OPERACIÓN BARBARROJA
El día 22 de junio de 1941 el ejército alemán sin una previa declaración de guerra invadió
la Unión Soviética penetrando rápidamente en dirección a Leningrado, Moscú y Kiev, Al
mando de los mariscales de campo Von leeb, Von Bock y Von rundstedt. El mismo día
Molotov expresaba la sorpresa de los dirigentes rusos con estas palabras dirigidas al
pueblo soviético un acto de perfidia sin precedentes en la historia de las naciones
civilizadas.
Hitler había decidido atacar a Rusia el 18 de diciembre de 1940 cuando comunicó a los
estados mayores un plan completo en tal sentido la operación recibió el nombre cifrado de
Barbarroja y realmente hizo honor a su nombre pues hasta las barbas de los hombres se
tiñeron de sangre. La famosa orden 21 empezaba diciendo los ejércitos alemanes han de
estar preparados para vencer a la Rusia soviética en una campaña rápida (operación
Barbarroja), incluso antes de la terminación de la guerra con Inglaterra. Efectivamente,
durante el invierno y el otoño de 1941 los preparativos de la Wermatch (fuerzas armadas
unificadas de Alemania) y de la Luftwaffe (fuerza aérea creada en 1924) se aceleraron
lebrel mente.
Un día antes de la invasión el ministro de la Relaciones Exteriores Von Ribbentrop se
reunía con sus más íntimos colaboradores de Wilhelmstrasse. El hombre que 21 meses
antes había regresado de Moscú con el pacto de no agresión germano soviético en el
bolsillo y declararó: “el tratado con Stalin nos guarda las espaldas e impedirá que estalle
una guerra de dos frentes que ya una vez costó Alemania su ruina. Considero este pacto
como la coronación de mi política exterior”. Afirmaba ahora con vos firme y marcando bien
las sílabas “El fuhrer tiene noticias de qué Stalin marcha contra nosotros para atacarnos
en un punto favorable”. Años más tarde en mayo de 1945 el propio Stanley reconocería a
Harry Hopkins el emisario especial de Roosewelt “nosotros llegamos a confiar en ese
hombre” qué fuera cierto o no es lo de menos el hecho es que las fronteras estaban
desguarnecidas y los tanques de Hoth y Guderian se plantaron en una semana ante las
mismas puertas de Moscú.
En 1941 el Tercer Reich se hallaba en la cumbre de su
poder. Hitler decidió lanzarse a la conquista de Rusia, para hacerse con
sus recursos y eliminar a un amenazador rival. La derrota de la Unión
Soviética supondría el triunfo final de la Alemania nazi, pero el plan del
Führer no salió como él esperaba.
El alto mando alemán, y en concreto Hitler, despreciaban a los rusos, a
quienes consideraban poco más que unos bárbaros. Después de la fácil
conquista de Francia suponían que el dominio de la Rusia europea
(hasta los montes Urales), tan solo les llevaría unos tres o cuatro
meses. Para esta nueva campaña se planteó una ofensiva en tres frentes:
el frente norte atacaría por la costa báltica hacia Lituania y tomaría
Leningrado (actual San Petersburgo), en el centro el ejército se dirigiría
primero a Minsk (Bielorrusia), para luego encaminarse hacia Moscú.
Finalmente el grupo de ejércitos sur atacaría Ucrania, donde se encontraba
el 60% de la industria enemiga, además de su fuente principal de
alimentación. Una vez asegurada esta zona tan productiva se procedería a
tomar la base naval de Crimea y los campos petrolíferos del Cáucaso.
Según los especialistas militares, uno de los errores de este planteamiento,
era que, al dividir la ofensiva entre varios objetivos, se disminuía su
fuerza. Moscú, que era el eje de comunicaciones ruso además de un
importante centro industrial, debería haber sido el foco de un ataque
concentrado, pues con su conquista se habría dividido a la Unión Soviética
en dos partes, fáciles de atacar por separado.
