ROSARIO DEL PESAME A LA VIRGEN
P.- En esta noche de Viernes Santo recemos en familia el rosario de la
Virgen de la Soledad.
M.- Este rosario se llama de “pésame”, porque con él queremos unirnos al
dolor que sufrió la Santísima Virgen María a causa de la pasión y muerte de
su amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo
1.MISTERIO
En este primer misterio traigamos a nuestra imaginación el momento en
que la Virgen María encuentra a Jesús, su Hijo, con la cruz a cuestas camino
al Calvario.
Meditemos en la soledad de María:
En esos terribles momentos María se sintió sola, con la soledad de la
impotencia.
Ella no podía defender a su Hijo; ella no podía ayudarlo contra sus
enemigos: estaba sola; no había con ella abogados defensores; no tenía
“palancas en el gobierno”; no había nación más poderosa que el Imperio
Romano en cuyas manos había caído Jesús.
En este misterio pensemos en tantas madres o padres de familia que se
sienten solos en sus problemas para defender a sus hijos, para ayudarlos,
para librarlos del mal.
Al menos acompañémoslos hoy con nuestra oración.
2.MISTERIO
En el segundo misterio contemplemos el momento en que María ve que
Jesús inclina la cabeza y muere.
Meditemos en la soledad de María:
En ese momento se sintió sola, con la soledad de la separación y de la
incomunicación con Aquel a quien ella más quería.
Su Hijo acababa de morir: se había cortado toda posibilidad de seguir
comunicándose con El; ya no hablaba, ya no miraba, ya no respondía.
En este misterio pensemos en tantas gentes que se sienten solas por
haberse cortado la comunicación con las personas que aman, aún
continuando su presencia física: ¡Cuántos esposos o esposas que se
sienten solos por no haber ya diálogo con su pareja!; ¡cuántos hijos que se
sienten solos por no existir muestras de cariño ni de escucha de parte de
sus padres!
3.MISTERIO
En el tercer misterio contemplemos el descendimiento de la cruz, es decir,
el momento en que María tiene entre sus manos a su Hijo deshecho,
aniquilado, desfigurado.
Meditemos en la soledad que María experimentó en el martirio del
recuerdo, cuando las alegrías se convierten en tristezas al pensar que ya
todo eso quedó en un pasado que no vuelve.
Nadie la podía acompañar cuando pasaban por su mente mil recuerdos de
su Hijo que sólo ella había experimentado y sólo ella podía valorar: el
cuidado que había tenido de El mientras lo llevaba en su seno; la alegría de
haberlo dado a luz, de haberlo mecido entre sus brazos y cuando lo
envolvía en pañales (Lc 2,7); cuando lo veía crecer en estatura, sabiduría y
gracia ante Dios y ante los hombres (Lc 2.40); cuando lo vio convertir el
agua en vino (Jn 2,1ss).
Toda la grandeza, hermosura, bondad, delicadeza de su Hijo se convertía
ahora para ella en una espada cuyo filo sólo ella sentía. Nadie podía sentir
la profunda tristeza que ella tenía al verlo “como un gusano y no un
hombre” (Sal 22,6), porque nadie había podido experimentar el gozo que
ella había tenido por El.
En este misterio pensemos en tantas gentes que, cuando caen en el
fracaso, cuando llegan al desgaste de la ancianidad, cuando sufren un
accidente, cuando se troza su vida, sienten una terrible soledad al ir
pasando ante su mente mil recuerdos hermosos que sólo son suyos y que
convierten su vida presente en un acabóse.
4.MISTERIO
En el cuarto misterio contemplemos la sepultura de Jesús, es decir, el
momento en que María se va alejando de la tumba.
Meditemos en la soledad que experimentó María por la ausencia total de
su Hijo.
Ya no tiene hijo; su vida deberá cambiar; ciertamente que Jesús la confió a
Juan, el discípulo amado, pero nada ni nadie podrá llenar la ausencia de
Jesús.
María había quedado sin El, de este lado del muro de la muerte.
En este misterio pensemos en tantas familias que sufren por los hijos o
padres ausentes, sobre todo a causa de nuestra civilización actual
deshumanizada que obliga a buscar trabajo lejos del propio hogar; oremos
también por tantas familias que han quedado desamparadas a causa de la
muerte del padre o de la madre.
5.MISTERIO
En el quinto misterio meditemos en la noche pasada por María el viernes
santo.
