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Locura Sin Estado

Este documento describe las prácticas de apoyo mutuo y activismo comunitario de la organización chilena "Autogestión Libre-mente". A través de un enfoque etnográfico, explora cómo este colectivo organiza reuniones semanales basadas en la asociación voluntaria y ayuda entre pares, promoviendo valores de horizontalidad y reciprocidad. Aunque no es su objetivo explícito, estas actividades parecen tener un efecto "terapéutico". El documento también resume brevemente la historia del movimiento de expacientes psiquiá

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Locura Sin Estado

Este documento describe las prácticas de apoyo mutuo y activismo comunitario de la organización chilena "Autogestión Libre-mente". A través de un enfoque etnográfico, explora cómo este colectivo organiza reuniones semanales basadas en la asociación voluntaria y ayuda entre pares, promoviendo valores de horizontalidad y reciprocidad. Aunque no es su objetivo explícito, estas actividades parecen tener un efecto "terapéutico". El documento también resume brevemente la historia del movimiento de expacientes psiquiá

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eISSN 1807-5762

Artículos

Locura sin Estado: prácticas de apoyo mutuo


y activismo comunitario en salud mental de la
organización “Autogestión Libre-mente”

Madness without State: practices of mutual support and community


activism in mental health of the organization "Autogestión Libre-mente"
(abstract: p. 15)

Loucura sem Estado: práticas de apoio mútuo e ativismo comunitário em


saúde mental da organização “Autogestión Libre-mente” (resumo: p. 15)

Juan Carlos Cea Madrid(a) (a)


Centro de Estudios Locos.
Libertad, 1270, depto 168, Región
<[email protected]> Metropolitana. Santiago, Chile.
8320000.

Resumen

El presente texto se aproxima a la invención de otros modos de bienestar y cuidado en torno a


necesidades no cubiertas por el sistema de salud mental. A través de una aproximación etnográfica, se
estudian las prácticas de activismo comunitario y apoyo mutuo del colectivo “Autogestión Libre-mente”,
agrupación de Santiago de Chile que realiza reuniones semanales bajo los principios de la asociación
voluntaria y la ayuda entre pares. Los valores de horizontalidad y reciprocidad como ejes del trabajo
compartido implican un fuerte contenido político y un sentido “terapéutico”, sin que éste último sea la
finalidad explícita de las actividades que organizan. En torno a esta experiencia se reflexiona sobre las
implicancias de la metodología asamblearia y la democracia deliberativa en la configuración de nuevas
formas de salud mental desde la comunidad en el escenario contemporáneo.

Palabras clave: Salud mental. Apoyo mutuo. Comunidad. Autogestión.

Marid JCC. Locura sin Estado: prácticas de apoyo mutuo y activismo comunitario en salud mental de la
organización “Autogestión Libre-mente”. Interface (Botucatu). 2023; 27: e220095  
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Locura sin Estado: prácticas de apoyo mutuo y activismo comunitario... Madrid JCC

Introducción

El predominio del modelo biomédico, la expansión de la medicalización y el uso


excesivo de la coerción psiquiátrica son elementos que configuran la salud mental
contemporánea y constituyen un objeto de discusión a nivel global1. Frente a ello, se
ha enfatizado la promoción de servicios comunitarios de salud mental orientados a la
recuperación y basados en los derechos humanos, incluyendo la importancia del apoyo
social y alternativas no farmacológicas2. Del mismo modo, se ha resaltado el lugar
de la participación social y la inclusión comunitaria, destacando los beneficios que
encuentran las personas en el establecimiento de vínculos, ligados al apoyo informal3,4.
En este contexto, las organizaciones comunitarias para la defensa de derechos
y el ejercicio de ciudadanía han adquirido un carácter central. Al respecto, se han
descrito los alcances de la participación social y política de las personas con experiencia
vivida en salud mental, incluyendo el ejercicio del derecho a la libertad de conciencia,
libertad de expresión y libertad de asociación, favoreciendo el desarrollo de nuevas
formas de participación no institucional5. Uno de los aspectos más relevantes de estas
iniciativas, refiere a las modalidades de autoayuda y apoyo mutuo proporcionada por
grupos de pares, incluyendo un enfoque despatologizador de la diversidad humana,
la independencia de los servicios de salud mental y la capacidad de desenvolverse sin
ayuda psiquiátrica6-9.
En Chile, el enfoque comunitario impulsado desde el Estado no ha implicado
un proceso de cierre de los hospitales psiquiátricos. Las prácticas biomédicas se han
integrado a las redes comunitarias fortaleciendo un modelo autoritario y vertical,
con un predominio farmacológico en los procesos de atención10. Junto con ello,
aspectos promocionales y preventivos vinculados a la participación ciudadana no son
priorizados en los servicios de salud mental. De esta forma, la institucionalidad no ha
logrado integrar las potencialidades, fortalezas y recursos de la comunidad11.
Históricamente grupos locales y de base comunitaria conformados por personas
con experiencia vivida en salud mental han cuestionado los marcos institucionales,
organizándose entre pares para darse mutuamente lo que el sistema psiquiátrico no
es capaz de entregar. De acuerdo con esta tradición, en Chile se han comenzado a
desarrollar iniciativas ciudadanas que interpelan los avances, retrocesos y desafíos del
modelo comunitario, reinventando las formas tradicionales de expresión política y
participación social en salud mental12.
Bajo estas orientaciones, el presente artículo realiza un breve recorrido de las
instancias de autoorganización ciudadana y experiencias asociativas en el campo de
la salud mental que se han desarrollado desde los años 1960 para luego indagar desde
un enfoque etnográfico en las prácticas de apoyo mutuo y activismo comunitario del
colectivo “Autogestión Libre-mente”. Esta organización nace en Santiago de Chile
como un espacio de colaboración y encuentro entre personas vinculadas al campo de la
salud mental para compartir recursos, coordinar acciones y apoyarse entre sí. Se plantea
este estudio con el propósito de explorar los alcances de instancias participativas que
podrían ayudar a conseguir efectos terapéuticos sin ser directa y propiamente terapias13,
así como movilizar nuevos imaginarios en torno a los cuidados comunitarios y el
bienestar colectivo en la sociedad contemporánea.

