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Paul Lamarche. La Blasfemia de Jesús Ante El Sanedrín.

1) Jesús fue acusado de blasfemia ante el Sanedrín judío por afirmar ser el Hijo de Dios y estar sentado a la diestra de Dios. 2) Los evangelios presentan versiones ligeramente diferentes de la respuesta de Jesús, pero en conjunto indican que afirmó su divinidad. 3) La conjunción de las citas bíblicas usadas por Jesús sobre estar sentado a la diestra de Dios y venir sobre las nubes del cielo habrían implicado su divinidad para los judíos de la época.
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Paul Lamarche. La Blasfemia de Jesús Ante El Sanedrín.

1) Jesús fue acusado de blasfemia ante el Sanedrín judío por afirmar ser el Hijo de Dios y estar sentado a la diestra de Dios. 2) Los evangelios presentan versiones ligeramente diferentes de la respuesta de Jesús, pero en conjunto indican que afirmó su divinidad. 3) La conjunción de las citas bíblicas usadas por Jesús sobre estar sentado a la diestra de Dios y venir sobre las nubes del cielo habrían implicado su divinidad para los judíos de la época.
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PAUL LAMARCHE, S.I.

LA «BLASFEMIA» DE JESÚS ANTE EL SANEDRÍN


Le "blasfemie" de Jésus davant le Sanhédrin Recherches de Science Religieuse, 50
(1962), 74-85.

El corto diálogo entre Jesús y Caifás, como escribió Lebreton, tiene en la historia de la
Pasión y en la historia del mundo, una importancia decisiva. Este trabajo pretende
determinar con precisión qué es lo que pudo parecer blasfemo en la declaración de
Jesús. Desde este punto de vista se estudia la historicidad del relato, las relaciones entre
las diferentes tradiciones evangélicas y otros problemas exegéticos.

La "blasfemia" de Jesús

¿En qué consistió la blasfemia de Jesús? Se han dado respuestas muy varias a esta
pregunta:

Los comentadores más clásicos: la acusación del Sumo Sacerdote se debía a una
pretensión de Jesús no sólo mesiánica sino divina. Pretensión que se insinúa en las
palabras sentado a la diestra del Padre.

Algunos críticos modernos: los dos textos citados por Jesús (Sal 110,1 y Dan 7,13) son
sólo mesiánicos. Estos textos no podían considerarse por las autoridades judías como
blasfematorios. Para otros: la blasfemia estaría entre el pretendido mesianismo de Jesús
y su situación desesperada. Cristo preso, sin ayuda, condenado a muerte ¿cómo podía
proclamarse enviado del cielo sin burlarse de Dios?

Por fin, para unos pocos autores, la respuesta de Jesús no entraña ninguna blasfemia; la
indignación del Sumo Sacerdote, no pasaría de ser una comedia para inducir al Sanedrín
a condenar al acusado.

No vamos a discutir estas opiniones. Expondremos nuestro punto de vista después de


seguir el texto paso a paso.

El texto de san Mateo (Mt 26,63-65)

Frecuentemente se ha hecho este razonamiento, a partir del texto de Mateo. La forma


solemne empleada por el Sumo Sacerdote indica que él quería plantear una pregunta
decisiva; por consiguiente, un apelativo que aludiese simplemente a la mesianidad no
era suficiente para llegar a una conclusión. Así, pues, era preciso que la, expresión Hijo
de Dios tuviese el significado de divinidad.

Sin embargo, no puede menos de objetarse que en aquella época la expresión Hijo de
Dios no pasaba de significar, con arreglo a la mentalidad judía, un mesianismo humano.

Para dar la verdadera solución hay que tener en cuenta el peculiar punto de vista
literario de Mateo. El hecho de que el conjuro por el Dios vivo no se halla nada más que
en el texto de Mateo, puede indicar que quiere concentrar la atención más sobre la
respuesta de Jesús que sobre la pregunta misma de Caifás.
PAUL LAMARCHE, S.I.

Ni siquiera teniendo en cuenta el punto de vista literario propio de Mateo, se puede dar
a la expresión Hijo de Dios un sentido que corresponda exactamente a la mentalidad
cristiana, ya que Mateo contrapone esta expresión con Cristo.

La contestación de Jesús se divide en dos partes de desigual longitud e importancia.


Comienza por descartar rápidamente la pregunta con una expresión ambigua: Tú lo has
dicho. Después añade unas palabras claves: a partir de este momento veréis al Hijo del
hombre sentado a la diestra del Poderoso y que viene sobre las nubes del cielo.

De la oposición entre la primera y la segunda parte de la respuesta de Jesús (oposición


marcada con la conjunción adversativa plén) se debe concluir que el sentido es, al
menos, evasivo: Jesús rehúsa comprometerse.

