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América Latina: Cultura y Literatura Mestiza

América Latina es una región culturalmente diversa que surgió de la colonización española y portuguesa del continente americano. Aunque el término se usa ampliamente, su definición es ambigua. La región comparte elementos lingüísticos, históricos y culturales comunes, pero también existe gran variación entre los países. Definir con precisión qué constituye América Latina sigue siendo un tema complejo.

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América Latina: Cultura y Literatura Mestiza

América Latina es una región culturalmente diversa que surgió de la colonización española y portuguesa del continente americano. Aunque el término se usa ampliamente, su definición es ambigua. La región comparte elementos lingüísticos, históricos y culturales comunes, pero también existe gran variación entre los países. Definir con precisión qué constituye América Latina sigue siendo un tema complejo.

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América latina en su literatura

CESAR FERNANDEZ MORENO

¿QUÉ ES LA AMÉRICA LATINA?


Hegel, hablaba de América de Norte y América del Sur; la del sur, bajo el
nombre actualizado de América Latina, esta representa una de las ideas mas
dinamias del mundo actual.
Entre las naciones que realizaron el descubrimiento, conquista y
colonización del nuevo continente, tres eran lingüísticamente latinas: España,
Portugal y Francia. En el concepto geográfico, la expresión queda reservada al
subcontinente meridional, básicamente iberoamericano (español y portugués);
en el nuevo, caben también los franceses radicados en América del Norte.
Con respecto a la composición actual de América Latina, es mas
compleja que el simple esquema que subsistía hasta mediados de siglo. El
conjunto original de veintiún países subsiste (Argentina, Bolivia, Brasil,
Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Republica dominicana, Ecuador,
Guatemala, Haití, honduras, México, nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú,
Puerto Rico, el Salvador, Uruguay y Venezuela). Sin embargo, Puerto Rico es
un Estado Libre Asociado a los Estados Unidos y los puertorriqueños tienen
ciudadanía estadounidense. Después de 1960 se han creado cuatro nuevos
países: Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago y Guyana, de lengua inglesa
predominante.
La conquista del siglo XVI aniquilo prácticamente a las grandes
culturas mesoamericanas y andinas, pero, al mismo tiempo, led dio una nueva
vida dialéctica, en cuanto las transformo en un proceso de occidentalización,
afectando a los restantes pobladores de América.
En el interior de la actual América Latina debe destacarse además la
presencia de otro mundo radicalmente no latino: el africano. Los esclavos
retribuyeron a sus amos transmitiéndoles todo lo que pudieron conservar de su
cultura, enseñándoles muchas cosas: desde cantar y bailar hasta luchar por su
libertad.
Esta América africana se hace sentir fuertemente, no solo en esta zona
media, sino en sus fronteras con las otras, es decir, en el norte de América del
Sur y el Sur de América del Norte. Las dos Américas divergentes convergen en
una tercera cultura hasta formar, una solo Afroamerica, un muelle que tiende a
unificar culturalmente las tres Américas geográficas.
AL SUR DE UN RIO
¿Qué es la América Latina? Como modelo de análisis, la América Latina
es una construcción que surge de la investigación, de la comparación y del
cotejo de elementos comunes y diferentes que se presentan en la realidad
social, política, económica y cultural de los países que conforman la región.
Esta unidad se inicia con el descubrimiento por parte de Colón, en 1492, y la
posterior conquista europea que hizo que los pueblos originarios entraran en
contacto y se mezclaran con los colonizadores, creando así una realidad social
y cultural mestiza. La América Latina es una realidad compleja y diversa, que
se manifiesta en distintas formas de producción literaria, que son el reflejo de
esa diversidad social y cultural.
El término "Latina" en América Latina se deriva de la lengua práctica del
Imperio Romano, el latín, que fue adoptado por la Iglesia Católica Romana y se
convirtió en la lengua común de los países cristianos de Europa durante la
Edad Media. Con la llegada de los conquistadores españoles y portugueses a
América, estos impusieron su lengua, el español y el portugués, como lenguas
de colonización y evangelización, y por ello, el latín se convirtió en el referente
histórico y cultural de los países de América Latina. Además, la influencia de
diversas corrientes filosóficas y religiosas europeas, así como la mezcla de
culturas indígenas, africanas y europeas, dio lugar a una nueva identidad
cultural y a la literatura latinoamericana. En resumen, el término "Latina" se
utiliza para referirse a América debido a su pasado de colonización europea y
herencia cultural.
Limites de América Latina: seria toda aquella tierra americana que queda
al sur del rio Grande o Bravo (que marca el limite entre Estados Unidos con
México). Otorgándole al territorio al sur de este cierta “homogeneidad” cultural,
política, social lingüística y religiosa. También podemos distinguir de las
