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Ensayo Final

El documento resume la relación intertextual entre la Biblia y las obras de Milton y Blake. Discuten cómo Milton toma fragmentos de diferentes partes de la Biblia como base para su poema épico Paraíso perdido, identificando figuras como Satán. Aunque Blake también se basa en la Biblia para Las bodas del cielo y el infierno, su enfoque es más crítico y radical, casi como una parodia de la teoría del genio. Ambos poetas expanden la mitología cristiana, pero Blake lo hace cuestionando más profundamente la estructura
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  • Teología crítica,
  • Personajes bíblicos,
  • Satán,
  • Estructura narrativa,
  • Las bodas del cielo y el infie…,
  • Cuerpo como alma,
  • Teología,
  • Narrativa canónica,
  • Literatura protestante,
  • Desobediencia
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Ensayo Final

El documento resume la relación intertextual entre la Biblia y las obras de Milton y Blake. Discuten cómo Milton toma fragmentos de diferentes partes de la Biblia como base para su poema épico Paraíso perdido, identificando figuras como Satán. Aunque Blake también se basa en la Biblia para Las bodas del cielo y el infierno, su enfoque es más crítico y radical, casi como una parodia de la teoría del genio. Ambos poetas expanden la mitología cristiana, pero Blake lo hace cuestionando más profundamente la estructura
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  • Satán,
  • Estructura narrativa,
  • Las bodas del cielo y el infie…,
  • Cuerpo como alma,
  • Teología,
  • Narrativa canónica,
  • Literatura protestante,
  • Desobediencia

Tema: La Biblia en Milton y Blake

Luis F. Sarmiento

La tradición bíblica más allá de la Biblia: consideraciones sobre el Paraíso perdido y


Las bodas del cielo y el infierno

1.

Sabemos que la voz «Biblia» significa algo así como ‘conjunto de libros’. Con frecuencia
olvidamos, o quizá rechazamos pensar, que la escritura efectiva de los libros de que la
Biblia está compuesta, es de naturaleza histórica. (Imaginar la ejecución sucesiva del libro
dictado por el Espíritu tiene un propósito distinto de la herejía.) La Escritura es, entonces,
antes que un libro, una tradición1. Entre los libros de una tradición hay relaciones de
intertextualidad sin las cuales no se entiende el sentido de agrupar obras independientes
como conjunto, como nueva unidad. Esta manera de entender la Biblia es decididamente no
teológica, o eso diría Barthes, que por ‘lectura teológica’ entiende un tipo de lectura que
concibe la totalidad de un texto como cifra de un mensaje del Autor-Dios. En cambio, la
intertextualidad postula que el texto es un «espacio multidimensional en el cual una
variedad de escrituras, ninguna de ellas original, se mezclan y colisionan». 2 A pesar de lo
dicho por Barthes, veremos a continuación que esta conceptualización moderna no resulta
en exceso extraña a la exegética bíblica.

En «La intertextualidad y la Biblia», Guldemond expone que hay dos paradigmas de


intertextualidad bíblica: cita y alusión. El primero no necesita ser explicado. El segundo
ocurre cuando se utiliza un texto o imagen, o una forma discursiva, proveniente de otro
texto, sin que se mencione su origen. Además, a propósito de la particular intertextualidad
entre AT y NT, Guldemond expone el método de estudio Derash, «que busca e investiga el
completo y contemporáneo significado bíblico». Este método de exégesis tiene al NT como

1
Huelga decir que la Biblia como tradición tiene un carácter dual: se contiene a sí misma y, a la vez, va más
allá de sí.
2
Los últimos tres periodos hacen referencia a un texto de Barthes, citado en Intertextuality de Graham Allen.
La traducción que parafraseo y cito es mía.
centro de gravedad del sentido de la Escritura. Hay tres modelos en este método: el
primero, interpretar al AT como anunciador de una promesa que se cumple en el NT; el
segundo, de inserción o sustitución: el NT reemplaza o amplia, por ejemplo, las cláusulas
de la Alianza con Dios establecidas en el AT; el tercero es el de oposición.

La referencia a Guldemond supone para este trabajo una prótesis teórico-práctica. Uno de
los paradigmas de intertextualidad, alusión, y los modelos de inserción y oposición, son
presupuestos valiosos para considerar la relación entre la Biblia3 y la obra de Milton y
Blake.

2.

Los poemas de Milton y Blake tienen una primera diferencia crucial: las características
genéricas de cada texto. El Paraíso perdido es un poema épico. La miseria que narra no es
humana, como en la Ilíada, sino a través de un procedimiento metonímico. Pues la miseria
humana es apenas una manifestación particular de la miseria espiritual, provocada por la
desobediencia a la autoridad de Dios. Para no decir que Satán, el héroe-villano del poema,
es el centro de al menos los primeros libros del poema, ofrezco esta hipótesis: el verdadero
centro y tema de la obra es la desobediencia.