¿Por qué? Por dos razones: 1.ª Jesús no quiere que se le llame Mesías para poder
afirmar con más fuerza su divinidad. 2.ª Prescinde de su condición presente, para poder
insistir más en su estado futuro.

La segunda razón está en la línea de la kénosis (anonadamiento) y de la glorificación


subsiguiente a la Resurrección y Ascensión (cfr Rom 1,4; Flp 2,9; Act 2,36). Es
imposible excluir la Parusía como perspectiva general. Perspectiva que lleva aneja la
Muerte y Resurrección de Cristo (cfr Mt 28,2-4) como victorioso comienzo.

Sin embargo, no aparece a primera vista cómo en los textos citados por Jesús en la
segunda parte de su respuesta, se contenga una afirmación de la divinidad. Es fácil
probar tanto a priori como a posteriori que los dos textos del A. T. citados por Jesús,
por separado, sólo son textos mesiánicos. Y que un judío de su época sólo los entendía
en ese sentido.

Si la respuesta de Jesús pudo parecer blasfema, es por la conjunción de los dos textos.
En efecto, el estar sentado a la diestra de Dios, expresión metafórica, si se refiere a un
hombre que vive en el mundo; se convierte en una expresión realista, por más que sea
siempre una imagen, si Jesús sitúa en el cielo su venida sobre las nubes. Un estar
sentado en sentido metafórico puede atribuirse a cualquier hombre, estar sentado real en
el cielo sólo puede convenir a Jesús en cuanto que es igual a Dios. He ahí la blasfemia.

Así se comprende por qué el N. T. no cesa de recordar esta situación de Jesús junto a su
Padre (Mt 26,64; Me 16,19; Act 2,34; Rom 8,34; Col 3;1; etc.) Es una manera de
expresar la divina mesianidad de Jesús. Se comprende también cómo la declaración de
Esteban, de que ve a Jesús en el cielo a la derecha de Dios, hace estallar los gritos
hostiles de los judíos que se tapan los oídos y lapidan al blasfemo.

El texto de san Marcos (14,60-63)

La pregunta del Sumo Sacerdote es prácticamente la misma que la referida por Mt


26,63. Aunque la ausencia del conjuro y el lenguaje empleado (bendito en vez de Dios)
revelan una tradición más antigua y más exacta.
PAUL LAMARCHE, S.I.

En lo esencial, es decir, en la alusión a estar sentado a la diestra de Dios, a respuesta de


Jesús no se diferencia del texto de Mateo. La única diferencia importante está en la
afirmación categórica Yo soy.

Mateo destaca el tránsito del estado terrestre de Jesús a su glorificación celeste; Marcos
insiste en la continuidad que hay entre el Jesús de la tierra y el del Cielo. Sus
perspectivas son complementarias: Mateo afirma indirectamente la divinidad del Jesús
terrestre, Marcos no oculta que la glorificación a la diestra del Padre se verificará en el
futuro.

Marcos es reservado sobre el mesianismo de Jesús. Pero es explícito acerca de su


divinidad. A todo lo largo de su Evangelio revela de manera discreta y profunda la
divinidad de Jesús. Pone de relieve el título de Hijo de Dios, que para él ciertamente
indica la divinidad.

Teniendo esto en cuenta, para Marcos y sus lectores cristianos Hijo del bendito significa
la divinidad de Jesús. Y Este acepta categóricamente el título. Marcos nos invita a
reconocer que Jesús, aun antes de su entronización celeste, fue Hijo de Dios.

Los hechos y circunstancias que mostrarán realizado en la persona de Jesús lo que


afirma el Salmo 110,1: siéntate a mi diestra y Dan 7,13, se verificarán después de la
Muerte y Resurrección: Y el Señor, después de haberles hablado, fue llevado al cielo, y
está sentado a la diestra de Dios (Mc 16,19).

El texto de san Lucas (22,67-71)

Lucas adapta para sus lectores las tradiciones recibidas fielmente; a saber: Marcos sin
duda y una emparentada con la de Mateo, junto con varias tradiciones orales.

Divide el interrogatorio en dos partes: una relativa a la mesianidad, otra relativa a la


divinidad. A la primera cuestión Jesús responde de una manera evasiva.

Como en Mateo, una partícula ligeramente adversativa y una locuc ión (apó tó nún)
introducen la afirmación principal de Jesús. Se mantiene lo esencial de la respuesta: el
Hijo se sentará a la derecha del Poder de Dios, suprimiéndose el verbo ver y la venida
sobre las nubes que se prestan a ambigüedades de interpretación, y conservándose el
futuro. Todo el contexto indica con suficiente claridad que se trata no de una metáfora,
sino de una realidad celeste.

La declaración de Jesús es bastante clara. Por eso los jueces, que han sacado la
conclusión de esa declaración de Jesús, quieren precisar: ¿Entonces eres tú el Hijo de
Dios? La respuesta de Jesús, integrada por elementos de Mateo y Marcos, forma una
frase más rotundamente afirmativa que en Mateo: Vosotros decís que soy yo. La
condenación que sigue corrobora el carácter categórico de la respuesta.