Américas una polaridad histórica, con respecto a lo económico y político; de
países ricos y países pobres. La anglosajona es la rica y la latina, la pobre.
DEL ASOMBRO AL ARTE
Se ha señalado repetidamente los tres incentivos de los españoles a
colonizar América:
1. La reconquista
2. El misticismo misional católico
3. La codicia
El asombro: desde la sorpresa de colon con el territorio “descubierto”, el
asombro, continua en cada uno de los españoles que lo siguieron. Los indios
que fuman son descriptos por los conquistadores como “hombres y mujeres
que pasean fumigándose con un tizón encendido”. Los indios, por su parte,
no entendían ese animal centaurito compuesto de hombre y caballo; se
maravillaban cuando un conquistador bajaba de su cabalgadura.
Este asombro reciproco, es el huevo de donde saldrá la cultura
latinoamericana, todo su arte creativo. Ya que, el arte, en general, es la
expresión del asombro. Este impulso que hace que inesperados escritores de
los mismos conquistadores, hasta de modestos soldados casi analfabetos:
donde se relata lo que en verdad vieron o imaginaron ver.
Las grandes civilizaciones precolombinas eran ricas en arquitectura, en
escultura, en música. La cultura europea aporto principalmente el lenguaje, la
religión, técnicas allí desconocidas. Pero, a medida que sucedía la historia, el
patrimonio cultural de América Latina iba polarizándose y ofreciéndose como
una estéril opción que repetía la situación del conquistador y el conquistado:
ser americano, ser europeo. Es decir:
 Por una parte, subsistieron las grandes civilizaciones que preexistían al
descubrimiento y conquista, tales como las que tienen asentamiento en
las actuales republicas de México y Perú;
 Por otra parte, la cultura europea transportada por el conquistador como
un producto más de la expansión europea, aunque cumplida por los
colonizadores en la nueva región incorporada a sus dominios.
Esta dicotomía provoca una oposición que durante mucho tiempo falseara las
relaciones de la cultura latinoamericana con la europea, presentando como lo
único autentico y original de América Latina aquellas resistencias que no fueron
afectadas por las conquistas. En esta concepción, se rechaza la cultura
europea como una manifestación colonialista y puramente mimética. En
síntesis, los verdaderos americanos, fueron despojados de sus imperios y
posesiones, convirtiéndose en proletariados externos, igualmente el
conquistador no pudo eliminar sus huellas. Estuvieron presentes siempre, y lo
están ahora, no ya como influencia, sino como real componente de este nuevo
mundo occidental en formación: han volcado en el muchos de los caracteres de
sus distintas civilizaciones, caracteres que cuentan hoy mismo entre los
factores mas salientes de la originalidad latinoamericana.
Del descubrimiento, nace la cultura mestiza, no solo por la amplia simbiosis de
razas a que obligo la ausencia de mujeres en las expediciones españolas, sino
por la interpenetración mental que la comprensión reciproca exigía. Los
españoles debían explicar a los americanos que era Europa, y que era América
a los europeos. Los indios primero y los mestizos después debieron modificar
la conciencia que de sí mismos tenían como americanos. La solución a aquella
falsa opción entre lo americano y lo europeo consistió en ser ambas cosas, en
ser mestizo. Es decir, el hombre europeo modificado por América y viceversa.
Triunfa así en la cultura superior latinoamericana una concepción sintética de si
misma, donde se reconocen no solo los aportes de las culturas autóctonas,
sino también los de las culturas europeas descubridoras, la fundamental
aportación africana que llaga a América a través de la esclavitud, y por ultimo el
refrescamiento de las fuentes universales implícitas en los movimientos
migratorios del siglo XIX.
CONCLUSIONES
¿Qué es la América Latina? Tenemos diversos conceptos sobre ella:
jurídicos, culturales, políticos, históricos, pero todavía no esta redondeado, no
esta claramente definido un concepto general que englobe a todos los
particulares.
La unidad de América Latina parece indudable a partir de toda su
historia, pero durante el proceso de formación de las nacionalidades operado
en el siglo XIX, se perdió de vista en función de las circunstancias políticas,
económicas y culturales que dominaron ese proceso. Dada la tradicional falta
de comunicación que ha habido entre los países de América Latina, sobre todo
a los que se refiere a sus dos regiones lingüísticas: hay en América Latina una
enorme zona, casi un continente de por sí, de habla portugués, y que no
siempre tiene una visión completa de los que produce en la zona de habal
español, y viceversa.
En América Latina, se trata de conocer a este enorme conglomerado
cultural precisamente por sus hechos culturales, por sus creaciones literarias,
plásticas, arquitectónicas, musicales; enterarnos de quien es esa región a
través de los espectáculos que produce, a través de las ideas que emite.
Por ahora, solo tenemos una clara intuición de esta región que va
imponiendo en el mundo sus productos culturales, sus hombres, sus mitos.
¿Qué es América Latina? Lo único seguro que de ella sabemos, por ahora, es
que es nuestra.

AMÉRICA LATINA: INTRODUCCIÓN AL


EXTREMO OCCIDENTE
ALAIN ROUQUIÉ

¿QUÉ ES AMÉRICA LATINA?


