarial de
lo que denomina la “prensa grande”, Cooke no hubiese optado por editar una
revista para continuar su defensa de la revolución peronista.
El periodismo, admitiéndose no neutral, subjetivo y partidario de una
forma de entender los problemas nacionales, pero abordándolos con la mayor
objetividad posible, que no significa carente de emociones, sino mostrar los
hechos y analizarlos desde una postura previamente reconocida, era, en opinión
de Cooke, una tarea imprescindible para contribuir a la formación de un Cul-
tura Nacional (en mayúscula pues es la preocupación central del pensamiento
de John y el inicio de todo intento de concluir la liberación nacional), pues los
hombres empezaban su día “informándose de lo que pasaba” leyendo diarios
y revistas. No combatir en ese frente implicaba dejar que “lo que pasaba” sea
contado (y explicado) por quienes detentaban el poder suficiente para hacerlo.
En este caso, creo, no solo está apuntando a la prensa grande, liberal, aliada al
imperialismo y empresa con lógicas capitalistas, sino que está apuntando a los
diarios oficialistas bajo la dirección de la Subsecretaría de Prensa y Difusión, es
decir bajo la dirección de la “corte de obsecuentes” contra los que evidentemente
sí quiere pelear.
En una editorial de la revista De Frente define el deber ser del periodismo
en una nación periférica y de economía semicolonial, que está atravesando una
revolución. Al respecto sentencia: “La función periodística debe ser la primera
en deberes, responsabilidad y derechos, porque debe entenderse como una
militancia y practicársela con la vocación y sacrificio que ello presupone”.2
El periodismo es militancia (y vemos al espectro de Cooke recorriendo
nuestros días). En su caso, militancia nacionalista, antiimperialista y antiliberal.
La revista, de hecho, está atravesada por todas las preocupaciones de Cooke.
Adhiere al revisionismo histórico, muestra una fuerte preocupación por el
2
De Frente, Nº 66, 13/5/1955, el destacado es del original.
42
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
desarrollo del cine y del teatro nacional, en lo deportivo exprime la figura del
héroe popular como expresión de lo mejor de la nacionalidad, incluso intenta
desesperadamente darle voz al pueblo mediante secciones en las que los lectores
expongan sus problemas y viertan sus opiniones, convirtiendo problemas y
opiniones privadas en problemas y opiniones sociales, lo cual se muestra tam-
bién en la importancia que da en responder a las cartas críticas de los lectores.
La revista De Frente no ocultaba su carácter embanderada en los ideales que
representaba el gobierno de Juan Domingo Perón, pero se planteaba crítico del
gobierno. Su militancia no es en nombre de Perón (ojo, que no se entienda por
eso que es en contra), sino de lo que él representaba. El nombre de Perón es
intocable, pero el entorno en que se mueve es blanco de las críticas más feroces.
Su militancia se mueve en esa incomodidad de medir bien lo que se dice y lo
que no, sin claudicar en los ideales. Cooke sabe que lo que se diga pública-
mente, criticando al gobierno, es combustible para el fuego de la oposición
antiperonista. En ese juego de equilibrios entre lo que es mejor callar y lo que
es necesario decir se movía el militante peronista que había sido desplazado de
los elencos del gobierno, pero que seguía reconociéndose peronista.
La función de la militancia no siempre es decir, sino que en ocasiones es
callar. Al respecto, es interesante la editorial del número 56 de De Frente, titulada
Ladrones con inmunidad. En esa editorial Cooke sostiene que el problema de la
conservación del patrimonio artístico nacional que está siendo sacado del país
por coleccionistas extranjeros se explica por la acción de ciertos funcionarios de
las embajadas que están utilizando las “valijas diplomáticas” para sacar ilegal-
mente piezas artísticas del país. Hasta allí la denuncia, pero se niega, a renglón
seguido, a dar más precisiones acerca del asunto, argumentando que es un tema
complejo que involucra a varias embajadas y que puede devenir en una lesión
a las relaciones internacionales. Pide al gobierno que tome nota del problema
y afirma que la gravedad del asunto hace imposible hablar directamente. Su
deber, sostiene, es callar. No siempre se puede decir lo que se quiere, parece ser la
base de su razonamiento, pero tampoco hay que aceptar ser cómplice. El límite
de su responsabilidad llega hasta callar los nombres, pero no los problemas.
Y es en el terreno de los “Problemas”, sección central de De Frente, en la que
opta Cooke por hablar. De Frente estaba dividida en secciones estables y otras
ocasionales, el esquema organizativo de la revista se amoldaba a tres secciones:
“El País”, “América”, “El Mundo”. De este modo iba relacionando los problemas
nacionales con los de la región, hasta inscribirlos en el contexto mundial de la
Guerra Fría. Dos de las secciones estables que referían a los temas de interés local
eran “Actualidad” y “Problemas”. La primera, usualmente, refería a la acción
43
Cristian Gaude
de gobierno llevada adelante y su efectividad en referencia a lo planificado. La
segunda presentaba situaciones negativas que el pueblo debía enfrentar y de las
que por una razón u otra el gobierno no se ocupaba como debiera.
Los problemas que afectaban al pueblo eran siempre muy concretos y de
gran amplitud. Pasaban por la baja calidad de la yerba mate, la cual estaba llena
de “paraguayos” (demasiados palos) y este descenso de la calidad no se veía
reflejado en un descenso del precio, hasta el problema de la falta de viviendas
que afectaba a Buenos Aires y generaba problemas familiares y económicos.
Todas las “campañas” que empezaba la revista tenían tres puntos en común.
En primer lugar, afectaban al pueblo pero no a la oligarquía ni a la burocracia
peronista. En segundo lugar, siempre había culpables por acción. Los proble-
mas eran el resultado de gente perversa (usualmente empresarios) que buscaba
ampliar sus beneficios personales a costa del pueblo. En tercer lugar, la solución
a todos los problemas estaba en la intervención del Estado para solucionarlo
y castigar a los culpables. El problema, sostenía Cooke, era que el Estado no
podía ver esos problemas, pues desde la distancia no eran perceptibles, hacía
falta acercarse a la cotidianidad de la vida popular para verlos.
Y en esas palabras está el origen de una de las preocupaciones que atraviesan
el pensamiento de John William Cooke: la burocratización del peronismo y la
consiguiente pérdida de su espíritu revolucionario.
El planteo de Cooke es que el gobierno no se ocupa de los problemas, no
porque no les parezcan importantes o por cuestiones ideológicas, sino porque
es incapaz de verlos, pues la distancia entre el gobierno y el pueblo se ha en-
sanchado por el desplazamiento de los mejores hombres de la revolución y su
remplazo por burócratas que solo ven su propio interés.
Al respecto decía en la editorial de número 25 de la revista:
Aludimos en nuestra anterior edición, a la forma en que el legendario
Harún-Al-Raschid recorría las calles de Bagdad para conocer las quejas y
los anhelos de sus súbditos. Pintoresco sistema que, en este complicado
mundo moderno, debe encontrar adecuados sustitutos.
La prensa, en nuestros tiempos, tiene esa enorme responsabilidad del
honroso papel de palpar las necesidades de la opinión pública y trasmitir
a los gobernantes los deseos del pueblo. “DE FRENTE” aspira a cumplir
celosamente esta alta función del bien público, y para ello no escatima
esfuerzos ni vacila ante sacrificios.
Y luego continuaba:
44
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
Por fin, hay algunos burócratas que no quieren ser perturbados mientras
duermen pacíficamente en el nirvana de su dulce ociosidad rentada. Son
verdaderos enemigos del país y del gobierno, que traban su dinámica y
suelen encubrir su falta de celo con el exhibicionismo de una lealtad parti-
daria que solo se traduce en formulaciones retóricas. Ya lo dijo algún doctor
de la iglesia: “Más hiere la lengua del adulón que la espada del traidor”.
El presidente de la Nación, que no puede enterarse directamente de to-
dos los problemas, requiere, para el desempeño de sus difíciles tareas, la
información seria de la prensa honrada.3
El periodismo como militancia era para Cooke mucho más que hablar en favor
del gobierno peronista; era señalarle los problemas internos que el peronismo
atravesaba. En el difícil juego de sopesar lo que se dice y lo que debe callarse,
pensando en el “pasto para las fieras” que implicaba toda crítica interna al pe-
ronismo, Cooke decide que lo mejor es hablar y no ser un “adulón” más, pues
opinaba que estos sobraban.
De esta forma, la revista pretende recoger los problemas del pueblo y
mostrárselos al presidente, superando el cerco de la burocracia. Algunas de las
campañas son de larga duración, como la referente a la usura o a la “maffia de
la pesca”, que son temas reiterados en varios números; otros ocupan menos
páginas, como la falta de cigarrillos o la venta de terrenos que se inundan. Pero
estas campañas terminan siempre igual, apelando al gobierno para que vea la
situación y actúe castigando severamente a quienes la provocan.
Sin embargo, también existen otros tipos de campañas en que la revista se
monta al caballo de batalla. Son las referentes a la política estatal que debiera
llevarse para completar la liberación nacional y ya no afectan solo al pueblo en
su vida cotidiana, sino que son asuntos de soberanía nacional que la revolución
debe dejar de eludir. Una de esas campañas, que se extiende a lo largo de once
números seguidos de la revista, lleva el nombre interrogativo de “¿Por qué no
tenemos una agencia nacional?”
La pregunta por la falta de agencia nacional refiere a la inexistencia de
agencias nacionales noticiosas que puedan generar noticias nacionales y expor-
tarlas; en cambio, existen agencias internacionales extranjeras que presentan
al mundo una imagen del país decidida desde su propia visión e intereses, sin
que la Argentina pueda opinar al respecto.
Cooke comienza la campaña advirtiendo a sus lectores acerca de un dato
de la realidad. El material de noticias es el mismo en todas partes del mundo,
3
De Frente, Nº 25, 26/8/1954.
45
Cristian Gaude
un hecho sorprendente teniendo en cuenta la diversidad de problemas, idio-
sincrasia y posiciones de las naciones. En todos los diarios, radios y noticieros
televisivos del mundo se presentan las mismas noticias, con el mismo enfoque
y la misma regularidad.
La causa de este fenómeno, nos dice, es que las noticias son un producto
que unos pocos producen y exportan al resto de las naciones del mundo. A
nivel internacional la libertad de prensa no existe, mucho menos el periodismo
independiente. Lo que existe es un “pool” de prensa que concentra el poder
ideológico de la difusión de noticias.
Este “pool” responde a los intereses del imperialismo y genera represen-
taciones acerca de las diferentes regiones del mundo, asignándole un lugar en
el esquema mundial, ya sea como países civilizados o bárbaros, o como países
naturalmente desarrollados o productores de materias primas y alimentos.
Para Cooke, el periodismo internacional genera una “crisis de conocimiento”
en los países periféricos y del tercer mundo. La construcción acerca de cómo fun-
ciona el mundo, sostiene, es muchas veces producto de estas noticias-mercancía
que nos vende la prensa internacional; y pareciera que en algunos lugares del
mundo siempre suceden cosas buenas, en otros siempre cosas malas, y en otros
no pasa nada. Es un “panorama mutilado” en opinión del director de De Frente.
Los pueblos de países sin agencia propia están condenados a conocer el
mundo a través de la información que brinda el pool de noticias, y más aún, están
condenados a que sea el pool el que presente mundialmente las características
de esas naciones. Estas representaciones acerca de las naciones, en manos del
pool de noticias, convierten a la información en una mercancía invaluable, que
incide en el destino de los pueblos. Al respecto, sostiene Cooke en la revista:
Es evidente que la noticia tiene un valor económico. En realidad un
valor mucho más alto que el que se admite generalmente. La noticia es,
efectivamente, una mercadería, a cuyo respecto las naciones se dividen
en importadoras y exportadoras. Hay países, los menos, que exportan
noticias, mientras la mayoría debe resignarse a importarlas. Los primeros
son los más desarrollados, industrial y financieramente. Existe una íntima
relación entre la evolución de una nación y su posición en el mercado de
noticias. Cuando examinemos la trayectoria de las agencias internacionales
informativas, se verá que ellas siempre se adelantan y conducen el progreso
de un país determinado.
[…]
46
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
Los importadores de la mercancía noticia, en cambio, son los llamados
países poco desarrollados, coloniales y semicoloniales. La subordinación
informativa no solo grafica la dependencia económica sino que ayuda a
mantenerla. Existe una colonización noticiosa como existe otra financiera,
y no se puede superar una sin superar también la otra.4
La diferencia entre naciones importadoras y exportadoras de noticias es, de este
modo, una réplica de la división mundial económica entre países desarrollados
y países de economía primaria. Para Cooke, no ha existido desarrollo industrial
que no sea acompañado de una promoción mundial y una visión del lugar
que debe ocupar el país en cuestión en la división internacional del trabajo,
exportada por las agencias nacionales de dicho país.
Latinoamérica, carente de agencias nacionales con capacidad de exportar
noticias, está sometida a la definición que de ella haga la prensa internacional.
Hasta el momento en que la revista inicia su campaña, esa definición ha sido
muy clara; Latinoamérica es bárbara, violenta, agrícola y propensa a sucumbir
en manos del “peligro comunista”. No es un lugar en el cual confiar (hoy dirían
que el riesgo país está por las nubes).
Pero peor aún, el pool aliado a las publicaciones nacionales promueve esta
visión entre los pueblos que la padecen y los convencen de que las ideas “ci-
vilizadoras” son universales y tienen su sede central en Europa. Las libertades
liberales, afirma Cooke, han encontrado en la prensa latinoamericana un canal
de propagación que ha construido sentido común en la región. La función de
la revolución es romper ese sentido común y sentar las bases para la emergencia
de una cultura nacional pensada desde la realidad histórica de la región.
El desarrollo industrial, proceso imprescindible para completar la liberación
nacional (el Segundo Plan Quinquenal y su éxito son una de las preocupaciones
más importantes de Cooke en su etapa de periodista militante), sumando a la
libertad política su complemento económico, solo será posible si la Argentina
logra construir su propia agencia de noticias con capacidad de exportar al
mundo una imagen planificada del país.
La libertad de prensa, entonces, no es una libertad real, sino que es una
de esas falacias del liberalismo que presenta abstracciones que contrastan con
la realidad. La defensa de la libertad de prensa, tal como la plantea el “pool de
noticias” no es otra cosa que la libertad de ese pool para impedir la emergencia
de otras agencias de noticias.
4
De Frente, Nº 60, 2/5/1955, destacado en el original.
47
Cristian Gaude
Para Cooke, la libertad e independencia de la prensa es una mentira que no
resiste análisis. La prensa no es independiente, afirma, pues las agencias interna-
cionales dependen de los Estados y promueven el interés de estos. Las agencias
internacionales de noticias se presentan como entidades no gubernativas, pero
tiene una fuerte relación con los Estados de origen, convirtiéndose de hecho
en órgano oficioso. El gobierno, casi siempre en vinculación con los líderes
industriales, controla y dirige a las cadenas de noticias, generando ideología y
representaciones del mundo.
Una excepción importante, nos advierte De Frente, es la de Estados Unidos,
donde la agencia de noticias no está en manos del Estado sino en la de los grupos
financieros que manejan los resortes económicos de la nación del norte. Eso
no significa que sus intereses sean siempre antagónicos, pero sí que el gobierno
se ha visto sometido a presiones periodísticas, usualmente en momentos de
expansión de derechos laborales, compitiendo con el Estado en cuanto a la
definición de la frontera que separa lo público de lo privado.
Las agencias de noticias, sostiene, nacieron como expresión de los impe-
rialismos nacionales y siguieron la suerte de sus respectivos Estados. Que las
agencias de noticias están vinculadas a los intereses nacionales imperialistas
queda demostrado cuando vemos que estas sucumben cuando sucumbe el
poder que las sostiene (Wolff desaparece con el káiser Guillermo, DNB con
Hitler, Havas con la Tercera República Francesa, etcétera).
Al respecto dice:
Todavía más claro resulta el panorama atendiendo al encuentro de las dos
potencias anglosajonas, una en ocaso y otra en su cenit. Hasta la primera
guerra, Havas, Reuter y Wolff se habían dividido el mundo en zonas de
influencia exclusivas, relegando a las agencias norteamericanas al territorio
de los Estados Unidos. Aunque toda la trayectoria de las agencias noticio-
sas internacionales ha invocado como bandera pro mercado la libertad
de información, lo cierto es que en la práctica el monopolio reemplazó
a la competencia. La división en aéreas le aseguraba a cada agencia la
exclusividad de su sector. Este era tanto más grande cuanto mayor era el
poderío de una agencia que, a su vez, representaba proporcionalmente la
potencia nacional.5
Este reparto de zonas de influencia fue modificándose en el período de en-
treguerras, teniendo como principal característica la creciente importancia y
5
De Frente, Nº 61, 9/5/1955, destacado en el original.
48
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
expansión de la influencia de las agencias de noticias norteamericanas. Este
proceso que se inició apenas terminada la Primera Guerra Mundial, se com-
pletó al final de la Segunda Guerra, siendo para Cooke el rasgo distintivo de su
tiempo, la hegemonía de los Estados Unidos en el bloque capitalista, no solo
en lo económico y político sino también en lo periodístico. El equilibrio de
poder entre las naciones se corrobora en el ascenso y descenso de sus respectivas
agencias de noticias.
La existencia de diferentes agencias de noticias, cada una expresión de los
intereses nacionales de cada imperio, no implica, afirma Cooke, la competencia
entre ellas. El “pool” es tal porque, más allá de sus intereses como países impe-
riales que compiten, el imperialismo, en cuanto fenómeno político general que
se expresa en la colonización directa o indirecta de los países periféricos, tras el
incontrastable ascenso de uno de los imperios, logra rápidamente reconocer el
cambio en el equilibrio de poder y reorganizarse en función de ello. De cierta
manera, el imperialismo tiene una “conciencia de clase” inquebrantable que le
permite mantener el monopolio de la noticia en propio beneficio y asegurar
el mantenimiento de la mentalidad colonial, más allá de sus propias rencillas.
Eso le permite afirmar que existe un monopolio informativo en manos del
pool de noticias, ya que las agencias de noticias de los países imperiales discuten a
puertas cerradas el reparto de zonas de influencia en lugar de competir por ellas.
Esa unidad de pensamiento y acción convierte al “Pool” en un factor de
poder que impide la emergencia de nuevas agencias nacionales, ahogándolas
económicamente mediante la competencia. Los costos de llevar adelante un
emprendimiento de tal envergadura, afirma Cooke, son muy altos y las agencias
nacionales que intentan emerger no pueden competir con las ya existentes, que
pueden darse el lujo de producir la mercancía-noticia con pérdidas económicas,
pues su ganancia es en lo ideológico.
Argentina, nos advierte, ha tenido varios intentos de formar su propia agen-
cia de noticias. Todas fracasaron por la presión del “Pool”. Desde la creación
de Andi, primer intento de agencia nacional, en 1932, hasta la creación de la
Agencia Noticiosa Argentina (A.N.A.) en 1949, pasando por Telam en 1945,
todos los intentos de exportar nuestras noticias nacionales se vieron frustrados
por la competencia del “Pool” de noticias, que no tuvo más que esperar que
estos intentos se ahogaran en los crecientes costos de competir.
Al respecto afirma:
Desde la aparición de la primera agencia, ha transcurrido más de medio
siglo. En ese lapso, las organizaciones noticiosas argentinas nacen y mueren
49
Cristian Gaude
con pena y sin gloria. Las que logran perdurar, llevan una existencia preca-
ria, a la zaga de las necesidades nacionales. Cumplen, en realidad, el destino
común de todos los esfuerzos similares efectuados en Latinoamérica.6
La dificultad de la Argentina para afianzar una agencia de noticias nacional
es un problema compartido por el resto de los países de la región. La infor-
mación que llega desde el exterior, aun de los países limítrofes, es producida
por el periodismo internacional. No existen, advierte Cooke, corresponsales
nacionales que nos digan de primera mano lo que ven ocurrir en el mundo, ni
siquiera en América. Toda la comprensión acerca de los sucesos mundiales ya
llega presentada y maquillada por el imperialismo a través de su “prensa libre”.
Este monopolio de la noticia requiere una política activa de supresión contra
los intentos de generar voces contrahegemónicas y nacionalistas. Al respecto,
continúa en De Frente:
Al “pool” o a los intereses financieros que lo manejan les conviene presentar
una versión “ad usum” de lo ocurrido en Guatemala, por ejemplo. Para
ello, debe eliminar algunas noticias, inventar otras y adecuar el conjunto al
objetivo buscado, repitiendo la versión tantas veces como fuere necesario.
Es evidente que ello no sería posible si existiese una agencia fuera de su
control, que informara desde el lugar del hecho.7
La libertad de prensa, subproducto de la libertad de mercado en el razonamiento
de Cooke, implicaba una doble imposibilidad para los países de Latinoamérica.
Por un lado, impedía que esos países pudieran exportar sus noticias, estando,
en cambio, expuestos a la imagen de ellos que el imperialismo extendiera. Por
otro lado, los pueblos sin agencias propias dependían del pool para informarse
acerca de lo que sucedía en el mundo. Esa dependencia se transformaba en
subordinación, ya que las noticias no eran “puras” sino que eran interpretación
intencionada.
En un mundo sin teléfonos celulares, sin redes sociales, sin acceso irrestricto
a las comunicaciones radioeléctricas, y la dependencia de la pequeña prensa de
los cables telefónicos (cuando los teléfonos aún son una excepción y no una
regla), los medios de comunicación masiva son formadores de opinión, y para
Cooke, a lo largo de la historia nacional, los medios locales han sido socios de
las grandes agencias de noticias del imperialismo.
6
De Frente, Nº 62, 16/5/1955.
7
Ídem.
50
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
La noticia pensada como mercancía no tiene como objetivo la generación
de dividendos económicos directos, sino que busca generar conciencias deter-
minadas entre los consumidores. Cooke lo ve claramente y lo dice sin reservas:
la opinión pública es una construcción planificada.
En el número 65 de De Frente afirma que el hombre de la calle encara su
día sobre la base de lo que lee en los diarios, escucha en la radio, o ve en la
televisión. Y lo que lee, escucha y ve no son la realidad, sino una parte de ella
que ni siquiera es el hecho en sí, sino la interpretación que de él se esconde
bajo el nombre de noticia. Para Cooke, la noticia es una interpretación no solo
de lo ocurrido, sino de lo que va a ocurrir, y los individuos actúan con base en
ella; por lo tanto, la noticia puede incidir en las conductas sociales generando
la mal llamada “opinión pública”.
El problema, afirma Cooke, es que los hombres tienen pocas posibilidades
de notar el dirigismo en las noticias. Para hacerlo, se requiere práctica y acceso
a otras informaciones aparte de las que generan los medios hegemónicos.
Esta definición de la opinión pública como un producto generado por los
medios de prensa, del que es casi imposible salir para los pueblos, cobra mayor
importancia en cuanto es vinculada a el revisionismo histórico de Cooke. Ya
sea como diputado nacional, periodista, exiliado, tendencia de izquierda del
peronismo o cualquier otra función que le haya tocada desempeñar, una certeza
atraviesa el pensamiento de John William Cooke: desde la sanción de la Cons-
titución de 1853 hasta la emergencia del peronismo, salvo la honrosa excepción
del yrigoyenismo, los resortes del Estado Nacional han estado manejados por una
oligarquía que se apropió del poder público para usarlo en beneficio privado.
Peor aún, esta oligarquía excluyó al pueblo de la discusión y de la toma
de decisión acerca de la “cosa pública”, pues sus intereses contrastaban con los
suyos. La oligarquía tenía una relación de socios, o “personeros nativos”, como
afirmara más de una vez en el Parlamento, del imperialismo.
La lucha por la independencia informativa y la generación de una agencia
de noticias nacionales nunca encontró una posibilidad de triunfo por la acción
combinada de la oligarquía y del imperialismo, que desde el Estado, propiciaban
una mentalidad colonial.
Los medios en un régimen político que excluía al pueblo y perseguía el
beneficio particular de la oligarquía, ligado al mantenimiento de las relaciones
comerciales con el imperialismo, adquirían, necesariamente, una función de
adoctrinamiento liberal. Esto valía para fines del siglo xix y principios del xx,
tanto como para la década de 1930 y aun para los gobiernos militares que
siguieron a la “Revolución Libertadora”. En Peronismo y Revolución, libro
51
Cristian Gaude
publicado tras su muerte como recopilación de escritos acerca del golpe de
Estado de 1966 dice:
Para tomar una forma contemporánea de condicionamiento ideológico:
las ideologías que difunden los medios de comunicación de masas (es-
pecialmente la TV), imprimen en el público la imagen de una igualdad
formal entre individuos, variados pero idénticos, que aparecen integrados
en la comunidad política de la Nación; el espectador, que es parte de esa
comunidad, se identifica con ella, pero de hecho lo está haciendo con el
conjunto de relaciones reales, entre las cuales están las de su explotación
por capitalistas.
La ideología “privatiza” la vida civil –es decir, mantiene lo referente a las ne-
cesidades económico-sociales como asunto particular de cada individuo– y
de esa manera “despolitiza” a las clases dominadas, al tiempo que las unifica
abstractamente a través de instituciones del Estado político; estructura así
la hegemonía de las clases dominantes (Cooke en Duhalde, 2011: 113).
Idéntica postura es la que mantiene en la revista que dirige más de diez años
antes. Para Cooke, la función de la “prensa libre” (que de libre tiene poco y
nada) es generar un sentido común acerca del modo en que está, y debe estar,
organizado el mundo. La igualdad formal es uno de los pilares que sostiene la
definición de libertad que defienden. La libertad de prensa, de expresión, de
comercio, de navegación, etcétera, son para el director de De Frente falsedades,
pues esa supuesta igualdad no se corresponde con una efectiva materialización
de disfrute de las libertades que la debieran acompañar.
Los medios, entonces, aseguran la explotación capitalista, afirma en 1966,
escondiendo la explotación de los trabajadores por parte de la burguesía bajo
la niebla de la unidad nacional.
Cooke es un pensador realista, sus preocupaciones están en las efectivas
consecuencias de la distribución de poder en una sociedad conflictiva. En ese
realismo, la generación de noticias no es un dato menor. Para él, tal como hemos
venido afirmando, no existe la libertad de prensa ni la independencia periodís-
tica, sino que lo que se materializa en el mundo es una “política de la noticia”.
La política de noticias consiste en utilizar los medios de comunicación
masiva para dirigir la opinión pública en un sentido determinado y generar
representaciones acerca de los actores políticos y sociales nacionales e interna-
cionales. En los países desarrollados, la convicción de que las noticias cumplen
52
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
un rol fundamental como presentación al mundo acerca de lo que el país en
cuestión representa, está presente desde el inicio mismo del imperialismo.
Cooke advierte que más allá de lo que podemos ver con nuestros ojos (la
realidad nacional y a veces ni eso) lo que se conoce del mundo, la idea que los
pueblos se forman de otras naciones, la conciencia acerca de cómo funciona
ese mundo y cuáles son los peligros que lo acechan, solo pueden ser formadas
por lo que dicen los “testigos”.
Los diarios y revistas se presentan como testigos imparciales de la realidad
mundial que relatan. Sin embargo, afirma Cooke, todas las noticias de Lati-
noamérica son producidas en Londres o en Nueva York. No son la expresión
de los protagonistas de la noticia sino de sus interpretadores.
La política de las noticias es un dato de la realidad para Cooke. Negar ese
dato de la realidad o criticarlo porque no es lo ideal es lo que se ha hecho hasta
ahora, afirma. Los resultados han sido que la política de noticias permanece y
la Argentina no participa en lo más mínimo en su definición.
Las grandes agencias internacionales de noticias tienen sucursales en todo
el mundo y alianzas con medios locales. La dependencia del “Pool” de los con-
sorcios financieros y/o de los Estados que representan ha influido fuertemente
en la realidad argentina.
Hasta antes del peronismo, en la Argentina las empresas internacionales
tenían departamentos de prensa, vinculados a las grandes cadenas noticiosas,
mientras que el Estado no. La cade, los frigoríficos, la Bemberg (expropiada
por el Estado en 1951), todas podían presentar noticias con la máscara del
interés general, mientras defendían sus posiciones particulares.
Esta vinculación entre la prensa, los consorcios financieros y sus socios
locales eran parte importante de los problemas que enfrentaban los Estados de
América Latina para ejercer su soberanía y promulgar legislación social.
Para Cooke, el caso paradigmático del papel jugado por la prensa en contra
de los intereses populares, es el de Brasil. En 1954, Getulio Vargas, presidente
de Brasil, se suicida con un disparo al corazón. Se había visto envuelto en un
confuso episodio en el que uno de los dueños del periódico más crítico a su
gestión sufrió un atentado, logrando salvar su vida, pero no así su custodio. Las
sospechas recayeron sobre Vargas (aparentemente su chofer tenía algo que ver
con el atentado) y la prensa vinculada a los intereses financieros, que veía con
malos ojos la política social favorable a los trabajadores, iniciaron una campaña
de desprestigio que terminó en el disparo al corazón que Vargas se propinó.
Más allá de las críticas que le merece a Cooke la gestión de Vargas y de
su responsabilidad o no en el atentado contra los Lacerda, dueños del diario
53
Cristian Gaude
Tribuna da Impresa, entiende que se vio sometido a una presión tan grande
sobre su figura, y por asociación, su política social redistributiva, que solo le
quedó el “harakiri” como salida para salvar, no su cuerpo, pero sí la política
que representaba.
La presión sobre los gobiernos populares que los medios pueden ejercer es un
resultado de la política de las noticias y condiciona los alcances del Estado para
ejercer su soberanía, oponiéndole no directamente el poder de los consorcios
financieros o los Estados imperiales, sino la propia opinión pública de su pueblo.
Otra consecuencia de la política de noticias en manos del “Pool” es la
capacidad de entorpecer los intentos de unidad latinoamericana, generando
sospechas entre los países vecinos. Al respecto, relata un acontecimiento suce-
dido en ocasión de un tratado de comercio bilateral entre Argentina y Chile.
Cuenta que, tras difíciles negociaciones, las cancillerías de ambos países
habían logrado ponerse de acuerdo para iniciar fluidas relaciones comerciales
planificadas. La intención del gobierno peronista, expresada públicamente, era
propiciar en la región este tipo de acuerdos comerciales y formar un bloque
comercial estable y unificado.
La iniciativa no fue recibida con buenos ojos por el pool de prensa inter-
nacional e inició una campaña que casi termina con el acuerdo entre ambos
países. La campaña consistió en publicar en Brasil una avalancha de notas perio-
dísticas, sugiriendo que el acuerdo bilateral entre Argentina y Chile implicaba
el descenso en las exportaciones de Brasil y marcaban un proceso de ascenso
para Argentina en detrimento de Brasil.
Al mismo tiempo, en Chile se publicaban artículos que daban cuenta de
la preocupación que había en Brasil y el rencor contra Chile por el tratado,
al punto de que estaban considerando prohibir el ingreso de todo producto
trasandino al país.
La situación cobró tal envergadura que fueron necesarias varias reuniones
entre los cancilleres de los tres países para aclarar las cosas y Argentina tuvo que
asegurar que los productos que intercambiaba con Chile no eran los mismos
que Chile intercambiaba con Brasil. Por fortuna, y virtud de los cancilleres,
en esa ocasión el pool no logró su objetivo, afirma Cooke, pero al lado de este
triunfo existía una larga lista de fracasos por los que el pool se podía felicitar.
Todas estas situaciones de malentendidos, incomprensiones, engaños y
generación de una mentalidad y una cultura contraria a los intereses nacionales,
eran el resultado de la capacidad del pool para manejar la política de noticias.
Al respecto de cómo esto influye en el país, decía:
54
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
Entre nosotros un liberalismo mal entendido (¿habrá sido eso, realmente?),
eliminó al Estado hasta hace 10 años de la concurrencia informativa. En-
tiéndase bien esto: no ya de la intervención en la dirección de una política
noticiosa, sino hasta del derecho de informar sobre su labor, hacer conocer
su opinión o producir noticias de interés general.
Y continuaba:
Hasta hace una década los gobiernos argentinos no tenían ningún con-
tacto con las organizaciones que manipulaban y distribuían las noticias
destinadas al pueblo. El Estado no era, no debía ser FUENTE de noticias
ni podía tener acceso a las fuentes ajenas. Que este era un planteo falso
e interesado lo dice este simple hecho: mientras se negaba al Estado
argentino el derecho primario de intervenir en cualquier aspecto de los
procesos de la noticia, se admitía como cosa natural que todas las agencias
extranjeras, todas dependientes de sus gobiernos (y algunas confesadas y
oficialmente), inundaron el mercado nacional, incluso distribuyendo las
noticias argentinas como cosa propia.8
La política de noticias en manos del pool de prensa era un problema de soberanía
nacional, el manejo de la prensa y su capacidad de generar opinión pública e
imágenes de lo real implicaba la existencia de poderes privados que competían
exitosamente con el Estado en un tema de interés público: la orientación de
la cultura nacional.
Para fortalecer su argumento, refería al caso de los Estados Unidos, donde
las agencias de prensa no están en control del Estado, sino de los consorcios
financieros. Al respecto, sostenía que la prensa era un poder privado con in-
tereses particulares, que venía siendo denunciado desde hacía mucho tiempo,
al punto de que fue definido como un “poder detrás del trono” que gobierna
en las sombras más allá de todo control. Para Cooke, sin embargo, no existen
en Estados Unidos grandes contradicciones entre la “prensa libre” y el Estado,
porque usualmente coinciden en sus objetivos.
Pero en los países de América Latina el “Pool” ha logrado vender la “liber-
tad de prensa” como un asunto de interés general, que encuentra su enemigo
natural en el Estado. La libertad de prensa (al igual que todas las libertades
individuales del liberalismo) es presentada como un valor que puede ser repri-
8
De Frente, Nº 64, 30/5/1955, mayúsculas del original.
55
Cristian Gaude
mido solo por el Estado. Para asegurarla, el Estado, debe prescindir de todo
intento de dirigir las noticias.
El pool, entonces, promueve la idea de que cada vez que el Estado intervie-
ne para favorecer a una agencia de noticias o limita la injerencia de un grupo
empresarial dedicado al periodismo, por considerar que se ha convertido en
monopolio, lo que está ocurriendo es un atentado a la libertad de prensa.
La libertad de prensa debe moverse, en la argumentación del pool, en el
terreno de la competencia, propia del libre mercado. La intervención del Estado
en esa competencia no puede ser concebida como un hecho positivo, pues es
una manera de acallar las voces que el gobierno no quiere que sean escuchadas, e
impide a los consumidores de noticias informarse como a ellos mejor les parezca.
Esta idea, difundida hasta el hartazgo, solo se sostiene ocultando otras ideas
y no dándole carácter de “noticia” a lo que la contradice. Un ejemplo claro
del ocultamiento del pool de prensa, afirma, es la primera Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Libertad de Información, realizada en 1948. En ella
se discutieron muchas cosas y se sancionaron dos iniciativas centrales para la
recuperación de la soberanía informativa.
En primer lugar, la India, país líder del emergente “tercer mundo”, presentó
una iniciativa que establecía que la acción de las agencias extranjeras de noticias
no debía impedir y dificultar, por medios anormales, el desarrollo de agencias
nacionales. Lo que indica que hasta ese momento venían haciéndolo, tanto en
Latinoamérica como en el resto de las regiones periféricas. En segundo lugar,
se establecía que: “... los gobiernos tienen la obligación moral de ayudar a la
creación y el desarrollo de agencias nacionales de noticias, hasta que estas al-
cancen su independencia”. Hubo un solo voto en contra, el de Estados Unidos.
Las recomendaciones de la Unesco, sostenía Cooke, sirven para destruir el
mito latinoamericano de que el Estado debe ser “prescindente” en materia de
organizaciones noticiosas. Ningún país lo es del todo.
Estas dos disposiciones tomadas por la Unesco no fueron publicadas por
los diarios y revistas dependientes del pool de prensa. No fueron una “noticia”
porque eran contrarias a los intereses y la mentalidad del imperialismo. Al
respecto, decía:
¿Cómo liberarse de la colonización en países donde no existen consorcios
poderosos nacionales si no es por medio de la ayuda inicial del Estado? De
ahí el voto favorable de 22 naciones que el pool ocultó porque le conviene
56
Los dos filos del periodismo. John William Cooke y la prensa libre
seguir alimentando el prejuicio librecambista y el cuento de libre empresa,
que es libre de y para un solo lado.9
La verdadera libertad de prensa, en los países coloniales o semicoloniales, es
superar la dependencia y la dominación de los consorcios privados que deter-
minan la “política de la noticia” en el país. La forma de superar esa dominación
privada sobre los pueblos es convertir la libertad de prensa, no en un asunto
privado, sino en un asunto público, parte de la “cosa pública”, sumando al pue-
blo a la discusión acerca de cómo debe encararse. En los países que enfrentan
la competencia de poderes privados, internos y externos, sobre la soberanía
estatal, propiciada por el mito de la libertad de empresa, solo el Estado puede
asegurar, mediante una activa intervención, la liberación frente a esos poderes.
Ese es el planteo de Cooke.
En opinión de Cooke, la falta de una agencia nacional de noticias ponía a
la Argentina en la siguiente situación:
La Argentina no tiene agencia noticiosa de proyecciones regionales o
internacionales; sus pocas y precarias organizaciones informativas langui-
decen en Buenos Aíres desplazadas hasta de los medios de comunicación
nacionales y oficiales; sus diarios no tienen corresponsales más allá de las
fronteras del país y publican lo que el “pool” quiere, cómo y cuándo quiere.
Es natural que si ni siquiera somos capaces de buscar las noticias genuinas
que le interesan al país, mucho menos podemos colocar las nuestras en un
mercado internacional donde el único derecho argentino –como ocurre
con el resto de Latinoamérica– parece ser pagar y callarse la boca.10
La “política de noticias”, hecho innegable de la realidad periodística, no debía
ser negada, cayendo en la trampa de liberalismo de pretender la defensa de
una abstracta libertad de prensa o independencia periodística, que no puede
manifestarse en la realidad por la dominación de los poderes particulares que
manejan los hilos del periodismo internacional. Para Cooke, si la política
de noticias es un dato de la realidad, si no es posible, en rasgos generales, la
neutralidad periodística, si la noticia es una mercancía que genera opinión
pública, si el desarrollo económico industrial solo ha sido posible acompañado
de la exportación de noticias que presenten al país en cuestión como un país
industrial, en fin, si la noticia es una actividad política que incide en aquellas
9
De Frente, Nº 68, 27/6/1955.
10
De Frente, Nº 69, 04/07/1955.
57
Cristian Gaude
cuestiones que competen al todo de la comunidad política, en los países colo-
niales o semicoloniales la única forma de lograr la independencia informativa
es que el Estado propicie la emergencia de agencias nacionales.
Lo más parecido a la libertad de prensa, abstracción loable del liberalismo,
es la materialidad de la intervención estatal para impedir la dominación del pool
de prensa sobre el país. La política en general es un asunto de interés público,
e incluye la “política de la noticia” que, sin intervención estatal, se convierte
en un atributo privado del poder económico.
Bibliografía
Duhalde, Eduardo Luis (comp.) (2007). John William Cooke. Acción Parlamen-
taria. Obras Completas, Tomo I. Buenos Aires: Colihue.
—— (2009). John William Cooke. Artículos periodísticos, reportajes, cartas y
documentos, Obras Completas, Tomo III. Buenos Aires: Colihue.
Gaude, Cristian (2015). El peronismo republicano. John William Cooke en el
Parlamento Nacional. Los Polvorines: Universidad Nacional de General
Sarmiento.
Fuentes
Revista De Frente. Testigo insobornable de la realidad mundial (1954-1955).
N° 0-82.
58
John William Cooke
y el peronismo de las tres banderas
Daniel Sorín
La víspera
John William Cooke fue en los primeros años de su juventud radical, un radical
antipersonalista y aliadófilo. Después de conocer al coronel devino peronista,
más específicamente lo que aquí llamaré un “peronista de las tres banderas”.
Y, por fin, en algún momento que no me atrevo a definir, asumió de manera
inconfesa el método y las utopías marxistas. Vamos a referirnos a la segunda
etapa, al Cooke de las tres banderas peronistas. (Por las dudas: soberanía política,
independencia económica y justicia social.)
Fue electo diputado por la Capital en las elecciones que consagraron presi-
dente a Juan Perón y que dieron al peronismo un holgado dominio en ambas
cámaras. ¿Cómo fue que un joven de 26 años, que apenas era un dirigente
estudiantil, pudo integrar la lista de diputados para las elecciones de febrero
de 1946? Era inteligente Cooke, era hábil, tenía la verba como cuchillo afila-
do, pero nunca había alcanzado mayores victorias políticas. Era, apenas, un
abogado recién recibido.