Del hombre la desobediencia, la primera, y del fruto


De aquel prohibido árbol cuyo deletéreo gusto
rajo al mundo muerte y todos nuestros males,
Más la pérdida de Edén, hasta que un Grande Hombre
Nos curó y recobró la venturosa Sede (…)
(vv. 1-5, Libro I)
El último verso citado parece ser el preámbulo a la aparición de un personaje épico,
protagonista del poema. Pero esto, sabemos, no es así. Sigue:

Canta, oh Celeste Musa, que en la secreta cumbre


Del Horeb, o el Sinaí, inspiraste a aquel pastor,
El primero en enseñar a la escogida grey
3
En principio me refiero a la Biblia en general. No obstante, la aproximación requerirá que enfoque un
género, libro o fragmento de texto específico.
Cómo Cielo y Tierra, en los comienzos,
Del Caos surgieron; o, si el monte de Sión
Te place más y el arroyo Siloé que rápido
Fluía junto al oráculo de Dios, yo desde allí
(vv. 6-12, Libro I)
La inspiración invocada por el poeta es la misma que inspiró a Moisés, que, además de
recibir las ‘Tablas de la Ley’, es el supuesto autor del Pentateuco (los cinco primeros libros
de la Biblia). O sea, el receptor de la ley y del relato. Milton desea que su poema comporte
esos dos elementos, por demás posibles, es decir compatibles, en (y con) la epopeya.

Tu ayuda invoco para mi Cantar aventurado,


Que no con vuelo medio quiere remontarse
Sobre el monte aonio, persiguiendo
Cosas no intentadas todavía en prosa o rima.
(vv. 13-16. Libro I)
El «Cantar aventurado», con que Milton se propone narrar «[c]osas no intentadas todavía
en prosa o rima», demora bastantes versos más en ocuparse de un personaje, de la imagen
de un cuerpo. Tras la invocación a la «Celeste Musa», Milton dice que espera poder
«vindicar la Providencia Eterna» en la «cumbre de este magno argumento». Esto es, el
poeta espera hacer una justificación de la ley divina y su lógica. Del razonamiento de Dios.
Debo insistir en la hipótesis de que el tema central es la desobediencia, pues es gracias a la
tematización de la transgresión original, la de Satán, que el poeta puede aspirar a
representar una imagen de la ley de Dios y de la razón divina. Además, la transgresión de la
ley no solo señala sus límites, también afirma su autoridad.

En principio, la actitud de Milton frente a la Biblia no tiene mucho de particular. La


oscuridad bíblica, esto es, la poca información/indicaciones en el texto y las construcciones
frecuentemente paratácticas4, ha sido campo fértil para el desarrollo de una tradición
literaria extensa de inspiración bíblica. La épica protestante que es el Paraíso perdido sigue
el modelo de ampliación de la mitología cristiana a partir de la focalización de ciertos
pasajes donde la narración canónica no ahonda. Sin embargo, lo primero que debe llamar la

4
Parataxis: Tipo de relación gramatical por la cual se unen dos elementos sintácticos del mismo nivel o
función e independientes entre sí. (RAE)
atención del lector es la profundidad crítica de Milton como lector de la Biblia —sin que se
confunda con el san Benito ideológico que supone el mote de lector crítico hoy día—.

Milton toma pequeños fragmentos de distintas partes de la Biblia, discontinuos y


pertenecientes a libros diferentes, como base de su poema. Ejemplo de la mezcla de pasajes
de la Escritura en Milton es la identificación, sin lugar a ambigüedades, entre la serpiente
del Edén, el Ángel caído (véase Isaías 14, por citar una fuente) y Satán, el enemigo de los
evangelios. A pesar de tratarse de un lector singular, no podemos olvidar que se trata de
uno protestante; un lector católico como Dante, por más singular que sea, respeta todavía la
identidad separada entre la serpiente y Satán, aunque reconoce en ambas figuras
encarnaciones del mal. Además de lo anterior, hago énfasis en el protestantismo de Milton,
pues la profundidad psicológica de la que dota a Satán parece ser un signo de la relación
individual de los protestantes con la Escritura.

3.

El caso de Blake es aún más especial. Si bien el lector de Milton percibe cierta tentación
herética, el poeta no se atreve a más que transgresiones morales. No se decide a agitar la
estructura espiritual. Termina por aceptar la autoridad de la doctrina, misma lógica que
castiga a su Satán en total justicia. Según Harold Bloom, Blake tiene, como Shakespeare y
como Dickinson, la actitud poética de pensarlo todo de nuevo por sí mismo. La sentencia
de Bloom es, como de costumbre, hiperbólica, y además no explica, pero funciona como
intuición.