Uno de los errores del ejército nazi fue que al dividir la ofensiva entre
varios objetivos, se disminuía su fuerza.
Por su parte los rusos no disponían de un plan coherente de defensa,
ni tampoco creían que la invasión fuera inminente. Si bien se
concentraron algunos efectivos en la frontera, apoyados por depósitos de
suministros, la mayor parte de fuerzas soviéticas se encontraban
desperdigadas. Al estar los defensores concentrados en una estrecha línea,
se corría el peligro de que fueran envueltos y obligados a rendirse.
¿El este o el Oeste?
Desde el momento en que Hitler llegó al poder comienza el rearme alemán.
En medio del mayor entusiasmo los accionistas de las grandes empresas
industriales acordaban cambiar los nombres de sus fábricas de acuerdo con
la nueva situación. Los Krupp y los Thyssen se convertían en los principales
productores de cañones y tanques del mundo. Los millones de parados eran
reabsorbidos artificialmente por el gigantesco esfuerzo. La propaganda de
Goebbels preparada psicológicamente al pueblo alemán para la guerra.
Las cancillerías europeas estaban convencidas de que tarde o temprano los
nazis atacarían. La única incógnita era la dirección que escogería Hitler para
lanzar su primer golpe ¿El este o el Oeste?
Sobre esta incógnita giraría toda la estrategia diplomática de las naciones
europeas. Ninguna de ellas quería ser la primera víctima.
A principios de 1937 tres grandes grupos de intereses se enfrentaban en el
escenario europeo. En el oeste Francia e Inglaterra con sus enormes
extensiones coloniales de África y Asia; en el centro, la Alemania nazi y sus
aliados del pacto anti-Komintern (Italia, Japón, etc); y por último, en el este,
la Unión Soviética, único país socialista por aquel entonces. A su vez, estos
tres bloques representaban a las tres grandes corrientes ideológicas que en
aquella época movían a los pueblos: la liberal burguesa, la fascista y la
socialista.
Desde octubre de 1935, con la invasión de Abisinia por las tropas italianas,
las agresiones fascistas se suceden sin interrupción. En marzo del 36, el
ejército alemán ocupa la zona desmilitarizada del Rhin. Justo dos años
después las tropas nazis entraban en Viena, imponiendo a la fuerza el
soñado Anschluss de la Gran Alemania. Las democracias occidentales
permanecen silenciosas y aterrorizadas ante las ansias expansionistas del
III Reich. En Múnich se presidente de Stalin y se entrega a Hitler
Checoslovaquia.
En el otoño de 1937, Lord Halifax (el mismo hombre que años más tarde
buscaría el paranoico Hesse en su alucinante viaje solitario a Inglaterra) se
desplazaba a Berlín para explicar a Hitler el deseo del gobierno británico de
llegar cuanto antes a un pacto del Oeste como garantía de la seguridad y el
statu quo en esta parte de Europa. Por su parte, Georges Bonnet, ministro
de Asuntos Exteriores Francés, firmaba en diciembre de 1938, en París, con
Von Ribbentrop, un pacto franco alemán con la esperanza de dirigir el
expansionismo alemán hacia el este. Al día siguiente de entrar los alemanes
en Praga, la Federación de industrias británicas firmaba un convenio en
Dusseldorf con la gran industria alemana, Stalin por su parte era consciente
del terrible peligro que se cernía sobre el primer país socialista del mundo.
Su desconfianza con respecto a las democracias occidentales crecía por
momentos. Aparecía clara la jugada con la que soñaba en las clases
conservadoras europeas, dirigidas por el partido de la Paz de Neville
Chamberlain: un enfrentamiento brutal entre Hitler y Stalin. Al final, con la
autodestrucción de los dos colosos Francia y sobre todo Inglaterra
quedarían como únicos árbitros de la suerte europea.