Quizá la razón haya que buscarla en una devolución de favores. Su padre, el
doctor Juan Isaac Cooke, había sido nombrado dos veces canciller. Era –según
Perón– una figura presentable para los Estados Unidos. Qué mal podría causar,
entonces, darle al doctor un hijo diputado.
59
Daniel Sorín
Por otra parte, el canciller siempre había buscado ubicar a Johncito. Era un
chico despierto y sabría manejarse, era capaz y era su hijo. Él le tenía confianza.
Al Bebe le gustó. En los pliegues íntimos del alma de todos, también en
la del Bebe, habitan la inseguridad, el miedo, incluso el terror. Solamente que
algunos, como El Bebe, no muestran esos costados, ya por vanidad, ya por
necesidad de trascendencia o de servicio. Por lo que fuera, en febrero el país
elegiría entre una multitud de candidatos unos cuantos miles de puestos en
nación y provincias. Y ahí estaría él. ¿Por qué no?
Este escriba, además de lo apuntado, quiere agregar tres condiciones que
hicieron posible la candidatura. Uno: el coronel no sabía que el hijo del can-
ciller, El Bebe, sería Cooke. Dos: Juan Isaac, el canciller, no sabía que su hijo,
El Bebe, sería Cooke. Y tres: posiblemente John William, El Bebe, tampoco
supiera que sería Cooke.
Al cuenco peronista derramaron tres vertientes: el Partido Laborista, la
Junta Renovadora y el Partido Intransigente. El laborismo estaba compuesto
por gremialistas de origen socialista; la Junta Renovadora –en la que militaba
El Bebe– era de origen radical; y el Partido Intransigente había sido creado por
el almirante Alberto Tessaire.
En la Junta Renovadora tallaba fuerte forja. Hombres de memoria, los
forjistas recelaban del Bebe porque lo habían conocido fervoroso aliadófilo, y
ellos eran empedernidamente neutralistas. Pero, como convergían tras Perón,
tuvieron que soportarlo. Cooke se presentó en las internas de la Junta Reno-
vadora y le fue bien. Muy bien. Entró quinto con 18.380 votos, Jauretche fue
segundo con 19.820.
El líder bonapartista
Se dice correctamente que Perón fue un líder bonapartista. Este concepto merece
algunas aclaraciones. Líder bonapartista es quien emerge con apoyo militar para
saldar un empate entre diferentes sectores sociales. Es decir, cuando estos sectores
no solo no tienen un programa común, sino que las fuerzas con que cuentan
son tan equilibradas que logran neutralizarse mutuamente. El bonapartismo
es una excepción, casi una anomalía en la historia.
Refiriéndose a lo que llama la actitud “pendular” de Perón, Norberto
Galasso apunta:
Cuando un líder o equipo político expresa a una clase social determinada,
se vincula orgánicamente a ella, ”se pega” a ella y a sus cuadros, y establece
60
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
una intercomunicación estrecha para gobernar en función de la misma.
Pero cuando, desde el poder expresa adversas clases sociales, el jefe político
toma distancia, como alejándose de la representación directa y permanente,
para evolucionar, desde lo alto, en continuo giro, contentando a unos y
a otros (2010: 24).
Galasso acierta. La característica de Perón de trabajar múltiples y a veces
opuestos discursos según la oreja del momento –decir a cada cual lo que desea
escuchar– no era una característica personal sino una necesidad de conducción.
Así, el frente resultante fue como una campana de cristal, siempre en peligro
de romperse; ya que no lo unía un programa, sino la imposibilidad de sus
integrantes de imponer el suyo propio al conjunto. A eso Perón llamaría, en
1949, “la comunidad organizada”.
Además, las clases sociales suelen no ser un todo homogéneo. En la Argenti-
na era muy clara la heterogeneidad de la burguesía. Porque pertenecían a ella los
industriales cuyo interés reclamaba un mercado interno –aunque en su ceguera
también requerían salarios bajos, lo que no deja de ser una contradicción– y,
en el otro extremo, a la burguesía pertenecían los grandes terratenientes de la
pampa húmeda, cuyos intereses pasaban por vender granos, mantener sojuzgado
al mercado interno y deprimidos los salarios.
El contexto
Se vivían momentos extraordinarios. Antes de recorrer la actuación de John
William Cooke en el Congreso, veamos el contexto político, porque siempre
la figura política es un emergente de su tiempo.
Perón asumió la Presidencia el día del tercer aniversario de la revolución
de 1943. Pero antes de ese 4 de junio, hizo que el presidente Farrell tomara
algunas medidas definitivas: la nacionalización del Banco Central y los depósitos
bancarios, un nuevo régimen para el Banco Industrial y la creación del Instituto
Argentino de Promoción del Intercambio (iapi).
Fue cuando el líder bonapartista saldó las diferencias interburguesas. Vea-
mos. El acuerdo policlasista entre algunos sectores de la burguesía no concen-
trada con intereses en el mercado interno, la clase obrera, sectores de las capas
medias, pequeños terratenientes, campesinos pobres y trabajadores del campo
no había fraguado aún, cuando se produjo el desplazamiento de Perón el 10
de octubre de 1945. Una semana después, el 17, se originó el acto político más
relevante de la historia de la clase obrera argentina hasta ese momento. Derro-
tado Campo de Mayo, Perón consolidó su liderazgo en las Fuerzas Armadas.
61
Daniel Sorín
Poderosos sectores de la burguesía, los grandes terratenientes, los indus-
triales reunidos en la Unión Industrial, más una parte de industriales menores,
permanecieron al margen de cualquier acuerdo con el coronel y apoyaron con
todas sus fuerzas a la Unión Democrática.
Con el resultado de las elecciones del 24 de febrero, sin posibilidades de
golpe, ya que las Fuerzas Armadas estaban con Perón, y derrotados en las urnas,
la burguesía “democrática” aceptó al peronismo sin agrado, pero en silencio.
Esa tregua en el campo de la burguesía fue una consecuencia transparente de
la actuación de la clase obrera, que unificó a las Fuerzas Armadas y aceleró las
elecciones.
El Banco Central
Como dijimos, el gobierno de Farrell tomó algunas medidas definitivas, al
Banco Central lo nacionalizó el patrio 25 de Mayo. Había sido creado por el
entrerriano Agustín Pedro Justo en 1935 para reemplazar a la Caja de Conver-
sión. La Caja de Conversión funcionaba así: el dinero estaba respaldado por
reservas de oro; si el saldo de la entrada de oro por exportaciones menos la salida
por importaciones era positivo, aumentaba el valor del peso, si era negativo
disminuía. Pero con la crisis del 30 el Reino Unido tuvo graves restricciones
económicas y disminuyó sus compras de productos agrarios, lo que a su vez
bajó los precios internacionales de esas mercancías. Dicho técnicamente: todo
se fue al demonio.
La Argentina agroexportadora crujió.
El país ya no podía comprar manufacturas británicas y las importaciones
disminuyeron un 60%. Era necesario sustituir esas importaciones con produc-
ción nacional, pero hacían falta insumos y no había cómo pagarlos.
Del otro lado también se las veían negras. La política británica para ga-
rantizar sus exportaciones había consistido en impedir el desarrollo industrial
del país. Pero ahora pasaban tres cosas: tenía menos saldos para vender, la
Argentina no compraba y tampoco estaba en condición de radicar capitales
para producir acá. Londres tuvo que reconocer los límites que le imponía su
condición de potencia descendente y trazó un plan: se conformó con no perder
más mercado y, lo más importante, detener el avance norteamericano. Así que
cierta industrialización argentina –especialmente en sectores que no competían
con sus productos– empezaba ahora a responder a sus intereses, por lo que
decidió dejar de hostigar a la industria local.
62
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
Para satisfacer de insumos a esa precaria industria, era necesario indepen-
dizar lo más posible la producción del mercado mundial. Y los mecanismos
automáticos de la Caja de Conversión no ayudaban nada. Había que tener
una política monetaria diferente. Además, el 29 de septiembre de 1931 los
librecambistas británicos habían abandonado el patrón oro, de manera que los
pruritos liberales cotizaban a la baja.
Sobre la creación del Banco Central, Rodolfo Puiggrós recuerda:
Para cumplir con los requisitos del nuevo status angloargentino, el gobierno
justista nombró una comisión integrada por representantes de tres pode-
rosos consorcios financieros anglosajones –Baring Brothers, Leng Roberts
y Morgan– con el objeto de que elaboraran, junto a abogados y técnicos
del país adscriptos a las empresas británicas, el nuevo régimen bancario y
monetario, y encomendó la supervisión del proyecto a sir Otto Niemeyer,
funcionario del Banco de Inglaterra que dos años antes había dirigido la
reforma bancaria en Australia. [...] La comisión y su supervisor aconsejaron
que se fundara un Banco Central, con carácter privado o autónomo, para
que asumiera el control de la moneda, de los créditos, de la industria, del
comercio interior y del intercambio externo. Así nació el Banco Central de
la República Argentina, con privilegios que ni en la India habían obtenido
los ingleses (2006: 112).
O sea que la creación del Banco Central estuvo lejos de hacerse en contra de
los intereses londinenses. El Banco Central se constituyó como una sociedad
anónima mixta con catorce directores. Uno representaba al Estado, otro al Ban-
co de la Nación, un tercero a los bancos provinciales y los once restantes eran
elegidos por los bancos privados, argentinos o extranjeros. Su primer gerente
general fue Raúl Prebisch. Ese era el banco que ahora el gobierno nacionalizaba.
Tres días después, el 28 de mayo, se creó el iapi. Funcionó dentro de la órbita
del Banco Central y su director fue Miguel Miranda, también presidente del
Banco. Su objetivo fue centralizar el comercio exterior para transferir recursos
entre los diferentes sectores de la economía.
El iapi, la sobrevaloración del peso –necesaria para importar insumos
industriales a bajo costo relativo–, la nacionalización de los depósitos banca-
rios y el nuevo régimen del Banco Industrial buscaron que la realización de la
renta agraria permitiese el desarrollo industrial sin modificar las relaciones de
producción existentes.
63
Daniel Sorín
La deuda
Cuando John William Cooke ingresó en la Cámara de Diputados, el Reino
Unido exportaba al mundo un tercio de lo que antes de iniciada la guerra. Por
lo que podemos decir que, en una guerra por mercados, había sido derrotado. Su
balanza comercial era un desastre cuando el muy británico lord John Maynard
Keynes negoció la ayuda de Washington. Londres, que debía la astronómica
cifra de 3500 millones de libras, recibiría un crédito por el total de esa deuda
a cincuenta años y al 2% de interés anual.
En julio de 1944 se firmaron en New Hampshire los acuerdos de Bretton
Woods. El viejo león británico tuvo que aceptar la vuelta al patrón oro y la
convertibilidad de su libra. Los americanos se aseguraron de que Londres pagara
sus deudas e importaciones con lo que recibían. De tal manera las libras, conver-
tidas en dólares, volverían a sus playas, ya que Estados Unidos era la única potencia
capaz de satisfacer las demandas de bienes de capital de los acreedores de Londres.
Dicho de otra manera, los británicos reconocieron la hegemonía de la Unión.
La deuda británica estaba en el centro de la economía argentina. ¿Qué
hacer con la deuda? Pero no nos adelantemos, por ahora veamos a John entrar
a la Cámara de Diputados.
El laborismo
Hay un último acto anterior al 4 de junio a tener presente. El 23 de mayo, Perón
resolvió la disolución de las organizaciones que habían apoyado su campaña y
la fundación de un nuevo partido: el Partido Único de la Revolución.
Algunos laboristas, como Cipriano Reyes, ofrecieron resistencia. Al labo-
rismo se debían dos de cada tres votos peronistas en las elecciones, pese a lo
cual habían sido primeriados en las listas, por ejemplo, en la de candidatos a
senador por la Capital.1
Sus dirigentes reclamaban independencia. Incluso habían rechazado al
elegido por Perón para la presidencia del partido. Cuando asumió Domingo
Mercante como gobernador de la provincia de Buenos Aires (fue el candidato
por el laborismo y ganó por más de 20% de diferencia) los hombres de Reyes
obligaron a Mercante a que lo invitara al balcón desde donde saludó al público
ante la mirada de Perón.
1
Cuando a último momento Luis Gay fue reemplazado por Alberto Tessaire. Ver Page, 2010,
t. 1, p. 190.
64
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
El laborismo y Cipriano Reyes eran un problema para Perón. Ya lo habían
sido durante las ácidas discusiones sobre quién lo acompañaría en la fórmula.
Los laboristas querían a Mercante, al que consideraban comprometido con
las reformas sociales del coronel, pero el coronel quería a Quijano, un radical
expulsado del radicalismo, pero radical.
Los problemas tienen solución, habrá pensado Perón, que simpatizaba con
la actividad política de los obreros siempre que no fuese independiente.
La Junta Renovadora se disolvió de buen grado: sus políticos eran hábiles y
su inserción popular escasa. Cipriano Reyes no; desafió la orden e intentó que
sus diputados resistieran, pero solamente pudo convencer a uno: los restantes
pensaron que soldado que huye sirve para otra guerra y se afiliaron al Partido
Único de la Revolución. Perón era un enemigo de temer.
Quizá el laborismo era demasiado proletario para soportar una conducción
no obrera por mucho tiempo. Quizá haría crujir el delicado equilibrio de cristal
del bonapartismo vigente. Es posible. Lo que seguro podemos afirmar es que
no fue lo suficientemente proletario para resistir con éxito su destrucción. A
esto podríamos agregar la debilidad política del nuevo proletariado de cabecitas
negras; los grasitas no tenían detrás generaciones de luchadores fabriles. Podían
participar de un frente político y ganar experiencia, no podían conducirlo.
¿Qué hubiera pasado si Cipriano Reyes, al revés de lo sucedido, convencía a
todos menos a uno de los diputados laboristas? ¿Las reformas hubieran sido más
profundas? Contando Perón con un apoyo obrero diferenciado, ¿el septiembre
del 55 no se hubiese escrito o, por el contrario, se hubiera producido antes?
Y, a todo esto, Perón ¿qué pensaba?
La versión peronista del frente nacional fue la comunidad organizada. En el
mundo –diría Perón en el Congreso de Filosofía de 1949– gana terreno la idea
de la colaboración social. Y esa colaboración suponía que el líder bonapartista
limitara la política de la clase obrera a los límites por él impuestos que, hacia
el 46, no incluían al laborismo.
Los discursos de Cooke en la Cámara
Chapultepec
Entre el 21 de febrero y el 8 de marzo de 1945 –dos meses antes de la rendición
alemana y cinco antes del terror atómico en Hiroshima y Nagasaki– se realizó
en la ciudad de México la Conferencia de Chapultepec. Como resultado, se
firmó un pacto de solidaridad recíproca entre los países del continente, no
65
Daniel Sorín
solo contra agresiones extracontinentales, sino también de los mismos Estados
americanos. Sus actas incluyeron la posibilidad de atacar a los países agresores.
La Argentina no asistió a la Conferencia, en la que Estados Unidos impuso
su “Doctrina Monroe” con el fin de utilizarla durante la Guerra Fría y que sería
completada con el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de 1947 y
la creación de la Organización de Estados Americanos (oea) en 1948.
El presidente había adelantado en su discurso en el Congreso del 4 de junio
que impulsaría su aprobación. Perón creía que el trago amargo de la acepta-
ción de las actas no se podía evitar ni posponer. Debió darle gran importancia
a ese amargor, porque sus instrucciones al diputado cordobés Bustos Fierro
fueron que quería el voto unánime de la bancada. Más aún, consideraba que
la aprobación de las actas era un voto de confianza hacia el canciller Bramuglia
y hacia él mismo.
¿Qué haría Cooke? No era nada fácil su situación. Nada fácil. Las Actas de
Chapultepec y él eran un maridaje imposible, pero ¿podía votarle en contra
a Perón?
Un rumor recorrió las butacas al escucharse en el recinto la voz del diputado
por la Capital que afirmaba que las Actas eran una malla en la que la nación
quedaría presa. En la próxima guerra que se anunciaba, el país no tendría,
siquiera, la facultad de analizar las causas del conflicto, porque debería tomar
partido sobre la base de pactos regionales fundados en motivos geográficos.
Ante la sorpresa general, el diputado Cooke votó en contra.
Los monopolios
Los monopolios eran un tema importante en 1946 y lo son ahora. En septiembre
del 46 se discutió el proyecto de ley de “represión de actos de monopolio”. Las
comisiones de Legislación Penal y de Asuntos Constitucionales –que presidía
Cooke– elaboraron dos informes, el de mayoría tenía las firmas de Modesto
Orozco y John William Cooke quien, además, lo defendió en la Cámara. Este
fue su primer gran combate con la oposición. Comienza citando antecedentes
históricos, para detenerse en la revolución industrial y puntualizar que, en 1873,
durante la depresión económica, habían surgido los “cartels”.
Cooke señala que Marx fue el primero que se preocupó por el papel de
las corporaciones económicas; no pudo profundizar porque sus escritos son
anteriores al período de mayor concentración del capital. Pero:
66
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
Engels, al editar el volumen tercero de El capital, incluyó una larga nota
en el capítulo que Marx dedica a las corporaciones capitalistas, en la cual
afirma: “La libre competencia por largo tiempo fomentada ha llegado
a los límites de sus posibilidades y se ve obligada a anunciar su propia
bancarrota”.2
Tampoco Engels vería el desarrollo total de los monopolios, pero sí Lenin, quien
anunciaría en El imperialismo, fase superior del capitalismo, que las concentra-
ciones monopolistas habían sustituido a la libre competencia y el capitalismo
entraba en una nueva fase que llamó imperialismo.
Vladimir Ilich Uliánov, Lenin, escribe El imperialismo, fase superior del
capitalismo en 1916; median treinta años al momento que Cooke lo lleva al
recinto. Lenin no es un personaje olvidado y su nombre no se había hundido
en las arenas movedizas de eras mitológicas. Ahí están la Unión Soviética, los
países del Este europeo y, más allá, lejana y desconocida, emerge China, que
ha vencido al imperialismo japonés transformándose en un gigantesco campo
de batalla. Es el comienzo de un avance arrollador del comunismo. Llevar al
recinto a uno de los grandes teóricos del marxismo, que al mismo tiempo fue
líder político de la primera revolución obrera triunfante, y hacerlo sin adjetiva-
ciones injuriosas, habrá sido –es una especulación de este escriba– una llamada
de atención para propios y extraños. Especialmente, quizá, para los propios.
Luego habla de las ideas de Rudolph Hilferding3 vertidas en El capital fi-
nanciero, publicado en 1910, en el que demuestra que para esa época el capital
financiero había desplazado al industrial y tomado la dirección de la economía.
Su idea era que, con el desarrollo de esta forma corporativa, una pequeña
cantidad de capital financiero puede dominar una cantidad increíblemente
superior de capital industrial.
Luego Cooke se da a rebatir los supuestos beneficios que ofrecen los mo-
nopolios.
Uno: sobre la libertad, argumenta que los monopolios hacen prácticas
desleales y traban la libre competencia. Dos: que no abaratan sus productos y
servicios. Que pueden bajar costos, pero muchas veces ganan más vendiendo
menos a mayor precio, que vendiendo más a menor precio. Tres: en cuanto
2
Diario de Sesiones, tomo iii, 1946, p. 508; reproducido en Cooke en Duhalde, 2007: 81 y ss.
3
Rudolf Hilferding (1877-1941), economista marxista vienés nacionalizado alemán. Integró y
fue uno de los más prominentes teóricos del Partido Socialdemócrata de Alemania durante la
época de la República de Weimar. Con el ascenso de Hitler huyó a Francia, pero fue entregado
por la policía francesa a la Gestapo y murió en prisión.
67
Daniel Sorín
al avance tecnológico, nunca renuevan sus equipos sino cuando ya no sirven.
Además, agrega, cuando alguien crea una innovación, necesariamente tiene
que ofrecérsela y suele suceder que el monopolio paga solo para evitar su uso.
En la Argentina de esta segunda década del siglo xxi unas pocas empresas
monopólicas producen y comercializan el 90% de los productos de la canasta
familiar. En tal situación, las políticas antiinflacionarias se ven limitadas al deseo
monopólico. Deseo que reiteradamente está dirigido a la exportación; cuando
eso sucede, el mecanismo es simple: se reduce el salario real de los consumidores
facilitando un excedente exportable. La economía mejora a costa de la calidad
de vida de la población, en especial de los trabajadores.
Hecho estos planteos, John apunta a la raíz de todos los problemas:
Desde mi punto de vista personal, yo digo que, haciendo un planteo
frío, crudo, del problema argentino, puede afirmarse que somos un país
semicolonial.
Bunge4 decía en 1940, repitiendo conceptos del año 1917: “Estamos
aún hoy al servicio de la política de las grandes potencias, que consiste
en comprar materia prima barata y vendernos artículos manufacturados
caros. Nuestra política económica no ha sido ni es otra cosa que una dócil
sumisión a los otros países”.
[...] La conciencia pública de que debe existir una economía nacional se va
abriendo camino; y cuando se nos hace el argumento de que alguna forma
de producción o explotación de algunos servicios requiere el monopolio
como medio de prestarse en condiciones normales, entonces es la hora de
contestar que esos servicios deben ser nacionalizados (el destacado es mío).
Dicho de otra manera: cuando no hay más remedio, cuando no se puede evitar
el monopolio, este debe ser nacionalizado, que en la visión de Cooke equivale
a estatizado. El problema de los monopolios está en el centro del capitalismo,
y principalmente en el centro del capitalismo dependiente.
Debe asegurarse la defensa de la industria contra las maniobras internas y
externas. Deben adoptarse medidas diversas: regulación aduanera, reorde-
nación del régimen impositivo, nacionalización de empresas de servicios
públicos, confección de estadísticas que nos den una noción exacta y al
día de nuestra economía y que al mismo tiempo nos informen del grado
de desarrollo que tiene la tendencia hacia la concentración monopolista
Alejandro Bunge (1880-1943) fue un economista que tuvo una visión clara del desarrollo
4
deformado del país. Fue un intelectual “orgánico” de la burguesía argentina.
68
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
en cada industria; y hay que hacer una planificación en el verdadero con-
cepto y sentido en que puede hacerse una planificación en la República
Argentina, […] una “planificación para la libertad” y no una planificación
para la servidumbre; no una planificación totalitaria, sino una planificación
congruente con nuestro sistema constitucional que, al mismo tiempo
que asegure las elementales garantías individuales, no permita que esas
mismas garantías se vean perturbadas por el desarrollo desmesurado del
poder financiero.
Cuando Cooke dice: “planificación para la libertad y no una planificación para
la servidumbre; no una planificación totalitaria” debe leerse una planificación
a la que concurran las relaciones de producción capitalistas existentes.
El discurso ha sido sólido. Sabemos que, sin dudas, Cooke ya ha leído con
atención crítica a Marx, Engels y Lenin, y sabemos, también, que no es marxista.
Vuelve sobre el tema el 5 de diciembre, cuando se discute el régimen
bancario.
Podría tal vez obtenerse un juego más libre del negocio bancario siempre
que nuestra economía no fuese lo que es. [...] Somos un país de economía
semicolonial, dirigida desde el extranjero y campo propicio para el juego de
todos los monopolios. Frente a ello, ¿qué puede hacer el Estado? ¿Cruzarse
de brazos y esperar que empiecen a actuar los famosos “automatismos
reguladores”, último bastión de los defensores del librecambio?
[…] Este país ha tenido gobernantes buenos y malos. Jamás hago en este
recinto condenas retrospectivas a mandatarios determinados que podrían
ser injustas; pero sí puedo afirmar que no ha existido en nuestro país una
clase dirigente con concepto cabal de su rol, que permitiese la formación
de la conciencia nacional en materia económica.5
O sea: no ha existido una burguesía que rompiera la condena de ser el granero
de la economía británica, que reinvirtiera sus ganancias agropecuarias en la
industria e imaginara un capitalismo no dependiente.
En septiembre de 1948 se trata en la Cámara la disolución de la Corporación
de Transportes. Consecuencia de los compromisos asumidos por el gobierno
de Justo después del Pacto Roca-Runciman, el 30 de septiembre de 1936 se
había aprobado la ley que creó la Corporación de Transportes, un monopolio
controlado por empresas británicas. Las finanzas de la Corporación siempre
5
Diario de sesiones, tomo viii, 5 de diciembre de 1946, p. 36; reproducido en Duhalde, 2007: 100.
69
Daniel Sorín
arrojaron un déficit importante, números en rojo que una y otra vez fueron
salvados por el Estado.
En su discurso, Cooke muestra el mecanismo de la dependencia. Orador
de consignas poéticas y feroces, en un momento analiza el período que va de
1929 a 1933, años en los que se produjo un extraordinario deterioro del precio
de los productos argentinos. Comparados los precios del 29 con los del 33, el
quintal de trigo baja de 9,75 a 5 pesos, el de maíz de 8,1 a 4 pesos, el kilogramo
de carne de 32 centavos a 14 centavos. Lo que equivale a una merma de por lo
menos el 50%. Para comprar un gramo de oro se pasó de 6 kilos de carne a 23.
Pero la dependencia no solamente recorre el camino del deterioro de los
términos de intercambio. Cooke ejemplifica: entre 1857 y 1876 se contrataron
empréstitos en el exterior por 20 millones de libras esterlinas sin tener ningún
objeto determinado. Un mensaje del Ejecutivo de 1872 reconoce un empréstito
británico que se iría recibiendo en cuotas, pero –explica Cooke– eso no tenía
importancia porque no había en qué gastarlo. En 1880 el país debía más de seis
millones de pesos oro, en 1885 –cinco años después– 44 millones: siete veces
más. Cooke se pregunta si en ese período de aumento extraordinario de la
deuda pública había disminuido la capacidad productiva. Y se contesta que
no, porque en 1880 se exportaba 19.000 toneladas de cereales y en el 85 ¡casi
veinte veces más! Es decir, mientras la producción aumentaba, “el país se iba
endeudando por medio de empréstitos onerosos e innecesarios”.6 Como no hay
nada mejor que el enemigo nos dé la razón, Cooke trae al recinto la dramática
frase de José Terry:7 “La historia financiera argentina es la historia de sus déficits
y la manera de enjugarlos”.
Luego hace un notable análisis del avance de Estados Unidos en Sudamérica
después de la Gran Guerra (1914-1918).
Se había producido algo inusitado, los Estados Unidos, que en 1914 debía
3700 millones de dólares, después de la guerra, en 1919, tenía, en cambio, un
saldo a favor de 3000 millones (sin contar las deudas de guerra). La Argentina,
que vivía bajo el dominio del Reino Unido, fue de repente convulsionada por
la entrada de Estados Unidos, lo que alarmó a Londres.
Los capitales estadounidenses –que se dedicaron a manufacturas, servicios
públicos, industrias extractivas, petróleo y sociedades agrarias– intentaron
Diario de sesiones, tomo vi, 1948, p. 4864.
6
José A. Terry (1846-1910), abogado y financista, ministro de Hacienda durante las presidencias
7
de Sáenz Peña, Roca y Quintana.
70
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
destruir el dispositivo que había montado Londres para su comercio de carnes
e instalaron frigoríficos.
Algunos de los servidores de las empresas inglesas decidieron hacer sus
apuestas al nuevo competidor y rápidamente Estados Unidos tuvo también
sus hombres de influencia en este país, dando origen a la lucha imperialis-
ta: Inglaterra contra Estados Unidos; el carbón contra el petróleo; el riel
(ferrocarril, tranvía, subterráneo) contra el vehículo automotor.
Se produce la revolución del 30. Yrigoyen había combatido a ambos im-
perialismos; pero evidentemente había sido muy minado en sus esfuerzos,
porque no bien intentó un banco central con privilegio estatal, porque
no bien vetó la ley que entregaba nuestros ferrocarriles a una corporación
mixta con predominio de capital extranjero, lógicamente se le llamó, como
es de rigor en estos casos, demagogo, incapaz, deshonesto.8
Cooke se muestra contrario a la idea de que el golpe de Uriburu fue un complot
norteamericano. Prefiere entenderlo como la consecuencia de contradicciones
de la política interna con un apoyo “tangencial” norteamericano. Y hace bien
en opinar de tal modo. El golpe del 30 fue consecuencia de que el conjunto
del sistema productivo argentino crujiera hasta el derrumbe. Los ingresos por
exportaciones agropecuarias se redujeron a la tercera parte por la crisis inter-
nacional: el país del centenario había muerto. El proceso iniciado en 1880
culminaba catastróficamente en 1930.
“Entones Inglaterra juega su carta al candidato de la normalidad constitu-
cional, el general Justo. Y éste llega al poder.”9
En 1932 se firmó el pacto de Ottawa, que jerarquizó el intercambio co-
mercial dentro de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth)
y que desechaba a los de afuera. El pacto inicia una época de proteccionismo
británico. Dice Cooke:
Cunde el pánico entre la clase dirigente argentina que no sabe a quién
encomendarse, y en vez de armar dispositivos de defensa, en lugar de poner
en juego algunos de los tantos recursos que tiene este país, solamente busca
un entendimiento a toda costa.
Repitamos: en vez de armar dispositivos de defensa, en lugar de poner en
juego algunos de los tantos recursos que tiene este país, solamente busca
un entendimiento a toda costa.
8
Diario de sesiones, tomo VI, 1948, p. 4864.
9
Ídem.
71
Daniel Sorín
¿Qué hizo la Argentina? Mandó a Inglaterra una delegación a firmar un
pacto. [...] En ese momento un diputado inglés dice en el parlamento que
la República Argentina era prácticamente una colonia económica y que le
convenía incorporarse abiertamente al Imperio Británico.
Donde quiera que encontremos a los grandes terratenientes argentinos hallare-
mos al imperio, no son lo mismo, pero siempre fueron un buen matrimonio.
Como ha definido con notable precisión Alejandro Horowicz:
Allí reposa condensada en una sola frase la tragedia de la historia argentina:
los terratenientes son su clase nacional. Son suficientemente nacionales
para impedir que la sociedad argentina constituya un enclave colonial, pero
no son lo suficientemente nacionales para impulsar un país independiente
(2011: 17).
El dilema de la deuda británica
En 1949 se realiza en Mendoza el Primer Congreso de Filosofía en el que Juan
Perón presenta La comunidad organizada. En el apartado 13, “Superación de la
lucha de clases por la colaboración social y la dignificación humana”, asegura
que en el mundo gana terreno la colaboración social y que la lucha de clases
es una rémora del pasado.
La colaboración social tenía cifras: ese año los trabajadores habían alcan-
zado el 53% del ingreso nacional. Claro que hechos posteriores aquí y en el
mundo demuestran, sin el menor atisbo de duda, que la afirmación del general
era equivocada.
Nos preguntábamos antes si pudo la Argentina haber hecho con sus reservas
más de lo que hizo, más que el plan de nacionalizaciones.
Para desarrollarse, la economía argentina necesitaba materias primas, bie-
nes de capital y manufacturas que solamente podía proveer Estados Unidos.
El problema radicaba en que el país ofrecía a cambio productos agropecuarios
que a la Unión le sobraban. El Reino Unido sí necesitaba los productos argen-
tinos, pero no podía dar a cambio lo que la economía argentina carecía. La
solución era convertir las libras que el león británico debía en dólares y gastarlos en
importaciones norteamericanas.
En 1946 el país disponía de 1100 millones de dólares de reservas. Las
reservas comenzaron a bajar en el 48, hacia fines de ese año apenas llegaban a
258, y, para 1950, ya no quedaba nada (Horowicz, 2011: 120).
72
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
En febrero del 48 se firmó el pacto Andes, que establecía el pago de los
ferrocarriles británicos con las exportaciones de ese año y la liberación de los
saldos bloqueados en Londres, aunque no su convertibilidad en otras divisas. Se
pagaba con dinero efectivo y reservas inconvertibles. Las libras se consumieron
por dos razones: los precios de las materias primas bajaron (el Reino desem-
polvó el peligro de la aftosa y amenazó reemplazar los productos argentinos
con similares de Australia y Nueva Zelanda) y los precios de las manufacturas
inglesas aumentaron.
Otra vez, como siempre.
Mientras había, el gobierno invirtió las reservas en nacionalizaciones. Casi
dos tercios (645 millones de dólares) fueron para la compra de los ferrocarriles,
95 millones a la nacionalización de las compañías de teléfonos –la itt y la River
Plate Telephone Company– y el resto a repatriar empréstitos.
Ahora bien, ¿qué había detrás de los ferrocarriles?
La nacionalización de los ferrocarriles beneficiaba a los terratenientes y a
los industriales, pero de distinta manera y con diferente volumen. Por un lado,
los ferrocarriles determinaban la renta agraria: su nacionalización servía a los
terratenientes porque el déficit del ferrocarril era una forma de subvencionar
su renta.
Por otro lado, los industriales podían ampliar su mercado interno a través
del ferrocarril, lo que no estaba mal, nada mal, pero equivalía a mucho menos
que la tajada de los terratenientes. Para los industriales, lo mejor hubiera sido
que la compra no se hiciera con divisas, ya que la industria las requería para
comprar insumos y bienes de capital en el extranjero.
Perón, por su parte, no tenía en la mira favorecer a los terratenientes, pero
tampoco debilitarlos.
Es un hecho que el gobierno no dedicó las reservas al Plan Quinquenal.
Es un hecho que cedió ante los británicos comprando lo que Miranda había
llamado poco antes “hierro viejo”, y es un hecho que lo llevó a cabo con dinero
efectivo y reservas inservibles para la industria. ¿Por qué hizo eso un gobierno
que se decía industrialista? Por no lesionar los intereses terratenientes en el
marco y los límites de su bonapartismo.
Imaginemos una interesante ucronía. No importa para el caso que la juz-
guemos viable o imposible, lo que buscamos a través de ella es acercarnos a la
riqueza del drama argentino. Conjeturemos que el peronismo en el gobierno
ensaya una reforma agraria. No una reforma agraria socialista –ya que hablamos
de peronismo– sino una reforma agraria que, sin ser anticapitalista, sí fuera
antimonopólica. Imaginemos una reforma agraria con reinversión compulsiva
73
Daniel Sorín
del pago por las expropiaciones en el sector industrial y, secundariamente, en el
financiero. Hubiera significado la conversión de la burguesía terrateniente en
burguesía industrial.
Para tal ardid hubo un momento de oro para llevarla a cabo: el primer día de
gobierno, el 4 de junio de 1946. Cuando el frente popular estaba consolidado y
la reacción había perdido sus cartas. Era, por otra parte, absolutamente coherente
con el deseo norteamericano para con la deuda del Reino Unido.
Pero, para llevar adelante esta reforma agraria y destruir las bases del poder
oligárquico, el “frente del 45” hubiera tenido que ser dirigido por una clase
genéticamente antiimperialista, la misma que era su socio más revulsivo.
Pero nunca sucede lo que no pasa. Con precios bajos y sin reservas, el gobierno
eyectó a Miranda. Su reemplazante, Gómez Morales, sería otra cosa: la aproxima-
ción a Estados Unidos, que era lo que quería buena parte de las clases dominantes.
El gobierno del general se dio a hacer posible ese acercamiento. Pero ponga-
mos las cosas en el lugar correcto: se trataba de un acercamiento en resistencia,
digamos: una subordinación con dignidad. No de un acatamiento sin condi-
ciones, no la cobardía infame de rifar el futuro y la viabilidad misma del país,
como había sido el pacto Roca-Runciman y como serían décadas después las
“relaciones carnales” del gobierno de Carlos Menem.
No obstante, para ese acercamiento, hombres como Cooke no eran necesa-
rios; más aún, serían un obstáculo. El gobierno actuó como si las tres banderas
peronistas empezaran a ser un obstáculo para su supervivencia. John William
Cooke, el orador brillante, el intelectual de la bancada peronista, no tuvo lugar
en las listas de candidatos para las próximas elecciones. Su diputación terminó
en 1952.
De Frente
Cooke permanece ausente de cargos. Nada más aparece en la Facultad de De-
recho para dictar sus cátedras de Economía Política y Derecho Constitucional,
en alguna reunión y en mesas de póquer. Se ha especulado sobre las razones
del alejamiento de tamaño cuadro político. Parece ilógico que su exilio se deba
a no querer pelearse con la corte de obsecuentes, como le había confesado a
Evita. No se alejó por no pelearse con los “burócratas”; esa no es la actitud de
un político. Menos de alguien como él, que sabe que la política abomina el
vacío, que alguien ocupa, siempre, el espacio baldío.
No. Está fuera por decisión de otros. Porque no es útil para lo que viene.
Está fuera porque no es confiable y no es confiable porque no se deja manejar.
74
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
Está fuera porque algunos adulones condicionaron a Perón. O porque no es
confiable para el propio Perón.
Cooke no hace nada, salvo viajar a Viena, donde participa del Tercer Con-
greso Mundial de la Federación Sindical Mundial. Y así siguió, ausente, hasta
la última semana de 1953 cuando sale el número cero de un semanario que lo
pondría nuevamente en circulación: De Frente.
De Frente se prolongó durante noventa y nueve números, hasta que la tiranía
libertadora lo censuró. Cubrió la actualidad política nacional, pero mantuvo
especialísima atención en los temas internacionales. Era la época de la Guerra
Fría, tiempos de la “tercera posición” (ni yanquis ni marxistas).
El semanario –que se proclamaría “testigo insobornable de la realidad
mundial”– incluyó una amplia sección cultural con críticas de libros, teatro,
cine, artes plásticas y radio. Cubrió deportes, con una atención especial en el
ajedrez –que transcurría su momento más glorioso en el país– y el boxeo –in-
cluida una campaña para “humanizarlo”–. Sociedad patriarcal aquella, tenían
su lugar los “temas de la mujer”, que no pasaban de la belleza y el hogar. Y
también el derrotero de los astros y sus predicciones.
Se reiteraron en sus páginas notas sobre la usura, la crisis eléctrica, los
estafadores de toda laya, las mentiras de las agencias de noticias y análisis his-
tóricos de color revisionista. Sus notas nunca tuvieron firma, ni figuraron sus
responsables, con la sola excepción del número 85 del 31 de octubre de 1955,
en que anotició la detención de su director, “el doctor John W. Cooke”.
De Frente es de relevancia al momento de recorrer los últimos veinte meses
del primer peronismo. Conservó hasta el golpe una engañosa apariencia de
moderación; moderación para criticar desvíos, limitaciones, acuerdos y éxitos
gubernamentales, y la independencia para llevar adelante una cruzada antibu-
rocrática. Sobre esto tengamos en cuenta que en la Argentina y en política, la
palabra “burocracia” no se refiere a los servidores públicos ni a la administración
ineficiente ni al papeleo. La palabra “burocracia”, en la política argentina, está
ubicada en amorosa vecindad con el término “traición”. Tomaremos los temas
más importantes, recorte que desde ya asumimos discutible.
Petróleo, siempre el petróleo
En 1953 la producción de crudo está en cuatro millones y medio de metros
cúbicos por año, aproximadamente el 35% del consumo del país, lo demás
se importa desde Irán y Venezuela. Sin petróleo no hay industria y para pro-
ducir petróleo hacen falta inmensos capitales. El país puede producirlos si a
75
Daniel Sorín
ello se dedicara la renta agraria, pero ese no era el plan. Corre 1954, el déficit
energético drena de manera dramática las escasas divisas: una de cuatro está
dedicada a importar petróleo, como reconoció el presidente en su discurso ante
el Congreso el 1° de Mayo.
Con motivo de la ley de radicación de capitales, la oposición acusa al go-
bierno de un cambio copernicano en su política, una mudanza que promueve la
entrega de ypf a la Standard Oil y la infame renuncia a las riquezas del subsuelo.
De Frente niega esto. Argumenta que el artículo 40 de la Constitución decla-
ra propiedad inalienable de la nación los minerales, caídas de agua, yacimientos
de petróleo, carbón y gas, y las demás fuentes naturales de energía. Y sigue:
El debate puede ser entablado sobre la conveniencia o no de que su
extracción se realice a través de compañías nacionales, compañías extran-
jeras o empresas mixtas creadas para el fin específico de traer a nivel del
consumo nacional el oro negro que reposa en el subsuelo argentino. Pero
hay un debate imposible. Y este es, precisamente, el ángulo desde el que
analiza el problema […]. El que pasa por alto que, en el peor de los casos,
la extracción de nuestro petróleo por empresas extranjeras con bienes de
capital radicados en nuestro país, siempre costará menos que el flete que se
paga ahora por su transporte de Curaçao o Aruba al puerto de la Capital.10
Para completar, veamos una nota sobre la radicación de capitales:11
La verdad es que los capitales no son ni buenos ni malos. Son sencilla y
llanamente “capital”, vale decir, un elemento de la producción, necesario
para que la riqueza colectiva rebase el ámbito de lo potencial para asumir
formas tangibles y comprobables.