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En primera persona: autoorganización ciudadana y


experiencias asociativas en salud mental

A lo largo de las décadas de 1960 y 1970 diversas luchas de liberación frente a los
poderes establecidos comenzaron a adquirir protagonismo en la esfera pública. En
Estados Unidos, el movimiento negro por los derechos civiles y contra la segregación
racial, los grupos de autoconciencia feminista, las organizaciones de la diversidad
sexual y el Movimiento de Vida Independiente en el campo de la discapacidad dieron
cuenta de innovadores procesos de fortalecimiento colectivo y participación política14.
En este contexto, también surgen iniciativas para promover la libertad de la coerción
del sistema psiquiátrico junto con demandas de justicia social. Es así como nace el
movimiento de expacientes o sobrevivientes de la psiquiatría dedicado a entregar
información sobre derechos en los recintos de salud mental, realizar campañas
contra las prácticas abusivas de la psiquiatría, impulsar reformas legales a nivel local y
desarrollar servicios dirigidos por usuarios15.
En diversas ciudades de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra se desarrollan
experiencias asociativas de usuarios y exusuarios para compartir sus vivencias en
el sistema de salud mental y desplegar acciones de resistencia contra la opresión
psiquiátrica16-18. Específicamente, a comienzos de 1970 en Estados Unidos emergen
diversas agrupaciones lideradas por sobrevivientes de la psiquiatría, quienes
organizaban reuniones y manifestaciones para promover cambios en el sistema de
salud mental. Entre las más relevantes cabe mencionar el Insane Liberation Front
que nace en 1970 en Portland, el Mental Patients’ Liberation Front en Boston y el
Mental Patients’ Liberation Project en New York en 1971, así como la conformación
del periódico Madness Network News en San Francisco en 1972. Al otro lado del
Atlántico, el Mental Patients Union formado en Londres en 1973 nace de la idea que
las personas que han recibido diagnósticos psiquiátricos necesitaban un sindicato para
luchar contra la represión política y el control social de la psiquiatría.
Así, organizaciones y redes de apoyo local iniciaron acciones de protesta y
movilización de recursos legales por la defensa de derechos, con base en la denuncia
de prácticas como el electroshock, las internaciones involuntarias y el tratamiento
psiquiátrico forzoso enfatizando que los expacientes o sobrevivientes de la psiquiatría
podían hablar con voz propia y representar sus intereses19,20. Junto con ello, este
movimiento desarrolló redes de apoyo informal centradas en los principios de la ayuda
mutua y el intercambio entre iguales para abordar necesidades compartidas, en sintonía
con las acciones que formaban parte de los movimientos de liberación de la época21.
Al respecto, en el ámbito de la diversidad sexual, surgen organizaciones dedicadas
a proporcionar espacios de refugio y apoyo a la juventud queer en situación de
exclusión social22. En el campo de la diversidad funcional, se desarrollan los Centros
de Vida Independiente, dirigidos y controlados por personas con discapacidad con
el fin de entregar apoyos y cuidados entre pares, siendo el origen de la figura de
asistencia personal para la vida en comunidad23. En la misma línea, el movimiento
de expacientes o sobrevivientes de la psiquiatría comenzó a implementar sistemas
comunitarios de apoyo mutuo favoreciendo la construcción de redes de autodefensa
y contención entre pares.