Sin embargo, el hombre del paraguas tomaba sus deseos por realidades, el
enemigo número uno de Alemania para Hitler como para la Wermatch era
Francia. La invasión de Francia era además la única campaña que podía
unir al pueblo alemán. Alsacia y Lorena estaban clavadas en la conciencia
nacionalista alemana.
EL PACTO GERMANO SOVIETICO
Pero antes de lanzar su fulminante victoriosa campaña de junio contra
Francia, que le abriría las puertas de París, Hitler necesitaba cubrirse las
espaldas. Y a su espalda estaba precisamente Stalin. Olvidando el pato y la
propaganda anti roja de tantos años de Fobia, Hitler buscaba ansiosamente
una entente con Stalin. En la carta que Hitler dirigió Stalin se puede leer “la
conclusión de un pacto de no agresión con la Unión Soviética significa para
mí el establecimiento de unas relaciones para un largo periodo de tiempo”.
Tiene la ciudad de Hitler por recibir una respuesta afirmativa de los rusos
llego hasta el extremo que estuvo a punto de sufrir un colapso. A pesar del
escándalo moral que produciría no pocos demócratas y socialistas europeos
Stalin aceptó inmediatamente, pues ellos significaban según justificó más
tarde, dirigiéndose al pueblo ruso en julio de 1941, “una oportunidad para
preparar nuestras fuerzas de un eventual ataque de los alemanes y significó
además un año y medio de paz para nuestro pueblo” el evitar o por lo
menos aplazar un choque con Alemania era para la Unión Soviética una
cuestión de vida o muerte. Evidentemente Stalin no se fijaba de los
occidentales pues le habían dado motivos para ello. Por otra parte, la
política exterior socialista partía de una situación de aislamiento que duraba
desde la revolución de octubre. No estaba preparada, ni militar ni
industrialmente, para hacer la Guerra. Tenían un segundo frente por la
retaguardia, amenazada por el Japón. Así pues, necesitaba ganar tiempo
como fuera.
Hay que tener en cuenta de más que Alemania no quería la guerra con
Inglaterra. Pero la política nací de agresión a Polonia y Francia impedía
cualquier acuerdo con el imperio británico. En diversas ocasiones sin incluir
el aterrizaje de Hesse a Escocia, los nazis intentaron que los ingleses
permanecieran neutrales. Cuando al terminar el invierno de 1940 a 1941, la
ofensiva aeronaval alemana había fracasado y la operación de invasión de
las islas británicas (operación león marino) había sido definitivamente
abandonada, la diplomacia de Ribbentrop inició un último y desesperado
esfuerzo para entenderse con Churchill, presentándose ante este como los
campeones del anticomunismo intentando convencerle de la necesidad de
llevar a cabo una cruzada para salvar los valores de occidente y la cultura
europea.
Pero ya era demasiado tarde. Al día siguiente de entrar las tropas alemanas
en Rusia, Winston Churchill, después de consultar a los Estados Unidos,
anunciaba por radio en un importante discurso que desde ese momento
Inglaterra era la línea de la Unión Soviética.
Parece evidente concluir, con la perspectiva queda el tiempo transcurrido
desde entonces, que el enfrentamiento de Hitler con las potencias del
occidente europeo se debió a la existencia de profundas contradicciones de
intereses en el seno del mundo capitalista. Los jefes nazis, en el transcurso
del proceso de Nuremberg, insistían Machaconamente en que el verdadero
enemigo no era el fascismo sino el bolchevismo. En el fondo era lo mismo
que Hesse intento decir a Lord Halifax cuando su extraño vuelo a Inglaterra.