El problema, pues, no reside en el capital en sí, sino en los intereses que
exige para radicarse. Si este interés es meramente económico, la cuestión se
reduce al análisis de la tasa exigida. Si el interés es político, el capital que lo
exige deja de ser un instrumento de trabajo y del desarrollo económico del
país que lo acepta para transformarse en un vehículo de penetración que
niega la independencia y la soberanía nacional y, por ende, los derechos
económicos de la ciudadanía y del trabajo.
10
De Frente, Nº 0, 25 de diciembre de 1953, “¿Gana el país con la radicación de capitales
petroleros?”.
11
De Frente, Nº 1, 1° de marzo de 1954, “Radicación de capitales”.
76
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
En medio de un clima político de emergencia, con el golpe ya en marcha, De
Frente vuelve sobre el tema durante el fatídico 1955.12
Los partidos opositores, por ejemplo, acusados en 1946 de entendimiento
con consorcios foráneos, devuelven ahora el dardo y contraacusan al oficia-
lismo del mismo pecado. Éste, en su descargo, recuerda las imputaciones
de 12 años atrás. Desde luego que esta defensa es simbólica: el entreguismo
pasado no justificaría en ningún caso otro entreguismo.
Alfredo Gómez Morales intentó refutar estas aprehensiones asegurando que la
concesión no significaba cesión de soberanía y que ypf aumentaría su propia
producción. Pero De Frente le contesta que dos aspectos esenciales no fueron
suficientemente explicados por él: en qué manera “La California Argentina”
solucionaría efectivamente el problema energético, y la dependencia del Estado
argentino al dictamen de la justicia norteamericana en el caso de conflicto con
la empresa petrolera.
Y resume: “Tal como están planteadas las cosas ahora, es evidente que
el proyecto de contrato [...] es susceptible de todas las modificaciones necesarias
para encuadrarlo dentro de la letra y del espíritu del artículo 40 de la Constitución
Nacional” (el destacado es mío).
Queda claro que –para disgusto de los que solo admiten dos posiciones
fijas, como si la realidad fuera un sistema binario– Cooke no se opone a la
participación de capital extranjero en los proyectos petroleros siempre que esa
participación fuese compatible con el artículo 40 de la Constitución. Es decir,
siempre que no enajene la riqueza y el futuro de la nación. Y, además, plantea
el problema de la sesión de soberanía jurídica que, en definitiva, determina quién
tiene la última palabra en caso de conflicto. No lo dice con todas las letras –no
puede o cree que no debe, pues hay un golpe en marcha–, pero Cooke está
en contra, no de la participación de la California, sino de su participación en
esas condiciones.
Con Orión, “Chésterfield” y “bote” la vida resultaba distinta
El bueno del diccionario nos ofrece cuatro acepciones de la palabra burocracia.
Uno: Organización regulada por normas que establecen un orden racional
para distribuir y gestionar los asuntos que le son propios. Dos: Conjunto de
los servidores públicos. Tres: Influencia excesiva de los funcionarios en los
12
De Frente, Nº 75, 15 de agosto de 1955, “Luces y sombras en el problema petrolero”.
77
Daniel Sorín
asuntos públicos. Cuatro: Administración ineficiente a causa del papeleo, la
rigidez y las formalidades superfluas. Pero, como dijimos, en la Argentina y
en política, la palabra “burócratas” está ubicada en amorosa vecindad con el
término “traidores”.
Los burócratas son para Cooke los adulones que fingen estar con el pue-
blo, pero operan en su contra. Dentro de unos años, en 1966, en su Informe
a las bases, definirá de manera precisa lo burocrático –no específicamente lo
burocrático sindical, sino lo burocrático en general– como un estilo que opera
con los mismos valores que el adversario. Es decir, como un falso adversario.
Hay en De Frente una nota esclarecedora, que ilumina el tema de los burócratas
sindicales, con el título de “Quiénes facilitan la infiltración comunista”.13
La realidad argentina en cuanto se refiere a la cuestión comunista, señala
dos conclusiones probadas que es imprescindible tener en cuenta. Una
revela que en nuestro país no hay peligro comunista en la extensión y
profundidad que se advierte en otros países. Aquí, ni en número ni en
calidad puede hablarse con propiedad de fuerza o potencial comunista.
Hay, sí, grupos homogéneos y dinámicos, preferentemente distribuidos en
ciertos sectores intelectuales y en determinados centros obreros.
La otra conclusión es que estos grupos comunistas aparecen allí donde
se origina un conflicto o una perturbación social. Generalmente después
del problema. Esto es muy importante porque revela una modalidad
auténticamente nuestra. Cierta vivacidad mental característica del traba-
jador argentino anula invariablemente la dialéctica específica del agitador
comunista. El obrero argentino lo intuye en cuanto comienza a hablar.
De ahí que, en tiempos normales, la demagogia comunista aunque esté
dentro de una organización sindical no consiga aquí los éxitos que ha
tenido en otras partes.
El panorama cambia radicalmente cuando se originan problemas o per-
turbaciones y la acción de los dirigentes sindicales debe ayudar a la natural
alergia anticomunista de los obreros. Esto nos lleva a una de las raíces más
profundas de esta espinosa cuestión de la infiltración comunista en los
gremios (el destacado es del original.)
Para Cooke, no hay peligro comunista por tres razones. Uno: el obrero argentino
es naturalmente anticomunista porque es naturalmente peronista (ni yanquis
ni marxistas). Dos: el obrero argentino es tan inteligente que no se deja enga-
13
De Frente, Nº 15, 17 de junio de 1954, “Quiénes facilitan la infiltración comunista”.
78
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
ñar con la demagogia comunista. Y tres: el gobierno peronista soluciona los
conflictos antes de que estos estallen.
Pero, como a veces la Comunidad Organizada falla, se produce el conflicto
social. Entonces es el momento de los dirigentes sindicales, que deben impulsar
los reclamos de su clase, pero que defeccionan y entonces se produce la “infil-
tración” comunista en los gremios. Sigamos con De Frente:
En los últimos años se ha advertido una peligrosa inclinación en muchos
dirigentes sindicales. A poco de llegar a las comisiones directivas, saltando
de fábricas y talleres, el flamante dirigente “descubría” un nuevo mundo.
Generalmente, el descubrimiento comenzaba con la compra de un som-
brero Orión. Luego con los cigarrillos rubios, por supuesto extranjeros.
Después, el automóvil, cuanto más largo, mejor.
Con Orión, “Chésterfield” y “bote” la vida resultaba distinta, la fábrica
lejana, y sus compañeros obreros, con sus problemas diarios, una cosa
realmente molesta. A medida que se internaba en el reconocimiento de la
nueva vida (repitiendo casi a la letra la trayectoria de Esthercita, la pebeta
más linda de Chiclana), perdía el poco o mucho arraigo que había tenido
en la masa. Se abría un abismo entre el señor dirigente y sus compañeros
obreros. Éstos debían hacer antesala para verlo a aquél, mientras el señor
dirigente, a su vez, hacía antesala en las oficinas públicas persiguiendo las
cosas más dispares, desde un negocio personal hasta una solución para algún
problema gremial que, desconectado de la masa, no se atrevía a encarar.
Así se fue formando la original casta de “dirigentes que no dirigen”. Esto ha
ocurrido con muchos secretarios generales. Algunos ya han sido barridos
por su gremio. Otros todavía están al “frente”, como puede estar el obelisco
al frente de una manifestación (el destacado es del original).
Notable fragmento que en pocas palabras describe la génesis de la burocracia
sindical.
Mientras los dirigentes traicionaban a sus compañeros, los comunistas se
encontraron dueños del campo. Conviene reparar un poco en su técnica.
Los grupos comunistas, con el gremio en orden y sin problemas, no tenían
nada que hacer. Pero como ellos tienen una gimnasia doctrinaria, una
misión prefijada y una gran paciencia para cumplirla, se mantuvieron –se
mantienen– tan ágiles y activos como puede estarlo un profesional que
ejerce su profesión. El comunista es el hombre que va a todas las asambleas,
que se queda diez horas cuando los obreros comunes se cansan o deben
79
Daniel Sorín
irse a trabajar; que está en todos los problemas y las pequeñas cuestiones,
que se informa e informa, que va todos los días al sindicato, que conoce
al dedillo las ausencias y omisiones de los dirigentes y las causas de esas
ausencias y omisiones; que casi siempre, además, trabaja en la fábrica o en
el taller y está, por eso, dentro de la masa y en el vértice de los problemas.
Es fácil descubrir una solapada admiración, ¡ya los quisiera peronistas!
Cuando estalla el conflicto y los dirigentes no aparecen, o se van, o no
encuentran soluciones, llega la hora del paciente esperador comunista.
Y entonces se descubre la infiltración en los sindicatos. Así se explica que
cuatro comunistas puedan tener en jaque, en un momento dado, a un
gremio de muchos miles.
Tiempo de resistencia
Para acercarse a la resistencia peronista hay que entender al gorilaje.
En la complejidad de la realidad habitan múltiples identidades. Somos
musulmanes, católicos, judíos, ateos, agnósticos; somos heterosexuales, ho-
mosexuales, bisexuales; simpatizamos con Boca, River, Independiente; somos
de izquierda, de derecha, quizá hasta caídos del catre. De entre todas estas
identidades surge una colectiva, para algunos una construcción artificial, que
toma una identidad de entre todas para unificar y dar sentido. Quizá la iden-
tidad más influyente en nuestra época sea la identidad nacional, la que otorga
legitimidad al Estado-nación. (Tan fuerte es esa identidad que los trabajadores
alemanes e italianos lucharon, matando y muriendo en oscuras guerras, contra
los trabajadores franceses y británicos defendiendo no sus intereses, sino los de
las grandes burguesías de sus países.)
Las identidades colectivas no se definen por lo que tiene en común, por
el “nosotros” de quienes la comparten; sino más bien por la alteridad, por no
participar del “ellos”, de los que no la integran, de los que están afuera. En
política esto suele ser muy claro: bárbaros eran los no civilizados.
La resistencia peronista nada tuvo de discurso único, lo que delimitó la
resistencia fue el concepto de “gorila”. El gorila, como alteridad, como el “ellos”,
le dio sentido a la resistencia. Por eso pudieron estar juntos John William Cooke,
César Marcos y Guillermo Patricio Kelly. La resistencia fue la construcción de
una identidad basada en la lucha contra el atropello gorila, su resultado fue un
80
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
“nosotros”, una respuesta posible a la exclusión obrera. Ese “nosotros” adquirió
rictus estéticos que transformaron el insulto peyorativo del enemigo en orgullo
propio, en el orgullo de ser, por ejemplo, un cabecita negra (o décadas después
la Agrupación Nacional Putos Peronistas).
La resistencia fue un proceso espontáneo. Incluyó la bomba casera, el
“caño”, el sabotaje cotidiano y anónimo a la producción industrial, las pintadas
en los muros, el “Perón vuelve”. Fue el grito de la clase obrera y, también, ese
delicado acto de guardar la llama del odio al “ellos”. Un shabat en el que Dios
era Perón, día tras día en cocinas proletarias, milongas barriales, tablones de
estadios. En todas las ocasiones en que el anonimato hiciera posible mostrar la
acogedora y colectiva llama del rencor.
Mao Zedong14 dijo en alguna oportunidad que la victoria es la sucesión dia-
léctica de fracasos. Es decir, que es imprescindible enhebrar las derrotas, aprender
de ellas. Tan notable fue la resistencia obrera desde el 56 al 60, que es necesario
que no perdure solo como un recuerdo emocional. Eso sería un crimen. No es que
veamos solamente sus límites, sus debilidades e impotencias, sino que debemos
aprender en qué falló o por qué no alcanzó. Y no por un problema de justicia
histórica: es el presente el que exige enhebrar las cuentas en el hilo de la historia.
Hombre de ideas claras como pocos, el contraalmirante Arturo Rial sin-
tetizó aquel “ellos” con extrema transparencia: “Sepan ustedes –le dijo a un
grupo de sindicalistas que esperaba audiencia en la Rosada– que la Revolución
Libertadora se hizo para que en este bendito país el hijo del barrendero muera
barrendero” (Gazzera y Ceresole, 1970: 64).15
El golpe de septiembre se vio venir. Para cualquiera que no lo cegara el
miedo o la pasión era del todo previsible. Incluso más: después del bombardeo
sobre la Plaza de Mayo era de esperar su extrema crueldad.
Ahora bien, para todo golpe de Estado son necesarias una justificación y
la aprobación activa o tácita de una considerable porción de los golpeados.
Pero, para que un golpe adquiera formas tan desmesuras, para ser tan salvaje
y ejemplarizador, para que pueda proponerse magnos objetivos –como el de
asegurar que el hijo del barrendero muera barrendero– es necesario un enemigo
inerme. Esa fue la razón de su crueldad, anestesiar con inmoderada violencia
al enemigo, atontarlo, impedirle volver en sí.
14
En este trabajo usamos el deletreo Han, normalmente llamado pinyin, el sistema de trans-
cripción fonética del chino mandarín reconocido como oficial en la República Popular China.
Por eso hemos escrito Mao Zedong y no Mao Tse-Tung.
15
También en Ernesto Sabato, 1956: 40-47 (citado en Altamirano, 2001: 136-140).
81
Daniel Sorín
Dicen que, durante la víspera, Arturo Jauretche le informó a Cooke que el
golpe era inminente. Dicen que la noche del 15 fueron a ver al ministro Albrieu
y que este, después de hacer unos llamados, supo tranquilizarlos. Puede que
sí, puede que no. De lo que no existen dudas es que horas después, durante la
madrugada, un general retirado –o sea un general sin mando de tropa alguna–
entró clandestinamente en la Escuela de Artillería de Córdoba sorprendiendo
en la cama a su comandante, el coronel Turconi. Siete días después ese general
asumía como presidente.
Desde el punto de vista militar, Lonardi no podía tener éxito. Pero un
golpe de Estado es una cuestión política y secundariamente militar. Lo que
sucedió es que el gobierno peronista implotó. Más que victoria de Lonardi fue
la decisión de Perón de no presentar batalla. Lo que debía ser –dada la extrema
disparidad entre las fuerzas rebeldes y las gubernamentales– una rápida represión
sin balacera, se transformó en otra cosa. Algunos piensan que Perón no peleó
porque no quiso cargar en su conciencia con un millón de muertos. Nadie
puede saberlo: la conciencia de un individuo es inescrutable. Pero fuera del
individuo, en la sociedad, viendo las líneas que dibujan intereses y poderes, lo
que parece evidente es que las clases dominantes buscaban distribuir de otra manera
la riqueza producida y acelerar las relaciones de dependencia con los Estados Unidos.
Para lo cual necesitaban romper el acuerdo policlasista y nacional al que obligaba
el peronismo. Por eso se hizo el golpe. La “defección” del líder no fue más que
su reconocimiento de que el frente que lo sostenía se había roto. Como Juan
Perón no iba a reprimir a su base social, la clase obrera, pero tampoco estaba
dispuesto a enfrentar a las clases dominantes, no le quedó otra que el exilio.
El golpe del 55 no solo fue antiperonista sino antiobrero. Especialmente
antiobrero. Toda vez que su misión fue desalojar a los trabajadores de cualquier
posición de poder. Más aún: fue antiperonista porque fue antiobrero. Dicho de
otra manera: la Libertadora llegó para resolver dos problemas: la clase obrera
y Perón. En ese orden.
Trabajar para la insurrección
La clase obrera no se queda cruzada de brazos, resiste con todas sus fuerzas pese
a su fragmentada dirección, la precarización del salario y su desalojo político.
En 1956 las huelgas alcanzan a 5 millones de días laborables por trabajador,
en 1957 baja a 3,6 millones, pero en el 58 a ascienden 6 millones y en 1959
llegan a 11 millones de días laborables por trabajador (Horowicz, 2011: 197).
82
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
Mientras tanto, ¿qué hace el líder? Descolgados todos los retratos del “ti-
rano prófugo” de cuanta oficina pública había en el país, y sacados los escudos
justicialistas de las solapas de todos los sacos argentinos, en enero de 1956,
desde su exilio en Panamá, Perón baja sus “Directivas generales para todos los
peronistas”. El justicialismo, dice, es una revolución social y los peronistas han
cometido el error de creer que las revoluciones sociales pueden ser incruentas.
Así que ahora van a remediar el error.
Optimista en el calor caribeño, Juan Perón piensa: lo que no mata, forta-
lece. Así, resulta que la tiranía era, ni más ni menos, lo que se necesitaba para
salvar la revolución justicialista. Lo que le daría vigor y la purificaría. “Es una
‘poda’ –escribe– que nos devolverá la dinámica revolucionaria”.
Frente al fracaso de las “formas incruentas ensayadas”, los peronistas deben
prepararse para una “revolución social de proporciones definitivas”, que realizará
sus objetivos mediante la lucha activa hasta el total desarme de la reacción y su
extinción absoluta. La tarea de la hora es organizarse en la clandestinidad y el
sistema utilizado será el celular. Como las masas han superado a los antiguos
dirigentes, es la hora de los nuevos. Nuevos dirigentes surgidos espontáneamente
cuya autoridad se reafirmará en los hechos. Dicho de otra manera: Perón repudia
a los que hablan con la dictadura, repudia a los que hablan con Bengoa, y repu-
dia a los que negocian puestos en los gremios a costa de la lucha de las masas.
En caso de elecciones, si el Partido Peronista es declarado fuera de la ley, con
orgullo los peronistas votarán en blanco o en una boleta que diga “asesinos”.
La orden es crear y mantener el contacto.
Nadie que sea peronista debe permanecer aislado y debe agotar todos los
medios para unirse al Movimiento. [...] Trabajar incansablemente por la causa
común es la misión de cada peronista en esta hora de prueba: cada CASA
debe ser una UNIDAD BÁSICA SECRETA y cada peronista un jefe y un
vigía del Movimiento (Duhalde, 2007b: 652-653, destacado en el original).
La única línea posible es la intransigencia, porque es la única línea que conecta
al líder con la resistencia de la clase obrera. La clase obrera vuelve a ser, como
en el 17 de Octubre, la garantía de vida del peronismo.
Perón también divulga las “Instrucciones generales para los dirigentes pero-
nistas” del Comando Superior Peronista. El imperativo de la hora es terminar
con la dictadura. Para ello, el Comando Superior ordena una lucha sin cuartel
en la que cada uno hace lo que puede para causarle daño a la dictadura. “Todo
83
Daniel Sorín
sirve: desde matar a un ‘gorila’ por cualquier medio, hasta murmurar en rueda
de amigos”. Cada uno debe aguzar el ingenio, por ejemplo:
... se puede trabajar aun cuando se duerme, si se tiene la precaución de
dejar la canilla abierta. […] Cuando la resistencia civil haya desgastado al
gobierno y la organización clandestina del pueblo esté pronta, se desatará
la huelga general revolucionaria, cesando toda actividad en el país hasta que
la canalla dictatorial abandone el gobierno. El paro general revolucionario
presupone un trabajo intenso para producirlo y una organización férrea
para mantenerlo, recurriendo a todos los medios. Ningún gobierno pue-
de resistirlo mucho tiempo. Cuando el paro no es firme y total, permite
al gobierno ir “doblando” la resistencia de algunos y, paulatinamente, ir
anulando la resistencia. Por eso la apreciación sobre la oportunidad de la
huelga y la conducción en el propio teatro de operaciones, debe ser realizada
por agentes activos y capaces. Lanzar el paro y fracasar, es perder la batalla.
Sobre esta última idea girará buena parte de las discusiones de la resistencia,
cuándo es el momento de lanzar el paro revolucionario porque, es cierto, fra-
casar en ese paro es perder la batalla. Después habla de la guerra de guerrillas:
Para afirmar el paro general, es menester disponerse a desatar la guerra
de guerrillas. El guerrillero ataca cuando es fuerte y desaparece frente a
fuerzas superiores. Ataca por sorpresa, empleando la astucia. La rapidez
en la movilidad es su característica. La tiranía debe verse atacada por un
enemigo invisible que la golpea por todas partes, sin que ella pueda en-
contrarlo en ninguna. Contando con el apoyo de la población, la guerra
de guerrillas es invencible.
Y finalmente las acciones especiales, la intimidación.
El dominio por el terror es propio de los que temen al terror. La orga-
nización por el gobierno de su cuerpo de “gorilas” ha tenido por objeto
aterrorizar a la población. Estos “gorilas” y los que los mandan son cobardes,
porque sólo los gorilas asesinan a gente indefensa, enemigos vencidos o
prisioneros. Es necesario reaccionar y matarlos. Hay que hacerles sentir
el terror. Es necesario individualizarlos y hacerlos conocer públicamente
por medio de panfletos, señalando el lugar donde viven, para que se les
prepare el fin que merecen. La violencia más grande es la regla. No es sólo
cuestión de patriotismo, sino de defensa propia. Hay que organizarse en
grupos secretos para exterminarlos. Hay que buscar lo efectivo y no lo
84
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
espectacular, recordando que un “gorila” quedará tan muerto mediante
un tiro en la cabeza, como por efecto de un “accidente”.
Termina con una consigna: “El terror como sistema permanente conduce a
la insurrección general”. Firma y ordena: “Cumpla, donde y como pueda, las
presentes instrucciones. Saque copias y hágalas circular”.
La correspondencia entre Perón y Cooke
Gran parte de la resistencia y de la actuación que en ella tendrá John William
Cooke se encuentra en la correspondencia que sostiene con Juan Perón entre
1956 y 1958. Para este trabajo, las referencias y extracción de fragmentos de las
cartas entre ellos corresponde a la edición compilada por Eduardo Luis Duhalde.16
Si fueron o no sinceros, si la correspondencia alberga las enseñanzas del
“oficio del conductor”, es materia opinable. Menos controversial es el periplo
que define, que va desde el punto culminante del 2 de noviembre de 1956, en
que Perón unge a Cooke como su delegado y heredero, hasta el final y absoluto
silencio de un líder ajeno durante los años sesenta.
Queremos agregar que en la correspondencia lo no dicho no fue por casua-
lidad ni pereza, sino por voluntad inteligente y razonada. Y que tal indefinición
lo fue por ambas partes. Porque Cooke prolongó la no explicitación mientras
fue un enclave, y recién propondrá y exigirá definiciones drásticas cuando el
mundo peronista ya tiene a la vista la profundidad de sus diferencias; o sea,
cuando el movimiento lo ubique fuera de los lindes de su territorio ideológico.
Hay que notar que la correspondencia no fue solamente un cambio de
ideas. Un texto de Perón era un documento que Perón sabía que Cooke iba a
usar mostrándolo u ocultándolo. Perón escribió cartas simétricamente opuestas
a otros dirigentes. Entre las que decían blanco y las que decían negro corrían,
paralelas, de norte a sur, otras cartas que nunca hubo escrito: las apócrifas. Lo
que para algunos era la directiva de Perón, para otros no era más que el ardid
mentiroso del supuesto receptor, al que se calificaba de traidor o infiltrado.
La correspondencia entre Perón y Cooke define –dentro de estos límites y
salvedades– a la resistencia, que navegará desde una insurrección sin fecha, pasan-
do por el secreto a voces del pacto con Frondizi, y terminará con el estertor del
levantamiento de Miguel Ángel Iñíguez en la primavera de 1960.
16
John William Cooke, Obras completas, tomo ii, Eduardo L. Duhalde compilador, Buenos
Aires, Colihue, 2007.
85
Daniel Sorín
También puede verse la correspondencia como una multiplicidad de combates,
o como la infinita complejidad del combate entre el peronismo y la oligarquía.
Combate este que encierra, encrucijada inevitable, otro combate: el interno del
peronismo.
La correspondencia, en su primera etapa, concretamente hasta que John Wi-
lliam Cooke entra clandestinamente al país desde Montevideo para dirigir la huelga
del frigorífico Lisandro de la Torre, ajetreará cárceles, exilios y clandestinidades.
Como todos sabemos, correspondió a Cooke la tarea de organizar desde la
cárcel la resistencia espontánea de las masas trabajadoras peronistas. Trece meses
después del golpe, el 2 de noviembre de 1956, Perón lo nombra su representante.
“Sus decisiones –escribe– tienen el mismo valor que las mías”. Y no solo eso, en
caso de su fallecimiento, delega en Cooke el mando del Movimiento. Su heredero.
Fue una explosión en el universo peronista.
Ese universo heterodoxo estaba compuesto por diferentes sectores. Por un lado,
los neoperonistas o peronistas sin Perón: Bramuglia, Saadi y Mercante. Por otro, el
último titular del Consejo Superior, Alejandro Leloir. Estaban las organizaciones
gremiales, con sus viejos dirigentes y con otros nacidos al calor de la lucha. Y por fin
los comandos de la resistencia donde se encuentra Cooke; comandos que pronto,
a su vez, sufrirán la escisión de la línea diamante.
En la correspondencia, Cooke le pedirá incontables veces a Perón que revalide
su designación, que los neoperonistas y el Consejo Superior negaban. Le pide, por
ejemplo, que lo haga en un reportaje público a algún medio brasileño. El líder
nunca lo hizo; más, escribió cartas simétricamente opuestas a otros dirigentes. El
juego de Perón de ser el “padre eterno” con sus bendiciones urbi et orbi multiplicó
la confusión hasta el infinito.
Cooke pedía la ratificación de su jefatura no para saciar su vanidad sino para
que quedase marcado que el rumbo era la intransigencia y no el dialoguismo con
la dictadura proimperialista. En una carta no fechada, pero que supongo escrita
alrededor del 15 de junio de 1957, le dirá:
Un partido como el comunista, por ejemplo, completamente organizado,
disciplinado, y donde las jerarquías están estructuradas perfectamente, puede
permitirse muchísimas piruetas tácticas, y hacer hoy lo contrario de lo que
dijo ayer. Pero un mastodonte como el peronismo debe limitarse a un menor
potencial de maniobras tácticas. El comunismo puede actuar como una ardi-
lla, pero nosotros debemos partir de la base de que somos como un elefante.
86
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
En el Informe General y Plan de Acción, Cooke escribe: “La ‘línea blanda’ es un
monstruo parasitariamente alimentado por el Movimiento. Reconocerla o respetarla
no obedece a ninguna necesidad práctica, a ninguna finalidad positiva”.
Las bendiciones urbi et orbi del padre eterno hicieron que la masa peronista
careciera de dirección.
En política se puede hacer muchas cosas, menos evitar las consecuencias. A
finales de 1957, Perón en Caracas y Cooke en Chile, llegaron en paralelo a la
misma conclusión: en las próximas elecciones la masa peronista no iba a votar en
blanco ni se iba a abstener porque quería sacarse a los milicos de encima. Además,
Frondizi prometía volver a la Constitución del 49 y retomar la política económica
peronista –pero sin corrupción, aclaraba–.
Estaban en un problema.
Perón y Cooke firman el pacto sabiendo que era de imposible cumplimiento,
lo firman porque si Frondizi ganaba con votos peronistas sin la autorización del
líder el futuro tenía el oscuro color de las catástrofes.
El pacto duró lo que podía durar. Frondizi no volvió a la Constitución del
49 sino a la represión con el Plan Conintes. En enero del 59 los obreros de la
carne toman las plantas del frigorífico Lisandro de la Torre que está a punto de
ser privatizado, Cooke no dirige la toma, pero la apoya y es el nexo con las 62
Organizaciones. Frondizi, increíblemente, nombra como negociador al jefe de la
Policía y, poco después, los tanques del ejército entran al frigorífico.
Ernesto Salas (1990) apunta que, si bien se dice que la organización de la insurrec-
ción de Mataderos fue realizada y planificada por Cooke y Borro, esto no es totalmen-
te cierto. Durante la asamblea se hace presente John que, a través de Héctor Tristán,17
17
Héctor Tristán (1918-1993) nació en Salta, fue jugador de fútbol, obrero metalúrgico y
delegado gremial durante el primer peronismo. De origen trotskista, integró el Comando Na-
cional Peronista en la clandestinidad, siendo sobreviviente del levantamiento de Juan José Valle.
Detenido en la Penitenciaría Nacional, sufrió simulacros de fusilamiento. Luego de la toma del
frigorífico Lisandro de la Torre debió exiliarse. A principios de 1962, durante la conferencia de
cancilleres de Punta del Este, le entregó al Che Guevara una copia de la carta que Perón le en-
viaba al presidente Kennedy. De regreso al país, volvió a actuar en la Unión Obrera Metalúrgica
y fue uno de los más tenaces opositores al Lobo Vandor. Intervino en la creación de la Guardia
de Hierro, organización a la que criticó por fusionarse con el Frente Estudiantil Nacional en
vez de hacerlo con Montoneros.
87
Daniel Sorín
les pide a Borro18 y Saavedra19 hablar. La respuesta es negativa. Ellos están con el
Comando Nacional, no el de Cooke sino el de César Marcos, la línea diamante.
Lo que no significa –sigue Salas– que Cooke no haya tenido un papel pro-
tagónico, particularmente respecto de su relación con las 62 Organizaciones,
activando la huelga general.
Cuando la noticia de la entrada de los tanques al frigorífico llega a la reunión
plenaria de las 62 Organizaciones, Augusto Vandor20 mociona un paro general
por tiempo indeterminado. Héctor Saavedra, secretario adjunto del sindicato
dirigido por Sebastián Borro, le dijo a Ernesto Salas que Vandor y los demás
después de aprobar la moción se levantaron sin organizar el paro. Quedaron
los jóvenes como el recordado Jorge di Pascuale,21 y ellos que estaban en el
frigorífico. No hay caso: cuando la burocracia corre por izquierda es que pactó
con la derecha.
El paro, sin organización alguna, comienza a la hora cero del domingo
18 de enero. Frondizi viaja a Estados Unidos y el Ejecutivo queda a cargo de
José María Guido, quien acuartela al Ejército. Los diarios dejan trascender la
posibilidad de aplicar el famoso plan Conintes que posibilita juzgar civiles en
tribunales militares. El domingo es allanado el local central del Partido Co-
munista y secuestrada la edición de La Hora. El lunes 19, los líderes de las 62
Organizaciones son detenidos con Vandor a la cabeza. Según Saavedra, por unos
días presos salvaban la ropa. El martes los detenidos son más de cuatrocientos,
entre ellos Amado Olmos, Eleuterio Cardozo, Felipe Vallese, Susana Valle22 y
John William Cooke. Con el correr de los días el paro general comienza a perder
fuerza, hasta que la noche del 20 de enero las 62 Organizaciones lo levantan.
18
Sebastián Borro (1921-2005), histórico dirigente del peronismo. Delegado sindical desde
muy joven, acompañó a Perón desde el 17 de octubre de 1945. Su etapa de más trascendencia
pública se produjo después del golpe de 1955. Sus compañeros lo eligieron secretario general
del gremio de la carne en diciembre de 1958.
19
Héctor Gabino Saavedra (1931), fue un conspicuo integrante de la resistencia, director de
El Guerrillero.
20
Augusto Timoteo Vandor (Bovril, provincia de Entre Ríos, 1923-Buenos Aires, 1969), dirigente
sindical del gremio metalúrgico. Fue asesinado con cinco disparos en un atentado en su oficina.
21
Jorge Fernando di Pascuale (Buenos Aires, 28 de diciembre de 1930; desaparecido 29 de
diciembre de 1976) fue un dirigente sindical argentino que se destacó como líder del Sindicato
de Farmacia y militante del Peronismo Revolucionario desaparecido por la dictadura terrorista
(1976-1982).
22
Susana Valle, hija del general Juan José Valle.
88
John William Cooke y el peronismo de las tres banderas
Los frondizistas insistirán que hicieron frente a una conspiración golpista
de comunistas, un sector del peronismo, militares y la oligarquía. Acusarán a los
gremialistas duros y a Cooke en especial de conformar una “banda trotskista”.
La burocracia peronista ve la posibilidad de sacarse a un enemigo de enci-
ma, de afianzar su poder dentro del movimiento y le hace el juego al gobierno.
Así que le pide a Perón la cabeza de Cooke.
Y Perón se la entrega.
La clase obrera curará por largos años sus heridas tras la derrota del Lisandro
de la Torre. De aquí en más, John William Cooke solo encontrará su lugar en
los suburbios del movimiento, a extramuros del poder.
Meses después el general se mudaría a Madrid.
Para terminar
Luego del golpe del 55, en las profundidades del abismo, Perón pensó en
la insurrección. Trabajó con todos (con Cooke, con Kelly, con Leloir); pero
fundamentalmente con la izquierda del movimiento que comandaba John
porque los tiempos necesitaban y favorecían a los más combativos. Cuando
fue evidente que la insurrección era imposible, el ala izquierda tuvo menos que
aportar y el juego fue otro.
No podemos estar seguros si Cooke se dio cuenta o pasó por alto esto antes
de proponer el acuerdo con Frondizi. Nuestra especulación es que, sabiendo
que la insurrección inmediata era un delirio de algunos comandos, convencido
de que la masa peronista votaría a Frondizi, y seguro de que este no podría
cumplir el pacto (para asegurarse incluyó las cláusulas más duras), estando como
estaba en un momento de intrépido avance de las luchas obreras, John creyó
que, con la segura defección del radical, los sectores combativos se encontrarían
con mejores perspectivas.
Y fue así hasta la derrota del Lisandro de la Torre. Y no porque fuera una
derrota, no porque la burocracia sindical se saliera con las suyas, sino porque
Perón lo dejó de lado.
Porque le soltó la mano.
Digámoslo: la dura realidad es que su capital político era prebendario del
de Perón. Lo que no es extraño, ya que el liderazgo del general supo eclipsar
a cualquier otro.
¿Qué podía hacer Cooke?
89
Daniel Sorín
Confluencia extraordinaria de la historia, horas antes de la derrota obrera,
fracasada la toma del Lisandro de la Torre, un terremoto de proporciones sa-
cude América: el Movimiento 26 de Julio había derrocado a Fulgencio Batista.
Fuera del movimiento, Cooke fue al único lugar a donde podía ir.
La Revolución cubana –por entonces más antiimperialista que comunista–
lo acoge no sin dudas; allí también recelan del peronismo, lo perciben como una
variante argentina del fascismo italiano. Cooke, con el apoyo del Che, llevará
adelante una impar tarea de reivindicación del movimiento que lo repudia, pero
del que aún se siente parte. Más aún, en los siguientes años tratará de cambiar
la residencia y las apoyaturas políticas del exiliado general. No tuvo éxito.
Pero este escriba cree que no fue el contacto con el socialismo real lo que
volvió a Cooke marxista. Por lo menos no solamente eso. Sino la imposibilidad
del peronismo de las tres banderas de cumplir sus objetivos dentro del movimiento
peronista. O, dicho de otra manera, la imposibilidad del movimiento peronista de
contener dentro de sus límites al peronismo de las tres banderas.
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de la Torre. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina.
90
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Julio César Melon y Darío Pulfer
Introducción
Desde 1955 la proscripción del peronismo es el dato fundamental de la política
argentina. La “Revolución Libertadora” llegó a prohibir toda referencia a los
símbolos peronistas.1 El exilio forzado de Perón, la ilegalización del partido, la
intervención de la cgt y las acciones espontáneas de resistencia generaron el es-
pacio para que algunos actores aspiraran a constituirse en punto de referencia de
las fuerzas dispersas. El “Comando Nacional”, integrado por Raúl Lagomarsino
y César Marcos, se postuló como “heredero” de la intervención partidaria ejer-
cida por John William Cooke en la Capital Federal. Rivales de Alejandro Leloir,
último interventor nacional, los mentores de dicha “organización” extendieron
dicha pretensión a todo el país. Desde ese y otros espacios se elaboraron o se
reprodujeron directivas de Perón, invocando la representatividad del peronismo
proscripto. A partir de noviembre de 1956 apareció una nueva “institución”,
personificada en Cooke, quien luego de ser apresado en octubre de 1955 fue
designado por Perón como su delegado personal y heredero político.2
El contexto
Entre 1955 y 1958 la “resistencia peronista” –un movimiento inorgánico, en
buena medida espontáneo–, señaló una presencia y buscó erosionar al gobierno
1
Decreto-Ley 3855, Boletín Oficial (B.O.), 12/12/1955, D-L 4161/56, B.O. 9/3/1956.
2
Carta de Juan D. Perón a John W. Cooke. 2/11/1956. Correspondencia Perón-Cooke. Buenos
Aires: Granica, 1972: 375. En adelante será citada como C P-C. Cuando esta referencia no esté
indicada se trata de intercambios epistolares inéditos al momento actual. Es probable que haya
existido una designación previa, del mes de marzo de 1956 y que no fuera difundida entonces
ni por Cooke ni por Perón (sugerido por Martínez, 1957: 204, 230).
91
Julio César Melon y Darío Pulfer
militar. Paralelamente se desarrolló un enfrentamiento entre los “herederos del
Partido” más o menos asociados a la figura de su último presidente, Alejandro
Leloir, grupos menores procedentes del antiguo forjismo, del mercantismo, y
postulaciones neoperonistas –todos estos, en general, más “moderados”–, y las
posiciones más duras, sostenidas en las primeras “Directivas” difundidas por el
mencionado “Comando Nacional”3 y luego por los comunicados del “Consejo
Superior”, integrado por Perón y Cooke.
Cooke combate a la “línea blanda”, entre los que contaba a Leloir y Jauretche.
Jauretche publica en El Líder y dirige el efímero El 45, postulando la continuidad
con las viejas autoridades del partido. Recibe también, por causas opuestas, el cues-
tionamiento de sus amigos Marcos y Lagomarsino, que editaban El Guerrillero.
Desde el exilio, Perón dedica buena parte de su jornada a la respuesta de las
muchas cartas que recibe, y genera otras para vincularse con sus partidarios. En
lo que respecta a Cooke estas cartas abundan en referencias a las “instituciones”
que buscan gravitar en la organización del peronismo disperso. La más conocida
de ellas es la Delegación Nacional del Comando Superior, aunque antes fuera
creado el Comando adelantado (1957), y luego apareciera el Comando Táctico
(diciembre de 1957) y la del jefe de la División de Operaciones (julio-agosto
de 1958) hasta llegar a la creación del Consejo Coordinador y Supervisor del
Peronismo (septiembre de 1958). La superposición de funciones entre quienes
integraban o estaban a cargo de dichos organismos solía redundar en el debili-
tamiento o pérdida de centralidad de algunos dirigentes, así como implicaba el
reposicionamiento de otros.
Cooke fue el interlocutor de mayor confianza de Perón entre 1956 y 1958.
El vínculo se sostuvo a través de la correspondencia, de mensajes cifrados en
telegramas, de mensajeros o enviados y de los encuentros personales que se pro-
dujeron en Caracas y Santo Domingo, una vez que el delegado fugara del penal
de Río Gallegos. Debemos tener en cuenta que durante un buen tiempo se trató
de la relación entre un prisionero y un exiliado sin destino fijo, esto es, entre dos
actores importantes que se situaban en los extremos de la marginación política.
También, que lo que se ha publicado de la correspondencia es solo una parte
de la comunicación,4 razón por la cual aquí hemos procedido a reconstruir el
proceso sobre la base de la exhumación de documentación, hasta ahora, inédita.
3
“Directivas generales para todos los peronistas. Enero de 1956. Objetivos, Misión. Directivas
generales. Directivas particulares al Partido Peronista Masculino, Partido Peronista Femenino y
Confederación General del Trabajo” (Baschetti, 1988: 45-49).
4
Así lo aclara Alicia Eguren en la edición del año 1972. En C P-C, t. ii, p. 371.
92
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
En el intercambio Cooke suele presentar “Cuadros de Situación” sobre los que
propone intervenir y en los que pasa revista a distintos actores de la vida política
nacional. Perón responde afirmando líneas de avance, habilitando contactos y
operaciones o advirtiendo respecto de acciones innecesarias o inconvenientes.
En territorio, pues, Cooke era el responsable de un tejido político con una
diversidad de actores en un contexto adverso. En esa construcción va tomando
relevancia ante ciertos actores, como el movimiento obrero, núcleo decisivo del
accionar político y en las tareas de “resistencia” al gobierno que calificaban de
“libertadura”. En su papel, además, mantiene líneas subterráneas de diálogo con
figuras del “neoperonismo”, de la “intransigencia absoluta”, del llamado “forjismo”
y del “mercantismo”.
Esas artes de político realista, conciliador y negociador, parecen remitir a
pliegues anteriores de su trayectoria. Muestran a un Cooke que desarrolla un
accionar ligado a la política, al entendimiento con las figuras de la diáspora
peronista posterior a la caída del 55.