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Específicamente, los denominados servicios dirigidos por usuarios24 se originan


cuando las personas usuarias y exusuarias del sistema psiquiátrico se reúnen para
superar el estigma y el aislamiento, compartir sus problemas, hablar sobre sus
necesidades no cubiertas y reflexionar sobre el tipo de ayuda que les resulta realmente
útil. De esta forma, surgen iniciativas destinadas a otorgar apoyo emocional
continuado, acceso a la educación, alternativas residenciales y vías de salida del sistema
de salud mental, evidenciando sus fallas y contradicciones. Una de las más relevantes
fue el Mental Patients Association (MPA) en Vancouver, Canadá que implicó la
conformación de centros sociales basados en el trabajo voluntario y el apoyo mutuo25.
Del mismo modo, en el Reino Unido surge la red informal de activistas “People Not
Psychiatry”, organización que desarrolló un experimento de vida comunitaria y ayuda
mutua sostenida por sus integrantes en una vivienda recuperada26.
En consecuencia, el movimiento de expacientes o sobrevivientes de la psiquiatría
enfatizaba la importancia de desarrollar procesos de concienciación favoreciendo la
creación de comunidades sostenidas en la ayuda mutua. Uno de los principios básicos
de estas iniciativas refería a comprender que las personas que han recibido diagnósticos
psiquiátricos son capaces de ayudarse a ellas mismas y entre sí. Por lo tanto, en los
centros autogestionados pueden verse desde un rol diferente al asignado en el sistema
de salud mental, en la medida que sus experiencias son comprendidas como reacciones
normales ante las tensiones de la vida real, pueden hablar sobre el significado de
dichas experiencias con sus pares y compartir estrategias de afrontamiento bajo un
modelo de apoyo entre iguales25. Del mismo modo, de acuerdo con la naturaleza
voluntaria del apoyo mutuo, los miembros son libres de involucrarse con el grado de
contacto y participación que ellos elijan, contribuyendo a promover la autonomía y la
autodeterminación en las modalidades de ayuda25.
Para Chamberlin21 una de las características de los grupos de apoyo mutuo era la
exclusión de las personas sin experiencia vivida, conformando espacios separatistas con
el fin de evitar la influencia y cooptación de los profesionales de la salud mental. A su
vez, estas iniciativas implicaban el desarrollo de relaciones y vínculos para promover
la calidad de vida y recuperar derechos de ciudadanía, permitiendo a las personas que
han recibido diagnósticos psiquiátricos recuperar el control efectivo de las decisiones
que afectan sus propias vidas. Por otra parte, Chamberlin25 sostenía que los procesos
de concientización no constituían una forma de terapia en la medida que los espacios
de apoyo mutuo permitían cuestionar las narrativas biomédicas y la experticia de los
funcionarios sanitarios.
En definitiva, el movimiento de expacientes o sobrevivientes de la psiquiatría
transitó desde la conformación de agrupaciones para compartir experiencias de
abuso y violencia en el sistema de salud mental, así como de marginalización y
estigma en el escenario social, hacia la creación de servicios alternativos, dirigidos
por personas con experiencia vivida para darse mutuamente lo que el sistema
psiquiátrico no era capaz de entregar. Ese fue el origen de las modalidades de
apoyo comunitario para resistir y desafiar la autoridad psiquiátrica, convirtiendo la
experiencia personal en acción política.
Los alcances de este movimiento siguen vigentes a nivel global, expresando
la importancia de la voz en primera persona en el campo de la salud mental27. Al

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respecto, la conformación de grupos de apoyo mutuo en la actualidad evidencia que


las prácticas asociativas y las redes de solidaridad constituyen una fuerza relevante en la
salud mental contemporánea28.

Metodología

La presente investigación se desarrolla bajo una aproximación cualitativa, perspectiva


