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Efectos del Alcohol en el Rendimiento Académico

Este estudio examinó el consumo de alcohol y su impacto en el rendimiento académico y las funciones ejecutivas en 100 estudiantes universitarios. Más de la mitad de los participantes mostraron un consumo de riesgo o dependencia probable del alcohol. Los estudiantes con un perfil de consumo de mayor riesgo tuvieron calificaciones más bajas y peores resultados en pruebas de flexibilidad cognitiva, fluidez verbal, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento. El estudio sugiere que el consumo excesivo de
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Efectos del Alcohol en el Rendimiento Académico

Este estudio examinó el consumo de alcohol y su impacto en el rendimiento académico y las funciones ejecutivas en 100 estudiantes universitarios. Más de la mitad de los participantes mostraron un consumo de riesgo o dependencia probable del alcohol. Los estudiantes con un perfil de consumo de mayor riesgo tuvieron calificaciones más bajas y peores resultados en pruebas de flexibilidad cognitiva, fluidez verbal, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento. El estudio sugiere que el consumo excesivo de
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Repercusiones cognitivas del consumo de

alcohol en el rendimiento académico


universitario: un estudio preliminar

Elena Bernabéu Brotóns 1


Cristina De la Peña Álvarez2

1
Universidad Francisco de Vitoria
2 Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)

España

Correspondencia: Elena Bernabeu Brotóns. Universidad Francisco de Vitoria (Pozuelo, Madrid, España). E-mail:
[email protected]

© Universidad de Almería and Ilustre Colegio Oficial de la Psicología de Andalucía Oriental (Spain)

Electronic Journal of Research in Educational Psychology, 17 (3), 609-638. ISSN:1696-2095. 2019. no. 49 609
Elena Bernabeu Brotóns y Cristina de la Peña Álvarez

Resumen

Introducción. El consumo elevado de alcohol constituye el hábito tóxico más extendido en el mundo,
y es un problema especialmente entre los jóvenes, ya que forma parte de su cultura de ocio. El inicio de
la etapa universitaria coincide con la mayoría de edad, que da acceso libre a esta sustancia, utilizada
además como herramienta para hacer frente a los nuevos estresores. Se ha comprobado que la ingesta
de alcohol puede alterar la estructura y fisiología neuronal, afectando entre otras regiones a la corteza
prefrontal, con el consiguiente deterioro cognitivo, concretamente de las funciones ejecutivas. Este es-
tudio tiene como objetivo estudiar la prevalencia del consumo de alcohol en una muestra de 100 estu-
diantes universitarios, y comprobar la existencia de diferencias en su rendimiento académico y funciones
ejecutivas en relación con el perfil de consumo (“sin riesgo”, “de riesgo”, “probable síndrome de de-
pendencia alcohólica o SDA”).

Método. La muestra estuvo conformada por 100 estudiantes universitarios del Grado en Psicología de
la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) (24% chicos y 76% chicas) con edades comprendidas entre
17 y 25 años. A todos los participantes se les administró el test AUDIT para evaluar el consumo de
alcohol y cuatro pruebas (Stroop, Cambios, Fluidez verbal y Letras y Números) para valorar funciones
ejecutivas, y se registró su nota media del primer cuatrimestre del primer curso del grado de Psicología
como medida del rendimiento académico. Se emplearon estadísticos descriptivos y análisis inferencial.

Resultados. Los resultados obtenidos evidencian que más de la mitad de los participantes describe un
consumo de riesgo o un consumo que indica probable SDA. La prueba de Kruskal Wallis sugiere una
relación directa entre el perfil de consumo (“con riesgo”, “sin riesgo” y “probable SDA”, y las califica-
ciones obtenidas (p=.011), y entre el consumo de alcohol y las funciones ejecutivas, en particular la
flexibilidad cognitiva (p=.005), la fluidez verbal fonológica (p=.001), la memoria de trabajo (p=.017) y
la velocidad de procesamiento (p=.001). No se encontraron diferencias en el control inhibitorio relación
al perfil de consumo.

Discusión y conclusiones. Estos hallazgos confirman las repercusiones a nivel cognitivo asociadas al
consumo de alcohol en esta etapa y la necesidad de poner en marcha campañas de prevención en el
entorno universitario.

Palabras Clave: consumo de alcohol, funciones ejecutivas, rendimiento académico, educación univer-
sitaria.

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Repercusiones cognitivas del consumo de alcohol en el rendimiento académico universitario: un estudio preliminar

Abstract
Introduction. Excessive alcohol use constitutes the toxic most extended habit in the world, and it is a
problem especially for young people, as it is a part of their leisure hobbits. In the beginning of the
university period they reach the adulthood, which involves free access to substance, as a tool to deal
with the new stressful situations. It has been found that alcohol intake can alter neuron structure and
physiology, affecting several brain regions, with a particularly adverse impact on prefrontal cortex,
which could consequently deteriorate cognition, specifically executive functions. The aims of this study
are to examine the prevalence of excessive alcohol use in 100 college students of the first year and to
explore the relationship between the profile of alcohol intake (“no risk”, “risky consumption”, “probable
dependency syndrome”) and academic performance and between the profile of alcohol intake and exec-
utive functions.

Method. The sample was conformed by 100 university students of the Degree of Psychology of the
University Francisco de Vitoria (UFV) (24% boys and 76% girls) with ages between 17 and 25 years.
All participants are administered the AUDIT test to assess alcohol consumption, four tests to assess
executive functions, and the average grade of the first four-month period of the fisrt year of the Psychol-
ogy degree was used as academic performance. Descriptive statistics and inferential analysis were used.

Results. The results obtained show that more than half of students refers risky consumption or probable
dependency syndrome. Kruskal Wallis test suggests that there is a direct link between consumption
profile (“no risk”, “risky consumption”, “probable dependency syndrome”), and academic performance
(p=.011) and between consumption profile and executive functions, specifically cognitive flexibility
(p=.005), phonologic verbal fluency (p=.001), working memory (p=.017) y processing speed (p=.001).
There were no differences regarding consumption profile in inhibitory control.