El término “América Latina” es complejo y ambiguo como un área
cultural. A pesar de ser ampliamente utilizado en la mayoría de los países y en
la nomenclatura internacional, su definición es precaria y puede generar
confusión en lugar de proporcionar una delimitación precisa. Se compara con el
término "Tercer Mundo", que también puede tener múltiples interpretaciones.
El autor sugiere que es importante abordar esta cuestión, recordar su historia y
cuestionar su uso para comprender mejor la región cultural a la que se refiere.
¿Qué se entiende geográficamente por América Latina? ¿El conjunto de
los países de América del Sur y América Central? Desde luego, pero según los
geógrafos México pertenece a América del Norte. ¿Quizá para simplificar
debemos conformarnos con englobar bajo esta denominación a las naciones al
sur del río Bravo? Pero entonces habría que admitir que Guyana y Belice
donde se habla inglés y el Surinam de habla holandesa forman parte de
América "Latina”. A primera vista se trata de un concepto cultural. Y nos
inclinaríamos a pensar que cubre exclusivamente las naciones de cultura latina
de América. Ahora bien, aunque con Quebec, Canadá sea infinitamente más
latina que Belice y tanto como Puerto Rico, estado libre asociado de Estados
Unidos, nunca nadie ha pensado incluirlo, ni siquiera al nivel de su provincia
francohablante, en su subconjunto latinoamericano.
Más allá de estas imprecisiones, podríamos pensar en descubrir una
identidad subcontinental fuerte, tejida de diversas solidaridades, ya sea que se
refieran a una cultura común o a vínculos de otra naturaleza. Sin embargo, la
diversidad misma de las naciones latinoamericanas, amenaza con
menospreciar esta justificación. La escasa densidad de las relaciones
económicas, y hasta culturales, de naciones que durante más de un siglo de
vida independiente se volvieron la espalda mirando deliberadamente hacia
Europa o América del Norte, las enormes disparidades entre países, ya sea
desde el ángulo del tamaño como del potencial económico o del papel regional,
no favorecen una real conciencia unitaria, a pesar de las oleadas de retórica
obligada que este tema no deja de provocar.
¿POR QUÉ LATINA?
¿Qué abarca esta etiqueta ampliamente aceptada hoy? ¿De dónde
viene? Las evidencias del sentido común desaparecen pronto en el caso de
hechos sociales y culturales. ¿Son latinas esas Américas negras descritas por
Roger Bastide? ¿Latinas la sociedad de Guatemala donde el 50% de la
población desciende de los mayas y habla lenguas indígenas, y la de las
sierras ecuatorianas donde domina el quechua? ¿Latino el Paraguay guaraní,
la Patagonia de los agricultores galeses, la Santa Catarina brasileña poblada
de alemanes, ¿así como el sur chileno? En realidad, se hace referencia a la
cultura de los conquistadores y de los colonizadores españoles y portugueses
para designar formaciones sociales de componentes múltiples. Se comprende
así a nuestros amigos españoles y muchos otros que hablan más fácilmente de
América hispana, y hasta, para no ignorar el componente de habla portuguesa
del que es heredero el gigantesco Brasil, de Iberoamérica. La latinidad tenía la
ventaja, al borrar los vínculos particulares de España con una parte del Nuevo
Mundo, de dar a Francia legítimos deberes para con esas "hermanas”
americanas católicas y romanas. Esa latinidad fue combatida por Madrid en
nombre de la hispanidad y de los derechos de la madre patria, donde el término
América Latina sigue sin tener derecho de ciudadanía. Estados Unidos, por su
parte, opuso el panamericanismo a esa máquina de guerra europea antes de
adoptar esa denominación vertical conforme a sus propósitos y que contribuyó
a propagar.
Esa América conquistada por los españoles y los portugueses es
bastante latina, al menos hasta 1930, en la formación de sus élites donde la
cultura francesa reina exclusivamente.
¿Quiere esto decir que esa América sólo es latina por primer ocupante y
de los de abajo que solo recoge migajas de latinidad y resiste a la cultura del
conquistador representa por si sola la autenticidad del subcontinente? Los
intelectuales de la década de los treinta, particularmente en los países andinos,
que descubrían al indígena olvidado, desconocido, lo creyeron. Haya de la
Torre, poderosa personalidad política peruana, propuso incluso una nueva
denominación regional: "Indoamérica”. Tendrá menos éxito que el indigenismo
literario en el que se inscribe o el partido político de vocación continental al cual
Haya dio origen. El indio no tiene mucho éxito en América ante las clases
dirigentes. Marginado y excluido de la sociedad nacional, es culturalmente
minoritario en todos los grandes estados e incluso en los de viejas
civilizaciones precolombinas y de fuerte presencia indígena.
No obstante, incluso en los países más "blancos” la trama indígena
jamás está totalmente ausente y participa claramente en la conformación de la
fisonomía nacional. Esa América, según la expresión de Sandino, es
"indolatina”.
Si bien la definición latina del subcontinente no abarca integral ni
adecuadamente realidades multiformes y en evolución, no por ello podemos
abandonar una etiqueta evocadora retomada hoy por todos y particularmente
por los propios interesados. Esos señalamientos tenían por único objetivo
subrayar que el concepto América Latina no es ni plenamente cultural ni
solamente geográfico. Utilizaremos pues ese término cómodo, pero con
conocimiento de causa, es decir sin ignorar sus límites y sus ambigüedades.