que indaga en la manera en que las personas construyen el mundo a su alrededor y los
significados que le otorgan, resguardando las particularidades de los contextos sociales29.
A su vez, desde un enfoque etnográfico se propone producir información sobre las
interacciones sociales acontecidas entre los actores de una comunidad30. De acuerdo con
Graeber31 cuando se realiza una etnografía, “se observa lo que la gente hace, tratando
de extraer la lógica simbólica, moral o pragmática que subyace a sus acciones, se intenta
encontrar el sentido de los hábitos y de las acciones de un grupo” (p. 24).
La propuesta metodológica se adscribe a una investigación etnográfica
comprometida en la medida que el proceso de observación participante se realiza desde
una posición de colaborador de la agrupación comunitaria estudiada. De esta manera,
se desarrolla una actitud de escucha e implicación en sus actividades cotidianas,
favoreciendo procesos de (auto)reflexión constante sobre los significados presentes
en la vida social. Al respecto, se propone “observar a aquellos que están creando
alternativas viables, intentar anticipar cuáles pueden ser las enormes implicaciones de
lo que – ya – se está haciendo, y devolver esas ideas no como prescripciones, sino como
contribuciones, posibilidades, como regalos”31 (p. 24).
El campo como un ámbito en el que interactúan sujetos, se comparten significados
y se explicitan múltiples prácticas sociales y simbólicas32 corresponde a las reuniones
del colectivo “Autogestión Libre-mente” realizadas entre los años 2016 y 2018. Estas
reuniones se llevaron a cabo una vez a la semana en las dependencias de una librería
y centro social ubicado en el centro cívico de la ciudad de Santiago. A las reuniones
asistieron personas con experiencia vivida en salud mental, profesionales que se
consideran aliados del movimiento loco, estudiantes universitarios de carreras de las
ciencias sociales y de la salud, trabajadores de la salud mental, familiares y amigos de
usuarios de servicios de salud mental, así como cualquier persona interesada ya que
constituía un espacio gratuito y abierto a la comunidad, sin barreras de acceso. Con
un promedio de asistencia de 15 personas (hombres y mujeres, mayores de edad,
de diferentes sectores de la ciudad en su diversidad territorial y socioeconómica) las
reuniones tuvieron una duración de tres horas.
A partir del despliegue de la observación participante y registros etnográficos
procedentes de actividades y acontecimientos relevantes, la estrategia de análisis de
datos corresponde a una sistematización y clasificación del material con el propósito de
elaborar una escritura temática y de relaciones conceptuales que permita reconstruir
la experiencia colectiva32. Sobre los aspectos éticos, se solicitó el consentimiento
informado de la agrupación para desarrollar el estudio y presentar los resultados de la
investigación, con el fin de promover la conformación de organizaciones en primera
persona en el campo de la salud mental.

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Según las orientaciones señaladas, a continuación, se describen las prácticas de


apoyo mutuo y activismo comunitario en salud mental que ha desarrollado el colectivo
“Autogestión Libre-mente”.

Prácticas de apoyo mutuo y activismo comunitario del


colectivo “Autogestión Libre-mente”

En este apartado, se presentan las matrices analíticas de la información obtenida en


el trabajo de campo con base en una exposición narrativa de las formas de participación
que caracterizan al colectivo “Autogestión Libre-mente”.

Asociación voluntaria y relaciones de horizontalidad

Al inicio de cada instancia de encuentro, se desarrolla lo que se denomina


“miscelánea” que es una conversación libre, antes de decidir quién va a facilitar la
reunión. Una práctica establecida es que una persona con experiencia vivida se ofrece
de manera voluntaria, o puede ser propuesta por los asistentes, para desarrollar las
labores de recopilar los temas a abordar en la reunión, tomar nota de los turnos de
palabra y moderar la conversación. Lo anterior representa un ejercicio de rotación en
las labores de facilitación grupal. Cualquier asistente puede proponer temas para ser
tratados en la reunión, los que se anotan en una pizarra y quedan en un lugar visible.
En términos generales, cuando asisten personas por primera vez, el primer punto de
la tabla se denomina “presentaciones” y alude a estas personas para que se presenten
de forma voluntaria y comenten los motivos de su participación en el espacio. Los
demás puntos de la tabla son variados y en cada reunión refieren a temas emergentes
que surgen por parte de los asistentes. Al término de la sesión se les solicita de manera
voluntaria a las personas que asistieron por primera vez que expresen que les pareció la
reunión y cómo se sintieron en el espacio.
Para el desarrollo de las reuniones, el colectivo “Autogestión Libre-mente” no ha
definido reglas sobre el funcionamiento interno ni tampoco normas que regulen el
trabajo en común. Sin embargo, si se perciben unos lineamientos éticos concretos y
compartidos. Al respecto, predomina la costumbre de no interrumpir a quien habla,
la escucha atenta y resguardar los turnos de palabra que favorecen un ambiente de
respeto. Otro aspecto importante refiere a que no hay temas prohibidos para abordar
en la conversación grupal, todas las opiniones son permitidas y la asistencia a las
reuniones es libre y voluntaria, por lo tanto, cualquier persona puede abandonar el
espacio, aún sin dar explicaciones, así como volver cuando quiera. A su vez, es habitual
durante las reuniones, compartir té, café y galletas que se ubican en una mesa al centro
de la sala para que cada persona se pueda servir. Estos insumos se recaudan a partir de
donaciones de los asistentes. Otra costumbre es la recaudación de una cuota de 500
pesos, que se cobra al inicio o al final de la reunión por una persona a cargo de guardar
el dinero y llevar las cuentas. Esta cooperación es voluntaria y los recursos se invierten
en insumos y materiales para las acciones del colectivo (impresión de afiches, compra de
lienzos, pinturas y pinceles, entre otros).