Churchill por su parte conocía perfectamente lo que significaba la Unión
Soviética como amenaza continua para el sistema establecido y no tardaría
mucho en lanzar un violento discurso, que iniciaría la guerra fría, bajando el
telón de acero. Pero no es menos cierto que en 1939 hasta 1940, mientras
la Unión Soviética era un peligro potencial, con una industria de guerra
incipiente y poderosas simpatías entre las clases populares de occidente, la
Alemania nazi era una nación armada hasta los dientes, con apetencias de
expansión territorial insaciables, agresivas, es decir, un peligro actual y real.
Fue difícil…
“Cuándo es de frente el más grande de la historia se pongan movimiento no
es de suponer que se persiga como finalidad la terminación definitiva una
guerra o la protección de las tierras afectadas en estos momentos si nos
salvará toda la civilización y cultura europea”. “Soldados alemanes la
existencia de nuestro pueblo está en vuestras manos”. Con el tono de voz y
el alemán patético de las grandes horas trágicas Hitler arengaba a sus
soldados lanzando los al frente del éste.
Uno de los cronistas cuenta de manera realista el comienzo mismo de las
hostilidades sincronizados todos los relojes sus manecillas señalaron de
pronto las 3:15 minutos. En el mismo instante como si hubiese establecido
un contacto eléctrico fulguró en la noche un rayo gigantesco. Se destaparon
las bocas de Fuego de las armas de todos los calibres. Cruzaron el
horizonte los cohetes luminosos de la artillería antiaérea. Como un rodillo
pasó el trueno arrollador por encima de la torre de Volka Dobrynska. El
ulular de las baterías lanzadoras de cohetes se mezcló con el horrendo
tronar de los cañones. Al otro lado del río Bug que servía de frontera desde
el pacto de no agresión surgió un mar de humo y Fuego. La paz había
muerto. La guerra exhaló su primer hedor horrible y funesto.
Desde el principio y a pesar de la inferioridad numérica y material, la
resistencia de los rusos fue encarnizada. Después de la guerra el escritor
Smirnov, publicó un pequeño relato titulado en busca de los héroes de
Brest-Litvosk. En la recogida de material original para su libro Smirnov
encontró en las paredes de la casa metas inscripciones cómo estás “Somos
tres Moscovitas: Ivanov, Stepanchikov y Schuntiaev. Defendemos esta
iglesia y hemos jurado no capitular. Julio de 1941” más abajo dice: Estoy
sólo Stepanchikov y Schuntiaev han caído. Los alemanes han entrado en la
iglesia. Me queda la última Granada de mano, pero no me van a atrapar
vivo”. O esta otra más intelectual: “fue difícil pero no perdimos los ánimos y
morimos”.
Hasta el XX congreso del P.C.U.S no se supo toda la verdad. En aquella
ocasión Krutschev reveló un dato importante “la víspera de la invasión, un
ciudadano alemán atravesó las líneas e indicó que el ejército alemán había
recibido la orden de lanzar la ofensiva contra la Unión Soviética en la noche
el 22 de junio, a las tres de la madrugada, Stalin fue informado
inmediatamente, pero esta advertencia fue ignorada”.
Cómo fueron ignoradas otras advertencias anteriores proporcionadas con
todo el lujo de detalles por diferentes personas. El 3 de abril Sir Strafford
Cripps, embajador de su majestad británica advertía los rusos de las
intenciones nazis. El 6 de mayo los agregados militares soviéticos en Berlín
adelantaban la fecha del día 15 como día de la invasión. El agregado de
prensa de la embajada alemana en el Japón Sorge (el espía del siglo)
transmitía Moscú los por menores de los planes de invasión alemana. Sin
embargo, está lindo creyó a ninguno. Le parecían informaciones demasiado
exactas para ser ciertas. Estaba convencido de qué se trataba de
provocaciones principalmente los ingleses para que se enfrentará con
Alemania. Stalin quería ganar tiempo como fuera. Poner apunto su industria
de guerra. Cualquier gesto de fortalecer las fronteras podría ser tomado
como una provocación por Hitler. En todo caso, sólo se puede comprender
la postura de Stalin si se conoce lo que significaba para los dirigentes rusos
la palabra provocación, después de 20 años de sufrir provocaciones y
aislamiento. A este respecto escribe el Mariscal Jeremenko en sus
memorias “. Stalin como jefe de Estado creía de buena fe en el acuerdo con
Alemania, consideraba que todas las informaciones relativas al inminente
ataque alemán no eran sino mentiras y provocaciones por parte de las
potencias occidentales, a las que suponía deseosas de malbaratar las
relaciones entre la Unión Soviética y Alemania, para traernos a la guerra.
