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FEUDALISMO
El término feudalismo deriva de la palabra feudo (contrato entre los
soberanos o los señores feudales y los vasallos y también territorio o dominio),
que proviene del latín medieval, feodum o feudum. La palabra 'feudalismo'
también hace referencia a la época feudal, que se sitúa en Europa entre los
siglos IX y XV.
Se conoce como feudalismo al sistema político que predominó durante los
siglos centrales de la Edad Media (es decir, entre los siglos V y XII) en la
Europa Occidental y Oriental. Se caracterizó por la descentralización del poder
político, pasando la difusión del poder desde los reyes o emperadores a la
base, formada por la nobleza y la aristocracia, que era donde se llevaba a cabo
la ejecución del poder local.
Según la definición institucionalista, el feudalismo era el conjunto de
instituciones que se creaba tras la relación establecida entre un hombre libre
(vasallo) al que se le concede un bien (el feudo) por parte de otro hombre
(llamado señor) ante el que se encomendaba en una ceremonia oficial
(el homenaje) que formalizaba la aceptación del contrato de obligaciones
recíprocas. A través de dichas relaciones, el vasallo trabajaba la tierra del
señor, el cual extraía el excedente productivo del hombre que trabajaba la
tierra. Se producía una especie de pago (normalmente en especie) por parte
del vasallo al señor como adquisición del derecho a trabajar la mencionada
tierra, pues la inexistencia de monedas forzaba el uso del trueque como medio
de pago.
La Sociedad Feudal
El feudalismo se constituyó sobre la base de tres estamentos claramente
diferenciados: los nobles, a quienes les correspondía combatir,
los eclesiásticos, destinados a rezar y los campesinos, cuya misión era
trabajar para mantener a los demás.
La nobleza feudal estuvo constituida por señores y vasallos que participaban
de las relaciones de vasallaje: a su cabeza estaba el rey, que no era vasallo de
nadie y que, teóricamente, era señor de todos. Entre los miembros de la
nobleza había grandes diferencias, aunque todos formaban parte de la
aristocracia.
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Los grandes vasallos eran los condes, vizcondes, duques y marqueses
dueños de extensos feudos. En el nivel intermedio, se encontraban
los vasallos de los vasallos o vasvessores, con feudos más pequeños. Por
último existían los vasallos menores, los caballeros, que eran la mayoría.
Éstos no tenían feudos ni vasallos, pero iban a la guerra a caballo y con un
equipo de armas importante.
Toda la nobleza feudal era guerrera por necesidad, por deseo de aventura y
por avidez de botín, y se educaba en este espíritu. La guerra representaba para
ella una perspectiva de fama y de fortuna, en tanto la paz era considerada una
desdicha.
La morada feudal, el castillo, estaba concebido para las exigencias de defensa
y de combate. Las ocupaciones cotidianas se limitaban a la administración de
justicia y a la vigilancia de os subordinados. Los periodos de ocio eran
prolongados, y durante los mismos el señor se dedicaba a las diversiones,
sobre todo a la caza y a los torneos.
El Feudo
A través del contrato de vasallaje, el vasallo adquiría de su señor un beneficio
material: diversos objetos, un puesto de importancia, el derecho a un cobro, a
una renta o a tierras. Al comienzo, esta compensación se llamó beneficio.
Luego se llamó feudo y acabó por designar casi exclusivamente el beneficio
en tierra.
En cambio, el feudo desprovisto de toda base territorial fue llamado feudo de
bolsa y se presentaba bajo diversos aspectos: podía consistir en la entrega de
una suma de dinero al vasallo, o en una renta fija.
Cuando el feudo era una propiedad de tierra, tenía una extensión variable y
albergaba las fuentes de riqueza indispensables: agricultura, ganadería y
explotación forestal. Se trataba de una unidad económica autárquica, en la
que se consumía lo que se producía.
El comercio, en cambio, fue casi inexistente. En ese entonces, las relaciones
comerciales se limitaron, por parte del señor, a la compra ocasional de objetos
de lujo o mercaderes ambulantes, y por parte de los campesinos, a pequeños
intercambios entre vecinos. Asimismo, la producción artesanal declinó.