Discussion and Conclusion. These findings confirmed the negative cognitive impact in relation with
alcohol abuse in this period and the need for prevention campaigns in the college environment.

Keywords: alcohol consumption, executive functions, academic achievement, higher education.

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Elena Bernabeu Brotóns y Cristina de la Peña Álvarez

Introducción

El consumo excesivo de alcohol ha sido reconocido como un problema social y se


considera el hábito tóxico más extendido en el mundo (Bolet y Socarrás, 2003), siendo
responsable, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), del 5,9 % de los
fallecimientos a nivel mundial (3,3 millones de muertes anuales). Entre la población más joven
(20 a 39 años) este porcentaje se incrementa, estando la ingesta nociva de alcohol implicada en
un 25% de las muertes en esta etapa (OMS, 2018), además de las consecuencias para la salud
pública que esto conlleva (Carvajal y Lerma-Cabrera, 2015). El Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales en su quinta edición (DSM-5), establece el diagnóstico
de trastorno por consumo de alcohol, que se caracteriza por ingerir alcohol en grandes
cantidades o la existencia del deseo persistente de consumir alcohol entre otras (Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales [DSM-5], 2014). Tradicionalmente se ha
observado que el consumo de alcohol entre los varones ha sido mayor que entre las mujeres
(Greenbaum, Del Boca, Wang y Goldman, 2005; Hartzler y Fromme, 2003). Sin embargo, esta
tendencia parece estar cambiando en algunos países, observándose actualmente una propensión
creciente entre el género femenino. Los estudios disponibles parecen mostrar que, aunque las
mujeres inician la ingesta de alcohol a mayor edad que los hombres, su progresión es más rápida
desde los primeros consumos hasta la aparición de la ingesta problemática. Este fenómeno pone
de manifiesto la mayor vulnerabilidad de la mujer a los efectos del alcohol (Míguez y Permuy,
2017).

En España la ingesta de alcohol es alarmante entre los jóvenes: la edad media de inicio
del consumo se sitúa en los 16 años, casi el 80 % refiere haber consumido alcohol en los últimos
12 meses y en torno al 60% durante los últimos 30 días. Según informa la encuesta sobre
Alcohol y Drogas en España (EDADES, 2015-2016) del Observatorio Europeo de las Drogas
y las Toxicomanías (OEDT, 2017), el 35% de los jóvenes entre los 15 y los 24 años declara
haber sufrido una intoxicación etílica (borrachera) en el último mes, siendo las mujeres quienes
se inician en edades más tempranas en el consumo tipo botellón con respecto a los hombres.
Diversos factores tales como el uso recreativo o socializador, la facilidad para obtener la
sustancia, los cambios sociales o incluso el entorno familiar se asocian a esta elevada ingesta
de alcohol.

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Repercusiones cognitivas del consumo de alcohol en el rendimiento académico universitario: un estudio preliminar

El primer año de Universidad es un período de transición en el que el estudiante


establece las bases de su identidad como adulto y en el que construye una nueva red social
(Scheier y Botvin, 1997). La ingesta de alcohol es muy común en esta etapa (Johnston, O'Malley
y Bachman, 2003), ya que el alcohol forma parte de la cultura de ocio de la gran mayoría de los
jóvenes y el inicio de los estudios universitarios coincide con la mayoría de edad, lo que implica
una gran facilidad para adquirirlo. Además del uso de alcohol en sí mismo, son preocupantes
los episodios de ingesta intensiva de carácter compulsivo en un periodo corto de tiempo en
forma de atracón, también conocido como binge drinking (National Institute on Alcohol Abuse
and Alcoholism, 2004; Borsari, Murphy y Barnett, 2007; Parada el tal., 2011), que se asocia a
una amplia variedad de conductas de riesgo (Miller et al., 2007), como comportamientos
agresivos, conducción temeraria o sexo sin protección (Castaño-Perez y Calderon-Vallejo,
2014). Este binge-drinking (BD), término adaptado al castellano como Episodio de Consumo
Intensivo de Alcohol (Ministerio de Sanidad y Consumo [MSC], 2008), es el que predomina
entre los adolescentes y universitarios (World Health Organisation, 2014). Son muchos los
efectos que produce a corto y largo plazo en el individuo, incluyendo problemas de salud física
y mental, comportamiento violento y problemas de adaptación en el entorno familiar y
educativo (Carvajal y Lerma-Cabrera, 2015; Pascual, Pla, Miñarro, y Guerri, 2013). Aunque
existe controversia sobre los parámetros que debe tener un episodio de ingesta para ser
considerado BD, se acepta que esto ocurre cuando hay un consumo de 5 o más UBEs (Unidad
de Bebida Estándar) en hombres (4 UBEs en mujeres) en una única sesión (Wechsler et al.,
1994). El Ministerio de Sanidad y Consumo (2008), sin embargo, define un consumo BD como
la ingesta de 6 o más bebidas alcohólicas para hombres (60g), 4 o más en el caso de mujeres
(40g), durante un período inferior a dos horas.

El uso de alcohol suele ser, además, una herramienta que utilizan los jóvenes para hacer
frente a los estresores o a las emociones negativas que se pueden experimentar durante el primer
año de Universidad (debido a la percepción de responsabilidad, mayor libertad, estudios, trabajo
o creación de una nueva red de amistades) (Calvete y Estévez, 2009). Pero también, parece
estimular la ingesta de alcohol la búsqueda de sensaciones nuevas, que suele conducir al binge
drinking y al consumo junto con el alcohol de diferentes sustancias psicotrópicas (Del Boca et
al., 2004; White et al., 2006). Por todo ello, los estudiantes universitarios pueden considerarse
población de riesgo para la aparición de consumo problemático en relación con el alcohol.

