Paul Lamarche. La Blasfemia de Jesús Ante El Sanedrín.
Paul Lamarche. La Blasfemia de Jesús Ante El Sanedrín.
El corto diálogo entre Jesús y Caifás, como escribió Lebreton, tiene en la historia de la
Pasión y en la historia del mundo, una importancia decisiva. Este trabajo pretende
determinar con precisión qué es lo que pudo parecer blasfemo en la declaración de
Jesús. Desde este punto de vista se estudia la historicidad del relato, las relaciones entre
las diferentes tradiciones evangélicas y otros problemas exegéticos.
La "blasfemia" de Jesús
¿En qué consistió la blasfemia de Jesús? Se han dado respuestas muy varias a esta
pregunta:
Los comentadores más clásicos: la acusación del Sumo Sacerdote se debía a una
pretensión de Jesús no sólo mesiánica sino divina. Pretensión que se insinúa en las
palabras sentado a la diestra del Padre.
Algunos críticos modernos: los dos textos citados por Jesús (Sal 110,1 y Dan 7,13) son
sólo mesiánicos. Estos textos no podían considerarse por las autoridades judías como
blasfematorios. Para otros: la blasfemia estaría entre el pretendido mesianismo de Jesús
y su situación desesperada. Cristo preso, sin ayuda, condenado a muerte ¿cómo podía
proclamarse enviado del cielo sin burlarse de Dios?
Por fin, para unos pocos autores, la respuesta de Jesús no entraña ninguna blasfemia; la
indignación del Sumo Sacerdote, no pasaría de ser una comedia para inducir al Sanedrín
a condenar al acusado.
Sin embargo, no puede menos de objetarse que en aquella época la expresión Hijo de
Dios no pasaba de significar, con arreglo a la mentalidad judía, un mesianismo humano.
Para dar la verdadera solución hay que tener en cuenta el peculiar punto de vista
literario de Mateo. El hecho de que el conjuro por el Dios vivo no se halla nada más que
en el texto de Mateo, puede indicar que quiere concentrar la atención más sobre la
respuesta de Jesús que sobre la pregunta misma de Caifás.
PAUL LAMARCHE, S.I.
Ni siquiera teniendo en cuenta el punto de vista literario propio de Mateo, se puede dar
a la expresión Hijo de Dios un sentido que corresponda exactamente a la mentalidad
cristiana, ya que Mateo contrapone esta expresión con Cristo.
¿Por qué? Por dos razones: 1.ª Jesús no quiere que se le llame Mesías para poder
afirmar con más fuerza su divinidad. 2.ª Prescinde de su condición presente, para poder
insistir más en su estado futuro.
Sin embargo, no aparece a primera vista cómo en los textos citados por Jesús en la
segunda parte de su respuesta, se contenga una afirmación de la divinidad. Es fácil
probar tanto a priori como a posteriori que los dos textos del A. T. citados por Jesús,
por separado, sólo son textos mesiánicos. Y que un judío de su época sólo los entendía
en ese sentido.
Si la respuesta de Jesús pudo parecer blasfema, es por la conjunción de los dos textos.
En efecto, el estar sentado a la diestra de Dios, expresión metafórica, si se refiere a un
hombre que vive en el mundo; se convierte en una expresión realista, por más que sea
siempre una imagen, si Jesús sitúa en el cielo su venida sobre las nubes. Un estar
sentado en sentido metafórico puede atribuirse a cualquier hombre, estar sentado real en
el cielo sólo puede convenir a Jesús en cuanto que es igual a Dios. He ahí la blasfemia.
Así se comprende por qué el N. T. no cesa de recordar esta situación de Jesús junto a su
Padre (Mt 26,64; Me 16,19; Act 2,34; Rom 8,34; Col 3;1; etc.) Es una manera de
expresar la divina mesianidad de Jesús. Se comprende también cómo la declaración de
Esteban, de que ve a Jesús en el cielo a la derecha de Dios, hace estallar los gritos
hostiles de los judíos que se tapan los oídos y lapidan al blasfemo.