El señorío territorial
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Todos los feudos giraban alrededor de la residencia habitual del señor feudal:
el castillo o la abadía. Los nobles raramente cultivaban todas sus tierras. Por
eso concedían una buena parte de ellas a otras personas. Conceder la tierra
equivalía a adquirir un poder: el de participar en los recursos de las familias a
quienes se les entregaba. La tierra cultivable se dividía en tres partes
diferentes:
La reserva eran las tierras de uso exclusivo de señor: él las explotaba
directamente, empleando una mano de obra en su mayoría servil. Todos
los productos de la reserva caían en manos del señor.
Los mansos eran pequeñas parcelas confiadas a campesinos libres,
colonos, que a cambio, trabajaban unos determinados días al año para
el señor y le daban una parte de su cosecha o dinero. También a los
siervos se le entregaban parcelas para cultivar, en ese caso se hablaba
de mano servil.
Las tierras comunales de aprovechamiento común eran,
fundamentalmente, bosques y pastos para el ganado
Economía en el feudalismo
La economía feudal era rural y estaba basada en la extensión de la tierra. En
este esquema, las principales actividades económicas eran la agricultura y
la ganadería.
Cada feudo se componía de sectores bien definidos: la reserva
señorial o dominical, integrada por las tierras del señor; los mansos, es decir
las tierras que trabajaban los siervos para obtener su propio sustento y el de
sus familias; los alodios, que eran los terrenos que pertenecían a los
campesinos libres; y los pastos y bosques comunes, donde pastaba el
ganado. En los bosques solía haber sectores delimitados, llamados cotos de
caza, donde solo podían acceder el señor y sus caballeros.
Cada feudo era una unidad económica que consumía casi todo lo que
producía, ya que solo se separaban las semillas necesarias para la próxima
siembra. Al no haber excedente de producción, el comercio era muy limitado
(predominaba el trueque) y prácticamente no había circulación monetaria.
Alrededor del año 1000 se producen diversas invasiones en Europa, además
de la caída del imperio romano de Occidente, por lo que en general la actividad
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económica se frenó. Fue ahí cuando se popularizaron técnicas
agrícolas innovadoras en la época, como el uso de los molinos de agua y
las acequias para regar las cosechas, dejando libre así la mano de obra
humana. Se aumentó la cría de caballo y buey tras las mejoras en el enganche
de los mismos, por lo que fue posible disponer de más animales de tiro que
antaño. Además, se consiguieron nuevas herramientas hechas en hierro,
como la azada o el arado, que sustituyen a las anteriores que eran menos
resistentes pues estaban hechas con madera.
La economía era de subsistencia, se cultivaba la cosecha suficiente por parte
de los siervos como para mantenerse a sí mismos y sus familias, además de
pagar el diezmo a la iglesia (cantidad abonada con la creencia de ir al cielo
tras la muerte) y la renta al señor feudal. Los mercados urbanos, que ya
existían, se abastecían con lo que provenía del diezmo y la renta.
Los cultivos agrarios se organizaban en anillos, siendo el más céntrico el
dedicado al pasto comunal y haciendo de barrera al segundo anillo, el de los
cereales (sustento más importante de la época). El primer anillo y el más
alejado del centro, aunque más cercano a la población, era para las frutas y
hortalizas. Se aplicaba el barbecho, lo cual consiste en dejar sin cultivar una
parte de las tierras cada año con el fin de propiciar su regeneración. Sin
embargo, en zonas más templadas como el Mediterráneo, este ejercicio se
repetía bienalmente, dejando un año entero la tierra sin trabajar.
Gracias al aumento de los excedentes de producción, a partir del siglo XII se
incrementa el comercio más allá de las fronteras del señorío, por lo que se
genera una incipiente clase burguesa, además de los mercaderes, que
comercian en nombre de los nobles llevándose una parte como pago.
Economía y comercio en el feudalismo
El feudalismo fue un período de estancamiento económico. Se desaceleró el
desarrollo urbano y, puesto que las principales rutas comerciales pasaron de
manos cristianas a musulmanas, este otro aspecto de la economía también
padeció una importante baja.
Agrícola y autárquica
Quedaba entonces la tierra como fuente de riqueza. Por eso la economía
feudal se caracterizó por ser en su mayor parte agrícola. Los principales
cultivos eran los cereales.
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Las técnicas de cultivo que se empleaban eran las mismas que en tiempos del
Imperio romano. Los señores feudales no tenían necesidad de invertir en
mejoras tecnológicas, pues la economía era autárquica, es decir, que se
producía solo lo necesario para subsistir, y la población europea solo comenzó
a incrementarse al final del período feudal.