Cuando el delegado Cooke escapa de la cárcel en marzo de 1957 y se instala en
Santiago de Chile, Perón lo reconoce como “Comando adelantado” junto con José
Espejo y Raúl Gomis, agregando luego a Saúl Hecker.5 En ese espacio interactúa
con Florencio Monzón (1956) y hasta allí llega Ramón Prieto (1963, 1973).6
Por ese tiempo, en Buenos Aires, Héctor Tristán y Fermín Chávez logran
imprimir clandestinamente dos números de la revista De Frente, con cuatro
páginas, en las que celebran la fuga de Cooke y fijan posición en relación con
su pensamiento y ubicación política: “... es nacionalista peronista… pero eso sí:
Cooke es peronista revolucionario” (Chávez, 1998: 23), ante las acusaciones que
se tejían en torno al “izquierdismo” y “comunismo” del delegado.
Se abre así el tiempo de mayor actividad de Cooke, coincidente con las señales
de agotamiento de la dictadura militar y las convocatorias para la convención
constituyente y las elecciones generales.
5
No existen, al momento, trabajos sobre esta entidad que constituye un antecedente del Co-
mando Táctico, la Delegación Nacional y el Consejo Coordinador y Supervisor del Peronismo,
como formas más complejas de dirección.
6
Periodista. Colabora en el diario Democracia, dirigido por Américo Barrios. En octubre-
noviembre de 1955 retoma la salida de De Frente y reivindica el liderazgo de Cooke denunciando
su detención. Luego actúa en el ámbito del peronismo reportando a Cooke y Perón. Es autor de
varios volúmenes referidos a la cuestión, que tiñen (por las versiones construidas con posterioridad
a su conversión al frigerismo) estas escenas.
93
Julio César Melon y Darío Pulfer
Cooke defiende la orden de votar en blanco en la constituyente,7 polemizando
con sus antiguos amigos provenientes del radicalismo forjista8 y coincidiendo con
los sectores de la “resistencia”9 y las prédicas de varios periódicos, como Rebeldía10
y Palabra Argentina.11
Más tarde, reunida la Convención, ve con buenos ojos la diferenciación de
Frondizi en su seno. Figuras de origen peronista que operan en las filas de la
disidencia radical intransigente le escriben.12
En todo este camino previo y posterior al triunfo de Frondizi, Cooke se esmera
en ocupar un “centro” de la política en el peronismo que tiene dos vértices: la
cercanía con Perón y la alianza con los sectores del sindicalismo.
Con el mundo sindical teje relaciones institucionales y personales a partir de
la reactivación que se está produciendo en ese espacio a través de la recuperación
de sindicatos y de la cgt, y del movimiento de las regionales de este organismo,
que culminan en la proclama de La Falda.
La cercanía a Perón, que constituye la condición principal de la centralidad
política, vuelve a ocuparla en ocasión de los resultados de la elección de conven-
cionales de 1957, consolidando su referencia política ante el peronismo en el
territorio, del mismo modo en que los resultados ratifican la vigencia de Perón.
En el diálogo con el líder exiliado se percibe cierto envalentonamiento, lo que lo
conduce a esbozar un ambicioso Plan Político.13 El documento, que ocupa cerca
7
Se produce una situación tensa luego de que Perón habilitara a Colom a llevar un mensaje en
favor de la abstención. Cooke desaprueba la orden y pide rectificación a Perón, quien corrige la
instrucción en favor del voto en blanco, convalidando el accionar precedente.
8
“Desgraciadamente, se ha sumado a esta posición Jauretche, cosa que verdaderamente lamento
porque me ha puesto en la necesidad de romper con un hombre por el que siempre he sentido
respeto intelectual y personal. Junto con él, hay otros que, con menos franqueza, trabajan por
la ‘fórmula Y.P.F.’ (Yrigoyen, Perón, Frondizi)”. Carta de John W. Cooke a Perón, 11 de mayo
de 1957. C P-C, t. i., p. 108.
9
Comando Nacional de Raúl Lagomarsino y César Marcos y nacientes núcleos de la Juventud
Peronista.
10
Dirigido por el P. Hernán Benítez.
11
Dirigido por Alejandro Olmos.
12
Carta de Arturo Jauretche a J. W. Cooke (Cichero, 1992: 136-138).
13
La carta de Cooke a Perón del 1 de agosto evalúa el resultado electoral y sugiere la idea de
organizar un plan. La misma, en realidad, no está a nuestra disposición, aunque sabemos de su
existencia por la que Perón le envía a Cooke del día 5 del mismo mes, en la que vuelve sobre
las Instrucciones generales para todos los peronistas del año 1956. C P-C, t. i, pp. 235 y ss. En
la carta siguiente, Perón habla de la necesidad de: “… una minuciosa investigación de la real
situación existente, con el objeto de poderla apreciar, resolver y establecer un plan de acción
adecuado”. C P-C, t. i, 15 de agosto de 1957, pp. 244-245.
94
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
de setenta páginas de la correspondencia editada, retoma los elementos planea-
dos en la misiva de Perón del 5 de agosto y repasa cuatro puntos centrales. 1) la
situación del movimiento (balance de la primera etapa, elección del 28 de julio,
dispositivo de combate y nueva etapa, situación política actual); 2) los reajustes y
reorganización del movimiento (inorganicidad y vulnerabilidad del Movimiento,
estructura eficiente en cualquier circunstancia, condiciones indispensables); 3) los
principios generales y el dispositivo, y 4) las opciones de la insurrección general y
la elección de febrero de 1958.14 Perón responde: “… se trata de un estudio tan
meduloso, como minucioso y profundo… lo felicito… comparto en absoluto
sus ideas y sus soluciones contenidas en el ‘Informe y Plan de Acción’ y creo que
se trata de una ajustada resolución y de las más acertadas formas de ejecución
que se pueden alcanzar en la actual situación”.15
Ese posicionamiento lo aleja de quienes, tempranamente, consideran que
Frondizi puede contribuir a una “salida política” para el peronismo, como es el
caso de Jauretche y Scalabrini Ortiz, que juegan a esa posición desde la revista Qué.
Por otros motivos, también lo separa de los núcleos duros de la “resistencia”,
que ven en las prácticas electorales una trampa y que fortalecen su identidad en
el reclamo irrestricto del regreso de Perón al poder.
Los cambios en las condiciones políticas del país, a partir del debilitamiento
del gobierno de Aramburu-Rojas por la derrota electoral y el retiro de los con-
vencionales de la naciente ucri, van señalando nuevas necesidades y rumbos para
lo que podemos considerar el peronismo político, encarnado en ese tramo, por
Cooke y el mismo Perón. Es en ese contexto que hay que considerar las delicadas
gestiones que conducen al “pacto” con la ucri.
Tanto Cooke como Perón son dos figuras expulsadas de la política nacional,
que buscan denodadamente estar en el corazón de todo lo que hace al proscripto
peronismo. Su capital es la ascendencia sobre la masa y la revitalización que se
opera en los sectores políticos y sindicales a partir de los hechos políticos que les
van resultando favorables.
Ninguno de los dos escatima intransigencia y beligerancia en el lenguaje, pero
ambos, y uno frente a otro, se revelan particularmente conscientes de los límites
de la “resistencia”. “Frigerio quiere que sea un intermediario entusiasta” dice
Cooke en el momento de remitir a su jefe los primeros contactos con el ladero de
Frondizi. “No contestar prematuramente que no” aduce Perón luego de declarar,
ante su delfín, escepticismo al respecto. Ninguno de los interlocutores deja de
14
Carta de Cooke a Perón, 28 de agosto de 1957. C P-C, t. i, pp. 246-316.
15
Carta de Perón a Cooke, 1 de septiembre. C P-C, t. i, pp. 316-317.
95
Julio César Melon y Darío Pulfer
saber que más allá de todo lo que implicaba la confrontación con el gobierno
militar y sus sucesores, la lucha política en la que están concentrados se orienta
a retener o consolidar posiciones en el seno del propio peronismo y, como otros
actores, entienden que el capital electoral y político del movimiento reclamará,
más temprano que tarde, una organización que lo concentre, coordine y encuadre.
La forma en que funcionaba o debía funcionar la verticalidad peronista
mientras Cooke revistó como representante del líder en el país había sido defi-
nida ya por Perón en la correspondencia y se iba complejizando a medida que
el peronismo se recomponía en el territorio. Puede decirse que va pasando de
una relación directa Perón-Cooke a un agregado en el que aparece la dimensión
táctica, o sea territorial, concreta, encarnada en actores políticos, sea del ámbito
político masculino o femenino o de la resistencia. Un trato distinto se otorga al
sector sindical, con el que siempre hay un reconocimiento de mayor autonomía.
Una conducción “estratégica” que entregaba al delegado o más tarde a la
División Operaciones todo lo referido a la “operación” y que se distinguía de la
“conducción táctica”. Así queda registrado en los esquemas dibujados por el mis-
mo John que, con variantes aparecen en distintos registros, a lo largo del tiempo.
96
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Un prolijo manuscrito del mismo archivo16 explica el diagrama anterior:
En la correspondencia Perón-Cooke aparecen diagramas que expresan los
cambiantes dispositivos de conducción, así como las variaciones en las corre-
laciones de fuerza dentro del país y del peronismo. De hecho, camino al pacto
hay consideraciones y cálculos políticos de diverso orden. De todos modos,
aunque en los escenarios alternativos que se dibujan reinan la desconfianza y
las prevenciones, prima el criterio político de superar las condiciones impuestas
por el gobierno militar de la “Revolución Libertadora”.17
16
Biblioteca Nacional Mariano Moreno (Argentina). Departamento de Archivos. Fondo Alicia
Eguren-John William Cooke. Sección Actividades.
17
Carta de Cooke a Perón, 28/8/1957. C P-C, t. i, pp. 244 y ss.
97
Julio César Melon y Darío Pulfer
Perón vislumbra sin ambages que las fuerzas peronistas pueden disgregarse
o ser cooptadas por un futuro gobierno de Frondizi18 y decide organizar un
tejido más complejo para la conducción territorial del peronismo. A fines del
año 1957, pues, crea el Comando Táctico, que convivirá por un tiempo con
la figura del delegado Cooke.
Esta coexistencia lleva a momentos de acuerdo y coincidencia (campaña
electoral, tregua hasta la asunción de Frondizi y la reorganización de las fuer-
zas peronistas provinciales) y a momentos de áspera lucha (rama femenina) y
descalificación (por la actitud conciliadora de Cooke en los primeros meses del
gobierno de Frondizi).
Resulta conveniente reconstruir estas situaciones y conflictos que llevan a
un progresivo debilitamiento del poder político de Cooke y que precede a la
creación de otras figuras institucionales (Delegación y Consejo Coordinador
y Supervisor del Peronismo).19
Escenario electoral y tejido organizativo
A fines del año 1957, como decíamos, Perón toma una serie de determinaciones
organizativas. El 27 de diciembre crea el Comando Táctico Peronista (ctp).20 El
28 de diciembre designa a sus miembros.21 Le escribe a Raúl Scalabrini Ortiz
proponiéndole la organización de los intelectuales.22 El 2 de enero le escribe
una misiva al ctp en la que señala que frente a las elecciones de febrero él dará
18
Es la misma advertencia que le realiza el grupo de exiliados en Montevideo comandados por
José María Rosa (Hernández, 1978: 148).
19
La mayoría de las biografías existentes sobre Cooke dedican escasas páginas a este período
dirigiéndose de manera directa a su salida como delegado. En las que se dedican a Perón pasa algo
similar, reduciéndolas a la “traición” de Frondizi. Desde nuestra perspectiva consideramos vital
detenerse en el análisis de este proceso para evitar las interpretaciones teleológicas tan frecuentes
en nuestras narraciones del pasado.
20
Resolución N° 1 del Comando Superior, 27/12/1957. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
21
Resolución N° 2 del Comando Superior, 28/12/1957. Como miembros del Comité Ejecutivo
del Comando Táctico Peronista figuran: Oscar R. Albrieu, Eleuterio Cardozo, Andrés Framini,
Alberto L. Rocamora, Manuel Carullias, Emilio Sevillano, José Figuerola, Pedro Conde Madda-
leno, José Alonso, Pedro Bidegain,
Cavalli y Alm. Cornes. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
22
Carta de Perón a Raúl Scalabrini Ortiz, 27/12/1957. Galasso, Norberto. Vida de Scalabrini
Ortiz. Mar Dulce, 1970. Scalabrini, ya colaborador de la revista Qué y decidido a apoyar a Fron-
dizi, no acepta la misión, aunque tiempo después comienza a convocar a intelectuales cercanos
al peronismo para reorganizar el Sindicato de Escritores Argentinos. Archivo R.S.O. Bases para
la organización provisoria y borradores de listados de escritores.
98
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
la orden y que le cabe avanzar en la organización del Movimiento Peronista.23
El 15 del mismo mes amplía el ctp.24 Por otra resolución habilita a las 62
Organizaciones y la cgt Auténtica a reemplazar a los miembros de ese origen
en el ctp.25
El 3 de febrero envía una nueva carta en la que suspende la definición con
relación a la actuación del peronismo en la “farsa electoral”.26 En otra carta
del mismo día, ahora firmada en cada página, ordena el voto por Frondizi y se
extiende en las razones de esa decisión.27 El acuerdo que había firmado contiene
una serie de obligaciones para Frondizi que se relacionan de manera directa con
la vida del peronismo (Spinelli, 1991). El 5 de febrero sale una carta firmada
por el csp (Cooke-Perón), desde Caracas, señalando que Adolfo Cavalli lleva
la orden para las elecciones del 23.28
En ese momento Cooke es designado como jefe de la División Operaciones,
lo que implica un cambio o un matiz en relación con sus funciones anteriores.
Se realizan, pues, las elecciones del 23 de febrero y triunfa Frondizi con el
apoyo del peronismo. Hay, de todos modos, 900.000 votos en blanco.
El 6 de marzo el csp envía una nueva felicitación al ctp por el cumplimien-
to de las instrucciones dadas, anticipa la disciplina y unidad que será preciso
acatar en el futuro, confirma a Cooke como única persona que puede invocar
la representación de Perón y del csp y detalla instrucciones precisas que deberán
ser tenidas en cuenta y cumplimentadas por el ctp.29
Perón escribe otra carta el 10 de marzo llamando a la calma y la paciencia
al Movimiento Peronista para evitar una nueva reacción oligárquica antes de
la asunción de Frondizi.
Describe las condiciones en que la dictadura militar deja el país y las expec-
tativas con relación al cumplimiento de los acuerdos con Frondizi.30
23
Perón al Comando Táctico, 2/1/1958. Esto supone una “limitación” de tareas de Cooke y su
“superposición” o “contrabalanceo”. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
24
Resolución N° 6 del Comando Superior Peronista, 16/1/1958. Carpeta Cooke. Archivo
Cedinpe.
25
Resolución N° 4 del Comando Superior Peronista, 20/1/1958. Carpeta Cooke. Archivo
Cedinpe.
26
Carta de Perón al Movimiento Peronista, 3/2/958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
27
Ídem. En un escrito de mediados de 1957 titulado “Análisis de la situación argentina” que
lleva la firma de Perón, decía “es mejor llegar a un acuerdo con un enemigo leal que con un
amigo traidor”. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
28
Carta del Comando Superior Peronista, 5/2/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
29
Carta del Comando Superior Peronista, 6/3/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
30
Carta de Perón al Movimiento Peronista, 10/3/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
99
Julio César Melon y Darío Pulfer
El 15 de marzo el csp resuelve incorporar al ctp a nuevos miembros,31 todas
ellas mujeres, y en el mismo acto incorporan al Comité Ejecutivo a otras tres
mujeres.32 Por otra resolución, tres días después Cooke queda como responsable
de la reorganización del Comando de Exilados del Paraguay.33 Una vez más,
pues, Perón ratifica la representación exclusiva en Cooke.34
En una circular confidencial disponible en el Archivo Cooke-Eguren, con
fecha 1 de abril de 1958, dirigida a los dirigentes peronistas del interior del
país y a los jefes de los comandos exiliados en el exterior, el jefe de la División
Operaciones del Movimiento Peronista, Cooke, dispone: considerar el triunfo
de Frondizi como un triunfo peronista, concurrir a la Plaza de Mayo el 1º de
Mayo y en forma pacífica vocear los nombres de Perón y Cooke.
Los términos en los que está redactada la circular pueden obedecer a dos
lógicas: o se trata de un momento de exaltación de la autoridad de Cooke, o
es apócrifo y busca debilitar la figura del delegado. El texto resulta fuerte: cada
peronista deberá concurrir con su gremio o con su comando y el 1º de Mayo
deberá quedar claro “de quién es el triunfo”. Además, “los únicos nombres que
deberán ser voceados son: PERON Y COOKE”. Se plantea la expulsión de
quien no acatara estas directivas que, por otra parte, incluían la indicación de
“si el Movimiento responde disciplinadamente” se iba a dar la orden por parte
del Comando Táctico de no abandonar la Plaza y de manifestarse en favor del
retorno de Perón.35
31
Ceferina Rodríguez de Copa, Matilde Beluccio, Catalina Scazziotta de Rosato, Ema Gemelli,
Pierina Dialessi, Hortensia García Marín, Josefa Q. De Sánchez, Telma Balloch de Dazinger,
María Lenci, Dora de Morchio, Susana Valle y de Cano.
32
Resolución N° 8 del Comando Superior Peronista, 15/3/1958. Elena Fernícola, María Granata
y Susana Farías. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
33
Resolución N° 9 del Comando Superior Peronista, 18/3/1958. Carpeta Cooke. Archivo
Cedinpe.
34
Carta de Perón. 23/3/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
35
Comando Superior Peronista, Circular confidencial. Biblioteca Nacional Mariano Moreno
(Argentina). Departamento de Archivos. Fondo Alicia Eguren-John William Cooke. Sección
Actividades.
100
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Pocos días antes, quien encarnaba la conducción estratégica del movimiento,
a la sazón residente en Ciudad Trujillo, había convalidado lo informado y
resuelto por el Comando Táctico y en nota manuscrita dispuesto la expulsión
de Vicente Leonides Saadi el 10 de marzo de 1958.36
Comando Superior Peronista. Biblioteca Nacional Mariano Moreno (Argentina). Departa-
36
mento de Archivos. Fondo Alicia Eguren-John William Cooke. Sección Actividades. Manuscrito
poco legible.
101
Julio César Melon y Darío Pulfer
En abril el csp reestructura las funciones del ctp37 y a continuación in-
corpora como titulares a nuevos miembros.38 El tribunal de disciplina eleva
un memorial al ctp, evaluando la conducta de figuras del peronismo en las
elecciones de febrero.39
Cooke se encuentra con Alicia Eguren en Montevideo.40 El 21 de mayo
responde por escrito a un reportaje cuya primera pregunta es ¿en qué medida
debe el peronismo colaborar con Frondizi? La respuesta está expresada en los
términos de la máxima ortodoxia que corresponde a su condición de represen-
tante: “... cabe a su único Jefe el fijar su línea de conducta”. En el mismo lugar
declara, contra toda idea “integracionista”, que “el Peronismo no se presta ni
se alquila”. Asimismo, manifiesta que toda autoridad, incluyendo obviamente
la propia, es provisional como lo ha dispuesto Perón y que en la organización
partidaria tendrán “colaboración activa” los miembros de la resistencia.41
El 28 de mayo el csp entrega un mensaje a los peronistas.42 En la extensa
carta, firmada esta vez solo por Perón, caracteriza la situación heredada por la
dictadura militar e interpela al nuevo gobierno para que cumpla sus compro-
misos, afirmando que el peronismo ya ha cumplido los suyos con el país.
Ese mismo día, el csp integra al comité ejecutivo del ctp a los representantes
de las 62 y de la cgt Auténtica.43
El 7 de junio Perón escribe a Cooke44 y este responde con fecha 9 de junio.45
37
Resolución del Comando Superior Peronista, N° 10, abril de 1958. Carpeta Cooke. Archivo
Cedinpe.
38
Resolución del Comando Superior Peronista, N° 11, 24/4/1958. Carpeta Cooke. Archivo
Cedinpe.
39
Nota al Comando Táctico del Tribunal de disciplina. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
40
Carta de Cooke a César Marcos, 14 de mayo de 1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
41
Cuatro preguntas a John Cooke, reportaje mecanografiado con fecha 21 de mayo de 1958,
Biblioteca Nacional Mariano Moreno (Argentina). Departamento de Archivos. Fondo Alicia
Eguren-John William Cooke. Sección Actividades.
42
Comando Superior Peronista. Misiva del 28/5/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
43
Comando Superior Peronista. Resolución N° 11, 28/5/1958. Amado Olmos y Armando
Cabo. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
44
Carta de Perón a Cooke, 7/6/1958. En C P-C, t. ii, p. 62.
45
Hay referencia a esta carta en una del 23 de junio, pero no se conoce su contenido.
102
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Al cumplirse dos años del levantamiento de Valle, Perón y Cooke lanzan un
manifiesto recordándolos y planteando las líneas de conducta del movimiento,46
produciéndose un giro en la interpretación de los acontecimientos.47
La demora en el cumplimiento de lo previsto en el “Pacto” por parte de
Frondizi, como la normalización de la cgt y la legalización del partido pros-
cripto, lleva a un endurecimiento por parte de Perón. El 18 de junio le escribe
a Cooke manifestándole su malestar por la falta de acciones opositoras, por
no ocuparse de algunas cuestiones de orden personal (bienes, cadáver de Eva
Perón) y le señala que “hay mar de fondo con Alicia y con usted”. Esto sucede
luego de un viaje de Prieto a Caracas.
Cooke responde esa carta consciente de las críticas que le realizan, plan-
teando un contrapunto y un descargo detallado.48
En este intercambio aparece otra carta (Para “Teodoro” de “Ruperto”) que
parece haberse cruzado en el aire conteniendo informes.49 Cooke retoma la
correspondencia con una carta enviada desde Río de Janeiro con fecha de 25
de junio dos días después.50
El 2 de julio el csp resuelve incorporar al ct otras figuras y lanzar la con-
formación de los comandos tácticos provinciales, que constituyen el antece-
dente de las juntas nacionales y provinciales tendientes a reorganizar el partido
peronista.51
En paralelo, a fines de junio de 1958, el dirigente riojano Oscar Albrieu
remite a Perón un informe sobre “el acontecer político argentino”.52 Expresa
allí la desazón que produjera la orden de votar a Frondizi e informa sobre los
sectores que, en cada distrito, se orientaron a obedecer o desobedecer la “orden”
46
Peron-Cooke, 9/6/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
47
Perón había desautorizado el intento golpista en carta a Cooke del 12 de junio de 1956. A
instancias de un intercambio epistolar con Enrique Olmedo había reconsiderado esta cuestión.
Melon, Julio, El peronismo después del peronismo. Resistencia, sindicalismo y política después del 55,
Buenos Aires, Siglo XXI, 2009.
48
Carta de Cooke a Perón, 23/6/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
49
Carta de Cooke a Perón, s/ f, C P-C, t. ii, p. 70.
50
Carta de Cooke a Perón, 25/6/1958. C P-C, t. ii, p. 14.
51
Carta del Comando Superior Peronista, 2/7/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
52
Oscar Albrieu había sido ministro del Interior de Perón, renunciante luego de la noche del
31 de agosto de 1955 en que un intempestivo Perón diera sorpresivamente por tierra con la
estrategia de pacificación. Luego de 1955 fundó uno de los tantos partidos neoperonistas y ha-
bía sido contado por Cooke entre los moderados o “blandos”, integrándose luego al Comando
Táctico del peronismo.
103
Julio César Melon y Darío Pulfer
sugiriendo sanciones diferenciadas y perdones.53 Expresa su disidencia con
Cooke respecto de que las mujeres deban organizarse por separado. El tono de
la misiva es, por lo demás, antifrondizista, en congruencia con la posición que
sostenía en privado Perón.
El tema de la organización del partido, y del sector femenino en particular,
parece haber sido una de las manzanas de la discordia peronista, tal como ar-
gumentaremos luego. La correspondencia editada es contundente al respecto,
cuando Perón advierte sobre el asunto a partir de la animadversión que ha
generado la actividad de Alicia en la reorganización partidaria. El mismo ar-
chivo de Alicia Eguren y John William Cooke ha guardado prueba del asunto.
El 10 de julio un amigo informa a Cooke haber “recibido ciertas directivas
para colaborar dentro del Movimiento Femenino, las cuales cumpliré al pie de
la letra para encauzarlas hacia el Comando Táctico”, a la vez que le advierte:
“... como vos sabés que conozco perfectamente al Movimiento Femenino, te
vendrán con cuentos e intrigas. La solución te la voy a dar yo, y es la siguien-
te: me llamás y llamás a la persona que te traiga el chisme, porque aunque te
cueste creerlo, desgraciadamente hay de todas, idealistas y ventajistas”.54 La
actividad de Cooke por entonces era profusa, se multiplican los contactos con
el interior del país y casi siempre las comunicaciones lindan con los asuntos de
la próxima reorganización de los partidos peronistas masculino y femenino.
El 23 de julio, por medio de una carta, la Juventud Peronista de Santa Fe se
pone al servicio del jefe de la División Operaciones, al que envían una síntesis
de sus actividades y publicaciones. Probablemente en el mismo sobre, aunque
fechada un día antes, quienes participaban del “movimiento juvenil peronista”
en el distrito se dirigieron, sin más título, a Alicia Eguren para felicitarla por “su
amplia y digna labor” y quedan a la espera de cualquier directiva o sugerencia
que nos quisiera hacer llegar”.55
53
Albrieu a Perón, 25/6/1958. Hoover Institution Archives, Collection Juan Domingo Perón
Papers, Box 2, Folder 2.6 (en adelante, HIAJDP).
54
Carta al “Estimado amigo Cooke”, del 10 de julio de 1958. Firma ilegible. En Fondo Alicia
Eguren-John William Cooke. Sección Actividades. Manuscrito poco legible. Posiblemente, la
firma corresponde a Atilio Renzi, ya que algunas comunicaciones posteriores lo presentan como
alguien comisionado por Perón para mediar en el asunto ppf.
55
23 de julio de 1958, “Carta de la JP de Santa Fe al Jefe de la División Operaciones del
Movimiento Peronista, Dr, John William Cooke. Montevideo. 22 de julio de 1958, Lyda Diaz
a la Dra. Alicia Eguren. Montevideo. En Fondo Alicia Eguren-John William Cooke. Sección
Actividades. Manuscrito poco legible.
104
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Cooke envía dos correos semanales conteniendo información de prensa y
evaluaciones personales. El 17 de julio se ocupa de temas como justicia, conflicto
médico, militares, Iglesia, etcétera, a la vez que hace una interpretación sobre
la actuación de Frondizi: “Creo que él no quiso maniobrarnos, como piensan
algunos. Su propósito era cumplir sus compromisos íntegramente y acercarse
cada vez más a nosotros. Pero la presión de los gorilas ha sido muy fuerte y el
hombre ha demostrado que le falta coraje y envergadura para este juego”. Al
hacer referencia al peronismo bajo el subtítulo de “estado de la organización”
señala las dificultades, los enfrentamientos, los cuestionamientos, las internas.56
Cooke proyecta un viaje a Trujillo para el 25 de julio. Por su parte, el 18 de
julio Carlos Aloé57 escribe un largo informe a Perón, en el que en tono moderado
explica el desgaste del ct, particularmente referido a las inesperadas órdenes
que tuvo que defender. Argumenta sobre la inconveniencia de perpetuar un
“cuerpo deliberativo”, propone la designación de un triunvirato ejecutivo y,
contrariamente a otros, concluye en un crudo realismo: “Mientras tanto, mi
general, y yo no lo puedo engañar, estamos parados y sin hacer nada”.58 Por ese
tiempo el mismo Cooke escribía a Aloé, a quien aludía como “caballito criollo”
en las claves secretas con Perón, compartiendo preocupaciones.59
A fines de julio el csp remite las segundas Directivas generales para todos los
peronistas,60 que ratifican las primeras y establecen una línea de dureza para con
el gobierno de Frondizi por lo que considera sus incumplimientos del “pacto”.
En lo fundamental, promueven el despliegue de los organismos de resistencia
y clandestinos y acciones colectivas e individuales en esa perspectiva. El centro
no se ubica en la reorganización partidaria ni en el plano del accionar político
de superficie. Se trata de un texto extenso en el que aparece una fundamenta-
ción y caracterización de los últimos años y en el que se coloca al gobierno de
Frondizi en la posición de haber incumplido lo acordado. Ante ese panorama,
la confrontación debe darse en diferentes planos y las que refiere a las acciones
56
Carta de Cooke a Perón, 17 de julio de 1958. Lleva el N° 3. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
57
El mayor Carlos Vicente Aloé se había desempeñado como jefe de Despacho de la primera
Presidencia de Perón y en 1952 fue electo gobernador de la Provincia de Buenos Aires, suce-
diendo al políticamente desplazado Mercante. Desempeña el cargo hasta 1955, esgrimiendo
una absoluta verticalidad y lealtad a Perón, a quien había conocido como suboficial del ejército.
58
Aloé a Perón, 18/07/58, p. 11, HIAJDP, Box 2, Folder 2.7.
59
Cooke a Carlos Aloé, 17 de septiembre de 1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
60
Comando Superior Peronista. Directivas generales para todos los peronistas, 22/7/1958.
Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
105
Julio César Melon y Darío Pulfer
espontáneas individuales o planificadas grupalmente deben ser promovidas por
los organismos que el csp designara en el país.
Esta directiva no tendrá difusión efectiva por parte del Comando Táctico
y Perón tendrá en cuenta esta cuestión al momento de disolver esa instancia.
También se lo recriminará a Cooke como responsable de esa transmisión.
En ese tiempo, sexto aniversario del fallecimiento de Eva Perón, se proyecta
un acto frente al edificio de lo que era la Fundación, además de manifestaciones
en distintos puntos del interior del país, y Perón-Cooke firman un manifiesto
del csp.61
En el mes de agosto, entonces, se disuelve el ctp y se opta por “una direc-
ción centralizada que pueda adaptarse rápidamente a las necesidades tácticas de
cada situación, a fin de cumplir con las líneas estratégicas fijadas por el General
Perón”: una Delegación Nacional (dn), integrada por el jefe de su División
Operaciones Dr. John W. Cooke y quince delegados.62
La dn tendrá a su cargo la Dirección del Movimiento Peronista en todo el
país y autoridad sobre todas las organizaciones clandestinas y de superficie.63
El csp (ahora Perón solo) insiste en el cumplimiento de las Directivas.64 Cooke
escribe a Perón dos cartas, el 1 y el 4 de septiembre,65 y Perón le dice el 5:
A Usted no le deben preocupar las “cartitas chismosas” que me puedan
escribir a mí, porque no sólo no les llevo el apunte, sino que se las cuento
a Usted para que tenga una idea de lo que me dicen… Como Usted dice,
todo terminará con la organización del Partido y por eso es que me apuro
para que así sea cuanto antes.
Le sugiere no intervenir en la reorganización de la rama femenina. Critica el
accionar del ctp por su posición débil en relación con el gobierno de Frondizi
y llama a hacer una intensa campaña de agitación y provocación. “Tres temas
deben ser el pan nuestro de cada día: la vuelta de Perón, el cadáver de Eva Perón
y la carestía de la vida”.66
61
Perón-Cooke. 26/7/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
62
Cooke, Framini, Cabo, Viel, Alonso, Olmos, A. Fernández, Cardoso, Carullias, Orsi, Bidegain,
J. Puigbó, Prieto, Fernícola, Macri, Albóniga.
63
Comando Superior Peronista. Resolución N° 21. 10/8/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
64
Comando Superior Peronista. Resolución N° 26. 10/8/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
65
Correspondencia P-C, t. ii, 1/9/1958. No se encuentra la segunda carta.
66
Carta de Perón a Cooke, 5/9/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
106
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Albrieu envía, aprovechando el viaje de Alberto Manuel Campos, a la sazón di-
rector del periódico Norte y en tren de convertirse en el nuevo delegado personal
107
Julio César Melon y Darío Pulfer
de Perón, una nueva carta.67 Disconforme con haber sido separado “telegráfica-
mente” de la Delegación Nacional del Consejo Superior, presupone que esto ha
sido obra de los allegados a Cooke, a quien acusa de haberse involucrado en una
acción “morigeradora” que inhibía toda conducta que pudiera afectar al gobierno.
Declara no estar interesado en integrar “ningún cuerpo oficial del Movimiento”,
aunque sí por el juicio que su jefe pudiera haberse formado de él. Albrieu, que
parece estar soportando las consecuencias de su anterior acercamiento epistolar68
se permite recomendarle al líder cuestiones concretas, en este caso, la organización
en superficie, léase, la organización política y de preferencia, partidaria.69
Perón escribe a Cooke70 en respuesta a una serie de cartas suyas y vuelve sobre
el tema de la confrontación con Frondizi y a la recriminación por la falta de cum-
plimiento de la directiva 2. Le pide que comparta el contenido de otra carta que
escribe especialmente para la División de Operaciones de la Delegación Nacional,
en la que aparecen con claridad su posición y directivas.71 En esa carta expresa:
En esta situación nosotros no tenemos otra solución que mantener una
terminante oposición y agitar los sectores que nos convienen porque, si no
lo hacemos nosotros, lo harán los demás con el aplauso del Pueblo y eso sí
que es peligroso para el Peronismo. Jugarse cualquier cosa por este difunto,
que además se ha portado con nosotros como un cochino, es un verdadero
“hari kiri” para nosotros. Si este tonto hubiera cumplido la mitad de los
compromisos que firmó con nosotros, a esta hora no tendría ya problemas.
Su incumplimiento lo ha alejado del Pueblo y ahora no sólo está contra los
gorilas sino que, y esto es lo más grave, está cada día más lejos del Pueblo
con lo que se aleja también cada día más de las soluciones. Si él sigue “ca-
bresteando” a los gorilas estoy seguro que los gorilas lo llevarán mansamente
al matadero. Le queda aún una solución: emparejar las fuerzas, prepararse y
arrojar a los gorilas, decidiéndose por el Pueblo, pero me temo que no sea
capaz de hacer esto. Es indudable que los gorilas ante la amenaza de una
67
Albrieu a Perón, 15/9/1958. Del tenor de la carta se desprende que ha enviado varias, aunque
no ha obtenido respuesta de ninguna. HIAJDP, Box 2, Folder 2.2.
68
No culpa a los miembros del ct, sino a su dirección, y en su oportunidad sugirió –a Prieto
y a Jorge Cooke– la formación de un triunvirato con inclusión del mismo J. W. Cooke. Entre
paréntesis, los nombrados acababan de visitar a Perón y habrían sido los responsables de la
intriga contra Albrieu.
69
Paralelamente a esta sugerencia, y empalmando con el tono de los mensajes de Perón, sobre
todo los previos a febrero de 1958, propone seguir con la organización de la resistencia.
70
Carta de Perón a Cooke. 16/9/1958. C P-C. 16-09-58. pp. 92-94.
71
Carta de Perón a Cooke. 16/9/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
108
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
guerra civil no se decidan a presentar la lucha porque están persuadidos que
la perderán. En cambio Frondizi, a quien no le veo “uñas para guitarrero”
se conformará con mantener esta situación indecisa hasta que los aconte-
cimientos lo sobrepasen y se vea obligado a tomar medidas a medias como
todas las de él. Con ello preparará las mejores condiciones para que un día u
otro sea barrido por los gorilas que solo esperan una situación favorable para
dar el zarpazo. Entre tanto, él se engaña a sí mismo, tratando y arreglando
las cosas con los gorilas sin darse cuenta que su final será precisamente en
esas manos que ahora él se empeña en lamer. Frente a esto ¿Cómo puede el
Peronismo tomar otra actitud que la de combatirlo agitando al Pueblo en la
mayor medida? Lo contrario sería terminar a nuestros dirigentes que, frente
al Pueblo, harían el papel de entregadores y traidores al Movimiento por
seguir el camino de un traidor a sus compromisos. Nuestra consecuencia
con Frondizi, que ha sido inconsecuente con nosotros, no sólo demostraría
un error político grave sino un síntoma de imbecilidad de nuestra parte al
jugar una situación que, de antemano, podemos reconocer como perdida.
Está bien que no contribuyamos a voltearlo pero, de allí a apoyarlo, hay una
gran diferencia. Todo me reafirma, cada día más, en la necesidad de descargar
una furibunda agitación en los temas que ya hemos comentado y que desde
hace tres meses vengo insistiendo y sobre lo cual tienen Ustedes amplias
directivas que no se han cumplido sino lenta y débilmente. Es necesario
en mi sentir que deben ponerse en ejecución intensamente y con la mayor
decisión. Los seis temas mencionados deben ser objeto de agitación en todo
el país y la Delegación debe planificar la forma de ejecución más adecuada
dando preferencia en la actualidad a la carestía de la vida, el cadáver de Eva
Perón y la Vuelta de Perón. Sigo pensando que, frente al Pueblo, estamos en
retardo y que llegará la hora en que seremos culpables por negligencia si no
reaccionamos a tiempo e intensificamos la acción agitativa. Hay que aban-
donar en estos momentos la política de pequeños medios y cabildeos para
dedicarse a la acción de masa. Lo primero no puede conducirnos a nada frente
a un enemigo que ha demostrado que no quiere cumplir sus compromisos.
Lo segundo es lo único que lo puede hacer entrar en razones si la acción es
bien dirigida y eficientemente realizada. Yo vengo demostrando desde hace
doce años que la conducción masiva es más eficaz que la maniobra política
de todos los tipos, y los hechos nos demuestran que, cuando nosotros reali-
zamos la maniobra política de hacer presidente a Frondizi, nos encontramos
con la traición de este “Aprendiz de Brujo”. Si no volvemos a nuestra acción
sobre las masas mediante la agitación conducida con habilidad y decisión
no conseguiremos nada de Frondizi que solo obedece a la amenaza como
lo prueba su condescendencia con los gorilas en contraste con su ataque
109
Julio César Melon y Darío Pulfer
y desprecio por nosotros. Francamente hablando, tengo la impresión que
hasta ahora se ha obrado con extremada contemplación con Frondizi, que
no se han movilizado las fuerzas peronistas, que están a la deriva en la mayor
confusión, por falta de una orientación y conducción eficazmente realizada
como consecuencia de mi lejanía y la contemplación de los factores políticos
en forma demasiado benévola para un enemigo que ha tratado por todos
los medios de traicionarnos en todas las circunstancias. De eso tendremos
que rendir cuenta algún día, si no reaccionamos a tiempo y demostramos
a nuestra gente que somos tan decididos como ellos anhelan en combatir
a ese insidioso y maléfico enemigo. En las acciones políticas es indudable
que iremos en desventajas porque Frondizi y su gente tratarán por todos
los medios de introducirse en nuestras fuerzas mediante la aceptación de
los dirigentes para desmoralizar, confundir y perturbar a la masa peronista.
Si nosotros le hacemos el juego yendo a los problemas políticos a que él
nos quiere llevar, estaremos en desventaja, pero si nosotros le contestamos
a eso con la acción masiva de una agitación violenta y decidida, tanto en el
campo político como social, estará en poco tiempo a nuestra merced y en
nuestras manos. Por eso que, desde hace tanto tiempo, vengo insistiendo en
la necesidad de cumplir el plan que ya el 1º de julio se mandó al Comando
Táctico y que Prieto había llevado veinte días antes. Si desde ese momento
se hubiera obrado con decisión, podríamos tener ahora mucho adelantado
y estoy seguro que las fuerzas peronistas políticas y sindicales se hubieran
cohesionado más que lo que en la actualidad se observa. La lucha intensa
con un enemigo une y cohesiona las propias fuerzas, la inactividad divide
y anarquiza. Por eso, ni un solo minuto debe dejarse inactiva a la fuerza
peronista.
Cooke responde en carta del día 27 de septiembre acusando recibo de los planteos
y descargándolos en la Delegación Nacional. Plantea sus desavenencias con Prieto
por razones de línea y orientación. Señala que Prieto (que integra el organismo),
al estar en territorio incide sobre la delegación, morigerando la acción contraria
a Frondizi, ya que sostiene que mientras se espera el cumplimiento de lo pactado
no se lo puede atacar.72
Finalmente, Perón les escribe a los compañeros de la Delegación del csp
con consideraciones acerca de la situación, lamentándose de los escasos avances
en materia de organización.73 Se trata de la misma misiva en la que “crea” el
Carta de Cooke a Perón, 27/9/1958. C P-C, t ii, p. 95.
72
Carta de Perón a la Delegación del Comando Superior Peronista, 25/9/1958. Carpeta Cooke.
73
Archivo Cedinpe.