Mateo destaca el tránsito del estado terrestre de Jesús a su glorificación celeste; Marcos
insiste en la continuidad que hay entre el Jesús de la tierra y el del Cielo. Sus
perspectivas son complementarias: Mateo afirma indirectamente la divinidad del Jesús
terrestre, Marcos no oculta que la glorificación a la diestra del Padre se verificará en el
futuro.
Teniendo esto en cuenta, para Marcos y sus lectores cristianos Hijo del bendito significa
la divinidad de Jesús. Y Este acepta categóricamente el título. Marcos nos invita a
reconocer que Jesús, aun antes de su entronización celeste, fue Hijo de Dios.
Lucas adapta para sus lectores las tradiciones recibidas fielmente; a saber: Marcos sin
duda y una emparentada con la de Mateo, junto con varias tradiciones orales.
Como en Mateo, una partícula ligeramente adversativa y una locuc ión (apó tó nún)
introducen la afirmación principal de Jesús. Se mantiene lo esencial de la respuesta: el
Hijo se sentará a la derecha del Poder de Dios, suprimiéndose el verbo ver y la venida
sobre las nubes que se prestan a ambigüedades de interpretación, y conservándose el
futuro. Todo el contexto indica con suficiente claridad que se trata no de una metáfora,
sino de una realidad celeste.
La declaración de Jesús es bastante clara. Por eso los jueces, que han sacado la
conclusión de esa declaración de Jesús, quieren precisar: ¿Entonces eres tú el Hijo de
Dios? La respuesta de Jesús, integrada por elementos de Mateo y Marcos, forma una
frase más rotundamente afirmativa que en Mateo: Vosotros decís que soy yo. La
condenación que sigue corrobora el carácter categórico de la respuesta.
Hay que advertir en Le dos omisiones: 1.ª, no se habla de blasfemia. Falta la expresión,
pero el carácter trascendente que Jesús se arroga, es precisamente lo que provoca la
reacción del Consejo. 2.ª, no hay sentencia condenatoria. Quizás Lucas es más fiel que
Marcos, en este punto, a la verosimilitud histórica de los acontecimientos.
PAUL LAMARCHE, S.I.
Crítica histórica
Para resolver esta dificultad son posibles dos hipótesis. 1.a Los sinópticos (Mt-Mc, pues
Lc depende de ellos y de una tradición joánnica) han reunido y condensado en el
proceso el contenido de las controversias. 2.ª Juan ha proyectado sobre las
controversias, un tanto vagas en realidad, el contenido del proceso.
Sin embargo, el proceso judío tuvo que tener un contenido en consonancia con la
situación y las decisiones que tomó. El que Juan omita el interrogatorio de Caifás, es
explicable: no quiere repetir lo que ha escrito en el c. 10. De modo análogo procede a
propósito de la Eucaristía (en el c 6 nos da lo esencial del Sermón de la Cena).
Nos parece que el proceso judío está mejor narrado por la tradición sinóptica. Lo
esencial del interrogatorio está fundamentado desde el punto de vista histórico, aunque
se le añadan pequeños matices provenientes de las controversias.
Índices de autenticidad
Por fin, otro índice de autenticidad es la manera insólita y soberana de reunir dos
pasajes de la Sagrada Escritura para afirmar la divinidad.
Conclusiones
La respuesta de Jesús no sólo constituye la entraña del proceso, sino que es el centro
mismo de la Revelación, puesto que la glorificación que Jesús anuncia le pondrá en
plano de igualdad con Dios. Que esta glorificación divina se exponga como futura no
contradice al hecho de que Jesús sea ya Dios; prueba precisamente lo contrario pues no
se llega a ser Dios si no se es desde toda la Eternidad.
Con todo, por esta entronización se opera en Jesús una profunda transformación. La
naturaleza humana que El ha hipostasiado tiene necesidad de esta glorificación divina
para que Jesús, recibiendo todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18), llegue a ser
también en su cuerpo Mesías y Señor (Act 2,36).