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El consumo de alcohol tiene una importante repercusión a nivel de salud general, ya que
se asocia a problemas psiquiátricos y médicos (Molina y Nelson, 2018). Los malos resultados
académicos entre universitarios se han relacionado con la ingesta excesiva de alcohol (Davis et
al., 2018), y, más concretamente algunos autores apuntan al consumo de tipo atracón o BD
(Patte, Quian y Leatherdale, 2017). Además, el uso continuado del consumo de alcohol entre
los jóvenes universitarios se relaciona directamente con absentismo escolar y conductas
delictivas (Flaherty, Sutphen y Ely, 2012). Todo esto no solo afectará a su formación y
aprendizaje, sino que implicará consecuencias en su vida adulta, por falta de oportunidades y
de estrategias específicas para enfrentarse al mundo laboral, aumentando, por lo tanto, la carga
a nivel social y económico.

A todos estos factores, se debe añadir las repercusiones a nivel cerebral y


neuropsicológico que están asociadas a una ingesta elevada de alcohol. El alcohol puede alterar
tanto la estructura como la fisiología neuronal de manera significativa, pudiendo afectar
negativamente al funcionamiento neuropsicológico (Jones, Lueras y Nagel, 2018; Squeglia et
al., 2014). Estudios de neuroimagen realizados en adolescentes y jóvenes con consumo de
alcohol muestran la existencia de deterioro cognitivo considerable y daño cerebral, afectando
entre otras regiones a la corteza prefrontal. Como consecuencia, se ha comprobado que el
consumo excesivo de alcohol se asocia a un peor desempeño de las funciones ejecutivas
(Banich, 2009; Fjell et al., 2012; López-Caneda et al., 2014; Martínez y Manoiloff, 2010;
Miyake y Friedman, 2012; Sanhueza, García-Moreno y Expósito, 2011), que integran las
habilidades implicadas en la planificación, iniciación, regulación del comportamiento dirigido
a metas, memoria de trabajo, flexibilidad y resolución de problemas. Además de la alteración
cognitiva, se ha descrito en relación con el consumo de alcohol un deterioro en las relaciones
interpersonales (Maurage et al., 2016) y una falta de regulación emocional (D’Hondt, Lepore y
Maurage, 2014; Ram, George y Gowdappa, 2018), muy relacionada con el déficit ejecutivo
(Joormann y Siemer, 2011).

La afectación cerebral en relación con el consumo excesivo de alcohol puede ser


especialmente relevante si la ingesta se produce en un período crítico para el desarrollo cerebral
(García-Moreno, Expósito, Sanhueza y Angulo, 2008), como es la etapa final del proceso
neuromadurativo, cuando el cerebro es más vulnerable a las agresiones externas (Crews, He y
Hodge, 2007). Entre los 18 y los 22 años, coincidiendo con los primeros cursos universitarios,
se produce un aumento significativo de la sustancia blanca en áreas asociativas, particularmente

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Repercusiones cognitivas del consumo de alcohol en el rendimiento académico universitario: un estudio preliminar

a nivel prefrontal (Gogtay et al., 2004). En el mismo sentido, se han registrado cambios en el
volumen de la sustancia gris en los primeros seis meses del primer año universitario (Bennett y
Baird, 2006). Estas modificaciones se han relacionado con el fin madurativo de las funciones
ejecutivas, que ocurre entre el final de la adolescencia y la edad adulta (Blakemore y
Choudhury, 2006; Casey, Giedd y Thomas, 2000). Este desarrollo prolongado hasta edades
tardías explica la mayor vulnerabilidad de las funciones ejecutivas sobre otros procesos
cognitivos a los efectos del alcohol.

Los efectos neurotóxicos del alcohol han sido descritos a nivel neurofisiológico en
numerosos estudios. Estudios realizados con un modelo animal encuentran una alteración en el
grosor cortical en regiones frontales (línea media cingulada y corteza insular) (Vetreno et al.,
2016). Vetreno y Crews (2012) estudiaron los efectos del alcohol en ratas adolescentes y
encontraron que esos efectos (alteración en región prefrontal medial y orbitofrontal) persistían
en la edad adulta. En adolescentes humanos se ha observado que la ingesta excesiva de alcohol
produce una alteración en los tractos frontales (frontolímbico) de sustancia blanca (Bava et al.,
2013; Jacobus et al., 2013). Este decremento de la conectividad en las conexiones
frontolímbicas parece concretarse en la conectividad frontoestriatal y en las conexiones entre
la región prelímbica e infralímbica y entre la región infralímbica y el córtex orbitofrontal
(Broadwate et al., 2017). La disminución de esta conectividad frontoestriatal parece
relacionarse con una disminución o falta de control inhibitorio (Spear y Swartzwelder, 2014).
También se ha encontrado una disminución de la sustancia gris en regiones prefrontales en
relación con la ingesta elevada de alcohol en universitarios (Meda et al., 2017). La pérdida de
neuronas de proyección colinérgica y serotoninérgica relacionada con la ingesta de alcohol en
la adolescencia se mantiene en la edad adulta (Crews et al., 2016).

A nivel neuropsicológico, los estudios realizados con población joven y adolescente


describen diferentes alteraciones a nivel ejecutivo: se ha encontrado una menor puntuación en
en pruebas de inhibición, control atencional, planificación, secuenciación, flexibilidad
cognitiva y automonitorización en un estudio realizado con población universitaria (Salcedo,
Ramírez y Acosta, 2015). Martínez-Mendoza (2018) sugiere que los universitarios que
consumen alcohol (tanto de forma intensiva como moderada) muestran menor capacidad de
autorregulación emocional ante situaciones sociales y peor capacidad inhibitoria. Esta
disminución en el control inhibitorio parece afectar concretamente a la cancelación de una
respuesta ya iniciada, más que al control de interferencia de estímulos distractores (Paz, Rosselli

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y Conniff, 2018). Otros trabajos realizados con jóvenes y adolescentes con una ingesta de
alcohol frecuente indican la existencia de déficits en función ejecutiva (concretamente en
control inhibitorio) y memoria verbal, mientras que, por el contrario, no encuentran afectación
en atención, velocidad de procesamiento, memoria a corto plazo, planificación y construcción
visoespacial (Carbia, López-Caneda, Corral y Cadaveira, 2018).