América Latina existe, pero sólo por oposición y desde fuera. Lo cual significa
que los "latinoamericanos” en cuanto categoría no representan ninguna
realidad tangible más allá de vagas extrapolaciones o de generalizaciones
cobardes. Lo cual significa también que el término posee una dimensión oculta
que completa su acepción.
UNA AMÉRICA PERIFÉRICA...
A primera vista, nos hallamos frente a una América marcada por la
colonización española y portuguesa y hasta francesa en Haití, que se define
por contraste con la América anglosajona. Así pues, allí se habla español y
portugués en lo esencial, a pesar de florecientes culturas precolombinas y
hasta de núcleos inmigratorios recientes más o menos bien asimilados. Sin
embargo, la ausencia de Canadá (a pesar de Quebec) en ese conjunto y el
hecho de que organismos internacionales como el SELA o el BID incluyan
entre los estados latinoamericanos a Trinidad y Tobago, las Bahamas y
Guyana dan al perfil de la "otra América" una innegable coloración
socioeconómica y hasta geopolítica.
Todas esas naciones, ocupan en efecto el mismo lugar en la
discrepancia Norte-Sur. Aparecen en vías de desarrollo o de industrialización y
ninguna forma parte del "centro" desarrollado. Dicho de otra manera, esos
países se inscriben entre los estados de la "periferia” del mundo industrial. Pero
tienen por añadidura varias particularidades comunes.
Todos dependen históricamente del mercado mundial como productores
de materias primas y de bienes alimentarios, pero igualmente del "centro", que
determina las fluctuaciones de precios, les proporciona tecnología civil y militar,
los capitales y los modelos culturales. Notable particularidad e innegable factor
de unidad, todos esos países situados en el "hemisferio occidental” se hallan a
diversos niveles en la esfera de influencia inmediata de la primera potencia
industrial del mundo que es también la primera nación capitalista. Peligroso
privilegio que ninguna otra región del Tercer Mundo comparte. A este respecto,
los 3000 kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos constituyen un
fenómeno único.
La famosa "cortina de tortillas” que fascina a millones de mexicanos
candidatos a la inmigración clandestina en el país más rico del planeta, forma
una línea de demarcación a la vez cultural y socioeconómica excesivamente
cargada de valor simbólico.
Quizá podríamos clasificar entre las naciones latinoamericanas a todos
los países del continente americano en vías de desarrollo, independientemente
de su lengua y su cultura. En todo caso, ¿por qué no seguir a quienes,
haciendo a un lado la geografía, proponen llamar "América del Sur” a la parte
"pobre” y no desarrollada del continente?
…QUE PERTENECE CULTURALMENTE A OCCIDENTE
La singularidad de América Latina dentro del mundo en desarrollo y su
relación con Europa, es una creación derivada de la conquista europea, donde
las civilizaciones precolombinas, aunque en crisis en el momento de la llegada
de los españoles, fueron dominadas y sometidas culturalmente. Los invasores
impusieron sus idiomas, valores y religión, lo que llevó a una adopción
sincrética del cristianismo por parte de los indígenas y africanos esclavizados
en el "Nuevo Mundo". Esta combinación única de influencias le otorga a
América Latina una posición especial en el mundo subdesarrollado, siendo a
veces considerada como el "Tercer Mundo de Occidente" o el "Occidente del
Tercer Mundo". Es un lugar ambiguo donde el colonizado se identifica con el
colonizador. Además, se menciona que Brasil es hoy la primera nación católica
del mundo, lo que subraya la influencia cultural europea en la región.
Así pues, no podría sorprendernos que el conjunto de los países
latinoamericanos haya propuesto en la ONU, en 1982, contra el sentir de los
países afroasiáticos recién descolonizados, que la organización internacional
celebre a Cristóbal Colón y el "descubrimiento” de América. A diferencia de
África o Asia, ¿acaso ese continente no es una provincia a veces lejana, cierto,
pero siempre reconocible, de nuestra civilización, que ha ahogado, ocultado,
absorbido los elementos culturales y étnicos preexistentes?
Ese carácter “europeo” de las sociedades de América Latina tiene
consecuencias evidentes sobre el desarrollo socioeconómico de los países
involucrados. La continuidad con Occidente facilita los intercambios culturales y
técnicos que no tienen ningún obstáculo lingüístico o ideológico. La fluidez de
las corrientes migratorias del Viejo Mundo al Nuevo ha multiplicado las
transferencias de conocimientos capitales. Asimismo, las naciones de América
Latina aparecen en la estratificación internacional como una especie de “clase
media”, o sea en una situación intermedia. Entre las naciones en transición sólo
una, Haití, pertenece al grupo de los países menos avanzados (PMA), en
compañía de numerosos compañeros de infortunio asiáticos y africanos (pero
con un ingreso per cápita igual a más del doble del de Chad o Etiopía). La
mayoría de los grandes países de América Latina tienen economías
semiindustriales (dado que la industria entra en un 20 o 30% en la composición
del PNB) y los tres grandes, Brasil, México y Argentina, se sitúan entre los
nuevos países industrializados. Los indicadores de modernización colocan a
Brasil, México, Chile, Colombia, Cuba y Venezuela por encima de los países
africanos y de la mayoría de las naciones de Asia. A este respecto Argentina y
Uruguay se hallan entre los países avanzados.