EL PUEBLO RUSO
Uno de los críticos militares más famosos del mundo occidental, el inglés
Liddle Hart escribe en su libro “the soviet army” qué es la salvación de los
soviéticos hay que atribuirla, sobre todo a la resistencia y tenacidad de los
soldados rusos, su espíritu de sacrificio y te son de continuar luchando en
unas circunstancias en que hubiese sucumbidos cualquier ejército
occidental. Adolfo Hitler y sus eminencias del estado mayor no tuvieron en
cuenta es impresionante voluntad de luchar del pueblo ruso.
Menospreciaron al enemigo considerándolo inferior humana y técnicamente.
No creían en su capacidad de recuperación después de haber sufrido, al
principio, tantas derrotas.
Con los alemanes a las puertas de Moscú, Stalin trasladó su gobierno a
Kuibishev y decidió permanecer en la sitiada capital. Se dirigió a su pueblo
en un electrizante discurso en el que afirmó que detrás de Moscú no había
tierra para los rusos.
Pero la verdadera tumba el ejército alemán fue Stalingrado hoy Volgogrado,
Hitler en contra de la opinión de sus generales había ordenado que fuese
conquistada costase lo que costase, y lo que le costó fue la pérdida de la
guerra. La batalla por la ciudad terminó con una tremenda victoria de los
soviéticos. Habían muerto 100,000 alemanes y 91,000 cayeron prisioneros,
entre los que se encontraba el mariscal de campo Federico Von Paulus. A
partir de entonces la contraofensiva rusa fue sistemática, ordenada y llevar
a cabo con una precisión matemática. A principios de 1945, los mariscales
Zhukov y Konlev cerraban la tenaza entorno a Berlín. La resistencia de los
últimos reductos nazis fue verdaderamente épica. Durante 20 terribles días,
nazis y soviéticos combatieron en las calles, en los edificios, en los túneles
del metro.
Sin embargo, la frenética y suicida resistencia nací no pudo contener el
avance ruso hacia los objetivos claves de la capital. El 1 de mayo de 1945,
odiaba la bandera roja en la puerta de Brandeburgo y en el lugar donde
estuvo el Reichtag. De esta forma terminaba el episodio más sangriento de
toda la historia de la humanidad y comenzaba un nuevo periodo para los
hombres. Parte de los acontecimientos vividos por nosotros desde entonces
tienen su origen y su explicación en aquellos acontecimientos que
transformaron la faz de la tierra.
EXCESO DE CONFIANZA
Una muestra de la excesiva confianza alemana es que, solo un quinto de
sus fuerzas disponían de ropa de invierno, ya que se suponía que la
campaña habría terminado para diciembre. En esas fechas, según los
cálculos alemanes, se podría atrincherar al ejército en la nueva frontera
oriental del Reich marcada por el río Volga.
Sin embargo, el primer contratiempo con el que se encontró Hitler a la
hora de poner fecha a la invasión fue la lluvia. Las crecidas de primavera
habían convertido el territorio en un cenagal, lo que obligó a retrasar la
invasión hasta el verano.
Para la operación consiguieron reunir 3.400 tanques y casi cuatro millones
de hombres, que se enfrentaron a 11.000 carros de combate rusos y tres
millones de soldados. El bajo número de efectivos blindados alemanes
se explica por la escasez de combustible, propiciada por el bloqueo
aliado de importaciones de petróleo. El sistema de transporte también
adolecía la falta de efectivos, de hecho pese a la conscripción de miles de
camiones franceses, se tuvo que recurrir a tracción animal.