No es que de golpe me haya olvidado de la intertextualidad. Por supuesto, es imposible


concebir lo alcanzado por Blake desde una perspectiva que casi parodia una exaltada teoría
del genio. Sin el antecedente del Paraíso perdido, como mediador entre el material bíblico
y Blake, es difícil comprender Las bodas del cielo y el infierno. Más cuando la forma
discursiva, las características genéricas de los poemas, los personajes en la obra de William
Blake con frecuencia son préstamos sacados directamente de la Escritura. Y es debido
añadir: la manera en que los otros textos entran en el libro en cuestión es explícita, el poeta
‘deja ver las costuras’, de una forma tan radical que recuerda a los titánicamente
incomprendidos Cantos de Pound.

Antes de continuar, me veo en la obligación de citar en paralelo el ‘prólogo teologal’ del


evangelio de Juan y un fragmento de «La voz del Diablo»:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el
principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido
hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las
tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

(Juan 1, 1-5)

…………………………………………………

Todas las Biblias o códigos sagrados han sido la


causa de los errores siguientes:
1.- Que el hombre posee dos principios reales de
existencia: un cuerpo y un alma.
2. - Que la Energía, llamada Mal, no procede
sino del cuerpo; y que la razón, llamada Bien, no
procede sino del alma.
[…]
Pero los siguientes contrarios son verdaderos:
1. - El hombre no tiene un cuerpo distinto de su
alma. Aquello que llamamos cuerpo es una porción
de alma percibida por los cinco sentidos, pasajes
principales del alma en esta edad.
2. - La Energía es la única vida, y procede del
cuerpo; y la Razón es el límite o circunferencia de la
energía.
(p. 6 y 7, en El matrimonio del cielo y el infierno5)

5
Cito con una versión diferente del título en español porque la cita textual la he tomado de una edición
distinta a la mencionada anteriormente.
Ambos textos están ubicados al principio del respectivo libro del que hacen parte, son una
presentación de la metafísica del libro. El evangelio de Juan inicia con un registro poético a
la vez que filosófico; si el «Verbo» fuera una entidad corpórea desde el inicio, y no
espiritual y luego excepcionalmente corporal, la imagen que se haría el lector sería
simplemente épica. Pero no puede ser solo eso el evangelio. Blake podría, a su vez,
parodiar esa forma de ‘montaje’, como en el siglo XX ya lo harían películas como Star
Wars, pero su obra tampoco puede ser solo eso. «La voz del Diablo» tiene forma, sí, de
tratado filosófico, pero también de tratado político o de constitución de república, puesto
que lo es. Son los principios de una república de la imaginación.

Para entender el poema ya citado de Blake, es necesario traer dos versos del primer poema
de la obra («Argumento»): «Sin contrarios no hay progreso. / (…) razón y energía, amor y
odio son / necesarios a la existencia humana». El poeta no incurre en la demagogia de
apuntar hacia el fin de las contradicciones, sabe, o mejor, cree, que es necesario mantener a
los contrarios juntos, sin el imperativo de reconciliarlos. Blake, como Isaías, puede
permitirse una retórica maniquea, pero esto no quiere decir que su intención sea afirmar un
bando sobre otro, como sí lo hace otro tipo de profeta. Se percibe ironía en la opción del
poeta por el «Mal» y en su insistencia por apuntar la incoherencia entre razón y
energía/deseo en los personajes de los argumentos bíblicos.

El matrimonio del cielo y el infierno es poco menos que la antítesis del evangelio, y sin
embargo, se construye a partir de materiales, no residuales sino reciclados, del texto
bíblico. Si Baudelaire es el poeta de las ruinas del cristianismo, Blake es el poeta que
establece una república independiente dentro del área de influencia del imaginario cristiano.
Es decir, Blake comparte el mundo cristiano, no del todo deteriorado pero sí agrietado, solo
que lo interpreta con una singular ideología espiritual. El poeta no destruye los elementos
que estructuran la espiritualidad cristiana, destruye los significantes y, con ello, las
relaciones entre esos elementos: lo que produce el sentido global de la estructura. Si se
quiere, este procedimiento entraña un deseo de vuelta a la inocencia. Un deseo de ir hasta
antes de la ley, aunque para quien se pase en alto la ironía de Blake, su propuesta
poética/profética acabe en pura antinomia.
Bibliografía

Allen, G. (2021). Intertextuality (3rd ed.). Routledge.


Blake, W. (2002). El matrimonio del cielo y el infierno. Cátedra.
Guldemond, A. (2009). La intertextualidad y la Biblia. Reflexiones Teológicas.
[Link]
Milton, J. (2007). Paraíso perdido (B. Atreides, Trad.).

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