110
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Consejo Coordinador y Supervisor del peronismo. “Este consejo ha sido creado
para que, conectado con la Delegación del csp se encargue de lo relacionado con
la organización de las fuerzas políticas del Movimiento Peronista e intervenga
para solucionar controversias de todo orden y supervise la conducción táctica
del Peronismo”.74
Al día 28 de septiembre Albrieu se dirige a Alberto Manuel Campos, quien
por entonces se encontraba visitando al expresidente, tratando de explicar y
documentar su actitud antes, durante y después del voto a Frondizi,75 aunque lo
característico del mensaje es la animadversión declarada hacia Cooke, Ramón
Prieto y Alicia Eguren. En particular, acusa a Eguren de querer copar la “lista”
de la resistencia a la vez que la “lista” del partido femenino.76
El 30 de septiembre la Delegación del csp, en nota formal, eleva informe
a Perón, en el que detalla el conflicto de Eguren con la rama femenina, en la
perspectiva de Cooke.77
Ese mismo día, Perón le expresa destempladamente: “... me parece que todo
se va complicando de manera inusitada”, y le anuncia la creación del referido
Consejo.78 El 2 de octubre Cooke escribe a Perón, pero parece no haber recibido
aún la mala noticia.79 En el tráfico de misivas se vislumbra, pues, el relegamiento
de Cooke, a la vez que la aparición de la nueva instancia de organización política.
Desde entonces el peronismo cuenta con un “Consejo Coordinador y Su-
pervisor” (ccys), en el que, como hemos señalado, asciende Albrieu, una figura
con la que Cooke tendrá serias confrontaciones. En teoría se iba a tratar de una
suerte de instancia deliberativa del movimiento dotada de sus propios contra-
pesos internos, aunque supeditada al arbitraje del jefe. En esta primera etapa, el
ccys se propone alojar una variedad de sectores que respondían a Perón y lograr
la organización del partido, reconociendo espacios a la dirigencia política del
movimiento junto a hombres de la resistencia y a las mujeres. Según Perón, la
función del organismo sería la de “colaborar” en la dirección táctica, y dedicarse
74
Ídem.
75
Norte, el periódico dirigido por Campos, precisamente, había publicado una entrevista a
Albrieu en la que este declaraba que no estaban de acuerdo pero que acatarían la orden.
76
Según Albrieu, sus enemigos escamoteaban la correspondencia que enviaba a Perón y se la
hacían conocer al gobierno. No ahorra epítetos respecto de Alicia Eguren, Cooke y Prieto, “encan-
dilados por el frigerismo”, a su juicio. Albrieu a Campos, 28/9/1958. HIAJDP, Box 2, Folder 2.6.
77
Informe de Delegación Nacional del Comando Superior a Perón, 30/9/1958. Carpeta Cooke.
Archivo Cedinpe.
78
Carta de Perón a Cooke, 30/9/1958. C P-C, t ii, p. 105.
79
Carta de Cooke a Perón, 2/10/1958. C P-C, t ii, p. 109.
111
Julio César Melon y Darío Pulfer
exclusivamente a organizar las fuerzas políticas, sin intervenir en las sindicales,
a cargo de las 62 y la cgt.80
Mientras tanto, en noviembre de 1958, Cooke vuelve a Buenos Aires,
interviene en “cuestiones internas del movimiento”, es detenido y escribe a
Perón. Señala los motivos de su viaje. Es trasladado a Ushuaia y Alicia Eguren
también sufre detención. Habla de su trato y relaciones con Albrieu y Fernando
Torres. Promete viajar a fin de año si está en libertad. Envía discos de folklore
para Isabel…81 Escribe nuevamente a Perón el 8 de diciembre.82 Hay informes
y referencia al rol del ccys. En otra carta de fecha 11 de diciembre se da por
“desplazado”: “… omito todo lo que se relaciona con los problemas internos
del Movimiento y con su organización, por cuanto al respecto es el Consejo o
Campos el que se encargue de suministrarle información. Lo mismo en lo que
respecta a otros asuntos relacionados con el trato entre el peronismo y gente del
gobierno”. Hay otra carta de Cooke, del 18 de diciembre, cuyo contenido aún
desconocemos. Perón escribe a Cooke el 20 de diciembre83 contestando la del
11, y también responde la del 18, el día 26. Pese a su desplazamiento, aún el
22 de diciembre un grupo de mujeres se dirige a él al título de “Estimado Dr.
Cooke” para adjuntarle una carta que han dirigido a Albrieu “que es el resumen
y la conclusión a la que hemos llegado después de nuestra conversación con él”.
En la carta adjunta con la misma fecha, y señalando a Albrieu que remiten copia
a Perón, solicitan “la representación por partes iguales en el C. Coordinador”,
enviando para la consideración del líder, “los diez nombres de las compañeras
para integrar el cuerpo de asesoras del Partido Peronista Femenino” y prometen
prontamente enviar los tres nombres por sección que el secretario les pidiera.
El 30 de diciembre una dirigente correntina le manifiesta la desorientación que
existe en la provincia al haber llegado una misión del ccys que ha recurrido a la
dirigencia del Partido Blanco (una de las primeras organizaciones neoperonistas)
y en lo que hace al Partido Femenino lo ha colocado bajo la órbita de dirigentes
afines del sector masculino.84
80
Carta de Perón a Cooke, 30/9/1958. C P-C, t ii, p. 105.
81
Carta de Cooke a Perón, 24/11/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
82
Carta de Cooke a Perón, 8/12/1958. Carpeta Cooke. Archivo Cedinpe.
83
Carta de Perón a Cooke, 20/12/1958. C P-C, t. ii, p. 123.
84
Varias a Cooke, 22 de diciembre de 1958. Varias a Albrieu, 22 de diciembre de 1958. María
R. C. de la Fuente al señor doctor John William Cooke, 30 de diciembre de 1958. Biblioteca
Nacional Mariano Moreno (Argentina). Departamento de Archivos. Fondo Alicia Eguren-John
William Cooke. Sección Actividades.
112
Cooke en 1958. Del centro a los márgenes
Evidentemente, más allá de las funciones específicas que se le siguieran
asignando, era claro que en lo que a la organización política y específicamente
político-partidaria se refería, Cooke había sido totalmente desplazado de toda
incidencia directiva.
Cooke siguió bregando, no solo porque nunca interrumpió del todo su con-
tacto con el jefe, sino porque comenzó a hacer lo que seguiría haciendo siempre,
esto es, analizando lo que ocurría en el peronismo y en el país en independencia
creciente de su centralidad operativa.
Consideraciones finales
El “desplazamiento” de Cooke consiste en la subsunción de su autoridad, pri-
mero, y dilución, luego, en otros referentes y particularmente en lo que sería
una institución más perdurable en el tiempo como el ccys que dura hasta 1963
(Melón Pirro, 2017: 201) y en la designación de un nuevo delegado, Alberto
Manuel Campos, nombrado en diciembre de 1958.
¿Cuáles fueron las razones para que el adalid de la resistencia, primero, y
gestor del “Pacto” luego, perdiera influencia en tiempos más favorables? Debemos
descartar la idea, basada en ulteriores posicionamientos, de un Cooke tan radical
como lo fue a la hora de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre o como lo
sería luego en su etapa cubana. En esa coyuntura no es un mentor irreductible
de las tesis insurreccionales o un partidario firme del ejercicio de la violencia. Su
prioridad es “la integración de todos los mecanismos” del movimiento, única
condición sobre la cual la figura de jefe político que él buscaba encarnar, podía
fortalecerse. Se desenvolvió, pues, más bien, como un político consumado en las
artes tradicionales de la negociación y el acuerdo. Fue gestor principal, y uno de
los cuatro firmantes, del “Pacto” que permitió el ascenso de Frondizi. Los primeros
meses del nuevo gobierno se caracterizaron por la moderación de las prácticas
peronistas, un poco por el agotamiento de la violencia, algo por voluntad de
favorecer la transición y bastante porque los sindicatos esperaban ventajas en un
clima más propicio. Cooke acompañó este proceso y sus movimientos se enca-
minaron a la reorganización de las fuerzas políticas del peronismo, prolongando
su posición negociadora con el nuevo gobierno. En sus archivos se conservan
notas y manuscritos que demuestran que era consultado e incidía relativamente
en nombramientos.85
85
La designación del ministro de Trabajo de Frondizi parece ser una negociación con el pero-
nismo, aunque no estaba incluida de modo expreso en el Pacto. Biblioteca Nacional Mariano
113
Julio César Melon y Darío Pulfer
Cuatro parecen ser los factores que explican su desplazamiento. En primer
lugar, problemas derivados de los intentos de reorganización partidaria. En segun-
do lugar, los conflictos suscitados en la Rama Femenina en cuya reorganización
Alicia Eguren intentara tener un rol significativo. El tercer elemento es la posición
con respecto al gobierno de Frondizi, ya que el propio Perón se ve tentado de
oponerse de manera inmediata al gobierno y esto lo lleva a prestar oídos a quienes
critican a Cooke, más condescendiente con la nueva gestión. El cuarto refiere a
la imposibilidad de reemplazo efectivo, táctico, concreto del liderazgo de Perón
y a las incomodidades de la conducción vicaria, supeditada siempre a los juegos
más amplios del expresidente y a las contradicciones del accionar cotidiano.
Bibliografía
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Puntosur.
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Político. Buenos Aires: Círculo de Legisladores de la Nación Argentina.
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autor.
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Spinelli, María Estela (1991). “El pacto Perón-Frondizi. Un ensayo de transición
a la democracia en la argentina 1955-1958”. Anuario del IEHS, vol. vi.
Moreno (Argentina). Departamento de Archivos. Fondo Alicia Eguren-John William Cooke.
114
John William Cooke
y el nacionalismo económico
Aritz Recalde
Las clases dominantes argentinas durante mucho tiempo no solo
fueron instrumento material del capital extranjero […] además
del dominio económico había un dominio intelectual. No sólo
se los dominaba por medio de la economía, se les creaba una
mentalidad típica de indefensión, una mentalidad de entrega.
J. W. Cooke
La clase dirigente entregó todo al extranjero, todo cuanto éste exigió, desde
el manejo de la moneda y el crédito, hasta el monopolio de los transportes
[…] extranjeros eran los ferrocarriles, los teléfonos, el gas, los frigoríficos
trustificados que controlaban las exportaciones de carnes, las empresas
de comercialización de cosechas, los tranvías, ómnibus y subterráneos.
J. W. Cooke
John William Cooke (1919-1968) es uno de los dirigentes políticos más destacados
del justicialismo. Entre sus diversos roles alcanzó el cargo de diputado nacional y se
desempeñó como el primer delegado de Juan Perón luego de iniciada la dictadura
del año 1955. En su activa trayectoria vinculó las identidades del radicalismo, del
peronismo y de la izquierda latinoamericana.
115
Aritz Recalde
Se destacó, además, por ser un agudo analista y un teórico del proceso histórico
del cual fue protagonista. Entre sus aportes conceptuales más destacados deben
mencionarse su noción del nacionalismo industrialista y la explicación del factor
imperialista como el centro fundamental de las relaciones internacionales.
A lo largo del presente artículo, vamos a describir de manera sucinta algunos
de sus conceptos fundamentales sobre el funcionamiento de la economía de la
Argentina.
La historia de la dependencia económica argentina
La dependencia económica aseguró la esclavitud mental.
J. W. Cooke
En su trabajo “Apuntes para la militancia” Cooke realizó un breve análisis sobre
la historia de la Argentina. Allí describió la existencia de dos grandes tendencias
políticas, sociales, culturales y económicas enfrentadas. Por un lado, se desenvolvió
un proyecto orientado al desarrollo soberano, productivista y de carácter federal;
por el otro, avanzó el programa económico de sumisión al mandato del capitalismo
británico y de inserción dependiente del país al mercado mundial.
Cooke detalló que en el siglo xix el grupo unitario porteño fue la polea de
transmisión del proyecto foráneo y le “concedió a Inglaterra la franquicia para que
sus barcos navegasen nuestros ríos, a cambio del derecho espectral de que los barcos
que no teníamos navegasen por el Támesis” (Duhalde, 2011: 262). Bernardino Ri-
vadavia continuó estas acciones y pactó un préstamo con la Baring Brothers inglesa,
entregó las minas de la Fátima en La Rioja –a un consorcio europeo del cual él
mismo era miembro– y fundó el Banco de Descuentos controlado por comerciantes
británicos. Esta corriente política impidió el desarrollo de las artesanías del interior
del país arruinando a la “provincias mediterráneas”. La economía aperturista fre-
nó el desenvolvimiento industrial y desató los sangrientos enfrentamientos entre
los representantes de las provincias y el gobierno de Buenos Aires. En óptica de
Cooke, el unitarismo porteño descuidó las guerras de la Independencia, permitió
la escisión de la Banda Oriental y fue un acelerador del desmembramiento del
Alto Perú y del Paraguay.
La contracara del programa unitario la encarnaron los caudillos federales. Cooke
caracterizó de forma positiva a Juan Manuel de Rosas, quien forjó un pacto político
116
John William Cooke y el nacionalismo económico
entre Buenos Aires y el interior tendiente a detener al colonialismo europeo. La Ley
de Aduanas del año 1835 protegía la industria artesanal existente en las provincias
y sentó las bases para la organización de la nación sobre principios federales. Como
resultado de esa promoción, se desenvolvió una “industria capitalista independiente
del sistema del comercio de Inglaterra” con la cría de ganado, los saladeros y la
flota de barcos bonaerenses.
Cooke destacó el hecho de que en el Río de La Plata la búsqueda de soberanía
política nacional adquirió la dinámica de lucha económica y de disputa militar. El
imperio británico intentó desandar el proyecto productivo proteccionista con la
guerra de 1845, siendo derrotado por la Confederación y recién pudo aplicar su
agenda de gobierno luego de la Batalla de Caseros de 1852.
Cooke cuestionó a Justo José de Urquiza por su decisión de incorporar a
nuestro país al proceso económico mundial como “complemento del capitalismo
inglés”. Caracterizó críticamente las políticas del liberalismo aperturista y el hecho
de que los ríos protegidos en la Batalla de la Vuelta de Obligado “pasan a ser vías
internacionales por prescripción institucional: no la prosperidad sino la miseria
navegará por ellos”.
Cooke consideró que el programa de desarrollo nacional autónomo, desar-
ticulado por las oligarquías y por los ingleses, fue retomado recién por Hipólito
Yrigoyen, quien había tenido entre sus méritos “el de cumplir su promesa de no
enajenar ninguna parte de la riqueza pública ni ceder el dominio del Estado sobre
ella” (Duhalde, 2011: 270). En particular, Cooke le reconoce al dirigente de la
ucr el apoyo que le otorgó a ypf y las tentativas, fracasadas, de fundar el Banco
Agrícola y el Banco del Estado. Puntualizó que “dentro de su política económica
nacionalista hay fallas fundamentales tal como la de haber desamparado a la indus-
tria que creció durante la guerra, indefensa luego ante la competencia extranjera,
la cual fue consecuencia de la mentalidad agrarista de la que no se evadió ni el
radicalismo ni su jefe” (ibídem: 271).
Luego de ser derrotados Juan Manuel de Rosas e Hipólito Yrigoyen, se impuso
un orden económico e ideológico neocolonial y en palabras de Cooke “el impe-
rialismo es tanto un hecho técnico-económico como cultural” (Duhalde, 2009:
59). Las clases dirigentes locales asumieron el liberalismo propio de las burguesías
de las naciones adelantadas y “eran las consignas del desastre para un país que se
hallaba en estadios inferiores de desarrollo; su trasplante servil nos dejó a merced
del extranjero y nos deparó un siglo de economía deformada” (ibídem: 62).
Cooke sostiene que le correspondió al justicialismo refundar económicamente
al país sobre los principios industrialistas, soberanos y populares. Sus ideas quedaron
117
Aritz Recalde
expresadas, centralmente, en sus intervenciones en el recinto de la Cámara de Dipu-
tados. En el año 1964 Cooke destacó que el justicialismo de 1946 a 1955 impulsó:
... una política nacionalista en su más estricto sentido, cosa que, por otra
parte, fue fijada por nuestro bloque. Personalmente lo hice en debates tales
como el de la nacionalización del Banco central, el de la nacionalización de
los depósitos bancarios, cuando se creó la Secretaría de Transporte, cuando se
liquidó la Corporación de Transporte de Buenos Aires, etc. […] algún rotativo
que sirve al imperialismo aludía a mis discursos diciendo “ha pronunciado
un nuevo ritornelo antiimperialista”. Ese fue el sentido de nuestra actuación
(Duhalde, 2009: 106).
La planificación estatal justicialista
del Primer Plan Quinquenal
Ningún partido podrá ya gravitar en el escenario nacional si
no está imbuido de nacionalismo en materia económica.
J. W. Cooke
El gobierno justicialista implementó un programa de desarrollo nacionalista e
industrialista caracterizado por la intervención y la planificación del Estado. La
Revolución formuló el Primer Plan Quinquenal (1947-1951) que fue presentado
por Juan Perón en el Congreso el día 21 de octubre de 1946. La propuesta incluyó
más de 25 proyectos de leyes sobre aspectos estructurales de política, salud públi-
ca, educación, cultura, justicia, defensa nacional, población, obra social, energía,
transportes, producción, comercio exterior y finanzas.
En ese contexto, Perón denunció la condición de dependencia extranjera que
padecía la economía argentina. Mencionó que:
... quienes se sentaban en el honroso sillón de Rivadavia tenían el gobierno
político de la Nación, pero no el gobierno económico ni el gobierno social
del país. La economía ha sido en gran parte manejada desde el exterior por
intermedio de los grandes consorcios capitalistas del país [...]. En 1810 fuimos
libres políticamente. Ahora anhelamos ser económicamente independientes.
Vasallaje por vasallaje, no sé cuál sería peor (1946: 3).
118
John William Cooke y el nacionalismo económico
Sobre la institución argentina reguladora de la política monetaria Perón expresó:
¿Qué era el Banco Central? Un organismo al servicio absoluto de los intere-
ses de la banca particular internacional. Manejaba y controlaba los cambios
y el crédito bancario y decidía la política monetaria de la Nación con total
indiferencia respecto de la política económica que la Nación debía desarrollar
para la promoción de su riqueza (1946: 3).
El presidente caracterizó a los bancos privados como parte de la estructura de la
dependencia, ya que eran controlados por “monopolios” que manipulaban el aho-
rro del país desconociendo los intereses de la producción y del trabajo argentino.
Cuestionó el hecho de que el comercio interior y exterior fuera controlado por
grandes grupos económicos. En ese sombrío panorama, Perón se preguntó: “....
¿quién ha de organizar la riqueza? ¿los monopolios?. Se habla de economía dirigi-
da. Y yo pregunto ¿dónde la economía es libre? Cuando no la dirige el Estado, la
dirigen los monopolios”.
Sobre la base de este diagnóstico y teniendo en cuenta los informes y linea-
mientos técnicos elaborados por el Consejo Nacional de Posguerra, el justicialismo
nacionalizó el Banco Central, los depósitos bancarios, el comercio exterior (iapi),
los servicios públicos y buena parte de los recursos naturales.
En su condición de diputado de la nación, Cooke acompañó las medidas
del oficialismo y fijó una posición marcadamente antiimperialista. En el recinto
efectuó una defensa del Primer Plan Quinquenal y de la planificación estatal de la
economía. En las sesiones del 27 de marzo del año 1947 estableció:
... queremos dejar constancia que intervención ha habido siempre en este país,
y sobre todo en los gobiernos anteriores a la revolución. El intervencionismo
no es nuevo. Lo que es nuevo es el intervencionismo en favor de la clase ne-
cesitada y el intervencionismo por medio de la planificación, porque puede
haber intervencionismo sin planificación y lo ha habido en este país; lo que
no puede haber es planificación sin intervencionismo; se demuestra que la
planificación es imprescindible, de hecho quedará demostrado que no puede
dejar el Estado de intervenir en la relaciones del capital privado.
Cooke compartía las opiniones de Perón y apoyó la planificación económica que
implementó el justicialismo y fundamentó su posición doctrinaria en la existencia
del factor imperialista mundial. El diputado remarcó el hecho de que los países
centrales y las grandes empresas multinacionales estaban luchando permanente-
mente entre ellas con la finalidad de apropiarse de la riqueza de sus competidores.
119
Aritz Recalde
Mencionó en el recinto el día 27 de marzo de 1947 que “desde el punto de vista
económico no existe la paz […] las economías guerrean entre sí”. En este contexto,
el Plan Quinquenal tenía como meta fundamental “evitar los efectos de las crisis
o de hipotéticos estados de guerra en nuestro país, tiene por objeto favorecer a
todos los sectores de la población incrementando sus niveles de vida, y procurar
la expansión económica de nuestro potencial”. El programa de desarrollo de la
revolución justicialista hacía realidad su certeza acerca de que: “La planificación es
la única perspectiva que le queda a la democracia para salvarse”.
Cooke propugnó la intervención activa del gobierno en la economía y pro-
puso regular las aduanas, reorganizar impuestos y nacionalizar recursos naturales
y servicios públicos. Con esa meta, el Estado tenía que adoptar una renovada y
protagónica capacidad de decisión sin por eso reproducir el modelo comunista.
En sus palabras:
... hay que hacer una planificación en el verdadero concepto y sentido en que
puede hacerse una planificación en la República Argentina, es decir, hay que
hacer lo que Karl Mannheim llamó una planificación para la libertad y no una
planificación para la servidumbre; no una planificación totalitaria, sino una
planificación congruente con nuestro sistema constitucional que, al mismo
tiempo que asegure las elementales garantías individuales, no permita que
esas mismas garantías se vean perturbadas por el desarrollo desmesurado del
poder financiero (Duhalde, 2007: 90-91).
La lucha contra los monopolios capitalistas
Somos un país de economía semicolonial, dirigida desde el extranjero
y campo propicio para el juego de todos los monopolios.
J. W. Cooke
En el año 1946 Cooke elevó a la Cámara de Diputados un proyecto de ley de
Represión de Actos de Monopolio. Allí destacó que “somos un país que no
tiene economía propia” y ese lugar era ocupado por los capitales extranjeros
que controlaban los principales resortes financieros, bancarios y los servicios
públicos. Interpretó que el proceso de concentración económica planetario
había sido analizado inicialmente por Marx y luego fue Lenin quién percibió
120
John William Cooke y el nacionalismo económico
cabalmente el proceso. En palabras de Cooke, el político ruso “dice que en
el momento en que el monopolio y las concentraciones de tipo monopolista
sustituyen el libre cambio, el capitalismo se transforma en imperialismo”.
Recuperó citas del marxista austríaco Rudolf Hilferding, quien, en la opinión
del diputado justicialista, “demuestra la influencia del capital financiero, que
desplazó el entonces capital industrial para tomar el comando en la dirección
de la economía y el comercio”.
Cooke mencionó que Lenin corrigió aspectos de la teoría de Hilferding y
detalló el hecho de que el sector financiero y los grandes consorcios industriales
se fusionaron. Los monopolios atravesaron las etapas de cartel, pool y trust e
integraron la economía de manera vertical, horizontal y total. El monopolio
ejercía prácticas desleales en la economía, aumentaba los precios internos,
bajaba salarios y “no renueva nunca sus equipos técnicos”, conduciendo al
país a un atraso tecnológico y productivo. Su inmenso poder ponía en riego la
sustentabilidad económica y la soberanía del mismo Estado, y:
... al lado de las autoridades constituidas de acuerdo con las cartas cons-
titucionales se forma el gobierno de los consorcios financieros, de los
hombres de la banca, del comercio y de la industria, que por medio de
esta vinculación realizada a espaldas de los intereses populares, llegan a
posesionarse del gobierno.
En los fundamentos del proyecto de ley, Cooke sostuvo que el norteamericano
Roosevelt y el francés De Gaulle ya habían cuestionado públicamente al trust, al
que consideraron como un factor contrario al desarrollo nacional de sus países.
Mencionó que el carácter perjudicial de los monopolios fue denunciado además
por el pensador Alejandro Bunge, quien ya en los años cuarenta describió la
forma a partir de la cual estos grupos frenaban la industrialización del país.
Cooke remarcó el hecho de que en la Argentina hubo antecedentes normativos
que buscaron cercenar el alcance de esos capitales y que nunca lo consiguieron.
121
Aritz Recalde
El sistema financiero argentino
El ex ministro Hueyo anunció en el año 1933 que el 45% de la renta
nacional debía destinarse a pagar servicios de nuestra deuda exterior.
Se había seguido la vieja política de ahorrar sobre el hambre y la
miseria del pueblo argentino para que nuestro crédito en el exterior no
se viese afectado, “no se resintiese nuestro prestigio”, como se decía en
el idioma de la época. Ese es un concepto equivocado, porque no hay
absolutamente nada que pueda confirmar que para satisfacer ningún
tipo de obligación deba ahorrarse sobre el hambre y la sed del pueblo. Por
supuesto, esta consigna era hecha circular por el propio imperialismo.
J. W. Cooke
Nosotros no contrajimos deuda externa y ahora, hay
más de tres mil millones de deuda externa.
J. W. Cooke (1964)
El justicialismo aplicó una reforma estructural del sistema financiero argentino
y nacionalizó el Banco Central y los depósitos bancarios y repatrió la deuda
externa. Para Cooke el fondo de la cuestión financiera tenía que ver con revertir
la “dictadura económica” que ejercieron los grupos “foráneos de concentración
capitalista”, que conformaron en el país una “economía endeudada”.
El diputado justicialista repasó algunas medidas del gobierno nacional
tendiente a recuperar soberanía bancaria. Entre ellas detalló la “repatriación de
la deuda externa, la conversión de la deuda y rescate de células hipotecarias”.
Cooke consideró que:
[la] deuda externa ha sido fomentada por los países de penetración im-
perialista en nuestro continente, porque muchos gobiernos endeudados
han sido arcilla en manos de los fuertes consorcios internacionales […]
hace ciento veinte años que la deuda externa era uno de los capítulos de
la opresión de nuestra economía nacional.
La política de renegociación de la deuda aplicada por el justicialismo redujo
los onerosos servicios cobrados por los grupos extranjeros. Cooke mencionó
122
John William Cooke y el nacionalismo económico
que se bajó la tasa de interés y se aumentó el plazo de los pagos en beneficio
del país. Al abandonar el desembolso de servicios de deuda en libras esterlinas,
la Argentina quedaba al margen de las habituales y negativas fluctuaciones del
peso. La medida se utilizó además para regular la inflación interna.
El 5 de diciembre de 1946 la Cámara de Diputados trató la ratificación
del decreto-ley sancionado por Edelmiro Farrell, de nacionalización del Banco
Central. El organismo nació en el año 1935 aplicando una iniciativa de Otto
Niemeyer, vicepresidente del Banco de Inglaterra, y era una institución mixta
con participación del Estado y de bancos privados nacionales y extranjeros.
Administraba el valor de la moneda, los depósitos de reservas metálicas y
regulaba a los otros bancos, y para Cooke estas cuestiones eran indelegables y
centrales a la soberanía nacional. Justificó la nacionalización del Banco Central
por el hecho de que el organismo era controlado por los ingleses y fue una pieza
fundamental del dominio extranjero sobre nuestra economía. Cooke destacó
que en nombre de la autonomía del Banco, en realidad se escondió el manejo
monopólico de un reducido grupo de financistas extranjeros que bloquearon
el desarrollo productivo y social argentino.
El dirigente justicialista reivindicó la decisión del peronismo de nacionalizar
los depósitos bancarios, ya que esa medida permitió que el ahorro argentino se
destinara a inversiones productivas y sociales dentro del país. Con esa acción,
el Estado dispuso de una masa de ingresos fundamental para implementar el
programa industrial y aplicar la “política de crédito barato”.
La corporación de transportes de la ciudad de Buenos Aires
Allí radica el mayor mérito de nuestra revolución; estamos de acuerdo con
todas las realizaciones de la revolución, en cuanto a liberación económica
[...] recién ahora existe una mentalidad, recién ahora se dicen estas cosas
en el Parlamento Argentino […]. Ese dominio conceptual se concentraba
en una serie de principios que se repitieron desde muchas tribunas del país:
el respeto al capital extranjero, a los medios de transportes –manejados por
consorcios foráneos donde ese capital, en primer lugar, se asentaba–; la
incapacidad del Estado administrador y la del nativo para administrar.
J. W. Cooke
En el año 1936 y como parte de los acuerdos derivados de las negociones entre
Julio Roca (h) y el inglés Walter Runciman (1933), se sancionó la Ley 12311
123
Aritz Recalde
de Coordinación de Transportes de la ciudad de Buenos Aires. La norma creó
la Comisión Especial y la Corporación de Transporte y en ambas tuvieron
participación los transportistas británicos. Con la norma, los representantes
ingleses protegieron al ferrocarril de su propiedad e impidieron el crecimiento
del parque automotor norteamericano.
En 1948 se trató la liquidación de la Corporación a la cual Cooke caracterizó
como “típica de mentalidad colonial” y de “espíritu imperialista”. El diputado
subrayó que “nuestro sistema de comunicación había sido deformado por las
empresas inglesas” y el resultado fue quebrar las fuerzas productivas del país y
crear “la corrupción política y administrativa”.
Cooke remarcó el hecho de que la ley nació como parte de la disputa im-
perialista entre Inglaterra y los Estados Unidos y eso se expresó en la dinámica
del “carbón contra el petróleo, el riel (ferrocarril, tranvía, subterráneo) contra
el vehículo automotor”. La Corporación apoyó a los transportistas de capital
foráneo y quebró a sus competidores locales y poco a poco buscó apropiárselos
y a “los pequeños propietarios se los transformó en proletarios al volante al
servicio de capitalistas foráneos”.
Con la revolución justicialista la gestión de las empresas extranjeras fue
remplazada por la prestación directa de los servicios por parte del Estado y
según Cooke esa decisión se correspondía con el “programa de gobierno de
todos los partidos mayoritarios de este país, y ha sido desde el primer momento
bandera de nuestra revolución en materia económica: uno por compra directa,
otro por expropiación, este por liquidación, todos los servicios públicos irán
siendo renovados”.
La administración del petróleo
Cuando Yrigoyen decidió nacionalizar el petróleo,
selló su suerte: los consorcios yanquis se sumaron a la
conjuración, que tuvo todas las cartas ganadoras.
J. W. Cooke
Cooke reivindicó la administración estatal del petróleo impulsada por los presi-
dentes Hipólito Yrigoyen y por Juan Perón. Estas acciones habían favorecido la
conformación de un nacionalismo energético que tuvo importantes promotores
124
John William Cooke y el nacionalismo económico
en mundo militar y en las investigaciones de Arturo Frondizi publicadas en
el libro Petróleo y política. En palabras de Cooke, este último y previamente a
asumir su Presidencia –donde cambió radicalmente de programa–, “planteaba
con claridad el problema básico de la República Argentina: el de la penetración
imperialista”.
El justicialismo aplicó una política nacionalista en el manejo de la energía
y con esa finalidad sancionó el Artículo 40 de la Constitución Nacional de
1949 que fijó que:
Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón
y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los
vegetales, son propiedad imprescriptibles e inalienables de la Nación, con
la correspondiente participación en su producto que se convendrá con las
provincias. Los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado,
y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su ex-
plotación. Los que se hallaran en poder de particulares serán transferidos
al Estado, mediante compra o expropiación con indemnización previa,
cuando una ley nacional lo determine.
Con el fin de alcanzar el autoabastecimiento, en el año 1955 Juan Perón impulsó
un contrato con la empresa petrolera norteamericana Standard Oil de Cali-
fornia. Dada la carencia de divisas por la que atravesaba el país, el mandatario
consideró que dichos capitales eran un complemento necesario de ypf. Cooke
criticó duramente la iniciativa desde la revista De Frente, y suponía que se po-
día cumplir la meta energética sin contratar concesiones de firmas extranjeras.
En 1964, siendo interrogado por una Comisión Investigadora sobre Pe-
tróleo de la Cámara de Diputados, explicó su oposición frente al proyecto con
la California:
... lo combatí no porque que considerase que era lo mismo que tratase con
un consorcio petrolero un gobierno cualquiera que un gobierno que, como
ese, controlaba los resortes de la economía, es decir el comercio exterior
a través del I.A.P.I, los depósitos bancarios, la emisión, que contaba con
fuerza sindical y con gran apoyo de masas. Digo esto porque hay que hacer
un distingo entre las condiciones que puede tratar un gobierno […] no
obstante esta diferenciación me opuse al contrato con la California por
entender que era un mal precedente, y que no era ese el camino para lograr
autoabastecimiento; con el agravante de que podía desviar al Movimiento
de otras posiciones de profundo contenido revolucionario.
125
Aritz Recalde
Cooke mencionó que el tema dividió profundamente al justicialismo y que en
las reuniones del Consejo Superior Peronista había dirigentes a favor y otros
que lo impugnaban, como fueron los casos de Bustos Fierro, Díaz de Vivar o de
Amado Olmos. Detalló que el proyecto original recibió diversas modificaciones,
“tantas que resultaba inaceptable”. En 1964 Cooke puntualizó los pormenores
de una reunión que tuvo con Perón días antes del golpe de Estado de 1955.
Allí el presidente le manifestó “que ese convenio no saldría, pero que de todas
maneras había mandado al Congreso para ver la reacción que provocaba y para
que se entablara un gran debate público. Él pensaba que, en todo caso, se podría
de esta manera negociar en otras condiciones”.
La reforma constitucional y la administración económica
El sistema jurídico de la Constitución de 1853 es el mejor
resguardo para los intereses económicos de la burguesía.
J. W. Cooke
En el año 1948 un grupo de diputados justicialistas elevaron al recinto un Pro-
yecto de Reforma1 de la Constitución Nacional. Cooke presentó la iniciativa
en la Cámara y argumentó que “nosotros no creemos que los males del país
fueran fruto de la Constitución. Sabemos que ella no pudo evitarlos. El hecho
es que esa Constitución, bien o mal interpretada, sirvió siempre para justificar
las grandes entregas de la soberanía”.
El diputado destacó que la nueva Carta Magna debía incluir una regulación
económica que fuera capaz de garantizar el desarrollo de nuestra producción
industrial. En los fundamentos de la iniciativa se consideró al librecambismo
como un “mito” y como una renuncia a la “soberanía”. Sobre la base de este
diagnóstico, el proyecto suprimió el artículo referente a la libertad de nave-
gación de los ríos con la cual “comenzó el dominio económico del país por
1
La propuesta de Cooke no fue recuperada por el oficialismo, sino que se trabajó sobre la base
de una iniciativa impulsada por Arturo Enrique Sampay. El proyecto de Cooke era de reforma
parcial y finalmente se aprobó un texto nuevo. La Constitución de 1949 declaró la función social
de propiedad privada y fijó el control estatal de los recursos naturales y de los servicios públicos.
De manera similar al proyecto de Cooke, se incluyó un apartado extenso y detallado sobre los
derechos de los trabajadores, la niñez, la ancianidad y la familia.
126
John William Cooke y el nacionalismo económico
fuerzas foráneas. Fue la primera expresión del imperialismo económico, del
imperialismo colonial”.
En los Fundamentos del Proyecto de Reforma Constitucional se remarcó
que “el concepto de propiedad está ampliamente superado por las actuales
doctrinas sobre la función social”. En particular, los diputados justicialistas
propusieron erradicar la dinámica de explotación del capitalismo liberal que
consolidó una economía como “instrumento de poder y de influencia política
para esclavizar a los hombres en provecho propio, mediante la cadena del miedo
a la vida, que es decir el miedo al hambre, a la indignidad, al sufrimiento por
sí y por los seres queridos”. Con dicha finalidad, el Proyecto de Constitución
incluyó la defensa de condiciones “dignas y justas de trabajo”, el derecho a la
elevación de la cultura, el cuidado de la salud física y moral, los derechos al
bienestar, la protección de la familia y el derecho de los obreros a agremiarse.
A modo de cierre
El peronismo surgió, efectivamente, como antítesis de la Argentina liberal.
J. W. Cooke
Dejamos constancia que los peronistas no somos responsables de estos años
de desquicio: no son los obreros los que remitieron fondos al exterior,
ni los que lograron superganancias para gastos suntuarios, ni los que
abrieron las puertas al capital extranjero, ni los que contrajeron las
deudas en el exterior, ni los que las aprovecharon, sino los que pagaron
con su trabajo todo ese despilfarro y latrocinio, los que protestaron y
fueron a la cárcel, se opusieron y no pudieron votar […] nuestras culpas
son de otra índole: el no haber sido capaces de terminar con todo eso.
J. W. Cooke (1966)
Cooke consideró que la soberanía política nacional se estructuraba a partir de
elementos culturales y económicos. A la salida de la Independencia en 1816,
la oligarquía y el partido unitario forjaron una relación de poder subordinada
con Inglaterra. Derivado de ello, los británicos organizaron nuestra economía
y controlaron el transporte, la finanza y el comercio. Asimismo, y como com-
127
Aritz Recalde
plemento de la sumisión material, forjaron una matriz cultural asentada en las
ideologías del “liberalismo” económico y del “progreso” político.
Dicha subordinación facilitó la fragmentación territorial del antiguo Virrei-
nato y fue un obstáculo al desenvolvimiento industrial y productivo del país.
Las oligarquías bonaerenses y las oriundas del litoral se beneficiaron con sus
exportaciones a Inglaterra, cuando en paralelo las importaciones de manufac-
tura debilitaron la producción de las otras provincias. Para Cooke, los caudillos
federales fueron la manifestación política de la lucha contra la dependencia
británica. La resistencia económica, política y militar de Juan Manuel de Rosas
contra Francia (1838) y contra Inglaterra (1845), expresaron el punto más alto
de la conciencia anticolonialista argentina luego de la Independencia.
A fines del siglo xix y a principios del xx, el imperialismo adquirió la di-
námica monopolista y financiera, y los Estados Unidos e Inglaterra iniciaron
una disputa por el control del mercado mundial. Cooke detalló que los nor-
teamericanos impulsaron el dólar, el petróleo y el transporte del camión. Los
británicos defendieron la libra, el carbón y los ferrocarriles. La Argentina fue
parte del teatro de operaciones de la lucha interimperialista y en los años treinta
el lobby de Inglaterra creó el Banco Central, sancionó la legislación protectora
del transporte ferroviario y digitó nuevas regulaciones del mercado energético.
Cooke interpretó que Yrigoyen fue quien condujo el primer intento del
siglo xx de superar la condición semicolonial de la Argentina y que sucumbió
frente a incapacidades propias, a presiones de trust imperialistas y al desfavorable
contexto de la crisis económica de 1930.
La revolución justicialista impulsó un cambio de fondo de la matriz eco-
nómica extranjera. Siendo diputado, Cooke participó activamente en la apro-
bación del Plan Quinquenal y en la nacionalización de los bancos, la energía y
los servicios públicos. Estas acciones consumaron las bases de la independencia
económica, y derivado de ello se alcanzó la soberanía política argentina. Cooke
demostró que Perón fue derrocado por buena parte del bloque oligárquico de
poder que abatió a Yrigoyen en 1930, y es por eso que la dictadura de 1955
fue extranjerizante y antipopular. La contrarrevolución le entregó la gestión de
la finanza al fmi, el control del comercio exterior a la oligarquía y la energía a
los trust norteamericanos.
Frente al sombrío panorama de los años sesenta Cooke manifestó que:
El peronismo podrá desaparecer cuando deje de expresar reivindicaciones
nacionales y populares y otro movimiento lo releve con ventaja, o cuando
él mismo evolucione hacia algún nuevo tipo de nucleamiento que lo su-
128
John William Cooke y el nacionalismo económico
pere dialécticamente, es decir, sin negarlo sino integrándolo en una nueva
síntesis. No desaparecerá por decisión propia porque no es un puñado de
ideas y mitos decolorándose, sino una misión, un frente de la nacionalidad
estructurado en torno a su clase revolucionaria y cargado con la potencia-
lidad de la transformación integral de la sociedad (Duhalde, 2011: 106).
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129
Aritz Recalde
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130
John William Cooke: pensamiento nacional
y pensamiento emancipador
Miguel Mazzeo
La Nación del Estado es, pues, una representación caricaturesca de
la substancia de la nación. Todo lo que en ésta es contradictoriedad,
conflicto, inestabilidad, fluidez, posibilidad de un mundo diferente,
aparece en aquélla como acuerdo, armonía, permanencia,
rigidez: como clausura dentro de los límites de lo establecido.