LA INVASIÓN ALEMANA
La ofensiva se inició el 22 de junio de 1941 con una barrera de artillería
sobre las posiciones rusas, seguida de un ataque aéreo de la Luftwaffe.
Entre los objetivos de los bombarderos en picado alemanes, estaban los
aeródromos enemigos: en ese primer día se destruyeron cerca de 1.100
aviones rusos, lo que aseguró una cobertura aérea indiscutible durante los
primeros meses de la invasión.
Tan solo cuatro días después, el 26 de junio el general Hermann Hoth
llegó a Minsk, capturando a 324.000 rusos y 2.500 tanques que se
rendirían al cabo de poco tiempo. Al mismo tiempo, los ejércitos norte y
sur progresaban de manera similar, rompiendo el frente ruso y tomando
ciudad tras ciudad. El avance del ejército central de Hoth siguió a un ritmo
de 32 kilómetros por día, atravesando la línea de defensa Stalin, y llegando
a Smolensk (a 369 kilómetros de Moscú) el 18 de julio.
Un contraataque ruso para defender la capital se saldó con un nuevo
desastre: más de 300.000 soldados soviéticos fueron cercados en otra
maniobra envolvente y capturada finalmente.
El núcleo de la estrategia alemana lo constituyeron las divisiones
acorazadas, que atacaron usando su famosa blitzkrieg o guerra relámpago:
tras un bombardeo inicial para debilitar la línea enemiga, dos unidades de
tanques rompían el frente en puntos diferentes, atacando las
comunicaciones y envolviendo a los enemigos atrapados en
medio, formando una bolsa con el objetivo de capturar a los soldados
enemigos.
Los alemanes atacaron en grupos de 50 o 60 carros formados en V,
por un estrecho frente de un kilómetro de ancho. Las armas antitanque
rusas se hallaban esparcidas por todo el frente, con lo que los atacantes
solo se tenían que enfrentar a unos pocos cañones, que eran rápidamente
silenciados. Los puntos fuertemente defendidos, como la fortaleza de Brest
simplemente se rodearon, siendo sometidos por la infantería y artillería que
seguía a los tanques. Una vez detrás de las líneas enemigas, las divisiones
blindadas contaban con una fuerza de reconocimiento, formada por
semiorugas y motos con sidecar, que exploraban el país por delante de los
tanques para escoger la mejor ruta y objetivos.
Los anticuados tanques rusos modelo T26 y BT7 sucumbieron, impotentes,
ante la superior potencia de fuego y blindaje enemigos, acabando
completamente masacrados. Los primeros tanques T34, un diseño ruso
moderno y revolucionario, causaron algunos problemas a los alemanes,
pero su número era demasiado escaso para frenar el avance.
LA VOLUNTAD DE HITLER
Pese al éxito del ataque contra Moscú, el dictador alemán estaba
convencido de que Ucrania y Leningrado tenían prioridad, por lo que
desoyendo a sus generales cursó el 19 de Julio la directriz 33. En ella se
ordenaba a los tanques del ejército central reforzar los otros dos
frentes: el general Hoth giraría hacia el norte para asegurar el cerco de
Leningrado, y el general Heinz Guderian se dirigiría al sur para completar la
toma de Kiev, las regiones carboníferas de Ucrania y la conquista de
Crimea.
Hitler ordenó a los tanques del ejército central reforzar
los otros dos frentes, desoyendo a sus generales.
Esta orden debilitó fatalmente al ejército central, que se vio obligado a
frenar su avance sobre Moscú, y dio a los defensores de la capital el
tiempo suficiente para recomponer su ejército con reservistas y preparar
una formidable defensa contra la que, finalmente, se estrellarían los
alemanes.