La finalidad que pretende el estudio que se describe a continuación es ayudar a clarificar


de forma empírica la relación entre el consumo de alcohol, la capacidad ejecutiva (en concreto
flexibilidad cognitiva, control inhitorio, fluidez verbal y memoria de trabajo) y el rendimiento
académico en estudiantes universitarios.

Los objetivos que se persiguen son:


1) Estudiar la prevalencia del consumo excesivo de alcohol en una muestra de 100 estu-
diantes universitarios de primer curso, e identificar diferencias en función del género.
2) Comprobar la existencia de diferencias en el rendimiento académico en relación con el
consumo de alcohol.
3) Comprobar la existencia de diferencias en determinadas funciones ejecutivas (memoria
de trabajo, flexibilidad cognitiva, fluidez verbal y control inhibitorio) en relación con el con-
sumo de alcohol.

En relación con los objetivos 2) y 3) se plantean las siguientes hipótesis:


H1: los estudiantes universitarios con una mayor ingesta de alcohol mostrarán un peor
rendimiento académico.
H2: un mayor consumo de alcohol se relacionará con un peor desempeño de las funcio-
nes ejecutivas.

Método
Participantes
Participaron en este estudio 100 estudiantes, 24% hombres y 76% mujeres, cuyas edades
están comprendidas entre los 17 y los 25 años (M=19.3; DE=1.84). Todos ellos cursaban 1º
curso del Grado de Psicología en la Universidad Fransciso de Vitoria (UFV), España. A los
estudiantes menores de edad se les solicitó un modelo de consentimiento informado cumpli-
mentado y firmado por sus padres.

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Repercusiones cognitivas del consumo de alcohol en el rendimiento académico universitario: un estudio preliminar

Los participantes fueron seleccionados de forma intencional mediante muestreo no pro-


babilístico por accesibilidad. Los criterios de inclusión de la muestra fueron los siguientes: estar
cursando 1º de Psicología en la universidad, proporcionar el consentimiento informado por es-
crito y no presentar una historia de trastorno neurológico, trauma cerebral o consumo de psico-
fármacos. Los estudiantes tuvieron libertad para participar o para abandonar el estudio en cual-
quier momento.

Instrumentos
Para la recogida de información se han administrado los siguientes instrumentos de eva-
luación:

Cuestionario de Identificación de los Trastornos debidos al Consumo de Alcohol


(AUDIT), cuestionario de autoinforme mundialmente utilizado desarrollado por la OMS
(WHO, 1992) en coherencia con las definiciones de la CIE-10 de consumo y dependencia del
alcohol. Concretamente, se utilizó la versión validada para población española por Rubio,
Bermejo, Caballero y Santo Domingo (1998). Consta de 10 preguntas, las tres primeras
identifican un perfil de consumo de riesgo, las tres siguientes evalúan posibles síntomas de
dependencia y las cuatro últimas valoran el consumo perjudicial. La puntuación final permite
identificar, en función del punto de corte, tanto los consumos de riesgo como la posible
dependencia alcohólica. El AUDIT se diseñó para identificar a personas con un consumo de
alcohol de riesgo o perjudicial preguntando al participante sobre el consumo de alcohol en
diferentes situaciones, registrando su respuesta en una escala de 0 a 4. La reciente validación
de la prueba realizada con población universitaria española por García Carretero, Novalbos
Ruiz, Martínez Delgado y O’Ferrall González (2016) propone los siguientes puntos de corte
óptimos en el caso del consumo de riesgo diferentes para hombres y mujeres para considerar
consumo de riesgo, concretamente, una puntuación de 8 para hombres y 6 para mujeres y una
puntuación de 13 tanto para hombres como para mujeres para considerar probable SDA. En
cuanto a la consistencia interna (alfa de Cronbach) de la prueba AUDIT, se situó en este estudio
en .75, obteniendo un valor de .83 en la subescala consumo de riesgo y un .79 en la subescala
de dependencia.

Por otra parte, el AUDIT se ha utilizado como instrumento de cribado utilizado para
identificar el Binge Drinking (BD) o Episodio de Consumo Intensivo de Alcohol en estudiantes
universitarios (Hagman, 2016; Seguel, Santander, y Alexandre, 2013). En concreto el ítem 2

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(¿cuántas consumiciones de bebidas alcohólicas suele realizar en un día de consumo normal?)


proporciona información sobre la frecuencia con que se dan esos episodios.

Test de flexibilidad cognitiva CAMBIOS (Seisdedos, 2004). Esta prueba valora


flexibilidad cognitiva y consta de 27 ítems en los que el sujeto debe determinar si una secuencia
de figuras geométricas es correcta según determinadas normas (tamaño de la figura, número de
lados del polígono e intensidad de la trama), que cambian en cada elemento. Cada respuesta
correcta se puntúa con un punto y la suma de los puntos es la calificación final de la prueba. La
fiabilidad (alfa de Cronbach) del CAMBIOS es de .87.

Test de Stroop (Golden, 1994). Este test evalúa control inhibitorio y consta de tres
condiciones: en la primera, la persona tiene que leer una serie de palabras (que denominan tres
colores, rojo, azul y verde, y están escritas en negro) en 45 segundos, registrándose el número
de palabras leídas, por tanto, es una prueba de velocidad lectora; en la segunda condición, la
persona tiene que nombrar el color de series de cinco equis (XXXXX) durante el mismo período
de tiempo, siendo, por tanto, una prueba de velocidad de denominación de color; y por último,
en la tercera condición, la condición de interferencia, la persona tiene que nombrar el color de
la tinta de las palabras de la condición inicial, que nunca corresponde con el significado de la
palabra, también en 45 segundos. Esta condición requiere que la persona controle una fuerte
tendencia de respuesta automática de lectura. El llamado índice de interferencia se calcula
aplicando la siguiente fórmula: PC – [(PxC)/ (P+C)], y representa la diferencia entre el
rendimiento real en la condición 3 y el esperado en función del desempeño en las condiciones
1 y 2; cuanto mayor es su valor, mejor control de la interferencia se está ejerciendo. La fiablidad
test-retest de la prueba es para P .89, para C de .84 y para PC de .73.