Hay que advertir en Le dos omisiones: 1.ª, no se habla de blasfemia. Falta la expresión,
pero el carácter trascendente que Jesús se arroga, es precisamente lo que provoca la
reacción del Consejo. 2.ª, no hay sentencia condenatoria. Quizás Lucas es más fiel que
Marcos, en este punto, a la verosimilitud histórica de los acontecimientos.
PAUL LAMARCHE, S.I.

El texto de san Juan

Sólo de paso nombra la comparecencia de Jesús ante Caifás. En cambio, a propósito de


algunas controversias entre Jesús y los judíos, nos ha diseñado la escena capital del
proceso. En el capítulo 10 (y 24) se halla un interrogatorio acerca de la mesianidad de
Jesús. El Señor, en términos parecidos a los de Lucas 22,67, comienza por responder de
una manera evasiva, para afirmar luego rotundamente su divinidad (Jn 10, 30,36). Por
eso, los judíos decidieron apresarlo (v 39).

Así, pues, el proceso de Jesús no se limita a su comparecencia ante el Sanedrín. Se


encuentra repartido a lo largo de su Evangelio, tiene su punto culminante en el c. 10 y
halla su consumación en los capítulos 18 y 19, en donde hallamos la acusación capital:
...debe morir porque se ha hecho Hijo de Dios (Jn 19,7).

Crítica histórica

¿Hay alguna oposición entre Juan y la tradición sinóptica? Si las declaraciones de


divinidad de Jesús hubieran sido tan claras en la controversia recogida en el capítulo 10
de Juan ¿cómo se explica que no se adujera a algunos de los allí presentes, como
testigos de la blasfemia?

Para resolver esta dificultad son posibles dos hipótesis. 1.a Los sinópticos (Mt-Mc, pues
Lc depende de ellos y de una tradición joánnica) han reunido y condensado en el
proceso el contenido de las controversias. 2.ª Juan ha proyectado sobre las
controversias, un tanto vagas en realidad, el contenido del proceso.

Es difícil zanjar categóricamente la cuestión. Las posiciones de Juan y de los sinópticos


se complementan. Que Jesús insinuase su divinidad a lo largo de algunas, controversias,
está de acuerdo con los Sinópticos, que refieren, entre otras, una discusión sobre el
Salmo 110 (Mt 22,41-46; Mc 12,35-37).

Sin embargo, el proceso judío tuvo que tener un contenido en consonancia con la
situación y las decisiones que tomó. El que Juan omita el interrogatorio de Caifás, es
explicable: no quiere repetir lo que ha escrito en el c. 10. De modo análogo procede a
propósito de la Eucaristía (en el c 6 nos da lo esencial del Sermón de la Cena).

Nos parece que el proceso judío está mejor narrado por la tradición sinóptica. Lo
esencial del interrogatorio está fundamentado desde el punto de vista histórico, aunque
se le añadan pequeños matices provenientes de las controversias.

Índices de autenticidad

En la formulación de Mateo: la expresión Poder para designar a Dios. La expresión


veréis. El matiz evasivo de la respuesta; jamás hubiera puesto la comunidad primitiva
una respuesta con este matiz en los labios de Jesús, si el secreto mesiánico no hubiese
sido una realidad en la actuación de Jesús. Lo mismo puede decirse de la alusión a la
entronización celeste...
PAUL LAMARCHE, S.I.

Por fin, otro índice de autenticidad es la manera insólita y soberana de reunir dos
pasajes de la Sagrada Escritura para afirmar la divinidad.

Conclusiones

La acusación de blasfemia contra Jesús se apoya no sobre una pretensión de


mesianidad, sino sobre una afirmación de divinidad. Esta afirmación, verificada por la
reunión de dos textos mesiánicos, se halla expresada sobre todo por el estar sentado a la
diestra del Padre, entendiendo que se trata de un estar sentado celeste y por, lo tanto
real (aunque en imagen, claro está).

La respuesta de Jesús no sólo constituye la entraña del proceso, sino que es el centro
mismo de la Revelación, puesto que la glorificación que Jesús anuncia le pondrá en
plano de igualdad con Dios. Que esta glorificación divina se exponga como futura no
contradice al hecho de que Jesús sea ya Dios; prueba precisamente lo contrario pues no
se llega a ser Dios si no se es desde toda la Eternidad.

Con todo, por esta entronización se opera en Jesús una profunda transformación. La
naturaleza humana que El ha hipostasiado tiene necesidad de esta glorificación divina
para que Jesús, recibiendo todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18), llegue a ser
también en su cuerpo Mesías y Señor (Act 2,36).

Tradujo y condensó: MANUEL MARTIN-POZUELO

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