Bolívar Echeverría
La figura de John William Cooke es inasimilable para algunas configuraciones de
la tradición nacional-popular; concretamente, para la expresión que constituye
su versión canónica y hegemónica: policlasista, neodesarrollista, semicorporati-
va, pseudomodernizadora, estatalista y filoburguesa. La versión que no impugna
el orden existente (el sistema capitalista, la sociedad burguesa), la que reduce
lo posible a lo dado y la que asume la gestión progresista del ciclo económico
como horizonte. Una versión incompatible con el pensamiento emancipador
y el discurso crítico, dado que está constituida como discurso apologético de la
organización de una sociedad en función del proceso de acumulación de capital
o, por lo menos, como relato aquiescente con ella. En fin: una expresión de la
totalización de la “socialidad” burguesa y de un sentido histórico que se da por
concluido. Un discurso del poder. Un lenguaje producido por la burguesía y,
131
Miguel Mazzeo
por lo tanto, mistificador de la autodeterminación nacional y cosificador del
sujeto popular.
Esta configuración, apelando a legitimidades fundadas en supuestas esen-
cias históricas (ethos, sentimientos, costumbres), tiende a atribuirse a sí misma
la práctica nacional y el discurso nacional. Se los reserva íntegramente para
sí misma. Toda acción y toda narrativa nacional desplegada por fuera de sus
dominios aparece de antemano condenada a habitar las regiones del olvido o,
directamente, es ubicada en la zona reservada para la “extranjería”, el “cipayismo”
y… ¡la “sinarquía”!; o para los denominados y las denominadas “idiotas útiles
de siempre” que, supuestamente, “le hacen el juego”. La capacidad de producir
y administrarlos sintagmas –y la discursividad en general– sobre lo nacional
que posee esta configuración proviene de su destreza para reproducirse en el
abajo, instalando principios de unificación e igualación, y de su influencia en
los imaginarios de diversas instituciones de la sociedad civil y el Estado: orga-
nizaciones políticas y religiosas, sindicatos, universidades, editoriales, algunos
medios de comunicación, etcétera.
Desde luego, existen configuraciones no hegemónicas (y alternativas) de
dicha tradición que remiten a la totalización de una “socialidad” no capitalista.
Configuraciones ajenas al espectro ideológico burgués y que se niegan a com-
partir su objetividad (que se relacionan tanto a las condiciones productivas y
reproductivas impuestas por el capital como a las significaciones burguesas
coaguladas). Configuraciones transgresoras del canon característico del significar
dominante. Configuraciones disidentes que desafían la visión de lo nacional-
popular impuesta por la configuración hegemónica, que invitan a discutirla,
que resisten sus principios de unificación e igualación y sus determinaciones
procapitalistas, que incorporan sintagmas que provienen de horizontes no
reconocidos por esta configuración “oficial” y que prefiguran otros proyectos
políticos. Configuraciones estructuralmente críticas y desmitificadoras para las
cuales el sentido histórico es principalmente una búsqueda.
Por ejemplo, existen configuraciones de lo nacional-popular liberadas del
relato estatal, burgués y desarrollista que además buscan articularse con las for-
mas de contra-sociedad, tanto de manera retrospectiva: de cara a la construcción
de sus imaginarios históricos y sus genealogías rebeldes, como prospectiva: en
la elaboración de sus proyectos políticos de cara al futuro. En este tipo de con-
figuraciones, lo nacional-popular no puede ser asimilado por una alternativa
burguesa y no nutre los imaginarios colectivos afines a la subordinación popular
y a la apropiación del capital de las condiciones de la praxis social. De manera
similar, la crítica al orden neocolonial y al eurocentrismo no corre el riesgo de
132
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
ser incorporada a ninguna concepción burguesa de la cultura, la educación (y
la vida en general). El antiimperialismo, más que en élites políticas virtuosas y
“patrióticas” que gestionan el Estado nacional en representación de las clases
subalternas, pasa a fundarse en el autogobierno de los y las de abajo.
A diferencia de las configuraciones hegemónicas de lo nacional-popular,
estas configuraciones críticas y disidentes no remiten a identidades conformistas
y arrinconadas en los límites orgánicos del nacionalismo burgués y del fetiche
del desarrollo capitalista nacional. No expresan un consenso corporativo, un
acuerdo circunstancial de intereses privados, sino un compromiso colectivo con
la emancipación de las clases subalternas y oprimidas de la nación. A diferencia
del nacionalismo retórico que apela a la utopía emancipadora y a la épica ple-
beya para después mostrarse incapaz de trascender las acciones compatibles o
abiertamente favorables a las clases dominantes, las configuraciones alternativas
de lo nacional-popular están predispuestas a asumir las consecuencias del lugar
epistemológico que reivindican.
Vale aclarar que estas configuraciones disidentes se manifiestan tanto en
imaginarios como en realidades concretas, aunque persisten marginadas y
subsumidas (cuando no ocultas) en el espacio de heterogeneidad extrema de la
configuración hegemónica que, en algunas circunstancias históricas, no deses-
tima la posibilidad de considerar a las primeras como “anticuerpos” necesarios
que deben ser integrados, a pesar de que, como hemos señalado, no esté en
condiciones de asimilarlas a su propia síntesis.1 Las configuraciones disidentes
también permanecen como estrato profundo de vida social espontáneamente
anticapitalista y comunitaria, y como politicidad (y potentia) popular que se
resiste a ser enajenada por el capital.
En rigor de verdad corresponde aclarar que, en general, estas configuracio-
nes alternativas no lo son en un sentido estricto. Por ahora son solo esbozos de
futuras configuraciones, o posibles insumos para ellas. En este, nuestro tiempo,
solo se ponen de manifiesto algunos elementos fragmentarios, retazos. Siguiendo
a Antonio Gramsci, podríamos pensar la precariedad de las configuraciones
1
Esta modalidad de integración subordinada de lo que de antemano se sabe inasimilable no es
ajena a la cultura política (una auténtica “pragmática”) del peronismo. Existen muchas afirma-
ciones del general Juan Domingo Perón que dan cuenta de la ella, por ejemplo, la que sigue:
“La izquierda es ácida como el vinagre, pero al mismo tiempo es el complemento indispensable
de toda buena ensalada. No se olviden de ponerla, para que tenga gusto. Pero recuerden que la
ensalada la tenemos que comer nosotros”. Ver revista Así, 26/6/1971, año 6, Nº 269, pp. 2-7. El
recuerdo de Perón (del 25 de noviembre de 1972) de la figura de Cooke como un “contrapeso”
ideológico posee el mismo sentido.
133
Miguel Mazzeo
alternativas de lo nacional-popular por el grado de disgregación y por el carácter
episódico que signa la historia de las clases subalternas y oprimidas, y por la
intensa e incesante intervención de las clases dominantes en pos de la ruptura
de cualquier tendencia hacia la unificación de las primeras.2
Por lo tanto, resulta evidente que el denominado campo nacional-popular,
un espacio dinámico de disputa de sentidos y proyectos, ha sido y es objeto de
constantes reconfiguraciones y, si bien presenta momentos de fijación en su
transcurrir histórico, no debería considerarse como un espacio fijo. Las ten-
dencias a eternizar (y reificar) lo que fue un momento de fijación y aferrarse
a él, sin dar cuenta de la variabilidad contextual, solo puede tener sentidos
conservadores. Ocurre a menudo que lo que puede desempeñarse como matriz
cultural resistente en un determinado tiempo, no necesariamente replica esas
funciones en otro. Podemos considerar, a modo de ejemplo, la poesía gauchesca,
ciertas versiones de la historiografía revisionista y al peronismo de izquierda.
Todo aquello que en un período histórico expresó el rechazo a las lógicas
abstractas que subordinaban las formas concretas de la vida, puede devenir
una nueva lógica abstracta. Aquello que supo esclarecer y desfetichizar, devie-
ne factor de encubrimiento y fetichización. Lo que fue “energía suprasocial
comunitaria”,3 el motor de los conflictos sustantivos, deja de serlo. La ela-
boración teórica se empobrece. Las tradiciones pueden ser traicioneras, sobre
todo las que se caracterizan por la fascinación por los sortilegios pragmáticos.
La configuración hegemónica de la tradición nacional-popular idealiza un
momento de fijación relacionado con circunstancias históricas en las que fue
posible la solidaridad relativa entre las clases y grupos sociales con intereses
históricos antagónicos. Es decir, esta configuración opta por erigirse sobre una
solidaridad interclasista relativa, sobre la coincidencia del interés permanente
de algunas fracciones de la burguesía argentina y el interés temporal y circuns-
tancial (ni general, ni permanente) de las clases subalternas y oprimidas. Esas
circunstancias históricas, además, funcionan como su horizonte. El anhelo de
reeditarlas constituye uno de los fundamentos de su proyecto político.
En esta maniobra idealizadora la matriz hegemónica de la tradición nacio-
nal popular queda en deuda con el historicismo que constituye uno sus pilares
filosóficos más distintivos. Porque, de alguna manera, roza la idea de una razón
permanente, igual a sí misma, válida para todas las personas, para todos los
tiempos y para todos los paisajes; porque opta por una narración más centrada
2
Ver Gramsci, 2000.
3
Así definía Nicolás Casullo al peronismo del período 1945-1975 (2008).
134
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
en las ideas que en las cosas; porque comete el peor pecado en los términos de
su propia religión: sustituye lo real. Un pecado de leso iluminismo, un pecado
contra la conciencia histórica. Una “exaltación teórica”.
La nación es un “objeto” inacabado, es una praxis. Se está constituyendo (y
se está historizando) todo el tiempo; desde abajo, como ámbito de fraternidad y
como horizonte plebeyo que intenta deslastrarse de las incrustaciones coloniales
e imperialistas, como diversidad subalterna, como reconstrucción del pueblo
desheredado, como producción de significados que resisten espontáneamente
o impugnan la objetividad capitalista, en los términos de Bolívar Echeverría:
“... como forma de organización espontánea de los distintos aspectos de una
existencia social en tanto que totalidad comunitaria” (Echeverría, 2017: 240);4
pero también desde arriba (principalmente desde el Estado), como espacio
de dominación, de separación, enajenación, control y fortalecimiento de esas
incrustaciones, como diversidad entre clases y sectores sociales con intereses
antagónicos, como objetividad capitalista basada en la solidaridad supraclasis-
ta. Solo en el primer caso la conciencia nacional se corresponde a procesos de
formación de una autoconciencia nacional.
Cooke parece ser incompatible con las fórmulas y los imaginarios sostenidos
por la versión convencional y fosilizada de tradición nacional-popular. Prin-
cipalmente porque es una figura que muestra los límites y las contradicciones
de quienes se consideraban (y se consideran) administradores exclusivos del
énfasis en la singularidad de la realidad nacional y lo utilizan para justificar la
participación subordinada de las clases subalternas y oprimidas en bloques de
poder dirigidos por algunas fracciones de las clases dominantes.
Por eso Cooke no puede funcionar como “significante comodín”. Se trata
de una figura cuyos sentidos más profundos no se pueden desplazar fácilmente.
Por su contenido y por su significación ideológica y pragmática, es una figura
difícil de traficar. Su pensamiento carga demasiadas propuestas para el presente
y el futuro, propuestas para construir alternativas de poder auténticas de y para
los trabajadores y las trabajadoras. Cooke pesa como pasado por el futuro que
proyectó y sigue proyectando. Entonces, es pasado inconveniente. Su letra no
es inofensiva y todavía quema. Cooke es un escándalo teórico e histórico. Se
resiste a la condición de “clásico”, persiste moderno. Cooke es la expresión de
4
Sostiene este autor que “la vida efectiva de la dimensión ‘histórico cultural’ o ‘nacional’ tiene
lugar en medio de una lucha constante, la que se entabla entre su capacidad de conservar y
generar comportamientos sociales incompatibles con la valorización e impugnadores de ella,
por un lado, y la acción modeladora-represora de la cotidianidad productiva y consuntiva que
proviene del desarrollo del capital ‘nacional’, por otro” (260).
135
Miguel Mazzeo
una dignidad revolucionaria siempre dispuesta a rearticularse con lo que bulle
desde abajo. Esto explica en buena medida la oquedad de aquellas expresiones
políticas que intentan reeditar un peronismo de izquierda y que, en esa faena
extemporánea, apelan a Cooke.
En 2011 Sebastián Skolnik se refería a un “cookismo trucho”. Una especie
de neo-cookismo condenado a ser “más estético y retórico que materialista”.
Skolnik afirmaba que:
... las experiencias plebeyas o de radicalización no pasan por ninguno de
los cánones o de las categorías con las que el peronismo de izquierda piensa
lo heredado. En la actualidad, es difícil pensar que la clase obrera sea el
sujeto de la revolución. No lo piensa realmente nadie. Y, sin embargo,
apelar a un cookismo sin hacer la elaboración política de qué significa lo
plebeyo hoy, y mistificarlo en fórmulas mágicas heredadas es un obstáculo
real para asir el problema. El neo-cookismo formula una apuesta ficticia
a que el peronismo mismo (o las formas que se articulan alrededor del
peronismo o las construcciones que vayan sucediendo en el peronismo)
va a radicalizar el proceso. Es una trampa porque en realidad, lamentan
el desborde más que fomentarlo. En este sentido, se parece bastante a la
visión de la burocracia que denunciaba Cooke (Skolnik, 2014: 242-243).
De este modo, las puertas para ingresar al panteón de los “pensadores naciona-
les” no siempre (en realidad casi nunca) han estado abiertas de par en par para
Cooke, básicamente porque impugnó el modelo del “acuerdo nacional” y supo
ir más allá de los confines establecidos por la revolución burguesa radical, la
ampliación democrática del desarrollo capitalista y el nacionalismo defensivo,
sustrayéndose a la ilusión de la incesante perfectibilidad de la sociedad burguesa.
Cooke no centró su propuesta en la eliminación de los “abusos” de la so-
ciedad capitalista, sino en la transformación de las relaciones de producción y
propiedad. No concibió la transformación de la sociedad burguesa como un
proceso pedagógico, sino como un proceso revolucionario. Buscó desanclar la
iniciativa de la lucha de clases del mar de fondo de la burguesía y su alianza
reformista. Colocó el enfrentamiento social y político en un plano más elevado.
Cooke no recurrió al adjetivo “nacional” como cifra del espectro ideológico
burgués y no invocó peculiaridades insoslayables a modo de conjuro contra
la lucha de clases y los contenidos anticapitalistas. No antepuso la dimensión
nacional a la dimensión clasista de la vida social, la autodeterminación na-
cional a la autodeterminación (y al autogobierno) de las clases subalternas y
136
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
oprimidas. No antagonizó la nación con el socialismo; por el contrario, los
reconoció como planos que debían ser inseparables y sugirió posibles puntos
de confluencia. Desde fines de la década del cincuenta, fue delineando una
crítica a las formas mistificadas de la autodeterminación nacional. Entonces, no
cayó en el antiimperialismo retórico y acotado a las regiones secundarias. Supo
detectar al imperio operando en las estructuras de poder interiores: económicas,
sindicales, políticas, culturales.
Captó tempranamente un conjunto de circuitos, interdependencias y
unificaciones funcionales, por eso asumió el socialismo como el único camino
posible para resolver la “crisis argentina”. Aportó una mirada estratégica, desde
el peronismo, sí, pero también –y fundamentalmente– alternativa al peronismo.
De esta manera, se aproximó a la noción de “sistema mundial” como unidad
de análisis, no se centró pura y exclusivamente en los componentes locales. Por
ende, todas las fuerzas sociales se le presentaban como “internas”. Asimismo, se
alejó de la nación, del Estado y del capital y dio cuenta de una serie de códigos
culturales e históricos de la nación de los y las de abajo, de la nación como
resistencia y socialidad anticapitalista.
Entonces, como Cooke cuestionó la predisposición a separar lo nacional
de la lucha de clases, se negó con énfasis a considerar al imperialismo y al co-
lonialismo (internos o externos) como hechos desvinculados del capitalismo
que los reforzaba. El Bebe no estaba de acuerdo con la composición del sujeto
popular como un sujeto no clasista y repudió la maniobra que lo subsumía en
un espacio que expresaba la trascendencia de la particularidad burguesa. En su
idea del “frente nacional”, el componente plebeyo era determinante. Y si bien
este frente podía (y debía) integrar a otros sectores, el liderazgo estaba reservado
para los y las de abajo.
Como en la mayoría de las formulaciones del pensamiento nacional, Cooke
partía de considerar la contradicción imperialismo-nación como la principal.
Ahora bien, a partir de determinado momento de su itinerario, asumió que
el capitalismo periférico difícilmente podía escindirse del imperialismo, que
sin un cambio radical de sus estructuras su hado sería la permanencia en una
fase de eterna transición. En esa encrucijada Cooke marcó la diferencia con
las versiones del pensamiento nacional que apostaban a la nacionalización del
capitalismo y al desarrollo de un nicho de acumulación (capitalista) endógeno,
desenganchado del proceso de acumulación mundial como camino para exceder
la condición periférica. También dejó establecidas sus discrepancias con aquellos
y aquellas que concebían la contradicción entre imperialismo y nación como
una contradicción entre un capitalismo puro y extranjerizante y un capitalismo
137
Miguel Mazzeo
impuro y nacional. Cooke asumió una determinación anticapitalista: prefirió la
impureza inherente al proceso de construcción del socialismo en la Argentina
y en Nuestra América. En esa impureza, precisamente, reconoció un signo de
la raigambre y la radicalidad del socialismo.
Cooke supo diferenciar y extraer de las invocaciones a la “posición nacional”
el componente de manipulación de una identidad cultural plebeya por parte de
aquellas facciones de las clases dominantes y del Estado que aspiraban a ampliar
su base hegemónica. Luego, expuso ese componente. Lo puso en evidencia.
Mostró el grado de abstracción de ese tipo de nacionalismo (y este tipo de an-
tiliberalismo), los modos verticales de la solidaridad interclase que promovía,
su condición de instrumento de justificación del statu quo. Denunció el destino
opresor de una narrativa que no estaba a la altura de la realidad. Solía decir que
un movimiento podía ser policlasista, pero jamás una ideología.
Para Cooke, la articulación de las coordenadas clase/nación era la base del
conocimiento de la totalidad y del autoconocimiento de la clase trabajadora. El
punto de partida para desarrollar una estrategia de poder autónoma, alejada del
horizonte del “buen capitalismo”, el “culturalismo telúrico” y otras identidades
conformistas y arrinconadas. Vale traer a colación a René Zavaleta Mercado que
decía que “el nacionalismo sin el concepto de lucha de clases no sería sino otra
forma de alienación” (2009: 47); y también a Eric Hobsbawm, que sostenía
que “la adquisición de conciencia nacional no puede separarse de la adquisición
de otras formas de conciencia social y política” (2000: 139).
Asimismo, Cooke reclamó ese énfasis en los hechos concretos para el
marxismo que, de este modo, se desprendía de su universalismo abstracto, de
todos sus formalismos –que los tenía, al igual que la configuración hegemó-
nica de la tradición nacional-popular– y encontraba su sentido más recóndito
en la historia de las clases subalternas y oprimidas, en sus experiencias, en sus
luchas, en sus resistencias contra la opresión y la explotación, en sus rebeldías.
Por lo tanto, el marxismo de Cooke se diferenciaba del marxismo dogmático
y se relacionaba directamente con la insubordinación del mundo periférico.
Cooke, como la izquierda revolucionaria (peronista o no) que emergió
después de su muerte, pueden verse como la expresión de una crisis de la con-
ciencia burguesa dominante en la clase trabajadora. Una crisis que devino menos
de la influencia directa de las figuras y las organizaciones revolucionarias que
de la experiencia histórica popular –del proceso de la lucha de clases–, sobre
todo desde 1955 y, con particular intensidad, a partir del Cordobazo, el 29 de
mayo de 1969. Cooke y esa izquierda llevaron hasta sus últimas consecuencias
las implicancias prácticas de las trilogías: pan, patria y poder para el pueblo, o
138
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
independencia económica, soberanía política y justicia social. No las leyeron
en clave occidental y antimarxista. Quisieron transformar la rebeldía innata
de los trabajadores y las trabajadoras de Argentina en autoconciencia histórica.
No se identificaron con los lugares comunes del peronismo (por ejemplo: “las
veinte verdades del peronismo”), sino con sus contenidos socializantes, con sus
núcleos semánticos más disruptivos, con su léxico clasista espontáneo, con sus
costados malditos; supieron leerlos como emergentes de la lucha de clases y los
convirtieron en punto de partida para una transformación radical, desde abajo,
esto es: los potenciaron como condiciones de transformación.
Hace algún tiempo el periodista Tomas Eloy Martínez hacía referencia a
un duelo simbólico entre Jorge Luis Borges y Juan Domingo Perón. En este
duelo veía una síntesis que consideraba representativa de medio siglo de historia
argentina. Cooke y las manifestaciones más auténticas del peronismo revolu-
cionario relativizaron ese duelo simbólico porque instalaron un antagonismo
mucho más profundo. Tan pero tan profundo, que los motivos del duelo entre
Borges-Perón no pueden dejar de verse como meros formalismos estéticos. Bor-
ges y Perón compartían abstracciones demasiado importantes, podría decirse
que en el fondo creían en los mismos espejismos. ¿En qué duelos simbólicos
podemos entreverar a Cooke?
No debe extrañarnos que ciertos “lugares de la memoria” sigan vedados
para Cooke, concretamente: el sitial del “pensador nacional” fundamental. Su
itinerario herético lo ubica en sus márgenes y, de alguna manera, nos plantea
la necesidad de reinterpretar y trascender las viejas tradiciones y genealogías
y, sobre todo, la necesidad de crear unas nuevas. Lo que para Cooke –y para
nosotros y nosotras– era un punto de partida para otros y otras era (y es) punto
de llegada. Los proyectos políticos del presente, y nos referimos específicamente
a los que invocan contenidos populares y objetivos revolucionarios, no pueden
hacerse cargo de esa herencia, de esas porciones de pasado irresueltas. Porque
no son en verdad populares y revolucionarios o porque –por ahora– no llegan
a ser proyectos.
El denominado “pensamiento nacional” como expresión de la versión hege-
mónica de la tradición nacional-popular reclama para sí una identidad histórica
y una matriz “autónoma” a la hora de pensar el mundo, al tiempo que adhiere
a una perspectiva situada, desde Argentina, desde Nuestra América, desde la
periferia; en concreto, la “posición nacional” mencionada. También reivindica el
carácter heterogéneo de la cultura popular. Pero esa identidad, esa matriz y esa
perspectiva son harto imprecisas. Sus manifestaciones concretas en los procesos
históricos han sido muy disímiles. Luego, la reivindicación de lo heterogéneo
139
Miguel Mazzeo
propuesta desde la versión hegemónica de la tradición nacional-popular suele
ser un mecanismo para contrabandear valores, pensamientos y proyectos de
las clases dominantes. Entre otras cosas porque se trata de una heterogeneidad
no concebida como superposición de diversos tiempos históricos, sino como
alianza entre diversas clases sociales con fines políticos. Entonces, cabe pregun-
tarse: ¿autonomía en relación con qué? ¿Cuáles son las implicancias políticas
del pensamiento nacional en cuanto lugar de enunciación inscripto en un
espacio-tiempo determinado, pensamiento situado (o epistemología periférica)
y expresión de la “posición nacional”? ¿Qué amalgamas y solidaridades habilita
la heterogeneidad que se reivindica? ¿Hasta qué punto son compatibles las
distintas “vertientes” del pensamiento nacional? ¿Qué porciones de lo universal
son sometidas al proceso de nacionalización y cuáles son desechadas?
La “posición nacional” con sus simplificaciones, con sus maniqueísmos,
con su elasticidad y con su pereza intelectual, integra fragmentos sociales,
identidades y proyectos políticos que limitan las posibilidades de construir un
sujeto colectivo emancipador. A las particularidades socioculturales locales les
asigna un carácter homogéneo y un estatus inmaculado frente a lo universal.
No establece una diferencia tajante entre los elementos culturares democráticos
y los elementos culturales conservadores que contiene toda “cultura nacional”.
La “posición nacional”, a partir de una esencialización de lo nacional, fun-
ciona como referencia epistemológica, ideológica y política que busca integrar
lo antagónico y resolver lo contradictorio de modo antidialéctico. Concibe la
autoafirmación en términos estrictamente culturalistas y nativistas. Escinde el
“gorilismo” de la lucha de clases. Por eso identificó e identifica una oligarquía
nacional, un nacionalismo agrario, una burguesía nacional, un liberalismo na-
cional, un fascismo nacional y una izquierda nacional. Por eso puede reconocer
en Leopoldo Lugones, entre otras figuras igual de reaccionarias, a un precursor
del antiimperialismo; o rescatar como “pensadores nacionales” a ideólogos de
las fracciones más reaccionarias de la burguesía; fascistas convictos y confesos
como Nimio de Anquín, referentes de los grupos parapoliciales de la extrema
derecha en la década del setenta, como Carlos A. Disandro.
De este modo, la “posición nacional”, una vaga etiqueta de amplio poder
cubritivo, termina componiendo un embutido. Luego, se funda en una iden-
tidad autosuficiente y deshistorizada, una identidad que en el fondo no es más
que una expresión del tiempo compulsivamente uniformador del capitalismo.
De ahí la opción de sus cultores y cultoras por las bajadas de líneas y otras
prácticas elitistas, en particular, las que se suelen denominar como “conduc-
ción” y “adoctrinamiento”, que de modo indefectible devienen burocracia y
140
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
dogmatismo. El sujeto colectivo que se construyó y se construye en torno a la
“posición nacional” es el sujeto que reclaman los proyectos neodesarrollistas,
neosocialcristianos (y neocoloniales) y las fracciones burguesas que –ocasio-
nalmente– los sostienen. Es un sujeto dócil a los aparatos de poder, cosificado
bajo el formato nacional-estatal.
En rigor de verdad, para la configuración hegemónica de la tradición
nacional-popular, lo nacional es solo nacional-estatal. La conciencia que invoca
es más estatal que nacional-latinoamericana. Es, principalmente, estatal y es-
tatalizadora. Su meta es la cohesión social para el desarrollo de un capitalismo
nacional integrador. Celebra la asociación de los y las de abajo, pero los y las
quiere “en caja”. En el mejor de los casos, los y las quiere relativamente inde-
pendientes, pero funcionales a las regulaciones estatales. En el peor de casos,
los y las quiere subordinados y subordinadas a los formatos más degradados
de la política, como el patronazgo y el clientelismo. Al sufrir un proceso de
estatalización, los significados críticos de la tradición nacional-popular, sus
“joyas del pensamiento”, se malogran, se convierten en simulacro o parodia.
Invocando a Arturo Jauretche, la configuración hegemónica de la tradición
nacional-popular ha afirmado y afirma que la “posición nacional” consiste en
aportar soluciones nacionales a los desafíos de nuestro tiempo, en emplear las
ideas –sin pedirles partida de nacimiento– a favor del avance del pueblo y la
consolidación de la soberanía. No es necesario un gran esfuerzo hermenéutico
para percibir la ambigüedad y la generalidad de esta definición (y la indigencia
del arsenal teórico, conceptual y metodológico subyacente). La situacionalidad
que se reivindica peca de abstracta, se queda en el punto de partida. Es una
obviedad topográfica que conduce a la exaltación del localismo y que puede
servir para justificar situaciones muy diversas. La argentinidad es definida a
través de fórmulas generales e indeterminadas. ¿Acaso no hay una argentinidad
dominante y otra dominada, subalterna y oprimida; una argentinidad de la
mercancía-capital y una argentinidad de la “socialidad” comunitaria? Más aún,
corresponde utilizar el plural en los interrogantes y decir, por un lado: “argenti-
nidades dominantes” y “argentinidades de la mercancía-capital” y, por el otro:
“argentinidades dominadas, subalternas y oprimidas” y “argentinidades de la
‘socialidad’ comunitaria”. ¿Qué destino tienen las argentinidades dominadas,
subalternas y oprimidas, y las argentinidades de la “socialidad” comunitaria, en
los marcos del sistema capitalista? “Razonar sobre realidades” decía Jauretche.
Evidentemente, apelaba a un principio formal. Proponía un recorte de la realidad
que le mataba el movimiento, que dejaba afuera porciones significativas y que le
servía para construir un estereotipo. Más que el realismo, promovía una forma
141
Miguel Mazzeo
de naturalismo. La configuración hegemónica de la tradición nacional-popular
tiende a “recordar” realidades conocidas, prefiere las verdades en reposo.
Invocando a Raúl Scalabirini Ortiz o a Víctor Raúl Haya de la Torre, la
configuración hegemónica de la tradición nacional-popular recomienda “volver
a la realidad” como “un imperativo inexcusable”, pero desde la “virginidad men-
tal”. También sugiere “buscar la realidad”, “no inventarla”. Asimismo, considera
que las ideas son un lastre para captar los contenidos esenciales en una realidad
determinada, que las ideas (por lo general, unos “productos importados”) van en
contra de la cultura. Esta configuración asume el emplazamiento de un marcado
empirismo para fundar una supuesta autoctonía y lo que entiende por “su” rigor
epistemológico. Esta estrategia encuentra su fórmula más precisa en los versos
del Martín Fierro: “Aquí no valen dotores / Sólo vale la esperiencia”. Además,
el empirismo y la relativización de los contenidos, en concreto: la negación
de toda referencia teórica, la ausencia de una tensión sustancial entre teoría y
práctica (la práctica separada de la teoría), le otorgan a esta configuración una
gran flexibilidad ideológica y política.
Frente al dogmatismo característico de un tipo de teoría que no revisa los
hechos, la configuración hegemónica de la tradición nacional-popular se aferra
a unos hechos no revisados por la teoría.
Concebidos de este modo, la “posición nacional” y el “pensamiento nacio-
nal” tienen como principal (y prácticamente único) fundamento la reivindica-
ción de la especificidad del ámbito sociopolítico, el “nosotros”, el “nosotras”,
desde el cual se piensa. Se trata de un lugar común y como tal, muy seguro,
libre de todo riesgo, a salvo de las preguntas molestas. Por eso es un signo de
su impotencia crítica. Claro está, ese nosotros, ese nosotras, pretende erigirse
en continente de sectores e intereses antagónicos, incluyendo a los que forman
parte de la “Santa Alianza” entre empresarios, burócratas, jerarcas eclesiásticos y
fuerzas represivas; asimismo, soslaya la lucha de clases (cuyo lenguaje, por cierto,
no desconoce) y no supera los esquemas axiológicos de las clases dominantes.
Su norte es la convivencia de las clases antagónicas, la conciliación de clases y
la pasividad de las masas (o su movilización controlada), para hacer avanzar un
proyecto de modernización.
Es saludable revisitar a Jauretche.5 Es un autor insoslayable a la hora del
examen retrospectivo, a la hora repensarnos como sociedad (o como nación/
5
También es saludable revisitar a quien anticipó muchos de los tópicos “metodológicos” de la
obra jauretcheana: Manuel Ortiz Pereyra, autor de La tercera emancipación y Por nuestra redención
cultural y económica, textos publicados respectivamente en 1926 y 1928.
142
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
pueblo). Lo mismo cabe para muchos y muchas figuras del mismo tenor, espe-
cialmente para Raúl Scalabrini Ortiz o para Manuel Ugarte. Pero, a riesgo de
caer en la reivindicación de los harapos intelectuales, no conviene olvidar que:
“hay vida después de Jauretche”. Este “pensador nacional” fue muy prolífico
cuando se dedicó a explicar y a combatir el dominio extranjero exterior, pero
tendió a reprimir el análisis de ciertas facetas del dominio extranjero interior.
Su visión sobre la dependencia argentina ya estaba desfasada en las décadas del
sesenta y del setenta; entre otras cosas: no avanzaba en la explicación de los
procesos de acumulación en la periferia; no daba cuenta, por ejemplo, de los
mejores aportes de la teoría de la dependencia.
Hace ya mucho tiempo que las debilidades teóricas del nacionalismo popu-
lista del siglo xx han quedado expuestas de manera inapelable, tanto en la teoría
como en la práctica. Entre otras, la falta de sentido crítico de su concepción del
imperialismo, su maniqueísmo simplificado hasta el estereotipo, su aceptación
acrítica (en ocasiones vergonzante) del horizonte impuesto por la modernidad
capitalista que subordina la reproducción social de los seres humanos a la
reproducción del capital, etcétera. Pero, sobre todo, estas debilidades vienen
siendo padecidas por militantes populares, a los y las que les achica el espectro
de posibilidades cognoscitivas, les impone altos índices de adecuación al orden
establecido y, en consecuencia, los y las torna conformistas. Cualquier intento
de reedición acrítica de este tipo de nacionalismo no hace más que clausurar
la aventura del pensamiento nacional crítico, esto es: autónomo, creativo y
emancipador. Por otra parte, no dejar de ser sintomático que algunas figuras y
temas de ese nacionalismo hayan exhibido (y exhiban) un alto grado de com-
patibilidad con los proyectos denominados neodesarrollistas.
La versión canónica del pensamiento nacional no puede ser otra cosa
que un pensamiento mistificador que oculta relaciones sociales asimétricas,
relaciones de dominación y, en ocasiones, pedagogías de la humillación. Poco
de pensamiento “crítico”, no solo porque su filo impugnador de las relaciones
capitalistas de producción y reproducción está mellado, sino también porque
se aferra a unos contenidos coagulados en el lenguaje (y en la vida en general).
Y “nacional” en un sentido débil, cuanto más procapitalista y estatal, más débil.
Mucho de tradicionalismo, de viejas fórmulas y letanías. Poco nacionalismo
económico y social concreto. Agresivo en la superficie, débil en el fondo. Un
torrente de groseras supersticiones políticas con proliferación de verticalismo
y discursos paternalistas. Folklore, en la peor acepción. Mañas encubridoras y
para peor: adquiridas en la experiencia del dominio social directo, en la gestión
de lo instituido. Un racimo de fórmulas gauchipolíticas en estilo campestre, un
143
Miguel Mazzeo
conjunto de saberes pillos, aptos para el desenvolvimiento público de políticos
oportunistas, burócratas sindicales, punteros, algunos dirigentes sociales y algu-
nos sacerdotes, entre otros intermediados del poder. Nacionalismo desfasado y
a contramano, sin bases reales estructurales y orgánicas, aliado de corporaciones
transnacionales; nacionalismo que no tiene más remedio que devenir pura
gesticulación para llegar al paroxismo de la morisqueta.
Hace más de 40 años, Noe Jitrik constataba la existencia en la cultura
argentina de “una fuerte fascinación por el ‘populismo’ como sistema de elimi-
nación mística de la complejidad del proceso” (1984: 206). Claro está, Jitrik
se refería a los procesos históricos. Consideramos que esa modalidad le cabe
perfectamente a la versión canónica del pensamiento nacional. Hace décadas
que esta tradición no atraviesa un proceso de reconstitución epistemológica. Se
ha tornado repetitiva. Vale decir que existen versiones nuevas y más sofisticadas
de esta versión del pensamiento nacional, más al uso de los espacios académicos,
con otras arquitecturas conceptuales, con otros soportes eruditos y teóricos,
aunque con consecuencias políticas similares a las versiones más toscas.
Por supuesto, también hay vida después del “posmarxismo” y de las resig-
nificaciones positivas del populismo. Estas últimas, más allá de que presenten
algunas apariencias seudocríticas, son incompatibles con el pensamiento crítico.
Estas resignificaciones se muestran por lo menos ambiguas ante la posibilidad
de una nueva forma de reproducción social. Las nuevas teorías apologéticas del
populismo presentan una visión distorsionada del capitalismo, desdibujan su
falta de idoneidad sistémica a la hora de garantizar la reproducción social de los
y las de abajo, confían en la política (populista) como el medio más eficaz para
una reorientación distributiva y para un intercambio “racional” entre medios de
producción y medios de subsistencia. De este modo, la configuración hegemó-
nica de lo nacional-popular, el pensamiento nacional en su versión canónica, se
van delineando como discursos encubridores: de la opción por el sostenimiento
del proceso de reproducción del capital (la valorización del valor), y de una
posición evasiva frente a la contradicción fundamental del sistema capitalista.
¿Cuáles son algunas de las consecuencias prácticas de la versión canónica del
pensamiento nacional? Al pretender conciliar hegelianamente el pensamiento
con la realidad, pone el acento en la actividad de la conciencia y deja intacta
la realidad. Cabe tener presente que en la segunda Tesis sobre Feuerbach, Karl
Marx decía que el problema de la verdad del pensamiento no es teórico sino
práctico. O sea: su verdad solo puede ponerse de manifiesto (y comprobarse) en
la práctica. Esta versión canónica del pensamiento nacional se autorrepresenta
como una sustancia espiritual trascendente que evoluciona y se adecua a cada
144
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
época histórica. Pero no existe tal sustancia ni tal evolución. En todo caso, lo
que “evoluciona” es el mundo en su inmanencia.
El lingüista Valentín N. Volóshinov, un discípulo marxista de Mijaíl Bajtín,
decía que “la clase dominante busca adjudicar al signo ideológico un carácter
eterno por encima de las clases sociales” (2018: 51); de este modo, el signo
ideológico ingresa en un proceso de degradación, deviene alegoría y deja de
aportar al proceso de comprensión.
La versión canónica del signo ideológico que remite a la configuración
hegemónica del pensamiento nacional asienta la reflexión y los discursos sobre
unos vínculos entre nación, Estado y sociedad que son extemporáneos. Se trata
de un pensamiento anacrónico, estéril y esterilizante. Por lo tanto, no genera
praxis ni autoconciencia sino ilusión. Remite a generalidades y no a procesos
activos. Trata a las verdades de ayer como si fueran las verdades de hoy. Se ensaña
con espantajos y se torna rígido. No se constituye como otredad sino como
tautología, en una forma cultural objetivada que apela a valores caducos sin
capacidad de crear. En los términos de Bolívar Echeverría: una “hermenéutica”
de lo que ya no es.6 En fin, un “pensamiento” anulado y absorbido por el poder.
Un “pensamiento” portador de una “épica popular”, sí, pero confeccionada a la
medida del orden establecido. El pueblo narrado en tercera persona.
Solo las configuraciones alternativas del pensamiento nacional-popular están
en condiciones de asumir la tarea de actualizar el patriotismo (y de revitalizar
el proceso de formación de una autoconciencia nacional), dando cuenta de los
modos actuales del colonialismo y de los métodos más adecuados para desafiar
al eurocentrismo, echando luz sobre la dependencia en esta fase del capitalismo.
Las imágenes colectivas que promueve la versión canónica del pensamiento
nacional conforman una intersubjetividad legitimadora del poder de las clases
dominantes, favorecen los acomodamientos, disuaden de las rupturas, promue-
ven el contrasentido de aluviones zoológicos estatalizados y de cabecitas negras
conformistas y electoralizados. Si bien las fracciones más poderosas de la clase
dominante repudian todo tipo de pensamiento nacional, en los momentos
de alza de la lucha de clases, en las coyunturas de extrema polarización social
y política, aceptan la versión canónica del pensamiento nacional en cuanto
superestructura idónea para alcanzar un tipo de unidad nacional que pone a
resguardo su dominación.
Así, en los marcos de la configuración hegemónica de la tradición nacional-
popular, el “pensamiento nacional” se parece más a un pensamiento formalizador
6
Ver Echeverría, 2013: 43.
145
Miguel Mazzeo
que a una lengua viva. Se desdibuja como matriz epistemológica periférica, se
erige en un pensamiento antidialéctico y cae en la abstracción. Por lo tanto,
está expuesto a los procesos de sustancialización y tiende a ser conservador y
acrítico. No fortalece la conciencia popular respecto del imperialismo real: sos-
laya aspectos vinculados a la matriz económica extranjerizante y extractivista,
promueve el anticolonialismo y el antiimperialismo abstracto que hace casi cien
años denunciaba Raúl Scalabrini Ortiz con toda la autoridad de quien sugería
los caminos para el desarrollo de una política anticolonialista y antiimperialista
concreta, apta para su tiempo.
Frente a las reactivaciones de la tradición liberal conservadora y procolonial
y proimperialista7 con sus modelos abiertamente antinacionales, antipopulares
que promueven los procesos autodenigratorios y el desprecio por los valores
colectivos autóctonos al tiempo que siembran la tristeza y la desolación, todo
el corpus de la versión hegemónica de la tradición nacional-popular recobra
vigor, genera empatía con la clase trabajadora, adquiere atributos resistentes y
pasan a segundo plano sus tendencias a la transacción, sus zonas compatibles
con el sistema de dominación y sus mecanismos de alienación popular. Es
más, si consideramos un contexto político signado por la ausencia absoluta
de recursos reflexivos y por el pragmatismo fácil que ve “quijotadas” en todo
intento por dejar de perpetuar el mundo que nos rodea, ese corpus adquiere
cierto “lustre teórico”, aun a pesar de su inconsistencia crítica y de la certeza
de sus funciones legitimadoras de procesos políticos reformistas que, indefecti-
blemente, más temprano o más tarde, se toparán con el techo impuesto por el
sistema e iniciarán un retroceso por la vía del estancamiento o la derechización.