Letras y Números, subtest de la Escala de Inteligencia de Wechsler (WAIS IV;


Wechsler, 2012), que evalúa memoria de trabajo verbal. En esta prueba el examinador nombra
una serie de números y letras que cada participante debe repetir siguiendo una determinada
secuencia: primero las letras en orden alfabético y a continuación los números de menor a
mayor (o viceversa). Cada respuesta acertada se califica con un punto y la suma de todos los
puntos proporciona la puntuación total obtenida. La aplicación de la prueba se interrumpe
cuando una persona no acierta consecutivamente tres ítems. Esta prueba ha mostrado una
fiabilidad de .88 para este grupo de edad en una reciente estadarización de la escala WAIS
realizada con población hispanohablante (Rosas et al., 2014).

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Prueba de fluidez verbal (Lezak, Howieson y Loring, 2004), en la que se solicita a la


persona, que genere el mayor número de palabras de determinadas categorías fonológicas (que
comiencen por cada una de tres letras, F, A y S) y semánticas (animales, frutas, nombres
propios). Se registra una puntuación para la categoría fonológica y otra puntuación para la
categoría semántica. Cada palabra correcta se califica con un punto y la suma total es la
puntuación obtenida en la prueba. El alfa de Cronbach obtenido en esta prueba es de .843
(Marino y Díaz-Fajreldines, 2011).

Rendimiento académico: se valoró mediante la nota media obtenida en el primer cuatri-


mestre del primer curso del Grado de Psicología. Durante este cuatrimestre los estudiantes cur-
san cinco asignaturas y cada una de ellas tiene calificación final. La escala de las notas empleada
en todas las asignaturas es la misma y se sitúa en un rango de puntuaciones de 0 a 10, concre-
tando que una puntuación inferior a 5 se considera como suspenso, entre 5-6 suficiente, entre
6-7 bien, entre 7-8 notable y entre 9-10 sobresaliente. Para este estudio se consideraron las
calificaciones en un rango de 0 a 100.

Procedimiento
Tras obtener el permiso del órgano correspondiente de la Universidad, se procedió a
informar a los alumnos de 1º curso de Psicología acerca del estudio y del carácter voluntario de
su participación. Todos los estudiantes universitarios que aceptaron participar cumplimentaron
un modelo de consentimiento informado donde se les informaba de la naturaleza y objetivos
del estudio y de la posibilidad de abandonar voluntariamente la investigación en cualquier
momento. En el caso de los estudiantes menores de edad, firmaron sus padres el consentimiento
informado. Las pruebas se administraron en un aula reservada a tal efecto, libre de estimulación
externa que pudiese interferir en el desarrollo de éstas. El orden de las pruebas no se alteró en
ninguna ocasión, aplicándose en la siguiente secuencia: letras y números, CAMBIOS, FAS,
Stroop y, por último, el AUDIT. La duración de la administración de las pruebas fue de 45
minutos aproximadamente para cada estudiante y la aplicación se realizó de manera individual
por las dos investigadoras implicadas en este estudio. Todos los instrumentos se administraron
durante el primer cuatrimestre del curso académico.

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Análisis de datos
El tratamiento de datos se realiza utilizando el programa estadístico SPSS versión 21.0
para Windows. Además de los análisis descriptivos, se utilizó la prueba no paramétrica Kruskal-
Wallis para comprobar la existencia de diferencias tanto en las calificaciones académicas
obtenidas, como en la ejecución de las pruebas utilizadas para evaluar las funciones cognitivas
entre los tres perfiles de consumo (“sin riesgo”, “consumo de riesgo” y “probable síndrome de
dependencia alcohólica”), según los puntos de cortes establecidos para población universitaria
por García Carretero et al. (2016), ya descritos. En la prueba Kruskal-Wallis se emplea un nivel
de significación α=.05. Como análisis post hoc se realizó una comparativa por grupos utilizando
la U de Mann Whitney, y se calculó el tamaño del efecto.

Resultados
En relación con el primer objetivo, comprobar la prevalencia del consumo de alcohol
en la población universitaria, en la tabla 1 se muestra la frecuencia de cada perfil de consumo.
Es reseñable que más de la mitad de los participantes describe un consumo considerado de
riesgo o tiene sintomatología que sugiere probable síndrome de dependencia alcohólica. Este
último grupo (probable SDA) está constituido únicamente por mujeres. En contraste, también
es mayor el porcentaje de mujeres que tiene un consumo considerado sin riesgo.

Tabla 1. Prevalencia del consumo de alcohol

Género
Prevalencia
Hombre Mujer Total
Consumo sin riesgo 6 (25%) 42 (55%) 48
Consumo de riesgo 18 (75%) 25 (33%) 43
Probable SDA 0 9 (12%) 9
Total 24 (100%) 76 (100%) 100

A la vista de estos descriptivos, y con el fin de identificar diferencias entre el consumo


de hombres y mujeres se realizó un contraste de medias utilizando la U de Mann Whitney. No
se encontraron diferencias significativas por género en la puntuación total obtenida en la prueba
AUDIT (z = -7.92, p = .428).

Con el objetivo de precisar si el tipo de ingesta realizada por los estudiantes correspondía
al patrón de atracones o BD, se realizó un análisis de frecuencia de los ítems 1 y 2 del AUDIT.

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Repercusiones cognitivas del consumo de alcohol en el rendimiento académico universitario: un estudio preliminar

El ítem 1 valora con qué frecuencia se consumen bebidas alcohólicas y el ítem 2 la cantidad de
bebidas consumidas en cada sesión. La información proporcionada por estas dos preguntas per-
mite identificar este tipo de consumo. Los resultados pueden verse en las tablas 2 y 3:

Tabla 2. Frecuencia en el consumo de bebidas alcohólicas

Frecuencia Género
Hombre Mujer Total
Nunca 1 0 25
1 o menos de 1 vez al mes 0 14 53
De 2 a 4 veces al mes 6 46 20
De 2 a 3 veces a la semana 17 15 2
4 o más veces a la semana 0 1 0
Total 24 76 100

La mayor parte de las mujeres (60.5%) ingieren alcohol con una frecuencia de 2 a 4
veces al mes. Si embargo entre los hombres la frecuencia de la ingesta parece mayor, situándose
en la mayor parte (70.8%) entre 2 y 3 veces a la semana.