Sin embargo, a partir del siglo XIII comienza a haber más excedentes en la
producción, lo que ayudó a establecer el comercio más allá de los límites de los
feudos.
Esta actividad permitió el surgimiento de una nueva clase social, una incipiente
burguesía compuesta por los mercaderes, que también tributaban al señor
feudal con una parte de sus beneficios.
Los señores feudales, por su parte, incrementaban sus arcas con el trabajo de
los campesinos y el de los mercaderes. Las rutas para el comercio fueron las
mismas rutas de peregrinaje, cuyos destinos principales fueron Santiago de
Compostela, Roma o Jerusalén.
Pero las poblaciones cercanas y las que estaban a lo largo de las rutas se
vieron beneficiadas, por lo que comenzaron a crecer y a florecer de diversas
maneras. Estas pequeñas ciudades en las vías de acceso a los destinos de
peregrinaje se llamaron burgos, que funcionaron tanto como centros de
defensa como focos comerciales.
En estos burgos se generaría esa nueva clase social que con el tiempo
desbancaría a la monarquía: la burguesía.
Estamentos sociales
Esto nos lleva a hablar de los principales estamentos sociales de la época y
que pueden dividirse en tres órdenes: la nobleza, el clero y el campesinado.
Los nobles se dedicaban principalmente a la preparación militar, por lo
que empezaban a entrenarse en el manejo de armas a una edad temprana. De
hecho, eran capaces de adquirir más privilegios o tierras gracias a su
participación en las guerras. Dentro de la nobleza podemos distinguir entre la
clase alta (duques, marqueses o condes) y la clase baja (compuesta
generalmente por caballeros). Dichos nobles vivían en castillos y actuaban
como amos de sus vasallos.
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El clero estaba formado por la Iglesia y disfrutaba de mucho poder e
influencia debido a la importancia de la religión en la época. Forman
parte los obispos, abades (alto clérigo) y por monjes y sacerdotes (bajo
clérigo). Eran los únicos con formación cultural.
El campesinado estaba formado por la mayoría de la población, que
vivía bajo condiciones muy duras. Había campesinos libres
(propietarios de tierras y con ciertos derechos) y siervos (sometidos al
señor feudal)
Crisis del feudalismo y final
La falta de alimentos y el agotamiento de las tierras llevó al feudalismo a una
grave crisis, unida a las epidemias y pestes que se vivieron (peste negra). Las
ciudades cobraron mayor importancia, el comercio generó riqueza y se fue
diluyendo el modelo al permitirse el desarrollo económico. Las Cruzadas fueron
clave en el final político del sistema, aunque se dice que fue la adquisición
de libertades por parte de las ciudades lo verdaderamente clave en su fin.
El feudalismo es el sistema económico, político y social de la Edad Media
caracterizado por la división de la sociedad en tres grandes estamentos
(nobleza, clero y campesinado), siendo este último el más abundante,
trabajando la tierras de los nobles y pagando una parte de las cosechas a
cambio de seguridad y de subsistencia.
Características del feudalismo
Entre las principales características del feudalismo se pueden destacar las
siguientes:
La autoridad de los reyes de cada Estado era muy limitada y eran
los señores locales (duques, condes y marqueses) quiénes ejercían el
poder en sus territorios.
Para asegurarse la lealtad de estos señores, el rey debía entregarles
tierras en feudos, a cambio de lo cual los nobles locales juraban fidelidad
y se comprometían a proporcionar ayuda militar cuando el monarca se
los requiriese.
En cada feudo, el señor local acaparaba las funciones propias del
Estado, como, por ejemplo, legislar, cobrar impuestos y peajes,
administrar justicia e impartir castigos.
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Los nobles locales controlaban castillos fortificados en zonas rurales
transformadas en centros de poder como consecuencia del
despoblamiento de las ciudades que tuvo lugar a partir la disolución
del Imperio Romano de Occidente.
Los feudos estaban habitados por campesinos que pasaban a ser
siervos del señor de la tierra, al que debían prestaciones de trabajo y la
entrega de una parte de la cosecha a cambio de protección.
Causas del feudalismo
Las causas que llevaron al surgimiento del feudalismo fueron las siguientes:
La incapacidad de los reyes para defender a sus Estados de las
invasiones extranjeras del siglo IX, lo que los obligó a encomendar la
defensa de los territorios del reino a los poderes locales.