Como decíamos al comienzo, las configuraciones contrahegemónicas de la
tradición nacional-popular tienden a ser marginadas, anuladas o integradas por
la configuración hegemónica. Pero, al mismo tiempo, las reactivaciones de la
argentinidad individualista, impiadosa y reaccionaria, generan un contexto para
repensar lo nacional-popular en clave descolonizadora radical, para sistematizar
las voces dispersas que por abajo nombran lo nacional de manera original.
Solo un pensamiento emancipador, esto es: anticolonial, antiimperialista,
anticapitalista, antipatriarcal, socialista, crítico y dialéctico, puede asumir, sin
ambigüedades, las perspectivas autónomas y situadas y construir una episte-
mología propia.
7
Especialmente la dictadura militar (1976-1983), el período menemista (1989-1999) y en la
actualidad el gobierno de la coalición derechista Cambiemos.
146
John William Cooke: pensamiento nacional y pensamiento emancipador
Solo un pensamiento emancipador puede administrar con solvencia y
coherencia los patrimonios socioculturales populares de la historia de Nuestra
América.
Solo un pensamiento emancipador puede superar el “complejo de Próspero”.
Solo desde una praxis emancipadora y socialista se puede recuperar el
potencial autónomo del pensamiento nacional-popular latinoamericano. Solo
ese tipo de praxis tiene la capacidad de fusionar las demandas nacionales con
las demandas de clase y diferencia.
Solo un pensamiento emancipador puede seleccionar los fragmentos críticos
del pensamiento nacional y actualizarlo, eludiendo la mera reiteración, inte-
grándolo como una particularización y como forma concreta en la que habita
la verdad que hace posible la recreación de totalidades desde una condición
periférica y en clave liberadora.
El pensamiento emancipador es una revelación iluminadora que sabe con-
mover permanentemente nuestros pensamientos previos. Es un pensamiento
que sabe cuestionar el logos vigente y favorece los procesos de autoafirmación
popular. Por eso es el único pensamiento crítico.
Cooke es la expresión de una articulación entre lo nacional y lo plebeyo,
entre lo universal y lo autóctono. Una articulación que no se consume en planos
discursivos o simbólicos, sino que se basa en la praxis. Porque, para Cooke,
las imágenes divergentes de la nación (las que eran innegociables con las clases
dominantes) se generaban en la praxis de las clases subalternas y oprimidas. En
efecto, la clase trabajadora jamás concurre a la lucha desprovista de sus rasgos
culturales constitutivos. Esos rasgos juegan un papel importante. Bien lo sabía
Cooke; por eso dedicó buena parte de su vida a proyectar políticamente los
elementos de la cultura democrática y socialista contenidos en la tradición
nacional-popular.
Por todo esto, la configuración hegemónica de la tradición nacional-popular
tiene que borrar a Cooke de su genealogía. O, para integrarlo, tiene que muti-
larle o anestesiarle la parte más significativa de su praxis. O tiene que discipli-
narlo para despojarlo de su condición anómala. En todo caso podrá disimular
su diferencia radical para incorporarlo como presencia vacía y superficial (el
“cookismo trucho” antes mencionado).
Cooke es un “ángel” rebelde, insumiso, irreverente; un “ángel caído”. El
Bebe (al igual que Alicia Eguren) no puede insertarse en la línea de continuidad
propuesta por la configuración hegemónica de la tradición nacional-popular
porque representa un momento de desmesura inasimilable para ella. Es más,
147
Miguel Mazzeo
consideramos que esta configuración está condenada a desenvolverse como si
Cooke no hubiese existido jamás.
Y, en la Argentina, no se puede ni se podrá hacer una política auténticamente
nacional-popular como si Cooke no hubiese existido. Porque Cooke es una
estación fundamental de una configuración alternativa de lo nacional-popular,
una configuración revolucionaria y socialista.
Ante nosotros y nosotras un antecedente insoslayable y un signo incontras-
table que nos confirma la posibilidad de pensar lo nacional-popular en clave
de pensamiento emancipador (crítico). Ante nosotros y nosotras uno de los
principales precursores de las praxis articuladoras de una voluntad colectiva
nacional-popular.
Bibliografía
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Zavaleta Mercado, René (2009). La autodeterminación de las masas. Buenos Aires:
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148
Tres nombres para Perón
Juan Giani
Cuando Domingo Faustino Sarmiento inicia la escritura del Facundo, dos
disposiciones de ánimo abastecen su tarea: el desagrado y la intriga. La primera,
por cuanto los vientos republicanos de la modernidad se habían estrellado en
el Río de la Plata contra la estólida e impertérrita hegemonía política de Juan
Manuel de Rosas, y la segunda, debido a que tan deplorables circunstancias no
podían ya interpretarse como un mero accidente de la historia.
Conjunción de enfado y misterio entonces, como motores de un texto
a la vez performativo y analítico. Salta a la vista que nada permanece en pie
de los bríos revolucionarios de los acontecimientos de Mayo, anegados por el
oscurantismo de un déspota perdurable; lo que exige, por tanto, que cualquier
utilización de la palabra se comprometa firmemente con el destronamiento de
ese estado horrendo de cosas. Pero las gimnasias intelectuales deben a su vez
sofisticarse, ya que los usos de la Razón que se habían esgrimido hasta allí por
los grupos rivadavianos habían demostrado claramente su impotencia.
Este doble rostro de la obra es uno de sus principales atractivos, ya que la
denuncia angustiosa y urgente de un opositor atribulado da como imperece-
dero resultado una filosofía situada de la cultura destinada a funcionar como
interpretación esencial de la Argentina.
Como sabemos, la furibunda voz de Sarmiento apuntaba a tres públicos
precisos. Por empezar, a esos extraviados rivadavianos, a los que les endilga su
ausencia de sentido práctico para calibrar con justeza la singularidad epocal que
los alberga. Para seguir a la comunidad internacional, en apariencia dubitativa
frente los prestigios de alcance americano acumulados por el tirano de Buenos
Aires, y para culminar a los miembros genuinos del federalismo, que parecen
149
Juan Giani
no advertir hasta qué punto el Restaurador de las Leyes, acaparando las rentas
de la Aduana y demorando el dictado de una Constitución, resulta en definitiva
un unitario encubierto.
Ahora bien, ese sistema multidireccional de interpelaciones lo acompaña
el sanjuanino con un aparato teórico que bebe en las canteras filosóficas del
historicismo romántico, y que parte de postular sensatamente que una ac-
ción política eficaz debe diagnosticar con fineza los intransferibles filamentos
culturales del territorio en el que ella se desenvuelve. En esa línea, se advierte
un secreto que requiere ser revelado, y que no es otro que el de un personaje
abominable que logra perpetuarse, y en donde los tentáculos represivos de la
Mazorca conviven con el asentimiento satisfecho hacia el líder por parte de la
gran mayoría del sujeto popular.
Es el espectro de Juan Facundo Quiroga quien entrega la clave de ese secreto,
exhibiendo en su completa pureza el componente bárbaro que en Rosas se ex-
presa de manera sistémica y tenebrosa. Estos criterios los obtiene la Generación
del 37 de la noción de “Hombre Extraordinario”, tal como la habían leído en
ese traductor al francés de Hegel que fue Víctor Cousin. Esos protagonistas
relevantes de la historia desdoblan la literalidad de su presencia, pues al mismo
tiempo que son puntales del devenir perfectivo de la humanidad entregan pistas
sobre la densidad sociocultural de la comunidad que los engendra. Juan Facundo
Quiroga y Juan Manuel de Rosas entonces, como síntomas entre denigrantes e
insoslayables de una modernidad local estruendosamente trunca.
Barbarie se denominará al cenagoso cuerpo social que ambos encarnan, y
civilización al horizonte de plenitud que aparece insólitamente retardado. A lo
segundo, cada vez con mayor asiduidad, Sarmiento lo asociará con el pujante
ejemplo norteamericano, y a lo primero a una desagradable cohabitación entre
tradición hispánica y rotunda injerencia del suelo en la conformación de las
prácticas colectivas. Respecto de la infausta influencia colonial se advierten males
de todo tipo, que van desde una inquisición católica expulsiva del progreso de
las ciencias, al despotismo de una monarquía reacia a cualquier apertura, pa-
sando por la remanencia de un estancamiento productivo partero de continuas
indolencias laborales.
El punto que más interesa aquí, no obstante, es el segundo, pues se expone
en el Facundo con afinado detalle las conexiones entre el desierto (metáfora
de una agobiante extensión supuestamente despoblada) y “los hábitos e ideas
que engendra”. El objetivo de tan rica indagación, ya fue en parte dicho, es la
proliferación de caudillos que asolan este frustrado costado del mundo, siendo
el Tigre de los Llanos el caso más prolífico en enseñanzas.
150
Tres nombres para Perón
Pues bien, esa figura intolerablemente anómala de la representación política,
centralidad del Gran Uno que vendría a suplantar la republicana horizontalidad
de una ley que regiría de manera unánime para todos, proviene de un dispositivo
existencial que resulta exigido por las inclemencias de una naturaleza acaparada
por las grandes distancias. El gaucho, desconectado individuo acechado por una
suma de hostilidades, genera en su autodefensa un cúmulo de disvalores que van
desde la arrogancia hasta la ferocidad, pasando por la iracundia y el anarquismo
de la supervivencia. “Resignación estoica ante la muerte violenta” denominará
Sarmiento a ese ser-en-el-mundo que tiene como inmediata consecuencia el
manejo diestro del facón y un inigualable talento para montar un caballo.
Esa inclinación recurrente a la bravura tomará el indeleble nombre de “culto
al coraje”, lo que permite llegar a un punto especialmente relevante. Esa terri-
torialidad tan idiosincrática hace mucho más que explicar prestigios políticos
pasajeros, pues lo que de allí emana es una estructura de valores que explica
la hondura del fenómeno caudillista. Dicho de otra manera, la jefatura de esa
extraña forma de sociabilidad que se llama “montonera” surge de la evidencia
de que aquel que la conduce asume esa moralidad desértica de una manera
más consecuente y genuina que cualquier otro. El gaucho raso se subordina y
acompaña al que despliega ese coraje con inigualable maestría. Hay allí simul-
táneamente respeto y temor. Admira a aquel que puede a su vez fieramente
matarlo si se atisba alguna pizca de desobediencia.
Perón, caudillo
En 1947, siendo diputado de la nación, John William Cooke dicta una con-
ferencia en la Universidad de Córdoba que luego se conocerá bajo el título
de “Perspectivas de la economía nacional”. Esa presentación en algún sentido
puede llevar a engaño, pues si bien es cierto que allí el joven dirigente busca
fundamentar la importancia de que las riquezas argentinas no resulten arte-
ramente expropiadas por el capital imperialista, la mayor sustancia del texto
reside en otro aspecto.
Formado en el revisionismo histórico, integrante del Instituto Juan Manuel
de Rosas y protagonista del recientemente asumido gobierno del general Perón,
se muestra interesado en ligar ese liderazgo nacionalista con algún espeso linaje
que lo jerarquice y arraigue. Respecto a ese revisionismo, es conveniente recordar
que hasta la década del 40 del pasado siglo su principal preocupación se orientó
a rescatar la figura del presidente de la Confederación Argentina frente a las
151
Juan Giani
diatribas de la historia de cuño mitrista, variando, en todo caso, qué era lo que
ameritaba resaltar de ese personaje hasta entonces ensañadamente denostado.
Simplificando, si en los años 20 (pensemos por ejemplo en la obra de Carlos
Ibarguren) los nacionalismos autoritarios lo destacaban como garante de un
orden jerárquico frente a la democracia plebeya que llega con Yrigoyen y el
avance del comunismo, en los 30 (tras la crisis capitalista y el resquebrajamien-
to del vínculo dependiente con la economía británica) adquiere relevancia la
faceta anticolonialista de Rosas, patentizada en las épicas jornadas de la Vuelta
de Obligado.
Pues bien, respecto de esta suma de tradiciones intelectuales, Cooke aco-
mete continuidades e irreverencias. En torno a las primeras, en todo el artículo
se palpa la preocupación por elaborar una suerte de geopolítica del desarrollo
autónomo, lo que implica obviamente consideraciones sobre la espacialidad
productiva de la república. Solo que ese hincapié Cooke lo desplaza a una ca-
racterología de los líderes, tomando como plataforma exegética el formidable
poder configurador de la llanura.
La operación simbólica es llamativa, pues sin siquiera aludirla, reactiva la
lógica sarmientina, aunque invirtiendo drásticamente la carga valorativa. Esto es,
la vastedad de esa espacialidad despoblada establece un anclaje antropológico y
alumbra una axiología de carácter imperecedero. Surgen entonces los llamados
“hijos de la tierra”, emergentes representativos de un maridaje entre el aporte
singularísimo del paisaje y la construcción de los sujetos colectivos que amasan
la vida duradera de las naciones.
Como ya fue señalado, en el Facundo circulaban similares inquietudes, solo
que la moralidad resultante deviene entre desvirtuada y enfermiza. La soledad
ante la naturaleza promovía un agrio individualismo de la subsistencia disocia-
da, y esto, lejos de favorecer la equivalencia republicana ante la ley, instauraba
supremacías obtenidas por el uso diestro de la violencia, lo que ocasionaba a
su vez que el parámetro de la convivencia comunitaria no fuese la fraternidad,
sino el encono incurable del belicoso. El caudillo no era sino la encarnación
maximizada de esos perniciosos disvalores paridos por un territorio acechante.
Cooke, anticipando lo que Carlos Astrada retoma poco después en El mito
gaucho, desestructura toda esta visión teratológica y ve en la llanura no el origen
fundante de toda una serie de desgracias éticas, sino el manantial venturoso
de comportamientos espléndidamente patrióticos. El desafío de las grandes
extensiones no suscita en el hombre argentino reacciones ermitañas, sino una
inclinación al uso responsable de la libertad. Las presiones de la geografía no
llevan al gauchaje al guerreo competitivo, sino a un sentimiento de igualdad
152
Tres nombres para Perón
en el esfuerzo, lo que acarrea como directa consecuencia una apología de la
amistad emanada de esa mancomunión práctica.
Allí quedan presentados entonces lo que lo denomina “valores inmutables
del hombre argentino”: libertad, igualdad, amistad. Es más, el joven diputado
refrenda la existencia del ya mentado “culto al coraje” que tanto molestaba a
Sarmiento y luego a toda la secuela liberal-positivista que le rinde tributo; solo
que ese temple no conduce para él a inviabilizar cualquier sana regularidad
del sistema político, sino que le da la entereza suficiente a nuestro pueblo para
cuidar sus intereses frente a la prepotencia imperialista.
Por tanto, si para el sanjuanino la axiología bárbara produce caudillos
despiadados (Quiroga) o tiranos deplorables (Rosas), para Cooke ese trío de
virtudes nacionales tomaba cuerpo en la egregia figura del ahora presidente
Juan Domingo Perón. Este gran líder no es entonces únicamente un político
destacado o un estadista justiciero, sino también un hombre extraordinario,
que lleva en sus entrañas una suerte de influyente metafísica de la pampa.
Representa, dice Cooke apelando a una terminología ampulosa, “el verdadero
estado anímico del ser nacional”.
Hombre extraordinario dijimos, con sonoridad romántica ya esgrimida por
Sarmiento. Solo que para este el secreto que allí se revela expone enfermeda-
des, mientras que en Cooke el misterio finalmente desentrañado fundamenta
gratamente la gesta liberadora que se había puesto en marcha el 24 de febrero
de 1946.
Ontología telúrica de un líder entonces, detallada por quien recibía sus
nutrientes intelectuales de diversos rostros del nacionalismo. Perón como
culminación ilustre de una saga de patriotas de la que por cierto no pueden
estar ausentes San Martín, Juan Manuel de Rosas y el propio Hipólito Yrigo-
yen. Encumbramiento esencialista de alguien que no solo estatiza empresas,
instituye una legislación social de avanzada o pregona el tercermundismo, sino
que además traslada a la Casa Rosada los existenciarios constitutivos del pueblo
profundo. Perón, caudillo.
Renuencias de Perón
Sin embargo, en esta aventurada apreciación, John William Cooke no predicaba
en soledad. Casi en el mismo momento, a los pocos días del éxito electoral del
justicialismo, Atilio García Mellid publica un libro de enorme importancia,
Montoneras y caudillos en la historia argentina. Personalidad vinculada al forjismo,
introduce de manera notoria en ese texto un punto de inflexión en el panteón
153
Juan Giani
revisionista, que como ya fue comentado, se había concentrado hasta allí en
retrucar las invectivas de la historiografía liberal contra el brigadier general Don
Juan Manuel de Rosas.
García Mellid traza un campo de batalla histórico, en el que del peor lado
quedan quienes se complotaron para entregar nuestra dignidad a las ambiciones
de la voluntad extranjera (Rivadavia, Mitre y los doctores iluministas porte-
ños a la cabeza), y en el mejor se colocan los soberanistas atentos al instinto
popular (Rosas, claro, San Martín, Yrigoyen) y aquí la novedad: los caudillos.
Caudillos, tema no menor, que tuvieron con Rosas vínculos oscilantes y fi-
nalmente enojosos; ya que, como fue dicho, recriminaban al bonaerense su
imperturbable renuencia a dictar una constitución federal y democratizar los
recursos de la aduana.
Pero el forjista da un paso más, por cierto muy potente, pues califica de
caudillo al presidente que acaba de batir en las elecciones a la tristemente célebre
Unión Democrática. El más insigne de los caudillos además, justamente porque
su presencia no implica apenas la irrupción insurgente de los arrasados por la
modernización oligárquica, sino también el ingreso al manejo del Estado de un
líder que corona, y su vez resignifica, la entera prosapia revisionista.
En idéntica sintonía, en 1953 Rodolfo Kusch da a conocer su primer libro
La seducción de la barbarie. Análisis herético de un continente mestizo, en el cual
vuelve a circular esa denominación, solo que ya no desde un punto de vista
sociohistórico, sino apuntalada en un talante nítidamente ontológico. Iniciando
un derrotero intelectual que profundizará en América profunda, Kusch aborda
los padecimientos de nuestro continente trayendo a la luz las nervaduras más
hondas de la identidad americana, hasta allí rehuidas por una clase media neu-
rasténica que se abroquela en la impostada tranquilidad de las ciudades para
disimular el carácter en el fondo salvaje de su temperamento.
Ese núcleo raigal de nuestra idiosincrasia ignorada remite a la tradición
precolombina, que irrumpe en ocasiones de manera estruendosa para recordar
que allí reside el secreto de la sana convivencia. En esta situación de perturbadora
ambivalencia, en la que conviven una existencia genuina que busca hacer sínto-
ma y una actitud inauténtica que ocasiona falsas armonías, emerge la figura del
caudillo representando tanto el Estado que impera revelarse como las curaciones
que no deben demorarse. Perón, nuevamente, no apenas como un dirigente
prestigioso ni un gobernante responsable de impactantes realizaciones, sino
emanación filosófica de un continente que pretende redimirse culturalmente.
Las intrépidas afirmaciones de Cooke, como se ha visto, muy bien acom-
pañado, acarrean, sin embargo, complicaciones. Para empezar, es bien sabido
154
Tres nombres para Perón
que Perón, al menos en el inicio de su ingreso al protagonismo de la historia,
fue más bien indiferente a las maniobras simbólicas del revisionismo; muy
probablemente porque el carácter esponjoso e ideológicamente diverso del
movimiento que acababa de crear lo incitaba a desestimar linajes demasiado
contundentes.
Su picaresca lo llevó a puntualizarles a Joaquín Díaz de Vivar y al pro-
pio Cooke que “demasiados problemas tengo con los vivos como para estar
haciéndome problemas por los muertos”, haciendo gala de un pragmatismo
histórico acorde con la tumultuosa novedad de las huestes que encabezaba. El
paso del tiempo corregiría esas reticencias, y en especial a partir de la dictadura
oligárquico-imperialista iniciada el 16 de setiembre de 1955, Perón se exhibiría
generosamente dispuesto a presentarse como un fiel continuador de las gestas
soberanas de José de San Martín, Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen y
los caudillos.
Por tanto, cuando Cooke formula su primer nombre para él, Perón se
muestra desdeñoso y no solo eso, se coloca en las antípodas de semejante
caracterización. Y ya no por motivos de simpatías historiográficas, sino por
uno de los rasgos vertebrales del pensamiento del recién asumido presidente.
En uno de los libros que siempre consideró infaltable para acceder a la
axiomática peronista, nos referimos a Conducción política, se establecen tres
tipos de personalidades para direccionar voluntades sociales. La primera, la del
“político”, el general la rechaza (“yo como político soy apenas un aficionado”,
sostiene), pues la asocia o bien al simple ejecutor de tácticas siempre circuns-
criptas o bien al sujeto faccioso que vulnera los objetivos comunes en aras de
acaparar intereses espurios.
La segunda, justamente la del “caudillo”, la reprueba con mayor intensidad,
pues este logra instituir su supremacía a partir de servirse de las limitaciones de
lo que Perón califica como “masa inorgánica”, suma desmembrada de indivi-
dualidades que carece de brújula. Esto es, el caudillismo es el resultado de un
indeseable déficit del sujeto que requiere ser representado, campo de maniobras
para la manipulación y la demagogia. Por tanto, un progreso de nuestra cul-
tura política supondría desterrar esa forma desviada del liderazgo, en cuanto
atavismo que combina cierta anomia de la sociedad civil con las tropelías de
los dirigentes que lucran con ella.
Es imposible no ver aquí el núcleo paradojal al cual arribamos, pues Cooke
trastoca la filosofía de cultura que nutre la tradición sarmientina y Perón, sin
explicitarlo, la restituye, pues Conducción política es un texto cuya abomina-
155
Juan Giani
ción del caudillismo se emparenta con las invectivas que oportunamente se
escribieran en el Facundo.
Por supuesto que las coincidencias culminan allí, pues lo que Perón pro-
pone para subsanar esas anomalías no es la impersonalidad de la ley en clave
republicana, ni la expansión de la democracia agrícola a la norteamericana, ni
un torrente inmigratorio laborioso y pujante, sino el predominio de una ter-
cera figura destinada a reordenar drásticamente el sistema político argentino.
El conductor.
Este concepto es, sin dudas, vital para auscultar el conjunto del fenómeno
peronista, pero el punto que interesa aquí es aquella condición que le da a
este personaje su particular lustre. ¿Qué es lo que diferencia radicalmente al
conductor del caudillo? O, ¿qué es lo que hace que el conductor sea conductor
y no otra cosa? Y en esto Perón se muestra tan tajante como reiterativo: dar
doctrina. Conjunto sistemático de grandes principios que permiten que la masa
inorgánica devenga pueblo organizado.
Esta afirmación de tamaña importancia tiene por lo demás varias aristas. En
primer lugar, revela la absoluta negativa del general a pensar a su movimiento
como una improvisada y maleable derivación de un desacople pasajero de la
historia, afinada pero inescrupulosa máquina de poder desprovista de rumbo
trascendente; sino, bien por el contrario, lo concibe como una estructura polí-
tica que acude a abastecerse de una trama de categorías largamente perdurables
en el tiempo.
En segundo lugar, esa elaboración doctrinaria es genéticamente ambi-
valente, pues si bien el conductor incorpora un ingrediente demiúrgico, un
momento de la creación súbita, ese toque de inventiva originaria no se monta
sobre un desierto de las significaciones, sino sobre una suma de experiencias
aleccionadoras acumuladas por la sociedad argentina (“Una ideología”, dice
en el Modelo argentino para el proyecto nacional, “es el resultado del proceso
histórico de un pueblo”).
Aquí, el vínculo con la tradición liberal-positivista vuelve a exhibirse pendu-
lante. La masa, término sin dudas asociado a la psicología de las multitudes, no
es para Perón puramente amorfa, sino que entrega cierta generatividad (“creación
inmanente del pueblo” la llama) que requiere ser asumida. La doctrina resuena
como el Dogma socialista de Esteban Echeverría. Certeras palabras simbólicas
que procuran encauzar y armonizar tendencias legítimas de la nación.
Y por último, ese talento que permite establecer doctrina convierte al
conductor en un hombre extraordinario, portador de lo que Perón denomina
“el óleo de Samuel”. Esto es, reaparece esa noción importada del romanticismo
156
Tres nombres para Perón
europeo, pero no como en Sarmiento y Cooke (que con distintas valoraciones
lo asocian con una axiología fundante de la patria), sino como una suerte de
inspiración genial que dota a la lucha antiimperialista de un eximio articulador
del pensamiento autónomo de la nación.
Quedamos embarcados así en una doble paradoja. Por una parte, mientras
buena parte del pensamiento político argentino (de derecha a izquierda, lo que
incluirá en algún sentido, más tarde, al propio Cooke) se ha empecinado en
advertir la maliciosa reluctancia de Perón a dotar a su movimiento de bases
teóricas precisas y consistentes, este viene muy expeditivamente a anunciarnos
que su lugar trascendente en la historia no es andar repartiendo aguinaldos o
Estatutos del Peón, sino sentar los pilares filosófico-políticos de una comunidad.
Y por la otra, el texto en el que estos criterios se difunden con especial
ahínco (decíamos Conducción política) responde a todas luces a una estructura
oximorónica. Pues en esas páginas (recordemos, un conjunto de clases que
el presidente dicta ante una gran cantidad de dirigentes justicialistas) hay un
empeño por enseñar lo que en el fondo no se puede aprender. Ya que si bien es
cierto que la conducción incorpora una serie de técnicas (una parte inerte que
implica una cientificidad de los procedimientos), el toque decisivo proviene de
lo incausado, de la inspiración imprevista, del instinto supremo de un artista.
Perón va y viene todo el tiempo sobre este punto, pero en definitiva pre-
valece la idea de excepcionalidad y de destino.
Perón, general
Esto que en principio funge de grueso equívoco (Cooke encuadra a Perón en
una sinopsis que este se esmera permanentemente por despreciar) tiende a
esclarecerse con el devenir de los acontecimientos. Toda la trayectoria parla-
mentaria del joven dirigente e incluso su desempeño posterior como militante
del partido y transmisor agitativo de sus principales logros (en particular, en
la revista De Frente), lo muestran menos como un teorizador sobre supuestas
antropologías comunitarias de base telúrica y más como un aguerrido defensor
de las trascendentes acciones emprendidas por el primer mandatario en ejercicio
de sus funciones.
Una geopolítica latinoamericanista, el fifty-fifty capital-trabajo, la terce-
ra posición ideológica (alternativa al capitalismo liberal y el comunismo de
filiación soviética), el dirigismo económico y la voluminosa expansión de los
derechos sociales para la clase obrera, lo encuentran a cada paso tomando esas
banderas como directa consecuencia de las sabias directivas del general Perón.
157
Juan Giani
Es más, bien mirado, las discrepancias que señala y las distancias que en algún
momento toma se explican por lo que considera momentáneas desviaciones o
estancamientos respecto de lo acertado de todas esas orientaciones.
Son precisamente esos destacables rumbos los que funcionan como ma-
nantial propicio para algunas sentencias de Cooke que harán escuela (“En la
Argentina, los comunistas somos nosotros, los peronistas”, o “el peronismo
es el hecho maldito del país burgués”) testificando así la radicalidad de las
transformaciones que están en curso y las convulsiones que estas desatan en el
bloque oligárquico que se planta como pertinaz adversario. Bien lo sabemos,
esas irreverencias acarrean dramáticas derivaciones y en la primavera de 1955
la vieja Argentina colonizada por las clases dominantes retomó el comando de
la nación, condenando a Perón al exilio y desatando represiones de todo tipo.
En esa coyuntura de desasosiego y retirada, el vínculo entre el conductor
y su ardoroso seguidor se estrecha como nunca antes y nunca después, como
evidente consecuencia de la permanente beligerancia de Cooke contra aquellos
conspiradores que incluso prohíben usar el nombre de alguien que solo podrá
ser sindicado como “tirano prófugo”. Tan simbiótica se torna esa relación, que
el gobernante depuesto no solo lo designa como su mano derecha en la direc-
ción de la resistencia que acaba de iniciarse, sino que comunica a sus seguidores
que en caso de muerte (posibilidad latente por cierto, desde el momento que
el almirante Rojas procura persuadir al general Lonardi sin conseguirlo para
hundir la cañonera paraguaya que trasladó a Perón luego de su derrocamiento),
el destino del peronismo quedaría enteramente a su cargo.
Estamos en presencia, sin dudas, de unas de las circunstancias más dilemá-
ticas de la historia argentina, pues por un lado Perón resuelve no enfrentar de
plano el golpe que lo derriba (contando, como ya bien se sabe, con suficientes
lealtades, incluso militares, como para hacerlo), y por el otro, casi inmediata-
mente convoca a sus huestes a ejercer una oposición persistente y virulenta.
Sobre la primera decisión proliferan bibliotecas de toda índole aunque hay
inclinación a pensar que la fractura de aquellos años había colocado al país al
borde de una siempre sombría y desechable guerra civil.
Sobre la segunda, también asoman las controversias, pues la kilombificación
que promueve ese hombre tan odiado por sus detractores es vista por algunos
como temeraria y hasta irresponsable. En esa línea se agrupan nada menos que
Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y el cura Hernán Benítez, que al igual
que Cooke habían comunicado reparos con algunos rasgos de los gobiernos
ahora brutalmente concluidos. Pero a diferencia de este, acentuaban ahora
sus lejanías, e incluso buscaban un conductor sustituto en la figura de Arturo
158
Tres nombres para Perón
Frondizi. Como luego se indicará, esos debates apenas comienzan, pero en la
coyuntura que ahora se describe Cooke se yergue como el más adecuado ex-
ponente de las tácticas intransigentes que vienen dictaminadas desde el exilio.
En ese convulsionado contexto, con un hombre propietario del amor
popular confinado al destierro y un ejecutante de sus estrategias en el teatro
efectivo de operaciones, se inicia la famosa Correspondencia, género epistolar
siempre sustancioso que en este caso se convierte en uno de los documentos
más relevantes de la historia política de América Latina.
Pues bien, como en toda carta se apela a un encabezado introductorio y
allí Cooke denomina todo el tiempo a su superior como “General”. Como se
sabe, la condición militar de Perón no es accesoria a su concepción de las cosas
y no meramente por el hecho de que desde la portación de uniforme ingresó
al estrellato histórico con el golpe de Estado de 1943.
Eso queda por cierto en patente evidencia en su fundamental obra Apuntes
de historia militar, de 1932, año en el cual el luego ilustre presidente era apenas
un ignoto capitán del ejército que desplegaba sus innegables dotes pedagógicas
frente a los aspirantes a oficiales en la Escuela Superior de Guerra. El punto que
nos convoca aquí es la hasta ese momento inédita, y aun a partir de entonces
muy poco visitada, relectura de la obra de Carl Von Clausewitz, primero para
reflexionar sobre el fenómeno de la guerra y luego (por ejemplo, en “Política y
estrategia”) para advertir los intensos vasos comunicantes entre la lógica bélica
y las incumbencias de la acción política.
Recordemos que el teórico prusiano, cuando diseñaba su clásico texto De
la Guerra, polemizaba en simultáneo contra dos contrincantes. El primero,
la visión de las batallas propia del antiguo régimen, en la cual las fuerzas se
despliegan no para producir efectivamente un daño de sangre en la voluntad
del enemigo, sino para mejor negociar las condiciones de paz entre ejércitos
comandados por nobles y constituido por mercenarios. Y el segundo es el posi-
tivismo militar, para el cual el desenlace de un episodio bélico es perfectamente
planificable y predecible, a partir de un conjunto de preceptos de aplicación
universal y funcionamiento algorítmico.
Clausewitz no consiente ni una cosa ni la otra, pues tomando como ilu-
minadora referencia la experiencia napoleónica observa allí la concluyente
influencia de las fuerzas morales en el transcurrir de los enfrentamientos. En
la guerra se puja por ideales, objetivos sublimes de los Estados que desbordan
el puro cálculo de conveniencia, y son los ciudadanos entusiasmados con el
norte que los moviliza quienes tuercen el destino final de los sangrientos litigios.
159
Juan Giani
Ni simulada coreografía de combate entre mercenarios ni ciencia de la guerra,
entonces, sino conflictos feroces en los que rigen el azar y lo imprevisto.
En ese terreno en el que la pulsión de las subjetividades desbarata las de-
terminaciones, se requiere para asegurar el triunfo la sabiduría templada del
decisor inspirado, y es entonces cuando interviene lo que Clausewitz llama el
“Jefe Militar”, genio especial que es imposible no relacionar con el “Conduc-
tor” en que se autoinviste Perón, quien afirma en más de una oportunidad
“que tanto la lucha política como la militar es una lucha entre dos voluntades
contrapuestas, siempre se trata de una voluntad que vence a otra”. Voluntades
blindadas en un caso, voluntades populares en el otro, abroqueladas tras el
talento más estético que científico de un hombre extraordinario que se topa
con enemigos que buscan ferozmente aniquilarlo.
Para Cooke, Perón es ahora el General-Conductor, lo que por una parte
grafica su enfática subordinación y por la otra sintetiza el estado de absoluta
beligerancia en que desenvuelve el apasionado momento argentino en los pri-
meros pasos de la Resistencia.
Sin embargo, la fervorosa identificación entre la máxima autoridad del
movimiento y su delegado con un reconocimiento nunca después repetido
se irá complejizando con el devenir de los acontecimientos. Pues si bien la
lealtad no varía, sí lo hacen las entonaciones y las tácticas que se discuten, y
así, progresivamente, Cooke va adquiriendo el rol de un consejero perplejo e
incomprendido.
En el fondo, lo que se debate en esa correspondencia es el camino más
apropiado para el retorno al poder, visto que la afectividad obrera por el líder
depuesto se mantiene incólumne y los gobiernos que llegaron para sucederlo
acumulaban una serie estruendosa de desquicios. Y es respecto de esos caminos
en los que se manifiestas las controversias.
Solo mencionaremos una, tal vez la más notable, y que tiene como artífice
al mismísimo Arturo Jauretche. Como ya se indicó, su simpatía por Frondizi
fue intensa, aunque fugaz. Pero representativa en todo caso de su preocupación
por restaurar el Frente Nacional de Liberación edificado en 1945, de compo-
sición policlasista y con un eje central colocado en la irrenunciable soberanía
de la nación y el desarrollo socialmente incluyente de las fuerzas productivas.
Es sintomático sobre este punto lo que expone en su libro más mentado,
El medio pelo en la sociedad argentina, en el que Jauretche incurre en una en-
riquecedora duplicidad. Esto es, formula una visión sumamente crítica de los
comportamientos culturales y políticos de las clases medias, pero en los últimos
capítulos llama con firmeza a reconquistarlas, e imputa a Perón la suma de ne-
160
Tres nombres para Perón
cedades que lo condujeron a la fractura de ese gran aglomerado de voluntades
antiimperialistas que era imperioso reconvocar.
Escrito allá por 1966, no deja de resultar sugestiva, por otra parte, la renuen-
cia a pronunciarse sobre la reciente asonada militar comandada por el teniente
general Juan Carlos Onganía, y aunque sus módicas y en parte expectantes
palabras no dejan de ser vistas hoy como incómodas y hasta cuestionables,
reflejan con nitidez que muchos sectores del peronismo consideraban entre
posible y conveniente que a ese Frente en imprescindible estado de recompo-
sición se sumasen sectores supuestamente nacionalistas de las Fuerzas Armadas.
La posición que va asumiendo Cooke a través de los años se distancia nítida-
mente de la expresada por alguien por quien nunca dejó de tener un sentimiento
de admiración y respeto. Ciertamente, es inevitable mencionar aquí un episodio
clave en todo este derrotero, que permite entender tanto el contrapunto con
Jauretche como los paulatinos cortocircuitos que se observan en las cartas con
el General-Conductor en el exilio. Ese acontecimiento parteaguas proviene
de la Isla de Cuba y es una revolución que modifica de manera sustancial el
panorama político en el continente y entusiasma sobremanera a un Cooke
que hasta allí reportaba exclusivamente en las filas del nacionalismo popular.
Traigamos a la memoria que las tácticas que llevaron al triunfo al Movi-
miento 26 de Julio se nutren de un diagnóstico que Ernesto Guevara elabora
luego de contemplar el desenlace de los procesos que habían encabezado en igual
temporada Jacobo Arbenz en Guatemala, Víctor Raúl Paz Estenssoro en Bolivia
y el propio Juan Domingo Perón en Argentina. Experiencias históricamente
progresivas y socialmente reparadoras, pero que en su composición policlasista,
sus ideologías difusas y su creencia en la fidelidad de las Fuerzas Armadas habían
encontrado un irrebasable límite que facilitó su reaccionaria derrota.
Las burguesías nacionales, si es que efectivamente alguna vez fueron aliadas
contra la agresión imperialista, ya habían dejado definitivamente de serlo, y
los ejércitos regulares estaban a todas luces contaminados por las órdenes del
Pentágono. Esa visión descarnada del Che incluía a las vacilaciones del Partido
Comunista, que en su apuesta a una demorada revolución democrático-burguesa
para América Latina entorpecía lo que de manera efectiva requería la extensión
del comunismo en estas tierras: una insurrección obrero-campesina que no
eludiese la terapia de los fusiles y la inmediata colectivización de la riqueza.
Cooke no solo celebra estas heterodoxias, sino que pretende transpolarlas a
la encrucijada argentina y a sus cambios de opinión con su interlocutor epistolar.
Interesado crecientemente en un marxismo respecto del cual se había mostrado
hasta allí respetuoso pero renuente, el hombre a quien Perón ya le había quitado
161
Juan Giani
su investidura de delegado piensa casi lo contrario que Arturo Jauretche. Esto
es, el Frente Nacional del 45 era ya irrecuperable, pues aunque mantenía imán
simbólico, había perdido viabilidad histórica; y por lo tanto, más que pugnar
por heterogeneizar la base social para el anhelado retorno hay que avanzar en
una mayor exactitud ideológica que ahora el peronismo parece no disponer.
Y aquí resurgen los equívocos, pues Perón, que se considera conductor por
su agudeza para asentar una doctrina, resulta paulatinamente imputado por
Cooke de carecer justamente de ella, consumido en vaguedades que habilitan
que en su nombre se invoquen tanto tibiezas programáticas de cuño desarrollista
como los pliegos avanzados de La Falda y Huerta Grande. Cooke, como luego
otras izquierdas peronistas, empieza a solicitar una “teoría revolucionaria” que
cohesione a los luchadores, erradique a las burocracias sindicales, margine a
los claudicantes y se vaya embebiendo de un marxismo que pendula en su caso
entre Jean Paul Sartre y Antonio Gramsci. Es llamativa la controversia, pues
Jauretche trata a Perón de sectario, ya que expulsa a las clases medias y Cooke
de excesivamente hospitalario, pues su palabra insuficiente entorpece las formas
más osadas y expeditivas de la emancipación.
Cooke, en lo que es tal vez su principal testamento, pone un encomiable
pero infructuoso empeño en anudar ambos emblemáticos procesos (naciona-
lismo y socialismo como etiquetas ideológicas, peronismo y guevarismo como
su envase político, Perón y Castro como sus cabeceras dirigentes), siendo por
supuesto el contenido de esa inconsumación material tan provechoso como
insustituible para alimentar el presente intelectual de nuestras naciones.
En esa correspondencia (en la que Cooke comienza a intercalar con asi-
duidad el significante “jefe”, como si la condición militar de Perón empezara
a molestarle) se discute en definitiva algo en buena parte similar a lo que en la
Argentina de hasta hace pocos meses se observaba en la oposición que aspiraba
a terminar con el pésimo gobierno de Mauricio Macri. Cuál es la amplitud
tolerable de un frente patriótico de liberación o, parafraseando la metáfora
criollamente arquitectónica de Perón, “cuanta bosta hace falta para construir
el rancho”.
El conductor, un comunitarista que palpa en cuerpo propio la vengati-
va capacidad de veto del enemigo, prefiere albergar una diversidad potente
garantizada por su clarividencia. Cooke, un dirigente ahora seducido por las
moralejas guevaristas, opta por una consistencia organizativa y programática
que se vaya incluso independizando de la intervención salvífica del líder. Para
él, el peronismo es un “gigante miope e invertebrado” que puede desestabili-
zar al régimen pero no radicalmente suplantarlo. Escribe para fundamentarlo
162
Tres nombres para Perón
abultadas cartas. Perón, que nunca lo hostiga, responde con dedicación, pero
con retórica escueta. A partir de 1966 ambos se dispensan un recíproco silencio.
Veredicto de un desacuerdo
Este dilema entre el vigor de la amplitud y las garantías de la coherencia no se
inició aquí y mantiene plenamente su vigencia. Por lo tanto, dirimir lo acer-
tado de su resolución implica adentrarse en las singularidades de cada época.