Tabla 3. Cantidad de bebidas alcohólicas consumidas en una sesión

Prevalencia Género
Hombre Mujer Total
1o2 3 22 25
3o4 18 35 53
5o6 3 17 20
De 7 a 9 0 2 2
Más de 10 0 0 0
Total 24 76 100

La mayor parte de los participantes muestran un perfil de ingesta cercano o característico


del BD: el 75% de los hombres y el 46% de las mujeres refieren consumir entre 3 y 4 bebidas
en cada sesión, mientras que el 12.5% de los hombres y el 22.4% de las mujeres refieren con-
sumir 5 ó 6 bebidas por sesión. Solo 2 mujeres, el 2.6% (ningún hombre), ingieren de 7 a 9
bebidas en cada episodio de ingesta.

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En relación con los objetivos 2 y 3 se realizó la prueba no paramétrica Kruskal-Wallis


con un nivel de significación de α=.05, con el fin de comprobar la existencia de diferencias en
el rendimiento académico y las funciones ejecutivas evaluadas en relación con el consumo de
alcohol. Los resultados pueden verse en la tabla 4, observando diferencias significativas tanto
en el rendimiento académico como en la medida de flexibilidad cognitiva, en fluidez fonoló-
gica, en memoria de trabajo y en la condición “color” de la tarea Stroop.

Tabla 4. Estadísticos descriptivos y prueba Krustal-Wallis

Variables M DE χ² gl p
Nota media (sobre 100) 59.1 12.4 9.06 2 .011*
Flexibilidad 15.77 4.41 10.45 2 .005*
Fluidez Fonológica 37.98 5.36 14.39 2 .001*
Fluidez Semántica 54.82 5.37 3.99 2 .136
Memoria trabajo 12.01 2.16 8.15 2 .017*
Stroop palabra 106.05 14.33 .85 2 .654
Stroop color 75.82 10.36 14.67 2 .001*
Stroop interferencia 6.85 7.22 .70 2 .704
*La correlación es significativa al nivel .05 (bilateral).
M: media; DE: desviación estándar; χ²: estadístico; gl: grados de libertad; p: significación

En el gráfico 1 se muestran los resultados de cada perfil de consumo de alcohol


analizado encontrando que, las calificaciones más altas son obtenidas por las personas que
realizan un consumo sin riesgo, seguidas de las que muestran un consumo de riesgo, y
finalmente, del grupo “probable SDA”. Lo mismo ocurre en la medida de flexibilidad cognitiva:
a mayor consumo corresponde menor flexibilidad, y lo mismo ocurre con la memoria de trabajo.
En el resto de las medidas evaluadas, sin embargo, la relación no parece tan lineal.

Grafico 1. Medias obtenidas en las diferentes medidas evaluadas en relación con el tipo de consumo.

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Para entender el sentido de las diferencias se llevaron a cabo unos análisis comparativos
por grupo utilizando el estadístico U de Mann Whitney. Para estimar el tamaño del efecto se
calculó el estadístico r siguiendo el procedimiento descrito por Tomczak y Tomcak, (2014).
Las diferencias entre los dos grupos más diferentes en consumo, el grupo “sin riesgo” y el grupo
“probable SDA” fueron significativas para las siguientes medidas evaluadas: nota media (z = -
2.2, p = .025; r = .22), flexibilidad (z = -2,5, p = .013; r = .25) y memoria de trabajo (z = -1.9,
p = ,05; r = .19).

La diferencia entre el grupo “no riesgo” y “riesgo” fue significativa para la nota media
(z = -2.1, p = .038; r = .21), la flexibilidad (z = -1.9, p = .05; r = .19), la fluidez fonológica (z =
-3,2, p = .001; r = .32) (curiosamente en este caso la mejor puntuación en fluidez fonológica
fue para el grupo de “consumo de riesgo”) y para la denominación del color (z = -3.9, p = .000;
r = .39).

Entre el grupo de “riesgo” y “probable SDA” las diferencias fueron significativas para
la nota media (z = -2.7, p = .007; r = .27), la flexibilidad (z = -2.9, p = .003; r = .29) y la fluidez
fonológica (z = -2.6, p = .008; r = .26).

El tamaño de los efectos obtenidos, utilizando los criterios descritos por Cohen (1988)
pueden considerarse en un nivel medio o medio-bajo [r=0,10 (bajo) /r=0,30 (medio) /r=0,50
(grande) /r=0,70 (muy grande)].

Los hallazgos del análisis inferencial ponen de manifiesto la existencia de diferencias


significativas en rendimiento académico y algunas funciones ejecutivas entre los tres tipos de
perfiles de consumo de alcohol, siendo el desempeño en rendimiento académico, flexibilidad
cognitiva, memoria de trabajo peor en los estudiantes con un consumo de riesgo o con probable
SDA. En el caso de la fluidez fonológica los mejores resultados fueron los correspondientes al
grupo de riesgo, frente al grupo de consumo sin riesgo o al grupo de probable SDA.

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Discusión y Conclusiones

Este trabajo empírico pretende proporcionar información acerca de las repercusiones a


nivel cognitivo que tiene la ingesta de alcohol en el alumnado universitario en un estudio ex-
ploratorio. Para ello, se plantearon tres objetivos y unas hipótesis que quedan contrastados con
los resultados obtenidos en los análisis estadísticos realizados.

En referencia al primer objetivo, los datos ponen de manifiesto que más de la mitad de
los estudiantes universitarios que participaron en este estudio tienen un consumo problemático
de alcohol según los puntos de corte establecidos (García Carretero et al., 2016), concretamente
el 43% de los participantes, realiza una ingesta “de riesgo” y el 12% de la muestra es susceptible
de padecer SDA. Estas cifras son verdaderamente alarmantes. Este hallazgo coincide con los
resultados de investigaciones previas que, utilizando muestras similares con predominio de
mujeres, revelan un elevado consumo de alcohol entre universitarios (Cadaveira y Corral-
Varela, 2005; Oei y Morawska, 2004). Aunque no se han encontrado diferencias generales en
cuanto al consumo de alcohol entre hombres y mujeres, los descriptivos en cuanto al tipo de
consumo (“sin riesgo”, “de riesgo” y “probable SDA”, reflejan un mayor porcentaje de mujeres
(55%) con un consumo “sin riesgo” con respecto a los hombres, que en su mayoría muestran
un consumo “de riesgo” (75%).