La importancia que asumieron los funcionarios locales (condes, duques
y marqueses), a quiénes los reyes debieron entregarles tierras en feudos
para asegurarse su lealtad.
La pretensión de los señores locales de dejar en herencia a sus
descendientes sus títulos y las tierras que administraban.
La necesidad de protección de las poblaciones de aldeas, campos y
ciudades que, ante la debilidad de las instituciones estatales, recurrieron
a los poderosos de cada región para protegerse de las incursiones y
saqueos.
Fin del feudalismo
En Europa Occidental el feudalismo comenzó a resquebrajarse durante el siglo
XIV debido a una conjugación de factores, entre ellos:
El agotamiento de la fertilidad de las tierras, debido a su uso
constante y a pesar de la utilización del sistema de rotación de cultivos.
El repoblamiento de las ciudades, a partir del aumento de población
que se produjo desde el siglo XI.
La extensión de la peste bubónica que, entre 1348 y 1353, mató a un
tercio de la población europea. La alta mortandad afectó sobre todo a los
campesinos y dejó a muchos feudos sin mano de obra con la cual
trabajar la tierra.
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La revitalización del comercio impulsado por las Cruzadas y por las
peregrinaciones a lugares santos (Roma, Jerusalén, Santiago de
Compostela)
El ascenso paulatino de un nuevo sector social, la burguesía, que
basaba su riqueza en las finanzas, los trabajos artesanales sofisticados
(orfebrería, relojería, etc.) y el comercio de larga distancia. La burguesía
fue presionando paulatinamente para que se redujeran o suprimieran los
peajes y se garantizara una igualdad de las normas en los territorios
en los desarrollaban su trabajo.
La paulatina concentración del poder en manos de los reyes que,
gracias a la ayuda económica de acaudalados burgueses, lograron
imponer su autoridad a los señores locales.
Al ingresar a la Edad Moderna, Europa Occidental y Central ya transitaban una
lenta transición del feudalismo económico al capitalismo y de la fragmentación
política feudal al absolutismo monárquico. Sin embargo, fue la Revolución
francesa la que a fines del siglo XVIII terminó con lo que quedaba de las
estructuras jurídicas feudales.
Estructura social del feudalismo
La sociedad feudal estaba jerarquizada y dominada por dos estamentos
privilegiados que no pagaban impuestos: la nobleza y el clero. El estamento
inferior estaba integrado por los campesinos.
Las características de cada estamento eran las siguientes:
La nobleza: su función era guerrear para proteger a la comunidad de los
ataques de infieles y paganos. Estaba integrado por la realeza y por
duques, condes, barones y marqueses. Al rey se lo consideraba el
primero entre sus pares. Esto significa que no estaba por encima del
resto de los nobles y que debía asegurarse su lealtad mediante la
entrega de tierras en carácter de feudos. Había nobles que eran más
poderosos que otros, por lo que era práctica común que un duque, por
ejemplo, fuera vasallo del rey, pero, a su vez, señor de un barón o un
marqués. Este estamento integraba también a los caballeros, aquellos
que tenían los medios necesarios para proveerse de un caballo, armas y
armaduras. Los caballeros formaban parte de los ejércitos personales de
los señores feudales.
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El clero: formado por arzobispos, obispos y abades (alto clero) y por
monjes, curas y sacerdotes (bajo clero). Su misión esencial era rezar
por la salvación de todas las almas. Había miembros del clero, como los
obispos o algunos abades, que eran muy poderosos, ya que poseían
tierras y siervos y nombraban caballeros que los defendían. Los curas y
sacerdotes vivían en humildes parroquias rurales y los miembros de las
órdenes mendicantes, como los franciscanos, hacían votos de pobreza.
Los campesinos: eran los que con su trabajo mantenían a los
estamentos privilegiados. No tenían ningún privilegio y muchas
obligaciones. Podían ser siervos de un señor y estar adscriptos a su
tierra (la cual no podían abandonar) o campesinos libres. Los siervos
debían pagar impuestos al rey, el diezmo a la Iglesia católica y entregar
tributo en productos o trabajo al señor de la tierra que trabajaban. Dentro
de este sector, se engloba también a artesanos como herreros o
carpinteros, que eran a la vez campesinos, ya que debían trabajar la
tierra para asegurar su sustento y el de su familia.
La Iglesia católica era la que ofrecía legitimidad ideológica a esta jerarquía
social, al afirmar que los órdenes o estamentos eran mandados por Dios y, por
lo tanto, fronteras sociales que nadie podía cruzar.