PARALELISMO DE LAS EVOLUCIONES HISTÓRICAS


Si bien la existencia de una América Latina es problemática, si la
diversidad de las sociedades y las economías se impone, si la separación de
las diferentes naciones es un elemento básico de su funcionamiento, no por
ello deja de ser cierto que una relativa unidad de destino, más sufrida que
elegida, acerca a las "repúblicas hermanas”. Puede leerse en las grandes
frases de la historia, y percibirse en la identidad de los problemas y las
situaciones a las cuales esas naciones se enfrentan hoy.
Las antiguas colonias de España y Portugal, políticamente
independientes, con excepción de Cuba que no se emancipa sino hasta 1898,
desde el primer cuarto del siglo XIX, están más cerca en eso de Estados
Unidos que de los países recién descolonizados de África o Asia. Sin embargo,
siglo y medio de vida independiente no podría hacer olvidar la profunda
influencia de tres siglos de colonización (1530-1820 aproximadamente) que
marcaron de manera irreversible las configuraciones sociales y labraron el
singular destino de las futuras naciones.
A partir de la independencia, los estados del subcontinente recorren, con
diferencias y retrasos en el caso de ciertos países, trayectorias paralelas en las
cuales aparecen períodos claramente discernibles.
 Primeramente, comienza para los estados recién emancipados lo que el
historiador Tulio Halperín Donghi ha llamado la “larga espera’’, durante la
cual la destrucción del Estado colonial no permite aún la instauración de un
nuevo orden. Mientras a esas balbucientes naciones les es difícil hallar un
papel a su medida, las repúblicas hispanas atraviesan largos períodos de
turbulencias anárquicas donde se despliega el desorden depredador de
señores de la guerra (los caudillos), y el Brasil independiente parece
prolongar sin sobresaltos, bajo la égida de la monarquía unitaria de los
Braganza y del emperador Pedro I, el statu quo colonial.
 Entre 1850 y 1880, con raras excepciones concernientes a algunas
pequeñas repúblicas de América Central o del Caribe, las naciones del
subcontinente entran en la "edad económica”, que algunos han bautizado
como "orden neocolonial”: las economías latinoamericanas, y por
consiguiente las sociedades, se integran al mercado internacional.
Producen y exportan materias primas. Importan bienes manufacturados.
Mecanismo esencial de la nueva división internacional del trabajo que se
efectúa bajo la égida de Gran Bretaña, cada país se especializa en algunos
productos, y a veces en uno solo.
 Es entre 1880 y 1930 cuando ese nuevo orden alcanza su punto máximo.
Los países del subcontinente viven en el apogeo de un crecimiento
extravertido que lleva en sí la ilusión de un progreso indefinido en el marco
de una dependencia aceptada por sus beneficiarios locales y racionalizada
en nombre de la teoría de las ventajas comparativas. La crisis de 1929
pondrá fin a la embriagadora euforia de esta “bella época”, de la cual la
mayoría de los trabajadores está por supuesto excluida, al desorganizar las
corrientes comerciales. El final del mundo liberal es también el de la
hegemonía británica. Estados Unidos, ya dominante en su traspatio
caribeño, sustituirá la preponderancia del Reino Unido por la suya y se
convertirá en la metrópoli exclusiva de toda la región. Asimismo, el período
que comienza es determinado por las relaciones de América del Norte con
los países de la región o, más precisamente, por los tipos de políticas
latinoamericanas que Washington pone en práctica sucesivamente. Sin
embargo, paralelamente a esta periodización internacional, se inscriben
fases económicas muy diferenciadas, sin que por lo demás pueda
discernirse un lazo causal evidente.
Relaciones con Estados Modelo de desarrollo
Unidos
1933-1960 Política de buena vecindad, Industrialización autónoma que
escasamente intervencionista. sustituye importaciones. Producción
industrial destinada al mercado
nacional y que sobre todo utiliza
capitales nacionales.
1960 Crisis de las relaciones La sustitución de importaciones entra
interamericanas, en respuesta en crisis. Halla su límite en las
al desafío castrista; política de capacidades tecnológicas y
contención del comunismo, financieras de los países de la zona
dado que el activismo de para la producción de bienes
Estados Unidos adopta diversas duraderos o de equipo. Se asiste a la
formas, desde la ayuda “internacionalización de los mercados
económica hasta la intervención nacionales’’ a través del
militar directa o establecimiento de sucursales de las
indirecta. grandes sociedades multinacionales
en la industria.