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Un aspecto relevante con relación a la ausencia de reglas formales apunta a que no


hay criterios de membresía en la organización y no hay personas a cargo del espacio,
en la medida que cualquier persona que asista a las reuniones puede sentirse parte
del colectivo. En una ocasión, uno de los participantes más activos del grupo puso
como punto en la tabla la invitación a asistir a un programa radial para compartir el
trabajo de la agrupación. Al respecto, una persona con experiencia vivida que asistía
por primera vez a la reunión se ofreció a acudir a la radioemisora, lo que fue aceptado
por los asistentes del espacio. Lo anterior, refleja que el colectivo “Autogestión Libre-
mente” no es una organización formal tradicional donde se definen requisitos de
incorporación y se elige una directiva. Por el contrario, es un espacio en el que no se
observan estructuras jerárquicas ni estatus diferentes entre los integrantes del grupo, lo
que permite poner en valor el compromiso y motivación de las personas que asisten a
las reuniones, en igualdad de condiciones, como portavoces del colectivo.

Unidad en la diversidad y búsqueda de consenso

En el marco de la diversidad de participantes del colectivo “Autogestión Libre-


mente”, se resguarda el derecho a disentir y discutir abiertamente, en la medida
que las personas se sienten libres para manifestar lo que piensan. Una muestra de la
pluralidad de visiones que confluyen en el espacio refiere a que se reúnen personas que
están a favor del consumo de fármacos psiquiátricos y personas que no promueven su
utilización. La siguiente escena ilustra la convivencia de opiniones confrontadas sobre
este punto en el espacio grupal: en una reunión se aplaudió a una persona que comentó
que había dejado de consumir psicofármacos luego de un proceso de discontinuación
que había iniciado meses atrás y acto seguido, una persona le entregó medicamentos
psiquiátricos a otra compañera que le había solicitado ese encargo, ya que se le habían
terminado. De esta manera, en el colectivo “Autogestión Libre-mente” no se excluye
a las personas que toman psicofármacos, sin embargo, no se naturaliza su ingesta,
se comparte la importancia de la discontinuación y en las reuniones se promueve
la libertad y la autonomía de las personas respecto al tratamiento farmacológico,
valorando y resguardando la decisión personal de cada integrante respecto a este asunto.
Como instancia de reflexividad entre pares, las temáticas planteadas se abordan
a partir del reconocimiento de caminos alternativos, resguardando el pluralismo y
la diversidad de perspectivas. Lo anterior, propicia la construcción de un clima de
confianza para compartir experiencias íntimas, socializar saberes y emprender acciones
conjuntas. En dicho entramado comunitario, se salvaguarda el protagonismo de las
personas con experiencia vivida, evitando que las personas que no han tenido esta
experiencia se apropien del espacio o del uso de la palabra con intervenciones basadas
en corrientes teóricas como la antipsiquiatría.
Otro aspecto importante del colectivo “Autogestión Libre-mente” refiere a la
capacidad de mediación de las diferencias, la apertura a no negar los conflictos y
aceptarlos como parte del espacio grupal. Lo anteriormente descrito se ve reflejado
en que las personas que asisten a las reuniones participan en igualdad de condiciones
en los procesos de toma de decisiones. En términos generales, predomina la toma de
decisiones por consenso, en la medida que se favorecen procesos de acuerdo mutuo

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y síntesis para alcanzar convenios. Si bien se resguarda un tiempo necesario para el


debate y se buscan los puntos comunes, las discusiones no son demasiado extensas,
no se pospone su cierre ni se clausura el proceso. Junto con ello, los mecanismos
consensuales integran el derecho a disentir. En más de una ocasión se visualiza que si
una propuesta o invitación dirigida a la agrupación no es apoyada colectivamente, en
todos los casos se reconoce la posibilidad de participar a título personal, por lo tanto,
no se restringe la participación individual. A su vez, no se utiliza la votación mayoritaria
para decidir sobre algún aspecto discutido en las reuniones. Así, a pesar de las visiones
confrontadas sobre algunos asuntos predomina la búsqueda del consenso como
proceso de síntesis en la diversidad y el reconocimiento de la autonomía individual
frente a las decisiones colectivas.