EL FEUDALISMO EN BOLIVIA
El problema de la propiedad y la tenencia de tierras ha sido una constante en la
historia de Bolivia, tanto así, que la compleja estructura social boliviana y la del
propio poder político y económico en el país dependen en gran medida del
tratamiento que se le otorgue. A continuación, veremos qué es lo que se
dispuso al respecto en algunos de los momentos más sensibles de esa historia.
La propiedad comunal En 1825, al nacimiento de la República, la estructura
de propiedad agraria era casi la misma que las comunidades indígenas
precolombinas observaron desde tiempos inmemoriales. Anualmente se
entregaban lotes de tierra a las familias de la comunidad para que éstas las
trabajen y se beneficien con sus frutos. Si la mano de obra de la familia no
alcanzaba para cubrir las necesidades de trabajo de la tierra, ésta se
conseguía mediante algunos sistemas productivos de carácter comunitario
tales como el ayni, la minka, el motirö… que sobreviven hasta hoy.
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Este sistema de organización agraria presentaba tres rasgos esenciales en su
conformación:
• Reconocía el origen de la comunidad indígena, enraizado en el más remoto
pasado prehispánico o colonial.
• Reconocía la propiedad colectiva e inalienable de la tierra, aun así ésta se
encontrara parcelada, pues se entendía que en última instancia la propiedad
corresponde a la comunidad.
• Reconocía su sistema organizativo y político porque reunía, tanto la tradición
prehispánica como colonial.
EL SISTEMA DE HACIENDA
El sistema de hacienda fue introducido por los españoles mediante extensiones
de tierra que la Corona Española concedía a los conquistadores, población
incluida, en las regiones de Cochabamba, Tarija, Chuquisaca y otras,
constituyendo así un régimen de apropiación personal que empezó a coexistir
con el otro de la propiedad comunal.
A los indios de hacienda se los llamaba colonos y cada colono trabajaba
gratuitamente 4 días a la semana para los propietarios a cambio de una parcela
de 200 metros cuadrados para provecho propio.
A contraprestación de los frutos que esa parcela le proporciona al colono, éste
y quienes componían su familia, debían cumplir además con un considerable
número de obligaciones en provecho exclusivo del patrón o de las autoridades
militares, civiles y de la iglesia, labores por las que no recibían pago alguno.
Como si ello fuera poco, el sistema establecía una contribución indígena que a
manera de impuesto, una vez aplicada, permitió en gran medida la
supervivencia del Estado y de los gobiernos de turno.
Por lo visto, en los primeros años de la República, desde 1825, aún coexistían
las comunidades indígenas y las haciendas. Y lo que en el fondo se disputaba
era la permanencia de las comunidades o su absorción por parte de las
haciendas. En este contexto, el primer presidente de la nueva república, el
venezolano Simón Bolívar, no sólo había definido su posición sino que desde
un principio pudo encaminarla. “Los proyectos bolivarianos estuvieron dirigidos
a la anulación de un pacto de más de tres siglos con las comunidades
indígenas y a la destrucción de las estructuras colectivas, con el ánimo de
constituir una sociedad señorial comparable a ciertas sociedades de Europa
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central, considerándose a los indígenas como a una población marginada que
se debía integrar en la nación dándoles parcelas individuales” (Demelas: 1999).
La propiedad de la tierra, el acaparamiento y la mercantilización de la misma,
constituían, tal como sucedía en otros países, principales intereses de la
oligarquía liberal gobernante y de quienes la apuntalaban. Uno de los
potenciales beneficiarios de la venta de tierras comunales, don Juan Vicente
Dorado argumentaba así, en 1864, las ventajas de la exvinculación (Rodríguez:
1978): “Arrancar estos terrenos de mano del indígena ignorante o
atrasado, sin medios, capacidad o voluntad para cultivarlos y pasarlos a
la emprendedora, activa e inteligente raza blanca, ávida de propiedades,
es efectivamente la conversión más saludable en el orden social y
económico de Bolivia… Hemos considerado que conservar al indígena de
una manera inalterable en la posesión de los terrenos, es perpetuarlo en
la eterna ignorancia y atraso en que quiere mantenerse, prefiriendo el
aislamiento en que vive, a tomar parte en nuestras agitaciones políticas…
La libertad concedida a éste de vender sus terrenos es una medida
altamente económica…”.