Contemplemos la soledad de María al experimentar el desamparo de Dios.
Si Jesús pudo decir en el colmo de su aflicción: “¡Padre, por qué me has
abandonado?”, también la Virgen María sintió profundamente esa especie
de silencio o abandono de Dios y de una manera que sólo ella podía
experimentar.
¿Dónde estaban todas las promesas que Dios le había hecho por medio del
Ángel en la Anunciación? Se le había dicho que su Hijo era Hijo del Altísimo,
que iba a ser Rey y su Reino iba a durar para siempre: todo había quedado
truncado; su Hijo había acabado en una cruz y no en el trono.
Pensemos en este misterio en todos los que sienten como si Dios se
hubiera olvidado de ellos o como si estuviera lejos de este mundo;
principalmente pidamos por los que trabajan por el Reino de Dios y todo
les sale más difícil como si al mismo Dios no le interesara.
PADRE NUESTRO, AVES MARIAS…
Dolores
Señor, ten piedad de nosotros;
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, óyenos;
Cristo, escúchanos.
Dios, Padre del Cielo;
ten piedad de nosotros.
Dios, Hijo, Redentor del mundo;
ten piedad de nosotros.
Dios, Espíritu Santo;
ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, Un Solo Dios;
ten piedad de nosotros.
Santa María, Nuestra Madre y Madre de Jesús,
ruega por nosotros.
Santa María, Virgen de Vírgenes,
ruega por nosotros.
Madre Crucificada,
ruega por nosotros.
Madre dolorosa,
ruega por nosotros.
Madre lacrimosa,
ruega por nosotros.
Madre abandonada,
ruega por nosotros.
Madre afligida,
ruega por nosotros.
Madre desolada,
ruega por nosotros.
Madre privada de Hijo,
ruega por nosotros.
Madre traspasada por la espada,
ruega por nosotros.
Madre abrumada de dolores,
ruega por nosotros.
Madre llena de angustias,
ruega por nosotros.
Madre llena de trabajos,
ruega por nosotros.
Madre clavada a la Cruz en su corazón,
ruega por nosotros.
Madre tristísima,
ruega por nosotros.
Fuente de lágrimas,
ruega por nosotros.
Cúmulo de sufrimientos,
ruega por nosotros.
Espejo de paciencia,
ruega por nosotros.
Roca de constancia,
ruega por nosotros.
Ancora del que confía,
ruega por nosotros.
Refugio de los abandonados,
ruega por nosotros.
Escudo de los oprimidos,
ruega por nosotros.
Derrota de los incrédulos,
ruega por nosotros.
Consuelo de los míseros,
ruega por nosotros.
Medicina de los enfermos,
ruega por nosotros.
Fortaleza de los débiles,
ruega por nosotros.
Puerto de los náufragos,
ruega por nosotros.
Apaciguadora de las tormentas,
ruega por nosotros.
Auxiliadora de los necesitados,
ruega por nosotros.
Terror de los que incita al mal,
ruega por nosotros.
Tesoro de los fieles,
ruega por nosotros.
Inspiración de los profetas,
ruega por nosotros.
Sostén de los apóstoles,
ruega por nosotros.
Corona de los Mártires,
ruega por nosotros.
Luz de los confesores,
ruega por nosotros.
Flor de las vírgenes,
ruega por nosotros.
Consuelo de las viudas,
ruega por nosotros.
Alegría de todos los Santos,
ruega por nosotros.
Protectora de quienes luchan,
ruega por nosotros.
Terror de los insidiosos,
ruega por nosotros.
Tesoro de los fieles,
ruega por nosotros.
Perla de las Vírgenes,
ruega por nosotros.
Apoyo de los huérfanos,
ruega por nosotros.
Asilo de los tristes,
ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo,
Sálvanos, Oh Señor.
Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo,
Escúchanos, Oh Señor.
Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo,
ten piedad de nosotros.
V. ruega por nosotros, Oh Dolorosísima Madre de Dios,
R. para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo.
Oremos
Oh Omnipotente Dios, en cuya Pasión fue traspasada de dolor al alma
dulcísima de la gloriosa Virgen y Madre María, según la profecía de Simeón,
concédenos propicio, que cuantos veneramos sus siete dolores y hacemos
memoria de ellos, consigamos el feliz efecto de tu sagrada Pasión y la
eterna felicidad en el Cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los
siglos. Amén