Si adoptamos esa perspectiva, corresponde empezar señalando que tanto uno
como otro estaban completamente equivocados. Y esa costosa equivocación
remite a una suerte de neohistoricismo que impregnaba el basamento de sus
respectivos pensamientos. Pensamientos que aún en sus progresivos desacuer-
dos partían de la imperturbable convicción de que la humanidad en un plazo
relativamente corto ingresaría en las acogedoras playas de un mundo liberado
de la explotación capitalista y las geopolíticas imperiales.
Perón lo expresa con claridad en las primeras páginas de su libro La hora de
los pueblos (“La historia de los pueblos, desde los fenicios hasta nuestros días, ha
sido la lucha contra los imperialismos, pero el destino de esos imperialismos,
ha sido siempre el mismo: sucumbir”), donde se ha desplazado sutilmente de
una autoctonía filosófica apta para rescatar a Occidente de su crisis terminal
(La Comunidad Organizada) a una confianza evolutiva en un universalismo de
las equivalencias. En ese sentido, la apelación de Perón a lo deseable de formas
nacionales de socialismo no fue, como todavía hoy se escucha, un engañapi-
changa para seducir falsariamente a su ala izquierda, sino la percepción sincera
de que un nuevo ciclo histórico estaba a las puertas de consumarse.
Cooke, con inéditos arsenales teóricos que Perón desestima, piensa en lo
sustancial lo mismo, y su creciente apelación al rol de la “vanguardia” así lo
atestigua. Grupo que atesora una verdad irrefutable de la historia que debe ser
transmitida con la sabiduría indispensable para que el socialismo encarne exito-
samente en la irrepetible peculiaridad de cada una de las locaciones nacionales.
Bien lo sabemos, la propia revolución cubana, el proceso de descoloniza-
ción de la segunda posguerra, el Mayo francés, las multitudes de la gloriosa jp,
o la insurgencia vietnamita alentaban todos esos venturosos pronósticos. Por
si hiciese falta aclararlo, el crudo lenguaje de los hechos nos privó muy poco
después de cualquier placer civilizatorio. En la Argentina, en América Latina
y luego en casi todos lados, no advino ninguna “hora de los pueblos”, sino el
salvajismo genocida del capitalismo neoliberal.
163
Juan Giani
Hermanados en el yerro, esa catástrofe nos inclina a ser más indulgentes con
el cuestionado conductor, que incluso poco antes de morir parece advertir las
inclemencias que se aproximan. Llega a llamar “cerco imperialista” a las dicta-
duras instauradas a principios de los 70 en Uruguay y Chile, y sugiere adecuar
el brío de algunos de sus combativos simpatizantes, sensata modulación que
algunos de los grupos más enfervorizados del peronismo evaluaron con escaso
tino como claudicación ideológica.
En cualquier caso, fue evidente que la fortaleza del letal enemigo era muy
superior a lo que con alguna liviandad se suponía y las amarguras posibles de
la historia mayores a las imaginadas, y en ese contexto un frentismo amplio de
liberación parecía mucho más recomendable que un guerrillerismo que, por
otra parte, cuando fue aplicado fuera de Cuba sufrió estrepitosos naufragios.
Es más, si bien nada exculpa a Perón de haber autorizado el predicamento
de personajes inadmisibles como María Estela Martínez o José López Rega, si
su esmerada prédica por encontrar un punto de equilibrio entre los retardatarios
y los apresurados de su propio movimiento hubiese encontrado un auditorio
menos enceguecido, el doliente desastre de aquellos años pudo tal vez haberse
evitado.
Si admitiésemos su compatibilidad con la proactividad incesante que rige el
universo de la política, la empírica desgracia contenida en la esgrima argumental
entre Perón y Cooke podría encuadrarse bajo el formato de la tragedia. Herida
incurable de la historia en la que ningún actor porta la justa razón y es dueño
exclusivo de las culpas. Sin aglutinar bajo su comando un elenco polifónico de
adhesiones, Perón jamás habría conseguido su esperanzador regreso al país, pero
esa misma medular variedad creó las condiciones para el desmadre, alterando
cualquier organigrama del conductor omnisciente.
Perón, mito
La correspondencia, ya fue dicho, se extingue en 1966; pero ese silente acaba-
miento no alcanza a disimular el problema que Cooke tiene de algún modo
que abordar. Esto es, por un lado la identidad peronista acapara omnímoda-
mente los afectos de la clase obrera argentina, pero la indisputable referencia
de esa identidad establece horizontes y estrategias que dilatan la extinción del
aborrecido capitalismo. Es la tensión en carne viva entre la materialidad de las
situaciones y la contundencia de los imaginarios, entre una supuesta cientificidad
del devenir histórico y la específica densidad cultural de un fenómeno que se
expresa en la centralidad excluyente de un hombre idolatrado por las masas.
164
Tres nombres para Perón
Cooke ha intentado hacer pedagogía con quien era un experto en esos
menesteres, y sus extensas y medulosas recomendaciones han encallado en el
puerto en el que se cruzan con alguna aspereza un saber superior que ahora se
llama marxismo y el rostro autonómico de un movimiento político en el cual
la influencia del descendiente de irlandeses tiende a volverse marginal.
Bien podría pensarse que tanto Cooke como el resto de la llamada “izquierda
peronista” aguardaban que la trayectoria de Perón se emparentase con la del ad-
mirado Fidel Castro. Queremos decir, un abogado que funda un agrupamiento
democrático y nacionalista, pero que al sintonizar con las presiones dramáticas
de su tiempo se declara marxista-leninista sin haber podido avanzar más allá
de las primeras 35 páginas de El Capital.
Eso parece no ocurrir con el Conductor-General-Jefe, y por lo tanto aquel
que en su momento había sido sindicado como su sucesor en caso de muerte,
decidió colocarle el nombre de “mito”. En el documento fundacional de su
Agrupación Acción Revolucionaria Peronista, lo presenta como la encarnación
viviente de la “primavera revolucionaria del proletariado argentino”, cuerpo-
símbolo de una Edad de Oro en la que todas habían sido alegrías para los sectores
más pobres de una nación ahora recapturada por una cohorte de personeros de
la oligarquía y el imperialismo.
Ese pasado ya no podría reponerse, pero su incidencia en la memoria popular
era ingrediente insoslayable de cualquier socialismo que no se consumiese en un
internacionalismo vacuo. Se gesta entonces un diálogo entre la vanguardia que
aporta la certera clarividencia del futuro y la ligadura raigal de los mitos que
descentran cualquier secuencia lineal de la historicidad efectiva. La dificultad
es inquietante. Perón debe ser invocado, pues sin su magisterio el oído de la
clase obrera se mantiene indiferente, pero esa invocación se pone en práctica a
sabiendas de las insuficiencias que conlleva.
En Cuestiones de método Jean Paul Sartre había contundentemente señalado
que el “marxismo es la filosofía insuperable de nuestro tiempo”, definición que
aún condimentada con un nacionalismo primordial que nunca abandona,
Cooke termina suscribiendo. Tanto es así, que luego se sirve de esa sentencia
como instrumento de medición y, buscando elogiarlo, llama a Perón “un pre-
marxista que, por inteligencia y conocimientos generales sigue la evolución que
toma la historia y simpatiza con las fuerzas que representan el futuro”, como si
las acciones de los grandes individuos se volviesen estimables de manera plena
en el momento que ingresan con disciplina en una escala ascendentemente
esclarecedora de las ideologías.
165
Juan Giani
Por lo demás, el concepto de mito aplicado como movilizador de repara-
doras fantasías colectivas ya había sido visitado, y quizás su origen haya que
ubicarlo en Georges Sorel con su apelación a la huelga general como reguladora
de una irrupción súbita de energías libertarias. Pero en América Latina, y de
su mano, el introductor más prolífico fue José Carlos Mariátegui, quien cree
posible que se susciten revoluciones sin determinismos económicos ni rígidos
etapismos, tomando el caso de Perú como disparador de las conciencias al
colectivismo ancestral que modela la trama popular gracias a las experiencias
del mundo incaico.
La noción es, por tanto, fructífera y atractiva, solo que en el caso de Cooke
presenta un rasgo que la complica. Ese mito no es un archivo existencial o un
cúmulo vitalizante de palabras, sino un conductor de carne y hueso que in-
terviene a cada momento en el ritmo agitado de la historia en un sentido con
no siempre se condice con las aspiraciones de la autoproclamada vanguardia.
Epílogo
John William Cooke falleció el 19 de setiembre de 1968. Entrevistado por un
periodista inglés tras su largamente obturado retorno al país, Juan Domingo
Perón lo vistió con un elogio póstumo: “Fue un prohombre de nuestro movi-
miento”. Se hizo justicia con tal reconocimiento, pues ese abogado nacido en
la ciudad de La Plata el 14 de noviembre de 1919 atesora ineludibles méritos.
Brioso legislador que apuntaló el antiimperialismo como valiente política de
Estado, inclaudicable resistente frente a la reacción oligárquica cuando otros
compañeros pactaban sin pudor, y esforzado nexo entre los dos movimientos
de masas más importantes de la historia de América Latina.
Estas líneas procuraron adicionar otro, que cabría definir como su herme-
néutica trascendente de la figura fundadora de esa robusta identidad llamada
peronismo. Como caudillo, en cuanto acopiador y expresión de una axiología
imperturbable del hombre argentino. Como conductor, constructor de una
doctrina aleccionadora para cualquier nacionalismo liberador del presente. Y
como mito, en cuanto fehaciente testamento simbólico de un período inigua-
lado, en el que el humilde se adueñó de su dignidad.
Y sobre los mitos, algo más. El peronismo surge en la vida continental
emparentado con otras experiencias de análoga programática y parecida enver-
gadura. El aprismo peruano, el ibarrismo ecuatoriano, el varguismo brasileño,
el Movimiento Nacionalista Revolucionario boliviano o el cardenismo mexi-
166
Tres nombres para Perón
cano irrumpen en sus naciones ocasionando temblores de efecto grato para los
sectores populares.
Al día de la fecha, todos ellos han virtualmente desaparecido. El peronismo,
a las claras, sigue vivito y coleando. ¿Cómo no ubicar como una explicación
para este tan sugerente como sintomático hecho al poder constituyente del
mito? Que aquí, por si no bastara con uno, se triplica. El de Perón, el del 17 de
Octubre y el de la compañera Evita (a 100 años de su nacimiento). Raigambre
suprema de un exabrupto de la historia sin el cual la Argentina es literalmente
incomprensible.
Sin embargo, y en esto Cooke no dejaba de estar en parte en lo cierto, ese
mito es tan saludable como riesgoso, pues bajo su paraguas Carlos Menem
consumó su estropicio neoliberal y, poco después, Néstor y Cristina Kirchner
repusieron una herencia de mayor soberanía y justicia social. Y otro tanto se
percibe en nuestro presente, en el que se colocan bajo el mismo escudo brulo-
tes derechistas, discursos opositores sospechosamente moderados y menciones
mucho más fieles a la tradición de ese movimiento que nació poniendo las
patas en la fuente.
La insoslayable locuacidad de la hermenéutica, como vemos, continúa.
Inexorable incomodidad de lo que a su vez mantiene en abierto estado de
combustión un destino más satisfactorio para nuestra patria.
167
Alicia Eguren, de boina a boina. Una semblanza
Felipe Bouilly
El militante
cuando se esfuma
saqueado en sus latidos
se lleva lo soñado
se va diluyendo para hacerse ave.
Sus ojos
alucinan a la noche
encendiendo el fragor
en la luminosidad.
Lentamente,
percibimos el canto
racimos de la floresta
en los pétalos de rebeldía.
El militante
sigue musicando
la calle y el sueño. El ardor
es lo que se renueva
en la espuma de su antigua mirada,
para volverse a quedar
en los aromas.
El militante vive
en los otros
y se queda
alumbrando a los que llegan.
Alicia Eguren1
1
Citado en Seoane, 2014: 341-342. Alicia escribió este poema como homenaje a Paco Urondo
el día de su muerte en combate.
169
Felipe Bouilly
El objetivo de este ensayo es pensar en una primera semblanza de Alicia Eguren
como una política e intelectual, cuyo derrotero fue por demás ecléctico desde lo
ideológico, pero muy potente y consecuente con su entrega personal y determi-
nación. Podríamos decir que la revolución circuló por sus venas a lo largo de su
vida, aunque en sentidos muy diversos y hasta contradictorios. Desde posturas
antimodernistas de cuño castelliniano hasta el socialismo de matriz guevarista.
Siempre fue una persona radical en sus posturas y no se guardó nada para sí.
Como afirma Miguel Mazzeo, “Alicia se entregó en cuerpo entero a la
desobediencia”. ¡Si lo habrá comprobado nada más y nada menos que Perón!,
con cuestionamientos no solo a su táctica sino a su estrategia. Hasta Sebastián
Randle, autor de un monumental trabajo sobre el padre Castellani e insos-
pechado de simpatías de izquierda o peronistas, la reconoce como una mujer
valiente y decidida.
Podemos sostener, sin ser exagerados, que la política fue el centro de su
vida, mucho más que su hijo o sus parejas. Al fin de cuentas, Pedro, su hijo, fue
criado en gran medida por su madre y su hermana. Me animaría a decir que
hasta John W. Cooke fue secundario en su proyecto de vida. Sin duda, fueron
una pareja política fuertísima. María Seoane ensaya una comparación, muy
“progresista” y chic por cierto, entre esta alianza y la de Simone de Beauvoir y
Jean P. Sartre. Pero Alicia y El Bebe, a diferencia de las celebridades francesas,
además de pensar la revolución le pusieron el cuerpo, tanto en Cuba como en la
Argentina. John murió muy joven, pero aun así participó, con sus limitaciones,
en la defensa de Playa Girón y fue preso en numerosas oportunidades, cosa que
ni por asomo le sucedió a la sofisticada pareja francesa. Asimismo, Alicia fue
una de las tantas víctimas que murieron en los tenebrosos altillos de la esma.
Otra de las cuestiones importantes que la diferencia de Simone, es que Alicia
nunca renegó de su fe cristiana; siempre se identificó como una persona muy
creyente, aun en la antesala de su muerte. ¿Abrazó la militancia política también
imbuida de un fuerte misticismo? Randle cuenta una anécdota en la que Alicia
se encuentra con un viejo amigo y este le dice que se vaya del país, que la iban
a matar y nuestra heroína le contesta que no tenía miedo y que su fe la soste-
nía a pesar que sus compañeros caían uno a uno. A propósito, nos parece más
pertinente hacer un parangón entre nuestra indomable protagonista y Simone
Weil. Esta militante e intelectual francesa de origen judío pero luego convertida
al cristianismo, aunque nunca quiso bautizarse, fiel a su espíritu anárquico,
también muy desobediente del mandato femenino. Ambas comparten una
profunda preocupación por la situación de la clase obrera junto a una entrega
personal sin límites. Luchó en la Guerra Civil española en el bando republicano,
170
Alicia Eguren, de boina a boina. Una semblanza
y llevó adelante una experiencia inédita, para su época, de proletarización en la
fábrica Renault. Y murió en el exilio perseguida por el nazismo.
Ahora bien, teniendo en cuenta estos antecedentes ¿Cómo podríamos
caracterizar a Alicia Eguren? ¿Cómo una católica tradicionalista o milenarista,
antimodernista? ¿Una nacionalista popular? ¿Una peronista revolucionaria?
¿Una guevarista que creyó encontrar en el peronismo el canal propicio para la
construcción del socialismo pero nunca convencida del todo? ¿Una intelectual?
¿Una mujer que rompió el modelo del deber ser? ¿Una militante políticamente
incorrecta? (¡Había que animarse a ser parte de la Alianza Libertadora Nacio-
nalista (aln) en 1945! Hombres de acción y, por tanto, portadores de armas,
que tenían una concepción de la mujer muy tradicional).
No creemos en el etapismo de las trayectorias personales. No hubo “un
primer Marx” ni un “segundo”, tampoco un “primer Cooke” ni un “segundo”
y Alicia no escapa a la regla. Son las circunstancias, los contextos históricos los
que van modificando las posiciones políticas. En consecuencia, pensamos que
para el caso de La Flaca, sin duda fue un poco de todo lo que hemos nom-
brado. Sin embargo, encontramos un hilo de oro con la que está hilvanada su
vida: la política llevada como estandarte de vida y la búsqueda de una salida
revolucionaria.
Alicia era hija de un matrimonio típico de clase media argentina, aunque
con la particularidad de que ambos progenitores eran profesionales. Algo inusual
a los comienzos del siglo xx. Ramón era contador y Herculina Petrona, a la que
apodaban, con muy buen criterio, Mamaína, era farmacéutica. Tuvo una sola
hermana, Marta, más conocida como Kika (Seoane, 2014: 23).
Ya de joven Alicia demostró muchas inquietudes intelectuales y se destacó
como una brillante estudiante secundaria; estudió en una escuela pública de la
ciudad de Buenos Aires, y luego en la facultad de filosofía en la uba, universidad
en la cual se doctoró.
En esos años, 1942, compartía el estudio con la militancia en la aln y fue
allí fue donde conoció al padre Leonardo Castellani, al que luego invitará a
la Facultad de Filosofía y Letras a dar unas charlas, facultad en la que la fuba
dominaba el centro de estudiantes, y el sindicato, brazo universitario de la aln,
era un minúsculo grupo con respecto a la militancia de izquierda. A partir de
allí ambos construirán una amistad muy profunda que dio lugar a innumerables
comentarios, no siempre bien intencionados, como los que desliza Sebastián
Randle. Alicia era una mujer con una personalidad muy atractiva y arrolladora.
Su presencia nunca pasaba desapercibida. El Bebe Cooke decía “nosotros tene-
mos la Alicia linda ellos [por los gorilas] tienen a la fea”, por Alicia Moreau de
171
Felipe Bouilly
Justo, conspicua militante del socialismo (Randle, 2017: 550). Castellani quedó
prendado de esta veinteañera corajuda e intelectualmente destacada, tanto que
su presencia en la casa familiar de los Eguren comenzó a ser habitual. Por otra
parte, el “cura loco” tenía todo un séquito de jóvenes mujeres que lo seguían al
que él llamaba “sus sobrinas”, y de estas, Alicia era la número uno, su preferida.
Tanta era su debilidad por Alicia que la invitaba a tomar el té en confiterías del
centro de Buenos Aires y luego tenían largas caminatas por el centro, donde
Alicia llevaba al cura de aspecto extravagante tomado del brazo. Esta situación
provocó la preocupación de algunos de sus escasos de amigos, entre ellos, el padre
Hernán Benítez y De la Riestra, quienes le aconsejaron ser mucho más prudente
con sus salidas y compañías, que estas cuestiones habían llegado a los oídos de
sus superiores y que su sacerdocio corría peligro; a lo que el cura les contestó,
con mucha ironía, “la Iglesia les prohíbe a los curas casarse pero no dice nada de
ponerse de novios” (Randle, 2017: 551). Era evidente que al cura Castellani le
pesaba el celibato y qué buena noticia que es esto en los tiempos que corremos.
¿Qué hizo Eguren ante este problema? Absolutamente nada, a ella le fascinaba
desafiar las convenciones de la sociedad porteña, tan pacata, sobre todo en lo
que se refería al sexo, le encantaba mostrarse con Castellani que, además, vestía
de forma muy particular, sotana, boina, cinto de cuero ancho y fumaba en pipa.
Para el padre Benítez, confesor de Evita y muy cercano a Castellani, el “cura
loco” se había enamorado de Alicia y había viajado a Roma a pedir la reducción
al estado laical, cosa que Randle desmiente después de analizar unos cuantos
documentos. A mí no me queda muy claro, los propios documentos que mues-
tra Randle permiten inferir que volver a ser un laico era una posibilidad que
barajaba Castellani.
Lo cierto es que el papa lo suspende en su ejercicio del sacerdocio y como
miembro de la orden, pero le exige la continuidad de la observancia del celibato,
cosa incomprensible para el indomable cura.
Al mismo tiempo, Alicia viaja a Inglaterra y se sigue carteando con Don
Leonardo, corre el año 1947. En este intercambio de letras el castigado le advierte
sobre los peligros de la literatura “modernista” y protestante, ambos fueron sus
grandes adversarios a lo largo de toda su vida, mucho más que la literatura atea.
Al año siguiente, Alicia conoce a Pedro Catella en Londres y le escribe al cura para
que viaje a casarlos. ¡Imposible! Castellani está preso en Manresa y le deniegan
el permiso para viajar. El casamiento con Catella duró un suspiro, lo suficiente
para tener un hijo en común. Nada pudo hacer este hombre, que trabajaba en
el servicio exterior, con una mujer que no se ataba a ninguna convención ni for-
malidad y que permanentemente buscaba nuevos horizontes de vida y políticos.
172
Alicia Eguren, de boina a boina. Una semblanza
De regreso a la Argentina, seguirá frecuentando a Castellani y a Walsh,
otro de los extraordinarios discípulos del cura, que tenía, en ese momento, una
posición crítica del peronismo desde la firma del tiar. Walsh fue uno de los
tantos casos de peronización pos Revolución Fusiladora, al igual que Alicia. La
famosa peronización de los sectores medios. Un fenómeno político que merece
ser estudiado bien a fondo a la luz de los guarismos con los que ganó Héctor
Cámpora las elecciones de 1973.
Después de los criminales bombardeos a Plaza de Mayo en junio de 1955,
Alicia se reencuentra2 con El Bebe en el comité capital del peronismo, del cual
este era su interventor.3 Fue llevada por el historiador nacionalista José María
Rosa y desde ese momento no se van a separar más, salvo los períodos de cárcel,
que no fueron pocos. Sin embargo, sostiene Seoane, la forma de amarse fue
muy diferente para uno y para el otro. Para El Bebe, la política y Alicia eran
complementarios, algunos sostienen que La Flaca lo radicalizaba más al Gordo.
Algo parecido a lo que se afirma de Evita con respecto a Perón, sin fundamento
alguno.4 Mientras que para Alicia lo primero era llevar adelante la revolución, si
en eso coincidían con el Bebe mucho mejor, pero si no… (Seoane, 2014: 93).
Una vez triunfante la Revolución Fusiladora, La Flaca caerá presa el 28 de no-
viembre de 1955. Mientras estuvieron en la cárcel, John y Alicia mantuvieron una
abundante correspondencia, en la que se manifestaban un amor incondicional,
aunque bajo la formalidad del trato de usted. Un poco como juego de seducción
y otro poco porque aún no habían formalizado su unión.
El 30 de abril de 1957 el gobierno de Aramburu le concede la opción para
salir del país rumbo a Europa. En ese momento comienza el juego del gato y
el ratón, hoy lo llamaríamos de “Tom y Jerry”,5 entre Alicia y el gobierno de
facto. La Flaca quería viajar en barco porque ya tenía programado escapar en la
escala de Montevideo con ayuda de peronistas exiliados, mientras el gobierno
quería un vuelo directo a Europa por temor a que pasara lo que finalmente pasó.
Dimes y diretes, Alicia logra su cometido; viaja en barco y durante la escala
en Montevideo se escapa con la ayuda de sobornos a los marineros y de peronistas
exiliados en Uruguay para luego reunirse con El Bebe en Chile.
2
Se habían conocido fugazmente en 1946.
3
Este nombramiento fue una especie de reconocimiento por parte de Perón luego de haberlo
defenestrado para renovar su banca en la elección de 1952.
4
Parafraseando a Lenin podríamos decir que el evitismo es una enfermedad infantil del peronismo.
Sin desmerecer, en forma alguna, la importancia de Evita en el peronismo.
5
En alusión a la relación entre el presidente Mauricio Macrì y su jefe de gabinete Marcos Peña
Braun.
173
Felipe Bouilly
En ese momento Cooke era el delegado de Perón y Alicia comienza a tener
una relación con este y su mujer, Isabelita. Según cuentan, la relación fue muy
conflictiva, Alicia provocaba en Perón muchísima desconfianza.6 ¿La indepen-
dencia de su pensamiento? ¿Una mujer de acción difícil de conducir? ¿Conflictos
con la rama femenina del peronismo, especialmente con Delia Parodi? Lo cierto
es que tanto Alicia como Cooke van a ir alejándose paulatinamente de Perón a
medida que la Revolución cubana y la continuidad del proyecto insurrecciona-
lista de la pareja van tomando mayor densidad. El Gordo y La Flaca fundan la
apr y en su primer panfleto expresan: “Bases para un programa de liberación
nacional: no a la conciliación de clases y los límites del capital, eso fue bueno
pero hay que considerarlo una etapa terminada”. Y termina con el saludo: “Perón
o muerte”, “Patria sí colonia no”. ¿Cómo podía convivir este peronismo con el
que expresaba Eladio Vázquez?: “Si nosotros hubiésemos nacido en Alemania
seríamos nazis, si [en] Italia, fascistas”. El “yo bendigo a tutti” produjo innume-
rables inconvenientes dentro del movimiento peronista, en el que cada vez se
hizo más difícil establecer los límites ideológicos. Por otra parte, Perón nunca
iba a admitir que le marcaran la cancha. Todos aquellos que lo intentaron fueron
defenestrados, como les pasó al Bebe, a Mercante, a Jauretche, y tantos otros.
La etapa cubana de Alicia significó el deslumbramiento por una revolución
de raíces profundamente humanistas y nacionalistas junto a la relación entrañable
que estableció con el Che. María Seoane afirma que Eguren encontró en él a su
alma gemela (2014: 155). En este sentido, el Che consideraba a Alicia como la
persona más indicada para el reclutamiento de jóvenes, ¿de clase media?, en la
Argentina con miras a organizar una guerrilla, “era seductora, reservada, culta
y valiente” (171). Evidentemente, el Che veía en Alicia todo lo que él creía que
era, un espejo. A partir de allí, Alicia comenzó a trabajar en estrecha relación con
el Che desde Montevideo con el fin de organizar la guerrilla que pudiese poner
a la Argentina en sintonía con Cuba y la “gran revolución latinoamericana”.
¿Esto significaba apartarse de la conducción de Perón y tener un nuevo guía
táctico-estratégico? ¿Alicia en alguna oportunidad se sintió conducida por Perón?
Es más, cuando El Bebe le sugiere a Perón, en 1962, que el mejor lugar para
asilarse era Cuba y este la rechaza, ¡Alicia se indignó! No podía entender cómo
Perón podía estar en la España franquista y no en la Cuba socialista. Lo que
nunca entendió Eguren, y tampoco gran parte de la Tendencia Revolucionaria,
era que Perón era peronista, y dentro de esa condición estaba inexorablemente
6
Perón siempre desconfió mucho de los nacionalistas y los relegó a posiciones de segunda
categoría. Además, los consideraba unos piantavotos.
174
Alicia Eguren, de boina a boina. Una semblanza
su única conducción. Por eso, para mí, no se puede de ninguna manera hablar
de traición, ni de cerco ni de ninguna de las excusas que puso el peronismo re-
volucionario cuando los caminos comenzaron a bifurcarse. Nunca hubo cerco,
y si lo hubo, este fue querido por Perón.
El 19 de septiembre de 1968 muere John W. Cooke, su gran compañero
de los últimos años. Fiel a su ateísmo, pidió que se abstuvieran de suministrarle
ningún tipo de sacramento ni responso y que su cuerpo fuera incinerado. ¿Qué
impacto tuvo su muerte en el ánimo combativo de nuestra heroína? Ninguno,
los setenta la encuentran a Alicia abocada a la lucha revolucionaria. En 1971 hace
público uno de los documentos más importantes del Bebe: “Apuntes para una
crítica del reformismo en la Argentina”. Este documento lo escribió El Gordo
en el año 1961, especialmente para Fidel y el Che. El nudo de la cuestión gira
en torno de la política de alianzas del Partido Comunista argentino, como así
también de las posibilidades y los límites del movimiento peronista.
Cuando la “Revolución Argentina” entra en su última etapa al mando del
general Alejandro Lanusse, Alicia le escribe a Perón con “instrucciones” para
que Perón condicione a la dictadura exigiendo amnistía general para todos los
presos políticos en diez días o el movimiento peronista se pondrá en “pie de
guerra”. Perón no desdeñaba el uso de la violencia política, lo había demostrado
en diferentes momentos de su trayectoria política, pero de ahí a sumir al país en
una guerra civil era otra cosa muy diferente. No lo quiso hacer en septiembre
de 1955 cuando todavía tenía una porción de las Fuerzas Armadas a su favor,
menos en 1971 con una relación de fuerzas mucho más desventajosa.
Al poco tiempo, y en pleno lanussato, cuando la “salida democrática” parece
un hecho consumado, Alicia le escribe a Héctor Cámpora en septiembre de 1972
y le advierte sobre la “traición” de las cúpulas dirigenciales. La “vuelta de Perón
debe ser revolucionaria” sostiene Alicia y en Ezeiza lo esperaba José I. Rucci con
el paraguas, jaja. El mito de Perón, afirmaba La Flaca, solo se sostiene si encarna
la revolución. Nuevamente, nos topamos con una construcción idealizada y por
qué no decirlo, tendenciosa, de Perón. El mito de Perón como el único conductor
siguió siendo indiscutible; había vencido a todos, incluso al Bebe, a Vandor y
siguen las firmas... ¡Qué mala noticia fue para la Tendencia Revolucionaria la
“salida democrática”! ¿Qué iba a pasar con las “formaciones especiales”? Perón
vuelve el 20 de noviembre de 1972 en medio de un descomunal operativo del
ejército para impedir que el líder se reencontrara con su pueblo. Los días que
siguieron en la residencia de Gaspar Campos, en Olivos, fue un peregrinar de
militantes y dirigentes para beneplácito de sus fruncidos vecinos.
175
Felipe Bouilly
A comienzos de 1973 está muy clara la estrategia de Alicia, ¿cómo repre-
sentante de la Tendencia Revolucionaria?, de forzar al viejo líder a boicotear las
elecciones de marzo y pasar a la etapa de lucha abierta contra el régimen militar.
En efecto, en febrero le vuelve escribir a Perón para criticar al secretario general
del justicialismo, Juan Manuel Abal Medina, por su nacionalismo católico, o
como dicen en España, “un perfecto mea pilas” y a su tenedor de paraguas,
José I. Rucci, una de cuyas lecturas favoritas era “Las Obras Completas de José
Antonio Primo de Rivera” y que había mandado de paseo a Agustín Tosco a
Cuba, “si tanto le gustaba el socialismo”. Sobre el líder metalúrgico manifiesta
la siguiente premonición: “Rucci debe desaparecer, si no desaparece por las
buenas desaparecerá por las malas”. Todo un adelanto de lo que en breve iba a
suceder. Rucci, secretario general de la cgt y uno de los más queridos por Perón,
fue asesinado el 25 de septiembre de 1973 cuando salía de su casa.7 Dos días
después de que Perón ganara las elecciones con el 62% de los votos. El asesinato
no fue reivindicado por ninguna organización político-militar, pero los líderes
de Montoneros dejaron trascender que habían sido ellos y así lo entendió el
repatriado líder. ¡Toda una declaración de guerra!
El 11 de marzo de 1973 se llevan adelante las elecciones según las nuevas
pautas impuestas por el lanussato: Perón no pudo ser candidato, y si el frejuli
no conseguía el 50% más uno de los votos, habría segunda vuelta. Triunfa el
Frente por casi el 50% de los votos y la ucr del Pueblo resigna la posibilidad
de dar batalla en la segunda vuelta. “¡Cámpora al gobierno, Perón al poder!”
Fue una de las consignas más coreadas en los actos partidarios en los que la
Tendencia Revolucionaria era francamente dominante por capacidad movi-
lizadora. A los dos días del triunfo, una Eguren indignada le escribe a Perón.
Por una parte, denuncia el pacto Paladino-Lanusse por el cual se convino la
“salida democrática” y otras cuestiones particulares que le interesaban a Perón,
entre ellas la devolución del cadáver de su segunda esposa, Evita. Y por la otra,
critica y denosta a los candidatos elegidos y los aliados del Frente: Frondizi y
los nacionalistas. No hay peor astilla que la del mismo palo, dicen... Asimismo,
la Eguren le reclama mayor poder para la Tendencia Revolucionaria y critica
a Cámpora por su conservadurismo. La responsabilidad de llevar adelante la
revolución es suya, le manifiesta. El punto es en qué revolución está pensando
nuestra heroína y en cuál lo está haciendo Perón. ¿La revolución en paz o la
7
Sobre este punto también hay una versión de uno de los integrantes de la Triple A de que López
Rega fue el que lo mandó a matar porque era el único que se podía interponer políticamente
entre él y Perón.
176
Alicia Eguren, de boina a boina. Una semblanza
de los fierros? El 21 de junio de 1973 se van a ir aclarando las cosas cuando se
hablaba de “socialismo nacional”.
Los últimos años de La Flaca estuvieron signados por la construcción del
Frente Antiimperialista Socialista, y por ello, con muy buenas relaciones con el
prt-erp. Fue parte del diario El Mundo, órgano oficioso del guevarismo. Luego del
paso a la clandestinidad de Montoneros, y cuando ellos intentaron construir su
propio partido político, el Partido Peronista Auténtico, adhirió a su construcción.
El golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976 comenzó a secuestrar y
asesinar a sus compañeros de ruta. En un plan perfectamente coordinado a
nivel nacional y latinoamericano las Fuerzas Armadas establecieron un estado
de vigilancia y control sin precedentes en la historia de la Argentina, aunque no
el único ni el más cruel, como lo demuestra el caso de Guatemala.
La muerte se hizo presente el 26 de enero de 1977 cuando fue secuestrada.
Cuentan Fernando Torres, abogado de Montoneros y Lorenzo Miguel, que
los cadáveres de nuestra heroína y de Rodolfo Walsh fueron los íconos con los
que se vanagloriaba la banda de la esma por su “trabajo”. “Si estos vejámenes
les hicimos a tus jefes imagínate lo que te vamos a hacer a vos” fue la “carta de
presentación”, según el relato de Torres.
Para finalizar, Alicia fue muy consciente del peligro que corría y esperó, como
también lo hizo Walsh, hasta 1977 para preparar su exilio. En esas circunstancias
la secuestró el grupo de tareas.
Eguren-Cooke fue una típica pareja de los años setenta que entendía la
militancia política y la lucha como cosa de ambos y hasta familiar, diríamos. No
tenemos más que repasar la lista de desaparecidos para toparnos con infinidad
de parejas que además construían familias. En ese sentido, podemos decir que
Alicia fue un ejemplo de desobediencia del mandato que establecía la sociedad
para la mujer. Sin embargo, ello no significó masculinizarse.
Bibliografía
Randle, Sebastián (2017). Castellani jesuita, 1899-1949. Buenos Aires: Vórtice,
2ª ed.
Seoane, María (2014). Bravas. Alicia Eguren de Cooke y Susana Pirí Lugones. Dos
mujeres para una pasión argentina. Buenos Aires: Sudamericana.
177
La historia en papel carbónico
Horacio González
Escribía con copias en papel carbónico, esto es evidente, pues intuía que esas
cartas debían conservarse como un testimonio de algo que, con razón, muchos
pudieran dudar. No los separaba un rango de edad tan amplio, pero tampoco
era angosto. Habría poco más de 20 años de edad en ese vacío de tiempo que
iba de uno a otro. Exactamente, 25. No es igual lo que se escribe sin una se-
gunda razón o justificación, que lo que desde el inicio consideramos que no
debe ser desechado. Se acepta la objeción que diga que pueden tornarse célebres
las anotaciones que consideramos fútiles. Pero otra cosa es la sospecha vaga
de que hay papeles que merecen cuidarse desde cuando comienzan a gestarse,
pues tienen doble pertenencia. A aquellos que entran en correspondencia y
a otro personaje flotante que parece quedar avizorando todo a espaldas de lo
que ocurre, pero que a lo que ocurre sabe envolverlo por completo. Es lo que
llamamos historia, concepto que parece simple, pues indica que alguien recoge
cuentos e informaciones para colocarlos en la letanía de la memoria, pero es tan
escurridizo, que puede negárselo con argumentos admisibles, como hace buena
parte de las filosofías no historicistas. A esa facilidad se negaron Perón y Cooke.
Es claro que decir que escribían para la “historia” es inadecuado y ostentoso.
Pero algo había que reclamaba que se pusiera en juego la fuerza anímica que
llamamos con los términos de “dar testimonio”.
Pero es posible que en el proyecto de dejar registros escritos hubiera un
sentimiento, por oculto que pudiera estar en la conciencia de los protagonistas,
de que cada letra de la correspondencia revivía antiguos pasajes inmemoriales,
tocaba puntos arcaicos de las leyendas resistentes, y hacía que toda frase se
enarbolara como una bandera que cualquier viento cambiante la hiciera desistir
179
Horacio González
de su flamear. Es que además era un intercambio con interdicciones, el canje
de planes y pensamientos de los que otros no debían saber. De ahí que esa ter-
cera audición, o ese tercer saber, el de la historia, sobrevolara con sus garantías
de que, si los secretos estaban aceptablemente guardados, no sería ella la que
hablara cuando su tarea era solo la de una comprobación muda.
En una correspondencia confidencial donde la distancia entre los dos in-
terlocutores se guarda tanto en el sentido protocolar como político –la palabra
“jefe” está en juego–, es lógico que el tenor de los asuntos tratados, más las dife-
rencias que se muestran en planos lejanos pero cada vez más evidentes, originen
un cálculo mutuo de prevención, por el cual todo párrafo escrito debe ser pen-
sado varias veces. No se puede decir que no exista el mero “correr de la pluma”,
pero en este caso la pluma corre fijando momentos perdurables –evidentemente,
en la que se delega todo el mando en caso de “mi fallecimiento”–, u otros que
son esbozos y pinceladas en el aire. Cuando Perón dice de su fallecimiento,
emplea una noción que su movimiento reconocía por su revés, la eternidad.
Destinada en forma genérica a la figura de Evita, esa modalidad espiritual que
desdoblaba el real ejercicio del poder (“jefa espiritual de la Nación”), parecía
imprescindible para poner un equilibrio entre lo que se consideraba el cuadro
de fuerzas terrenal y las proposiciones místicas que el movimiento de masas
consideraba aptas para su preservación en caso de un deceso en este mundo.
Hablamos de la correspondencia de los dos políticos, la del viejo y la del
joven –ya sabemos que estas son notaciones arbitrarias, pero inciden en las ha-
bituales descripciones coloquiales–, porque por su carácter sostenido, su textura
de pólemos, su continuidad en el tiempo –corto pero dramático–, su entidad de
cuerpo textural orgánico, pues cada emisión obliga a pensar la próxima respuesta
sin inclinaciones protocolares, de esa correspondencia entrecruzada hablamos
entonces, como de un pieza única, superior a todo el macizo epistolar errático
que de forma tan exuberante caracteriza el primer período de la resistencia,
y continuará luego de diversas maneras. Los intercambios, en su mayoría son
informes, algunos muy meditados, bajo el título de “Plan de Operaciones”,
expresión de origen militar, muy antigua. Su poder evocativo en la historia
nacional es, sin duda, muy grande. Esos informes están a cargo de Cooke, que
tiene una mente estratégica, pero no es solo un ajedrecista, sino alguien que,
al meditar cada movida, la sufre en carne propia. La estrategia también es un
saber moral.
El que contesta desde Caracas –hay que recordar la obra de Leónidas
Lamborghini, Perón en Caracas–, sabe bien el valor de las cartas y se nota en
ellas la dosificación de opiniones, cautelosas siempre, fluctuando entre la ironía
180
La historia en papel carbónico
cruda y ciertas manifestaciones de enojo, muy pronto apagadas en modismos
de escrituras basado en fórmulas corteses o indirectas. Las cartas son instru-
mentos de “conducción”. Como lo es cualquier conversación en general, pero
la carta es un pliego escritural, allí quedan asentadas las frases que no revelan
fácilmente su enigma. Es Perón el hermeneuta que no puede dejar de serlo, aun
sin percibirlo, y Cooke, el escritor forzado a ser literal, el que usa el carbónico
como libro de actas del drama público nacional, en los momentos más atormen-
tados de la acción de los resistentes. Estas cartas que van y vienen durante un
breve período pero que parece forjar de muchas décadas –y de alguna manera,
antiguas historias se encierran allí–, hoy parece servir a un ejercicio solo de
nostalgia o de averiguación de los investigadores históricos. Está bien que sea
así, pero hay que agregar que la distancia con el presente –no solo porque ya
no se escriben más cartas manuscritas–, hace de esta correspondencia un suceso
de valor atemporal. Es desde ese orden de lo sin-tiempo, que pueden inspirar
más una noción de lo político cercana a la dramaturgia de los desterrados y
obstinados, que ponerlas ahora en una serie histórica, todo lo específica que se
quiera, o con todos los nombres ostensibles que creemos a nuestra disposición.
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