SEMEJANZAS DE LAS OBLIGACIONES Y LAS ESTRUCTURAS


Los países latinos tienen numerosos puntos comunes que los distinguen,
por lo demás, de otras regiones del mundo desarrollado o subdesarrollado:
1. La concentración de la propiedad de la tierra. La distribución desigual de
la propiedad territorial es una característica común de los países de la
región. Es independiente de la conciencia que de ella tienen los actores y
no siempre aparece como una fuente de tensiones sociales o de debate
político. No obstante, el predominio de la gran propiedad agraria tiene
consecuencias evidentes sobre la modernización de la agricultura, así
como sobre la creación de un sector industrial eficaz. Afecta directamente
la influencia social y por tanto el sistema político. El fenómeno de la gran
propiedad va a la par con la proliferación de micro propiedades exiguas y
antieconómicas. Si bien esta tendencia se remonta a la época colonial,
no ha cesado hasta nuestros días.
2. La antigüedad de la independencia, así como los modelos
de desarrollo adoptados han determinado la singularidad de los
procesos de modernización. Para resumir, a una industrialización tardía
y escasamente autónoma correspondió una urbanización fuerte, anterior
al nacimiento de la industria. El excesivo desarrollo del sector terciario
de las economías es el efecto más aparente de una urbanización
refugio, vinculada a los factores de expulsión del campo debidos a la
concentración territorial.
3. La amplitud de los contrastes regionales es también
resultado de la urbanización concentrada, de las particularidades de las
estructuras agrarias y de la industrialización. Así, dentro de cada país se
reproduce el esquema planetario que opone un centro opulento a
periferias miserables. Los contrastes internos son más flagrantes que en
la mayoría de los países en vías de desarrollo, se ha llegado a hablar de
"colonialismo interno”.
El término América Latina, si se le da un contenido ampliamente extracultural,
designa pues una realidad discernible y específica. Sin embargo, esta
especificidad fuerte, innegable, rebasa las peripecias socioeconómicas. Se
inscribe en el tiempo y el espacio regionales. Antes de formar parte del Tercer
Mundo, esta América es el Nuevo Mundo “descubierto” en el siglo XV y
conquistado en el XVI. Posee, según Pierre Chaunu, su tiempo propio, un
"tiempo americano” "más denso, más cargado de modificación, por lo tanto,
que corre más rápido que el nuestro”, producto de una "historia acelerada”
hecha de una "gigantesca recuperación” que comienza con la prehistoria del
continente, tardíamente poblado, probablemente por migraciones. Quizá podría
pensarse asimismo en la pluralidad, en la variedad de ese "tiempo americano”,
y en su estiramiento, es decir en sus virtudes conservadoras. No sólo los indios
neolíticos se rozan aquí o allá con las técnicas de punta del último cuarto del
siglo XX, sino que las sociedades latinoamericanas aparecen como verdaderos
conservatorios de formas sociales superadas en el resto del mundo occidental,
incluso como "museos políticos” donde las sustituciones de élites se efectúan
por yuxtaposición más que por eliminación.
También se ha podido hablar de una "naturaleza americana”, no sólo
para subrayar la desmesura de los elementos y el gigantismo del espacio que
no deben nada al hombre, sino para señalar la huella singular de éste en el
paisaje. La naturaleza ha sido violada y agredida por la depredación y el
desperdicio de una "agricultura minera” que la ha dejado "no salvaje sino
disminuida” y por tanto poco humanizada, a semejanza de un continente
conquistado.
DIVERSIDAD DE LAS SOCIEDADES, SINGULARIDAD DE LAS NACIONES
América Latina: por un lado, existe una unidad cultural y lingüística entre los
países de habla portuguesa y española, lo que sorprende a los europeos al
viajar por la región. Sin embargo, a pesar de esta homogeneidad, también hay
una gran heterogeneidad entre las naciones vecinas, especialmente en
términos de tamaño y situación geopolítica.
Brasil, como el quinto país más grande del mundo, es un gigante con una
superficie de 8.5 millones de km2, que se distingue significativamente de
naciones más pequeñas como El Salvador, que tiene solo 21,000 km2, más
pequeño que Bélgica. La diversidad de los estados y sociedades
latinoamericanas se debe a factores geopolíticos, especialmente su relación
con Estados Unidos, y también a componentes etnoculturales de la población y
los niveles de desarrollo social.
... “Tan cerca de Estados Unidos": potencias emergentes y “repúblicas
bananeras"
Conocemos la triste reflexión del presidente Porfirio Díaz (1876-1911)
sobre México: "[...] Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.” Sin duda
sabía de qué hablaba, dado que la república imperial había amputado a su país
la mitad de su territorio en 1848 durante la guerra que siguió a la anexión de
Texas por Estados Unidos. Los actuales estados norteamericanos de
California, Arizona, Nuevo México y, además de Texas, una parte de Utah,
Colorado, Oklahoma y Kansas (o sea unos 2.2 millones de km2) pertenecían a
México antes del tratado de Guadalupe Hidalgo.
La dominación de Estados Unidos es hoy particularmente notoria en este
"Mediterráneo americano” Este, es considerado por Washington como la
frontera sur estratégica de Estados Unidos: supuestamente todo lo que afecta a
esta zona afecta directamente la seguridad del país "líder del mundo libre". El
control de los estrechos y del canal interoceánico, así como de los posibles