Lazos de reciprocidad y desprofesionalización de la salud


mental

Durante las reuniones del colectivo “Autogestión Libre-mente” se abordan dos


campos temáticos en la conversación grupal. Por un lado, se comparten experiencias
personales en torno a la locura, la psiquiatrización, los diagnósticos y tratamientos en
el sistema de salud mental, así como las formas de abuso y violencia que se expresan en
los entornos de atención. Por otro lado, se proponen acciones políticas a desarrollar
por la agrupación, como son la organización de las jornadas de protesta contra el
electroshock33 y las marchas del Orgullo Loco5, entre otras actividades que se realizan
de forma anual. De esta manera, las personas que asisten a las reuniones ponen en
común sus experiencias y son devueltas en los mismos términos por otros miembros
del grupo. Este espacio de encuentro permite tomar la palabra configurando otras
formas de estar juntos, desplegando prácticas de activismo comunitario para enfrentar
estas problemáticas compartidas.
Respecto al primer campo temático, las reuniones del colectivo constituyen
un espacio de libre expresión de la emocionalidad para poner en común temores
y preocupaciones sin ser juzgado. Para ello, la persona que toma la palabra puede
explayarse sin restricciones de tiempo, recibiendo preguntas por las personas asistentes
que permitan profundizar en lo planteado, resguardando a su vez el derecho a no
responder si la persona no lo desea. De esta forma, se desarrolla un ambiente de
colaboración y empatía entre pares, centrado en el reconocimiento de estrategias de
afrontamiento y el entendimiento compartido de recursos para modificar situaciones
percibidas como injustas. Así, las reuniones permiten sostener sentidos de pertenencia
y vinculación afectiva con base en la compañía y la mutualidad. “Lo que no se puede
solo, se puede en grupo”, asegura Rodrigo, un participante del espacio.
Sin embargo, los alcances e implicancias del apoyo mutuo han sido discutidas al
interior del colectivo. En una oportunidad, una participante con experiencia vivida
mencionó la importancia de que una persona que esté transitando por alguna
dificultad emocional entre período de reuniones, pudiera recibir apoyo por parte de
la agrupación. Al respecto, se propuso activar un “protocolo” de actuación con la
conformación de una dupla “psicólogo(a)-loco(a)” para atender las necesidades que
presente la persona. Esta propuesta generó un debate sobre la prioridad de contar con

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un profesional para abordar situaciones de crisis subjetivas. También se cuestionó


por qué debería haber personas “a cargo” de atender dichas situaciones, en la medida
que cualquier integrante que ha necesitado apoyo lo ha solicitado directamente con
quienes tiene mayor afinidad y cercanía, por lo tanto, no deberían establecerse roles
estandarizados de ayuda. De esta manera, se planteó como alternativa un “protoloco”
que refiere a que las personas que estén disponibles a ayudar lo manifiesten y las
personas que necesiten apoyo se comuniquen con ellas si así lo desean. En ese
proceso, los profesionales que asistían al espacio no se ofrecieron a asumir esos roles,
resguardando la importancia del apoyo entre pares.
Lo anteriormente referido presenta importantes componentes. En primer lugar,
las dificultades emocionales que pueden presentar los participantes de las reuniones
se asumen como un problema colectivo que puede ser abordado bajo condiciones
de horizontalidad. En segundo lugar, se establecen relaciones de reciprocidad en la
medida que las personas que reciben apoyo también en su momento pueden otorgarlo
y viceversa. En tercer lugar, el debate propuesto permitió valorar la importancia de
relaciones entre iguales, rompiendo estructuras jerárquicas de asistencia basadas en el
acompañamiento profesional. Finalmente, las necesidades de apoyo y las modalidades
de ayuda se atendieron sin delegación de poder, promoviendo la responsabilidad e
involucramiento de todos los participantes, reconociendo también la implicación de las
personas con experiencia vivida para ponerse a disposición de las personas que puedan
necesitar cuidados. Este ejercicio contribuye a que las personas no se perciban en todo
momento como receptoras de ayuda, sino también como facilitadoras. De esta manera,
el apoyo entre pares es asumido de forma colectiva, con base en relaciones solidarias,
resguardando la preocupación genuina y el cuidado mutuo.