En contraste, el grupo de “probable SDA”, está exclusivamente conformado por


mujeres: 9 de las participantes refirieron un consumo de este tipo. Estos datos confirman que el
consumo de alcohol ya no puede vincularse de forma mayoritaria al género masculino, tal como
informan estudios previos (Míguez y Permuy, 2017). Esto se encuentra en línea con la tendencia
actual observada en algunos países sobre un incremento significativo del consumo problemático
en el colectivo femenino (Counter, 2016; Míguez y Permuy, 2017). El organismo femenino
parece más susceptible a los efectos del alcohol que el masculino: la mujer absorbe más rápido
la sustancia y la metaboliza más lentamente, por lo que la ingesta de la misma cantidad de
alcohol provoca en la mujer una mayor concentración sanguínea que en el hombre (Montero,
González y Molina, 2010), lo cual prodría propiciar el desarrollo de estados de dependencia.
Además, ya se ha descrito que, aunque las mujeres inician la ingesta de alcohol a mayor edad
que los hombres, su progresión hacia ingesta problemática es más rápida (Míguez y Permuy,
2017). Todo esto sugiere una mayor vulnerabilidad de la mujer a los efectos del alcohol.

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Por otra parte, estos resultados podrían estar condicionados por la distribución del
género que conforma la muestra del presente estudio, compuesto mayoritariamente por mujeres,
y también por factores socioambientales. Además, la edad de los participantes podría estar
influyendo en estos resultados, ya que en otro momento del ciclo vital la proporción de consumo
de alcohol en cuanto a género podría ser diferente. Wilsnack, Wilsnack, Gnek y Kantor (2018),
estudiando cómo difieren las tasas de consumo de alcohol difieren entre hombres y mujeres, las
diferencias en factores de riesgo y en las consecuencias para la salud, encontraron que la cultura
del consumo de alcohol y el ambiente social actúan como mediadores de la relación entre la
edad, el género y el consumo excesivo de alcohol, particularmente en el patrón de consumo
BD.

El análisis descriptivo de las puntuaciones obtenidas en los ítems 1 (frecuencia de in-


gesta de alcohol) y 2 (cantidad de bebidas consumidas en cada sesión), sugieren que el BD o
consumo en forma de atracón es la forma de consumo hacia la que tienden los jóvenes. Diversos
autores han mostrado que esta es la forma preferente de consumo de alcohol entre universitarios
(Motos-Sellés, Cortés-Tomás y Giménez-Costa, 2018). El BD conlleva, además de importantes
consecuencias a largo plazo, una gran cantidad de comportamientos peligrosos como la práctica
conductas sexuales de riesgo, conducir bajo la influencia del alcohol o peleas y agresiones (Bar-
net et al., 2014).

En relación con el segundo objetivo y primera hipótesis, se verifica la existencia de


diferencias significativas entre los grupos analizados en rendimiento académico; de tal manera
que, el grupo de estudiantes universitarios que consume sin riesgo tiene calificaciones
académicas más elevadas, seguido del grupo con un consumo “de riesgo” y, finalmente, el
grupo de “probable síndrome de dependencia”, que obtiene las notas más bajas. Estos resultados
podrían sugerir la afectación de la ingesta de alcohol en el rendimiento académico del
alumnado, coincidiendo con los resultados obtenidos previamente por autores como Brook,
Finch, Whiteman y Brook (2002), que encuentran, en un estudio en el que participaron 600
adolescentes procedentes de Estados Unidos, una relación directa entre el consumo de alcohol
y el bajo rendimiento académico. Otros estudios poseriores, por el contrario, como el de
Andrade y Ramírez (2009), o el de Soliz, Mena y Lara (2017), ambos realizados con población
universitaria ecuatoriana, no han hallado relación significativa entre la ingesta de alcohol y el
promedio de las notas académicas. Esta disparidad de resultados parece indicar que el consumo
de alcohol, aunque incide en las calificaciones, no es el único factor determinante en el

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rendimiento académico de los estudiantes. Por ejemplo, el momento en que se encuentran los
participantes de este estudio: su primer año de Universidad, que supone un nuevo sistema
educativo (trabajo más autónomo, mayor responsabilidad) que también puede suponer un
descenso en el rendimiento académico. Otra variable importante es el historial de consumo, ya
que en el AUDIT los sujetos solo refieren su relación con la sustancia en el último año, lo que
indica la necesidad de tener en cuenta este factor y de realizar estudios de carácter longitudinal
con esta población para poder valorar con más precisión el efecto del alcohol en el rendimiento
académico a medio y largo plazo. Un hallazgo importante relacionado con estos resultados es
que el consumo de alcohol no solo se relaciona con un menor rendimiento, sino con un estilo o
forma particular de abordar las actividades académicas caracterizado por demorar o posponer
las tareas para más adelante (Westgate, Wormington, Oleson y Lindgren, 2017).

En cuanto al tercer objetivo y segunda hipótesis, se confirma la existencia de diferencias


significativas entre los tres perfiles de consumo analizados en tres de las funciones ejecutivas
evaluadas, concretamente, flexibilidad cognitiva, fluidez verbal fonológica y memoria de
trabajo. También se encontraron diferencias en relación con el consumo de alcohol en el
desempeño de la condición “color” de la prueba Stroop, considerada una medida de la velocidad
de procesamiento (Arentsen y Goldberg, 2010). Los resultados confirman que los estudiantes
universitarios del grupo “probable SDA” son más rígidos a nivel cognitivo que el grupo de
“consumo de riesgo”, que a su vez presenta menos flexibilidad que el grupo de consumo sin
riesgo. Este hallazgo está en la misma dirección que los resultados de otros estudios (Ratti, Bo,
Giardini y Soragna, 2002; Townshend y Duka, 2005). En relación con la fluidez verbal, estudios
previos habían mostrado una disminución en las habilidades comunicativas y fluidez verbal en
adolescentes con una historia de severa exposición al alcohol en etapas prenatales (Doyle et al.,
2018).