trazados de nuevos pasos del Atlántico al Pacífico, es considerado vital para
Estados Unidos: la comunicación marítima entre las costas este y oeste
transforma, es cierto, el canal de Panamá en una vía de agua doméstica,
mientras las líneas de comunicación con los aliados europeos serían puestas
en peligro, según se dice, por una presencia hostil en el conjunto de las
Grandes Antillas. Sea lo que fuere, los estados ribereños insulares o
continentales están en libertad vigilada. La soberanía de las naciones bañadas
por el "lago americano” está limitada por los intereses nacionales de la
metrópoli septentrional. Desde Theodore Roosevelt, que no se conformó con
"tomar Panamá”, donde Estados Unidos impuso en 1903 el enclave colonial del
canal, éste se ha arrogado un poder de policía internacional en la zona, ya sea
controlando directamente las finanzas de estados en apuros, o haciendo
desembarcar a los marines para poner fin al "Relajamiento" general de los
lazos de la sociedad civilizada” en los países vecinos meridionales. Por ello
Nicaragua fue ocupada militarmente de 1912 a 1925, y luego nuevamente de
1926 a 1933, Haití de 1915 a 1934, la República Dominicana de 1916 a 1924.
Finalmente, Cuba sólo se liberó del yugo español en 1898 para convertirse en
semiprotectorado, dado que la enmienda Platt de 1901 impuesta por los
vencedores de la guerra hispanoamericana preveía un derecho de intervención
permanente de Estados Unidos en la isla cada vez que el gobierno no
pareciera capaz de "garantizar el respeto a las vidas, los bienes y las
libertades”. Esta cláusula incorporada a la Constitución cubana presidió de
hecho las relaciones desiguales entre ambos países hasta 1959.
Además de su situación geoestratégica, los estados de la zona de
influencia norteamericana, con excepción de México, son pequeños, de
población reducida (el peligroso Nicaragua tiene menos de 3 millones de
habitantes, ¡o sea aproximadamente el número de inmigrantes hispanos de Los
Ángeles!), es evidente que las posibilidades económicas de esos Estados entre
los cuales se hallan los más pobres y atrasados del subcontinente, no
compensan ni su exigüidad ni su infortunio geopolítico. A causa de la
importancia histórica de la monoexportación agrícola, algunas de esas
repúblicas tropicales han recibido el sobrenombre despreciativo y cada vez
menos exacto de repúblicas bananeras: dado que las grandes sociedades
fruteras norteamericanas, la United Fruit, sus competidoras o sus filiales,
ejercieron allí durante mucho tiempo un poder casi absoluto. Todo lo contrario,
ocurre con los estados más alejados de América del Sur.
Los estados de la América meridional, con excepción de aquellos que,
en la fachada caribeña son producto de una descolonización reciente (Guyana,
Surinam) y que podríamos asimilar a las naciones del "Mediterráneo
americano”, son a la vez que lejanos de Estados Unidos, más grandes y ricos:
los dos más extensos de la región, Brasil y Argentina, son también los dos
países más industrializados del subcontinente. Su voz cuenta, su autonomía
política es antigua. Por lo demás, las naciones de América del Sur jamás han
padecido alguna intervención militar directa de Estados Unidos, quien para con
ellos utiliza estrategias más sutiles o por lo menos más indirectas.
CLIMA, POBLACIÓN Y SOCIEDADES
No es fácil dividir subconjuntos regionales que tengan alguna coherencia
en el continente, dado que la historia a menudo contradice la geografía. Así,
Panamá, ex provincia colombiana, al igual que México no forma parte de
América Central, que se reduce a los cinco estados federados durante la
independencia en el territorio de la capitanía general de Guatemala. Lo cual no
impide que entre América del Sur y Estados Unidos exista por imposible que
parezca una "América media”, zona de transición y de un establecimiento
humano antiguo, lugar de brillantes civilizaciones precolombinas en tierras de
un volcanismo que no ha dicho su última palabra, y que desde todos los puntos
de vista posee una personalidad propia. En América del Sur generalmente se
distingue una América templada que ocupa el "cono sur” del continente y que
comprende a Argentina, Uruguay y Chile, que, por su clima, sus cultivos y su
población es la parte más cercana al Viejo Mundo, y una América tropical, en
donde generalmente se clasifica a los países andinos, Paraguay y Brasil. Por lo
demás este último difícilmente se deja etiquetar. País continente que tiene
fronteras con todas las naciones sudamericanas, excepto Ecuador y Chile,
comprende en efecto un sur templado, poblado de europeos que se dedican a
cultivos mediterráneos. Sin embargo, Chile, país andino si lo es, parece más
templado que tropical; en cuanto a Bolivia, andina ciertamente, también es
parcialmente tropical, pero vinculada históricamente a la América templada,
mientras que Colombia y Venezuela son a diferentes grados a la vez andinos y
caribeños. Puede verse la dificultad de establecer esas clasificaciones.
Podemos pensar que la población es un indicador mejor y más
manejable para una tipología, rigurosa. Es cierto que se encuentra cierta
correspondencia entre climas y poblaciones, en conexión sobre todo con los
tipos de culturas históricamente privilegiadas. En efecto la distribución regional
de los tres componentes de la población americana, el sustrato amerindio, los
descendientes de la mano de obra esclava africana, y la inmigración europea
del siglo XIX, dibuja zonas de dominante identificable. Decimos dominante,
pues las naciones mestizas son las más numerosas y, a menudo, en