Activismo comprometido y movilización comunitaria

Un aspecto vinculado a las herramientas concretas de organización refiere a un


estilo o forma de resolver los asuntos vistos en las reuniones que los participantes
definen como “A lo libre-menteee”, proporcionando un lugar para el humor y la
creatividad. Lo anterior da cuenta de un mecanismo de abordaje de las temáticas
discutidas con apertura a la flexibilidad, sin ideas fijas ni postulados inamovibles con
base en el reconocimiento de que cada situación se resuelve de forma espontánea y
situada, involucrando pragmatismo y originalidad. Los ejemplos de este modo de
hacer son múltiples y variados, sin embargo, cabe mencionar una práctica que se
desarrolló durante algunas semanas como estrategia de apoyo a una compañera que
estaba transitando por problemas económicos. Lo anterior, consistía en organizar una
rifa solidaria con el objetivo de recaudar fondos. Esta manera festiva de entregar un
apoyo monetario permitía salir de las lógicas de caridad y las relaciones paternalistas
entregando un componente lúdico a esta forma de cooperación durante las reuniones.
Finalmente, en el colectivo “Autogestión Libre-mente” las expresiones de apoyo
mutuo no se separan, ni se distancian del activismo social y la acción política en
el espacio público. Por el contrario, en las reuniones se aborda la preparación de
talleres, debates o charlas, así como la organización de manifestaciones, marchas y
concentraciones. Así, los espacios de encuentro semanal se constituyen como una

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instancia de asamblea para compartir puntos de vista y tomar decisiones respecto a


las iniciativas del movimiento loco. La manera en cómo se abordan estos asuntos es
relevante, ya que la discusión de los temas, el desarrollo de las propuestas y las líneas
de trabajo que se definen, se interrelacionan con las modalidades de apoyo mutuo que
desarrolla el colectivo.
En particular, la periodicidad de las reuniones permite que los procesos personales
que se socializan en el espacio no se posterguen en preferencia de las tareas y acciones
propuestas, más bien se acoge la singularidad de cada persona para potenciar el trabajo
colectivo, aportando cada cual lo posible dentro de su situación emocional. De esta
forma se resguarda la importancia que cada integrante posea las mismas posibilidades
de acción y aportación, sin embargo, también se reconoce que cada persona posee sus
propios tiempos y se legitima que cada cual pueda aportar al activismo desde su lugar.
Por lo tanto, en la medida que las reuniones son informativas y resolutivas se logran
conjugar los ritmos personales y colectivos, favoreciendo una coherencia y continuidad
entre la acción política, el apoyo entre pares y el autocuidado. “Libre-mente es la mejor
terapia, sin ser una terapia”, señala Carlos, uno de sus integrantes.

Consideraciones finales

El colectivo “Autogestión Libre-mente” desarrolla prácticas de apoyo mutuo


y activismo comunitario en salud mental con rasgos particulares en el Chile
contemporáneo. Si bien esta iniciativa no se constituye como un espacio separatista y
excluyente, como se ha descrito en la tradición de apoyo entre pares del movimiento de
expacientes o sobrevivientes de la psiquiatría, se establecen dinámicas propias donde se
favorece el protagonismo en primera persona en las actividades del colectivo.
Las reuniones que desarrolla la agrupación se caracterizan por la diversidad de
sus participantes y la pluralidad de las temáticas que se abordan, no obstante, en
esta heterogeneidad se observan valores comunes: horizontalidad, ayuda mutua,
asociación voluntaria, autogestión comunitaria, rechazo a la jerarquía profesional,
toma de decisiones por consenso, reciprocidad y solidaridad. La configuración de
estos elementos se condensa en formas más plenas de participación en que los papeles
son iguales e intercambiables: cuando unas personas lideran siempre, se pierde la
horizontalidad, por lo tanto, la rotación de tareas limita la consolidación de roles
de poder. Por otra parte, cuando se cede en todo momento, sin discusión, no hay
trabajo asambleario, por lo tanto, la mediación y el consenso se encuentran en el
centro del hacer en común. Así, las personas con experiencia vivida que participan
de “Autogestión Libre-mente” pueden transitar desde una posición de pasividad y
dependencia en los servicios de salud mental, hacia un espacio de apoyo emocional
donde se promueve la capacidad de ayuda entre pares y el reconocimiento de su acción
colectiva como expertas por experiencia.
De esta manera, “Autogestión Libre-mente” representa una iniciativa en que
predominan otros modos de cuidado y bienestar para generar apoyos y actuar
políticamente en el campo de la salud mental. En este punto, se diferencia de otras
agrupaciones de autoayuda que nacen al interior o en las fronteras del sistema sanitario,