En el presente estudio, no se han encontrado diferencias entre grupos en fluidez


semántica, pero sí en la tarea de fluidez fonológica. Respecto a las diferencias encontradas en
esta última, el grupo de “consumo de riesgo” puntúa, de forma inesperada, por encima del grupo
de “consumo sin riesgo” y del grupo “probable SDA”, entre los que no se hallan diferencias
signficativas. Esto podría tener relación con trabajos previos que han sugerido que, en tareas de
fluidez verbal, tanto en la fonológica como en la semántica, hay otras variables implicadas,
como la edad y las estrategias cognitivas de búsqueda de los sujetos (Coni y Vivas, 2014), o el
nivel sociocultural (Abreu et al., 2013). En memoria de trabajo, los estudiantes que no

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Repercusiones cognitivas del consumo de alcohol en el rendimiento académico universitario: un estudio preliminar

consumen alcohol son los que obtienen mejor puntuación, aunque no difiere de forma
significativa de la puntuación obtenida por el grupo “consumo de riesgo”. El grupo “probable
SDA” muestra peor rendimiento en memoria de trabajo, con una diferencia significativa con
respecto a los dos grupos anteriores. Esto sugiere que el rendimiento en tareas de memoria de
trabajo se ve claramente afectado por la ingesta elevada de alcohol. Estos datos, coinciden con
trabajos anteriores (Ambrose, Bowden y Whelan, 2001; Crego et al., 2009) que evidencian un
desempeño más pobre en memoria de trabajo cuanto mayor es la ingesta de alcohol.

Por último, al contrario de lo esperado, no se ha encontrado ninguna diferencia


significativa entre los tres grupos de consumo de alcohol en el control inhibitorio, en contraste
con lo encontrado en estudios anteriores (Townshend y Duka, 2005; Hartley et al., 2004). Sin
embargo, en la condición “color” de la prueba Stroop considerada una medida de la velocidad
de procesamiento (Arentsen y Goldberg, 2010), el peor desempeño corresponde al grupo de
“consumo de riesgo”, mientras que el grupo “probable SDA” aunque se sitúan por debajo del
grupo “sin riesgo”, no difieren de forma significativa en sus puntuaciones. Algunos autores
han encontrado menor velocidad de procesamiento en relación al consumo de alcohol (Courtney
y Polich, 2009), en contraposición de Carbia, López-Caneda, Corral y Cadaveira (2018) que no
hallan alteración en esta variable en relación a la cantidad de ingesta de alcohol. Una menor
velocidad de procesamiento de los sujetos con una ingesta de alcohol elevada es consistente
con las alteraciones en la sustancia blanca en los tractos prefrontales (Bava et al., 2013; Jacobus
et al., 2013), y en la conectividad en regiones frontolímbicas y corteza orbitofrontal (Broadwate
et al., 2017) encontradas en sujetos bebedores. Sin embargo, parece que hay otras variables que
deben ser tenidas en consideración y es necesario seguir profundizando en esta relación.

Esta investigación preliminar proporciona información sobre la relación entre el


consumo de alcohol, el nivel de rendimiento académico y la ejecución en tareas de función
ejecutiva de universitarios del primer curso de Psicología. Dicho estudio evidencia que aquellos
estudiantes que ingieren un mayor nivel de alcohol obtienen significativamente peores
calificaciones académicas en las asignaturas e inferiores resultados en tareas de función
ejecutiva (concretamente en flexibilidad cognitiva, memoria de trabajo, fluidez verbal
fonológica y velocidad de procesamiento) que los estudiantes universitarios que realizan un
consumo de alcohol sin riesgo. Estas repercusiones cognitivas y su manifestación en el
rendimiento académico por el consumo excesivo de alcohol determinan junto a otros factores
el proceso de aprendizaje de los estudiantes, puesto que las conexiones neuronales del cerebro

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están moduladas por el medio externo y/o la experiencia ambiental. Estos datos constituyen una
aportación interesante a la integración entre la neurociencia y la psicología educativa, línea que
se encuentra defendida por diferentes autores (Salas Silva, 2003) en las últimas décadas y que,
implica que los profesores estén versados en estos conocimientos para hacer más eficaz el
proceso de aprendizaje-enseñanza junto con un currículo y una evaluación compatibles con el
funcionamiento cerebral. Una implicación directa de los resultados obtenidos consiste en el
diseño, elaboración y desarrollo de campañas de prevención, como forma de, además de
optimizar su desarrollo neurológico, mejorar el rendimiento académico del alumnado, su
preparación para el mundo profesional y evitar comportamientos de riesgo entre el colectivo
universitario.

Este trabajo es un estudio exploratorio que presenta algunas limitaciones, la principal,


referida al tamaño muestral y la homogeneización del género de los participantes, lo que indica
la necesidad de ser cautelosos en la generalización de los resultados obtenidos. Este hecho se
podría solventar en el futuro, ampliando y armonizando la muestra no solo de Psicología sino
también de otras ramas de conocimiento; además, sería de gran interés la realización de diseños
longitudinales para valorar la maduración de los procesos neuropsicológicos y el rendimiento
académico en función de la evolución de la ingesta.

En síntesis, la ingesta de alcohol de forma recreativa por parte de los estudiantes univer-
sitarios puede tener repercusiones cognitivas graves afectando de forma importante a la madu-
ración del sistema nervioso y como consecuencia a su desarrollo personal y profesional. No
obstante, hay que tener en cuenta en los hallazgos obtenidos la influencia directa/ indirecta de
diversos factores y/o problemáticas familiares, relacionales y personales en el consumo de al-
cohol de los estudiantes universitarios.

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Recibido: 21-07-2019
Acceptado: 20-09-2019

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