sociedades de población compleja, se yuxtaponen espacios étnicamente
homogéneos. Así, en Colombia, los resguardos indígenas de las "tierras frías”
de altura a menudo están en contacto con los valles “negros” de las "tierras
calientes”. Groseramente, podemos sin embargo distinguir: una zona de densa
población india que abarca la América media y el noroeste de América del Sur,
donde florecieron las grandes civilizaciones; de las Américas negras al noreste
en el perímetro caribeño, Antillas y Brasil, ligadas a la gran especulación
azucarera de la época colonial sobre todo; y finalmente un sur, pero sobre todo
un sureste "blanco”, tierra templada que recibió a la mano de obra libre
europea, que se diseminó allí a partir del último cuarto del siglo XIX.
Utilizando las mismas variables, el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro
ha propuesto una tipología que no carece de atractivo aun cuando podamos
juzgarla ideológicamente artificiosa. Distingue tres categorías de sociedades:
 Los pueblos testigos, en sus variedades mesoamericana o andina, son
los descendientes de las grandes civilizaciones azteca, maya e inca.
Corresponden pues a esos países donde la proporción de indígenas es
relativamente elevada, lo cual significa entre otras cosas que una
importante fracción de la población habla otra lengua vernácula y que
en las comunidades autóctonas ha hecho poca mella la civilización
europea. Así ocurre en el caso de la América media, Guatemala con
cerca de 50% de indígenas, pero también Nicaragua o El Salvador que
sólo cuenta con el 20%, muy aculturados, u Honduras con menos del
10% (cifras que deben manejarse con todas las reservas que merece la
definición de indígena en ese continente). México igualmente con
apenas el 15% de ciudadanos que hablan una lengua india pero que
tiene concentraciones muy grandes en algunos estados del sur
(Oaxaca, Chiapas, Yucatán), y reivindica el pasado de los "vencidos” en
su ideología nacional. En la zona incaica, los indígenas que hablan
quechua y aymará constituyen hasta el 50% de la población de Perú, de
Bolivia y de Ecuador, también allí con grandes concentraciones en las
zonas rurales montañosas.
 Los pueblos trasplantados forman la América blanca: simétricos de los
angloamericanos del norte, son los rioplatenses de Uruguay y
Argentina. En esas tierras de población reciente donde indígenas
nómadas de escaso nivel cultural fueron despiadadamente eliminados
antes de la oleada inmigratoria, nació una especie de Europa austral.
Sin embargo, esos espacios aparentemente abiertos, al igual que
Nueva Zelanda, Australia o Estados Unidos, presentan características
sociales diferentes, lo cual explica su evolución posterior. Su
singularidad es fuerte. Los argentinos se enorgullecían a principios de
siglo de ser el "único país blanco al sur de Canadá”. Y esas
prolongaciones del Viejo Mundo que por mucho tiempo ignoraron el
continente no se sentían muy "sudamericanas” que digamos sino hasta
fechas recientes.
 Los pueblos nuevos, como Brasil, Colombia y Venezuela, así como a
Chile y las Antillas, son producto del mestizaje biológico y cultural. Para
él, allí está la verdadera América, aquella donde, en el crisol racial de
dimensiones planetarias, se forja la "raza cósmica" del futuro. Esa
clasificación, incluso así jerarquizada, posee cierta lógica y contribuye a
dar una apreciación global más clara de la rosa de los vientos
latinoamericana.
Sin querer multiplicar las clasificaciones, no es inútil introducir una
última, basada en la homogeneidad cultural y la importancia del sector
tradicional de la sociedad. Estas tipologías son tan arbitrarias como los criterios
elegidos para construirlas, pero indudablemente son indispensables para
aportar los matices necesarios para un estudio transversal de los fenómenos
sociales continentales.
Si se toma como indicador la más o menos grande homogeneidad
cultural, estimándosela en función del grado de integración social y de la
existencia de una o varias culturas en el seno de la sociedad nacional, es
posible discernir grupos:
1. Homogéneos: Argentina, Chile, Uruguay; en un menor grado Haití, El
Salvador y Venezuela.
2. Heterogéneos: Guatemala, Ecuador, Bolivia, Perú.
3. En vías de homogeneización: Brasil, México, Colombia.
Los criterios de semejante clasificación pueden ser considerados
eminentemente subjetivos. El grado de tradicionalismo puede medirse mejor
pues las más de las veces coincide con la importancia del sector agrario y del
analfabetismo. Bajo este ángulo estarían los países más tradicionales como:
Haití, Honduras, Paraguay, El Salvador, Guatemala y Bolivia, mientras serían
modernas las sociedades de Argentina, Chile, Uruguay, Colombia y Venezuela
o Cuba.
La multiplicación de las tipologías permite circunscribir cierta cantidad de
países en los dos extremos de la cadena; da una idea aproximativa, grosera,
es verdad, pero útil, de las diferencias y, por consiguiente, del abanico de
realidades sociales heterogéneas que se ocultan bajo la etiqueta abarca todo
de América Latina, sin por ello ceder a los espejismos del particularismo
nacional y de la singularidad histórica. Dos dimensiones capitales que sin
embargo no proporcionan las claves que buscamos, ya que éstas sólo pueden
provenir de un incesante vaivén entre los múltiples niveles de una aprehensión
global de las similitudes y las diferencias, de lo continental a lo local pasando
por la nación y la región.

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