Aunque con la toma de Kiev se aseguró la rendición de 220.000 rusos
más, los inagotables recursos humanos del enemigo, hacían que fuera
imposible derrotarlo en una guerra de desgaste mientras sus líneas de
comunicación siguieran intactas. Además Rusia consiguió suavizar el golpe
contra la industria ucraniana, se suavizó en cierto modo con el traslado de
fábricas y obreros por tren, desde zonas amenazadas por los alemanes
hasta Siberia, lo que permitió continuar con la producción de armas y
municiones.
Detrás de la línea del frente, la dura represión policial de las fanáticas
SS alemanas y los atentados de grupos partisanos organizados por la
NKVD (la policía secreta rusa), pronto convirtieron a la retaguardia en un
avispero de atrocidades y represalias que impidió consolidar el terreno ya
conquistado y ralentizó el transporte de suministros.
LA BATALLA DE MOSCÚ
Con Crimea sometida y Leningrado bajo un duro asedio, se pudo
reemprender el ataque sobre la capital. Viazma (una importante ciudad en la
carretera que unía Smolensk con Moscú) era atacada por Guderian el 30 de
septiembre, siendo tomada el 20 de octubre con la captura de 500.000
prisioneros por las divisiones envolventes del general Hoth.
Con la puesta en marcha de la directriz 33 se habían perdido más de dos
meses de tiempo, lo cual fue decisivo para el desenlace final de la
operación Barbarroja.
La fatal demora fue crucial. El 15 de octubre y con los alemanes a solo 105
kilómetros de Moscú, una fuerte tormenta junto con la caída de las
primeras nevadas, convirtió las carreteras en lodazales por los que era
imposible avanzar. Gracias a este respiro los rusos consiguieron traer
refuerzos significativos desde Siberia hasta Moscú, incluyendo 1.000
tanques y otros tantos aviones de combate. Al mando de la defensa se
encontraba el hábil general Gueorgui Zhúkov. Con los alemanes hundidos
en el barro, Stalin decidió celebrar el desfile de la Revolución de Octubre el
7 de noviembre como en tiempos de paz, lo que contribuyó a elevar la moral
del ejército ruso.
Una fuerte tormenta junto con la caída de las primeras nevadas,
convirtió las carreteras en lodazales por los que era imposible
avanzar.
En solo un mes, con la llegada del frío, se congeló el suelo y los
alemanes volvieron a atacar el 16 de noviembre. Siguiendo su táctica
habitual, dos grupos acorazados rodearían al enemigo, mientras el ejército
principal atacaba de frente. Pero al contrario que en ocasiones anteriores,
los invasores se encontraron ahora con un fuerte contraataque ruso, que los
hizo retroceder pese a que habían llegado a solo 8 kilómetros de la capital
rusa. Una fuerte bajada de la temperatura el 2 de diciembre terminó de
poner punto final a la batalla, una de las más largas y sangrientas de
la Segunda Guerra Mundial, obligando a los poco preparados soldados
germanos a guarecerse en posiciones fortificadas que sufrirían asaltos a lo
largo de todo el invierno.
La operación Barbarroja abrió un segundo frente para la Alemania
nazi en esta cruenta guerra que se alargaría hasta 1945 y que se
saldaría con millones de muertos entre militares y civiles, y que terminaría
con la victoria de los Aliados frente a las Potencias del Eje.
Aunque con la toma de Kiev se aseguró la rendición de 220.000 rusos
más, los inagotables recursos humanos del enemigo, hacían que fuera
imposible derrotarlo en una guerra de desgaste mientras sus líneas de
comunicación siguieran intactas. Además Rusia consiguió suavizar el golpe
contra la industria ucraniana, se suavizó en cierto modo con el traslado de
fábricas y obreros por tren, desde zonas amenazadas por los alemanes
hasta Siberia, lo que permitió continuar con la producción de armas y
municiones.