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en la medida que el colectivo se desarrolla al margen de la tutela, impulso o patrocinio


de la institucionalidad. A su vez, el modo democrático deliberativo en el que las
decisiones son discutidas y elaboradas en las reuniones, así como la acogida y escucha
entre pares, da cuenta que estas labores no han sido delegadas a la forma Estado.
En este sentido, las prácticas del colectivo “Autogestión Libre-mente” permiten
repensar un modelo de salud mental comunitaria más allá de las intervenciones y
formas de asistencia centradas en la labor especializada de técnicos y profesionales.
En específico, esta experiencia implica un cuestionamiento a los intentos de las
instituciones por monopolizar funciones relacionadas con la producción de la salud
mental, para comprender que los servicios de salud deberían venir después de lo que la
comunidad puede y quiere hacer34. Al respecto, en un contexto de aislamiento social y
dependencia forzada de sistemas hostiles, el apoyo mutuo se vuelve un acto radical35.
Por otra parte, el desarrollo de manifestaciones y acciones de protesta contra los
abusos de la psiquiatría es una de las expresiones en que el activismo comunitario
puede ser “terapéutico”. Esta figura permite valorar la dimensión afectiva y relacional
en el ejercicio de la militancia. En efecto, estas instancias de sostenimiento colectivo
contribuyen a una valoración de la interdependencia y el cuidado entre pares en los
procesos políticos.
Por último, la experiencia del colectivo “Autogestión Libre-mente” enfatiza la
importancia de la reconstrucción del tejido social y la reconexión de las personas en
relaciones recíprocas basadas en sus capacidades, no en sus déficits36. De esta manera,
las acciones de esta agrupación dialogan con una comprensión de los movimientos
sociales dirigidos a crear espacios de libertad, de participación, de gestión conjunta de
los asuntos sociales37. Y en términos ampliados, la organización abordada forma parte
del crisol de experiencias latinoamericanas que se asientan en la creación y producción
de relaciones sociales de nuevo tipo, no capitalistas, basadas en el autogobierno, la
autodeterminación y la convivencia comunitaria38-40.
Si bien la iniciativa estudiada se orienta a la constitución de micro órdenes
locales, permite aproximarse a prácticas cotidianas frecuentemente eclipsadas por
la intervención institucional. Al respecto, los alcances de este estudio refieren a un
relato escrito sobre lo vivenciado y acontecido luego de una presencia prolongada en
el campo, sin embargo, se plantea profundizar en las narrativas de las subjetividades
participantes, involucrándolas en futuros procesos de investigación y escritura en torno
a esta experiencia. Con todo, estas expresiones de autonomía en el campo de la salud
mental permiten transitar hacia formas de organización creativas y mundos diferentes,
más allá del sistema capitalista y la estructura estatal, en la sociedad contemporánea.

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Agradecimientos
A las personas que participaron de las reuniones del colectivo “Autogestión Libre-mente”
quienes hicieron posible este artículo y siguen construyendo en sus prácticas cotidianas la
sociedad futura en el presente, sin detenerse a esperar un porvenir mejor.

Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.

Derechos de autor
Este artículo está bajo la Licencia Internacional Creative Commons 4.0, tipo BY
(https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/deed.es).

Editora
Simone Mainieri Paulon
Editor associado
Deivisson Vianna Dantas dos Santos

Presentado el
26/03/22
Aprobado el
17/02/23

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Locura sin Estado: prácticas de apoyo mutuo y activismo comunitario... Madrid JCC

Abstract
This text approaches the invention of other ways of well-being and care around needs not covered
by the mental health system. Through an ethnographic approach, the practices of community
activism and mutual support of the collective “Autogestión Libre-mente” are studied, a group from
Santiago de Chile that holds weekly meetings under the principles of voluntary association and peer
support. The values of horizontality and reciprocity as axes of shared work imply a strong political
content and a “therapeutic” sense, without the latter being the explicit purpose of the activities they
organize. Around this experience we reflect on the implications of the assembly methodology and
deliberative democracy in the configuration of new forms of mental health from the community in
the contemporary scenario.
Keywords: Mental health. Mutual support. Community. Self-management.

Resumo
Este texto aborda a invenção de outras formas de bem-estar e cuidado em torno de necessidades
não cobertos pelo sistema de saúde mental. Através de uma abordagem etnográfica, são estudadas
as práticas de ativismo comunitário e apoio mútuo do coletivo “Autogestión Libre-mente”,
um grupo de Santiago do Chile que realiza reuniões semanais sob os princípios de associação
voluntária e apoio entre pares. Os valores da horizontalidade e da reciprocidade como eixos de
trabalho partilhado implicam um forte teor político e um sentido “terapêutico”, sem que este seja
o propósito explícito das atividades que organizam. Em torno dessa experiência, refletimos sobre
as implicações da metodologia assembleia e da democracia deliberativa na configuração de novas
formas de saúde mental da comunidade no cenário contemporâneo.
Palavras-chave: Saúde mental. Apoio mútuo. Comunidade. Autogestão.

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